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    <title><![CDATA[elDiario.es - Extrarradio]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/extrarradio/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Extrarradio]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[El kilómetro cero de tu vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/kilometro-cero-vida_1_5556352.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f625ee8c-5a91-4fe1-b2ff-35c89673a4aa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El kilómetro cero de tu vida"></p><p class="article-text">
        Periferia, extrarradio, suburbio&hellip; El mundo real es as&iacute;, tiene centros y periferias por todas partes. Los mandalas parten de un n&uacute;cleo que se extiende hasta los bordes. Una ciudad se divide entre la zona c&eacute;ntrica &mdash;su kil&oacute;metro cero&mdash; y los alrededores. La capital de cada pa&iacute;s es su foco neur&aacute;lgico.
    </p><p class="article-text">
        La literatura, como reflejo de la vida, est&aacute; hecha de centros y de periferias. Casi todas las novelas se pueden clasificar en dos grupos: aquellas cuyos personajes realizan el viaje desde los m&aacute;rgenes al centro, o aquellas en las que hacen el trayecto inverso, desplaz&aacute;ndose del centro a los m&aacute;rgenes. Ejemplos paradigm&aacute;ticos de lo primero ser&iacute;an esos personajes &ldquo;trepa&rdquo; de Balzac, Flaubert, Stendhal, j&oacute;venes que viajaban de la provincia a la capital cargados de ambiciones. En el otro extremo, hay relatos cuyos protagonistas se encuentran en un alejamiento a menudo voluntario; quieren perderse &mdash;quiz&aacute;s decepcionados del mundo&mdash;, abandonar el centro, dejar atr&aacute;s el torbellino de los focos y refugiarse en la oscuridad de las esquinas. Eso ocurre en Joseph Conrad, que explora el descenso al coraz&oacute;n de las tinieblas; o en Juan Jos&eacute; Saer, cuyos &ldquo;h&eacute;roes&rdquo; siempre regresan a &ldquo;la zona&rdquo;, un territorio perif&eacute;rico que ni siquiera se nombra. En <em>La monta&ntilde;a m&aacute;gica</em> Thomas Mann tambi&eacute;n saca a sus personajes del centro de la Historia  para llevarlos a un sanatorio rec&oacute;ndito en los Alpes suizos desde el que mirar lo que sucede. O Patricia Highsmith, que crea caracteres  instalados, s&iacute;, en la cresta de la ola, pero solo como contrapunto al subfondo marginal que llevan dentro. Bueno, ejemplos hay muchos.
    </p><p class="article-text">
         Al contrario del mundo real, internet no tiene centro. Est&eacute;s donde est&eacute;s tardas lo mismo en llegar a la p&aacute;gina de un cl&aacute;sico gigante comercial que a la de una comunidad de artesanos. Tan lejos o tan cerca queda en la pantalla El Corte Ingl&eacute;s como <a href="http://www.etsy.com" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">www.etsy.com</a>. Con el mismo gesto de un <em>click</em> puedes ir a la web de la <em>BBC</em> o a la de una peque&ntilde;a radio en la costa californiana: <a href="http://www.luxuriamusic.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Luxuria Music</a>. La rapidez con la que accedes a ver un programa de Telecinco es la misma que si optas por mirar un <em>Go Ibiza, go</em> de los Pioneros del Siglo XXI
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            </figure><p class="article-text">
        Es lo que se llama &ldquo;neutralidad de la red&rdquo;: las compa&ntilde;&iacute;as telef&oacute;nicas transportan los paquetes de datos sin entrar a valorar su contenido. Crucemos los dedos, algunas empresas de telecomunicaciones que proveen el acceso a internet han barajado alguna vez la posibilidad de &ldquo;dar m&aacute;s valor&rdquo; a la informaci&oacute;n que transportan. Y ya podemos imaginar lo que significa eso, establecer un centro bien iluminado y accesible a la medida de sus intereses, y entonces, adi&oacute;s a los m&aacute;rgenes.
    </p><p class="article-text">
        Cuando casi todos los dedos parecen se&ntilde;alar al mismo sitio, crece la satisfacci&oacute;n de encontrar otros focos de atenci&oacute;n en los que fijarse. Al centro, en principio, queremos ir todos, es como un primer impulso del cerebro inconsciente, pero en una segunda vuelta las cosas cambian, y si lo pensamos mejor a menudo es m&aacute;s grato divagar por los alrededores en lugar de alcanzar el centro por la l&iacute;nea recta.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, sucede que uno siempre se toma a s&iacute; mismo como el punto de referencia, y en consecuencia la periferia es lo que nos rodea. &iquest;S&iacute;? &iquest;Todo gira en torno a nuestro ombligo? Y si as&iacute; es, &iquest;d&oacute;nde est&aacute; el kil&oacute;metro cero de nuestra vida?, &iquest;cu&aacute;l ser&iacute;a el kil&oacute;metro cero de nuestro yo? Para darle una vuelta a todo esto, no te pierdas <em>The External World</em>, el super premiado film de animaci&oacute;n de David O&acute;Reilly (desde luego un exc&eacute;ntrico) que puedes ver en la red: <a href="http://www.theexternalworld.com/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">http://www.theexternalworld.com/</a>
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      <dc:creator><![CDATA[Begoña Huertas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/kilometro-cero-vida_1_5556352.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Jan 2013 19:35:18 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA["En el microcosmos de los tuyos ves que también se reproducen las estructuras de poder"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/microcosmos-ves-reproducen-estructuras-poder_1_5559493.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Javier P&eacute;rez And&uacute;jar vino del otro lado, cuando Barcelona cambia su nombre por el de Sant Adri&agrave;, o San Adri&aacute;n. Territorio de memoria y penuria, paisaje y retrato de artista; lo recupera en su primera novela, <em>Los pr&iacute;ncipes valientes</em> (Tusquets). Despu&eacute;s de adentrarse en la historia de las misiones pedag&oacute;gicas &mdash;<em>Todo lo que se llev&oacute; el diablo </em>(Tusquets)&mdash;, lo revisita &mdash;sonar&aacute; raro, pero as&iacute; es&mdash; en un generoso ajuste de cuentas llamado <em>Paseos con mi madre</em> (Tusquets). Entre sus palabras no aparece &ldquo;nostalgia&rdquo; o &ldquo;pasado&rdquo;. Tampoco tratan estos libros de la identidad, la &uacute;nica cuesti&oacute;n que le es del todo indiferente, entre tantas otras que le importan y a las que se entrega por entero: el <em>Quijote</em> o un personaje de tebeo, el escritor Roberto Arlt, la lucha de clases y el amigo de infancia que se qued&oacute; hecho polvo bajo el puente, la literatura y su gloria, la cr&oacute;nica de la ciudad, Jack London (esplendor y derrota), la voz de su madre cargada de memoria, o el teatro por televisi&oacute;n en casa de sus padres, de peque&ntilde;o. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>Diario Kafka: San Adri&aacute;n y Barcelona. La periferia y el centro. Cultura y subcultura, los tebeos y Marcel Proust&hellip; Una y otra vez hay algo fronterizo en estos libros.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Javier P&eacute;rez And&uacute;jar: </strong>S&iacute;, es extra&ntilde;o. Es fronterizo, s&iacute;. Y&hellip; &mdash;sonr&iacute;e&mdash; hostia, es verdad, no s&eacute; en qu&eacute; lado de la frontera estoy. Igual la estoy pasando a cada rato, hago un poco de estraperlo&hellip;<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Y en qu&eacute; lugar est&aacute;s?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>Es que yo creo que no estoy en ning&uacute;n lugar en particular. Porque estar en alg&uacute;n lugar es aceptar unas reglas del juego con las que no est&aacute;s de acuerdo. No est&aacute;s en ning&uacute;n lugar, sino creando un lugar individual. Un lugar libre de los lugares del poder. Entonces, con respecto al poder s&iacute; se puede ser fronterizo, estar en una parte o en la otra. Pero con respecto a un discurso que no es el discurso oficial no eres fronterizo.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Es complejo&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>S&iacute;. Yo lo vivo as&iacute;, y con intenci&oacute;n pol&iacute;tica.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;C&oacute;mo lo vives?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>Lo vivo conflictivamente, claro. Es que no vivir conflictivamente es ser monje budista.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Es decir, estando por encima de las cosas&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>No est&aacute;s por encima. Nunca. Est&aacute;s en el medio, en el mogoll&oacute;n, en el ojo del hurac&aacute;n. Y entonces, para m&iacute; es tan importante leer tebeos como leer a Proust, es igual de significativo, ambas cosas me han marcado de manera diferente. Y socialmente, pues lo mismo, no puedo ser de los m&iacute;os, porque con ellos no puedo sentirme identificado, a pesar de que soy consciente de las humillaciones de las que han sido v&iacute;ctimas secularmente. Pero es que, en realidad, en el microcosmos de los tuyos ves que tambi&eacute;n reproducen las estructuras de poder. Y que la tiran&iacute;a de la que son esclavos est&aacute; tambi&eacute;n dentro de sus casas. Y que te exigen que seas como ellos, y cuando quieres ser como ellos te segregan como te segregan los otros por no pertenecer. En realidad, tampoco le tengo mucho afecto a los m&iacute;os.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Qui&eacute;nes son los tuyos?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>La clase obrera, yo vengo de ah&iacute;. Y en cuanto he podido he dejado de trabajar. Toda mi vida es una lucha por no someterme al trabajo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Pero, y los libros&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>Ya. Pero es otro trabajo, es mi vida, Mi trabajo y mi vida es lo mismo, es lo que procuro establecer. Lo otro es diferente. Y no me da la gana. No me da la gana porque vengo de una raza de trabajadores y s&eacute; c&oacute;mo son. Lo que les veo repetir a ellos, a ellos y a sus predecesores.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Como tu padre. </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>Mi padre muri&oacute; cuando yo estaba escribiendo <em>Todo lo que se</em> <em>llev&oacute; el diablo</em>. Le dediqu&eacute; el libro. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: En Los pr&iacute;ncipes valientes tiene una actitud muy &iacute;ntegra, cuando tu mejor amigo se va y &eacute;l, aunque entiende tu pena, tambi&eacute;n te confiesa el alivio de que aquel chico, nada menos que hijo de un guardia civil, ya no aparezca por casa.</strong><em>Los pr&iacute;ncipes valientes </em>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong><em>(R&iacute;e</em>) S&iacute;, un esp&iacute;a en mi casa...<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Tu padre (comprometido con la lucha obrera) era alguien de temple, de conducta.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>Bueno, es que los pobres tienen un c&oacute;digo. Un c&oacute;digo muy estricto, un c&oacute;digo de honor, de dignidad. La gente pobre s&oacute;lo ten&iacute;a eso, &iquest;no? La gente que viene directamente del campo, la primera generaci&oacute;n de los industriales&hellip; Esa mentalidad antigua, campesina, pues la tienen.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &ldquo;Del hambre real, de la falta de comer de nuestros padres, hab&iacute;amos sacado nosotros el instinto de morder&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>Venimos de castas no s&oacute;lo de esclavos, o de trabajadores. Tambi&eacute;n de gente que ha pasado hambre porque le han negado el derecho al trabajo, por ejemplo. La generaci&oacute;n de mis padres es la de la posguerra, no hab&iacute;a comida. Pasaron hambre de verdad. Entonces esa rabia que sintieron ellos es la misma rabia con la que muerdo yo luego. Muerdo en nombre de su hambre. Es lo que dec&iacute;amos al principio: no quieres pertenecer a eso, y no puedo tampoco. Ya estoy programado de otra manera. Soy una contradicci&oacute;n. Pero a&uacute;n as&iacute; s&iacute; que me siento deudor de ellos, y s&iacute; que muerdo en su nombre&hellip;
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &ldquo;La &uacute;nica realidad en la que creer es la literaria&rdquo;. &iquest;Sigue vigente?</strong> 
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>La m&iacute;a. Es que la literatura es una manera de interpretaci&oacute;n de la realidad y tambi&eacute;n de transformaci&oacute;n. En realidad, he le&iacute;do a Marx. No como un marxista, porque no lo he le&iacute;do tanto, pero s&iacute; lo he le&iacute;do ocasionalmente. Hasta Marx, los fil&oacute;sofos interpretaban la realidad. Marx dice: bueno, hay que transformarla. Cuando he le&iacute;do a Marx he visto que era un literato. Sobre todo era un literato por la manera de escribir, por la figura literaria que utiliza. En el <em>Manifiesto comunista, </em>para hablar del ego&iacute;smo de los burgueses se refiere a &ldquo;las g&eacute;lidas aguas del c&aacute;lculo ego&iacute;sta&rdquo;. Es un literato, utiliza muchas im&aacute;genes, y trabaja por acumulaci&oacute;n de lecturas. Por ejemplo, cuando habla de modos de producci&oacute;n, va ejemplific&aacute;ndolo con lecturas novelescas que ha tenido. Escribe como un literato. Y esto te lo digo porque creo que la literatura s&iacute; que sirve como elemento de transformaci&oacute;n de la realidad, porque es un proceso intelectual. Si digieres intelectualmente entonces puede haber una transformaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: No todos dicen lo mismo.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>Para m&iacute; es as&iacute;. Mi parte marxista &mdash;no tengo estudios marxistas, no tengo ni puta idea de econom&iacute;a&mdash; viene por esa sensibilidad literaria reflejada en Marx.
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        <strong>DK: Tu generaci&oacute;n ha ido creciendo conforme este pa&iacute;s iba creciendo en posibilidades</strong>.  
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>S&iacute;. Y a los que vienen detr&aacute;s de nosotros les va a suceder lo contrario. Tampoco soy futur&oacute;logo, pero est&aacute; claro que hay muchas cosas que hab&iacute;amos ganado que se est&aacute;n perdiendo definitivamente. La educaci&oacute;n, la salud&hellip; Pero adem&aacute;s una forma de ver el mundo, una sensibilidad&hellip; todo eso se est&aacute; perdiendo. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: En Paseos con mi madre es muy bueno esto: cuando vas a contarle, entusiasta y acalorado, a Pepe Ribas, tu jefe y director de la revista Ajo Blanco, la revuelta popular de San Adri&aacute;n. Y a &eacute;l no le interesa.</strong><em>Paseos con mi madre</em><em>Ajo Blanco</em> 
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>Pero es normal. &iexcl;Porque la revista no era de eso! La revista era de otra cosa. Estaba Pascual Maragall, se hablaba de los bares de dise&ntilde;o, del Nick Havanna&hellip; &iexcl;Era yo el que se hab&iacute;a equivocado de revista!
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Y esto te ha pasado m&aacute;s de una vez, haberte equivocado de revista&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>Me he equivocado de revista, de vida&hellip; <em>(R&iacute;e).</em><strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Y en Barcelona, parte de la cultura est&aacute; relacionada con clases&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>La cultura es muy pija.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Bueno, esto de no pertenecer a nada, finalmente, es muy bueno para un escritor.</strong> 
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>S&iacute;, si lo buscas, &iquest;verdad? Quiero decir que si uno se lo busca, bueno, tampoco tiene derecho a quejarse. Porque mira que hay canales parta adocenarte, para entrar por uno o por otro. Si no lo tienes es porque tampoco lo has querido. Tengo amigos, y algunos de ellos escritores, aunque mi relaci&oacute;n con ellos es personal, no tiene que ver con que sea escritor. Pero no estoy en ning&uacute;n grupo. F&iacute;jate, ahora que lo pienso, que el primer amigo escritor que tuve, Fernando Royuela, resulta que est&aacute; en Madrid. He estado m&aacute;s veces en Madrid que en la Bonanova [barrio alto de Barcelona].
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Puedes escribir?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>Puedo escribir mucho. Tengo mucho tiempo. Primero, porque como van las cosas me sobra tiempo. Pero, me importa un pito, porque era lo que estaba deseando. Antes le&iacute;a m&aacute;s que ahora.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Una curiosidad: &iquest;Cu&aacute;ntas horas lees por d&iacute;a?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>&iquest;Ahora? Cinco, seis horas&hellip;
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Y antes?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>Catorce, dieciocho&hellip; <em>(risas).</em> Bueno<em>&hellip; (aventura t&iacute;midamente</em>) si es algo que te gusta, lo haces&hellip; &iquest;no?<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Volviendo al tema&hellip;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>S&iacute;. En realidad, la adversidad no supone un drama para m&iacute;.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Est&aacute;s entrenado.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>S&iacute;, por autobiograf&iacute;a. Supongo que cuando has perdido tantas veces ya te has acostumbrado a perder. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Pero est&aacute;s muy bien considerado.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>No lo s&eacute;, la verdad. Nunca eres objetivo. Y tampoco me gustan esas valoraciones. Me va y ya est&aacute;.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Fue muy importante tu etapa en los programas de libros en televisi&oacute;n, dirigidos por Emilio Manzano</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>S&iacute;, claro. Lo del &ldquo;Sal&oacute;n de lectura&rdquo; era muy bonito. Y hab&iacute;a mucha complicidad con los espectadores. Te paraban por la calle para comentarte sobre el libro del que hab&iacute;as hablado. Gente que a priori no te lo habr&iacute;as imaginado. No eran profesores de instituto, no eran lectores ideales sino&hellip; no s&eacute;, pod&iacute;a ser el portero de un lugar, y ni siquiera le&iacute;a, pero le gustaba que le hablaran de libros, incluso te lo dec&iacute;an, &ldquo;Mire, yo no leo porque no tengo tiempo, pero me gusta escucharlos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Que te cuenten las historias, que te hablen de ellas, tambi&eacute;n est&aacute; eso en tus libros&hellip;</strong> 
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>Es que desde la literatura se ha chantajeado siempre a los dem&aacute;s, como desde un club exclusivo. &ldquo;Si no lees como yo&hellip;&rdquo;, y as&iacute; haces que se sienta mal el que no lee. Hay que darle juego al otro. Si no, es como exigirle a la gente que va al f&uacute;tbol que sea futbolista. Lo que nosotros hac&iacute;amos era &ldquo;Te vamos a hablar de libros y si te interesa te vas a divertir, ya ver&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Les le&iacute;as el Quijote</strong><em> Quijote</em>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>Con el <em>Quijote</em> lo pas&eacute; muy bien. La gente en la calle me preguntaba, estaban encantados. Incluso hab&iacute;a quien me dec&iacute;a: &ldquo;Yo no me lo he le&iacute;do nunca, se me hace muy pesado, pero me encanta que me lo cuente&rdquo;. Es una novela popular, habla de la gente, de los caminos.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Y de d&oacute;nde viene ese discurso de club exclusivo?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>Es un discurso de poder.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Convergencia? &iquest;Partido Socialista?</strong> 
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>Convergencia o PSC son anecd&oacute;ticos. Esas son las chaquetas que se pone el poder para salir a pasear. Me refiero a ejercer el poder desde donde se manda. Desde la c&aacute;tedra de un instituto, o la redacci&oacute;n de una revista cultural, o en casa con tu familia, sabes&hellip;
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Te sigue pasando eso de sentirte m&aacute;s c&oacute;modo en un suburbio de Chicago que en el centro de Barcelona?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>Bueno&hellip; en Chicago hay suburbios en donde no puedes entrar, es duro. Me acerqu&eacute; hasta donde fui capaz. Me acompa&ntilde;&oacute; un profesor que est&aacute; all&iacute;, y tampoco &eacute;l quer&iacute;a entrar m&aacute;s all&aacute;. Hay sitios en donde no entras porque es como molestar, les insultas. Saben que vas a husmear. Tampoco hay que ser tan chulo, &iquest;sabes?&hellip; Si vas porque tienes algo que hacer, porque tienes un amigo&hellip; Pero ir a ver c&oacute;mo son, tampoco.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Te has sentido tratado como una curiosidad?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>S&iacute;, me he sentido muy estereotipado, claro.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Y qu&eacute; hiciste? &iquest;Mandar alguno a la mierda?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>No, es que no tengo suficiente genio para mandar a alguno a la mierda. Me callo&hellip; Tendr&iacute;a que tener m&aacute;s genio. No s&eacute;, es una cosa que me estoy planteando &uacute;ltimamente&hellip; No s&eacute;, en Barcelona &mdash;y seguro que en todas partes, pero yo te hablo de lo que conozco&mdash; la clase culta tiene esa asquerosa tendencia al <em>buenrollismo</em>. Y entonces, es como pasaba en la pel&iacute;cula de Pl&aacute;cido: &ldquo;Ponga un pobre en su mesa&rdquo;. No lo hacen as&iacute;, lo hacen de otra manera. Lo hacen m&aacute;s cultivado, lo hacen de una manera en que siendo t&uacute; la v&iacute;ctima te convierten en asesino de los tuyos. &ldquo;No, porque t&uacute; tienes que darles voz&rdquo;, &ldquo;Porque t&uacute; sabes de&hellip;&rdquo;. Pero yo no tengo que darle voz a nadie. Primero, porque nadie es un magnet&oacute;fono para que yo le d&eacute; voz. &iexcl;Cada uno tiene la suya! Pero encima te quieren convertir en sicario de ellos contra los tuyos&hellip; Y yo me digo: &ldquo;Los m&iacute;os, el d&iacute;a que hablen y digan lo que ellos no quieren o&iacute;r&hellip; se cagar&aacute;n de miedo, porque pasar&aacute;n cosas que a ellos no les interesa&rdquo;. Bueno, a ver: los m&iacute;os&hellip; La gente de donde vengo, porque en verdad llevo un exilio de todo eso.
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        <strong>DK: Tu madre est&aacute; ah&iacute;.</strong><strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>S&iacute;. Voy a verla dos veces a la semana, por lo menos. Y tengo muchos amigos. Adem&aacute;s todo eso ha cambiado. Las f&aacute;bricas que han cerrado, por ejemplo. Y con los amigos tengo la misma edad, hablamos de cosas que ya no existen <em>(se queda pensativo</em>). Es curioso c&oacute;mo te van echando sin darse cuenta, o c&oacute;mo te tienes que ir de donde eres. Me estoy acordando de algo a lo que no le hab&iacute;a dado importancia, lo he empezado a asimilar ahora: cuando yo era un chaval&iacute;n de siete, o de nueve a&ntilde;os, me bajaba a la calle con un libro &mdash;un tebeo, o cosas as&iacute;&mdash; y me sentaba a leer. Y entonces ven&iacute;an los m&aacute;s chulos para saludar. No lo hac&iacute;an con mala intenci&oacute;n, pero como el libro era un objeto raro te daban un manotazo y te lo tiraban. Y claro, ya hab&iacute;a ah&iacute; una presi&oacute;n especial para que fueras como ellos. Para que entraras a jugar al f&uacute;tbol y no te quedaras leyendo. La sociedad te quiere absorber, y eso fue una de las primeras cosas que hicieron que me diera cuenta de que tampoco era mi mundo &eacute;se. La verdad, me siento muy identificado, desde peque&ntilde;o, con las pel&iacute;culas de vaqueros. El vaquero llega al pueblo, no pertenece a nada ni a nadie, se pone del lado de los buenos, hace su faena y se va. Porque en realidad s&oacute;lo se pertenece a &eacute;l. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Tu retrato del detective Colombo es exacto.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>Escribe todo el tiempo.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: S&iacute;, y parece tonto.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>O no le importa demostrar que es listo. &Eacute;l ya sabe. &Eacute;l hace su trabajo, le paga la polic&iacute;a, &iquest;para qu&eacute; tiene que demostrar m&aacute;s?
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &ldquo;No hay una cultura basura, pero s&iacute; un basurero donde la cultura acad&eacute;mica acumula todo lo que no acepta</strong>&rdquo;. <strong>Lo escribiste en una cr&oacute;nica en El Pa&iacute;s, en 2003.</strong><em>El Pa&iacute;s</em> 
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>S&iacute;, esto es as&iacute;. &iquest;Qui&eacute;n decide qu&eacute; es cultura basura y qu&eacute; no? De todas maneras, dentro de la cultura basura tambi&eacute;n hay una tendencia a repetir estructuras de poder, a repetir los esquemas de la cultura acad&eacute;mica. Cuando la cultura ha conseguido un estatus y est&aacute; en la Fnac, est&aacute; en una categor&iacute;a cultural que ya les permite&hellip; Bueno, siempre habr&aacute; nueva basura que venga detr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Tambi&eacute;n has hablado de una falsificaci&oacute;n de lo popular. Por ejemplo, la Pantoja en el Liceo de Barcelona</strong>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>S&iacute;, eso no quiere decir que la cultura oficial haya abierto la puerta a la cultura popular. Es m&aacute;s bien un fraude del <em>buenrollismo</em>.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Y qu&eacute; pas&oacute; con los apocal&iacute;pticos e integrados?</strong> 
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>Bueno, es que esas f&oacute;rmulas siempre suenan muy bien, &iquest;sabes? Como ser apol&iacute;neo o dionisiaco. Mira, muchos de los apocal&iacute;pticos que sal&iacute;an como ejemplo en el libro de Eco ahora son integrados. Superman, por ejemplo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: No hemos hablado de la estructura de tus novelas.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>Hay un hilo muy sutil, hay una estructura&hellip; En verdad, una vez que tengo ese hilo sutil ya no le doy tanta importancia a la estructura. Se aguanta sobre ese hilo. Podr&iacute;a ser la del teatro &mdash;ahora he empezado a escribir una obra de teatro&mdash;,  muy sencilla: hay unos personajes, van pasando cosas, personajes recurrentes: Ignasi, Toni Disco, Miguelito, que es el t&iacute;o que aparece hecho una calamidad, un juego de personajes que aparecen y reaparecen. Y se entrecruzan. Y entonces hacia al final &mdash;&ldquo;al final del tercer acto&rdquo;&mdash;, hay un cl&iacute;max que en este libro es la vuelta al barrio en el coche de Manolo Escobar. Me refiero a ese reconocimiento, cuando todos los personajes se vuelven a encontrar. Cuando mi madre reconoce al concejal comunista, que ya est&aacute; viejo.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Adem&aacute;s, est&aacute; Proust.  </strong><strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>S&iacute;, a m&iacute; el tempo proustiano me gusta mucho. Y en realidad, tiene que ver con la actitud pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Perd&oacute;n?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>No siempre, pero s&iacute; de vez en cuando, me gusta abordar esos temas: mi calle, el barrio&hellip; Y yo sab&iacute;a que el discurso que el poder iba a esperar de m&iacute; &mdash;y esperar es una manera de exigir&mdash; era que lo hiciera de un modo que ellos consideran propio de alguien como yo. Un tono barriobajero. Y no me dio la gana. &ldquo;Voy a escribir en alto tono burgu&eacute;s&rdquo;, me dije. &ldquo;Lo voy a escribir como Proust<em>&rdquo; (r&iacute;e).</em> Bueno, voy a <em>intentar</em> escribirlo como Proust.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Dices &ldquo;me hice humorista&rdquo;.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>Es muy importante para m&iacute; el sentido del humor. Esto lo aprend&iacute; de chaval. Era la supervivencia. Cuando todo era asqueroso: la dictadura, la vida cruel, eras un ni&ntilde;o y estabas en los bloques; y sin embargo me salvaba riendo. Porque le&iacute;a y me part&iacute;a el pecho. Estaba pendiente de la tele para que dieran dibujos y re&iacute;rme. El humor es una forma de salvarte. Y eso lo aprend&iacute; en seguida. Hab&iacute;a que estar riendo porque eso no hay quien lo aguante, eso era invivible.<strong> </strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Hay quien toma el humor como una huida.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>Era una salvaci&oacute;n, en aquel ambiente. 
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: No te he o&iacute;do decir: &ldquo;Yo pod&iacute;a haber sido delincuente&rdquo;.</strong> 
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>Pero no, &iquest;c&oacute;mo se te ocurre? &iexcl;Si bajaba a la calle con un tebeo!
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: Es que hay gente que lo dice: &ldquo;Nac&iacute; en el Barrio Chino, podr&iacute;a haber salido delincuente (o prostituta), y sal&iacute; escritor(a)&hellip;&rdquo;</strong> 
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>Es que eso es una manera de ver insultante. Una vez fui a un programa de televisi&oacute;n, cuando publiqu&eacute; <em>Los pr&iacute;ncipes valientes. </em>Era uno de esos canales de plataforma, que llevaban p&uacute;blico de pago. Y pon&iacute;an a las rubias delante, porque as&iacute; salen en el encuadre y gana el programa. Bueno, lo primero que me pregunt&oacute; el t&iacute;o fue: &ldquo;Y t&uacute;, si eres de San Adri&aacute;n, c&oacute;mo es que no has acabado robando tapacubos de los coches?&rdquo; Yo alucinaba.
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        <strong>DK: &iquest;Qu&eacute; le contestaste?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>No me acuerdo, una respuesta neutral, es que no me gusta montar pollos. Pero es que hay gente que saca partido de estas cosas, trabajan con clich&eacute;s. Pero yo creo que tienen un calado intelectual muy superficial. No tienen ni idea. Primero, les falta generosidad. Si no eres lo suficientemente generoso, generoso con todo, con la vida&hellip; Es mucho m&aacute;s importante un intelectual generoso que un intelectual ego&iacute;sta. Estoy pensando en Passolini, por ejemplo. Le gustaba la vida, le interesaba todo, no hab&iacute;a barreras... No existe eso de aquel qu&eacute; curioso, aquel qu&eacute; gracioso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;En donde te has sentido m&aacute;s extra&ntilde;o?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>No es extra&ntilde;o la palabra. Y yo no soy tan raro, por otra parte. Es que hay lugares en donde no estoy a gusto. Noto el conflicto de clases. Lo percibo, lo noto. Y yo digo &ldquo;hostia&rdquo;. No lo notan los que lo niegan. Ellos no lo notan. Claro, porque la guerra de clases la han ganado ellos. Y el vencedor nunca nota. En eso consiste vencer, en no notar, en no sentir dolor.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK: &iquest;Qu&eacute; voluntad te ha impulsado? &iquest;Por qu&eacute; escribiste lo que escribiste?</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>Hay muchas cosas. Y hay un ajuste de cuentas, siempre. Tengo un saldo deudor con Jack London; lo le&iacute; mucho en mi adolescencia. Mi escritor ideal es &eacute;l. Por c&oacute;mo se hizo escritor, por el porqu&eacute;, por c&oacute;mo acab&oacute;. Es el paradigma del escritor que yo quiero ser. Era un buscavidas, un hombre pobre que ten&iacute;a la vocaci&oacute;n de escribir. Pero tambi&eacute;n fue ladr&oacute;n de ostras en San Francisco, fue marinero, fue muchas cosas. Luego empez&oacute; a vender mucho y a hacerse millonario. Empez&oacute; a comprar fincas, barcos, pero aun as&iacute; militaba en el Partido Socialista estadounidense. Pero su contradicci&oacute;n era muy grande, la izquierda le parec&iacute;a poco y por eso hab&iacute;a buscado algo m&aacute;s radical. Al mismo tiempo era rico, estaba enganchado al alcohol, se hab&iacute;a traicionado en todos los sentidos. Hab&iacute;a cambiado de mujer dos veces. Se suicid&oacute; porque no pod&iacute;a con toda esta contradicci&oacute;n. Le admiro. Lleg&oacute; hasta el final de su vida llevando al m&aacute;ximo esa contradicci&oacute;n. Supo que la vida era contradicci&oacute;n. Y aunque cada vez estaba m&aacute;s lejos de su clase, escrib&iacute;a desde su clase social. El dec&iacute;a que cada palabra suya ten&iacute;a que ser como un pu&ntilde;etazo en el est&oacute;mago de un burgu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <strong>DK:</strong> <strong>Has hablado antes de Roberto Arlt. &Eacute;l dec&iacute;a algo parecido.</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>JPA: </strong>Me gusta mucho Roberto Arlt.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lilian Neuman]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/microcosmos-ves-reproducen-estructuras-poder_1_5559493.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Jan 2013 20:19:46 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA["En el microcosmos de los tuyos ves que también se reproducen las estructuras de poder"]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dos verbos comodín]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/verbos-comodin_1_5560072.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        No son los &uacute;nicos, pero estos dos son tremendos: <em>provocar</em> y <em>usar</em>. Hace ya tiempo que nos los encontramos por todas partes; no solo son unos pesados, sino unos aut&eacute;nticos delincuentes. Los verbos <em>provocar</em> (en el sentido de &lsquo;causar&rsquo;, no en el original de &lsquo;incitar&rsquo;) y <em>usar</em> (en el sentido de&hellip; &iexcl;todo!) parecen decididos a acabar con el nutrido equipo de colegas que, seg&uacute;n el contexto, podr&iacute;an ocupar su lugar en espa&ntilde;ol. Como ambos tienen, en &uacute;ltima instancia, pedigr&iacute; latino, y el primero certificaci&oacute;n acad&eacute;mica desde 1992, andan muy orgullosos por nuestro patrimonio. Un an&aacute;lisis m&aacute;s atento nos revelar&iacute;a, sin embargo, que, en una gran parte de los sentidos con que hoy se aplican, son un calco del ingl&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Muchas veces olvidamos que el ingl&eacute;s tiene un mont&oacute;n de t&eacute;rminos rom&aacute;nicos, pero no por ello dejan de ser ingl&eacute;s. El ingl&eacute;s siempre ha tomado del lat&iacute;n lo que le ha dado la gana y tiene incluso algunos latinismos que nosotros no tenemos, como <em>procrastination</em> (&lsquo;postergaci&oacute;n, aplazamiento&rsquo;). Uy, pero &iquest;qu&eacute; digo? &iexcl;S&iacute; que lo tenemos! &iexcl;Tenemos en las librer&iacute;as <em>Hazlo ahora: supera la procrastinaci&oacute;n y saca provecho de tu tiempo libre</em>, de Neil Fiore, y <em>Procrastinaci&oacute;n: por qu&eacute; dejamos para ma&ntilde;ana lo que podemos hacer hoy</em>, del doctor Piers Steel! &iexcl;Hasta el <em>Diccionario de la Real Academia Espa&ntilde;ola</em> incluy&oacute; el t&eacute;rmino en su edici&oacute;n de 1992, afirmando que viene del lat&iacute;n <a href="http://lema.rae.es/drae/?val=procrastinaci%C3%B3n" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>procrastinatio</em></a>! Tal vez se amparase en tres m&iacute;seras citas de fray Bartolom&eacute; de las Casas que son las &uacute;nicas que uno puede encontrar en su base de datos l&eacute;xica. Sin embargo&hellip; &iquest;citas del siglo XVI para argumentar la entrada de <em>procrastinar</em> y <em>procrastinaci&oacute;n</em>&hellip; en 1992? Repito: &iquest;en 1992? &iquest;Hasta entonces no se hab&iacute;an dado cuenta? &iquest;O es que nadie lo hab&iacute;a vuelto a decir hasta que los maestros de la autoayuda lo aprendieron del ingl&eacute;s?
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        Pero eso no debiera extra&ntilde;arnos. Recordemos que el <em>DRAE</em> ofrece de la palabra <em>televisi&oacute;n</em> la siguiente <a href="http://lema.rae.es/drae/?val=televisi%C3%B3n" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">etimolog&iacute;a</a>: &ldquo;De <em>tele-</em> y <em>visi&oacute;n</em>&rdquo;. Lo cual sugiere que no solo la palabra sino el propio aparato lo inventamos nosotros, patri&oacute;ticos l&iacute;deres en tecnolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        No hay ninguna necesidad de falsear los or&iacute;genes para quitarnos los complejos. Las palabras describen sinuosos trayectos en el espacio y en el tiempo, y que tengan una formaci&oacute;n rom&aacute;nica no supone necesariamente que hayan llegado a nosotros, a trav&eacute;s de un camino despejado, directamente del lat&iacute;n y el griego. Los conductos intermedios son igual de relevantes, si no m&aacute;s. <em>Provocar</em> y <em>usar</em> vienen ambos del lat&iacute;n, son antiqu&iacute;simos en espa&ntilde;ol, y la acepci&oacute;n de <em>provocar</em> en el sentido de &lsquo;causar&rsquo; ya hemos dicho que fue admitida en el <em>DRAE</em> en 1992; pero su presencia abusiva y su funci&oacute;n de comod&iacute;n se deben sin duda a la influencia del ingl&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, la influencia del ingl&eacute;s es casi lo de menos. Lo importante es el cometido asesino de estos comodines, su condici&oacute;n de usurpadores. Veamos algunos ejemplos de <em>provocar</em> (ponemos entre par&eacute;ntesis algunos de los verbos o locuciones verbales que <em>provocar</em> ha despachado con tal de imponer su presencia):
    </p><p class="article-text">
        <em>		No quer&iacute;a provocar sospechas</em><strong>provocar</strong> (despertar, levantar, suscitar).
    </p><p class="article-text">
        <em>		Me provoca repugnancia</em><strong>provoca</strong> (inspira, produce, da).
    </p><p class="article-text">
        <em>		El descontento popular provoc&oacute; una revoluci&oacute;n</em><strong>provoc&oacute;</strong> (dio pie a).
    </p><p class="article-text">
        <em>		La nevada provoc&oacute; muchos accidentes</em><strong>provoc&oacute;</strong> (ocasion&oacute;).
    </p><p class="article-text">
        <em>		Su manera de ser le provoc&oacute; muchos disgustos </em><strong>provoc&oacute;</strong>(acarre&oacute;).
    </p><p class="article-text">
        <em>		Sus palabras siempre provocan la pol&eacute;mica</em><strong>provocan</strong> (desatan).
    </p><p class="article-text">
        <em>		No provoca efectos secundarios</em><strong>provoca</strong> (produce, tiene).
    </p><p class="article-text">
        <em>		Es un tipo de conducta que provoca el suicidio</em><strong>provoca</strong> (induce a, conduce a).
    </p><p class="article-text">
        <em>		El terremoto provoc&oacute; m&aacute;s de 300 muertes</em><strong>provoc&oacute;</strong> (caus&oacute;).
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Qu&eacute; diferencia con el <em>provocar</em> genuino de aquel <a href="https://www.youtube.com/watch?v=i3XADgVv8W0" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">magn&iacute;fico bolero</a>!:
    </p><p class="article-text">
        <em>		Si algo me provoca</em><strong>provoca</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>		o me seduce,</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>		yo lo pruebo.</em>
    </p><p class="article-text">
        Ahora pens&eacute;moslo un poco. &iquest;Qu&eacute; tienen los verbos (&eacute;stos u otros posibles) que hemos puesto entre par&eacute;ntesis para que se les niegue la entrada en estas frases? &iquest;Son acaso verbos raros, arcaicos, hipercultos, demasiado t&eacute;cnicos, o demasiado castizos para que d&eacute; verg&uuml;enza decirlos? Pues no. De hecho, nadie notar&iacute;a nada extra&ntilde;o si, en vez de <em>provocar</em>, hubieran aparecido ellos. Pero el caso es que no aparecen.
    </p><p class="article-text">
        Lo mismo pasa con <em>usar</em>. Hay que ver la de cosas que <em>usamos</em> hoy en d&iacute;a y la de verbos que sacrificamos para <em>usarlas</em>. Ya casi ni las <em>utilizamos</em>, un verbo que, a pesar de ser su sin&oacute;nimo en las ocasiones oportunas, parece haber perdido prestigio, y curiosamente, cuando a uno le parece que est&aacute; abusando de <em>usar</em>, no lo reemplaza por &eacute;l sino por <em>emplear</em>, que da lugar a frases tremendas como <em>Emplea bien tu tiempo libre</em> o <em>&iquest;Puedo emplear la tarjeta de cr&eacute;dito?</em> Cierto es que <em>utilizar</em> no es tan antiguo en espa&ntilde;ol como <em>usar</em>, y esa terminaci&oacute;n en <em>-izar</em> siempre huele un poco a franc&eacute;s, pero no parece que sea &eacute;sta la causa de su desplazamiento, ni siquiera que sea &mdash;siempre hay que tener en cuenta la pereza&mdash; una palabra m&aacute;s larga. M&aacute;s bien la causa es de orden militar: <em>usar</em> &ldquo;se parece&rdquo; m&aacute;s al ingl&eacute;s <em>use</em> y, aprovechando la analog&iacute;a, ha procedido a la invasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        <em>		&iquest;Puedo usar el tel&eacute;fono?</em><strong>usar</strong> (llamar por)
    </p><p class="article-text">
        <em>		&iquest;Puedo usar el lavabo?</em><strong>usar</strong> (ir al)
    </p><p class="article-text">
        <em>		&iquest;Y vas a usar ese sombrero/tanto maquillaje?</em><strong>usar</strong> (llevar, ponerte)
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>		Ha usado</strong></em><em> muchas drogas</em> (ha tomado, ha consumido; se ha  metido).
    </p><p class="article-text">
        <em>		Estas tijeras est&aacute;n viejas pero a&uacute;n se pueden usar </em><strong>usar</strong>(pueden  servir).
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>		Usaron</strong></em><em> el ingl&eacute;s como lengua de trabajo</em> (hablaron en,  recurrieron al).
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>		Usen</strong></em><em> la puerta de atr&aacute;s</em> (salgan por).
    </p><p class="article-text">
        <em>		En la Academia de Plat&oacute;n se us&oacute; el m&eacute;todo socr&aacute;tico</em><strong>se us&oacute;</strong> (se aplic&oacute;).
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>		Usemos</strong></em><em> los recursos que a&uacute;n nos quedan </em>(aprovechemos).
    </p><p class="article-text">
        <em>		Me dorm&iacute; en la misma butaca que t&uacute; usaste anoche</em><strong>usaste</strong> (en que t&uacute; te  dormiste, te sentaste&hellip; o 		simplemente: en la misma butaca que t&uacute;  anoche).
    </p><p class="article-text">
        <em>		Salimos exactamente de la misma forma que hab&iacute;amos usado para entrar</em><strong>hab&iacute;amos usado</strong> (me declaro incapaz).
    </p><p class="article-text">
        		&hellip; <em>las calles que conoc&iacute;a tan bien y que tanto hab&iacute;a usado en los  &uacute;ltimos a&ntilde;os para sacudirse de encima 		a la polic&iacute;a </em><strong>hab&iacute;a usado </strong>(m&aacute;s incapaz  a&uacute;n).
    </p><p class="article-text">
        Tengo, adem&aacute;s, dos favoritas con escopetas:<em><strong> </strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>		Us&oacute;</strong></em><em> una escopeta para destrozar el enorme ventanal</em>.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>		Hab&iacute;a usado</strong></em><em> la escopeta con su marido.</em>
    </p><p class="article-text">
        Esta &uacute;ltima frase yo no s&eacute; si se entiende bien. No significa que marido y mujer cogieran o dispararan juntos la escopeta: significa, o quiere significar m&aacute;s bien, en su contexto, que la mujer se carg&oacute; al marido de un escopetazo.
    </p><p class="article-text">
        La del ventanal tiene una f&aacute;cil soluci&oacute;n en la que no necesitar&iacute;amos sustituir el verbo; bastar&iacute;a con eliminarlo: <em>destroz&oacute; el enorme ventanal de un escopetazo </em>o<em> de un tiro de escopeta</em>. La frase original, como la de las calles <em>usadas</em> citada m&aacute;s arriba, procede de una de las ediciones m&aacute;s negligentes que he le&iacute;do en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la de <em>Honrar&aacute;s a tu padre</em> de Gay Talese (Alfaguara, 2011, pp. 453 y 371). La de la escopeta <em>usada con </em>el marido es de <em>Sukkwan Island</em> de David Vann (Alfabia, 2010, 4&ordf; ed., p. 117). Pongo hoy la referencia bibliogr&aacute;fica no para afear la labor de ciertos traductores, sino la de ciertas editoriales, y porque me da pie a terminar con una extra&ntilde;a asimilaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Resulta sintom&aacute;tico que una gran editorial y una peque&ntilde;a editorial coincidan en ese descuido o indiferencia a la hora de revisar las escopetas. La traducci&oacute;n de <em>Sukkwan Island</em> tiene un nivel medio aceptable y no es, ni por asomo, tan mala como la de <em>Honrar&aacute;s a tu padre</em>; pero a uno le queda la impresi&oacute;n de que, si lo hubiera sido, habr&iacute;a sido publicada igual. Algunas personas que tienen una editorial parecen demasiado distra&iacute;das en otras cosas, por ejemplo, yo qu&eacute; s&eacute;, en escribir en las revistas, en una prosa digna de Tico Medina, <a href="http://edicionesalfabia.com/noticias/2010/Alfabia_101008_Vogue-Lou_Reed.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">prematuras eleg&iacute;as a Lou Reed</a>. En la cadena editorial los traductores no pueden ser los responsables de todo: se supone (se supone, digo) que hay gente preparada, o al menos entusiasta, que ejerce un control de calidad sobre la edici&oacute;n. Ese control de calidad a veces puede fallar, de acuerdo; pero una cosa es que falle y otra que no exista. Antes los editores cre&iacute;an que ten&iacute;an tambi&eacute;n una responsabilidad en la creaci&oacute;n de lengua y en su difusi&oacute;n. Hoy muchos no tienen siquiera idea de qu&eacute; es eso y se impone el moderno fen&oacute;meno llamado &ldquo;la edici&oacute;n sin editores&rdquo;, que es menos cualificado y sobre todo m&aacute;s barato; y, si a uno, aunque se lo reproche, no le sorprende que ese fen&oacute;meno caracterice a algunas grandes editoriales, no espera tanto que se reproduzca en las peque&ntilde;as, que suelen presentarse bulliciosamente como alternativas, apasionadas, artesanales y <em>vanityfairs.</em>
    </p><p class="article-text">
        El peque&ntilde;o <em>boom</em> de los peque&ntilde;os editores ha dado buenos ejemplos pero tambi&eacute;n ha propiciado que se cuelen entre sus filas, aprovechando el camino hecho y el buen nombre de quienes se lo han ganado, un bonito n&uacute;mero de peque&ntilde;os oportunistas, copiones sin criterio, ociosos y cursis aficionados que parecen jugar a las casitas, cuando no aprendices de magnate. Y sus ediciones entrometidas son ediciones sin editor. A m&iacute; me parece que hay demasiadas cosas comprometidas en un libro para seguir haciendo con &eacute;l lo que est&aacute;n haciendo el abaratamiento, la desprofesionalizaci&oacute;n, el refritismo y el todo por las ventas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Luis Magrinyà]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/verbos-comodin_1_5560072.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Jan 2013 19:41:03 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Dos verbos comodín]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA["Aquí estoy y soy mujer"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/oscura-entrevista-directora-kathryn-bigelow_1_5560230.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        Kathryn Bigelow hizo historia en Hollywood hace dos a&ntilde;os al convertirse   en la primera mujer que ganaba un &Oacute;scar al mejor director. Hasta   entonces hab&iacute;a sido una realizadora menospreciada y en ocasiones   considerada por su comunidad como una mujer poco locuaz a la hora de   comunicar sus ideas. Todo aquello cambi&oacute; de la noche a la ma&ntilde;ana gracias   a su pel&iacute;cula <em>The hurt locker</em>, una historia de brillante   narrativa sobre la guerra de Afganist&aacute;n protagonizada por Jeremy Renner.   El tema b&eacute;lico atrae a Bigelow y su talento la ha llevado a sustituir a   Oliver Stone en un g&eacute;nero donde ella es hoy maestra a la hora de crear   escenas de acci&oacute;n y suspense. Pintora de talento, Kathryn form&oacute; parte   del movimiento cultural de Nueva York en los a&ntilde;os setenta junto a   Richard Serra, Robert Rauschenberg y Susan Sontag. A trav&eacute;s del arte   lleg&oacute; al cine, donde con cada pel&iacute;cula se consolida como directora.
    </p><p class="article-text">
        El debate sobre la tortura ha dejado a la directora de la pel&iacute;cula <em>La noche m&aacute;s oscura</em> fuera de la nominaci&oacute;n al &Oacute;scar al mejor realizador. Poco o nada se ha hablado de lo que significa esta historia para las mujeres, como bien explic&oacute; Bigelow hace unos d&iacute;as en su discurso frente a la Asociaci&oacute;n de Cr&iacute;ticos de Estados Unidos: &ldquo;Estoy aqu&iacute; y soy mujer, mi pel&iacute;cula cuenta la historia de una mujer, a quien interpreta de forma maravillosa otra mujer, Jessica Chastain, y est&aacute; producida por Megan Ellison, que tuvo el coraje de hacer este filme y que tambi&eacute;n es una mujer. Desde aqu&iacute; quiero dar las gracias a las mujeres que con su fortaleza se han convertido en hero&iacute;nas de esta historia y tal vez de la industria de Hollywood&rdquo;. Sin embargo no ha habido recompensa a todo el esfuerzo de Kathryn; si bien <em>La noche m&aacute;s oscura</em> est&aacute; nominada al &Oacute;scar como mejor pel&iacute;cula, ella, Bigelow, se ha quedado fuera de la carrera por su segunda estatuilla al mejor director.
    </p><p class="article-text">
        Como Maya, la hero&iacute;na protagonista de la historia de <em>La noche m&aacute;s oscura</em>, Kathryn Bigelow conquista sus metas una por una. Ambas comparten la determinaci&oacute;n, la exigencia, la inteligencia, son mujeres en mundos masculinos que se definen por su forma de pensar y no por el sexo al que pertenecen. &ldquo;Como realizadora lo &uacute;nico que me interesa es contar una buena historia que capture el momento que quiero representar a trav&eacute;s de personajes bien formados&rdquo;, explica Kathryn, a quien le cansa el tema de ser una de las pocas mujeres que triunfa en Hollywood. &ldquo;Soy directora, no quiero ser la &uacute;nica directora <em>mujer</em>&rdquo;. Bigelow fue la primera mujer en ganar un &Oacute;scar y lo hizo con un filme b&eacute;lico, <em>The hurt locker</em>, y le molesta much&iacute;simo que se la defina como mujer porque para ella lo importante es ser artista, mostrar el contenido de su cine: &ldquo;Entiendo que no puedo hacer mucho contra toda esa parafernalia que me rodea, pero me gustar&iacute;a que la atenci&oacute;n se volcara en el texto de mis pel&iacute;culas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A sus 61 a&ntilde;os Bigelow ha dirigido un filme que est&aacute; levantando ampollas en Washington por sus escenas de tortura. &ldquo;Me he limitado a contar la realidad. Que es una realidad dura, es cierto, pero yo s&oacute;lo cuento lo que sucedi&oacute;, no estoy haciendo un juicio sobre ello&rdquo;. La cacer&iacute;a de Osama bin Laden es el motor de la pel&iacute;cula <em>La noche m&aacute;s oscura</em>, protagonizada por la actriz de moda en Hollywood, Jessica Chastain; &ldquo;Fue mi primera elecci&oacute;n. Durante el rodaje de <em>Strange Days</em> el actor Ralph Fiennes me ense&ntilde;&oacute; un primer corte de su pel&iacute;cula <em>Coriolanus</em>, protagonizada por Jessica, y me impresion&oacute;. Cuando Mark termin&oacute; el gui&oacute;n me fui a buscarla&rdquo;. La historia de <em>La noche m&aacute;s oscura</em> muestra c&oacute;mo fue una mujer, Maya, personaje ficticio inspirado en una esp&iacute;a de la CIA, quien dio con el paradero de Osama bin Laden. &ldquo;Mark Boal es el verdadero genio de este gui&oacute;n. Nos respetamos mucho y su trabajo me ha inspirado una y otra vez. Para poder hacer una pel&iacute;cula de estas caracter&iacute;sticas tienes que confiar plenamente en tu guionista y amar cada l&iacute;nea de lo que escribe&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los premios pueden llegar para <em>La noche m&aacute;s oscura</em> sobre todo desde el sindicato de directores, productores y actores, que admiran el trabajo de Kathryn y que fueron su gran apoyo con la pel&iacute;cula <em>The hurt locker</em>; &ldquo;Los galardones son importantes, pero lo que realmente deseo es que el p&uacute;blico vaya a ver mi pel&iacute;cula&rdquo;, confiesa Kathryn, a quien le cuesta comunicar sus ideas porque es poco conversadora &mdash;&ldquo;Mi trabajo habla por s&iacute; mismo&rdquo;&mdash;. Bigelow no ten&iacute;a planeado rodar otro filme b&eacute;lico tras <em>The hurt locker</em>; de hecho estaba preparando <em>Triple Frontier</em> para los estudios Paramount, un filme sobre el mundo de las drogas en Am&eacute;rica del Sur, cuando el estudio congel&oacute; el proyecto y la financiaci&oacute;n desapareci&oacute;. Boel y Bigelow decidieron empezar a trabajar en la historia sobre bin Laden: &ldquo;Nos interesaba que el p&uacute;blico descubriera c&oacute;mo hab&iacute;a sido la cacer&iacute;a, mostrar una pincelada de lo que han sido estos diez a&ntilde;os de dedicaci&oacute;n, coraje y sacrificio por parte de todos los que entregaron su tiempo &mdash;y algunos su vida&mdash; en acabar con bin Laden&rdquo;, termina diciendo Bigelow.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Estévez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/oscura-entrevista-directora-kathryn-bigelow_1_5560230.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 10 Jan 2013 19:35:01 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA["Aquí estoy y soy mujer"]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Díaz Ferrán pide un caballo para escapar del extrarradio]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/diaz-ferran-caballo-escapar-extrarradio_1_5558680.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La lectura, con respecto al entretenimiento, es una actividad relegada al extrarradio. &iquest;Qu&eacute; puede hacer una novela frente a la centralidad de una serie? Adem&aacute;s, al igual que  los habitantes del extrarradio, el h&aacute;bito de leer ha suscitado siempre suspicacias. Shakespeare ya lo apuntaba en <em>Julio C&eacute;sar</em>, cuando el mismo C&eacute;sar en un despectivo comentario despacha al senador Casio sentenciando: &ldquo;Lee demasiado&rdquo;. Tambi&eacute;n sabemos del destino que le proporcion&oacute; la lectura a Madame Bovary, quien crey&oacute; ver en las novelas una realidad mejor que la que le toc&oacute; en suerte y, menos conocido pero no por ello de inferior calado, el personaje aquel de <em>Las Palmeras salvajes </em>de Faulkner, el presidiario que intenta perpetrar un robo y fracasa estrepitosamente sin comprender lo que ha sucedido. Pobre iluso, hab&iacute;a basado sus planes en las lecturas de los <em>pulps</em> de la &eacute;poca (el colmo ya: la novela de aventuras como un extrarradio de la alta literatura) y se sent&iacute;a absolutamente estafado por la lectura. Aquel preso, cuando tiene la posibilidad de huir, elige, sin dudarlo, la c&aacute;rcel. &iquest;No es tambi&eacute;n la c&aacute;rcel otro enclave del extrarradio social?
    </p><p class="article-text">
        Elvira Navarro <a href="http://www.eldiario.es/Kafka/besarte-noble-calavera_0_86791386.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">argumenta</a> que los cementerios son propios de los bordes urbanos, alejados <em>ex profeso</em> de la mirada, pero que la ciudad, inmersa en su propia din&aacute;mica, al crecer los engulle y les priva de marginalidad. Las c&aacute;rceles est&aacute;n a salvo de esta abducci&oacute;n. Cuando la ciudad las rodea, se escabullen del abrazo y escapan para seguir siendo un ap&eacute;ndice, un hecho aislado, habitando extramuros del contrato social. El cierre de la c&aacute;rcel de Carabanchel en Madrid y el futuro traslado de la Modelo de Barcelona, pospuesto por la crisis, lo demuestran.
    </p><p class="article-text">
        En la c&aacute;rcel de alta seguridad romana de Rebibbia, en Italia, los hermanos Taviani han registrado en un documental &mdash;que no se priva de una buena carga de ficci&oacute;n&mdash; el montaje de <em>Julio C&eacute;sar</em> de Shakespeare por parte de los habitantes del presidio: <a href="http://www.youtube.com/watch?v=rQXsLENIJvQ" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">C&eacute;sar debe morir</a>. El teatro, al igual que la poes&iacute;a &mdash;ya lo dijimos de la lectura&mdash; tambi&eacute;n tiene como destino final el vertedero donde se van abandonando actividades y conductas, con lo cual pareciera que el extrarradio se va convirtiendo en una suerte de juego de <em>matrioskas</em> que van apareciendo seg&uacute;n abrimos: la c&aacute;rcel, el presidiario, la lectura, el teatro y seg&uacute;n avancemos, de manera natural, llegaremos tambi&eacute;n a la escritura, y todo sin salir de los muros del presidio.
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        Los hermanos Taviani, octogenarios ya, demuestran c&aacute;mara en mano y siguiendo los pasos de los presos una radicalidad y una capacidad para exhumar del vertedero no ya el talento sino el sentido que puede ayudar a entender el supuesto centro. La tragedia de Shakespeare se torna humana, carnal, viva en la piel de esos hombres que confunden ficci&oacute;n y realidad. El actor que representa a C&eacute;sar se enoja en el plano de lo real con su compa&ntilde;ero que interpreta al senador Decio y le increpa mezclando sus propias contradicciones. El presidiario que repasa su papel de Bruto le comenta al compa&ntilde;ero de celda: &ldquo;En esos tiempos no se pod&iacute;a ser feliz en Roma&rdquo;, a lo cual, el otro le responde, &ldquo;En mi pa&iacute;s, Nigeria, tampoco ahora se puede ser feliz&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Un recluso, acostado, mira el techo y musita: &ldquo;Deber&iacute;an llamarnos los guardianes del techo, no prisioneros. Estamos en nuestras camas, mirando hacia arriba, siempre, todo el d&iacute;a, casi todo el d&iacute;a. Si te ponen en la litera m&aacute;s alta, puedes ver el techo. Lo ves, le hablas, lo tocas&hellip;&rdquo;. &iquest;Hablar&aacute; el empresario Gerardo D&iacute;az Ferr&aacute;n con el techo de su celda? &iquest;Habr&aacute; tenido la suerte de conseguir una litera y desde ella, recostado, se sentir&aacute; guardi&aacute;n del techo?
    </p><p class="article-text">
        Sabemos por la prensa que est&aacute; empezando a escribir &ldquo;unas memorias o unas reflexiones&rdquo;, con lo cual acompa&ntilde;a el desplazamiento f&iacute;sico al extrarradio con un movimiento del centro de los negocios al borde intelectual. Cuesta un poco m&aacute;s imaginarlo en un taller de teatro, pero no mucho si nos remitimos a los protagonistas de la pel&iacute;cula de los Taviani, ya que como ellos, en lugar de encorsetarse en un personaje, posiblemente se entregue a la liquidez de entrar y salir de &eacute;l, de manera confusa, tal como le ocurr&iacute;a en el centro medi&aacute;tico que ocupaba. Cuando, por ejemplo, olvidaba el papel de empresario y declaraba que &eacute;l jam&aacute;s elegir&iacute;a para volar Air Comet, su compa&ntilde;&iacute;a a&eacute;rea, o que Esperanza Aguirre era &ldquo;cojonuda&rdquo;, o cuando fue capaz de decirle al juez que las decisiones financieras de su empresa estaban en manos de su socio fallecido, seg&uacute;n inform&oacute; en su d&iacute;a la <a href="http://www.elconfidencial.com/economia/2012/03/07/diaz-ferran-echa-la-culpa-a-gonzalo-pascual-de-los-problemas-financieros-de-marsans-93904/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">prensa</a>. Aqu&iacute; se ve la talla del int&eacute;rprete y tal vez, si por ejemplo alguien emprendiese una tarea similar a la de los Taviani y entrase con las c&aacute;maras a la c&aacute;rcel de Alcal&aacute; Meco, lo apropiado para D&iacute;az Ferr&aacute;n no ser&iacute;a <em>Julio C&eacute;sar</em> sino otro Shakespeare, <em>Ricardo III</em>, alguien h&aacute;bil para moverse en la maquinaria del poder, sin la luz de C&eacute;sar pero con toda la oscuridad para acariciar lo que anhela llamando &ldquo;cojonuda&rdquo; a Lady Ana, viuda del Pr&iacute;ncipe de Gales a quien Ricardo asesin&oacute;. Al igual que a Bruto en <em>Julio C&eacute;sar</em>, los fantasmas aparecen aqu&iacute; antes de la batalla final. El fantasma del Duque de Clarence le echa en cara a Ricardo haber sido traicionado a muerte por su astucia &mdash;vibrar&iacute;a D&iacute;az Ferr&aacute;n ante esta aparici&oacute;n&mdash; y pronuncia las palabras que dan t&iacute;tulo a la conocida novela de Javier Mar&iacute;as, &ldquo;Ma&ntilde;ana en la batalla piensa en m&iacute;, / y caiga tu espada sin filo&rdquo;. Ya perdido, Ricardo, sin su caballo y combatiendo a pie, clama: &ldquo;Un caballo! &iexcl;Mi reino por un caballo!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        En el documental de los Taviani, un presidiario, acostado, clava su mirada en el techo:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Francesco, hijo m&iacute;o, estoy tratando de ver tu rostro en el techo; no puedo hacerlo hoy, pero estoy tratando. Trato&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En el techo de su celda, &iquest;qu&eacute; es lo que tratar&aacute; de ver D&iacute;az Ferr&aacute;n? Puede que el rostro de un ser querido. Tal vez una voz que pida un recuerdo para s&iacute; cuando le toque estar, ma&ntilde;ana, en la batalla judicial. O quiz&aacute;s un caballo, un simple caballo que lo saque de ese extrarradio brutal al que lo han llevado unos aviones en los que no quiso volar nunca.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Miguel Roig]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/diaz-ferran-caballo-escapar-extrarradio_1_5558680.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 09 Jan 2013 18:11:38 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Díaz Ferrán pide un caballo para escapar del extrarradio]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Problemas de reingreso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/problemas-reingreso_1_5558725.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Los comienzos de a&ntilde;o no son buenos para los extrarradios cinematogr&aacute;ficos. O, por lo menos, para su visibilidad inmediata. Aunque todo es relativo: antes de que termine el mes, el estreno de <em>Mapa,</em> de El&iacute;as Le&oacute;n Siminiani, volver&aacute; a demostrar que otro cine espa&ntilde;ol es posible, en las zonas fronterizas entre la experimentaci&oacute;n personal y una voluntad (y capacidad) de comunicaci&oacute;n que merece encontrar sus interlocutores. Tambi&eacute;n antes de que llegue febrero, ese supuesto cine invisible/subterr&aacute;neo/<em>low cost</em> que ha entrado en efervescencia en nuestro pa&iacute;s dar&aacute; un sonado golpe de efecto, pero a&uacute;n es pronto para hablar del asunto.
    </p><p class="article-text">
        Pero, bueno, a lo que &iacute;bamos&hellip; que era, precisamente, hablar de un puntual momento del a&ntilde;o cinematogr&aacute;fico en el que nadie suele mirar a los extrarradios. Y eso no es necesariamente malo. Uno intuye que se aproxima la temporada de los &Oacute;scar porque, entre otras muchas cosas, las pel&iacute;culas empiezan a durar el doble de lo que marca la costumbre: tres horas (o casi) frente a la narraci&oacute;n de hora y media que establece el est&aacute;ndar consensuado (al menos durante un siglo) por industria y exhibidores. Una estaci&oacute;n marcada, pues, por pel&iacute;culas que sacan pecho, infectadas de importancia, cuya autoestima, con frecuencia, suele ser inversamente proporcional al lugar que, a la larga, ocupar&aacute;n en la historia de la evoluci&oacute;n del medio (que es, esencialmente, la evoluci&oacute;n de sus formas, de su lenguaje). Toda regla tiene excepciones y esta no va a ser menos: entre las pel&iacute;culas que este a&ntilde;o <em>suenan para el &Oacute;scar</em> (grimosa expresi&oacute;n) hay, por lo menos, dos que han venido para quedarse, para dejar huella&hellip; Son <em>The Master</em>, de Paul Thomas Anderson, y <em>La noche m&aacute;s oscura</em>, de Kathryn Bigelow.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Anderson dio el primer gran rugido de su carrera con <em>Boogie Nights</em> (1997), casi todos los cr&iacute;ticos mencionamos el referente de Scorsese: el joven director parec&iacute;a aplicar sobre la ascensi&oacute;n y ca&iacute;da de una estrella del cine X la misma estrategia que aplic&oacute; el director de <em>Malas calles</em> (1973), <em>Uno de los nuestros</em> (1990) y <em>Casino</em> (1995) al describir &mdash;m&aacute;s bien, diseccionar&mdash; tres momentos en la historia de la mafia italoamericana: una narrativa paranoica, avasalladora, desgranada entre gimn&aacute;sticos planos secuencia y arabescos de virtuoso montaje. El joven cachorro no tard&oacute; en buscar su propia identidad al abrigo de otros referentes &mdash;Altman por encima de todo&mdash; hasta que, en <em>The Master</em>, quiz&aacute; su pel&iacute;cula m&aacute;s monstruosa, deslumbrante &mdash;pero tambi&eacute;n la que equilibra mejor sus intenciones y resultados&mdash; ha vuelto a rozarse, sin saberlo &mdash;y, a lo mejor, sin pretenderlo&mdash; con Scorsese. En el fondo, <em>The Master</em> se levanta sobre el mismo material neur&oacute;tico que <em>Shutter Island</em> (2010), aunque no puede haber dos pel&iacute;culas m&aacute;s distintas. Sobre el papel, Scorsese, adaptando una novela de Dennis Lehane, estaba elaborando un ejercicio de g&eacute;nero bajo el influjo est&eacute;tico de las perturbadoras producciones fant&aacute;sticas de Val Lewton para la RKO: en realidad, <em>Shutter Island</em> se abismaba en el traum&aacute;tico reingreso en la vida civil (de hecho, una inmersi&oacute;n sin bombona de ox&iacute;geno en la tiniebla de la modernidad) de quienes hab&iacute;an contemplado, sucesivamente, el Holocausto y los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki. Un reingreso en la vida civil que implicaba cruzar el umbral de la paranoia y, en ocasiones, encontrar en la autodestrucci&oacute;n la &uacute;nica trinchera.
    </p><p class="article-text">
        El supuesto tema de <em>The Master</em> es otra falsa pista: no es un <em>biopic</em> <em>&agrave; clef</em> de Ron Hubbard, padre fundador de la Iglesia de la Cienciolog&iacute;a, sino otra pesadilla sobre la obsolescencia programada del veterano de guerra (de cualquier guerra) y sus problemas de reingreso. El personaje que encarna Joaquin Phoenix como si fuera un Conrad Veidt del documentalismo americano de posguerra es, en buena medida, un hermano de sangre del Leonardo DiCaprio de <em>Shutter Island</em>. Y, de hecho, Philip Seymour Hoffman no necesita ser Ron Hubbard en clave para los prop&oacute;sitos de la pel&iacute;cula: &eacute;l es y no es Ron Hubbard, del mismo modo que es y no es Orson Welles y es y no es una encarnaci&oacute;n de Dyonisos para un mundo de grandes almacenes y creencias al por mayor. Anderson rueda su pel&iacute;cula como si fuera el m&aacute;s visionario de los cineastas-demiurgo: como un Kubrick que, al atravesar el monolito azul, emergiese al otro lado transformado en uno de los industriosos simios que abr&iacute;an <em>2001, una odisea del espacio</em> (1968); en suma, un sofisticado-primitivo que fotograf&iacute;a los rostros de sus actores como si el cine a&uacute;n aguardara a ser inventado.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
        En <em>The Master</em>, el cineasta logra una met&aacute;fora sint&eacute;tica que me record&oacute; a la manera en que Werner Herzog defin&iacute;a la sociedad americana en su inolvidable versi&oacute;n de <em>Teniente corrupto</em> (2009): como la eterna dial&eacute;ctica entre el alucinado y el sobrio (que no es otra cosa que el exalucinado que, tras la correspondiente cura de desintoxicaci&oacute;n, accede al estatus jer&aacute;rquico de los integrados). <em>The Master</em> define Estados Unidos como la zona de confluencia entre los da&ntilde;os espirituales que genera la propia mec&aacute;nica del sistema y el placebo espiritual de una religi&oacute;n confeccionada como un producto de consumo m&aacute;s (o como una saga de ciencia-ficci&oacute;n con &iacute;nfulas). El consumo de alcohol hermana, en este caso, a maestro y disc&iacute;pulo: no hay una frontera de sobriedad, sino la capacidad (o la incapacidad) de disimular el extrav&iacute;o t&oacute;xico. Lo interesante es que esa reducci&oacute;n a dos elementos esenciales &mdash;&iquest;una ecuaci&oacute;n irresoluble?&mdash; no s&oacute;lo sirve para definir Estados Unidos, &iquest;verdad? Buscando la esencia de la americanidad, <em>The Master</em> ha dado con una met&aacute;fora universal.
    </p><p class="article-text">
        Alrededor de <em>La noche m&aacute;s oscura</em> ha surgido una pol&eacute;mica de la que todos ustedes, probablemente, ya habr&aacute;n o&iacute;do hablar: &iquest;es una obra de propaganda?, &iquest;glorifica el uso de la tortura en el proceso que llev&oacute; a la ejecuci&oacute;n &mdash;por llamarla de alg&uacute;n modo&mdash; de Osama Bin Laden? Que la pel&iacute;cula muestre tortura donde hubo tortura me parece un gesto de honestidad narrativa. Sobre si es o no propaganda, s&oacute;lo puede respondernos la propia pel&iacute;cula, con su tono helado, con su piel tan poco heroica&hellip; Hace unos d&iacute;as le coment&eacute;, en broma, a un amigo cin&eacute;filo que el cl&iacute;max final de la pel&iacute;cula era un mon&oacute;logo de 45 minutos de Bin Laden agonizante. Por supuesto, no es as&iacute;: la muerte de Bin Laden est&aacute; exenta de toda ritualizaci&oacute;n. Se abre una puerta, hay disparos y cae un fardo al suelo del que no vemos ni siquiera el rostro. No hay lugar para el mon&oacute;logo del coronel Kurtz, no hay tiempo para el verbo de enredadera del David Carradine de <em>Kill Bill, volumen 2</em> (2004). <em>La noche m&aacute;s oscura</em> parece tener muy claro su tema: la cr&oacute;nica minuciosa del laborioso desarrollo y la desoladora ejecuci&oacute;n de un trabajo sucio. Por eso, Obama prefiri&oacute; que nunca vi&eacute;ramos el contraplano de lo que ese d&iacute;a estaba contemplando en amena compa&ntilde;&iacute;a. Por eso, hay un personaje que llora al final: no es porque sienta l&aacute;stima por la v&iacute;ctima, sino por la suciedad que, a partir de ese momento, tendr&aacute; que llevar pegada al alma.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Jordi Costa]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/problemas-reingreso_1_5558725.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 09 Jan 2013 17:29:32 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Problemas de reingreso]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tres caballeros y una sola dama en apuros]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/caballeros-sola-dama-apuros_1_5558340.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Despu&eacute;s de tantas fiestas y tantas listas de lo m&aacute;s visto, le&iacute;do o escuchado en 2012, por fin vuelven los d&iacute;as laborables y la cuesta de enero.
    </p><p class="article-text">
        Hablando de rebajas, esta semana nos hemos enterado de que el Nobel a veces se da de saldo, casi regalado.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         Al concederle el Nobel a John Steinbeck, le preguntaron si cre&iacute;a que se lo merec&iacute;a. &ldquo;Francamente, no&rdquo;, respondi&oacute; &eacute;l. Lo mismo opinaba al parecer la Academia sueca. Este a&ntilde;o han salido a la luz los archivos de las deliberaciones de 1962 y resulta que a Steinbeck esos suecos le concedieron el <a href="http://www.elmundo.es/elmundo/2013/01/03/cultura/1357249928.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">premio</a> s&oacute;lo por &ldquo;<a href="http://www.abc.es/cultura/libros/20130104/abci-polemica-premio-nobel-steinbeck-201301031854.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ser el menos malo</a>&rdquo; de los candidatos, entre los que estaban Lawrence Durrell y Robert Graves.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por eso en <a href="http://www.elcultural.es/version_papel/OPINION/32088/Se_habla_de_Goytisolo_para_el_premio_Nobel" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Cultural</a> de <em>El Mundo</em>, nuestro inmarcesible Anson hace campa&ntilde;a o cruzada para que a Luis Goytisolo tambi&eacute;n le den un Nobel, aunque sea en las rebajas a mitad de precio. 
    </p><p class="article-text">
        Asegura ya en el t&iacute;tulo Anson: &ldquo;<em>Se habla de Goytisolo para el premio Nobel</em>&rdquo; &iquest;Ah s&iacute;?&iquest;Se habla? &iquest;Qui&eacute;n habla, c&oacute;mo, d&oacute;nde? &ldquo;Una veterana periodista que reside en Estocolmo, con la que mantengo amistad desde los a&ntilde;os mil, me ha asegurado que se habla de Luis Goytisolo para el premio Nobel de Literatura en el entorno de la Academia sueca&rdquo;. Ser&aacute; que en Suecia se lee mucho a Anson, que deja caer, como quien no quiere la cosa: &ldquo;Hace un a&ntilde;o dediqu&eacute; una <em>Primera palabra</em> a la reflexi&oacute;n sobre <em>Antagon&iacute;a</em>. Me complace comprobar hasta qu&eacute; punto ha calado la calidad de la novela en la cr&iacute;tica internacional&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De las entrevistas de esta semana, dos nos han llamado la atenci&oacute;n. Una a Juan Mars&eacute;, que ha mostrado la severidad de costumbre y diagnostica que la literatura espa&ntilde;ola actual &ldquo;<a href="http://www.abc.es/cultura/libros/20121230/abci-entrevista-juan-marse-201212300016.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">quiz&aacute; necesite m&aacute;s sustantivos y menos adjetivos</a>&rdquo;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         La otra al gran <a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2013/01/03/actualidad/1357232408_559234.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Quino</a>, el creador de Mafalda.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, lo m&aacute;s divertido ha sido el fabuloso combate por la doncella en apuros J.K. Rowling, en el que esta semana han participado al menos tres caballeros montados en sendos peri&oacute;dicos, cada uno con su caracter&iacute;stica pegada.
    </p><p class="article-text">
        En <em>El Cultural</em> de <em>Abc</em>, da la impresi&oacute;n de que a Antonio Fontana le ha gustado <em>Una vacante imprevista</em>, y se ha debido de divertir leyendo, porque su cr&iacute;tica de la novela es muy divertida de leer. Habla de que en la novela hay muchos secretos y asegura que &ldquo;Rowling los va mostrando con la habilidad de un mago a medida que retuerce los hilos de la intriga, aceler&aacute;ndonos el coraz&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Caramba, pero si le pone a su dama un sobresaliente. 
    </p><p class="article-text">
        En <em>Babelia</em> en cambio la desvalida J.K. no lo tiene tan f&aacute;cil: ah&iacute; se las tiene que ver con Jos&eacute; Mar&iacute;a Guelbenzu, a quien le parece que la novela es como ciertas fincas r&uacute;sticas: manifiestamente mejorable. Tras reconocer a rega&ntilde;adientes que se deja leer, frunce el ce&ntilde;o y exclama: &ldquo;Sin embargo, esto no es suficiente&rdquo;. Puede que lo sea para Antonio Fontana, pero ahora est&aacute;s ante Jos&eacute; Mar&iacute;a Guelbenzu, Rowling, cari&ntilde;o, &iexcl;ponte firme!
    </p><p class="article-text">
        &iquest;En qu&eacute; suspende Guelbenzu a Rowling? Pues ni m&aacute;s ni menos que en lo m&aacute;s importante: &ldquo;carece de fuerza dram&aacute;tica&rdquo;. &iquest;C&oacute;mo? &iquest;Que no tiene fuerza dram&aacute;tica? Pues entonces nada: con eso te lo digo todo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Algo m&aacute;s? S&iacute;, por cierto: &ldquo;es un relato fundamentalmente explicativo&rdquo;, &ldquo;la mirada de los personajes tiende a ser superficial, carece de hondura&rdquo;, etc.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de todo, condesciende Guelbenzu a que Rowling vuelva a presentarse en septiembre: &ldquo;J.K. Rowling lo ha intentado y &eacute;se es su m&eacute;rito, pero debe y puede exigirse mucho m&aacute;s&rdquo;. Queda claro que Guelbenzu lo hace por su bien y que a &eacute;l le duele m&aacute;s que a la propia Rowling.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Les parece duro Guelbenzu? Pues es un caballero: &iexcl;a&uacute;n no han o&iacute;do a Rafael Narbona en <a href="http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/32111/Una_vacante_imprevista" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Cultural</a> de <em>El Mundo</em>! Menos bonita, le dice de todo y, al final, dan ganas de consolar a la vapuleada autora, de dejarle un <em>Kleenex</em> y hasta de invitarla a unas cervezas con unas patatitas de esas de bolsa: &ldquo;La novela discurre entre t&oacute;picos y lugares comunes, a&ntilde;adiendo las dosis aceptables de erotismo, desgarro y psicolog&iacute;a de un <em>best seller</em> orientado a un p&uacute;blico infantilizado y conformista. La prosa es plana y banal y los personajes s&oacute;lo son esbozos sin consistencia ni credibilidad. El conjunto resulta difuso y decepcionante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Con qu&eacute; nos quedamos? &iquest;Con el &ldquo;progresa adecuadamente&rdquo; de Fontana, el &ldquo;necesita mejorar&rdquo; de Guelbenzu o el &ldquo;qu&iacute;tate de mi vista&rdquo; de Narbona?
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         Por lo dem&aacute;s, esta semana nos ha sorprendido el suplemento <em>Culturas</em> de <a href="http://www.lavanguardia.com/cultura/20130109/54359744824/el-mecenazo-que-viene.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La Vanguardia</a>, donde Jos&eacute; Enrique Ruiz Dom&egrave;nec se descolgaba el mi&eacute;rcoles pasado con un art&iacute;culo orteguiano sobre las generaciones del siglo XX. Ayer, en cambio, Eva Mu&ntilde;oz nos propon&iacute;a una reflexi&oacute;n sobre el marco legal para el mecenazgo (que el ministro Wert ha prometido desarrollar en esta legislatura).
    </p><p class="article-text">
        Y como no todo son libros ni Depardieu con su pasaporte ruso o los Goyas que va a recibir <em>Blancanieves</em>, esta semana, <em>Abc Cultural </em>dedicaba buena parte del suplemento al &ldquo;a&ntilde;o Munch&rdquo;, que celebra el 150 aniversario del pintor de <em>El grito</em>. <a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2013/01/03/actualidad/1357213075_909683.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Babelia</a> en cambio se centra en el cine, a partir del ensayo de Vicente J. Benet <em>El cine espa&ntilde;ol. Una historia cultural</em>. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[DK]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/caballeros-sola-dama-apuros_1_5558340.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 09 Jan 2013 17:05:31 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Tres caballeros y una sola dama en apuros]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La mano de una mujer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/mano-mujer_1_5556618.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        En mi casa no &iacute;bamos a misa, pero todos los veranos, si est&aacute;bamos en Asturias, entr&aacute;bamos con el abuelo Benito en la cueva de Tito Bustillo, en Ribadesella. Entonces a&uacute;n hab&iacute;a que descender con cuerdas. El famoso caballo negro se qued&oacute; tan grabado en mi pupila que a veces creo recordar que lo he pintado yo mismo de peque&ntilde;o, a l&aacute;piz y en un cuaderno escolar.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Sin embargo, lo que m&aacute;s me perturbaba siempre en esa cueva era la silueta de una mano, una sola mano izquierda sobre la piedra. Est&aacute;, por as&iacute; decir, en las afueras, en el extrarradio, es dif&iacute;cil de ver, pero una vez que la has visto, ya no puedes olvidarla nunca:
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Hace miles de a&ntilde;os, tras dibujar en el centro de la pared grandes caballos, bisontes o incluso una ballena (la hay en la cueva de Tito Bustillo); en una esquina apartada, alguien apoy&oacute; la mano en la fr&iacute;a roca y con una ca&ntilde;a sopl&oacute; sobre ella pintura roja.
    </p><p class="article-text">
        Hay manos en las paredes de casi todas las cuevas (aunque en Asturias la de Tito Bustillo sea la &uacute;nica) y en todo el arte paleol&iacute;tico, como hay firmas detr&aacute;s de las puertas de todos los v&aacute;teres de los bares de mi barrio.
    </p><p class="article-text">
        Quien haya visto tantas veces como yo el llamado <em>Camar&iacute;n de las Vulvas</em> de la cueva de Tito Bustillo reconocer&aacute; de inmediato la afinidad entre la pintura rupestre y la mingitoria.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El paso natural que sigue a dejar constancia de tu mano en piedra o de tu firma en el lavabo es sin duda escribir una poes&iacute;a. Despu&eacute;s de dibujar genitales esquematizados en la pared de la cueva o del ba&ntilde;o, se acaba escribiendo sonetos de amor.
    </p><p class="article-text">
        La rima y los recursos m&eacute;tricos equivalen a la piedra y los pigmentos perdurables: se usan para que sea f&aacute;cil de recordar, para que permanezca.
    </p><p class="article-text">
        Pero &iquest;de qui&eacute;n son esas manos?
    </p><p class="article-text">
        Las &uacute;ltimas dataciones, efectuadas por Alistair Pike utilizando la t&eacute;cnica del uranio/torio, aseguran que en la cueva de El Castillo &ldquo;algunas siluetas de manos&rdquo; tienen 37.300 a&ntilde;os de antig&uuml;edad. &iquest;Podr&iacute;an entonces ser obra de neandertales? Juan Luis Arsuaga afirma que no hay nada probado con este trabajo de Pike y sus colegas, y a&ntilde;ade: <a href="http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/06/14/actualidad/1339695041_017850.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Las elaboradas figuras de ciervos y bisontes, no creo, pero las siluetas de manos y los s&iacute;mbolos, &iquest;por qu&eacute; no?&rdquo;.</a>
    </p><p class="article-text">
        Inquieta pensar que esas manos pueden ser de neandertales: las afueras de las afueras, el testimonio de una especie casi como la nuestra, pero extinguida, toda una humanidad, otra posibilidad de humanidad, que desemboc&oacute; en la nada.
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo, ah&iacute; est&aacute; todav&iacute;a su mano, tendida hacia la nuestra.
    </p><p class="article-text">
        &Eacute;sta es una de las muchas manos de la cueva de El Castillo, en Puente Viesgo, Cantabria:
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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        Y &eacute;stas son las manos qe vi en la cueva de Altamira (en su r&eacute;plica, que es extraordinaria):
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                </figure><p class="article-text">
        Rafael Alberti confes&oacute; que, tras visitar Altamira: &ldquo;Abandon&eacute; la cueva cargado de &aacute;ngeles, que solt&eacute; ya en la luz, vi&eacute;ndolos remontarse entre la lluvia, rabiosas las pupilas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A m&iacute; me produjo un impacto parecido, sal&iacute; abrazado por aquellas manos capaces de rozarme la cara a trav&eacute;s de la oscuridad del tiempo.
    </p><p class="article-text">
        No est&aacute; claro si son manos de neandertales o de homo sapiens, aunque seg&uacute;n la teor&iacute;a de Dean R. Snow son en su mayor&iacute;a manos de mujer (m&aacute;s de un 70%, dice &eacute;l).
    </p><p class="article-text">
        Los primeros versos en nuestro romance castellano tambi&eacute;n son voces de mujer, que nos hablan desde una distancia de diez siglos, aunque a&uacute;n suenen como un susurro al o&iacute;do.
    </p><p class="article-text">
        Son las jarchas, el extrarradio de la poes&iacute;a, nuestra l&iacute;rica rupestre, manos y voces de mujeres, versos que acarician en voz baja.
    </p><p class="article-text">
        Como muchas cuevas prehist&oacute;ricas, las jarchas son un descubrimiento reciente y casi accidental. Se suele decir con mucha raz&oacute;n: uno nunca sabe el pasado que le espera.
    </p><p class="article-text">
        Altamira la encontr&oacute; en 1868 un cazador que buscaba a su perro. En 1968 un grupo de j&oacute;venes descubri&oacute; unas pinturas al descender al <em>Pozu&lsquo;l Ramu</em>; entre ellos iba Celestino Fern&aacute;ndez Bustillo, que muri&oacute; a los pocos d&iacute;as en un accidente de monta&ntilde;a y bautiz&oacute; el descubrimiento. En 1948 Samuel Miklos Stern, al estudiar composiciones hebreas (de origen &aacute;rabe), las moaxajas, se tropez&oacute; con las jarchas.
    </p><p class="article-text">
        La publicaci&oacute;n del legendario art&iacute;culo de Stern, <em>&ldquo;Les vers finaux en espagnol dans les muwasshas hispano-h&eacute;braiques: une contribution &agrave; l'histoire du muwassahas et &agrave; l'&eacute;tude du vieux dialecte espagnol 'mozarabe'&rdquo;,</em> cambi&oacute; por completo la historia de la literatura en castellano. No exagera Alan Deyermond al compararlo con la piedra Rosetta y con el descubrimiento de los rollos del Mar Muerto. Por si fuera poco, al a&ntilde;o siguiente Stern encontr&oacute; jarchas en una moaxaja &aacute;rabe y as&iacute;, entre Stern y el gran arabista Emilio Garc&iacute;a G&oacute;mez desenterraron la primitiva l&iacute;rica popular rom&aacute;nica que estaba oculta en esas composiciones en &aacute;rabe y en hebreo.
    </p><p class="article-text">
        En pocas palabras: la poes&iacute;a castellana no empezaba, como se hab&iacute;a cre&iacute;do hasta entonces, con la &eacute;pica y don Rodr&iacute;go D&iacute;az de Vivar, sino un siglo antes y con una mujer hablando en voz baja.
    </p><p class="article-text">
        Fue como si, despu&eacute;s de admirar tanto tiempo el bisonte, el caballo y el cet&aacute;ceo, alguien reparara de pronto, distra&iacute;do, en la peque&ntilde;a mano estampada en la pared.
    </p><p class="article-text">
        El aire de familia de las jarchas con otras formas l&iacute;ricas primitivas, aunque posteriores, salta a la vista: el <em>Frauenlied</em> alem&aacute;n, la <em>chanson de femme</em> francesa, la <em>cantiga d&rsquo;amigo</em> galaico-portuguesa, etc.
    </p><p class="article-text">
        En 1919 ya propuso Men&eacute;ndez Pidal en una famosa conferencia la idea de una tradici&oacute;n continua que ven&iacute;a de las canciones populares de la &eacute;poca romana y, tras el descubrimiento de Stern, afirm&oacute; que las jarchas eran ese eslab&oacute;n perdido que confirmaba su teor&iacute;a. Esta l&iacute;nea de investigaci&oacute;n, a la que se suma (seg&uacute;n propuso James T. Monroe ya en 1976) la l&iacute;rica popular del norte de &Aacute;frica, confirma la sospecha (o la esperanza) de que hay una tradici&oacute;n oculta (o que nos ha sido escamoteada). No es extra&ntilde;o que el reciente libro de Santiago Auser&oacute;n, <em>El ritmo perdido</em>, lleve a cabo una investigaci&oacute;n semejante en el terreno paralelo de la m&uacute;sica popular.
    </p><p class="article-text">
        Las jarchas, pues, son breves coplas populares en romance moz&aacute;rabe, que aparecen en unas composiciones m&aacute;s largas (y cultas), las moaxajas, compuestas tanto en &aacute;rabe como en hebreo (si bien la moaxaja es una estrofa creada por un &aacute;rabe cordob&eacute;s, de Cabra). El moz&aacute;rabe es lo que hablaban los cristianos en la Espa&ntilde;a musulmana, una especie de jerga que transitaba entre el lat&iacute;n vulgar, el romance castellano, el &aacute;rabe y el hebreo. Se han rescatado poco m&aacute;s de sesenta jarchas, encontradas en moaxajas de entre los siglos XI y XIII. La m&aacute;s antigua se cree que es anterior a 1042.
    </p><p class="article-text">
        Se trata, por supuesto, de fusi&oacute;n, como se dir&iacute;a ahora. Carne de extrarradio: cruce de lenguas y de culturas, voces de mujer, amores impacientes o imprudentes, un par de versos en romance que se cuelan en un poema culto en &aacute;rabe o en hebreo, como una pintada garabateada a escondidas en los lavabos. No se puede concebir nada m&aacute;s alejado del centro de la ciudad po&eacute;tica y sus amplias avenidas con jardines de recreo, donde habitan los poetas cortesanos, la &eacute;pica, los grandes h&eacute;roes conquistadores.
    </p><p class="article-text">
        Escuchemos esa voz, dejemos que se acerque esa mano que a&uacute;n conserva en los dedos la humedad de la piedra de la caverna:
    </p><p class="article-text">
        <em>&iquest;Qu&eacute; far&eacute;, mamma? Meu al-habib est ad yana.</em>
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; a ti, pero a m&iacute; esta sencilla jarcha, la n&uacute;mero 11 (&iquest;Qu&eacute; har&eacute;, mam&aacute;? Mi amado est&aacute; a la puerta), me conmueve tanto como la mano tendida en la cueva de Tito Bustillo. Es muy caracter&iacute;stico de las jarchas, por cierto, ese car&aacute;cter suspensivo: &iquest;Qu&eacute; hago? Va a llegar mi amor, est&aacute; llegando, &iquest;y ahora qu&eacute; voy a hacer?
    </p><p class="article-text">
        Otras hay con una dulzura lastimera, como la n&uacute;mero 18 (que tambi&eacute;n termina, por as&iacute; decir, en puntos suspensivos):
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;Tanto amare, tanto amare, habib, tanto amare! Emfermeron olios nidios e dolen tanto male.</em>
    </p><p class="article-text">
        (&iexcl;Tanto amar, tanto amar, amado, tanto amar! Me enfermaron los ojos brillantes y duelen tanto).
    </p><p class="article-text">
        No hay que creer que estas mujeres no hacen otra cosa que lloriquear y esperar a que su amado abra la puerta. Ni mucho menos. No son las se&ntilde;oritas mojigatas de los barrios c&eacute;ntricos: son las mujeres de armas tomar del extrarradio, las de rompe y rasga, las mismas mujeres decididas y dispuestas a todo que recorrer&aacute;n m&aacute;s tarde nuestro Romancero, las serranas que se encontrar&aacute; el Arcipreste en el Guadarrama, las &ldquo;<em>V&eacute;nus de barri&egrave;re</em>&rdquo; que cantar&aacute; Brassens o las tanguistas y su &ldquo;melod&iacute;a de arrabal&rdquo;:
    </p><p class="article-text">
        <em>Meu sidi Ibrahim, ya nuemne dolche, vent&rsquo; a mib de nohte. In non, si non queris, yireim&rsquo; a tib: garme a ob legarte.</em>
    </p><p class="article-text">
        Dice la n&uacute;mero 22: Se&ntilde;or m&iacute;o Ibrahim, oh dulce nombre, vente a m&iacute; de noche. Si no, si no quieres, me ir&eacute; yo a ti: dime d&oacute;nde encontrarte.
    </p><p class="article-text">
        Decididas, dispuestas a todo, pero tambi&eacute;n exigentes y con mucha m&aacute;s imaginaci&oacute;n er&oacute;tica que los hombres a los que aman, como deja bien claro la jarcha n&uacute;mero 31:
    </p><p class="article-text">
        <em>Non t&rsquo;amaray, illa con al-sarti an taima halhali ma&rsquo;a qurti</em>
    </p><p class="article-text">
        O sea, seg&uacute;n Garc&iacute;a G&oacute;mez: No te amar&eacute;, si no juntas las ajorcas de mis tobillos con mis pendientes.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; tentadora y acrob&aacute;tica petici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; es la dulce, firme y alegre l&iacute;rica popular, esa corriente sumergida que va haciendo charcos a lo largo de la historia, la poes&iacute;a del extrarradio, desde su origen en romance hasta la pen&uacute;ltima <em>polingonera</em> que tararea coplas de Juan Perro o de Santiago Auser&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;De qui&eacute;n son esas manos, esas voces?
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; sigan siendo las nuestras esas manos sobre la piedra, esas voces en la oscuridad, ese <em>ritmo perdido</em> o escamoteado por la m&uacute;sica celestial de los barrios c&eacute;ntricos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rafael Reig]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/mano-mujer_1_5556618.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Jan 2013 20:30:24 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[La mano de una mujer]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Dichosos los hippies]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/dichosos-hippies_1_5555203.html]]></link>
      <description><![CDATA[<figure class="ni-figure">
        
                                            






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        El extrarradio tal y como lo conocemos hoy no existe en la literatura anterior al siglo XIX. El extrarradio es un concepto industrial, que hace referencia a la periferia de las grandes ciudades, al lugar donde son expulsados los que no pueden pagar una casa en el centro. 
    </p><p class="article-text">
        En el Siglo de Oro las ciudades de interior ten&iacute;an arrabales y las costeras almadrabas, adonde acud&iacute;an p&iacute;caros y buscavidas. Pero ese cintur&oacute;n de clase media o de clase media baja que fue cre&aacute;ndose alrededor de las grandes ciudades no existe por motivos obvios hasta la revoluci&oacute;n industrial.
    </p><p class="article-text">
        Habiendo como hay entre ellos muchas diferencias, el concepto cl&aacute;sico m&aacute;s parecido a <em>extrarradio</em> es el de <em>aldea</em>. Como aquel, esta tambi&eacute;n se defin&iacute;a por oposici&oacute;n a la ciudad en los innumerables textos cl&aacute;sicos que defienden la conveniencia de abandonar la corte y sus servidumbres para irse al vivir al campo.
    </p><p class="article-text">
        La recuperaci&oacute;n del entorno rural, el pacifismo, el rechazo al mercado, la renuncia a las posesiones, la austeridad y la vida en comuni&oacute;n con la naturaleza no son aspiraciones <em>hippies</em> inventadas en los sesenta, sino un ideal de vida que se remonta a la &eacute;poca de los poemas hom&eacute;ricos.
    </p><p class="article-text">
        Veamos.
    </p><p class="article-text">
        En el Canto XVIII de la <em>Il&iacute;ada</em>, Tetis, la madre de Aquiles, encarga a Hefesto, el dios del fuego y del forjado de metales, un buen escudo para su hijo. Hefesto se pone manos a la obra, y fabrica uno grande y fuerte, <em>con triple cenefa brillante y reluciente</em> y <em>abrazadera de plata</em>, en el que graba <em>figuras art&iacute;sticas</em>: la tierra, el cielo, el mar, los planetas, la pac&iacute;fica vida de una ciudad, la heroica resistencia de otra cercada por dos ej&eacute;rcitos; y por &uacute;ltimo y &mdash;aqu&iacute; viene la sorpresa&mdash; una cuadrilla de labradores arando la tierra, otra de j&oacute;venes segando la mies, un grupo de mancebos y doncellas en plena vendimia y cuatro pastores con sus perros persiguiendo a un le&oacute;n que se est&aacute; comiendo una vaca.
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; curioso que en un ambiente tan b&eacute;lico irrumpan, aunque sea en forma de grabado, estas sublimes escenas de pac&iacute;fica labranza. Porque los campesinos dibujados por Hefesto en el escudo de Aquiles est&aacute;n idealizados, son campesinos <em>literarios</em>, por decirlo as&iacute;. Los labradores no est&aacute;n sudados, ni siquiera tienen sed porque cada vez que terminan un surco un hombre sale a su encuentro para ofrecerles <em>una copa de dulce vino</em>.
    </p><p class="article-text">
        Los segadores &mdash;&iexcl;que llevan a cabo su tarea ante la alegre mirada del rey, que est&aacute; de pie, en medio de un surco, presidiendo lo que parece una solemne ceremonia!&mdash; tampoco pasar&aacute;n hambre, porque mientras recogen las mieses sus ayudantes est&aacute;n asando un buey y sus mujeres haciendo pucheros de harina blanca.
    </p><p class="article-text">
        Y por su parte los chavales que recogen la uva no parecen estar deslomados por el esfuerzo. Todo lo contrario: van <em>pensando en cosas tiernas</em>, van <em>cantando, profiriendo voces de j&uacute;bilo y golpeando con los pies el suelo</em> mientras uno de ellos <em>ta&ntilde;e la harmoniosa c&iacute;tara</em>.
    </p><p class="article-text">
        Un surquito, un vaso de vino; unas gavillas, un solomillo de buey; unas uvitas por aqu&iacute;, un coqueteo por all&aacute;... qu&eacute; vida tan regalada... Leyendo estas cosas dan ganas de hacerse labrador.
    </p><p class="article-text">
        Y esta es quiz&aacute;s la funci&oacute;n <em>pol&iacute;tica</em> de las alabanzas a la vida campesina que empiezan a aparecer en la literatura griega a partir de este poema de Homero: devolver a la vida rural el esplendor y la dignidad perdida. Que al <em>escuchador</em> de esta literatura le entraran ganas de volver al pueblo.
    </p><p class="article-text">
        Porque estas visiones idealizadas del mundo agrario coinciden &mdash;primero en la literatura griega, luego en la literatura latina y por &uacute;ltimo en la literatura castellana&mdash; con sucesivas crisis econ&oacute;micas que afectaron principalmente al campo y que provocaron en Grecia, en Roma y en Castilla un &eacute;xodo masivo de campesinos a la ciudad.
    </p><p class="article-text">
        Los escritores &mdash;primero griegos y luego latinos&mdash; que reivindicaron lo rural frente a lo urbano no se limitaron a dibujar en sus obras escenas id&iacute;licas de labranza. Ten&iacute;an m&aacute;s recursos para expresar esa nostalgia por la p&eacute;rdida de la riqueza campesina. 
    </p><p class="article-text">
        Unos por ejemplo relacionaban la vida en el campo con la austeridad, y elogiaban la pobreza con que se vive en los pueblos frente al lujo de la vida urbana. 
    </p><p class="article-text">
        Otros dignificaban en sus obras el trabajo rural y lo consideraban moralmente superior al ocio que imperaba en las urbes, engendrador de vicio y maldad. 
    </p><p class="article-text">
        Otros condenaban la navegaci&oacute;n por el mar.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, la navegaci&oacute;n por mar. Aunque hoy nos resulte un poco extravagante, la censura de quienes se montaban en un barco y surcaban los mares fue un tema literario muy &mdash;pero que muy&mdash; cultivado por los poetas y los narradores griegos, latinos y luego, a imitaci&oacute;n de estos, por los castellanos.
    </p><p class="article-text">
        No, no es un disparate. El odio a todo lo marinero ten&iacute;a mucha relaci&oacute;n con la alabanza de la vida aldeana. De hecho, era otro modo de enfocar el mismo asunto. Si la aldea representaba lo seguro, lo inalterable y lo tranquilo, el mar era todo lo contario: lo imprevisto, lo incierto, lo cambiante.
    </p><p class="article-text">
        S&oacute;lo una ambici&oacute;n enfermiza y desmesurada &mdash;ven&iacute;an a decir los escritores que tocaron este tema&mdash; pod&iacute;a llevar a alguien a hacer algo tan antinatural como cortar un pino, echarlo al mar y subirse en &eacute;l en busca de nuevos horizontes. Si los dioses hab&iacute;an separado con oc&eacute;anos las tierras lejanas ser&iacute;a por algo. No contradigamos su voluntad, sosten&iacute;an los enemigos de la navegaci&oacute;n. Lo adecuado, lo virtuoso, es quedarse en casa, vivir en el campo.
    </p><p class="article-text">
        Pues bien, todos estos temas y otros diferentes pero unidos por el mismo v&iacute;nculo ideol&oacute;gico (alabanza de la vida campestre, menosprecio de la ciudad, elogio de la vida retirada, cr&iacute;tica de las costumbres urbanas, elogio de la pobreza, censura del lujo, odio a la navegaci&oacute;n, al comercio y a las guerras...) todos circularon, sueltos o mezclados entre s&iacute;, a lo largo de &eacute;pocas distintas y en la obra de autores diferentes.
    </p><p class="article-text">
        Fue un poeta latino, Horacio, el que recogi&oacute; todos esos ingredientes dispersos y los cristaliz&oacute; en un epodo (el epodo es un g&eacute;nero po&eacute;tico como el soneto, como la silva, como el romance...) que empezaba as&iacute;:
    </p><p class="article-text">
        			Beatus ille qui procul negotiis,
    </p><p class="article-text">
        			ut prisca gens mortalium,
    </p><p class="article-text">
        			paterna rura bobus exercet suis
    </p><p class="article-text">
        			solutus omni faenore,
    </p><p class="article-text">
        			neque excitatus classico miles truci,
    </p><p class="article-text">
        			neque horret iratum mare,
    </p><p class="article-text">
        			Forumque vita et superba civium
    </p><p class="article-text">
        			potentiorum limina.
    </p><p class="article-text">
        (<em>Dichoso aquel que lejos de los negocios, como los primeros hombres, &#8232;labra la tierra paterna con sus bueyes, &#8232;sin deudas, &#8232;y no se despierta como los soldados con el toque de diana amenazador, ni tiene miedo a los ataques del mar, &#8232;que evita la ciudad y los soberbios palacios &#8232;de los poderosos</em>).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                </figure><p class="article-text">
         El epodo II de Horacio, del que estos ocho versos iniciales son una muestra significativa, sintetiz&oacute; admirablemente varios siglos de tradici&oacute;n literaria y sirvi&oacute; tambi&eacute;n para bautizar oficialmente el tema literario &mdash;el<strong> </strong><em>t&oacute;pico </em><em>literario</em>, lo llam&aacute;bamos en el instituto&mdash; con el nombre por el que todos lo conocemos hoy, el <em>beatus ille.</em>
    </p><p class="article-text">
        Este poema de Horacio sirvi&oacute; de modelo a todos los escritores y poetas castellanos que durante la Edad Media (en menor medida) y sobre todo durante el Renacimiento y el Barroco sintieron la necesidad de elogiar la vida retirada en el campo, lejos del fragor de la vida cortesana.
    </p><p class="article-text">
        Garcilaso de la Vega en el siglo XVI, Fray Luis de Le&oacute;n, G&oacute;ngora, Lope de Vega o Quevedo en el siglo XVII fueron algunos de los poetas que abordaron el asunto reescribi&eacute;ndolo desde sus diferentes perspectivas, talentos y sensibilidades: Fray Luis hizo m&aacute;s hincapi&eacute; en la espiritualidad del retiro, Quevedo se sinti&oacute; m&aacute;s c&oacute;modo satirizando las costumbres cortesanas, y G&oacute;ngora hizo que el protagonista de un largo poema narrativo, las <em>Soledades, </em>fuese un misterioso n&aacute;ufrago al que acog&iacute;an en su refugio unos pastores.
    </p><p class="article-text">
        Aunque el tema, o el <em>t&oacute;pico</em>, dio m&aacute;s juego en la poes&iacute;a que en la prosa, hubo un libro &mdash;un <em>ensayo</em> dir&iacute;amos hoy&mdash; que hay que mencionar en esta breve historia del <em>beatus ille</em>. Su t&iacute;tulo &mdash;<em>Menosprecio de corte y alabanza de aldea</em>&mdash; lo dice todo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         Su autor, Antonio de Guevara, es uno de los escritores m&aacute;s enigm&aacute;ticos y escurridizos del siglo XVI. Cinco siglos despu&eacute;s de la publicaci&oacute;n de sus libros los cr&iacute;ticos y los profesores de literatura no nos hemos puesto de acuerdo a la hora de valorarlos. Aunque hoy Antonio de Guevara no ocupa un puesto en la primera l&iacute;nea del panorama literario, sus textos fueron muy le&iacute;dos durante todo el XVI; y uno de ellos, titulado <em>Ep&iacute;stolas familiares</em>, fue un aut&eacute;ntico superventas, uno de los libros m&aacute;s vendidos de todo el siglo.
    </p><p class="article-text">
        Hablaremos de &eacute;l la pr&oacute;xima semana.
    </p><p class="article-text">
        (TAREA: Deducir la ideolog&iacute;a que subyace en la condena de la navegaci&oacute;n que cultivaron los poetas del Siglo de Oro, y compararla con la que respalda las modernas condenas de la energ&iacute;a nuclear o de los alimentos transg&eacute;nicos. &iquest;Provienen ambas ideolog&iacute;as de la misma cepa o son maneras distintas de ser <em>conservador</em>? )
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Orejudo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/dichosos-hippies_1_5555203.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Jan 2013 15:42:26 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Dichosos los hippies]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Karnaval contado a los niños]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/karnaval-contado-ninos_1_5555151.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Para combatir el tedio de un viernes por la tarde releo algunas rese&ntilde;as de Ricardo Senabre, cr&iacute;tico de <em>El Cultural</em>, y compruebo lo que ven&iacute;a sospechando desde hace tiempo: que a Senabre le gusta m&aacute;s que a un tonto un caramelo la prosa <em>l&iacute;mpida, precisa, impecable, flexible, r&iacute;tmica, digna, correcta</em>. La lectura, por otro lado, le gusta <em>placentera, expectante y profunda</em>. Experimentos, los justos; riesgo cero. Senabre como receta para combatir el insomnio. Hoy me ha dado por hacer de abogado del diablo.
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        El 7 de diciembre Ricardo Senabre publica la rese&ntilde;a de <em>Karnaval</em>, de Juan Francisco Ferr&eacute;, premio Herralde (Anagrama) 2012. <em>Karnaval</em> es un mamotreto de 530 p&aacute;ginas que arranca con el esc&aacute;ndalo protagonizado por Strauss-Kahn (el presidente del Fondo Monetario Internacional), hecho que, simplificando hasta la n&aacute;usea, utiliza Ferr&eacute; para &ldquo;transmitir, desde m&uacute;ltiples perspectivas, una visi&oacute;n acre y negativa del mundo &mdash;convertido, en efecto, en un grotesco carnaval&mdash; y de la esencia del ser humano&rdquo;. Un tema muy de estas <em>fechas tan se&ntilde;aladas</em>. Hasta aqu&iacute; todo normal. Todo lo normal, al menos, que pueda ser una novela de Ferr&eacute; y todo lo normal que pueda ser una cr&iacute;tica de Senabre, siempre tan tendentes al histrionismo unas y tan rayanas en la complacencia otras. Que son estos dos como el agua y el aceite es algo que se ve desde la cara oculta de la luna.
    </p><p class="article-text">
        El tema es el siguiente: Senabre echa en cara el exceso de Ferr&eacute;: &ldquo;La densidad intelectual de <em>Karnaval</em>, oscilante entre el ensayo y el ocasional esperpento, convierte el adentramiento en esta obra en una tarea apasionante, aunque <strong>s&oacute;lo apta para lectores expertos</strong>&rdquo;. Temazo. A la pregunta &iquest;expertos en qu&eacute;?, la respuesta es una inc&oacute;gnita. Porque, exactamente, &iquest;qu&eacute; t&iacute;tulo es necesario tener para leer a Ferr&eacute;? &iquest;Hay m&aacute;ster en literatura ferr&eacute;tica? &iquest;Es in&uacute;til un t&iacute;tulo en ciencias o acaso, tal como ocurre leyendo a otros, esto supone una ventaja a&ntilde;adida? &iquest;Qu&eacute; clase de cargas de profundidad ideol&oacute;gicas son esas que tanto espantan al cr&iacute;(p)tico Senabre? &iquest;Qu&eacute; fuma Senabre mientras lee este tipo de novelas? En mi opini&oacute;n, y ya que no me lo preguntan, uno se puede aburrir (o no) a ratos (o no) mortalmente con Ferr&eacute;, pero de ah&iacute; a no entenderlo hay como seis pasos intermedios. Descartado esto vuelvo a preguntar, &iquest;a qu&eacute; se refiere exactamente Senabre cuando habla de lectores expertos? Y lo que es m&aacute;s importante: &iquest;ponen pinchos en la ceremonia de graduaci&oacute;n?
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         En el mismo p&aacute;rrafo, el cr&iacute;tico ampl&iacute;a esta informaci&oacute;n: &ldquo;A&uacute;n conservando esos componentes reflexivos que dominan sobre los m&aacute;s convencionalmente novelescos y que constituyen una especie de marca de la casa, har&iacute;a bien el autor, que se muestra extraordinariamente dotado para la escritura, en podar la frondosidad de su discurso, a menudo innecesariamente prolijo, con la seguridad de que los resultados no ser&iacute;an menos eficaces; y encontrar&iacute;a, sin duda, m&aacute;s lectores dispuestos a dejarse arrebatar por el vendaval de ideas y figuraciones que invade sus p&aacute;ginas, a disfrutar, pues, de su buena literatura, que no debe ser un para&iacute;so cerrado para muchos&rdquo;. Es decir, que si Ferr&eacute; escribiese pensando en los ni&ntilde;os sin duda vender&iacute;a m&aacute;s porque en la falta de esfuerzo (del lector) est&aacute; la recompensa (del escritor y, por extensi&oacute;n, del propio editor).
    </p><p class="article-text">
        Sobre este asunto de la frondosidad (y patat&iacute;n y patat&aacute;n) Ferr&eacute; tiene algo que decir, siendo &ldquo;algo&rdquo; una forma delicada de darle una patada en boca al cr&iacute;tico. En una entrevista que se publica el d&iacute;a 19 en <em>El Confidencial</em>, Ferr&eacute; responde a un pregunta bastante directa del entrevistador, Herto Barn&eacute;s, acerca de los reproches que <em>se hacen </em>a lo desmesurado de su estilo: &ldquo;[&hellip;] reprochar el exceso es sorprendente cuando habr&iacute;a que criticar el defecto, que es lo que se ha establecido como norma de escritura y que detesto: la frase corta, simplona, una frase que podr&iacute;a aparecer en un telediario sin que sorprendiese a nadie. [&hellip;] Si hay algo que me gusta de la novela es el modo en que expreso cosas que la gente piensa que alguien deber&iacute;a decir, tanto en cuestiones pol&iacute;ticas como sexuales o reflexiones sobre la edad. Pero que hay que decirlas con un cierto lenguaje, no tendiendo a la banalidad, sino a lo complejo&rdquo;<em>.</em> Que, bueno&hellip; est&aacute; por ver si despreciar lo breve por breve es muy diferente a hacer lo propio con la desmesura. Resumiendo: que a uno le gustan largas y desarrolladas y el otro las prefiere cortas, flexibles, r&iacute;tmicas y profundas. C&eacute;ntrense: hablamos de la prosa.
    </p><p class="article-text">
        Voy a hacer como que no estoy leyendo <em>Karnaval</em> y me voy a preguntar, as&iacute; a lo tonto, hasta qu&eacute; punto la recomendaci&oacute;n de Senabre de pedirle a Ferr&eacute; que recorte aqu&iacute; y all&iacute; para hacer de su novela un p&aacute;ramo menos&hellip; &aacute;rido, digamos, no atenta contra todo lo que tiene la literatura de art&iacute;stico, por no hablar de aquello que cabe esperar de un cr&iacute;tico. Entiendo que desde <em>El Cultural</em> la visi&oacute;n del mundo es m&aacute;s comercial que profesional y todo ha de pasar por el filtro del amor, la bondad, las frases cortas y las ideas globales pero de ah&iacute; a minusvalorar la inteligencia del lector no experto en no sabemos qu&eacute; &mdash;y a menospreciar al escritor porque escribe <em>frondoso</em>&mdash; media un abismo que algunos saltan con una ligereza asombrosa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>UNA HUMILDE PROPUESTA</strong>
    </p><p class="article-text">
        Del mismo modo que Swift recomend&oacute; en su momento comerse a los ni&ntilde;os irlandeses como una soluci&oacute;n eficaz al problema de la mendicidad, tal vez convendr&iacute;a aplicar alg&uacute;n sistema radical de corte similar al &aacute;mbito literario para evitar disgustos del tipo que acabamos de ver. Mi propuesta, pues, consiste en lo siguiente: incluir en la contraportada de los libros mensajes de advertencia similares a los que figuran en las cajetillas de tabaco pero que prevengan, no de los da&ntilde;os que el libro pueda ocasionar a la salud mental, sino de los requisitos m&iacute;nimos que se deben cumplir para afrontar la lectura de seg&uacute;n qu&eacute; libros. Se acompa&ntilde;ar&iacute;a, por supuesto, de im&aacute;genes de cerebros tumefactos, ojos ensangrentados y mu&ntilde;ones gangrenados, que ser&iacute;an el resultado de no hacer caso de la advertencia. Esto har&iacute;a algo m&aacute;s que garantizar buenas cr&iacute;ticas (<em>m&aacute;s</em> buenas cr&iacute;ticas, quiero decir) puesto que tambi&eacute;n servir&iacute;a para dar al escritor la seguridad de llegar a sus lectores ideales, sean estos de ideolog&iacute;a fascista, por ejemplo, o titulados en Historia del Arte, o a los devotos amantes de la contabilidad anal&iacute;tica, que tambi&eacute;n los hay.
    </p><p class="article-text">
        Imaginen el abanico de infinitas posibilidades que se abrir&iacute;a con esto. Se me ponen los pelos como escarpias s&oacute;lo de pensarlo. Ejemplos: podr&iacute;an concederse premios seg&uacute;n m&uacute;ltiples categor&iacute;as (mejor 10.000 que 500) gracias a esa puerta abierta a la adaptaci&oacute;n de novelas duras, extensas, profundas, intensas, barrocas, impopulares pero en cualquier caso susceptibles de despertar inter&eacute;s. Algo parecido a aquello que se hac&iacute;a con aquellos tomos de Novelas Ejemplares que inclu&iacute;an a todo color las mejores novelas de todos los tiempos en apenas cincuenta p&aacute;ginas y dos bocadillos por vi&ntilde;eta.
    </p><p class="article-text">
        Al gremio de los traductores habr&iacute;a que sumar el de los adaptadores. De este modo, <em>Karnaval</em>, previa <em>adaptaci&oacute;n</em>, podr&iacute;a ser llevada a diferentes secciones de las librer&iacute;as en el formato m&aacute;s adecuado. El resultado ser&iacute;a algo parecido a esos libros que adaptan la <em>Biblia</em> a los ni&ntilde;os. As&iacute; tendr&iacute;amos <em>Karnaval</em> para prepubescentes, <em>Karnaval</em> para <em>hipsters</em>, <em>Disney Karnaval</em>, <em>Karnaval</em> para amas de casa, <em>Karnaval </em>para tiernos infantes, <em>Karnaval</em> para marxistas, <em>Karnaval</em> para intereconomistas, <em>Karnaval</em> para cr&iacute;ticos haraganes y un largo etc&eacute;tera, <em>merchansdising</em> incluido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Carlos González Peón]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/karnaval-contado-ninos_1_5555151.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 07 Jan 2013 15:32:29 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Karnaval contado a los niños]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vivir en las afueras]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/vivir-afueras_1_5553008.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        <strong>Uno</strong>
    </p><p class="article-text">
        Hace tiempo que me pregunto en qu&eacute; momento volvimos a ser una sociedad medieval. O ser&aacute; que nunca dejamos de serlo y esa estructura de castillos, murallas, se&ntilde;ores y marginados nunca nos abandon&oacute;. Como si el capitalismo hubiera cambiado las formas de producci&oacute;n pero dejando intactas las formas sociales. De esta manera, el extrarradio, los suburbios de cualquier ciudad no son m&aacute;s que esa aglomeraci&oacute;n de personas en situaci&oacute;n de riesgo, viviendas precarias e ilusiones jam&aacute;s cumplidas que se amontonaban en el lado exterior de las murallas medievales. Los arrabales de los que habla el tango. Y lo m&aacute;s bajo de los barrios bajos: las villas miseria argentinas, los cantegriles uruguayos, las chabolas espa&ntilde;olas, las favelas brasile&ntilde;as. Todos comparten una realidad plagada de carencias y una situaci&oacute;n: est&aacute;n afuera y nadie de los de adentro est&aacute; dispuesto a bajar el puente para que pasen y se apropien de la ciudad. Por algo hay murallas.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dos</strong>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         Extrarradio para los espa&ntilde;oles, suburbio para los argentinos. Los espa&ntilde;oles son m&aacute;s pol&iacute;ticamente correctos a la hora de elegir un prefijo. &ldquo;Extra&rdquo; es lo que est&aacute; fuera. En cambio en Argentina todo suena m&aacute;s descarnado. &ldquo;Sub&rdquo; es lo que est&aacute; debajo, o lo de inferior calidad. Salidos del radio o por debajo de las zonas urbanas, las grandes ciudades se las han ingeniado para crear peque&ntilde;os feudos fuera de ellas. Barrios privados, <em>countries</em>, urbanizaciones lujosas que en muchos casos se ubican cerca de zonas pobres. As&iacute; han hecho muchos <em>countries</em> de la provincia de Buenos Aires, que trazan su urbanizaci&oacute;n con cancha de golf y piscinas por doquier en frente de villas m&iacute;seras ya existentes. Como si los ricos (o esa clase media pat&eacute;tica que juega a ser millonaria) necesitaran tener a los pobres cerca para remarcar una vida econ&oacute;micamente exitosa.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tres</strong>
    </p><p class="article-text">
        En la Edad Media se constru&iacute;an murallas para protegerse de las invasiones b&aacute;rbaras. Muy pronto los puentes levadizos sirvieron tambi&eacute;n para alejar a la chusma que viv&iacute;a fuera del castillo y aleda&ntilde;os. Hoy, salvo la oprobiosa muralla israel&iacute; de Cisjordania, no se instalan este tipo de separaciones sociales.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, durante el mundial de f&uacute;tbol de 1978, la dictadura militar argentina construy&oacute; un muro a lo largo de la Villa 15 para que los turistas extranjeros no vieran c&oacute;mo viv&iacute;an los m&aacute;s pobres. Hoy a la Villa 15 nadie la llama por su n&uacute;mero (como es lo habitual en Buenos Aires) sino con el nombre m&aacute;s significativo de Ciudad Oculta.
    </p><p class="article-text">
        Pero las murallas est&aacute;n, aunque no las veamos. Hay barrios donde ni los pobres ni la clase media trabajadora pueden moverse sin sentirse rechazados con una mirada o un gesto. En bares, restaurantes, tiendas de ropa de esos barrios acomodados o de clase media, har&aacute;n todo lo posible para desalentar el uso de sus instalaciones a aquel que, aunque cuente con el dinero para pagar su consumo, no proviene del sector social para el que fue pensado ese comercio.
    </p><p class="article-text">
        Por otra parte, hay barrios que los ricos ignoran y la clase media acomodada mira con desprecio. Y tambi&eacute;n miran con el terror de caer en la escala social y tener que estar ah&iacute; alg&uacute;n d&iacute;a.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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         Sin embargo, y a pesar de todo, las ciudades y suburbios tienden a mezclarse. Y generan una especial tensi&oacute;n en esas zonas donde los l&iacute;mites se vuelven difusos: las estaciones de trenes, los hospitales, algunos parques, el transporte p&uacute;blico.
    </p><p class="article-text">
        Hay tambi&eacute;n cruces: los cartoneros que recorren la ciudad separando los papeles de la basura para venderlos, los j&oacute;venes ricos con su auto &uacute;ltimo modelo yendo a las villas a buscar droga o emociones fuertes. Pero son cruces que preferimos ignorar. Negar la existencia del otro siempre es la reacci&oacute;n m&aacute;s f&aacute;cil. Aunque no la &uacute;nica.
    </p><p class="article-text">
        Hace poco, en una revista de Buenos Aires un periodista se quejaba &mdash;en tono divertido&mdash; de que uno de los complejos de cines m&aacute;s importantes de la ciudad estuviera en el centro comercial del Abasto, al que calificaba como &ldquo;un lugar inmundo&rdquo;. &ldquo;Tan cerca del Once&rdquo; dec&iacute;a el periodista que seguramente se cree pol&iacute;ticamente progresista y due&ntilde;o de un sarcasmo admirable.
    </p><p class="article-text">
        Desde hace unas d&eacute;cadas, gracias a los turistas europeos que vienen a buscar color local, el Abasto es un barrio con el atractivo del tango. Pero a pocas manzanas est&aacute; el barrio de Once, con sus inmigrantes bolivianos y peruanos, con todos los pasajeros del tren Sarmiento que llegan cada d&iacute;a desde los rincones m&aacute;s lejanos de los suburbios. Porque las terminales de los trenes funcionan como territorios liberados en la ciudad para los suburbios. Es el lugar que se les reserva a los habitantes del extrarradio que llegan para trabajar, para ofrecer su mano de obra barata y sin protecci&oacute;n social. Y que no se animen a ir al <em>Shopping</em> Abasto a divertirse porque los periodistas progres se enojan. O se asustan.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cuatro</strong>
    </p><p class="article-text">
        El mundo es un gran arrabal. Salimos fuera de las capitales del mundo y nos encontramos que el resto del universo es un interminable suburbio. Pero es en esos arrabales donde la cultura se renueva m&aacute;s r&aacute;pido, rompe los moldes, no le tiene miedo al rid&iacute;culo (ya que nadie la observa), prepara su beso de mujer ara&ntilde;a con el que va a matar a la cultura anquilosada o, al menos, va a revolucionarla.
    </p><p class="article-text">
        En la m&uacute;sica es donde mejor y m&aacute;s r&aacute;pido queda en evidencia. Basta pensar en los or&iacute;genes del <em>jazz</em>, del tango, del flamenco, del <em>hip hop</em>. Hoy nadie mirar&iacute;a con desprecio a ninguna de estas m&uacute;sicas, pero en Argentina basta que alguien escuche o interprete cumbia villera para ser objeto de burla y de desprecio. Es solo una cuesti&oacute;n de a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Los suburbios culturales son tan o m&aacute;s dif&iacute;ciles de cruzar que los urban&iacute;sticos. Un pa&iacute;s como la Argentina, que se jacta de ser un crisol de razas debido a las inmigraciones espa&ntilde;ola, italiana y jud&iacute;a, entre otros pueblos provenientes de Europa en el siglo XIX y comienzos del XX, ignora ol&iacute;mpicamente a las nuevas oleadas migratorias provenientes de Bolivia, Per&uacute; y Paraguay.
    </p><p class="article-text">
        Si se compara la cantidad de habitantes de esos pa&iacute;ses que han llegado en los &uacute;ltimos cuarenta a&ntilde;os con el acceso a la posibilidad de, por ejemplo, publicar un libro, el dato es alarmante: las posibilidades de publicaci&oacute;n son casi nulas. Es cierto que gran parte de esa inmigraci&oacute;n vive en las villas miseria o en los barrios m&aacute;s alejados de los suburbios donde el acceso a los bienes culturales se hace muy dif&iacute;cil al inmigrante que vino a trabajar esforzadamente. Pero tambi&eacute;n ya hay una segunda generaci&oacute;n nacida en Argentina que tampoco tiene acceso al mundo editorial.
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         Una experiencia fascinante y digna de elogio como la editorial Elo&iacute;sa Cartonera es un claro s&iacute;ntoma de c&oacute;mo funcionan los suburbios culturales en Argentina. Elo&iacute;sa Cartonera ya ha publicado cientos de libros con un procedimiento artesanal admirable: compra el cart&oacute;n para las portadas de los vol&uacute;menes a los cartoneros que recorren Buenos Aires en busca de papeles. Obviamente les pagan mejor que los compradores mayoristas de papel y cart&oacute;n, que suelen ser bastante explotadores.
    </p><p class="article-text">
        Pero Elo&iacute;sa Cartonera, con su excelente buena voluntad, ha armado su <a href="http://www.eloisacartonera.com.ar/libros.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cat&aacute;logo</a> bas&aacute;ndose en escritores ya reconocidos, o autores j&oacute;venes de clase media. Los inmigrantes o sus hijos no aparecen, m&aacute;s all&aacute; del carism&aacute;tico Washington Cucurto, escritor e impulsor del proyecto. Los marginados de la sociedad proveen el cart&oacute;n, pero no escriben los libros que figuran en el ya abundante cat&aacute;logo de Elo&iacute;sa Cartonera.
    </p><p class="article-text">
        Los pocos libros de inmigrantes o sus hijos hay que buscarlos en otra parte, como en el volumen de cuentos <em>Polietileno</em>, del &ldquo;kurepiparaguayo&rdquo; (paraguayo argentino) Enrique Collar (Editorial Artenuevo) y en <em>El guacho Mart&iacute;n Fierro</em>, de &Oacute;scar Fari&ntilde;a (Editorial Factotum), hijo de una inmigrante paraguaya. Dicho sea de paso, <em>El guacho Mart&iacute;n Fierro</em>, una versi&oacute;n en lenguaje carcelario y villero del cl&aacute;sico de la literatura gauchesca, es uno de los mejores libros argentinos de los &uacute;ltimos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cinco</strong>
    </p><p class="article-text">
        La ciudad y los suburbios se necesitan. Las ciudades crecen porque hay suburbios, de la misma manera que el arte, la literatura o la m&uacute;sica se renuevan gracias a los que llegan de afuera con su falta de prejuicios y sus ideas nuevas.
    </p><p class="article-text">
        La sangre arterial de una sociedad son los trenes, los &oacute;mnibus, cada veh&iacute;culo que atraviesa los puentes levadizos de nuestras ciudades trayendo y llevando gente. En las afueras siempre hay algo nuevo que el resto de la sociedad va a mirar con miedo, desprecio, o indiferencia. Con el tiempo va a asimilarlo, lo va a asumir como propio, le quitar&aacute; todo componente peligroso para esa sociedad. Pero en ese momento en las afueras ya estar&aacute;n creando algo nuevo y distinto que va a ser rechazado por los otros. Alguna vez a eso se le llam&oacute; vanguardia. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Sergio Olguín]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/vivir-afueras_1_5553008.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Jan 2013 19:49:17 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Vivir en las afueras]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Artistas de la fe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/artistas-fe_1_5553476.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        La obra en alem&aacute;n m&aacute;s influyente del siglo XX se escribi&oacute; desde el extrarradio de la cultura alemana: Praga, ciudad subalterna del Imperio Austroh&uacute;ngaro. Su autor: Franz Kafka, miembro a su vez de una minor&iacute;a que ser&iacute;a marginada tras la independencia de Checoslovaquia. Para rematar la pirueta, Kafka era un <em>outsider</em> del mundo literario: hijo de comerciante, y abogado, despertaba la condescendencia de los que realmente estaban &ldquo;en la pomada&rdquo;, como Franz Werfel, que tras leer sus primeros escritos sentenci&oacute;, prof&eacute;tico &eacute;l, que aquello &ldquo;no pasar&iacute;a de Bodenbach&rdquo; (mal&eacute;vola alusi&oacute;n a la estaci&oacute;n f&eacute;rrea, &uacute;ltima de Bohemia antes de entrar en el territorio del Imperio Alem&aacute;n).
    </p><p class="article-text">
        Pero Kafka, armado s&oacute;lo con sus cuadernos y su estilogr&aacute;fica, se sobrepuso a todas estas desventajas y se convirti&oacute;, contra pron&oacute;stico, en el astro alrededor del que orbitar&iacute;a el resto.
    </p><p class="article-text">
        Es un buen ejemplo, al que podr&iacute;an sumarse unos cuantos m&aacute;s, de que a los tipos de extrarradio hay que tenerles un respeto, y acredita las bondades de la visi&oacute;n perif&eacute;rica, tan desde&ntilde;ada como poco usual entre los c&iacute;rculos intelectuales, siempre pose&iacute;dos por esa fiebre centr&iacute;peta que empuja a sus miembros a buscar acomodo en la corte, incluso cuando van de malditos.
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        Pongan que hago de la necesidad virtud. Nacido en Carabanchel, empadronado en Getafe y con segunda casa en Viladecans, me he acostumbrado a mirar hacia la capital desde fuera y a sentirme bien as&iacute;. Madrid se ve de maravilla desde el getafense cerro de los &Aacute;ngeles; como los madrile&ntilde;os nunca la ven. Otros&iacute; Barcelona desde la monta&ntilde;a de Sant Ramon, a cuyo pie est&aacute; mi casa barcelonesa. La periferia, a menudo, es atalaya para mejor ponderar el siempre ensimismado centro de las cosas.
    </p><p class="article-text">
        Desde hace cinco a&ntilde;os, esta actitud la hemos convertido en Getafe en un festival, Getafe Negro, con el que una ciudad de menos de 200.000 habitantes reclam&oacute; para s&iacute;, y obtuvo, la capitalidad negrocriminal de la Comunidad de Madrid. &iquest;Por qu&eacute;? Porque nos atrevimos primero. Al principio costaba que la gente, comenzando por los propios autores, entendiera la necesidad de tomar el tren de cercan&iacute;as para acudir a una actividad cultural. Ahora se nos postulan m&aacute;s participantes de los que, por nuestra irrenunciable austeridad de artilleros que en tiempos de recortes disparan con p&oacute;lvora del contribuyente, podemos acoger.
    </p><p class="article-text">
        Es verdad que uno no est&aacute; tan a tiro de las redacciones como en el eje Prado-Recoletos, y que a algunos, los m&aacute;s se&ntilde;oritingos, hay que traerlos a rastras y a veces ni as&iacute;. Poco importa eso cuando en Getafe han estado, en s&oacute;lo cinco a&ntilde;os, John Banville, Maj Sj&ouml;wall, Philip Kerr, Pavel Kohout o Gianrico Carofiglio. Parafraseando a Kafka, es cuesti&oacute;n de ser artistas de la fe.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Lorenzo Silva]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/artistas-fe_1_5553476.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Jan 2013 19:18:36 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Artistas de la fe]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Y no besarte la noble calavera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/besarte-noble-calavera_1_5553031.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p class="article-text">
        Los m&aacute;rgenes no se miran. Las notas a pie de p&aacute;gina son molestas. Si alguien nos obliga a fijarnos en los motivos secundarios del cuadro, algo en nuestra percepci&oacute;n se revuelve, pues el cuadro no est&aacute; pintado para dar relieve a lo accesorio.
    </p><p class="article-text">
        La muerte ni siquiera es un figurante: cuando est&aacute; llegando la distraemos con asepsia hospitalaria, y luego la ponemos fuera de los pueblos y de las ciudades. Es cierto que hay razones higi&eacute;nicas y de salud por las que conviene que los cuerpos se corrompan lejos de los vivos, pero no se piensa en ellas al dar cuenta de por qu&eacute; los cementerios  est&aacute;n en las afueras. S&iacute; se piensa, en cambio, que es mejor tener a la muerte a distancia. 
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, hace ya tiempo que esta ocultaci&oacute;n de nuestra finitud, sobre la que se ha escrito en abundancia, convive con los camposantos. Estos han pasado a formar parte de un espacio urbano experto en devorar a su cintur&oacute;n. La vista de las tapias blancas con sus cipreses no cambia gran cosa el ninguneo que dispensamos a la parca, ninguneo que vendr&iacute;a a ser una muestra m&aacute;s de que s&oacute;lo vemos lo que se nos ha ense&ntilde;ado a ver. Ni siquiera la popularizaci&oacute;n de la fiesta de <em>Halloween</em> ha modificado nuestro imaginario: la gente sale disfrazada de zombi o de esqueleto a los bares, y la catarsis se reduce a un ritual beodo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Merecer&iacute;a la pena que fuera de otro modo? &iquest;Deber&iacute;amos aprovechar las fiestas consagradas a los muertos, o la presencia de cementerios en pleno casco urbano, para rectificar nuestra ceguera?
    </p><p class="article-text">
        Los que estudian este asunto de la muerte afirman que las culturas que no la esconden son capaces de afrontarla mejor, pero nosotros no tenemos ya herramientas para naturalizarnos con ella. Esas herramientas pasan por un tejido social constituido por rituales y costumbres religiosas. Nuestra religi&oacute;n es la ciencia, que destruye todo lo que no cae bajo su ley, y a nuestro tejido social lo desteje el capitalismo, que nos quiere descre&iacute;dos, hedonistas, felices. Por otra parte, para el laicismo cualquier tentativa de acercamiento a la muerte ser&iacute;a algo as&iacute; como celebrar una jornada de puertas abiertas a los cementerios (ya s&eacute; que las puertas de los cementerios siempre est&aacute;n abiertas). &iquest;Se imaginan?
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                </figure><p class="article-text">
        Hay otra modalidad de asunci&oacute;n de la muerte tolerada por nuestra laicidad: que tu vida haya servido a una causa. Parece que as&iacute; te vas a morir m&aacute;s tranquilo. Tiene desde luego su l&oacute;gica, pero es peligrosa si esa causa la deciden los dem&aacute;s cuando te entierran. A los gobernantes y a los que quieren imponer su raz&oacute;n les encanta: zutano dio su vida por Espa&ntilde;a, por la democracia, por los derechos de los ni&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        No hay paraguas cuyas varillas no est&eacute;n rotas, y al final nos tenemos que beber la muerte a palo seco cuando un familiar cruza la l&iacute;nea, cuando una enfermedad funesta nos asola. Ese es nuestro aprendizaje: la terca y cruda materia.
    </p><p class="article-text">
        A los cementerios los tenemos al lado de casa, pero no los vemos porque no hay en ellos nada especial que mirar. Y tampoco queremos aguarnos la fiesta. En s&iacute; mismos, nuestros camposantos no son m&aacute;s que un cat&aacute;logo de nombres, fechas, no te olvidamos. Quiz&aacute; nos asusta su aspecto administrativo: tal es la est&eacute;tica que hemos querido darles, la de un archivo aburrido, de cuyos documentos nos desharemos cuando sus v&iacute;nculos con lo que respira no tengan importancia.
    </p><p class="article-text">
        Siempre habr&aacute; paseantes como yo, que gustan de los cementerios porque no hay nadie en ellos, ni nada que hacer; por la gratuidad del propio paseo en un sitio que no est&aacute; pensado para el paseo. A t&iacute;tulo personal agradezco que los ayuntamientos y los constructores no se hayan cortado un pelo a la hora de levantar barrios junto a los muros que custodian las tumbas, muros tras los que siempre podemos refugiarnos del ajetreo, lo que por cierto acerca a la muerte a su significado m&aacute;s literal: el descanso.
    </p><p class="article-text">
        Tal vez, y puesto que la ciencia nos ha dejado sin ese m&aacute;s all&aacute; terrenal que son las almas en pena atrapadas en nuestro mundo, no nos queda otra que ser literales. Desde luego, podemos desobedecer a la ciencia, pero para eso hace falta mucha valent&iacute;a. En el fondo no queremos arriesgarnos a ver fantasmas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elvira Navarro]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/Kafka/besarte-noble-calavera_1_5553031.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Jan 2013 19:04:30 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Y no besarte la noble calavera]]></media:title>
    </item>
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