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Tres conclusiones del drama griego

La tragedia griega exige abordar con urgencia cambios con el fin de alcanzar una unión económica y política. De lo contrario, los dramas se repetirán hasta el drama final. Actuemos para que esto no suceda

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Grecia allana el camino para que las Bolsas europeas inicien su remontada

Una pantalla de televisión, que emite las declaraciones del primer ministro griego, Alexis Tsipras. / Efe

1.- Se podría decir que el destino de la Grecia contemporánea quedó sellado un día de octubre de 1944 cuando Churchill y Stalin, sentados en torno a una mesa en el Kremlin, llegaron al famoso "pacto de los porcentajes" por el que se repartieron Europa del este. El premier británico –dicen– garabateó en un trozo de papel, y el líder ruso aceptó, las exactas proporciones en que cada parte controlaría los diferentes países. Grecia 90% británica, 10% la URSS. Este acuerdo permitiría a los británicos intervenir militarmente, después de la guerra, en la contienda civil que se desató en el país heleno, en apoyo de la monarquía y en contra de la poderosa guerrilla comunista, sin que Stalin moviera una ceja. Lo que indicaría la trascendencia que para occidente ha tenido siempre Grecia, por historia, cultura y por su posición geoestratégica. Y explica por qué en el drama griego no solo se ventila la cuestión del euro sino temas políticos de primer orden que han puesto en alerta a Obama, a  la OTAN, a Putin y a todos los demás. Primera conclusión: el Grexit no era una opción sino una estupidez política. Pensar que Grecia, dejada caer y abandonada a su suerte, no iba a buscar, por necesidad, otros padrinos era no entender nada de lo que estaba en juego.

2.- Hay que reconocer que el método de negociación del tercer rescate ha sido nefasto. No se pueden convertir las reuniones del Eurogrupo y del Consejo europeo en "juntas universales de acreedores", en una batalla entre acreedores y deudores. Eso no tiene nada que ver con el método comunitario, ni con lo que se espera de la Unión. Explica el fracaso de los dos anteriores rescates, que no han servido para nada, la desconfianza entre todos los socios y la insolidaridad creciente de las opiniones públicas. Así es imposible construir un demos europeo. El 61% de los griegos dijeron no a la propuesta de la UE, pero ¿cuántos alemanes, finlandeses, austriacos, etc habrían dicho no a seguir dando dinero a los griegos si hubiesen sido preguntados? ¿Quizá el 90%? Y el resultado habría sido igual de democrático. El referendo de Tsipras fue un error de bulto, para consumo interno, una "moción de confianza popular", saltándose el Parlamento que se ha convertido, a la postre, en una moción de desconfianza de los socios europeos que cual bumerán puede llevarse por delante su Gobierno y adelantar las elecciones. Segunda conclusión: hay que actuar en términos de socios, no de acreedores/deudores o la UE dejará de ser lo que debe de ser. Pero Syriza ha demostrado que no sabe bien en qué mundo vive y cuáles son las reglas.

3.- Lo más positivo es que se haya llegado a un acuerdo. La otra opción era una catástrofe. Recomiendo a los múltiples opinantes sobre el tema la lectura del acuerdo y no lo que se dice que contiene el mismo. No es un buen acuerdo pero tampoco un trágala inaceptable. Tiene aspectos positivos. Grecia tiene que hacer una reforma urgente del sistema fiscal, con evasiones clamorosas; necesita un sistema de pensiones viable; una profunda reforma de una administración costosa e ineficiente; alinear la política laboral con las mejores prácticas europeas; eliminar intereses corporativos que frenan el desarrollo; las inversiones para el crecimiento no son desdeñables. 12 mil millones de un lado y 35 mil millones de otro son el 26% del PIB de Grecia y el paquete entero un 47% del PIB; restaurar el acceso a los mercados, recapitalizar los bancos para salir del "corralito" y previsión de plazos más largos de devolución de la deuda, en lo que sería una especie de "deuda perpetua" no se pueden despreciar sin más. Los aspectos negativos son importantes: la cláusula de déficit cero perpetúa la austeridad; las privatizaciones no se justifican; el aumento excesivo del IVA que deprime el consumo; la creación de un fondo fiduciario con garantía de activos públicos; la necesidad de consultar y acordar con las instituciones europeas los proyectos de ley en áreas relevantes antes de llevarlas al Parlamento, son cuestiones muy duras que limitan la soberanía del país más allá de la cosoberanía monetaria que el euro supone. Conclusión: la tragedia griega exige abordar con urgencia cambios con el fin de alcanzar una unión económica y política. De lo contrario, los dramas se repetirán hasta el drama final. Actuemos para que esto no suceda.

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