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    <title><![CDATA[elDiario.es - Burbuja Literaria]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/burbuja_literaria/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Burbuja Literaria]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
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    <item>
      <title><![CDATA[Sacudir la cabeza]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/sacudir-cabeza_1_5524222.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8a14c66c-7022-4cda-bd4c-c5269beffb32_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sacudir la cabeza"></p><p class="article-text">
        Pronto <strong> sacudi&oacute; la cabeza</strong>, hizo chasquear la lengua y grit&oacute;:
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Eh, Javier, basta ya de arrobamientos. &iquest;No te dije que ten&iacute;a una sorpresa para ti?
    </p><p class="article-text">
        Eduardo Mendoza, <em> La verdad sobre el caso Savolta</em>, Seix Barral, 1994 (1975), p. 331.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Me han dicho que es un buen parador a corta distancia...
    </p><p class="article-text">
        Montespan <strong> sacudi&oacute; la cabeza</strong>.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Pamplinas. 
    </p><p class="article-text">
        Arturo P&eacute;rez Reverte, <em> El maestro de esgrima</em>, Alfaguara, 1995 (1988), p. 68.
    </p><p class="article-text">
        Lo comprendo &ndash;el profesor <strong> sacud&iacute;a la cabeza</strong>, como si estuviese realmente apesadumbrado&ndash;. 
    </p><p class="article-text">
        Jorge Volpi, <em> En busca de Klingsor</em>, Seix Barral, 1999, p. 75.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Nunca deb&iacute; regresar a Barcelona &ndash;murmur&oacute;, <strong> sacudiendo la cabeza</strong>.
    </p><p class="article-text">
        Carlos Ruiz Zaf&oacute;n, <em> La sombra del viento</em>, Planeta, 2003 (2001), p. 490.
    </p><p class="article-text">
        &ndash;Cielo santo. Sigue pensando en m&iacute; &ndash;<strong> sacud&iacute; la cabeza</strong>, angustiado.
    </p><p class="article-text">
        Maruja Torres, <em> Hombres de lluvia</em>, Planeta, 2004, p. 260.
    </p><p class="article-text">
        Ya lo ven. Los personajes de nuestras mejores plumas no se cortan a la hora de <em> sacudir la cabeza</em>. Uno habr&iacute;a dicho que eso era un calco autom&aacute;tico del ingl&eacute;s <em> shake one&rsquo;s head</em>, parece que no, que ya est&aacute; interiorizado en espa&ntilde;ol.  Tenemos ejemplos bastante claros al menos desde 1880 (&ldquo;El interrogado <strong> sacudi&oacute; la cabeza</strong> negativamente&rdquo;, Antonio Barreras, <em> El espadach&iacute;n</em>). Por otro lado, el &ldquo;problema&rdquo; que queremos plantear aqu&iacute; lo tienen tanto en ingl&eacute;s como lo tenemos en espa&ntilde;ol.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; se quiere decir cuando se dice de alguien que <em> sacude la cabeza</em>?  Pues generalmente que, con un movimiento moderado hacia los dos lados  de esa particular parte del cuerpo, alguien niega o reprueba algo, o  como m&iacute;nimo muestra incredulidad, escepticismo o decepci&oacute;n. Claro est&aacute;,  como se demuestra en este <a href="http://www.youtube.com/watch?v=hpBdsJUAqd8" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> educativo v&iacute;deo casero</a>, que <em> sacudir</em>, como <em> shake</em> en ingl&eacute;s, es un verbo de significado mucho m&aacute;s amplio, pero que, en combinaci&oacute;n con <em> la cabeza</em>,  parece haberse especializado como convenci&oacute;n narrativa muy utilizada en  las acotaciones de los di&aacute;logos. Es la construcci&oacute;n ant&oacute;nima de <em> asentir</em> (<em>nod</em>) cuando &eacute;ste se aplica como verbo gestual.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, las convenciones narrativas a veces como que no acaban  de funcionar. Para que una convenci&oacute;n narrativa funcione tenemos que  estar insensibilizados a su origen, que no haya nada que nos lo  recuerde, y algunas dan la impresi&oacute;n de tener un defecto de f&aacute;brica: por  mucho que se repitan y repitan (o tal vez a causa de ello), no  consiguen insensibilizarnos del todo ni mucho menos hacerse invisibles.  Uno las lee y como que les ve el plumero. Como en muchas pel&iacute;culas,  cuando los amantes despiertan y se ponen la ropa interior (de espaldas)  para salir de la cama: se nota demasiado que lo hacen solo para que no  se les vean las partes, o solo el culito. Sabemos que es una convenci&oacute;n,  pero algo chirr&iacute;a y no acabamos de aceptarlo.
    </p><p class="article-text">
        Teniendo en cuenta que, cuando un perro sale del agua y empieza a  agitarse y a salpicarnos y a ponerlo todo perdido, tambi&eacute;n decimos que <em> sacude la cabeza</em>, o que, cuando bailamos desenfrenados o tenemos convulsiones, tambi&eacute;n <em> sacudimos la cabeza</em>,  resulta que, cuando queremos referirnos a un movimiento m&aacute;s calmadito,  tenemos que hacer un esfuerzo para identificar la convenci&oacute;n  olvid&aacute;ndonos de todo lo dem&aacute;s que <em> sacudir la cabeza</em> puede significar.
    </p><p class="article-text">
        Hemos le&iacute;do &ndash;lo juramos&ndash; a plumas aut&oacute;ctonas que desde antiguo <em> menean la cabeza</em>, como si fueran las caderas, o la <em> agitan</em>,  como si fuera... &iquest;una coctelera? Como es habitual, han sido los  traductores quienes han detectado mayoritariamente el peligro y ensayado  otras soluciones: as&iacute;, en vez de <em> sacudir la cabeza</em>, los personajes <em> dicen que no con la cabeza, niegan con la cabeza, hacen un gesto negativo con la cabeza</em>, etc. (A veces vemos que <em> asentir</em>, que &ndash;a diferencia de <em> nod</em>&ndash; puede referirse a una acci&oacute;n puramente verbal, parece necesitar tambi&eacute;n estos apoyos: <em> asinti&oacute; con la cabeza.</em>) Suena un poco prolijo, pero tal vez sea preferible a tanta sacudida. Otras veces, simplemente la <em> mueven</em>, esperando que el lector sepa a qu&eacute; movimiento en concreto aluden: desde luego la f&oacute;rmula es tan inexacta como <em> sacudir</em>, pero al menos no tiene esa violencia desproporcionada, digna de mejor causa.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; en general ninguna de estas soluciones nos convence? Porque  nos tememos que el fen&oacute;meno, como ya insinu&aacute;bamos, no es un &ldquo;problema&rdquo;  ling&uuml;&iacute;stico sino estil&iacute;stico, y hasta dir&iacute;amos que va m&aacute;s all&aacute;. Esta  carpinter&iacute;a de los di&aacute;logos, que no solo incluye gestos como <em> sacudir la cabeza, asentir, encogerse de hombros, fruncir el ce&ntilde;o, chasquear la lengua, </em>etc. sino todo un surtido cansino de verbos de mirar (<em> mirar fijamente, levantar </em>o<em> bajar la vista </em>o<em> los ojos </em>o<em> la mirada</em>, con <em> hacia</em> o sin <em> hacia</em>, <em> escrutar</em>, <em> escudri&ntilde;ar,</em><em> lanzar</em> o <em> echar </em>o<em> dirigir </em>o<em> clavar </em>o<em> fijar una mirada</em>,  etc.), es un &iacute;ndice harto significativo de lo que entienden muchos  narradores por narraci&oacute;n. Para ellos entre una l&iacute;nea de di&aacute;logo y la  siguiente, o entre partes de la misma alocuci&oacute;n, parece que hay como un  abismo espantoso. Abrumados, y a la vez envalentonados, por el <em> horror vacui</em>,  se apresuran a llenarlo, uno dir&iacute;a que la mayor&iacute;a de las veces con los  ojos cerrados. Porque qu&eacute; curioso, &iquest;no?, que siempre lo llenen con lo  mismo.
    </p><p class="article-text">
        Hoy &iacute;bamos a hablar de lengua y hemos acabado  hablando de literatura. Parece que es el di&aacute;logo como recurso el que  tiene alg&uacute;n problemilla.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Magrinyà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/sacudir-cabeza_1_5524222.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Dec 2012 17:15:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Sacudir la cabeza]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[La Burbuja Literaria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No, no duele]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/burbuja_literaria/placeres-latigo_1_5530250.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="list">
                    <ul>
                                    <li>El cr&iacute;tico Ignacio Echevarr&iacute;a contesta a Suso de Toro por <a href="http://www.eldiario.es/burbuja_literaria/Suso-Toro-respuesta-Ignacio-Echevarria_0_80142214.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">un art&iacute;culo publicado en Diario Kafka</a>.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        Se ha publicado en este diario <a href="http://www.eldiario.es/burbuja_literaria/Suso-Toro-respuesta-Ignacio-Echevarria_0_80142214.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un art&iacute;culo de Suso de Toro</a> que replica <a href="http://www.eldiario.es/burbuja_literaria/Ignacio-Echevarria_0_79092193.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">unas declaraciones m&iacute;as</a>. El  art&iacute;culo destila el resentimiento almacenado por Suso de Toro durante  diez a&ntilde;os a ra&iacute;z de una presunta cr&iacute;tica m&iacute;a. De hecho, a tenor de las  &uacute;ltimas palabras del art&iacute;culo (&ldquo;&iquest;Verdad que duele?&rdquo;), se trata, en  rigor, de una venganza. Quiz&aacute; por aquello de que la venganza es mejor  servirla en fr&iacute;o. &iexcl;Diez a&ntilde;os despu&eacute;s!
    </p><p class="article-text">
        Y bien, en respuesta a las  palabras de Suso de Toro debo decir que yo no escrib&iacute; la cr&iacute;tica a la  que se refiere. El pobre Suso de Toro padece una confusi&oacute;n. <a href="http://elpais.com/diario/2002/11/16/babelia/1037407820_850215.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La cr&iacute;tica</a>  de la que habla la escribi&oacute; Ernesto Ayala-Dip, y fue publicada  efectivamente en <em>El Pa&iacute;s</em>, en el suplemento de libros <em>Babelia</em>,  el 16 de noviembre de 2002.  Recomiendo su lectura. Y me apresuro a advertir a los m&aacute;s espabilados  que el de Ernesto Ayala-Dip no es uno de mis seud&oacute;nimos.
    </p><p class="article-text">
        No  recuerdo haberme expresado p&uacute;blicamente sobre Suso de Toro en mi vida.  Entre otras razones, porque &ndash;puedo asegurarlo con certeza&ndash; nunca he  le&iacute;do ninguno de sus libros. Si alguna vez acarici&eacute; el prop&oacute;sito de  hacerlo, me disuadi&oacute; en el camino el hecho de que se aupara  oportunistamente a la tragedia del <em>Prestige</em>, haciendo industria del chapapote, y que se convirtiera en lameculos oficial del presidente Zapatero.
    </p><p class="article-text">
        En  la entrevista a la que se refiere Suso de Toro yo hablaba de la Cultura  de la Transici&oacute;n y apuntaba algunos de sus rasgos. Puede que la  trayectoria, el talante, la obra y hasta la cara de Suso de Toro sean el  m&aacute;s fiel reflejo de lo que ha sido el tipo de escritor surgido de esa  cultura. Que este escritor obtuviera el Premio Nacional de Narrativa con  la novela de la que habla Ayala-Dip en su cr&iacute;tica resulta deprimente. Y  eso que el se&ntilde;or Ayala-Dip nunca se ha distinguido precisamente por su  severidad ni por su dureza.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a lo que Suso de Toro dice de mi rese&ntilde;a sobre <em>El hijo del acordeonista</em>, de Bernardo Atxaga, se compadece muy mal con la carta que me dirigi&oacute; a los pocos d&iacute;as de haber hecho yo p&uacute;blica mi renuncia a <em>El Pa&iacute;s</em>,  dando lugar con mi gesto a una sonada carta al director suscrita por un  importante elenco de escritores e intelectuales espa&ntilde;oles. Me resisto a  citar pasajes de una carta personal, pero cr&eacute;anme si les digo que las  palabras que Suso de Toro empleaba en ella hubieran resultado  reconfortantes y alentadoras para m&iacute; si no estuvieran impregnadas de  adulaci&oacute;n y oportunismo, las dos categor&iacute;as morales que, al aparecer,  mejor maneja este escritor, como se desprende de sus art&iacute;culos en la  prensa.
    </p><p class="article-text">
        Vuelvo sobre lo que Suso de Toro dice de mi rese&ntilde;a sobre <em>El hijo del acordeonista</em>.  &iquest;Ha le&iacute;do bien la entrevista que me hac&iacute;a este diario? Si lo hiciera  con un m&iacute;nimo de atenci&oacute;n y de luces, &eacute;l mismo podr&iacute;a deducir la  respuesta que merecen estas conclusiones suyas: &ldquo;La novela [de Atxaga]  &ndash;dice Suso&ndash; es pol&iacute;tica y la cr&iacute;tica de Echevarr&iacute;a tambi&eacute;n lo es; al  escritor le es leg&iacute;timo hacerlo pero creo que al cr&iacute;tico no lo era: su  rese&ntilde;a no es la de un cr&iacute;tico literario sino la de un militante de una  corriente ideol&oacute;gica contraria a la del escritor. En resumen, no es  &eacute;tica&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Vaya, qu&eacute; listo es este hombre. Y qu&eacute; buen razonador. Por  cierto, &iquest;sabe decirme en qu&eacute; corriente ideol&oacute;gica milito? Agradecer&iacute;a el  dato.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Verdad que duele?&rdquo;, me pregunta Suso de Toro al final de  su art&iacute;culo, con la sonrisa satisfecha de quien por fin ajusta cuentas.
    </p><p class="article-text">
        Pues  no, Suso, no, no duele. La tuya es una venganza equivocada, da risa y  pena decirlo. Un resentimiento equivocado. &iexcl;Y alimentado durante diez  a&ntilde;os!
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; se puede esperar de un tipo as&iacute;?
    </p><p class="article-text">
        En cuanto al  asunto del dolor, por cierto, publiqu&eacute; hace ya mucho un art&iacute;culo  titulado precisamente &ldquo;<a href="#" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Cr&iacute;tica y dolor</a>&rdquo;, donde reflexionaba sobre el  asunto. Lo adjunto a estas l&iacute;neas para que Suso de Toro tenga algo en lo  que pensar y que rumiar durante los pr&oacute;ximos diez a&ntilde;os.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Ignacio Echevarría]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/burbuja_literaria/placeres-latigo_1_5530250.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 17 Dec 2012 11:15:11 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[No, no duele]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[La Burbuja Literaria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre los placeres del látigo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/burbuja_literaria/suso-toro-respuesta-ignacio-echevarria_1_5530126.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Publicamos la nota de Suso de Toro, encabezada por una  disculpa que no se encontraba en la versión original del texto y que el  escritor pidió incluir después, al ser advertido de algunos errores que contenía  su texto.</p><p class="subtitle">Ignacio Echevarría replica en este otro artículo.</p></div><div class="list">
                    <ul>
                                    <li>El escritor Suso de Toro reflexiona sobre el trabajo del cr&iacute;tico Ignacio Echevarr&iacute;a y sobre sus palabras en la <a href="http://www.eldiario.es/burbuja_literaria/Ignacio-Echevarria_0_79092193.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia">entrevista</a> concedida a Diario Kafka.</li>
                            </ul>
            </div><p class="article-text">
        <strong>Actualizaci&oacute;n</strong>: 17 de diciembre de 2012, 12:27. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Ayer publiqu&eacute; este texto referido al trabajo del cr&iacute;tico  Ignacio Echevarr&iacute;a a ra&iacute;z de una entrevista en este mismo lugar; y  tomando como base fundamentalmente un error, un recuerdo errado, le  atribu&iacute; a &eacute;l algo que no le correspond&iacute;a, por lo que le pido disculpas  al citado cr&iacute;tico.</em>
    </p><p class="article-text">
        ----------
    </p><p class="article-text">
        Muchas cosas se me hicieron lejanas y viejas pero leyendo <a href="http://www.eldiario.es/burbuja_literaria/Ignacio-Echevarria_0_79092193.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la entrevista al cr&iacute;tico literario Ignacio Echevarr&iacute;a</a> me volvi&oacute; a la boca un sabor desagradable que ten&iacute;a olvidado. Me refiero a la brutalidad, de eso se trata, que postula para criticar obras literarias y que le parece natural practicar incluso con la primera obra de un autor. Como me imagino que no desconoce todo lo que arriesga un escritor en un libro, se apuesta &eacute;l mismo, entiendo que le produce un tipo de placer actuar as&iacute;, no le censuro la b&uacute;squeda de placer pero creo que ese modo de actuar es puramente destructivo. Entre ser un publicista de una editorial o un grupo de comunicaci&oacute;n y hacer burla y propinar azotes en p&uacute;blico hay mucho espacio para ejercer el oficio con dignidad y utilidad para el p&uacute;blico, los autores y la literatura. Y entre ejercer un oficio con libertad y ejercerlo caprichosamente tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y naturalmente que este comentario es un asunto personal, detr&aacute;s de lo que escribimos estamos nosotros, tambi&eacute;n cuando un cr&iacute;tico rese&ntilde;a un libro, pues recuerdo perfectamente el efecto que me produjo una rese&ntilde;a suya de un libro m&iacute;o, &ldquo;Trece campanadas&rdquo; en su edici&oacute;n en castellano, hace justamente diez a&ntilde;os. Entonces era un escritor en lengua gallega que viv&iacute;a de su profesi&oacute;n aunque ten&iacute;a serias dificultades para ejercerla en Galicia, tambi&eacute;n ten&iacute;a esperanzas puestas en el libro en el que hab&iacute;a trabajado a&ntilde;os, me hab&iacute;a divertido escribi&eacute;ndolo y me gustaba el resultado. Por otro lado parec&iacute;a un buen momento profesional, un editor hab&iacute;a venido a visitarme a mi ciudad para ofrecerme la edici&oacute;n de la novela y reeditar otros libros anteriores en una colecci&oacute;n propia. Ni que decir tiene que en aquel momento la rese&ntilde;a en &ldquo;El Pa&iacute;s&rdquo; era muy importante para m&iacute;. Recuerdo perfectamente que la le&iacute; en el mostrador del bar de un hotel de Valladolid y me dej&oacute; helado, el rese&ntilde;ador se burlaba del autor de la novela vali&eacute;ndose de una fals&iacute;a: en el libro hay varias voces narradoras, una de ellas es la de un personaje evidentemente peculiar y un tanto disparatado, y Echeverr&iacute;a me atribu&iacute;a a m&iacute; como narrador su confuso discurso. A mi lado estaba un escritor, Jos&eacute; Mar&iacute;a Merino, y s&oacute;lo pude decir, &ldquo;&iexcl;Este t&iacute;o ni ley&oacute; la novela, me atribuye a m&iacute; como narrador lo que dice un personaje!&rdquo;. Pero me la tuve que tragar.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Deb&iacute; mandar una carta al diario protestando por el da&ntilde;o a mi trabajo de un cr&iacute;tico que hab&iacute;a sido sobre negligente destructivo? &iquest;Un cr&iacute;tico que no hab&iacute;a cumplido con su trabajo y que en cambio perjudicaba directamente a un escritor? Entonces no ten&iacute;a interlocuci&oacute;n en ese diario y el cr&iacute;tico parec&iacute;a evidente que ten&iacute;a buen asiento en aquellas p&aacute;ginas, me lo tragu&eacute; hasta hoy pero siempre record&eacute; lo que me pareci&oacute; su prepotencia irresponsable. Afortunadamente el libro se fue defendiendo solo hasta hoy, pero adem&aacute;s en esos d&iacute;as el &ldquo;Prestige&rdquo; qued&oacute; a la deriva y cuando volv&iacute; a casa &ldquo;La Vanguardia&rdquo; me propuso hacer un reportaje sobre el desastre, en cuanto pis&eacute; la costa y le&iacute; las primeras l&iacute;neas del mensaje negro que iba llegando comprend&iacute; que todo lo anterior quedaba atr&aacute;s y que hab&iacute;a que atender urgencias m&aacute;s importantes que aquel alarde de incompetencia profesional y prepotencia irresponsable.
    </p><p class="article-text">
        Prepotencia irresponsable creo que fue lo que le hizo publicar la rese&ntilde;a de la mencionada novela de Bernardo Atxaga, &ldquo;El hijo del acordeonista&rdquo;. Como me correspondi&oacute; formar en un jurado de los Premios Nacionales al a&ntilde;o siguiente de la publicaci&oacute;n de ese libro tuve que considerar el libro y, aunque no es mi preferido entre la obra de Atxaga, es una novela con elementos muy personales del autor y, por lo tanto, con valor literario leg&iacute;timo. No merec&iacute;a el despellejamiento p&uacute;blico que fue <a href="http://elpais.com/diario/2004/09/04/babelia/1094254752_850215.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la cr&iacute;tica que le propin&oacute;</a>, un tratamiento que se le puede dar absolutamente a cualquier libro dependiendo de nuestra buena o mala fe. Como no desconozco los interiores de la pol&iacute;tica editorial y medi&aacute;tica de aquellos a&ntilde;os no se me oculta que el libro era el desembarco de Atxaga en los medios del grupo Prisa, pero el apoyo que proporcionaba a un libro o autor ese grupo era algo que apetec&iacute;amos la mayor&iacute;a de los narradores de entonces y creo que eso es leg&iacute;timo si uno no se traiciona. Y &eacute;se era el caso de Atxaga. El peri&oacute;dico en el que Echevarr&iacute;a era influyente dise&ntilde;&oacute; realmente el panorama cultural espa&ntilde;ol tres d&eacute;cadas y en ese dise&ntilde;o cab&iacute;an las notas de color de un escritor en catal&aacute;n, otro en gallego y otro en euskera, con la condici&oacute;n de que fuesen &ldquo;buenos&rdquo; y emitiesen mensajes &ldquo;razonables&rdquo;. Atxaga ten&iacute;a que ser el &ldquo;escritor vasco bueno&rdquo; que resultase aceptable pero entiendo que &eacute;l no acept&oacute; ese juego, cosa que l&oacute;gicamente retras&oacute; su avance profesional en Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        En aquellos a&ntilde;os el terrorismo era un tema que estaba ayudando a delimitar, alimentar y fraguar una corriente ideol&oacute;gica muy asentada desde entonces en medios culturales espa&ntilde;oles y que finalmente acab&oacute; fraguando en un partido pol&iacute;tico impulsado por Rosa D&iacute;ez y Fernando Savater, y a los vascos les tocaba posicionarse claramente ante un tribunal medi&aacute;tico madrile&ntilde;o, fuesen cocineros o escritores. Atxaga se defini&oacute; p&uacute;blicamente contra el terrorismo, lo critic&oacute; e incluso apoy&oacute; a una formaci&oacute;n de izquierdas, &ldquo;Ezker Batua&rdquo;, claramente fuera de ese campo ideol&oacute;gico, pero no bastaba. Imagino que lo que se le exig&iacute;a impl&iacute;citamente era que renegase de si mismo, que se &ldquo;convirtiese&rdquo;, y no lo hizo. Se puede estar de acuerdo o no con la interpretaci&oacute;n que Atxaga hace en esa novela de la violencia en el Pa&iacute;s Vasco, pero es una visi&oacute;n sincera y veraz de un drama complejo que creo que no se puede comprender completamente sin ella. Los que no hemos vivido ese drama debi&eacute;ramos tenerla en cuenta con respeto al menos. La novela es pol&iacute;tica y la cr&iacute;tica de Echevarr&iacute;a tambi&eacute;n lo es, al escritor le es leg&iacute;timo hacerlo pero creo que al cr&iacute;tico no lo era: su rese&ntilde;a no es la de un cr&iacute;tico literario sino la de un militante de una corriente ideol&oacute;gica contraria a la del escritor. En resumen, no es &eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, al ser el lanzamiento de la novela una operaci&oacute;n editorial de alcance el da&ntilde;o que le hac&iacute;a con una cr&iacute;tica tan demoledora era mayor. Y me queda una &uacute;ltima pregunta, &iquest;no merec&iacute;a ese autor ser tratado como tal con respeto, o al menos con cortes&iacute;a? Y es que no acepto ese prestigio que tiene para algunos la maledicencia, la ofensa gratuita o la misma falta de respeto. Mucha confianza deb&iacute;a de tener en su posici&oacute;n en el peri&oacute;dico para despacharse del modo en que lo hizo, no le deseo a casi nadie que pierda su trabajo y tampoco a Echevarr&iacute;a pero creo que se equivoc&oacute; al sobrevalorar su poder y tambi&eacute;n al no aceptar alg&uacute;n l&iacute;mite. Por lo que veo en esta entrevista reciente no revis&oacute; sus criterios o sus actitudes y debo decir que me sorprende un poco, el tiempo y estos tiempos parecen aconsejar revisar todas las cosas que d&aacute;bamos por hecho.
    </p><p class="article-text">
        Pero, en fin, tampoco tiene tanta importancia la labor de un escritor o la de un cr&iacute;tico, la vida es absolutamente valiosa pero cabrona y breve como para no aprender alguna lecci&oacute;n y algo de humildad. Aunque Echevarr&iacute;a, si ha le&iacute;do esto, podr&iacute;a contestar a esta pregunta, &iquest;verdad que duele? Pues lo mismo les ocurre a los escritores.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Suso de Toro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/burbuja_literaria/suso-toro-respuesta-ignacio-echevarria_1_5530126.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Dec 2012 18:54:42 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Sobre los placeres del látigo]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[La Burbuja Literaria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[«Una mala crítica es un ajuste de cuentas legítimo»]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/burbuja_literaria/ignacio-echevarria_1_5526757.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e426a868-0892-41e2-ae24-0d0c37e03a4c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="«Una mala crítica es un ajuste de cuentas legítimo»"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ignacio Echevarría ya lleva años sin disparar su opinión sobre el  pelotón de autores que se exponía en el mercado cuando él era crítico  de</p><p class="subtitle">El País</p><p class="subtitle">. Puede que ese alejamiento, involuntario y con  derivadas políticas según cuenta en esta entrevista, haya dejado a la  crítica literaria de este país, después de la desaparición de Rafael  Conte, sin un altavoz beligerante. Comparadas con aquellas piezas, sus  actuales artículos en</p><p class="subtitle">El Cultural</p><p class="subtitle">caen como hojas de otoño. Pero  parece sentirse cómodo sin la urgencia de lo inmediato, observando el  panorama desde el sofá, como hace en este entrevista.</p></div><p class="article-text">
        <strong>Diario Kafka: &iquest;C&oacute;mo nos explicas t&uacute; que nuestro, pa&iacute;s con unos &iacute;ndices de lectura tan bajos, tenga en los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os una explosi&oacute;n tan grande de editoriales independientes? </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Ignacio Echevarr&iacute;a:</strong> La verdad es que es un asunto dif&iacute;cil de explicar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Qu&eacute; les pasa a las nuevas generaciones? Porque adem&aacute;s son chicos j&oacute;venes en su mayor&iacute;a.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> Est&aacute; claro que el fen&oacute;meno no viene determinado por una demanda del mercado, l&oacute;gicamente, sino por el prestigio &mdash;ins&oacute;lito y un poquito crepuscular&mdash; que tiene el oficio de editor. La iniciativa, en este caso, pertenece enteramente a los empresarios. Y la verdad es que cobra sentido tambi&eacute;n en un mundo editorial cada vez m&aacute;s contrastado, donde se abren peque&ntilde;as rendijas en el espacio ocupado por las grandes editoriales.  Creo que est&aacute;n explorando un terreno que no s&eacute; si es el principio o el final de algo. A veces lo veo como una especie de destello crepuscular, algo as&iacute; como una moda <em>vintage</em>, como se dice ahora.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Y el futuro tambi&eacute;n es un canto del cisne?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> Las peque&ntilde;as editoriales suelen sostenerse sobre la juventud, la ilusi&oacute;n y las ganas de gente muy joven. Temo que el fen&oacute;meno se agote en cierta medida por s&iacute; mismo, debido al desgaste que supone sostener una peque&ntilde;a editorial con lo m&aacute;rgenes tan peque&ntilde;os de beneficios que suele dar, y con la explotaci&oacute;n que suponen de uno mismo. La vanidad y las ganas de marcar tendencia tienen muchas veces fecha de caducidad&hellip;  Pero todo esto son especulaciones. La verdad es que no he meditado mucho sobre esto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Hablando de especulaciones, &iquest;t&uacute; crees que hay un negocio financiero que maneja las editoriales grandes? Un mercado donde el a&ntilde;o pasado, seg&uacute;n la estad&iacute;stica oficial, se han editado m&aacute;s de cien mil t&iacute;tulos, con las ventas que sabemos que hay y lo que sucede con los libros, &iquest;qu&eacute; explicaci&oacute;n le das?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> No tengo ninguna explicaci&oacute;n satisfactoria. Barrunto que los grandes grupos trabajan con una l&oacute;gica que se nos escapa y que tiene que ver con la adquisici&oacute;n m&aacute;s o menos masiva de derechos, con vistas a su eventual explotaci&oacute;n por diferentes v&iacute;as. Pero no tengo ni idea. A menudo, da la impresi&oacute;n de que andan todos metidos en una desesperada fuga hacia delante, y que nadie entiende nada de nada, ni las ve venir por ning&uacute;n lado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Pero &iquest;t&uacute; sabes cu&aacute;l es el volumen de dinero que se maneja en el sector editorial? No debe de ser peque&ntilde;o&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> No debe de ser peque&ntilde;o, pero tambi&eacute;n tenemos que recordar algo que no se tiene lo suficientemente presente, y es que hacer un libro es muy barato.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Justamente esa ser&iacute;a una hip&oacute;tesis de por qu&eacute; es un negocio.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> Probablemente. Lo cierto es que el beneficio que produce un gran &eacute;xito de ventas es de tal envergadura que procura un enorme margen de actuaci&oacute;n. El editor, cada vez m&aacute;s, tiene algo de jugador profesional, que apuesta a diferentes n&uacute;meros a la vez, confiado en el beneficio que supone acertar un pleno en la ruleta. A cuenta de eso puede permitirse cultivar ciertas supersticiones, y apostar mec&aacute;nicamente a unos determinados n&uacute;meros, confiado en que le traen suerte.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Bueno, entonces vamos a dejarnos de especulaciones y vamos a cosas m&aacute;s concretas. Si t&uacute; echas un vistazo a la generaci&oacute;n actual, la generaci&oacute;n de Mu&ntilde;oz Molina, eran cuatro, seis, diez escritores como mucho. Pero luego nos vamos a la siguiente&hellip;, imag&iacute;nate, recuerdas el volumen de Lengua de Trapo, P&aacute;ginas amarillas, &iquest;no? Qu&eacute; ha ocurrido ah&iacute;, es una simple explicaci&oacute;n demogr&aacute;fica o&hellip;</strong><em>P&aacute;ginas amarillas, &iquest;</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> No s&eacute; yo si eran tan pocos&hellip;
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Contemos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> Pero es que la cuenta la hacemos sobre los nombres que han sobrevivido, &iquest;eh? Y quedaron centenares en la cuneta. Ocurre, por otro lado, que en los a&ntilde;os ochenta el mundo editorial gener&oacute; unas estructuras que reclamaban un n&uacute;mero cada vez mayor de t&iacute;tulos y de autores. De ello ofrece un primer indicio el fen&oacute;meno de la joven narrativa de los noventa. Me refiero al fen&oacute;meno que desat&oacute; el &eacute;xito sucesivo de Ray Loriga y de Jos&eacute; &Aacute;ngel Ma&ntilde;as. Se acudi&oacute; a los autores m&aacute;s j&oacute;venes en busca de nuevas vetas mediante las que abastecer un mercado que mostraba s&iacute;ntomas de extenuaci&oacute;n en lo que respecta a la provisi&oacute;n de materias primas. Hay que tener en cuenta, adem&aacute;s, que en los ochenta se consolida un mercado nacional en el que adquieren especial relevancia los productos del propio pa&iacute;s. Es a partir de los a&ntilde;os ochenta cuando todo editor que se precia aspira a constituir una escuder&iacute;a propia. Anagrama, por ejemplo, crea por entonces su colecci&oacute;n de Narrativas Hisp&aacute;nicas, tan emblem&aacute;tica del periodo. Y as&iacute; tantos editores&hellip; Volviendo a tu observaci&oacute;n, cabe pensar que la aspiraci&oacute;n a publicar, y no s&oacute;lo a escribir, viene determinada por las expectativas de que eso sea posible. Y eso es lo que se dilat&oacute; inmensamente a partir de finales de los ochenta: la expectativa de publicaci&oacute;n por parte de un escritor, tanto m&aacute;s si joven.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: S&iacute;, en los ochenta la posibilidad de que un chaval de veintitantos a&ntilde;os publicara un libro era remota. </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> Era remota, quiz&aacute;, pero ah&iacute; tienes el caso de Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n, que debuta en 1984 con apenas veinticuatro a&ntilde;os. Y ah&iacute; sigue.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n abri&oacute; camino y recuerdo que Ferrero fue celebrado porque era el primer chico joven que las editoriales publicaban, en los a&ntilde;os ochenta.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> Insisto en que yo creo que emergen m&aacute;s escritores en la medida que hay plataformas que lo reclaman.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: S&iacute;, una cosa parecida sucedi&oacute; tambi&eacute;n en el Siglo de Oro. De repente hay una imprenta, un invento que requiere&hellip; &ldquo;carne&rdquo;; entonces se produce una explosi&oacute;n de gente que escribe.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>DE LA GENERACI&Oacute;N LOEWE A LA GENERACI&Oacute;N NOCILLA.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK:  Ya que hemos mencionado a Ma&ntilde;as, &iquest;hay alguna l&iacute;nea de puntos que una a Historias del Kronen y a un autor como Ma&ntilde;as en su d&iacute;a con los autores que Claudio L&oacute;pez dice que son &ldquo;promotables&rdquo;?</strong><em>Historias del Kronen</em><a href="http://www.jotdown.es/2012/11/claudio-lopez-de-lamadrid-si-los-editores-nos-moviesemos-por-codicia-no-estariamos-en-el-negocio-de-los-libros/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">promotables</a>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> No, yo creo que no. Creo que el fen&oacute;meno de la joven narrativa de los noventa se agot&oacute; por s&iacute; mismo, puso en circulaci&oacute;n cinco o seis nombres, acerca de cuya notoriedad queda todo dicho si pensamos que el m&aacute;s conspicuo es el de Luc&iacute;a Etxebarr&iacute;a. En cuanto a Ray Loriga, se tiende todav&iacute;a a asimilarlo a ese fen&oacute;meno, que &eacute;l contribuy&oacute; a desencadenar pero del que pienso que se mantuvo siempre al margen, haciendo todo lo posible por sustraerse de &eacute;l&hellip;
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: En tu art&iacute;culo sobre la Cultura de la Transici&oacute;n [incluido en CT o la cultura de la Transici&oacute;n, de Guillem Mart&iacute;nez, Debolsillo, 2012], citas a Jos&eacute; &Aacute;ngel Valente refiri&eacute;ndose en 1994 a la generaci&oacute;n de entonces como &ldquo;la generaci&oacute;n Loewe&rdquo;, ya  que seg&uacute;n &eacute;l no hab&iacute;a nada detr&aacute;s de ellos, con lo cual tambi&eacute;n hablaba un poco de la vacuidad de la Transici&oacute;n. </strong><em>CT o la cultura de la Transici&oacute;n</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE</strong>: Esa cita de Valente debe ser tomada por lo que es: la t&iacute;pica pataleta, un exabrupto.  En el a&ntilde;o 1994 estaban emergiendo en la narrativa espa&ntilde;ola voces que para m&iacute; se cuentan entre las m&aacute;s interesantes que ha dado la reciente literatura espa&ntilde;ola, voces como las de Francisco Casavella, Luis Magriny&agrave; o Bel&eacute;n Gopegui, pertenecientes a la misma franja generacional. No es a eso a lo que Valente se refiere, pues &eacute;l est&aacute; hablando de poes&iacute;a. Si su diagn&oacute;stico estuviera referido a la narrativa espa&ntilde;ola, cabr&iacute;a decir que se estaba equivocando de medio a medio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: La generaci&oacute;n Nocilla, &iquest;es m&aacute;s de lo mismo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> &iquest;Y qui&eacute;n sabe decir lo que es la dichosa generaci&oacute;n Nocilla? Da como verg&uuml;enza emplear tanto el t&eacute;rmino como el concepto que pretende nombrar. Lo caracter&iacute;stico de los escritores asociados al mismo es que constituyen un grupo m&aacute;s o menos solidario, son una promoci&oacute;n de escritores de muy variada edad y procedencia, conectados entre s&iacute;, que han establecido lazos de amistad, y que, como en su d&iacute;a los autores del <em>boom</em>, o m&aacute;s cercanamente los del <em>crack</em> mexicano, se han dedicado a ayudarse y a promocionarse mutuamente, cosa que me parece perfectamente leg&iacute;tima. Se trata de una forma como cualquier otra de...
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &hellip; de entrar .</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> S&iacute;, de entrar (risas).
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Es cierto lo que dices porque el poder de una generaci&oacute;n es algo que se hab&iacute;a olvidado un poco. Por ejemplo en la generaci&oacute;n de los noventa cada uno iba a hacer la guerra por su cuenta. </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE</strong>: S&iacute;, nadie ten&iacute;a una perspectiva de conjunto, y mucho menos participaba de un designio colectivo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Y esta gente, la generaci&oacute;n Nocilla, descubre que eso desde el punto de vista del marketing es muy efectivo</strong><em>marketing</em>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> Lo que viene faltando a los miembros de este grupo o como se quiera llamar (pues no se trata propiamente de una generaci&oacute;n, hay demasiada diferencia de edad entre unos y otros para considerarla como tal) es, desde mi punto de vista, voluntad o capacidad de enfrentamiento. Han mostrado muy poca beligerancia con el <em>establishment </em>literario. Comparten un esp&iacute;ritu esencialmente ecum&eacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK:&iquest;Existe una cultura de la transici&oacute;n traducida a la narrativa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> El concepto de CT o Cultura de la Transici&oacute;n lo ha acu&ntilde;ado y patentado con mucho acierto Guillem Mart&iacute;nez. Pero remite a una realidad que empieza a quedar superada. No hay que perder de vista, por otro lado, cu&aacute;nto de lo que identificamos como CT en el plano de la cultura comparte sus rasgos con la cultura global en la que todos participamos, queri&eacute;ndolo o no. Lo propio de la CT, en cualquier caso, es postularse como un cultura que elude todo amago de crispaci&oacute;n, de resistencia; se trata de una cultura fundamentalmente ecum&eacute;nica, algo que, m&aacute;s all&aacute; de la cultura espa&ntilde;ola, constituye una marca de nuestro tiempo. Muchas de las actitudes de los nuevos escritores espa&ntilde;oles se revelan herederas del esp&iacute;ritu de la CT, pero hay otras que se desmarcan netamente de &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DE LA RAZ&Oacute;N A EL PA&Iacute;S Y DE ABC A LA VANGUARDIA, LA MISMA POL&Iacute;TICA: NINGUNA.</strong><em>LA RAZ&Oacute;N</em><em>EL PA&Iacute;S</em><em>ABC</em><em>LA VANGUARDIA</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Cu&eacute;ntanos un poco qu&eacute; sucedi&oacute; en los a&ntilde;os ochenta. T&uacute; en el libro hablas de la primac&iacute;a de la pol&iacute;tica sobre la historia, y luego de los mercados sobre la pol&iacute;tica. La pregunta que se me ocurre primero es si hubo tambi&eacute;n en Espa&ntilde;a una primac&iacute;a de la pol&iacute;tica sobre la calidad literaria, a la hora de publicar, a la hora de hacer rese&ntilde;as, a la hora de encumbrar o a la hora de no hacer caso.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> Hacia finales de los sesenta, como ya observara Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n, estaban prefiguradas casi todas las tendencias que se pueden reconocer en la narrativa espa&ntilde;ola hasta el presente, incluidas las m&aacute;s recientes, entre ellas las de la dichosa Generaci&oacute;n Nocilla. Tiene lugar entonces un proceso de renovaci&oacute;n y de experimentaci&oacute;n que se sustrae por completo de los esquem&aacute;ticos recuentos que se han hecho de aquel periodo y que se desarroll&oacute;, por si fuera poco, con un notable esp&iacute;ritu de liberaci&oacute;n y de juerga. Pero lleg&oacute; la santa Transici&oacute;n, con sus pactos, y enseguida la pol&iacute;tica cultural del PSOE, que tuvo efectos en ciertos aspectos catastr&oacute;ficos, y muy prolongados. Tuvo lugar entonces una especie de &ldquo;adanismo&rdquo;, de borr&oacute;n y cuenta nueva, tanto en lo pol&iacute;tico como en lo cultural, sobre el que se ha discurrido ya mucho. Se consagr&oacute; el famoso lema de &ldquo;la cultura es una fiesta&rdquo;, refutado muy tempranamente por Rafael S&aacute;nchez Ferlosio en un sonado art&iacute;culo del a&ntilde;o 1984. Un lema vigente todav&iacute;a en buena medida, y conforme al cual la cultura es concebida como un espacio de encuentro y de conciliaci&oacute;n, abstra&iacute;do de las tensiones y de los conflictos que anidan en la realidad. Y en esas seguimos mayormente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Meeting point.</strong><em>Meeting point.</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> Basta con ver la intercambiabilidad de las plataformas culturales, especialmente los suplementos de libros, con independencia de la orientaci&oacute;n pol&iacute;tica del medio en que se alojan. La libre circulaci&oacute;n de colaboradores que no se sienten concernidos por las connotaciones pol&iacute;ticas del medio en cuesti&oacute;n ni por lo que representa, dado que la cultura constituye, se pretende, un campo aparte. Ser&iacute;a inconcebible algo semejante con los columnistas de opini&oacute;n. Si Rafael S&aacute;nchez Ferlosio puso saltar tan alegremente de las p&aacute;ginas de <em>El Pa&iacute;s</em> a las del <em>Abc</em>, y luego a las de <em>El Pa&iacute;s</em> de nuevo, se debi&oacute; a que, entretanto, fueron difumin&aacute;ndose las fronteras entre un peri&oacute;dico y otro, y a que eso era especialmente as&iacute; en lo relativo a la cultura y a las opiniones de un escritor, por atrabiliario que fuera. Lo cultural viene amparado por un escudo neutralizador, que tiende a desactivar sus repercusiones pol&iacute;ticas. Y estoy mencionando al intelectual &ndash;y no s&oacute;lo al escritor&ndash; m&aacute;s libre, m&aacute;s independiente, m&aacute;s radicalmente disidente del panorama nacional.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>DK: Hay vasos comunicantes&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> Sin duda. Por lo dem&aacute;s, como no he dejado de decir desde hace mucho, lo determinante de lo ocurrido en la cultura espa&ntilde;ola a partir del primer gobierno del PSOE fue la alianza de los intelectuales con el poder, in&eacute;dita hasta aquel momento en nuestro pa&iacute;s. El acceso al poder de un gobierno de izquierdas, consolidado durante m&aacute;s de una d&eacute;cada, sent&oacute; las bases de una connivencia t&aacute;cita &ndash;y expl&iacute;cita, tambi&eacute;n&ndash;  entre el poder y los artistas e intelectuales que ha tenido importantes consecuencias en la vida cultural espa&ntilde;ola, hasta el presente. Por ah&iacute; asoma otro de los rasgos fundamentales de la antes aludida CT. La casi totalidad de los escritores, artistas e intelectuales espa&ntilde;oles, en su mayor&iacute;a progresistas, se solidarizaron con el proyecto renovador del PSOE, y a partir de ah&iacute; se establecieron din&aacute;micas colectivas que han arraigado profundamente en la idea que de s&iacute; mismos tienen los artistas y escritores, y del papel p&uacute;blico que les cumple desempe&ntilde;ar.  
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Es posible que desde las atalayas habituales, en tu caso, por ejemplo, cuando trabajabas en El Pa&iacute;s, no se viera eso precisamente porque hab&iacute;a tambi&eacute;n alguna especie de pacto y de ceguera, a no ver, no valorar toda actitud, toda novela, toda manifestaci&oacute;n cultural que no entrara en el modelo. &iquest;Era la totalidad realmente?</strong><em>El Pa&iacute;s</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> No, bueno, la totalidad no, es una forma dram&aacute;tica de hablar. Siempre pongo el ejemplo de Benet. Benet, que teoriz&oacute; muy agudamente sobre el enfrentamiento secular entre el intelectual espa&ntilde;ol y el poder, y sobre sus efectos, no tuvo empacho, tras la llegada al poder de los socialistas, de impulsar una campa&ntilde;a a favor de la adhesi&oacute;n de Espa&ntilde;a a la OTAN...
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Bueno, el intelectual org&aacute;nico.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> No, no. Al menos no en su caso. Benet es un intelectual supercr&iacute;tico con el poder en sus art&iacute;culos pol&iacute;ticos de los a&ntilde;os ochenta. Y luego est&aacute; Ferlosio, que si bien comete, por presi&oacute;n de amigos, el desliz de firmar el manifiesto a favor de la OTAN, se desmarca casi enseguida, y que en fecha tan temprana como la de 1984 escribe ese incendiario art&iacute;culo al que ya me he referido, &ldquo;<a href="http://elpais.com/diario/1984/11/22/opinion/469926007_850215.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La cultura, ese invento del Gobierno</a>&rdquo;. Por esos mismos a&ntilde;os habla ya de la &ldquo;cara de gatazo castrado y satisfecho&rdquo; de Felipe Gonz&aacute;lez. &iquest;Qui&eacute;n da m&aacute;s? Eso s&iacute; que son virtudes prof&eacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>EL CASO DE EL PA&Iacute;S</strong><em>EL PA&Iacute;S</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;T&uacute; chocaste? Cu&eacute;ntanos qu&eacute; te pas&oacute; con El Pa&iacute;s, y si tiene relaci&oacute;n con la CT.</strong><em>El Pa&iacute;s</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> Bueno, creo que es algo ya muy sabido. Hay un detonante, que es <a href="http://elpais.com/diario/2004/09/04/babelia/1094254752_850215.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la cr&iacute;tica que yo hago, en un momento muy inoportuno para los intereses del diario, de un libro de Bernardo Atxaga</a>. Es una cr&iacute;tica de elevado contenido pol&iacute;tico. Estamos hablando del a&ntilde;o 2004, el escenario pol&iacute;tico estaba marcado, record&eacute;moslo, por la expectativa de un pacto con ETA. Ello entra&ntilde;aba un proyecto m&aacute;s o menos t&aacute;cito de reconciliaci&oacute;n nacional. En el ruido y el esc&aacute;ndalo que produce mi rese&ntilde;a concurren dos factores muy elocuentes de las din&aacute;micas que ocupaban el terreno. Por un lado, mi rese&ntilde;a impugna la importante apuesta que la editorial Alfaguara &ndash;el grupo PRISA, de hecho&ndash; acababa de  hacer por un escritor muy significado, de trayectoria bastante exitosa. La novela de Atxaga era la gran apuesta de la editorial para la <em>rentr&eacute;e</em> de aquel a&ntilde;o, y en consecuencia se hab&iacute;a dispuesto un lanzamiento por todo lo alto. Nadie esperaba que justamente desde <em>El Pa&iacute;s</em> se lanzara un torpedo contra esa novela. Que fuera as&iacute; obedeci&oacute; a una serie de circunstancias entre las que se cuenta la posici&oacute;n bastante s&oacute;lida que por entonces yo ocupaba dentro del suplemento <em>Babelia</em>, y la confianza y complicidad que ten&iacute;a con su directora, Mar&iacute;a Luisa Blanco. El efecto amplificador de mi salida de tono, por as&iacute; llamarla, fue brutal, aun a pesar de mi reputaci&oacute;n de cr&iacute;tico duro, y ello bast&oacute; por si solo para poner en tela de juicio mi continuidad en el diario. Pero es que adem&aacute;s concurri&oacute;, como digo, un factor pol&iacute;tico. El relato que la novela de Atxaga propon&iacute;a sobre el nacimiento de ETA conven&iacute;a muy bien al escenario de conciliaci&oacute;n que por entonces se estaba gestando y allanando, con vistas a un esperable pacto de perd&oacute;n o de amnist&iacute;a que por entonces aparejaba la expectativa del final de la actividad terrorista. Y mi rese&ntilde;a impugnaba ese relato, no s&oacute;lo desde el punto de vista est&eacute;tico. Entonces, bueno, ah&iacute; se produce, tanto en lo pol&iacute;tico como en lo cultural y empresarial, un grave choque de discursos. Todo estaba dispuesto para que la novela de Atxaga, en la que significativamente no se menciona nunca a ETA, a pesar de tratar expresamente sobre sus or&iacute;genes y desarrollo, fuera considerada por la cr&iacute;tica conforme a las categor&iacute;as reservadas para ella a&uacute;n hoy, que excluyen toda intromisi&oacute;n por su parte en la esfera pol&iacute;tica. Pero...
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Ya, sin embargo, yo como director del peri&oacute;dico si tuviera que echar a alguien hubiera echado a la directora del suplemento, no al rese&ntilde;ista.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> Bueno, termin&oacute; siendo defenestrada m&aacute;s tarde. Echarla en aquel momento hubiera contribuido a dar m&aacute;s resonancia a&uacute;n al esc&aacute;ndalo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: En estos a&ntilde;os se ha vivido un tr&aacute;nsito de la cr&iacute;tica de la cultura a la publicidad de la misma. Hay un pasaje del primer suplemento de libros de El Pa&iacute;s al actual, que ha devenido un folleto con rese&ntilde;a de novedades. &iquest;C&oacute;mo ves ese desplazamiento?</strong><em>El Pa&iacute;s</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> Mi experiencia en <em>El Pa&iacute;s</em> creo que es la misma que han tenido muchos articulistas que todav&iacute;a escriben en &eacute;l. Hay un estrechamiento progresivo, lento, durante bastante tiempo casi imperceptible, del campo de actuaci&oacute;n, que se va saturando de sobreentendidos, de peque&ntilde;as condiciones t&aacute;citas con las que uno acepta pactar, porque yo siempre he pensado que, tanto el periodismo como la cr&iacute;tica, que no deja de ser un g&eacute;nero subsidiario del periodismo, tiene que aceptar ciertas limitaciones y jugar dentro de los m&aacute;rgenes de lo posible. El cr&iacute;tico intransigente que se va estrellando cada dos por tres con el medio en el que act&uacute;a, y saltando de una tribuna a otra, puede ser muy ejemplar y muy admirable, pero termina no resultando &uacute;til a nadie. De modo que yo soy no s&oacute;lo bastante comprensivo con las estrategias posibilistas &mdash;que no claudicantes&mdash;, sino que creo que a menudo son las &uacute;nicas eficaces. <em>El Pa&iacute;s</em> me parece en la actualidad un peri&oacute;dico detestable (como lo son, aunque de otra manera, todos los dem&aacute;s), pero parece plausible colaborar con &eacute;l en la medida en que uno vea la forma de actuar dentro de los m&aacute;rgenes dados, y quiz&aacute; subvertirlos. La cr&iacute;tica siempre ha solido ejercerse desde la resistencia al medio que la aloja, con el que ella misma emplea sus filos llegado el momento. Hay muchos modos de hacerlo, se trata de discurrirlos, y de hacer elocuentes los propios l&iacute;mites.
    </p><p class="article-text">
        <strong>LA LETRA CON SANGRE ENTRA</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: T&uacute; has sido c&eacute;lebre por tu agresividad cr&iacute;tica. Ahora bien, &iquest;qu&eacute; sentido tiene escribir cr&iacute;ticas en algunos casos hirientes o excesivamente burlescas de textos o novelas de un autor que empieza, de una primera novela por ejemplo? &iquest;No ser&iacute;a m&aacute;s adecuado guardar silencio? El silencio es el peor castigo que uno puede dar a una novela. Siempre ha sorprendido en tus cr&iacute;ticas el exceso de agresividad verbal, que en ocasiones rozaba el sarcasmo hiriente. &iquest;T&uacute; percibes igual tu trabajo cr&iacute;tico?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> El sentido de esta actitud es claro para m&iacute;. T&uacute; mismo has dicho que el peor castigo para un autor novel es el silencio, algo que yo suscribo; de ah&iacute; que crea que hablar mal de un libro supone para el autor novel un servicio mucho m&aacute;s &uacute;til y constructivo que no hablar en absoluto de &eacute;l. Me repugna la condescendencia que entra&ntilde;a el silencio, no pocas veces. Por otro lado, me parece que precisamente donde se curte un escritor es en sus comienzos. Poco dice de la vocaci&oacute;n real de un escritor que no resista una mala cr&iacute;tica, que no sea capaz de encajar eso, de aprender de eso o de desquitarse. En mi caso, pienso que lo que se interpretaba muchas veces como un acto de arrogancia o de sadismo, obedec&iacute;a las m&aacute;s veces a mi concepci&oacute;n del rese&ntilde;ismo como una especie de servicio p&uacute;blico, dirigido b&aacute;sicamente a los lectores, pero tambi&eacute;n al propio autor. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Pero lo que se percibe como un exceso de agresividad verbal, &iquest;eso es un rasgo de estilo, es algo consciente?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> Yo no tengo esa percepci&oacute;n&hellip;
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Es cari&ntilde;o (risas).</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> Yo siempre me refiero a los libros, no al autor. No he hecho casi nunca cr&iacute;ticas <em>ad hominem</em>. Y eso vale para la voz que yo mismo impostaba en mis cr&iacute;ticas, en las que nunca utilizaba el &ldquo;yo&rdquo;, no empleaba la primera persona. Se trataba siempre del enfrentamiento de un artefacto ret&oacute;rico contra otro artefacto ret&oacute;rico. Hay algo personal que entra en juego, sin duda, pero no en el sentido en que se suele pensar. Ver&aacute;s, yo tiendo instintivamente a vengarme de los malos libros. Soy un lector &aacute;vido y codicioso, y para m&iacute; perder tres tardes leyendo un mal libro constituye un da&ntilde;o imperdonable. No hay sarcasmo que me desquite del tiempo perdido, por no hablar ahora de los efectos morales. Se trata de un ajuste de cuentas leg&iacute;timo; puede parecer desproporcionado, pero es un ajuste de cuentas leg&iacute;timo. Y tanto que s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>QUEREMOS TANTO A BOLA&Ntilde;O</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Vamos a cambiar de tema. &iquest;Bola&ntilde;o deber&iacute;a estudiarse como parte de la literatura espa&ntilde;ola? </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> No. Siempre he dicho que uno de los m&eacute;ritos de Bola&ntilde;o, una de las razones que explica su centralidad en el presente, es que con &eacute;l fragu&oacute; un modelo de escritor, digamos, extraterritorial. Si hubiera que adjudicar a Bola&ntilde;o a alg&uacute;n &aacute;mbito, yo lo adjudicar&iacute;a sin dudar al &aacute;mbito de la literatura hispanoamericana. En el marco de la misma, Bola&ntilde;o se adelanta a la hora de postular una lengua y un imaginario narrativo que trasciende las fronteras nacionales y que reflexiona desde una perspectiva, digamos, continental.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Cu&aacute;nto hay de montaje en Bola&ntilde;o, honestamente?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> Nada. Ya s&eacute; que parezco la viuda de Bola&ntilde;o, pero no, nada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: La pregunta es: &iquest;estar&iacute;amos hablando de Bola&ntilde;o en los t&eacute;rminos en que lo hacemos si Bola&ntilde;o no se hubiera muerto? &iquest;Cu&aacute;nto hay de revalorizaci&oacute;n de una obra cuando el autor se muere?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> Con independencia de su muerte temprana, una novela como <em>2666</em> es desde mi punto de vista indiscutible. Es m&aacute;s, yo especulo que un Bola&ntilde;o aupado sobre la contundencia, sobre la ambici&oacute;n y la grandeza de una novela como <em>2666</em>, un Bola&ntilde;o reconocido y consagrado internacionalmente, como lo es ahora, hubiera desempe&ntilde;ado un papel muy dinamizador en el contexto de la cultura en lengua espa&ntilde;ola. Bola&ntilde;o era muy dif&iacute;cilmente sobornable, y ten&iacute;a un proyecto muy claro como escritor, que comprend&iacute;a una inequ&iacute;voca voluntad ordenadora, un impulso de intervenci&oacute;n en el campo literario que, de haber continuado viviendo, habr&iacute;a tenido importantes consecuencias. No tengo ninguna duda acerca del valor de Bola&ntilde;o como escritor, y si bien el romanticismo de su muerte temprana y la leyenda del joven vanguardista han podido contribuir a su fortuna, sobre todo en Estados Unidos, tambi&eacute;n creo que son elementos que distraen del n&uacute;cleo duro de su literatura, que va mucho m&aacute;s all&aacute;, y que nos toca esencialmente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Javier Mar&iacute;as es un fen&oacute;meno que a ti te parece dif&iacute;cil de explicar, tiene alguna explicaci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> Mar&iacute;as me parece un escritor que tiene bien ganado su puesto muy destacado dentro de la literatura espa&ntilde;ola e internacional. Siento una gran admiraci&oacute;n por Mar&iacute;as. No se trata de un autor inflado, ni mucho menos. Si me tiraras de la lengua, te dir&iacute;a que, a partir de <em>Negra espalda del tiempo</em>, Mar&iacute;as entra en un terreno pantanoso, y lo hace empujado precisamente por la coherencia de su proyecto narrativo. No me parece especialmente afortunado el camino que ha recorrido desde ah&iacute;. Pero conf&iacute;o en su capacidad para corregir el rumbo. Temo, eso s&iacute;, que el &eacute;xito de <em>Los enamoramientos</em> tenga en este sentido efectos calamitosos, pues se trata de una novela en la que Mar&iacute;as incurre, quiz&aacute;s impremeditadamente, lamento decirlo, en la caricatura de s&iacute; mismo y en el autoplagio. Pero Mar&iacute;as es un buen escritor, no tengo dudas, y es de esperar que lo siga demostrando.
    </p><p class="article-text">
        <strong>LA BURBUJA DE LAS LETRAS</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Ha existido una burbuja narrativa?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> Me parece una buena forma de expresar lo que ocurri&oacute; con la narrativa espa&ntilde;ola en los a&ntilde;os ochenta. No creo que tenga sentido hablar de burbuja narrativa en relaci&oacute;n al presente. Pero s&iacute; en relaci&oacute;n a lo que supuso al proceso de autoafirmaci&oacute;n de la literatura espa&ntilde;ola que se produjo en los a&ntilde;os ochenta, y que deriv&oacute; muy pronto en una especie de narcisismo colectivo a veces sonrojante. Como ya antes hemos dicho, se descubri&oacute; entonces el fil&oacute;n de la literatura nacional, que pas&oacute; a ocupar el centro del negocio editorial. Por ah&iacute; comenz&oacute; a hincharse la burbuja, que ofrece, en efecto, caracter&iacute;sticas comparables a las de la famosa burbuja inmobiliaria, en cuanto que dio lugar a toda una serie de especulaciones que se tradujeron en la insensata inflaci&oacute;n de autores y t&iacute;tulos tasados muy por encima de su valor real. Esto no quiere decir que en la narrativa espa&ntilde;ola &ndash;pues estoy pensando todo el rato en la narrativa&ndash; no haya escritores de mucho valor. De hecho, cabe se&ntilde;alar un buen n&uacute;mero de escritores buenos, y un pu&ntilde;ado de escritores muy buenos. Lo insostenible es pensar que una literatura puede dar lugar, una semana s&iacute; y otra tambi&eacute;n, a t&iacute;tulos excelentes, a obras maestras, como cabe deducir del lenguaje empleado com&uacute;nmente por editores y cr&iacute;ticos.
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        <strong>DK: En tu cr&iacute;tica de El vano ayer, de Isaac Rosa, recogida en tu libro [Trayecto: Un recorrido cr&iacute;tico por la reciente narrativa espa&ntilde;ola, Debate, 2005], se dice que Rosa asume contar lo no vivido, aquellos sucesos que no han sido narrados por los escritores que los vivieron. &iquest;C&oacute;mo se relaciona esto con los escritores de la burbuja?</strong><em>El vano ayer</em><em>Trayecto: Un recorrido cr&iacute;tico por la reciente narrativa espa&ntilde;ola</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> Durante la Transici&oacute;n se produjo, como hemos visto, un pacto de no agresi&oacute;n, que comportaba el compromiso de no remover la mierda que abon&oacute; el cultivo de la cultura surgida de aquellos a&ntilde;os. Unos y otros asumieron t&aacute;citamente que la literatura no deb&iacute;a meterse en pol&iacute;tica. Y por supuesto, tampoco la cr&iacute;tica. Desde entonces , y hasta hace poco, la literatura espa&ntilde;ola ha rehuido la pol&iacute;tica, salvo excepciones muy contadas, entre ellas la narrativa de Bel&eacute;n Gopegui, ejemplar en este aspecto como en otros. Nos las tenemos, pues, con una literatura ins&oacute;litamente despolitizada, que no contribuye de ninguna manera a comprender el pa&iacute;s en que vivimos, sino todo lo m&aacute;s a percibir su sentimentalidad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Eso lo dices a prop&oacute;sito de tu lectura de Cristales, de Alejandro G&aacute;ndara: los sentimientos particulares son los que confundieron el proyecto colectivo</strong><em>Cristales</em>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> Exactamente. Se entendi&oacute;, sin que nadie lo instruyera de un modo expl&iacute;cito, que la literatura no tocaba la pol&iacute;tica. A este respecto, recuerdo en particular una cr&iacute;tica de Pozuelo Yvancos a la novela de Bel&eacute;n Gopegui <em>El padre de Blancanieves</em>. En ella, Pozuelo empezaba por decir que le encantar&iacute;a poder hablar &uacute;nicamente de la factura literaria de la novela, de sus valores como trama, de la construcci&oacute;n de sus personajes, etc., pero que, desgraciadamente, ay, debido al peso de su discurso pol&iacute;tico, no pod&iacute;a. Hombre, daban ganas de decirle, si el libro habla de pol&iacute;tica, &iquest;por qu&eacute; no hablas t&uacute; tambi&eacute;n de pol&iacute;tica? Pero actuaba all&iacute; el reflejo instintivo del cr&iacute;tico que da por supuesto que no cabe hablar de pol&iacute;tica cuando se trata de literatura. Los propios escritores asumieron esta consigna. Y as&iacute; ha venido siendo hasta hace poco, como te digo. Un escritor como Isaac Rosa ya no comparte, sin embargo, este veto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: En la cr&iacute;tica a Coraz&oacute;n tan blanco, rescatas algo que parece muy interesante: no se depende tanto de lo que uno ha hecho como de lo que se sabe que uno ha hecho. &iquest;Qu&eacute; pasa entonces con una literatura que ha conciliado con el Estado?</strong><em>Coraz&oacute;n tan blanco</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> Tampoco es conciliar con el Estado. As&iacute; dicho suena excesivo. Sencillamente hay autores, la mayor&iacute;a, que han entendido que su tarea deb&iacute;a sustraerse a todas las tensiones sociales, ideol&oacute;gicas que pod&iacute;a haber en la sociedad. O sea que entendieron que la literatura era un espacio para la introspecci&oacute;n, para la vida interior, para la aventura formalista, y no concibieron la posibilidad de hablar de pol&iacute;tica. Eso sigue siendo el patr&oacute;n, las m&aacute;s veces. Pero ojo: no pretendo decir que la literatura deba intervenir necesariamente en pol&iacute;tica. Se trata, simplemente, de que se acepte que la pol&iacute;tica es un campo de la realidad como cualquier otro, y no especialmente insignificante.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK &iquest;Cu&aacute;l es tu postura en toda esta pol&eacute;mica sobre los derechos de autor, internet&hellip;? Porque terminas un art&iacute;culo con una peque&ntilde;a pullita a una declaraci&oacute;n de Elvira Lindo&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>IE:</strong> El concepto de propiedad intelectual me parece un ox&iacute;moron, y me repugna instintivamente. En principio no simpatizo con el concepto, y sospecho de toda normativa a este respecto. Entiendo el tipo de perjuicio que entra&ntilde;a la pirater&iacute;a, y no me atrevo a proponer alternativas. Tampoco he reflexionado mucho al respecto, la verdad. Pero albergo una suspicacia instintiva, insisto, respecto al concepto de propiedad intelectual, que me parece cada vez menos sostenible, al menos tal y como est&aacute; formulado. La pulla a la que te refieres alud&iacute;a al hecho de que, por una vez que se manifiestan pol&iacute;ticamente, muchos escritores y artistas de este pa&iacute;s lo hagan para reclamar sus propiedades. En fin, era una iron&iacute;a&hellip; 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[DK]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/burbuja_literaria/ignacio-echevarria_1_5526757.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Dec 2012 17:14:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[«Una mala crítica es un ajuste de cuentas legítimo»]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[La Burbuja Literaria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La sintaxis dominante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/burbuja_literaria/sintaxis-dominante_1_5526119.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En Argentina, muchos de nosotros pasamos la d&eacute;cada de los noventa &mdash;los a&ntilde;os del <em>menemismo</em>, del neoliberalismo duro&mdash; reclamando, protestando, expresando nuestra cr&iacute;tica al discurso antipol&iacute;tico entonces en boga; llamando a la repolitizaci&oacute;n de lo social, e incluso a una cierta repolitizaci&oacute;n de la literatura, que para m&iacute;, por supuesto, nunca pasa por los contenidos, por el tema, por la trama, sino por una (o varias) determinada forma de poner en cuesti&oacute;n la sintaxis dominante. Pero ahora, en cambio, estamos agotados, saturados del exceso de politizaci&oacute;n ret&oacute;rica oficial, del discurso grandilocuente del populismo de izquierda. Lo mejor que hizo el gobierno es elegir sus enemigos: los grandes grupos medi&aacute;ticos, la Iglesia, el poder econ&oacute;mico concentrado. &iquest;Alcanza con eso? Si en cada acci&oacute;n trivial de gobierno, en cada peque&ntilde;ez insignificante, el gobierno plantea que se juega una batalla por lo nacional y popular, por la soberan&iacute;a econ&oacute;mica, es posible que la situaci&oacute;n comience a hartar. No parece haber hoy otro tema de discusi&oacute;n que la pol&iacute;tica. Pero no lo pol&iacute;tico entendido como la aparici&oacute;n de acontecimientos transformadores, la instituci&oacute;n de experiencias colectivas in&eacute;ditas, sino como ampulosa ret&oacute;rica de estado, o tambi&eacute;n, como su contracara necesaria: el discurso neogolpista de las corporaciones medi&aacute;ticas y sus empleados <em>free lance</em> (tambi&eacute;n llamados diputados, senadores, partidos de oposici&oacute;n, jueces).
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        En medio de la asfixia galopante, curiosamente, la literatura argentina sigue teniendo lugar. &iquest;C&oacute;mo y por qu&eacute; ocurre eso? No lo s&eacute;. Como tampoco s&eacute; por qu&eacute; ocurre otro fen&oacute;meno cultural cuanto menos ex&oacute;tico: cada gran diario nacional &mdash;cuatro en total&mdash; publica un suplemento literario grande, de decenas de p&aacute;ginas, con notas, rese&ntilde;as, entrevistas, comentarios de libros. En un mercado editorial microsc&oacute;pico como el argentino, semejante derroche de celulosa parece antiecon&oacute;mico, y efectivamente lo es. Pero es muy bienvenido (la literatura tiene que ver con el derroche, no con la inversi&oacute;n). Deber&iacute;a aclararse, sin embargo, que esos suplementos culturales muchas veces parecen intercambiables. &iquest;Qu&eacute; es lo que diferencia uno del otro? Tampoco lo sabemos. No se logra percibir qu&eacute; l&iacute;nea literaria defienden, qu&eacute; posici&oacute;n discuten, qu&eacute; est&eacute;ticas los conmueven. Y cuando &mdash;muy pocas veces&mdash; algo as&iacute; ocurre, es de manera lateral, en la firma de tal o cual colaborador, en el gesto audaz de un editor al elegir tal o cual libro del a&ntilde;o. Quiz&aacute;s, m&aacute;s all&aacute; de sus evidentes diferencias, lo que tengan en com&uacute;n el populismo de izquierda, las operaciones neogolpistas de los <em>holdings</em> medi&aacute;ticos y la homogeneidad de los suplementos culturales resida en colocar al mercado como el horizonte de nuestra &eacute;poca. Hay all&iacute; una discusi&oacute;n para dar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Damián Tabarovsky]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/burbuja_literaria/sintaxis-dominante_1_5526119.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Dec 2012 18:27:17 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La sintaxis dominante]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[La Burbuja Literaria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las estrellas, los huesos y el psicoanálisis]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/estrellas-huesos-psicoanalisis_1_5524235.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Una visita de periodistas al rodaje de <em>Quantum of Solace</em> (2008), el pen&uacute;ltimo Bond, me permiti&oacute; conocer el Observatorio Paranal en el desierto de Atacama, en Chile. Divididos en grandes grupos, los invitados tuvimos el muy relativo privilegio de contemplar, de lejos, algunos detalles bastante irrelevantes del rodaje &mdash;Daniel Craig corriendo en la lejan&iacute;a, mientras disparaba al suelo: otros grupos tuvieron menos suerte y se tuvieron que conformar con la misma acci&oacute;n ejecutada por el doble de luces&mdash; y la no siempre gratificante obligaci&oacute;n de entrevistar a parte del equipo art&iacute;stico y t&eacute;cnico de la superproducci&oacute;n. Recuerdo que me choc&oacute; escuchar en boca de Mathieu Amalric, que ejerc&iacute;a de villano en la pel&iacute;cula, unas declaraciones que parec&iacute;an descalificar la labor de su predecesor Mads Mikkelsen y que, si proyectamos hacia el futuro la l&oacute;gica del discurso, tambi&eacute;n le afeaban la conducta venidera al Javier Bardem de <em>Skyfall</em>: su villano, dec&iacute;a Amalric, iba a ser tan sutil como el papel pintado, a &eacute;l no le iba a hacer ninguna falta llorar sangre.
    </p><p class="article-text">
        El largo tiempo de espera para atender los dos asuntos &mdash;la parca mirada al rodaje, la larga serie de entrevistas&mdash; dejaba un generoso margen para visitar el Observatorio y para perderse en la residencia, de sofisticada arquitectura retrofuturista, de los astr&oacute;nomos y trabajadores del lugar. De hecho, a Marc Forster, director de la pel&iacute;cula, parec&iacute;a interesarle m&aacute;s esa residencia que el observatorio: una caracter&iacute;stica localizaci&oacute;n bondiana, una incongruencia formalista, un pedazo de futuro en medio de ninguna parte.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Dos a&ntilde;os despu&eacute;s del estreno de <em>Quantum of Solace</em>, Patricio Guzm&aacute;n, director de la monumental <em>La batalla de Chile</em> (1977-80), estrenaba <em>Nostalgia de la luz</em> (2010), cuyas im&aacute;genes recorr&iacute;an el desierto de Atacama para contar algo muy distinto a lo que narraba esa aventura bondiana que jugaba a aislar a 007 en el vac&iacute;o para enfrentarlo a un malo invisible como un buen papel pintado. En <em>Nostalgia de la luz</em>, Guzm&aacute;n habla de esos astr&oacute;nomos que miran al cielo en busca de respuestas, de rastros del origen y, en definitiva, de sentido. Pero la pel&iacute;cula tambi&eacute;n aborda otra b&uacute;squeda: la de los cuerpos de los desaparecidos durante la dictadura de Pinochet en un desierto de Atacama convertido, tambi&eacute;n, en fosa com&uacute;n de la infamia. La mirada de Guzm&aacute;n busca una rima entre ambas b&uacute;squedas, entre la astronom&iacute;a entendida como una arqueolog&iacute;a celeste, como el rastreo de luces que ya no existen, y la necesidad de hurgar en la memoria de un trauma nacional no resuelto. <em>Nostalgia de la luz</em> utiliza las estrategias de la poes&iacute;a para articular un discurso que es, al mismo tiempo, pol&iacute;tico y filos&oacute;fico, alrededor de las contradicciones de un pa&iacute;s que, como el nuestro, se empe&ntilde;a en reprimir la memoria bajo la obsesi&oacute;n de esbozar un futuro (que aqu&iacute; ha llevado, directamente, al <em>No Future</em>, o a Eurovegas). Un pa&iacute;s condenado, como el nuestro, a una psicopatolog&iacute;a que, en buena l&oacute;gica, estar&iacute;a pidiendo a gritos su psicoan&aacute;lisis. No hay que obviar que el &uacute;ltimo cine chileno ha encontrado a uno de sus cachorros m&aacute;s comprometidos en Pablo Larra&iacute;n, hijo del pol&iacute;tico Hern&aacute;n Larra&iacute;n, de la UDI, quiz&aacute; movido &mdash;perdonen el exceso&mdash; por la terap&eacute;utica necesidad de matar al padre, como atestigua su trilog&iacute;a <em>Tony Manero</em> (2008), <em>Post Mortem</em> (2010) y <em>No</em> (2012).
    </p><p class="article-text">
        Esta semana, Patricio Guzm&aacute;n visita Madrid para presentar <em>Nostalgia de la luz</em> en la Cineteca del Matadero: la pel&iacute;cula se proyectar&aacute; hasta el pr&oacute;ximo domingo 16 de diciembre gracias a una iniciativa de <em>crowdfunding</em> movida por la pura pasi&oacute;n cin&eacute;fila y la necesidad de compartir un t&iacute;tulo esencial que nuestros circuitos de distribuci&oacute;n comercial han pasado por alto &mdash;a pesar de que Televisi&oacute;n Espa&ntilde;ola participase en la producci&oacute;n&mdash;. La campa&ntilde;a para traer <em>Nostalgia de la luz</em> a Espa&ntilde;a &mdash;iniciativa que tambi&eacute;n ha logrado garantizar su futura edici&oacute;n en DVD&mdash;, plantea un tema interesante en el que convendr&iacute;a ahondar en una futura columna: la transformaci&oacute;n del cin&eacute;filo en espectador/distribuidor, sobre el tel&oacute;n de fondo de unas inercias de consumo que &mdash;entre la interpretaci&oacute;n interesada del concepto de cultura libre por parte de un amplio censo de ex&ndash;espectadores y la atrofia del gusto del sector de la distribuci&oacute;n y la exhibici&oacute;n especializada ante un mercado menguante&mdash; han dado una estocada mortal a la racional circulaci&oacute;n de pel&iacute;culas m&aacute;s o menos minoritarias. Ver <em>Nostalgia de la luz</em> esta semana en Madrid tambi&eacute;n tiene otros est&iacute;mulos m&aacute;s all&aacute; del placer de disfrutar de la excelencia: encontrarse con una pel&iacute;cula que se formula las preguntas adecuadas frente a una voluntad de amnesia colectiva; un modelo de discurso que, de hecho, nos hubiese venido muy bien encontrar en nuestro cine de la Transici&oacute;n. La obra de Patricio Guzm&aacute;n llega cuando a&uacute;n sobrevive en las salas <em>Skyfall</em>, la pel&iacute;cula de Bond que sigui&oacute; a esa aventura con cl&iacute;max en el desierto de Atacama en la que el agente no se pregunt&oacute; ni por la luz de las estrellas, ni por los huesos enterrados bajo la arena. Por lo menos, en la pel&iacute;cula de Sam Mendes 007 s&iacute; que parece plenamente consciente de que ha sido su propio pasado &mdash;el trauma fundacional, la muerte de los padres, la orfandad, la adopci&oacute;n por parte de una Madre Terrible&mdash; lo que le ha modelado y definido. Incluso Bond ha entendido, en definitiva, c&oacute;mo resolver el pulso entre olvido y psicoan&aacute;lisis. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jordi Costa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/estrellas-huesos-psicoanalisis_1_5524235.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Dec 2012 18:26:43 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Las estrellas, los huesos y el psicoanálisis]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[La Burbuja Literaria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De cómo el diputado Cervera cayó víctima de la burbuja literaria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/burbuja_literaria/diputado-cervera-victima-burbuja-literaria_1_5526074.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En los a&ntilde;os noventa, a falta de la red, un personaje de la novela <em>Coraz&oacute;n tan blanco</em> de Javier Mar&iacute;as realiza un intercambio er&oacute;tico virtual con otra persona a trav&eacute;s de cintas de v&iacute;deo que eran recogidas puntualmente en un apartado postal. En su siguiente libro, <em>Ma&ntilde;ana en la batalla piensa en m&iacute;</em>, el protagonista se queda con el peque&ntilde;o casete del contestador de un tel&eacute;fono fijo para evitar que el mensaje que conten&iacute;a pudiera ser escuchado. Mar&iacute;as declaraba por aquellos a&ntilde;os en las entrevistas que era pertinente incluir en las ficciones las novedades tecnol&oacute;gicas que nos rodeaban.
    </p><p class="article-text">
        La tecnolog&iacute;a es muy socorrida para los autores de novelas negras. Nadie dir&iacute;a que Mar&iacute;as es un autor del g&eacute;nero pero, como se&ntilde;ala Ignacio Echevarr&iacute;a en las cr&iacute;ticas que escribi&oacute; al ser publicados esos libros, &ldquo;en <em>Coraz&oacute;n tan blanco</em> hay un hombre que, a su pesar, y sin serlo realmente termina actuando como un detective (&hellip;), en <em>Ma&ntilde;ana en la batalla&hellip; </em>hay un hombre que, a su pesar, y sin serlo, termina actuando como un asesino&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El exdiputado Santiago Cervera tambi&eacute;n, a su pesar, y sin serlo, termina actuando como escritor.
    </p><p class="article-text">
        Su trama es de libro. Veamos. Por un lado, tenemos al presidente de Caja Navarra que recibe un correo an&oacute;nimo en el cual se le pide dinero a cambio de silencio por un supuesto enriquecimiento il&iacute;cito suyo en detrimento de la entidad. Por el otro, aparece Cervera, con gorra y bufanda para protegerse de una c&aacute;mara de seguridad y se presenta junto a la muralla de Pamplona en busca de un sobre. Entra la polic&iacute;a en acci&oacute;n y le detienen con las manos en el sobre.
    </p><p class="article-text">
        Juntemos cabos. El presidente de Caja Navarra hab&iacute;a se&ntilde;alado ese sitio, adonde acude el exdiputado como lugar donde deb&iacute;a dejar el dinero que le exig&iacute;an. La polic&iacute;a pone un se&ntilde;uelo y espera al chantajista. Aparece Cervera y aqu&iacute; la trama da un giro <em>hammettiano</em>: el pol&iacute;tico saca de la manga un <em>e-mail</em>, tambi&eacute;n an&oacute;nimo, en el que le ofrecen informaci&oacute;n sobre supuestas irregularidades perpetradas en contra de Caja Navarra y que se&ntilde;ala ese sitio, la muralla, como escondite del tesoro. El <em>e-mail</em> que recibe Cervera, seg&uacute;n nos informa Juan Luis S&aacute;nchez en este mismo peri&oacute;dico, pertenece a un sistema inform&aacute;tico que se llama <a href="http://www.eldiario.es/sociedad/Tor-tecnologicas-correo-anonimo-Santiago-Cervera_0_78392323.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Tor</em></a><em>   </em>y &ldquo;est&aacute; pensado para activistas, <em>bloggers</em>, periodistas que quieran conectarse de manera an&oacute;nima y segura en pa&iacute;ses donde la libertad de expresi&oacute;n est&aacute; permanentemente amenazada&rdquo;. Como vemos, al igual que Mar&iacute;as, Cervera introduce en su narraci&oacute;n la m&aacute;s sofisticada herramienta disponible en el mapa digital.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Veremos en los pr&oacute;ximos d&iacute;as ad&oacute;nde nos lleva este autor. Pero de momento, donde de verdad se ha metido es en una de las derivas de la burbuja literaria construida a lo largo de la Transici&oacute;n, orlada de prestigio, fama, subvenciones y premios, conformando como afirma Constantino B&eacute;rtolo, &ldquo;un paisaje literario  surgido a la sombra de la democracia <em>juancarlista</em>, una sobreexplotaci&oacute;n del suelo literario que ha dado lugar a la proliferaci&oacute;n de parcelas y urbanizaciones narrativas de todo tipo y condici&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s all&aacute; de los quim&eacute;ricos hallazgos que producen cuantiosos ingresos editoriales como la llamada &lsquo;pornograf&iacute;a para mam&aacute;s&rsquo; (<em>Sombras de Grey</em>), o los eventuales sucesos de autores como Mar&iacute;a Due&ntilde;as o el casi siempre eficaz Ken Follet a nivel de ventas, el mercado literario parece nutrirse del resurgimiento del g&eacute;nero negro en el que editoriales como Salamandra con Andrea Camilleri, RBA con una colecci&oacute;n espec&iacute;fica, Mondadori con otra, reci&eacute;n llegada, Acantilado con el nuevo rescate de la obra de Simenon y la confirmaci&oacute;n de Planeta con su premio, tienen un nuevo corredor de viabilidad econ&oacute;mica. Y la burbuja supera una prueba de resistencia.
    </p><p class="article-text">
        Pero Cervera se equivoca, como muchos escritores, si cree que la salida est&aacute; por este sendero. El <em>thriller</em> es un camino posible pero, a fin de cuentas, comarcal. La gran autopista editorial est&aacute; en el g&eacute;nero financiero que, como es de recibo, tambi&eacute;n cuenta con un apoyo tecnol&oacute;gico <em>avant</em>-<em>garde </em>ad hoc. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Una prueba? He aqu&iacute; un posible argumento. Imaginemos que sobre la base real de que en 2011 se editaron m&aacute;s de cien mil t&iacute;tulos de los cuales, claro est&aacute;, solo se ha vendido una parte &iacute;nfima, se sostiene una industria. &iquest;Cu&aacute;nto dinero mueve ese negocio? Mucho, much&iacute;simo: millones. Supongamos que un librero medio de una ciudad peque&ntilde;a maneja un total de quinientos ejemplares mensuales entre todas las novedades que recibe. Esto hace una facturaci&oacute;n con las editoriales de unos cien mil euros al a&ntilde;o. El librero de esa ciudad peque&ntilde;a devuelve los libros que no vende, por supuesto. Pero no recibe dinero de retorno: compra nuevos t&iacute;tulos y entra en una cadena donde rotan novedades sin descanso. De tanto en tanto sabe que llegar&aacute; Mar&iacute;a Due&ntilde;as o una sombra de Grey que iluminar&aacute;n el negocio. Las grandes editoriales tambi&eacute;n lo saben y ganan dinero con ello pero saben algo m&aacute;s importante: generar nuevas expectativas y renovar la fe en la burbuja para colocar productos ignotos a un coste de risa. Una tirada de dos mil ejemplares de un autor nuevo tiene pr&aacute;cticamente un solo coste: el papel. El libro sale, se coloca, se factura. El libro vuelve ya que no se vende (se almacena y tiempo despu&eacute;s se guillotina) pero el dinero no retorna ya que el librero ahora debe al circuito otro t&iacute;tulo que acaba de entrar. Y as&iacute;. Mientras tanto, la masa de capital circula por el mercado financiero. Y crece. Mucho. Fin de la primera parte del argumento.
    </p><p class="article-text">
        Esta trama es la que el exdiputado Cervera parece desconocer. Pero en su partido deben de estar enterados ya que nadie da un duro por su rescate. Puede que Mar&iacute;a Dolores de Cospedal haya le&iacute;do el g&eacute;nero en su d&iacute;a o est&eacute; enterada por &ldquo;<a href="http://www.dclm.es/shh.php?id=576" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la Internet</a>&rdquo; (sic).
    </p><p class="article-text">
        En el comienzo de la Transici&oacute;n la burbuja literaria ratificaba la realidad. Ahora compite con ella a trav&eacute;s del g&eacute;nero policial. El <em>thriller</em> financiero, de momento, como le pasaba al coronel, no tiene quien le escriba. Aunque siempre sale un audaz, como aquel an&oacute;nimo que escribi&oacute; el <em>Lazarillo</em> y sin tecnolog&iacute;a pero con ingenio hizo que el personaje le pinchara el jarro de vino al ciego para poder beber.
    </p><p class="article-text">
        Cualquier d&iacute;a surge un buen autor que pincha la burbuja. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Roig]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/burbuja_literaria/diputado-cervera-victima-burbuja-literaria_1_5526074.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 12 Dec 2012 18:26:00 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[De cómo el diputado Cervera cayó víctima de la burbuja literaria]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[La Burbuja Literaria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Un banco de peces literarios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/banco-peces-literarios_1_5524077.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        De vez en cuando busco en youtube una extensa entrevista a la escritora inglesa Iris Murdoch, sobre literatura y filosof&iacute;a, realizada por Bryan Magee. La entrevista est&aacute; dividida en varias partes, debi&oacute; de durar horas. Me fascina la imagen de Murdoch y el entrevistador encerrados en ese peque&ntilde;o cuarto aunque, con toda probabilidad, se trate de un set de tv. Pero la sensaci&oacute;n para el que lo mira en la pantalla es la misma: un poco claustrof&oacute;bica. La pared tapizada al fondo no tiene ning&uacute;n elemento que pueda distraer la vista. No hay nada, nada m&aacute;s que un sof&aacute; de escay <em>beige</em> donde ambos est&aacute;n sentados. Tambi&eacute;n me llama poderosamente la atenci&oacute;n que Iris Murdoch permanezca todo el tiempo con el abrigo abrochado hasta arriba. Da calor solo de verla.
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        Volv&iacute; a ver esa entrevista hace poco y no pude evitar en esta ocasi&oacute;n constatar la enorme diferencia con el v&iacute;deo de Eduardo Mendoza que &ldquo;patrocin&oacute;&rdquo; <em>Diario Kafka </em>a su pesar. Obviamente all&iacute; se trataba de una conferencia, y el escritor se volcaba hacia un p&uacute;blico, no se recog&iacute;a en un rinc&oacute;n como Murdoch. Pero &mdash;y esto no era necesario&mdash; Mendoza ofrece un espect&aacute;culo, y es consciente de que est&aacute; dando ese espect&aacute;culo, haciendo re&iacute;r continuamente al p&uacute;blico, o suscitando su asombro. Es un discurso dedicado a provocar unas reacciones determinadas en los oyentes, casi como un mon&oacute;logo del Club de la Comedia. Iris Murdoch por el contrario dialoga, no act&uacute;a, y se r&iacute;e sola, a veces, otras veces la acompa&ntilde;a en la sonrisa su interlocutor.
    </p><p class="article-text">
        Est&aacute; claro que en estos tiempos de emprendedores y personas-marca lo que se exige al escritor es m&aacute;s bien el tipo Mendoza. A los autores no se les pide tanto que escriban buena literatura ni que ofrezcan alg&uacute;n punto de vista interesante sino que sean escritores-actores, atractivos, entretenidos y divertidos, mejor si tambi&eacute;n son elegantes (y Murdoch con su abrigo como un sayal). Me parece que la diferencia entre esos dos v&iacute;deos es la diferencia entre el siglo XX y el siglo XXI. Yo ya no s&eacute; si ahora se le exige demasiado al escritor (que sea bueno escribiendo, divertido, atractivo y conferenciante). O si es al contrario y se le pide demasiado poco (una imagen, una actuaci&oacute;n al fin y al cabo). Lo que nos fascina hoy del v&iacute;deo de Murdoch es el modelo de gafa del presentador y el corte de pelo de la escritora, que parece que se levant&oacute; de la cama y cogi&oacute; las tijeras de podar.
    </p><p class="article-text">
        De pronto el cabello de la novelista inglesa me recuerda a Gloria Fuertes. Me apresuro a buscar en youtube alguna entrevista con la poeta espa&ntilde;ola, fallecida en 1998, pero lo &uacute;nico que encuentro, lamentablemente, es la parodia de Martes y trece. :(  No hay derecho.
    </p><p class="article-text">
        Contin&uacute;o navegando y as&iacute; es como encuentro el banco de peces que da t&iacute;tulo a este art&iacute;culo, es un banco de peces literarios. Descubro las entrevistas a escritores y artistas realizadas por Joaqu&iacute;n Soler Serrano en el programa de RTVE <em>A fondo</em>, emitido en 1976 y 1977. Muchos las conocer&eacute;is de sobra &ndash;se vendieron en dvd&mdash;; la verdad es que yo, si alguna vez supe de ellas, las hab&iacute;a olvidado y me he alegrado de reencontrarlas. Tambi&eacute;n en esta ocasi&oacute;n el set televisivo, al modo del programa brit&aacute;nico, es un poco opresor. Pero ah&iacute; est&aacute;n <a href="http://www.youtube.com/watch?v=h41UpV4Dbi0" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jorge Luis Borges</a>,  <a href="http://www.youtube.com/watch?v=gmj2KvRVW1E" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Julio Cort&aacute;zar</a>, <a href="http://www.youtube.com/watch?v=V74yJztkx-c" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Juan Rulfo</a>, <a href="http://www.youtube.com/watch?v=vburUf2wITk" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Alejo Carpentier</a>, <a href="http://www.youtube.com/watch?v=Mrpc9U9C5bE" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Josep Pla</a>, <a href="http://www.youtube.com/watch?v=T3ryAV36bpE" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ernesto S&aacute;bato</a>&hellip; y muchos otros.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        He sido una &aacute;vida lectora de todos ellos, a&uacute;n as&iacute; &ndash;o en consecuencia&mdash; conoc&iacute;a su escritura, sus mundos literarios, pero rara vez los hab&iacute;a visto en movimiento. De manera que he disfrutado con las cosas que me han llamado la atenci&oacute;n. Por ejemplo me sorprende la sonrisa continua de Borges, y sus declaraciones, que no defraudan: &ldquo;Soy desagradablemente sentimental&rdquo;, dice. Cort&aacute;zar, por el contrario, me sorprende con su seriedad, quiz&aacute;s no quer&iacute;a estar ah&iacute; o vete a saber en qu&eacute; circunstancias se encontraba. Me intriga mucho el acento de Alejo Carpentier, y no entiendo la explicaci&oacute;n que da al respecto &ndash;&iquest;un defecto del habla?&mdash;. Me gustan los ojos achinados de Josep Pla, que hab&iacute;a visto en fotograf&iacute;as, pero son mucho m&aacute;s llamativos en movimiento. Adem&aacute;s se suma su gesto simp&aacute;tico, c&oacute;mplice y sin poses. Me gusta especialmente cuando defiende la escritura inteligible porque, dice, &ldquo;la limitaci&oacute;n de la inteligencia humana es inmensa&rdquo;. Juan Rulfo, contra todo pron&oacute;stico, me parece un actor de Hollywood. Algo as&iacute; como un James Dean despu&eacute;s de sufrir un leve accidente de coche. Tiene como cierto toque entre presumido y huidizo. La manera de llevar las gafas de Onetti, con la patilla en la sien, me resulta entra&ntilde;able, m&aacute;s cuando confiesa su timidez ante la entrevista y no duda en asegurar que &ldquo;la cita de hoy me estrope&oacute; la noche de ayer&rdquo;. &iquest;Alguno de nuestros escritores de ahora ser&iacute;a capaz de confesar eso? O S&aacute;bato, que se emociona casi hasta las l&aacute;grimas al rememorar su dura etapa como exiliado en Par&iacute;s.
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        Me he limitado a escritores en lengua espa&ntilde;ola, pero obviamente el banco de peces es mucho m&aacute;s grande y queda pendiente para otra entrega de <em>Pescado en la red</em>: ah&iacute; est&aacute; Bukowski, que no puede abrir los ojos despotricando contra el mundo delante de las c&aacute;maras, o Truman Capote y Groucho Marx disput&aacute;ndose el protagonismo en el mismo set, o incluso puede verse a Scott Fitzgerald escribiendo en un pupitre plantado en medio de un jard&iacute;n. No pongo todos los <em>links</em>, buscadlos, porque esa es la manera de encontrar sorpresas inesperadas. Ya lo sab&eacute;is, en youtube no solo hay gatitos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Begoña Huertas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/banco-peces-literarios_1_5524077.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Dec 2012 17:09:13 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Un banco de peces literarios]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[La Burbuja Literaria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Desde dentro de la burbuja]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/dentro-burbuja_1_5524059.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Se puede hablar de una burbuja literaria paralela a la de la econom&iacute;a y que ha provocado una crisis en la novela y la poes&iacute;a espa&ntilde;olas. La sobrevaloraci&oacute;n de los inmuebles (desde Luc&iacute;a Etxevarr&iacute;a a Caballero Bonald), las hipotecas <em>subprime</em> (premios literarios a locutores de la tele, Cebri&aacute;n y P&eacute;rez-Reverte en la Academia Espa&ntilde;ola, etc.), los  productos financieros opacos, que empaquetan juntos para endosarlos en mercados secundarios con activos de muy distinto valor (bajo la etiqueta de novela polic&iacute;aca, novela hist&oacute;rica, poes&iacute;a de la experiencia, etc.), las malas pr&aacute;cticas editoriales, la negligencia de los cr&iacute;ticos y de los analistas, las quiebras de instituciones como Lehman Brothers o Juan Benet al presentarse al Planeta, la falta de inversi&oacute;n productiva y la codicia especulativa nos han conducido a esta insostenible situaci&oacute;n que ha disparado la prima de riesgo, hasta que ha roto la barrera de los quinientos puntos b&aacute;sicos. Como se sabe, la prima de riesgo expresa el diferencial con una traducci&oacute;n del ingl&eacute;s. La prima es ese esfuerzo extra que tiene que realizar el lector para adquirir una novela espa&ntilde;ola en lugar de cualquier equivalente norteamericano (Javier Sierra vs. Dan Brown, Mu&ntilde;oz Molina vs. Philip Roth, David Monteagudo vs. Stephen King, etc.).
    </p><p class="article-text">
        Muy tr&aacute;gico, no cabe duda. Aunque por otra parte, nada que no conozcamos desde la antig&uuml;edad: la literatura avanza como la lava volc&aacute;nica y los glaciares, a trav&eacute;s de erupciones burbujeantes y avalanchas imprevistas (aunque en conjunto con lentitud tect&oacute;nica, apenas se desplaza un cent&iacute;metro cada cien a&ntilde;os).
    </p><p class="article-text">
        Podemos echarle la culpa al sistema, al mercado, a los editores, a la prensa, al sursuncorda o al empedrado, pero tambi&eacute;n resulta saludable saber c&oacute;mo se vive una burbuja desde dentro.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; hacemos los autores metidos en burbujas, como esos pasmarotes desnudos dentro de globos en los cuadros del Bosco? &iquest;No tenemos nada que ver con esto, igual que quienes pidieron hipotecas para comprarse el chalet y el 4x4?
    </p><p class="article-text">
        La s&aacute;tira primera de Persio, que he rele&iacute;do (por supuesto) en estos d&iacute;as, es el testimonio directo de una burbuja literaria no muy distinta de la que vivimos ahora. En ella el poeta se dirige a interlocutores inventados para recriminarles su deseo de &eacute;xito, su sumisi&oacute;n a la moda y al poder establecido, y su falta de compromiso. Para ponerse en situaci&oacute;n hay que imaginarse, por ejemplo, a una severa Bel&eacute;n Gopegui rega&ntilde;ando a Lorenzo Silva por haber ganado el Planeta (por citar a dos buenos amigos que s&eacute; que no se lo tomar&aacute;n a mal). O a un adusto Jorge Riechmann cant&aacute;ndole las cuarenta a un l&uacute;dico Agust&iacute;n Fern&aacute;ndez Mallo.
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                </figure><p class="article-text">
         Persio, que naci&oacute; en el 34, era un estoico y al parecer de conducta ejemplar, incapaz de consumir alimentos procesados o de comprarse nada que anuncien por la tele. La burbuja que a &eacute;l le toc&oacute; vivir fue la de la l&iacute;rica, en manos de los herederos de Cal&iacute;maco. Al estoico Persio esto le parec&iacute;a como tener por modelo po&eacute;tico las letras de Jos&eacute; Luis Perales: penas de amor, sentimientos delicados, la belleza de las peque&ntilde;as cosas y en general el siempre socorrido melodrama diario. &iquest;D&oacute;nde estaba la cl&aacute;sica poes&iacute;a &eacute;pica, c&iacute;vica, comprometida con los verdaderos valores? Persio apenas puede soportar estas eleg&iacute;as lacrim&oacute;genas, los versos dulces y voluptuosos, la ternura y en general la <em>sartago loquendi</em>, el &ldquo;refrito de palabras&rdquo; (traduce Rosario Cort&eacute;s en la edici&oacute;n que compr&eacute; en el a&ntilde;o 1988 s&oacute;lo para poder releerla alg&uacute;n d&iacute;a por primera vez).
    </p><p class="article-text">
        El buen Persio parte del principio estoico de que &ldquo;el estilo es el hombre&rdquo; (en palabras de S&eacute;neca: &ldquo;<em>talis hominibus fuit oratio qualis vita</em>&rdquo;, que viene a querer decir, a lo Juan Belmonte: se torea como se es. Por lo tanto, su s&aacute;tira se columpia siempre hacia lo personal: los poetas y sus versos se parecen mucho, son glotones, dados al lujo y a la vida f&aacute;cil, afeminados, aduladores, melosos, ambiciosos y vacuos, repelentes a base de intentar complacer.
    </p><p class="article-text">
        Hay que a&ntilde;adir, para completar el cuadro, que Persio vivi&oacute; en la &eacute;poca de Ner&oacute;n, un tirano que se cre&iacute;a &eacute;l mismo un artista. Para ambientarnos, quiz&aacute; podr&iacute;amos situar la acci&oacute;n a finales de los ochenta, cuando imperaba &ldquo;la cultura del pelotazo&rdquo;, los socialistas apandaban a dos manos y com&iacute;an en restaurantes de cinco tenedores y, al mismo tiempo, Alfonso Guerra citaba a Machado y s&oacute;lo se alimentaba de chocolatinas, pero usaba un avi&oacute;n militar para irse a Sevilla a ver los toros. As&iacute; entenderemos la santa indignaci&oacute;n de Persio contra los &ldquo;doscientos novelistas de Carmen Romero&rdquo; y los artistas habituales de &ldquo;la bodeguilla&rdquo; (donde parece transcurrir gran parte de la s&aacute;tira de Persio).
    </p><p class="article-text">
        Cuando a&uacute;n me deja ver alguna pel&iacute;cula con ella, mi hija siempre me pregunta antes de empezar: &ldquo;&iquest;T&uacute; con qui&eacute;n vas? &iquest;A qui&eacute;n te pides?&rdquo; Hay que pedirse a alguien para ir de su parte durante la pel&iacute;cula. Si no, no vale la pena verla.
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; me pasa siempre que, hacia la mitad, me cambio de posici&oacute;n para ir con quien menos me conviene. Empec&eacute; la s&aacute;tira yendo con Persio, pero en seguida me di cuenta de que simpatizaba m&aacute;s con los malos, los poetas ridiculizados por su ambici&oacute;n y su sed de gloria, casi me ped&iacute;a ser uno de ellos.
    </p><p class="article-text">
        Mi sospecha es que a Persio le pasaba lo mismo: se desdobla para expresar sus dudas y sus temores. Se pide a los dos y as&iacute; nos da un magn&iacute;fico retrato psicol&oacute;gico de una burbuja literaria vista desde dentro.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n leer&aacute; un buen poema como &eacute;ste, si ahora todos leen y aplauden estas pamplinas?&rdquo;, le pregunta a Persio un joven poeta. &ldquo;<em>Nemo hercule</em>&rdquo;, responde tajante el maestro: Nadie, por H&eacute;rcules. &ldquo;<em>Nemo</em>?&rdquo;, insiste el chaval que quiere hacerse famoso. &ldquo;<em>Vel duo vel nemo</em>&rdquo;: o nadie o dos personas. &iquest;Y eso qu&eacute; importa? &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s da el aplauso de los otros?, le rega&ntilde;a Persio: &ldquo;no te busques fuera de ti&rdquo; (&ldquo;<em>nec te quaesiveris extra</em>&rdquo;).
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, claro, sin duda, c&oacute;mo no. El problema es que los estoicos conquistan, no sin esfuerzo, su independencia: les importa un comino lo que piensen los dem&aacute;s. Los escritores, en cambio, suelen ser personas m&aacute;s desvalidas: escriben para que les quieran, as&iacute; que, por mucha raz&oacute;n que tenga Persio, no logra convencer del todo al joven (ni a s&iacute; mismo, sospecho).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;Y por eso tan p&aacute;lido y decr&eacute;pito? &iexcl;Vaya costumbres! &iquest;Hasta tal punto tu saber no vale nada si no lo sabe otro?&rdquo;, le increpa Persio (o tal y como yo lo le&iacute;, discute consigo mismo, intenta convencerse).
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pero es hermoso que le se&ntilde;alen a uno con el dedo y digan: &lsquo;&Eacute;se es&rsquo;. &iquest;No le vas a dar ning&uacute;n valor a servirle de dictado a cien cabezas rapadas?&rdquo;, pregunta el joven con timidez, haciendo pucheros: &eacute;l quiere salir por la tele y que le estudien en los colegios los ni&ntilde;os con la cabeza rapada. &iquest;Tan malo es eso?, parece preguntarse, casi a punto de echarse a llorar.
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; ya iba yo con el joven poeta y estaba un poco hasta las narices del inflexible, del intratable Persio. Record&eacute; entonces una muy agradable conversaci&oacute;n que mantuve hace tiempo con Javier Cercas, ninguno de los dos muy sobrio, en un bar de Madrid, el Cock, si mal no recuerdo. Habl&aacute;bamos de Cervantes, de su obsesi&oacute;n por el &eacute;xito, que le llev&oacute; a probar suerte con todo lo que se pusiera de moda en su &eacute;poca: novela pastoril, bizantina, picaresca, entremeses teatrales, lo que hiciera falta. Y nada. Ni caso le hac&iacute;an. Hasta que un d&iacute;a, ya en la tercera edad, harto de todo, se puso a escribir lo que le dio la gana: le sali&oacute; el <em>Quijote</em>... y nadie le tom&oacute; en serio. Si hab&iacute;a una burbuja, Cervantes siempre se met&iacute;a en ella de cabeza, a ver si le llevaba a lo m&aacute;s alto, pero todas le estallaron encima. &ldquo;Era un arribista desesperado&rdquo;, dije yo. &ldquo;De acuerdo en eso, quedamos as&iacute;: era un trepa&rdquo;, redonde&oacute; Cercas.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Que c&oacute;mo estall&oacute; la burbuja literaria? Porque (casi) todos los escritores, desde Cervantes, estamos deseando convertirnos en espumosos y salir en los libros de texto. Basta leer a Persio para entenderlo: de su s&aacute;tira contra los escritores que quieren salir en la foto, al final, lo que m&aacute;s nos conmueve es la v&iacute;ctima de la s&aacute;tira. Persio tendr&aacute; raz&oacute;n, qu&eacute; duda cabe, y sin embargo (como dir&iacute;a Machado)&hellip; &iexcl;ay, sin embargo!
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; poco nos cuesta entender al joven y su sed de burbujas espumosas, &iquest;verdad? Y qu&eacute; inhumano y antip&aacute;tico se nos hace el recto, moral y ejemplar Persio, que parece hecho de piedra p&oacute;mez.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qui&eacute;n no quiere ser un escritor ajeno a las modas, independiente, al que no le importe el aplauso de los lectores ni el de la cr&iacute;tica?
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Nadie, por favor, pero si todos queremos eso, precisamente eso!
    </p><p class="article-text">
        Y por eso le pedimos a Dios de rodillas, como hac&iacute;a San Agust&iacute;n: Se&ntilde;or, hazme casto, pero todav&iacute;a no. Oh, Se&ntilde;or de las Letras, t&uacute; que todo lo puedes, hazme un escritor insobornable, pero no te des demasiada prisa, por favor, d&eacute;jame disfrutar un poco de las burbujas.
    </p><p class="article-text">
        Todos somos dos, como Persio, y nunca estamos seguros de con cu&aacute;l de nosotros vamos en la pel&iacute;cula, cu&aacute;l nos pedimos.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; creo que es, por mucho que sepamos, como Juvenal (S&aacute;tira VIII) que: &ldquo;<em>Gloria quatalibet quid erit, si gloria tantum est</em>&rdquo;. M&aacute;s o menos algo as&iacute; como: &iquest;de qu&eacute; sirve, qu&eacute; es la gloria, si no es m&aacute;s que gloria?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rafael Reig, Rafael Reig]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/dentro-burbuja_1_5524059.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 11 Dec 2012 17:08:24 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Desde dentro de la burbuja]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[La Burbuja Literaria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De la inconveniente legitimidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/inconveniente-legitimidad_1_5522766.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        <strong>UNO</strong>
    </p><p class="article-text">
        30 de noviembre. Llueve. Ignacio Echevarr&iacute;a: &ldquo;Basta de monsergas sobre la corruptibilidad de los rese&ntilde;istas, sobre su ignorancia, sobre su mansedumbre y sus anteojeras&rdquo;<em>.</em> A ver, un momentito, orden en la sala: las monsergas sobre la corruptibilidad de los rese&ntilde;istas son la sal de vida. Como exrese&ntilde;ista Ignacio deber&iacute;a saber que no podemos renunciar a ellas, porque si renunciamos a ellas corremos el riesgo de dormirnos en los laureles y entonces puede llegar el lobo y comernos todito todito lo que no nos tiene que comer. Que los rese&ntilde;istas son unos vendidos hay que decirlo siempre y dudar de ellos o directamente no creerse ni una palabra, tambi&eacute;n, siempre. Hemos llegado a un punto en que es una obviedad decir que los malos cr&iacute;ticos son los culpables del baj&iacute;simo nivel de la cr&iacute;tica de los suplementos culturales de este pa&iacute;s y que ya todos sabemos poco menos que, en el mejor de los casos y salvo honrosas excepciones, la cr&iacute;tica es decepcionante.
    </p><p class="article-text">
        Pero no nos equivoquemos, esa cr&iacute;tica vaga, perezosa, poco o nada profesional; esa cr&iacute;tica que se prostituye por cuatro euros o que s&oacute;lo atiende a intereses comerciales, esa cr&iacute;tica, digo, no es la peor cr&iacute;tica ni su perpetrador el peor de los cr&iacute;ticos ya que, al fin y al cabo, es consciente de las &ldquo;limitaciones&rdquo; (entre comillas esto) de un p&uacute;blico que s&oacute;lo busca orientaci&oacute;n y estar un poco al corriente de las novedades. Somos corderitos asustados. Pero hay otra cr&iacute;tica (otras, en realidad) que resulta mucho m&aacute;s despreciable que esa que, al fin y al cabo, hace lo que hace porque tiene una familia que mantener. Estoy hablando de la cr&iacute;tica que hacen los AMIGOS, esa banda de impresentables mentirosos y oportunistas, vagos y maleantes la mitad de las veces.<strong> </strong>Hoy hablaremos de un grupo de amigos muy concreto, porque en la concreci&oacute;n est&aacute; el gusto. P&oacute;nganse c&oacute;modos; nos llevar&aacute; un rato.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>DOS</strong>
    </p><p class="article-text">
        Miguel Espigado es escritor y, hasta donde yo s&eacute; (que tampoco es que sea mucho) ejerce de cr&iacute;tico literario en revistas como <em>Quimera</em>. Pues bien, Miguel Espigado public&oacute; hace unos meses un art&iacute;culo en su blog llamado &lsquo;10 Consejos para ser un buen cr&iacute;tico literario&rsquo; en el que se inclu&iacute;a el siguiente punto: &ldquo;No te hagas amigo de los escritores. Acabar&aacute;s apoyando sus carreras con las <em>laudatio</em> m&aacute;s bochornosas, pelotas y cursis. Luego, cuando tu amistad no sea justamente correspondida, pondr&aacute;s sus libros a caer de un burro en justo desagravio&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Exacto. Aunque Miguel Espigado tenga algunos d&iacute;as malos, de vez en cuando tambi&eacute;n tiene momentos de extrema sensatez, es capaz de ver m&aacute;s all&aacute; de s&iacute; mismo y entender que la amistad est&aacute; bien para seg&uacute;n qu&eacute; cosas pero fatal para seg&uacute;n qu&eacute; otras.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de estos arrebatos de sentido com&uacute;n, Espigado tiene un blog o dos o tres. El actual se llama &ldquo;elespigado&rdquo;. Antes de eso, mucho antes, abri&oacute; uno al que llam&oacute; <em>Generaci&oacute;n Nocilla</em> cuya primera entrada, escrita en julio de 2007, serv&iacute;a para definir qu&eacute; es y qui&eacute;n integraba La Generaci&oacute;n Nocilla.<a href="//#_ftn1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[1]</a> Sin querer hacer demasiada historia de un hecho sobradamente conocido, la generaci&oacute;n Nocilla surge a ra&iacute;z de la repercusi&oacute;n que tiene la novela de Agust&iacute;n Fernandez Mallo<a href="//#_ftn2" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[2]</a>, <em>Nocilla Dream</em>, de la que no hablar&eacute; si no es en presencia de mi abogado. Vicente Luis Mora<a href="//#_ftn3" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[3]</a> prefer&iacute;a llamar a esta generaci&oacute;n &ldquo;La luz nueva&rdquo;, porque Vicente tiene estas cosas de buscarle nombres raros a todo. En cambio a Eloy Fern&aacute;ndez Porta<a href="//#_ftn4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[4]</a>, socio de Spoken Words con Agust&iacute;n Fern&aacute;ndez Mallo, le gustaba mucho m&aacute;s la etiqueta de &ldquo;Afterpop&rdquo;, que por algo escribi&oacute; un libro con ese nombre. Los Fern&aacute;ndez siempre en la vanguardia.
    </p><p class="article-text">
        Nota de inter&eacute;s: el tercer blog de Espigado al que hac&iacute;a referencia m&aacute;s arriba se llamaba &ldquo;Afterpost&rdquo; y prestaba especial atenci&oacute;n a la obra de los integrantes de la Generaci&oacute;n Nocilla. Qu&eacute; cosas, &iquest;eh? Esto no ayuda a entender a qu&eacute; viene incluir en el segundo punto de los &lsquo;10 consejos para ser buen cr&iacute;tico literario&rsquo; lo inconveniente o sospechoso de criticar libros de tus amigos si luego vas y casi no haces otra cosa en tu vida.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>TRES</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, hace unos d&iacute;as, el jueves 29 de noviembre, Antonio J. Gil daba la r&eacute;plica a mi art&iacute;culo de <em>Autopsia Cr&iacute;tica</em> de hace un par de semanas que versaba sobre el trato que recibe Agust&iacute;n Fern&aacute;ndez Mallo de parte de cierto sector de la cr&iacute;tica. Ven&iacute;a a ser algo as&iacute; como la cr&iacute;tica al cr&iacute;tico que critica la cr&iacute;tica y ciertamente era una cr&iacute;tica ejemplar, al menos en t&eacute;rminos absolutos, es decir, obviando el contenido que realmente escond&iacute;a y que no era otro que meterse conmigo. Pero, &iquest;por qu&eacute; iba este se&ntilde;or, a quien no ten&iacute;a hasta entonces el placer, a hacer semejante cosa? Entonces no ten&iacute;a yo la m&aacute;s remota idea. En cambio Jordi Carri&oacute;n, s&iacute;. Solo dos horas despu&eacute;s de publicarse el art&iacute;culo, Carri&oacute;n<a href="//#_ftn5" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[5]</a> sube a su muro de Facebook un comentario en el que me etiqueta y que viene a decir algo as&iacute; como que Antonio Gil disecciona brillantemente mi <em>post</em>. A Daniel Arjona, joven periodista de <em>El Cultural</em> (el mismo suplemento que en su momento, de la mano de Nuria Azancot, dio el pistoletazo de salida a la Generaci&oacute;n Nocilla) tambi&eacute;n le parece excelente. A mucha gente le parece excelente. &iexcl;A m&iacute; me parece excelente! Tanto le hab&iacute;a gustado a Jordi, tanto tant&iacute;simo, que dijo muchas m&aacute;s cosas, todas ellas muy interesantes: dec&iacute;a que el art&iacute;culo de Gil era &uacute;til para demostrar para qu&eacute; serv&iacute;a estudiar literatura, ret&oacute;rica y semi&oacute;tica y destacaba un tema de fondo que le parec&iacute;a muy interesante: la LEGITIMIDAD. Legitimidad que, en el caso de los cr&iacute;ticos y del propio Agust&iacute;n Fern&aacute;ndez Mallo, se sustentaba en libros en tanto que el del autor del <em>post</em> original (esto es, yo) lo hac&iacute;a en <em>posts</em>. Tanto Antonio J. Gil como T&uacute;a Blesa eran catedr&aacute;ticos de literatura comparada y, atenci&oacute;n, dec&iacute;a que sus curr&iacute;culums, sus publicaciones y sus libros ten&iacute;an un sentido sobre el que merec&iacute;a la pena reflexionar. Tambi&eacute;n hac&iacute;a una llamada a la reflexi&oacute;n sobre las formas de autoridad actuales. No puedo estar m&aacute;s de acuerdo con &eacute;l y por eso, para reflexionar, es por lo que hoy escribo esto. Terminaba, Carri&oacute;n, pidiendo serenidad y argumentos para hablar de estos temas que estaban afectando significativamente al sistema literario espa&ntilde;ol. Todo un discurso, ya ven.<strong> </strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        <strong>CUATRO</strong>
    </p><p class="article-text">
        La cosa qued&oacute; con todos m&aacute;s contentos que unas casta&ntilde;uelas de saberse tan listos y tan fuertes y tan preeminentes y tan influyentes y tan llenos de raz&oacute;n que era cada poro de su piel una verdad incontestable. Hasta que al d&iacute;a siguiente las chicas de La Patrulla de Salvaci&oacute;n, el conocido blog de denuncia del mundo editorial, llamaron la atenci&oacute;n sobre un curso que en oto&ntilde;o imparti&oacute; Vicente Luis Mora en la Universidad de Brown (EEUU) &ndash;la misma en la que imparte clases Juan Francisco Ferr&eacute;<a href="//#_ftn6" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[6]</a>&mdash;. El nombre del curso era &ldquo;Postmodern Spain: New narratives and New Technologies&rdquo; y trabajaba sobre los siguientes libros: <em>Los muertos</em><a href="//#_ftn7" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[7]</a>, de Jordi Carri&oacute;n, <em>Intente usar otras palabras</em>, de Germ&aacute;n Sierra<a href="//#_ftn8" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[8]</a> y <em>Nocilla Experience,</em> de Agust&iacute;n Fern&aacute;ndez Mallo. Entre las Lecturas Cr&iacute;ticas Obligatorias se encontraba el texto &lsquo;Facebook y la circulaci&oacute;n de la literatura&rsquo;, tambi&eacute;n de Jordi Carri&oacute;n y &lsquo;Hacia una postnovela postnacional&rsquo;, de Antonio J. Gil Gonz&aacute;lez<a href="//#_ftn9" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[9]</a>. Por otro lado entre las Lecturas Cr&iacute;ticas Recomendadas estaban: <em>El lectoespectador</em>, el &uacute;ltimo ensayo del propio Vicente Luis Mora y <em>La Luz Nueva</em>, tambi&eacute;n del mismo autor. Por &uacute;ltimo <em>Afterpop</em>, de Eloy Fern&aacute;ndez Porta y, supongo que por nivelar, <em>&lsquo;</em>E Unibus Pluram<em>&rsquo;</em> de David Foster Wallace.<a href="//#_ftn10" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[10]</a><strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        Uno o dos d&iacute;as despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n de este <em>post</em> en el blog de <em>La patrulla de salvaci&oacute;n</em>, la conversaci&oacute;n que Jordi Carri&oacute;n hab&iacute;a tenido en su muro sobre lo absolutamente maravillosa que hab&iacute;a sido la contracr&iacute;tica de Antonio J. Gil desapareci&oacute;. Se esfum&oacute;. Se volatiliz&oacute;. Literalmente: Jordi Carri&oacute;n hizo algo as&iacute; como tragarse sus palabras (y por extensi&oacute;n las de todos los dem&aacute;s). En la teor&iacute;a y en la pr&aacute;ctica: donde dije digo, mejor no digo nada.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CINCOLEGITIMIDAD</strong>
    </p><p class="article-text">
        Convendr&iacute;a ahora recordar uno de los comentarios borrados de Carri&oacute;n, concretamente en el que dec&iacute;a que habr&iacute;a que reflexionar en torno a la LEGITIMIDAD (supongo que entendida como la &ldquo;capacidad y derecho para ejercer una labor o una funci&oacute;n&rdquo;). Legitimidad de autores, que se sustentan en libros, y legitimidad de los no-autores que lo hacen blogs. Convendr&iacute;a recordar, tambi&eacute;n, la recomendaci&oacute;n nada gratuita de Espigado acerca de lo conveniente de no tener amigos escritores que puedan hacernos sentir obligados a corresponder a esa amistad con recomendaciones bochornosas y laudatorias.
    </p><p class="article-text">
        No ser&eacute; yo quien cuestione la val&iacute;a de gente como Vicente Luis Mora o Antonio J. Gil a la hora de emitir juicios cr&iacute;ticos sobre literatura. Ni ser&eacute; yo quien diga NO a la cr&iacute;tica acad&eacute;mica. Lo que s&iacute; cuestiono es la capacidad de todos los cr&iacute;ticos y escritores antes mencionados (y otros de los que ya hablaremos en otra ocasi&oacute;n) a la hora de emitir juicios sobre la obra de los diferentes miembros de esa Generaci&oacute;n Nocilla a la que muchos se adscribieron fingiendo incomodidad pero que tan buenos resultados les ha dado y, en algunos casos, sigue dando. Que una novela de la categor&iacute;a de <em>Los muertos</em> de Carri&oacute;n o <em>Intente usar otras palabras</em> de Germ&aacute;n Sierra &mdash;que cuando las le&iacute; me parecieron de una mediocridad palpable&mdash; sean de lectura obligatoria en la universidad de Brown, es cuando menos preocupante &mdash;por no decir vergonzoso, que tambi&eacute;n&mdash; pero sobre todo sospechoso. Altamente sospechoso.
    </p><p class="article-text">
        La cr&iacute;tica y por extensi&oacute;n el cr&iacute;tico, adem&aacute;s de contar con un aparato te&oacute;rico, estudios de literatura, conocimientos de ret&oacute;rica y dominio de la semi&oacute;tica (Carri&oacute;n<em> dixit</em>) necesitar&iacute;a, en mi opini&oacute;n, de un poco &mdash;un poco solamente&mdash; de independencia. La independencia suficiente, al menos, para dotarle de un m&iacute;nimo de credibilidad a su argumentaci&oacute;n porque de otro modo todo ese discurso y esa verborrea pueden parecer una forma un tanto rastrera de mantener un estatus que de otro modo estar&iacute;a permanentemente amenazado por la duda razonable. Existe otra posibilidad que me lleva a terminar como empec&eacute;, con una cita de Ignacio Echevarr&iacute;a: &ldquo;Lo que justifica no solo la incompetencia manifiesta y el estilo p&eacute;simo de tantos rese&ntilde;istas, sino tambi&eacute;n, mucho m&aacute;s frecuentemente, su desconcertante mal gusto, ser&iacute;a la incesante rebaja de su list&oacute;n que entra&ntilde;a el trato constante con textos de escasa calidad. [&hellip;] la lectura continuada de libros mediocres [&hellip;] tiene en no pocos casos efectos narc&oacute;ticos sobre el gusto e incluso sobre la inteligencia [&hellip;]&rdquo;.<em> </em>(<em>El Cultural</em> 30/11/2012).<em> </em>
    </p><p class="article-text">
        NOTAS
    </p><p class="article-text">
        1. [Cita textual:] La lista total (y provisional) de la (provisionalmente) llamada Generaci&oacute;n Nocilla es la siguiente: Vicente Luis Mora, Jorge Carri&oacute;n, Eloy Fern&aacute;ndez Porta, Javier Fern&aacute;ndez, Milo Krmpotic, Mario Cuenca Sandoval, Lolita Bosch, Javier Calvo, Domenico Chiappe, Gabi Mart&iacute;nez, &Aacute;lvaro Colomer, Harkaitz Cano, Juan Francisco Ferr&eacute;, Germ&aacute;n Sierra, Fern&aacute;ndez Mallo, Diego Doncel, Mercedes Cebri&aacute;n, Salvador Guti&eacute;rrez Sol&iacute;s, Manuel Vilas, Robert Juan-Cantavella y Vicente Mu&ntilde;oz &Aacute;lvarez. [Confeccionada con los datos ofrecidos por Nuria Azancot en su art&iacute;culo de 2007 para El Cultural y otros incorporados por Vicente Luis Mora y Eloy Fern&aacute;ndez Porta].
    </p><p class="article-text">
        2.  V. supra. n. 1
    </p><p class="article-text">
        3.  V. supra. n. 1
    </p><p class="article-text">
        4.  V. supra. n. 1
    </p><p class="article-text">
        5.  V. supra. n. 1
    </p><p class="article-text">
        6.  V. supra. n. 1
    </p><p class="article-text">
        7.  <em>Los muertos</em> (Mondadori, 2010) es la primera parte de una trilog&iacute;a cuya continuaci&oacute;n parece haber ca&iacute;do en el olvido.
    </p><p class="article-text">
        8.  V. supra. n. 1
    </p><p class="article-text">
        9.  Tambi&eacute;n autor de &lsquo;Microrrelatos para una exposici&oacute;n... Analog&iacute;as para pensar Nocilla Dream&rsquo;.
    </p><p class="article-text">
        10. Observaciones: Eloy Fern&aacute;ndez Porta es un viejo conocido de la universidad Brown: la visit&oacute; en primavera en una gira del D&uacute;o Afterpop Fern&aacute;ndez &amp; Fern&aacute;ndez (con la perfomance &lsquo;Personificaci&oacute;n&rsquo;) y que les llev&oacute; tambi&eacute;n al Instituto Cervantes de Chicago. Cabr&iacute;a se&ntilde;alar, a modo de an&eacute;cdota y aunque seguramente no tenga nada que ver una cosa con la otra, que Vicente Luis Mora compagina su labor como cr&iacute;tico con un trabajo en el Instituto Cervantes.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos González Peón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/inconveniente-legitimidad_1_5522766.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 Dec 2012 16:33:01 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[De la inconveniente legitimidad]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[La Burbuja Literaria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hasta la coronilla de tanto escritor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/cervantes-viaje-del-parnaso-autoficcion-metaficcion_1_5522310.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Nunca ha habido tantos escritores como hoy. Tambi&eacute;n hubo muchos, aunque no tantos, durante el llamado Siglo de Oro, que en realidad fueron dos siglos, el XVI y el XVII.
    </p><p class="article-text">
        La diferencia entre aquella &eacute;poca y la nuestra es que mientras hoy los lectores disminuyen, entonces aumentaban sin parar.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        Porque la imprenta, que se hab&iacute;a inventado a finales del siglo XV, abarat&oacute; tanto los libros que provoc&oacute; una especie de fiebre lectora entre los miembros de una nueva clase social &mdash;la incipiente burgues&iacute;a nacida del comercio&mdash;, que quer&iacute;an ser cultos, o al menos parecerlo.
    </p><p class="article-text">
        Era l&oacute;gico que esta ampliaci&oacute;n del p&uacute;blico lector, este aumento de la demanda de producci&oacute;n escrita, invitara a tomar la pluma y dedicarse a escribir.
    </p><p class="article-text">
        Lo que no tiene sentido es que el n&uacute;mero de escritores, como sucede hoy, sea inversamente proporcional al de lectores. En Espa&ntilde;a nadie lee, se dice, porque todo el mundo est&aacute; escribiendo.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s por eso, nuestra &eacute;poca no ha visto semejante concentraci&oacute;n de talento: en el breve intervalo de doscientos a&ntilde;os publicaron su obras narradores como Cervantes, dramaturgos como Lope de Vega o Calder&oacute;n y poetas como Garcilaso, G&oacute;ngora o Quevedo, por citar solo los m&aacute;s conocidos.
    </p><p class="article-text">
        Pero no todo es <em>glamour</em>. Al lado de estas <em>estrellas medi&aacute;ticas</em>, que salen en todos los libros de texto, hubo tambi&eacute;n un pu&ntilde;ado de buenos escritores, que hoy son poco conocidos; una amplia n&oacute;mina de escritores regulares, que hoy nadie conoce; y un nutrido ej&eacute;rcito de escritores rematadamente malos, que han quedado en el olvido.
    </p><p class="article-text">
        Los escritores, al contrario que otros profesionales, siempre han disfrutado mucho ridiculizando a sus colegas, sobre todo a los m&aacute;s torpes. Hay s&aacute;tiras contra los malos escritores en la literatura griega, en la latina y por supuesto en la del Siglo de Oro.
    </p><p class="article-text">
        La figura del escritor mediocre y pretencioso deb&iacute;a de hacerle mucha gracia a Cervantes, porque la saca en varias de sus novelas.
    </p><p class="article-text">
        Hoy vamos a hablar de una de ellas, poco le&iacute;da, que se titula <em>Viaje del Parnaso</em>. Est&aacute; escrita en verso, pero es una <em>novela</em>, es decir una narraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Una aclaraci&oacute;n antes de seguir: durante el Siglo de Oro se llamaba <em>poes&iacute;a</em> a lo que hoy nosotros llamamos <em>literatura</em>, y <em>poeta</em> a lo que hoy nosotros llamamos <em>escritor</em>.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, esta costumbre lleg&oacute; hasta nosotros.
    </p><p class="article-text">
        Yo recuerdo haber estudiado en el colegio con un libro que distingu&iacute;a, para confusi&oacute;n de los ni&ntilde;os, entre <em>poes&iacute;a l&iacute;rica</em> (nuestra actual <em>poes&iacute;a</em>), <em>poes&iacute;a &eacute;pica</em> (nuestra actual <em>novela</em>) y <em>poes&iacute;a dram&aacute;tica</em> (nuestro actual <em>teatro</em>).
    </p><p class="article-text">
        El <em>Viaje del Parnaso</em> es una s&aacute;tira contra el mundillo literario, contra los malos <em>poetas</em> de entonces (es decir: contra los malos <em>escritores</em>), pero tambi&eacute;n contra los buenos, a los que suelta alguna que otra pullita.
    </p><p class="article-text">
        El libro se public&oacute; en 1614, cuando Cervantes era &ldquo;un poet&oacute;n ya viejo&rdquo;, curado de espanto y con una visi&oacute;n socarrona de su propia existencia de escritor casi fracasado.
    </p><p class="article-text">
        Porque Cervantes nunca fue reconocido por sus contempor&aacute;neos como un escritor a la altura de Lope de Vega, quince a&ntilde;os m&aacute;s joven.
    </p><p class="article-text">
        Para Lope y para los que ven&iacute;an detr&aacute;s &mdash;G&oacute;ngora, a quien Cervantes saca 14 a&ntilde;os; y Quevedo, un chaval 33 a&ntilde;os menor que &eacute;l&mdash;, Cervantes era un plumilla de segunda divisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La amargura que esto le provocaba se percibe, aunque atenuada por la iron&iacute;a de la s&aacute;tira, en algunos pasajes de este libro.
    </p><p class="article-text">
        Hay una an&eacute;cdota que siempre le escoci&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Situ&eacute;monos en 1610. Pedro Fern&aacute;ndez de Castro, conde de Lemos, es nombrado Virrey de N&aacute;poles, algo as&iacute; como Delegado del Gobierno en aquella regi&oacute;n italiana, que entonces pertenec&iacute;a a Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Ya hemos visto que en el Siglo de Oro la literatura estaba <em>de moda</em>. C&oacute;mo ser&iacute;a la cosa que el conde de Lemos, antes de tomar posesi&oacute;n, le pide a su secretario que confeccione una lista de escritores a los que quiere llevarse <em>becados</em>, dir&iacute;amos hoy, para que escriban all&iacute;, para que le dediquen sus obras y le organicen <em>academias</em>, tertulias literarias.
    </p><p class="article-text">
        Su secretario es un tal Lupercio. Lupercio Leonardo de Argensola, un poeta de segunda, desconocido para quien no sea muy aficionado, pero que entonces gozaba de bastante prestigio y de mucho poder.
    </p><p class="article-text">
        Lupercio elige para esta <em>beca</em> tan apetecible a un pu&ntilde;ado de escritores insignificantes entre los que se encuentra su hermano Bartolom&eacute;, y deja en tierra a G&oacute;ngora y a Cervantes, que aunque ya era un sexagenario con gusto hubiera vivido una temporada en N&aacute;poles.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Vaya ojo que ten&iacute;a el amigo Lupercio!
    </p><p class="article-text">
        En el <em>Viaje del Parnaso</em> Cervantes aprovecha la ocasi&oacute;n para quejarse de &eacute;l y de su hermano &mdash;<em>los Lupercios</em>&mdash;, &ldquo;que tienen para m&iacute;&rdquo; &mdash;dice&mdash;, &ldquo;a lo que imagino, / la voluntad, como la vista, corta&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hasta el argumento parece una respuesta a su amargura: un tal Miguel de Cervantes emprende viaje al monte Parnaso, el lugar sagrado de los <em>poetas</em>, seg&uacute;n la mitolog&iacute;a griega. El lugar sagrado de los buenos poetas. Los malos no pod&iacute;an entrar all&iacute; si no era al asalto.
    </p><p class="article-text">
        Y de eso precisamente trata esta s&aacute;tira.
    </p><p class="article-text">
        Al llegar al puerto de Cartagena, Cervantes ve atracar un barco a bordo del cual va Mercurio, el dios (el <em>patr&oacute;n</em>, dir&iacute;amos hoy) de los viajeros.
    </p><p class="article-text">
        Mercurio avisa a Cervantes de que un ej&eacute;rcito de malos poetas est&aacute; prepar&aacute;ndose para asaltar el Parnaso, y le da, de parte de Apolo, una lista de poetas a los que hay reclutar para que defiendan la monta&ntilde;a sagrada.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; como La Meca es la ciudad sagrada de los musulmanes y Hollywood la meca del cine, los poetas tambi&eacute;n ten&iacute;an la suya, s&oacute;lo que en su caso se trataba de un lugar imaginario.
    </p><p class="article-text">
        Bueno... no totalmente imaginario. El monte Parnaso existe, est&aacute; en Grecia, es muy alto, se puede esquiar en invierno, pero all&iacute; no vivi&oacute; jam&aacute;s Apolo, el dios de la poes&iacute;a, ni lo habitaron tampoco las Musas, inspiradoras de las artes. Este es su aspecto real:
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Y as&iacute; de id&iacute;lico se lo deb&iacute;an de imaginar los poetas, seg&uacute;n el pintor franc&eacute;s Nicolas Poussin:
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        Hab&iacute;amos dejado a Cervantes leyendo la lista de poetas que hab&iacute;a que reclutar para luchar contra la mala poes&iacute;a. Y en eso estaba cuando de repente todo se oscureci&oacute;, el agua se mezcl&oacute; con la tierra, la tierra con el aire, el aire con el fuego...
    </p><p class="article-text">
        <em>y entre medio de este gran desasosiego</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>llov&iacute;an nubes de poetas llenas.</em>
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, empiezan a llover poetas como llov&iacute;an sapos en la pel&iacute;cula <em>Magnolia</em>. Cientos de poetas que van cayendo, uno a uno, como gotas de lluvia grotesca sobre la cubierta de la galera: llueve un Quevedo, llueve un G&oacute;ngora, llueve un Lope, un Rioja... Y as&iacute; hasta que la nave se llena y parte hacia el Parnaso.
    </p><p class="article-text">
        Durante la traves&iacute;a los poetas se entretienen intentando comprender versos dif&iacute;ciles, cantando sus propias canciones, componi&eacute;ndolas, recitando poemas propios o alabando el cuerpo de sus amadas, todo el cuerpo, dice Cervantes, incluyendo partes tan poco po&eacute;ticas como los ri&ntilde;ones y la saliva.
    </p><p class="article-text">
        En el Parnaso son recibidos por Apolo, que les tiene preparada una fiestecita de bienvenida, pero la celebraci&oacute;n se interrumpe cuando el fiero ej&eacute;rcito enemigo aparece a los lejos.
    </p><p class="article-text">
        Tach&aacute;n, tach&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La batalla entre los buenos poetas que est&aacute;n en el Parnaso y los malos que quieren entrar no tiene nada de heroica. Es una parodia de las narraciones militares: unos poetas lanzan libros, otros se arrojan sonetos, all&iacute; dos se hieren con rimas afiladas, m&aacute;s all&aacute; dos enemigos se golpean con s&aacute;tiras contundentes y unos a otros se disparan novelas de grueso calibre.
    </p><p class="article-text">
        Al final vence la buena poes&iacute;a y Cervantes regresa a Madrid, donde algunos poetas que se lo tropiezan por la calle se enfadan con &eacute;l por no haber sido llamados a la guerra, una reacci&oacute;n que recuerda a los enfados de los poetas actuales cuando no son incluidos en esta o en aquella antolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        El libro termina con un cap&iacute;tulo en prosa titulado &ldquo;Adjunta al Parnaso&rdquo;, donde se cuenta que a los pocos d&iacute;as de llegar a casa, Cervantes recibi&oacute; una carta de Apolo en la que &eacute;ste le puso al corriente de las &uacute;ltimas noticias y donde le anunci&oacute; que hab&iacute;a dictado una ley para los poetas espa&ntilde;oles.
    </p><p class="article-text">
        La ley es otra s&aacute;tira contra el comportamiento de los poetas, que ordena entre otras cosas obligarlos a ingerir alimento cuando al ser invitados a comer juren haber almorzado y no tener hambre.
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; termina el libro.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es el <em>Viaje del Parnaso</em> una obra autobiogr&aacute;fica, que Cervantes publica dos a&ntilde;os antes de morir?
    </p><p class="article-text">
        Pues en cierto modo s&iacute;: el personaje principal y narrador de la historia es un escritor poco reconocido que se llama Miguel de Cervantes, los poetas que aparecen existieron de verdad y en algunos pasajes como el citado de Argensola se puede rastrear la huella de sucesos <em>reales</em>.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo no acordarse de los <em>Lupercios</em> y del mal trago de la <em>beca</em> de N&aacute;poles al ver a Cervantes leer en voz alta la lista de los seleccionados para defender el Parnaso?
    </p><p class="article-text">
        Para eso sirve la literatura, para vengarse de la vida y restituir, aunque sea precariamente, la justicia que la realidad niega: gracias a la ficci&oacute;n, es ahora Miguel de Cervantes, y no Lupercio Leonardo de Argensola, el que selecciona a los viajeros.
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo, todo lo que se cuenta es imaginario.
    </p><p class="article-text">
        Cervantes utiliz&oacute; en ese libro eso que hoy llamamos <em>autoficci&oacute;n</em>, tan frecuente en la narrativa espa&ntilde;ola de los &uacute;ltimos a&ntilde;os, y que algunos consideran un hallazgo contempor&aacute;neo.
    </p><p class="article-text">
        Entre los escritores que <em>llueven</em> y los que a lo largo del libro van uni&eacute;ndose de manera m&aacute;s ortodoxa al ej&eacute;rcito de la buena poes&iacute;a<em>,</em> Cervantes cita en total, con nombres y apellidos, a m&aacute;s de cien poetas contempor&aacute;neos. &iexcl;Cien poetas contempor&aacute;neos!
    </p><p class="article-text">
        Aparte de los indiscutibles &mdash;G&oacute;ngora, Quevedo, Lope, Herrera, Rioja y alguno m&aacute;s&mdash;, el grueso de ese ej&eacute;rcito est&aacute; formado por poetas que hoy s&oacute;lo conocen los especialistas.
    </p><p class="article-text">
        Y eso sin contar a los militantes del ej&eacute;rcito enemigo, a los centenares de malos poetas que quiz&aacute;s tuvieron algo de reconocimiento en su &eacute;poca, pero que hoy han est&aacute;n completamente olvidados.
    </p><p class="article-text">
        Da v&eacute;rtigo trazar una paralela de esta burbuja literaria en nuestro mundo, y pensar que de todos los escritores actuales que luchan por entrar en el Parnaso desde la mesa de novedades, con el correr de los siglos s&oacute;lo quedar&aacute;n un par de nombres o tres. No creo que lleguen a cuatro.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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      <dc:creator><![CDATA[Antonio Orejudo, Antonio Orejudo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/cervantes-viaje-del-parnaso-autoficcion-metaficcion_1_5522310.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 10 Dec 2012 16:32:30 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Hasta la coronilla de tanto escritor]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[La Burbuja Literaria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[“La narrativa española contemporánea poco puede orientar a quien esté preocupado por la confusión reinante”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/narrativa-espanola-contemporanea-preocupado-confusion_1_5519963.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        <strong>Diario Kafka:</strong> &iquest;<strong>Cree que existe una burbuja narrativa? &iquest;Es comparable a la burbuja inmobiliaria?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Constantino B&eacute;rtolo:</strong> Si partimos de la idea de que la burbuja inmobiliaria tuvo su origen en una sobreoferta del cr&eacute;dito financiero que dio lugar en un primer momento a una inflaci&oacute;n de precios de la vivienda y, a continuaci&oacute;n, a una contracci&oacute;n de la demanda general, podr&iacute;a aceptarse cierta semejanza entre esa burbuja y esta posible burbuja narrativa que la pregunta propone. Si por burbuja entendemos una sobrevaloraci&oacute;n habr&iacute;a que se&ntilde;alar que la posible sobreestimaci&oacute;n del valor literario resulta muy dif&iacute;cil tanto de aceptar como de refutar dada la ausencia de un &ldquo;patr&oacute;n oro&rdquo; literario que pueda servir como unidad de medida.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Cree entonces que es imposible medir el valor literario de una obra determinada?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CB: </strong>En ausencia de esa unidad de medida objetiva de la calidad literaria, valorar logros o m&eacute;ritos es una labor no inabordable, pero s&iacute; muy compleja. Para poder hacerlo, m&aacute;s all&aacute; de la mera subjetividad y aunque sea de modo aproximado, podemos recurrir al juicio de aquellos agentes y elementos culturales que tradicionalmente han venido interviniendo en la cotizaci&oacute;n de lo literario conformando prestigios, famas y honores: la cr&iacute;tica, las Academias, la opini&oacute;n de la propia sociedad literaria, los premios, las instituciones de ense&ntilde;anza, y a los que,  desde la aparici&oacute;n de la industria editorial, se han sumado otros par&aacute;metros m&aacute;s propiamente mercantiles como la publicidad, el <em>marketing</em> o el &eacute;xito comercial. En funci&oacute;n de tales juicios, opiniones, impresiones o tratamientos informativos, llevados a cabo todos y cada uno de estos factores, cabr&iacute;a aceptar esa comparaci&oacute;n entre burbujas que se nos propone y afirmar que la narrativa espa&ntilde;ola, al menos desde la Transici&oacute;n para aqu&iacute;, vive inmersa en una burbuja o pompa de autosatisfacci&oacute;n. Una sobrevaloraci&oacute;n que cualquier interesado puede corroborar contemplando c&oacute;mo desde la cr&iacute;tica y los medios de comunicaci&oacute;n se celebran y encomian de manera continua y casi sin excepci&oacute;n los asombrosos m&eacute;ritos de la mayor&iacute;a de las novelas que aparecen en el mercado. Llega con repasar las hemerotecas para constatar que cada semana se publican al menos dos o tres obras maestras.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Pero dejando aparte lo que esa bolsa de valores literarios viene se&ntilde;alando y apelando a su subjetividad, &iquest;c&oacute;mo valorar&iacute;a el estado de nuestra narrativa? &iquest;Qu&eacute; le gusta o disgusta de ella?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CB: </strong>Bueno, creo que el &ldquo;Me gusta&rdquo; o &ldquo;Ya no me gusta&rdquo;<em> </em>puede estar muy bien para Facebook pero, sinceramente, el gusto personal no me parece un buen criterio para valorar el estado de nuestra narrativa. Como editor y como lector suelo utilizar con muchos reparos el gusto personal a la hora de emitir juicios. Prefiero acordar con Paul Feyerabend cuando elviejo maestro viene a decir que la literatura no es una pieza musical que pueda disfrutarse por s&iacute; misma y que su valor reside en su &ldquo;capacidad para orientarnos en la confusi&oacute;n&rdquo;. Desde ese entendimiento dir&iacute;a que la narrativa espa&ntilde;ola de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, salvo muy escasas excepciones, apenas ha aportado alguna utilidad al respecto. En general, la narrativa espa&ntilde;ola contempor&aacute;nea poco puede orientar a quien est&eacute; preocupado por la confusi&oacute;n reinante y casi me atrever&iacute;a a afirmar que lo que caracteriza el paisaje literario surgido a la sombra de la democracia juancarlista es una sobreexplotaci&oacute;n del suelo literario que ha dado lugar a la proliferaci&oacute;n de parcelas y urbanizaciones narrativas de todo tipo y condici&oacute;n: Adosados Vila-Matas, Apartamentos Anagrama, Bungalows Falcones, Ciudad Planeta D`Or, Arturo P&eacute;rez Paradores Hist&oacute;ricos, Resort Nadal, Residencia Acantilado, Pron Promociones y Autopromociones, Condominios Tusquets, Restauraciones Mu&ntilde;oz Molina, Petit Maison Mar&iacute;as, Casas Rurales Premio Primavera, Hostal Akal, Fincas Pombo, Camping Cercas, Habit&aacute;culos Caballo de Troya, Chiringuitos Nocilla, Colonia Alfaguara, Predio Random House, Tasaciones  y Desahucios Jordi Gracia, Hipotecas Sigue Leyendo, Mancomunidad Novela Negra S.A, Hotel Kafka Gran Confort, Emplazamientos Plaza &amp; Jan&eacute;s, Construcciones Babelia o Pensiones Blog, viajeros y estables.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Podr&iacute;a nombrar algunas de esas excepciones posibles?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CB: </strong>Soy de la opini&oacute;n de que un editor que trabaja de manera fundamental sobre un cat&aacute;logo de obras narrativas en castellano no est&aacute; legitimado para ejercer de cr&iacute;tico al respecto. Cualquier juicio que provenga de alguien que es juez y parte me parece sospechoso e imprudente. Creo que las opiniones personales al respecto para lo &uacute;nico que sirven es para fomentar el morbo y el cotilleo cultural. Las novelas que me interesan son aquellas que tratan de romper con el monopolio de la descripci&oacute;n del mundo y puedo dar mi opini&oacute;n sobre una cuesti&oacute;n de car&aacute;cter general, pero descender hasta lo concreto, hasta dar o negar nombres, me parecer&iacute;a algo inapropiado. Lo que habr&iacute;a que plantearse, a la vista de los terrenos pantanosos y corruptos que la actual crisis est&aacute; haciendo aflorar, es hacia d&oacute;nde ha estado mirando durante todos estos a&ntilde;os nuestra tan celebrada narrativa, qu&eacute; tipo de historietas nos han estado contando, qu&eacute; ha sido incapaz de ver o por qu&eacute; razones est&eacute;ticas una sociedad como la nuestra ha aceptado tan irresponsablemente que la entretuvieran con tanto cuento y tanta profundidad horizontal. &iquest;Nos sentimos realmente representados por la narrativa  espa&ntilde;ola de los &uacute;ltimos treinta a&ntilde;os? Esa es la pregunta que habr&iacute;a que hacerse.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Volviendo entonces a lo anterior: &iquest;cu&aacute;ndo habr&iacute;a empezado esa burbuja narrativa? &iquest;Cu&aacute;l ser&iacute;a el equivalente cultural a la quiebra de Lehman Brothers?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CB:</strong> Entiendo que la sobrevaloraci&oacute;n se inicia con los primeros tiempos de la llamada Transici&oacute;n democr&aacute;tica pues no en vano ambos momentos participan de una misma caracter&iacute;stica: la autosatisfacci&oacute;n. A finales del franquismo asistimos a un cambio en la po&eacute;tica de una narrativa espa&ntilde;ola que, tras rechazar y renegar a toda prisa del realismo cr&iacute;tico y social, sufre un duro complejo de inferioridad al ver el &eacute;xito  &mdash;de cr&iacute;tica y comercial&mdash; del &ldquo;boom&rdquo; latinoamericano, e intenta casi con desesperaci&oacute;n renovarse v&iacute;a experimental  &mdash;recu&eacute;rdese el <em>San Camilo 36</em> de Cela, el <em>Don Juli&aacute;n</em> de Juan Goytisolo o <em>La par&aacute;bola del n&aacute;ufrago</em> de Delibes&mdash; para finalmente descubrir el Mediterr&aacute;neo: &ldquo;La narratividad al servicio del lector&rdquo;, &ldquo;hay que volver a contar historias&rdquo;, &ldquo;la vanguardia es el mercado&rdquo;. Precisamente la entrega sin ataduras ideol&oacute;gicas &mdash;&ldquo;el &uacute;nico compromiso es el compromiso con el lenguaje&rdquo;&mdash; al canto de las sirenas del mercado es el punto de partida de esa burbuja de la que venimos hablando. De igual modo que la transici&oacute;n pol&iacute;tica consisti&oacute;, en &uacute;ltima y primera instancia, en la aceptaci&oacute;n de las reglas de la democracia parlamentaria, la literatura espa&ntilde;ola, en su conjunto, descubri&oacute; el mercado como horizonte y no solo como leg&iacute;timo mecanismo sino tambi&eacute;n como destino absolutamente (totalitariamente) necesario para, &ldquo;libr&aacute;ndose de compromisos extraliterarios&rdquo;, disfrutar al fin de los placeres de la &ldquo;normalizaci&oacute;n&rdquo;. Es ese el momento en el que &ldquo;la ciudad letrada&rdquo;, que dir&iacute;a &Aacute;ngel Rama, que se manten&iacute;a en el margen de la industria editorial y ten&iacute;a capacidad a trav&eacute;s de sus propios medios de expresi&oacute;n &mdash;revista <em>Triunfo</em>, <em>&Iacute;nsula</em>, <em>Cuadernos para el Di&aacute;logo, Camp de l`Arpa</em>&mdash; para generar su propia demanda y por consiguiente su propio aparato editorial &mdash;<em>Seix Barral</em>, <em>Ciencia Nueva</em>, <em>Barral</em>, <em>Alfaguara</em>, por ejemplo&mdash; , se transforma en una ciudad mercantil encantada de conocerse a s&iacute; misma y de estrenar al fin espejos y zapatos nuevos con los que poder entrar y alternar &mdash;con aires de superioridad intelectual&mdash; en los salones de aquella burgues&iacute;a despreciada hasta entonces por sus gustos horteras. Me estoy refiriendo a ese equivalente cultural a la quiebra de Lehman Brothers que, en mi opini&oacute;n, significa la entrada de autores como Juan Mars&eacute;, Manuel V&aacute;zquez Montalb&aacute;n o Juan Benet en el juego de los premios Planeta; juego este de los premios literarios, m&aacute;s o menos (m&aacute;s) turbios, por el que desde entonces resbala feliz nuestro parnaso novelesco. En aquellos momentos las fronteras entre la literatura comercial y la literatura como v&iacute;a de conocimiento empiezan a desmoronarse, y no es que el hecho de que la concepci&oacute;n humanista-elitista se desvanezca y se encamine hacia un espacio mucho m&aacute;s amplio me parezca mal sino todo lo contrario, pero s&iacute; que me resulta preocupante que el muro de las distinciones se desmorone de manera unilateral a favor de la normalizaci&oacute;n de &ldquo;la literatura de oferta&rdquo;, es decir, de aquella que satisface las demandas que los propios mecanismos del mercado generan al margen de cu&aacute;les puedan ser los intereses o necesidades reales presentes en la sociedad. De pronto el aparato editorial espa&ntilde;ol, bastante renovado y modernizado  &mdash;Anagrama, Tusquets&mdash;  descubre,  v&iacute;a el buen recibimiento a autores como Luis Mateo D&iacute;ez, Eduardo Mendoza, Juan Jos&eacute; Mill&aacute;s, Jes&uacute;s Ferrero, Soledad Pu&eacute;rtolas, Francisco J. Satu&eacute;, Luis Landero, Almudena Grandes, Rafael Chirbes, P&eacute;rez Reverte, Javier Mar&iacute;as o Juan Madrid, no solo que estos y los  nuevos escritores &mdash;Ray Loriga, Luc&iacute;a Echevarr&iacute;a, Ma&ntilde;as, Gopegui&mdash; pueden vender bien sino que incluso algunos latinoamericanos &mdash;Fernando Vallejo, Roberto Bola&ntilde;o, Gamboa&mdash; pueden ser muy rentables a uno y otro lado del Atl&aacute;ntico. Los adelantos se inflan y los editores buscan y rebuscan autores in&eacute;ditos, es decir, baratos. Lo malo de aquella peque&ntilde;a eclosi&oacute;n es que acostumbr&oacute; a los editores a  perseguir unas rentabilidades medias poco predecibles, con ventas por encima de los 5.000 ejemplares, lo que provoca que  a medio o largo plazo las editoriales se vuelquen en la promoci&oacute;n de aquellas autor&iacute;as que garantizan una acogida c&oacute;moda desde el punto de vista comercial: Ru&iacute;z Zaf&oacute;n, Ildefonso Falcones, C&eacute;sar Vidal, Mar&iacute;a Due&ntilde;as, Matilde Asensi, Julia Navarro, Carla Montero. Unas narrativas de clara vocaci&oacute;n mayoritaria pero tampoco demasiado alejadas est&eacute;ticamente de las novelas llenas de buenos sentimientos, ideol&oacute;gicamente correctas (es decir, llenas de humanistas salsas socialdem&oacute;cratas), trufadas de gui&ntilde;os culturetas y sentimentalmente cursis, que prodigan nuestros autores y escribidores y que la cr&iacute;tica al uso eleva a la condici&oacute;n de obras maestras a poco que hablen del Mal en abstracto y con may&uacute;sculas, reiteren claves de psicoan&aacute;lisis de sal&oacute;n o traigan a colaci&oacute;n el infierno del nazismo y otras obviedades pol&iacute;ticamente correctas. Si juntamos unas y otras obras, &mdash;que tan pl&aacute;cidamente conviven en las listas de libros m&aacute;s vendidos&mdash;, podr&iacute;amos perfectamente hablar de un &ldquo;boom&rdquo; de la Novela Comercial Espa&ntilde;ola, Primera de Espa&ntilde;a y Quinta de Alemania.
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        <strong>DK:</strong> &iquest;<strong>Y no piensa que la burbuja se est&aacute; precisamente desvaneciendo a base de tanta inflaci&oacute;n de misterios librescos y tanto costurero sentimental?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CB: </strong>Por m&aacute;s que podamos suponer que la crisis econ&oacute;mica acabe rebajando los altos niveles de autosatisfacci&oacute;n en los que ha vivido la cultura espa&ntilde;ola &mdash;y la literaria muy especialmente&mdash; creo que, al menos de momento, los lectores y lectoras siguen leyendo b&aacute;sicamente lo que el capital editorial les echa encima: <em>best sellers</em> obvios o <em>best sellers</em> disfrazados, es decir, literaturas precocinadas de alta, media o baja gama. Indudablemente la crisis ya est&aacute; provocando tambi&eacute;n recortes en el campo editorial y en nombre de la racionalizaci&oacute;n se ajustar&aacute;n m&aacute;s las programaciones y se reducir&aacute; el n&uacute;mero de novedades y el alcance de las tiradas iniciales, pero mucho me temo que toda esta pol&iacute;tica recaer&aacute; fundamentalmente sobre &ldquo;la clase media editorial&rdquo;, es decir, sobre aquellas novelas que constituyen lo que podemos llamar &ldquo;la inmensa mayor&iacute;a silenciosa&rdquo;, aquellas cuyas ventas no llegan a los cinco mil ejemplares. Esto hablando de un mercado editorial con las caracter&iacute;sticas del presente, pues no cabe la menor duda de que la irrupci&oacute;n de la edici&oacute;n digital puede transformar a medio plazo este marco de expectativas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Antes de abordar esa cuesti&oacute;n quisiera volver de nuevo a la anterior para preguntarle si cree que la buena acogida dispensada a la narrativa de la Transici&oacute;n respondi&oacute; a la necesidad por parte de la nueva democracia de legitimarse en el campo cultural.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CB:</strong> Hay que tener en cuenta que en el momento en que la Santa Transici&oacute;n se inicia la izquierda es culturalmente hegem&oacute;nica y sostiene unas expectativas de matriz pr&oacute;ximas al marxismo ya reformista (que es el que se acabar&aacute; imponiendo) o ya revolucionario. La Transici&oacute;n en clave de democracia parlamentaria supone el abandono de aquellas expectativas radicales y, por tanto, del recuerdo de aquel pasado de compromiso, lo que implica la gestaci&oacute;n de un nuevo lenguaje: &ldquo;Soy un liberal reprimido&rdquo; (L&oacute;pez Bravo), &ldquo;Hay que ser socialista antes que marxista&rdquo; (Felipe), &ldquo;Dictadura ni la del proletariado&rdquo; (Santiago Carrillo), &ldquo;Para una Espa&ntilde;a sin complejos&rdquo; (J. M. Aznar). En la po&eacute;tica de la novela de la Transici&oacute;n, el olvido de aquel pasado de resistencia y combate y el acomodamiento de los imaginarios a la nueva situaci&oacute;n de consenso van a dar origen a todo un conjunto de ret&oacute;ricas y estilemas que confieren identidad a lo que vino a llamarse la narrativa de la Transici&oacute;n: narradores esc&eacute;pticos con ecos de voces m&aacute;s <em>chandlerianas</em> que <em>hammetianas</em>, sustituci&oacute;n del conflicto por el misterio, del argumento por el morbo,  de la precisi&oacute;n por la incontinencia, del entramado por la simetr&iacute;a, de lo aristot&eacute;lico por lo borgiano, de lo borgiano por los crucigramas, de la descripci&oacute;n por las metaliteraturas. Todo muy bien regado con mucho tono de ese lirismo de perdedor que tanto gusta a los que se sienten ganadores pero presumen de no haber perdido la noble, tr&aacute;gica y tierna sensibilidad de los derrotados, e insistentemente atravesado con la c&oacute;moda iron&iacute;a de quien se niega a asumir responsabilidad alguna. Una narrativa al servicio de la contradicci&oacute;n como punto de llegada &mdash;una literatura sin complejos, la llaman&mdash; que no se vive como momento necesario de un proceso de maduraci&oacute;n sino como cobijo, meta, destino y acomodo final.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK:</strong> <strong>Si El tiempo entre costuras es hoy una manera de valorar el tiempo perdido por cientos de miles de lectores (todo tiempo pasado fue mejor, aunque sea en medio de la guerra); El jinete polaco o Ma&ntilde;ana en la batalla piensa en m&iacute; (tambi&eacute;n grandes ventas en su d&iacute;a) constru&iacute;an un sentido: el paso que va del &aacute;mbito rural del franquismo a la gran urbe de la Transici&oacute;n, en el caso del primero y la posibilidad de convertirse en un fl&acirc;neur tambi&eacute;n de la Transici&oacute;n en Ma&ntilde;ana en la batalla&hellip; &iquest;Significa que ese sentido de modernidad se ha diluido con la misma Transici&oacute;n y que la &uacute;nica ficci&oacute;n de masas que funciona es la que evoca para olvidar?</strong><em>El tiempo entre costuras</em><em>El jinete polaco</em><em>Ma&ntilde;ana en la batalla piensa en m&iacute;</em><em>fl&acirc;neur</em><em>Ma&ntilde;ana en la batalla</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CB:</strong> Me ahorro el contestar porque creo que en la propia pregunta se contiene la respuesta m&aacute;s apropiada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: En el caso de que exista, &iquest;no es este el modo habitual de formaci&oacute;n del canon, a trav&eacute;s de burbujas que se explotan y de valores inadvertidos que se descubren a&ntilde;os despu&eacute;s? Es decir, todas las &eacute;pocas han tenido autores sobrevalorados y autores infravalorados, y solo el paso del tiempo y la llegada de nuevos lectores han ido equilibrando las cosas y poni&eacute;ndolas en su sitio. Estamos pensando en Antonio de Guevara, muy le&iacute;do en el siglo XVI y hoy pr&aacute;cticamente desconocido; o en G&oacute;ngora, olvidado durante doscientos a&ntilde;os.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CB:</strong> El modo de construcci&oacute;n del canon, es decir, de la lectura dominante de la historia de la literatura se realiza efectivamente por decantaci&oacute;n, pero no creo que sea &ldquo;el paso del tiempo&rdquo; lo que determine esa decantaci&oacute;n. M&aacute;s bien habr&iacute;a que decir que ese &ldquo;paso del tiempo&rdquo; siempre va a estar gestionado por los due&ntilde;os del tiempo porque el tiempo, como las palabras, tambi&eacute;n tiene due&ntilde;o, propietarios que tienen el poder necesario, directo o a trav&eacute;s de sus capataces y escribidores, para imponer la lectura hegem&oacute;nica de la historia literaria. Llega con asomarse al paternalismo y la superficialidad con que Gracia y R&oacute;denas despachan en el Volumen 7 de la <em>Historia de la Literatura espa&ntilde;ola</em> (Editorial Cr&iacute;tica) la obra narrativa de autores del realismo de los cincuenta como Grosso, L&oacute;pez Salinas o Antonio F&eacute;rres para constatar que ese &ldquo;paso del tiempo&rdquo; tiene nombre, ideolog&iacute;a e instrumental te&oacute;rico conveniente ya para el encomio, ya para la censura.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Entre los ochenta y los noventa hab&iacute;a una cantidad considerable de suplementos culturales con abundantes p&aacute;ginas (Libros de El Pa&iacute;s, Abc, Diario16, El Sol, El Independiente), revistas culturales con tirada m&aacute;s que discreta (Ajoblanco, El Paseante, El Europeo, etc.) y varios semanarios pol&iacute;ticos con p&aacute;ginas dedicadas a los libros. Nada de eso queda. Pero sigue habiendo novedades en las mesas de las librer&iacute;as. &iquest;C&oacute;mo se explica esa asimetr&iacute;a?</strong><em>Libros</em><em>El Pa&iacute;s</em><em>Abc</em><em>Diario16</em><em>El Sol</em><em>El Independiente</em><em>Ajoblanco</em><em>El Paseante</em><em>El Europeo</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CB: </strong>Creo ya haber explicado que aquellas instancias de la actividad cultural o literaria que tradicionalmente aportaban competencia o resistencia frente a la l&oacute;gica del mercado editorial han perdido relevancia seg&uacute;n esa l&oacute;gica se nos ha venido imponiendo como &uacute;nica imaginaci&oacute;n o cultura posible. La literatura que hab&iacute;a tratado de sobrevivir, en los comienzos de la sociedad de consumo de masas, proclamando lo espec&iacute;fico literario como una mercanc&iacute;a singular &mdash;el fetiche Arte&mdash; que le permit&iacute;a resistir como una instituci&oacute;n con capacidad de autodescripci&oacute;n, es decir, con capacidad para determinar por s&iacute; misma los valores desde los que enjuiciar su actividad, acabar&iacute;a demostrando, a&uacute;n dentro de un mercado en apariencia respetuoso con su singularidad, su debilidad frente a un proceso imparable de fetichizaci&oacute;n  general de las mercanc&iacute;as que la empuja hacia el interior de ese Sistema Mercado que se est&aacute; erigiendo, como dir&iacute;a Luhmann, en el sistema de comunicaciones hegem&oacute;nico capaz de doblegar a cualquier otro sistema de comunicaci&oacute;n, la cultura, por ejemplo, que pretenda resist&iacute;rsele. No hay asimetr&iacute;a entre mercado y cultura sino puro imperio de la rentabilidad media del capital, de lo que Piero Sraffa llama la producci&oacute;n de mercanc&iacute;as a trav&eacute;s de mercanc&iacute;as. De <em>Ajoblanco</em> hemos pasado a <em>Qu&eacute; leer, </em>de las librer&iacute;as a los caf&eacute;s con libros<em>, </em>de lo p&uacute;blico a la publicidad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;C&oacute;mo cree que afectar&aacute; o est&aacute; afectando la crisis econ&oacute;mica a la industria editorial y a la propia creaci&oacute;n literaria?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CB:</strong> La verdad es que no tengo muchos &aacute;nimos prof&eacute;ticos, pero me atrever&iacute;a a afirmar que si la industria editorial tiene futuro este futuro no estar&aacute; escrito ni ser&aacute; publicado en papel.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: La actividad literaria hace tiempo que se ha convertido en una actividad residual. &iquest;C&oacute;mo es posible que el poder se haya interesado (si es que lo ha hecho) por favorecer a cierto tipo de escritores?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CB:</strong> No tengo claro que la actividad literaria se haya convertido en residual. Si sopesamos la cantidad de p&aacute;ginas o espacio que la literatura como actividad social ocupa en los medios, ese car&aacute;cter residual no parece tan evidente. Otra cosa es considerar que, aun no siendo residual, s&iacute; que se est&aacute; convirtiendo en una actividad relativamente irrelevante en comparaci&oacute;n con el rol creciente de otras actividades como el deporte, la m&uacute;sica popular, el ocio cibern&eacute;tico o la moda. Respecto a las relaciones entre el poder y los escritores, hay que decir que parecen en efecto condenadas a continuar desarroll&aacute;ndose en esos niveles de amor/odio o halago/denuncia que hist&oacute;ricamente han venido manteniendo. Sospecho que esta dial&eacute;ctica de conflicto y complicidad viene establecida por el trato, sin duda especial en tanto que exige especializaci&oacute;n, que ambas instancias mantienen con el lenguaje. Al fin y al cabo el control de la sem&aacute;ntica implica hasta cierto punto el control de la imaginaci&oacute;n y el control de la imaginaci&oacute;n es fundamental para mantener el orden. El poder requiere para legitimarse erigirse en representante de la Humanidad y en consecuencia apoya a aquellas escrituras que hablan de un humanismo superador de las diferencias de clase, fortuna, cultura o sueldo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;De qu&eacute; manera favorece el poder a un escritor?</strong>
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        <strong>CB:</strong> Y usted me lo pregunta: poes&iacute;a eres t&uacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: La cr&iacute;tica de arte se invent&oacute; precisamente para defenderse del poder, para servir de parapeto a los intereses extraliterarios. &iquest;Cu&aacute;l ha sido el papel de la cr&iacute;tica en la formaci&oacute;n de la cultura?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CB</strong>: La cr&iacute;tica en efecto naci&oacute; para evitar la intervenci&oacute;n de las iglesias y monarqu&iacute;as sobre aquellos discursos a trav&eacute;s de los cuales la burgues&iacute;a emergente empezaba a autodescribirse a s&iacute; misma. Si la cr&iacute;tica hoy quisiese seguir manteniendo ese sentido defensivo tendr&iacute;a que enfrentarse a la irrupci&oacute;n del mercado en el interior de lo que esa misma cr&iacute;tica llam&oacute; la autonom&iacute;a de lo literario, pero esta actitud no dejar&iacute;a de ser un absurdo ya que no parece l&oacute;gico ni veros&iacute;mil que la cr&iacute;tica burguesa trate de impedir que el propio motor de su existencia, el mercado, intervenga en alguna de sus actividades. En realidad la cr&iacute;tica de hoy no entiende al mercado como un enemigo sino como un aliado. Para la cr&iacute;tica burguesa el &uacute;nico enemigo sigue siendo la pol&iacute;tica, pero no toda sino la pol&iacute;tica antiburguesa, aquella que pretende su desaparici&oacute;n como clase o cuestiona el yo individualista como asiento de toda libertad. De ah&iacute; su insistencia en denunciar como degradaci&oacute;n literaria cualquier obra &ldquo;contaminada&rdquo; por una intenci&oacute;n est&eacute;tica contraria a su trabajo de contenci&oacute;n y dominio. La cr&iacute;tica ha adoptado la actitud de compa&ntilde;era de viaje del mercado y la inmensa mayor&iacute;a de los cr&iacute;ticos se han integrado plenamente y han adecuado sus po&eacute;ticas a las leyes del <em>marketing</em>. Te&ntilde;idos por los c&oacute;digos period&iacute;sticos de los soportes en que sobreviven, atienden a lo actual y colaboran de este modo en la reducci&oacute;n y aceleraci&oacute;n del  tiempo cultural: la literatura del a&ntilde;o pasado ya no es literatura, ya no forma parte del sistema literario.
    </p><p class="article-text">
        No faltan, al lado de esta cr&iacute;tica impresionista cuantitativamente hegem&oacute;nica, los intentos de mantener o crear otra cr&iacute;tica de mayor exigencia, perif&eacute;rica o ajena al n&uacute;cleo del sistema cr&iacute;tico actual dominante que, aun habiendo perdido prestigio e influencia, sigue siendo el referente deseado para esa &ldquo;nueva cr&iacute;tica&rdquo; que sin embargo no cesa de mirarlo y acaso de ansiarlo. En su conjunto la cr&iacute;tica hoy funciona como imprescindible eco de retorno para un sistema literario que, al margen de su voluntad, legitima. Replegada en s&iacute; misma, la cr&iacute;tica de perfil m&aacute;s acad&eacute;mico asiste perpleja a la ruptura de las otrora claras fronteras entre la alta y la baja cultura, entre lo culto y lo pop, entre la ampliaci&oacute;n del acceso a la cultura y la masificaci&oacute;n despersonalizadora del consumo, y contempla impotente, a veces enfadada y otras oportunistamente entregada, el desplazamiento acelerado del Sistema Literatura hacia la &oacute;rbita de las industrias de Ocio y Entretenimiento. La cr&iacute;tica como instituci&oacute;n vive hoy con un ojo puesto en aquellos tiempos de la literatura con may&uacute;scula y con el otro en las listas de libros m&aacute;s vendidos. A&uacute;n en sus mejores versiones, la que podr&iacute;amos entender como la mejor cr&iacute;tica es hoy el guardi&aacute;n esquizofr&eacute;nico de una casa con dos puertas. Y ya se sabe que casa con dos puertas es mala de guardar, y m&aacute;s cuando la situaci&oacute;n no permite saber cu&aacute;l es la puerta principal y cu&aacute;l es la puerta de servicio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Si los suplementos culturales no dan cuenta de la producci&oacute;n literaria desde una perspectiva art&iacute;stica sino mercantil, &iquest;los cr&iacute;ticos son pura y llanamente publicistas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CB:</strong> S&iacute;. Al menos para mi concepci&oacute;n de la cr&iacute;tica como instancia que atiende por la salud sem&aacute;ntica de una sociedad, para hacer cr&iacute;tica es necesario que el cr&iacute;tico represente la defensa del bien com&uacute;n y esa capacidad, en una sociedad como la nuestra, dividida en clases y con los medios de expresi&oacute;n en manos de la propiedad privada, solo puede ser asumida o bien por el Capital que <em>de facto</em> usurpa esa &ldquo;capacidad sacramental&rdquo; o bien por una instancia revolucionaria que desde la promesa de una sociedad sin clases se sienta legitimada para asumir esa responsabilidad. Como est&aacute; &uacute;ltima opci&oacute;n hoy parece estar desterrada, no cabe sino resignarse y aceptar que la &uacute;nica cr&iacute;tica posible es aquella que nace del capital y que en definitiva es la que retribuye material o simb&oacute;licamente a los cr&iacute;ticos, siendo esa retribuci&oacute;n lo que los sacramenta y unge como cr&iacute;ticos. En consecuencia, y aceptando que la cr&iacute;tica posible hoy es la cr&iacute;tica que homologa el Capital, por muy lamentable que la cosa me parezca se hace evidente que todo cr&iacute;tico, de manera consciente o no, no deja de ser un publicista, un agente publicitario al servicio de la venta y circulaci&oacute;n de las mercanc&iacute;as literarias que la burgues&iacute;a se ofrece a s&iacute; misma.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Hay alguna relaci&oacute;n entre la burbuja narrativa y la proliferaci&oacute;n de peque&ntilde;as editoriales independientes en los &uacute;ltimos a&ntilde;os?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CB: </strong>En principio dir&iacute;a que la mayor&iacute;a de las nuevas editoriales independientes nacen como reacci&oacute;n a la saturaci&oacute;n de t&iacute;tulos banales y prescindibles que el sistema editorial ha venido ofreciendo en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, aunque no deja de ser cierto que, a la larga, y dejando aparte unas pocas excepciones, su aportaci&oacute;n m&aacute;s que  ampliar la oferta la ha engordado. Cierto tambi&eacute;n que la mayor&iacute;a de ellas atienden a momentos literarios o a literaturas ya homologadas pero que estaban poco presentes en los cat&aacute;logos de las editoriales con mayor peso en el mercado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK:</strong> <strong>Internet ha roto el monopolio de la cr&iacute;tica literaria de peri&oacute;dicos. Junto a los tradicionales guardianes del templo, hay un mont&oacute;n de gente en internet opinando, rese&ntilde;ando y recomendando libros al margen de la opini&oacute;n oficial. &iquest;Es internet un seguro contra futuras burbujas o la cr&iacute;tica literaria de la red no tiene ninguna incidencia en la formaci&oacute;n del canon?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CB: </strong>El espacio internet se nos ofrece hoy como un espacio democr&aacute;tico en el que, sin la intervenci&oacute;n de los medios de comunicaci&oacute;n que exigen la presencia de un capital privado, cualquiera puede volcar un texto cr&iacute;tico. Pero la pregunta que inmediatamente surge es si en una sociedad no democr&aacute;tica, marcada por las relaciones sociales que el capitalismo determina, es posible una actividad democr&aacute;tica. Cabe adem&aacute;s preguntarse si la cr&iacute;tica en un &ldquo;soporte libre&rdquo; como el de internet puede constituirse como instancia de representaci&oacute;n de lo com&uacute;n, que es la condici&oacute;n que, en mi opini&oacute;n,  diferencia a la cr&iacute;tica de la simple exposici&oacute;n del gusto, la opini&oacute;n o el criterio individual. En el espacio digital es posible que &ldquo;la cr&iacute;tica&rdquo; elija libremente sus propios l&iacute;mites y que se mueva con acierto dentro de ellos,  pero me brota la sospecha de que es precisamente esa libertad que no encuentra resistencias la que desactiva en parte sus propias fuerzas al facilitar, por ejemplo, el sentimiento de poder librarse de la representatividad como exigencia del discurso cr&iacute;tico. Dir&iacute;a que la cr&iacute;tica es resistencia y que, por parad&oacute;jico que parezca, la libertad consentida no siempre le sienta bien.
    </p><p class="article-text">
        Como dir&iacute;a Ranci&egrave;re, los blogs han posibilitado el protagonismo de &ldquo;los cualquiera&rdquo; en la  construcci&oacute;n del campo literario y hay que felicitarse por esa irrupci&oacute;n de los cualquiera (o casi, porque todav&iacute;a el acceso es restrictivo) en un mundo que hasta hace poco era patrimonio de las &eacute;lites y sus monaguillos, pero no tengo claro que su surgimiento haya supuesto la desaparici&oacute;n del monopolio de la cr&iacute;tica de los peri&oacute;dicos, entre otras razones porque en mi opini&oacute;n esa cr&iacute;tica hab&iacute;a ya implosionado y girado, por otras muchas causas, hacia la evanescencia. La red no ha roto el monopolio de la cr&iacute;tica literaria de los peri&oacute;dicos porque ese monopolio hace ya tiempo que dej&oacute; de existir. Quien en verdad mantiene hoy el monopolio de la cr&iacute;tica literaria no es la prensa sino el mercado, y la red no solo no se ha enfrentado al mercado sino que lo reproduce ampli&aacute;ndolo. Los blogs son infinitos pero su mirada hacia lo literario est&aacute; impuesta por el mercado, por una actualidad que condiciona la selecci&oacute;n de las obras y temas a tratar, y ese es el hecho decisivo y no la debatida cuesti&oacute;n de si responden al deseo m&aacute;s o menos comercialoide de escandalizar a los bienpensantes (especie por otra parte extinguida hace lustros) en plan de desenvuelta &ldquo;est&eacute;tica de funci&oacute;n de fin de curso en el cole&rdquo;. Para enfrentarse a la l&oacute;gica de la actualidad hace falta atreverse a tener una concepci&oacute;n del futuro, pues solo as&iacute; se puede actuar sobre el presente. De todas formas, vivimos un momento de transformaci&oacute;n  en el sistema literario cuyo relieve acaso ni se nos alcanza y que no s&oacute;lo afecta a la distribuci&oacute;n de textos. La aparici&oacute;n de los soportes digitales, al alterar el tiempo, el espacio y &ldquo;la propiedad&rdquo; del acto literario, est&aacute; modificando el entendimiento de lo que, al menos desde el Renacimiento, hemos venido considerando como literatura y generando profundas alteraciones en el sistema de construcci&oacute;n del escritor como tal, del cr&iacute;tico literario como tal y del lector como tal. Si la literatura es palabra p&uacute;blica, el mundo de internet ha venido a socavar y cuestionar las fronteras establecidas entre lo p&uacute;blico y lo privado y lo menos que podemos presumir al respecto es que la esfera p&uacute;blica de lo literario se ha ampliado cuantitativa y cualitativamente. Por decirlo de otro modo: escribir en internet  requiere y conlleva una investidura muy distinta a la que el papel, la imprenta, la edici&oacute;n y la distribuci&oacute;n tradicional obligaban. Y el ropaje, con perd&oacute;n del proverbio, s&iacute; hace al monje. La libertad creativa (o libertinaje si as&iacute; se quiere) que la web, el blog o lo digital confieren puede dar lugar &mdash;y lo est&aacute; dando&mdash; a un incremento exponencial de narcisismos banales o a encubiertas o descaradas estrategias de trepe hacia el n&uacute;cleo duro del campo literario (todav&iacute;a en manos del papel), pero no es menos cierto que esa levedad ganada por el escriba a la hora de elegir sus vestiduras est&aacute; dando ya lugar a nuevos tonos, nuevas modulaciones y a nuevos recursos expresivos que con su presencia intervienen sobre la geolog&iacute;a y el paisaje del campo literario anteriormente existente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: El negocio del f&uacute;tbol tiene pocos secretos: todo un colectivo vive de &eacute;l. La industria del espect&aacute;culo tampoco abriga muchos misterios. El mundo editorial es distinto. Casi ning&uacute;n escritor vive de su trabajo. Los suplementos literarios son hojas parroquiales con la foto de tres o cuatro escritores ricos, siempre los mismos. Los cr&iacute;ticos trabajan free lance, siempre muy mal pagados. Otro tanto pasa con los traductores. Casi nadie puede vivir en la cadena del libro. &iquest;Por qu&eacute; no nos cuenta c&oacute;mo es este negocio y qui&eacute;n es el que gana de verdad?</strong><em>free lance</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CB:</strong> Hemos venido hablando de una posible burbuja narrativa como correlato de la famosa burbuja inmobiliaria, as&iacute; que la pregunta se responde ella sola: &iquest;qui&eacute;n es el que gana?: pues el que urbaniza el suelo y dise&ntilde;a, construye y vende los pisos y aquel que financia la inversi&oacute;n necesaria. Los otros, los amanuenses que eligen las fotos y escriben (escribimos) los folletos de publicidad est&aacute;n (estamos) en efecto mal pagados pero la verdad es que muchos est&aacute;n (est&aacute;n) dispuestos hasta a escribirlos gratis con tal de &ldquo;hacer curriculum&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Usted est&aacute; al frente de unos pocos sellos que intentan descubrir nuevos talentos literarios. &iquest;Cu&aacute;ntos descubre al a&ntilde;o? O dicho de otro modo, &iquest;cu&aacute;ntos tiene que lanzar para hacer rentable el sello? &iquest;O el sello forma parte del capital simb&oacute;lico del grupo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CB: </strong>Sobre el trabajo que uno lleva a cabo como trabajador por cuenta ajena creo que lo m&aacute;s razonable es dejar que sean otros quienes emitan los juicios pertinentes. Me limitar&eacute; por tanto a subrayar que Caballo de Troya, la editorial que dirijo y que est&aacute; integrada en el grupo Random House Mondadori, es una editorial con vocaci&oacute;n de intervenir en la conformaci&oacute;n de los discursos p&uacute;blicos y que dedica especial atenci&oacute;n a las nuevas voces y a las nuevas literaturas publicando actualmente ocho t&iacute;tulos al a&ntilde;o. Sobre su posible aportaci&oacute;n al capital simb&oacute;lico del grupo, solo quiero indicar que en mi opini&oacute;n no hay capital simb&oacute;lico que en &uacute;ltima instancia no est&eacute; obligado a convertirse en capital monetario.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[DK]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/narrativa-espanola-contemporanea-preocupado-confusion_1_5519963.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Dec 2012 11:47:42 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[“La narrativa española contemporánea poco puede orientar a quien esté preocupado por la confusión reinante”]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[La Burbuja Literaria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las burbujas de la edición]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/burbujas-edicion_1_5519936.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        El mundo de la edici&oacute;n en Espa&ntilde;a ha vivido, por lo menos, dos burbujas que han reventado recientemente, de forma a&uacute;n poco estrepitosa. La m&aacute;s grande ten&iacute;a que ver con los a&ntilde;os de vacas gordas que vivi&oacute; la industria (desde las librer&iacute;as hasta las editoriales, pasando por las agencias literarias y los autores, o al menos algunos de ellos), y se ha ido deshinchando paulatina y tercamente desde hace por lo menos dos a&ntilde;os. Una simple se&ntilde;al: los <em>megabestsellers</em> de aquellos tiempos (Ken Follet, Stieg Larsson, Ruiz Zaf&oacute;n, m&aacute;s algunos libros de autoayuda como <em>Qui&eacute;n se ha llevado mi queso</em>, etc&eacute;tera) alcanzaban hasta 2008-09 cifras de ventas superiores al mill&oacute;n de ejemplares. Todo eso ha terminado, y los superventas de 2012 apenas alcanzan como much&iacute;simo el medio mill&oacute;n de ejemplares y, por lo general, se quedan por debajo de los 200.000.
    </p><p class="article-text">
        Aquel fen&oacute;meno trajo consigo subastas surrealistas por los derechos de ciertos libros, la m&aacute;s sonada de las cuales fue la que gan&oacute; Planeta por la nueva y entonces a&uacute;n no escrita novela de Dan Brown, la primera tras el &eacute;xito de <em>El c&oacute;digo Da Vinci</em>, publicada por Urano (que prefiri&oacute;, sensatamente, no competir en el tramo final de la subasta). Seg&uacute;n los rumores el disparatado anticipo fue de 1,5 millones de d&oacute;lares. Pero no solo en el mundo de las novelas de g&eacute;nero pasaban cosas as&iacute;. Alg&uacute;n autor literario alcanz&oacute; a cobrar 600.000 euros por unas memorias o una novela que luego no cubri&oacute; con las ventas ni la cuarta parte de esa suma, y la lista de los ganadores de premios como el Planeta y otros ilustra con claridad que los l&iacute;mites del pudor siguen siendo bastante flexibles.
    </p><p class="article-text">
        Paralelamente se hab&iacute;a producido la llegada de los novelistas de la &ldquo;Nueva narrativa espa&ntilde;ola&rdquo; al <em>mainstream</em> de la edici&oacute;n, y un buen n&uacute;mero de ellos comenzaron a alcanzar ventas de entre 50.000 y 350.000 ejemplares, con Arturo P&eacute;rez Reverte y Eduardo Mendoza a la cabeza, Juanjo Mill&aacute;s junto a ellos a partir de cierto momento,  y otro numeroso grupo de autores. &iquest;Hubo tambi&eacute;n una burbuja literaria, una inflaci&oacute;n de  la valoraci&oacute;n cr&iacute;tica de ciertas obras?  &iquest;Afect&oacute; este fen&oacute;meno a los escritores de esa nueva ola narrativa cuya eclosi&oacute;n se produjo de forma masiva a partir de 1985, aproximadamente? &iquest;Existi&oacute; desde el poder pol&iacute;tico un intento de aupar a la gloria literaria y de hacer participar del fest&iacute;n del dinero p&uacute;blico a los que fueron acusados de ser &ldquo;los doscientos novelistas del PSOE&rdquo;?
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        Como m&iacute;nimo podr&iacute;amos decir que s&iacute; hubo a partir de comienzos de los noventa del pasado siglo una feria de las vanidades en la que los prestigios y las ventas y los anticipos disparados e incluso disparatados iban extra&ntilde;amente de la mano, y que aquel enloquecimiento colectivo no deja de tener semejanzas con la burbuja espa&ntilde;ola por antonomasia, la de la construcci&oacute;n. S&iacute; hemos vivido una burbuja en la que los prestigios estaban bastante hinchados. Pero ni esa inflaci&oacute;n se debi&oacute; en modo alguno a la intervenci&oacute;n de los pol&iacute;ticos, ni estos tuvieron tampoco nada que ver con el verdadero negocio en el que se convirti&oacute; para algunos la escritura, ya que esto &uacute;ltimo fue consecuencia primero de las ventas, realmente asombrosas, conseguidas por unos cuantos autores, y en segundo lugar y en algunos casos por la intervenci&oacute;n de los agentes literarios, que consiguieron jugar bien sus cartas, subastar derechos como quien subasta pescado en la lonja de Tokio, y sacar brutales  tajadas en forma de anticipos irrecuperables que, curiosamente, ciertos editores con buena financiaci&oacute;n estuvieron dispuestos a pagar, aunque luego maldijeran a los autores y sus agentes cuando las sumas adelantadas no se correspond&iacute;an con las ventas. Pero en todo esto no medi&oacute; en absoluto el poder.
    </p><p class="article-text">
        Para poner las cosas en perspectiva habr&aacute; que recordar una historia real que ejemplifica bien lo ocurrido en el momento de arranque de ese fen&oacute;meno. A comienzos de los ochenta yo era lector de la editorial Anagrama. Al convocarse el premio Herralde por primera vez (y durante los siguientes seis o siete a&ntilde;os) me correspondi&oacute; la tarea de leer y cribar todos los manuscritos que se presentaban al mismo. Deb&iacute;a de llevar unos cien manuscritos le&iacute;dos (bastante por encima, dada la calidad penosa de la mayor&iacute;a de ellos) en la primera convocatoria cuando encontr&eacute; por fin una novela que ten&iacute;a en mi opini&oacute;n  fuerza e inteligencia literarias. Era un texto de &Aacute;lvaro Pombo. Me sonaba vagamente su nombre, pero no supe de qu&eacute;. Comuniqu&eacute; al editor que hab&iacute;a encontrado una peque&ntilde;a joya, Jorge Herralde estableci&oacute; contacto telef&oacute;nico con Pombo, &eacute;ste respondi&oacute; contento que si esa novela hab&iacute;a gustado, a lo mejor gustar&iacute;a m&aacute;s otro manuscrito suyo, lo remiti&oacute;, lo le&iacute;, y result&oacute; ser, en efecto, incluso mejor; el mismo procedimiento de llamada telef&oacute;nica, y env&iacute;o de manuscrito se repiti&oacute; tres veces m&aacute;s. Uno de los textos que envi&oacute; Pombo llevaba todav&iacute;a el sello de &ldquo;obra presentada al Premio Planeta&rdquo;, y era una chiflada historia de un grupo de gente que decid&iacute;a atentar contra el Rey. Como algunos tal vez recuerden, aquel a&ntilde;o Pombo fue ganador y finalista del premio. Cuento todo esto para que se entienda cu&aacute;l era la situaci&oacute;n de un escritor como Pombo en aquella &eacute;poca. Tras sacar un par de vol&uacute;menes de versos y otro de relatos a mediados de los setenta, Pombo no ten&iacute;a quien le publicara. Acumulaba manuscritos en los cajones, porque no hab&iacute;a nadie  dispuesto a publicar novelas de nuevos escritores. Y como Pombo, much&iacute;simos m&aacute;s. El mismo Juanjo Mill&aacute;s hab&iacute;a ganado en 1975 el Premio S&eacute;samo con <em>Cerbero son las sombras</em>, pero hasta 1987, con <em>El desorden de tu nombre</em>, su obra no alcanz&oacute; apenas difusi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La edici&oacute;n progre se hab&iacute;a concentrado en el ensayo. Hubo un intento aislado de Barral Editores (segunda mitad de los setenta) de promocionar a los nuevos novelistas espa&ntilde;oles. Fue lanzado con el interrogante &ldquo;&iquest;Existe una nueva novela espa&ntilde;ola?&rdquo;, que mostraba las dudas del propio Carlos Barral en relaci&oacute;n con la respuesta. Aquella serie de libros, con t&iacute;tulos de F&eacute;lix de Az&uacute;a, Manuel de Lope y otros, no obtuvo apenas resonancia. Como tampoco la tuvo la colecci&oacute;n Nostromo de Alfaguara, con unos libros con aspecto de segunda divisi&oacute;n que no demostraban gran entusiasmo por parte del editor, y en donde aparecieron cosas tan notables como <em>La media distancia</em>, de Alejandro G&aacute;ndara.
    </p><p class="article-text">
        Con las escasas salvedades de algunas novelas de Juan Mars&eacute;, y Garc&iacute;a Hortelano, de Juan y Luis Goytisolo, lo dem&aacute;s en narrativa  espa&ntilde;ola era un desierto, incluyendo la novela politizada que pretend&iacute;a contribuir a derribar la dictadura con literatura de denuncia. Recuerdo el primer informe que me encarg&oacute; Carlos Barral, all&aacute; por 1968. Con brutalidad juvenil, me cargu&eacute; el manuscrito en mi informe. Carlos me llam&oacute; a su despacho para decirme que ten&iacute;a raz&oacute;n, pero que no pod&iacute;a dejar de publicar esa novela (se titulaba <em>La mina</em>, <em>La f&aacute;brica</em>, <em>La huelga</em> o cualquier cosa as&iacute;) porque el autor, era &ldquo;compa&ntilde;ero de viaje&rdquo; del partido por antonomasia (el PCE).
    </p><p class="article-text">
        En un universo paralelo, el poder literario segu&iacute;a su extra&ntilde;a vida ramplona. Quiero decir que se publicaban novelas de Mercedes Salisachs y de Torcuato Luca de Tena, de Concha Al&oacute;s y de Jos&eacute; Mar&iacute;a Gironella, y otros autores justamente olvidados, pero que en aquel entonces recib&iacute;an los parabienes de la cr&iacute;tica y consegu&iacute;an bastantes lectores. Camilo Jos&eacute; Cela continuaba publicando y reinando en un panorama ciertamente rancio. Hab&iacute;a excepciones, como algunas cosas de Fern&aacute;ndez Santos, Delibes y otros, pero eran minor&iacute;a. En 1968, Juan Benet obtuvo un clamoroso <em>succ&egrave;s d&rsquo;estime</em> con <em>Volver&aacute;s a Regi&oacute;n</em> y su obra subsiguiente, y demostr&oacute; que el idioma espa&ntilde;ol pod&iacute;a ser utilizado de forma moderna, seria e inteligente en los g&eacute;neros narrativos, pero si bien su gigantesca estatura y su inimitable individualidad literaria le convirtieron en una ense&ntilde;a para los j&oacute;venes, nunca lleg&oacute; a constituir un modelo. Como tampoco lo fue Ferlosio, pese al impacto de su seminal ensayo sobre las figuras de lo narrativo, <em>Las semanas en el jard&iacute;n</em>.
    </p><p class="article-text">
        Los primeros indicios de los cambios que surgir&iacute;an m&aacute;s adelante no llegaron hasta 1975, cuando se public&oacute; <em>La verdad sobre el caso Savolta</em>, primera novela de un joven llamado Eduardo Mendoza. Pero su &eacute;xito de cr&iacute;tica y lectores fue un fen&oacute;meno muy aislado. En la editorial de Rosa Reg&aacute;s, La Gaya Ciencia, aparecieron durante los setenta los primeros relatos de &Aacute;lvaro Pombo (quiz&aacute; por eso me sonaba su nombre) y una novela de Javier Mar&iacute;as, entre otros, mientras que Juanjo Mill&aacute;s ganaba el Premio S&eacute;samo con <em>Cerbero son las sombras</em>. Todos estos libros circulaban entre minor&iacute;as que se contaban por docenas, poco m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; que lo que ocurri&oacute; cuando Anagrama y Tusquets, Siruela y Lumen, principalmente, y m&aacute;s adelante tambi&eacute;n Alfaguara, lanzaron la renovaci&oacute;n editorial espa&ntilde;ola de los a&ntilde;os ochenta, el estado de la ficci&oacute;n espa&ntilde;ola segu&iacute;a siendo lamentable. Tuvieron que transcurrir todos los a&ntilde;os de ese decenio para que los nuevos escritores comenzaran a alcanzar el <em>mainstream</em>. Primero fueron Javier Mar&iacute;as con <em>Coraz&oacute;n tan blanco</em> y Arturo P&eacute;rez Reverte con <em>La tabla de Flandes</em>, luego la repercusi&oacute;n europea de la presencia de Espa&ntilde;a como pa&iacute;s invitado en la Feria de Frankfurt el a&ntilde;o 1991 (que termin&oacute; en fiasco, pues los libros entonces contratados para ser traducidos a diversos idiomas europeos no vendieron nada, con la sola excepci&oacute;n de <em>Coraz&oacute;n tan blanco</em> en Alemania, novela contratada y luego rechazada por Piper, y luego editada por Klett Kota y elevada a los cielos, muchos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, por la cr&iacute;tica y los lectores).3
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        Creo que podr&iacute;a mantener hoy en su casi totalidad lo que escrib&iacute; en un art&iacute;culo que me encarg&oacute; Jos&eacute; Miguel Ull&aacute;n y finalmente public&oacute; C&eacute;sar Antonio Molina en el suplemento cultural de <em>Diario 16</em>. Defend&iacute; all&iacute;, hacia 1988, que se hab&iacute;a producido una eclosi&oacute;n narrativa notable. No hab&iacute;a manifiestos ni se trataba de la llegada de una sola generaci&oacute;n, no era en absoluto un movimiento literario de los que hab&iacute;amos ido viendo a lo largo del siglo XX, pero el conjunto de lo que estaba ocurriendo significaba una ruptura con todo lo anterior. Javier Tomeo le llevaba m&aacute;s de treinta a&ntilde;os a Ignacio Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n. La <em>Historia del idiota contada por &eacute;l mismo</em> de  F&eacute;lix de Az&uacute;a no ten&iacute;a nada que ver con <em>El bandido doblemente armado</em> de Soledad Pu&eacute;rtolas. Si hab&iacute;a alguna cosa en com&uacute;n era el aprecio por la narraci&oacute;n como elemento clave de la novela; la curiosidad por las estructuras propias de los g&eacute;neros, sobre todo la novela negra; el desd&eacute;n m&aacute;s absoluto por el costumbrismo a ras de suelo y los fuegos de artificio que hab&iacute;an pasado por &ldquo;estilo&rdquo; durante los decenios posteriores al final de la guerra civil, y por el car&aacute;cter timorato que caracteriz&oacute; la novela del franquismo, uno de cuyos defectos principales era que ignor&oacute; todo lo que se llevaba escribiendo desde hac&iacute;a un siglo en el resto del mundo.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, tal vez lo m&aacute;s importante fuese que esos narradores nuevos que comenzaron a publicar en los ochenta respetaban y trataban de aprender de los Borges, Cort&aacute;zar, Vargas Llosa, Cabrera Infante, Garc&iacute;a M&aacute;rquez, por un lado; y, por otro, de la pl&eacute;tora de nuevos narradores brit&aacute;nicos, norteamericanos y centroeuropeos cuyos libros eran publicados entonces por las mismas editoriales que comenzaron a sacar los libros de los nuevos espa&ntilde;oles: John Updike y Martin Amis y Julian Barnes, Kazuo Ishiguro y John Kennedy Toole y todo el nuevo periodismo, Thomas Bernhard y Marguerite Yourcenar&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a en los a&ntilde;os noventa hubo quien me ech&oacute; en cara que me atreviese a incluir en una colecci&oacute;n literaria (Ave F&eacute;nix Serie Mayor, de Plaza &amp; Jan&eacute;s) las novelas de Ray Loriga (descubierto por Constantino B&eacute;rtolo, Ray decidi&oacute; luego publicar con el traductor de uno de sus modelos: Sam Shepard), a las que siguieron en la misma colecci&oacute;n obras de Benjam&iacute;n Prado y F&eacute;lix Romeo, que s&iacute; pertenec&iacute;an a una misma generaci&oacute;n y en los que la influencia de la narrativa anglosajona ten&iacute;a un peso enorme.
    </p><p class="article-text">
        La reacci&oacute;n de quienes ocupaban el poder literario hasta entonces fue bastante furiosa. Con Cela a la cabeza, naturalmente, urdieron la historia de que hab&iacute;a unos &ldquo;novelistas del PSOE&rdquo; que no merec&iacute;an perd&oacute;n de Dios. De la misma manera que el partido socialista hab&iacute;a &ldquo;usurpado&rdquo; el poder a los de siempre (franquistas reciclados y dem&aacute;s), los ni&ntilde;atos que comenzaban a conseguir cierta aprobaci&oacute;n cr&iacute;tica y, muy despacito, algunos miles de lectores, no eran m&aacute;s que el brazo literario de los nuevos pol&iacute;ticos, gente que pretend&iacute;a quedarse con las subvenciones, prebendas, ciclos de conferencias, sillones acad&eacute;micos y dem&aacute;s migajas del pastel estatal que hasta entonces se hab&iacute;an repartido entre s&iacute; los escritores que acompa&ntilde;aron la evoluci&oacute;n de la dictadura desde el a&ntilde;o 39.
    </p><p class="article-text">
        Yo fui un novelista del PSOE, sin saberlo. Me ganaba la vida malamente cobrando a tanto la hora mis labores en la editorial, y traduciendo a velocidades incre&iacute;bles lo que fuera, de Capote a Nabokov, de Amis a Fowles y lo que cayera, y jam&aacute;s encontraba tiempo para escribir. De modo que ped&iacute; una beca de creaci&oacute;n literaria durante el breve periodo en el que el verdadero autor de <em>El Quijote</em> fue director de una oficina del ministerio de Cultura llamada Centro de las Letras Espa&ntilde;olas, y la consegu&iacute;. Pude as&iacute; liberar durante tres meses media jornada laboral que dediqu&eacute; a escribir el primer borrador de una novela.  No s&eacute; qu&eacute; otras prebendas obtuvieron los dem&aacute;s, pero muchos de ellos, a los que conozco desde mi juventud, jam&aacute;s pidieron nada ni obtuvieron nada. Pero s&iacute; lograron un &eacute;xito de cr&iacute;tica y lectores como jam&aacute;s hab&iacute;an obtenido los miembros de la novela de la &eacute;poca franquista. Y eso doli&oacute; mucho.
    </p><p class="article-text">
        De todo aquello hace ahora veinte a&ntilde;os, si contamos a partir del a&ntilde;o en que Espa&ntilde;a fue pa&iacute;s invitado en Frankfurt. Aquel grupo de autores termin&oacute; ocupando el <em>mainstream</em>, y su obra ha corrido la suerte variada que cab&iacute;a esperar. Javier Mar&iacute;as y Vila-Matas, P&eacute;rez Reverte y Almudena Grandes, Juanjo Mill&aacute;s y Eduardo Mendoza, Rosa Montero y Mart&iacute;nez de Pis&oacute;n ya tienen una larga descendencia: Javier Cercas y Ray Loriga, Agust&iacute;n Fern&aacute;ndez Mallo y Rafael Reig, y, si se me permite incluir algunos autores de los que publico ahora, Willy Uribe, Mat&iacute;as N&eacute;spolo y Marina Perezagua.
    </p><p class="article-text">
        De aquella inercia sosa y bastante uniforme que fue la novela de los a&ntilde;os de la dictadura a la multiplicidad de estilos actual media una distancia suficiente como para celebrar que hubiera cambios, que apareciesen narradores de otro tipo. Si para que haya en un idioma buena literatura dram&aacute;tica suele ser bueno que exista un nutrido grupo de escritores de comedia de bulevar, creo que  eso se consigui&oacute; a partir de aquella eclosi&oacute;n de los ochenta.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; valor tengan los del grupo antecesor, aquellos &ldquo;nuevos narradores&rdquo; de hace 25 a&ntilde;os, y cu&aacute;l pueda ser el de los que les siguen ahora, es algo que no quedar&aacute; fijado para siempre. El extra&ntilde;o destino de Shakespeare, genio en vida, cerril y b&aacute;rbaro durante tres siglos despu&eacute;s de su muerte, y mejor guionista de Hollywood en la actualidad, gracias a que T.S. Eliot y otros redescubrieron su obra a comienzos del siglo XX, es el mejor ejemplo de la volubilidad del gusto literario. Como editor, creo que hicimos bien dando a conocer la obra de aquellos narradores &ldquo;nuevos&rdquo;. El tiempo nos ha dado la raz&oacute;n durante un lapso breve. Pero no me atrevo a subirme a lo alto de ninguna pir&aacute;mide para juzgar si tendr&aacute;n todav&iacute;a lectores dentro de un par de a&ntilde;os, o un par de siglos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Enrique Murillo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/burbujas-edicion_1_5519936.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Dec 2012 11:33:03 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Las burbujas de la edición]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[La Burbuja Literaria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Despedir el mercado literario con cava]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/despedir-mercado-literario-cava_1_5521010.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Las burbujas est&aacute;n en el imaginario del fin. Para los espa&ntilde;oles el final de cada a&ntilde;o est&aacute; indisolublemente ligado a diversas im&aacute;genes simb&oacute;licas (loter&iacute;a, luces en las calles, etc.), entre las cuales se aposent&oacute; con los a&ntilde;os el anuncio de Freixenet y sus glamurosas burbujas doradas. El anuncio de este cava, que deb&iacute;a consumirse por motivos patri&oacute;ticos en lugar del champ&aacute;n (ahora se impondr&aacute; el rioja, supongo), que este a&ntilde;o cumple 30 a&ntilde;os y que simb&oacute;licamente va a ser &ndash;seg&uacute;n informa Bigas Luna en YouTube&ndash; hecho &ldquo;por todos&rdquo;, representaba muy bien esa Espa&ntilde;a del pelotazo de los a&ntilde;os noventa.
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        De forma paralela al crecimiento econ&oacute;mico artificial, desde finales de los ochenta y sobre todo en los noventa surgi&oacute; un mercado editorial que cambi&oacute; por completo el panorama narrativo. Si en la econom&iacute;a nacional el ladrillo estaba creando la burbuja inmobiliaria, los ladrillos sentimentaloides y ret&oacute;ricos que poblaban las librer&iacute;as, remedando con torpeza la novela decimon&oacute;nica, comenzaban a construir la crisis a la que ahora asistimos. Tempranamente describi&oacute; Manuel Vicent el c&iacute;rculo vicioso: las editoriales, para vender m&aacute;s (entonces el gran problema era c&oacute;mo forrarse, porque editar libros valiosos y ganar un dinero decente con ellos no parec&iacute;a suficiente para nadie), publicaban libros de forma motorizada, libros que generaban letras giradas a 90 d&iacute;as que luego distribuidoras y libreros canjeaban por m&aacute;s novedades y m&aacute;s letras, de forma que &ndash;seg&uacute;n Vicent&ndash; se iban creando dos enormes bolas (una de libros y otra de letras o de pagar&eacute;s) que amenazaban con invadir el territorio patrio.
    </p><p class="article-text">
        Cuando la crisis comenz&oacute; a agudizarse las editoriales optaron por recetas universales: los recortes y ahogar el I+D, algo que quiz&aacute; paguemos caro dentro de unos a&ntilde;os (tanto econ&oacute;mica como literariamente). La fontaner&iacute;a comercial aparc&oacute; la innovaci&oacute;n y el riesgo. La inteligencia se ve obligada a buscar otras v&iacute;as, los autores <em>literarios</em> han dejado de encontrar con facilidad hueco para publicar y comienza la fuga de cerebros al exterior: de momento a editoriales independientes y <em>ebooks</em>, si bien pronto veremos autores espa&ntilde;oles publicando exclusivamente en M&eacute;xico o Argentina, en movimiento pendular respecto a lo ocurrido desde que los autores latinoamericanos iban a Barcelona en los sesenta a preguntar por Barral. Arguye el fil&oacute;sofo P. Sloterdijk: &ldquo;Una vez que han reventado las burbujas tornasoladas de Dios, los cascarones c&oacute;smicos, &iquest;qui&eacute;n va a ser capaz todav&iacute;a de crear envolturas prot&eacute;sicas en torno a los que han quedado a la intemperie?&rdquo; Tomen arcilla, se&ntilde;ores, el pr&oacute;ximo refugio de la literatura ser&aacute; el que ustedes construyan con sus propias manos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Vicente Luis Mora]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/despedir-mercado-literario-cava_1_5521010.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Dec 2012 11:32:30 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Despedir el mercado literario con cava]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[La Burbuja Literaria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Me quedo contigo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/quedo-contigo_1_5519904.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Si me das a elegir entre Los Chunguitos y Manu Chao, me quedo con <em>Deprisa, deprisa</em>, film de una &eacute;poca irrepetible: Carlos Saura hac&iacute;a buenas pel&iacute;culas, los hermanos Salazar eran j&oacute;venes y sus primas de las Az&uacute;car Moreno todav&iacute;a no se hab&iacute;an hecho famosas a fuerza de pelearse en los plat&oacute;s televisivos.
    </p><p class="article-text">
        Si me das a elegir, por ejemplo, entre la ternura proverbial de Antonio Mu&ntilde;oz Molina &mdash;un tipo al que hay respetar y querer s&oacute;lo porque sabe mucho de jazz y cada dos por tres firma art&iacute;culos condenadamente buenos dedicados a la memoria del pr&oacute;cer Thelonious Monk&mdash; y la mala uva de Enrique Vila-Matas, quien en la reciente edici&oacute;n del Hay Festival Xalapa pase&oacute; su misantrop&iacute;a y su <em>bad milk</em> por las muy atribuladas rutas veracruzanas, me quedo con la Elvira Lindo post-Manolito Gafotas, tan interesante novelista que es la susodicha.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, ya sabemos que en la vida no todo es &ldquo;Gary Oldman ven a m&iacute;&rdquo;; por el contrario, muchas veces nos tenemos que tragar algunas cucharadas de aceite de ricino y no precisamente a causa del estre&ntilde;imiento malsano a que nos condenan las ingestas de alimentos perniciosos. En este punto vale una digresi&oacute;n: un amigo sol&iacute;a decir, <em>okey</em>, me tomo la cucharada, pero una al d&iacute;a, hay que dosificar las cuotas de veneno a que estamos destinados.
    </p><p class="article-text">
        En M&eacute;xico, la tierra florida en donde se escribe esta columna, los hablantes suelen confundir el significado de &uacute;ltimo con el de ultim&aacute;tum. As&iacute;, no faltan quienes inician las conversaciones con un rotundo &ldquo;ultimadamente&rdquo;, cuando en realidad quieren indicar &ldquo;&uacute;ltimamente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La verdad es que &uacute;ltima y ultimadamente, en un espacio de tiempo que no alcanzamos a precisar con justeza porque cuando nos levantamos el dinosaurio segu&iacute;a all&iacute;, nos inflan las &iacute;nfulas de los fatuos escritores inflamados por una industria editorial, la espa&ntilde;ola, que nos quiere vender el gato, la liebre y los ratones tambi&eacute;n.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Aficionados a las burbujas que luego los dejan desocupados, les quitan su fr&aacute;gil condici&oacute;n de europeos y los incita a votar febrilmente por el PP, los hijos de la desnaturalizada Madre Patria han vivido, desde los Juegos Ol&iacute;mpicos del 92 a las fechas, un fervor nacionalista justificado muchas veces y otras absolutamente rid&iacute;culo, como cuando en alguna carrera de F1 no participa Fernando Alonso y el titular del domingo, de todos modos, es &iexcl;Fernando Alonso!
    </p><p class="article-text">
        La literatura no es la excepci&oacute;n. Por eso, nos hemos atrevido a hacer una serie de apreciaciones bajo el t&iacute;tulo <em>&iquest;Te enteras?</em>, s&oacute;lo para &ldquo;medirle el agua a los camotes&rdquo;, como se dice en M&eacute;xico, a saber:
    </p><p class="article-text">
        - En Latinoam&eacute;rica hay cientos de cronistas mejores que Quim Monz&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        - Para que Enrique Vila-Matas gane el Nobel, primero tendr&aacute; que escribir un libro de verdad, desde la primera a la &uacute;ltima p&aacute;gina.
    </p><p class="article-text">
        - Javier Mar&iacute;as no es el mejor novelista de la lengua espa&ntilde;ola. Antes parece un se&ntilde;or muy enojado que rechaza premios y da consejos todas las semanas en una revista que antes se le&iacute;a mucho y ahora se padece m&aacute;s. Desde hace 10 a&ntilde;os, las novelas de este se&ntilde;or parecen ser la misma, con distinta portada, claro, porque Alfaguara &mdash;ya se sabe&mdash; no se mide en gastos.
    </p><p class="article-text">
        - Qu&eacute; lindo que Jaume Vallcorba haya comprado los derechos de Georges Simenon, pero si eso le da categor&iacute;a de pr&oacute;cer y lo lleva a ocupar todas las portadas de los suplementos literarios, sepan que el escritor y editor mexicano Rafael P&eacute;rez Gay tiene todos los derechos de Rubem Fonseca desde hace a&ntilde;os y a &eacute;l nadie lo llama editor legendario.
    </p><p class="article-text">
        - Los editores legendarios de la lengua espa&ntilde;ola hace rato que, como Fernando Alonso, no corren muchas carreras y pierden el t&iacute;tulo de la F&oacute;rmula Uno, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez&hellip;
    </p><p class="article-text">
        - Si la prensa espa&ntilde;ola y las listas de menores de 39 insisten en decirnos qu&eacute; debemos leer los latinoamericanos, haremos una con los autores espa&ntilde;oles que no deben leer los espa&ntilde;oles.
    </p><p class="article-text">
        - &iquest;Qui&eacute;n es Andr&eacute;s Barba?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mónica Maristain]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/quedo-contigo_1_5519904.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Dec 2012 11:31:55 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Me quedo contigo]]></media:title>
      <media:keywords><![CDATA[La Burbuja Literaria]]></media:keywords>
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