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    <title><![CDATA[elDiario.es - Interferencias]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Interferencias]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Manuel Elkin Patarroyo, el científico estrella de Colombia que cayó en desgracia en la pandemia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/manuel-elkin-patarroyo-cientifico-estrella-colombia-cayo-desgracia-pandemia_1_8481147.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/56765393-2708-4405-ba23-d1a8dd472f6d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Manuel Elkin Patarroyo, el científico estrella de Colombia que cayó en desgracia en la pandemia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sus declaraciones sobre la gravedad del coronavirus, su proyecto de vacuna y el supuesto maltrato y tráfico de primates en sus experimentos reviven las sombras en torno a un investigador sobresaliente en un país con escasa tradición científica</p></div><p class="article-text">
        Manuel Elkin Patarroyo ha sido uno de los cient&iacute;ficos colombianos m&aacute;s laureados y labr&oacute; su fama en los 80 con la promesa de una vacuna contra la malaria. Ahora es uno de los que ha recibido m&aacute;s cr&iacute;ticas por su declaraciones en la pandemia del coronavirus. Sus anuncios precipitados sobre el desarrollo de un f&aacute;rmaco colombiano contra la COVID-19, o sus afirmaciones imprecisas para minimizar la gravedad de la crisis sanitaria, ahondaron viejas grietas en torno a la figura de Patarroyo, que fue Premio Pr&iacute;ncipe de Asturias de investigaci&oacute;n cient&iacute;fica 1994.
    </p><p class="article-text">
        En marzo de 2020, tras una reuni&oacute;n con el presidente, el conservador Iv&aacute;n Duque, el inmun&oacute;logo hizo una llamada a detener la &ldquo;histeria colectiva&rdquo; y poner en contexto una coyuntura a su juicio magnificada desde el extranjero. Epidemi&oacute;logos y otros expertos juzgaron desatinadas sus declaraciones, adem&aacute;s de irresponsables. Desde entonces, en Colombia, han muerto m&aacute;s de 128.000 personas y se han registrado m&aacute;s de cinco millones de infecciones.
    </p><p class="article-text">
        En  julio, habl&oacute; de los &ldquo;alt&iacute;simos y buenos resultados&rdquo; de la bautizada Colsarsprot (Colombia Sars Protection), una vacuna desarrollada por su laboratorio que, supuestamente, proteger&iacute;a contra todas las variantes del coronavirus. Los memes y otros chascarrillos no tardaron en circular en redes, antes de que el mismo Patarroyo precisara que el proyecto tan solo se hallaba en fase 0, es decir, en ensayos precl&iacute;nicos con animales.
    </p><h3 class="article-text">Cercan&iacute;a al poder</h3><p class="article-text">
        En los c&iacute;rculos cient&iacute;ficos colombianos existe cierta gratitud por el que fuera maestro de cientos de investigadores en d&iacute;as en los que en Colombia no exist&iacute;an programas formales de maestr&iacute;a ni doctorado. Tambi&eacute;n por el impulso que le dio a un campo b&aacute;sicamente desierto y sin referentes a seguir.
    </p><p class="article-text">
        Patarroyo tiene unos 500 art&iacute;culos cient&iacute;ficos publicados, una veintena de doctorados<em> honoris causa</em>, y numerosos premios. Es el &uacute;nico investigador hispanohablante en ganar el prestigioso premio Robert Koch (1994).
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, sus intempestivos anuncios cient&iacute;ficos, seguidos de modestos y renqueantes resultados durante tres d&eacute;cadas, han jugado en su contra. Incluso m&aacute;s de un ex alumno se ha convertido en cr&iacute;tico del maestro de 75 a&ntilde;os. Uno de los rasgos que m&aacute;s incomodan es su cercan&iacute;a con el poder, con cada uno de los presidentes a los que ha visitado en el palacio presidencial desde los 80. Una flexible labor de relaciones p&uacute;blicas que, sumada a su f&eacute;rrea perseverancia, le ha granjeado durante a&ntilde;os cuantiosos recursos estatales en un pa&iacute;s donde el presupuesto para investigaci&oacute;n es raqu&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Una cient&iacute;fica que se form&oacute; bajo su batuta en los a&ntilde;os 80 explica que se trata de &ldquo;un tipo sin ninguna ambici&oacute;n de car&aacute;cter econ&oacute;mico o social&rdquo;. Afirma que utiliza los &ldquo;mismos zapatos y los mismos sacos de hace 30 a&ntilde;os&rdquo;. Pero tambi&eacute;n reconoce que se ha permitido innecesarios y exagerados &ldquo;masajes en el ego por parte del poder&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
         &ldquo;Nadie cree m&aacute;s en Patarroyo que &eacute;l mismo&rdquo;, explica por correo el inmun&oacute;logo Juan Manuel Anaya.
    </p><h3 class="article-text">La SPf66 se queda en la nevera</h3><p class="article-text">
        El mayor de 11 hermanos, Patarroyo tuvo desde ni&ntilde;o a Pasteur como su gran inspiraci&oacute;n. Hasta hoy su logro cient&iacute;fico m&aacute;s visible es la SPf66, la primera candidata a vacuna antiparasitaria sint&eacute;tica de la historia. Un esforzado proyecto que fue presentado en 1987 en la revista <em>Nature </em>como ant&iacute;doto contra la malaria, una enfermedad presente en un centenar de pa&iacute;ses con zonas tropicales y que causa medio mill&oacute;n de muertes anuales (la mayor&iacute;a en ni&ntilde;os del &Aacute;frica subsahariana).
    </p><p class="article-text">
        Los estudios preliminares ejecutados en Colombia fueron esperanzadores. Pero la comunidad cient&iacute;fica mundial transit&oacute; del entusiasmo a la decepci&oacute;n por la baja efectividad en los resultados de las fases 2 y 3, donde la eficacia en ni&ntilde;os africanos (2%) y sudamericanos (28%) se desplom&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        El cient&iacute;fico don&oacute; la patente en 1993 de la bautizada Colfavac (Colombian Falciparum Vaccine) a la OMS, obviando canales comerciales. Un hecho que, seg&uacute;n coinciden tres fuentes que lo conocen, le ha causado profundas divisiones con las multinacionales farmac&eacute;uticas y otros poderes econ&oacute;micos. El registro de la SPf66 figura actualmente como &ldquo;inactivo&rdquo; en el listado de la agencia de salud de las Naciones Unidas.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n el doctor en Bio&eacute;tica y fundador de la Universidad del Bosque, Jaime Escobar, nada de esto invalida el trabajo meritorio en el desarrollo de vacunas sint&eacute;ticas. En la misma l&iacute;nea, el catedr&aacute;tico de Parasitolog&iacute;a y experto en Medicina Tropical Basilio Valladares cita sus &ldquo;avances en estudios de inmunolog&iacute;a, los trabajos sobre la forma de bloquear los pat&oacute;genos en las c&eacute;lulas. Aportes de primera l&iacute;nea que quedar&aacute;n, sin ninguna duda, como una escuela importante para los investigadores interesados en abordar estas &aacute;reas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cualquier vacuna que logre la ciencia, se lee en el editorial de marzo de la revista de la Asociaci&oacute;n Colombiana de Infectolog&iacute;a, se &ldquo;habr&aacute; basado en el trabajo pionero realizado en Colombia&rdquo; por la Fundaci&oacute;n Instituto de Inmunolog&iacute;a de Colombia (FIDIC), creado y dirigido desde 2001 por Manuel Elkin Patarroyo. 
    </p><p class="article-text">
        Este octubre, <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/oms-recomienda-primera-vez-vacuna-malaria-ninos-riesgo_1_8374397.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la OMS aprob&oacute; el uso masivo de una vacuna contra la malaria</a>, esta vez desarrollada por la compa&ntilde;&iacute;a brit&aacute;nica GSK.
    </p><h3 class="article-text">El l&iacute;o de los monos nocturnos</h3><p class="article-text">
        Hacer ciencia en Colombia no es tarea f&aacute;cil. El sector solo recibe en inversi&oacute;n el 0,29% del PIB -el promedio de los pa&iacute;ses de la OCDE es de 2,5%-, y en Colombia no se producen equipos ni material b&aacute;sico para investigar. Las barreras para el desarrollo son mayores que en buena parte del mundo. Patarroyo, que recibi&oacute; la nacionalidad espa&ntilde;ola en 1996, sin embargo, decidi&oacute; quedarse.
    </p><p class="article-text">
        El camino ha sido pedregoso. 
    </p><p class="article-text">
        En 2014, un fallo del Consejo de Estado suspendi&oacute; su trabajo con los monos nocturnos en el Amazonas, donde su fundaci&oacute;n tiene una segunda sede. La decisi&oacute;n fue producto de las denuncias impulsadas por la primat&oacute;loga &Aacute;ngela Maldonado, doctora en conservaci&oacute;n en la Universidad Brookes de Oxford. Maldonado argumentaba que los monos utilizados desde 1984 en las investigaciones eran empleados sin autorizaci&oacute;n oficial y hab&iacute;an sido adquiridos de contrabando en la frontera.
    </p><p class="article-text">
        La conservacionista, adem&aacute;s, acusaba al instituto de maltrato animal. Al a&ntilde;o siguiente, el mismo tribunal fall&oacute; a favor de Patarroyo e impuso una serie de requisitos para utilizar en los estudios a esta especie que solo se halla en Sudam&eacute;rica. 
    </p><p class="article-text">
        La bacteri&oacute;loga y doctora en Farmacolog&iacute;a Gabriela Delgado asegura, que visit&oacute; la estaci&oacute;n experimental de Leticia hace algunos a&ntilde;os y no vio maltrato alguno a los primates. &ldquo;Patarroyo les compraba la mejor comida a los monos&rdquo;, reconoce por tel&eacute;fono, &ldquo;incluso cuando hab&iacute;a estrecheces de presupuesto para pagar la n&oacute;mina&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Delgado trabaj&oacute; 15 a&ntilde;os junto al cient&iacute;fico, en los 90, tiempos de expectaci&oacute;n internacional por lo que ocurr&iacute;a en el hoy abandonado hospital San Juan de Dios, sede durante un cuarto de siglo del instituto de inmunolog&iacute;a. Presidentes, el rey Juan Carlos I o la princesa Ana de Inglaterra llegaron a visitar las instalaciones bogotanas, antes de que fueran embargadas por el banco BBVA, a ra&iacute;z una deuda de un mill&oacute;n de d&oacute;lares.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, una parte importante de los trabajos del FIDIC recae sobre los hombros de Manuel Alfonso Patarroyo, el hijo del investigador y doctor en Qu&iacute;mica que tiene 50 a&ntilde;os. Dicen quienes lo conocen que ha aprendido de la experiencia y guarda discreci&oacute;n hasta el punto de no tener cuentas en redes sociales. &ldquo;Vive d&iacute;a y noche en su laboratorio, trabajando, sin hacer ruido&rdquo;, dice un allegado. Se dedica a buscar soluciones contra otras plagas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Camilo Sánchez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/manuel-elkin-patarroyo-cientifico-estrella-colombia-cayo-desgracia-pandemia_1_8481147.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 13 Nov 2021 20:52:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Colombia,Coronavirus,Covid-19,Malaria,Premios Príncipe de Asturias]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Galapagar como símbolo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/galapagar-simbolo_132_6280997.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aedd76d0-349f-4952-89c8-4fd357e1ef1c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Galapagar como símbolo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este acoso lanza un mensaje: "no se va a tolerar nada a la izquierda del PSOE". Léase: nada más popular, más social, más igualitario, contra los privilegios blindados de los de arriba</p></div><p class="article-text">
        Creo que tiene raz&oacute;n Jos&eacute; Luis Moreno Pesta&ntilde;a cuando afirma que el acoso -personal, medi&aacute;tico, judicial y pol&iacute;tico- contra Pablo Iglesias e Irene Montero es un acoso contra todos nosotros. &iquest;Todos nosotros qui&eacute;nes? Ese nosotros difuso que se reconoci&oacute; en el 15M y despu&eacute;s vot&oacute; por un cambio, aun teniendo mil distancias con respecto a Podemos (como es mi caso).
    </p><p class="article-text">
        Ese acoso lanza un mensaje: &ldquo;no se va a tolerar nada a la izquierda del PSOE&rdquo;. L&eacute;ase: nada m&aacute;s popular, m&aacute;s social, m&aacute;s igualitario, contra los privilegios blindados de los de arriba. Ya se puede ir olvidando Errej&oacute;n: llevar a cabo pol&iacute;ticas m&aacute;s igualitarias, pero con un tono distinto al de Pablo, obtendr&iacute;a la misma respuesta. Porque lo que se cuestiona aqu&iacute; son los l&iacute;mites f&eacute;rreos del r&eacute;gimen del 78, heredados en buena medida de la dictadura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Recordemos: <em>nuestra democracia fue abierta desde el terror y no desde el deseo</em>. &iquest;Qu&eacute; significa esto? Muy sencillo: Franco muere en la cama. La Transici&oacute;n no rompe, sino que reforma el aparato estatal franquista. Es un proceso &ldquo;de la ley a la ley&rdquo;. Los privilegios de los poderes f&aacute;cticos -pol&iacute;ticos, econ&oacute;micos, judiciales, etc.- quedan de ese modo blindados a la vez que <em>aggiornados</em> a la nueva situaci&oacute;n. Hay l&iacute;mites que no se pueden cuestionar ni tocar: l&iacute;mites econ&oacute;micos, l&iacute;mites pol&iacute;ticos, l&iacute;mites en la ordenaci&oacute;n territorial. L&iacute;mites que son aceptados -entonces y ahora- por la fuerza del miedo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El relato que se cuenta a s&iacute; misma la Transici&oacute;n -un pacto libre por el cual pasamos de la dictadura a la convivencia de libres e iguales- s&oacute;lo es un mito. La democracia y la paz se abren como un nuevo espacio social desde el terror y la guerra, donde el vencedor impuso su ley al vencido. La ley y el estado de derecho no son un marco de reglas de juego neutrales, sino la codificaci&oacute;n y la formalizaci&oacute;n de un equilibrio inestable entre fuerzas desiguales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta es entonces la paradoja actual: Podemos ha asumido muchos de los l&iacute;mites del 78 como propios para cogobernar con el PSOE, pero a la vez es percibido desde la derecha y la derecha extrema -representaci&oacute;n pol&iacute;tica de los poderes de hecho- como un elemento an&oacute;malo a eliminar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el juego trucado de la democracia hay que jugar. Pero, &iquest;de d&oacute;nde puede extraer su fuerza la opci&oacute;n que quiere un tipo de representaci&oacute;n pol&iacute;tica m&aacute;s pegada a las aspiraciones y necesidades de abajo? Los resortes no se encuentran en el <em>statu quo</em> -sistema pol&iacute;tico, medi&aacute;tico, judicial, garante de esos l&iacute;mites heredados de la dictadura, el famoso &ldquo;consenso&rdquo;- sino en el <em>apoyo popular</em>. Pero es justamente ese apoyo popular lo que se ha alienado Podemos en su deriva.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tomemos ahora el caso del acoso que sufren Pablo Iglesias e Irene Montero en su casa desde hace semanas. Podemos imaginar perfectamente que en otro momento -pongamos, 2014, 15 o 16- ese acoso habr&iacute;a sido contrarrestado por concentraciones y mil gestos de apoyo. Igual a los brutos que se re&uacute;nen desde hace dos meses frente a la casa se les hac&iacute;a m&aacute;s cuesta arriba la broma si alguien se les plantaba enfrente o sent&iacute;an una presi&oacute;n social en su contra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero claro, <em>hay que irse hasta Galapagar</em>. Hablo en t&eacute;rminos a la vez literales y simb&oacute;licos. Pero lo que quiero decir es esto: con mil comportamientos y decisiones, la c&uacute;pula de Podemos se ha ido alienando la simpat&iacute;a de mucha gente, que finalmente les vota con resignaci&oacute;n y como mal menor. Pero el apoyo activo de la gente -que no es s&oacute;lo ni principalmente el voto- es el principal resorte de fuerza de un gobierno que se pretende popular. No habr&iacute;a que recordar esto a nadie que haya le&iacute;do a Maquiavelo, pero la c&uacute;pula de Podemos lo ha olvidado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se han encerrado en una casa lejana (la pol&iacute;tica de los pol&iacute;ticos) y ahora nadie se acerca a defenderles. Esa apat&iacute;a general debilita su posici&oacute;n que a&uacute;n representa algo -aunque sea una barrera de contenci&oacute;n frente a las pol&iacute;ticas de lo peor- del deseo de cambio. Este es el c&iacute;rculo vicioso en el que estamos. En &eacute;l perdemos todos, ellos y nosotros (ese nosotros difuso de que hablaba al principio).
    </p><p class="article-text">
        Hay que estar muy alerta. Por aqu&iacute; y por all&aacute; se experimentan nuevas formas de golpe de estado que no suprimen exactamente sino que funcionan desde los &ldquo;mecanismos democr&aacute;ticos&rdquo; (Brasil, Bolivia). Una fuerza que puede frenarlos es la capacidad de respuesta de la gente. La &ldquo;calidad democr&aacute;tica&rdquo; de un sistema pol&iacute;tico no reside s&oacute;lo -ni principalmente- en sus instituciones Pero, &iquest;qu&eacute; tipo de relaci&oacute;n debe haber entre los gobiernos y la gente para que esa capacidad no se adormezca?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por arriba: no olvidar nunca que el sistema pol&iacute;tico no es &ldquo;igual para todos&rdquo;, sino un tablero inclinado y que la fuerza que puede hacer de contrapeso est&aacute; <em>fuera de &eacute;l</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por abajo: no olvidar nunca -como pas&oacute; tras el 15M- la diferencia entre arriba y abajo, el &ldquo;no nos representan&rdquo;. Una fuerza popular debe ser capaz de intervenir en el tablero -si la partida se pone mal para la variante m&aacute;s social y menos neoliberal-, pero manteni&eacute;ndose siempre <em>aut&oacute;noma</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo esto requiere una nueva concepci&oacute;n de la pol&iacute;tica.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amador Fernández-Savater]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/galapagar-simbolo_132_6280997.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 09 Oct 2020 20:38:21 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Necesidad y dificultad del encuentro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/necesidad-dificultad-encuentro_132_6230808.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/76418d66-3202-4f90-bd67-efe9932283c9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Necesidad y dificultad del encuentro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Cómo orientarnos hoy en la masa de datos, rumores, estados de ánimo más o menos manipulados, en medio de una situación abierta y completamente inédita?</p></div><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo orientarse en lo que pasa? Es una pregunta cl&aacute;sica de la filosof&iacute;a: &iquest;c&oacute;mo orientarse en el pensamiento y en la historia? Su actualidad es muy evidente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo orientarnos hoy en la masa de datos, rumores, estados de &aacute;nimo m&aacute;s o menos manipulados, en medio de una situaci&oacute;n abierta y completamente in&eacute;dita? &iquest;C&oacute;mo leer e interpretar esos datos, qu&eacute; relaci&oacute;n hay entre los datos y las decisiones gubernamentales? &iquest;Exactamente en nombre de qu&eacute; se est&aacute;n tomando las decisiones? &iquest;La salud, la econom&iacute;a? Pero, &iquest;<em>qu&eacute; </em>salud y <em>qu&eacute; </em>econom&iacute;a?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las dificultades para orientarse generan hoy estupor y par&aacute;lisis por abajo: renunciamos finalmente a entender, es tanta la complejidad, y delegamos en &ldquo;los que saben&rdquo;. &iquest;Qui&eacute;nes? Los especialistas de la cosa p&uacute;blica: expertos pol&iacute;ticos y sanitarios. Renunciamos a transformar la situaci&oacute;n y nos las arreglamos como podemos -entre el miedo, la resignaci&oacute;n y la piller&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tenemos la intuici&oacute;n de que tanto los datos como las interpretaciones se nos sirven &ldquo;cocinadas&rdquo; en funci&oacute;n de los intereses del momento: minimizar el alcance del virus para reactivar la econom&iacute;a / maximizarlo para vendernos protecci&oacute;n a cambio de miedo y sumisi&oacute;n. Negaci&oacute;n y disuasi&oacute;n. Pero, &iquest;c&oacute;mo ir m&aacute;s all&aacute; de la mera sospecha cr&iacute;tica? En una palabra: &iquest;c&oacute;mo pensar en estas circunstancias? &iquest;Y c&oacute;mo actuar conforme a lo que pensamos?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vamos a repasar algunos posibles elementos de respuesta en tres autores contempor&aacute;neos: Cornelius Castoriadis, Guy Debord y Hannah Arendt.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Castoriadis</strong>
    </p><p class="article-text">
        En la obra del fil&oacute;sofo griego Cornelius Castoriadis, una idea central es que <em>no hay expertos en pol&iacute;tica</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica, el ejercicio de pensar y decidir juntos sobre la vida en com&uacute;n, no admite una ciencia, un saber universal y necesario. Se decide en funci&oacute;n de valores que son creaciones imaginarias sociales -siempre particulares y contingentes- y que ninguna raz&oacute;n puede fundamentar del todo. La definici&oacute;n de una &ldquo;vida buena&rdquo; es una apuesta, una invenci&oacute;n. Es decir, no hay naturaleza humana que realizar, ni tampoco una idea de Bien Com&uacute;n escrita desde siempre en el cielo de las ideas. Lo humano es creaci&oacute;n permanente de sentido sobre un fondo tr&aacute;gico de sinsentido, interrogaci&oacute;n infinita y apertura de la historia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No hay Ciencia o Raz&oacute;n de la pol&iacute;tica, s&oacute;lo hay razones u opiniones. No todas valen lo mismo, dice Castoriadis, pero -he aqu&iacute; la dificultad- no hay procedimiento a priori para decidir entre ellas. La subordinaci&oacute;n del criterio pol&iacute;tico -particular y contingente- a un punto de vista cient&iacute;fico -universal y necesario- supone la cancelaci&oacute;n misma de la pol&iacute;tica democr&aacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En una verdadera democracia, el experto puede aportar su saber espec&iacute;fico (<em>tekhn&eacute;</em>) a la elaboraci&oacute;n colectiva de un juicio y un criterio, pero no determinar una decisi&oacute;n. La misma configuraci&oacute;n del problema es un asunto social. Es decir: la pol&iacute;tica no consiste s&oacute;lo en la elaboraci&oacute;n colectiva de respuestas a problemas dados, sino en la<em> construcci&oacute;n misma de esos problemas. </em>La construcci&oacute;n del <em>sentido</em> de lo que pasa.<em> </em>Por esa raz&oacute;n, dice Castoriadis, el juez de un experto no puede ser otro experto, sino la propia colectividad de los afectados<em> </em>por las decisiones que se toman.
    </p><p class="article-text">
        Nada m&aacute;s lejos de la situaci&oacute;n actual, donde nos limitamos a obedecer las decisiones tomadas por los expertos de la cosa p&uacute;blica. Podemos desde luego legitimar con nuestro asentimiento las decisiones que nos parezcan m&aacute;s razonables, pero no confundamos esa <em>adhesi&oacute;n</em> con una forma de participaci&oacute;n. El espacio de pensamiento y decisi&oacute;n con respecto a los asuntos m&aacute;s comunes de la vida cotidiana est&aacute; hoy cerrado, no es participable. Al parecer no tenemos nada que aportar salvo caos y confusi&oacute;n. Mejor mantenernos apartados, callados, sumisos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Debord&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Guy Debord acu&ntilde;&oacute; la c&eacute;lebre f&oacute;rmula de &ldquo;sociedad del espect&aacute;culo&rdquo; para referirse a la sociedad contempor&aacute;nea. &iquest;En qu&eacute; consiste?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El espect&aacute;culo detenta &ldquo;el monopolio de las apariencias&rdquo;, esto es, el monopolio sobre lo que se percibe, lo que puede decirse acerca de lo que se percibe, lo que se puede hacer al respecto o en consecuencia. (La sociedad del espect&aacute;culo) &ldquo;es el momento en que la imagen elegida por otro se ha convertido en la principal relaci&oacute;n con el mundo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ese monopolio es un mon&oacute;logo autorreferencial y sin r&eacute;plica, que incluye distintas opciones -distintas mercanc&iacute;as, distintos canales, distintos partidos- pero todas dentro del mismo marco de lo visible y pensable. Como cantaban los Housemartins, &ldquo;nos dicen que hay distintos puntos de vista, pero s&oacute;lo son los distintos tonos de una misma tristeza&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El espect&aacute;culo es lo opuesto a la l&oacute;gica&rdquo; dice Debord en una frase llena de implicaciones. &iquest;A qu&eacute; l&oacute;gica se refiere? A la capacidad de captar inmediatamente lo importante, lo menos importante, lo irrelevante; lo incompatible y lo complementario, lo que tal enunciado implica, lo que impide. Esa l&oacute;gica s&oacute;lo se ha formado socialmente en el di&aacute;logo y la comunicaci&oacute;n directa.
    </p><p class="article-text">
        Se aprende a pensar pensando en com&uacute;n, escuchando y engarzando nuestra palabra con la del otro, activando la atenci&oacute;n para aportar al hilo del razonamiento que se construye en el entre de la conversaci&oacute;n, captando las sombras de nuestros puntos de vista gracias a las cr&iacute;ticas de otros puntos de vista, alcanzando as&iacute; una posici&oacute;n m&aacute;s fuerte, m&aacute;s incluyente. &ldquo;La verdad&rdquo;, dice Debord, &ldquo;es la totalidad de los sentidos posibles&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero el espect&aacute;culo es una <em>luz sin sombra</em>. No tolera ninguna alteridad desde la que ser criticado, nunca admite mirarse desde afuera. Dice verlo todo, representar la totalidad. Como espectadores, en condiciones de aislamiento, aferrados a nuestras identidades, nos volvemos literalmente <em>est&uacute;pidos</em>. Incapaces de pensar, es decir, de salir de nosotros mismos, ese &ldquo;nosotros mismos&rdquo; -opiniones, gustos, emociones- que s&oacute;lo es una opci&oacute;n m&aacute;s en un men&uacute; prestablecido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En pandemia, el espect&aacute;culo se ha vuelto &ldquo;espect&aacute;culo del horror&rdquo;: el periodismo <em>mainstream</em> se reduce al conteo morboso de los casos de contagio, la pol&eacute;mica pol&iacute;tica y la culpabilizaci&oacute;n y polarizaci&oacute;n social (j&oacute;venes, inmigrantes, pobres). El pensamiento jam&aacute;s roza un medio de comunicaci&oacute;n, incluyendo a los medios &ldquo;progres&rdquo; y sus tertulianos &ldquo;cr&iacute;ticos&rdquo;. Pensar no es denunciar o polemizar, sino elaborar un juego nuevo de preguntas y respuestas: nuevos modos de ver e, incluso, nuevos<em> objetos </em>que ver. Eso ocurre en lo com&uacute;n y lo com&uacute;n no existe en los medios de comunicaci&oacute;n, s&oacute;lo una sucesi&oacute;n de mon&oacute;logos llamados &ldquo;tertulias&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los historiadores de una sociedad emancipada futura se preguntar&aacute;n c&oacute;mo pudo la nuestra colocar en su mismo coraz&oacute;n un dispositivo tan estupidizante e irracional como los medios de comunicaci&oacute;n. Y leer&aacute;n a&nbsp; Guy Debord.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Arendt</strong>
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Hannah Arendt, el primer paso en la p&eacute;rdida de la libertad es &ldquo;la privaci&oacute;n de un lugar en el mundo que haga significativas a las opiniones y efectivas a las acciones&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es lo que pasa en el caso de las redes sociales: se pueden opinar mil cosas distintas, pero no son significativas porque no est&aacute;n ligadas a una acci&oacute;n, a un gesto, a un cuerpo, a un comportamiento, a un mundo compartido, a un terreno com&uacute;n.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese &ldquo;lugar&rdquo; es lo que permite que los actos y las palabras est&eacute;n ligados, que &ldquo;las palabras no est&eacute;n vac&iacute;as y los hechos no sean brutales, que las palabras no se empleen para velar intenciones sino para descubrir realidades, y los actos no se usen para violar y destruir, sino para establecer relaciones y crear nuevas realidades&rdquo;. Habitar ese lugar nos permite recuperar nuestro poder de hacer y rehacer el mundo com&uacute;n,&nbsp; todo lo contrario de la pol&iacute;tica de los pol&iacute;ticos (palabras vac&iacute;as, empleadas para velar realidades, etc.).
    </p><p class="article-text">
        Sin lugar no es posible pensar. Y en esa disociaci&oacute;n entre palabras y actos empezamos a disparatar. Los fen&oacute;menos totalitarios, seg&uacute;n Arendt, son t&iacute;picamente modernos: arraigan en el suelo de la atomizaci&oacute;n y la soledad de masas, donde han sido destruidas las comunidades pol&iacute;ticas estables y los territorios comunes. All&iacute; nacen las &ldquo;teor&iacute;as de la conspiraci&oacute;n&rdquo;, como la conspiraci&oacute;n jud&iacute;a, que conectan todos los hechos en una gran teor&iacute;a explicadora: el plan total, la gran paranoia. El sentido com&uacute;n se crea en elemento de lo com&uacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cuidar de qu&eacute; vida</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hoy tenemos como nunca necesidad de pensar. Para orientarnos en lo que pasa, para salir del estupor y la par&aacute;lisis. Y s&oacute;lo se piensa, como hemos visto, en el encuentro. No se trata s&oacute;lo de &ldquo;entender lo que pasa&rdquo; a un nivel abstracto, sino de preguntarnos <em>qu&eacute; vida queremos y c&oacute;mo se protege</em>. C&oacute;mo queremos que sean las escuelas, los barrios, el trabajo, etc. No hay orientaci&oacute;n sin deseo, no hay pensamiento sin un <em>querer</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuanto m&aacute;s sepamos sobre el virus, mejor. Pero ninguna explicaci&oacute;n &ldquo;racional&rdquo; y &ldquo;objetiva&rdquo; nos dir&aacute; qu&eacute; debemos hacer al respecto, qu&eacute; sentido tiene su intrusi&oacute;n para nosotros, c&oacute;mo debemos vivir. El problema y la respuesta son, como dec&iacute;a Castoriadis, una creaci&oacute;n, una invenci&oacute;n, una apuesta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;lugar&rdquo; de que hablaba Hannah Arendt puede ser, no s&oacute;lo una comunidad o un territorio dado, sino una pregunta: &iquest;qu&eacute; vida queremos, c&oacute;mo cuidarla? Podemos incluso decir esto: <em>la pregunta inventa el lugar y la comunidad</em>. La pregunta convoca y re&uacute;ne a quienes se sienten afectados, aparece en un espacio dado -escuela, barrio, centro de salud- pero a la vez lo reorganiza, crea nuevas conexiones, abre una situaci&oacute;n de pensamiento, de aprendizaje, de lucha.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esas situaciones se elaboran <em>voces aut&oacute;nomas </em>que pueden intervenir en la coyuntura, agujerando el &ldquo;monopolio de las apariencias&rdquo; (pol&iacute;tico-medi&aacute;tico-experto) que reina sin r&eacute;plica. Voces que hablan desde la vida pero sin moverse de la vida, a diferencia de los que pretenden legislar sobre ella a distancia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se trata de romper todas las las separaciones que debilitan, las barreras por funciones y roles (entre trabajadores, entre trabajadores y usuarios), creando nuevas asociaciones en torno a problemas y aprendizajes, incluyendo a &ldquo;expertos en saber&rdquo; y a &ldquo;expertos en experiencia&rdquo; en igualdad, sin jerarqu&iacute;as.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Necesitamos pensar y se piensa en el encuentro. Pero el encuentro se ha vuelto hoy un desaf&iacute;o mayor. No s&oacute;lo porque est&eacute;n pr&aacute;cticamente prohibidas las reuniones, sino porque hay que crear un espacio de reuni&oacute;n -o de manifestaci&oacute;n, etc.- cuidadoso e inclusivo, donde los diferentes se encuentren al seguro. Los modos de hacer&nbsp; prefiguran lo que se reclama y se quiere. Lo que hab&iacute;a hasta ahora no alcanza. Es precisa una nueva sensibilidad pol&iacute;tica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Amador Fern&aacute;ndez-Savater publica ahora <a href="https://nededicionesblog.wordpress.com/2020/09/08/amador-fernandez-savater-habitar-y-gobernar/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Habitar y gobernar; inspiraciones para una nueva concepci&oacute;n pol&iacute;tica (Ned ediciones)</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amador Fernández-Savater]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/necesidad-dificultad-encuentro_132_6230808.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Sep 2020 20:43:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Necesidad y dificultad del encuentro]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Entre la verdad y el relato: Covid-19, terror y epistemología neoliberal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/relato-covid-19-terror-epistemologia-neoliberal_132_6213651.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1d2623c3-db6a-4838-bfe2-046a0c936a18_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Entre la verdad y el relato: Covid-19, terror y epistemología neoliberal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Sobre la disputa entre la racionalidad científica y la propaganda político-mediática en la gestión de la pandemia</p></div><p class="article-text">
        Estamos asistiendo hoy en la conversaci&oacute;n p&uacute;blica, tanto a trav&eacute;s de los medios de comunicaci&oacute;n, como en el discurso pol&iacute;tico o en las redes sociales, a una convergencia creciente del discurso que toma la ciencia como referente y del miedo. La epidemia de coronavirus ha movilizado por un lado la actividad de investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, la curiosidad p&uacute;blica ante un fen&oacute;meno inquietante y la comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica destinada a gestionar la expansi&oacute;n social de la enfermedad. El trabajo de los cient&iacute;ficos ha ido realiz&aacute;ndose seg&uacute;n los protocolos habituales, marcado por el ritmo de la observaci&oacute;n, la formulaci&oacute;n de hip&oacute;tesis y las comprobaciones experimentales; la curiosidad p&uacute;blica, por su lado, buscaba y busca explicaciones que den algo de coherencia a una situaci&oacute;n ca&oacute;tica, pero tambi&eacute;n puede dar ocasi&oacute;n esa misma curiosidad a que se atienda a discursos que causan admiraci&oacute;n o espanto. La comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica, se ha solido basar en referencias al trabajo de los cient&iacute;ficos, al tiempo que se reservaba la posibilidad, mediante la presentaci&oacute;n de los datos, de modular el clima afectivo de la sociedad, gestionando temores y esperanzas para producir obediencia a las consignas de los gobiernos. La actuaci&oacute;n de los medios de comunicaci&oacute;n durante la crisis actual parece consistir en amplificar el discurso del poder pol&iacute;tico o en oponerse a &eacute;l en nombre de otras posturas que generan sus propios temores y sus propias esperanzas, y, por consiguiente, sus propias formas de obediencia. 
    </p><p class="article-text">
        La necesaria discreci&oacute;n y austeridad del trabajo cient&iacute;fico puede a veces contrastar con las tomas de posici&oacute;n p&uacute;blicas de los cient&iacute;ficos en las que no es tanto la ciencia &ndash;una pr&aacute;ctica basada en m&eacute;todos y protocolos rigurosos&ndash; como la ideolog&iacute;a del cient&iacute;fico la que sale a la luz p&uacute;blica. La responsabilidad p&uacute;blica del pol&iacute;tico que gestiona la pandemia desde instancias de gobierno se ve a su vez determinada por sus sesgos ideol&oacute;gicos y por su voluntad de mantenerse en el poder. Rara vez se ha presentado a los gobiernos mejor ocasi&oacute;n para reforzar su mando que la actual, pues hoy puede llegarse a imponer en nombre de la lucha contra una pandemia mort&iacute;fera, o presentada como tal, pr&aacute;cticamente cualquier medida. Sin embargo, la imagen de poder total que hoy se dan los gobiernos debe matizarse, pues estos gobiernos no s&oacute;lo son los celosos guardianes de la salud p&uacute;blica, sino quienes deben velar por la buena marcha de la econom&iacute;a y dar ante los mercados financieros internacionales una imagen de solvencia del pa&iacute;s. El imperativo sanitario y el econ&oacute;mico parecen en buena medida contradictorios, lo que introduce cierta cacofon&iacute;a en la comunicaci&oacute;n p&uacute;blica gubernamental. De ah&iacute; que el virus, seg&uacute;n los momentos y seg&uacute;n las presiones a que se ven sometidos los gobernantes, sea un monstruo peligroso capaz de generar grav&iacute;simas dolencias o incluso de matar a muchas personas, o bien un pat&oacute;geno mucho m&aacute;s benigno, que en unas ocasiones sea contagios&iacute;simo o que s&oacute;lo sea transmisible en circunstancias muy precisas. Cuando se trata de movilizar a la poblaci&oacute;n para que regrese a sus puestos de trabajo y use masivamente el transporte p&uacute;blico, el peligro se minimiza, pero cuando de lo que se trata es de seguir imponiendo medidas restrictivas de la vida social extralaboral o extraescolar, muestra el virus su rostro m&aacute;s temible. De ah&iacute; que parezca que el virus tiene gran afici&oacute;n a los bares y discotecas y poco inter&eacute;s por los lugares de trabajo. 
    </p><p class="article-text">
        El virus se nos presenta, m&aacute;s all&aacute; de esa jocosa caracter&iacute;stica como una realidad proteica. Covid-19 est&aacute;, desde el principio de la epidemia, asociado a diversas especies animales entre ex&oacute;ticas (el pangol&iacute;n) y algo siniestras (el murci&eacute;lago) que habr&iacute;an transmitido el virus a los humanos por caminos a&uacute;n no muy determinados salt&aacute;ndose la barrera interespecies. Esto es algo que en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas parece estarse repitiendo, desde el VIH hasta el Ebola. Sin embargo, lo que caracteriza &ndash;si eso puede considerarse una caracter&iacute;stica&ndash; a Covid-19 es su cat&aacute;logo de s&iacute;ntomas, digno del de un Don Giovanni de los pat&oacute;genos, un cat&aacute;logo que supera las famosas &ldquo;mil y tres&rdquo; conquistas del personaje de Da Ponte-Mozart y es capaz de producir casi toda clase de dolencias, como una purga de Benito al rev&eacute;s. Se nos ha dicho que produc&iacute;a graves patolog&iacute;as respiratorias y parece ser, en efecto, la neumon&iacute;a la causa de muerte de muchas personas que enferman de la Covid-19, pero la gama de s&iacute;ntomas no se detiene aqu&iacute;, sino que parece ampliarse a los saba&ntilde;ones, los dolores intestinales, lesiones en el h&iacute;gado y el p&aacute;ncreas, da&ntilde;os cerebrales y del sistema nervioso en general, p&eacute;rdida del olfato y del apetito, depresi&oacute;n y un largu&iacute;simo etc&eacute;tera. El cuerpo entero y, aparentemente, tambi&eacute;n la mente parecen expuestos a esta fuerza del Mal sumamente pl&aacute;stica. Por lo dem&aacute;s, este virus dejar&iacute;a, aun despu&eacute;s de la curaci&oacute;n del paciente peligrosas y persistentes secuelas que afectar&iacute;an a las m&aacute;s variadas funciones org&aacute;nicas. Da la impresi&oacute;n de que si se quiere probar la peligrosidad del virus se est&aacute; probando demasiado...
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La lógica de la &quot;convención&quot; espontánea domina hoy todo el campo discursivo y se hace visible en los discursos sobre el Covid-19, que oscilan entre un consenso fuerte sobre su peligrosidad y un consenso no menos fuerte sobre su inocuidad, </p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Uno de los principios del racionalismo b&aacute;sico que inspira las ciencias y la filosof&iacute;a en la era moderna es que una causa produce una serie de efectos determinada. La naturaleza es una red infinita de causas, pero cada una de las causas es una causa finita que, como tal, produce efectos finitos y delimitados. Cuando parece producir efectos que van m&aacute;s all&aacute; de los que quepa atribuirle suele esto obedecer a que esta causa est&aacute; asociada con otra que tambi&eacute;n se puede determinar. En el caso que nos ocupa, parece que la Covid-19 tiene prevalentemente efectos sobre el sistema respiratorio, pero que golpea tambi&eacute;n de manera preferente a personas con otras patolog&iacute;as previas como enfermos cr&oacute;nicos o ancianos con patolog&iacute;as graves. De ah&iacute; es muy probable que provenga una parte de la enorme multitud de s&iacute;ntomas que se atribuye al coronavirus y no de una capacidad esencial que este tuviera de producir todo tipo de dolencias y de s&iacute;ntomas que afectan seg&uacute;n los casos a una u otra parte del cuerpo humano. 
    </p><p class="article-text">
        Es muy probable que la observaci&oacute;n cl&iacute;nica haya arrojado cuadros sumamente diversos entre los enfermos de la Covid-19, pero esto no significa que todos estos males deban asociarse con un solo virus. Si un s&iacute;ntoma determinado, como los saba&ntilde;ones, aparece en personas con un resultado positivo en las pruebas PCR, ello no significa, mientras no se haya mostrado el mecanismo por el que se producen estos efectos, que deba asociarse al coronavirus. Lo mismo cabe afirmar de casi todos los dem&aacute;s s&iacute;ntomas: no basta la observaci&oacute;n para establecer una relaci&oacute;n causal estable entre un pat&oacute;geno supuesto y su supuesto s&iacute;ntoma, es necesario transitar un largo proceso descrito hace siglo y medio por Claude Bernard en el que intervienen la observaci&oacute;n, la formulaci&oacute;n de hip&oacute;tesis, la experimentaci&oacute;n y la extracci&oacute;n de conclusiones que confirman o invalidan las hip&oacute;tesis. Eso requiere tiempo, pero da resultados verificables y &ldquo;verdaderos&rdquo; dentro de las condiciones establecidas por los protocolos de experimentaci&oacute;n, y, por lo tanto revisables en funci&oacute;n de otros par&aacute;metros. Nada hay en este m&eacute;todo experimental sino un proceso infinito de trabajo racional que determina relaciones verificables dentro de la naturaleza, nunca una asignaci&oacute;n esencial y definitiva de una causalidad determinada a un elemento de la realidad. De ah&iacute; que sea absurda y profundamente anticient&iacute;fica la atribuci&oacute;n a este elemento de un sinf&iacute;n de patolog&iacute;as. Esto, sin duda se puede hacer, pero nunca en nombre de la ciencia y de sus m&eacute;todos, sino dentro de procedimientos ret&oacute;ricos de amalgama de las causas y relaciones caracter&iacute;sticos de la magia, que somete las relaciones internas a la naturaleza a una sobredeterminaci&oacute;n infinita sin control experimental. De este modo, un taumaturgo puede sanar a los leprosos, resucitar a los muertos o convertir el agua en vino o transformar una vara en una serpiente... Igualmente puede un mineral determinado estar relacionado en su naturaleza y en sus virtudes con una hierba, una estrella, un estado de &aacute;nimo, etc... Estos mismos principios del razonamiento m&aacute;gico, utilizados de manera deliberada, han servido para modificar el pensamiento y la conducta de las multitudes por medio de la propaganda: as&iacute; nos cuenta Bernays en su obra cl&aacute;sica <em>Propaganda</em> c&oacute;mo el consumo de cigarrillos se asoci&oacute; en los a&ntilde;os 70 con un nuevo papel social de las mujeres e incluso con ciertos beneficios para la salud...refrendados por paneles de m&eacute;dicos. Vimos tambi&eacute;n c&oacute;mo la propaganda de guerra inventa armas de destrucci&oacute;n masiva en manos de d&eacute;spotas arruinados o multiplica la f&aacute;bula terror&iacute;fica de los ni&ntilde;os sacados de las cunas de las maternidades y ensartados en bayonetas, f&aacute;bula que fue utilizada en B&eacute;lgica durante la Primera Guerra Mundial a fin de desacreditar a unos alemanes identificados a los Hunos y contra las tropas de Saddam Hussein con ocasi&oacute;n de la invasi&oacute;n iraqu&iacute; de Kuwait&nbsp;Se trata en todos estos casos de asociar esencialmente con la figura del enemigo rasgos malignos de todo tipo sin que sea necesario para ello administrar la m&aacute;s m&iacute;nima prueba. <span class="highlight" style="--color:white;">&iexcl;</span>De qu&eacute; no ser&aacute; capaz un enemigo! La justificaci&oacute;n de estas afirmaciones es siempre circular: como X es malo, X efect&uacute;a por esencia toda suerte de actos malvados. Sustit&uacute;yase X por el Covid-19 o por Saddam Hussein, o Soros seg&uacute;n convenga. Se trata de elaborar ret&oacute;ricamente, por procedimientos de sobra conocidos de desplazamiento y condensaci&oacute;n, una causa de miedo tan indefinida en su relaci&oacute;n con sus supuestos efectos como sea posible.
    </p><p class="article-text">
        El Covid-19 es hoy un monstruo y en primer lugar un monstruo epistemol&oacute;gico si a lo que se atiende no es tanto al saber cient&iacute;fico que va elabor&aacute;ndose al respecto como a la comunicaci&oacute;n de gobiernos y medios sobre la pandemia. Esta comunicaci&oacute;n toma como base de autoridad la ciencia, pero, en realidad consiste en una explotaci&oacute;n regresiva y precipitada de resultados parciales del procedimiento cient&iacute;fico: observaciones cl&iacute;nicas m&aacute;s que conclusiones. De esta manera se hace del Covid-19 un monstruo proteico y universalmente temible. No es necesario insistir despu&eacute;s de Hobbes en la utilidad que tiene para los gobiernos &ndash;incluso para el n&uacute;cleo m&aacute;s s&oacute;lido de los Estados&ndash; el intercambio de protecci&oacute;n por obediencia. La protecci&oacute;n frente a amenazas, incluso o sobre todo frente a la amenaza que suponen sus propios cong&eacute;neres para el individuo humano propietario, es la principal justificaci&oacute;n de la obediencia al Estado y por consiguiente de la existencia de este como realidad separada de la sociedad. Un enemigo universal y sin contornos como el Covid-19, nombrado como tal enemigo por un soberano que dice estar &ldquo;en guerra&rdquo; contra &eacute;l, permite al Estado presentarse como protector en la situaci&oacute;n de extrema necesidad que supone la pandemia. De ah&iacute; que este tienda a agigantar las consecuencias del virus en lugar de atenerse con la debida prudencia a la simple observaci&oacute;n de los datos. El uso interesado de la estad&iacute;stica es as&iacute; el complemento indispensable de la transformaci&oacute;n del virus en monstruo. As&iacute;, bas&aacute;ndose en proyecciones arbitrarias a partir de una cifras de contagios muy poco fiables, se agigant&oacute; en un primer momento la letalidad del virus, y hoy, cuando esa letalidad no se ha podido confirmar tras las medidas de confinamiento, se afirma que sin el confinamiento habr&iacute;an fallecido centenares de miles de personas o incluso millones en nuestros pa&iacute;ses, gracias a lo cual, ahora que se tienen cifras de contagios m&aacute;s fiables y en fuerte alza, se sostiene contra toda evidencia que existe una correlaci&oacute;n directa entre n&uacute;mero de contagios y n&uacute;mero de enfermos y fallecidos. Ello cuando las cifras de contagios no dejan de crecer y las de hospitalizaciones y fallecimientos se mantienen a niveles comparativamente mucho m&aacute;s bajos. Ante esta incongruencia, el creyente en el coronavirus como fuerza maligna se justificar&aacute; diciendo que si esa correlaci&oacute;n directa no se da hoy, nada impide que se d&eacute; ma&ntilde;ana... Cifra as&iacute; el creyente su malsana esperanza en que la causa del miedo se perpet&uacute;e o incluso se ampl&iacute;e.
    </p><p class="article-text">
        Ante esta situaci&oacute;n, puede decirse que no salimos de la admiraci&oacute;n, o incluso de la estupefacci&oacute;n ante la potencia terrible que se adjudica al virus. Una estupefacci&oacute;n producto, no ya del conocimiento cient&iacute;fico, que tiende a disolver en un conjunto de relaciones naturales los fantasmas de nuestra imaginaci&oacute;n, sino de un dispositivo de verdad espec&iacute;fico del neoliberalismo. No nos llamemos a enga&ntilde;o: no estamos ante ning&uacute;n tipo de conspiraci&oacute;n que pretenda enga&ntilde;arnos, sino ante un mecanismo interno al r&eacute;gimen neoliberal que fue descrito hace d&eacute;cadas por Friedrich von Hayek en su libro <em>La Constituci&oacute;n de la libertad </em>(1960),<em> </em>libro importante que constituye un aut&eacute;ntico manifiesto pol&iacute;tico y epistemol&oacute;gico del neoliberalismo. Hayek afirma en ese texto que la capacidad intelectual humana es limitada e incapaz de abarcar la multitud de factores que intervienen en el funcionamiento de una sociedad y una econom&iacute;a. Por ello debe evitarse que la econom&iacute;a se base en la planificaci&oacute;n y el mando pues estos presuponen un conocimiento suficiente de la realidad por parte del planificador, conocimiento que, simplemente no est&aacute; a su alcance. S&oacute;lo el libre juego espont&aacute;neo de actores econ&oacute;micos y sociales libres ha permitido hist&oacute;ricamente el progreso social y econ&oacute;mico. Este juego espont&aacute;neo se manifiesta en primer lugar en el mercado, lugar en el que se genera, m&aacute;s all&aacute; de la conciencia y la voluntad de cualquiera de los agentes, un consenso sobre el precio de las mercanc&iacute;as. Existen adem&aacute;s otras realidades surgidas de este orden espont&aacute;neo como las instituciones &ldquo;tradicionales&rdquo; que han ido consolid&aacute;ndose a los largo de los siglos sin apelar a la conciencia ni la voluntad de ning&uacute;n ingeniero social consciente: la familia, las iglesias, las comunidades &eacute;tnicas, etc. son manifestaciones de este orden espont&aacute;neo. Lo es incluso el propio Estado en tanto se limita a proteger este &ldquo;orden espont&aacute;neo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        En el terreno de la verdad es tambi&eacute;n aplicable esta l&oacute;gica de la espontaneidad, pues lo que determina el funcionamiento de una sociedad y una econom&iacute;a no es un conocimiento verdadero pose&iacute;do por el dirigente, sino una &ldquo;convenci&oacute;n&rdquo;, un consenso espont&aacute;neo sobre el valor de las mercanc&iacute;as o de las instituciones, pero tambi&eacute;n sobre el propio valor de verdad de los enunciados. Ahora bien, esta convenci&oacute;n puede tener en cada uno de los individuos motivaciones de todo tipo, entre las que no prevalece el c&aacute;lculo racional sino los afectos de los agentes y la esperanza y el temor de cada agente respecto del comportamiento de los dem&aacute;s. Comportamiento de reba&ntilde;o. El valor de una acci&oacute;n en el mercado no depende de consideraciones objetivas como la productividad o rentabilidad de una empresa, sino de un consenso sobre el valor presente y futuro de esa acci&oacute;n. Ese consenso se basa en un conjunto de apreciaciones de los distintos agentes, que a veces convergen y otras veces se oponen en una permanente y harto inestable fluctuaci&oacute;n. Esta l&oacute;gica de la &ldquo;convenci&oacute;n&rdquo; espont&aacute;nea domina hoy todo el campo discursivo y se hace visible en los discursos sobre el Covid-19, que oscilan entre un consenso fuerte sobre su peligrosidad y un consenso no menos fuerte sobre su inocuidad, gener&aacute;ndose tambi&eacute;n consensos parciales amplificados por medios y gobiernos sobre sus s&iacute;ntomas, secuelas, etc. Todo ello sin que el trabajo de los cient&iacute;ficos pueda influir de manera efectiva sobre la opini&oacute;n, pues en el mejor de los casos este trabajo se utiliza de manera sesgada, aunque lo m&aacute;s a menudo sencillamente se ignora o deforma, gener&aacute;ndose as&iacute; un consenso sobre el pat&oacute;geno como monstruo o consensos alternativos sobre la inexistencia o la inocuidad del pat&oacute;geno real o sobre supuestas conspiraciones.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No estamos ante ningún tipo de conspiración que pretenda engañarnos, sino ante un mecanismo interno al régimen neoliberal que fue descrito hace décadas</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        No creo que deba ponerse en duda la necesidad de prudencia ante la pandemia, pero ser&iacute;a bueno que esta prudencia se guiase por la raz&oacute;n y se basase en informaci&oacute;n contrastada en lugar de ser orientada por un consenso aterrador. De momento, se ignora mucho sobre este fen&oacute;meno y quedan muchos elementos por investigar. Esta ignorancia no debe sin embargo convertirse en argumento, no debe crear monstruos a partir de una falta de conocimiento. No sirven como explicaci&oacute;n ni la voluntad de Dios, ni la del sujeto humano, ni la maldad intr&iacute;nseca de un virus. Un monstruo no es sino una entificaci&oacute;n de nuestra ignorancia y de nuestra necia admiraci&oacute;n ante lo desconocido. La raz&oacute;n nos permite liberarnos de esa admiraci&oacute;n poniendo las cosas en su sitio, esto es en la trama de relaciones que constituye la naturaleza. Liber&aacute;ndonos de esa admiraci&oacute;n podemos tambi&eacute;n liberarnos de la ignorancia mediante la producci&oacute;n colectiva de conocimiento, en la cual el trabajo de la ciencia tiene un papel relevante, pues la ciencia s&oacute;lo puede desplegarse en una sociedad con un m&iacute;nimo de ilustraci&oacute;n y de capacidad cr&iacute;tica. La sociedad neoliberal, con sus consensos &ldquo;espont&aacute;neos&rdquo; y su apego a tradiciones no cuestionadas, con su devaluaci&oacute;n de la pol&iacute;tica y de la b&uacute;squeda de la verdad, con su Estado que oscila entre la necesidad de proteger al reba&ntilde;o y la aceptaci&oacute;n de ciertos sacrificios de vidas en favor de la econom&iacute;a, es incompatible con la ilustraci&oacute;n general que necesita la ciencia y es fuente de un renovado oscurantismo. Un oscurantismo que se manifiesta tanto en quienes atribuyen al virus un ilimitado poder maligno, como entre quienes consideran que el virus mismo es el producto &ndash;real o imaginario&ndash; de una oscura conspiraci&oacute;n. Si no logramos establecer entre todos las condiciones de una emancipaci&oacute;n moral, pol&iacute;tica e intelectual, de una nueva ilustraci&oacute;n, seguiremos a merced de unas &ldquo;convenciones&rdquo; cada vez m&aacute;s alejadas de la realidad, que nos impiden ver los riesgos reales y nos ocultan las posibilidades de acci&oacute;n efectiva.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Domingo Sánchez Estop]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/relato-covid-19-terror-epistemologia-neoliberal_132_6213651.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 11 Sep 2020 19:55:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Entre la verdad y el relato: Covid-19, terror y epistemología neoliberal]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Invención o realidad disminuida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/invencion-realidad-disminuida_132_6187886.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c4edf096-d0af-4a34-97cf-de7fff3e1b2d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Invención o realidad disminuida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este presente nos exige un esfuerzo de invención. Si no hay invención, vamos a vivir tristemente en una realidad devaluada: la vieja normalidad, pero sin la posibilidad de encuentro y contacto</p></div><p class="article-text">
        Para transitar los tiempos que vienen, nos va a ser necesario un esfuerzo grande de creaci&oacute;n, porque lo que hab&iacute;a antes ya no sirve, ya no funciona. O al menos su sentido est&aacute; cancelado o puesto entre par&eacute;ntesis.
    </p><p class="article-text">
        En el momento en el que estamos, es preciso un esfuerzo de invenci&oacute;n en las maneras de relacionarse, de estar y de compartir; o vamos a vivir en lo que llamar&iacute;a una <em>realidad disminuida</em> (o mutilada o recortada). En el sentido de que vamos a vivir la vieja normalidad de antes, la vieja normalidad con su relaci&oacute;n de producci&oacute;n, de trabajo, de consumo, etc., pero sin todo el encuentro con el otro, que nos va a faltar o va a estar limitada.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, o encontramos nuevas maneras de encontrarnos o vamos a vivir una realidad disminuida; en la cual lo &ldquo;malo&rdquo;, es decir la obligaci&oacute;n de trabajar en condiciones precarias, la obligaci&oacute;n de consumir, los tr&aacute;ficos desbordantes, etc., van a seguir estando ah&iacute;, pero nos va a faltar la dimensi&oacute;n del encuentro. Como nunca, este presente nos exige un esfuerzo de invenci&oacute;n. Si no hay invenci&oacute;n, vamos a vivir tristemente en una realidad devaluada, que va a ser lo mismo, pero menos. A no ser que creemos otra realidad, que no sea igual a la anterior, sino que sea distinta y m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En torno a este concepto de realidad disminuida, una clave del hoy es el desaf&iacute;o de inventar nuevas maneras de vivir.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La intrusi&oacute;n de Gaia</strong>
    </p><p class="article-text">
        Podemos pensar la pandemia del coronavirus con un concepto de una pensadora belga &mdash;que recomiendo especialmente&mdash; que es muy potente y a la vez muy accesible y que se llama Isabelle Stengers. En el contexto en un libro que se llama <em>En tiempos de cat&aacute;strofes,</em> propone el concepto de la intrusi&oacute;n de Gaia (madre tierra, naturaleza, planeta). Ella dice (antes del Covid19) que viene un tiempo de cat&aacute;strofe, e intenta pensarlo con este concepto de la intrusi&oacute;n de Gaia. Como una reacci&oacute;n de lo que ella llama el planeta viviente a la depredaci&oacute;n, al abuso, a la explotaci&oacute;n de un sistema capitalista ciego. Es decir, no es una reacci&oacute;n de revancha o de venganza; durante todo este tiempo se ha hablado mucho de s&iacute; el coronavirus era un castigo de la naturaleza. Ella dice no, la intrusi&oacute;n de Gaia no es un castigo, no es una revancha, Gaia es indiferente a los temores y a los proyectos de los seres humanos. Ni tampoco es un mensaje (muchos dicen &ldquo;el virus trae un mensaje&rdquo;), Stengers dice que no hay ning&uacute;n mensaje. En todo caso hay una realidad que nos impone, a todos nosotros,<em> preguntas</em>. Stengers dice que ver todav&iacute;a que la naturaleza nos castiga, es seguir en una posici&oacute;n antropoc&eacute;ntrica. El ser humano es lo m&aacute;s importante y la naturaleza me castiga o nos trae un mensaje, pero nosotros somos el centro de la creaci&oacute;n. Stengers dice: &ldquo;Ella es indiferente a nosotros&rdquo;. Pasa que se ha irritado por nuestras pol&iacute;ticas de depredaci&oacute;n y hace como nosotros cuando nos quitamos una mosca. &Eacute;sa es la intrusi&oacute;n de Gaia. Ella no nos pide ni espera nada de nosotros. Ha estado antes y seguramente seguir&aacute; despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Lo que s&iacute; hace es plantear preguntas. Y nosotros debemos inventar una respuesta y esa respuesta nos exige una creaci&oacute;n en todos los aspectos: pol&iacute;tico, econ&oacute;mico, cultural, existencial, laboral, etc. Entonces, &iquest;qu&eacute; vamos a hacer? Es la pregunta que nos hacen estas cat&aacute;strofes: &iquest;Vamos a seguir igual? &iquest;O vamos a ser capaces de inventar maneras nuevas de habitar el planeta?
    </p><p class="article-text">
        Ya pensando m&aacute;s concretamente en Covid-19, entresaco tres respuestas posibles, que veo que est&aacute;n en marcha. Por lo menos dos en marcha y una que deber&iacute;amos inventar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La respuesta neoliberal</strong>
    </p><p class="article-text">
        La primera respuesta podr&iacute;amos llamarla neoliberal-neoliberal e identificarla con algunos nombres propios: Trump, Bolsonaro, Boris Jonhson. La idea ser&iacute;a <em>volver cuanto antes a la normalidad</em>. Lo que ha pasado ha sido un momento, un mal momento, y debemos regresar cuanto antes a la normalidad, caiga quien caiga. La idea es: ha sido un tropiezo, volvamos a la normalidad. Se dice la econom&iacute;a est&aacute; por encima de la vida, del cuidado de la salud, del cuidado de la vida. En realidad, lo que plantean los neoliberales es que <em>la econom&iacute;a es la vida. </em>Que la vida es productividad, que cada uno es una empresa, que somos empresarios de nosotros mismos, que debemos gestionar permanentemente nuestro capital. Que vivir es hacer empresa, es proyectar y que debemos dejar caer a los que no pueden seguir el ritmo. La pancarta &ldquo;<em>Sacrifice the weak</em>&rdquo; (sacrifiquen a los d&eacute;biles) de unos partidarios de Trump es la imagen m&aacute;s clara.
    </p><p class="article-text">
        Y esto que parece muy raro en realidad es el contenido de las pol&iacute;ticas en marcha. Esa consigna parece s&oacute;lo una <em>burrada </em>pero en verdad hace presente lo que est&aacute; latente, hace evidente lo que estaba impl&iacute;cito, hace expl&iacute;cito lo que estaba impl&iacute;cito. Ser&iacute;a lo que podemos llamar una necro-pol&iacute;tica o una necro-l&oacute;gica, una l&oacute;gica de muerte o una pol&iacute;tica de muerte. La producci&oacute;n de poblaciones que fueron consideradas desechables, superfluas, sobrantes. En EEUU se est&aacute;n muriendo negros y latinos pobres con problemas de diabetes, de sobrepeso, etc. Esto es, <em>gente que sobra</em>. Eso es la necro-pol&iacute;tica. Hay poblaciones que &ldquo;sobran&rdquo; porque no son &ldquo;necesarias&rdquo; a lo que es la vida equivalente a &ldquo;producir&rdquo;. Esta respuesta neoliberal-neoliberal nos escandaliza, pero en realidad creo que el esc&aacute;ndalo es demasiado f&aacute;cil y no nos lleva a ning&uacute;n sitio. Decir &ldquo;qu&eacute; bruto Trump&rdquo; es una cr&iacute;tica muy f&aacute;cil. Porque en realidad habr&iacute;a que preguntarse si esa l&oacute;gica no est&aacute; ya en nosotros mismos. Por ejemplo, con respecto a lo que ha ocurrido en algunas residencias de ancianos espa&ntilde;olas (abandono, desidia, muerte), &iquest;no ha estado operando ah&iacute; una necro-l&oacute;gica, no han ca&iacute;do ah&iacute; acaso los m&aacute;s vulnerables? &iquest;Nos est&aacute; importando eso? &iquest;Estamos empujando un cambio en la l&oacute;gica de las residencias? &iquest;O consideramos que era gente mayor, que ya estaba en edad de irse y punto? &iquest;No estamos naturalizando la l&oacute;gica neoliberal? Lo digo porque muchas veces creemos que el neoliberalismo est&aacute; en otros, es cosa de otros. Yo m&aacute;s bien creo que es un inconsciente que nos atraviesa a todos. Y ese inconsciente es el que nos lleva a pensar que, bueno, <em>total era gente mayor</em>. Esta ser&iacute;a una de las respuestas: ha habido una interrupci&oacute;n, pero nosotros vamos a seguir como si nada. Darwinismo social, los fuertes ser&aacute;n m&aacute;s fuertes despu&eacute;s de esta sacudida. Una versi&oacute;n un tanto perversa de lo que se llama <em>resiliencia</em>, es decir hemos recibido un golpe, pero ese golpe nos hace m&aacute;s fuertes y caen los d&eacute;biles. La respuesta neoliberal, de alguna manera, nos atraviesa a todos nosotros. De hecho, creo que dentro cada uno hay una voz que nos dice &ldquo;ojal&aacute; podamos volver cuanto antes a la normalidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La respuesta neoliberal-socialdem&oacute;crata</strong>
    </p><p class="article-text">
        La segunda respuesta la podr&iacute;amos llamar neoliberal-socialdem&oacute;crata, llevar&iacute;a el nombre de Pedro S&aacute;nchez en Espa&ntilde;a o Alberto Fern&aacute;ndez en Argentina, por ejemplo. Obviamente que para m&iacute; es muy preferible la respuesta que se da en Espa&ntilde;a a la que se est&aacute; dando en Brasil o en EEUU, no s&oacute;lo preferible sino defendible por mil razones. Pero me parece que hay que pensar, que hay complejizar, y complejizar pasa por decir que lo que hay no es lo &uacute;nico posible, seguir pensando, no quedarse ah&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Esta respuesta propone una combinaci&oacute;n de derechos sociales (como la renta m&iacute;nima) y medidas sanitarias con un marco de producci&oacute;n y consumo que ni se cuestiona ni se toca.
    </p><p class="article-text">
        La combinaci&oacute;n de medidas sociales con medidas sanitarias es importante, pero con un l&iacute;mite que no se toca ni se cuestiona: el marco de producci&oacute;n y de consumo en el que estamos instalados (turismo, etc.). Es lo que podemos llamar &ldquo;nueva normalidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Segunda respuesta entonces: a la intrusi&oacute;n de Gaia, respondemos con algunos derechos, con algunas medidas sanitarias. Nueva normalidad pero no cuestionamos el marco, las condiciones que han producido la situaci&oacute;n, que est&aacute;n produciendo las cat&aacute;strofes. Entonces, &iquest;por qu&eacute; no se van a producir otras? Si seguimos en el r&eacute;gimen de depredaci&oacute;n y el desarrollo ciego que obliga a Gaia a reaccionar.
    </p><p class="article-text">
        Esta respuesta tiene ventajas con respecto a la neoliberal, pero tiene l&iacute;mites que&nbsp;tenemos que ver qu&eacute; hacer con ellos. Una manera, un marco de producci&oacute;n y de consumo que no se est&aacute; cuestionando, que no se est&aacute; alterando, que no se est&aacute; desmontando, que no se est&aacute; transformando.
    </p><p class="article-text">
        <strong>La respuesta en clave emancipadora</strong>
    </p><p class="article-text">
        Y cabr&iacute;a imaginar una tercera y &uacute;ltima respuesta, pero por ahora no la hay. Al menos yo no la s&eacute; ver. Y en todo caso tampoco puede salir de la mente de un solo individuo. Es decir, es una respuesta que la debe crear la gente, no los intelectuales; porque es la gente la que crea maneras de vivir. No son ni los gobiernos, ni los militantes, ni los intelectuales, sino la gente com&uacute;n, la gente cualquiera es la que tiene que crear la tercera respuesta.
    </p><p class="article-text">
        Tenemos una materia prima en la que esa respuesta podr&iacute;a arraigar, que es lo que ha pasado durante el confinamiento. En lo que han sido los dos o tres meses de confinamiento y de las fases. Porque me parece que en esa interrupci&oacute;n ha habido una interrupci&oacute;n del marco de producci&oacute;n-consumo, una interrupci&oacute;n que no la ha tra&iacute;do una revoluci&oacute;n proletaria, obrera, sino que la ha tra&iacute;do el bicho m&aacute;s peque&ntilde;o que hay en el planeta. Esta es una cosa rar&iacute;sima que nos obliga a pensar, a inventar nuevas categor&iacute;as, porque las respuestas que tenemos no sirven de nada.
    </p><p class="article-text">
        En este tr&aacute;nsito de confinamiento me parece que nos han pasado cosas y esas cosas podr&iacute;an ser la materia prima, el humus, el caldo de cultivo para otra respuesta, en clave emancipadora.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; ha emergido en estos tres meses de confinamiento? Yo dir&iacute;a que tres cosas: preguntas, malestares y nuevos deseos.
    </p><p class="article-text">
        <em>Preguntas</em>. Nadie ha podido seguir la vida igual, todas las vidas han sido trastocadas. Todas las vidas han tenido que reinventarse: trabajar o no trabajar, qu&eacute; hacer con los ni&ntilde;os, obedecer o no obedecer las normas, c&oacute;mo informarnos, c&oacute;mo no volvernos loco en el confinamiento, c&oacute;mo cuidar a los m&iacute;os. Eso han sido preguntas radicales. La interrupci&oacute;n de la normalidad nos pone preguntas que nos obligan a inventar formas de vida. No nos pasa tantas veces que estamos obligados a inventar.&nbsp;Creo que son momentos bien importantes cuando surgen preguntas que nos interrogan profundamente. &iquest;Qu&eacute; est&aacute; pasando? &iquest;Qu&eacute; nos va a pasar? &iquest;Qu&eacute; es lo esencial? &iquest;Qu&eacute; y qui&eacute;n nos cuida? &iquest;Qu&eacute; es lo significativo? &iquest;Qu&eacute; es lo importante? &iquest;Qu&eacute; relaciones me sostienen? &iquest;Qu&eacute; hace que mi vida valga la pena? &iquest;Qu&eacute; es lo que tengo que cuidar? &iquest;En qu&eacute; poner atenci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        <em>Malestares.</em> El malestar es una potencia para la revuelta, malestar es lo que nos empuja a combatir un estado de cosas. No encajar, sentir que la realidad te oprime, te aplasta, te asfixia. Es una potencia de subversi&oacute;n, para agujerear la realidad, para ir m&aacute;s all&aacute; de lo que se nos propone. Y malestar ha habido mucho, con respecto al estado y con respecto al mercado. Con respecto al Estado porque &mdash;m&aacute;s all&aacute; de sus mejores intenciones&mdash; su manera de actuar siempre es ciega a las desigualdades. Por ejemplo dice: &ldquo;hay que confinarse&rdquo; y seguramente meterse en casa ha sido lo m&aacute;s sensato en ese primer momento. Pero, &iquest;y los que no tienen casa? &iquest;Y los que viven en una casa muy chiquita con una familia inmensa? &iquest;Y los que viven al d&iacute;a? El Estado legisla como si todos fu&eacute;semos una gran clase media. Por eso se han tenido que organizar desde la sociedad las despensas solidarias, porque no es as&iacute;.&nbsp;El Estado es ciego, legisla desde lo que deben ser las cosas, pero luego est&aacute;n lo que <em>son</em> las cosas. En lo que son las cosas hay desigualdades, de clase, de g&eacute;nero, de edad&hellip; y tambi&eacute;n hay singularidades, cada uno somos una singularidad, cada vida tiene una peculiaridad.
    </p><p class="article-text">
        Y por supuesto, con respecto al mercado, porque hemos visto como una evidencia que el mercado no cuida la vida: no hab&iacute;a mascarillas, no hab&iacute;a respiradores, hab&iacute;a precariedad entre los sanitarios porque todo eso es funcional a la &ldquo;maximizaci&oacute;n del beneficio&rdquo;. La l&oacute;gica del mercado no es la de los valores de uso, sino la del beneficio. Y el beneficio est&aacute; por encima de la vida. Marx dec&iacute;a que el mercado sigue una l&oacute;gica <em>extraterrestre,</em> porque est&aacute; por encima de la tierra, por encima de los terrestres, por encima de las preocupaciones y cuidados terrenales.
    </p><p class="article-text">
        <em>Deseos</em>. Por &uacute;ltimo, yo dir&iacute;a que ha habido deseos nuevos. En la experimentaci&oacute;n de cierto silencio, en el tiempo reapropiado, un tiempo que ya no es la rueda del h&aacute;mster, en ciertos encuentros o reencuentros que ha habido con la naturaleza, desde los p&aacute;jaros por las ventanas hasta los paseos sin coches, en el cuidado de los m&aacute;s cercanos, en el cuidado amoroso de desconocidos como ha pasado en las despensas, en pr&aacute;cticas creativas caseras para habitar el tiempo, en la intensificaci&oacute;n de los v&iacute;nculos. En miles de experiencias distintas se han despertado las ganas de vivir de otra manera, en otro contacto con los dem&aacute;s, en otro contacto con el silencio, con la naturaleza, con el tiempo. Me parece que todo eso es el caldo de cultivo, el humus, la materia prima de una posible tercera respuesta.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Lo existencial y lo pol&iacute;tico</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l es el desaf&iacute;o? Me parece que el desaf&iacute;o m&aacute;s importante que tenemos es el desaf&iacute;o de inventar otra concepci&oacute;n de la pol&iacute;tica. Mientras sigamos pensando que lo pol&iacute;tico pasa por &ldquo;los&rdquo; pol&iacute;ticos, por las luchas de poder, la pol&iacute;tica estar&aacute; siempre seca. Porque no tiene la fuerza de lo existencial. Habr&iacute;a que reinventar la pol&iacute;tica, uniendo lo pol&iacute;tico a lo existencial. &iquest;Y qu&eacute; es lo existencial? Es lo que nos pasa. Son preguntas que nos pasan, malestares y deseos que nos pasan y queremos compartir. Son espacios de compartir lo que a uno le pasa por el cuerpo, lo que a uno le pasa en lo m&aacute;s &iacute;ntimo. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la fuerza del movimiento feminista? En unir a lo pol&iacute;tico las vidas cotidianas, el cuidado, la violencia. Siempre que lo existencial se une a lo pol&iacute;tico, hay energ&iacute;a, hay fuerza. Siempre que se separa, hay debilidad, s&oacute;lo quedan luchas entre camarillas.
    </p><p class="article-text">
        La transformaci&oacute;n social no tiene s&oacute;lo que ver con hacer demandas al estado para que las solucione, sino que es tambi&eacute;n la expresi&oacute;n, la organizaci&oacute;n, la elaboraci&oacute;n de esas preguntas radicales sobre el sentido de la vida. Hacer pol&iacute;tica es compartir preguntas sobre qu&eacute; hacemos en esta vida que compartimos, eso es la pol&iacute;tica para m&iacute;. Es la pregunta por lo com&uacute;n. La pregunta original de la <em>polis</em>: &iquest;c&oacute;mo nos vamos a organizar para vivir juntos? La sanidad, la educaci&oacute;n, la pregunta por lo cotidiano pero que sale de la esfera de lo &iacute;ntimo, de lo individual y se comparte con otros. Y parecer&iacute;a que hoy el desaf&iacute;o de nuevo est&aacute; ah&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Tres respuestas, por tanto, a esta situaci&oacute;n de cat&aacute;strofe en la que vivimos, que no es una cat&aacute;strofe puntual sino un <em>estado catastr&oacute;fico del mundo </em>debido a una l&oacute;gica de beneficio que no mira consecuencias. Dos respuestas que s&oacute;lo piensan en <em>gestionar</em> la cat&aacute;strofe: hacer como si nada y limitar da&ntilde;os. Y una respuesta de<em> transformaci&oacute;n </em>que est&aacute;<em> </em>a&uacute;n por inventar. El desaf&iacute;o es ese: reinventar la pol&iacute;tica dot&aacute;ndola de un contenido existencial. Esto es, que en la pol&iacute;tica pueda entrar lo m&aacute;s &iacute;ntimo de cada cual, sus preguntas, sus malestares y sus deseos de vida.
    </p><p class="article-text">
        <em>Transcripci&oacute;n </em><a href="http://www.revistaaji.com/habitar-y-gobernar-la-incertidumbre/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>por la revista Aj&iacute;</em></a><em> del coloquio realizado en Madrid en </em><a href="https://www.facebook.com/110357530374545/posts/310995333644096/?vh=e&amp;d=n" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Espacio La Atenea</a><em>. &ldquo;Habitar y gobernar la incertidumbre. Reflexionar en com&uacute;n en tiempos confusos&rdquo;. Mi&eacute;rcoles 15 de julio.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amador Fernández-Savater]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/invencion-realidad-disminuida_132_6187886.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Aug 2020 20:12:02 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c4edf096-d0af-4a34-97cf-de7fff3e1b2d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="107921" type="image/jpeg"/>
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      <media:title><![CDATA[Invención o realidad disminuida]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El Mar Menor y los derechos de la naturaleza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/mar-menor-derechos-naturaleza_132_6153592.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f78de272-0bc7-477f-9cc6-609ee0bfb178_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El Mar Menor y los derechos de la naturaleza"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si queremos garantizar el porvenir de la humanidad, hemos de cuestionar las dos formas de posesión de la tierra hasta ahora hegemónicas, la soberanía estatal y la propiedad mercantil, y pensar de otro modo nuestra relación con los otros y con la Tierra</p></div><p class="article-text">
        <strong>El colapso ecol&oacute;gico del Mar Menor</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El Mar Menor es la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Mar_Menor" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">laguna salada permanente m&aacute;s grande de Europa</a> y est&aacute; situada en la Regi&oacute;n de Murcia. La separa del Mediterr&aacute;neo una estrecha franja de arena llamada La Manga. En su interior hay cinco islas de origen volc&aacute;nico y al norte de La Manga se extienden las Salinas y Arenales de San Pedro del Pinatar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La laguna y sus humedales perif&eacute;ricos cuentan con <a href="https://pactoporelmarmenor.blogspot.com/p/el-mar-menor-colmado-de-proteccion.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">numerosas figuras de protecci&oacute;n</a>. La ONU los catalog&oacute; como Zona Especialmente Protegida de Importancia para el Mediterr&aacute;neo y como humedal n&uacute;mero 706 en el Convenio RAMSAR. En ellos habitan las m&aacute;s diversas formas de vida, incluidas las poblaciones humanas ribere&ntilde;as.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, la protecci&oacute;n efectiva del Mar Menor ha brillado por su ausencia. En 1987, el gobierno regional del PSOE aprob&oacute; una <a href="https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-1987-16638" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ley para la protecci&oacute;n integral de la laguna</a>, pero no lleg&oacute; a desarrollarse. Desde 1995, la regi&oacute;n ha sido gobernada por el PP y hoy PP, Cs y Vox suman m&aacute;s del 60% del voto y sostienen a un gobierno de coalici&oacute;n PP-Cs.
    </p><p class="article-text">
        En 2001 el PP murciano anul&oacute; la ley de 1987 y ese mismo a&ntilde;o aprob&oacute; una <a href="https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-2015-4790" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ley regional del suelo</a> que dio barra libre a la especulaci&oacute;n inmobiliaria. Paralelamente, alent&oacute; la proliferaci&oacute;n de pozos, regad&iacute;os y vertidos ilegales, bajo el lema <a href="https://www.elsaltodiario.com/camara-civica/agua-para-todos-historia-de-la-campana-que-explica-por-que-en-murcia-siempre-gana-el-pp" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Agua para todos</a>&rdquo;, con la connivencia de la Confederaci&oacute;n Hidrogr&aacute;fica del Segura, el Sindicato Central de Regantes del Acueducto Tajo-Segura (SCRATS) y la patronal murciana CROEM.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta estrategia dio origen a lo que el Foro Ciudadano de la Regi&oacute;n de Murcia denunci&oacute; en 2005 como el <a href="http://www.forociudadano.org/index.php/opinion/200-el-nacionalismo-hidraulico-la-verdad-180705" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;nacionalismo hidr&aacute;ulico</a>&rdquo;: sus efectos ecol&oacute;gicos y sociales fueron muy negativos, pero tuvo un gran &eacute;xito pol&iacute;tico, pues permiti&oacute; al PP murciano instaurar durante m&aacute;s de dos d&eacute;cadas un r&eacute;gimen de partido cuasi-&uacute;nico en la Regi&oacute;n de Murcia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre los muchos atropellos que han conducido al <a href="https://pactoporelmarmenor.blogspot.com/2020/05/el-colapso-ecologico-de-la-laguna-del.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">colapso ecol&oacute;gico del Mar Menor</a>, destacan los vertidos de nitratos de la agroindustria del Campo de Cartagena, que han provocado la eutrofizaci&oacute;n progresiva de la laguna, la formaci&oacute;n de una turbia &ldquo;sopa verde&rdquo; y la p&eacute;rdida de su rica biodiversidad terrestre, acu&aacute;tica y a&eacute;rea.
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Las respuestas sociales, judiciales y pol&iacute;ticas</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El 12 de octubre de 2019, un mes despu&eacute;s de las lluvias torrenciales que cayeron en el sureste espa&ntilde;ol, el Mar Menor apareci&oacute; cubierto por <a href="https://www.lavanguardia.com/natural/actualidad/20191021/471100486538/mar-menor-eutrofizacion-gimenez-casalduero-juan-manuel-ruiz-nutrientes.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un manto de peces, anguilas y crust&aacute;ceos muertos</a>. Las im&aacute;genes se difundieron r&aacute;pidamente por todo el mundo y con ellas la indignaci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a. El 30 de octubre, unas <a href="https://www.laopiniondemurcia.es/comunidad/2019/10/30/sos-mar-menor-sigue-manifestacion/1064266.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">55.000 personas nos manifestamos</a> por las calles de Cartagena bajo el lema &ldquo;SOS Mar Menor&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La manifestaci&oacute;n fue convocada por el <a href="https://pactoporelmarmenor.blogspot.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pacto por el Mar Menor</a>, una amplia plataforma social que agrupa a muy diversos colectivos de la regi&oacute;n: vecinos, pescadores, ecologistas, sindicalistas, cient&iacute;ficos, etc. Paralelamente, la Fiscal&iacute;a de Medio Ambiente de la regi&oacute;n abri&oacute; el proceso judicial conocido como <a href="https://www.eldiario.es/murcia/politica/declarar-diciembre-investigadas-mar-menor_1_1247816.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;caso Topillo</a>&rdquo;, en el que est&aacute;n imputados cargos pol&iacute;ticos, funcionarios p&uacute;blicos y empresarios de la agroindustria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El 19 de febrero de 2020, representantes del Pacto por el Mar Menor y de las organizaciones ANSE y Ecologistas en Acci&oacute;n presentaron una <a href="https://pactoporelmarmenor.blogspot.com/2020/02/bruselas-19-de-febrero-de-2020-las.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">denuncia ante la Comisi&oacute;n de Peticiones del Parlamento Europeo</a>, que decidi&oacute; solicitar informes tanto a la Comisi&oacute;n Europea como a las administraciones murciana y espa&ntilde;ola, y proponer al Comit&eacute; de Medio Ambiente el env&iacute;o de una misi&oacute;n al Mar Menor.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La situaci&oacute;n es tan grave que la Asamblea Regional de Murcia aprob&oacute; el 22 de julio de 2020, con los votos de PP, Cs y PSOE, una <a href="https://www.laverdad.es/murcia/asamblea-aprueba-proteccion-20200722122235-nt.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nueva ley de protecci&oacute;n del Mar Menor</a>. A pesar de las quejas de <a href="https://www.proexport.es/opinion-marmenor-economico/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Proexport</a> y la <a href="https://www.cope.es/emisoras/region-de-murcia/murcia-provincia/murcia/noticias/fundacion-ingenio-lamenta-que-nueva-ley-proteccion-integral-salvara-laguna-20200723_828236" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Fundaci&oacute;n Ingenio</a>, que agrupan a la patronal agraria del Campo de Cartagena, el Pacto por el Menor considera que la ley est&aacute; dise&ntilde;ada no tanto para acabar con los vertidos sino para <a href="https://www.laverdad.es/murcia/menor-asegura-nueva-20200722173356-nt.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;blanquear&rdquo; a la agroindustria</a>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, el grupo parlamentario de Unidas Podemos present&oacute; el 23 de julio en el Congreso de los Diputados una <a href="https://cadenaser.com/emisora/2020/07/23/radio_cartagena/1595523994_840012.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">proposici&oacute;n no de ley</a> en la que reclama &ldquo;una moratoria indefinida sin excepciones al uso de fertilizantes en la franja de 1.500 metros alrededor del Mar Menor&rdquo; y propone la declaraci&oacute;n de la laguna como Parque Regional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero sin duda la propuesta m&aacute;s novedosa y de m&aacute;s largo alcance es la que hemos promovido un grupo de personas y colectivos vinculados al Pacto por el Mar Menor. El 23 de julio, el pleno del ayuntamiento de Los Alc&aacute;zares <a href="https://elpais.com/sociedad/2020-07-23/el-municipio-de-los-alcazares-aprueba-una-iniciativa-legislativa-para-dar-derechos-propios-al-mar-menor.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aprob&oacute; una Iniciativa Legislativa Popular para </a><a href="https://elpais.com/sociedad/2020-07-23/el-municipio-de-los-alcazares-aprueba-una-iniciativa-legislativa-para-dar-derechos-propios-al-mar-menor.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>dotar de personalidad jur&iacute;dica al Mar Menor</em></a><em>.</em>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es la primera iniciativa de este tipo en toda Europa, aunque hay varios precedentes en pa&iacute;ses de otros continentes: Colombia, que reconoci&oacute; como sujeto de derechos al <a href="http://cr00.epimg.net/descargables/2017/05/02/14037e7b5712106cd88b687525dfeb4b.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">r&iacute;o Atrato</a> y a la <a href="http://www.cortesuprema.gov.co/corte/index.php/2018/04/05/corte-suprema-ordena-proteccion-inmediata-de-la-amazonia-colombiana/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Amazon&iacute;a colombiana</a>; Nueva Zelanda, que dio personalidad jur&iacute;dica al <a href="http://www.legislation.govt.nz/act/public/2017/0007/latest/whole.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">r&iacute;o Whanganui</a>; y Estados Unidos, en donde el ayuntamiento de Toledo (Ohio) reconoci&oacute; derechos al lago Erie, lim&iacute;trofe con Canad&aacute;, aunque <a href="https://www.toledoblade.com/local/environment/2020/02/27/lake-erie-bill-of-rights-ruled-invalid-judge-jack-zouhary-toledo-lucas-county/stories/20200227155" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un juez anul&oacute; la decisi&oacute;n</a>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todos estos casos han sido iniciativas promovidas por <a href="https://elpais.com/sociedad/2020-06-03/puede-el-mar-menor-tener-derechos-propios-como-las-personas.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">movimientos populares que vienen luchando desde hace muchos a&ntilde;os</a>, que defienden formas de relaci&oacute;n con la naturaleza practicadas tradicionalmente por las comunidades ind&iacute;genas de sus respectivos pa&iacute;ses, y que suponen <em>un cambio de paradigma en la tradici&oacute;n jur&iacute;dica del Occidente moderno</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La ILP aprobada por el ayuntamiento de Los Alc&aacute;zares fue presentada el 29 de julio en la Asamblea Regional de Murcia por el alcalde Mario Cervera, y <a href="https://www.laverdad.es/murcia/varios-colectivos-piden-20200729132324-nt.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en el Congreso de los Diputados por la jurista Teresa Vicente</a> y otras personas del grupo promotor. Por cierto, Teresa Ribera, vicepresidenta del gobierno y ministra de Transici&oacute;n Ecol&oacute;gica, <a href="https://twitter.com/Teresaribera/status/1288450984478478343" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">acompa&ntilde;&oacute; y dio su apoyo p&uacute;blico al grupo murciano que present&oacute; la ILP en el Congreso</a>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El alcalde de Los Alc&aacute;zares cont&oacute; con el asesoramiento de un grupo de trabajo compuesto por la jurista <a href="https://www.laverdad.es/lospiesenlatierra/noticias/abogada-defender-menor-20200801190911-nt.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Teresa Vicente</a> (redactora de la propuesta), la bi&oacute;loga <a href="https://cadenaser.com/emisora/2019/12/18/radio_murcia/1576681724_252856.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Francisca Baraza</a> (que fue jefa de la Demarcaci&oacute;n de Costas de la regi&oacute;n y ahora preside la Mancomunidad de Canales del Taibilla) y yo mismo, como representante de la C&aacute;tedra de Derechos Humanos y Derechos de la Naturaleza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta C&aacute;tedra fue <a href="https://www.um.es/web/sala-prensa/-/el-consejo-de-gobierno-de-la-umu-ratifica-los-planes-de-contingencia-que-planifican-el-proximo-curso-en-todas-sus-facultades" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aprobada por la Universidad de Murcia el 24 de julio</a>, un d&iacute;a despu&eacute;s de aprobarse la ILP en Los Alc&aacute;zares, y es tambi&eacute;n la primera que se crea en Europa. Es el resultado de un convenio de colaboraci&oacute;n entre la UMU, la Asamblea Regional de Murcia, Amnist&iacute;a Internacional Espa&ntilde;a y Ecologistas en Acci&oacute;n de la Regi&oacute;n Murciana.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>El Mar Menor como sujeto de derechos</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La ILP y la C&aacute;tedra van en la misma direcci&oacute;n: en la era del Antropoceno, el cambio clim&aacute;tico, la degradaci&oacute;n de los ecosistemas, el agotamiento de los recursos, la extinci&oacute;n de especies, la contaminaci&oacute;n de la biosfera y la multiplicaci&oacute;n de pandemias como la Covid-19, ya no es posible disociar la justicia social y la justicia ecol&oacute;gica, los derechos humanos y la protecci&oacute;n de los dem&aacute;s seres vivos y de nuestra com&uacute;n morada terrestre.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La novedad de la ILP sobre el Mar Menor consiste en tratar a un ecosistema natural no como una &ldquo;cosa&rdquo; apropiable, consumible y desechable por los humanos, sino como una &ldquo;persona&rdquo; jur&iacute;dica, como un &ldquo;<a href="https://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2020/05/23/mar-menor-sujeto-derechos/1115859.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sujeto de derechos</a>&rdquo; que debe ser reconocido y respetado como tal, como sucede ahora con los seres humanos (o, m&aacute;s bien, con algunos de ellos, los que gozan de los derechos de ciudadan&iacute;a), las empresas (sobre todo las multinacionales, cuyos derechos de propiedad se imponen por encima de los derechos de las personas f&iacute;sicas e incluso de la soberan&iacute;a de los estados) y los estados (en particular los m&aacute;s poderosos, las grandes potencias mundiales que imponen su supremac&iacute;a geopol&iacute;tica a todas las dem&aacute;s). De este modo, los derechos del Mar Menor podr&iacute;an ser defendidos ante los tribunales de justicia frente a los atropellos de personas inc&iacute;vicas, empresas depredadoras y administraciones p&uacute;blicas corruptas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La tradici&oacute;n jur&iacute;dica, pol&iacute;tica y filos&oacute;fica de Occidente se ha construido sobre tres pilares: la filosof&iacute;a griega, el derecho romano y la teolog&iacute;a cristiana. La filosof&iacute;a griega rompi&oacute; con el pensamiento m&iacute;tico y fund&oacute; la contraposici&oacute;n ontol&oacute;gica entre naturaleza y sociedad, <em>fysis</em> y <em>polis, </em>a partir de la cual se desarrollaron las ciencias naturales y sociales<em>. </em>En esta misma l&iacute;nea, el derecho romano dividi&oacute; el mundo entre &ldquo;cosas&rdquo; apropiables (tierras, edificios, plantas, animales y humanos esclavizados) y &ldquo;personas&rdquo; con derecho a adue&ntilde;arse de todas esas cosas, fuesen personas f&iacute;sicas (los ciudadanos varones, libres y propietarios) o personas jur&iacute;dicas (como las ciudades y el imperio).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; nacieron las dos grandes formas de apropiaci&oacute;n y dominio del territorio: la soberan&iacute;a estatal y la propiedad mercantil. Adem&aacute;s, a la filosof&iacute;a griega y al derecho romano se a&ntilde;adi&oacute; la religi&oacute;n cristiana, seg&uacute;n la cual los seres humanos somos hijos de Dios y como tales estamos destinados a poblar la Tierra e imponer nuestro se&ntilde;or&iacute;o a todas las otras criaturas, como si el mundo hubiera sido creado para someterse a nuestros deseos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La Europa moderna hered&oacute; esas tres tradiciones y las llev&oacute; a sus &uacute;ltimas consecuencias. Basta recordar la gran dicotom&iacute;a cartesiana entre la <em>res extensa</em> y la <em>res cogitans</em>. Sobre esta dicotom&iacute;a se construy&oacute; el mito euroc&eacute;ntrico del progreso, seg&uacute;n el cual la humanidad ir&iacute;a domesticando a la naturaleza y emancip&aacute;ndose de ella cada vez m&aacute;s, por medio de los saberes tecno-cient&iacute;ficos y los poderes econ&oacute;mico-pol&iacute;ticos. Esta es la religi&oacute;n tecnol&oacute;gica que sirve de sustento al delirio capitalista del crecimiento ilimitado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El capitalismo globalizado, y en particular la industria agropecuaria, se ha lanzado a una estrategia acelerada de apropiaci&oacute;n y expolio de toda la Tierra. Es una estrategia ecocida y humanicida, pues est&aacute; destruyendo las bases naturales de sustentaci&oacute;n de la especie humana y de las dem&aacute;s especies vivientes. La llamada econom&iacute;a neoliberal se ha vuelto cada vez m&aacute;s antiecon&oacute;mica, pues est&aacute; poniendo en riesgo no solo el sustento material de la humanidad actualmente viviente, sino tambi&eacute;n el de las generaciones venideras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si queremos garantizar el porvenir de la humanidad, hemos de cuestionar las dos formas de posesi&oacute;n de la tierra hasta ahora hegem&oacute;nicas, la soberan&iacute;a estatal y la propiedad mercantil, y pensar de otro modo nuestra relaci&oacute;n con los otros y con la Tierra. Hemos de cuestionar el v&iacute;nculo de soberan&iacute;a que une a un pueblo con un territorio y lo hace m&aacute;s sagrado que la hospitalidad hacia los otros pueblos. Y hemos de cuestionar tambi&eacute;n el v&iacute;nculo de propiedad que une a un individuo o a una empresa con sus propiedades capitalizadas y lo hace m&aacute;s sagrado que la vida de los seres humanos y de los dem&aacute;s seres vivientes. Por encima de la soberan&iacute;a de los estados y la propiedad mercantil de las empresas, hemos de afirmar nuestra responsabilidad ineludible hacia los otros seres humanos y hacia el conjunto de la biosfera terrestre. Como defiende el pensamiento ecofeminista, hemos de pasar del derecho de posesi&oacute;n al deber de cuidado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1854 el jefe indio Seattle le dijo al presidente de Estados Unidos: <a href="https://culturainquieta.com/es/inspiring/item/15949-la-carta-que-el-jefe-indio-seattle-envio-al-presidente-de-estados-unidos.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;La Tierra no nos pertenece, nosotros pertenecemos a la Tierra</a>&rdquo;. Los europeos modernos se burlaron del &ldquo;animismo&rdquo; de los llamados pueblos &ldquo;salvajes&rdquo; a los que quer&iacute;an dominar y civilizar. Hoy, las ciencias de la vida y del sistema Tierra nos ense&ntilde;an lo mismo que el indio Seattle. Por eso, pensadores como Jacques Derrida, Roberto Esposito, Philippe Descola y Bruno Latour se han dedicado a cuestionar la vieja dicotom&iacute;a jur&iacute;dica, pol&iacute;tica y filos&oacute;fica entre cosas y personas. Como dice <a href="https://elpais.com/elpais/2019/03/29/ideas/1553888812_652680.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Latour</a>, la capacidad de &ldquo;agencia&rdquo; no es exclusiva de los humanos, pues la ejercen tambi&eacute;n los dem&aacute;s seres vivos y los fen&oacute;menos naturales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En <a href="https://webs.um.es/campillo/miwiki/doku.php?id=tierra_de_nadie._como_pensar_en_la_sociedad_global" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tierra de nadie</a><em> </em>(2015) y en <a href="https://webs.um.es/campillo/miwiki/doku.php?id=un_lugar_en_el_mundo._la_justicia_espacial_y_el_derecho_a_la_ciudad" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Un lugar en el mundo</a> (2019), he defendido la necesidad de transitar de la posesi&oacute;n exclusiva al usufructo compartido. Como dice <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Elinor_Ostrom" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Elinor Olstrom</a>, hemos de aprender a gobernar de manera cooperativa y cuidadosa los bienes comunes. Porque los humanos no somos due&ntilde;os de la Tierra, sino s&oacute;lo sus usufructuarios y residentes temporales. Es la Tierra la que nos acoge a nosotros y a los dem&aacute;s seres vivos, y por tanto no podemos disponer de ella y de sus habitantes a nuestro antojo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El cambio clim&aacute;tico, la pandemia de Covid-19 y la sopa verde del Mar Menor nos revelan que la Tierra est&aacute; reaccionando contra nuestras pretensiones de expoliarla y contaminarla ilimitadamente, m&aacute;s a&uacute;n, que esas reacciones pueden hacerla inhabitable y poner en riesgo nuestra propia supervivencia. Por eso, ya no es posible defender los derechos humanos sin defender al mismo tiempo los derechos de la naturaleza.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Campillo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/mar-menor-derechos-naturaleza_132_6153592.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 14 Aug 2020 20:17:08 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El Mar Menor y los derechos de la naturaleza]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Mirar la profundidad de la herida para poder curarla]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/mirar-profundidad-herida-curarla_132_6153564.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7e905a95-6b0f-42e3-8657-a0d0afb5b153_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Mirar la profundidad de la herida para poder curarla"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El debate sobre la difusión de las imágenes del sufrimiento humano resurge de tanto en tanto cada vez que nos enfrentamos a algún acontecimiento molesto, normalmente porque nos pone delante de los ojos los conflictos en los que estamos inmersos y que tratamos de ignorar para vivir tranquilos</p></div><p class="article-text">
        Como advert&iacute;an todas las agencias de noticias, el v&iacute;deo del asesinato de George Floyd es perturbador. Al verlo uno comienza a perder tambi&eacute;n la respiraci&oacute;n y a sentir la rabia ante la actuaci&oacute;n policial. Sin embargo, la contemplaci&oacute;n de estas im&aacute;genes debi&oacute; de tener la capacidad de tocar alguna fibra interna porque en lugar de producir indiferencia una vez m&aacute;s o resultar paralizador, lo cierto es que las miles de personas que contemplaron estas im&aacute;genes (que el gobierno y las fuerzas del orden habr&iacute;an querido a toda costa esconder) experimentaron lo intolerable y se lanzaron a las calles para exigir el desmantelamiento de las pol&iacute;ticas racistas. Las im&aacute;genes de las revueltas <em>Black Lives Matters </em>son el contraplano en lucha y esperanzador de esa imagen dolorosa que la gente conect&oacute; con sus propias vidas y heridas colectivas. Si miramos las im&aacute;genes dif&iacute;ciles con verdadera atenci&oacute;n, quiz&aacute; pueden <em>conmovernos </em>de un modo que inciten transformaciones liberadoras en nosotros. 
    </p><p class="article-text">
        El debate sobre la difusi&oacute;n de las im&aacute;genes del sufrimiento humano <a href="https://www.eldiario.es/interferencias/infancia-estetica-politica_132_2501198.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">resurge de tanto en tanto</a> cada vez que nos enfrentamos a alg&uacute;n acontecimiento molesto, normalmente porque nos pone delante de los ojos los conflictos en los que estamos inmersos y que tratamos de ignorar para vivir tranquilos. Influidos por la moralidad del decoro period&iacute;stico y sobretodo por una relaci&oacute;n mediocre con los asuntos de la muerte, opinamos que algunas im&aacute;genes son innecesariamente duras, morbosas y lesivas para las v&iacute;ctimas o sus familiares, ni ayudar&aacute;n a solucionar o ni siquiera entender nada. Un descreimiento que incurrir en contradicciones cuando se refiere a v&iacute;ctimas lejanas o, por el contrario, m&aacute;s pr&oacute;ximas a nuestra sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Es una discusi&oacute;n tan antigua como la historia pol&iacute;tica del sufrimiento humano y la disputa por ocultarlo para evadir responsabilidad, o bien evidenciarlo para intentar repararlo y hacerle justicia. Es seguro que los victimarios que cometen los abusos no querr&iacute;an que ciertas im&aacute;genes fueran reveladas p&uacute;blicamente. Sin embargo, no se puede decir lo mismo de las v&iacute;ctimas. Es un hecho hist&oacute;rico que quien ha sufrido violencia pol&iacute;tica de forma injusta intenta mostrar sus heridas a la sociedad. Esto es lo que nos hizo la polic&iacute;a cuando nadie miraba; esto es lo que provoc&oacute; en nosotros y en nuestros hijos el gas, el agua o el aceite contaminado que nos hicieron respirar, beber y comer; esto es lo que provocaron vuestras bombas; este el oc&eacute;ano en el que nos abandon&aacute;is a nuestra suerte. Testimoniar para evitar el olvido no es poca cosa, pero quiz&aacute; los brutales relatos e im&aacute;genes de las v&iacute;ctimas de abusos pol&iacute;ticos se dirigen a nosotros con la intenci&oacute;n, no de provocar culpa o conmiseraci&oacute;n, sino con el &aacute;nimo de establecer alianzas compasivas y tejer complicidades solidarias contra la injusticia que han sufrido y que podr&iacute;a ser tambi&eacute;n, llegado el punto, dedicada a nosotros. Mitigar toda esa carga terrible, hacer un poco de ecolog&iacute;a visual e higienizar nuestros telediarios puede que haga el dolor m&aacute;s llevadero, pero a larga terminar&aacute; pudriendo nuestra sociedad. La pretensi&oacute;n de que no necesitamos este tipo de im&aacute;genes para hacernos cargo de las heridas pol&iacute;ticas es quiz&aacute; la base de nuestra falta de responsabilidad activa con la dimensi&oacute;n sensible de la miseria que nos rodea. 
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;</em>
    </p><h3 class="article-text">Inervaci&oacute;n de los &oacute;rganos receptivos y creativos&nbsp;</h3><p class="article-text">
        Por descontado, mirar las im&aacute;genes de las v&iacute;ctimas de violencia pol&iacute;tica no basta para hacerles justicia ni para hacer desaparecer sus causas. Hay v&iacute;ctimas adem&aacute;s que parece nunca encuentran una mirada solidaria y actuante, como sucede con el dram&aacute;tico archivo visual del pueblo palestino o, m&aacute;s pr&oacute;ximas, las im&aacute;genes de la probreza con la que convivimos de forma muy alarmante, por no hablar de lo acostumbrados que estamos a contemplar im&aacute;genes de la destrucci&oacute;n de ecosistemas naturales que nos producen un estremecimiento frustrante. Las im&aacute;genes no son infalibles pero toda imagen tiene capacidad de alcanzar los cuerpos y prender los corazones. Toda imagen dif&iacute;cil por su carga de muerte puede ser mirada y a la vez mirarnos con profundidad existencial, colocando nuestras vidas en perspectiva de comprensi&oacute;n, liberaci&oacute;n y emancipaci&oacute;n de eso que las amenaza, <em>inervando</em> nuestra receptividad y empuj&aacute;ndonos a la acci&oacute;n y creaci&oacute;n. Aunque sea de forma temporal, aunque su impacto sea limitado para la soluci&oacute;n de un conflicto social, aunque ni siquiera entendamos c&oacute;mo se produce este chispazo y aunque las im&aacute;genes en s&iacute; hayan sido construidas de forma fr&aacute;gil y precaria: su condici&oacute;n de im&aacute;genes pol&iacute;ticas significa, sobre todo, que contienen tambi&eacute;n una <em>carga de vida </em>que puede inducir a la acci&oacute;n colectiva y transformar esas muertes en un hecho vivificador, capaz de imaginar y construir un mundo distinto al que caus&oacute; todo ese dolor. Un vendedor ambulante que se quema a lo bonzo en T&uacute;nez. Un ni&ntilde;o sirio ahogado en la frontera de Europa. La costa impregnada de chapapote. No son im&aacute;genes pol&iacute;ticas por su contenido informativo, ni por el hecho de ser protagonizadas por oprimidos u opresores hist&oacute;ricos, sino por el modo en que nos interpelan y conmueven en su propia forma espec&iacute;fica, por el modo que nos relacionamos (o no) con ellas y, en general, por la manera en que funciona nuestro propio sistema perceptivo y operante, que las im&aacute;genes sacuden y estimulan, reconect&aacute;ndonos con nuestras capacidades de percibir y transformar la realidad. 
    </p><p class="article-text">
        El ej&eacute;rcito de expertos en mercadotecnia, producci&oacute;n y consumo que han dado forma a nuestro mundo sabe bien que es actuando e interviniendo en la percepci&oacute;n como puede inducir a un tipo de acci&oacute;n o inacci&oacute;n. Por eso cada vez se dirigen m&aacute;s a los ni&ntilde;os, o a <em>nosotros como ni&ntilde;os</em>, pues de la infancia es caracter&iacute;stico el hecho de que la percepci&oacute;n est&aacute; a&uacute;n vinculada a la acci&oacute;n. Un ni&ntilde;o percibe una cosa, se siente atra&iacute;do o aterrado por ella, su cuerpo se pone en marcha y la agarra, o bien se aparta asustado. Tambi&eacute;n los enamorados habitan desde el v&iacute;nculo entre percepci&oacute;n y acci&oacute;n y en virtud del amor con el que percibimos y somos percibidos, actuamos o deber&iacute;amos de actuar. Las personas que hacen arte tambi&eacute;n saben que una nueva percepci&oacute;n, implica siempre una nueva acci&oacute;n formal-expresiva y viceversa. Por descontado, las personas que luchan no pueden observar las injusticias de este mundo sin hacer nada. Puede resultar rom&aacute;ntico, pero las personas revolucionarias son, en el mejor de los sentidos, como ni&ntilde;os que act&uacute;an conforme al deseo, como artistas-art&iacute;fices de nuevos mundos y como enamorados de la acci&oacute;n. Walter Benjamin explic&oacute; de forma meridiana c&oacute;mo el capitalismo intenta, con toda clase de mecanismos culturales, reconfigurar a su favor este aparato inervante humano, esta capacidad receptiva-creativa, minando la autonom&iacute;a de la experiencia personal y colectiva con sus fantasmagor&iacute;as de trabajo y consumo. 
    </p><p class="article-text">
        Parapetados en nuestra cr&iacute;tica a la sociedad del espect&aacute;culo, se ha impuesto el descreimiento sobre el impacto que la contemplaci&oacute;n de ciertas im&aacute;genes podr&iacute;a provocar en nosotros. La idea de que su exhibici&oacute;n nada cambiar&aacute;, sino que producir&aacute; m&aacute;s anestesia y provocar&aacute; m&aacute;s dolor a las v&iacute;ctimas, esconde una especie de autosabotaje de nuestra potencia perceptiva y actuante. Asumimos la desconexi&oacute;n sensorial con el desastre pol&iacute;tico en el que estamos con mayor o menor fortuna inmersos. No queremos mirar, no sabemos mirar, no creemos que ver importe o cambie nada y bajo esta l&oacute;gica de la desconexi&oacute;n entre percepci&oacute;n y acci&oacute;n, contemplamos las injusticias que nos rodean sin experimentar m&aacute;s que conmiseraci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Esta misma discusi&oacute;n surgi&oacute; durante los atentados en Madrid del 11M. Pese a que algunos medios publicaron im&aacute;genes desgarradoras, la moral del decoro period&iacute;stico se impuso. Sin embargo, la empat&iacute;a con las v&iacute;ctimas suscitada por las im&aacute;genes que conocimos, aunque fuera de forma fugaz, fortaleci&oacute; la exigencia colectiva de verdad y hubo manifestaciones multitudinarias que ning&uacute;n aparato pol&iacute;tico pudo cooptar. Con el tiempo, esa exigencia de verdad de las im&aacute;genes se convirti&oacute; en exigencia de justicia. Lamentablemente durante el juicio, de las 500 fotos disponibles de los atentados, los jueces observaron, &lsquo;por respeto&rsquo; a las v&iacute;ctimas, s&oacute;lo una veintena. Qui&eacute;n sabe si porque no fueron contempladas esas 500 fotos perdimos la posibilidad de comprender toda la dimensi&oacute;n de la tragedia del 11M y hacer as&iacute; verdadera justicia a quienes murieron, sentando en el banquillo de los acusados a quienes nos metieron en guerras injustas.
    </p><h3 class="article-text">Muertes pol&iacute;ticas sin imagen</h3><p class="article-text">
        Hasta hoy, 28.443 han muerto en Espa&ntilde;a debido a la pandemia. Tras unos meses dur&iacute;simos, el virus se ha reactivado&nbsp;entre nosotros. La historia de las plagas y el hecho de que la mayor&iacute;a de v&iacute;ctimas han sido personas ancianas y enfermas, vuelve m&aacute;s o menos &lsquo;naturales&rsquo; estas muertes, pero en verdad hay sectores de la sociedad m&aacute;s amenazados que otros. Pobres, trabajadores precarizados m&aacute;s expuestos que el resto, personas racializadas, ancianos aparcados en residencias-hoteles sin equipamientos m&eacute;dicos, o directamente sin hogar y sin cobertura sanitaria. Es de crucial importancia preguntarse por el car&aacute;cter pol&iacute;tico de estas p&eacute;rdidas ya que considerar natural que los d&eacute;biles se queden por el camino es en verdad el triunfo de la perspectiva neoliberal del mundo. 
    </p><p class="article-text">
        Las derechas espa&ntilde;olas culpabilizan al gobierno de estos muertos y en su estrategia es fundamental intentar secuestrar las im&aacute;genes del dolor y las v&iacute;ctimas. Calculando el beneficio electoral, exigieron im&aacute;genes con soberbia, como pruebas de una verdad de la que nadie dudaba, pues hemos conocido suficientes relatos de proximidad que la testimonian. El gobierno de coalici&oacute;n de izquierdas ha querido evitar esta instrumentalizaci&oacute;n denunciando la falta de escr&uacute;pulos de la derecha, pero tambi&eacute;n ocultando toda imagen que refiriera con crudeza lo que estaba pasando. Apenas hemos visto<a href="https://www.youtube.com/watch?v=-e_x4W0-38Ihttps://www.youtube.com/watch?v=-e_x4W0-38I" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> im&aacute;genes de las UCI desbordadas</a>, no hemos visto las morgues saturadas ni los enterramientos en soledad. <a href="https://www.elindependiente.com/politica/2020/06/13/los-muertos-invisibles-censura-en-la-pandemia/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Los fotoperiodistas han tenido verdaderos problemas para documentar</a> lo que ha pasado aqu&iacute;. Tuvieron menos problemas cuando la muerte es menos nuestra y m&aacute;s lejana. Estos fot&oacute;grafos conocen de primera mano la importancia de llevar un poco de luz a la muerte pol&iacute;tica, como por ejemplo a los desaparecidos de la guerras. Esta visibilidad resulta decisiva en el proceso de ser reparadas o por el contrario olvidadas. La extrema discreci&oacute;n con la que se desmont&oacute; una de las tres morgues de Madrid, ejemplifica la<a href="https://youtu.be/omzJO8_hMig?t=33" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> actitud visual</a> que los pol&iacute;ticos convinieron. Una superficie helada, donde a&uacute;n permanec&iacute;an los soportes de los ata&uacute;des y los n&uacute;meros identificativos de las 163 v&iacute;ctimas que all&iacute; se acumularon, escenario g&eacute;lido en el que posaron con solemnidad los pol&iacute;ticos enmascarados, es de lo poco que tenemos para intentar, no solo abordar la dimensi&oacute;n del desastre, sino tambi&eacute;n valorar la responsabilidad pol&iacute;tica de los que salen en la foto. Sin im&aacute;genes para pensar el alto precio que hemos pagado como sociedad al tolerar los procesos de capitalizaci&oacute;n de nuestras vidas, lo que incluye convertir la salud en un negocio. 
    </p><p class="article-text">
        Nuestro higienismo social, nuestra incapacidad de mirar o el miedo a que fueran instrumentalizadas, nos llev&oacute; a evitar las im&aacute;genes que quiz&aacute; podr&iacute;an explicar<em> mejor </em>los motivos por los que estamos en peligro. Una mezcla de miedo e incredulidad, quiz&aacute; de supervivencia, explicar&iacute;a el hecho de que una vez m&aacute;s evitemos cualquier encuentro con la muerte. La indiscriminada crueldad del virus y su masiva eficacia global nos sugiere que asumamos estas muertes como hechos fortuitos y azarosos. Pero si morimos por un virus originado debido a nuestra tendencia depredadora como especie; si morimos debido a que nuestras instituciones p&uacute;blicas no han funcionado porque est&aacute;n desde hace d&eacute;cadas insertas en din&aacute;micas de recortes y exclusi&oacute;n, puede decirse que estas muertes son pol&iacute;ticas y debemos relacionarnos con ellas pol&iacute;ticamente, con cuidado de no reducir la pol&iacute;tica al politiqueo partidista, sino abriendo una conversaci&oacute;n social y p&uacute;blica sobre ellas. 
    </p><p class="article-text">
        La impresi&oacute;n que estos fallecimientos sin im&aacute;genes produce en nuestra psique es algo que no hemos explorado mucho. El dolor que hemos conocido de forma m&aacute;s o menos cercana, o el temor a enfermar, ha motivado nuestro comportamiento y hemos cumplido con las indicaciones de los expertos, m&eacute;dicos y pol&iacute;ticos. Cuando no lo hac&iacute;amos, lo profesionales de la salud acusaban nuestra irresponsabilidad al hecho de no conocer de primera mano lo que ellos estaban viviendo en los hospitales. &iquest;Es la responsabilidad personal y p&uacute;blica algo que solo puede asumirse conociendo la dimensi&oacute;n visual de la pandemia? Como sucede con la eficacia demostrada de ilustrar <a href="https://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0184415" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las cajetillas de tabaco</a> con &oacute;rganos destruidos por la nicotina, &iquest;es importante ver para hacernos verdaderamente cargo? &iquest;Cu&aacute;les son las im&aacute;genes de las que nos vamos a rodear para comprender la muerte que nos rodea si no la queremos ver? Subrayando que no se trata tanto de ver para creer, sino <em>para actuar </em>en justa consecuencia. 
    </p><p class="article-text">
        Es indiscutible que, a pesar de estos puntos ciegos, hemos hecho un gran esfuerzo por comprender la dimensi&oacute;n del drama social y hemos tomado medidas por responsabilidad y solidaridad colectiva. Pero d&iacute;a a d&iacute;a hemos visto c&oacute;mo crec&iacute;an las cifras de fallecidos. El c&aacute;lculo de la muerte, como dice Santiago Alba Rico, nos impide encontrar una justa medida. Relacionarse con todo lo que nos est&aacute; pasando mediante el lenguaje nativo de los expertos y tecn&oacute;cratas, es bien dif&iacute;cil y seguimos sinti&eacute;ndonos raros, a riesgo muchas veces de caer en las redes de la polarizaci&oacute;n y la desconfianza, sin mucha voluntad ni imaginaci&oacute;n para ocuparnos de articular socialmente la visualidad de la pandemia y sus muertes, que los poderes tratan de instrumentalizar mediante sus estrategias de ocultamiento o exposici&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        De modo que para negociar con este trist&iacute;simo momento, con todas estas muertes dolorosas y en soledad, no tenemos muchas herramientas culturales. Si observamos detenidamente su melod&iacute;a y su letra, el &eacute;xito de la canci&oacute;n <em>Resistir&eacute; </em>se explica quiz&aacute; a raz&oacute;n de la sutil mezcla de tristeza y alegr&iacute;a que suscita y que es una mezcla propia del vitalismo filos&oacute;fico mediterr&aacute;neo que nos invita a afirmar la vida, pese a todos los dramas y derrotas que contiene. Recuerden la escena final de <em>&Aacute;tame</em>, cuando vemos al sofisticado personaje que interpreta Victoria Abril llorar y re&iacute;r a la vez, o a Zorba el griego, celebrando alegremente tras el desastre sobrevenido. Un efecto, que caracteriza al gesto tambi&eacute;n vitalista de aplaudir alegremente cuando la muerte nos rodea. Terminamos confiando nuestra esperanza a los ni&ntilde;os y sus inocentes arcoiris pintados, cumpliendo con la vieja costumbre de dejar en manos infantiles, como se hac&iacute;a en la tradici&oacute;n funeraria popular, los dif&iacute;ciles ritos de la muerte. En el peque&ntilde;o pueblo donde vivo, donde hay un hospital que acogi&oacute; enfermos de toda la comunidad y en el que trabajan numerosas personas de la localidad, las campanas de la iglesia no han dejado de sonar su toque de difuntos. Su enigm&aacute;tica escala descendente llenaba el valle de un duelo solemne. Viejas formas de memorializar y neutralizar la inquietud han sido activadas en otros lugares de forma m&aacute;s o menos improvisada, como la llama permanente <a href="https://www.elmundo.es/madrid/2020/05/15/5ebe584221efa0b4368b461f.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">inaugurada el 15 de mayo </a>junto a la fuente de la Cibeles en Madrid, similar a la de los soldados desconocidos h&eacute;roes de la patria, o el&nbsp;funeral de Estado que el Gobierno y las instituciones civiles celebraron hace unos d&iacute;as, de nuevo en torno a un ritual del fuego que simb&oacute;licamente inscribe todo este dolor en el relato sacrificial. 
    </p><p class="article-text">
        Hubo intentos de humanizar a las v&iacute;ctimas conociendo sus historias personales a una escala que nos permitiera quiz&aacute; rozar lo humano y a la vez esquivar las representaciones m&aacute;s demoledoras de la pandemia. Manu Garrido, levant&oacute; en los primer&iacute;simos d&iacute;as del confinamiento, <a href="https://memorial2020.es/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un memorial digital </a>dedicado a las v&iacute;ctimas que invitaba a sus familiares y conocidos a dejar un testimonio escrito en recuerdo de esa p&eacute;rdida. La web muestra trece puntos sobre la pen&iacute;nsula que son trece historias conmovedoras, sin duda, pero el mapa se encuentra vac&iacute;o. Aunque virtual, la hermosa idea de un memorial descentralizado y extenso se choca con el silencio colectivo que, tambi&eacute;n de modo silencioso hemos pactado como sociedad. La enorme proximidad de los relatos, su cercan&iacute;a y cotidianidad, nos sit&uacute;a ante la dimensi&oacute;n pol&iacute;tica de estas muertes, sin necesidad que &eacute;stas sean introducidas en el sucio combate ideol&oacute;gico o partidista. El &ldquo;PP privatiza, el PSOE autoriza&rdquo; se dec&iacute;a en las primeras manifestaciones para defender la sanidad p&uacute;blica madrile&ntilde;a a las que yo fui, que comenzaba a externalizar sus servicios a empresas que buscan recortar y obtener beneficios en una esfera en la que debe de regir el principio de gratuidad y universalidad. La externalizaci&oacute;n y privatizaci&oacute;n de lo p&uacute;blico es algo de lo que son responsables pr&aacute;cticamente la mayor&iacute;a de pol&iacute;ticos de este pa&iacute;s, pero quiz&aacute; esto no nos llega a preocupar lo suficiente como para articular, m&aacute;s all&aacute; de las luchas de los propios trabajadores de cada sector, un movimiento social de apoyo y defensa inexcusable de la vida que sea protagonista a su vez del relato y el imaginario del dolor del que nadie se est&aacute; ocupando de forma honesta y sincera. 
    </p><p class="article-text">
        Nos resistimos a mirar cara a cara a nuestros muertos. Tememos acaso quedar petrificados por alguna mirada med&uacute;sea y buscamos como Perseo con su escudo, la oblicuidad del reflejo que nos permita abordar el encuentro con la muerte. Es ir&oacute;nico, que la sociedad moderna, construida a base de conocer el mundo en virtud de sus posibilidades de explotaci&oacute;n mercantil, es decir, como si todo lo que nos rodeara estuviera ya muerto, no sea capaz de mirar de cara a la muerte cuando nos amenaza. No se trata de reclamar o aspirar a una imagen o experiencia por fin total que sintetice y re&uacute;na lo inmensurable de esta pandemia global &ndash;&iquest;ser&iacute;a posible?, &iquest;no son restringidos e imperfectos todos los intentos de generalizar el dolor colectivo?&ndash;, sino de poder acceder a la complejidad de estas muertes para comprender su car&aacute;cter pol&iacute;tico, lo que desborda la mera toma de conciencia. La experiencia que hagamos concierne a la verdad, a la justicia y la reparaci&oacute;n, pero tambi&eacute;n a la autonom&iacute;a de la sociedad a la hora de articular sus relatos e im&aacute;genes de vida y muerte. Mostrar las heridas permite descubrir su dimensi&oacute;n colectiva. Mirar su profundidad nos permite conocer la enfermedad para que pueda ser curada, cuando <em>curar</em> significa no solo ritualizar o memorializar en busca del consuelo, sino tambi&eacute;n que una lucha social prenda para reparar y corregir las pol&iacute;ticas de la muerte que las causaron.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rafael SM Paniagua]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/mirar-profundidad-herida-curarla_132_6153564.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Aug 2020 19:33:33 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El germen del fin (sobre el derribo de estatuas)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/germen-derribo-estatuas_132_6126740.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6d1d5231-583d-4b7d-a2af-19908e8b25f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El germen del fin (sobre el derribo de estatuas)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La historia está llena de ejemplos de revoluciones iconoclastas que, al tratar de inaugurar un nuevo relato del mundo, lo que consiguieron fue colaborar activamente en el reforzamiento del viejo</p></div><p class="article-text">
        Uno no es el mismo en todo momento. Yo, sin ir m&aacute;s lejos, no encuentro muchas similitudes entre quien fui ayer cuando baj&eacute; a la playa de la Barceloneta a darme un ba&ntilde;o &ndash;aprovechando que este a&ntilde;o no hay tantos turistas&ndash;, y el que soy en estos momentos mientras escribo estas l&iacute;neas. Y eso por no hablar del que fui cuando nac&iacute;, hecho que sin duda debi&oacute; de acontecer pero del que no conservo ning&uacute;n recuerdo.
    </p><p class="article-text">
        Esta inestabilidad del &ldquo;ser&rdquo; trae consigo, adem&aacute;s de una pesada carga de inseguridad, una obviedad manifiesta: la estatua de alguien no representa nunca a la persona que fue. &iquest;Qu&eacute; es lo que representa entonces una estatua? Responder a esta pregunta como se merece nos llevar&iacute;a sin duda un tiempo del que ahora mismo no disponemos, pero resumiendo mucho podemos decir que las estatuas de personajes hist&oacute;ricos m&aacute;s que ser la representaci&oacute;n fidedigna de alguien, son, en realidad, un medio para expresar, legitimar y, en cierta medida, imponer un poder. 
    </p><p class="article-text">
        Una gran furia iconoclasta se ha desatado estos d&iacute;as por todas partes, y las estatuas de los h&eacute;roes han comenzado a caer al suelo sin parar. El rey belga Leopoldo II; el traficante de esclavos Edward Colston; el general confederado Robert E. Lee; el presidente Roosevelt; y Col&oacute;n, sobre todo, Crist&oacute;bal Col&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Al verlas caer, algunos ponen el grito en el cielo. Dicen que derribar una estatua es borrar la historia. Esta afirmaci&oacute;n me parece bastante exagerada, pero he de reconocer que algo de raz&oacute;n tiene. Al fin y al cabo, todo acto iconoclasta es siempre un intento por erradicar la historia asociada a la imagen que destruye. Lo que pasa es que nunca lo consigue del todo, del mismo modo que la estatua erguida en su pedestal tampoco consigue nunca imponer del todo su poder. Lo que ambas manifestaciones consiguen a lo sumo es suprimir o imponer tan solo una parte de la historia.
    </p><p class="article-text">
        La parte de la historia que tratan de eliminar estos &uacute;ltimos ataques iconoclastas perpetrados contra la estatuaria de corte imperialista es aquella que presenta a estos hombres (porque son todos hombres) como h&eacute;roes. &ldquo;Tenemos que dejar de ver a estos personajes como h&eacute;roes y empezar a verlos como lo que realmente fueron&rdquo;, declar&oacute; ante las c&aacute;maras de televisi&oacute;n uno de los j&oacute;venes que derrib&oacute; la estatua de Col&oacute;n en Virginia. Y yo estoy con &eacute;l. 
    </p><p class="article-text">
        Para m&iacute; estas estatuas imperialistas responden a un sentido muy antiguo del ser humano. Uno en el que, por ejemplo, los seres humanos de raza negra quedaban excluidos y humillados por siempre. Los j&oacute;venes activistas de Black Lives Matter tumban estas estatuas con el deseo de pasar de p&aacute;gina en este oscuro cap&iacute;tulo de la historia y dejar atr&aacute;s la tradici&oacute;n racista del supuesto universalismo burgu&eacute;s. Yo comparto su deseo, a m&iacute; tambi&eacute;n me gustar&iacute;a pasar p&aacute;gina y terminar de una vez por todas con este pesado libro.
    </p><p class="article-text">
        Levantar cualquiera de estas estatuas en una plaza fue siempre un acto de separaci&oacute;n. Algo parecido a levantar una frontera. Sus pedestales nunca fueron otra cosa que muros entre personas. A sus pies, no se pudo llevar a cabo nunca ning&uacute;n acto de uni&oacute;n entre iguales. Estas estatuas negaron siempre nuestra condici&oacute;n de seres sociales necesitados los unos de los otros. Por eso creo que acarrean tanto descontento, porque son monumentos a la desigualdad que no permiten establecer lazos de amistad.
    </p><p class="article-text">
        Puede que en el futuro se sorprendan viendo que hubo un tiempo en el que los humanos vivimos bajo la sombra de las estatuas de unos hombres que fueron tratantes de esclavos, colonialistas o, en el caso de Leopoldo II de B&eacute;lgica, genocidas. Quiz&aacute; vean el nuestro como el tiempo de una civilizaci&oacute;n oscura incapaz de vislumbrar para s&iacute; misma otras referencias, otros valores y otros s&iacute;mbolos que aquellos referidos al dolor y a la humillaci&oacute;n de nuestros semejantes.
    </p><p class="article-text">
        Rebelarse contra el mundo que construy&oacute; estas figuras de lo monstruoso no me resulta, pues, una mala idea. Forzar su ca&iacute;da, disociarlas de lo heroico y comenzar a vincularlas con unos nuevos relatos como, por ejemplo, el de los campos de concentraci&oacute;n en el caso de Roosevelt, o el del genocidio congole&ntilde;o en el caso de Leopoldo II, me parece un buen plan. Pero es un plan que no est&aacute; exento de peligros. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando un sentido se encuentra tan arraigado en la cultura como se encuentra el de estos personajes (al menos en la cultura occidental), tratar de erradicarlo por la fuerza suele provocar dos reacciones antag&oacute;nicas. Por un lado, cada estatua que cae al suelo abre una grieta en la creencia oficial de la historia; pero, por otro, esa misma ca&iacute;da apuntala y refuerza la fe de sus creyentes. Este es un problema muy antiguo, la historia est&aacute; llena de ejemplos de revoluciones iconoclastas que, al tratar de inaugurar un nuevo relato del mundo, lo que consiguieron fue colaborar activamente en el reforzamiento del viejo. 
    </p><p class="article-text">
        El caso de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica es un claro ejemplo de ello. Visto con la perspectiva que nos ofrece el paso del tiempo, resulta evidente el v&iacute;nculo entre la aceleraci&oacute;n simb&oacute;lica impuesta por el proyecto comunista y el odio con el que terminaron derrib&aacute;ndose sus im&aacute;genes en toda la Europa oriental tras su ca&iacute;da en 1989. Hab&iacute;an pasado casi cien a&ntilde;os y, aun as&iacute;, las estatuas del antiguo r&eacute;gimen volvieron a alzarse (bajo una nueva forma) con el mismo &iacute;mpetu de anta&ntilde;o o incluso mayor. 
    </p><p class="article-text">
        Es la paradoja de las revoluciones iconoclastas: que en su intento por acelerar el curso del tiempo inscrito en la piedra terminan muchas veces compitiendo con la pol&iacute;tica en su af&aacute;n por atestiguar y conceder peso a la historia. Y es que pol&iacute;tica y arte mantienen una estrecha relaci&oacute;n desde el momento mismo en que ambas hicieron aparici&oacute;n en nuestras sociedades (mucho antes incluso de que las dos se llamasen as&iacute;). En cuanto la pol&iacute;tica descubri&oacute; el modo de organizar y ordenar la materia que ofrec&iacute;a el arte, qued&oacute; absolutamente prendada por &eacute;l. Fue como si adivinase en el arte la magia capaz de ordenar el desorden de un mundo en constante cambio. Desde entonces, tanto el arte como la destrucci&oacute;n del arte no han dejado de ser para la pol&iacute;tica m&aacute;s que el instrumento con el que provocar cambios en nuestros modos de vida y la manera de perpetuarlos una vez acontecidos.
    </p><p class="article-text">
        Las esculturas hist&oacute;ricas est&aacute;n hechas para durar (por eso est&aacute;n esculpidas en piedra o fundidas en bronce), pero nunca duran tanto como las ideas que contienen. Seguramente era esto en lo que pensaba Roland Barthes cuando dijo aquello de que es siempre m&aacute;s subversivo alterar un signo que tratar de destruirlo. Entre otras cosas, porque las esculturas, como cualquier otro artefacto, est&aacute;n destinadas a desaparecer tarde o temprano, independientemente del uso que les demos. No hay m&aacute;s que ver en qu&eacute; estado se encuentran hoy muchas de las im&aacute;genes religiosas que fueron concebidas para ser besadas y acariciadas, para darse cuenta de que incluso la veneraci&oacute;n termina por convertirse a la larga en un agente destructivo, un tipo de iconoclastia.
    </p><p class="article-text">
        Las creencias, sin embargo, resisten el paso del tiempo mucho m&aacute;s y mejor. Como lo hacen tambi&eacute;n los valores y las normas asociados a una estatua. Por eso yo soy partidario siempre de modificar una imagen a&ntilde;adi&eacute;ndole una nueva capa de sentido m&aacute;s que de destruirla. En primer lugar, porque su destrucci&oacute;n, como digo, est&aacute; asegurada; y, en segundo lugar, porque al tratar de acelerar la destrucci&oacute;n de cualquier imagen corremos un grave riego de alargar su vida inmaterial. As&iacute; que aplaudo las protestas antirracistas y las demandas de igualdad y de inclusi&oacute;n que est&aacute;n detr&aacute;s de los &uacute;ltimos derribos de estatuas imperialistas, pero mucho me temo que no van a obtener los resultados que esperan aquellos que las han tirado al suelo. 
    </p><p class="article-text">
        Para el historiador del arte Andr&eacute; Chastel el hecho de que la historia del arte franc&eacute;s est&eacute; tan llena de actos de destrucci&oacute;n iconoclasta se debe a que Francia es &ldquo;un pa&iacute;s de guerras civiles&rdquo;. Me parece que tiene raz&oacute;n; yo tambi&eacute;n creo que todo el derrumbe de estatuas que estamos presenciando estos d&iacute;as es se&ntilde;al inequ&iacute;voca de que andamos sumidos en una guerra civil. Cada d&iacute;a que pasa se extiende m&aacute;s la intolerancia por la corteza de nuestra cultura, y cada vez soportamos menos opiniones e ideas distintas a las nuestras (ideas que, por cierto, se sostienen con alfileres en nuestra cabeza). Andamos todos ahora en el sendero fiero y la humillaci&oacute;n p&uacute;blica y el ostracismo son tendencia al alza en el conjunto del cuerpo social. No hay m&aacute;s que observar con detenimiento la actividad de las redes sociales para percatarnos de que la guerra civil es hoy la forma que define nuestra vida cotidiana, y mucho me temo que el hecho de derribar una imagen para poner otra en su lugar no hace m&aacute;s que incrementar el esp&iacute;ritu de esta guerra civil. 
    </p><p class="article-text">
        Tratar de traer de vuelta los &ldquo;verdaderos valores&rdquo; derribando las im&aacute;genes de otros, por muy negativas que estas puedan ser, abre las puertas a m&aacute;s violencia. Y si hay algo que no necesitamos es, precisamente, m&aacute;s violencia. Ning&uacute;n gesto iconoclasta convencer&aacute; nunca a nadie que est&eacute; en contra de las ideas que nos llevan a cometerlo. M&aacute;s bien al rev&eacute;s: se acentuar&aacute; en ellos la idea de su mundo contra el nuestro y, a partir de ese momento, todo lo que venga del nuestro ser&aacute; para ellos ya siempre falso, igual que para nosotros todo lo que venga del suyo. Seguir por esta v&iacute;a es, desde mi punto de vista, adentrarse en el desierto de una civilizaci&oacute;n que ya no vislumbra ning&uacute;n mundo compartido. 
    </p><p class="article-text">
        Ese podr&iacute;a ser un destino de la humanidad como cualquier otro si no fuera porque nos necesitamos y estamos obligados a seguir viviendo relacion&aacute;ndonos los unos con los otros. &iquest;Qu&eacute; hacer, pues, cuando debemos seguir viviendo juntos y no nos permiten hacerlo unas im&aacute;genes y tampoco su destrucci&oacute;n? No es f&aacute;cil responder a este interrogante. Yo dir&iacute;a que hay que seguir erosionando el sentido incrustado en esas viejas im&aacute;genes, y tratar de hacerlo sin incrementar la separaci&oacute;n entre nosotros. Debemos evitar por todos los medios ser como las im&aacute;genes que rechazamos, creadas y levantadas en la calle precisamente para separarnos. 
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; haya llegado el momento de apartar nuestra mirada de los pedestales de esas estatuas y volver a mirar al suelo. Creo que dar con una nueva idea compartida del mundo exige volver a mirar al suelo, pues toda idea est&aacute; siempre instalada en un paisaje, y ese paisaje no puede ser el de la guerra civil. En cuanto apartemos la mirada de esas estatuas y la pongamos en el suelo, veremos que la tierra est&aacute; exhausta. Esta revelaci&oacute;n puede que nos ponga en camino de sostener de nuevo una idea compartida del mundo. Una idea ajena a las certezas morales que tra&iacute;an consigo las viejas estatuas imperialistas, surgida de la consciencia de nuestra complicidad en el espect&aacute;culo de violencia y sufrimiento que se extiende hoy por todo el planeta.
    </p><p class="article-text">
        Aprovechemos, pues, ahora que todav&iacute;a quedan en pie algunas de estas terribles esculturas, y pregunt&eacute;monos qu&eacute; tipo de representaciones queremos crear una vez que hayan ca&iacute;do todas. C&oacute;mo ser&aacute;n, de qu&eacute; estar&aacute;n hechas estas nuevas representaciones capaces de interpelarnos a todos y no s&oacute;lo a unos pocos. C&oacute;mo haremos para que act&uacute;en como un llamado que nos hacemos a nosotros mismos, como un contagio, como una llama viva. Para que nos acerquen de nuevo al mundo en el que vivimos y, a la vez, nos ayuden a tomar distancia de nosotros mismos. Para que nos desidentifiquen, que nos desintoxiquen, y para que nos otorguen el espacio de calma necesario para crear un nuevo modo de vida.
    </p><p class="article-text">
        Prestemos atenci&oacute;n por &uacute;ltima vez a las viejas esculturas hechas de odio y rencor y comencemos a imaginar otras en las que no sea posible nunca jam&aacute;s petrificar una &uacute;nica interpretaci&oacute;n del tiempo y de la historia. Unas representaciones que no hagan sentirse a nadie intruso en el interior de su propia cultura y que no agredan a nadie, que no hablen de vencedores y vencidos, sino de personas situadas siempre en el camino infinito de convertirse en algo y nunca hechas del todo. Unas representaciones que al alzarse en mitad de la calle redefinan por completo aquello en lo que somos capaces de convertirnos. Unas representaciones, en definitiva, que, lejos de afirmar certezas incuestionables y verdades ya dadas, sean un permanente punto de interrogaci&oacute;n. Pues todo lo que es perfectamente conocido lleva impl&iacute;cito el germen de su fin, y las esculturas de h&eacute;roes imperialistas las conocemos ya demasiado bien. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Leónidas Martín Saura]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/germen-derribo-estatuas_132_6126740.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Jul 2020 19:55:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El germen del fin (sobre el derribo de estatuas)]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Racismo,Memoria Histórica,Black Lives Matter]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Estar raros, contra la vieja y la nueva normalidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/raros_132_6064094.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7d5ae14a-afe5-43ac-a7d4-6d94d8c6937a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Estar raros, contra la vieja y la nueva normalidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No hay normalidad, ni vieja ni nueva, lo que hay es un</p><p class="subtitle">proceso de normalización</p><p class="subtitle">que consiste en neutralizar todo lo que no encaja</p></div><p class="article-text">
        Conversaciones con amigos en fase 2: &ldquo;estoy muy raro&rdquo; me dice uno, &ldquo;me encuentro revuelta&rdquo; me dice otra.
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; me pasa lo mismo. Raro, descolocado, desorientado. &ldquo;Me he quedado a vivir en la fase 0&rdquo;, bromeo. Trabajo lo menos posible, paso mucho tiempo en casa, s&oacute;lo me animo a los encuentros significativos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y si hubiese algo que atender en ese<em> estar raros</em>, algo a lo que deber&iacute;amos hacer un lugar? &iquest;Y si este estado de &aacute;nimo quisiera decirnos alguna cosa?
    </p><p class="article-text">
        <strong>2.</strong> Pienso lo siguiente: estar raros significa que algo no encaja, que nosotros mismos no encajamos, que algo se ha roto, que hay un desajuste, un desacople.
    </p><p class="article-text">
        No encajamos en el sucederse de las fases hacia la &ldquo;nueva normalidad&rdquo;. Estar raros es nuestra manera de rebelarnos contra el proceso de normalizaci&oacute;n en marcha. Hay una desincronizaci&oacute;n entre el ritmo objetivo de las fases y nuestro propio ritmo subjetivo.
    </p><p class="article-text">
        Me parece que estar raros es ahora la mejor manera de estar, un signo de salud y de vitalidad contra la adaptaci&oacute;n y la anestesia. El desaf&iacute;o es m&aacute;s <em>dejarnos estar</em> raros que dejarlo de estar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3.</strong> &iquest;Por qu&eacute; no encajamos? Hay restos en nosotros de lo que hemos vivido estos meses. Huellas de un acontecimiento. Efectos de la interrupci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La experiencia vivida ha dejado sus marcas en nosotros. Esas marcas nos desv&iacute;an del camino autom&aacute;tico hacia la nueva normalidad, demasiado parecida a la vieja aunque lleve mascarilla.
    </p><p class="article-text">
        Las cosas no cierran. Quiz&aacute; duele, pero es mejor as&iacute;. El cierre es la normalizaci&oacute;n. No hay normalidad, ni vieja ni nueva, lo que hay es un <em>proceso de normalizaci&oacute;n</em> que consiste en neutralizar todo lo que no encaja, en presentar la norma como el &uacute;nico camino posible.
    </p><p class="article-text">
        <strong>4.</strong> &iquest;Qu&eacute; nos pas&oacute;? Por un momento se interrumpi&oacute; la definici&oacute;n convencional de la realidad.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, la idea seg&uacute;n la cual <em>cada uno tiene su vida</em>. La existencia dej&oacute; de ser un asunto privado. El v&iacute;nculo de interdependencia se impuso como una evidencia material y concreta. No hay burbuja que proteja absolutamente del contagio, nadie puede salvarse solo. El otro, en la distancia social, se hizo parad&oacute;jicamente m&aacute;s presente: mi destino est&aacute; ligado al suyo. Los otros cuentan, importan.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, la idea seg&uacute;n la cual el trabajo y el consumo configuran el sentido de la vida. Para miles de personas los automatismos de la vida cotidiana quedaron suspendidos. Incluso continuar como si nada requer&iacute;a todo un esfuerzo de invenci&oacute;n: &iquest;seguir trabajando c&oacute;mo y para qu&eacute;? &iquest;Seguir consumiendo c&oacute;mo y para qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        <strong>5.</strong> En la interrupci&oacute;n han aparecido preguntas, malestares y ganas de otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        <em>Preguntas</em>: &iquest;qu&eacute; est&aacute; pasando, qu&eacute; me va a pasar, qu&eacute; nos va a pasar?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; es lo importante, qu&eacute; es lo esencial, qu&eacute; y qui&eacute;n nos cuida?
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; es lo significativo, qu&eacute; relaciones me sostienen, qu&eacute; hace que mi vida merezca la pena ser vivida?
    </p><p class="article-text">
        <em>Malestares</em>, porque hemos sentido violentamente la evidencia de que las l&oacute;gicas estatales y mercantiles no cuidan.
    </p><p class="article-text">
        El Estado, porque a pesar de sus mejores intenciones cuando las tiene, es ciego a las desigualdades y las singularidades de las formas de vida. Se legisla como si la sociedad entera fuese una clase media m&aacute;s o menos acomodada. Confinarse, muy bien, pero &iquest;y los que no tienen casa? &iquest;Y los que viven al d&iacute;a? &iquest;Y los que viven en un lugar peque&ntilde;o y son muchos? &iquest;Y los que tienen peculiaridades f&iacute;sicas o ps&iacute;quicas que convierten el confinamiento en un encierro insoportable? Todas las desigualdades por g&eacute;nero, edad, raza, clase. El Estado, basado en la l&oacute;gica de la ley y el deber ser, no ve las diferencias que atraviesan lo que <em>hay</em>.
    </p><p class="article-text">
        El Mercado, porque su l&oacute;gica de maximizaci&oacute;n de la ganancia y beneficio le sit&uacute;a siempre por encima del cuidado de la vida. Es una l&oacute;gica literalmente<em> extra-terrestre</em>: por encima de lo terrestre, de los terrestres y de la tierra. No se producen valores de uso, sino valores de cambio. No se producen riquezas, sino beneficio. Los inventos t&eacute;cnicos no liberan tiempo, sino que intensifican la producci&oacute;n. La guerra es la ocasi&oacute;n ideal para convertir ciertas mercanc&iacute;as (las armas) en dinero. El paro y los despidos son la mejor soluci&oacute;n de las empresas para no arruinarse. La obsolescencia programada resulta una gran idea.
    </p><p class="article-text">
        Los problemas para los habitantes de la tierra (humanos y no humanos) son <em>soluciones</em> para la econom&iacute;a. De ah&iacute; que el pensador italiano Antonio Gramsci apelase a nuestra &ldquo;terrestritud com&uacute;n&rdquo; contra la l&oacute;gica capitalista de beneficio.
    </p><p class="article-text">
        <em>Ganas</em>: en el silencio, en el tiempo reapropiado, en ciertos encuentros y reencuentros con la naturaleza, en los primeros paseos por ciudades libres de ruido, coches y estr&eacute;s, en el cuidado de los m&aacute;s cercanos, en la atenci&oacute;n amorosa a los desconocidos, en las pr&aacute;cticas creativas caseras, en la intensificaci&oacute;n de los v&iacute;nculos... en mil experiencias distintas se han despertado las ganas de vivir de otras maneras.
    </p><p class="article-text">
        <strong>6.</strong> La vida viene sin manual de instrucciones. &ldquo;Vivir no es otra cosa que arder en preguntas&rdquo; dec&iacute;a el poeta Antonin Artaud. No hay normalidad, ni vieja ni nueva, sino un proceso de normalizaci&oacute;n constante: apagar el fuego siempre reavivado de las preguntas sobre c&oacute;mo vivir.
    </p><p class="article-text">
        Estar raros es seguir vivos. Insistir en nuestras preguntas, malestares y deseos contra la normalizaci&oacute;n. Tratar de convertir todo ello en materia a elaborar para inventar un deseo nuevo, una nueva forma de vivir.
    </p><p class="article-text">
        Estar raros es defender nuestras preguntas, conservar las marcas que nos ha dejado la interrupci&oacute;n como algo precioso, disponernos a <em>otra atenci&oacute;n</em> sobre nosotros mismos y sobre la realidad.
    </p><p class="article-text">
        Atenci&oacute;n a todo lo que no encaja, porque bajo la apariencia de normalizaci&oacute;n hay mil heridas. Personas que ya no est&aacute;n y cuya ausencia nos interroga: &iquest;es normal que esta persona ya no est&eacute;, su muerte es natural o se trata de una muerte pol&iacute;tica, que depende de un modo de organizaci&oacute;n social? Lugares y cosas que ya no est&aacute;n: &iquest;es normal que este sitio haya cerrado, que esa persona ya no trabaje aqu&iacute;?
    </p><p class="article-text">
        Estamos raros porque no queremos volver a lo mismo y porque adem&aacute;s lo mismo <em>ya no existe</em>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>7.</strong> Ah&iacute; fuera sigue el virus. Es un actor nuevo en el tablero de juego que obliga a todos los dem&aacute;s a redefinirse: nuevos h&aacute;bitos, distancia social y medidas de protecci&oacute;n en escuelas, universidades, comercios, transportes. Estamos raros tambi&eacute;n porque somos sensibles a todo esto.
    </p><p class="article-text">
        Una amiga, madre de dos ni&ntilde;as, me dice: &ldquo;ya no s&eacute; qu&eacute; significa ser madre, para qu&eacute; mundo se educa ahora a los hijos&rdquo;. El suelo se abre bajo nuestros pies.
    </p><p class="article-text">
        La misma pregunta se puede hacer un maestro, una maestra, un terapeuta, un trabajador social, un agente cultural, un trabajador sanitario...
    </p><p class="article-text">
        No hay normalidad, ni vieja ni nueva, s&oacute;lo proceso de normalizaci&oacute;n: permanente desactivaci&oacute;n de las preguntas que podr&iacute;an abrir la situaci&oacute;n, para reapropi&aacute;rnosla, dejar simplemente de obedecer e inventar reglas comunes de cuidado colectivo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>8.</strong> Malas noticias: el virus se reproduce a trav&eacute;s de nuestras formas de vida (turismo, aglomeraciones). Hay una especie de radioactividad en el aire. Podemos decir que los modos de vida convencionales est&aacute;n infectados y envenenados.
    </p><p class="article-text">
        No hay vuelta a lo mismo. Incluso la persona que agarre este verano un vuelo con un destino paradis&iacute;aco lo har&aacute; con un cosquilleo de intranquilidad en la nuca.
    </p><p class="article-text">
        Si estiramos m&aacute;s a&uacute;n las malas noticias, podemos afirmar que la &ldquo;nueva normalidad&rdquo; s&oacute;lo es un par&eacute;ntesis entre dos estados de alarma, aquel del que venimos y aquel hacia el que vamos. Incluso si no vuelve a declararse nunca, en adelante viviremos bajo su amenaza. Hasta que se encuentre la vacuna, s&iacute;. &iquest;Y si no se encuentra? &iquest;Y si aparecen nuevos virus u otros riesgos mayores derivados del cambio clim&aacute;tico?
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/interferencias/obediencia-coronavirus-apocalipsis-disuasion_6_1032456761.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El miedo ha llegado para quedarse</a>. La norma es, de aqu&iacute; en adelante, el propio estado de alarma. Y lo que llamamos &ldquo;nueva normalidad&rdquo; es s&oacute;lo una fase particular en ese marco: siempre provisional, precaria, inestable.
    </p><p class="article-text">
        <strong>9.</strong> Podemos distinguir dos versiones de este proceso de normalizaci&oacute;n, dos formas de adaptaci&oacute;n, dos formas de gobierno que son al mismo tiempo dos formas de subjetivaci&oacute;n (es decir, de vivir las cosas).
    </p><p class="article-text">
        La<em> neoliberal / neoliberal</em> lleva el nombre de Trump, Bolsonaro, Johnson. &iquest;La econom&iacute;a por encima de la vida? No: la econom&iacute;a <em>es</em> la vida.
    </p><p class="article-text">
        Recuperar la normalidad lo antes posible, caiga quien caiga. Como rezaba la pancarta de un manifestante pro-Trump en Estados Unidos, &ldquo;<a href="https://blocs.mesvilaweb.cat/Didac/?p=268309" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sacrificad a los d&eacute;biles</a>&rdquo;. La vida es productividad, la vida es empresa, cada uno es el empresario de s&iacute; mismo, dejad caer a los que no puedan seguir el ritmo.
    </p><p class="article-text">
        Necro-pol&iacute;tica y necro-l&oacute;gica: producci&oacute;n de poblaciones desechables, superfluas, sobrantes. Precisamente el rasgo que Hannah Arendt se&ntilde;al&oacute; en su d&iacute;a como condici&oacute;n necesaria de la pol&iacute;tica nazi en<em> Los or&iacute;genes del totalitarismo</em>.
    </p><p class="article-text">
        Pero no nos escandalicemos tan deprisa. Es demasiado f&aacute;cil y no lleva a ning&uacute;n sitio. Esa pancarta s&oacute;lo hace expl&iacute;cito lo impl&iacute;cito, hay que agradec&eacute;rselo. La necro-l&oacute;gica ya rige nuestras instituciones. Pensemos en las residencias donde han muerto tantos de nuestros mayores. La percepci&oacute;n normalizadora que apaga las preguntas sobre esa muerte masiva (&ldquo;eran viejos, ten&iacute;an que morir&rdquo;) <em>ya</em> nos atraviesa y constituye.
    </p><p class="article-text">
        La versi&oacute;n <em>neoliberal / socialdem&oacute;crata</em> lleva el nombre de Pedro S&aacute;nchez (o de Alberto Fern&aacute;ndez en Argentina).
    </p><p class="article-text">
        Obviamente, es muy preferible (y defendible) frente al horror necro-pol&iacute;tico de la derecha radical por mil razones. Pero tampoco nos quedemos ah&iacute;. Es tambi&eacute;n un c&aacute;lculo coste-beneficio sobre las poblaciones consideradas como fuerza de trabajo, otra consideraci&oacute;n utilitaria.
    </p><p class="article-text">
        En este c&aacute;lculo se combinan los derechos sociales y las medidas sanitarias con un marco que no se toca, un l&iacute;mite absoluto. El querido Fernando Sim&oacute;n lo resumi&oacute; con su franqueza habitual: &ldquo;<a href="https://www.lasexta.com/noticias/nacional/fernando-simon-tal-vez-en-el-futuro-vivamos-de-la-ciencia-pero-ahora-vivimos-del-turismo-y-tenemos-que-prepararnos_202006125ee3c2e3a58c2600016991c8.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este pa&iacute;s vive del turismo, tenemos que prepararnos</a>&rdquo; (en otras geograf&iacute;as se trata de otros extractivismos depredadores). A esa combinaci&oacute;n se llama &ldquo;nueva normalidad&rdquo;. No se toca el marco, ni se emprende ning&uacute;n cambio sustantivo.
    </p><p class="article-text">
        Pero tampoco le pidamos peras al olmo: lo que ha cambiado siempre las cosas es una nueva definici&oacute;n de la realidad, la emergencia de otro <em>sentido</em> de la vida. Un gobierno gestiona, mejor o peor, pero no puede producir otro sentido de la vida.
    </p><p class="article-text">
        10. Una cantidad de preguntas, una cantidad de malestares, una cantidad de ganas de otra cosa. Todo ello junto y revuelto, en un magma. <em>Es un potencial enorme</em>.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l es el desaf&iacute;o? Engarzar lo existencial con lo pol&iacute;tico, las preguntas y el impulso de cambio. S&oacute;lo hay <em>energ&iacute;a pol&iacute;tica</em> cuando ambas dimensiones tejen un v&iacute;nculo, como ocurri&oacute; el 11M de 2004, el 15M de 2011, los 8M de la huelga feminista.
    </p><p class="article-text">
        La transformaci&oacute;n social no consiste s&oacute;lo en una serie de problemas objetivos (pobreza, etc.) que se articulan en demandas dirigidas al Estado, sino que es tambi&eacute;n la <em>expresi&oacute;n</em> (no la representaci&oacute;n) de unas preguntas radicales sobre la vida que de pronto se vuelven colectivas, comunes y compartidas. Formas de expresi&oacute;n (organizativa, estrat&eacute;gica, t&aacute;ctica) que hay inventar <em>cada vez</em>, no despreciando las experiencias pasadas, sino recre&aacute;ndolas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando lo existencial se separa de lo pol&iacute;tico s&oacute;lo hay debilidad: lo pol&iacute;tico se convierte en partido, identidad e ideolog&iacute;a; lo existencial se lleva a terapia
    </p><p class="article-text">
        Las tentativas de transformaci&oacute;n social han fracasado una y otra vez cuando encomiendan el cambio a una renovaci&oacute;n puramente objetiva, estructural, sociol&oacute;gica. Es la &ldquo;<a href="http://www.filosofia.org/rev/pch/1968/pdf/n12p151.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">izquierda sin sujeto</a>&rdquo; que desmont&oacute; el pensador argentino Le&oacute;n Rozitchner hace m&aacute;s de 50 a&ntilde;os, pero que persiste en su fracaso.
    </p><p class="article-text">
        La izquierda sin sujeto se hace cargo de lo pol&iacute;tico sin dimensi&oacute;n existencial, la terapia se hace cargo de lo existencial sin dimensi&oacute;n pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        El sujeto de cambio no es mero soporte de determinaciones econ&oacute;micas o sociol&oacute;gicas, sino el<em> espacio de elaboraci&oacute;n</em> de preguntas, malestares y deseos. Un espacio a la vez e indisociablemente individual y colectivo.
    </p><p class="article-text">
        La fuerza de transformaci&oacute;n hoy pasa por la capacidad de dar expresi&oacute;n com&uacute;n al magma de preguntas, malestares y deseos que nos atraviesa, a nuestras subjetividades heridas y en crisis, en definitiva, a nuestro &ldquo;estar raros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Gracias por las conversaciones &ldquo;raras&rdquo; que alimentan este art&iacute;culo: Marta Badiola, Natasa Lekkou, Raquel Mezquita, Marga Padilla, Juan Guti&eacute;rrez, Natalia Garay, Diego Sztulwark, Agustina Beltr&aacute;n, Javier Olmos, Arantza Santesteban, Sergio Larriera, Eugenia Mongil, Amarela Varela.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amador Fernández-Savater]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/raros_132_6064094.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 19 Jun 2020 19:50:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Estar raros, contra la vieja y la nueva normalidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Política,Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Obediencia o apocalipsis: la estrategia de la disuasión]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/obediencia-coronavirus-apocalipsis-disuasion_132_6046123.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a40f883d-64b2-4fba-8077-87fd1bc4a0c0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Obediencia o apocalipsis: la estrategia de la disuasión"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un ensayo de teoría-ficción sobre los modos de gobierno por venir.</p></div><p class="article-text">
        <em>Imaginemos la aparici&oacute;n de nuevos brotes v&iacute;ricos, segundas y terceras oleadas de contagio, m&aacute;s cuarentenas y escaladas en respuesta&hellip; La sombra del apocalipsis es el escenario ideal para la activaci&oacute;n de una nueva estrategia de la disuasi&oacute;n: obediencia o fin del mundo. Un poder que no impone certezas, sino que gestiona la incertidumbre. No postula un orden, sino que gestiona el desorden. No promete nada, s&oacute;lo exhibe la amenaza. &iquest;C&oacute;mo fugar?</em>
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; no son t&eacute;rminos tan evidentes como otros, pero &ldquo;escalada&rdquo; y &ldquo;desescalada&rdquo; tambi&eacute;n forman parte del lenguaje b&eacute;lico que tant&iacute;simos gobiernos han escogido para producir sentido (&ldquo;relato&rdquo;) a su gesti&oacute;n <em>pol&iacute;tica</em> de la pandemia. Es decir, a su c&aacute;lculo coste-beneficio particular.
    </p><p class="article-text">
        Fueron por ejemplo empleados habitualmente en la llamada &ldquo;estrategia de la disuasi&oacute;n&rdquo; activa durante la Guerra Fr&iacute;a entre EEUU y la URSS. Esta estrategia consist&iacute;a en &ldquo;comunicar&rdquo; al adversario la capacidad de devolver el ataque nuclear, aun estando herido de muerte.
    </p><p class="article-text">
        En palabras muy precisas del Doctor Strangelove (Peter Sellers), el antiguo nazi reconvertido en consejero del presidente de los EEUU en la genial s&aacute;tira de Kubrick <em>Tel&eacute;fono rojo, volamos hacia Mosc&uacute;</em><em>, &ldquo;</em>la disuasi&oacute;n consiste en el arte de provocar en la mente del enemigo el miedo a atacar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La doctrina de la disuasi&oacute;n pretendi&oacute; ser el principio rector de un &ldquo;orden nuevo&rdquo; basado en la siguiente alternativa infernal: <em> paz o fin del mundo</em>. El &ldquo;ascenso a los extremos&rdquo;, que seg&uacute;n el general y te&oacute;rico Von Clausewitz define la esencia de la guerra como &ldquo;duelo a muerte&rdquo;, se congela para evitar la aniquilaci&oacute;n total. Es el famoso equilibrio del terror: morir a dos o vivir juntos.
    </p><p class="article-text">
        Pero la disuasi&oacute;n no era m&aacute;s que <em> la continuaci&oacute;n de la guerra por otros medios. </em> La &ldquo;escalada&rdquo; que comunicaba al otro la capacidad propia de destrucci&oacute;n se tradujo en la carrera de armamento, la guerra de las galaxias o el aumento deliberado del riesgo a partir de un conflicto concreto, como ocurri&oacute; durante la crisis de los misiles de 1962.
    </p><p class="article-text">
        <em>Si vis pacem para bellum</em>, si quieres la paz prep&aacute;rate para la guerra, porque esa preparaci&oacute;n es el modo mismo de conjurarla. Diplomacia de la violencia. Un orden sostenido por la amenaza de la muerte como Se&ntilde;or absoluto.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; sentido podr&iacute;a tener hoy la actualizaci&oacute;n de la ret&oacute;rica disuasiva en el contexto de la gesti&oacute;n de la pandemia? Aparentemente, ninguno. El virus no retrocede porque nuestros gobiernos le &ldquo;comuniquen&rdquo; su fuerza de armamento (escalada) y el peligro consecuente de una destrucci&oacute;n total.
    </p><p class="article-text">
        La COVID-19 ni siquiera es equivalente a la &ldquo;c&eacute;lula durmiente&rdquo; de las guerras asim&eacute;tricas contra el terrorismo de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas: no tiene intenci&oacute;n ninguna ni proyecto especial de acabar con la civilizaci&oacute;n occidental o de imponer un califato v&iacute;rico, s&oacute;lo quiere <em>perseverar en su ser </em> (sea este f&iacute;sico o qu&iacute;mico).
    </p><p class="article-text">
        De hecho, la estrategia efectiva, pr&aacute;ctica, real, de los gobiernos contra el virus tiene mucho m&aacute;s que ver con las t&aacute;cticas militares de contrainsurgencia: quitarle <em> directamente </em> el agua al pez para que muera, en este caso mediante el confinamiento general de las poblaciones.
    </p><p class="article-text">
        Pero las palabras no son inocentes, y menos las que emplean los gobiernos del mundo en un momento como este, sino <em> operaciones </em> que buscan producir efectos en los comportamientos y los imaginarios. Amenazas, consignas, met&aacute;foras que nos piensan. <em>La gesti&oacute;n de una crisis es toda ella instrumento de comunicaci&oacute;n.</em> No hay que ser ilusos ni ingenuos con los t&eacute;rminos que se emplean desde las alturas del Estado, sino aprender a leerlos estrat&eacute;gicamente. &iquest;Qu&eacute; comunica la ret&oacute;rica disuasiva de nuestros gobiernos <em> y a qui&eacute;n</em>?
    </p><h4 class="article-text">Hermanos enemigos</h4><p class="article-text">
        Volvamos por un momento al contexto de la Guerra Fr&iacute;a. Los analistas cr&iacute;ticos m&aacute;s finos no pensaron la disuasi&oacute;n solamente como una forma de &ldquo;di&aacute;logo&rdquo; y de &ldquo;influencia rec&iacute;proca&rdquo; entre los super-grandes, sino tambi&eacute;n como un <em> modo de gobernar conjuntamente el mundo.</em>
    </p><p class="article-text">
        La dial&eacute;ctica USA-URSS fue tambi&eacute;n una manera de repartirse efectivamente el planeta, sometiendo la autonom&iacute;a potencial de las naciones peque&ntilde;as y neutralizando preventivamente la posibilidad de aparici&oacute;n de cualquier &ldquo;tercer actor&rdquo; inesperado.
    </p><p class="article-text">
        El orden creado por la disuasi&oacute;n nuclear no era americano o sovi&eacute;tico, un bando contra otro, sino el mismo <em> tablero de ajedrez </em> que ordenaba el mundo entero en blancas y negras, codificando todo conflicto local -proceso de liberaci&oacute;n nacional, movimiento social- desde un plano superior.
    </p><p class="article-text">
        El empate catastr&oacute;fico entre los &ldquo;hermanos enemigos&rdquo; funciona como una estrategia despolitizadora que satura el espacio y bloquea la posibilidad de lo imprevisto, de lo inaudito, de lo in&eacute;dito. Paz para todos, s&iacute;, pero siempre bajo la garant&iacute;a tutelar y policial de las super-potencias.
    </p><p class="article-text">
        La hostilidad entre los grandes neutraliza los tumultos de los peque&ntilde;os. Un conflicto mayor fija y apacigua los conflictos menores. <em>Se disuade a un tercero.</em>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Podr&iacute;a activarse, a partir de la pandemia del coronavirus, una nueva estrategia de la disuasi&oacute;n? Desde luego no buscar&iacute;a alcanzar con el virus -y tampoco con la infinidad de peligros que vienen o ya est&aacute;n- ning&uacute;n equilibrio del terror, sino m&aacute;s bien usar el miedo al apocalipsis como estrategia de disuasi&oacute;n <em> de las propias poblaciones</em><em>.</em> Pero, &iquest;disuadir a las poblaciones de qu&eacute;?
    </p><h4 class="article-text">Saturaciones</h4><p class="article-text">
        Cada crisis, ya sea esta personal o colectiva, abre un <em>agujero</em>
    </p><p class="article-text">
        El agujero puede interrogarse para pensar a partir de &eacute;l e incluso puede<em> atravesarse </em> para salir por otro lado. Es decir, los agujeros -todo lo que no encaja, lo fallido, la vacilaci&oacute;n del sentido- son condici&oacute;n de pensamiento y de transformaci&oacute;n (&iacute;ntima y social).
    </p><p class="article-text">
        Durante la crisis del coronavirus se han abierto (y reabierto) much&iacute;simos agujeros en el tejido personal y social, <em> a nivel planetario y simult&aacute;neamente</em><em>.</em> Si no nos hemos quedado anestesiados o indiferentes, si no hemos pensado que bastaba con tirar de los saberes previos, si nos hemos acercado a mirar a trav&eacute;s de los agujeros y no s&oacute;lo de las pantallas, habremos podido ver una cantidad de cosas.
    </p><p class="article-text">
        <em>Por ejemplo</em><em>,</em> la crudeza de la divisi&oacute;n social -por clase, g&eacute;nero, raza o edad- que recorre nuestra sociedad como una inmensa grieta. La distinci&oacute;n radical entre los &ldquo;inmunizados y los expuestos&rdquo;, entre los que han podido protegerse y los que no, entre los que han podido confinarse y los que han sostenido el confinamiento de los dem&aacute;s, entre la importancia de los cuidados y su valor social, con los trabajadores sanitarios precarizados como s&iacute;mbolo por excelencia.
    </p><p class="article-text">
        <em>Por ejemplo,</em> la negaci&oacute;n y agresi&oacute;n constante a la naturaleza en que se basa nuestro sistema depredador. La percepci&oacute;n de la ciudad como ratonera, la celebraci&oacute;n de las irrupciones de animales en medio del asfalto a trav&eacute;s de los mil v&iacute;deos en circulaci&oacute;n, la pura y simple escucha de los p&aacute;jaros por las ventanas o los paseos masivos sin tr&aacute;fico ni finalidad, tambi&eacute;n han supuesto estos d&iacute;as visiones de otras relaciones posibles con el mundo, deseos de otra cosa.
    </p><p class="article-text">
        <em>Por ejemplo</em><em>,</em> la locura mortificante de la vida sometida al r&eacute;gimen del &ldquo;siempre m&aacute;s&rdquo;: la necesidad constante de producir y consumir. La experiencia del confinamiento abre de repente la pregunta por las &ldquo;actividades esenciales&rdquo;, pudiendo experimentarse cierto gusto por una vivencia de retiro o retirada de las din&aacute;micas cotidianas de ruido y estr&eacute;s. Es lo que trata de estigmatizarse ahora como &ldquo;s&iacute;ndrome de la caba&ntilde;a&rdquo;, como si no hubiese toda una <em>lucidez </em>en ese estado.
    </p><p class="article-text">
        Y mil ejemplos m&aacute;s posibles, dependiendo de c&oacute;mo y d&oacute;nde nos haya tocado vivir esta experiencia tan extra&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Crisis personal, ecol&oacute;gica, social&hellip; Distintos agujeros que podr&iacute;an resonar o reverberar entre s&iacute;, amplificando tanto el disgusto hacia el estado de cosas como las ganas de habitar el mundo de otra manera, fuentes ambas de nuevas expresiones de conflicto, resistencia y deserci&oacute;n por venir.
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, lo que pretende el discurso de la guerra es <em>saturar ese espacio tachonado de agujeros. </em>Que nada de lo ocurrido nos de que pensar, ni nos mueva a actuar.
    </p><p class="article-text">
        La guerra de disuasi&oacute;n ya no es entre ej&eacute;rcitos, sino entre un orden agujereado y un pueblo <em>por venir </em>capaz de interrogar y atravesar los agujeros. Se trata de reducir la angustia de lo desconocido a terror paralizante, la interdependencia ante el peligro a factor de riesgo, el no saber a impotencia y delegaci&oacute;n. Que todo cambie (la &ldquo;nueva normalidad&rdquo;) sin que nada cambie realmente.
    </p><p class="article-text">
        La disuasi&oacute;n, como prolongaci&oacute;n de la guerra por otros medios, es una militarizaci&oacute;n de la sociedad que busca producir un <em>nosotros sin divisiones </em> (&ldquo;todos a una&rdquo;), es decir, sin <em> preguntas &iacute;ntimas y colectivas </em> que puedan ser fuente de una nueva politizaci&oacute;n. Una poblaci&oacute;n homog&eacute;nea de v&iacute;ctimas y supervivientes que s&oacute;lo pide protecci&oacute;n.
    </p><h4 class="article-text">No sabe, no puede y no quiere</h4><p class="article-text">
        Imaginemos la aparici&oacute;n de otros brotes v&iacute;ricos, segundas y terceras oleadas de contagio, nuevas cuarentenas y escaladas en respuesta&hellip; &iquest;Podr&iacute;a entrar nuestro mundo en una especie de guerra <em>fr&iacute;a </em> permanente, de tiempos y geometr&iacute;as variables, sin enemigo claro esta vez, sino potencial, difuso y ubicuo -en el fondo las distintas &ldquo;intrusiones de Gaia&rdquo; (Isabelle Stengers) en nuestro modo de vida basado en el dominio y la depredaci&oacute;n del planeta?
    </p><p class="article-text">
        La sombra del apocalipsis es el escenario ideal para la activaci&oacute;n de una nueva estrategia de la disuasi&oacute;n: obediencia o fin del mundo. &iquest;Podemos anticiparla con el pensamiento? &iquest;En qu&eacute; sentido ser&iacute;a algo distinto de lo que ya conocemos?
    </p><p class="article-text">
        Proyectemos lo siguiente: la disuasi&oacute;n es un poder que <em>no sabe, no puede y no quiere.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>No sabe. </em>Pocas veces hemos podido ver a los pol&iacute;ticos confesar tanto su ignorancia como durante estos d&iacute;as. Ha sido realmente sorprendente escuchar salir de sus labios palabras como &ldquo;no sabemos&rdquo;. No sabemos con qu&eacute; nos enfrentamos, qu&eacute; es este virus, si puede mutar, si es posible una segunda oleada. Los poderes a los que estamos acostumbrados suelen cubrirse de la justificaci&oacute;n de un <em> saber total</em>: ideolog&iacute;a, discurso experto. Pero su nueva confesi&oacute;n de ignorancia no significa ninguna p&eacute;rdida de control, ni autoriza una distribuci&oacute;n del poder distinta. <em>Todos somos ignorantes, pero unos menos que otros</em>. Hay un saber, aunque sea de m&iacute;nimos, que es el &uacute;nico capaz de prevenir la cat&aacute;strofe total. Una garant&iacute;a precaria, inestable, pero no queda otra. <em>El poder disuasivo no impone certezas, sino que gestiona la incertidumbre.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>No puede. </em>Tampoco estamos habituados a escuchar a los pol&iacute;ticos reconocer su impotencia. No podemos, no dominamos la situaci&oacute;n, somos incapaces de asegurar nada, estamos trabajando por ensayo y error, sin planificaci&oacute;n. Lo normal en ellos es exhibir la fuerza, prometer el control. Pero el poder disuasivo m&aacute;s bien nos da a elegir <em>entre dos anarqu&iacute;as</em>. Por un lado la anarqu&iacute;a inferior de la improvisaci&oacute;n, el estado de excepci&oacute;n variable, la gesti&oacute;n<em> just in time</em>. Y por otro la anarqu&iacute;a superior de la cat&aacute;strofe final, el colapso definitivo, la aniquilaci&oacute;n total. Estado d&eacute;bil, a la defensiva, pero que <em> funciona y gobierna as&iacute;</em>, present&aacute;ndose como una &ldquo;fortaleza asediada&rdquo;, un fr&aacute;gil equilibrio amenazado por un poder desconocido. <em>El poder disuasivo no postula un orden, sino que gestiona permanentemente el desorden (y no lo oculta).</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>No quiere. </em>Sin horizonte positivo ni propuesta de para&iacute;so, el poder disuasivo s&oacute;lo nos ofrece una posibilidad de supervivencia. No una vida mejor, sino vivir a secas. Ninguna soluci&oacute;n definitiva, s&oacute;lo la contenci&oacute;n del desastre, ganar tiempo. No alcanzar el Bien, sino evitar el Mal. Ning&uacute;n sue&ntilde;o, s&oacute;lo impedir la pesadilla. La esperanza queda borrada, lo posible es la cat&aacute;strofe. Desaparece toda oferta seductora hacia el deseo y s&oacute;lo queda el miedo. <em>El poder disuasivo no promete nada, s&oacute;lo exhibe la amenaza.</em>
    </p><p class="article-text">
        Nunca a favor, siempre en contra. La disuasi&oacute;n es una pol&iacute;tica que se sit&uacute;a <em>al borde del abismo</em><em>.</em> No oculta la muerte sino que la sobreexpone, haciendo del peligro y su gesti&oacute;n el secreto del destino mundial. Todo aquel que no colabore le hace el juego al adversario. &iquest;El adversario, pero qui&eacute;n? &iexcl;El virus, la cat&aacute;strofe, el apocalipsis!
    </p><h4 class="article-text">Disuasi&oacute;n horizontal</h4><p class="article-text">
        Achille Mbembe ha escrito que lo m&aacute;s caracter&iacute;stico de la pandemia es que &ldquo;cada cual se ha vuelto un arma&rdquo;. Todos detentamos en nuestro cuerpo la potencia de matar. El poder soberano de &ldquo;hacer morir&rdquo; se democratiza: cada uno somos ahora una peque&ntilde;a bomba nuclear. La disuasi&oacute;n se vuelve entonces tambi&eacute;n <em>horizontal.</em>
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a el <em>lado oscuro</em> de la interdependencia en la que se ha puesto tanto &eacute;nfasis en los &uacute;ltimos tiempos: como todos podemos darnos la muerte, debemos disuadirnos unos a otros, vigilarnos y controlarnos, en la desconfianza de base, en la delaci&oacute;n generalizada, en la interiorizaci&oacute;n colectiva y militante de las normas impuestas exteriormente.
    </p><p class="article-text">
        El nuevo equilibrio del terror nos hace a todos protagonistas y no s&oacute;lo espectadores. Disuasi&oacute;n distribuida, reticular, descentralizada, autogestionada. Una sociedad de sospechosos, con el Estado en la cabeza de cada cual.
    </p><p class="article-text">
        No sabemos qui&eacute;n est&aacute; contaminado, podr&iacute;a ser cualquiera. Aunque unos son m&aacute;s sospechosos que otros: los que no pueden quedarse en casa, los que viven dependientes de un v&iacute;nculo social amplio, los que no tienen los h&aacute;bitos necesarios de higiene, los pobres, los migrantes, los otros. &iexcl;No tocar, peligro de muerte!
    </p><p class="article-text">
        Este ser&iacute;a el llamado &ldquo;elemento moral de la guerra&rdquo;: la producci&oacute;n de subjetividades activamente obedientes, la educaci&oacute;n de la<em> especie </em>por y para la guerra.
    </p><h4 class="article-text">Alternativas infernales</h4><p class="article-text">
        &ldquo;Obediencia o fin del mundo&rdquo; es un caso extremo de lo que Isabelle Stengers llama las &ldquo;alternativas infernales&rdquo;. &iquest;En qu&eacute; consisten?
    </p><p class="article-text">
        La alternativa infernal es un tipo de descripci&oacute;n de la situaci&oacute;n que s&oacute;lo propone resignaci&oacute;n o muerte, un tipo de &ldquo;realismo&rdquo; que s&oacute;lo plantea como opciones la sumisi&oacute;n o el desastre.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo escapar? No se trata de &ldquo;criticar&rdquo; la alternativa infernal como si fuese una mentira, una ilusi&oacute;n, una manipulaci&oacute;n. En el caso del virus, por ejemplo, denunciar una conspiraci&oacute;n, la fabricaci&oacute;n de un problema, etc. No es as&iacute;, la alternativa infernal es una cuesti&oacute;n muy pr&aacute;ctica que funciona concretamente, bloqueando toda alternativa, cortando las conexiones, inhibiendo el pensamiento.
    </p><p class="article-text">
        De la alternativa infernal s&oacute;lo puede salirse &ldquo;por el medio&rdquo;, a trav&eacute;s de la apertura de &ldquo;trayectos de aprendizaje&rdquo; donde nos hacemos capaces de pensar y sentir de otro modo, de abrir e inventar una posibilidad in&eacute;dita. Una descripci&oacute;n de la situaci&oacute;n que nos requiera, no como v&iacute;ctimas o espectadores paralizados por el terror, sino como sujetos capaces de aprender algo nuevo y actuar. Inventar lo que era inconcebible, maneras de escapar por la tangente de los chantajes que nos convierten en rehenes. Como hicieron en su d&iacute;a, por ejemplo, los enfermos de SIDA atrapados en la alternativa infernal entre un poder m&eacute;dico que los negaba como sujetos y la muerte segura.
    </p><p class="article-text">
        Una tangente entre confinamiento vertical-policial o colapso de la sanidad p&uacute;blica, entre vuelta a la normalidad o empobrecimiento general, entre paranoia o irresponsabilidad en el cuidado, etc. Esas tangentes no son nunca simplemente cr&iacute;ticas, sino pragm&aacute;ticas, experimentales, concretas, arriesgadas. S&iacute; arriesgadas, porque no hay que olvidar que los l&iacute;mites de la alternativa infernal est&aacute;n fijados en nosotros por el terror.
    </p><p class="article-text">
        El terror, como forma de gobierno, est&aacute; profundamente inscrito en la cultura occidental, seg&uacute;n analiza el pensador argentino Le&oacute;n Rozitchner. En la primera inserci&oacute;n en el mundo de la psique a trav&eacute;s de amenaza de castraci&oacute;n del Edipo, en la violencia expropiadora que est&aacute; siempre detr&aacute;s de la econom&iacute;a capitalista, en la guerra como recurso de la pol&iacute;tica cuando los de abajo desaf&iacute;an abiertamente el poder (golpe de Estado)&hellip;
    </p><p class="article-text">
        El terror penetra en los cuerpos, rompe los v&iacute;nculos, inhibe las pulsiones colectivas de resistencia, nos disuade <em>f&iacute;sicamente</em><em>.</em> Desplazar esos l&iacute;mites, librarse de la marca del terror en nuestra carne y nuestro pensamiento, implica en primer lugar un atravesamiento de la angustia, una reactivaci&oacute;n del cuerpo singular y colectivo. Hacer de la interdependencia una fuerza, de la incertidumbre una potencia, del agujero un pasaje.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Referencias saqueadas:</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>El discurso de la guerra</em><em>,</em> Andr&eacute; Glucksmann, Anagrama, 1969
    </p><p class="article-text">
        <em>Los Maestros Pensadores</em><em>,</em> Andr&eacute; Glucksmann, Anagrama, 1978
    </p><p class="article-text">
        <em>El cibermundo o la pol&iacute;tica de lo peor</em><em>,</em> Paul Virilio, C&aacute;tedra, 1997
    </p><p class="article-text">
        <em>Per&oacute;n, entre la sangre y el tiempo</em><em>,</em> Le&oacute;n Rozitchner, Biblioteca Nacional, 2015
    </p><p class="article-text">
        <em>La brujer&iacute;a capitalista </em><em>,</em> Isabelle Stengers y Philippe Pignarre, Hekht, 2018
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amador Fernández-Savater]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/obediencia-coronavirus-apocalipsis-disuasion_132_6046123.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 29 May 2020 19:37:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Obediencia o apocalipsis: la estrategia de la disuasión]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Covid-19,Desobediencia civil]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vivencia y experiencia en la crisis del coronavirus]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/vivencia-experiencia-coronavirus_132_1214737.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/31e579cd-952c-4b14-9285-6ffa6749f892_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vivencia y experiencia en la crisis del coronavirus"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Todo el mundo está pensando e inventando estos días, aunque sólo circule como pensamiento lo que escriben los filósofos de renombre.</p></div><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">Estos días sentimos claramente el "fracaso" del pensamiento que no se da tiempo para escuchar, que no se afecta de la situación: sólo es capaz de afirmar posiciones previas.<br/><br/>Pero hay otros usos del pensamiento: servirnos de él para refinar e intensificar nuestra capacidad de escucha y atención, buscar en él no tanto respuestas como vías para formular mejor una pregunta. La pregunta de qué (nos) está pasando.<br/><br/>Intento más abajo eso mismo con el pensamiento del argentino Ignacio Lewkowicz, ayudarme de él para preguntar por el tipo de experiencia que estamos haciendo en la crisis del coronavirus, qué significa "hacer experiencia" y en qué podría consistir una experiencia colectiva, "política", de esto.<br/><br/>No el pensamiento como explicación, sino como llamada de atención: a ver y pensar mejor cierto "envés" de nuestra experiencia actual, todo lo que no encaja en las normas y los relatos impuestos, que es el humus donde podría cocinarse tal vez una politización inaudita.<br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Un amigo por Whatsapp durante una conversaci&oacute;n matutina: &ldquo;esto es lo m&aacute;s profundo colectivamente que nos ha pasado en varias generaciones&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Intercambiamos algunos mensajes m&aacute;s a partir de esta afirmaci&oacute;n. Yo interrogo la noci&oacute;n de experiencia: &iquest;es lo que nos pasa o algo m&aacute;s? Y tambi&eacute;n la cuesti&oacute;n de lo colectivo: &iquest;es lo que nos pasa a todos a la vez u otra cosa?
    </p><p class="article-text">
        <em>La respuesta queda en el aire, como tantas cosas hoy. Mi amigo J. tiene que atender a su madre mayor en casa. Yo, con menos obligaciones, decido aprovechar el tiempo suspendido para seguir derivando sobre las preguntas que se nos han abierto juntos.</em>
    </p><p class="article-text">
        Recurro a otro amigo, uno de esos a los que no conoces m&aacute;s que a trav&eacute;s de los libros pero que a veces hacen m&aacute;s compa&ntilde;&iacute;a que tantos vivos cercanos: el pensador argentino Ignacio Lewkowicz. Busco en &eacute;l no tanto respuestas como buenos t&eacute;rminos para plantear la pregunta, mejores herramientas para escuchar y atender la realidad. Me suena que Ignacio tiene cosas sobre esta cuesti&oacute;n, rebusco por la biblioteca y doy con ello.
    </p><p class="article-text">
        En el librito<em> Del fragmento a la situaci&oacute;n</em>, que Ignacio escribi&oacute; con Mariana Cantarelli y el Grupo Doce, se puede leer que &ldquo;tener una experiencia es hacer algo con lo que te hace&rdquo;. Habr&iacute;a entonces una distinci&oacute;n entre, digamos, vivencia y experiencia. Una diferencia seguramente con su punto de abstracci&oacute;n, porque en la realidad est&aacute; todo m&aacute;s mezclado, pero que puede ayudarnos a pensar y refinar la percepci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Vivencia es lo que nos pasa, la huella o el reflejo en nosotros de lo que pasa. Vivencia colectiva es aquello que nos pasa a todos juntos o a la vez. Pero una experiencia ser&iacute;a distinto: no s&oacute;lo una huella o reflejo, sino una marca que inscribimos nosotros, como un tatuaje, a partir de eso que pasa y no elegimos ni escogemos. Producir esa marca a trav&eacute;s de alg&uacute;n tipo de &ldquo;nosotros&rdquo; ser&iacute;a una experiencia colectiva.
    </p><p class="article-text">
        Esta situaci&oacute;n de crisis por el coronavirus, &iquest;es pues una vivencia o una experiencia? Es decir, &iquest;somos contempor&aacute;neos de algo o estamos &ldquo;haciendo algo a partir de lo que nos hace&rdquo;? &iquest;Es una situaci&oacute;n que padecemos o una situaci&oacute;n que logramos elaborar con sentidos propios, habitar?
    </p><p class="article-text">
        <em>Hasta las 11.00 no bajo al mercado de barrio -siempre vac&iacute;o, al rev&eacute;s del supermercado, &iquest;por qu&eacute;?-, as&iacute; que prosigo un rato m&aacute;s pensando con Lewkowicz.</em>
    </p><p class="article-text">
        Encuentro en el mismo libro otro juego conceptual que puede ayudarnos a precisar m&aacute;s a&uacute;n la pregunta: la distinci&oacute;n entre &ldquo;subjetividad instituida&rdquo;, &ldquo;env&eacute;s subjetivo&rdquo; y &ldquo;subjetivaci&oacute;n&rdquo;, tomando la subjetividad en su sentido m&aacute;s general y sencillo: maneras de ver, de vivir, de actuar, de sentir y de pensar.
    </p><p class="article-text">
        La subjetividad instituida es la serie de operaciones que debemos hacer para formar parte de una cierta l&oacute;gica, la serie de comportamientos obligados para adaptarnos a una situaci&oacute;n. <em>Subjetividad instituida = adecuaci&oacute;n.</em>
    </p><p class="article-text">
        El env&eacute;s subjetivo es la distancia, el hueco o el agujero que se abre entre la norma y nosotros: dudas, malestares, preguntas, todo aquello que en nosotros no encaja, no cierra perfectamente y de alguna manera no se deja gobernar. La subjetividad instituida no es total, ni acabada o perfecta, siempre tiene un &ldquo;resto&rdquo;.<em> Env&eacute;s subjetivo = inadecuaci&oacute;n.</em>
    </p><p class="article-text">
        La subjetivaci&oacute;n es equivalente a lo que antes nombr&aacute;bamos como &ldquo;hacer experiencia&rdquo;: una reapropiaci&oacute;n subjetiva de un dato objetivo; no solamente sufrir lo que pasa, sino cambiar la manera de relacionarnos con ello. Es un exceso, un plus, un desborde de la subjetividad instituida. La subjetivaci&oacute;n abre un tiempo-espacio distinto al obligado, inventa otros recorridos, abre otros posibles. <em>Subjetivaci&oacute;n = transformaci&oacute;n.</em>
    </p><p class="article-text">
        La subjetivaci&oacute;n colectiva es un proceso de transformaci&oacute;n de la situaci&oacute;n objetiva -dada, inalterable, cerrada- en situaci&oacute;n habitable, modificable, resignificable. A trav&eacute;s de la aparici&oacute;n de un &ldquo;nosotros&rdquo;, un espacio abierto de participaci&oacute;n, una cierta comunidad. El nosotros de una &ldquo;generaci&oacute;n&rdquo;, dicen Lewkowicz y el resto de los amigos de pensar. Luego volvemos sobre esto.
    </p><p class="article-text">
        <em>Conversaci&oacute;n con mi madre y con amigos: mi madre, sujeto de alto riesgo en zona de alta riesgo, est&aacute; tranquila y serena; los amigos, a los que el peligro no ha tocado a&uacute;n, andan muy nerviosos en general. Reparto consejos de impasibilidad estoica como si fuera Marco Aurelio -vivir el presente sin proyecciones, preocuparnos s&oacute;lo de lo que est&aacute; en nuestra mano, trabajar sobre nuestra propia interpretaci&oacute;n de lo que pasa-, pero en realidad la procesi&oacute;n va por dentro.</em>
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;estamos ante una experiencia colectiva? Leo en la prensa (hay tiempo hasta para leer <em>El Pa&iacute;s</em>&hellip;) a dos intelectuales hablar al respecto.
    </p><p class="article-text">
        El escritor Antonio Scurati <a href="https://www.google.com/url?sa=t&amp;rct=j&amp;q=&amp;esrc=s&amp;source=web&amp;cd=2&amp;cad=rja&amp;uact=8&amp;ved=2ahUKEwjD8buN0cfoAhVmAmMBHRmCD80QFjABegQIBBAB&amp;url=https%3A%2F%2Felpais.com%2Felpais%2F2020%2F03%2F23%2Fopinion%2F1584984083_134465.html&amp;usg=AOvVaw0e7107VRuXr5oXc6s-c5Ua" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dice que s&iacute;</a>, que de hecho es la primera experiencia colectiva de los nacidos a principios de los a&ntilde;os 70, la primera vez que pueden experimentar el sentimiento de pertenencia a un destino com&uacute;n. Sin embargo, acaba su art&iacute;culo celebrando &ldquo;la decisi&oacute;n pol&iacute;tica que ha transformado Italia entera en una zona roja contra la arbitrariedad de las personas, su p&aacute;nico e irresponsabilidad&rdquo;. No parece muy claro de qu&eacute; &ldquo;comunidad pol&iacute;tica&rdquo; se trata entonces, &iquest;simplemente la de asentir pasivamente a la decisi&oacute;n de un gobierno (sea acertada o no)? &iquest;La experiencia de la obediencia, la comunidad de los obedientes? No me parece muy convincente.
    </p><p class="article-text">
        El ensayista Byung Chul-Han <a href="https://www.google.com/url?sa=t&amp;rct=j&amp;q=&amp;esrc=s&amp;source=web&amp;cd=1&amp;cad=rja&amp;uact=8&amp;ved=2ahUKEwjcx9-r0cfoAhUJkxQKHYKfCM8QFjAAegQIARAB&amp;url=https%3A%2F%2Felpais.com%2Fideas%2F2020-03-21%2Fla-emergencia-viral-y-el-mundo-de-manana-byung-chul-han-el-filosofo-surcoreano-que-piensa-desde-berlin.html&amp;usg=AOvVaw2YYdhkgx4GHEizT--Zdf3g" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dice que no</a>, porque la situaci&oacute;n que vivimos &ldquo;nos aisla e individualiza. No genera ning&uacute;n sentido colectivo fuerte. De alguna manera, cada uno se preocupa s&oacute;lo de su propia supervivencia. La solidaridad consistente en guardar distancias no es una solidaridad que permita so&ntilde;ar con una sociedad distinta, m&aacute;s pac&iacute;fica, m&aacute;s justa&rdquo;. Han parece pensar que la situaci&oacute;n objetiva no permite ning&uacute;n tipo de apropiaci&oacute;n subjetiva o de transformaci&oacute;n, es una pura determinaci&oacute;n y en ning&uacute;n caso una condici&oacute;n que permita la acci&oacute;n. Tampoco me convence.
    </p><p class="article-text">
        Yo por mi parte dir&iacute;a: <em>no se sabe</em>. Estamos en un proceso abierto que se trata de escuchar y en el que se puede intervenir.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo que me parece seguro es que la zona del &ldquo;env&eacute;s subjetivo&rdquo; est&aacute; hoy muy poblada. Y es justo ah&iacute; donde puede nacer el imprevisto pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        <em>Un poco de ejercicio, limpieza, lectura&hellip; &iexcl;No voy a derrumbarme por pasar unas semanas encerrado en una casa equipada con todo el confort moderno! Pienso en historias inspiradoras que me den &aacute;nimo, valor y ejemplo. &iexcl;Gramsci en la c&aacute;rcel! La lectura y la escritura como forma de vida, como forma de habitar creativamente el tiempo suspendido, como disciplina de la atenci&oacute;n. Contra la dispersi&oacute;n, el des&aacute;nimo, la entrop&iacute;a...</em>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;En qu&eacute; sentido decimos que el env&eacute;s subjetivo es hoy una zona muy poblada?
    </p><p class="article-text">
        Las medidas de excepci&oacute;n decretadas suponen una interrupci&oacute;n radical del sentido de la vida cotidiana: el trabajo, los ni&ntilde;os, los v&iacute;nculos, las log&iacute;sticas cotidianas, los cuidados, la movilidad&hellip; Nos vemos enfrentados abruptamente a mil situaciones nuevas. Es posible intentar seguir una serie de instrucciones y realizar las operaciones que nos permiten adecuarnos a la situaci&oacute;n, pero en realidad por todas partes se abren dudas, problemas, preguntas, fisuras. <em>No encajamos.</em> Las singularidades de las formas de vida -condiciones, contextos, inclinaciones- no encajan en la norma universal homog&eacute;nea decretada. En cada una de esas preguntas y dudas que se abren -&iquest;c&oacute;mo ocuparme de los m&iacute;os? &iquest;C&oacute;mo no perder la cabeza? &iquest;C&oacute;mo entender aut&oacute;nomamente lo que pasa? &iquest;C&oacute;mo hacer algo al respecto?- se decide una forma de vida, se vislumbra un mundo. Lo &iacute;nfimo es de nuevo lo m&aacute;s pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Un ejemplo entre un mill&oacute;n. Amigas madres, amigos padres y educadores con los que hablo estos d&iacute;as me transmiten esta pregunta: &iquest;qu&eacute; hacer con los ni&ntilde;os en casa? &iquest;C&oacute;mo no llenarles simplemente el tiempo vac&iacute;o? &iquest;C&oacute;mo explicarles lo que ocurre y darle un sentido? Es posible &ldquo;comprar&rdquo; las respuestas <em>pr&ecirc;t-a-porter</em> -una lista infinita de tareas o deberes online, el relato de guerra contra el virus malvado que ha desplegado el gobierno-, pero tal vez ni siquiera podamos<em> costear</em> esa opci&oacute;n o simplemente no nos convenza. &iquest;Entonces? Hay que pensar e inventar, porque lo dado no alcanza. Todo el mundo est&aacute; pensando e inventando hoy, aunque lo que m&aacute;s circule como &ldquo;pensamiento&rdquo; sean los art&iacute;culos de opini&oacute;n asociados a nombres conocidos.
    </p><p class="article-text">
        Preguntas, agujeros, fisuras: el &ldquo;env&eacute;s subjetivo&rdquo; est&aacute; hoy m&aacute;s lleno que nunca. Ni siquiera la <em>obediencia</em> es obvia estos d&iacute;as. No obedecemos s&oacute;lo porque lo mande el gobierno o la polic&iacute;a, sino que hemos escuchado tambi&eacute;n el <em>llamamiento </em>de los trabajadores sanitarios a quedarnos en casa para no multiplicar el contagio, no poner en peligro el sistema de salud y la atenci&oacute;n a los m&aacute;s vulnerables. Sin duda los trabajadores sanitarios son estos d&iacute;as el polo de identificaci&oacute;n sensible m&aacute;s fuerte, la voz m&aacute;s cre&iacute;ble, seguramente porque est&aacute;n poniendo el cuerpo al extremo, con la vida al descubierto.
    </p><p class="article-text">
        La subjetividad instituida vacila. La zona de inadecuaci&oacute;n se ampl&iacute;a. En el env&eacute;s bullen no s&oacute;lo los malestares, sino tambi&eacute;n mil pr&aacute;cticas -abiertas o clandestinas, grandes o min&uacute;sculas- que &ldquo;hacen con lo que nos hace&rdquo;: pr&aacute;cticas de cuidado, de apoyo mutuo, de autoorganizaci&oacute;n, de supervivencia, etc. En ese env&eacute;s est&aacute; el humus de una posible subjetivaci&oacute;n colectiva o de una &ldquo;politizaci&oacute;n&rdquo; de la crisis, si se quiere hablar otro lenguaje. Como el 13M de 2004 se &ldquo;politiz&oacute;&rdquo; la situaci&oacute;n creada por la gesti&oacute;n mentirosa que hizo el PP del atentado de Atocha, como el 15M de 2011 se &ldquo;politiz&oacute;&rdquo; la situaci&oacute;n creada por la gesti&oacute;n neoliberal de la crisis econ&oacute;mica por el PSOE: desafiando y desbordando los sentidos establecidos, transformando las maneras de ver y sentir, alterando los nombres y las descripciones propuestas desde arriba (&ldquo;&iquest;Qui&eacute;n ha sido? Queremos la verdad&rdquo;, &ldquo;No es una crisis, es una estafa&rdquo;, etc.)
    </p><p class="article-text">
        <em>Oigo gritos en la calle y me asomo, alguien reprende a un caminante desde un balc&oacute;n. Se arma una peque&ntilde;a gresca fea. &iquest;Son a su modo los &ldquo;polic&iacute;as de los balcones&rdquo; un proceso de subjetivaci&oacute;n aunque sea &ldquo;oscuro&rdquo;? No lo creo. M&aacute;s bien me parecen la cara B del relato de guerra que se ha empe&ntilde;ado en desplegar el Gobierno del PSOE, una especie de plus subjetivo al discurso de movilizaci&oacute;n total contra el virus (ojo con los desertores, con los malos soldados...). No veo dudas, no veo preguntas, no veo env&eacute;s subjetivo, no veo invenci&oacute;n.</em>
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo la cuesti&oacute;n generacional. Seg&uacute;n Lewkowicz, una generaci&oacute;n no es una cuesti&oacute;n cronol&oacute;gica, sino un <em>nosotros</em> que se crea a partir de un problema. Que se apropia de un dato objetivo y lo convierte en una situaci&oacute;n habitable: alterable, resignificable, modificable. Un nosotros, es decir, no un p&uacute;blico de votantes, de espectadores o de consumidores, sino una fuerza colectiva, una superficie sensible, una nueva piel. Un nosotros que no preexiste a sus operaciones, sino que se configura a trav&eacute;s de ellas. Y que puede incluir por tanto, quiz&aacute; parad&oacute;jicamente, a gente de distintas edades. A cualquiera que se sienta interpelado por esa apropiaci&oacute;n, por esa creaci&oacute;n de experiencia.
    </p><p class="article-text">
        Scurati piensa la generaci&oacute;n como una especie de padecimiento colectivo de una &ldquo;buena decisi&oacute;n&rdquo;, la gesti&oacute;n del gobierno italiano frente a la &ldquo;irresponsabilidad de la gente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Han piensa que ning&uacute;n nosotros puede surgir de aqu&iacute;, porque la situaci&oacute;n que vivimos est&aacute; cerrada, clausurada. No hay modo de &ldquo;hacer experiencia&rdquo; en ella. S&oacute;lo cabe la obediencia: aislamiento y pasividad.
    </p><p class="article-text">
        Habitar la situaci&oacute;n ser&iacute;a por el contrario producir un exceso: una creaci&oacute;n de sentido m&aacute;s all&aacute; de los sentidos impuestos (el relato de la guerra contra el virus, por ejemplo). Un sentido que no es s&oacute;lo &ldquo;significado discursivo&rdquo;, sino que arraiga en <em>lo sentido</em>, en los sentidos. Esa creaci&oacute;n de sentido es imprevisible, no se puede anticipar. No se puede conocer de antemano su contenido, la naturaleza de sus preguntas, sus modos de organizaci&oacute;n, sus estrategias y objetivos. El proceso de subjetivaci&oacute;n es siempre una sorpresa. Podemos, eso s&iacute;, <a href="https://www.google.com/url?sa=t&amp;rct=j&amp;q=&amp;esrc=s&amp;source=web&amp;cd=3&amp;cad=rja&amp;uact=8&amp;ved=2ahUKEwimsJ7M0cfoAhWyBGMBHX7gAAUQFjACegQIAxAB&amp;url=https%3A%2F%2Fwww.eldiario.es%2Finterferencias%2Fpensamento_critico_6_998160175.html&amp;usg=AOvVaw2T0HhfB5WhVsEoBw-aoq6D" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no limitarnos a denunciar al poder y sus abusos</a>, sino estar tambi&eacute;n a la escucha y atentos a ese <em>env&eacute;s</em> de la experiencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amador Fernández-Savater]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/vivencia-experiencia-coronavirus_132_1214737.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Apr 2020 20:01:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Vivencia y experiencia en la crisis del coronavirus]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Causalidad de la pandemia, cualidad de la catástrofe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/causalidad-pandemia-cualidad-catastrofe_132_1103363.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8d531208-dddf-4729-ba0d-5b8ad4fd6857_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Causalidad de la pandemia, cualidad de la catástrofe"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El principal peligro que enfrentamos es considerar al nuevo coronavirus como un fenómeno aislado, sin historia, sin contexto social, económico, cultural.</p></div><p class="article-text">
        <strong>1.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En octubre de 2016 los lechones de las granjas de la provincia de Guangdong, en el sur de China, comenzaron a enfermar con el virus de la diarrea epid&eacute;mica porcina (PEDV), un coronavirus que afecta a las c&eacute;lulas que recubren el intestino delgado de los cerdos. Cuatro meses despu&eacute;s, sin embargo, los lechones dejaron de dar positivo por PEDV, pese a que segu&iacute;an enfermando y muriendo. Tal y como confirm&oacute; la investigaci&oacute;n, se trataba de un tipo de enfermedad nunca visto antes y al que se bautiz&oacute; como S&iacute;ndrome de Diarrea Aguda Porcina (SADS-CoV), provocada por un nuevo coronavirus que mat&oacute; a 24.000 lechones hasta mayo de 2017, precisamente en la misma regi&oacute;n en la que trece a&ntilde;os antes se hab&iacute;a desatado el brote de neumon&iacute;a at&iacute;pica conocida como &ldquo;SARS&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En enero de 2017, en pleno desarrollo de la epidemia porcina que asolaba a la regi&oacute;n de Guangdong, varios investigadores en virolog&iacute;a de Estados Unidos publicaban un estudio en la revista cient&iacute;fica &ldquo;Virus Evolution&rdquo; que se&ntilde;alaba a los murci&eacute;lagos como la mayor reserva animal de coronavirus en el mundo. Las conclusiones de la investigaci&oacute;n desarrollada en China acerca de la epidemia de Guangdong coincidieron con el estudio estadounidense: el origen del contagio se localiz&oacute;, precisamente, en la poblaci&oacute;n de murci&eacute;lagos de la regi&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo una epidemia porcina hab&iacute;a podido ser desatada por los murci&eacute;lagos? &iquest;Qu&eacute; tienen que ver los cerdos con estos peque&ntilde;os animales alados? La respuesta lleg&oacute; un a&ntilde;o m&aacute;s tarde, cuando un grupo de investigadores e investigadoras chinas public&oacute; un informe en la revista <em>Nature</em> en el que, adem&aacute;s de se&ntilde;alar a su pa&iacute;s como un foco destacado de la aparici&oacute;n de nuevos virus y enfatizar la alta posibilidad de su transmisi&oacute;n a los seres humanos, apuntaban que el incremento de las macrogranjas de ganado hab&iacute;a alterado los nichos de vida de los murci&eacute;lagos. Adem&aacute;s, el estudio puso de manifiesto que la ganader&iacute;a industrial intensiva ha incrementado las posibilidades de contacto entre la fauna salvaje y el ganado, disparando el riesgo de transmisi&oacute;n de enfermedades originadas por animales salvajes cuyos h&aacute;bitats se est&aacute;n viendo dram&aacute;ticamente afectados por la deforestaci&oacute;n. Entre los autores de este estudio figura Zhengli Shi, investigadora principal del Instituto de Virolog&iacute;a de Wuhan, la ciudad en la que se ha originado el actual COVID-19, cuya cepa es id&eacute;ntica en un 96% al tipo de coronavirus encontrado en murci&eacute;lagos a trav&eacute;s del an&aacute;lisis gen&eacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>2.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En 2004, la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS), la Organizaci&oacute;n Mundial de Sanidad Animal (OIE) y la Organizaci&oacute;n de las Naciones Unidas para la Alimentaci&oacute;n y la Agricultura, m&aacute;s conocida como FAO por sus siglas en ingl&eacute;s, se&ntilde;alaron el incremento de la demanda de prote&iacute;na animal y la intensificaci&oacute;n de su producci&oacute;n industrial como principales causas de la aparici&oacute;n y propagaci&oacute;n de nuevas enfermedades zoon&oacute;ticas desconocidas, es decir, de nuevas patolog&iacute;as transmitidas por animales a los seres humanos. Dos a&ntilde;os antes, la organizaci&oacute;n por el bienestar de los animales Compassion in World Farming hab&iacute;a publicado un interesante informe al respecto. Para su elaboraci&oacute;n, la entidad brit&aacute;nica utiliz&oacute; datos del Banco Mundial y de la ONU sobre industria ganadera que fueron cruzados con informes acerca de las enfermedades transmitidas a trav&eacute;s del ciclo mundial de producci&oacute;n de alimentos. El estudio concluy&oacute; que la llamada &ldquo;revoluci&oacute;n ganadera&rdquo;, es decir, la imposici&oacute;n del modelo industrial de la ganader&iacute;a intensiva ligado a las macrogranjas, estaba generando un incremento global de las infecciones resistentes a los antibi&oacute;ticos, as&iacute; como arruinando a los peque&ntilde;os granjeros locales y promoviendo el crecimiento de las enfermedades transmitidas a trav&eacute;s de los alimentos de origen animal.
    </p><p class="article-text">
        En 2005, expertos de la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud, la Organizaci&oacute;n Mundial de Sanidad Animal, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos y el Consejo Nacional del Cerdo de dicho pa&iacute;s elaboraron un estudio en el que trazaron la historia de la producci&oacute;n ganadera desde el tradicional modelo de peque&ntilde;as granjas familiares hasta la imposici&oacute;n de las macro-granjas de confinamiento industrial. Entre sus conclusiones, el informe se&ntilde;al&oacute; como uno de los mayores impactos del nuevo modelo de producci&oacute;n agr&iacute;cola su incidencia en la amplificaci&oacute;n y mutaci&oacute;n de pat&oacute;genos, as&iacute; como el riesgo creciente de diseminaci&oacute;n de enfermedades. Adem&aacute;s, el estudio apuntaba que la desaparici&oacute;n de los modos tradicionales de ganader&iacute;a en favor de los sistemas intensivos se estaba produciendo a raz&oacute;n de un 4% anual, sobre todo en Asia, &Aacute;frica y Sudam&eacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de los datos y las llamadas de atenci&oacute;n, nada se ha hecho para frenar el desarrollo de la ganader&iacute;a industrial intensiva. En la actualidad China y Australia concentran el mayor n&uacute;mero de macrogranjas del mundo. En el gigante asi&aacute;tico la poblaci&oacute;n de ganado pr&aacute;cticamente se triplic&oacute; entre 1980 y 2010. China es el productor ganadero m&aacute;s importante del mundo, concentrando en su territorio el mayor n&uacute;mero de <em>&ldquo;landless systems&rdquo;</em> (sistemas sin tierra), macroexplotaciones ganaderas en las que se hacinan miles de animales en espacios cerrados. En 1980 solamente un 2,5% del ganado existente en China se criaba en este tipo de granjas, mientras que en 2010 ya abarcaba al 56%.
    </p><p class="article-text">
        Como nos recuerda Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo de Acci&oacute;n sobre Erosi&oacute;n, Tecnolog&iacute;a y Concentraci&oacute;n (ETC), una organizaci&oacute;n internacional enfocada en la defensa de la diversidad cultural y ecol&oacute;gica y de los derechos humanos, China es la maquila del mundo. La crisis desatada por la actual pandemia provocada por el COVID-19 no hace m&aacute;s que desnudar su papel en la econom&iacute;a global, particularmente en la producci&oacute;n industrial de alimentos y en el desarrollo de la ganader&iacute;a intensiva. S&oacute;lo la Mudanjiang City Mega Farm, una macrogranja situada en el noreste de China que alberga a cien mil vacas cuya carne y leche se destinan al mercado ruso, es cincuenta veces m&aacute;s grande que la mayor granja de vacuno de la Uni&oacute;n Europea.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Las epidemias son producto de la urbanizaci&oacute;n. Cuando hace alrededor de cinco mil a&ntilde;os los seres humanos comenzaron a agruparse en ciudades con densidad poblacional, las infecciones lograron afectar simult&aacute;neamente a grandes cantidades de personas y sus efectos mortales se multiplicaron. El peligro de pandemias como la que nos afecta en la actualidad surgi&oacute; cuando el proceso de urbanizaci&oacute;n de la poblaci&oacute;n se hizo global. Si aplicamos este razonamiento a la evoluci&oacute;n de la producci&oacute;n ganadera en el mundo las conclusiones son realmente inquietantes. En el espacio de cincuenta a&ntilde;os la ganader&iacute;a industrial ha &ldquo;urbanizado&rdquo; una poblaci&oacute;n animal que previamente se distribu&iacute;a entre peque&ntilde;as y medianas granjas familiares. Las condiciones de hacinamiento de dicha poblaci&oacute;n en macro-granjas convierten a cada animal en una suerte de potencial laboratorio de mutaciones v&iacute;ricas susceptible de provocar nuevas enfermedades y epidemias. Esta situaci&oacute;n es todav&iacute;a m&aacute;s inquietante si consideramos que la poblaci&oacute;n global de ganado es casi tres veces m&aacute;s grande que la de seres humanos. En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, algunos de los brotes v&iacute;ricos con mayor impacto se han producido por infecciones que, cruzando la barrera de las especies, han tenido su origen en las explotaciones intensivas de ganader&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Michael Greger, investigador estadounidense en salud p&uacute;blica y autor del libro <em>Bird Flu: A virus of our own hachting</em> (Gripe aviar: un virus de nuestra propia incubaci&oacute;n), explica que antes de la domesticaci&oacute;n de p&aacute;jaros hace unos 2.500 a&ntilde;os, la gripe humana seguramente no exist&iacute;a. Del mismo modo, antes de la domesticaci&oacute;n del ganado no se tiene constancia de la existencia del sarampi&oacute;n, la viruela y otras infecciones que han afectado a la humanidad desde que aparecieron en corrales y establos en torno al a&ntilde;o 8.000 antes de nuestra era. Una vez que las enfermedades saltan la barrera entre especies pueden difundirse entre la poblaci&oacute;n humana provocando tr&aacute;gicas consecuencias, como la pandemia desatada por un virus de gripe aviar en 1918 y que tan s&oacute;lo en un a&ntilde;o acab&oacute; con la vida de entre 20 y 40 millones de personas.
    </p><p class="article-text">
        Como explica el doctor Greger, las condiciones de insalubridad en las atestadas trincheras durante la Primera Guerra Mundial no s&oacute;lo figuran entre las variables que causaron una r&aacute;pida propagaci&oacute;n de la enfermedad en 1918, sino que est&aacute;n siendo replicadas hoy en d&iacute;a en muchas de las explotaciones ganaderas que se han multiplicado en los &uacute;ltimos veinte a&ntilde;os con el desarrollo de la ganader&iacute;a industrial intensiva. Billones de pollos, por ejemplo, son criados en estas macrogranjas que funcionan como espacios de hacinamiento susceptibles de generar una tormenta perfecta de car&aacute;cter v&iacute;rico. Desde que la ganader&iacute;a industrial se ha impuesto en el mundo, los anuales de medicina est&aacute;n recogiendo enfermedades antes desconocidas a un ritmo ins&oacute;lito: en los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os se han identificado m&aacute;s de treinta nuevos pat&oacute;genos humanos, la mayor&iacute;a de ellos virus zoon&oacute;ticos in&eacute;ditos como el actual COVID-19.
    </p><p class="article-text">
        <strong>4.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El bi&oacute;logo Robert G. Wallace public&oacute; en 2016 un libro importante para trazar la conexi&oacute;n entre las pautas de la producci&oacute;n agropecuaria capitalista y la etiolog&iacute;a de las epidemias que se han desatado en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas: <em>Big Farms Make Big Flu </em>(Las macrogranjas producen macrogripe). Hace unos d&iacute;as, Wallace concedi&oacute; una entrevista a la revista alemana Marx21 en la que enfatiza una idea clave: focalizar la acci&oacute;n contra el COVID-19 en el despliegue de medidas de emergencia que no combatan las causas estructurales de la pandemia constituye un error de consecuencias dram&aacute;ticas. El principal peligro que enfrentamos es considerar al nuevo coronavirus como un fen&oacute;meno aislado.
    </p><p class="article-text">
        Tal y como explica el bi&oacute;logo estadounidense, el incremento de los incidentes v&iacute;ricos en nuestro siglo, as&iacute; como el aumento de su peligrosidad, se ligan directamente con las estrategias de negocio de las corporaciones agropecuarias, responsables de la producci&oacute;n industrial intensiva de prote&iacute;na animal. Estas corporaciones est&aacute;n tan preocupas por el beneficio econ&oacute;mico que asumen como un riesgo rentable la generaci&oacute;n y propagaci&oacute;n de nuevos virus, externalizando los costes epidemiol&oacute;gicos de sus operaciones a los animales, las personas, los ecosistemas locales, los gobiernos y, tal y como est&aacute; poniendo de manifiesto la actual pandemia, al propio sistema econ&oacute;mico mundial.
    </p><p class="article-text">
        Pese a que el origen exacto del COVID-19 no est&aacute; del todo claro, se&ntilde;al&aacute;ndose como posible causa del brote v&iacute;rico tanto a los cerdos de las macrogranjas como al consumo de animales salvajes, esta segunda hip&oacute;tesis no nos aleja de los efectos directos de la producci&oacute;n agropecuaria intensiva. La raz&oacute;n es sencilla: la industria ganadera es responsable de la epidemia de Gripe Porcina Africana (ASF) que asol&oacute; las granjas chinas de cerdos el pasado a&ntilde;o. Seg&uacute;n Christine McCracken, una analista en prote&iacute;na animal de la multinacional financiera holandesa Rabobank, la producci&oacute;n china de carne de cerdo podr&iacute;a haber ca&iacute;do un 50% al final del a&ntilde;o pasado. Considerando que, al menos antes de la epidemia de ASF en 2019, la mitad de los cerdos que exist&iacute;an en el mundo se criaban en China, las consecuencias para la oferta de carne porcina est&aacute;n resultando dram&aacute;ticas, particularmente en el mercado asi&aacute;tico. Es precisamente esta dr&aacute;stica disminuci&oacute;n de la oferta de carne de cerdo la que habr&iacute;a motivado un aumento de la demanda de prote&iacute;na animal proveniente de la fauna salvaje, una de las especialidades del mercado de la ciudad de Wuhan que algunos investigadores han se&ntilde;alado como el epicentro del brote de COVID-19.
    </p><p class="article-text">
        <strong>5.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Fr&eacute;d&eacute;ric Neyrat public&oacute; en 2008 el libro <a href="https://blogs.publico.es/fueradelugar/77/la-inmuno-politica-fantasea-sobre-la-posibilidad-de-una-seguridad-pura-y-absoluta" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Biopolitique des catastrophes</a> (Biopol&iacute;tica de las cat&aacute;strofes), un t&eacute;rmino con el que define un modo de gesti&oacute;n del riesgo que no pone nunca en cuesti&oacute;n sus causas econ&oacute;micas y antropol&oacute;gicas, precisamente la modalidad de comportamiento de los gobiernos, las &eacute;lites y una parte significativa de las poblaciones mundiales en relaci&oacute;n con la actual pandemia. En la propuesta anal&iacute;tica del fil&oacute;sofo franc&eacute;s, las cat&aacute;strofes implican una interrupci&oacute;n desastrosa que desborda el supuesto curso normal de la existencia. Pese a su aparente car&aacute;cter de evento, constituyen procesos en marcha que manifiestan, aqu&iacute; y ahora, los efectos de algo ya en curso. Como se&ntilde;ala el propio Neyrat, una cat&aacute;strofe siempre sale de alguna parte, ha sido preparada, tiene una historia.
    </p><p class="article-text">
        La pandemia que nos asola dibuja con eficacia su condici&oacute;n de cat&aacute;strofe, entre otras cosas, en el cruce entre epidemiolog&iacute;a y econom&iacute;a pol&iacute;tica. Su punto de partida se ancla directamente en los tr&aacute;gicos efectos de la industrializaci&oacute;n capitalista del ciclo alimenticio, particularmente de la producci&oacute;n agropecuaria. Am&eacute;n de las cualidades biol&oacute;gicas intr&iacute;nsecas al propio coronavirus, las condiciones de su propagaci&oacute;n incluyen el efecto de cuatro d&eacute;cadas de pol&iacute;ticas neoliberales que han erosionado dram&aacute;ticamente las infraestructuras sociales que ayudan a sostener la vida. En esa deriva, los sistemas p&uacute;blicos de salud se han visto particularmente golpeados.
    </p><p class="article-text">
        Desde hace d&iacute;as circulan por las redes sociales y los tel&eacute;fonos m&oacute;viles testimonios del personal sanitario que est&aacute; lidiando con la pandemia en los hospitales. Muchos de ellos coinciden en el relato de una condici&oacute;n general catastr&oacute;fica caracterizada por una dram&aacute;tica falta de recursos y de profesionales sanitarios. Como apunta Neyrat, la cat&aacute;strofe siempre posee una historicidad y se sujeta a un principio de causalidad. Desde comienzos del presente siglo, diferentes colectivos y redes ciudadanas han estado denunciando un profundo deterioro del sistema p&uacute;blico de salud que, a trav&eacute;s de una pol&iacute;tica continuada de descapitalizaci&oacute;n, ha llevado pr&aacute;cticamente al colapso de la sanidad en Espa&ntilde;a. En la Comunidad de Madrid, territorio particularmente golpeado por el COVID-19, el presupuesto per c&aacute;pita destinado al sistema sanitario se ha ido reduciendo cr&iacute;ticamente en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, al tiempo que se ha desatado un proceso creciente de privatizaci&oacute;n. Tanto la atenci&oacute;n primaria como los servicios de urgencia de la regi&oacute;n se encontraban ya saturados y con graves carencias de recursos antes de la llegada del coronavirus. El neoliberalismo y sus hacedores pol&iacute;ticos nos han sembrado tormentas que un microorganismo ha convertido en tempestad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>6.</strong>
    </p><p class="article-text">
        En medio de la pandemia habr&aacute; seguramente quien se afane en la b&uacute;squeda de un culpable, ya sea en la piel del chivo expiatorio o en el papel de villano. Se trata, seguramente, de un gesto inconsciente para ponerse a salvo: encontrar a quien atribuir la culpa tranquiliza porque desplaza la responsabilidad. Sin embargo, m&aacute;s que empe&ntilde;arnos en desenmascarar a un sujeto, resulta m&aacute;s oportuno identificar una forma de subjetivaci&oacute;n, es decir, interrogarnos acerca del modo de vida capaz de desatar estragos tan dram&aacute;ticos como los que hoy nos atraviesan la existencia. Se trata, sin duda, de una pregunta que ni nos salva ni nos reconforta y, mucho menos, nos ofrece un afuera. B&aacute;sicamente porque ese modo de vida es el nuestro.
    </p><p class="article-text">
        Un periodista se aventuraba hace unos d&iacute;as a ofrecer una respuesta acerca del origen del COVID-19: &ldquo;el coronavirus es una venganza de la naturaleza&rdquo;. En el fondo no le falta raz&oacute;n. En 1981 Margaret Thatcher dejaba una frase para la posteridad que desvelaba el sentido del proyecto del que participaba: &ldquo;la econom&iacute;a es el m&eacute;todo, el objetivo es cambiar el alma&rdquo;. La mandataria no enga&ntilde;aba a nadie. Hace tiempo que la raz&oacute;n neoliberal nos ha convertido el capitalismo en estado de naturaleza. La acci&oacute;n de un ser microsc&oacute;pico, sin embargo, no s&oacute;lo est&aacute; consiguiendo llegarnos tambi&eacute;n al alma, adem&aacute;s ha abierto una ventana por la que respiramos la evidencia de aquello que no quer&iacute;amos ver. Con cada cuerpo que toca y enferma, el virus clama porque tracemos la l&iacute;nea de continuidad entre su origen y la cualidad de un modo de vida cada vez m&aacute;s incompatible con la vida misma. En este sentido, por parad&oacute;jico que resulte, enfrentamos un pat&oacute;geno dolorosamente virtuoso. Su movilidad et&eacute;rea va poniendo al descubierto todas las violencias estructurales y las cat&aacute;strofes cotidianas all&iacute; donde se producen, es decir, por todas partes. En el imaginario colectivo comienza a calar una racionalidad de orden b&eacute;lico: estamos en guerra contra un coronavirus. Tal vez sea m&aacute;s acertado pensar que es una formaci&oacute;n social catastr&oacute;fica la que est&aacute; en guerra contra nosotros desde hace ya demasiado tiempo.
    </p><p class="article-text">
        En el curso de la pandemia, las autoridades pol&iacute;ticas y cient&iacute;ficas nos se&ntilde;alan a las personas como el agente m&aacute;s decisivo para detener el contagio. Nuestro confinamiento es entendido en estos d&iacute;as como el m&aacute;s vital ejercicio de ciudadan&iacute;a. Sin embargo, necesitamos ser capaces de llevarlo m&aacute;s lejos. Si el encierro ha congelado la normalidad de nuestras inercias y nuestros automatismos, aprovechemos el tiempo detenido para preguntarnos acerca de ellos. No hay normalidad a la que regresar cuando aquello que hab&iacute;amos normalizado ayer nos ha llevado a esto que hoy tenemos. El problema que enfrentamos no es s&oacute;lo el capitalismo en s&iacute;, es tambi&eacute;n el capitalismo en m&iacute;. Ojal&aacute; el deseo de vivir nos haga capaces de la creatividad y la determinaci&oacute;n para construir colectivamente el exorcismo que necesitamos. Eso, inevitablemente, nos toca a la gente com&uacute;n. Por la historia sabemos que los gobernantes y poderosos se afanar&aacute;n en intentar lo contrario. No dejemos que nos enfrenten, nos enemisten o nos dividan. No permitamos que, amparados una vez m&aacute;s en el lenguaje de la crisis, nos impongan la restauraci&oacute;n intacta de la estructura de la propia cat&aacute;strofe. Pese a que aparentemente el confinamiento nos ha aislado a los unos de los otros, lo estamos viviendo juntos. Tambi&eacute;n en eso el virus se muestra parad&oacute;jico: nos sit&uacute;a en un plano de relativa igualdad. De alg&uacute;n modo, rescata de nuestra desmemoria el concepto de g&eacute;nero humano y la noci&oacute;n de bien com&uacute;n. Tal vez los hilos &eacute;ticos m&aacute;s valiosos con los que comenzar a tejer un modo de vida otro y otra sensibilidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Luis Lara]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/causalidad-pandemia-cualidad-catastrofe_132_1103363.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 29 Mar 2020 18:58:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Causalidad de la pandemia, cualidad de la catástrofe]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Coronavirus,Filosofía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué es el pensamiento crítico?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/pensamento-critico_132_1002801.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/18652c9c-6f84-4c5f-961b-97e055ee19e7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué es el pensamiento crítico?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Pensar críticamente no es juzgar o denunciar, sino escuchar lo que resiste.</p></div><p class="article-text">
        Solemos asociar el pensamiento cr&iacute;tico a estas dos operaciones:
    </p><p class="article-text">
        - <em>La sospecha hacia lo dado.</em> El cr&iacute;tico no se limita ni da por buenas las apariencias, los fen&oacute;menos, lo dado. Mira por debajo, por detr&aacute;s, entre bambalinas. Y ah&iacute; descubre las fuerzas que <em>realmente</em> tiran de los hilos: el poder, el dinero, etc.
    </p><p class="article-text">
        - <em>El juicio y la denuncia.</em> El cr&iacute;tico juzga la realidad desde un modelo o ideal y se&ntilde;ala los defectos, las limitaciones, las carencias. El mundo no es lo que deber&iacute;a ser. Eval&uacute;a negativamente, pone en la picota, a caldo,<em> a parir.</em>
    </p><p class="article-text">
        La cr&iacute;tica tiene hoy un gran prestigio. No es ingenua, sino que ve por doquier las trampas de un poder omnipresente. No es conformista, muestra queja, descontento, insatisfacci&oacute;n. No es falsa o hip&oacute;crita, dice siempre la verdad de lo que piensa. No es c&oacute;mplice, toma partido. El prestigio de la cr&iacute;tica es el de la &ldquo;lucidez&rdquo; sin subterfugios, consuelos ni coartadas.
    </p><p class="article-text">
        Me parece que hay muchos problemas en este planteamiento tan reconocido y celebrado (v&eacute;ase el gran &eacute;xito de los cr&iacute;ticos en las redes sociales). La cr&iacute;tica en nuestro mundo es masiva y cotidiana, sin embargo apenas ara&ntilde;a el estado de cosas. &iquest;Por qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        Para sugerir una respuesta quisiera plantear otra idea-pr&aacute;ctica de pensamiento cr&iacute;tico, en oposici&oacute;n y alternativa a la primera. Ese pensamiento cr&iacute;tico ser&iacute;a el que describe la <em>pelea</em> que constituye la realidad. El que nos hace ver, o&iacute;r y sentir una batalla en curso. El que mira la realidad desde la orilla de lo que no se deja capturar o gobernar.
    </p><p class="article-text">
        Aterricemos este planteamiento con un ejemplo. Pensemos en internet. Hoy en d&iacute;a tiene todo el prestigio de la &ldquo;lucidez cr&iacute;tica&rdquo; afirmar hasta qu&eacute; punto est&aacute; subordinado a las l&oacute;gicas de poder y de mercado, hasta qu&eacute; punto nosotros mismos reproducimos esas l&oacute;gicas con cada uno de nuestros <em>tuits</em> y de nuestros <em>likes,</em> hasta qu&eacute; punto son ingenuos los planteamientos que ven posibilidades subversivas y emancipadoras en la red. Puede ser. Pero si esto es as&iacute; se debe a que se ha perdido -o mejor dicho<em> se va perdiendo,</em> es un proceso- una pelea, una batalla, un conflicto. Entre las distintas fuerzas que disputaban por hacer de la red una u otra cosa. El resultado que vemos hoy es contingente, provisional y arbitrario, no estaba inscrito en un origen, una fatalidad, en un <em>ser-as&iacute;</em> de la tecnolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La <em>lucidez cr&iacute;tica</em> se pone siempre al margen de esa disputa, como si ella misma no estuviese involucrada en lo que describe. Es un pensamiento exterior, no simplemente porque el cr&iacute;tico no est&eacute; implicado en la pelea, sino porque no la escucha, no recoge nada de ella, no la considera un dato relevante para pensar. Esa exterioridad del cr&iacute;tico se presenta habitualmente como &ldquo;objetividad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La lucidez cr&iacute;tica mira el mundo desde el punto de vista del poder, desde lo que el poder hace con &eacute;l. Es una mirada fetichizadora porque <em>congela</em> las cosas en la definici&oacute;n que el enemigo ofrece de ellas, a la vez deshistorizando y borrando de la vista las fuerzas que la impugnan. Una mirada de Medusa.
    </p><p class="article-text">
        La lucidez cr&iacute;tica no cambia nada porque no toca los cuerpos, sino que s&oacute;lo a&ntilde;ade &ldquo;conciencia&rdquo; a una impotencia. No describe funcionamientos o estrategias en un conflicto abierto, s&oacute;lo leyes, determinaciones, fatalidades. Nunca ve el toma y daca en la lucha infinita entre fuerzas, s&oacute;lo una &ldquo;vuelta de tuerca&rdquo; m&aacute;s en el poder eterno de la dominaci&oacute;n. La cr&iacute;tica redobla as&iacute; el punto de vista de los vencedores.
    </p><p class="article-text">
        Se discute hoy sobre la impotencia de la izquierda. Se explica por ejemplo que se debe a la ausencia de ideales y utop&iacute;as. No lo creo. Lo que hay es una desconexi&oacute;n del discurso con todo lo que lucha, todo lo que resiste, todo lo que no encaja y<em> grita.</em> Los horizontes y las alternativas vienen siempre despu&eacute;s, primero es la resistencia. La lucidez cr&iacute;tica es resabiada, determinista e impotente. Al no tener contacto con las resistencias cotidianas, se apoya en la superioridad moral, siempre est&eacute;ril y contraproducente.
    </p><p class="article-text">
        Pero no vayamos a caer en la <em>cr&iacute;tica de la cr&iacute;tica.</em> Mejor repasar brevemente, para observar su funcionamiento concreto, algunos pensamientos capaces de hacer lo que aqu&iacute; nos interesa: escuchar y hacer escuchar el fragor de la batalla.
    </p><h4 class="article-text">Con y contra el marxismo: Castoriadis y John Holloway</h4><p class="article-text">
        Los primeros provienen muy directamente de Marx. Marx y el marxismo son un fil&oacute;n important&iacute;simo de esta otra manera de entender la cr&iacute;tica. Al hacer de la historia la historia de la lucha de clases. Al emplear la dial&eacute;ctica entre contrarios como un m&eacute;todo de an&aacute;lisis. Al pensar la emancipaci&oacute;n de la clase obrera como &ldquo;su propia tarea, su propia obra&rdquo;. Al considerar la econom&iacute;a como una divisi&oacute;n conflictiva entre due&ntilde;os y despose&iacute;dos de las condiciones de producci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A d&iacute;a de hoy, cuando uno lee los an&aacute;lisis que se hacen del mundo del trabajo en t&eacute;rminos de la filosof&iacute;a jur&iacute;dico-liberal del contrato libre o el cuentito de Yuval Harari en <em>Homo deus</em> sobre el capitalismo como &ldquo;procesador de datos&rdquo;, advierte hasta qu&eacute; punto Marx est&aacute; a&uacute;n por delante de nosotros, por redescubrir y reactualizar, como un verdadero cl&aacute;sico.
    </p><p class="article-text">
        Pero este impulso de Marx y el marxismo siempre convivi&oacute; con otro: la teorizaci&oacute;n pretendidamente cient&iacute;fica. Contra ella carga el pensador greco-franc&eacute;s Cornelius Castoriadis cuando denuncia que &ldquo;la lucha de clases est&aacute; ausente de <em>El capital&rdquo;</em>. Sigamos el argumento.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Marx, la fase de la &ldquo;acumulaci&oacute;n originaria&rdquo; consiste en la expropiaci&oacute;n y privatizaci&oacute;n de los medios de producci&oacute;n. El capitalismo no es s&oacute;lo la ampliaci&oacute;n del intercambio de equivalentes (la ley del valor) a toda la sociedad, sino en primer lugar una violencia expropiadora. Nace as&iacute;, envuelta en sangre, una clase de despose&iacute;dos que s&oacute;lo puede vender su fuerza de trabajo para sobrevivir. Esa fuerza de trabajo, prosigue Marx, no es una mercanc&iacute;a como las otras, sino que al ser empleada produce m&aacute;s valor. Ese plus est&aacute; en el origen del beneficio capitalista.
    </p><p class="article-text">
        Castoriadis coincide en que la fuerza de trabajo no es una mercanc&iacute;a como las dem&aacute;s, pero por otras razones: tanto su &ldquo;valor de uso&rdquo; como su &ldquo;valor de cambio&rdquo; est&aacute;n <em>indeterminados.</em> Es decir, tanto el rendimiento efectivo que se podr&aacute; extraer de ella a lo largo de una jornada de trabajo (valor de uso) como los costes de reproducci&oacute;n que fijan el salario (valor de cambio) son el resultado de una pelea que recomienza cada d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La lucha cotidiana de los proletarios <em>co-determina</em> en un grado decisivo la configuraci&oacute;n de lo real. La historia entera del capitalismo ha dependido (y depende) de ella: la evoluci&oacute;n de la t&eacute;cnica, de los m&eacute;todos de gesti&oacute;n del trabajo, del reparto de la riqueza, de los niveles de empleo, de los derechos sociales, etc. Al abstraer la lucha para pensar mejor las regularidades o leyes del capital, nos quedamos con una visi&oacute;n unilateral que s&oacute;lo ve lo que el capital &ldquo;hace ser&rdquo; a la realidad.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l es la dificultad? Pues que la lucha no es una &ldquo;cosa&rdquo;, la resistencia obrera no se deja &ldquo;deducir&rdquo; de una hip&oacute;tesis te&oacute;rica, hay que <em>escucharla.</em> Su forma, su intensidad, su impacto, sus agentes, no se pueden presuponer. La cr&iacute;tica que nos interesa tiene <em>la vista en el o&iacute;do.</em> No s&oacute;lo abstrae o contempla (<em>theoria</em>), sino que abre bien los o&iacute;dos, activa todos los sentidos para pensar.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo Socialismo o Barbarie, el grupo donde milit&oacute; Castoriadis durante dos d&eacute;cadas, invent&oacute; procedimientos concretos de escucha (encuesta obrera, etc.) a trav&eacute;s de los cuales percibieron que la resistencia proletaria no s&oacute;lo se expresaba como un conflicto expl&iacute;cito por el salario a trav&eacute;s de organizaciones formales como los sindicatos, sino tambi&eacute;n de luchas informales y cotidianas (sabotaje, chapuza, interrupci&oacute;n de la cadena de montaje) mediante las cuales se cuestionaban asimismo las <em>condiciones</em> de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        En un sentido parecido a Castoriadis, John Holloway habla del car&aacute;cter <em>dual</em> del trabajo en el capitalismo: como <em>trabajo abstracto,</em> indiferenciado y general, trabajo para hacer dinero; como <em>hacer concreto,</em> con su propio tiempo, su propio proceso, sus propios fines. Entre ambos no hay identidad o subordinaci&oacute;n completa, sino tensi&oacute;n, conflicto, antagonismo.
    </p><p class="article-text">
        Hay una captura del hacer concreto en el trabajo abstracto: intensificar la productividad, precarizar las condiciones, acelerar los ritmos. Pero la determinaci&oacute;n nunca es total: <em>hay pelea.</em> El hacer concreto busca defender su temporalidad, su car&aacute;cter cualitativo, sus propios objetivos: &ldquo;hacer las cosas bien&rdquo;, como decimos a veces. Se sustrae, escapa, resiste. La tendencia del hacer es la contradicci&oacute;n del capitalismo, pero no una contradicci&oacute;n &ldquo;objetiva&rdquo; o &ldquo;c&iacute;clica&rdquo;, sino viva y subjetiva. Hay que escucharla, sin presuponerla.
    </p><p class="article-text">
        No cabe disociar el an&aacute;lisis del capitalismo y el de las luchas como si fueran dos cosas distintas y que van cada una por su lado. La financierizaci&oacute;n de la econom&iacute;a, el cr&eacute;dito y el endeudamiento, no s&oacute;lo es una &ldquo;vuelta de tuerca&rdquo; del capital en su voracidad insaciable, sino una &ldquo;fuga hacia adelante&rdquo; frente a algo que se resiste y lo agrieta. La lucha es una din&aacute;mica presente que habita en el coraz&oacute;n mismo del capital, la sustancia de sus crisis y la &uacute;nica base material de un cambio posible.
    </p><p class="article-text">
        Pensar en exterioridad el capital y las luchas implica considerar al capital como un &ldquo;sujeto autom&aacute;tico&rdquo;, estudiar su crisis final como un &ldquo;colapso objetivo&rdquo;, en el fondo una posibilidad vac&iacute;a... La realidad no s&oacute;lo se define desde el poder, sino desde unas resistencias que debemos escuchar<em> cada vez.</em> El trabajo, pero tambi&eacute;n las tecnolog&iacute;as, las im&aacute;genes, los lenguajes y los deseos son el resultado siempre incierto e indeterminado de una pelea permanente, de un toma y daca infinito.
    </p><h4 class="article-text">El punto de vista de la plebe: Foucault y Diego Sztulwark</h4><p class="article-text">
        Escuchar las resistencias <em>cada vez</em> significa cuestionar que estas asuman siempre la misma forma y sigan siempre una misma l&oacute;gica. Es lo que Foucault trat&oacute; de plantear en 1977 en una c&eacute;lebre entrevista con Jacques Ranci&egrave;re titulada 'Poderes y estrategias'.
    </p><p class="article-text">
        En ella Foucault llama &ldquo;plebe&rdquo; a las resistencias, &ldquo;lo que responde a toda avanzada del poder con un movimiento para deshacerse de &eacute;l&rdquo;. La plebe no se opone al poder como si fuese un duelo, una batalla napole&oacute;nica, un frente a frente, sino que m&aacute;s bien &ldquo;hay plebe&rdquo; all&iacute; donde hay relaciones de poder y ambas atraviesan la superficie social entera. Lo que se cuestiona en este planteamiento de Foucault es el esquema y la l&oacute;gica de la<em> contradicci&oacute;n</em>. Hay relaciones de poder y plebe <em>tanto</em> en el proletariado <em>como</em> en la burgues&iacute;a. El conflicto no siempre opone dos bloques sim&eacute;tricos, sino que es una din&aacute;mica viva y cambiante, movediza y n&oacute;mada.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; es entonces la cr&iacute;tica? Foucault habla de &ldquo;pensar por funcionamientos&rdquo;. Algo muy distinto a un juicio o una condena moral, a una queja victimista o una denuncia, a una proyecci&oacute;n de sue&ntilde;os o utop&iacute;as. Es la descripci&oacute;n de las distintas estrategias que se despliegan en la pelea, de los distintos movimientos de las fuerzas en presencia. No trata de explicarlo todo a partir de un punto de origen o un foco central de dominaci&oacute;n (el Poder, el Valor, el Espect&aacute;culo, etc.), sino de describir los funcionamientos concretos enzarzados en un determinado conflicto. Estrategias m&oacute;viles, din&aacute;micas espec&iacute;ficas, no La Gran Contradicci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Tomar el punto de vista de la plebe, que es el del reverso y el l&iacute;mite en relaci&oacute;n al poder, es indispensable para hacer el an&aacute;lisis de sus dispositivos, a partir de ah&iacute; pueden comprenderse su funcionamiento y sus transformaciones&rdquo;. S&oacute;lo desde la vida da&ntilde;ada de los locos, los enfermos o los prisioneros y sus resistencias se puede entender el manicomio, el hospital, la prisi&oacute;n. S&oacute;lo desde la anomal&iacute;a podemos entender la normalizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La cr&iacute;tica totalizadora es perezosa y repetitiva porque aplica sobre cualquier punto de la sociedad el mismo esquema a priori, jerarquizando las resistencias (antes los obreros que las mujeres, antes las mujeres que los trans&hellip;) en lugar de analizar el impacto de cada lucha, lo que cada una pone en juego y cuestiona, su extensi&oacute;n propia y sus conexiones espec&iacute;ficas. No escucha singularidades. Es una mirada desde las cumbres, a vuelo de &aacute;guila, mientras que el punto de vista situado de la plebe produce &ldquo;saberes estrat&eacute;gicos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un buen ejemplo de este proceder cr&iacute;tico-estrat&eacute;gico me parece que ser&iacute;a hoy la forma en que construyen hoy <a href="http://revistaalexia.com/el-paro-de-las-que-no-pueden-parar-entrevista-a-veronica-gago-y-natalia-fontana-sobre-el-8-de-marzo-en-argentina/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">saberes y movimiento</a> ciertos feminismos latinoamericanos, en los que el &ldquo;g&eacute;nero&rdquo; funciona como una especie de perspectiva desde la cual percibir, describir y conectar las distintas formas de explotaci&oacute;n del trabajo formal e informal, las distintas violencias que se ejercen contra los cuerpos y las tramas comunitarias (desde el endeudamiento hasta el femicidio), las distintas rebeld&iacute;as e insumisiones al sistema capitalista patriarcal. No a priori, seg&uacute;n un esquema te&oacute;rico, sino concretamente y punto a punto.
    </p><p class="article-text">
        La plebe es tambi&eacute;n uno de los ejes principales de <em>La ofensiva sensible</em> de Diego Sztulwark. Hoy, cuando la l&iacute;nea del frente nos atraviesa por el medio, la plebe pasa <em>adentro</em>, se vuelve <em>interior</em>. El neoliberalismo es la tentativa de confundir deseo y mercado, de convertirnos en sujetos de rendimiento 24/7, de someternos al mandado de productividad total, pero nuestros cuerpos se agrietan y gritan. Por todas partes se abren fisuras y agujeros: ansiedad, depresi&oacute;n, cansancio. Son los &ldquo;s&iacute;ntomas&rdquo;. Frente a la patologizaci&oacute;n o culpabilizaci&oacute;n de los s&iacute;ntomas, Sztulwark nos invita a escucharlos, a aliarse con ellos, a pensar a partir de ellos. Son los agujeros a trav&eacute;s de los que podemos ver m&aacute;s all&aacute; y pasar m&aacute;s all&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        La cr&iacute;tica ya no es entonces un discurso exterior, que a&ntilde;ade conciencia a una impotencia, sino que nos pasa por el cuerpo y elabora algo del cuerpo. Ya no describe simplemente lo que el poder hace, sino que mira desde lo que se rompe, se quiebra y no se deja capturar. Ya no enjuicia o denuncia desde la superioridad moral, sino que habla y busca el <em>contagio</em> desde las propias heridas, las aver&iacute;as y las grietas. La cr&iacute;tica sintom&aacute;tica nos hace escuchar el estruendo de una batalla que se da a la vez <em>dentro y fuera</em> de nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        Tomar este punto de vista de la plebe <em>interior</em>, que es de nuevo el del reverso y el l&iacute;mite en relaci&oacute;n al poder, resulta nuevamente indispensable para hacer el an&aacute;lisis de los dispositivos neoliberales: <em>coaching</em>, transparencia, seguridad, fluidez, comunicabilidad. Sin captar el malestar que roe todas las relaciones sociales no podemos entender nada de nuestro presente. Veremos por ejemplo en los fascismos posmodernos que afloran hoy la en&eacute;sima &ldquo;vuelta de tuerca&rdquo; del capitalismo, cuando en realidad son una respuesta a la crisis de neoliberalismo incapaz de imponer plenamente sus modos de vida.
    </p><p class="article-text">
        Indeterminaci&oacute;n y co-determinaci&oacute;n, grietas y hacer, saberes estrat&eacute;gicos y funcionamientos, plebe y s&iacute;ntomas&hellip; Distintos caminos para reinventar la cr&iacute;tica como pensamiento de la pelea, como m&eacute;todo de la crisis, como escucha de los agujeros que se abren una y otra vez en la dominaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Referencias:</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cornelius Castoriadis, <a href="https://www.scribd.com/doc/186593185/La-institucion-imaginaria-de-la-sociedad-Cornelius-Castoriadis" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Marxismo y teor&iacute;a revolucionaria</a> y <a href="https://www.eldiario.es/interferencias/clase_obrera-Cornelius_Castoriadis_6_738486148.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Pol&iacute;tica del encuentro&rdquo;</a>
    </p><p class="article-text">
        John Holloway, <a href="https://horizontescomunitarios.files.wordpress.com/2014/01/agrietar-el-capitalismo.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Agrietar el capitalismo</em></a> y <a href="https://www.eldiario.es/interferencias/John_Holloway_Podemos_Syriza_capitalismo_6_287031315.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Salir del capitalismo&rdquo; </a>
    </p><p class="article-text">
        Michel Foucault, &ldquo;Poderes y estrategias&rdquo; en <a href="http://www.sigloxxieditores.com.ar/fichaLibro.php?libro=978-987-629-952-7" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Microf&iacute;sica del poder </a>y <a href="https://www.eldiario.es/interferencias/Foucault_nueva_imaginacion_politica_6_274432557.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Por una nueva imaginaci&oacute;n pol&iacute;tica&rdquo;</a>
    </p><p class="article-text">
        Diego Sztulwark, <a href="https://cajanegraeditora.com.ar/libros/la-ofensiva-sensible-diego-sztulwark/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La ofensiva sensible</a> y <a href="https://www.eldiario.es/interferencias/neoliberalismo-sensibilidad-entrevista-Diego_Sztulwark_6_983461672.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;No hay neoliberalismo sin una violencia contra la sensibilidad&rdquo;</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amador Fernández-Savater]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/pensamento-critico_132_1002801.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 21 Feb 2020 20:16:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Qué es el pensamiento crítico?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Filosofía]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La asistencia sexual, recuperar nuestros cuerpos para recuperar nuestras vidas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/asistencia-sexual-recuperar-cuerpos-vidas_132_1002837.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a2c9311a-6106-4911-924c-af050f7d0644_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La asistencia sexual, recuperar nuestros cuerpos para recuperar nuestras vidas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En torno al debate sobre la asistencia sexual, desde la diversidad física</p></div><p class="article-text">
        La que ha liado <a href="https://asistenciasexual.org/francia-estudia-legalizar-la-asistencia-sexual/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Macron abriendo un proceso consultivo sobre la legalizaci&oacute;n de la asistencia sexual</a>. Parte del l&iacute;o tiene que ver con que bajo el paraguas &ldquo;asistencia sexual&rdquo; se est&aacute; colocando casi cualquier tipo de trabajo sexual que se dirija a las personas con diversidad funcional, y eso genera confusi&oacute;n porque hay propuestas y modelos muy diferentes entre s&iacute;. Lo que propone Macron, pr&aacute;cticas sexuales con las personas asistentes, es simple y llanamente prostituci&oacute;n especial. Hay quienes tienen problema con que sea prostituci&oacute;n, y hay quienes tenemos problema con que sea especial (igual que nos pasa con la escuela especial o el transporte especial). Lo que en el Movimiento de Vida Independiente entendemos por &ldquo;asistencia sexual&rdquo; no es ni prostituci&oacute;n ni especial, si no un apoyo espec&iacute;fico relacionado con nuestra forma de autonom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Tengo un certificado oficial que afirma que soy &ldquo;dependiente en grado III&rdquo;. Para llegar a esa conclusi&oacute;n, un equipo multidisciplinar me hizo preguntas del estilo &ldquo;&iquest;puede beber por usted mismo?&rdquo;. Contest&eacute; que no, porque para beber mi asistente personal coloca el vaso en mis labios y lo inclina. Pero, en rigor, &iquest;puede alguien contestar afirmativamente? Detr&aacute;s de ese vaso de agua hay miles de personas sosteni&eacute;ndolo, se beba con las propias manos o con las del asistente personal, la diferencia entre 10.000 manos y 10.001 no deber&iacute;a ser significativa. La independencia es una fantas&iacute;a, una ilusi&oacute;n &oacute;ptica creada por un sistema social tan complejamente articulado para satisfacer las necesidades cotidianas de quienes funcionan de manera est&aacute;ndar que la tupida malla de productos y servicios que lo hacen posible queda invisibilizada por un uso y costumbre continuado que construye la idea mitol&oacute;gica del individuo autosuficiente. Todas dependemos de todas, todas aportamos a todas, nadie vive &ldquo;por s&iacute; misma&rdquo;, la interdependencia es lo &uacute;nico real, es imposible ser sin las dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Lo que deber&iacute;a decir el certificado al que hac&iacute;a referencia, es que sufro una discriminaci&oacute;n sistem&aacute;tica y sist&eacute;mica (de grado x, si quieren) porque no se reconoce mi forma de autonom&iacute;a, el mundo no est&aacute; pensado para hacer las cosas a mi manera y esa falta de realismo para asumir la diversidad funcional de las personas es lo que transforma situaciones de interdependencia en dependencia. Mi forma de autonom&iacute;a consiste en hacer las tareas cotidianas con<strong> Otras Manos</strong> y <strong>M</strong>is <strong>D</strong>ecisiones (<strong>OMMD</strong>). Por ejemplo, bebo con las manos de mi asistente personal sosteniendo el vaso y tomando yo todas las decisiones sobre esa acci&oacute;n (qu&eacute;, cu&aacute;ndo, d&oacute;nde, c&oacute;mo, cu&aacute;nto, etc.) Mi asistente no me da de beber, bebo a mi manera (OMMD). A veces, se ve m&aacute;s claro si el apoyo es tecnol&oacute;gico; cuando paseo lo estoy haciendo con el movimiento de la silla motorizada y mis propias decisiones (OMMD), la silla no me pasea. Puede parecer un juego de palabras banal, pero es la diferencia entre ser y vivir como un objeto o como un sujeto, nada menos. Beber con el apoyo de un asistente o pasear con una silla motorizada no son situaciones de dependencia, sino de autonom&iacute;a OMMD en un entramado de interdependencias que se convierte en dependencia s&oacute;lo si se me niegan esos apoyos.
    </p><p class="article-text">
        El ejemplo de la silla sirve tambi&eacute;n para entender que &ldquo;otras manos&rdquo; es una met&aacute;fora que se refiere a cualquier apoyo externo, ya sea otro cuerpo, tecnolog&iacute;a, un conjunto de indicaciones o un acompa&ntilde;amiento. Esto es importante para comprender que la OMMD es una forma de autonom&iacute;a referida a cualquier tipo de diversidad funcional, ya sea f&iacute;sica, intelectual o mental. En el caso de las personas con diversidad intelectual esas &ldquo;manos&rdquo; a veces son f&iacute;sicas, en otras ocasiones son indicaciones o acompa&ntilde;amiento, o bien todo a la vez. Al hablar de &ldquo;las propias decisiones&rdquo; hay que reconocer que existen diferentes maneras de tomarlas. Las personas con diversidad intelectual, con el apoyo de su c&iacute;rculo m&aacute;s cercano, las personas asistentes y la persona garante de que esos v&iacute;nculos funcionen correctamente, dise&ntilde;an un mapa din&aacute;mico sobre qu&eacute; deciden por s&iacute; mismas, qu&eacute; con acompa&ntilde;amiento y qu&eacute; no deciden. Esa es su manera de tomar sus propias decisiones, m&aacute;s compleja que la de la mayor&iacute;a, pero igual de humana, real y valiosa.
    </p><p class="article-text">
        Dando una vuelta de tuerca m&aacute;s a la met&aacute;fora de &ldquo;otras manos&rdquo;, parece claro que si las manos de un asistente personal tocan nuestros cuerpos con intenci&oacute;n higi&eacute;nica no hay ning&uacute;n tipo de objeci&oacute;n social. Sin embargo, si durante un solo segundo el objetivo fuese generar placer, entonces se encender&iacute;a una pol&eacute;mica infinita en la que no poca gente asegurar&iacute;a que nos precipitamos hacia el Apocalipsis. Es por eso que cuando las tareas a realizar est&aacute;n directamente relacionadas con la sexualidad, la figura de apoyo para la forma de autonom&iacute;a OMMD es otra, la asistencia sexual. Resulta exactamente igual a la asistencia personal en cuando a su justificaci&oacute;n, su configuraci&oacute;n como derecho y los roles que determina. Difiere en las acciones en las que se presta el apoyo, que son la autoexploraci&oacute;n y el autoplacer, es decir, en el autoerotismo, que es lo que la mayor&iacute;a desarrolla con la forma de autonom&iacute;a mayoritaria (sus propias manos y decisiones) Tambi&eacute;n es un apoyo para acceder sexualmente al cuerpo de otra persona (que no es el asistente) Esto &uacute;ltimo es habitual cuando dos personas con diversidad funcional necesitan apoyo para alcanzar determinadas posiciones o movimientos en sus pr&aacute;cticas sexuales. Por tanto, se trata de un trabajo sexual (por las tareas a realizar) y de uno de los recursos (como la asistencia personal o la interpretaci&oacute;n de lengua signos, p.e.) que requiere la forma de autonom&iacute;a OMMD para vivir como sujetos y no como objetos. Nada nuevo bajo el sol, hace d&eacute;cadas que los feminismos ya nos ense&ntilde;aron que sin recuperar el control, la responsabilidad y la libertad sobre nuestros cuerpos y sexualidades nunca recuperaremos nuestras vidas.
    </p><p class="article-text">
        Igual que el asistente personal no es alguien con quien compartir tu vida cotidiana, sino que te apoya para que tengas una vida cotidiana propia y puedas compartirla con otras personas, el asistente sexual no es alguien con quien tener sexo, sino un apoyo para tener sexo con una misma y con otras personas. Se trata de un apoyo instrumental, ni educativo ni terap&eacute;utico, vinculado a una forma de autonom&iacute;a minoritaria, que ni siquiera es la de todas las personas con diversidad funcional. Y, como todos los trabajos sexuales, tiene su propio marco, determinado fundamentalmente por los roles y pr&aacute;cticas posibles. En particular, no es tarea de la persona asistente excitar ni ser excitada, desnudarse, dar abrazos o besos o mantener pr&aacute;cticas sexuales con la persona asistida. La asistencia sexual es una herramienta clave, en tanto que permite romper la barrera de acceder sexualmente al propio cuerpo, pero no constituye ni la totalidad ni, en general, la parte m&aacute;s importante de nuestra vivencia de la sexualidad. &Eacute;sta puede ser tan rica, intensa, subyugante, pobre, triste, rid&iacute;cula o maravillosa como la de cualquiera, sea cual sea su forma de autonom&iacute;a. Quiz&aacute;s no me crean, casi mejor que no me crean, an&iacute;mense a comprobarlo por ustedes mismas.
    </p><p class="article-text">
        Hace tres a&ntilde;os nac&iacute;a &ldquo;Tus manos, mis manos&rdquo; (<a href="https://asistenciasexual.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">asistenciasexual.org</a>) con el doble objetivo de dar a conocer esta <a href="https://asistenciasexual.org/asistencia-sexual/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nueva figura</a> y generar un <a href="https://asistenciasexual.org/asistentes/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">espacio de encuentro</a> telem&aacute;tico para que las personas que requieren estos apoyos y quienes los ofrecen, puedan ponerse en contacto con la mayor libertad e intimidad posibles. La magnitud del inter&eacute;s generado se expresa en el casi medio mill&oacute;n de visitas a nuestra web y 2,5 millones de p&aacute;ginas consultadas, m&aacute;s de 2.300 seguidoras en <a href="https://www.facebook.com/AsistenciaS.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Facebook</a>, cerca de 500 inscritas al <a href="https://asistenciasexual.org/newsletter/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">bolet&iacute;n</a> y unas 300 personas anunciadas como <a href="https://asistenciasexual.org/asistentes/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">asistentes sexuales</a> distribuidas en todas las provincias de Espa&ntilde;a (adem&aacute;s de varios pa&iacute;ses de habla hispana). Ha habido di&aacute;logo y debate sobre la asistencia sexual en espacios de lo m&aacute;s variopinto, desde el <a href="https://asistenciasexual.org/la-asistencia-sexual-en-la-comision-para-las-politicas-integrales-de-la-discapacidad-del-congreso/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Congreso</a>, al <a href="https://asistenciasexual.org/asistencia-sexual-macba/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">MACBA</a>, el <a href="https://www.cccb.org/es/participantes/ficha/antonio-centeno/226641" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">CCCB</a> o la <a href="https://asistenciasexual.org/el-parlamento-de-los-cuerpos-los-parlamentos-imposibles/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bergen Assembly</a>, adem&aacute;s de en numeras <a href="https://asistenciasexual.org/asistencia-sexual-en-el-congreso-debates-feministas-en-torno-a-la-discapacidad/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">universidades</a>, <a href="https://asistenciasexual.org/jornada-assistencia-sexual-repte-davant-les-persones-amb-diversitat-funcional/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">colegios profesionales</a> y <a href="https://asistenciasexual.org/primer-congreso-nacional-sexualidad-y-discapacidad-intelectual-o-del-desarrollo/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">jornadas</a>. Se han hecho eco de esta cuesti&oacute;n medios de comunicaci&oacute;n como <a href="https://vimeo.com/275791591" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cuatro</a>, <a href="https://asistenciasexual.org/la-asistencia-sexual-en-la-cadena-arte/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Canal Arte</a>, <a href="https://asistenciasexual.org/hablamos-de-sexualidad-y-diversidad-por-barcelona/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">BTV</a>, <a href="https://www.lavanguardia.com/lacontra/20170501/422188080583/estar-vivo-es-estar-atravesado-por-la-disposicion-al-placer.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La Vanguardia</a>, <a href="https://asistenciasexual.org/el-asistente-sexual-es-alguien-que-se-convierte-en-tus-manos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La Ser</a>, <a href="https://asistenciasexual.org/antonio-centeno-en-el-programa-fin-de-temporada-de-de-boca-a-orella/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">RNE</a> o <a href="https://asistenciasexual.org/la-necesidad-sexualizar-la-diversidad-funcional/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Play Ground</a>. Adem&aacute;s, el documental &ldquo;<a href="http://yeswefuck.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Yes, we fuck!</a>&rdquo; se ha proyectado en infinidad de espacios por medio mundo y est&aacute; visible en <a href="https://www.filmin.es/pelicula/yes-we-fuck" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Filmin</a> y en <a href="https://vimeo.com/123177395" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Vimeo</a>. La pel&iacute;cula &ldquo;<a href="http://shaktimettaproductions.com/index.php/portfolio/vivir-y-otras-ficciones/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Vivir y otras ficciones</a>&rdquo;, tras ganar importantes premios en diversos festivales de cine, se estren&oacute; en varias ciudades francesas y se puede ver en <a href="https://www.filmin.es/pelicula/vivir-y-otras-ficciones" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Filmin</a> y en <a href="https://www.primevideo.com/detail/Vivir-y-otras-ficciones/0TZX1CTJTL0P5QE14KAP3P450A" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Prime video</a>. Por otro lado, la serie de televisi&oacute;n &ldquo;<a href="https://www.youtube.com/playlist?list=PL2rLjs4qtscwhMqVwByWXqRACEl-jGDBK" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Tr&egrave;vols de 4 fulles</a>&rdquo; dedic&oacute; <a href="https://youtu.be/tAKISpeMvdU" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">uno de sus cap&iacute;tulos</a> a la asistencia sexual, y la campa&ntilde;a &ldquo;Yo me masturbo&rdquo; (<a href="https://youtu.be/totfzL5sQR0" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">I</a> y <a href="https://youtu.be/JqoLzBkTYGg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">II</a>) sigue corriendo por las redes.
    </p><p class="article-text">
        <em>Pas </em><em>mal,</em> teniendo en cuenta que todo ello ha habido que hacerlo sin el apoyo de las instituciones, ni p&uacute;blicas ni privadas. Pero <em>no todo el monte es orgasmo</em><em>,</em> tambi&eacute;n hay problemas y dificultades que nos gustar&iacute;a exponer aqu&iacute;, aunque sea muy sint&eacute;ticamente, en busca de <a href="https://asistenciasexual.org/contacto/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">buenas ideas</a> para mejorar el proyecto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Sexismo</strong><strong>.</strong> Los hombres constituyen una mayor&iacute;a desproporcionada entre quienes se anuncian como asistentes (60%), en la zona de ligue (90%) y, a juzgar por los correos que recibimos, en la demanda de servicios. La idea de que el deseo y el placer sexual son cosa de hombres sigue m&aacute;s viva de lo que imaginamos. Seguramente, todos estos indicadores mejorar&iacute;an si consigui&eacute;semos que m&aacute;s mujeres con diversidad funcional se incorporasen al debate p&uacute;blico sobre <a href="https://asistenciasexual.org/asistencia-sexual/mas-informacion-sobre-asistencia-sexual/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">c&oacute;mo deber&iacute;a ser la asistencia sexual</a>. La falta de estas voces sesga el modelo de manera que el sexismo estructural deforma el paradigma en construcci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Trabajos sexuales</strong><strong>.</strong> En medio del vendaval del debate sobre los trabajos sexuales, donde se llega a negar incluso la posibilidad de su existencia, cuesta entender que hay <a href="https://asistenciasexual.org/asistencia-sexual/otros-apoyos/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">diferentes trabajos sexuales</a> (pornograf&iacute;a, estiptis, prostituci&oacute;n, masaje er&oacute;tico, asistencia sexual, <em>surrogate</em><em>,</em> etc) y que cada uno de ellos ofrece roles, expectativas y pr&aacute;cticas sexuales diferentes. Varias mujeres asistentes reportan quejas porque reciben propuestas de hombres sin diversidad funcional y propuestas de hombres con diversidad funcional que tienen que ver con otros trabajos sexuales diferentes de la asistencia sexual.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Territorialidad</strong><strong>.</strong> Las grandes urbes acaparan la mayor parte de la oferta de asistencia (las ciudades de Barcelona y Madrid suponen el 37% del total de asistentes), haciendo dif&iacute;cil cubrir las zonas menos densamente pobladas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Econom&iacute;a</strong><strong>.</strong> El precio medio de la asistencia se sit&uacute;a en torno a 60 &euro;/h. Teniendo en cuenta la menor renta media disponible por parte de las personas con diversidad funcional respecto a la poblaci&oacute;n general, la falta de reconocimiento y apoyo por parte de los poderes p&uacute;blicos y la dificultad para <a href="https://asistenciasexual.org/asistentes/espacios/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">encontrar espacios adecuados</a> en los que llevar a cabo los servicios, muchas personas que necesitan estos apoyos no pueden permit&iacute;rselos, o al menos no con la frecuencia deseable.
    </p><p class="article-text">
        Como ven, no se trata de dificultades menores, pero es cierto que el inter&eacute;s suscitado por la propuesta apunta a que se trata de un proyecto necesario y con sentido. Y no crean que s&oacute;lo para un pu&ntilde;ado de <em>gente rara que hace las cosas de manera rara</em><em>, </em><a href="https://www.eldiario.es/interferencias/diversidad_uncional-masculinidad_6_713988596.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">todo el mundo necesita que se pongan el valor el deseo y el placer m&aacute;s all&aacute; de la sexualidad reproductiva</a>, que todos los cuerpos sean bienvenidos a romper con el aburrimiento del coitocentrismo, que la comunicaci&oacute;n, lo l&uacute;dico y el consentimiento sean ejes fundamentales de una nueva sexualidad m&aacute;s libre, rica y vivible. A todo ello contribuye, de manera modesta pero consistente, la asistencia sexual. Que se corra la voz para que nos podamos correr todas, sea como sea nuestra manera de ser, estar y hacer en el mundo.
    </p><p class="article-text">
        <em>Antonio Centeno es activista del movimiento de vida independiente, responsable del proyecto asistenciasexual.org y co-director del documental Yes, we fuck!</em><a href="https://www.yeswefuck.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Yes, we fuck!</a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Centeno, Antonio Centeno]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/asistencia-sexual-recuperar-cuerpos-vidas_132_1002837.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Feb 2020 21:20:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La asistencia sexual, recuperar nuestros cuerpos para recuperar nuestras vidas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Políticas de la presencia, políticas del convivir]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/politicas-presencia-politicas-convivir_132_1075036.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/84304a05-5b8a-4ac2-828c-e7a31b3a94e9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Políticas de la presencia, políticas del convivir"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Podemos seguir utilizando el sustantivo 'democracia' para dar cuenta del modo de vida colectiva en el que hoy en día inscribimos nuestro existir?</p></div><p class="article-text">
        Todo sustantivo implica un verbo que lo sustenta. El verbo que sostiene la palabra 'democracia' es convivir. Aunque en la escuela nos ense&ntilde;an a pensar la democracia como un sistema de gobierno, se trata de un modo de convivencia. El bi&oacute;logo cultural Humberto Maturana explica que convivir no es meramente estar los unos al lado de los otros, sino que implica confluir en las emociones y los haceres de la relaci&oacute;n, es decir, estar los unos con los otros en el fluir de un entrelazamiento de pr&aacute;cticas comunes y de sentires. Se trata de estar juntos de modo que lo que les pasa a los unos no resulte indiferente a los otros y viceversa. El sentimiento fundamental que orienta el modo de vida colectiva al que llamamos democracia es el deseo de convivir. &iquest;Podemos seguir utilizando el sustantivo democracia para dar cuenta del modo de vida colectiva en el que hoy en d&iacute;a inscribimos nuestro existir?
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de esconder un verbo, el sustantivo democracia se acompa&ntilde;a de adjetivos que se han ido insertando en su devenir hist&oacute;rico. Se incide constantemente en el car&aacute;cter democr&aacute;tico de nuestro modo de vida colectiva, pero se omite que se trata de una democracia &uacute;nicamente formal y representativa. Que sea formal significa que la forma predomina sobre el contenido. Que sea representativa conlleva, como en toda representaci&oacute;n, que aquello que est&aacute; formalmente representado se encuentra realmente ausente. No es en el plano de la representaci&oacute;n en el que se cimenta un modo de vida en com&uacute;n tejido con haceres y sentires entrelazados, es decir, en el que se sustenta la convivencia. Para ello se necesita de otros planos. Todo modo de vida realmente democr&aacute;tico requiere de la existencia de una <em>demodiversidad,</em> es decir, de otros modos de democracia que, m&aacute;s ac&aacute; o m&aacute;s all&aacute; de la representaci&oacute;n, transformen &eacute;sta en un sentido m&aacute;s democr&aacute;tico o la desborden con pr&aacute;cticas de la presencia que le disputen el sentido y la hegemon&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        La convivencia, base del modo de vida democr&aacute;tico, requiere, junto a la necesidad de la presencia de los unos y los otros, de la confianza. El prefijo <em>con-</em> remite etimol&oacute;gicamente a los t&eacute;rminos &ldquo;junto a&rdquo; y &ldquo;cerca de&rdquo;. La ra&iacute;z <em>fi-</em> proviene del lat&iacute;n vulgar &ldquo;fidare&rdquo; (fiar o fiarse). No existe confianza sin la experiencia de la cercan&iacute;a y sin que nos fiemos los unos de los otros y viceversa. Sin embargo, la relaci&oacute;n de los pol&iacute;ticos y las personas se caracteriza, cada vez m&aacute;s, por la experiencia de una distancia y una desconfianza tan mutuas como end&eacute;micas. Como las personas no somos de fiar para los pol&iacute;ticos, nos alejan todo lo que pueden del control sobre sus haceres y decisiones. En esa distancia, los pol&iacute;ticos desarrollan una autonom&iacute;a en la que, lejos del inter&eacute;s com&uacute;n, suelen responder, fundamentalmente, a intereses particulares. De entre esos intereses destaca el firme prop&oacute;sito de garantizar la supervivencia y competitividad de sus respectivas marcas en el mercado de los partidos pol&iacute;ticos. Para ello es com&uacute;n y recurrente el enga&ntilde;o y la pr&aacute;ctica de la mentira. De este modo, el hacer pol&iacute;tico, lejos de orientarse a partir de un fundamento &eacute;tico, se inscribe en el ejercicio de una racionalidad instrumental. En nuestro modo deficitario de democracia, el pol&iacute;tico no sirve a una comunidad sino que se sirve de la pol&iacute;tica. El car&aacute;cter profesionalizado de su actividad, sujeta a unas condiciones materiales que hoy en d&iacute;a determinan el goce de un privilegio, contribuye a enfatizar el peso de esta racionalidad.
    </p><p class="article-text">
        Cuando hace a&ntilde;os nos juntamos en las plazas compart&iacute;amos un malestar acerca del modo deficitario de democracia que habitamos. Ese malestar se acompa&ntilde;aba del deseo de otra cosa. Nos bastaban tan s&oacute;lo tres palabras para nombrar ese malestar y ese deseo: <em>democracia real ya.</em>
    </p><p class="article-text">
        La naturaleza multitudinaria de ese anhelo nos regal&oacute; pistas acerca del car&aacute;cter profundo de una crisis de sentido que posee una dimensi&oacute;n sist&eacute;mica. Desde entonces, sin embargo, no parece que hayamos sido capaces de avanzar en la sanaci&oacute;n de ese malestar, tampoco en la materializaci&oacute;n del deseo de otra cosa. Por el contrario, se ha consolidado una din&aacute;mica de restauraci&oacute;n de lo mismo: la insistencia en un modo deficitario de democracia que, lejos de colocar en su centro la construcci&oacute;n material de convivencia y una pr&aacute;ctica pol&iacute;tica de la presencia, impone la racionalidad instrumental y la falla &eacute;tica propia de los pol&iacute;ticos y su mercadotecnia electoral como inalterable principio de realidad. &iquest;Qu&eacute; le ha pasado al deseo colectivo de otra cosa que por miles nos llev&oacute; a las plazas no hace tanto tiempo?
    </p><p class="article-text">
        Los nuevos partidos surgidos en los &uacute;ltimos a&ntilde;os han contribuido notablemente a apuntalar ese principio de realidad aparentemente inalterable. En lugar de proponerle a la sociedad espacios y veredas para la <em>demodiversidad</em>, han redundado en la imposici&oacute;n de una concepci&oacute;n de la democracia como sistema organizacional cerrado. En eso, como en tantas otras cosas, operan como espejos de los viejos partidos. Sin praxis ni prop&oacute;sito realmente instituyentes, se han constituido en agentes de reproducci&oacute;n de lo instituido. Lejos de la potencia cualitativa e incontable que expres&aacute;bamos en las plazas, hoy habitamos la confirmaci&oacute;n de una reducci&oacute;n cuantitativa de la democracia en la que &uacute;nicamente se nos reserva el papel de objetos de los c&aacute;lculos de otros. La restauraci&oacute;n de lo electoral como centro desp&oacute;tico de lo democr&aacute;tico nos reduce a votantes. La designaci&oacute;n de los plat&oacute;s de televisi&oacute;n como localizaci&oacute;n primordial para lo pol&iacute;tico nos convierte en audiencias. La centralidad de lo electoral y de lo medi&aacute;tico hacen de la pol&iacute;tica un espect&aacute;culo en el que participamos como consumidores de los enunciados de otros.
    </p><p class="article-text">
        Tanto lo electoral como lo medi&aacute;tico encuentran en el medio televisivo su artefacto m&aacute;s determinante. La palabra televisi&oacute;n se forma a partir del t&eacute;rmino griego<em> tele-</em>, que significa lejos. Ambos fen&oacute;menos inciden, sobre todo, en la producci&oacute;n de distancia. Al igual que ocurre hoy en d&iacute;a con lo televisivo, lo electoral tiene en la ficci&oacute;n serial su c&oacute;digo fuente y su dispositivo estrat&eacute;gico m&aacute;s significativo. El componente l&eacute;xico fundamental del t&eacute;rmino <em>ficci&oacute;n</em> es el verbo latino <em>fingere</em>, que significa fingir, simular, aparentar. Ni a las series de televisi&oacute;n ni a los pol&iacute;ticos les interesa lo real tanto como les importa la producci&oacute;n de un relato que resulte veros&iacute;mil, es decir, cre&iacute;ble para sus audiencias. Como ocurre con todo dispositivo espectacular, tanto lo electoral como lo televisivo se enfocan en la movilizaci&oacute;n de nuestras emociones. La palabra <em>emoci&oacute;n</em> no es sin&oacute;nimo de<em> afecto</em>. Se trata de vocablos que poseen significados distintos. Si las emociones constituyen respuestas individuales a est&iacute;mulos exteriores, los afectos necesitan irremediablemente de un otro con el que establecer un v&iacute;nculo. Como individuos solos podemos emocionarnos ante un est&iacute;mulo televisivo, tambi&eacute;n podemos votar (&ldquo;cada ciudadano un voto&rdquo;), pero no podemos<em> con</em>vivir: para vivir <em>con</em> necesitamos de la presencia de otros.
    </p><p class="article-text">
         En el convulso y cr&iacute;tico tiempo que vivimos, desalojar la democracia real y la construcci&oacute;n de convivencia del centro de lo pol&iacute;tico resulta de una irresponsabilidad de consecuencias dram&aacute;ticas. Como todo ser vivo, la democracia requiere de un nicho ecol&oacute;gico que le asegure la vida. Ese nicho ecol&oacute;gico se encuentra hoy atravesado, en lo m&aacute;s profundo de su devenir, por una raz&oacute;n general a la que hemos convenido en denominar neoliberalismo. Desde hace m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os, esta raz&oacute;n ha tornado el capitalismo en norma general de la vida hasta en lo m&aacute;s capilar e &iacute;ntimo. M&aacute;s all&aacute; de la esfera legislativa y de las pol&iacute;ticas <em>(policies)</em>, el neoliberalismo se ha impuesto como inconsciente colectivo y nuevo sentido com&uacute;n: un modo espec&iacute;fico de racionalidad que interviene y orienta nuestro modo de subjetivaci&oacute;n, nuestro tejido sensible y nuestra conducta. Se trata, fundamentalmente, de una m&aacute;quina de producci&oacute;n de desconfianza, desafecto y distancia en relaci&oacute;n con el otro. Su epicentro se localiza, como parad&oacute;jicamente ocurre tambi&eacute;n con la posibilidad de la convivencia, en el espacio fundamental en el que vivimos nuestra presencia: la vida cotidiana. Es en el nicho ecol&oacute;gico de la vida cotidiana neoliberalizada, precisamente, donde anida la verosimilitud de la nueva corriente abiertamente racista, mis&oacute;gina y hom&oacute;foba que se liga a un nacional-catolicismo extremo de &iacute;mpetu renacido. En ese medio su producci&oacute;n de enemistad se mueve y prolifera como pez en el agua. Es ah&iacute;, primordialmente, donde se le debe disputar el sentido hasta dejarla en fuera de juego. Donde necesitamos hacernos presentes, entrelazarnos en pr&aacute;cticas y sentires comunes, construir democracia real, tejer instituciones para la convivencia. Y s&oacute;lo desde ah&iacute;, en cualquier caso, preguntarnos colectivamente acerca de c&oacute;mo atravesar, dislocar y desbordar la representaci&oacute;n y los espacios instituidos de la democracia deficitaria.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ángel Luis Lara]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/politicas-presencia-politicas-convivir_132_1075036.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 18 Jan 2020 20:11:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Políticas de la presencia, políticas del convivir]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Democracia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Diego Sztulwark: "No hay neoliberalismo sin una violencia contra la sensibilidad"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/neoliberalismo-sensibilidad-entrevista-diego-sztulwark_132_1085890.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b7a476e0-f2e5-48da-8471-3bd7b5947ea0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Diego Sztulwark: &quot;No hay neoliberalismo sin una violencia contra la sensibilidad&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Francia, Hong Kong, Ecuador, Irak, Chile… Se ha activado una nueva onda de politizaciones y revueltas. ¿Cómo interpretarla?</p></div><p class="article-text">
        <em>Francia, Hong Kong, Ecuador, Irak, Chile&hellip; Una nueva onda de politizaciones y revueltas expresa expl&iacute;citamente el malestar global contra el neoliberalismo. El fil&oacute;sofo argentino Diego Sztulwark, antiguo miembro del Colectivo Situaciones, encuentra inspiraci&oacute;n en ese &ldquo;reverso de lo pol&iacute;tico&rdquo; para un nuevo ensayo de pensamiento pol&iacute;tico radical: </em><a href="https://cajanegraeditora.com.ar/libros/la-ofensiva-sensible-diego-sztulwark/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La ofensiva sensible</a><em> (editorial Caja Negra). Anteriormente public&oacute; Vida de perro, balance de medio siglo de pol&iacute;tica en Argentina, junto al periodista Horacio Verbitsky. </em><a href="http://www.sigloxxieditores.com.ar/fichaLibro.php?libro=978-987-629-821-6" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Vida de perro</a>
    </p><h4 class="article-text">Revueltas, revoluciones</h4><p class="article-text">
        <strong>Revueltas, revoluciones</strong><strong>Dice el fil&oacute;sofo Alain Badiou que esta es una &eacute;poca de revueltas, pero ya no (&iquest;a&uacute;n no?) de revoluciones. Las revueltas gritan &ldquo;no&rdquo;, ponen l&iacute;mites al poder, desalojan dictadores o gobiernos autoritarios, pero sin un modelo social alternativo y de repuesto. En este impasse o intervalo (ya no/a&uacute;n no), &iquest;c&oacute;mo te sit&uacute;as? &iquest;D&oacute;nde se sit&uacute;a tu pensamiento y la escritura de este libro?</strong><a href="https://www.google.com/url?sa=t&amp;rct=j&amp;q=&amp;esrc=s&amp;source=web&amp;cd=1&amp;cad=rja&amp;uact=8&amp;ved=2ahUKEwjv26vyzfnmAhVBA9QKHcZcDS4QFjAAegQIAxAB&amp;url=https%3A%2F%2Fwww.eldiario.es%2Finterferencias%2FAlain_Badiou-15-M-revueltas_6_177492256.html&amp;usg=AOvVaw2lI3v_ILBAfLbHDAHx9au5" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alain Badiou</a>
    </p><p class="article-text">
        No veo otra opci&oacute;n que situarme precisamente en el interior de este impasse. Ni en el desaliento que hace que consumamos razonamientos interesados en profundizar la impotencia, ni en alguna clase de utopismo que, parad&oacute;jicamente, no puede afirmarse sin negar aspectos importantes de la situaci&oacute;n que describes. Ni en el prestigio del realismo pesimista, ni en el autoenga&ntilde;o de quienes alientan a la acci&oacute;n sin hacerse cargo de lo que no funciona. El fil&oacute;sofo argentino Le&oacute;n Rozitchner empleaba una f&oacute;rmula que a m&iacute; me sigue interesando: &ldquo;cuando el pueblo no lucha, la filosof&iacute;a no piensa&rdquo;. Es obvio que hay luchas muy importantes y hay nuevas formas de pensar. Y tambi&eacute;n es evidente que el tama&ntilde;o de los problemas que afrontamos es enorme.
    </p><p class="article-text">
        <a href="http://lobosuelto.com/para-que-badiou-hoy-jun-fujita-hirose/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong>Jun Fujita</strong></a><strong>, comentando justamente a Badiou, dice que ese impasse tiene que ver con la &ldquo;dificultad de ligar la vida otra [ya en marcha en multitud de experiencias] con el otro mundo&rdquo;. Hay otras vidas, pero no otro mundo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hace unos a&ntilde;os dec&iacute;amos que no se trataba tanto de tomar el poder como de cambiar el mundo, lo que implicaba crear nuevas formas de vida. &iquest;Diremos ahora que las cosas se han invertido, que ya est&aacute;n entre nosotros las nuevas formas de vida pero falta inventar una traducci&oacute;n pol&iacute;tica? Quiz&aacute;s sea m&aacute;s justo afirmar que en el reverso de lo pol&iacute;tico se articulan malestares y capacidades de poner l&iacute;mites al poder y la explotaci&oacute;n, y que es preciso dinamizar desde all&iacute; nuevas articulaciones entre capacidad de veto y pensamiento pol&iacute;tico radical.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Las revueltas recientes -en Am&eacute;rica Latina, Chile, Colombia, Ecuador, pero no solo-, &iquest;de qu&eacute; te hablan, de qu&eacute; nos hablan?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Lo que se escucha es un rechazo al estado de cosas, una suma de malestares e insatisfacciones. Miremos Chile: es clar&iacute;simo el hartazgo con los dispositivos neoliberales de gesti&oacute;n y explotaci&oacute;n de la vida. Un movimiento de protesta extenso, que abarca pueblos y ciudades, que surge de colegios y universidades, que encuentra un nuevo dinamismo en las poblaciones empobrecidas y que se a&uacute;na en un rechazo a la privatizaci&oacute;n de los servicios sociales. Y aunque sea posible objetar que no est&aacute; claro a&uacute;n qu&eacute; nuevo r&eacute;gimen pol&iacute;tico surge de toda esta potencia de las luchas, toda la discusi&oacute;n abierta en torno a la constituyente evidencia un fen&oacute;meno que recorre a todo el continente: un fuerte retraso de lo pol&iacute;tico con respecto a lo que se teje en su reverso, esto es, las capacidades plebeyas de revuelta y resistencia.
    </p><h4 class="article-text">La sensibilidad como campo de batalla</h4><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Qu&eacute; es la &ldquo;ofensiva sensible&rdquo;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esta formulaci&oacute;n, que surgi&oacute; en una conversaci&oacute;n con una compa&ntilde;era, me pareci&oacute; muy expresiva de un estado de cosas en el cual la sensibilidad se ha vuelto el campo de batalla en el que operan tanto las opciones individuales como las fuerzas colectivas de la econom&iacute;a y de la pol&iacute;tica. Tanto el rechazo como la instauraci&oacute;n de lo que suele llamarse &ldquo;subjetividad neoliberal&rdquo; se juega en este nivel.
    </p><p class="article-text">
        Uso el t&eacute;rmino &ldquo;neoliberalismo&rdquo; aclarando que su significaci&oacute;n es plural y a veces crea confusiones. Designa al mismo tiempo al menos tres cosas diferentes: la reestructuraci&oacute;n de las relaciones sociales capitalistas operadas a partir de la d&eacute;cada del setenta a nivel global; un partido pol&iacute;tico que en cada coyuntura intenta profundizar un programa pro-empresarial; y unas micropol&iacute;ticas y modos de gobernar la vida a partir de una coacci&oacute;n espec&iacute;fica destinada a subordinar nuestras estrategias de existencia mediante dispositivos de mercado.
    </p><p class="article-text">
        El libro quiere afirmar entonces dos cosas a la vez: por un lado, que no hay neoliberalismo sin una violencia contra la sensibilidad. Y por otro, que no hay lucha efectiva contra lo neoliberal por fuera de una ofensiva sensible sobre el campo social.
    </p><p class="article-text">
        Este uso de la &ldquo;sensibilidad&rdquo; lo tomo sobre todo de dos pensadores contempor&aacute;neos: de la antrop&oacute;loga Rita Segato, que logra explicar con toda claridad la relaci&oacute;n entre neoliberalismo y patriarcado como una enorme pedagog&iacute;a de la crueldad contra las mujeres, lo comunitario y contra la naturaleza misma; y de Franco Berardi, <em>Bifo,</em> que detecta en la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica una din&aacute;mica de apropiaci&oacute;n corporativa de la inteligencia colectiva en t&eacute;rminos de la aniquilaci&oacute;n de todos los aspectos sensuales que permitir&iacute;an ir m&aacute;s all&aacute; de la codificaci&oacute;n con la que opera internet y en general de las formas digitales de cooperaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&iquest;Y los fen&oacute;menos recientes de &ldquo;fascistizaci&oacute;n&rdquo; tipo Brasil con Bolsonaro o Bolivia ahora? &iquest;Te parece que tambi&eacute;n tienen que ver con ese ataque sobre la sensibilidad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;. Y me parece muy importante se&ntilde;alar la conexi&oacute;n entre exasperaci&oacute;n de lo neoliberal y este tipo de neofascismo. Si lo neoliberal es inseparable de un intento de someter el deseo a la realizaci&oacute;n de las mercanc&iacute;as, el odio a la vida del neofascismo es la cara intolerante y militarizada de este neoliberalismo. Si en tiempos de paz los neoliberales ense&ntilde;an los beneficios de vivir de acuerdo al mercado, en tiempos de crisis muestran su rostro hostil, el ataque a toda tendencia de autonomizaci&oacute;n de la vida con respecto a los mandatos de valorizaci&oacute;n capitalista.
    </p><p class="article-text">
        Santiago L&oacute;pez Petit lo ha explicado muy bien en sus libros: cada vez que el &ldquo;querer vivir&rdquo; entra en conflicto con el proyecto de vida organizado en el mercado, se desencadena una agresividad contra la existencia que abarca todo aquello que en la vida se presenta como s&iacute;ntoma: anomal&iacute;a o inadecuaci&oacute;n. La intolerancia con lo que en la vida no es productividad, no es deseo d&oacute;cil a las normas y las marcas.
    </p><p class="article-text">
        El odio crece con relaci&oacute;n a todo aquello que no se adecua al mandato de los mercados. A todo lo que se presenta como anomal&iacute;a. El neofascismo neoliberal, ejemplificado en Bolsonaro, es un peligro muy real. Algo que subestiman algunas personas de izquierda que no vieron con claridad la gravedad del golpe a Dilma y el encarcelamiento de Lula.
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, una pol&iacute;tica del s&iacute;ntoma se abre si vamos m&aacute;s all&aacute; del tratamiento neoliberal del s&iacute;ntoma, que oscila entre el <em>coaching</em> y la represi&oacute;n. La opci&oacute;n de escuchar el s&iacute;ntoma puede conectar con el proceso de creaci&oacute;n de formas de vida y de su politizaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En este contexto el golpe olig&aacute;rquico y racista en Bolivia es particularmente grave, porque retrotrae la lucha pol&iacute;tica a los tiempos en la que los gobiernos constitucionales eran derrocados por golpes militares abiertamente represivos y &ldquo;pro-occidentales&rdquo;. Insisto en la importancia de contar con un lenguaje propio para caracterizar estos procesos: nuestras cr&iacute;ticas a los gobiernos llamados progresistas no tienen punto de contacto con las razones que mueven a los golpistas. Los golpes reaccionarios deben ser repudiados y resistidos por todos los medios posibles, porque no se hacen s&oacute;lo contra dirigentes, sino sobre todo contra pueblos en lucha.
    </p><h4 class="article-text">Lo plebeyo: figura de lo ingobernable</h4><p class="article-text">
        <strong>Escuchar el s&iacute;ntoma, los malestares que recorren lo social, en lugar de gestionarlos o reprimirlos. De ah&iacute; puede surgir, si entiendo bien, una fuerza rebelde que llamas plebeya. &iquest;Qu&eacute; es lo plebeyo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        Parece ser que en la antig&uuml;edad se llamaba plebeyos a los hijos naturales de la tierra, es decir, aquellos que carec&iacute;an de apellido o de t&iacute;tulos p&uacute;blicos: esclavos libertos, migrantes. Luego, en la &eacute;poca de las revoluciones, el significado de &ldquo;plebeyo&rdquo; parece oscilar entre el proletario y el villano. Finalmente, en la historia argentina y sudamericana reciente, lo plebeyo aparece reiteradamente ligado a una gestualidad irreverente e igualitarista, incapturable por la pol&iacute;tica convencional.
    </p><p class="article-text">
        Lo plebeyo no ha dejado de irrumpir bajo formas semi-insurreccionales o animando luchas colectivas, m&aacute;s bien como reverso de la pol&iacute;tica populista, pero tambi&eacute;n de la neoliberal. Quiz&aacute;s se pueda decir que lo plebeyo es aquello que en nuestras sociedades insiste como desacato, sea por sustracci&oacute;n o desborde, de los modos burgueses de reglar los modos de vida.
    </p><p class="article-text">
        No me propuse estudiar lo plebeyo como objeto de una sociolog&iacute;a o una pol&iacute;tica, sino a la inversa: partir de esa gestualidad incapturable como un <em>punto de vista</em> que permite enlazar la secuencia cr&iacute;tica que va de la escucha del s&iacute;ntoma a la creaci&oacute;n de forma de vida atravesando micro o macro politizaciones. M&aacute;s que describir lo plebeyo, me interesa lo plebeyo como <em>perspectiva</em> desde la cual describir la escritura de un orden. Partir del punto de vista de la crisis para leer desde ah&iacute; lo que se supone normal.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Rescatas a Maquiavelo cuando afirma que toda sociedad est&aacute; dividida entre los Grandes (que gobiernan y explotan) y la plebe (que rechaza ser gobernada y explotada). Pero esa divisi&oacute;n Grandes-plebe, &iquest;no nos pasa hoy por el medio en el neoliberalismo? No habr&iacute;a exactamente entonces dos bandos, sino que la &ldquo;l&iacute;nea del frente&rdquo; nos atravesar&iacute;a a cada uno.</strong><a href="https://www.eldiario.es/interferencias/Elogio-tumulto_6_953014711.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Maquiavelo</a>
    </p><p class="article-text">
        Los &uacute;ltimos a&ntilde;os no pude resistir la atracci&oacute;n por Maquiavelo, a partir de la tradici&oacute;n republicana (Spinoza) y sobre todo de la izquierdista, iniciada por Antonio Gramsci. Claude Lefort sostiene que en Maquiavelo la pol&iacute;tica es la divisi&oacute;n entre quienes desean dominar y quienes no quieren ser dominados. Esa lectura funciona muy bien con toda esta referencia sobre lo plebeyo.
    </p><p class="article-text">
        Lo que me tienta es usar a Maquiavelo para leer el comportamiento de una l&iacute;nea divisoria que se ha vuelto tan ambigua e imprevisible. Un poco lo que escrib&iacute;a Paolo Virno acerca de la &ldquo;ambivalencia de la multitud&rdquo;, o la risa del Joker que propone el cine norteamericano actual. Esa risa que es a la vez dolor y alegr&iacute;a, y que es inseparable de una cierta imposibilidad de discernir lo que es real y lo que es mental. Toda esta ambivalencia pasional hace dif&iacute;cil distinguir de modo pleno fen&oacute;menos de sumisi&oacute;n y de rebeli&oacute;n, o anticipar estallidos. En sus clases de los a&ntilde;os 80, Gilles Deleuze buscaba lo revolucionario en lo que llamaba &ldquo;l&iacute;neas de indiscernibilidad&rdquo;, en la proliferaci&oacute;n de flujos &ldquo;indecidibles&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si es posible convocar de nuevo aqu&iacute; a Maquiavelo es porque el Pr&iacute;ncipe es ante todo un lector sintom&aacute;tico, un lector de s&iacute;ntomas. En la tradici&oacute;n de Freud y Marx, el s&iacute;ntoma anuncia una nueva manera de leer y de pensar. En la que la anomal&iacute;a no debe ser apaciguada, sino desplegada. El &ldquo;nuevo pr&iacute;ncipe&rdquo; -que con Gramsci deviene una figura colectiva y hoy agregar&iacute;amos, sin exclusi&oacute;n de g&eacute;nero- es ante todo un lector interesado por captar el potencial cognitivo de las desobediencias (los s&iacute;ntomas), porque ese potencial es la materia sobre la que inventar nueva forma pol&iacute;tica.
    </p><h4 class="article-text">Politizaciones impuras</h4><p class="article-text">
        <strong>En Maquiavelo, el &ldquo;tumulto&rdquo; es el motor de mayor vitalidad pol&iacute;tica y justicia social siempre y cuando el conflicto se inspire en el &ldquo;deseo de no ser gobernados&rdquo; del pueblo-plebe. Pero en la realidad que se nos muestra a los ojos las cosas a veces no est&aacute;n tan claras. La divisi&oacute;n social ya no se deja leer simplemente en el eje izquierda/derecha. Pienso en el 15M, en los chalecos amarillos franceses, en el movimiento brasile&ntilde;o de Junio de 2013, en el conflicto independentista en Catalunya&hellip; &iquest;Podr&iacute;amos hablar de politizaciones impuras, de lo plebeyo oscuro? &iquest;C&oacute;mo situarse ante ello?</strong><a href="https://www.google.com/url?sa=t&amp;rct=j&amp;q=&amp;esrc=s&amp;source=web&amp;cd=1&amp;cad=rja&amp;uact=8&amp;ved=2ahUKEwjxw52y0PnmAhWyCrkGHewdAhUQFjAAegQIARAB&amp;url=http%3A%2F%2Flobosuelto.com%2Funa-lectura-somatica-amador-fernandezsavater%2F&amp;usg=AOvVaw2QJ5IH9fb5LrSpPyjcBqDh" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">politizaciones impuras,</a>
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s la lectura pol&iacute;tica sea dif&iacute;cil siempre, dado que el texto a leer est&aacute; escrito en tinta lim&oacute;n. Es un texto atravesado por los enunciados &ldquo;indecidibles&rdquo; de los que hablaba Deleuze. &iquest;Qu&eacute; pol&iacute;tica se hace posible en base a<em> lo que en nosotros no quiere obedecer?</em> Formular esta pregunta abre a una fenomenolog&iacute;a compleja: s&iacute;ntoma-plebeyismo-creaci&oacute;n de formas de vida-politizaciones. El pr&iacute;ncipe colectivo debe aprender a leer en esa indiscernibilidad de que habl&aacute;bamos. Debe extraer de esa lectura un sentido para lo an&oacute;malo. Debe extraer de all&iacute; las l&iacute;neas que permitan recorrer una transformaci&oacute;n hist&oacute;rica. Es su tarea: crear nueva instituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Resulta &uacute;til la distinci&oacute;n izquierda/derecha en esta tarea? Creo que s&iacute;, a condici&oacute;n de ligar la izquierda con un cierto sentido del conflicto. Si retomamos la idea de Maquiavelo seg&uacute;n la cual Roma tuvo las mejores leyes gracias a la condici&oacute;n tumultuosa de su pueblo, quiz&aacute;s podamos derivar de ah&iacute; una cierta idea de izquierda: aquella que liga la creaci&oacute;n de forma de vida con la lucha popular y deduce de all&iacute; la mejora, el cambio de naturaleza hist&oacute;rica, de las leyes y las instituciones. Lo que en t&eacute;rminos contempor&aacute;neos significa afirmar al mismo tiempo el car&aacute;cter com&uacute;n de la propiedad y del car&aacute;cter colectivo de las decisiones. En un sentido opuesto, puede observarse la conformaci&oacute;n de &ldquo;derechas tumultuosas&rdquo;, como es el caso reciente del macrismo en la Argentina. La derecha tambi&eacute;n gana elecciones y se moviliza, incluso puede tomar las calles. Pero esta conflictividad reaccionaria apunta a separar y a privatizar el problema de la propiedad y del de la decisi&oacute;n, a reestablecer jerarqu&iacute;as raciales, de g&eacute;nero y de clase. Esto es m&aacute;s extremo a&uacute;n en Brasil o en Bolivia.
    </p><p class="article-text">
        Los tumultos que producen nueva imaginaci&oacute;n pol&iacute;tica parten de y reivindican la experiencia y el deseo de lo com&uacute;n, no de la reivindicaci&oacute;n de la propiedad privada.
    </p><h4 class="article-text">El Estado y la plebe</h4><p class="article-text">
        <strong>Entre los Grandes y la plebe hay una tercera figura: el Estado. &iquest;Qu&eacute; partido va a tomar el Estado, a favor de los Grandes o del pueblo? &iquest;Puede el Estado establecer con el pueblo-plebe una cierta alianza? &iquest;Puede el Estado apoyarse en la plebe y amortiguar el poder de los Grandes? Tu posici&oacute;n no es &ldquo;purista&rdquo;, no buscas un &ldquo;afuera revolucionario&rdquo;, como podr&iacute;a ser el caso del Comit&eacute; Invisible. Te preguntas por la posibilidad de esa alianza precaria Estado-plebe. Pero al mismo tiempo haces un balance muy cr&iacute;tico de la &uacute;ltima experiencia kirchnerista que algunos leen precisamente como un tipo de articulaci&oacute;n as&iacute;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tengo la impresi&oacute;n de que la lengua del Estado obstaculiza la de la emancipaci&oacute;n, sin que eso implique caer en una posici&oacute;n de indiferencia entre gobiernos progresistas y reaccionarios. No es f&aacute;cil organizar esta discusi&oacute;n. Es indispensable hacer una cr&iacute;tica desde abajo sobre lo que fueron las experiencias de los gobiernos llamados progresistas de la regi&oacute;n latinoamericana, que descansaron sobre un modo de acumulaci&oacute;n de capital que no se atrevieron a cuestionar. Y al mismo tiempo esa cr&iacute;tica exige elaborar un discurso antag&oacute;nico respecto del que utiliza la derecha reaccionaria. Ellos hablan de &ldquo;corrupci&oacute;n&rdquo;, mientras que me parece mucho m&aacute;s &uacute;til hablar de precariedad. Y de acumulaci&oacute;n por desposesi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Dicho esto, no disponemos de un &ldquo;afuera&rdquo; preexistente respecto de la dominaci&oacute;n neoliberal. Ser&iacute;a mucho m&aacute;s f&aacute;cil contar con un lugar incontaminado desde el cual defender una alternativa. S&iacute; existen, en cambio, modos de estar &ldquo;dentro y contra&rdquo;. Modos que quiz&aacute;s apuntan a un &ldquo;m&aacute;s all&aacute;&rdquo;. Para pensar esta din&aacute;mica me es &uacute;til la reflexi&oacute;n de Deleuze y Guattari seg&uacute;n la cual el capitalismo act&uacute;a seg&uacute;n una l&oacute;gica axiom&aacute;tica, resolviendo sus crisis en el espacio del mercado mundial y efectuando luego modelos de acumulaci&oacute;n en el plano de la pol&iacute;tica nacional o regional. Esos modelos var&iacute;an y funcionan de acuerdo a una oscilaci&oacute;n entre dos polos: uno <em>propiamente neoliberal,</em> tiende a privilegiar el mercado exterior, y otro <em>de tipo socialdem&oacute;crata (o populista)</em> prioriza el mercado interno y las demandas sociales. La l&oacute;gica axiom&aacute;tica impone a los estados una actividad de adjunci&oacute;n/sustracci&oacute;n de regulaciones seg&uacute;n los requerimientos de la acumulaci&oacute;n. Lo vemos en la Argentina de hoy, por ejemplo, donde la exigencia del pago de la deuda se traduce en una intensificaci&oacute;n de las econom&iacute;as neoextractivas. Me parece imposible que la pol&iacute;tica pueda proyectar momentos democr&aacute;ticos efectivos sin apuntar a destruir este juego de oscilaciones.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo romper esta circularidad? Esta pregunta lleva a indagar en el reverso de la pol&iacute;tica. En todas aquellas existencias que no se deducen autom&aacute;ticamente de la axiom&aacute;tica, sino que fugan de ese esquema de oscilaciones entre ambos polos. Entonces, si me interesa la posici&oacute;n que llamas &ldquo;purista&rdquo; (nombras al Comit&eacute; Invisible) es porque es la &uacute;nica que aparece con nitidez discursiva por fuera de esta din&aacute;mica de control. Solo que hay que huir de todo lo puro porque, como dec&iacute;a Nietzsche, solo expresa valores sacerdotales. Los purismos esconden las propias dificultades para producir realidad de un modo alternativo. Por eso prefiero el pragmatismo de las resistencias populares. La posibilidad de combinar momentos nuevos entre quienes luchan por evitar la oscilaci&oacute;n hacia el polo neoliberal-totalitario del capital y quienes luchan contra la axiom&aacute;tica como tal. Se trata de un espacio complejo, lleno de contradicciones, pero en el que quiz&aacute;s se puedan producir nuevas zonas comunes de acci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Me parece que este tipo de acciones comunes se imponen cuando se comprende la imposibilidad de sostener una distancia absoluta entre forma de vida y pol&iacute;tica, o entre micro y macro pol&iacute;tica. Y vuelvo a poner de ejemplo una situaci&oacute;n argentina actual: la reciente derogaci&oacute;n de la ley que favorec&iacute;a la utilizaci&oacute;n de contaminantes de aguas para la actividad de la megaminer&iacute;a en la Provincia de Mendoza. Una formidable movilizaci&oacute;n popular hizo dar marcha atr&aacute;s al parlamento entero. &iquest;Es exagerado ver en estos episodios una comunicaci&oacute;n con la calle chilena?
    </p><p class="article-text">
        Para volver a lo que dec&iacute;amos de Maquiavelo, el Pr&iacute;ncipe colectivo solo tiene chance si se aprende la diferencia radical entre gobernar y dominar. El gobierno sin dominio va en camino de crear formas de autogobierno. Pero si, por el contrario, las luchas democr&aacute;ticas se desligan del problema del poder, la formaci&oacute;n de mayor&iacute;as electorales permanece impotente ante los dispositivos duros de la dominaci&oacute;n (financieros, represivos, medi&aacute;ticos). Por lo que, para volver a hablar de democracia, es necesario que la constituci&oacute;n de mayor&iacute;as electorales logre penetrar y alterar el funcionamiento de esos dispositivos dictatoriales.
    </p><p class="article-text">
        <strong>No estoy seguro de que hayamos aprendido esto a&uacute;n. En una reciente entrevista a Pablo Iglesias, que ingresa como vicepresidente en el nuevo gobierno de coalici&oacute;n de izquierdas en Espa&ntilde;a, observo poca innovaci&oacute;n a la hora de pensar la relaci&oacute;n entre gobierno y movimientos: el gobierno cristaliza demandas, pero no abre o reparte el poder; los movimientos funcionan como legitimaci&oacute;n democr&aacute;tica, pero no como fuerza de transformaci&oacute;n. En el libro hablas de &ldquo;ampliar la decisi&oacute;n pol&iacute;tica a nuevos actores&rdquo;. &iquest;Qu&eacute; significar&iacute;a esto? </strong><a href="https://www.eldiario.es/politica/Pablo-Iglesias-vamos-olvidar-venimos_0_982002194.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> entrevista a Pablo Iglesias,</a>
    </p><p class="article-text">
        En su libro <em>El hurac&aacute;n rojo,</em> el profesor Alejandro Horowicz reconstruye c&oacute;mo la teor&iacute;a y la pr&aacute;ctica del doble poder permiti&oacute; conectar, tanto en Francia como en Rusia, democracia y revoluci&oacute;n. Esa conexi&oacute;n est&aacute; determinada por sujetos colectivos en estado de experimentaci&oacute;n de nuevos planos de igualdad. &iquest;Qu&eacute; surgir&aacute; de lo que ocurre estos d&iacute;as en Chile en torno a la demanda de asamblea constituyente? Si algo hemos aprendido es que existe una correlaci&oacute;n directa entre modo de acumulaci&oacute;n por desposesi&oacute;n y restricci&oacute;n de los espacios de decisi&oacute;n pol&iacute;tica. Un gobierno que se quiere progresista o popular, pienso, debe honrar el compromiso de abrir espacios de transformaci&oacute;n estrat&eacute;gica con todos aquellos que resisten al modo de acumulaci&oacute;n (mega-miner&iacute;a, monocultivo, destrucci&oacute;n del medio ambiente, explotaci&oacute;n v&iacute;a endeudamiento, precarizaci&oacute;n de las condiciones de vida). Ampliar el sistema de toma de decisiones hasta abarcar actores sociales en disputa con el modo de acumulaci&oacute;n es el &uacute;nico camino que imagino para modificar, en un proceso real, la realidad neoliberal en que vivimos. Es el sentido &uacute;ltimo de la idea de &ldquo;ofensiva sensible&rdquo;: aprender de los movimientos sociales que, como las Madres de Plaza de mayo, los piqueteros de 2001 o los feminismos populares han contribuido a <em>resensibilizar</em> el campo social.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amador Fernández-Savater]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/neoliberalismo-sensibilidad-entrevista-diego-sztulwark_132_1085890.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 11 Jan 2020 20:36:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Diego Sztulwark: "No hay neoliberalismo sin una violencia contra la sensibilidad"]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Neoliberalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Yo Sí Sanidad Universal: llevamos a juicio la exclusión sanitaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/llevamos-juicio-exclusion-sanitaria_132_1177054.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/66a94edd-d483-4b9b-bf7e-2ef34ff172c4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Yo Sí Sanidad Universal: llevamos a juicio la exclusión sanitaria"></p><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>El colectivo Yo S&iacute; Sanidad Universal lleva a juicio la exclusi&oacute;n sanitaria, que los &uacute;ltimos decretos del PSOE <em>no han revertido</em> a pesar de hacer gala de lo contrario. Se puede apoyar la iniciativa en este <a href="https://www.goteo.org/project/a-juicio-la-exclusion-sanitaria" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">crowdfunding</a>.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Madrid, cuatro de la tarde. Nos acercamos al mostrador del centro de salud. Ya es el segundo intento. Casi se nos ha olvidado aquello de<em> ilegal, no deber&iacute;as venir a nuestro pa&iacute;s a aprovecharte de nuestro sistema.</em> La carpeta bajo el brazo rebosa de fotocopias, sellos, pasaportes, justificantes, estampas que el camino hasta aqu&iacute; nos ha obligado a ir coleccionando. Es nuestro turno.
    </p><p class="article-text">
        <em>Hola, me llamo &Aacute;ngela, Juana, Mario, Paula, Eloisa, Adri&aacute;n. Estoy embarazada, Tengo VIH, Mi beb&eacute; est&aacute; muy flojito y vomita sin cesar, La m&eacute;dica me ha dicho que tengo que comenzar lo antes posible el tratamiento para el c&aacute;ncer, Me estoy sintiendo mal. &ndash;Lo siento, sin empadronamiento no hay tarjeta. Lo siento, no le corresponde la cobertura de medicamentos. &iquest;Menos de 90 d&iacute;as en Espa&ntilde;a? No, no, no. Son las &oacute;rdenes. Claro que s&iacute;, pero antes debe firmar este compromiso de pago. &ndash; Pero mire tengo aqu&iacute; el informe que me ha dado la trabajadora social que justifica mi derecho, Pero mire si tengo la tarjeta de solicitante de asilo, el justificante m&eacute;dico, Pero&hellip;pero.</em>
    </p><p class="article-text">
        Sentimos rabia y miedo, miedo por las amenazas de facturaci&oacute;n, por si no atienden a mi madre que cada vez tiene las piernas m&aacute;s hinchaditas y no puede ya casi caminar, por si no vaya a ser que me entreguen a la polic&iacute;a, casi que mejor no vuelvo&hellip; &iquest;ser&aacute; que se me ha olvidado alg&uacute;n papel?
    </p><p class="article-text">
         Volvemos a repasar una vez m&aacute;s el real decreto 7/2018, con el que el PSOE aclamaba hace escasamente m&aacute;s de un a&ntilde;o la vuelta a la universalidad de la asistencia sanitaria. &ldquo;El acceso al Sistema Nacional de Salud en condiciones de equidad y de universalidad es un derecho primordial de toda persona.&rdquo; Sin embargo, <em>toda persona</em> es distinguida seg&uacute;n su nacionalidad, seg&uacute;n su estatus administrativo; lo primordial se convierte en secundario. Una redacci&oacute;n llena de asteriscos, de apartados, de excepciones, que alimentan las diversas formas de exclusi&oacute;n de esa <em>toda persona.</em> Porque aunque se reconoce el derecho a la asistencia a las personas residentes no regularizadas o a las personas en estancia temporal, &eacute;ste <a href="https://m.eldiario.es/desalambre/recuperacion-universal-Pedro-Sanchez-organizaciones_0_926008013.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">est&aacute; siendo vulnerado en nuestros centros de salud y hospitales</a>, ya se trate de mujeres embarazadas, ni&ntilde;os y ni&ntilde;as, personas con enfermedades graves o solicitantes de protecci&oacute;n internacional.
    </p><p class="article-text">
        La mayor&iacute;a de comunidades aut&oacute;nomas han abandonado sus obligaciones al no redactar normativas claras y p&uacute;blicas, est&aacute;n arrojando sobre el personal administrativo responsabilidades de control que han contribuido a que los centros sanitarios dejen de ser espacios de cuidado. El Estado est&aacute; incumpliendo los tratados y acuerdos internacionales que ha ratificado, como los Pactos Internacionales sobre los Derechos humanos y la Carta Social Europea, cada vez que deniega la asistencia a menores de edad que llevan menos de noventa d&iacute;as en territorio espa&ntilde;ol. Ecos de racismo institucional, que nos alcanzan directamente a trav&eacute;s de frases escupidas desde los altares administrativos y sanitarios, y de manera indirecta a trav&eacute;s de la confusi&oacute;n, de la arbitrariedad, de las normas no escritas, del laberinto de documentos a veces imposibles de conseguir.
    </p><p class="article-text">
        En el camino, y de manera consciente, el real decreto 7/2018 olvid&oacute; a los padres y madres que han obtenido la tarjeta de residencia por haber sido reagrupadas por sus hijas e hijos espa&ntilde;oles, una <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/Espana-universal-Gobierno-Supremo-inmigracion_0_908859983.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">exclusi&oacute;n inexplicablemente validada por el Tribunal Supremo </a>a pesar de casi un centenar de sentencias que han afirmado que ten&iacute;an pleno derecho a la asistencia sanitaria. Esto est&aacute; suponiendo la denegaci&oacute;n de la asistencia a un colectivo que adem&aacute;s es especialmente vulnerable, ya que son personas mayores con dificultades incluso para acceder a seguros privados.
    </p><p class="article-text">
         Ante esta situaci&oacute;n, el Grupo de Afectadas por el INSS y Yo S&iacute; Sanidad Universal estamos preparando recursos ante diferentes tribunales, explorando posibilidades de denuncia a las autoridades responsables de las vulneraciones de derechos que est&aacute;n cometiendo en toda la geograf&iacute;a sanitaria. Queremos llevar a juicio la exclusi&oacute;n sanitaria y acabar con ella, para lo que estamos recaudando apoyos a trav&eacute;s de <a href="https://www.goteo.org/project/a-juicio-la-exclusion-sanitaria" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este crowdfunding</a>.
    </p><p class="article-text">
        No hay que echar la vista atr&aacute;s muchos a&ntilde;os para recordar lo que significaba la materializaci&oacute;n de valores como inclusi&oacute;n y equidad con los que hemos construido nuestro sistema sanitario. Hasta el a&ntilde;o 2012, la asistencia sanitaria en Espa&ntilde;a se regulaba a trav&eacute;s de legislaciones que progresivamente hab&iacute;an ido tendiendo hacia una universalizaci&oacute;n de la cobertura poblacional. La Salud como un Derecho y no como un bien de consumo. Con esto siempre en mente, el Grupo de Afectadas por el INSS, Yo S&iacute; Sanidad Universal y tantos otros colectivos y profesionales desobedientes seguiremos organiz&aacute;ndonos para recuperar la universalidad expropiada, al grito de #Lallamanuniversalynoloes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>YO S&Iacute; SANIDAD UNIVERSAL</strong>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Yo Sí Sanidad Universal]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/llevamos-juicio-exclusion-sanitaria_132_1177054.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Dec 2019 19:54:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Yo Sí Sanidad Universal: llevamos a juicio la exclusión sanitaria]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Más allá de Corbyn y otros profetas desarmados, revivir la democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/corbyn-profetas-desarmados-revivir-democracia_132_1177050.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ecf4188d-4e28-472b-9f81-3ac14c8966c2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Más allá de Corbyn y otros profetas desarmados, revivir la democracia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El destino de la democracia no puede reducirse a una radicalización de la competición de partidos-empresa por el voto ciudadano sobre un trasfondo de ascenso de la irracionalidad. Existe otra posibilidad más radical e interesante: la oposición entre representación y democracia efectiva</p></div><p class="article-text">
        <strong>1.</strong>
    </p><p class="article-text">
        El impulso para escribir el presente texto surgi&oacute; de la lectura de un muy interesante an&aacute;lisis de Ignacio S&aacute;nchez-Cuenca sobre la debilidad actual de la izquierda a la luz de la derrota laborista publicado en el peri&oacute;dico <a href="https://www.infolibre.es/noticias/opinion/columnas/2019/12/17/la_derrota_corbyn_algo_mas_102012_1023.html?utm_source=facebook.com&amp;utm_medium=smmshare&amp;utm_campaign=noticias&amp;fbclid=IwAR1lVujxSfagV4IekTtGPA5hkOEgCS48zPIsknyWaKOLe8A9gLLJWr4yqHw" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Infolibre</a> bajo el t&iacute;tulo: &ldquo;La derrota de Corbyn y algo m&aacute;s&rdquo;. El autor retoma en su art&iacute;culo toda una serie de observaciones que efectu&oacute; en otros libros y art&iacute;culos sobre la diferencia derecha-izquierda y la &ldquo;superioridad moral de la izquierda&rdquo;. Muchas de esas observaciones son pertinentes, pero resultan algo nost&aacute;lgicas, pues son aplicables a un marco pol&iacute;tico en que la oposici&oacute;n derecha-izquierda era a&uacute;n significativa y pod&iacute;a tener consecuencias efectivas sobre el reparto del poder y de la riqueza como el que existi&oacute; mal que bien desde los a&ntilde;os 50 a fines de los 70 en Europa, cuando exist&iacute;an a&uacute;n sindicatos, movimientos sociales y partidos de izquierda fuertes. Por consiguiente, la conclusi&oacute;n del art&iacute;culo solo puede ser pesimista:
    </p><p class="article-text">
        <em>La izquierda no est&aacute; siendo capaz de capitalizar la extendida insatisfacci&oacute;n con la pol&iacute;tica y el sistema econ&oacute;mico. El primer desaf&iacute;o consiste en entender la raz&oacute;n de ello. No parece que sea un problema de propuestas. Como he se&ntilde;alado antes, hay propuestas radicales y moderadas, pero ninguna de ellas consigue el apoyo abrumador que su materializaci&oacute;n requiere. M&aacute;s bien, da la impresi&oacute;n de que los votantes no creen que esas pol&iacute;ticas sean realizables o que, si lo son, no vayan a tener unos costes mayores de los que sus promotores est&aacute;n dispuestos a admitir. Con niveles bajos de confianza pol&iacute;tica, un capitalismo financiero y globalizado que constri&ntilde;e lo que pueden hacer los partidos cuando llegan al poder, m&aacute;s una ideolog&iacute;a neoliberal dominante, muchos ciudadanos dan la espalda a los mensajes que lanzan, con un punto de desesperaci&oacute;n, las fuerzas progresistas.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>2.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me temo que, como el propio autor reconoce, no estamos ya en aquella cada vez m&aacute;s lejana situaci&oacute;n en que la dicotom&iacute;a derecha-izquierda era operativa, pues hace ya m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas que la capacidad de decisi&oacute;n de los gobiernos se ha venido estrechando crecientemente frente al poder decisivo de unos mercados financieros ante los que Estados, empresas y particulares est&aacute;n endeudados. La revoluci&oacute;n neoliberal ha transformado a los distintos actores del drama, Estados, empresarios, trabajadores, sindicatos, partidos etc. haci&eacute;ndolos irreconocibles.
    </p><p class="article-text">
        En primer lugar, el neoliberalismo ha sustituido las viejas oposiciones socialdem&oacute;cratas y ordoliberales entre el mundo del trabajo y los detentores del capital por una divisoria enteramente ajena a la anterior entre los <em>&ldquo;</em><em>stakeholders</em><em>&rdquo;</em> y los <em>&ldquo;</em><em>shareholders</em><em>&rdquo;</em>. <em>&ldquo;</em><em>Stakeholders</em><em>&rdquo;</em> son aqu&iacute; el conjunto de agentes que tienen un inter&eacute;s (<em>stake</em>) en la vida de la empresa o de la sociedad: trabajadores, representados por los sindicatos, empresarios, t&eacute;cnicos y gestores de la producci&oacute;n, Estados y otras administraciones p&uacute;blicas que velan por las normas que rigen la producci&oacute;n, etc. <em>&ldquo;</em><em>Shareholders</em><em>&rdquo;</em> son, en cambio, los titulares de acciones (<em>shares</em>), y por extensi&oacute;n, de obligaciones, t&iacute;tulos de deuda y dem&aacute;s valores financieros. El neoliberalismo parte de la constataci&oacute;n de que los sujetos que encarnan intereses <em>(</em><em>stakeholders</em><em>)</em> ejercen un permanente chantaje sobre los detentores de t&iacute;tulos a trav&eacute;s de un bloque constituido por los sindicatos, los empresarios, los t&eacute;cnicos y gestores de las empresas y el propio Estado, bloque cuya acci&oacute;n conduce al sistema capitalista hacia un rumbo &ldquo;socialista&rdquo; conforme a la predicci&oacute;n realizada por Schumpeter. M&aacute;s de un eurocomunista de los a&ntilde;os 70 crey&oacute; en este tipo de socialismo nacido del desarrollo interno del capitalismo fordista y sin ninguna perspectiva real de transici&oacute;n al comunismo. El neoliberalismo se afirma como baluarte frente a esta deriva. La ingenier&iacute;a social neoliberal tiene por objetivo que los titulares de activos financieros obtengan el m&aacute;ximo posible de remuneraci&oacute;n por sus t&iacute;tulos, lo cual redundar&iacute;a en una mayor eficacia del sistema econ&oacute;mico, lo cual terminar&iacute;a por beneficiar al conjunto de la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        La financiarizaci&oacute;n de la econom&iacute;a, caracterizada por la hegemon&iacute;a del capital financiero sobre cualquier otra forma de capital, afecta as&iacute; a todos los actores: tanto los particulares como las empresas o los Estados se encuentran sometidos al capital financiero en cuanto endeudados y deben &ldquo;hacer m&eacute;ritos&rdquo; antes sus acreedores para poder acceder al cr&eacute;dito. Entre estos &ldquo;m&eacute;ritos&rdquo; est&aacute; el que un Estado rebaje normas sociales o ecol&oacute;gicas o reduzca impuestos sobre el capital, o el que una empresa reduzca los sueldos reales, despida o externalice su producci&oacute;n para rebajar costes. El sistema financiero sustituye de esta manera al Estado en las tareas de planificaci&oacute;n del capital, quedando al Estado fundamentalmente funciones ideol&oacute;gicas de justificaci&oacute;n del r&eacute;gimen o abiertamente represivas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Todo esto significa que en una sociedad en r&eacute;gimen de endeudamiento estructural los elementos fundamentales de la representaci&oacute;n democr&aacute;tica saltan por los aires y la oposici&oacute;n derecha-izquierda acaba vi&eacute;ndose sustituida por la oposici&oacute;n entre dos o varios populismos que a partir de la nostalgia de una representaci&oacute;n pol&iacute;tica eficaz, unida a la impotencia efectiva ante los poderes econ&oacute;micos reales, produce una cr&iacute;tica vac&iacute;a y moralista de la representaci&oacute;n y un culto simplista del l&iacute;der. Italia ya mostr&oacute; en los a&ntilde;os 80 cu&aacute;les eran las caracter&iacute;sticas fundamentales de este modelo.
    </p><p class="article-text">
        La democracia como espacio de juego que negociaba intereses sociales se vio sustituida por una competici&oacute;n por el poder entre partidos-empresa, reduci&eacute;ndose el espacio p&uacute;blico a un nuevo mercado. En este mercado, la propaganda por la imagen junto a los esl&oacute;ganes vac&iacute;os juegan un papel fundamental y el debate p&uacute;blico sobre realidades sociales tiende a desvanecerse. Tal vez el momento culminante de este ascenso de la manipulaci&oacute;n pol&iacute;tica a expensas del pluralismo democr&aacute;tico fuera la campa&ntilde;a de manipulaci&oacute;n masiva destinada a imponer a las poblaciones la guerra de Iraq. Una campa&ntilde;a en la que a la movilizaci&oacute;n ciudadana respondi&oacute; una movilizaci&oacute;n masiva de mentiras descaradas por parte del poder, sin parang&oacute;n alguno fuera de los reg&iacute;menes abiertamente totalitarios. Esta degradaci&oacute;n del espacio p&uacute;blico representa en realidad la destrucci&oacute;n de este.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Kant el espacio p&uacute;blico se opon&iacute;a a lo que &eacute;l denominaba espacio &ldquo;privado&rdquo;. Este &uacute;ltimo se caracterizaba por un uso &ldquo;privado&rdquo; de la raz&oacute;n consistente en someter a esta a los imperativos de un mando exterior sea el del Estado, de un jefe administrativo, de un mando militar o un superior religioso. En el espacio p&uacute;blico la raz&oacute;n ten&iacute;a por el contrario un uso &ldquo;p&uacute;blico&rdquo; por el cual cada sujeto contrastaba sus puntos de vista racionales con los de los dem&aacute;s siguiendo un principio de estricta libertad y sin someterse a ning&uacute;n mando. Puede decirse hoy que ese espacio p&uacute;blico que heredaron de la Ilustraci&oacute;n las democracias liberales ha dejado de existir, pues la prensa y los dem&aacute;s medios de comunicaci&oacute;n est&aacute;n sometidos a intereses privados que dictan sus &oacute;rdenes de forma directa o impl&iacute;cita a los periodistas y otros agentes de la opini&oacute;n p&uacute;blica. La verdad se convierte de este modo en verdad &ldquo;privada&rdquo; que no es posible contrastar con otras en un debate p&uacute;blico aut&eacute;ntico. Cada grupo emite sus mensajes de propaganda, pero los mensajes de propaganda no pueden debatirse desde nociones comunes o desde una confianza racional en la posibilidad de que el discurso humano tenga por correlato una realidad objetiva con estructuras de las que podamos tener una comprensi&oacute;n compartida. La violencia de la propaganda destruye el espacio p&uacute;blico y desvirt&uacute;a la opini&oacute;n p&uacute;blica, cuando no es la propaganda por la violencia (de particulares o privada-estatal) la que viene a restablecer el orden, a disciplinar a los sujetos de la deuda.
    </p><p class="article-text">
        <strong>4.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Tal vez la traducci&oacute;n populista de la oposici&oacute;n derecha-izquierda en t&eacute;rminos de lucha de diversas &eacute;lites por la obediencia de las masas no sea la &uacute;nica posibilidad de desarrollo pol&iacute;tico de nuestras democracias. El destino de la democracia no puede reducirse a una radicalizaci&oacute;n de la competici&oacute;n de partidos-empresa por el voto ciudadano sobre un trasfondo de ascenso de la irracionalidad. Existe otra posibilidad m&aacute;s radical e interesante, apuntada tal vez de pasada en el art&iacute;culo de Ignacio S&aacute;nchez-Cuenca: la oposici&oacute;n entre representaci&oacute;n y democracia efectiva, en la que el segundo t&eacute;rmino, sin eliminar el primero que es un aspecto indispensable de toda pol&iacute;tica, se traduce por un despliegue multiniveles de la participaci&oacute;n popular y el establecimiento de marcos para que esta pueda tener efectos reales. Para ello es necesario en primer&iacute;simo lugar dar una batalla cultural contra la informaci&oacute;n manipuladora y retomar frente a la manipulaci&oacute;n generalizada la lucha ilustrada por la centralidad de la verdad en el discurso p&uacute;blico. Esta lucha ya est&aacute; d&aacute;ndose hoy, y de manera ejemplar, <a href="https://hipertextual.com/2019/09/consejos-finlandia-combatir-notificas-falsas" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en Finlandia</a>. Esto implica tambi&eacute;n, evidentemente, una reintroducci&oacute;n en la pol&iacute;tica de un aut&eacute;ntico espacio p&uacute;blico, en otras palabras un regreso de la <em>multitud</em> al lugar que hoy ocupan el individuo aislado o su reverso tenebroso que es la masa. La multitud es el concepto b&aacute;sico de un sistema pol&iacute;tico libre seg&uacute;n Spinoza: el gobierno de la multitud se opone al gobierno de uno. Todo r&eacute;gimen pol&iacute;tico, todo poder pol&iacute;tico est&aacute; basado en la potencia de la multitud, esto es en la capacidad de acci&oacute;n colectiva de una multitud variopinta de sujetos. Un gobernante solo tiene poder cuando puede contar para sus fines con la potencia de los muchos y diversos. Este poder puede ser detentado por uno, por pocos o por todos, siendo respectivamente una monarqu&iacute;a, una aristocracia o una democracia, pero en cualquiera de los casos su capacidad de ser racional depende directamente de la posibilidad que tengan los muchos de participar en la toma de decisiones, de la posibilidad de que se d&eacute; un amplio debate p&uacute;blico pluralista. La participaci&oacute;n de la multitud es un elemento democratizador transversal a todas las formas pol&iacute;ticas, incluida la democracia, un r&eacute;gimen de todos que no debe convertirse nunca en el de un Uno colectivo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>5.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Esta reintroducci&oacute;n no es una chifladura &ldquo;democratista&rdquo; como gustan decir los distintos populistas o los constitucionalistas acorazados, sino que puede darse en las formas m&aacute;s cl&aacute;sicas del debate parlamentario, el cual ha demostrado &uacute;ltimamente que puede ser mucho m&aacute;s pluralista y abierto a una multitud efectiva de opiniones que el &ldquo;debate&rdquo; en redes manipulado por bots y alimentado por nuestra propia estupidez de individuos aislados. Las reglas del debate parlamentario y el respeto a los hechos comprobados as&iacute; como a las normas constitucionales permitieron echar a Salvini del gobierno en Italia y obligaron a Johnson a suspender el Parlamento en el Reino Unido para llevar adelante sus planes de toma del poder mediante la manipulaci&oacute;n y la propaganda. El parlamento no lo es todo, aunque sea una pieza clave de la democracia cuando funciona de manera coherente con sus propios principios, esto es dentro del respeto del pluralismo efectivo y asumiendo la posibilidad de una racionalidad com&uacute;n dentro de su diversidad.
    </p><p class="article-text">
        La multitud puede participar tambi&eacute;n efectivamente en otros muchos contextos extraparlamentarios que son decisivos para la recuperaci&oacute;n de una democracia de abajo a arriba, en la cual los ciudadanos tengan la posibilidad de serlo efectivamente en una variedad de niveles, desde su barrio, a su municipio, su regi&oacute;n, etc., pero tambi&eacute;n a una escala superior a la de los Estados naci&oacute;n en la que se plantean cuestiones tan decisivas como las relacionadas con la ecolog&iacute;a y el cambio clim&aacute;tico que bajo ning&uacute;n concepto deben abandonarse a la ilusi&oacute;n de &ldquo;soberan&iacute;a&rdquo; que encarnan, muy a pesar de la realidad material que cada d&iacute;a los contradice, nuestros infelices Estados.
    </p><p class="article-text">
        <strong>6.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Una ampliaci&oacute;n de la base efectiva de la democracia supondr&iacute;a la creaci&oacute;n de mecanismos de participaci&oacute;n eficaces y con capacidad de decisi&oacute;n efectiva, con protocolos de funcionamiento basados en hechos y respetuosos de reglas racionales. Estos protocolos deben ser al menos tan rigurosos como los parlamentarios. Esta devoluci&oacute;n de la capacidad de decisi&oacute;n a la multitud es una urgencia de nuestra &eacute;poca, que puede y debe combinarse con el desarrollo de mecanismos eficaces de intervenci&oacute;n social en los mercados financieros destinados a atenuar la presi&oacute;n de estos sobre los nuevos espacios de democracia. Creemos que sin esta intervenci&oacute;n el desarrollo de la participaci&oacute;n puede ser completamente vano y decorativo como las &ldquo;consultas&rdquo; que realiza el r&eacute;gimen neoliberal. Las mayor&iacute;as sociales tienen que poder actuar en las instancias de planificaci&oacute;n decisivas de la econom&iacute;a mundial que son hoy los mercados financieros con instrumentos propios como la propiedad de acciones y otros t&iacute;tulos y mediante la constituci&oacute;n -propuesta recientemente por Michel Feher en su excelente libro <em>Le temps des investis: essai sur la nouvelle question sociale</em>, Paris, La D&eacute;couverte, 2017- de unas aut&eacute;nticas &ldquo;agencias de calificaci&oacute;n populares&rdquo; capaces de intervenir e interferir de manera eficaz en el funcionamiento de los mercados financieros usando los propios mecanismos de los que esos mismos se valen contra particulares, empresas y gobiernos: la advertencia, el rumor, la amenaza.... y provocando ca&iacute;das en los valores contrarios a intereses sociales y ecol&oacute;gicos b&aacute;sicos.
    </p><p class="article-text">
        No est&aacute; claro que una corriente pol&iacute;tica capaz de hacer revivir la democracia de esa manera pudiera llamarse &ldquo;izquierda&rdquo;, pero sin duda su oposici&oacute;n al orden actual, a diferencia de las distintas izquierdas tanto radicales como posibilistas, podr&iacute;a tener sentido, estructuras institucionales reales e instrumentos. Armas y dinero, dec&iacute;a Maquiavelo y no solo profetas desarmados como ha terminado esa &uacute;ltima esperanza de la izquierda que ha sido, con todos sus indudables m&eacute;ritos, Jeremy Corbyn.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Juan Domingo Sánchez Estop]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/corbyn-profetas-desarmados-revivir-democracia_132_1177050.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 21 Dec 2019 20:00:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Más allá de Corbyn y otros profetas desarmados, revivir la democracia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Reino Unido,Jeremy Corbyn]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pensar, para poder respirar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/pensar-poder-respirar_132_1200397.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/16bbf235-0c3f-41a7-ba39-1ff0a629d7b6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pensar, para poder respirar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Vivimos entre situaciones saturadas donde respuestas sin pregunta luchan entre sí por imponerse. Pensar es agujerear esas situaciones</p></div><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <blockquote class="inset pullquote-sk2">Para Rita Segato, contra el juicio y la cicuta<br/><br/></blockquote>
    </figure><p class="article-text">
        Alguien, o algo, dice &ldquo;es as&iacute;&rdquo;, y satura la situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Lo que hay, lo que existe, se cierra en una especie de cuadrado -o cuadril&aacute;tero, de boxeo- donde lo posible est&aacute; acotado, donde s&oacute;lo cabe decir s&iacute; o no, bajar la cabeza o polarizar desde otro &ldquo;es as&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Saturar es llenar u ocupar una cosa hasta el l&iacute;mite de su capacidad.</em>
    </p><p class="article-text">
        En la situaci&oacute;n saturada sentimos que nos falta el aire, que no podemos respirar. Una y otra vez se repite lo mismo, sin apenas movimiento ni variaci&oacute;n. No hay huecos, no pasa nada. No cabe nada nuevo, nada distinto.
    </p><p class="article-text">
        <em>Por todas partes situaciones saturadas.</em>
    </p><p class="article-text">
        La saturaci&oacute;n puede organizarse a partir de una diversidad de opciones, identidades u opiniones. No es necesariamente, como tal vez fue en el pasado, una tiran&iacute;a de lo &uacute;nico. En una tertulia con muchas voces discordantes, en un espacio con miles de actividades interesantes, en unas elecciones con muchos partidos presentes, podemos sentir la saturaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Nos dicen que hay muchos puntos de vista, pero en realidad s&oacute;lo son los distintos tonos de una misma tristeza&rdquo; (The Housemartins)</em><a href="https://www.youtube.com/watch?v=cgBPyEeC9UM" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">The Housemartins</a>
    </p><p class="article-text">
        Todas las opciones y opiniones posibles confirman y reproducen el mismo marco, sin dejar espacio a lo desconocido, a lo inaudito, a lo no programado. Lo Uno se dice de muchas maneras, pero todas ellas confirman el poder de lo Uno. Nosotros mismos reproducimos la situaci&oacute;n saturada adhiriendo con entusiasmo a alguna de las opciones ofrecidas, repitiendo estereotipos, moviliz&aacute;ndonos.
    </p><p class="article-text">
        <em>Nos robamos unos a otros el aire...</em>
    </p><p class="article-text">
        La saturaci&oacute;n puede instalarse tambi&eacute;n a trav&eacute;s de un conflicto polarizador. Entonces el espacio entero se organiza como un tablero de ajedrez y somos conminados a elegir bando, a tomar partido, a escoger posici&oacute;n ocultando las dudas, dejando de lado la autonom&iacute;a de una voz propia. Uno se divide en dos, pero siempre para mantener el poder del Uno: la situaci&oacute;n saturada, sin falla, sin resto.
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;C&oacute;mo desarmar el tablero sin instalarse en &eacute;l?</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>2.</strong> Distinguimos ahora artificialmente entre situaciones saturadas de poder-saber y situaciones saturadas de poder-hacer -digo artificialmente porque en el hacer tambi&eacute;n hay un saber y en el saber hay un hacer. Vamos con las primeras.
    </p><p class="article-text">
        Un exceso de saber satura. Todo se sabe y entonces la situaci&oacute;n se cierra. No hay punto de pregunta, no hay enigma o misterio, problema compartido y no resuelto de antemano.
    </p><p class="article-text">
        En la tertulia medi&aacute;tica puede haber en efecto muchas opiniones discordantes, pero todas ellas <em>saben.</em> Cada posici&oacute;n est&aacute; completa y choca con las otras como una bola de billar, tratando de ganar, de convencer, de derrotar a la opini&oacute;n adversaria, rebotando sin alterarse ni alterar la situaci&oacute;n. Todo el mundo all&iacute; sale como ha entrado, pensando lo mismo que pensaba. Y lo mismo le ocurre al p&uacute;blico. No le pasa nada porque all&iacute; <em>no ha pasado nada.</em>
    </p><p class="article-text">
        En clase, la voz de un profesor satura la situaci&oacute;n de aula mediante sus explicaciones. No satura porque hable s&oacute;lo &eacute;l -una voz que discurre en solitario puede abrir la situaci&oacute;n, hacer pasar algo, dar que pensar- , sino porque avanza por un camino trillado hacia un fin ya sabido. A trav&eacute;s del examen se verifica que todo el mundo ha entendido, es decir, que <em>todos pueden repetir exactamente lo ya dicho,</em> sin alterarlo o transformarlo. Esa voz no deja espacio, no crea espacio, no abre espacio.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Espacio para qu&eacute;? Para que el otro haga su propio viaje, emprenda su propia aventura de pensamiento, encuentre y despliegue su propio camino.
    </p><p class="article-text">
        <strong>3.</strong> &iquest;Qu&eacute; es pensar? <em>Es justamente abrir un agujero en la situaci&oacute;n saturada.</em>
    </p><p class="article-text">
        El pensamiento es <em>en primer lugar </em>un agujero, un boquete en el muro de los sentidos establecidos, en el macizo de las evidencias, una fisura y una grieta por donde <em>podemos volver a respirar.</em>
    </p><p class="article-text">
        Una vida sin pensamiento es una vida sin aire, una vida-sin-vida. La alegr&iacute;a un poco loca del pensamiento es una sensaci&oacute;n <em>muy f&iacute;sica:</em> sentimos c&oacute;mo se deshace la consistencia asfixiante de la situaci&oacute;n saturada, c&oacute;mo dejamos de estar atrapados en ella aunque sigamos dentro, c&oacute;mo somos nosotros ahora quienes leemos la situaci&oacute;n en lugar de ser le&iacute;dos por ella. As&iacute; volvemos a coger aire.
    </p><p class="article-text">
        Conspirar significa respirar juntos. Toda asociaci&oacute;n de pensamiento -a dos, un grupo de amigos, un colectivo- es una peque&ntilde;a conspiraci&oacute;n contra la saturaci&oacute;n del mundo, contra la saturaci&oacute;n como forma privilegiada del mundo, contra el cierre de los sentidos.
    </p><p class="article-text">
        Amigo es cualquiera con el que se piensa la vida. La amistad en el pensamiento consiste en darse aire. Nos rescatamos boca a boca, el cerebro alerta y el coraz&oacute;n bombeando ox&iacute;geno, de la apnea de la situaci&oacute;n saturada que nos funde los plomos y nos mata lentamente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>4.</strong> Tal vez el primer agujereador fue S&oacute;crates. S&oacute;crates se las vio con el poder saturador de la &eacute;poca -poder del mito, poder de la opini&oacute;n- que impon&iacute;a la reproducci&oacute;n de lo existente sin cuestionamiento.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; todo visto, todo dicho, todo pensado, dice el poder del mito. Hubo historia, en el tiempo de nuestros antepasados, pero ya no la hay. El relato de lo que hicieron los antepasados dice la Ley y esta se graba oralmente en los cuerpos.
    </p><p class="article-text">
        S&oacute;crates interpela a personajes que<em> saben,</em> le pregunta a un militar por el coraje, a un poeta por la belleza, a un pol&iacute;tico por la justicia. Hace las buenas preguntas, las preguntas inc&oacute;modas para cada uno y muestra que nadie sabe lo que cre&iacute;a saber, la inconsistencia real de lo que aparec&iacute;a como pura consistencia y seguridad. Interrumpe, desmonta el saber y abre espacio para pensar.
    </p><p class="article-text">
        <em>Pensar significa ir m&aacute;s all&aacute; de lo que se sabe, internarse en terreno desconocido, aprender.</em>
    </p><p class="article-text">
        La buena pregunta abre un agujero en el interior de la situaci&oacute;n saturada. Y ese agujero es lo que permite pensar. Pero no s&oacute;lo a S&oacute;crates, sino a cualquiera de los que habitan la situaci&oacute;n con &eacute;l. Interrumpir y agujerear es regalar a <em>cualquiera</em> una ocasi&oacute;n para poder pensar, abrir espacio para el viaje de pensamiento del otro. Ese agujero es un punto de no-saber a partir del cual se vuelve posible interrogarse y producir sentidos nuevos. Basta con no temer el agujero reci&eacute;n abierto, no querer taparlo a toda costa, no defenderse de &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Ni rastro de S&oacute;crates en el espacio p&uacute;blico-medi&aacute;tico contempor&aacute;neo. Ni siquiera el chispazo de un momento socr&aacute;tico, un momento de interrupci&oacute;n de los saberes saturadores, la apertura de un agujero interrogador. El poder saturador no puede permitirse un punto vac&iacute;o o un punto de pregunta: ese boquete abre la posibilidad de ir m&aacute;s all&aacute; del marco de saberes, opciones y opiniones posibles, desbord&aacute;ndolo. Hay que cerrarlo a toda costa, ya, r&aacute;pido, llenar de explicaciones cualquier agujero abierto s&uacute;bitamente, acotar lo posible, distribuir las posiciones autorizadas, cargarse de raz&oacute;n. Las mismas redes sociales se han convertido en estaciones repetidoras de estereotipos, el personal se confirma en su saber y agrede al de enfrente en lugar de buscar compa&ntilde;&iacute;a y amistad en el pensamiento.
    </p><p class="article-text">
        <em>Que a nadie se le ocurra mirar a trav&eacute;s del agujero, que a nadie se le ocurra pasar a trav&eacute;s del agujero.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>5.</strong> La filosof&iacute;a nace como un boquete en el tejido de los saberes establecidos. Es, seg&uacute;n dice Cornelius Castoriadis, una &ldquo;extra&ntilde;a rasgadura&rdquo; a trav&eacute;s de la cual todo se puede poner en solfa y en cuesti&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Pero enseguida se convierte tambi&eacute;n en un poder saturador. Y seguramente uno de los m&aacute;s temibles, capaz de dejar sin espacio a cualquiera, capaz de quitarle la palabra a cualquiera, capaz de hacer reinar un silencio resignado hacia los &ldquo;es as&iacute;&rdquo; de los sabios. Es el anhelo de un saber total sobre el mundo, una serie de respuestas definitivas. Es la oscilaci&oacute;n entre S&oacute;crates y Plat&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la filosof&iacute;a saturadora, S&oacute;crates interrumpe y agujerea, s&iacute;, pero s&oacute;lo para dar paso al que sabe, a Plat&oacute;n. Interrumpe y agujerea los saberes de la opini&oacute;n y el cuerpo, para dejar lugar al saber de la Ciencia. Se derriba para edificar sobre las ruinas de lo derribado.
    </p><p class="article-text">
        La paradoja &ldquo;s&oacute;lo s&eacute; que no s&eacute; nada&rdquo; es l&oacute;gicamente imposible. No se puede avanzar desde el no-saber. La ignorancia es impotencia. La contestaci&oacute;n de un saber &uacute;nicamente puede darse en nombre de otro saber. S&oacute;lo el que sabe puede preguntar, pero ya sabe la respuesta. Pregunta ret&oacute;rica o pedag&oacute;gica: quien pregunta espera al otro instalado en un saber, un saber superior, un saber juez.
    </p><p class="article-text">
        Lo dice Andr&eacute; Glucksmann en <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/elementos-criticos/los-maestros-pensadores/9788433914125/EC_12" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Los Maestros Pensadores</em></a><em>,</em> un hermoso libro que podemos leer hoy m&aacute;s libremente que cuando apareci&oacute; en 1977 -el contexto y contextualizar tambi&eacute;n saturan muy a menudo, acotando los efectos posibles de una obra a su marco hist&oacute;rico.
    </p><p class="article-text">
        La filosof&iacute;a saturadora quiere resolver las paradojas y los agujeros que los distintos S&oacute;crates van abriendo, cerrar el saber sobre s&iacute; mismo, eliminando (&ldquo;resolviendo&rdquo;) todo lo que no encaja, todas las contradicciones. Cicatrizar las heridas.
    </p><p class="article-text">
        <em>Pero s&oacute;lo nos es dado respirar por las heridas, aunque duela mantenerlas abiertas.</em>
    </p><p class="article-text">
        La filosof&iacute;a oscila siempre entre saturaci&oacute;n e interrupci&oacute;n, entre los maestros pensadores y los maestros que no llevan a ninguna parte, entre el saber como privilegio de unas &eacute;lites y el no-saber com&uacute;n al m&aacute;s com&uacute;n de los mortales, como el lenguaje, la capacidad de preguntar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>6.</strong> Del mismo modo que las preguntas y las paradojas son agujeros en el &aacute;mbito del poder-saber, los movimientos sociales son agujeros en el &aacute;mbito del poder-hacer. Interrupciones del orden autorizado de los posibles y apertura de otros nuevos, experimentaci&oacute;n de otras formas de vida.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las cosas son as&iacute;&rdquo; repiten todos los discursos a izquierda y derecha. Todas las opciones existentes luchan entre s&iacute; por apoderarse del poder. Pero &ldquo;todo lo que compite, en el fondo colabora&rdquo;, como dec&iacute;a nuestro S&oacute;crates local, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=wEhTpaytfv8" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Agust&iacute;n Garc&iacute;a Calvo.</a> La lucha por el poder deja intacto al poder, el poder cambia de manos pero no de naturaleza.
    </p><p class="article-text">
        Un movimiento es la irrupci&oacute;n del pensamiento en la sociedad. Abre preguntas sobre la vida en com&uacute;n que antes no exist&iacute;an: preguntas sobre la relaci&oacute;n con el trabajo (movimiento obrero), sobre la relaci&oacute;n entre los sexos (movimiento feminista), sobre la relaci&oacute;n con la naturaleza (movimiento ecologista). Son interrupciones del orden a trav&eacute;s de preguntas que se hacen poniendo el cuerpo en la calle, interrupciones de las respuestas sin pregunta que luchan entre s&iacute; por imponerse.
    </p><p class="article-text">
        <em>Es la &uacute;nica democracia posible, una democracia de ignorantes, de los que no saben.</em>
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica nace como apertura de preguntas sobre c&oacute;mo vivir juntos a trav&eacute;s de movimientos de la sociedad, pero -del mismo modo que dec&iacute;amos sobre la filosof&iacute;a- se convierte pronto en la idea de una ciencia de la pol&iacute;tica como gobierno, como dominio vertical, como poder separado de la gente com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El poder saturador dice entonces igualmente: &ldquo;los movimientos son imposibles&rdquo;. Por las mismas razones que S&oacute;crates resultaba imposible: los que contestan un orden deben tener una propuesta de orden de recambio en la cabeza -o bien la tienen, pero la esconden.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Y t&uacute; qu&eacute; propones?&rdquo; le dice el poder saturador a quien interrumpe. No es posible desafiar un orden sin tener una soluci&oacute;n de recambio en la cabeza. Quien desaf&iacute;a al poder quiere el poder o est&aacute; al servicio del poder de una potencia extranjera. Si cuestionas A, es porque est&aacute;s a favor de B o al servicio de B. El que no sabe y pregunta debe saber -o ya sabe, pero lo esconde. El asunto es siempre<em> tapar la pregunta,</em> no tener que escucharla, no dejarse llevar por ella m&aacute;s all&aacute;, no tener que pensar. Todo el rato se quiere hacer ingresar al que interrumpe en el tablero de ajedrez, hacer de &eacute;l un adversario funcional, las negras de las blancas o viceversa.
    </p><p class="article-text">
        <em>Que no se abra un espacio de preguntas compartidas, un espacio de ignorantes que conf&iacute;an en la potencia del no-saber, un espacio donde quepa cualquiera, un espacio de lenguaje com&uacute;n.</em>
    </p><p class="article-text">
        Los mismos movimientos siempre corren el riesgo de producir una nueva saturaci&oacute;n. La potencia que desclasifica un cierto orden de cosas <em>y pregunta</em> puede convertirse en un nuevo poder que reclasifique <em>y sepa.</em>
    </p><p class="article-text">
        Un movimiento abre la cuesti&oacute;n de qu&eacute; significa ser hombre o mujer, blanco y negro. Interrumpe y agujerea lo que estaba saturado. Ese movimiento regala a cualquiera la posibilidad de un nuevo <em>hacer,</em> de una nueva experimentaci&oacute;n sobre lo que significa ser hombre o mujer, blanco o negro (y sus relaciones). Pero siempre es posible que se produzca una nueva saturaci&oacute;n, una nueva respuesta, un nuevo saber sobre lo que son los hombres y las mujeres, los blancos y los negros. El no saber que abri&oacute; la situaci&oacute;n se convierte as&iacute; en un nuevo saber que define -de antemano y a priori- <em>lo que puede un cuerpo,</em> sin dejar margen de cambio o devenir.
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;C&oacute;mo pensar sin saturar?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;C&oacute;mo actuar sin saturar?</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>7.</strong> La saturaci&oacute;n no se desactiva oponi&eacute;ndole otro saber, sino mediante preguntas y paradojas. La paradoja es un resto ingobernable en el poder-saber, un movimiento social es un resto ingobernable en el poder-hacer. No todo cierra, no todo encaja, no todo se sabe, lo posible no est&aacute; acotado para siempre.
    </p><p class="article-text">
        Todos los saberes y poderes saturadores son anti-socr&aacute;ticos: &ldquo;def&iacute;nete&rdquo;, &ldquo;&iquest;cu&aacute;l es tu programa?&rdquo;, etc. S&oacute;lo la paradoja es inclusiva, todos estamos invitados a colarnos por la grieta que abre. La &ldquo;transversalidad&rdquo; no pasa por sumar las identidades existentes, por poner el m&aacute;ximo de bolas de billas identitarias en el mismo saco, sino justamente por <em>restarlas:</em> dejarnos atravesar por una no-identidad, una pregunta com&uacute;n, un problema com&uacute;n, una b&uacute;squeda com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;Cu&aacute;nta paradoja podemos soportar? En la pr&aacute;ctica del pensamiento o en la pr&aacute;ctica de un movimiento social, cu&aacute;nto no saber, cuanta incoherencia, cu&aacute;nta impureza.</em>
    </p><p class="article-text">
        El soci&oacute;logo <a href="https://www.eldiario.es/interferencias/politica-experiencial-chalecos-amarillos-pueblo_6_956514364.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Michel Lianos</a>, que acompa&ntilde;a desde el comienzo a los chalecos amarillos franceses, describe en numerosos textos c&oacute;mo la fuerza del movimiento que a&uacute;n perdura pasa por su negativa a <em>resolver las paradojas</em> -en un un l&iacute;der absoluto, una  identidad coherente, un programa serio, un partido <em>comme il faut</em>, una opci&oacute;n de poder. La paradoja es la vida, lo que hay cuando existe realmente diversidad. La experiencia com&uacute;n hace posible lo que la l&oacute;gica se&ntilde;ala como imposible, Lianos habla de los chalecos amarillos como una nueva &ldquo;pol&iacute;tica experiencial&rdquo;: juntarse, hacer y vivir a partir -y no pese- a las diferencias, las contradicciones y los choques.
    </p><p class="article-text">
        Todos los movimientos m&aacute;s interesantes de los &uacute;ltimos a&ntilde;os son <em>movimientos parad&oacute;jicos</em> -ambivalentes, ambiguos, impuros- que han sostenido las tensiones en lugar de resolverlas en una nueva identidad, un nuevo saber, una nueva saturaci&oacute;n. Lo que se pierde en t&eacute;rminos de conquista del poder se gana en t&eacute;rminos de interpelaci&oacute;n social. Y la situaci&oacute;n se mantiene abierta.
    </p><p class="article-text">
        La paradoja es un &ldquo;imposible&rdquo; dentro de cierto orden l&oacute;gico. Pero al mismo tiempo apunta a <em>otro</em> orden de pensamiento y de vida donde A y no A sean ambas posibles, donde podamos pensar y organizar la vida com&uacute;n a trav&eacute;s de figuras abiertas y no de determinaciones excluyentes, donde la experiencia pueda reunir lo que ciertos esquemas l&oacute;gicos separan y enfrentan. Cuando hay paradoja circula el aire y podemos respirar. Es como la vida misma: imposible, contradictoria, impura, incoherente y a&uacute;n as&iacute; efectiva.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La revoluci&oacute;n&rdquo;, dice Merleau-Ponty, &ldquo;es verdadera en tanto que movimiento y falsa en tanto que r&eacute;gimen&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo mismo vale para el movimiento de pensar: la verdad es verdadera como desplazamiento (Santiago L&oacute;pez Petit) y falsa como r&eacute;gimen o instituci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <a href="http://autonomies.org/2019/12/amador-fernandez-savater-the-rebelliousness-of-non-knowing/#more-11637" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Este texto en ingl&eacute;s </a>
    </p><p class="article-text">
        <em>Intervenci&oacute;n en el Festival Valladolid Piensa el 23 de noviembre de 2019, gracias Ad&aacute;n, Mar&iacute;a, por la invitaci&oacute;n. Gracias siempre a los viejos y nuevos amigxs en el pensamiento, Sergio, Hugo, Marta, Natasa, Pedro, talleres de los lunes, martes, viernes. M&aacute;s info: Filosof&iacute;a Pirata. </em><a href="https://www.filosofiapirata.net/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Filosof&iacute;a Pirata. </a>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amador Fernández-Savater]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/pensar-poder-respirar_132_1200397.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Dec 2019 20:37:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pensar, para poder respirar]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La política experiencial o los chalecos amarillos como pueblo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/interferencias/politica-experiencial-chalecos-amarillos-pueblo_132_1289123.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/de8c2012-5b30-48a1-afba-8b1d42fda4ab_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La política experiencial o los chalecos amarillos como pueblo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Justo un año después de su nacimiento, el sociólogo Michel Lianos piensa en el movimiento de los chalecos amarillos, prefiguración de otra política impura, paradójica, experiencial</p></div><p class="article-text">
        <em>Primer aniversario del movimiento de los chalecos amarillos, el 17 de noviembre de 2018 miles de personas ocupan las rotondas de toda Francia en protesta contra la subida del precio de la gasolina del gobierno Macron. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Un a&ntilde;o despu&eacute;s, los chalecos amarillos siguen activos, pero rodeados por el silencio y los estereotipos medi&aacute;ticos. Es un movimiento demasiado impuro para los radares del pensamiento dominante. Muchas demandas y no todas ellas &ldquo;coherentes&rdquo; en un bloque ideol&oacute;gico, sin l&iacute;deres, movimiento de clase que sin embargo no tiene que ver con la lucha de clases, anticapitalista pero no necesariamente anti-mercado, colectivo pero individualista a la vez. </em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Algo as&iacute; s&oacute;lo puede pensarse desde dentro. Es lo que hace Michel Lianos, soci&oacute;logo que acompa&ntilde;a al movimiento desde sus or&iacute;genes, dando cuenta de todas sus paradojas a trav&eacute;s del concepto de &ldquo;pol&iacute;tica experiencial&rdquo;. La experiencia com&uacute;n, ya no las etiquetas ideol&oacute;gicas o sociol&oacute;gicas, como base de la acci&oacute;n. La experiencia com&uacute;n como centro y motor de nuevos movimientos parad&oacute;jicos, inclasificables para la vieja cultura pol&iacute;tica.</em>
    </p><p class="article-text">
        Entrevistar a la gente cerca del Arco del Triunfo, en medio de gases lacrim&oacute;genos y granadas de humo, es toda una experiencia para un soci&oacute;logo. Dicha experiencia confirma que la historia est&aacute; muy lejos de concluir. En efecto, hasta los humanos programados de las sociedades post-industriales son capaces de ejecutar actos impredecibles.
    </p><p class="article-text">
        Nadie hab&iacute;a previsto la aparici&oacute;n de los chalecos amarillos y, sin embargo, r&aacute;pidamente muchos se hicieron poseedores de ideas muy precisas sobre qui&eacute;nes eran ellos. Empez&oacute; a circular una amplia gama de etiquetas: <em>&ldquo;rednecks&rdquo;</em> de extrema-derecha, agitadores de izquierda, la clase baja manipulada por los partidos de la oposici&oacute;n al gobierno, etc. Las preguntas se volvieron necesarias una vez que el movimiento comenz&oacute; a crecer. Las instituciones pol&iacute;ticas, por otro lado, se atemorizaron hasta el punto de que todos partidos fueron convocados por el gobierno franc&eacute;s para &ldquo;entender la situaci&oacute;n&rdquo; y as&iacute; volver a situar a la pol&iacute;tica en su marco convencional y normativo. Aunque, precisamente, lo que los chalecos amarillos buscan es <em>dar un paso a un lado</em> de lo que se entiende por ese marco convencional de la pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Las revoluciones nunca comienzan como revoluciones. O lo que es peor, siempre desembocan en formas que vuelven a introducir una serie de desigualdades a causa de su visi&oacute;n de mundo. Los chalecos amarillos parecen responder tambi&eacute;n a este hecho. La progresi&oacute;n de sus objetivos pol&iacute;ticos ha sido realmente colosal. En apenas cuatro semanas, pasaron de su punto de partida (la cuesti&oacute;n del alza del precio del petr&oacute;leo) a una cr&iacute;tica expl&iacute;cita del sistema parlamentario y de la pol&iacute;tica representativa. De esta manera, los chalecos amarillos han arrinconado al sistema pol&iacute;tico, postr&aacute;ndolo en un estado de obsolescencia. Esta es gente que, en su mayor parte, nunca antes hab&iacute;a militado en causas sociales y que, hasta hace muy poco, se consideraba &ldquo;apol&iacute;tica&rdquo;. Son las fascinantes paradojas de la &eacute;poca.
    </p><p class="article-text">
        Qui&eacute;nes pertenecen al establishment son incapaces de entender esta realidad. &iquest;Y cu&aacute;les son exactamente sus demandas? Muchas. Y no todas apuntan en una misma direcci&oacute;n. &iquest;Qui&eacute;nes son sus l&iacute;deres? En realidad, no podemos nombrar a ninguno. &iquest;Acaso buscan iniciar un partido pol&iacute;tico para llegar al poder? Tampoco. &iquest;Y qu&eacute; es lo que buscan, entonces? Podr&iacute;amos decir que simplemente quieren ser escuchados, porque quieren poder vivir en condiciones dignas de existencia.
    </p><p class="article-text">
        En efecto, este es un movimiento de clase que <em>no</em> tiene nada que ver con la lucha de clases. La clase a la cual pertenecen pudiera ser descrita como la franja m&aacute;s baja de los &ldquo;incluidos&rdquo; en el sistema. Esto es, aquellos que tienen problemas para llegar a fin de mes, pero que, sin embargo, se sienten parte del coraz&oacute;n de la sociedad francesa. &iquest;Qui&eacute;nes? Los trabajadores artesanales, los t&eacute;cnicos de diversos oficios, los empleados p&uacute;blicos, las secretarias y bur&oacute;cratas menores, los vendedores ambulantes, los campesinos, los peque&ntilde;os propietarios, los conductores de camiones, los asistentes en la ense&ntilde;anza publica, los zapateros, las asistentes del cuidado m&eacute;dico, los artistas independientes y precarizados, y los estudiantes obligados a mantener varios trabajos. Cuando estuve en las calles siguiendo esta realidad, fui incapaz de conocer a una sola persona que fuese del centro de Par&iacute;s o de algunos de los suburbios m&aacute;s acomodados.
    </p><p class="article-text">
        El punto m&aacute;s importante es la manera en que todos estos sujetos son part&iacute;cipes de una misma experiencia. En un mismo grupo uno puede encontrar personas que en su vida han votado, otros que siempre han votado por el Frente Nacional, y luego otros que han votado por la izquierda. Hace algunas semanas, toda esta gente se ve&iacute;an los unos a los otros como fascistas, extremistas, o completamente ajenos a la pol&iacute;tica. Son conscientes de sus diferencias y del hecho de que, entre ellos, hay opiniones muy diversas sobre casi todos los temas. Y, sin embargo, todo esto se ha vuelto un tema secundario. Al confluir en las calles -un tipo de movilizaci&oacute;n potenciada a trav&eacute;s de Internet- han podido percibir como sus experiencias son parte de un mismo sentimiento de humillaci&oacute;n y exclusi&oacute;n. As&iacute;, los chalecos amarillos entienden que la pol&iacute;tica de partidos es un juego de una &eacute;lite desvinculada de la realidad; una &eacute;lite a la que solo le interesa dirigir las normas del juego a espaldas de la gente. As&iacute;, se han dado cuenta de que, en realidad, han sido ellos quienes han permanecido excluidos por la mediatizaci&oacute;n ret&oacute;rica del juego pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Asimismo, los chalecos amarillos parecieran darse cuenta que el mundo de las &eacute;lites ya no es necesario. De ah&iacute; que hablen de participaci&oacute;n, de democracia directa o de refer&eacute;ndum sobre cuestiones centrales de la vida cotidiana. No se trata de una ret&oacute;rica revolucionaria agitada, sino de un discurso sereno y pragm&aacute;tico que se va nutriendo de su propia pr&aacute;ctica. Naturalmente, ellos piensan que si la &ldquo;gente com&uacute;n&rdquo; logra alcanzar un nuevo tipo de coordinaci&oacute;n a lo largo del pa&iacute;s, ya no habr&iacute;a ninguna necesidad de una &eacute;lite que solo encuentra un punto de legitimaci&oacute;n a trav&eacute;s del voto cada cuatro o cinco a&ntilde;os. Uno podr&iacute;a decir que esa actitud ya es una especie de prefiguraci&oacute;n pol&iacute;tica y, sin embargo, esto tampoco es correcto. No hay una condici&oacute;n ideol&oacute;gica previa que quiera cambiarlo todo voluntariamente. Por eso no hay una visi&oacute;n normativa que caracterice a sus pr&aacute;cticas. Al contrario, lo que estos diferentes actores tienen en com&uacute;n es el hecho de estar muy cansados de un malestar socioecon&oacute;mico. Como me coment&oacute; en un momento un campesino de Charante: &ldquo;esto es lo &uacute;ltimo que aguanto. Me sub&iacute; a mi tractor y conduje a la rotonda m&aacute;s cercana para bloquearla&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El t&eacute;rmino que me gustar&iacute;a proponer para esta nueva conducta emergente es <em>pol&iacute;tica experiencial</em><em>.</em> Mediante este t&eacute;rmino aludo al hecho de que la experiencia como tal podr&iacute;a coordinar la representaci&oacute;n pol&iacute;tica desde una pr&aacute;ctica carente de una estructura centr&iacute;peta o piramidal. Esta coordinaci&oacute;n se da solo en un momento coyuntural, y aparece como ideol&oacute;gicamente inestable, pol&iacute;ticamente ineficiente, aunque solo sea porque nos encontramos atados a la organizaci&oacute;n del sistema pol&iacute;tico moderno. Los chalecos amarillos usan sus experiencias para emanciparse de la carga de las representaciones pol&iacute;ticas que los clasifican constantemente bajo esquemas ideol&oacute;gicos r&iacute;gidos. Como casi todos en Francia, los chalecos amarillos reivindican la Declaraci&oacute;n de los Derechos del Hombre, aunque insistiendo que sus principios han perdido efectividad bajo el sistema vigente. Esta manera de pensar la pol&iacute;tica atraviesa a todas las corrientes del movimiento. En efecto, muchos de ellos piensan que solo un refer&eacute;ndum convocado por los ciudadanos puede transformar el <em>impasse</em> pol&iacute;tico. Muchos otros piensan que solo una asamblea constituyente podr&iacute;a transformar las instituciones existentes y de esa manera romper el actual sistema pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco escasean ideas sobre qu&eacute; hacer respecto a la Uni&oacute;n Europea. Aunque existen muchos matices, el consenso reside en que los pueblos de Europa deben estar conectados no mediante instituciones formales, sino a trav&eacute;s de lazos horizontales que atiendan a las dificultades de cada grupo. La diferencia entre &ldquo;la gente&rdquo; y las &eacute;lites parece sobrepasar cualquier tipo de arraigo relativo a una identidad nacional, al estilo en el que las agencias de la Uni&oacute;n Europea quisieran administrarlas. Y a pesar de que ellos conciban al euro como un instrumento financiero de la &eacute;lite dominante, en realidad no tienen objeciones a un tipo de econom&iacute;a internacional que se base en estructuras y recursos locales.
    </p><p class="article-text">
        Los chalecos amarillos, de hecho, no se oponen al mercado en la medida en que este sirve a un prop&oacute;sito social que garantice a la gente una vida digna en proporci&oacute;n a sus esfuerzos. A diferencia de otros movimientos en torno a los &ldquo;salarios&rdquo;, el gesto de los chalecos amarillos afirma la independencia laboral, que para muchos es signo de autonom&iacute;a. La paradoja de un movimiento de la gente com&uacute;n alrededor de la autonom&iacute;a, probablemente radica en que, quiz&aacute;s, sea una consecuencia directa del creciente desarrollo de la individualizaci&oacute;n en las sociedades europeas, al menos desde finales de la Segunda Guerra Mundial. Pero no es menos cierto que la sustancia de toda acci&oacute;n colectiva tiende a cambiar en cada &eacute;poca. Y en &eacute;sta lo que cuenta parece ser la unidad de la condici&oacute;n individual. Sabemos que nuestra aspiraci&oacute;n hoy tiene mucho que ver con el reconocimiento de nuestra singularidad en el espacio social.
    </p><p class="article-text">
        Naturalmente, para los chalecos amarillos no hay una oposici&oacute;n entre lo colectivo y lo individual. Esto explica por qu&eacute; la reducci&oacute;n impositiva, la solidaridad con los refugiados o una apuesta por una democracia directa conviven en el mismo programa de demandas. A diferencia de los votantes de los partidos tradicionales, los chalecos amarillos no ven contradicci&oacute;n alguna entre la aspiraci&oacute;n a vivir juntos en tanto que individuos independientes. Es en este sentido que podemos decir que son verdaderos ciudadanos post-industriales que han dejado atr&aacute;s el sentido de colectividad y de comunidad. Aun cuando son trabajadores asalariados, atizados por la incertidumbre del mercado y la competencia, estos sujetos se ven a s&iacute; mismos como emprendedores, capaces de encontrar su propio camino en la malla institucional de la sociedad. No hay caminos preestablecidos, carreras lineales o jubilaciones confortables a la espera, no hay identidades sociales que seguir. Los chalecos amarillos, frente a los movimientos tradicionales, no suelen tener nostalgia alguna por comunidades o valores, ya sean nacionales o pol&iacute;ticos. Es por esta raz&oacute;n que no logran encajar en la l&oacute;gica populista que, una y otra vez, intenta encasillarlos o excluirlos como novedad social. Estamos ante individuos que articulan una visi&oacute;n pol&iacute;tica sobre la base de un prop&oacute;sito colectivo solidario, aunque sin desatender la promoci&oacute;n personal.
    </p><p class="article-text">
        Hace veinte a&ntilde;os, junto a varios colegas, investigu&eacute; las formas de la inseguridad y la incertidumbre en Europa. Ya en aquel entonces generamos una serie de informes que inclu&iacute;an recomendaciones y alertas sobre los retos de cara al futuro: &ldquo;Necesitamos volver a pensar la gobernabilidad pol&iacute;tica como una dimensi&oacute;n, en lugar de c&oacute;mo una garant&iacute;a de la existencia individual. Esto deber&iacute;a ser parte de un programa para ajustar la acci&oacute;n institucional que pueda garantizar el espacio para la realizaci&oacute;n de cada uno de los proyectos de cada individuo&rdquo;. Naturalmente, nuestro informe -como los de tantos otros investigadores- solo consigui&oacute; acumular polvo en una de las gavetas de alguna agencia p&uacute;blica. Diez a&ntilde;os m&aacute;s tarde, los movimientos de las plazas irrumpieron en Madrid y Atenas, Kiev y Nueva York, y en muchas otras partes del planeta. Una forma nueva, m&aacute;s madura, parece estar desarroll&aacute;ndose ahora en Francia.
    </p><p class="article-text">
        La historia nunca puede escribirse adelant&aacute;ndose de los hechos. Podr&iacute;a ocurrir que las instituciones de las mayor&iacute;as parlamentarias consigan gestionar estos tiempos y mutar parcialmente hacia nuevas formas pol&iacute;ticas m&aacute;s ajustadas a la realidad. Tambi&eacute;n podr&iacute;a suceder que el autoritarismo regrese al centro del escenario de la historia europea. Sin embargo, tambi&eacute;n hay razones para creer que una nueva forma democr&aacute;tica pudiera estar emergiendo desde abajo, es decir, a partir de ciudadanos que ya han dejado atr&aacute;s a los partidos pol&iacute;ticos y la clase dirigente como condiciones para construir un mundo de convivencia digna. Los chalecos amarillos han demostrado que hoy se puede dudar de la centralizaci&oacute;n del poder, y no solo por la dimensi&oacute;n ideol&oacute;gica abstracta, sino tambi&eacute;n porque nuevas experiencias cotidianas, como pueden ser llenar el tanque de gasolina o pagar la factura de la luz o el agua, emergen como base. Y es precisamente este v&iacute;nculo entre la experiencia cotidiana y la visi&oacute;n intelectual de la pol&iacute;tica lo que se convierte en un reto para la fundaci&oacute;n del poder pol&iacute;tico moderno, tal y como lo hemos entendido al menos desde las revoluciones del siglo XVIII. Esto no es poca cosa. Una vez m&aacute;s, Europa parece estar pol&iacute;ticamente viva.
    </p><p class="article-text">
        <em>*Originalmente publicado en On the Frontline. Traducci&oacute;n al castellano por Gerardo Mu&ntilde;oz.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Michel Lianos]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 16 Nov 2019 12:39:24 +0000]]></pubDate>
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