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No soy homófoba, pero los gays están enfermos

Elósegui no ve nada raro en defender los derechos humanos de los europeos y, al mismo tiempo, poner por escrito que la homosexualidad es una patología

Roma recuerda a Trajano, padre de Europa, a los 1.900 años de su muerte

EFE

Me imagino a María Elósegui en Estrasburgo, tomando un café de máquina con sus compañeros del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Me gusta pensar que alguno de sus colegas es gay y que Elósegui, toda bondad ella, toda espíritu opusiano, le recomienda un buen terapeuta. La veo revolviendo su latte macchiato y soltando, en perfecto inglés, que debería probar con el psicoanálisis y, si no funciona, porque el psicoanálisis ya se sabe, pasarse a los psicofármacos. El electroshock, por sus contraindicaciones, conviene dejarlo como última opción, solo para casos de obcecada desviación, de pertinaz mariconeo.

Elósegui no ve nada raro en defender los derechos humanos de los europeos y, al mismo tiempo, poner por escrito que la homosexualidad es una patología que deriva en depresión y suicidio. No siempre, claro. Ella no es una radical. Hay gays que no se tiran por la ventana pero que, a cambio, se pasan atribulados toda la vida porque, en fin, ¿cómo no vas a estar triste si desafías tu naturaleza biológica? ¿Cómo vas a estar bien de la cabeza si tus cromosomas van por un lado y tu corazón por otro?

Claro que la culpa no es de los gays, sino de Dios, que a veces patina. Uno no puede crear cientos de miles de humanos cada día y esperar que todos te salgan a derechas. Hasta el Todopoderoso se permite un desliz de vez en cuando. Tal es su divina humildad que, pudiendo ser perfecto, yerra. Y no solo le pasa con humanos. También los elefantes africanos machos se lían entre sí, igual que las jirafas. Peor aún: varios estudios científicos han demostrado que buena parte de nuestras gaviotas tienen comportamientos lésbicos. ¡Las gaviotas! A saber qué opina FAES de eso.

De momento, Elósegui ya ha dejado claro que ella defenderá a quien le toque, incluso a los enfermos, incluso a los desviados. Al fin y al cabo, es el Creador quien debe juzgar a toda esa chusma, no ella. Su misión, la de Elósegui, es nada más que aplicar el reglamento. Hará, se supone, un ejercicio de abstracción y se esforzará en pensar que todo el mundo es normal. Como ella. Vasca, española, católica y del OPUS. Como hay que ser. Como Dios manda.

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