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Franco, dictador morigerado

El supuestamente morigerado Franco se gastó un dineral en erigir el Valle de Cuelgamuros en un país en penuria, que se moría de hambre, frio y miedo. Bien hubiera estado empleado ese dinero  en hospitales, escuelas, en carreteras...

Francisco Franco, y su mujer Carmen Polo, asisten a la celebración de la eucaristía en la Plaza de España de Sevilla en 1968

Francisco Franco, y su mujer Carmen Polo, asisten a la celebración de la eucaristía en la Plaza de España de Sevilla en 1968

Franco era un tío morigerado. Firmaba seis penas de muerte y después se tomaba un chocolate con soconuscos. No se, podía haberse apretado un Whisky con hielo, pero eso le iría mal, debió pensar, para la tromblofebitis que se le llevó por delante dos meses después de apiolar a seis. Heces fecales en forma de melena, eso.

Durante años, Franco y los más franquistas que Franco ¡aún existen! construyeron la imagen de un tío parco, no solo en palabras, también en hábitos alimentarios; alguien que a fuer de espiritual , concentrado en la patria, el cine de raza, el rosario y los pecados capitales, era reacio a los lujos, sin llegar siquiera a disfrutar los superfluos.

Lo cierto es que, no solo porque tenía mucho tiempo por delante -cuarenta años de poder absoluto dan para mucho-, lo que hoy llamaríamos el relato de Franco se basaba en su construida moderación. Como de cenar vainas con patatas cocidas el día que lo daba todo.

El dictador y su familia se hicieron con el Pazo de Meirás, sin necesidad de usurparlo a bayoneta calada, el miedo era suficiente. Lo mismo apareaba el Caudillo ‘por la gracia de dios’ unas piezas de la catedral de Santiago, que se hacía con una lujosa vivienda en la calle Hermanos Bécquer, zona cara de Madrid, vecinos de Carrero Blanco, barrio Salamanca.

Los actuales herederos, una mezcla de frikis y aprovechateguis, se han hecho fuertes y no quieren ahora la exhumación del abuelo de Cuelgamuros. No resulta difícil imaginar que si les hubieran puesto una pasta en el bolsillo hubieran estado dispuestos a enterrarlo así fuera en la mezquita de la M30, en Madrid.

Para certificar el carácter no moderado de los ingresos de Franco, pongo a continuación el detalle de los emolumentos del dictador, certificados en 1975, justo el año en el que fusiló, un poco antes de morirse. Ahí va, es en pesetas: 

-Sueldo………………………………………………48.750

-Trienios…………………………………………….26.250

-Dedicación especial……………………………29.625

-Cruz Laureada de San Fernando…………24.375

-Dos Medallas Militares……………………….19.500

-Gran Cruz de San Hermenegildo…..………1.667

-Representación…………………………………12.700

-Indemnización familiar…………………………375

-Mesita (vestuario)………………………………….360

-Cruz de María Cristina……………………....41.875 

ÍNTEGRO..............................................168.477

 

Durante el mes de noviembre se le han practicado los siguientes descuentos: 

-Por IRPF………………………………………………………13.279

-Por huérfanos………………………………………………….488

TOTAL LÍQUIDO..............................................154.710

 

Este certificado de haberes está expedido el 2 de diciembre de 1975, con Franco ya muerto, cuando se podía hablar de sus ingresos por el teniente coronel de Intendencia don Pedro Fernández Fernández, jefe de la Pagaduría de la Casa Militar De su Excelencia el Jefe del Estado y Generalísimo. (O sea, Franco).

154.710 pesetas de 1975 era un pastizal. Muy bueno lo de trienios.

Esta nómina peculiar, de peculio, no me digan que no tiene un punto tierno con lo de 'Mesita', esta recogida en mi libro El Valle de los Caídos, pido perdón por la autocita, pero es sabido que los libros son el lugar ideal para guardar los secretos y era hora de que salieran a la luz.

Hace ahora ochenta años que se terminó la guerra Civil, con aquel parte cautivo y desarmado del primero de abril de 1939 en Burgos, seguro que hacía frio. Parte que inauguró cuarenta años de dictadura, se dice pronto, en un caso sin parangón posible en el resto de Europa.

El supuestamente morigerado Franco se gastó un dineral en erigir el Valle de Cuelgamuros en un país en penuria, que se moría de hambre, frio y miedo. Bien hubiera estado empleado ese dinero  en hospitales, escuelas, en carreteras, en dar de comer a las otras víctimas de la guerra, las que se murieron de hambre en un efecto retardado de la matanza.

Franco austero, sí; fusilaba y pedía un chocolate con soconuscos.

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