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Mario Conde aprovecha las elecciones en Galicia para vengarse del PP

El expresidente de Banesto considera una traición su condena bajo el Gobierno de Aznar

Su único objetivo al presentarse a las autonómicas gallegas es intentar impedir que Núñez Feijóo logre la mayoría absoluta

El partido de Mario Conde nacerá el 6 de octubre en Madrid con 3.000 inscritos

Mario Conde se presenta a la presidencia de Galicia. Foto: Efe

¿Por qué un presunto multimillonario corrupto y empresario convicto, convertido en escritor de éxito y tertuliano hiperactivo del medio por excelencia de la ultraderecha católica española decide meterse en camisas de once varas y crear un movimiento como Sociedad Civil y Democracia para presentarse a las elecciones autonómicas gallegas del próximo 21 de octubre?

Un vistazo rápido al currículum de Mario Conde sólo conduce a una respuesta: la venganza. ¿De quién? Del PP, por supuesto, de cuya primera victoria en unas elecciones generales, las de 1996, se siente responsable, y a cuyos hombres considera unos traidores por haber permitido que en 2001 fuera condenado a 14 años de cárcel, de los que cumplió algo más de nueve.

Los motivos de Mario Conde para intentar obtener un escaño en el Parlamento gallego serían un misterio si no fuera porque no es un recién llegado. Es un personaje de largo recorrido, especialmente en la cultura del pelotazo que dominó la vida económica española durante los años 80 y la primera mitad de los 90 del siglo pasado. "En España cualquiera puede hacerse millonario", llegó a asegurar el ministro de Economía presuntamente socialista Carlos Solchaga, que asistió a la ascensión de iconos como Conde o Javier de la Rosa.

El antiguo banquero no destaca por su ejemplaridad. Cuando personalidades de esta naturaleza se acercan al poder lo hacen por dos razones: dinero y sexo. No parece que a Conde le afecte lo primero. En su primera entrevista televisiva, ya en plena crisis, presumía en televisión de llevar 4.000 euros en efectivo en el bolsillo.

Ni siquiera se inmutó cuando la Audiencia Nacional, según adelantaba Interviú, embargaba varias fincas, entre ellas su conocida propiedad en el norte de Mallorca, por valor de 14 millones de euros. Sólo se pronunció en clave política: "Me lo esperaba. Pero que la Audiencia Nacional haya entrado en campaña no me parece muy bien", aseguró el candidato al reportero de La Sexta.

Cuando la Audiencia Nacional confirmó ayer el decomiso de cinco fincas, tampoco se inmutó. Los 14 millones de euros quedan muy lejos de los casi 50 millones de euros que debe en concepto de responsabilidades civiles por los casos Banesto y Argentia Trust a la Justicia desde 2001.

Conde alcanzó la presidencia de Banesto en 1987, cuando, junto a su amigo Juan Abelló, acababa de hacer el negocio de Antibióticos, la tradicional compañía valenciana. Conde, que no pertenecía ni a la burguesía ni a las grandes familias de la banca española, aunque era, eso sí el abogado del Estado que había obtenido la mejor nota en la historia junto al cardenal Cisneros, convenció a su amigo Abelló para vender el 58% de la farmacéutica de la familia, fabricante del conocido Frenadol, a la italiana Montedison por 58.000 millones de pesetas de la época (unos 350 millones de euros) en 1987.

El aventajado hijo de ferroviario convenció a su amigo para comprar con el beneficio el 3% de Banesto. Fue la gestión de Conde la que hizo fracasar la OPA hostil presentada a finales de ese año sobre Banesto del Banco de Bilbao presidido por José Ángel Sánchez Asiaín. Eso le catapultó a la presidencia de Banesto en menos de un año.

Sus cinco años al frente de Banesto fueron una exhibición de yuppismo. A pesar de que al principio le costó aprender los protocolos de su nuevo estatus – Jesús Cacho escribe en su amable biografía Asalto al Poder que le costó mucho entender que el lugar que debía ocupar en el coche oficial del banco era el asiento de atrás y no el del copiloto- pronto su pelo engominado, sus trajes italianos, sus corbatas con nudo Windsor o su pasión por las sevillanas y sus noches interminables, pasaron a configurar la imagen del éxito en España.

Pero su gestión al frente de Banesto tras lograr rechazar la OPA del Bilbao no fue ni de lejos ejemplar. Había alcanzado la presidencia del banco con apenas 39 años. Y le quedaban muchos retos por delante. Esencialmente sus dos grandes obsesiones: el poder político y los medios de comunicación.

Política y medios

Intentó influir en la sociedad desde ambos flancos. Tuvo un papel fundamental en la fundación de El Mundo, cuando el fallecido editor de Diario 16, Juan Tomás de Salas, despidió a Pedro J. Ramírez y éste inició su aventura en solitario. Intentó hacerse con el control de ABC gracias a la relación que cuidadosamente había ido cultivando con el padre del actual monarca, el fallecido Juan de Borbón, y a punto estuvo de lograr controlar La Vanguardia cuando el editor, Javier de Godó, se embarcó en Antena 3 Televisión.

No logró desembarcar en La Vanguardia, pero sí en Antena 3, que acabó entonces en manos del Grupo Zeta de los Asensio, con la financiación de Banesto. Hasta el punto de que los colores corporativos de la cadena de televisión eran los mismos que los del banco. Pero Conde nunca tenía bastante.

También cultivó la amistad del entonces vicepresidente del Gobierno, Alfonso Guerra, aprovechando la supuesta pasión que ambos compartían por el compositor checo Gustav Mahler. Pero entonces llegó la hecatombe. El día de los inocentes de 1993, Banesto fue intervenido por el Banco de España y Conde fue destituido de la presidencia por el gobernador, Luis Ángel Rojo. La política de gestión de créditos y el control de la cartera industrial del banco habían creado un agujero patrimonial de 450.000 millones de pesetas (más de 2.700 millones de euros).

Apartado definitivamente de la presidencia de Banesto, se volcó en sus dos verdaderas obsesiones: la política y los medios. Publicó El sistema, su ideario anarcocapitalista e inició la edición de una revista, MC. Llegó incluso a ser candidato, en 2000, del CDS fundado por Adolfo Suárez. Nada de ello le sirvió para evitar sus problemas con la Justicia.

Entonces ya había empezado su pulso al Estado. Conde aprovechó el desencuentro entre Felipe González y el que había sido su número dos en la lista por Madrid, el juez Baltasar Garzón, para reactivar las investigaciones del caso GAL, con la colaboración de Pedro J. Ramírez y dos de los policías que habían participado en la red de terrorismo de Estado, José Amedo y Michel Domínguez, quienes, de repente, estuvieron dispuestos a hablar a través de El Mundo.

La antigua dirección de Interior del Gobierno del PSOE, el ministro José Barrionuevo, el secretario de Estado, Rafael Vera, y el director general Julián Sancristóbal acabarían años después cumpliendo penas de prisión.

Llegó a revelar que había pagado comisiones por valor de 600 millones de pesetas al intermediario Antonio Navalón a través de la sociedad suiza Argentia Trust.

Desde 1994, Conde inició, a través de su abogado, Jesús Santaella, lo que se conoció como pulso al Estado. La información proporcionada por el excoronel del CESID Juan Alberto Perote a Conde sobre las actividades de los servicios secretos sirvió al antiguo banquero para intentar presionar al presidente del Gobierno, Felipe González.

Las reuniones fueron un fiasco y la información fue apareciendo en El Mundo debilitando cada vez más al Gobierno de González, que ya afrontaba serios problemas por los casos de corrupción que afectaban a lo hombres del Ministerio de Economía. El director del diario y los dos máximos colaboradores del jefe de la oposición, el presidente del PP, José María Aznar, Francisco Álvarez Cascos y Rodrigo Rato, se reunían habitualmente en el despacho de Ramírez para planificar el calendario de las informaciones proporcionadas por Perote.

Y, así, durante 1995 fueron apareciendo informaciones tremendamente dañinas para el desgastado Gobierno del PSOE. La más importante, los papeles del CESID. Dos ministros de Defensa de González, Narcís Serra, que en ese momento ya era vicepresidente, y el entonces titular de la cartera, Julián García Vargas, tuvieron que dimitir cuando El Mundo publicó que durante años los servicios secretos habían estado interviniendo ilegalmente los teléfonos de las principales personalidades del país, incluido el rey.

Conde está convencido de que es el principal responsable de la victoria de José María Aznar en 1996. Y esperaba que la Fiscalía e incluso la Audiencia Nacional correspondieran a los servicios prestados al PP. Sin embargo, en 1997, la Audiencia condenó a Conde a siete años de prisión por el caso Argentia Trust.

En 2000, el año que Aznar logró la mayoría absoluta, la Audiencia Nacional falló sobre la causa principal del caso Banesto y condenó a Conde a 10 años de prisión. Un año después, el Tribunal Supremo, elevó la pena a 20 años.

Traicionado

Conde se sintió traicionado por Aznar. En 2009 salió de prisión y parecía haber pasado la década anterior en animación suspendida. Regresó con las mismas obsesiones. En los medios de comunicación no tardó en estrechar relaciones con el grupo Intereconomía, hecho que le permite ser un contertulio habitual en El Gato al Agua.

La deslealtad de Aznar y el maltrato recibido por Cascos y por Rato han proporcionado un móvil a Conde para presentarse a las elecciones en Galicia. Resulta muy difícil imaginarse al exbanquero reducido al papel de diputado autonómico, si lo logra. Así que sus únicos móviles parecen ser sólo dos: utilizar Galicia como laboratorio y, sobre todo, intentar evitar que Alberto Núñez Feijóo logre la mayoría absoluta y gobernar. Núñez Feijóo, además de ser gallego como Rajoy, representa el modelo de un PP que ha practicado los recortes y no ha pedido el rescate.

Si Conde le arrebata eso, Rajoy pasará en un año de lograr la mayoría absoluta en el Congreso a perder uno de sus principales feudos. A lo que habría que sumar la posiblidad de que se convierta en intrascendente en dos comunidades, el País Vasco y Cataluña, cuyos Gobiernos dependen ahora del apoyo del PP.

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