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Servicio público

Esta semana de información compleja, cambiante y polarizadora ha dejado claro una vez más el valor de una radio y de una televisión pública que dejen hacer su trabajo a los periodistas

Un bombero apaga el fuego de las barricadas en el tercer día de protestas en Barcelona

Un bombero apaga el fuego de las barricadas en el tercer día de protestas en Barcelona SÒNIA CALVÓ

La radio y televisión públicas viven desde hace meses en un limbo a la espera del concurso que debería renovar su cúpula de manera menos partidista que en el pasado. En esta transición incierta las decisiones editoriales han quedado en manos de reporteros y el resultado es un recordatorio de por qué merece la pena que el contribuyente pague por este servicio.

Esta semana de información compleja, cambiante y polarizadora ha dejado claro una vez más el valor de una radio y de una televisión pública que dejen hacer su trabajo a los periodistas. La labor de reporteros experimentados como Íñigo Alfonso en Las mañanas de RNE (donde colaboro), Antonio Delgado en 24h y Carlos Franganillo en el Telediario 2 y sus equipos demuestra la importancia de hacer periodismo en un medio público sin interferencias políticas. Sus coberturas completas, variadas, con pocos adjetivos y más sonidos e imágenes de lo que pasa son el mejor servicio que se puede hacer al ciudadano en momentos de tensión y confusión que los partidos (y sus satélites) intentan capitalizar. 

Se trata de coberturas difíciles, en especial para los reporteros de radios y televisiones como Berta Queralt en Telemadrid. Muchos reporteros en la calle también de medios privados han hecho un buen trabajo, a menudo poniendo en peligro su propia seguridad, pero los medios públicos tienen una responsabilidad especial. 

En España aún queda un largo camino de pedagogía sobre el papel de los medios para los políticos, acostumbrados a que su poder incluya el control de las radiotelevisiones públicas nacionales y autonómicas, y para la audiencia, que parece premiar a los medios que mezclan información y opinión y a los locutores que reparten sermones. Pero una buena manera de empezar a recorrer ese camino es asegurar que la radio y la televisión públicas son independientes por ley y no sólo por casualidad.

El Congreso aprobó en 2017 un nuevo procedimiento más transparente y abierto para asegurar que sea así, pero el PSOE y el PP han intentado descafeinar las nuevas reglas en el Senado y el concurso público sigue paralizado. 

Pese a los ataques partidistas, especialmente del PP tras la moción de censura de 2018, la radio televisión española llega por igual a personas de todas las ideologías y su audiencia es una de las más centradas y diversas de Europa, según un estudio sobre medios públicos recién publicado por el Reuters Institute

La mayoría de los ciudadanos en España no confían en los medios. El mayor golpe a la confianza se produjo justamente en 2017, con un bajón de siete puntos coincidiendo con la cobertura de la crisis catalana. Una lección para tener en cuenta estos días de intensa presión de políticos que quieren controlar la agenda y activistas que tratan de forzar una visión maniquea de la realidad. Observar y contar con calma y distancia es cumplir con la misión esencial de servicio público. 

Cuidar la radio y televisión pública para que estén en manos de los periodistas y lo más lejos posible de los políticos es un antídoto para muchos de los males de 2019. Esta semana es sólo la última muestra de lo bien que funcionan cuando pueden hacer su trabajo.

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