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El final

Posiblemente, es el momento de que nuestros líderes asuman la responsabilidad que les corresponde. Tienen que pactar. Con seguridad de que ninguno de los partidos va a obtener lo que deseaba

El Partido Socialista debe compensar ese voto con una propuesta de trabajo hombro con hombro que supere la fase de desconfianza y enfrentamiento que hemos vivido hasta más allá de lo que nunca se debería haber llegado

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Pedro Sánchez recibe en el Palacio de la Moncloa a Pablo Iglesias el pasado 7 de mayo.

Pedro Sánchez recibe en el Palacio de la Moncloa a Pablo Iglesias el pasado 7 de mayo. Luca Pergiuvanni/EFE / Madrid

Parecía imposible, pero por fin ha llegado el final de esta historia. En las próximas horas se dilucidará cómo termina uno de los episodios más enrevesados de la política española en los últimos años. Mañana martes, Pablo Iglesias debe tomar la decisión de si abre la puerta a la investidura de Pedro Sánchez o la vuelve a bloquear. Esta decisión va a depender lógicamente de lo que haga o deje de hacer el líder socialista. Cabe suponer que debería realizar un último movimiento que supere la negativa a la extraña oferta de la "coalición a prueba" propuesta desde Unidas Podemos. Esta alternativa de Iglesias parecía más un intento de forzar la réplica de Sánchez que una posición finalista.

Desde la reinstauración de la democracia hasta hoy, hemos aprendido que la política ha acertado cuando ha convertido en realidad legislativa lo que era previamente una extendida demanda social. Desde la legalización de los partidos políticos emprendida por Suárez hasta los significativos avances sociales promovidos estos últimos meses gracias al apoyo de Unidas Podemos al Partido Socialista. Por el contrario, la política ha fracasado estrepitosamente cuando ha hecho lo contrario, desatender la convicción mayoritaria de la ciudadanía. Lo vivió Aznar y su guerra y más recientemente Rajoy al pretender ignorar ante los españoles la existencia de la corrupción dentro de su partido.

Hoy, los estados de opinión son abrumadores. Casi el 90% de los que votaron partidos progresistas no desea que haya elecciones. Casi todos ellos reclaman un acuerdo de gobierno entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Así lo declara el 90,7% de los votantes socialistas y 92,6% de los de UP (según la encuesta de Invymark para La Sexta realizada esta última semana). Hablamos prácticamente de unanimidad. Respecto a la base de ese acuerdo, da la sensación de que a los ciudadanos les resulta menos trascendente que a los dirigentes políticos. Aún no ha dado tiempo a valorar demoscópicamente la última propuesta planteada por Iglesias el jueves. Sin embargo, sí se han hecho estudios de opinión respecto a la famosa oferta socialista de la vicepresidencia y los tres ministerios a UP, hecha pública el 24 de julio, y que fue rechazada por Pablo Iglesias. Como es imaginable, el 86% de los votantes socialistas considera que fue un error que no la aceptara. Lo curioso es que casi el 45% de los votantes de UP también opina que fue una equivocación ignorarla, frente al 55% que defiende la decisión tomada. Los resultados se repiten casi con exactitud al valorar la oferta de gobierno sin coalición que planteaba un acuerdo programático, un sistema de control de su cumplimiento y la posible designación por parte de UP de responsables de diferentes instituciones públicas. Entre los votantes de esta formación se repite el resultado anterior: un 45% prefería aceptar la oferta y un 55% la rechaza. En el caso de los socialistas, casi el 80% compra la propuesta y a un 16% no le convence.

Al final, para no perdernos en cifras, cabe concluir que la inmensa mayoría de los votantes de izquierdas defiende un acuerdo de gobierno y rechaza la convocatoria de elecciones. La forma de gobierno, sea o no coalición, no parece ser tan trascendental para los ciudadanos progresistas. Una amplia mayoría la aceptaba el 24 de julio y una proporción similar aprueba el pacto sin coalición ofrecido ahora por Pedro Sánchez. Es decir, lo que la gente quiere es un gobierno acordado por las dos partes. Se entiende, de manera evidente, que debería dejar satisfechos a los dirigentes de ambas formaciones.

Posiblemente, es el momento de que nuestros líderes asuman la responsabilidad que les corresponde. Tienen que pactar. Con seguridad de que ninguno de los partidos va a obtener lo que deseaba, pero no olvidemos cuál es el objetivo perseguido: el acuerdo de gobierno. Esta semana deberíamos tener una nueva investidura en la que los diputados de Unidas Podemos respalden como presidente a Pedro Sánchez. El Partido Socialista debe compensar ese voto con una propuesta de trabajo hombro con hombro que supere la fase de desconfianza y enfrentamiento que hemos vivido hasta más allá de lo que nunca se debería haber llegado.

En unas horas finalizará una etapa que no puede destacarse más que por la sucesión de frustraciones. En primer lugar, el bloqueo que unió a los partidos de derechas y a los independentistas que condujo a las elecciones de 28 de abril. Y posteriormente, la investidura fracasada tras la negativa de Pablo Iglesias a apoyar a Pedro Sánchez, tal y como ya ocurriera en 2016. Un acuerdo abriría un nuevo ciclo que supondría un reto histórico para la izquierda española y europea. Cualquier alternativa que desemboque en unas elecciones será un evidente fracaso y abriría una etapa difícil de divisar pero que no apunta más que a un proceso de deterioro autodestructivo. Esa sería otra historia que ojalá no tengamos que vivir.

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