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Educación y crecimiento

La 'marea verde' defiende una educación pública en España.

Mónica Melle

Cada vez se escuchan más voces que nos dicen que estamos saliendo de la recesión. Los datos macroeconómicos nos muestran que se modera, aunque levemente, la caída del PIB, gracias al buen comportamiento de nuestras exportaciones. Tras las caídas del PIB del 0,4% y del 0,1% sufridas en el primer y el segundo trimestre de 2013, es posible que comencemos a ver tasas trimestrales ligeramente positivas de crecimiento de la economía española en la segunda mitad del año. Pero la capacidad de las exportaciones para impulsar la economía es limitada. Es posible que nos estemos aproximando al final de la recesión, pero ¿la economía española habrá superado la crisis?

Los fundamentos de la demanda nacional siguen siendo muy débiles y los desequilibrios de nuestra economía, principalmente el elevado endeudamiento privado y después de la crisis, también público, permanecerán durante bastante tiempo. La escasa diversificación de nuestra economía y la ausencia de una política industrial siguen siendo dos de nuestros principales problemas. España ocupa el puesto 35 en competitividad global, según el informe elaborado por el Foro Económico Mundial. Alerta de la necesidad de apostar por la educación y la innovación, principalmente ante la reducción pública y privada de los presupuestos para investigación, innovación y formación.

Durante las décadas pasadas, casi todos los países de la OCDE han experimentado aumentos relevantes en el nivel de educación de su población, de acuerdo con Education at a Glance. No obstante, las diferencias de España con respecto a los promedios de la OCDE y de la UE21 siguen siendo importantes. En España, el 54% de los españoles de 25 a 64 años poseen estudios superiores a la primera etapa de Educación Secundaria, mientras que para el promedio de la OCDE y de la UE21 este porcentaje es algo más del 75% de la población. La mayor disparidad se establece en la población con segunda etapa de Educación Secundaria y postsecundaria no Terciaria (lo que equivale en España, básicamente, a Bachillerato y Formación Profesional de Grado Medio), ya que en España supone el 22% de la población pero en el promedio de la OCDE, el doble (44%); y en la UE21, más del doble (48%).

A efectos de explicar la competitividad de la economía, la segunda etapa de Educación Secundaria es muy relevante, ya que los conocimientos, las habilidades y las competencias necesarias en el mercado laboral global son cada vez más sofisticados y requieren la capacidad de responder a la incertidumbre y las demandas cambiantes de la economía. Pero en España, el porcentaje de jóvenes que accedieron en 2011 a estudios universitarios (el 53%) fue 7 puntos porcentuales inferior a la media de la OCDE y 6 menos que la UE21.

Y aunque en España, la tasa de titulación universitaria desde 1995 a 2011 ha crecido 8 puntos porcentuales, su evolución ha sido muy dispar. Se produjo un avance importante entre 1995 y 2000 pasando del 24% al 29% y se estabilizó en la década de 2000 alrededor del 30%. Desde 2008 se produce una recuperación gracias a los efectos de la crisis que ha prolongado los años de formación y a la implantación de los nuevos programas del proceso de Bolonia. Sin embargo, con la crisis económica y el aumento de las tasas universitarias, a partir de 2011 la tasa ha vuelto a situarse por debajo del 30%.

De hecho, la tasa del riesgo de pobreza entre los alumnos que cursan estudios superiores alcanza el 10%, por encima de la media de los 28 países de la Unión Europea, que es del 7,3%. Aunque cuanto más alto es el nivel educativo, más disminuye el riesgo de caer en la exclusión social –en España la tasa de riesgo de pobreza entre las personas con un nivel educativo inferior se sitúa al 26,3%, mientras que desciende al 16,9% para la población con estudios intermedios y al 10% entre los universitarios.

De la misma manera, alcanzar un mayor nivel de estudios aumenta la posibilidad de conseguir y mantener el puesto de trabajo. Pero desde 2007 la cifra de de parados que cuentan con un título de graduado superior en su currículum se ha multiplicado por 2,86. Así, los licenciados inscritos en las oficinas del INEM agrupan al 12,4% del total de titulados, frente al 5,2% de la Unión Europea (UE). El nivel formativo condiciona no sólo las posibilidades de conseguir empleo sino también el nivel salarial al que se aspira. En España las personas con estudios terciarios ganan un 40% más que las que han finalizado la segunda etapa de Educación Secundaria y un 60% más que las que han completado la primera etapa de Educación Secundaria o un nivel inferior.

Mejoras en salud

El nivel de estudios también tiene repercusiones en la salud. De media en los países de la OCDE, los individuos con mayor nivel educativo presentan una menor proporción de obesidad y una menor proporción de adultos fumadores que el nivel educativo inferior donde la proporción de obesos y de fumadores es superior. Además resulta rentable altamente invertir en educación. Las ganancias esperadas de la inversión en educación superan ampliamente la inversión realizada en todos los países de la OCDE. Hace falta personal altamente cualificado y productivo que siente las bases de un modelo de crecimiento basado en el conocimiento y en sectores de alto valor añadido. A medida que se incrementa el nivel educativo, mayores son los beneficios absolutos que genera la inversión en educación.

Pero no tenemos que reducir todo lo que hacemos a su utilidad económica, también debemos responder a la utilidad social. La educación es uno de los mejores modos de inclusión, de integración, además de contribuir al crecimiento económico. Es fundamental mantener los principios de equidad, para conseguir una libertad más justa. Porque no es posible hablar del talento como una condición natural, ya que la inteligencia se puede cultivar. Y porque la calidad sin equidad es elitismo.

No se trata solo de crecer, sino de apostar por un nuevo modelo de crecimiento sostenible y sostenido que requiere formación, I+D+i y capital tecnológico. Y de cómo se reparte ese crecimiento, ya que por sí mismo no siempre conlleva reducción de las desigualdades. El crecimiento económico debe servir para mejorar el bienestar social, y de ahí la importancia de conocer cómo se distribuyen los frutos de la incipiente recuperación económica.

Si bien es el sector exterior el que nos está sacando de la recesión, sólo podremos salir de la crisis con la apuesta interna por la educación y el conocimiento. Es lo que nos puede llevar a crear empleo neto aun con tasas reducidas de crecimiento en el PIB.

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