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Que alguien me ayude

Rajoy, un presidente desacreditado por la justicia, busca cómplices para seguir en el poder

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Rajoy se retracta de sus palabras y dice que hará todo por la igualdad salarial

Mariano Rajoy EFE

¡Que alguien me ayude! ¡Que vienen “los amigos de ETA”, los “radicales”, “las bolsas se hunden” y “el país se va a pique”! ¡Que alguien me ayude! ¡Que vienen a por mí! No falla. Cuando el poder de la derecha está en peligro, la amenaza fantasma se proclama y Rajoy se aventura a convencernos de que es “o yo o el caos”. Yo, a pesar de la sentencia y la vergüenza corrupta, “aunque lo digan los jueces”.

Rajoy se agarra al poder porque teme la que le viene encima cuando lo pierda: la caja B, la contabilidad paralela, los sobresueldos en negro, la financiación irregular, las mordidas, los paraísos fiscales… No son vasos y platos. Son asuntos que no tendrían un pase en una democracia seria y que no se despacharían mintiendo ante un tribunal. La credibilidad del presidente ha sido descalificada en una sentencia y lo propio es que quede descalificado ahora como jefe del Gobierno.

El espectáculo es tragicómico y la posición de Mariano Rajoy insostenible. No es que deba irse, es que no debería haber llegado. Rajoy fue reelegido cuando ya sabíamos que estaba en la contabilidad B de su tesorero, cuando todos vimos que mintió y después de que apoyara a Bárcenas sabiendo que escondía el dinero robado en Suiza. Es el mismo Rajoy Brey al que Rivera le dijo en la campaña electoral que no le apoyaría, porque estaba incapacitado para combatir la corrupción.

He aquí otra clave que explica la resistencia de don Mariano. Hasta ahora, si de algún caos se ha aprovechado in extremis ha sido de la incapacidad de la oposición para ponerse de acuerdo y echarle. Los demás suman el doble de votos que el PP, pero la falta de entendimiento ha convertido la alternancia a Rajoy en una pelea de gallos. A río revuelto, ganancia de pescadores. Mariano se sumerge y que pase la marea. ¿Habrá esta vez bote salvavidas?

Hay quien se niega a entender que este PP debe pasar a la oposición e intentar regenerarse. De lo contrario, solo veremos decadencia. Hay dirigentes que son un tapón para los que quieran reiniciar el proyecto de partido, porque las prácticas corruptas necesitan limpieza, penitencia y dolor de los pecados. No que vaya Dolores Cospedal al Congreso a hacer el enésimo acto de cinismo. Una ministra y secretaria general del partido del Gobierno no puede situarse en contra de las decisiones judiciales buscando agradar a sus palmeros como la más bravucona.

O la actual cúpula del Partido Popular asume la sentencia judicial o seguirá dando la razón a los que piensan que hacen lo que sea por mantenerse en el poder. Y esto es una seria amenaza para la democracia. Un PP antisistema lleva días negando la condena, la caja B, la financiación irregular y todos los hechos probados. En definitiva, se han situado al margen de la realidad y esto les incapacita para administrar los problemas reales de los españoles.

Algún día habrá que hacer balance del daño que la persistencia de Rajoy ha hecho a la credibilidad de nuestra democracia. En la sentencia judicial de Gürtel, el presidente no aparece precisamente como un colaborador con la justicia. Y esto ocurre en un país que está en el furgón de cola europeo en la percepción ciudadana de independencia judicial. Jueces para la Democracia acaba de denunciar la decisión del CGPJ de excluir a un juez de los considerados progresistas antes de que se determine que la mujer de Bárcenas podrá librarse de la cárcel pagando 200.000 euros de fianza.

Es la misma Rosalía a la que Mariano Rajoy le escribía por SMS: “Rosa, gracias. Eres un encanto. Yo estaré ahí siempre. Al final la vida es resistir y que alguien te ayude”. Fue en aquellos mensajes que hace tiempo que dejaron a Rajoy incapacitado como presidente. Habrían supuesto su dimisión en un país que no tragara con semejante apoyo a corruptos y evasores. Como lo que le escribió al tesorero del dinero en Suiza: “Luis, nada es fácil, pero hacemos lo que podemos”. En eso anda Mariano. Es bochornoso, pero hasta el final buscará alguna complicidad que le ayude. Así llegará su sentencia definitiva.

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