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    <title><![CDATA[elDiario.es - Claudicación]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/claudicacion/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Claudicación]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[No todo puede terminar en Auschwitz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/puede-terminar-auschwitz_1_5584787.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de <a href="http://www.eldiario.es/Kafka/obsolescencia_programada/Ahora-arreglare-cosas_0_91340981.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sukkwan Island</a> he le&iacute;do <em>Una comedia en tono menor</em> de Hans Keilson (Min&uacute;scula, Barcelona, 2011, trad. de Carles Andreu) porque sab&iacute;a que tambi&eacute;n era un novela con cad&aacute;ver. Sin embargo, como suele ocurrir cuando uno busca algo, temas favoritos por ejemplo, lo que he encontrado al leerla ha sido otra cosa. Hay un cad&aacute;ver, s&iacute;, y muy inoportuno, y a lo largo de quince p&aacute;ginas est&aacute; muy presente, con su pijama blanco prestado y una amable joven holandesa que, para envolverlo, tiene que saltar por encima de &eacute;l para ir a buscar una manta oscura y unos imperdibles. Pero la novela no va de eso realmente. Va de otra cosa que tambi&eacute;n me gusta mucho: de la gratitud, de la hospitalidad.
    </p><p class="article-text">
         El <em>tono menor</em> del t&iacute;tulo es un tecnicismo musical: se refiere a esa tonalidad que tradicionalmente se ha atribuido a lo triste y sombr&iacute;o y que <a href="http://blogs.scientificamerican.com/observations/2010/06/17/music-and-speech-share-a-code-for-c-2010-06-17/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">algunos investigadores</a> han asociado a cierta entonaci&oacute;n del habla cuando se expresan emociones chungas. Lo de <em>comedia</em> parece un contrasentido, teniendo en cuenta que la novela gira en torno a la muerte de un viajante de perfumes jud&iacute;o que una joven pareja holandesa oculta en su casa en plena ocupaci&oacute;n nazi. En la p&aacute;gina 114 se explica: &ldquo;Como en una comedia en la que todos esperan que el h&eacute;roe salvador haga su entrada por la derecha, y de pronto aparece por la izquierda&rdquo;. Es una cuesti&oacute;n de expectativas: la muerte deb&iacute;a entrar &ldquo;por la derecha&rdquo; (por la puerta de los nazis) y, contra todo pron&oacute;stico, entra &ldquo;por la izquierda&rdquo; (por la puerta de las causas naturales). &ldquo;No todo puede terminar en Auschwitz&rdquo;, <a href="http://www.believermag.com/issues/201009/?read=article_searls" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">le dijo el autor</a> a los cien a&ntilde;os (muri&oacute; en 2011 a los ciento dos) a su traductor al ingl&eacute;s, Damion Searls. No es un efecto c&oacute;mico, sin duda; pero s&iacute; es un efecto conflictivo, que saca a relucir, como en las comedias, vanidades inadecuadas y designios poco hist&oacute;ricos. Marie, la joven protectora del difunto hombre oculto, ya se ve&iacute;a saliendo orgullosa con &eacute;l a la calle el d&iacute;a de la liberaci&oacute;n&hellip; y siente &ldquo;la peque&ntilde;a decepci&oacute;n humana&rdquo; de ver estropeados sus planes, porque &ldquo;la posibilidad de salvar a otra persona no se presenta todos los d&iacute;as&rdquo; (p. 114).
    </p><p class="article-text">
        Hans Keilson, nacido en Alemania, emigr&oacute; a Holanda en 1936 y vivi&oacute; oculto en una casa de Delft durante la ocupaci&oacute;n nazi: a la pareja que lo escondi&oacute; (&ldquo;Leo y Suus&rdquo;) est&aacute; dedicada su novela, publicada en 1947 por la editorial de &Aacute;msterdam Querido, cuyo fundador, que hab&iacute;a acogido a muchos escritores alemanes emigrados en los a&ntilde;os 30, acabar&iacute;a asesinado en el campo de exterminio de Sobibor en 1943. Tambi&eacute;n ser&iacute;an asesinados los padres del autor, en Auschwitz. En sus a&ntilde;os de ocultamiento, a Keilson un miembro de la polic&iacute;a holandesa le procur&oacute; un documento de identidad falso y &eacute;l pudo viajar por todo el pa&iacute;s buscando escondites para ni&ntilde;os jud&iacute;os a quienes tambi&eacute;n prestaba ayuda psicol&oacute;gica. <em>Una comedia en tono menor</em> recrea muy probablemente su experiencia de refugiado dom&eacute;stico, como el c&eacute;lebre <em>Diario</em> de Anne Frank, publicado el mismo a&ntilde;o, y que tan distinta fortuna, por cierto, correr&iacute;a (la novela de Keilson no ser&iacute;a recuperada hasta que Fischer, su antigua editorial alemana, sac&oacute; una edici&oacute;n de sus <em>Obras completas</em> en 2005). La diferencia &ndash;y el efecto&ndash; es palpable: el <em>Diario</em> es, como corresponde a su g&eacute;nero, una narraci&oacute;n, aun en circunstancias extremas, del desarrollo de un yo; el de Keilson es, en cambio, en las mismas circunstancias extremas, un libro volcado en los dem&aacute;s, un gesto de gratitud &ndash;ante todo&ndash; a los &ldquo;buenos patriotas&rdquo; holandeses que le salvaron la vida, a &eacute;l y a otros tantos. Que el siglo XX favoreciera a uno y no a otro da que pensar sobre lo que la posteridad ha le&iacute;do en la Shoah.
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        Aparte de una vecina que ni siquiera sale y a la que un joven lechero califica de &ldquo;cobarde&rdquo;, la novela est&aacute; llena, en efecto, de &ldquo;buenos patriotas&rdquo;. La imagen que de Holanda se nos ofrece est&aacute; tan indudable como sinceramente idealizada. La pareja que recibe, sin conocerlo, al &ldquo;prototipo sefard&iacute;&rdquo; y se siente orgullosa de este acto de &ldquo;desobediencia civil&rdquo; tiene, como veremos (ya que &ldquo;viviremos&rdquo; en su casa), sus m&aacute;s y sus menos. Los dem&aacute;s no tienen tacha. El m&eacute;dico que cuida al refugiado en su agon&iacute;a atiende no solo enfermedades y muertes sino tambi&eacute;n partos secretos (mucho m&aacute;s peligrosos, porque los ni&ntilde;os jud&iacute;os lloran al nacer &ldquo;como todos los ni&ntilde;os&rdquo;, p. 24). La cu&ntilde;ada de Marie, a quien la pareja no quer&iacute;a hacer part&iacute;cipe de su secreto, resulta luego toda una experta en encontrar casas a perseguidos y conoce al dedillo la psicolog&iacute;a del encierro. La mujer de la limpieza que un d&iacute;a lo descubre le sonr&iacute;e y no lo delata; un joven lechero intuye algo y tampoco lo delata, y adem&aacute;s siente &ldquo;menosprecio&rdquo; por quienes no se atreven a desobedecer. Hay tambi&eacute;n un polic&iacute;a an&oacute;nimo que encuentra el cad&aacute;ver debajo de un banco en un parque y elimina enseguida cualquier prueba que pueda conducir hasta quienes lo acogieron.
    </p><p class="article-text">
        Por una metedura de pata precisamente a la hora de deshacerse del cad&aacute;ver (el pijama que llevaba tiene bordadas las iniciales de su due&ntilde;o, y adem&aacute;s una etiqueta de la lavander&iacute;a), la pareja que lo ocult&oacute; se ve en peligro y &ndash;peque&ntilde;as iron&iacute;as de la vida&ndash; tiene que ocultarse a su vez. Pero enseguida es alojada por una ben&eacute;vola anciana, due&ntilde;a de una pensi&oacute;n, que los presenta como sus sobrinos&hellip; De hecho, la pareja puede salir hasta a pasear en pleno d&iacute;a y no tarda en volver a su vida normal y a su casa de siempre. All&iacute;, sin embargo, al pasar por la habitaci&oacute;n de su difunto hu&eacute;sped, ambos tienen &ldquo;la impresi&oacute;n de que la puerta nunca hab&iacute;a estado cerrada de aquella forma&rdquo; (p. 145).
    </p><p class="article-text">
        En la novela, cuidadosa, muy ordenada, muy de interior parco y honrado, no faltan imprecisiones como esa puerta cerrada &ldquo;de aquella forma&rdquo;. Se tratan en ella temas secretos, dif&iacute;ciles de desvelar. Marie descubre, cuando ya ha muerto, que su hu&eacute;sped escond&iacute;a en su habitaci&oacute;n un paquete de Lucky Star y que se hab&iacute;a ido fumando solo los cigarrillos, sin compartirlos con nadie. &ldquo;Menuda atrocidad &ndash;piensa en un primer momento&ndash;, ocultarles un secreto a ellos, que a su vez lo ocultaban&rdquo; (p. 104). &iexcl;Con lo que habr&iacute;a disfrutado su marido con ese codiciado tabaco norteamericano! Luego se lo piensa mejor. Se da cuenta de que cada uno es cada uno, de que por qu&eacute; no iba el oculto a tener tambi&eacute;n sus secretos, sus peque&ntilde;os ego&iacute;smos. Se pregunta, adem&aacute;s, por qu&eacute; iba ella a exigirle que se los revelara, qu&eacute; clase de derechos &ndash;o de superioridad&ndash; ha interiorizado por el mero hecho de ser una &ldquo;buena patriota&rdquo;. Significativamente, todo esto no acaba de decirse claro, se expresa en met&aacute;foras, como si se hubiera entrado en terreno espinoso, y aparece entonces &ldquo;la chispa que ard&iacute;a&rdquo;, &ldquo;la porcion del gran fuego que incendiaba el mundo y que recib&iacute;a el nombre de vida, secreta, solitaria&rdquo; (p. 104). Se abre, por &uacute;nica vez (o casi) en el libro, la puerta quemada de las grandes im&aacute;genes, que siempre chirr&iacute;a en las comedias. Pero es una salida, aunque inevitable (apenas dos a&ntilde;os despu&eacute;s del fin de la guerra), moment&aacute;nea. No tardamos en volver a los hechos: Marie decide finalmente callarse, quemar los cigarillos, no decir nada a nadie, proteger la memoria del muerto.
    </p><p class="article-text">
        La &ldquo;chispa&rdquo; salta en otras ocasiones. La hospitalidad no deja de tener sus equ&iacute;vocos y el jud&iacute;o no deja de ser un hu&eacute;sped forzado. Hay horas &ldquo;en que los odiaba, a ellos y al jarr&oacute;n que ten&iacute;an en la sala&rdquo; (p. 69). Es un jarr&oacute;n chino que su anfitri&oacute;n compr&oacute; en una subasta y del que est&aacute; muy orgulloso. A lo largo de cinco p&aacute;ginas asistimos a la explosi&oacute;n de inquina que se ha incubado contra ese s&iacute;mbolo de una vida familiar protegida, confortable y, sobre todo, posible. La hospitalidad de los due&ntilde;os del jarr&oacute;n significa para el hu&eacute;sped &ldquo;su aniquilaci&oacute;n, su aniquilaci&oacute;n humana, por mucho que (tal vez) le estuvieran salvando tambi&eacute;n la vida&rdquo; (p. 72). Est&aacute; agradecido, sin duda, pero &ldquo;qu&eacute; encarcelado, abandonado y miserable&rdquo; se llega a sentir: &eacute;l, &ldquo;que nunca hab&iacute;a sido un tipo casero, ahora se ve&iacute;a obligado a serlo&rdquo; (pp. 72-73). En otro giro conciso &ndash;y espl&eacute;ndido&ndash; de comedia, las cinco p&aacute;ginas de &ldquo;ciega desesperaci&oacute;n&rdquo; concluyen cuando el hu&eacute;sped indignado se acerca al jarr&oacute;n &ldquo;y, con gesto pensativo, alis&oacute; una peque&ntilde;a arruga del tapete de puntillas sobre el que descansaba&rdquo; (p. 74). &iexcl;El tapete!
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Son estas horas de odio y privaci&oacute;n apenas una muestra circunstancial de autocompasi&oacute;n? &iquest;O podr&iacute;an ser una salida moralista al sentimiento de culpa del hombre oculto y, a fin de cuentas, salvado? La culpabilidad del superviviente &ndash;ese tema terrible de la literatura de la Shoah&ndash; asoma entre l&iacute;neas en este relato que bien puede ser le&iacute;do como una fantas&iacute;a de muerte de alguien que, como el autor, ha sobrevivido a una persecuci&oacute;n que le ha costado la vida a la mayor&iacute;a de sus cong&eacute;neres. El jud&iacute;o salvado comparte cierta falta de destino hist&oacute;rico con ese hombre muerto por causas &ldquo;menores&rdquo; y abandonado, con el pijama de otro, debajo de un banco, y de cuyo cad&aacute;ver ni siquiera sabremos qu&eacute; ha sido&hellip; Quienes fueron enterrados en las fosas de los campos tal vez fueran una masa inhumanizada e irreconocible, pero entrar&iacute;an en la historia. Los &ldquo;buenos patriotas&rdquo; holandeses se metieron honrosamente en un l&iacute;o peligroso y, a su manera, no fueron solo supervivientes sino salvadores. Quien se salv&oacute; del exterminio contin&uacute;a, en cambio, pregunt&aacute;ndose algo a lo que la historia no da cabida: es un superviviente, s&iacute;, pero&hellip; &iquest;de qu&eacute;?
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      <dc:creator><![CDATA[Luis Magrinyà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/puede-terminar-auschwitz_1_5584787.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 Feb 2013 13:49:27 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[No todo puede terminar en Auschwitz]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["El pícaro deja de ser un héroe cuando lo trincan"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/picaro-deja-heroe-trincan-claudicacion-carmen-posadas_1_5585185.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">Publica ﻿'El testigo invisible'﻿﻿﻿,﻿﻿ una novela que narra la relación entre los de arriba y los de abajo que, curiosamente, no se llevaban tan mal.</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        No tiene ning&uacute;n problema en definirse por su origen: &ldquo;soy sudaca&rdquo;, dice. Y lo dice tambi&eacute;n la prensa extranjera: <em>Newsweek </em>la salud&oacute; en su d&iacute;a como una destacada autora latinoamericana. Sin embargo, lleg&oacute; a Espa&ntilde;a en 1965, ni&ntilde;a a&uacute;n y a pesar de las mudanzas de una familia de diplom&aacute;ticos, tiene su cuartel general en el coraz&oacute;n de Madrid. Gan&oacute; el Planeta en 1998 y acaba de publicar <em>El testigo invisible</em>, una novela hist&oacute;rica que gira alrededor de un pinche de cocina imperial que acab&oacute; en Sudam&eacute;rica. La novela narra la relaci&oacute;n entre los de arriba y los de abajo, que, significativamente, no se llevaban tan mal. Preguntada si esta corriente afectiva fue interrumpida ingratamente por la Revoluci&oacute;n, rompe a re&iacute;r.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Diario Kafka: El tema de esta semana en Diario Kafka es la claudicaci&oacute;n.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Carmen Posadas</strong>: (Risas) Vaya por Dios, estamos todos muy optimistas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: La claudicaci&oacute;n se puede ver de dos formas, como una gran cobard&iacute;a de &ldquo;bueno, este t&iacute;o se ha rendido&rdquo; o como una adaptaci&oacute;n a la realidad, llega un momento en que no se puede ser el eterno adolescente.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: Bueno, yo, como soy sudaca, veo las cosas un poquito desde fuera, y a m&iacute; me tiene bastante impresionada c&oacute;mo los espa&ntilde;oles tienen este esp&iacute;ritu de derrota absoluta que tampoco est&aacute; justificado, francamente. A m&iacute; me encant&oacute;, por ejemplo, el anuncio de Campofr&iacute;o que hablaba de todas las cosas que hemos hecho, porque yo creo que en Espa&ntilde;a tienen demasiada tendencia a los golpes de pecho, a diferencia de otros pa&iacute;ses que son chovinistas y est&aacute;n todo el d&iacute;a trompeteando lo buenos que son, lo inteligentes que son, lo fant&aacute;sticos que son..., aqu&iacute; pasamos de la euforia m&aacute;s absoluta a la depresi&oacute;n profunda. Entonces bueno, est&aacute; bien un poco de autocr&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Te voy a poner un ejemplo sudaca. Hay un mont&oacute;n de gente que dir&iacute;a &ldquo;Vargas Llosa ha claudicado, se ha rendido, ya no es aquel revolucionario, aquel tipo con ideas...&rdquo;, y otro tipo de gente dice &ldquo;Vargas Llosa ha madurado&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: Ah, vale, est&aacute;s hablando desde el punto de vista intelectual.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Claro, la claudicaci&oacute;n generalmente est&aacute; muy mal vista, pero tampoco s&eacute; si es tan mala. En la vida hay que claudicar muchas veces, porque la realidad existe, por muy tozudos que nos pongamos.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: Claro, a m&iacute; eso siempre me recuerda a un chiste de Mafalda, de Quino. Est&aacute;n Miguelito y Mafalda en la vereda, viene un coche inmenso, una cosa descomunal, y le dice Mafalda a Miguelito: &ldquo;&iquest;Ves, Miguelito?, hay que darse mucha prisa en cambiar el mundo antes de que el mundo lo cambie a uno&rdquo;. Y es terrible, pero es as&iacute;, al final el mundo siempre lo cambia a uno.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: T&uacute; llegaste a Espa&ntilde;a en 1965, siendo adolescente. &iquest;Con qu&eacute; te encontraste?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: Bueno, yo ven&iacute;a de un pa&iacute;s que era mucho m&aacute;s avanzado que Espa&ntilde;a en ese momento. O sea, que cuando llegu&eacute; aqu&iacute; era como meterse en una pel&iacute;cula en blanco y negro. Hab&iacute;a cosas sorprendentes, por ejemplo viv&iacute;amos cerca del estadio Santiago Bernab&eacute;u y eso era Ca&ntilde;ada Real y pasaban las ovejas, delante del estadio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Ahora pasan por Sol, una vez al a&ntilde;o.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: S&iacute;, pero en aquella &eacute;poca pasaban de verdad. Y despu&eacute;s en la colonia del Viso, que es una colonia muy elegante, hab&iacute;a luz de gas, &iexcl;en el a&ntilde;o 65! Pasaba el farolero y prend&iacute;a la luz, entonces yo estaba at&oacute;nita. Otra cosa que me sorprend&iacute;a mucho era la gente que iba vestida de h&aacute;bito. Por ejemplo, el carpintero de casa hab&iacute;a hecho votos, no s&eacute;, al Cristo de Medinaceli o a quienquiera que sea, y ven&iacute;a con una cosa lila y un cord&oacute;n, despu&eacute;s encima se pon&iacute;a el mandil (risas).
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Y si a eso le sumas los que llevaban un brazalete negro porque se les hab&iacute;a muerto alguien...</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: Ah, eso, lo del luto que era permanente, porque cuando no se te muere un primo se te muere una abuela... Entonces eso lo contrapongo a algo que me pas&oacute; hace poco en la calle, iba caminando y de repente veo a una ni&ntilde;a como de tres a&ntilde;os que empieza a gritar &ldquo;&iexcl;Mam&aacute;, una bruja, una bruja!&rdquo;, y miro y eran dos monjas de &eacute;sas de clausura con h&aacute;bito, entonces la ni&ntilde;a no hab&iacute;a visto nunca una monja..., estaba diciendo &ldquo;Mam&aacute;, una bruja&rdquo;, es ins&oacute;lito, &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: S&iacute;, antes era imposible. Y cuando muri&oacute; Franco, &iquest;t&uacute; d&oacute;nde estabas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: No, yo estaba aqu&iacute;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>DK: &iquest;Y viviste aqu&iacute; la Transici&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: S&iacute;, s&iacute; que la viv&iacute; aqu&iacute;. Fue mi &eacute;poca m&aacute;s... combativa, digamos. Porque ten&iacute;a un amigo que era cura obrero de estos, y entonces organizaba charlas para, bueno...
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Para cambiar el mundo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: S&iacute;, para cambiar el mundo. Yo qu&eacute; s&eacute;, era esa &eacute;poca as&iacute; de efervescencia, y todos quer&iacute;amos otro pa&iacute;s nuevo. Y entonces esa es mi &eacute;poca m&aacute;s rebelde, porque yo estaba casada con un se&ntilde;or muy de derechas, muy de derechas. Y ya te digo que nunca he sido muy rebelde, pero s&iacute; que he pensado de otra forma sobre todo en estas reuniones con ese cura, y all&iacute; le&iacute;amos a Hans K&uuml;ng y a Renan y a toda esta gente. Y al mismo tiempo, bueno, hab&iacute;a bastante inter&eacute;s por la pol&iacute;tica, pero no era precisamente..., era un poquito de izquierdas, pero un poco de sal&oacute;n tambi&eacute;n, a pesar de que &eacute;l era un cura obrero. Nunca he sido rebelde, &iexcl;lo siento, qu&eacute; horror! (risas).
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;T&uacute; saliste del armario como escritora ya mayorcita, no con veinte a&ntilde;os&hellip;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: Bueno, la primera vez que publiqu&eacute; ten&iacute;a veintisiete, no era tan vieja.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Pero me imagino que la vocaci&oacute;n vendr&iacute;a de muy antiguo, &iquest;no?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: S&iacute;, todo eso ven&iacute;a de un trauma infantil (risas), porque yo era la fea de una familia de guapos. Todos en mi familia eran guap&iacute;simos, mi madre era espectacular, mi pap&aacute; tambi&eacute;n, mis hermanas rubias, de ojos verdes... &Eacute;ramos tres hermanas, yo era la mayor, y mis dos hermanas eran rubias de ojos verdes, y adem&aacute;s cantaban canciones y contaban chistes. Yo canto como una rana y jam&aacute;s en mi vida he contado un chiste.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Saphia Azzeddine, que fue una escritora a la que entrevistamos en DK, nos dec&iacute;a: &ldquo;Yo creo que hay mucho m&aacute;s racismo contra los feos y los gordos que contra los moros y los negros&rdquo;. &iquest;Podr&iacute;as estar de acuerdo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: Yo creo que estad&iacute;sticamente est&aacute; comprobado, creo que le ponen m&aacute;s multas a los feos que a los guapos. Lo que pasa es que, por ejemplo, personalmente yo le debo mucho m&aacute;s a mis defectos que a mis virtudes, o sea que yo si no hubiera sido esa ni&ntilde;a tan fea y t&iacute;mida (porque yo ten&iacute;a una timidez de esas bloqueantes, de las que cuando alguien te habla tartamudeas y te tiras encima la Coca Cola...). Si yo no hubiera tenido todos esos complejos nunca habr&iacute;a hecho esos esfuerzos, y como no soy rebelde...
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: En un libro cuentas que tu madre, al llegar a Espa&ntilde;a, se sorprendi&oacute; con los movimientos que hab&iacute;a en las alcobas en Madrid, en un pa&iacute;s tan pacato. &iquest;No crees que de alguna manera de la cama, durante la Transici&oacute;n, nos hemos ido a la banca? Digamos que estamos ante, por ejemplo, un incesto financiero.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: Pues s&iacute;, era mucho m&aacute;s inofensivo lo anterior, &iquest;no?
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: Mmm... voy a decir un horror, pero no. Bueno, iba a decir que la hipocres&iacute;a es una gran virtud, porque lo es. Hay una frase que yo pensaba que era de Oscar Wilde, luego descubr&iacute; que era de La Rochefoucauld, o sea que se la pirate&oacute;, que dice que la hipocres&iacute;a es el tributo que el vicio rinde a la virtud, y es verdad. As&iacute; que cuando la gente era hip&oacute;crita y todos parec&iacute;an santos y daban golpes de pecho, pero al mismo tiempo ten&iacute;an unas bacanales bestiales, y cuando incluso la gente menos honesta jugaba a ser honesta, nos iba mejor, pero claro, esta sociedad que prima tanto la verdad, la transparencia... Cuando las sociedades no son tan permisivas y por tanto se convierten en hip&oacute;critas, al final la gente hace menos tropel&iacute;as que cuando se pueden hacer abiertamente sin censura social. Aqu&iacute; en Espa&ntilde;a la censura social ha desaparecido pr&aacute;cticamente.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;S&iacute;? &iquest;A ti te parece?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: Bueno, yo creo que tambi&eacute;n est&aacute; el fen&oacute;meno del p&iacute;caro. En Espa&ntilde;a el p&iacute;caro siempre ha sido un personaje a ensalzar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: El p&iacute;caro es un hip&oacute;crita, un tipo que claudica, se adapta y quiere comer caliente todos los d&iacute;as, lo dem&aacute;s le importa un r&aacute;bano, si tiene que creer en Dios, cree, y si tiene que ir a la iglesia, va.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: S&iacute;, pero yo qu&eacute; s&eacute;, B&aacute;rcenas tambi&eacute;n es un p&iacute;caro &iquest;no?, que todo el mundo admira porque se lo ha llevado crudo, y en el fondo eso se admira.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: S&iacute;, puede que sea un p&iacute;caro en cierto sentido, pero los p&iacute;caros son muertos de hambre, y este hombre ya con 22 millones de euros...</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: Empez&oacute; siendo p&iacute;caro y mira c&oacute;mo acab&oacute;. Pero de todas maneras, en Espa&ntilde;a nunca ha existido mucho la censura con respecto a los p&iacute;caros, y estoy hablando desde el punto de vista monetario. Si t&uacute; hac&iacute;as trampa y te lo llevabas crudo, pues oye, qu&eacute; listo eras.
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        <strong>DK: Somos cat&oacute;licos, no protestantes, y eso a los cat&oacute;licos les gusta, la p&uacute;rpura, el Papa, el latrocinio organizado, nos parece muy venial.</strong> <strong>En Italia, por ejemplo, un personaje como Berlusconi es sociol&oacute;gicamente admirado.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: Absolutamente, pero en todos los niveles, en todos los estratos de la sociedad, incluidos los intelectuales, y eso es asombroso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Y con B&aacute;rcenas, &iquest;pasa igual? &iquest;Te gustar&iacute;a trincar como B&aacute;rcenas?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: No, no, es que claro, el p&iacute;caro deja de ser un h&eacute;roe cuando lo trincan. Si te lo llevas crudo y nadie se entera, eres un genio, pero en cuanto te trincan, entonces ya se acab&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Y la picaresca privada, o sea, enga&ntilde;ar a tu marido o a tu se&ntilde;ora, y mientras no se entere no pasa nada... &iquest;Ese tipo de cosas, tambi&eacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: (Risas). Yo creo que la hipocres&iacute;a es una gran virtud.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Vale, entendido (risas). &iquest;Como qu&eacute; escritora te ves? &iquest;Te ves as&iacute; como Marguerite Duras, Almudena Grandes...?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: No s&eacute; c&oacute;mo me veo pero s&eacute; c&oacute;mo me gustar&iacute;a verme. De todos los prototipos, me gustar&iacute;a ser Marguerite Yourcenar, puestos a pedir.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: No est&aacute; mal, carta a los Reyes Magos, ya sabes. &iquest;Y por qu&eacute;?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: Por muchas razones. Primero, porque tiene un origen parecido al m&iacute;o, o sea, un padre muy erudito que le ense&ntilde;&oacute; lat&iacute;n y griego, aunque en mi caso no llega a tanto, si bien mi padre hablaba lat&iacute;n y griego perfectamente, pero no me lo ense&ntilde;&oacute;, no lleg&oacute; a tanto lo m&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: A tanta crueldad.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: Educada en casa, nunca fue a la universidad, igual que yo. Y luego con una enorme curiosidad. Y otra cosa que me gusta de Marguerite Yourcenar, y que creo que de alguna manera me pasa a m&iacute; tambi&eacute;n, es que no es literatura femenina. O sea, si t&uacute; lees <em>Memorias de Adriano</em>, pod&iacute;a estar perfectamente escrito por un hombre, lo cual no es mejor ni peor, pero es que yo odio las etiquetas y adem&aacute;s no me gusta nada el oportunismo literario en ese sentido, no me gustan nada esas mujeres que hacen literatura de mujeres, para mujeres, sobre mujeres, sabiendo que eso te da un plus.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Hace poco entrevistamos a Francesca Serra, que es una cr&iacute;tica y ensayista literaria italiana, que vino a presentar un libro, Las chicas buenas no leen novelas, y habla de la pornolectora</strong><strong>, y el concepto que desarrolla es que la mujer es la que de alg&uacute;n modo y a partir del siglo XVIII empieza a consumir folletines, y el mercado la convierte en una consumidora compulsiva de literatura.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: Hoy en d&iacute;a lee las <em>Sombras de Grey</em>, obviamente (risas). Algo asombroso. O sea, que sesenta millones de personas, casi todas mujeres, hayan enloquecido por este libro, al margen de su calidad literaria, que es bastante reducida... &iquest;Vosotros lo hab&eacute;is le&iacute;do? Es que hay que leerlo, porque es tal el fen&oacute;meno... Cuando hay un fen&oacute;meno as&iacute; tan estratosf&eacute;rico, procuro leerlo a ver de qu&eacute; va. Es una novela rosa porque contiene todos los t&oacute;picos: &eacute;l es riqu&iacute;simo, guap&iacute;simo, alt&iacute;simo, tiene un avi&oacute;n, un Ferrari, no le falta detalle... Y luego tiene un peque&ntilde;o defecto y es que le gusta el sadomasoquismo, entonces hace firmar a esta ni&ntilde;a un contrato por el cual &eacute;l es el amo y ella la esclava, y ella no solamente tiene que hacer todo lo que &eacute;l pida desde el punto de vista sexual, sino que tiene que comer lo que &eacute;l dice, vestirse como &eacute;l dice... A m&iacute; me tiene at&oacute;nita que despu&eacute;s de todo este asunto de la liberaci&oacute;n de la mujer y que cuando un se&ntilde;or te abre la puerta t&uacute; le llamas machista porque qu&eacute; se ha cre&iacute;do, que no puedes abrir la puerta t&uacute; sola (risas)..., ahora resulta que enloquecen con el amo Grey. Es que es ins&oacute;lito, &iexcl;absolutamente ins&oacute;lito!
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Bueno, cu&eacute;ntanos un poco de tu nueva novela, 'El testigo invisible' &iquest;Por qu&eacute; una novela hist&oacute;rica?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: Bueno, es que a medida que uno va cumpliendo a&ntilde;os ya no es testigo de su tiempo, entonces que yo escriba una novela sobre lo que pasa en el mundo hoy d&iacute;a... Estoy ya en inferioridad de condiciones, no estoy en igualdad con una escritora que tenga veinte a&ntilde;os menos que yo. O sea, yo no soy ya testigo de mi tiempo. Entonces irte a otra &eacute;poca es un sistema muy bueno para seguir publicando sin problemas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Entonces, &iquest;t&uacute; crees que un per&iacute;odo hist&oacute;rico lo protagoniza la gente entre 25 y 40 a&ntilde;os, pongamos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: Hombre, lo que llaman los ingleses el <em>mainstream</em>, lo que es la sensibilidad... s&iacute; la determina ese tipo de gente. Entonces yo podr&iacute;a escribir una novela sobre amores a los 60, puesto que voy a cumplir 60.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: El amor en tiempos del c&oacute;lera...</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: S&iacute;, claro, pero ya lo hizo Garc&iacute;a M&aacute;rquez, mucho mejor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: S&iacute;, no lo hizo mal, &iquest;no? Bueno, &iquest;y no tienes problemas con la novela hist&oacute;rica como g&eacute;nero? &iquest;La historia es ficci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: Cuando escribo una novela, procuro ce&ntilde;irme lo m&aacute;ximo posible a los hechos. Me molesta much&iacute;simo esa gente que escribe novela hist&oacute;rica para falsearla. En la mayor&iacute;a de novelas hist&oacute;ricas que se escriben ahora resulta que en la &eacute;poca de los romanos todas las mujeres eran liberadas y feministas, y cosas por el estilo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>DK: Y Gengis Kan ten&iacute;a poca conciencia ecol&oacute;gica (risas). Pero para la Academia de Historia, Franco no era un dictador. Entonces, &iquest;qu&eacute; relaciones hay entre la historia y la ficci&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: Bueno, yo creo que la historia es una gran ficci&oacute;n. Y adem&aacute;s siempre la han contado los vencedores, con lo cual, contando por ah&iacute; ya es todo mentira. Pero sin hablar de la Historia con may&uacute;sculas, sino una recreaci&oacute;n de un per&iacute;odo hist&oacute;rico, la postura habitual es reinvent&aacute;rselo, yo no s&eacute; cu&aacute;ntas <em>Anastasias</em> habr&aacute;, ahora creo que hay una Olga que si est&aacute; viva tiene que tener 160 a&ntilde;os, no s&eacute; qu&eacute; ha hecho hasta ahora, francamente, por qu&eacute; ha guardado este secreto tanto tiempo. Entonces a m&iacute; eso siempre me ha llamado la atenci&oacute;n porque como lectora me parece una estafa, si quiero leer una novela, leo una novela, si quiero una novela con trasfondo hist&oacute;rico presupongo que lo que se dice ah&iacute; es verdad. Y despu&eacute;s, tambi&eacute;n, porque en este caso la historia real es tan potente que no hace falta inventarse nada.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: En la novela hay un v&iacute;nculo entre los de arriba y los de abajo, es un poco lo de Upstairs, downstairs, una corriente afectiva, una interrelaci&oacute;n. Da la sensaci&oacute;n de que la revoluci&oacute;n clasista que vino despu&eacute;s sobr&oacute;, interrumpi&oacute; esa buena relaci&oacute;n&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: (Risas). Cuando empec&eacute; esta novela ten&iacute;a muy claro que quer&iacute;a hacer una historia de arriba y abajo. Antes de empezarla ten&iacute;a pensado escribir una cosa que no ten&iacute;a nada que ver, una biograf&iacute;a de una disc&iacute;pula de Freud que se llamaba Mar&iacute;a Bonaparte, &iquest;hab&eacute;is o&iacute;do hablar de ella?
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: S&iacute;, &iquest;era teleclitoridiana?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: Exacto. Es tremendo, porque adem&aacute;s se oper&oacute; y no solucion&oacute; nada. Entonces yo quer&iacute;a escribir la biograf&iacute;a de este personaje, empec&eacute; a investigar, y me di cuenta de que la &uacute;nica relaci&oacute;n afectiva que esta mujer hab&iacute;a tenido en su vida antes de conocer a Freud hab&iacute;a sido con su tata, la persona que la hab&iacute;a criado. Y entonces, leyendo, resulta que Freud ten&iacute;a una cocinera famos&iacute;sima, Wittgenstein tambi&eacute;n ten&iacute;a una relaci&oacute;n muy cercana con el servicio... Y claro, en aquella &eacute;poca la gente de esa clase social ten&iacute;a como &uacute;nica relaci&oacute;n afectiva la que ten&iacute;a con sus criados porque los padres eran gente muy ausente, los ve&iacute;as un ratito, te daban un <em>cachetito</em> y te dec&iacute;an &ldquo;bueno nene, hasta ma&ntilde;ana, da un besito a tu pap&aacute;&rdquo;, y era la &uacute;nica relaci&oacute;n que ten&iacute;an con los padres. Entonces ellos, la gente a la que quer&iacute;an era a la tata, a la institutriz, etc. Leyendo sobre la familia Romanov descubr&iacute; este pinche de cocina que adem&aacute;s existi&oacute; y dije &ldquo;tate, &eacute;ste es el m&iacute;o, claro&rdquo;. Lo que se sab&iacute;a de este chico es que el d&iacute;a que van a matar a toda la familia, el verdugo le dice al ni&ntilde;o que se vaya, sab&iacute;a que no s&oacute;lo iba a matar a la familia sino a todo el servicio, pero como el ni&ntilde;o s&oacute;lo ten&iacute;a catorce a&ntilde;os pensar&iacute;an que para qu&eacute; matarlo a &eacute;l tambi&eacute;n. Luego se sabe que este personaje escribi&oacute; unas novelas que se han perdido, han desaparecido, y hay dos teor&iacute;as, o muri&oacute; en las purgas de Stalin o se fue a Sudam&eacute;rica, y entonces yo tom&eacute; esta segunda posibilidad, eso es lo &uacute;nico que me he inventado del libro, llev&aacute;ndolo a Uruguay.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Pero te lo has inventado en el sentido de rellenar un hueco, no de falsificar nada, de tergiversar...</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: No, claro. Yo quer&iacute;a hacer este juego tan viejo en el que cuando est&aacute; a punto de morir recuerda todo lo que ha vivido, que te permite una cierta flexibilidad y poner otra informaci&oacute;n que &eacute;l no necesariamente sab&iacute;a de primera mano, pero que como han pasado cien a&ntilde;os u ochenta o los que fueran, ha podido leer, y entonces rellenamos as&iacute; los huecos. Y lo llev&eacute; a Uruguay porque en el departamento de R&iacute;o Negro, al norte del pa&iacute;s, hay un pueblo que es todo de rusos que llegaron ah&iacute; despu&eacute;s de la Revoluci&oacute;n, y hasta el d&iacute;a de hoy mantienen las costumbres, hablan ruso, las casas son todas de mandera, pintaditas, parece que est&aacute;s en la estepa y est&aacute;s en plena Sudam&eacute;rica. Y adem&aacute;s, en Uruguay mis padres por ejemplo eran amigos de unos pr&iacute;ncipes K&oacute;rsakov que hab&iacute;an llegado all&iacute; despu&eacute;s de la revoluci&oacute;n, y hay un Yusupov que vive en Uruguay, de &eacute;l o&iacute; hablar hace poco. Pero bueno, que muchos rusos se fueron para all&aacute;, igual que a Argentina.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Hay alg&uacute;n premio que rechazar&iacute;as ahora que est&aacute; tan de moda? Ahora con lo de Mar&iacute;as, la presi&oacute;n sobre Mu&ntilde;oz Molina... &iquest;Cu&aacute;l te gustar&iacute;a rechazar?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: El impulsor de eso fue Sartre, entonces queda muy bien rechazar el Nobel, queda divinamente...
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Rechaz&oacute; el premio, pero no la pasta...</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>CP</strong>: Ah, no me digas, &iquest;de verdad? No puede ser, &iquest;tuvo ese rostro? Qu&eacute; t&iacute;o. Rechazar premios es casi mejor que ganarlos. Qu&eacute; b&aacute;rbaro, pero ya te digo, yo no soy rebelde...
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[DK]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/picaro-deja-heroe-trincan-claudicacion-carmen-posadas_1_5585185.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 Feb 2013 12:58:32 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA["El pícaro deja de ser un héroe cuando lo trincan"]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["La izquierda ha claudicado"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/maj-sjowall-izquierda-claudicado_1_5585053.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">La escritora sueca cuenta cómo escribió junto a Per Wahlöö las diez novelas que revolucionaron el género negro en Europa.</p></div><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
         Maj Sj&ouml;wall (Estocolmo, 1935) junto a su compa&ntilde;ero Per Wah&ouml;&ouml; (Gotemburgo, 1926 &ndash; Estocolmo, 1975) ha escrito una obra &uacute;nica que revolucion&oacute; el g&eacute;nero negro europeo. Diez novelas en las que a trav&eacute;s de un personaje, el inspector de polic&iacute;a Martin Beck, se puede asistir al derrumbe del sue&ntilde;o socialdem&oacute;crata, a la claudicaci&oacute;n de una izquierda posible que a&uacute;n despierta en muchos la sensaci&oacute;n de para&iacute;so perdido. Sj&ouml;wall ha estado en Barcelona para recibir el Premio Pepe Carvalho que otorga BCNegra y presentar la traducci&oacute;n al espa&ntilde;ol de <em>Los Terroristas</em>, la novela que cierra el ciclo de Martin Beck.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Diario Kafka</strong>: <strong>El inspector Martin Beck es un hombre solitario al que no le gustan las armas, est&aacute; en una actitud reflexiva permanente, le interesan m&aacute;s las calles que los despachos. Se parece m&aacute;s a un periodista que a un polic&iacute;a, &iquest;usted est&aacute; de acuerdo con esto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Maj Sj&ouml;wall</strong>: No. &Eacute;l es un funcionario, no es un polic&iacute;a en realidad, no es un polic&iacute;a de vocaci&oacute;n, pero de joven empez&oacute; a trabajar para la Polic&iacute;a porque todos los j&oacute;venes ten&iacute;an que hacer el servicio militar, y &eacute;l no quer&iacute;a usar armas ni ir a la guerra, porque era joven durante la Segunda Guerra Mundial. Si trabajabas como polic&iacute;a evitabas ir al Ej&eacute;rcito. Pero hay tres comisar&iacute;as de polic&iacute;a de Estocolmo que pensaban que eran el modelo en el que nos inspiramos para Martin Beck. As&iacute; que desde mi punto de vista, era muy realista como modelo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK:</strong><strong> El</strong> <strong>g&eacute;nero negro descansa en la trilog&iacute;a de Chandler, Hammett y Macdonald. Una de las diferencias entre ellos puede ser que en el caso de Chandler, Philip Marlowe est&aacute; delante, y el paisaje detr&aacute;s. En Hammett es lo contraio, como en Poisonville, </strong><em>Poisonville</em><strong>porque puedes ver la ciudad y  el detective se mueve en ella.  Tal vez Macdonald los mezcla a ambos. Yo creo que usted y Per Wahl&ouml;&ouml; trabajaron en esta l&iacute;nea. &iquest;Est&aacute; de acuerdo? Porque no vemos a Beck, vemos a Suecia e incluso</strong><strong>,</strong><strong> al mundo, todo junto.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>MS</strong>: S&iacute;, me parece que es as&iacute; y adem&aacute;s se hizo a prop&oacute;sito. Nosotros quer&iacute;amos mirar a la sociedad a trav&eacute;s de los ojos de Martin Beck y de sus compa&ntilde;eros. Los tres que ha mencionado, Chandler, Hammett y Macdonald, son mis favoritos, desde luego.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK</strong>: <strong>Aqu&iacute; y ahora, en Espa&ntilde;a, cuando se habla del socialismo sueco es como un sue&ntilde;o, como la era dorada. Pero cuando leemos sus libros estamos en el umbral del infierno.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>MS</strong>: No es el infierno, pero desde luego no es el pa&iacute;s socialista id&iacute;lico tampoco. Era otra &eacute;poca cuando Suecia era un estado socialdem&oacute;crata, en los a&ntilde;os treinta, en los a&ntilde;os cuarenta; es pasado.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: </strong><strong>He </strong><strong>le&iacute;do en algunas declaraciones suyas que lo que sus libros denuncian de alg&uacute;n modo es la traici&oacute;n de la socialdemocracia a la clase trabajadora.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>MS</strong>: Efectivamente. Nos dimos cuenta de que eso es lo que estaba ocurriendo durante los a&ntilde;os sesenta. Cada vez se derechizaba m&aacute;s la socialdemocracia hasta el d&iacute;a de hoy. Ahora tenemos un r&eacute;gimen burgu&eacute;s y los socialdem&oacute;cratas intentan recuperar el poder pero los dos partidos, el de derechas y el de izquierdas, son casi id&eacute;nticos, son como si fueran uno, pr&aacute;cticamente.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>DK</strong>: <strong>&iquest;La izquierda ha claudicado?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>MS</strong>: S&iacute;. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK</strong>: <strong>En casi todos los pa&iacute;ses...</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>MS</strong>: S&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK</strong>: <strong>Me gustar&iacute;a leer un breve fragmento de la novela El asesino de polic&iacute;as: </strong><em> El asesino de polic&iacute;as: </em><strong>&ldquo;&#65279;Estado de derecho.&#65279; La expresi&oacute;n estaba desde hac&iacute;a tiempo tan corrompida que muchos suecos no osaban pronunciarla, y otros se echaban a re&iacute;r cuando la mencionaba en serio. Ciertamente existi&oacute; una ley, pero la evoluci&oacute;n de los &uacute;ltimos a&ntilde;os hab&iacute;a demostrado que esa ley pod&iacute;a subvertirse a conveniencia por las autoridades y el r&eacute;gimen. Los que estaban en el medio eran, como de costumbre, los ciudadanos.&rdquo; Esto fue escrito hace treinta a&ntilde;os pero es como leer en estos textos lo que est&aacute; pasando ahora. &iquest;Es consciente de la actualidad de estos libros?</strong><em>&ldquo;&#65279;Estado de derecho</em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>MS</strong>: No, no realmente, porque ya no los leo... (risas).
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK</strong><strong>: Cuando usted y Wahl&ouml;&ouml; escribieron estos libros, en esa &eacute;poca</strong><strong>, los lectores pod&iacute;an ver cierta en luz en los claroscuros del backstage </strong><em>backstage </em><strong>pol&iacute;tico y social. Pero ahora, en este momento, da la sensaci&oacute;n de que la gente tiene m&aacute;s consciencia. Todos sabemos todo. Entonces, &iquest;qui&eacute;n est&aacute; escribiendo algo que no vemos? </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>MS</strong>: Creo que nosotros vimos mucho a trav&eacute;s de nuestro trabajo como periodistas. Per a veces hab&iacute;a trabajado como reportero en temas de sucesos, de cr&iacute;menes, y ambos &iacute;bamos a los tribunales como miembros de jurado en nombre de nuestro partido, el Partido Comunista. En el Partido Comunista no ten&iacute;amos polic&iacute;as, sino que ten&iacute;amos abogados y m&eacute;dicos, as&iacute; que lo que nosotros ve&iacute;amos y o&iacute;amos eran los temas sobre los que luego escrib&iacute;amos. Escrib&iacute;amos sobre lo que ve&iacute;amos. Las fuerzas de polic&iacute;a eran una organizaci&oacute;n muy cerrada, resultaba muy dif&iacute;cil a los periodistas escribir sobre su trabajo, as&iacute; que cuando quer&iacute;amos escribir sobre c&oacute;mo trabajaban los polic&iacute;as, sus m&eacute;todos, resultaba muy complejo. Pero ten&iacute;amos un amigo polic&iacute;a que nos ayud&oacute;, nos ayud&oacute; mucho, porque en la &eacute;poca en que nosotros est&aacute;bamos escribiendo nuestros libros, la polic&iacute;a estaba organiz&aacute;ndose de un modo distinto a como lo hac&iacute;a hasta entonces. Cerraron todas las comisar&iacute;as peque&ntilde;as y en todas las ciudades hab&iacute;a un edificio horroroso que era la Central de la Polic&iacute;a. Se produjo una centralizaci&oacute;n en el cuerpo policial y esto empez&oacute; cuando nosotros hab&iacute;amos escrito el primer o segundo libro. Luego la cosa a&uacute;n result&oacute; m&aacute;s dif&iacute;cil, conseguir informaci&oacute;n. As&iacute; que muchas de las cosas las adivin&aacute;bamos.
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        <strong>DK</strong>: <strong>Menciona el Partido Comunista, luego lo abandon&oacute;, &iquest;es cierto?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>MS</strong>: S&iacute;. Yo no soy una persona del partido, y el l&iacute;der de nuestro Partido Comunista era una persona bastante nueva, un intelectual, y quer&iacute;a m&aacute;s sangre fresca en el partido. Empezamos nosotros, y junto con otros comenzamos a publicar una revista semanal, que era mucho m&aacute;s moderna que los peri&oacute;dicos cotidianos. En esa &eacute;poca entr&eacute; en el Partido, pero cuando se produjo la Primavera de Praga sal&iacute; del Partido Comunista.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK</strong>: <strong>&iquest;Qu&eacute; es hoy el comunismo en Suecia?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>MS</strong>: No existe. Tenemos un partido de izquierdas, que es al que yo voto, pero no es muy socialista que digamos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK</strong>: <strong>&iquest;Cree que tambi&eacute;n han claudicado?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>MS</strong>: S&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK</strong>: <strong>O sea, que el Partido Comunista desapareci&oacute; y la izquierda claudic&oacute;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>MS</strong>: No desapareci&oacute;, pero con el tiempo fue cambiado de nombre: pas&oacute; de ser Comunista a ser el Partido de Izquierdas, luego el Partido Socialista y ahora se llama La Izquierda.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK</strong>: <strong>Un proceso similar al de Italia, porque en Espa&ntilde;a y Francia a&uacute;n existe el Partido Comunista.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>MS</strong>: S&iacute;, exacto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK</strong>: <strong>El gran hecho que conmueve en su d&iacute;a a Europa es el magnicidio, el asesinato de Olof Palme. &iquest;Este podr&iacute;a haber sido el libro que no escribieron, el libro once?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>MS</strong>: S&iacute;, desde luego, pero nosotros en el d&eacute;cimo libro ya hab&iacute;amos matado al Primer Ministro, de otra manera (risas). El nuestro no fue un asesinato pol&iacute;tico, pero en realidad yo creo que s&iacute; lo fue.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK</strong>:<strong> Este caso, el de Palme, habr&iacute;a sido ideal para Martin Beck.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>MS</strong>: Lo hubiera resuelto, s&iacute;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>DK</strong>: <strong>Hay muchas sombras detr&aacute;s de esto.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>MS</strong>: S&iacute;, y creo que la polic&iacute;a o hizo un trabajo muy mediocre o es que no quer&iacute;an resolverlo. Siguen investigando y la &uacute;ltima noticia, justo antes de que yo me fuera de Suecia, fue que se public&oacute; en los peri&oacute;dicos que hay un testigo que le dijo a la polic&iacute;a que vio al asesino hablando con Palme antes de que le disparara, y este testigo ha estado desaparecido durante todos estos a&ntilde;os y ahora ha aparecido de repente. Ya exist&iacute;a en las investigaciones y los interrogatorios del momento, sin embargo lo quitaron de en medio. Es muy interesante&hellip;
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;C&oacute;mo trabajaba con su compa&ntilde;ero, cu&aacute;l era el m&eacute;todo?  Porque no es muy usual un trabajo literario a cuatro manos, &iquest;no?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>MS</strong>: S&iacute;, desde luego, es poco habitual. Escribir, en general, es un trabajo solitario. Sin embargo, desde el principio nosotros decidimos que quer&iacute;amos hacer este proyecto juntos, as&iacute; que, hablando, desarroll&aacute;bamos juntos los argumentos, la trama. Hac&iacute;amos la investigaci&oacute;n y escrib&iacute;amos un esbozo de los treinta cap&iacute;tulos, unas cuantas l&iacute;neas para cada uno de ellos para organizar un poco el esqueleto del libro. Luego nos sent&aacute;bamos en la misma mesa y empez&aacute;bamos a escribir a mano. Yo cog&iacute;a un cap&iacute;tulo, &eacute;l cog&iacute;a otro y luego por la ma&ntilde;ana yo pasaba a m&aacute;quina lo que hab&iacute;a escrito &eacute;l y &eacute;l pasaba a m&aacute;quina lo que hab&iacute;a escrito yo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Ninguno conoc&iacute;a lo que hab&iacute;a escritor el otro.</strong>
    </p><p class="article-text">
        MS: Exacto. Era una manera de trabajar muy agradable porque cuando te sentabas con tu cap&iacute;tulo, solo ten&iacute;as unas cuantas l&iacute;neas que dec&iacute;an, no s&eacute;, por ejemplo &ldquo;Martin Beck est&aacute; en casa, va a la comisar&iacute;a de polic&iacute;a y le comunican que ha habido un asesinato&rdquo;. Y luego ten&iacute;as que ponerle toda la chicha al esqueleto. Era divertido porque no habl&aacute;bamos mientras escrib&iacute;amos, as&iacute; que a la ma&ntilde;ana siguiente, cuando yo recib&iacute;a su texto, era nuevo para m&iacute;. Era una manera muy interesante de trabajar, la verdad.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK</strong>:<strong> Y cuando estaban escribiendo, &iquest;solamente hac&iacute;an esa actividad o la compatibilizaban con otros trabajos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>MS</strong>: Dejamos de trabajar cuando naci&oacute; nuestro primer hijo. Per continu&oacute; trabajando como<em> freelance </em>y yo era traductora. Tambi&eacute;n escribimos unos cuantos guiones para pel&iacute;culas, bastante malillos (risas). Pero creo que por &uacute;ltimo, cuando se tradujo al alem&aacute;n el primer libro, conseguimos ya empezar a mantenernos con el trabajo como<em> freelance </em>y adem&aacute;s Per tambi&eacute;n iba escribiendo sus propios libros, separados de todo esto.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK</strong>:<strong> &iquest;Qu&eacute; libros escribi&oacute; Per fuera de esta serie?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>MS</strong>: Hay dos de ellos, interesantes, que han sido traducidos al ingl&eacute;s. Uno se titula<em> The Wind and the Rain</em>, es muy breve y ocurre en Mallorca o en Menorca. Es sobre un antiguo nazi que conoce a una chica jud&iacute;a en Espa&ntilde;a y se enamoran. Y luego escribi&oacute; una novela titulada <em>The Lorry</em>, tambi&eacute;n ocurr&iacute;a en Espa&ntilde;a y trataba sobre guerrillas, sobre la resistencia contra Franco. Per hab&iacute;a vivido m&aacute;s o menos un a&ntilde;o en Espa&ntilde;a, y cuando fue a la Guardia Civil a renovar el permiso de residencia le mandaron para casa, no se lo dieron. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[DK]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/maj-sjowall-izquierda-claudicado_1_5585053.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 14 Feb 2013 11:39:38 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA["La izquierda ha claudicado"]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El día que Benedicto XVI hizo un retweet a Julia Otero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/benedicto-xvi-retweet-julia-otero_1_5583929.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        La renuncia del Papa llega en un semana curiosa. Una semana en la que se hace o&iacute;r el clamor de la ILP (Iniciativa Legislativa Popular) mientras el Congreso se cierra a cal y canto, como en un c&oacute;nclave vaticano, para escuchar a Mario Draghi, en la que el presidente Rajoy comparece (en su tercera acepci&oacute;n, como quien se planta frente a un tribunal) ante el director de <em>The Economist</em> para afirmar que no ha cumplido con sus promesas pero s&iacute; con su deber, la semana en que Jes&uacute;s Sep&uacute;lveda se queda sin trabajo, Ana Mato sigue en su sitio y Rubalcaba contin&uacute;a esperando a Godot, en esta semana, Benedicto XVI hace mutis por el foro y nos deja en manos de Dios.
    </p><p class="article-text">
        El Papa claudica.
    </p><p class="article-text">
        En su pel&iacute;cula <em>Habemus Papam</em>, Nanni Moretti &ndash;que no es profeta ni ostenta visi&oacute;n divina alguna&ndash; adelant&oacute; la cuesti&oacute;n. All&iacute; vemos que despu&eacute;s de aceptar el cargo, el cardenal que ha sido elegido Papa titubea sobre su deseo de asumir la investidura papal, originando toda una serie de desprop&oacute;sitos en el protocolo del Vaticano. Moretti utiliza esta trama para interrogar y desacralizar a la burocracia vaticana y recurre a un instrumento clave: el psicoan&aacute;lisis. El Papa se comienza a interrogar a s&iacute; mismo acerca de sus anhelos, sus frustraciones, su vocaci&oacute;n, al tiempo que se infantiliza al resto de los cardenales, colocando a la Iglesia entre la duda y la vulnerabilidad. Michel Piccoli, quien interpreta al Papa fallido, se va adentrando en una introspecci&oacute;n y alej&aacute;ndose cada vez m&aacute;s del cargo hasta, finalmente, hacer crisis cuando sale al balc&oacute;n del Palacio del Vaticano para saludar a la feligres&iacute;a y renunciar a su cargo. El nombre del cardenal que interpreta Michel Piccoli en <em>Habemus Papam</em> es Melville, un gui&ntilde;o de Moretti al autor de <em>Bartleby, el escribiente,</em> quien ante cada tarea u orden que recib&iacute;a contestaba indefectiblemente: &ldquo;Prefer&iacute;a no hacerlo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuando un pol&iacute;tico &ldquo;prefiere no hacerlo&rdquo;, claudica y llega Mario Monti que s&iacute; sabe c&oacute;mo se maneja esta empresa, o se cierra el Congreso sin luz ni taqu&iacute;grafos &ndash;ni se&ntilde;al de m&oacute;vil&ndash; para que susurre Mario Draghi.
    </p><p class="article-text">
        A todas estas claudicaciones se impone una con especial cuidado: la claudicaci&oacute;n del ciudadano, con la que se pretende una adaptaci&oacute;n pl&aacute;stica o l&iacute;quida de &eacute;ste a la realidad. Esto significa desprenderse de la identidad propia y emprender aquello, sea lo que sea, que la realidad ponga en nuestro destino. Es lo que conocemos como la figura del emprendedor. Alguien que finalmente se resigna a no insistir en su proyecto para adaptarse a lo que sea, o para crear (en el caso de que pueda) su propia realidad (esa realidad que invoca Rajoy a la hora de aplicar una reforma aunque &ldquo;preferir&iacute;a no hacerlo&rdquo;). El emprendedor no necesita a Dios. Es un Dios, seg&uacute;n la descripci&oacute;n oficial.
    </p><p class="article-text">
        El fil&oacute;sofo Zygmunt Bauman dice que Dios es un hecho social que no se puede negar por la sencilla raz&oacute;n de que surge sin que haya sido convocado, puesto que nace de la incertidumbre humana, y eso implica que existir&aacute; siempre o al menos hasta que se extinga la especie, ni un segundo antes. Pero la forja del nuevo individualismo implica tambi&eacute;n la creaci&oacute;n de un &ldquo;Dios personal&rdquo;, un nuevo dios que, en palabras de Bauman, &ldquo;se hace uno a medida, como de bricolaje&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Vivimos en un tiempo en el que todo sufre un desplazamiento veloz y voraz: el pa&iacute;s se convierte en una marca, los pol&iacute;ticos mutan en tecn&oacute;cratas, los ciudadanos en poseedores de papeles burs&aacute;tiles sin valor, los parados en emprendedores. Nada mantiene su solidez original, todo est&aacute; en un permanente deshielo y la mancha que extiende refleja nuevas (dis)funciones.
    </p><p class="article-text">
        Darwin sosten&iacute;a que ante el cambio no resisten ni los m&aacute;s inteligentes ni los m&aacute;s fuertes, solo quienes son capaces de adaptarse. El banco Sabadell, por ejemplo, atento a esta circunstancia, lanza, a modo de servicio social, una serie de entrevistas que modera Julia Otero. Esta semana quienes opinan sobre la cuesti&oacute;n son Luis Figo y Luis Enrique.
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            </figure><p class="article-text">
        Es curioso: un banco ocupa el rol de un medio, convocando a una periodista y a dos figuras del deporte como l&iacute;deres de opini&oacute;n, un el papel que antes se hubiera adjudicado a un intelectual (otra especie en claudicaci&oacute;n).
    </p><p class="article-text">
        Benedicto XVI ha tirado la toalla y el Vaticano ha dejado claro que no es por falta de salud sino por carecer de la fuerza suficiente para ejercer su rol. Claudica. Razones no le faltan. Se aventura que se recoger&aacute; en un monasterio para meditar y rezar. Puede que tambi&eacute;n lea la prensa y que mantenga su cuenta en <em>Twitter</em>.  Con lo cual, por qu&eacute; no, es posible que se tope con la entrevista a los deportistas y le haga un <em>retweet</em>. Al fin y al cabo, son ellos quienes ahora predican desde el p&uacute;lpito.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Roig]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/benedicto-xvi-retweet-julia-otero_1_5583929.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 Feb 2013 12:40:21 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El día que Benedicto XVI hizo un retweet a Julia Otero]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La videomaquia nos hará (más) libres]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/videomaquia-hara-libres_1_5584014.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
         En una de mis escenas favoritas de <em>Vivir en Sevilla</em> (1978) de Gonzalo Garc&iacute;a Pelayo, el heterog&eacute;neo grupo protagonista se acercaba a las inmediaciones del Palmar de Troya en un gesto de saludable insolencia. Los personajes de <em>Vivir en Sevilla</em> ve&iacute;an en ese reducto alucinado un espacio de posible complicidad con su propio extra&ntilde;amiento (contracultural) del rostro visible (oficial) de la ciudad. En otro momento de la pel&iacute;cula, los personajes recorr&iacute;an las calles sevillanas, rememorando el lugar donde un joven de su c&iacute;rculo muri&oacute; abatido por la polic&iacute;a. Con su libre mezcla de documental, film-ensayo, comedia sentimental, deriva psico-geogr&aacute;fica, costumbrismo &aacute;crata y hedonista y muchas cosas m&aacute;s, <em>Vivir en Sevilla</em> fue una pel&iacute;cula tan adelantada a su tiempo que, inevitablemente, estaba condenada a encontrar a sus interlocutores ideales mucho m&aacute;s tarde: en concreto, en aquellos espectadores que la han descubierto en el marco de las reiteradas reivindicaciones del cine de los hermanos Garc&iacute;a Pelayo que se han convocado esta temporada. Un instante de <em>Vivir en Sevilla</em> emerge en el c&oacute;ctel de im&aacute;genes que maneja una de las pel&iacute;culas m&aacute;s interesantes que este articulista ha podido ver esta semana. La pel&iacute;cula se titula <em>S&eacute; villana. La Sevilla del Diablo</em> y es obra de Mar&iacute;a Ca&ntilde;as, una creadora audiovisual que merece dejar de ser uno de los secretos mejor guardados del cine invisible aut&oacute;ctono.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, usted, lector, lo tiene m&aacute;s f&aacute;cil que nunca para conocer de primera mano la obra ya respetable y cada vez m&aacute;s feroz de esta sevillana que dice practicar la videomaquia (o cinefagia militante): la alquimia de im&aacute;genes ajenas para desarticular t&oacute;picos, lugares comunes e inercias de representaci&oacute;n, el arte de la cocteler&iacute;a activista con metraje encontrado para elaborar piezas de explosivo, primer impacto y retrogusto de irreprochable pureza punk. La p&aacute;gina web <a href="http://www.margenes.org/index.php/muestras-y-estrenos/titulares/117-mar%C3%ADa-ca%C3%B1as.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">M&aacute;rgenes.org</a>, consagrada a la difusi&oacute;n <em>online</em> del cine espa&ntilde;ol de esquiva taxonom&iacute;a en t&eacute;rminos de mercado, ha dedicado un peque&ntilde;o ciclo a la artista bajo el elocuente t&iacute;tulo de <em>El ojete po&eacute;tico (Una aproximaci&oacute;n a la videomaquia lun&aacute;tica de Mar&iacute;a Ca&ntilde;as (2005-2012)</em>, compuesto por doce piezas. En el &uacute;ltimo n&uacute;mero de la revista <em>Caim&aacute;n. Cuadernos de Cine</em>, Alicia Albadalejo propon&iacute;a, en una selecci&oacute;n de los mejores cortos de 2012, uno de los anteriores trabajos de la artista: <em>Fuera de serie</em>, pieza realizada para la exposici&oacute;n <em>Ficciones en serie</em> del festival SOS 4.8, donde la sevillana reciclaba el imaginario televisivo como zona de guerra entre lenguajes del poder y peque&ntilde;as resistencias.
    </p><p class="article-text">
        En su web, M&aacute;rgenes.org se autodefine como &ldquo;un espacio que ofrece al gran p&uacute;blico la posibilidad de acceder a pel&iacute;culas espa&ntilde;olas de calidad surgidas en la periferia de la industria cinematogr&aacute;fica convencional o de marcado car&aacute;cter autoral. Una pantalla <em>online</em> dedicada a difundir la parte m&aacute;s inquieta, atractiva y desconocida de la creaci&oacute;n audiovisual espa&ntilde;ola actual. Una herramienta de exhibici&oacute;n, observaci&oacute;n, y promoci&oacute;n especializada en cine espa&ntilde;ol independiente y de calidad&rdquo;. Dentro de unos d&iacute;as, en el marco del festival Punto de Vista, tendr&aacute; su puesta de largo PLAT, otra plataforma <em>online </em>dispuesta a dar visibilidad a las propuestas m&aacute;s experimentales de la creaci&oacute;n audiovisual espa&ntilde;ola de &uacute;ltima hora. M&aacute;rgenes y PLAT son dos gratos s&iacute;ntomas de un mismo cambio: hay vida m&aacute;s all&aacute; de <em>Lo imposible</em> y <em>Tengo ganas de ti</em>, &eacute;xitos de taquilla incontestables del reciente cine espa&ntilde;ol, y, tambi&eacute;n, hay mucho cine espa&ntilde;ol (o muchas mutaciones posibles a partir de su cuerpo central) que atender m&aacute;s all&aacute; de los radares acad&eacute;micos del Goya.
    </p><p class="article-text">
        <em>S&eacute; villana. La Sevilla del Diablo</em>, trabajo que realiz&oacute; Mar&iacute;a Ca&ntilde;as en el laboratorio <em>Sobre Leviat&aacute;n (detener el tren de la historia)</em>, enmarcado en las <em>Jornadas sobre Capital y Territorio III (de la naturaleza de la econom&iacute;a pol&iacute;tica... y de los comunes)</em> del programa Arte y Pensamiento de la Universidad Internacional de Andaluc&iacute;a, no es exactamente v&iacute;deo-arte, ni un film-ensayo, pero su condici&oacute;n de descendiente apocal&iacute;ptica del <em>Vivir en Sevilla</em> de Gonzalo Garc&iacute;a Pelayo parece evidente. <em>S&eacute; villana</em> es un trabajo de 40 minutos en el que Mar&iacute;a Ca&ntilde;as combina im&aacute;genes y voces para reivindicar una Sevilla que no es la que sac&oacute; pecho en la Expo&rsquo;92, ni la que conforma ese rostro visible de la Semana Santa y la Feria de Abril que ha pasado sin tensiones del blanco y negro del No-Do a los colores t&oacute;xicos de las pantallas planas en alta definici&oacute;n. En su repertorio de im&aacute;genes, Ca&ntilde;as tambi&eacute;n reivindica las zonas de marginalidad como un territorio de cuestionamiento de los discursos oficiales. &ldquo;<em>S&eacute; villana (La Sevilla del Diablo)</em> es un homenaje a la humanidad m&aacute;s <em>aperre&aacute;</em>. Es un muestrario sobre la industria de los fanatismos y un homenaje a la fuerza de los d&eacute;biles, perros verdes, poetas, exiliados, locos, prostitutas&hellip; A la sabidur&iacute;a y creaci&oacute;n popular. Al pueblo no s&oacute;lo como cantera de materiales folcl&oacute;ricos, sino como aut&eacute;ntico protagonista de la historia y que tiene el poder de detener el tren de la historia&rdquo;, afirma la artista. En sus im&aacute;genes confluyen ni&ntilde;os disfrazados de paso de Semana Santa, chabolismos pertinaces, infantes carpetovet&oacute;nicos haciendo cucamonas sacrosantas ante la mirada de Juan y Medio, Mel Brooks, Dom DeLuise y Marty Feldman encarnando a unos flamencos de pega en <em>La &uacute;ltima locura</em> (1976), &eacute;mulos de Michael Jackson transformados en declinaciones inesperadas de Camar&oacute;n de la Isla, una escultura de la Duquesa de Alba con antifaz rojo de villana de follet&iacute;n, prostitutas conscientes de que su energ&iacute;a puede transformarse y desplazarse pero nunca destruirse, Farruquito y marchas de procesi&oacute;n con arrogante esp&iacute;ritu AOR&hellip; Mar&iacute;a Ca&ntilde;as no propone un viaje por el lado salvaje de Sevilla, sino algo muy parecido a lo que hac&iacute;an los personajes de Garc&iacute;a Pelayo: una deriva cargada de intenci&oacute;n, que desvela la ciudad invisible bajo la visible y reivindica el tejido urbano como un milhojas de discursos impuestos en cuya base palpita esa vida terrible e indomable que, siempre, acabar&aacute; abri&eacute;ndose paso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jordi Costa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/videomaquia-hara-libres_1_5584014.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 Feb 2013 12:23:08 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La videomaquia nos hará (más) libres]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El dandi que claudicó con elegancia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/claudicacion/dandi-claudico-elegancia_1_5582751.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Quiz&aacute;s hubiera que desdramatizar la claudicaci&oacute;n. A lo largo de la vida hay proyectos que se quedan por el camino y esto tarde o temprano habr&aacute; que asumirlo sin aspavientos. Rendirse a la realidad a veces puede ser un s&iacute;ntoma de madurez, o de cordura. En la novela <em>El pr&iacute;ncipe negro</em>, de Iris Murdoch, dos personajes conversan:
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;Cree que es alguien muy especial y empieza a comprender que no tiene mucho talento.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&mdash;Eso suena a condici&oacute;n humana.</em>
    </p><p class="article-text">
        Resignarse a no ser tan extraordinario como uno cre&iacute;a: la claudicaci&oacute;n universal. Sin embargo, cuando no se trata de un proyecto personal sino del devenir de la humanidad, reconocer la impotencia es m&aacute;s dif&iacute;cil; al fin y al cabo, el ser humano ha tenido siglos por detr&aacute;s y tiene siglos por delante para arreglar las cosas, cuesta creer que no sea capaz de hacerlo. Y cuesta renunciar a esa ilusi&oacute;n. Por esta raz&oacute;n, cuando le&iacute; <em>Mendigos y orgullosos</em> de Albert Cossery confieso que me incomod&oacute; much&iacute;simo la manera en que niega de un plumazo toda esperanza de justicia social, ri&eacute;ndose incluso del intento infructuoso de algunos activistas en este sentido. Eso s&iacute; que era desdramatizar la claudicaci&oacute;n, pero madre m&iacute;a, &iexcl;a qu&eacute; precio! El escritor egipcio, que se vanagloriaba de escribir dos frases a la semana y despreciaba la riqueza de la misma manera que adoraba la elegancia (c&oacute;mo no tenerle simpat&iacute;a), da la vuelta a los valores tradicionales. En la novela (publicada en 2011 por la editorial Pepitas de calabaza), los personajes asumen la derrota con alegr&iacute;a. La suya es una claudicaci&oacute;n orgullosa, sin verg&uuml;enza. Claro que, como digo, lo hacen poniendo patas arriba la escala de valores a la que estamos acostumbrados en el mundo occidental. El impacto es tremendo y el esfuerzo por asimilar y resituar todo en su punto justo resulta complicad&iacute;simo para el lector (de acuerdo, para m&iacute;, no puedo generalizar). Algunos ejemplos:
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Se hace referencia al &ldquo;insignificante&rdquo; asesinato de una puta.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;El amigo del protagonista &mdash;ese secundario entra&ntilde;able que suele morir en las pel&iacute;culas de acci&oacute;n norteamericanas&mdash; es un traficante de drogas y un estafador.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;La dignidad del trabajador honrado no existe, es una farsa.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Se desprecia cualquier voluntad de mejorar el estado del ser humano.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Todas las mujeres buscan y provocan sexualmente a los hombres por un impulso que proviene de su naturaleza (no buscan dinero ni inter&eacute;s ninguno: incluso las prostitutas en horas de descanso parecen no poder contener sus ansias de sexo).
    </p><p class="article-text">
        &mdash;La capacidad para burlarse de todo se eleva a categor&iacute;a moral.
    </p><p class="article-text">
        El protagonista es un viejo intelectual fracasado que encuentra la paz en la extrema miseria y que, por supuesto, ha renunciado a la revoluci&oacute;n, a toda posibilidad de cambio. En contraposici&oacute;n, por la novela deambula un joven activista que busca indignados para sumar a su causa revolucionaria. Este militante, que se topa con la capacidad de alegr&iacute;a intensa y el humor inagotable de los mendigos, se preguntar&aacute; &ldquo;&iquest;D&oacute;nde estaba pues la desdicha? &iquest;Los estragos de la opresi&oacute;n?&rdquo;. El joven, &ldquo;sensible al dolor de las masas oprimidas del universo&rdquo;, terminar&aacute; por despreciarlos a todos: &ldquo;La revoluci&oacute;n no se har&iacute;a con aquella pobre ralea&rdquo;, &ldquo;A aquella gente le importaba todo un bledo porque no ten&iacute;an nada que perder&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La revoluci&oacute;n puede resultar imposible, de acuerdo, pero lo que produce desasosiego es la p&eacute;rdida incluso de la mera intenci&oacute;n de llevarla a cabo, la renuncia a luchar por la justicia. La claudicaci&oacute;n que m&aacute;s cuesta asumir es pues la de los valores. El dandi egipcio que viv&iacute;a en una modesta habitaci&oacute;n del Hotel Lausiane de Par&iacute;s da la vuelta a todo pensamiento pol&iacute;ticamente correcto.  
    </p><p class="article-text">
        En la red puede verse <a href="http://www.sophieleys.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Une vie dans la journ&eacute;e d&acute;Albert Cossery</a> (Le Grec, 2005), una pel&iacute;cula de Sophie Leys. Tambi&eacute;n alguien reuni&oacute; las im&aacute;genes del autor en un extracto mudo: <a href="http://vimeo.com/30900227" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Aqu&iacute;.</a>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Tanto en las palabras del novelista como en su actitud lo que menos se percibe es resignaci&oacute;n, su claudicaci&oacute;n es un rechazo contundente a la hipocres&iacute;a. En un momento del documental, el escritor observa que
    </p><p class="article-text">
        <em>En mis primeras novelas mis personajes tienen ideas revolucionarias. Pero poco a poco la revoluci&oacute;n deviene en burla. Yo siempre pens&eacute; que es grotesco tomar en serio a cualquier dirigente. No soy el &uacute;nico, puesto que hay cada vez m&aacute;s gente que no va a votar. &iquest;Por qu&eacute;? Porque piensan lo mismo que yo. Tal como se practica a d&iacute;a de hoy, esto no es una democracia. S&oacute;lo beneficia a los hijos de puta. Se pueden manipular las masas. Usted sabe que se manipula a la gente.</em>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es claudicar reconocer el horror? Porque a eso tambi&eacute;n puede llam&aacute;rsele realismo. Cossery, que parec&iacute;a un lord ingl&eacute;s, naci&oacute; en una familia muy humilde de El Cairo. Para &eacute;l, el solo hecho de estar vivo ya era una dignidad en s&iacute;. &ldquo;Estar vivo era suficiente para su felicidad&rdquo;, dice el narrador refiri&eacute;ndose a uno de sus personajes. Esas manos envejecidas que contin&uacute;an escribiendo, con la monta&ntilde;a de medicamentos al lado del cuaderno, son la pura imagen de que, a pesar de todo, en realidad Albert Cossery no claudic&oacute; nunca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Begoña Huertas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/claudicacion/dandi-claudico-elegancia_1_5582751.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Feb 2013 16:20:48 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El dandi que claudicó con elegancia]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Échale la culpa a la poesía]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/claudicacion/echale-culpa-poesia_1_5582727.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Claudicar quer&iacute;a decir cojear y, por extensi&oacute;n, hoy significa andar no muy derecho, es decir, ceder, rendirse, someterse.
    </p><p class="article-text">
        Hay quien piensa que la poes&iacute;a ha claudicado hace ya tanto tiempo que hoy no tiene remedio ni hay forma de enderezarla.
    </p><p class="article-text">
        Bertolt Brecht, por ejemplo, escribi&oacute; su <em>Lied des Lyriker</em>, su canci&oacute;n del poeta, en 1931 y, aunque es larga, merece la pena leerla entera (o bien no leerla en absoluto).
    </p><p class="article-text">
        El subt&iacute;tulo sit&uacute;a el poema <em>als schon im ersten Drittel des 20. Jahrhunderts f&uuml;r Gedichte nichts mehr gezahlt wurde</em>, es decir, cuando en el primer tercio del siglo XX no se pagaba ya nada por la poes&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Sigo (no sin algunos caprichos m&iacute;os, bastante veniales) la traducci&oacute;n de aquellos <em>Poemas y canciones</em>, de Alianza Editorial, obra de Jes&uacute;s L&oacute;pez Pacheco y Vicente Romano; un librito con portada en rojo, que transport&aacute;bamos antes los j&oacute;venes en el bolsillo de la trenca, por parques, cines, barras de bares y transbordos de metro.
    </p><p class="article-text">
        Dice as&iacute;:
    </p><p class="article-text">
        <em>1 Esto que vais a leer est&aacute; en verso. Lo digo porque acaso no sab&eacute;is ya lo que es un verso ni un poeta. La verdad, no os portasteis muy bien con nosotros.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>2 &iquest;No hab&eacute;is notado nada? &iquest;Nada ten&eacute;is que preguntar? &iquest;No observasteis que nadie publicaba ya versos? &iquest;Y sab&eacute;is la raz&oacute;n? Os la voy a decir: Antes, los versos se le&iacute;an y pagaban.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>3 Hoy nadie paga ya nada por la poes&iacute;a. Por eso hoy no se escribe. Los poetas preguntan: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n la lee?&rdquo; Mas tambi&eacute;n se preguntan: &ldquo;&iquest;Qui&eacute;n la paga?&rdquo; Si no se le paga, no escribe. A tal situaci&oacute;n los hab&eacute;is reducido.</em>
    </p><p class="article-text">
        Este estado de emergencia lo reconocemos ahora tanto como en 1931. Salvo chavales que llevan libros en el bolsillo, la poes&iacute;a no tiene inter&eacute;s para la mayor&iacute;a de los adultos y nadie est&aacute; dispuesto a pagar a cambio de poes&iacute;a. &iquest;C&oacute;mo se ha llegado hasta aqu&iacute;?
    </p><p class="article-text">
        <em>4 Pero &iquest;por qu&eacute;?, se pregunta el poeta. &iquest;Qu&eacute; falta he cometido? &iquest;No hice siempre lo que me exig&iacute;an los que me pagaban? &iquest;Acaso no he cumplido mis promesas? Y oigo decir a los que pintan cuadros</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>5 que ya no se compra ninguno. Y los cuadros tambi&eacute;n fueron siempre aduladores; hoy yacen en el desv&aacute;n... &iquest;Qu&eacute; ten&eacute;is contra nosotros? &iquest;Por qu&eacute; no quer&eacute;is pagar? Mientras leemos que os hac&eacute;is cada d&iacute;a m&aacute;s y m&aacute;s ricos...</em>
    </p><p class="article-text">
        La historia que nos cuenta Brecht es el pecado original de la poes&iacute;a (o del arte en general, ya que lo mismo sucede con la pintura, para no hablar del cine, por ejemplo en Espa&ntilde;a): la claudicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de que el poeta Fulano o la poetisa Zutana claudiquen, se dejen condecorar en Jerusal&eacute;n o en Estocolmo, reciban el premio Loewe o el Reina Sof&iacute;a, ni de que Perenganito, con corona de laurel, escriba ditirambos en verso para la toma de posesi&oacute;n del emperador Obama o de que el novelista Menganito compare a Esperanza Aguirre con Juana de Arco. Para Brecht es algo m&aacute;s grave: una enmienda a la totalidad. Es la poes&iacute;a la que siempre ha cedido y se ha sometido, al servicio de quienes la pagan. Es nuestra concepci&oacute;n del arte la que se arrastra cojeando, claudicante, a la sombra del poder.
    </p><p class="article-text">
        <em>6 &iquest;Acaso cuando ten&iacute;amos el est&oacute;mago lleno,  no os hemos cantado sobre todo lo que disfrutabais en la tierra? As&iacute; lo disfrutabais otra vez: la carne de vuestras mujeres, la melancol&iacute;a del oto&ntilde;o, el arroyo, sus aguas bajo la luna...</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>7 La dulzura de vuestras frutas. El rumor de la hoja al caer. De nuevo la carne de vuestras mujeres. Lo invisible por encima vosotros. Hasta el recuerdo del polvo en que os hab&eacute;is de transformar al final.</em>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Han hecho eso el arte y la poes&iacute;a? &iquest;Tanto han claudicado? &iquest;Han levantado un inventario de los bienes de los poderosos y se los han entregado, embellecidos, revestidos de cualidades espirituales, para que pudieran disfrutarlos a&uacute;n m&aacute;s a gusto? &iquest;Les han facilitado los poetas a quienes les pagaban la pac&iacute;fica posesi&oacute;n de lo material y de lo inmaterial, la carne y el esp&iacute;ritu; les han ofrecido un alma y unos sentimientos, <em>das Fleisch eurer Weiber</em> y <em>das Unsichtbare &uuml;ber euch</em>? &iquest;Han cobrado por eso durante siglos de andar cojeando, desde el buen caballero Garcilaso hasta su &uacute;ltimo escudero?
    </p><p class="article-text">
        <em>8 Pero no es s&oacute;lo esto lo que pagabais gustosos. Lo que escrib&iacute;amos sobre aquellos que no se sientan como vosotros en sillas de oro, tambi&eacute;n nos lo pagabais siempre. &iexcl;Cu&aacute;ntas l&aacute;grimas enjugamos!</em>
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que la poes&iacute;a tambi&eacute;n ha proporcionado alivio a la mala conciencia de los explotadores: les ha convencido de que ellos tambi&eacute;n tienen sus corazoncitos y hasta sensibilidad ante el dolor de los dem&aacute;s. En ese caso, &iquest;no tiene a&uacute;n m&aacute;s delito?
    </p><p class="article-text">
        <em>9 &iexcl;Cu&aacute;ntas veces consolamos a quienes vosotros her&iacute;ais! Mucho hemos trabajado para vosotros, jam&aacute;s nos negamos. Siempre nos sometimos. Lo m&aacute;s que dec&iacute;amos era  &ldquo;&iexcl;Pagadlo!&rdquo; &iexcl;Cu&aacute;ntos cr&iacute;menes hemos cometido as&iacute; por vosotros! &iexcl;Cu&aacute;ntos cr&iacute;menes! &iexcl;Y siempre nos conform&aacute;bamos con las sobras de vuestra comida!</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>10 Ay, ante vuestros carros hundidos en sangre y porquer&iacute;a nosotros siempre uncimos nuestras grandes palabras. A vuestro corral de matanzas le llamamos &ldquo;campo del honor&rdquo;, y &ldquo;hermanos de labios largos&rdquo; a vuestros ca&ntilde;ones.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>11 En los papeles que ped&iacute;an impuestos para vosotros hemos pintado los cuadros m&aacute;s maravillosos. Y declamando nuestros cantos ardientes siempre os volvieron a pagar los impuestos.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>12 Hemos estudiado y mezclado las palabras como drogas, aplicando tan s&oacute;lo las mejores, las m&aacute;s fuertes. Quienes las tomaron de nosotros, se las tragaron, y se entregaron a vuestras manos como corderos.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Wieviel Untat!</em> &iexcl;Cu&aacute;ntos cr&iacute;menes, cu&aacute;ntos delitos! &iquest;Es la poes&iacute;a, entonces, c&oacute;mplice del poder y sus cr&iacute;menes, auxiliar necesario para la explotaci&oacute;n? &iquest;Y todo a cambio tan s&oacute;lo de las sobras de la comida, todo pagado s&oacute;lo con el premio Cervantes, con unos canap&eacute;s, con la alfombra roja de los Goya?
    </p><p class="article-text">
        <em>13 A vosotros os hemos comparado s&oacute;lo con aquello que os plac&iacute;a. En general, con los que fueron tambi&eacute;n celebrados injustamente por quienes les calificaban de mecenas sin tener nada caliente en el est&oacute;mago. Y furiosamente perseguimos a vuestros enemigos con poes&iacute;as como pu&ntilde;ales.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>14 &iquest;Por qu&eacute;, de pronto, dej&aacute;is de visitar nuestros mercados? &iexcl;No tard&eacute;is tanto en comer! &iexcl;Se nos enfr&iacute;an las sobras! &iquest;Por qu&eacute; no nos hac&eacute;is m&aacute;s encargos? &iquest;Ni un cuadro? &iquest;Ni una loa siquiera? &iquest;Es que os cre&eacute;is agradables tal como sois?</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>15 &iexcl;Tened cuidado! &iexcl;No pod&eacute;is prescindir de nosotros! Ojal&aacute; supi&eacute;ramos c&oacute;mo atraer vuestra mirada hacia nosotros! Creednos, se&ntilde;ores: hoy ser&iacute;amos m&aacute;s baratos. Pero no podemos regalarles nuestros cuadros y versos.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>16 Cuando empec&eacute; a escribir esto que le&eacute;is &mdash;&iquest;lo est&aacute;is leyendo? me propuse que todos los versos rimaran. Pero el trabajo me parec&iacute;a excesivo, lo confieso a disgusto, y pens&eacute;: &iquest;Qui&eacute;n me lo pagar&aacute;? Decid&iacute; dejarlo.</em>
    </p><p class="article-text">
        La poes&iacute;a es culpable, como el cine o la pintura: ha claudicado y ahora &iquest;qu&eacute; puede hacer, salvo manifestarse gemebunda reclamando subvenciones en nombre de la cultura?
    </p><p class="article-text">
        Roma no paga traidores. El desenlace de la claudicaci&oacute;n, el resultado de ceder ante el poder, siempre es el mismo: cuando ya no te necesiten, te abandonar&aacute;n a tu suerte.
    </p><p class="article-text">
        Y entonces es demasiado tarde para amenazas vac&iacute;as. &iexcl;Tened cuidado!, dicen los poetas, pero nadie est&aacute; leyendo ya.
    </p><p class="article-text">
        La poes&iacute;a, la claudicaci&oacute;n del arte, es culpable de muchos cr&iacute;menes, pero sobre todo de su actual insignificancia tambi&eacute;n en este primer tercio del siglo XXI.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rafael Reig]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/claudicacion/echale-culpa-poesia_1_5582727.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 12 Feb 2013 10:53:39 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Échale la culpa a la poesía]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las ventajas de claudicar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/claudicacion/ventajas-claudicar_1_5582355.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Una de las claudicaciones m&aacute;s c&eacute;lebres de la historia de la literatura es la del famoso pregonero de Toledo L&aacute;zaro de Tormes, que para alcanzar su <em>respetable</em> &mdash;entre comillas&mdash; posici&oacute;n social no tuvo empacho en aceptar un acuerdo infame: que su mujer se acostara de vez en cuando con el cura de la parroquia de al lado.
    </p><p class="article-text">
        Da un poco de cosa resumir el argumento de este libro que todos hemos le&iacute;do mejor o peor en versi&oacute;n original sin subt&iacute;tulos, en versi&oacute;n infantil abreviada o incluso en versi&oacute;n cinematogr&aacute;fica.
    </p><p class="article-text">
        Pero, en fin, all&aacute; va.
    </p><p class="article-text">
        Lo primero que hay que decir es que el <em>Lazarillo de Tormes</em> no es un novela. El libro ha pasado a la historia de la literatura como la primera novela picaresca, pero cuando se public&oacute; por primera vez en 1554 ni hab&iacute;a novelas ni hab&iacute;a picaresca, un g&eacute;nero que se cre&oacute; mucho tiempo despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        El <em>Lazarillo de Tormes</em> es una carta, y sus primeros lectores debieron de entenderlo as&iacute;. La divisi&oacute;n en cap&iacute;tulos &mdash;en tratados&mdash; e incluso el t&iacute;tulo con el que ha pasado a la historia de la literatura &mdash;<em>La vida de Lazarillo Tormes, y de sus fortunas y adversidades</em>&mdash; fueron modificaciones de los impresores ajenas al autor.
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        El libro simula ser la respuesta a una carta previa; una carta escrita por alguien a quien s&oacute;lo conocemos por su tratamiento &mdash;Vuestra Merced&mdash;, y que le pide a L&aacute;zaro de Tormes, pregonero en la ciudad de Toledo, que escriba y relate <em>el caso</em>.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, sin m&aacute;s: <em>el caso</em>.
    </p><p class="article-text">
        L&aacute;zaro de Tormes se pone manos a la obra. Y como le parece que para explicar adecuadamente <em>el caso</em> es necesario remontarse al principio, empieza contando qui&eacute;n fue su padre, qui&eacute;n fue su madre, c&oacute;mo abandon&oacute; a su familia para servir a un ciego, c&oacute;mo abandon&oacute; al ciego para servir a un cl&eacute;rigo, c&oacute;mo dej&oacute; al cl&eacute;rigo para irse con un escudero, c&oacute;mo sustituy&oacute; al escudero por un fraile mercedario, y a este por un buldero, c&oacute;mo entr&oacute; a trabajar con un pintor de panderos, c&oacute;mo se hizo aguador y luego ayudante de alguacil hasta alcanzar lo que para &eacute;l es <em>la cumbre de toda buena fortuna</em>: un puesto de pregonero y el matrimonio con una criada del cura de la parroquia de San Salvador, que seg&uacute;n dicen las malas lenguas pasa m&aacute;s tiempo en casa del cl&eacute;rigo que en la de su leg&iacute;timo marido.
    </p><p class="article-text">
        Acab&aacute;ramos: estas habladur&iacute;as son el famoso <em>caso</em>. Esto es lo que Vuestra Merced quer&iacute;a que L&aacute;zaro le aclarara.
    </p><p class="article-text">
        Y es desde ah&iacute;, desde esa situaci&oacute;n de &eacute;xito vital y profesional &mdash;todo ello entre ir&oacute;nicas comillas&mdash;, desde donde L&aacute;zaro de Tormes escribe su respuesta, esta carta que ha pasado a la historia de la literatura como el <em>Lazarillo de Tormes</em>, la primera novela picaresca.
    </p><p class="article-text">
        Pero como he dicho antes, los primeros lectores de este libro no pudieron leerlo ni como novela &mdash;un italianismo que no se hab&iacute;a asentado todav&iacute;a en castellano&mdash; ni mucho menos como picaresca, un g&eacute;nero que tampoco exist&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Tendr&iacute;an que pasar 50 a&ntilde;os &mdash;50&mdash; para que los escritores digirieran el hallazgo de este libro y comprendieran que era una idea excelente dar voz a un muerto de hambre y dejarle que &eacute;l mismo contara su vida.
    </p><p class="article-text">
        El <em>Lazarillo</em> tuvo un &eacute;xito inmediato entre los lectores, pero hasta 1599 no se public&oacute; otro libro de parecidas caracter&iacute;sticas, el <em>Guzm&aacute;n de Alfarache</em>, de Mateo Alem&aacute;n, que abri&oacute; la puerta a todos los dem&aacute;s: el <em>Busc&oacute;n</em>, de Quevedo; la <em>P&iacute;cara Justina</em>, de L&oacute;pez de &Uacute;beda o el <em>Estebanillo Gonz&aacute;lez</em>, por citar s&oacute;lo los m&aacute;s conocidos.
    </p><p class="article-text">
        Pero en 1554 no hab&iacute;a m&aacute;s libros como el <em>Lazarillo de Tormes</em>. Era la primera vez que alguien tan humilde como un pregonero ten&iacute;a el desvergonzado atrevimiento de contar p&uacute;blicamente su vida, como si esta tuviera alg&uacute;n valor.
    </p><p class="article-text">
        No, se&ntilde;ores, no. La primera persona estaba destinada a vidas verdaderamente ejemplares, a vidas como la de San Agust&iacute;n, nada menos que uno de los padres de la Iglesia cat&oacute;lica, que en sus <em>Confesiones</em> hab&iacute;a inaugurado el g&eacute;nero autobiogr&aacute;fico.
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        &iquest;Pero un pregonero de Toledo? &iquest;Qu&eacute; inter&eacute;s pod&iacute;a tener para los lectores la miserable vida de un cornudo consentidor, hijo de prostituta y ladr&oacute;n, que tras pasar hambre de amo en amo acaba pregonando vinos en Toledo, orgulloso adem&aacute;s de su humillante situaci&oacute;n? &iquest;D&oacute;nde estaba la ejemplaridad de esta vida, por el amor de Dios?
    </p><p class="article-text">
        Digamos que el <em>Lazarillo</em> ofrec&iacute;a una ejemplaridad inversa. L&aacute;zaro y todos los p&iacute;caros que vinieron despu&eacute;s son la ant&iacute;tesis del caballero andante: son seres ego&iacute;stas que se mueven no por la honra sino por el hambre.
    </p><p class="article-text">
        Pero sobre todo lo que ofrec&iacute;a el <em>Lazarillo</em> era algo que los lectores ya estaban pidiendo a gritos desde hac&iacute;a a&ntilde;os: quer&iacute;an vidas como las suyas, o como las que ve&iacute;an todos d&iacute;as por la calle, vidas de gente normal y corriente, con quebraderos de cabeza semejantes a los suyos.
    </p><p class="article-text">
        El problema era que la vida cotidiana no se consideraba suficientemente digna, o interesante, o ejemplar, o heroica como para dejarla entrar en el sagrado templo de la literatura.
    </p><p class="article-text">
        La vida cotidiana estaba bien para cont&aacute;rsela a la familia por carta cuando uno se marchaba de viaje, pero no era una materia adecuada para rellenar con ella las p&aacute;ginas de un libro.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;He dicho que la vida cotidiana estaba bien para contarla por carta?
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, eso he dicho.
    </p><p class="article-text">
        Entonces bastar&iacute;a con que alguien <em>simulara</em> estar escribiendo una carta verdadera &mdash;una carta de respuesta, por ejemplo, a un tal <em>Vuestra Merced</em>&mdash; para que la vida cotidiana y los problemas de todos los d&iacute;as entraran de manera natural en la literatura.
    </p><p class="article-text">
        Y no s&oacute;lo eso: bastar&iacute;a con simular que se trataba de una carta y no de LITERATURA con may&uacute;sculas, para que cualquier persona, por humilde o infame que fuera, pudiera contar su vida. Al fin y al cabo, las cartas estaban para eso: para que cualquier <em>mindundi</em> las emborronara con sus cosillas.
    </p><p class="article-text">
        Por eso el <em>Lazarillo de Tormes</em> tiene forma de carta: porque no pod&iacute;a tener forma de novela, ni de confesi&oacute;n. Porque en 1554 un personaje tan humilde y tan poco heroico, un tipo capaz de semejante claudicaci&oacute;n no ten&iacute;a cauce de comunicaci&oacute;n literaria. Su &uacute;nico recurso era acudir a la carta, el g&eacute;nero m&aacute;s democr&aacute;tico que exist&iacute;a y cuyas posibilidades literarias ya hab&iacute;an empezado a explotarse.
    </p><p class="article-text">
        A Francisco Rico &mdash;que es quien me ha ense&ntilde;ado a m&iacute; a leer este libro&mdash; le gusta pensar que el anonimato del <em>Lazarillo</em> es un truco, un recurso expresivo del verdadero y desconocido autor para que la carta de L&aacute;zaro al se&ntilde;or <em>Vuestra Merced</em> pareciera realmente escrita por un pregonero y no por un escritor m&aacute;s culto.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        TAREA: La carta fue durante mucho tiempo un instrumento pragm&aacute;tico de comunicaci&oacute;n: uno escrib&iacute;a cartas a su madre, a su amigo o a su amada cuando se marchaba de viaje. Punto. En un momento de la historia de la literatura a alguien se le ocurre que este instrumento de comunicaci&oacute;n tiene posibilidades literarias y escribe una carta falsa, es decir una carta literaria. Para la pr&oacute;xima semana pensar qu&eacute; instrumentos de comunicaci&oacute;n actuales &mdash;instrumentos no literarios&mdash; podr&iacute;an en el futuro ser reciclados para la literatura.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Orejudo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/claudicacion/ventajas-claudicar_1_5582355.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Feb 2013 15:47:51 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Las ventajas de claudicar]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El sentido acrítico de Luis García Martín]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/claudicacion/sentido-acritico-luis-garcia-martin_1_5582389.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>UNO</strong>
    </p><p class="article-text">
        No sabr&iacute;a decir cu&aacute;ndo fue maldita la hora en que empez&oacute; todo esto. Debi&oacute; de ser hace meses. Viv&iacute;a yo entonces en la bendita ignorancia de creer que la corrupci&oacute;n de los premios de narrativa era insuperable. Insalvable, incluso. Viv&iacute;a yo as&iacute;, ya digo, ignorante, cuando un amigo llam&oacute; mi atenci&oacute;n al decirme, un poco de pasada y otro poco no, que si cre&iacute;a que los premios de narrativa estaban corruptos tendr&iacute;a que ver los de poes&iacute;a. No le cre&iacute;. Es decir, s&iacute;, le cre&iacute;, pero haciendo alg&uacute;n esfuerzo (tampoco mucho). Adem&aacute;s creo que por entonces acababa de enterarme de que a <em>Los enamoramientos</em> de Javier Mar&iacute;as le hab&iacute;an dado no s&eacute; qu&eacute; premio europeo o de la cr&iacute;tica o algo muy importante, por lo que mi fe en el sistema (la poca que me quedaba) estaba lo hundida que pueda imaginarse. Parec&iacute;a imposible caer m&aacute;s bajo. Me equivocaba.
    </p><p class="article-text">
        No volv&iacute; a pensar en los dichosos premios hasta que en noviembre o diciembre le&iacute; en una esquina de la revista <em>Qu&eacute; leer</em> no s&eacute; qu&eacute; pol&eacute;mica con el premio Ciudad de Burgos. S&iacute;, yo creo que se puede decir que fue entonces cuando empez&oacute; todo, cuando a ra&iacute;z de aquello, &mdash;tirando de un hilo que m&aacute;s tarde supe infinito&mdash; descubr&iacute; que mi amigo estaba equivocado: los premios de poes&iacute;a no est&aacute;n corruptos; los premios de poes&iacute;a eran la corrupci&oacute;n <em>versificada.</em>
    </p><p class="article-text">
        S&eacute; lo que est&aacute;n pensando: &iquest;qu&eacute; tiene esto que ver con Luis Garc&iacute;a Mart&iacute;n? &iquest;Qu&eacute; tiene que ver &eacute;l con la corrupci&oacute;n, los premios, los amiguismos, la cr&iacute;tica y/o la poes&iacute;a? Ve&aacute;moslo. Pero d&eacute;jenme ir poco a poco; este es un hilo con mucho cabos de los que cuelgan otros hilos de los cuelgan otros cabos y es f&aacute;cil enredarse, asustarse y salir corriendo. El futuro soy yo deshaciendo un tafet&aacute;n. En cualquier caso, vaya por delante que <em>utilizo</em> a Luis Garc&iacute;a Mart&iacute;n s&oacute;lo como la excusa para <em>presentar</em> la punta de un iceberg de proporciones &eacute;picas. L&iacute;ricas, m&aacute;s bien. Reconozco tambi&eacute;n que, al menos para m&iacute;, representa nada m&aacute;s que uno de los tantos hilos de los que he ido tirando y de los que sigo tirando y de los que creo que podr&iacute;a seguir tirando el resto de mi vida sin dejar nunca de tirar. Morir&eacute; de viejo y a&uacute;n quedar&aacute; hilo, urdimbre, trama. Sobre todo, trama.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DOS</strong>
    </p><p class="article-text">
        Les pongo en antecedentes (parte de ellos, al menos): Luis Garc&iacute;a Mart&iacute;n dirige la revista <em>Clar&iacute;n</em>, que es una revista que me libro de leer gracias a que no tiene una distribuci&oacute;n que se pueda calificar<em> </em>de <em>ejemplar</em>. Quiz&aacute; me equivoque pero no creo estar perdi&eacute;ndome gran cosa. Esto lo digo porque Luis Garc&iacute;a Mart&iacute;n tambi&eacute;n tiene un blog llamado <em>Crisis de Papel</em> desde el que ejerce ese mal incurable que es la cr&iacute;tica literaria. Pues bien, despu&eacute;s de leer algunas de sus cr&iacute;ticas ten&iacute;a yo a Luis por un tipo serio, formal, educado, con una marcada tendencia a las fotos horteras y al aburrimiento, pero tambi&eacute;n con cierta disposici&oacute;n a ejercer la cr&iacute;tica no-complaciente.
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, estaba yo un d&iacute;a sentado en una hamaca tom&aacute;ndome una cerveza y tirando del dichoso hilo (que a estas alturas se hab&iacute;a traducido en bufanda gris plomo fea de morirte) cuando di con un art&iacute;culo bastante interesante, escrito por Luis, llamado &ldquo;Justicieros&rdquo; en el que criticaba (&iexcl;y c&oacute;mo!) al Colectivo Addison de Witt<em> </em>(fue publicado el 9 de julio de 2011 en el suplemento cultural del <em>Abc</em> y el 21 de ese mismo mes en su blog personal).
    </p><p class="article-text">
        <strong>TRES</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hagamos una pausa para hablar de Addison de Witt.
    </p><p class="article-text">
        A este colectivo, formado por cinco poetas y/o cr&iacute;ticos, lo <em>descubro</em>, como casi siempre, demasiado tarde, esto es, despu&eacute;s de su despedida. Una despedida que tiene lugar en un art&iacute;culo que publican el 10 de julio de 2012 en el que dicen lo siguiente: &ldquo;<em>El objetivo inicial del blog fue denunciar tanto la corrupci&oacute;n existente en los premios de poes&iacute;a</em> como la forma en la que el amiguismo se ha apoderado de toda la cr&iacute;tica hasta el punto de que ya no se lee una sola rese&ntilde;a negativa de un libro (con alguna honrosa excepci&oacute;n)&rdquo;. (La cursiva es m&iacute;a). Cuesta no darles la raz&oacute;n. Dicen m&aacute;s cosas en esa despedida; dicen, por ejemplo, que &ldquo;A nivel de premios los casos de corrupci&oacute;n, de amiguismos y endogamias no se han reducido ni un &aacute;pice desde que comenzamos este blog&rdquo;. Resumiendo, que han acabado hasta las narices de denunciar el calamitoso estado de las cosas sin obtener ning&uacute;n resultado satisfactorio (entendiendo esto como acabar con la corrupci&oacute;n) y se van a su casa a leer o a dar de comer al gato.
    </p><p class="article-text">
        Por aquello de no quedarme con el regusto amargo de su despedida hago un poco de historia. Echando un vistazo a sus <em>aviesas intenciones</em> recuerdo que en su primera entrada, fechada el 4 de mayo de 2007, se hac&iacute;an eco de aquello que Anson hab&iacute;a denunciado desde su tribuna en <em>El Cultural</em> unos meses antes: &ldquo;El Cervantes es un premio absolutamente politizado que deber&iacute;a otorgarse directamente en Consejo de Ministros&rdquo;. En los siguientes art&iacute;culos hilaron m&aacute;s fino, pero seguir ese camino es tirar de otro hilo y aunque la tentaci&oacute;n es grande (porque es un hilo mucho m&aacute;s jugoso que este de hoy) la voluntad es fuerte y yo soy un hombre con una misi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>CUATRO</strong>
    </p><p class="article-text">
        Vuelvo a Luis Garc&iacute;a Mart&iacute;n y a su art&iacute;culo &ldquo;Justicieros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En este art&iacute;culo, fechado el 21 de julio de 2011, Luis pone de vuelta y media a los Addison de Witt. Critica su sistema de cr&iacute;tica porque le parece demasiado matem&aacute;tico y ya se sabe que la poes&iacute;a, al operar desde el sentimiento, no es precisamente una ciencia exacta. No quer&iacute;a hoy a entrar a juzgar si la forma de Addison es correcta o no o si Luis tiene m&aacute;s raz&oacute;n que un santo porque, al igual que hace un momento, he visto que ese hilo conduce a un l&iacute;o de mil demonios (es casi una colcha de cama). El fondo del asunto es lo mucho que me llama la atenci&oacute;n que a Luis le moleste especialmente que los Addison tengan en cuenta la relaci&oacute;n existente entre los miembros del jurado, o el hecho de haber publicado en la editorial que otorga el premio. Entiendo que si a Luis le molesta esto, a Luis le molesta todo. Como no tiene pelos en la lengua (o de tal cosa parece presumir) dice lo siguiente de la valoraci&oacute;n de esos impresentables: &ldquo;No importa que el jurado est&eacute; compuesto por cinco, seis o m&aacute;s miembros. Si uno de ellos es profesor y el poeta ganador tambi&eacute;n lo es, la objetividad queda fuertemente mermada. Y desaparece por completo si se puede establecer alg&uacute;n v&iacute;nculo con Luis Garc&iacute;a Montero o la editorial Visor&rdquo;. &iexcl;Zas!, ya sali&oacute;. Lo retras&eacute; lo posible, pero ha sido inevitable: ya lo tenemos aqu&iacute;. Me refiero, c&oacute;mo no, a Luis Garc&iacute;a Montero. El hombre. El sospechoso habitual n&uacute;mero uno. As&iacute;, en general.
    </p><p class="article-text">
        El art&iacute;culo no es tanto un an&aacute;lisis detallado de la mec&aacute;nica cr&iacute;tica como el desquite de Luis ante la acusaci&oacute;n de los Addison de Witt de que uno de los premios en los que Luis Garc&iacute;a Mart&iacute;n ejerc&iacute;a de jurado (junto con Luis Garc&iacute;a Montero, Josefina Mart&iacute;nez, Aurora Luque, Chus Visor y Carlos Marzal) estaba poco menos que ama&ntilde;ado. Se trataba del premio Emilio Alarcos y el ganador fue Eduardo Jord&aacute;, a qui&eacute;n Mart&iacute;n asegur&oacute; haber reconocido de inmediato cuando lo ley&oacute;, algo que suena bastante a disculpa por parte de Mart&iacute;n (a quien llamar&eacute; as&iacute; a partir de ahora para distinguirlo del otro Luis Garc&iacute;a [Montero]). Tampoco voy a tirar de este hilo, porque he mirado y lleva directamente a un calcet&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A cambio s&iacute; voy a llegar a donde quer&iacute;a, al fin, despu&eacute;s de tanta palabrer&iacute;a. Presten atenci&oacute;n, por favor, al final del art&iacute;culo de Luis Garc&iacute;a Mart&iacute;n:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pero no se trata de defender la &lsquo;ecuanimidad&rsquo; del premio Emilio Alarcos ni de ning&uacute;n otro premio concreto, que no puede ser cuestionado por quien lo ignora todo sobre su desarrollo, sino de poner en cuesti&oacute;n la credibilidad de quienes van de an&oacute;nimos justicieros por la vida y denuncian, no ya sin pruebas, sino con caprichosos argumentos.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Que hay premios ama&ntilde;ados, de acuerdo. Que conviene denunciarlos, por supuesto. Pero para eso hace falta algo m&aacute;s que desinformadas buenas intenciones </strong>(damos, por supuesto, que al menos las intenciones son buenas).<strong> Hace falta &mdash;</strong>adem&aacute;s de alg&uacute;n indicio, aunque sea m&iacute;nimo&mdash;<strong> cierto conocimiento del medio literario y, sobre todo, alguna inteligencia&ldquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Y se queda tan ancho! El tipo, perd&oacute;n, el cr&iacute;tico, es capaz de decir, con la boca grande, que le consta que hay premios ama&ntilde;ados que conviene denunciar pero sin embargo no s&oacute;lo no hace el menor esfuerzo desde su tribuna personal para llevar a cabo tal denuncia sino que tiene las santas narices de tachar de tontos e ignorantes desinformados a unos an&oacute;nimos que s&iacute; lo hacen por el simple hecho de que al bueno del se&ntilde;or no le gusta que hayan cuestionado su honradez como jurado en un momento determinado y eso aun dando por supuesto que las intenciones de los Addison son buenas. Si las intenciones son buenas, Luisito, y, como t&uacute; bien dices, los premios se ama&ntilde;an y hay que denunciarlos y Luis Garc&iacute;a Montero, de profesi&oacute;n sospechoso, est&aacute; metido en el ajo, a lo mejor, Luisito, lo que hay que hacer es ayudar a despejar dudas y no, como haces t&uacute;, echar balones fuera, que pareces de la escuela de Rajoy, t&uacute;, con tanto mirar para otro lado y decir que no a todo con la cabeza y con la boca peque&ntilde;a que, bueno, que s&iacute;, que alguna cosa s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Sorprende que Luis Garc&iacute;a Mart&iacute;n, que no duda en ironizar sobre el hecho de que el libro de Pere Gimferrer <em>(Alma Venus</em>) pueda ser &ldquo;uno de los grandes libros del a&ntilde;o, sin duda alguna, para los suplementos culturales m&aacute;s prestigiosos y para la cr&iacute;tica acr&iacute;tica habitual en ellos&rdquo;, (anticip&aacute;ndose cinco d&iacute;as a un Luis Garc&iacute;a Jambrina que considera que en ese mismo <em>revolucionario </em>libro hay un &ldquo;<em>Gimferer plet&oacute;rico</em>&rdquo;), sorprende, digo, que as&iacute; como reclama justicia sobre los premios ama&ntilde;ados no dude en tachar al cr&iacute;tico (en general) de perfecto in&uacute;til o de hablar de cr&iacute;tica acr&iacute;tica cuando &eacute;sta no atiende a sus intereses particulares (prestigio personal, amistad&hellip;). Sorprende, y mucho, este ejercicio suyo tan de estar por encima de todo, y porque me sorprende es por lo que empiezo a tirar de ese hilo del que les vengo hablando desde hace demasiado rato; un hilo tras el que me he encontrado m&aacute;s de lo que se puede contar en un solo art&iacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        Si les parece bien (y si no tambi&eacute;n) otro d&iacute;a hablamos de tantos y tantos poetas y escritores y cr&iacute;ticos anexos a Mart&iacute;n y m&aacute;s concretamente de Montero, ese personaje que parece salido de una pel&iacute;cula americana de g&aacute;nsteres enamorados de la luna. Me quedo tambi&eacute;n con ganas de hablar del Premio Ciudad de Burgos; de descubrir c&oacute;mo se silencia una acusaci&oacute;n; de entender c&oacute;mo se defiende lo indefendible. No sabe uno a veces si est&aacute; hablando de pol&iacute;tica o de poes&iacute;a o de ambas cosas a la vez, o si acaso en el fondo lo que ocurre es que todo es la misma mierda, que se camufla entre tanto hedor.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos González Peón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/claudicacion/sentido-acritico-luis-garcia-martin_1_5582389.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 Feb 2013 12:59:42 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[El sentido acrítico de Luis García Martín]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Claudicación, revolución, tatatachán, peces y patos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/claudicacion-revolucion-tatatachan-peces-patos_1_5580430.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        <strong>Trompetas</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando oigo el verbo <em>claudicar</em> o el nombre <em>claudicaci&oacute;n</em> me suenan trompetas al o&iacute;do y todo lo que diga me sale solemne. Sin embargo, <em>claudicar</em> es un verbo que no solo deber&iacute;a valorarse en su acepci&oacute;n peyorativa porque la acci&oacute;n de claudicar no siempre se coloca en el extremo opuesto de la rebeli&oacute;n, la reivindicaci&oacute;n, la indignaci&oacute;n y/o otros sustantivos de prestigio y <em>merchandising </em>acabados en -&oacute;n. Desconfiemos de las palabras que acaban en -&oacute;n sin olvidar que son imprescindibles para cambiar el mundo &mdash;o las cosas, que es un t&eacute;rmino m&aacute;s humilde&mdash;. Si busc&aacute;ramos un ant&oacute;nimo de <em>claudicaci&oacute;n</em>, posiblemente ser&iacute;a <em>resistencia</em>. Pero los ant&oacute;nimos perfectos no existen y a veces para resistir hay que claudicar un poco, de la misma forma que para claudicar conviene ser fuerte. Sin hero&iacute;smos. Nos queda la esperanza de que claudicar no signifique lo mismo que resignarse y de que, cuando uno claudica porque no le queda m&aacute;s remedio &mdash;pagar la hipoteca, comprar el pan&mdash;, le vaya brotando en el centro de la m&eacute;dula espinal la preciosa y leg&iacute;tima semilla del rencor que, bien administrada, puede dar grandes frutos. Sigo oyendo las trompetas, pero en sordina.
    </p><p class="article-text">
        <strong>En el extinto pa&iacute;s de las maravillas socialdem&oacute;cratas</strong>
    </p><p class="article-text">
        En el extinto pa&iacute;s de las maravillas socialdem&oacute;cratas, en las sociedades del bienestar, en ex&oacute;ticas Escandinavias de repulsa a la violencia en cualquiera de sus formas y contextos, en lugares donde la revoluci&oacute;n no es urgente porque el sistema no ejerce la violencia cotidiana contra sus ciudadanos, en el mundo de los enanitos felices, claudicar ser&iacute;a una actitud civilizada, porque all&iacute;, en aquellos para&iacute;sos que perdimos mucho despu&eacute;s que la infancia, la claudicaci&oacute;n no tendr&iacute;a nada que ver con el miedo a enfrentarse al jefe o con la mansedumbre del que sale de su piso desahuciado por una antigua caja de ahorros. Claudicar, al menos un poco, ser&iacute;a una condici&oacute;n imprescindible para mantener, por ejemplo, una conversaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pinta en bastos</strong>
    </p><p class="article-text">
        Pero hay pa&iacute;ses de las maravillas y pa&iacute;ses que no son para viejos y pa&iacute;ses del miedo y lejanos pa&iacute;ses de los estanques y luego est&aacute; &eacute;ste que no parece ser un pa&iacute;s de claudicaciones, sino uno de poner los cojones encima de la mesa, el culo por candelabro (sic) y hablar con el coraz&oacute;n en la mano mientras la sangre salpica la punta de los mocasines como acta notarial de la verdad. S&aacute;bana manchada tras la noche de bodas. Nos gusta la gente que habla alto y que pega un golpe encima de la mesa. La que no claudica nunca y siempre es igual a s&iacute; misma tal vez por soberbia o por dificultades en el proceso de aprendizaje. Esa gente iluminada, impermeable y autoritaria, esa gente tan buena y tan capaz de separar las tinieblas de la luz y de arreglar las cosas en un santiam&eacute;n. Los que llaman al pan, pan, y al vino, vino, y saben que pinta en bastos y te cantan las cuarenta en cuanto te descuidas. Los que vocean en los plat&oacute;s sacando a la luz p&uacute;blica sus infecciones por clamidias y sus diarreas mentales. Los que creen que la hipocres&iacute;a es mala y no llegan a darse cuenta de que sin hipocres&iacute;a y sin peque&ntilde;as claudicaciones y sin unas gotitas de pudor, como perfume caro detr&aacute;s de la oreja, no se puede convivir.  
    </p><p class="article-text">
        <strong>Una deducci&oacute;n err&oacute;nea</strong>
    </p><p class="article-text">
        De las premisas anteriores, podr&iacute;a deducirse que &eacute;ste es un pa&iacute;s revolucionario. La deducci&oacute;n ser&iacute;a falsa, porque sospecho que las revoluciones tienen m&aacute;s que ver con el ejercicio de la racionalidad que con el de la v&iacute;scera. Porque el rencor de clase hay que servirlo fr&iacute;o. Sin calentones. Para que no se quede en agua de borrajas, horchata, gaseosa La revoltosa. Siento, por otra parte, que ya nadie tiene ganas de hacer la revoluci&oacute;n. Yo tampoco. Por lo menos, en serio. Esa claudicaci&oacute;n ocurri&oacute; hace ya mucho y es la verdadera y gran claudicaci&oacute;n. El gran Lebowski de las claudicaciones. La claudicaci&oacute;n total.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tatatach&aacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        Se claudica cuando el pensamiento es fuerte, cuando se vuelve a creer en la existencia de la verdad por encima del lenguaje, en el valor de la filosof&iacute;a. Pero cuando el pensamiento es <em>light </em>como la mayonesa o los pitillos, y la sociedad l&iacute;quida, todas las claudicaciones nos salen con boquita de pi&ntilde;&oacute;n. Son interrupciones temporales de la convivencia. Eufemismos. Grisallas. Coititos <em>interruptus</em>. &ldquo;&iexcl;Ach&iacute;s!, &iexcl;Salud!&rdquo; Automatismos de cortes&iacute;a. Claudicamos un ratito y ni siquiera sentimos el peso moral &mdash;con may&uacute;sculas flam&iacute;geras&mdash; de la claudicaci&oacute;n: esa mala conciencia que siempre acaba siendo buena y de prestigio porque nos convierte en seres humanos sensibles. Tatatach&aacute;n. Ese es, tal vez, el quid de la cuesti&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Coda literaria</strong>
    </p><p class="article-text">
        En cuanto a la literatura, me parece que sentimos fascinaci&oacute;n &mdash;y seg&uacute;n Don de Lillo <em>fascinaci&oacute;n</em> y <em>fascismo</em> provienen de la misma palabra latina que alude a un amuleto con forma de falo&mdash; por esos personajes consecuentes que acaban cayendo en alguna forma del fanatismo. Los que no claudican nunca. Nos gusta la perra que coge Madame Bovary con el amor &mdash;Madame Bovary piensa mal&mdash; y que su &uacute;nico modo de claudicar sea el suicidio; nos atrae el car&aacute;cter heroico y obcecado, las iluminaciones visionarias, de la institutriz de <em>Otra vuelta de tuerca;</em> incluso nos suscita alguna simpat&iacute;a el capit&aacute;n Ahab y su eterna lucha con la ballena blanca. Nos resultan simp&aacute;ticos esos baturros de los chistes que se empe&ntilde;an en que el queso es queso y no jab&oacute;n mientras echan pompitas y espumarajos por la boca. Nos gustan los personajes con una idea fija. Los que van y vienen nos producen m&aacute;s molestias porque hemos claudicado de la idea de que la literatura pueda ser m&iacute;nimamente molesta &mdash;como mucho puede lavarnos el alma como el mejor detergente&mdash; y, al mismo tiempo, lectores <em>bondage</em>, claudicamos, nos dejamos hacer por aut&eacute;nticos Casanovas que nos sorben el sexo con la afinaci&oacute;n de sus palabras. Toma ya.
    </p><p class="article-text">
        <strong>No le cuenten nunca nada a nadie: claudiquen.</strong>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Quieren ustedes aut&eacute;nticas claudicaciones?, &iquest;la claudicaci&oacute;n total de la literatura?, &iquest;la claudicaci&oacute;n como una forma m&aacute;s de fanatismo que se sale de la p&aacute;gina y se cuela en la vida de un escritor? Piensen en la claudicaci&oacute;n de Holden Caulfield y en la misantrop&iacute;a de Salinger. La claudicaci&oacute;n de Holden Caulfield ha inspirado a algunos magnicidas cultos en Estados Unidos: coger un arma con mira telesc&oacute;pica es una forma de claudicaci&oacute;n absoluta o tal vez todo lo contrario, con lo que volvemos a la peligrosa labilidad moral de las palabras.  Mientras, un viejo, con cara de orate, tapa el objetivo de la c&aacute;mara y diciendo &ldquo;No me hagan fotos&rdquo; llega a ser uno de los escritores m&aacute;s c&eacute;lebres del mundo. La claudicaci&oacute;n &mdash;renuncia, borrado, silencio, desaparici&oacute;n&mdash; puede ser una estrategia de subrayado de la visibilidad: piensen en Pasavento&hellip; Tras su periplo neoyorquino, Holden cae en la depresi&oacute;n. Holden es un joven, con un mech&oacute;n de canas, que detesta el cine porque es mentira y no quiere perder la inocencia de la ni&ntilde;ez. El sexo es un monstruo con dientes afilados. El sexo es el principio del fin. Para Holden, crecer se parece mucho a corromperse no porque ese desgaste est&eacute; inscrito en el ADN de nuestra naturaleza humana, sino porque vive en una sociedad, autosatisfecha y c&iacute;nica, despu&eacute;s de una guerra &mdash;la segunda guerra mundial&mdash; que se ha saldado con un n&uacute;mero, siempre indecente, de muertos. Y la Historia se repite una y otra vez porque todo cambia para que todo siga igual. Holden tiene ganas de bailar y busca una conversaci&oacute;n, aunque sea con un taxista con quien desarrolla todo un tratado de etolog&iacute;a sobre el lugar al que se marchan los patos y los peces cuando se congela el lago de Central Park. El saldo de la escapada de Holden es desolador, pero tiene un lado instructivo: h&aacute;ganse eremitas, estilitas, francotiradores, h&aacute;ganse famosos claudicando, tengan &eacute;xito. &ldquo;No le cuenten nunca nada a nadie&rdquo;: claudiquen. Dejen de leer y, por supuesto, de escribir. Sin embargo, Holden Caulfield no ha dejado de hablar desde 1951 y Salinger, <em>of course</em>, tendr&aacute; los ri&ntilde;ones cubiertos de oro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Marta Sanz]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/claudicacion-revolucion-tatatachan-peces-patos_1_5580430.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Feb 2013 11:51:36 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Claudicación, revolución, tatatachán, peces y patos]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No se autoestiman pero puede que se quieran]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/autoestiman-puede-quieran_1_5580355.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        No se autoestiman, pero puede que se quieran y andan por ah&iacute;. No se autoestiman, no han cedido al principio de realidad, no dan por buenos sus defectos y, seg&uacute;n cuentan, tampoco los justifican con oportunas citas literarias. Andan por ah&iacute; aunque no es f&aacute;cil advertirlo porque tienen talento para la discreci&oacute;n. No obstante, a veces se producen avistamientos. Por ejemplo, el de aquel padre, o abuelo, no se sabe con seguridad: dicen que lleg&oacute; al cine cuando la pel&iacute;cula a&uacute;n no hab&iacute;a empezado. Iba acompa&ntilde;ado de su hijo, o quiz&aacute; nieto, un chico con una minusval&iacute;a que tendr&iacute;a entre veinte y treinta a&ntilde;os. El padre, o abuelo, antes de sentarse mir&oacute; a su alrededor y su mirada no dejaba traslucir tristeza, ni cansancio, ni tampoco falsa felicidad, no exhib&iacute;a el orgullo de estar haciendo lo que deb&iacute;a hacer, no ped&iacute;a compasi&oacute;n ni reconocimiento. Miraba cu&aacute;nta gente hab&iacute;a en el patio de butacas, luego se quit&oacute; el abrigo azul marino, se sent&oacute; junto a su hijo, o su nieto, y no se autoestimaba pero se quer&iacute;a, y quienes le hab&iacute;an visto sintieron el orgullo de pertenecer a la misma especie que aquel padre o abuelo y aquel hijo o nieto.
    </p><p class="article-text">
        D&iacute;as antes una mujer de unos cuarenta a&ntilde;os que ten&iacute;a prisa y devoraba la calle con su paso a punto estuvo de arrasar a otra que le doblaba la edad pero entonces la vio: a sus tal vez m&aacute;s de ochenta, la mujer se apart&oacute; sonriendo; la m&aacute;s joven vio en esa sonrisa comprensi&oacute;n y al mismo tiempo sabidur&iacute;a, como si la sonrisa dijera: yo tambi&eacute;n tuve tanta prisa, yo tambi&eacute;n estuve a punto de llevarme ancianas por delante, y aunque ahora no puedo correr s&eacute; que a veces sientes que si no te apresuras no habr&aacute; valido la pena.
    </p><p class="article-text">
        Algunos avistamientos tienen nombre y apellidos. JD, ya jubilado, os cuenta que en su trabajo tuvo la oportunidad de ganar un mill&oacute;n de pesetas de entonces sin apenas comprometerse, s&oacute;lo si hubiese vendido algo que no era suyo y luego hubiera alegado rotura o p&eacute;rdida. No os lo cuenta con orgullo sino que, con infinita elegancia, os transmite la duda sobre si hizo bien al rechazar aquella oferta: acaso su familia, dice, habr&iacute;a vivido mejor si &eacute;l hubiera aceptado. Sab&eacute;is que JD en realidad no duda, sab&eacute;is que sabe que hizo bien pero, como no se autoestima y como tiene talento para la delicadeza, guarda la duda y os la ofrece, lo que es como decir: mirad, si os hubiera pasado tambi&eacute;n os habr&iacute;ais comportado as&iacute;. &Uacute;ltimo avistamiento de hoy: MMA, a sus setenta y nueve, ha vivido el triple que la mayor&iacute;a, y una noche est&aacute;is en su casa, sois m&aacute;s j&oacute;venes, habl&aacute;is del bien y del mal, de los gobiernos, del comunismo, de los errores. Ella os o&iacute;a callada pero ahora toma la palabra y, sin que sep&aacute;is c&oacute;mo, hace aparecer en la habitaic&oacute;n la China de Mao entera, con sus distancias y sus personas hambrientas. Luego MMA, que no se autoestima, habla de lo que otros hicieron, de la tarea gigante, las escalas y el breve espacio de tiempo que ocupamos: fuimos nada, un d&iacute;a cualquiera seremos nada otra vez. Aunque no lo dice, todo su discurso trata de vuestras palabras que son como polvo: a veces brillan y no est&aacute; mal que brillen, pero flotar&iacute;an m&aacute;s lentamente si tuvieran un poco de modestia.
    </p><p class="article-text">
        No se autoestiman, no trazan una raya entre quienes se venden y quienes no se venden, entre claudicar y cantar victoria. Andan por ah&iacute;, saben que la batalla no termina ni siquiera con la muerte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Belén Gopegui]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/autoestiman-puede-quieran_1_5580355.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Feb 2013 11:35:10 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[No se autoestiman pero puede que se quieran]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[#estefuertenoserinde]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/estefuertenoserinde_1_5580398.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        No nos rendimos, por supuesto.
    </p><p class="article-text">
        Resistiremos mientras nos queden agua, v&iacute;veres, municiones y energ&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        A&uacute;n m&aacute;s, haremos alguna salida nocturna al campamento donde vivaquea el enemigo. Es tan soberbio, est&aacute; tan convencido de la inexorabilidad de su victoria, que seguro que tiene la guardia baja. Golpearemos, le haremos da&ntilde;o, acortaremos nuestra desventaja.
    </p><p class="article-text">
        Y no nos llamen numantinos. No tenemos vocaci&oacute;n de m&aacute;rtires, ni aspiramos a que se nos recuerde como a los defensores de Masada, esos perdedores rom&aacute;nticos.
    </p><p class="article-text">
        La palabra <em>claudicaci&oacute;n,</em> ciertamente, no existe en nuestro vocabulario; preferimos <em>resistencia, </em>aquella que termina conduciendo a la victoria. Como, por ejemplo, <em>la R&eacute;sistence, </em>aquel pu&ntilde;ado de gabachos que, reunidos en un bistr&oacute;, se conjuraron contra los nazis en un momento en que casi todo el mundo dec&iacute;a que Hitler era invencible. O como Stalingrado, donde los rusos le zurraron la badana al tal Hitler. O como Berl&iacute;n 1948, cuando los americanos le pararon los pies a Stalin, que, enti&eacute;ndannos bien, esto no va de politiquer&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        O si lo prefieren, como la aldea gala de Ast&eacute;rix.
    </p><p class="article-text">
        Somos periodistas. Ni borrachos pensamos que el periodismo ha muerto. Mientras el ser humano tenga sed de historias reales que le hayan ocurrido a otros seres humanos, y mientras exista gente dispuesta a contarlas, el periodismo no morir&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Sabemos lo que pueden estar pensando: s&iacute;, hay empresarios y directivos que han izado la bandera blanca. Proclaman la muerte del periodismo y se pavonean de su propia conversi&oacute;n al mundo de las finanzas y el espect&aacute;culo. &iquest;Saben una cosa? En realidad esos tipos eran Quinta Columna, jam&aacute;s fueron de los nuestros, jam&aacute;s fueron periodistas.
    </p><p class="article-text">
        #estefuertenoserinde
    </p><p class="article-text">
        Nuestro hermano Lobo, Ram&oacute;n Lobo, ha inventado este <em>hashtag</em> en <em>Twitter</em>. Alude al periodismo. Cuenta qu&eacute; pel&iacute;culas ve&iacute;amos de ni&ntilde;os y con qu&eacute; esp&iacute;ritu atravesamos esta noche tormentosa.
    </p><p class="article-text">
        Aquellas eran pel&iacute;culas de casacas azules o legionarios franceses asediados en sus fuertes por indios o beduinos muy superiores en n&uacute;mero. Sus contextos colonialistas resultan hoy pol&iacute;ticamente incorrectos, pero no era eso lo que despertaba nuestro entusiasmo infantil. Lo que aplaud&iacute;amos, y lo que nos dej&oacute; huella, era contemplar la indestructible fortaleza que supone un grupo de gente unida y resuelta que se niega a capitular.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que por mucho que les fastidie a los banqueros, los grandes empresarios y los pol&iacute;ticos corruptos, defendemos la posici&oacute;n canturreando el <em>No surrender, </em>de<em> </em>Bruce Springteen: &ldquo;Hicimos una promesa que juramos recordar siempre: no hay retirada, cari&ntilde;o, no hayrendici&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Nada est&aacute; escrito en las estrellas o en alg&uacute;n libro sagrado. Ni la derrota ni la victoria.
    </p><p class="article-text">
        La derrota es impensable, la victoria es posible.
    </p><p class="article-text">
        Nadie dice que sea f&aacute;cil.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Valenzuela]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/estefuertenoserinde_1_5580398.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 08 Feb 2013 11:17:36 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[#estefuertenoserinde]]></media:title>
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