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Estudio evolutivo sobre el espécimen M. Rajoy

El sujeto M. Rajoy emplea una sofisticada herramienta evolutiva que le permite resistir cualquier amenaza ambiental

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Rajoy participará en Palma en un encuentro del PP el 22 y 23 de septiembre

EFE

Este texto es un extracto del artículo publicado en Evolution Science por la profesora María Jesús Piñol, directora del Laboratorio de Biología Evolutiva de la Universidad de Nueva York.

El presente estudio se centra en el sujeto M. Rajoy por constituir un excepcional ejemplo de adaptación evolutiva. Hasta el momento, se consideraba al Sphenodon, un reptil de Nueva Zelanda, el animal que más rápido evoluciona del mundo. Este lagarto, sin embargo, ha sido ampliamente superado por el presidente del Gobierno español.

Resulta sorprendente la capacidad del sujeto M. Rajoy para modificar sus patrones de conducta en función de circunstancias exógenas. Aunque desde un punto morfológico no se aprecia cambio alguno en el individuo (si acaso, un envejecimiento coherente con el de un gallego estándar), la evolución interna es más pronunciada que la de ningún otro organismo pluricelular.

El sujeto M. Rajoy emplea una sofisticada herramienta evolutiva que le permite resistir cualquier amenaza ambiental. Se trata de un mecanismo idéntico al empleado por el oniscidea, crustáceo terrestre más conocido como bicho bola. Ante una alteración imprevista del entorno, el M. Rajoy procede a un enrollamiento defensivo sobre su propio tórax tras el cual permanece quieto y silente durante un periodo indeterminado. Esto hace que un potencial depredador pueda confundir al M. Rajoy con una piedra o un objeto decorativo cualquiera, sin sospechar siquiera que se trata de un jefe de Estado europeo.

El espécimen M. Rajoy dispone también de una estrategia evasiva que inevitablemente nos recuerda a la del calamar común. Si este molusco dispara un chorro de tinta cegador contra sus agresores, el presidente arroja un chorro verborreico de escasa coherencia sintáctica capaz de confundir a sus enemigos el tiempo suficiente para garantizar su huida. Obsérvese que esta sofisticada técnica se ha ido refinando con el paso de los años hasta el punto de que hoy prácticamente ninguna frase del M. Rajoy posee ya sentido alguno.

Es asimismo llamativa la manera en que este fascinante individuo afronta la aparición de especies invasoras, tales como el A. Rivera. Mientras que la mayor parte de animales sucumben ante este tipo de fenómenos, extinguiéndose o cediendo terreno (véase el caso del P. Sánchez), el sujeto M. Rajoy planta cara y resiste con inusitado brío.

Se concluye, por tanto, que el M. Rajoy es el fenómeno biológico más fascinante desde el dodo. Solo que el dodo no lleva seis años gobernándonos.

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