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Padres cautivos

Ahora los padres se disponen a demandar a los editores por los millones de euros cobrados de más en los libros pagados con el sudor de su frente

Es otro ejemplo más del verdadero problema que depreda todas la posibilidades reales de creación de riqueza y bienestar en un país tan avanzado y competitivo como España: somos las víctimas perfectas para el capitalismo de amiguetes

EXCLUSIVA | La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia sancionó en mayo a las mayores editoriales de España por acordar precios y sellar un pacto comercial que aumentó sus beneficios sin que se redujera el precio de los manuales

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La inclusión en el Banco de libros del Gobierno de Aragón es voluntaria

EFE

En mayo, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia sancionaba con 34 millones de euros a la patronal de las editoras de manuales y libros de texto (Anele), por pactar precios y sellar un pacto comercial destinado a garantizar su márgenes de beneficio aprovechándose de que los padres son –en palabras de la propia CNMC- "demanda cautiva" de una oferta muy limitada y sin margen para buscar productos sustitutivos, dado que los manuales los fijan, como debe ser, los centros.

En otras palabras, el cártel de las editoriales resultó tan descarado y manifiestamente abusivo, que no pudo encubrirlo ni siquiera la CNMC, siempre dispuesta a mostrarse comprensiva con los patrióticos esfuerzos de nuestras grandes empresas para resistirse ferozmente a la libre competencia globalizadora, o su heroica lucha contra el populismo de quienes defienden los derechos de los consumidores.

Sólo pactando un precio mínimo para el libro electrónico y eliminando la oferta a los centros de incentivos comerciales, como donaciones de libros o material digital, las editoras se ahorraron más de ochenta millones de euros, justo en los ejercicios donde más subieron los libros de texto, en los primeros años de la entonces llamada recuperación. En su momento, esta noticia tan relevante para las vidas y los bolsillos de millones de españoles y españolas no mereció ni un comentario por parte de la mayoría de los líderes o partidos que ahora les van a pedir su voto. Ni siquiera tuvieron algo que decir cuando la patronal acusó a la CNMC –Dios libre a tan sacrosanta institución- de estar castigándoles por "luchar contra el soborno", dando a entender que profesores y administraciones corruptas se dejaban comprar por unos lápices y unas pizarras electrónicas para recomendar tal o cual manual.   

Apenas unos meses después, todos los partidos tenían algo que decir sobre un informe de la misma patronal donde se inventaban una supuesta jungla regulativa sin aportar una sola prueba. Justificaban sus constantes subidas de precios y ni siquiera mencionaban las presiones y chantajes a las que denunciaban les sometían las autonomías para que se inventaran una historia donde los murcianos eran los primeros en llegar a la Luna, la pólvora la inventaron los catalanes y el futbolín los gallegos; un dato este último completamente cierto. El Gobierno socialista corrió a consolar a los sufridos editores de tanto abuso nacionalista y la derecha volvió a exhibir entusiasmada la enésima pistola humeante que creían encontrar demostrando la inminencia del Armagedón nacionalista que va a asolar a España y sus valores inmortales. Duró dos días porque la denuncia carecía de base alguna y solo eran media docena de leyendas urbanas y anécdotas de hace veinte años.

Ahora, los padres "cautivos" se disponen a demandar a los editores por los millones de euros cobrados de más en los libros y manuales pagados con el sudor de su frente. Solo es otro ejemplo más del verdadero problema que depreda todas la posibilidades reales de creación de riqueza y bienestar en un país tan avanzado y competitivo como España, pero del que hemos elegido no hablar: somos las víctimas perfectas para el capitalismo de amiguetes.

Cojan el sector que quieran: comunicaciones, energía, transportes, farmacia, libros de texto… El modelo se reproduce una y otra vez: un reducido grupo de empresas, nacidas de la privatización o de prácticas regulatorias oligopólicas, secuestra y esquilma sistemáticamente a millones de consumidores desorganizados y desamparados por gobiernos y organismos reguladores, cautivos como los padres forzados a comprar los manuales al precio que conviene al editor. Pero de eso no vamos a hablar, que resulta muy complicado y la gente se aburre. Mejor hagamos chistes sobre si los libros deben decir Wilfredo el "Velloso" o el "Piloso" y arreglemos ya lo de los lazos amarillos en Catalunya, que eso sí que es importante y afecta a la vida de la gente.

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