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La comunidad internacional construye un muro en torno a Trump

Donald Trump, Angela Merkel y Mauricio Macri, en la cumbre del G20.

Pascual Serrano

Llegó Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos explotando la soberbia estadounidense, el complejo de superioridad, la arrogancia frente a los demás países, el discurso xenófobo de protegerse de emigrantes y extranjeros y, mira por dónde, lo que ha conseguido es el aislamiento internacional. Al final no tendrá que hacer ningún muro, ni con México ni con otro país, es la comunidad internacional la que va a poner su muro, o mejor un cordón sanitario en torno a Estados Unidos. Basta con repasar los movimientos internacionales de los últimos días.

Empecemos con la Unión Europea, el tradicional aliado de Estados Unidos en cuestiones internacionales que ha comenzado a cortar amarras y salir a buscar otros socios. Más cuando ya no cuenta en su seno con el Reino Unido, el país más pronorteamericano de la UE. El 6 de junio, víspera del G20, la Comisión Europea firmaba con Japón un pacto político y comercial que representa la antítesis del proteccionismo de Trump. A diferencia del CETA, el acuerdo con Japón solo incluye intercambios de bienes y servicios, pero no homologación regulatoria, por lo que resulta menos polémico. Un acuerdo político que está cargado de simbolismo y los analistas lo interpretan como un antídoto contra la deriva proteccionista de la Administración Trump, después de que en enero Estados Unidos se retirase del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) del que forma parte Japón y de que las negociaciones del TTIP que el país negociaba con la UE hayan quedado en suspenso.

Seguimos en Europa. La canciller Angela Merkel, anfitriona de la cumbre del G-20, mantuvo un encuentro el 5 de julio en Berlín con el presidente Xi Jinping. Ello supone dotar a China de un reconocimiento fundamental como actor internacional en unos tiempos en que el país asiático ha superado a Estados Unidos en cuestiones claves como el libre comercio y la defensa del medio ambiente. “China y Alemania pueden contribuir a aplacar la incertidumbre actual y lograr un mundo un poco más apacible”, sostuvo Merkel tras el encuentro.

Otro gesto de distanciamiento de Europa frente a Trump es la aprobación el 5 de julio en el Parlamento Europeo del Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación UE-Cuba, que marca una nueva era entre el bloque y la isla tras años sin relaciones. Esto supone el fin a la llamada “posición común”, que regía las relaciones entre ambas partes desde 1996 y acaba con la excepcionalidad de que Cuba fuera hasta ahora el único país de Latinoamérica con el que la UE no tenía acuerdos, como consecuencia de la posición común impulsada por el Gobierno del español José María Aznar en connivencia con Bush allá por 1996. Es verdad que este acuerdo llevaba meses gestándose, pero es significativo que se formalice apenas una semanas después de Trump anunciase en Miami el fin del acercamiento con la isla promovido por Obama.

A Trump le seguían creciendo los enanos en las fechas anteriores al encuentro del G20. México, el país al que el presidente estadounidense puso en el foco de su xenofobia y racismo, fue recibido el 6 de julio en París por el flamante presidente Emmanuel Macron. Enrique Peña Nieto y el presidente francés cenaron juntos y, en palabras de Macron, coincidieron en una “visión común”. Son intereses “fuertemente convergentes”, afirmó, especialmente en temas de comercio, multilateralismo, lucha contra el terrorismo, inmigración o cambio climático. Precisamente todos los temas en los que Trump se está quedando solo. “Somos dos países que creemos en la apertura comercial, que creemos en el multilateralismo, que creemos en la globalización y que buscamos encontrar oportunidades en ese marco para impulsar el desarrollo de nuestras sociedades”, añadió Peña Nieto.

Otro acercamiento curioso es el de China y Rusia. Mientras que el primero se presentaba como el gran enemigo económico y el segundo como el aliado político que, incluso se decía, ayudó a Trump a llegar a la Casa Blanca, la realidad es que las dos potencias, como afirmaba la agencia rusa Sputnik, están más unidas que nunca: “Después de dos intensos días de encuentros en Moscú, el presidente chino Xi Jinping y su homólogo ruso Vladímir Putin han suscrito una importante declaración conjunta que refleja el magnífico estado de salud en que se encuentra la alianza estratégica sino-rusa, una alianza que está pasando en gran parte desapercibida en Occidente y que se ha visto favorecida por la política errática y ruda del presidente norteamericano en la esfera internacional”, afirmaba la agencia rusa.

Sin duda, una de las razones de ese acercamiento es la búsqueda de una solución pacífica y negociada a la aguda crisis relacionada con el programa nuclear y de misiles que desarrolla Corea del Norte, pero no solamente. Mientras Trump escribe tuits, difunde memes y provoca a diestro y siniestro, el pasado mes de junio China y Rusia firmaron diferentes acuerdos de cooperación regional y en la reunión de los dos líderes el pasado 4 de julio suscribieron un acuerdo de cooperación estratégica que incluye un convenio entre la petrolera rusa Rosneft y la compañía energética china CEFC. En total, Putin y Xi Jinping firmaron acuerdos y contratos por un monto que rebasa los 10.000 millones de dólares.

No solamente eso, los rusos y chinos establecieron un nuevo fondo de inversión conjunto, dotado con 68.000 millones de yuanes (8.815 millones de euros), cuya finalidad será impulsar las relaciones comerciales y facilitar la inversión directa entre Rusia y China. Mientras eso sucedía, desde Polonia, Trump se dedicaba a lo habitual, cerrarse puertas y perder amigos, y criticaba la actividad “desestabilizadora” de Moscú en Ucrania u otros países y pedía que dejen de respaldar a “regímenes hostiles” como Siria e Irán.

Y hablando de Irán, la política de Trump de sembrar la cizaña entre sus socios Arabia Saudí y Qatar lo que está provocando es que este último se acerque más al régimen iraní, que tanto repudia Estados Unidos. Qatar ya ha anunciado que aumentará la producción de gas natural en el yacimiento que comparte con Irán y a este último le ha faltado tiempo para enviar cinco aviones a Qatar con 100 toneladas de frutas y verduras para enfrentar el bloqueo que ha auspiciado Estados Unidos.

Tras este repaso de los movimientos del tablero internacional de los últimos días, la conclusión parece evidente. El presidente estadounidense está logrando un consenso y unos acercamientos internacionales impensables hace años, y todo ello a costa del aislamiento de Estados Unidos. A Trump no le van a hacer falta ni aprobar leyes proteccionistas ni levantar muros, la comunidad internacional ya se lo están levantando a él.

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