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El hombre que susurraba a las vacas y otros prototipos de la política conservadora

Moreno Bonilla apuesta por una Andalucía "sin cordones sanitarios". Aunque incorpore a las decisiones de calado a Vox, la ultraderecha declarada, que se financió con fondos de una oposición iraní, con pasado y presente tenebroso

La llegada de Pablo Casado a la presidencia del PP está promocionando a una generación de bocazas ultraconservadores que forjan un temible futuro. Ciudadanos busca en similar cantera. Y Vox es la sublimación del concepto. Pero, ¿hemos reparado en lo que implica esto como sociedad?

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El candidato del PP, Juanma Moreno, en un acto de campaña.

Moreno Bonilla en un acto de campaña Santana de Yepes

El hombre que pedía el voto a las vacas, nuevo presidente de Andalucía. Juan Manuel Moreno Bonilla, PP, un político que perdió apoyos respecto a los comicios anteriores, prácticamente desahuciado incluso en su partido, y al que han revivido los nuevos aires de la derecha. Gobernará coaligado a Ciudadanos que obtiene la vicepresidencia con Juan Marín. Procedente de Alianza Popular, con paso por el Partido Andalucista, Marín trabajó fuera de la política a diferencia de Moreno. En el negocio de joyería y relojería familiar. Compondrán un gobierno de derechas. De extrema derecha con la concurrencia indispensable de Vox. Francisco Serrano, su portavoz en Andalucía, es un furibundo misógino y antifeminista. Juez de familia condenado por prevaricación al llevar su ideología a las sentencias. Como el resto de su partido, es proclive a corromper el debate con datos falsos. Hasta el maltrato machista a las mujeres niega. ¿Qué puede salir mal?

Moreno apuesta por una Andalucía "sin cordones sanitarios" a la derecha. Aunque incorpore a las decisiones de calado a Vox, la ultraderecha declarada, que se financió con fondos de una oposición iraní, con pasado y presente tenebroso. El MeK, en sus siglas en inglés, es descrito "como una organización similar a una secta, responsable de graves violaciones de derechos humanos y caracterizada por el culto a la personalidad de su líder, Masud Rayaví", escribe Íñigo Sáenz de Ugarte. El grupo, considerado terrorista, fue salvado de la definición por la campana del dinero, hace menos de una década, e inspira grave preocupación, salvo a los dispuestos a lavarlo todo.

Una contundente respuesta de las mujeres se enfrenta a los tiempos oscuros que se avecinan. Miles de personas se manifiestan en las capitales andaluzas, en Madrid, en un centenar de ciudades, afirmando que "no habrá un paso atrás", como ya se intenta dar. El movimiento #MeToo del Parlamento Europeo llama a la misma resistencia ante "la guerra de Vox contra las mujeres". Aunque la tarea es ingente. No solo en Andalucía. La llegada de Pablo Casado a la presidencia del PP está promocionando a una generación de bocazas ultraconservadores, a su imagen y semejanza, que forjan un temible futuro, si esta tendencia se mantiene. Gentes que se muestran con pocos escrúpulos, capaces de vender lo que cualquier ser humano consideraría del máximo valor, por una silla de poder. Es necesario expresar esta realidad en toda su crudeza porque peligra la propia sociedad que conocemos.

A la verborrea desbocada de Casado, se van sumando quienes buscan hacer méritos ante él, como jefe máximo. Dolors Monserrat, sin duda, o el inefable Teodoro García Egea, pero sobre todo el gran fichaje sorpresa para Madrid: Isabel Díaz Ayuso. Como Casado, se ha apuntado a los monólogos del desvarío. No olvidemos tampoco a Ruth Beitia, candidata por Cantabria, quien en su alegato inequívocamente machista cometió algún desliz, y fuera de ello se expresa con esta soltura. A estas alturas cabe pensar en cómo se estarán sintiendo las personas sensatas del propio PP y que no prefieran vender sus halagos para conservar el porvenir, como ya hemos visto estos días.

Las sospechas se van confirmando. El actual presidente de Madrid, Ángel Garrido, un clásico señor de derechas, muestra su apoyo a los candidatos, pero su entorno habla del agravio sufrido. Especialmente, al verse relegado por un perfil como el de Díaz Ayuso: sin experiencia de gestión y con tan escasa entidad. ¿Y cómo habría ocurrido esto? "El vídeo con declaraciones a La Sexta se ha convertido en viral y le ha hecho ganar puntos", explicaron en una jugosa tertulia de la Cadena SER Madrid. Se trataba de una entrevista en la que soltó un discurso machista radical. Resumió todo el paquete en pocas palabras: hay un feminismo exacerbado que criminaliza a los hombres y ha imperado una dictadura feminista. Gravísima irresponsabilidad de caer tales mentiras en cabezas yermas, como está ocurriendo. Ha tenido 3 millones de visualizaciones, dicen. Y para la nueva política ultra es lo que cuenta. ¿Visualización igual a voto?

Sin duda, en Ciudadanos también se ha buscado en la cantera de tertulianos lenguaraces, inanes, y capaces de decir sin pestañear cualquier mentira conveniente. Y Vox es la sublimación del concepto. Pero ¿hemos reparado en lo que implica esto como sociedad?

Los simpatizantes -se ven ya adhesiones entusiastas- parecen querer que su ídolo triunfe en una pelea en el barro a dentelladas y tirones de pelo sin pensar en lo que realmente puede ser su trabajo ejecutivo. Estas personas, de salir elegidas, están destinadas a gestionar la sanidad, la educación, los servicios básicos, el transporte, la dependencia, a cuidar de "nuestros" niños y de "nuestros" mayores, como gustan decir. Esta cuadrilla de seres inestables, sin complejos de conciencia ¿son las idóneas para esta labor? ¿Están siquiera capacitadas para ella? La vida no es un programa de televisión.

El ejemplo práctico lo tenemos en EEUU con Donald Trump, el personaje prefabricado por las cadenas comerciales para captar a un público votante muy determinado. Bannon, o quienes le emplean, lo fabricó como presidente. Y ahora se ha venido para Europa a trabajar. Quienes dirigen ese cotarro -que va más allá de los Casado o los Rivera o los Abascal- saben lo que hacen. Al menos, que hay público para ellos. Y que son el pasaporte para el poder.

El viejo liberalismo ya no existe. Ya no busca personas sanas, informadas y felices. No necesitan que cooperen en la consecución de los objetivos. Se les fuerza con violencia o con miedo. Y sobre todo, con la sobreinformación que engulle mucho de lo esencial y con la banalidad que distrae.  Estamos perdidos como esta mancha se extienda más.

Hay gente que cree que la tierra es plana, que rechaza las vacunas, que piensa que el agua azucarada cura. Gente convencida de que la mujer es una amenaza para el hombre, que se esconden estadísticas con aviesos fines. Que borra las asesinadas por la violencia machista que ya se ha llevado, presuntamente, a 4 mujeres en 15 días de enero. Hay gente que cree en Vox, y en este PP desbocado, y en quienes se amarran a cualquier atropello para medrar.

Hay gente que dice que a Andalucía ha llegado un cambio esplendoroso.

Y no nos podemos quedar callados.

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