<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Legado Cantabria]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Legado Cantabria]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/cantabria/blog/legado-cantabria/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Agustín de Celis: el viaje continuo del artista]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/agustin-celis-viaje-continuo-artista_132_13184600.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a507a65e-b58e-410f-8f25-5594dbba2599_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Agustín de Celis: el viaje continuo del artista"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Todo configura el inicio del viaje artístico: la infancia, los olores, las rupturas, las ayudas. Agustín de Celis es uno de los artistas contemporáneos de referencia en España, pero todo comenzó en Comillas y hoy, con 94 años de edad, todo para él sigue siendo un viaje</p></div><p class="article-text">
        A sus 94 a&ntilde;os reci&eacute;n cumplidos, Agust&iacute;n de Celis no habla de su obra como una carrera, sino como un viaje. Un recorrido que hoy atraviesa una etapa de calma y revisi&oacute;n, pero que arranca en la Comillas de los a&ntilde;os treinta &mdash;entre mansiones aristocr&aacute;ticas y casas obreras, entre tierra y mar&mdash; y cruza la guerra, la posguerra y la modernidad art&iacute;stica espa&ntilde;ola hasta llegar a Roma, Par&iacute;s o la Escuela de Arquitectura de Madrid. 
    </p><p class="article-text">
        Pintor de una generaci&oacute;n que hizo del arte una forma de resistencia y de aprendizaje continuo, su trayectoria se ha construido entre la materia y la memoria, entre el oficio y la b&uacute;squeda. Tambi&eacute;n como docente, cineasta experimental y testigo de una cultura que se abri&oacute; paso entre la censura, la precariedad y el deseo de libertad. Fue pieza clave en el desarrollo y consolidaci&oacute;n de proyectos culturales como el Museo de Arte Contempor&aacute;neo de Villafam&eacute;s (MACVAC). 
    </p><p class="article-text">
        La conversaci&oacute;n, mantenida en el marco del proyecto Legado Cantabria entre verano y oto&ntilde;o de 2025, transcurri&oacute; con calma, honestidad y una humanidad que se percibe sin esfuerzo. 
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://legadocantabria.org/agustin-de-celis-gutierrez/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Agust&iacute;n de Celis Guti&eacute;rrez</a> naci&oacute; el 7 de marzo de 1932 en Comillas, una villa que por entonces viv&iacute;a dividida entre dos mundos: el aristocr&aacute;tico de los veraneantes y marqueses, y el obrero y marinero que sosten&iacute;a aquel entramado social. Sus padres se llamaban Agust&iacute;n Celis S&aacute;nchez &mdash;obrero especializado en mantenimiento de las mansiones comillanas&mdash; y Carmen Guti&eacute;rrez Rom&aacute;n, modista reconocida&mdash;m&aacute;s tarde vinculada a la Compa&ntilde;&iacute;a Trasatl&aacute;ntica en el ropero de los barcos de l&iacute;nea&mdash;. Ambos proced&iacute;an de mundos distintos: &eacute;l, de Cabez&oacute;n de la Sal, ligado al interior, y ella, al mar de La Revilla, pedan&iacute;a de San Vicente de la Barquera, vinculada a un clan agr&iacute;cola de fuerte car&aacute;cter matriarcal. De aquel mestizaje de interior y costa, de tela y madera, hered&oacute; Agust&iacute;n la precisi&oacute;n del oficio y la imaginaci&oacute;n del creador.
    </p><p class="article-text">
        En sus primeros recuerdos aparece el mundo dom&eacute;stico de las abuelas, Eumenia y Manuela, mujeres que llevaban la gesti&oacute;n de las tierras, el ganado y las econom&iacute;as familiares con autoridad silenciosa. Los abuelos, Isidoro y Vidal, por su parte, trabajaban la madera y la piedra en talleres donde resonaban las herramientas y ol&iacute;a a barniz y serr&iacute;n. Ese sonido, esa materia &mdash;la madera&mdash; fueron su primer lenguaje. Nieto de &ldquo;esa tribu&rdquo;, se reconoce &ldquo;incre&iacute;blemente feliz&rdquo; en aquellos d&iacute;as de bicicleta entre los prados, cuando empez&oacute; a tallar vacas, camiones y carros en miniatura.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Soy un ni&ntilde;o de la guerra con bastante suerte&rdquo;, resume al mirar hacia atr&aacute;s, consciente de que su infancia se despleg&oacute; en la rigidez de la posguerra y los a&ntilde;os de contrastes. En el verano de 1937, durante la ofensiva franquista sobre Cantabria, recuerda el sonido de los aviones sobrevolando la carretera entre Santander y Asturias, las columnas de civiles que hu&iacute;an hacia el oeste y la bomba de humo que cay&oacute; a pocos metros de la casa de su abuela. En pleno caos, un desconocido lo llev&oacute; de la mano hasta una cueva que sirvi&oacute; de refugio improvisado. Tambi&eacute;n recuerda la noche en que unos hombres llamaron a su puerta para llevarse a su padre; &eacute;l se neg&oacute; a salir sin su hijo y, gracias a ese gesto, salv&oacute; la vida. La represi&oacute;n golpe&oacute; a la familia: un t&iacute;o paterno fue condenado a muerte en El Dueso, pero consigui&oacute; librarse de la ejecuci&oacute;n; otro tuvo que exiliarse en Francia. Por el lado materno, les confiscaron buena parte de lo que hab&iacute;an conseguido con a&ntilde;os de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        El poso de aquellas experiencias se mezcl&oacute; con la cultura popular de la posguerra. Su padre, adem&aacute;s de obrero, hac&iacute;a de portero en el cine de Comillas, donde Agust&iacute;n de ni&ntilde;o pudo ver &ldquo;toda la historia del cine espa&ntilde;ol y americano&rdquo; de los a&ntilde;os treinta y cuarenta. A esa formaci&oacute;n visual e intelectual se sum&oacute; el ambiente lector que le rodeaba: los cuentos que su padre le tra&iacute;a de viaje, revistas como <em>Signal</em> o <em>La Codorniz</em> o las revistas extranjeras que llegaban de contrabando a la casa de su abuela.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-3oWLna9FyCU-3633', 'youtube', '3oWLna9FyCU', document.getElementById('yt-3oWLna9FyCU-3633'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-3oWLna9FyCU-3633 src="https://www.youtube.com/embed/3oWLna9FyCU?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Su primer trauma, como &eacute;l lo recuerda, vino de un cambio. A comienzos de los a&ntilde;os cuarenta lo sacaron del colegio de monjas de la plaza &mdash;donde hoy se alza el Ayuntamiento, en la vieja plaza del &Aacute;ngel&mdash;. Aquel lugar hab&iacute;a sido su primer refugio. El paso a la escuela nacional supuso una ruptura: cambi&oacute; la Biblia por <em>El Quijote</em> y la compa&ntilde;&iacute;a de los hijos de familias acomodadas por la de los hijos de obreros. Le doli&oacute; la despedida m&aacute;s que el destino y pronto se adapt&oacute;. Encontr&oacute; all&iacute; otra forma de alegr&iacute;a. Por entonces hab&iacute;a nacido su segunda hermana, Mai &mdash;la peque&ntilde;a de tres, junto a Rosa y el hermano menor, Jos&eacute; Luis&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        El gran golpe familiar lleg&oacute; en 1946, cuando su padre muri&oacute; en un accidente laboral. Con catorce a&ntilde;os, Agust&iacute;n tuvo que crecer deprisa. Su madre, viuda y embarazada de Jos&eacute; Luis, convirti&oacute; el mismo bajo donde su marido hab&iacute;a trabajado en una tienda de ultramarinos. Cos&iacute;a por las noches, atend&iacute;a por las ma&ntilde;anas. Al a&ntilde;o siguiente, y tras terminar la escuela, su madre lo anim&oacute; a formarse en Santander con la esperanza de que alg&uacute;n d&iacute;a retomara el negocio que hab&iacute;a iniciado su padre. Se instal&oacute; en casa de una t&iacute;a y comenz&oacute; a trabajar en diferentes talleres de restauraci&oacute;n de antig&uuml;edades artesanales. All&iacute; aprendi&oacute; a dibujar el m&aacute;rmol, restaurar madera y, sobre todo, a trabajar con las manos. Entre limas, pigmentos y barnices, forj&oacute; tambi&eacute;n amistades con otros aprendices y artesanos. Cuando le toc&oacute; la edad del servicio militar, no tuvo que marchar: fue declarado exento por ser hijo mayor de viuda.
    </p><p class="article-text">
        Por las noches estudiaba en la Academia Juanes, donde conoci&oacute; a su profesor de dibujo, Catalu&ntilde;a, y a j&oacute;venes artistas con los que compartir&iacute;a inquietudes y amistad: Eduardo Sanz, Fernando Cuerno, Luis Fern&aacute;ndez, y Navarro Baldeweg, entre otros. Y en 1948 se inici&oacute; en la pintura. La ciudad, en aquellos a&ntilde;os, bull&iacute;a de ideas y nombres. Pr&oacute;ximo al grupo Proel y a intelectuales como Jos&eacute; Hierro, Manuel Arce, Julio Maruri<strong>, </strong>Jos&eacute; Luis Hidalgo, encontr&oacute; all&iacute; su escuela m&aacute;s viva. Y, con apenas dieciocho a&ntilde;os, obtuvo el Premio Estanislao Abarca del Banco Santander. Su vocaci&oacute;n art&iacute;stica se consolid&oacute; entonces.
    </p><p class="article-text">
        Se aliment&oacute; del Festival Internacional de Santander, de las amistades de la Escuela de Santillana, del ambiente de la UIMP, y de lecturas que lo acompa&ntilde;ar&iacute;an siempre. Pero fue su madre quien sostuvo la posibilidad de aquel destino. A ella, dice, le debe el principio de todo. 
    </p><p class="article-text">
        Animado por uno de sus profesores y gracias a una beca de la Diputaci&oacute;n de Santander, en 1954 se traslad&oacute; a Madrid para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. No fue una etapa f&aacute;cil pero s&iacute; de apertura: la entrada en los c&iacute;rculos culturales de la capital, la participaci&oacute;n en las exposiciones <em>Arte al Aire Libre</em> dentro de las Exposiciones de Primavera (1959, 1960, 1962 y 1973), y el descubrimiento del impresionismo durante un viaje a Par&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En Cantabria, Agust&iacute;n de Celis fue uno de los 14 artistas que participaron en el I Sal&oacute;n de la Joven Pintura Monta&ntilde;esa, celebrado en 1953 en la Galer&iacute;a Sur de Santander, organizada por Manuel Arce y Teresa Santamatilde. Aquella primera experiencia marc&oacute; el inicio de una relaci&oacute;n que se prolong&oacute; durante los a&ntilde;os sesenta, hasta 1971.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tras finalizar sus estudios, en 1959, march&oacute; a Par&iacute;s. Ese mismo a&ntilde;o se present&oacute; al Gran Premio de Roma. En 1960, la beca le abri&oacute; las puertas de la Academia de Espa&ntilde;a en Roma, donde permaneci&oacute; cuatro a&ntilde;os. All&iacute; el aprendizaje no fue solo t&eacute;cnico, fue vital. En ese tiempo conoci&oacute; a Miranda D&rsquo;Amico (1932, Italia), escultora y poeta, con quien se cas&oacute; en 1963 en el Tempietto del Bramante en Roma y tuvo dos hijos: Flavio, catedr&aacute;tico y arquitecto (1965) y B&aacute;rbara, periodista (1973).
    </p><p class="article-text">
        Roma fue, en sus palabras, un descubrimiento. D&iacute;as de trabajo en el taller, noches de cine en el Trastevere, viajes y conversaciones que ampliaban el horizonte. &ldquo;En la facultad aprend&iacute; a ser pintor, pero en Italia aprend&iacute; lo que era ser artista&rdquo;. En ese periodo obtuvo la Medalla de Oro del Senado Italiano (1963) y consolid&oacute; v&iacute;nculos que marcar&iacute;an su trayectoria.
    </p><p class="article-text">
        A mediados de los a&ntilde;os sesenta, Celis se instal&oacute; en Madrid. En 1968 comenz&oacute; a ense&ntilde;ar en la Escuela T&eacute;cnica Superior de Arquitectura de Madrid (ETSAM), donde imparti&oacute; durante m&aacute;s de tres d&eacute;cadas la asignatura de <em>An&aacute;lisis de Formas</em>. De aquellos a&ntilde;os conserva la imagen de las octavillas en el suelo y el murmullo de los pasillos llenos de debate. Fue profesor no numerario (PNN), implicado en la lucha docente por la dignidad del oficio, mientras la universidad ensayaba su propia transici&oacute;n. Finalmente doctor en Bellas Artes, lo tiene claro:<em> un maestro debe ser, ante todo, un aprendiz</em>.
    </p><p class="article-text">
        Simult&aacute;neamente, su carrera art&iacute;stica se proyect&oacute; en bienales internacionales como las de Venecia, S&atilde;o Paulo, Medell&iacute;n, Par&iacute;s, entre otras. En 1968, en la llamada Bienal de la contestaci&oacute;n de Venecia, form&oacute; parte del grupo de artistas espa&ntilde;oles que dieron la vuelta a sus cuadros en protesta contra la censura franquista, un gesto que los situ&oacute; en las listas negras del r&eacute;gimen. Tambi&eacute;n particip&oacute; en la Sociedad de Artistas Pl&aacute;sticos, que impuls&oacute; el reconocimiento de los derechos de autor y del 1% cultural destinado al patrimonio art&iacute;stico, a&uacute;n hoy vigente.
    </p><p class="article-text">
        Su vida transcurri&oacute; entre Italia y Espa&ntilde;a, con temporadas en Madrid, Cantabria, Castell&oacute;n, Roma y los Abruzos. En 1972 adquiri&oacute; una casa en Villafam&eacute;s atra&iacute;do por el proyecto impulsado por Vicente Aguilera Cerni de crear el Museo de Arte Contempor&aacute;neo (MACVAC) junto a un grupo de artistas nacionales e internacionales. All&iacute;, junto a su familia, particip&oacute; activamente en su desarrollo, y a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en 2000, fue nombrado conservador del museo
    </p><p class="article-text">
        En paralelo explor&oacute; otros lenguajes. A comienzos de los setenta, realiz&oacute; varios documentales dedicados al arte, como <em>El viaje</em>, una pieza experimental que reflejaba el descontento en las calles de Espa&ntilde;a durante el franquismo. La obra fue concebida junto a la poeta Miranda D&rsquo;Amico, el compositor Carmelo Alonso Bernaola y varios alumnos de la Escuela de Arquitectura. Con la llegada de la democracia, su pintura deriv&oacute; hacia los <em>&ldquo;</em>paisajes de la imaginaci&oacute;n<em>&rdquo;</em>, obras en las que fusiona memoria, naturaleza e intuici&oacute;n. En esa etapa obtuvo numerosos reconocimientos: el Premio del Ministerio de Cultura de la Real F&aacute;brica de Tapices, Premio Nacional de Pintura (1971), el Premio del Concurso de Pintura Contempor&aacute;nea de Iberia (1974), o el Premio de Pintura del Congreso de los Diputados (1983), con una obra dedicada a la Constituci&oacute;n espa&ntilde;ola y los valores democr&aacute;ticos, que a&uacute;n hoy contin&uacute;a expuesta en los pasillos del Congreso.
    </p><p class="article-text">
        Desde los a&ntilde;os ochenta, su trayectoria combin&oacute; exposiciones, docencia y proyecci&oacute;n internacional. Particip&oacute; en ARCO, colabor&oacute; con el Museo Espa&ntilde;ol de Arte Contempor&aacute;neo y mantuvo una relaci&oacute;n constante con Italia, donde desarroll&oacute; proyectos vinculados a la pintura y la arquitectura. A lo largo de su vida ha realizado cincuenta exposiciones individuales en Espa&ntilde;a, Italia, Francia y Estados Unidos. Su obra circul&oacute; en muestras colectivas e itinerantes &mdash;tambi&eacute;n en Am&eacute;rica Latina&mdash; y, en a&ntilde;os recientes, ha sido objeto de exposiciones y retrospectivas en instituciones como la Fundaci&oacute;n Comillas o la Universidad de Alcal&aacute; de Henares, donde present&oacute; junto a Miranda D&rsquo;Amico <em>El color y la forma</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Agust&iacute;n de Celis es, en definitiva, adem&aacute;s de pintor, un intelectual vinculado a la cultura, un docente que form&oacute; a generaciones de arquitectos y una figura destacada de la modernidad art&iacute;stica espa&ntilde;ola del siglo XX. Autor de obras como <em>Bajamar, Nordeste, Marejada, Matale&ntilde;as </em>o <em>San Mart&iacute;n</em>, su trayectoria dialoga con su tiempo y deja huella en instituciones de dentro y fuera de Espa&ntilde;a, entre ellas el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sof&iacute;a, Museo Espa&ntilde;ol de Arte Contempor&aacute;neo de Madrid, o el Museo Nacional de Quito o Managua, adem&aacute;s de los museos de Santander, Bilbao, Sevilla o Elche.&nbsp;En 2023 obtuvo la Medalla Conmemorativa del 150.&ordm; Aniversario de la Real Academia de Espa&ntilde;a en Roma y en&nbsp;2025, el Gobierno de Cantabria conmemor&oacute; su trayectoria con la declaraci&oacute;n del <em>&ldquo;A&ntilde;o Cultural Agust&iacute;n de Celis&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        Su pintura, como su vida, ha transitado diferentes etapas: primero un acento paisaj&iacute;stico, despu&eacute;s el encuentro con la abstracci&oacute;n y, con el tiempo, el regreso a un l&eacute;xico de azules que terminar&iacute;a siendo distintivo. Siempre en di&aacute;logo con la poes&iacute;a. En este recorrido destacan dos presencias esenciales: su mujer, Miranda D&rsquo;Amico, compa&ntilde;era de vida y de mirada, y Luis Gonz&aacute;lez Robles, el primer comisario que, aun sin compartir sus ideas pol&iacute;ticas, le abri&oacute; las fronteras de Espa&ntilde;a a su obra.
    </p><p class="article-text">
        A sus 93 a&ntilde;os, <em>el pintor de los azules </em>contempla su obra como un modo de seguir viviendo en lo que permanece. &ldquo;La pintura no es un destino &mdash;dice&mdash;, es un viaje. Y lo importante del viaje es haberlo hecho acompa&ntilde;ado&raquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zhenya Popova Tikhonova]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/agustin-celis-viaje-continuo-artista_132_13184600.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 01 May 2026 18:24:15 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a507a65e-b58e-410f-8f25-5594dbba2599_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="221070" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a507a65e-b58e-410f-8f25-5594dbba2599_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="221070" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Agustín de Celis: el viaje continuo del artista]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a507a65e-b58e-410f-8f25-5594dbba2599_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Memoria Histórica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Emilia Arroyo Alonso: 101 años que dejan camino]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/emilia-arroyo-alonso-101-anos-dejan-camino_132_13160592.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d6d1f714-2b05-459a-9e81-e3b983653042_16-9-discover-aspect-ratio_default_1141327.jpg" width="1600" height="900" alt="Emilia Arroyo Alonso: 101 años que dejan camino"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hace unos días que falleció esta mujer pasiega que transitó un siglo y dejó pruebas de ello: a caballo entre Vega de Pas y Zaragoza, su historia es la de las mujeres que, sin estridencias, han sido el sostén de muchas vidas</p><p class="subtitle">Perfil - Antonio Ontañón: la justa memoria de los vencidos</p></div><p class="article-text">
        Hay vidas que no solo pasan: dejan camino. La de Emilia Arroyo Alonso fue una de ellas. La conversaci&oacute;n de <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/antonio-ontanon-justa-memoria-vencidos_132_13129026.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Legado Cantabria</a> con Emilia no fue inmediata. Antes de encender la c&aacute;mara hubo varios encuentros y tiempo compartido, confianza que se fue tejiendo poco a poco. En la posada Don Guzm&aacute;n, rodeada de los suyos, fue contando su historia como quien abre un &aacute;lbum, poco a poco, recorrida sin prisa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vivi&oacute; 101 a&ntilde;os: desde una infancia entre Vega de Pas y Zaragoza hasta una vejez con la memoria intacta.
    </p><p class="article-text">
        Naci&oacute; el 28 de marzo de 1925 en Vega de Pas, en un territorio donde la vida se med&iacute;a en ganado, en huertas y en caminos. Aquel mismo mes, un globo meteorol&oacute;gico de la marina francesa &mdash;confundido por los vecinos con un zepel&iacute;n&mdash; aterriz&oacute; en la Vega y alter&oacute; por unas horas la calma del valle.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La econom&iacute;a familiar se sosten&iacute;a en la ganader&iacute;a y la subsistencia, pero muy pronto su vida cambi&oacute; de rumbo. Con apenas seis a&ntilde;os se traslad&oacute; a Zaragoza junto a su madre y su padrastro, que hab&iacute;an decidido buscar un futuro mejor abriendo una vaquer&iacute;a con un nombre que lo dec&iacute;a todo: La Pasiega.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-roMLWCcGbHk-9072', 'youtube', 'roMLWCcGbHk', document.getElementById('yt-roMLWCcGbHk-9072'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-roMLWCcGbHk-9072 src="https://www.youtube.com/embed/roMLWCcGbHk?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Su infancia transcurri&oacute; en la capital aragonesa, entre calles c&eacute;ntricas y una vida que, aunque atravesada por la guerra, recuerda como feliz. Habla de juegos, de amistades, de la parroquia, de su paso por el colegio Santa Rosa y de las horas en el taller de costura, donde aprendi&oacute; a coser y bordar para casa. Describe aquellos a&ntilde;os como &ldquo;f&aacute;ciles y felices&rdquo;, marcados por una educaci&oacute;n en valores cristianos y por una forma de vida sencilla, pero plena.
    </p><p class="article-text">
        La guerra tambi&eacute;n dej&oacute; huella. Recuerda los refugios, el miedo y los bombardeos en Zaragoza. Pero en su memoria conviven esos momentos con otros de alegr&iacute;a: los veranos en Vega de Pas, en el barrio del Cruce, donde se reun&iacute;a con sus primas, corr&iacute;an por el pueblo y la vida transcurr&iacute;a sin coches y con otra medida del tiempo.
    </p><p class="article-text">
        En Zaragoza conoci&oacute; a Manuel G&oacute;mez Ruiz, &ldquo;el m&aacute;s guapo del pueblo&rdquo;, cuya familia era due&ntilde;a del molino de Vega de Pas. Se casaron en 1961 en la iglesia de San Antonio de Padua. A partir de entonces, su vida se teji&oacute; entre la ciudad y el valle.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre 1962 y 1967 residieron en Vega de Pas, donde nacieron dos de sus tres hijos y donde Emilia sostuvo la vida cotidiana: la casa, la crianza y los cuidados, tambi&eacute;n los de su madre enferma. A finales de los a&ntilde;os sesenta regresaron a Zaragoza, donde naci&oacute; su tercer hijo y donde vivieron durante d&eacute;cadas, hasta finales de los a&ntilde;os noventa, coincidiendo con la jubilaci&oacute;n de Manuel, fallecido en 2008. Aun as&iacute;, los veranos siguieron perteneciendo a la Vega.
    </p><p class="article-text">
        Emilia fue madre, abuela, mujer de casa y de sost&eacute;n. Pero tambi&eacute;n fue algo menos visible y profundamente valioso: una memoria que se hizo imagen. Durante a&ntilde;os llev&oacute; una c&aacute;mara y fotografi&oacute; la vida en Vega de Pas cuando nadie pensaba en guardar aquello. Las casas llenas, los obreros del t&uacute;nel de La Enga&ntilde;a, los veranos compartidos. Muchas de las im&aacute;genes que hoy explican ese tiempo llevan su mirada.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Durante años llevó una cámara y fotografió la vida en Vega de Pas cuando nadie pensaba en guardar aquello. Las casas llenas, los obreros del túnel de La Engaña, los veranos compartidos. Muchas de las imágenes que hoy explican ese tiempo llevan su mirada</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Con los a&ntilde;os, la vida volvi&oacute; a asentarse en su lugar de origen. En 2004, sus hijos adquirieron una propiedad en la plaza y abrieron la posada Don Guzm&aacute;n. Desde all&iacute;, Emilia sigui&oacute; habitando el pueblo y sus v&iacute;nculos, acompa&ntilde;ada tambi&eacute;n por su prima Amalia en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, con quien compart&iacute;a el tiempo entre conversaciones y risas.
    </p><p class="article-text">
        Su vida se sostuvo en lo cotidiano y en lo esencial: el cuidado, la familia y la fe. Devota de la Virgen de la Vega, a quien lleg&oacute; a regalar su traje de novia, entend&iacute;a la vida desde ese lugar donde lo material y lo simb&oacute;lico se mezclan sin conflicto.
    </p><p class="article-text">
        Vivi&oacute; mucho, pero sobre todo vivi&oacute; en paz con lo que quer&iacute;a ser. &ldquo;He sido muy feliz, no me ha faltado de nada y solo puedo dar las gracias&rdquo;, dec&iacute;a. Y en esa frase &mdash;tan sencilla&mdash; cabe casi todo.
    </p><p class="article-text">
        Emilia ha fallecido recientemente a los 101 a&ntilde;os. La muerte, escribi&oacute; Elisabeth K&uuml;bler-Ross, no es un final abrupto, sino un tr&aacute;nsito que tambi&eacute;n pertenece a la vida. Y en quienes quedan, el duelo no borra: transforma. Seguir con lo que permanece: esos v&iacute;nculos que no se rompen con la ausencia, sino que cambian de forma y se hacen m&aacute;s silenciosos, m&aacute;s hondos.
    </p><p class="article-text">
        Queda lo que hizo: las im&aacute;genes, los recuerdos, la forma de contar y de estar. Queda tambi&eacute;n algo m&aacute;s dif&iacute;cil de nombrar: una manera de vivir sin estridencias, sostenida en lo que se comparte. Queda tambi&eacute;n una familia y el camino que ella allan&oacute;. Las vidas no se apagan. Y la de Emilia sigue alumbrando.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zhenya Popova Tikhonova]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/emilia-arroyo-alonso-101-anos-dejan-camino_132_13160592.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 24 Apr 2026 20:53:48 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d6d1f714-2b05-459a-9e81-e3b983653042_16-9-discover-aspect-ratio_default_1141327.jpg" length="331200" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d6d1f714-2b05-459a-9e81-e3b983653042_16-9-discover-aspect-ratio_default_1141327.jpg" type="image/jpeg" fileSize="331200" width="1600" height="900"/>
      <media:title><![CDATA[Emilia Arroyo Alonso: 101 años que dejan camino]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d6d1f714-2b05-459a-9e81-e3b983653042_16-9-discover-aspect-ratio_default_1141327.jpg" width="1600" height="900"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Memoria Histórica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lines Marichalar Llano o la vida cotidiana del Comillas invisible]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/lines-marichalar-llano-vida-cotidiana-comillas-invisible_132_13141340.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/be9fcfcc-a1c4-4f71-b934-15857f283b53_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lines Marichalar Llano o la vida cotidiana del Comillas invisible"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ni el mar, ni los monumentos, ni las casonas marcan la vida de Ángeles, sino el trabajo, el campo, los cuidados, el discreto vivir en los pliegues de lo visible. Con 97 años recién cumplidos, comparte su historia</p></div><p class="article-text">
        &Aacute;ngeles Marichalar Llano, a quien desde ni&ntilde;a le gust&oacute; que la llamaran Lines, naci&oacute; el 1 de marzo de 1929 en Comillas, en el barrio pr&oacute;ximo a la calle Fuente Real, a la entrada de El Capricho, que llevaba ya d&eacute;cadas formando parte del paisaje del pueblo, aunque entonces no era s&iacute;mbolo ni reclamo, sino simplemente una casa m&aacute;s junto a caminos de tierra y fincas de labor.
    </p><p class="article-text">
        En junio de ese mismo a&ntilde;o, cuando Lines ten&iacute;a apenas tres meses, el llamado P&aacute;jaro Amarillo &mdash;el avi&oacute;n franc&eacute;s que logr&oacute; cruzar el Atl&aacute;ntico y aterriz&oacute; de emergencia en la playa de Oyambre&mdash; se convirti&oacute; en noticia en toda Espa&ntilde;a. Fue el primer vuelo transatl&aacute;ntico que toc&oacute; tierra en el pa&iacute;s y el acontecimiento qued&oacute; inscrito en la memoria de la comarca.
    </p><p class="article-text">
        Con el tiempo se erigi&oacute; un monumento en Oyambre para conmemorar aquel aterrizaje. A ese homenaje parece referirse su recuerdo cuando dice: &ldquo;Mi padre fue con otra persona a las minas de Escobedo, cerca de Santander, a buscar la piedra. La trajo &eacute;l (&hellip;) Yo ten&iacute;a tres meses o seis cuando lo inauguraron&rdquo;. La historia colectiva se filtr&oacute; en su casa convertida en objeto: una piedra asociada a aquella conmemoraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Su infancia no se desarrolla en un espacio urbano ni monumental, sino fundamentalmente en la finca de La Terena, donde su familia trabaja en r&eacute;gimen de aparcer&iacute;a en las tierras de Mar&iacute;a Coss&iacute;o. All&iacute; se cr&iacute;a. En una casa que durante a&ntilde;os carece de luz el&eacute;ctrica y de agua corriente. En una cocina de le&ntilde;a donde la plancha se calentaba sobre las brasas y la ropa se cos&iacute;a de noche, a la luz de una vela. En una estructura dom&eacute;stica sostenida por el trabajo diario.
    </p><p class="article-text">
        Su mundo cotidiano estuvo marcado por el trabajo constante: orde&ntilde;ar cinco o seis vacas, entregar cada d&iacute;a la leche correspondiente, recoger la hierba seca en verano, cuidar el ma&iacute;z, mezclar harina de ma&iacute;z con peque&ntilde;as cantidades de trigo para poder hacer pan, sostener la econom&iacute;a dom&eacute;stica con ingenio y esfuerzo.
    </p><p class="article-text">
        Aunque Comillas era un municipio costero, el mar no estructur&oacute; su vida. El Cant&aacute;brico estaba ah&iacute;, visible y cercano, pero no organizaba su econom&iacute;a ni su pertenencia. Bajaba a la playa con la comida cuando su padre trabajaba all&iacute; &mdash;en alguna etapa cargando arena y mezclando mortero para obras&mdash;; se sentaba a cierta distancia y observaba el movimiento del verano, siempre desde fuera. Nunca se ba&ntilde;&oacute;. El mar fue escenario, no oficio.
    </p><p class="article-text">
        Lines creci&oacute; viendo a su padre recorrer caminos a pie o con carro, acudir a ferias, negociar animales; fue un trabajador del campo que depend&iacute;a del clima, de los precios del ganado y de acuerdos verbales. Ella creci&oacute; entre prados, vacas y cuestas. Esa pertenencia a la tierra atraviesa toda su biograf&iacute;a.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-MOuRnmO6DSY-3867', 'youtube', 'MOuRnmO6DSY', document.getElementById('yt-MOuRnmO6DSY-3867'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-MOuRnmO6DSY-3867 src="https://www.youtube.com/embed/MOuRnmO6DSY?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Lines estudi&oacute; en el colegio de las monjas de Comillas, regentado por las Hijas de la Caridad de San Vicente de Pa&uacute;l, hist&oacute;ricamente vinculadas al Seminario Pontificio y a la educaci&oacute;n femenina del municipio. Recuerda con claridad la diferencia entre aquel colegio y las Escuelas Nacionales, situadas en la zona del actual Espol&oacute;n. Recuerda especialmente a una monja, sor Concepci&oacute;n, que la trataba con amabilidad. No guarda memoria de castigos ni de dureza extrema; al contrario, habla de un ambiente &ldquo;bien arregladito&rdquo;, estructurado. All&iacute; aprendi&oacute; lo esencial: lectura b&aacute;sica, catecismo &mdash;que memorizaba con facilidad&mdash; y, sobre todo, costura. Por las tardes dedicaban una o dos horas a repasar, a coser. Ese aprendizaje fue decisivo. Cuando m&aacute;s tarde qued&oacute; sola con su padre, aquellas habilidades se convirtieron en sustento. Desde los diez a&ntilde;os, hacia 1939, dej&oacute; la escuela y ya cos&iacute;a pantalones gastados por el trabajo, a la luz de una vela, hasta la madrugada, para que &eacute;l pudiera salir al d&iacute;a siguiente con la ropa remendada. No fue una decisi&oacute;n ideol&oacute;gica, sino econ&oacute;mica y de supervivencia; fue una necesidad. La finca necesitaba dos cuerpos trabajando.
    </p><p class="article-text">
        Ese v&iacute;nculo estrecho entre ambos marc&oacute; toda su juventud. No recuerda juegos prolongados ni ocio despreocupado. Aun as&iacute;, hubo destellos de juventud. Lines recuerda que, con nueve o diez a&ntilde;os, una prima la esperaba algunas tardes cuando su padre bajaba al pueblo. Se reun&iacute;an en el corro junto a la iglesia, bajo los casta&ntilde;os, donde colocaban un altavoz para las verbenas. A veces iban un rato al cine; otras, simplemente daban vueltas en la plaza mientras sonaba la m&uacute;sica. Recuerda tareas, responsabilidad y cuidado. Esa es la base de su identidad: una infancia y juventud atravesada por la cultura del esfuerzo, por la econom&iacute;a campesina y por una &eacute;tica del deber que no se formula, pero se practica.
    </p><p class="article-text">
        Cuando estalla la Guerra de Espa&ntilde;a en 1936, Lines tiene siete a&ntilde;os. La guerra no se vive en su casa como discurso pol&iacute;tico, sino como irrupci&oacute;n concreta: registros, miedo y objetos que desaparecen. Recuerda el ganado escondido para evitar requisas y el silencio que sigui&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        El final oficial del conflicto en 1939 no trajo alivio inmediato. Llegaron los a&ntilde;os del racionamiento, de las cartillas insuficientes y del mercado negro. En su casa no siempre hubo pan. El ma&iacute;z &mdash;cultivado por ellos mismos&mdash; fue la base de la alimentaci&oacute;n. Cuando su padre consegu&iacute;a un poco de harina de trigo en la feria de Potes o en el estraperlo, ella mezclaba ambas para mejorar la masa. El ingenio era supervivencia.
    </p><p class="article-text">
        En esos mismos a&ntilde;os, la presencia de &ldquo;los del monte&rdquo; &mdash;los guerrilleros antifranquistas vinculados a Juan&iacute;n&mdash; formaba parte del paisaje nocturno. Lines recuerda cruzarse con hombres que atravesaban la finca en silencio. Recuerda la tensi&oacute;n y tambi&eacute;n la prudencia: nadie hablaba demasiado. En el entorno se produjeron enfrentamientos y muertes. Para una adolescente campesina, aquello no fue &eacute;pica pol&iacute;tica, sino inquietud cotidiana.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo m&aacute;s duro no fue la escasez. Fue la enfermedad de su madre. Tras un parto complicado, qued&oacute; debilitada para siempre. La falta de recursos m&eacute;dicos y el desgaste f&iacute;sico hicieron el resto. Muri&oacute; cuando Lines a&uacute;n era ni&ntilde;a &mdash;ya en la posguerra&mdash;, dejando la casa reducida a padre e hija. Ese tr&aacute;nsito &mdash;de hija a sost&eacute;n&mdash; no fue gradual: fue abrupto. La infancia se acort&oacute; de golpe.
    </p><p class="article-text">
        Tres meses despu&eacute;s, con trece a&ntilde;os, un peque&ntilde;o corte en la mano mientras trabajaba en la finca se complic&oacute; con una infecci&oacute;n grave. No hab&iacute;a penicilina disponible. La fiebre subi&oacute; y la infecci&oacute;n avanz&oacute; con rapidez. Ella misma recuerda que qued&oacute; &ldquo;a siete horas de vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Fue trasladada al Hospital Valdecilla, en Santander. Los m&eacute;dicos llegaron a valorar la amputaci&oacute;n del brazo. Lograron salvarle la vida, pero perdi&oacute; un dedo como consecuencia de la infecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Durante aquellos meses vivi&oacute; en Gornazo (Miengo), en casa de una t&iacute;a viuda, y acud&iacute;a desde all&iacute; a las curas en Valdecilla. Su padre caminaba hasta el apeadero de Cabez&oacute;n, tomaba el tren y repet&iacute;a el recorrido cada domingo para verla. Ese ir y venir resume el v&iacute;nculo entre ambos. La enfermedad fue una frontera. Y, sin embargo, volvi&oacute; al campo.
    </p><p class="article-text">
        Su juventud transcurri&oacute; en continuidad con la infancia: orde&ntilde;o, hierba, ma&iacute;z, leche entregada diariamente a la due&ntilde;a de la finca. Alguna verbena en San Pedro. Alguna sesi&oacute;n de cine. Pero siempre con hora de regreso. Mientras el pa&iacute;s entraba lentamente en el desarrollismo de los a&ntilde;os cincuenta.
    </p><p class="article-text">
        En 1949, con veinte a&ntilde;os, Lines se casa en la iglesia de Comillas. El noviazgo hab&iacute;a sido breve &mdash;nueve meses&mdash;, pero la relaci&oacute;n con Mariano ven&iacute;a de la infancia. Su marido, habilidoso en carpinter&iacute;a y construcci&oacute;n, participa en la fabricaci&oacute;n de peque&ntilde;as embarcaciones y en obras del municipio. Lines colabora cuando es necesario. La finca sigue marcando el ritmo.
    </p><p class="article-text">
        En 1950 nace su primer hijo, Manuel. Despu&eacute;s llegar&aacute;n Jos&eacute; Carlos y Mar&iacute;a de los &Aacute;ngeles. La maternidad no interrumpe nada: vacas, campo, casa, crianza. Todo se superpone.
    </p><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os sesenta, mientras Espa&ntilde;a entraba en el desarrollismo y muchas familias emigraban, Lines permaneci&oacute; en Comillas con los suyos. No hubo traslado ni ruptura. La vida continu&oacute; anclada a la casa y a la tierra.
    </p><p class="article-text">
        Su marido falleci&oacute; tres a&ntilde;os antes que su padre. Tras esa p&eacute;rdida, su padre sigui&oacute; viviendo con ella hasta los noventa y seis a&ntilde;os. No fue una convivencia circunstancial, sino prolongada en el tiempo. Cuando le preguntaron si lo cuid&oacute;, respondi&oacute; sin vacilar: &ldquo;Igual que me cuid&oacute; &eacute;l a m&iacute;. Porque, francamente, no puedo tener una queja ni que me haya re&ntilde;ido, ni que me haya hecho nada. Al contrario&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En esa frase se condensa una biograf&iacute;a entera: el cuidado como reciprocidad. Ahora es ella quien vive por semanas con uno de sus hijos. La direcci&oacute;n ha cambiado; la l&oacute;gica permanece.
    </p><p class="article-text">
        Lines ha vivido casi un siglo atravesado por guerra, posguerra, escasez, trabajo f&iacute;sico, maternidad y duelo. Ha cuidado y despedido a quienes la precedieron y ha visto crecer a hijos y nietos.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, con noventa y siete a&ntilde;os cumplidos hace unas semanas, no se define por la haza&ntilde;a ni por el sufrimiento, sino por la constancia. Si algo atraviesa su recorrido es una idea sencilla: hacer lo que hab&iacute;a que hacer.
    </p><p class="article-text">
        El tiempo, dice, pasa deprisa. Y al mirar atr&aacute;s no formula reproches. Su vida no fue f&aacute;cil, pero fue suya. Y quiz&aacute; ah&iacute; resida su legado m&aacute;s silencioso: en haber sostenido lo cotidiano sin estridencias y poder decir, casi un siglo despu&eacute;s, que no tiene queja.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zhenya Popova Tikhonova]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/lines-marichalar-llano-vida-cotidiana-comillas-invisible_132_13141340.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 17 Apr 2026 19:15:56 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/be9fcfcc-a1c4-4f71-b934-15857f283b53_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="419572" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/be9fcfcc-a1c4-4f71-b934-15857f283b53_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="419572" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Lines Marichalar Llano o la vida cotidiana del Comillas invisible]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/be9fcfcc-a1c4-4f71-b934-15857f283b53_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Memoria Histórica,Cantabria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antonio Ontañón: la justa memoria de los vencidos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/antonio-ontanon-justa-memoria-vencidos_132_13129026.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b4f7953a-a05c-4a16-97ff-66c26c3ca8b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Antonio Ontañón: la justa memoria de los vencidos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La Guerra Civil española dejó heridas que solo se van limpiando con el compromiso con el pasado. Así lo ha entendido Antonio Ontañón, el sindicalista y activista de la memoria histórica que ya prepara, a sus 91 años, un 14 de abril de rememoración en el Cementerio de Ciriego</p><p class="subtitle">Archivo - Genio, el de Camijanes: hablar mientras alguien escuche</p></div><p class="article-text">
        Lo m&aacute;s normal es que si una se encuentra con Antonio Onta&ntilde;&oacute;n, tras el saludo de cortes&iacute;a, este hombre grande, de voz grave y barba en ristre, lance un &ldquo;a las aladas almas de las rosas/ del almendro de nata te requiero,/ que tenemos que hablar de muchas cosas,/ compa&ntilde;era del alma, compa&ntilde;era&rdquo;. Y as&iacute;, como quien no se da cuenta, Miguel Hern&aacute;ndez participa de la conversaci&oacute;n y de los anhelos de Antonio.
    </p><p class="article-text">
        Un d&iacute;a como hoy Onta&ntilde;&oacute;n ya estar&aacute; preparando su insignia con la bandera republicana para conmemorar el 14 de abril en el cementerio de Ciriego en Santander, donde lleva d&eacute;cadas acompa&ntilde;ando y rescatando del olvido a las v&iacute;ctimas de la represi&oacute;n franquista que se agolpan en la inmensa fosa com&uacute;n en la que, de 100 en 100, los cuerpos ya tienen nombre aunque no consuelo. Pero la historia de Antonio empieza mucho antes.
    </p><p class="article-text">
        Antonio Onta&ntilde;&oacute;n Toca naci&oacute; el 25 de septiembre de 1934 &mdash;10 d&iacute;as antes de que los obreros de Cantabria se sumaran al intento revolucionario que cristaliz&oacute; y fracas&oacute; en Asturias&mdash; en una casa situada en la traves&iacute;a de la calle del Sol, en Santander. Creci&oacute; en un entorno humilde junto a dos hermanas y un hermano, hijo de Federico Onta&ntilde;&oacute;n Velasco y Teresa Toca Diego, ambos panaderos de la panader&iacute;a Hermosilla, en la calle Santa Luc&iacute;a. A los cinco a&ntilde;os, la familia se mud&oacute; a Canalejas, a una vivienda frente al conocido Cine Popular Victoria, donde la calle fue escuela y las pandillas, compa&ntilde;&iacute;a.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-5Yyb63FZ9Ag-2064', 'youtube', '5Yyb63FZ9Ag', document.getElementById('yt-5Yyb63FZ9Ag-2064'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-5Yyb63FZ9Ag-2064 src="https://www.youtube.com/embed/5Yyb63FZ9Ag?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Sus primeros a&ntilde;os escolares los pas&oacute; entre el colegio de ni&ntilde;os de San Mart&iacute;n y la escuela del Sardinero. Y entre 1946 y 1949, estudi&oacute; y fue monaguillo en las escuelas gratuitas del Colegio de los Padres Escolapios donde tuvo una experiencia que le hizo &ldquo;perder la fe&rdquo; y apostatar en su adultez.
    </p><p class="article-text">
        La Guerra Civil espa&ntilde;ola marc&oacute; la infancia de Antonio, quien recuerda los bombardeos, las sirenas y las carreras hacia los refugios. En 1937, su padre solicit&oacute; la evacuaci&oacute;n mar&iacute;tima al Frente Popular de Santander, buscando el exilio en Francia, pero no lograron embarcar. Esta experiencia, junto con las cicatrices que la guerra dej&oacute; en su familia, con miembros encarcelados o forzados al exilio, dej&oacute; una huella profunda en su entorno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1956, realiz&oacute; el servicio militar durante a&ntilde;o y medio en el Cuartel de Instrucci&oacute;n de Artiller&iacute;a de Costa, ubicado en Bilbao, en la estaci&oacute;n de Dos Caminos, de Basauri, Vizcaya.
    </p><p class="article-text">
        Profesionalmente, Antonio comenz&oacute; su carrera en la banca tras formarse brevemente como electricista en la Escuela de Artes y Oficios. A los 17 a&ntilde;os aprob&oacute; los ex&aacute;menes y comenz&oacute; a trabajar en el Banco de Bilbao (actual BBVA), donde desempe&ntilde;&oacute; su vida laboral durante 40 a&ntilde;os hasta prejubilarse a los 57 a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Su compromiso sindical fue notable; como secretario general de la UGT en Santander, lider&oacute; la primera huelga de la banca privada sucedida en Santander en 1979. Tambi&eacute;n fue secretario general de UGT de Jubilados y particip&oacute; activamente en CCOO. Su militancia obrera, en defensa de la libertad de huelga y los derechos sindicales, le llev&oacute; a repartir octavillas en su Vespa '20660' y a participar en diversas acciones que resultaron&nbsp;en varias detenciones a lo largo de los a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Entre 1959 y finales de los a&ntilde;os 70 su vida tambi&eacute;n se sostuvo en lo familiar: junto a Marta Peredo tuvo dos hijas y dos hijos. Durante este periodo, fue miembro activo de la Hermandad Obrera de Acci&oacute;n Cat&oacute;lica (HOAC), una experiencia que le proporcion&oacute; formaci&oacute;n para &ldquo;actuar con conocimiento&rdquo;. En los a&ntilde;os 70, fue miembro activo de Amnist&iacute;a Internacional, donde represent&oacute; a la organizaci&oacute;n a nivel regional en la Comisi&oacute;n contra la Pena de Muerte. 
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se present&oacute; como candidato independiente a la Alcald&iacute;a de Santander por la ORT (Organizaci&oacute;n Revolucionaria de Trabajadores) y, en otra ocasi&oacute;n, integr&oacute; una candidatura junto a J.R Saiz Viadero; sin embargo, sus propuestas no lograron materializarse en una victoria electoral.
    </p><p class="article-text">
        Durante dos d&eacute;cadas y hasta hace unos meses, Antonio Onta&ntilde;&oacute;n ha presidido la Asociaci&oacute;n H&eacute;roes de la Rep&uacute;blica y la Libertad, dedicando su tiempo tras la jubilaci&oacute;n a investigar y dar visibilidad &ldquo;a las personas que sufrieron la represi&oacute;n franquista en Cantabria&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ha logrado recuperar la identidad y memoria de 1.207 v&iacute;ctimas, entre ellos 850 fusilados en la tapia del cementerio de Ciriego, en Santander, cuyos restos fueron enterrados en fosas comunes entre 1937 y 1948. Su labor, centrada en &ldquo;evitar que cientos de v&iacute;ctimas an&oacute;nimas fueran olvidadas&rdquo;, culmin&oacute; en la publicaci&oacute;n de 'Rescatados del olvido' en 2004, una obra clave en la memoria hist&oacute;rica de la comunidad. A lo largo de los a&ntilde;os, Antonio continu&oacute; su labor investigadora, luch&oacute; por la financiaci&oacute;n de monumentos conmemorativos e, incluso, utiliz&oacute; su libro como prueba documental en el juicio ante el Tribunal Supremo con el juez Baltasar Garz&oacute;n, donde denunciaba los cr&iacute;menes franquistas.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ha logrado recuperar la identidad y memoria de 1.207 víctimas, entre ellos 850 fusilados en la tapia del cementerio de Ciriego, en Santander, cuyos restos fueron enterrados en fosas comunes entre 1937 y 1948</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En 1980, particip&oacute; en el movimiento colectivo de construcci&oacute;n de un trilito en Ciriego y, en 2001, erigi&oacute; nueve monolitos con los nombres de casi 900 personas fusiladas. Posteriormente, erigi&oacute; tres m&aacute;s en la manzana 52 del mismo cementerio. As&iacute; como un monolito en el pueblo de Polaciones, que fue destruido pocos d&iacute;as despu&eacute;s de su inauguraci&oacute;n. En 2021, don&oacute; documentaci&oacute;n hist&oacute;rica a la Fundaci&oacute;n Bruno Alonso, contribuyendo as&iacute; a la preservaci&oacute;n y divulgaci&oacute;n de la memoria hist&oacute;rica en la comunidad.
    </p><p class="article-text">
        En la primera d&eacute;cada de los 2000, Onta&ntilde;&oacute;n Toca colabor&oacute; con Francisco Etxeberria Gabilondo, miembro de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, en la exhumaci&oacute;n de fosas comunes, como la de Talledo (2005) y Caranceja (2009), aunque en esta &uacute;ltima no se hallaron restos. Adem&aacute;s, investig&oacute; la fosa en el cementerio de la finca Valdecilla, en Solares, donde dej&oacute; constancia de los nombres de las personas &ldquo;paseadas&rdquo; en una l&aacute;pida conmemorativa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 2005, la Asociaci&oacute;n Manuel Aza&ntilde;a de Madrid reconoci&oacute; la labor y el compromiso de Onta&ntilde;&oacute;n Toca con la memoria hist&oacute;rica al concederle el Premio a la Lealtad Republicana. A lo largo de su vida, particip&oacute; en la lucha por la justicia social y estuvo en contacto con figuras clave como Ram&oacute;n Peredo, Julio V&aacute;zquez y Felipe Matarranz. As&iacute; como destaca encuentros como el que tuvo con el escritor Jos&eacute; Saramago, Dolores Ib&aacute;rruri o Eulalio Ferrer.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La historia de España está por escribir porque hasta ahora la han escrito los que ganaron la Guerra. Falta escribir la historia de España por nosotros, por los vencidos. Falta por escribir... Porque la realidad todavía no se conoce, ni se ha hecho justicia</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Al repasar su historia de vida concluye que se siente satisfecho al ver c&oacute;mo su trabajo ha dejado un legado tangible, especialmente al recibir el agradecimiento de las personas que se han beneficiado de su dedicaci&oacute;n. Como &eacute;l mismo afirma: &ldquo;He dedicado a&ntilde;os de mi vida, lo he pasado mejor o peor, pero siempre tratando de ser consecuente con lo que cre&iacute;a&rdquo;. As&iacute; se lo reconoci&oacute; la Delegaci&oacute;n del Gobierno de Espa&ntilde;a en diciembre de 2024, cuando destac&oacute; su trabajo de investigaci&oacute;n para identificar las fosas comunes en Cantabria o el homenaje que recibi&oacute; de la asociaci&oacute;n memorialista que lider&oacute; con motivo de su 90 cumplea&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        A sus 91 a&ntilde;os, Antonio destaca que hay una asignatura que sigue pendiente para la sociedad en la que habita: &ldquo;La historia de Espa&ntilde;a est&aacute; por escribir porque hasta ahora la han escrito los que ganaron la Guerra. Falta escribir la historia de Espa&ntilde;a por nosotros, por los vencidos. Falta por escribir... Porque la realidad todav&iacute;a no se conoce, ni se ha hecho justicia&rdquo;. Hoy vive frente al mar, entre el humor, las canciones en Bodegas Maz&oacute;n y las poes&iacute;as que regala&nbsp;porque, como &eacute;l dice, debe hacerlo &ldquo;por reciprocidad: dar y recibir, y porque es bello envejecer amando&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zhenya Popova Tikhonova]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/antonio-ontanon-justa-memoria-vencidos_132_13129026.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 10 Apr 2026 19:15:38 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/b4f7953a-a05c-4a16-97ff-66c26c3ca8b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="386270" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/b4f7953a-a05c-4a16-97ff-66c26c3ca8b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="386270" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Antonio Ontañón: la justa memoria de los vencidos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/b4f7953a-a05c-4a16-97ff-66c26c3ca8b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Memoria Histórica,Guerra Civil Española]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Genio, el de Camijanes: hablar mientras alguien escuche]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/genio-camijanes-hablar-alguien-escuche_132_13113252.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1ae9eaba-774d-4a04-9c9d-e0fa48589e4b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1139897.jpg" width="1600" height="900" alt="Genio, el de Camijanes: hablar mientras alguien escuche"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Eugenio González es una referencia en la tonada cántabra. Desde Herrerías, la voz de Genio irrumpe como un trueno: clara y necesaria. Cual filósofo sin academia, pero con vida, quiere dejar dicha la verdad de lo vivido antes de marchar</p><p class="subtitle">Perfil - Adelaida Fernández Martínez: caminar y bailar con las alas cortadas</p></div><p class="article-text">
        Eugenio Gonz&aacute;lez D&iacute;az supo callar durante d&eacute;cadas y ha sabido hablar y cantar otras tantas. Call&oacute; o habl&oacute; &ldquo;lo justo&rdquo; con quien se pod&iacute;a cuando la Guardia Civil daba palizas en ese territorio transitado por los guerrilleros antifascistas; habl&oacute; cuando pudo hacerlo y defendi&oacute; sus ideas pol&iacute;ticas ante los excesos de los poderosos; cant&oacute; hasta cuando a algunos no les gustaba que lo hiciera. Y, ahora, a los 93 a&ntilde;os, canta y habla con aquel que tenga a bien escuchar con respeto. Hay una especie de filosof&iacute;a natural en Eugenio y hay mucho saber acumulado en las nueve d&eacute;cadas que lleva agotadas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo lo que dispongo es de buena memoria. No tengo dinero y no lo necesito porque es que no lo quiero. Pero a m&iacute; lo que me importa es decir la verdad a tiempo antes de morir. S&eacute; que me queda muy poco, pero ganas de hablar tengo, de decir la verdad. Un d&iacute;a morir&eacute; por raz&oacute;n de ser. Pero no le tengo miedo a la muerte&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Nacido en noviembre de 1932 en Camijanes, en el Valle de Herrer&iacute;as, Eugenio Gonz&aacute;lez D&iacute;az &mdash;conocido popularmente como <em>Genio, el de Camijanes</em>&mdash; es adem&aacute;s uno de los &uacute;ltimos grandes representantes vivos de la tonada monta&ntilde;esa, ese cante tradicional que condensa la memoria emocional, oral y sonora de Cantabria.
    </p><p class="article-text">
        Hijo de Andresa &mdash;natural de Bielva, panderetera y amante del baile&mdash; y de Nazario &mdash;oriundo de Camijanes, que trabaj&oacute; como carnicero, cantero y tratante de ganado&mdash;, Genio creci&oacute; en una familia que encarn&oacute; las complejidades y la fortaleza de la posguerra rural. Su padre enviud&oacute; con ocho hijos e hijas a su cargo, y su madre, con dos hijas propias, se integr&oacute; a esa gran casa com&uacute;n tras casarse con Nazario. 
    </p><p class="article-text">
        Aquel nuevo hogar, en el barrio El Collado, fue levantado entre ambos y lleg&oacute; a acoger a 17 hijos e hijas, criados sin distinciones, &ldquo;como si fu&eacute;ramos todos de una madre&rdquo;. De ese matrimonio nacieron siete, y Genio fue el tercero. El afecto y el respeto cimentaron esta convivencia, a pesar de las estrecheces y los trabajos tempranos que marcaron la infancia de Genio y de sus hermanas, quienes trabajaron en servicio dom&eacute;stico en ciudades como Madrid, Valladolid o Bilbao. &ldquo;No estudia quien no puede. Y qui&eacute;n sabe d&oacute;nde est&aacute; la inteligencia&hellip; puede estar en la cabeza de un pobre&rdquo;, reflexiona Genio.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-Lhlf9i98S_E-7075', 'youtube', 'Lhlf9i98S_E', document.getElementById('yt-Lhlf9i98S_E-7075'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-Lhlf9i98S_E-7075 src="https://www.youtube.com/embed/Lhlf9i98S_E?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        La econom&iacute;a familiar giraba en torno a la ganader&iacute;a y al ingenio de sus progenitores. Su padre compraba y vend&iacute;a ganado por toda la regi&oacute;n, incluso cruzando clandestinamente a Asturias cuando la provincia estaba en estado de sitio. &ldquo;Si le cog&iacute;an, iba a la c&aacute;rcel&rdquo;, recuerda Genio, pero aquel riesgo era parte de la necesidad. Las vacas llegaban en tren hasta Pesu&eacute;s y desde all&iacute; las llevaban a casa, alimentando la cuadra y a los suyos. 
    </p><p class="article-text">
        Su madre, por su parte, sab&iacute;a fabricar alpargatas con suelas de goma y cos&iacute;a con lo que hubiera a mano; era, como &eacute;l la describe, &ldquo;una mujer muy fuerte y muy inteligente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Su infancia coincidi&oacute; con los a&ntilde;os de la Guerra de Espa&ntilde;a y, aunque no conserva recuerdos precisos de los hechos, guarda el eco del miedo vivido: las carreras entre bombas, el paso de soldados de ambos bandos, las privaciones y los momentos de refugio en las cuevas cercanas, como Trascudia y Cabraliza. La posguerra &mdash;que &ldquo;fue peor&rdquo;&mdash; estuvo marcada por la dictadura, el canto del<em> Cara al Sol</em>, los fielatos, el estraperlo y el racionamiento en el Puente de El Arrudo, as&iacute; como por el fin del trabajo paterno en la carnicer&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Y estando en la guerra esos a&ntilde;os, la gente joven fue y muri&oacute;. Y aqu&iacute; ya no hab&iacute;a nadie: cuatro viejos y las mujeres que quedaron y sufrieron la tira&hellip; mucho sufrieron las mujeres. Yo a la mujer le doy un valor tremendo, porque fue terrible esa vida. Despu&eacute;s te acostumbras, viene un d&iacute;a con un poco de sol y parece que te olvidas de lo otro. Algunos... Yo estoy aqu&iacute; permanentemente con ello, llevo a cuestas esa mochila hasta que me marche&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Genio comenz&oacute; a trabajar en casa desde los seis a&ntilde;os, primero cuidando pollos, luego pastoreando corderos y despu&eacute;s ovejas en Gesa. M&aacute;s tarde sirvi&oacute; &ldquo;a cambio de comida&rdquo; en el pueblo: sembrando tierras, segando, andando con una pareja de bueyes, etc&eacute;tera. 
    </p><p class="article-text">
        A los 13 a&ntilde;os comenz&oacute; a trabajar como pinche en la empresa Saltos del Nansa, donde pas&oacute; tres a&ntilde;os junto a su padre &mdash;cantero y guarda de la dinamita&mdash; y sus hermanos, que trabajaban en la canter&iacute;a del canal. Por entonces, con un sueldo de 10,50 pesetas al d&iacute;a, empez&oacute; cuidando a los hijos de los ingenieros, llevando agua y, poco a poco, entre recados y descansos de los obreros, aprendi&oacute; el oficio de cantero.
    </p><p class="article-text">
        En su rutina no faltaba acudir al Rosario en Bielva, a la capilla del Cristo, frente a la que viv&iacute;a su familia materna. All&iacute; cumpli&oacute; los primeros sacramentos y ejerci&oacute; de monaguillo. Bajaba tras recoger las ovejas, atra&iacute;do por la devoci&oacute;n, pero sobre todo por la vida social del pueblo, donde &ldquo;hab&iacute;a much&iacute;sima juventud&rdquo; y, seg&uacute;n &eacute;l, &ldquo;las mujeres m&aacute;s guapas de todos los valles&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Recuerda que ten&iacute;a 16 a&ntilde;os cuando lleg&oacute; la luz el&eacute;ctrica al pueblo, justo en la &eacute;poca en que comenz&oacute; a trabajar con su hermano Samuel y otros obreros en la canter&iacute;a. Vivi&oacute; su oficio con dureza y orgullo, consciente de que muchos esfuerzos los hizo antes de estar f&iacute;sicamente preparado: &ldquo;Es como coger la fruta verde. No es conveniente, pero hab&iacute;a que hacerlo por necesidad&rdquo;. Hoy, reconoce las secuelas del duro trabajo en su salud.
    </p><p class="article-text">
        Durante tres o cuatro a&ntilde;os, entre marzo y diciembre, recorri&oacute; con sus herramientas y su pericia los montes de Cantabria, Navarra, Palencia y Le&oacute;n. Y, a diferencia de muchos compa&ntilde;eros que emigraron al extranjero, este vecino de Camijanes eligi&oacute; quedarse: &ldquo;Me agarr&eacute; aqu&iacute;. Nunca quise ir a Alemania ni a Francia. Tuve la suerte de quedarme y aqu&iacute; morir&eacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A Genio le &ldquo;pes&oacute; no pisar la escuela&rdquo; y lamenta no haber podido formarse desde ni&ntilde;o &mdash;&ldquo;me hubiera gustado ir; estoy seguro de que habr&iacute;a aprendido mucho&rdquo;, confiesa&mdash;. Su conocimiento es profundo y vivencial, forjado entre montes, ferias ganaderas y memorias familiares. Aprendi&oacute; a leer y escribir a los 22 a&ntilde;os, durante el periodo de instrucci&oacute;n del servicio militar en Tetu&aacute;n, Marruecos, que comenz&oacute; en marzo de 1954 bajo la tutela de sus alf&eacute;reces. Aprendi&oacute; tarde pero no ha dejado de leer desde entonces. De la mili recuerda c&oacute;mo iba marcando los meses que pasaban con se&ntilde;ales en el cintur&oacute;n para contar los d&iacute;as y reencontrarse con su tierra y la novia que ten&iacute;a desde los 20 a&ntilde;os.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Se cas&oacute; con Mar&iacute;a Luisa S&aacute;nchez S&aacute;nchez, originaria de Prellezo, el 9 de julio de 1960, a los 28 a&ntilde;os. &ldquo;Boda de pobres&rdquo;, dice, pero feliz: ella estaba embarazada de cuatro meses y &eacute;l, &ldquo;content&iacute;simo&rdquo;, porque la quer&iacute;a de verdad. &ldquo;Cuando se quiere, no se hace pecado&rdquo;. Despu&eacute;s del matrimonio, sigui&oacute; en la ganader&iacute;a de sus padres, y juntos adquirieron algo de ganado y alquilaron una casa para comenzar su vida juntos. Construyeron su primera casa a cuatro pasos de donde &eacute;l hab&iacute;a nacido tras el nacimiento de su tercer hijo; en total tuvieron dos hijos y dos hijas. Hoy, su familia se ha extendido hasta seis nietos y cuatro bisnietos que les rodean con cari&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Su segunda d&eacute;cada de vida transcurri&oacute; trabajando por temporadas y durante seis a&ntilde;os como pe&oacute;n en una serrer&iacute;a de H&oacute;rreo, en el Pa&iacute;s Vasco, para Pepe Abascal. 
    </p><p class="article-text">
        Cerca de cumplir los 30 a&ntilde;os, y ya padre de su hija primog&eacute;nita, Eugenio ingres&oacute; en el cuerpo de guarda fluvial tras superar una oposici&oacute;n con 29 plazas disponibles, en un cuerpo militarizado. Y a comienzos de los a&ntilde;os sesenta comenz&oacute; a trabajar como vigilante fluvial en el r&iacute;o Nansa y sus afluentes pr&oacute;ximos, dentro de una zona salmonera especialmente vigilada y con presencia constante de pesca furtiva. Si bien deb&iacute;a sancionar, tambi&eacute;n entend&iacute;a la realidad que le rodeaba: &ldquo;Hab&iacute;a mucha necesidad. El que se jugaba la c&aacute;rcel por un salm&oacute;n no lo hac&iacute;a por maldad&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Tras varios a&ntilde;os en Camijanes, fue trasladado a Galicia, concretamente a la provincia de Ourense, para cubrir el tramo del r&iacute;o Arnoia entre Allariz y Ba&ntilde;os de Molgas, una zona fronteriza con Zamora. En este nuevo entorno, se enfrent&oacute; a un reto mayor: m&aacute;s de 70 kil&oacute;metros de r&iacute;o y numerosos molinos, focos potenciales de pesca ilegal. Pero las condiciones no eran sostenibles: su sueldo apenas cubr&iacute;a los 40 reales de pensi&oacute;n diaria, y su familia segu&iacute;a en Cantabria. Tras solicitar sin &eacute;xito una vivienda para poder trasladarlos, decidi&oacute; dejar el puesto. Solicit&oacute; una excedencia de cinco a&ntilde;os y regres&oacute; a casa sin despedirse oficialmente.
    </p><p class="article-text">
        De vuelta en el hogar, se dedic&oacute; a la ganader&iacute;a, parte de lo que gestionaba su mujer, y adem&aacute;s, con cr&eacute;ditos &ldquo;al 23 %&rdquo; pudo comprar tierras &ldquo;al patr&oacute;n&rdquo;, la caser&iacute;a de su padre &mdash;junto con su hermano&mdash;y maquinaria y suficiente ganado, unas 60 cabezas, para mantener a su familia. Vend&iacute;an leche a Mantequer&iacute;a La Asturiana, Nestl&eacute; o La RAM, hasta que a los 60 a&ntilde;os se jubil&oacute; como ganadero aut&oacute;nomo, debido a un problema de salud. Ya de casado vivi&oacute; los tiempos del silencio y del miedo. &ldquo;Se sufri&oacute; much&iacute;simo porque no ten&iacute;as defensa ninguna. Te pasan todas estas cosas y te empujan y te pisan... &iquest;Y d&oacute;nde ibas? &iquest;D&oacute;nde te quejabas? &iquest;Ven&iacute;as a llorar donde tus padres? &iquest;A darle m&aacute;s de un susto? Ten&iacute;as que pasarlo como pudieras... &iquest;Qui&eacute;n cree que ya est&aacute;n pagados todos esos atropellos?&rdquo;, defiende.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Como él mismo reconoce: &#039;Sin música no podría haber mundo, es imposible; cantan hasta los pájaros&#039;. Y lo dice con orgullo: &#039;Donde quiera que fui, canté&#039;</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Conocido desde ni&ntilde;o como &ldquo;el hijo de Nazario&rdquo;, silbaba mientras cuidaba las ovejas y memorizaba los romances que los ciegos tra&iacute;an escritos en papeles finos, esos mismos que luego resonaban en los corros de taberna, en ferias y romer&iacute;as como las de San Miguel o La Luz en Li&eacute;bana. Su formaci&oacute;n musical fue oral, instintiva y profundamente ligada al entorno rural. Como &eacute;l mismo reconoce: &ldquo;Sin m&uacute;sica no podr&iacute;a haber mundo, es imposible; cantan hasta los p&aacute;jaros&rdquo;. Y lo dice con orgullo: &ldquo;Donde quiera que fui, cant&eacute;&rdquo;. Tambi&eacute;n recuerda muchas salidas &ldquo;de la cuadra, al evento&rdquo;, pues sol&iacute;an buscarlo en casa para que cantara.
    </p><p class="article-text">
        Este &ldquo;cante de chigre&rdquo;, de ra&iacute;z campesina, naci&oacute; del uso cotidiano de la palabra cantada como forma de contar, resistir, celebrar y recordar. Genio es uno de los pocos cantadores que se acompa&ntilde;an de una gaita, ejecutada por su hijo o su nieto, miembros del grupo <em>Sones del Nansa</em>&mdash;. Comenz&oacute; cantando canciones asturianas, en referencia a sus or&iacute;genes maternos, luego adopt&oacute; la tonada monta&ntilde;esa y asegura que canta de todo, incluso flamenco o jotas navarras. &ldquo;El cante es algo que se tiene dentro, un esp&iacute;ritu. No se puede comprar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Genio tambi&eacute;n ha expresado su deseo de dejar grabada su voz &ldquo;antes de irse de este mundo&rdquo;. Hasta ahora, ha registrado ocho temas, la &uacute;ltima vez, a sus 78 a&ntilde;os. Recuerda con especial cari&ntilde;o la visita de Jes&uacute;s Garc&iacute;a Preciado, hace 25 a&ntilde;os, cuando le grab&oacute; <em>Callejuca, callejuca</em> acompa&ntilde;ado de su hijo Luis en la gaita. La m&uacute;sica llev&oacute; a Genio a aparecer en medios de comunicaci&oacute;n, a viajar por distintas ciudades de Espa&ntilde;a y a compartir escenario y amistad con grandes figuras como El Malv&iacute;s de Tanos, Aurelio Ruiz, Benito D&iacute;az, Manolo Sa&ntilde;udo o los Hermanos Cos&iacute;o. Gracias a su larga trayectoria, fue homenajeado en varios lugares emblem&aacute;ticos como Unquera, Cabez&oacute;n de la Sal y Polaciones. Hoy, desde su casa en Camijanes, Genio sigue cantando con la misma emoci&oacute;n con la que aprendi&oacute;: apoy&aacute;ndose en la memoria, la garganta y el coraz&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A sus 93 a&ntilde;os, declara que &ldquo;no son los a&ntilde;os de vida, es la calidad&rdquo; y Genio se reconoce afortunado, pues gracias al apoyo de su hija contin&uacute;a viviendo en su casa con su mujer y en compa&ntilde;&iacute;a de sus hijos. Dedica su tiempo a la lectura, las amistades y a disfrutar de su familia, en especial, a ver tocar a los nietos. Y sobre todo, a disfrutar de lo sencillo: &ldquo;Veo c&oacute;mo crece un &aacute;rbol, oigo ladrar a un perro&hellip;&rdquo;. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zhenya Popova Tikhonova]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/genio-camijanes-hablar-alguien-escuche_132_13113252.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 03 Apr 2026 18:55:18 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/1ae9eaba-774d-4a04-9c9d-e0fa48589e4b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1139897.jpg" length="479577" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/1ae9eaba-774d-4a04-9c9d-e0fa48589e4b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1139897.jpg" type="image/jpeg" fileSize="479577" width="1600" height="900"/>
      <media:title><![CDATA[Genio, el de Camijanes: hablar mientras alguien escuche]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/1ae9eaba-774d-4a04-9c9d-e0fa48589e4b_16-9-discover-aspect-ratio_default_1139897.jpg" width="1600" height="900"/>
      <media:keywords><![CDATA[Memoria Histórica,Cantabria,Música,Folclore]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adelaida Fernández Martínez: caminar y bailar con las alas cortadas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/adelaida-fernandez-martinez-caminar-bailar-alas-cortadas_132_13102716.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9f10dc4c-8da7-44d9-a47b-d13c4e0daeb3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Adelaida Fernández Martínez: caminar y bailar con las alas cortadas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las vidas heroicas tienden a esconder las arrugas de lo cotidiano. La voz de esta mujer está plagada de poemas y canciones, de la fragancia de las rosas blancas del Barrio Obrero del Rey a los macizos de margaritas en San Román</p><p class="subtitle">Archivo - Chitín Mantilla: vivir lo suficiente para dejar un legado ejemplar</p></div><p class="article-text">
        Adelaida Fern&aacute;ndez Mart&iacute;nez naci&oacute; el 25 de julio de 1934 en Santander, en una ciudad en la que siempre miraba el mar desde lo alto. Sus primeros a&ntilde;os transcurrieron en el Paseo Altamira (entonces Calle del Alta), donde las cuestas marcaban el l&iacute;mite entre lo popular y lo burgu&eacute;s. Su familia rezaba en la parroquia de San Francisco &mdash;donde fue bautizada en octubre de 1934&mdash; y viv&iacute;a en la finca que su abuelo materno, Gregorio, cuidaba en Villa Abarca, propiedad del director de la f&aacute;brica de loza &Iacute;bero Tanagra. Y hasta esa misma f&aacute;brica, a&ntilde;os despu&eacute;s, caminar&iacute;a cada d&iacute;a su suegra, que bajaba desde Soto de la Marina en albarcas.
    </p><p class="article-text">
        Apenas cumplidos dos a&ntilde;os, el bombardeo del 27 de diciembre de 1936 sacudi&oacute; la ciudad y el barrio que m&aacute;s tarde ser&iacute;a esencial en su vida. No conserva im&aacute;genes n&iacute;tidas, pero s&iacute; la memoria transmitida en casa: sirenas, carreras, un temblor que se convirti&oacute; en relato familiar. Del incendio de Santander en 1941 le queda una imagen breve pero intensa: la luz roja filtr&aacute;ndose en casa, los cascotes que parec&iacute;an arrastrados por un hurac&aacute;n y la llegada de la t&iacute;a Cuca, prima materna, con sus tres hijos, a quienes acogieron despu&eacute;s de que el fuego les arrebatara la vivienda.
    </p><p class="article-text">
        De su padre, Jos&eacute; Fern&aacute;ndez Mart&iacute;nez, madrile&ntilde;o de ra&iacute;ces gallegas, recuerda la voz lista, el cuaderno de canciones y aquel humor que no se agotaba nunca &mdash;&ldquo;siempre estaba de buen humor; salgo a &eacute;l&rdquo;, dice Adelaida&mdash;. Antes de llegar a Santander hab&iacute;a trabajado en una taberna de Madrid, de la que sali&oacute; empujado por la huelga y la crisis que hicieron emigrar a tantos panaderos, camareros y oficios humildes. En la ciudad se convirti&oacute; en cobrador de tranv&iacute;as rumbo a El Astillero, un trabajo que marc&oacute; el comp&aacute;s de muchas familias de entonces. Su madre, Carmen Mart&iacute;nez Eguren, nacida en Guarnizo, le ense&ntilde;&oacute; la constancia y el orden dom&eacute;stico que sosten&iacute;an la casa. Adelaida creci&oacute; junto a su hermana mayor, Juana Mari &mdash;nacida tres a&ntilde;os antes, el 5 de marzo&mdash;, que siempre llevaba un paso de ventaja en aquella infancia.
    </p><p class="article-text">
        Desde 1942 vivieron en el Barrio Obrero del Rey. All&iacute; transcurrieron las dos d&eacute;cadas decisivas de Adelaida, entre escaleras comunes, reuniones en el Callej&oacute;n de la Mona, un patio de rosas blancas &mdash;con las que sue&ntilde;a a&uacute;n&mdash; y los bailes de la fiesta de San Bartolom&eacute;, cuando el barrio parec&iacute;a latir al mismo comp&aacute;s. Creci&oacute; en una ni&ntilde;ez hecha de c&aacute;nticos &mdash;como &ldquo;Tres marinos en el mar, otros tres en busca van&rdquo;&ldquo;, resonando en patios sin coches&mdash; y juegos que llenaban las tardes de felicidad: tabas, alfileres, marro, dobles, canicas&hellip;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-sb3UzwCGZBo-4874', 'youtube', 'sb3UzwCGZBo', document.getElementById('yt-sb3UzwCGZBo-4874'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-sb3UzwCGZBo-4874 src="https://www.youtube.com/embed/sb3UzwCGZBo?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Entre los seis y los ocho a&ntilde;os acudi&oacute; a La Ense&ntilde;anza, en la calle V&iacute;a Cornelia, y despu&eacute;s continu&oacute; hasta los catorce en Las Adoratrices. M&aacute;s tarde entr&oacute; en el taller de costura de Maruchi, en San Fernando, donde aprendi&oacute; a bordar a mano y a mover las agujas al mismo tiempo &mdash;una arriba y otra abajo&mdash; con la precisi&oacute;n que solo nace de la paciencia. La costura se convirti&oacute;, durante a&ntilde;os, en una prolongaci&oacute;n de sus manos. Ya casada, colaboraba con su vecina Paula y cos&iacute;a encargos en su propia casa: el fest&oacute;n &mdash;uno o uno y medio en pesetas&mdash; era su manera discreta de contribuir a la econom&iacute;a familiar. A&ntilde;os despu&eacute;s retom&oacute; la aguja los lunes y los mi&eacute;rcoles, reuni&eacute;ndose bajo la gu&iacute;a de Elena con otras mujeres en el centro cultural de San Rom&aacute;n, para tener compa&ntilde;&iacute;a y pasar un buen rato.
    </p><p class="article-text">
        En la juventud encontr&oacute; espacio para mucho m&aacute;s: jug&oacute; al baloncesto y al balonvolea, particip&oacute; en Acci&oacute;n Cat&oacute;lica en la parroquia de La Consolaci&oacute;n y vivi&oacute; la disciplina &mdash;y la camarader&iacute;a&mdash; de los campamentos de la Secci&oacute;n Femenina en Ontaneda y Poo de Llanes, entre catequesis, cantos y marchas que acompa&ntilde;aron su tr&aacute;nsito de ni&ntilde;a a adulta. &ldquo;Ir a Ontaneda era como ir a Nueva York&rdquo;, recuerda ahora, con esa mezcla de humor y nostalgia que permanece. Entrenaba en el Frente de Juventudes en San Fernando. Y, a sus 16 a&ntilde;os, hizo un curso de Educaci&oacute;n F&iacute;sica y Deportes en Polanco y lleg&oacute; a plantearse formarse como instructora deportiva &mdash;un deseo que a&uacute;n hoy considera su asignatura pendiente&mdash;, pero la vida la llev&oacute; por otros caminos.
    </p><p class="article-text">
        En esa etapa se afianz&oacute; un v&iacute;nculo esencial: &ldquo;Las Mellis&rdquo;, Ana Mari y Mar&iacute;a Jes&uacute;s. Con ellas recorri&oacute; buena parte de Cantabria, muchas veces haciendo autoestop, compartiendo caminos y confidencias. Hoy, cuando muchas de aquellas amigas ya no est&aacute;n, ese recuerdo pesa distinto: se vuelve m&aacute;s valioso.
    </p><p class="article-text">
        El 11 de octubre de 1962 se cas&oacute; en la iglesia de La Consolaci&oacute;n, en la calle Alta, con Valent&iacute;n Torre Llata, carpintero minucioso de San Rom&aacute;n de la Llanilla. Llegaron a un terreno entonces despejado, donde asomaban margaritas, y all&iacute; construyeron su hogar. Llevaron una vida sin grandes gestos: viajaron cuando pudieron, fueron al cine, se quedaron &ldquo;a gustito&rdquo; en casa, bailaron, pasearon por la ciudad, compartieron los s&aacute;bados &ldquo;de media cerveza&rdquo; y los rezos en San Antonio &mdash;en la calle Juan de la Cosa&mdash;, que a&uacute;n recuerda, y mantuvieron cerca a sus amistades y a la familia del Barrio Obrero y de San Rom&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        De casada, durante diez a&ntilde;os, Adelita demostr&oacute; que el canto ordena el aire: cant&oacute; tercera voz en el coro femenino 'Concha Espina'. M&aacute;s tarde bail&oacute; la jota monta&ntilde;esa y otros bailes tradicionales con UNATE; ensayaba en Cuatro Caminos y gan&oacute; concursos que el cuerpo a&uacute;n guarda en su memoria. Obtuvo el primer premio en un certamen de danzas en El Astillero y actu&oacute; en distintos escenarios, entre ellos el Palacio de Festivales.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n particip&oacute; en la Asociaci&oacute;n de Amas de Casa y Consumidoras, donde encontr&oacute; un lugar para aprender, organizarse y crear lazos con otras mujeres de Santander. Religiosa y constante en las misas dominicales &mdash;primero en Las Adoratrices y, despu&eacute;s de casada, en Las Salesas&mdash;, Adelaida ha vivido los cambios de su ciudad como propios: del tranv&iacute;a al autob&uacute;s, del humo de Tanagra a la Santander moderna. Ella ha cambiado, y Santander tambi&eacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Goza de buena salud, dejando atr&aacute;s el bache de 2020, cuando una semana de COVID la oblig&oacute; a ingresar y regres&oacute; a casa sin secuelas. Su vida transcurre entre flores &mdash;las que cultiva y entrega a la comunidad religiosa de Las Salesas&mdash;, conversaciones con amistades y un vecindario que la arropa y del que habla con orgullo.
    </p><p class="article-text">
        A sus 91 a&ntilde;os dice que ha sido feliz. &ldquo;Me cortaron ya las alas, pero no me quejo. He andado, bailado, cantado&hellip; &iquest;pues qu&eacute; m&aacute;s quiero?&rdquo;, lo dice como quien ya ha entendido qu&eacute; importa y qu&eacute; no. Los juegos de tabas y alfileres, el autostop por los pueblos, el canto coral y la fe la han acompa&ntilde;ado siempre. Le duelen las ausencias &mdash;las amistades, Valent&iacute;n&mdash;, pero no le impiden sonre&iacute;r. Y siente que su vida, al final, se parece al fest&oacute;n que aprendi&oacute; de joven: una puntada fina, humilde y fuerte para que no se rompa.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zhenya Popova Tikhonova]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/adelaida-fernandez-martinez-caminar-bailar-alas-cortadas_132_13102716.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Mar 2026 20:16:28 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9f10dc4c-8da7-44d9-a47b-d13c4e0daeb3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="434508" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9f10dc4c-8da7-44d9-a47b-d13c4e0daeb3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="434508" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Adelaida Fernández Martínez: caminar y bailar con las alas cortadas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9f10dc4c-8da7-44d9-a47b-d13c4e0daeb3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Memoria Histórica,Cantabria,Santander]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[‘Moro’: el amor a la mar perdura en Comillas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/moro-amor-mar-perdura-comillas_132_13075076.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/93b2f248-cd12-40f5-ade9-55d40e120609_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="‘Moro’: el amor a la mar perdura en Comillas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cantabria huele a mar y a pesca, pero a veces no conoce con detalle las vidas de aquellos que han sostenido los puertos con un trabajo tan duro como invisibilizado. Esta es la historia de Luis Moro Fernández preservada por Legado.</p></div><p class="article-text">
        <a href="https://youtu.be/TA6KFPNF28M?si=BfPgJOxN3HhPeXRS" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Luis Moro Fern&aacute;ndez</a> naci&oacute; el 20 de octubre de 1932 en Camp&iacute;os, asistido por una comadrona de C&oacute;breces, cuando la Segunda Rep&uacute;blica se acercaba a su final y la vida en los pueblos se organizaba por los oficios heredados y la cercan&iacute;a entre familias. Comillas era entonces una villa peque&ntilde;a, hecha de mar y tierra, de ritmos mansos y trabajos que pasaban de mano en mano. 
    </p><p class="article-text">
        Su padre, Luis Moro Cavadas, era pescador; su madre, Higinia Fern&aacute;ndez Fern&aacute;ndez, se dedicaba al trabajo del hogar y a coser alpargatas, pero siempre dispuesta a sumar lo que pod&iacute;a, incluso vendiendo pesca y recogiendo arena en la costa, labor en la que el propio Luis ayud&oacute; desde ni&ntilde;o: una perra gorda por cada caldero lleno.
    </p><p class="article-text">
        De la mano de su padre, sub&iacute;a al Monte Corona a buscar le&ntilde;a y varas que luego vend&iacute;an o trenzaban para hacer cestas de pesca. Tambi&eacute;n recorr&iacute;an el pueblo con esquilas, n&eacute;coras o percebes, y muchas veces terminaban en la Fonda La Colasa, donde la econom&iacute;a dom&eacute;stica encontraba un respiro. As&iacute; se trenzaba la vida cotidiana en aquella villa mar&iacute;tima de los a&ntilde;os treinta: trabajos menudos, esfuerzo compartido y una familia que sacaba adelante los d&iacute;as con lo que ofrec&iacute;a el mar y un poco de la tierra.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se produjo el golpe de Estado contra la Rep&uacute;blica, en 1936, Luis ten&iacute;a apenas cuatro a&ntilde;os. Sus primeros recuerdos est&aacute;n marcados por aquel periodo. Durante la guerra, pas&oacute; d&iacute;as refugiado en el t&uacute;nel de Comillas con paredes de sacos, escuchando el paso de aviones y el desplazamiento de soldados, mientras otras personas buscaban refugio en Pe&ntilde;a Redonda. Luis recuerda la bomba que cay&oacute; en La Corona y c&oacute;mo, alrededor, el paisaje cotidiano se transform&oacute;: barracones improvisados, puestos de transmisiones, lugares que para un ni&ntilde;o solo pod&iacute;an ser se&ntilde;ales de que algo grande y desconocido estaba ocurriendo.
    </p><p class="article-text">
        Con el fin de la contienda lleg&oacute; la posguerra, el racionamiento y la escasez. &ldquo;Mucha hambre&rdquo;, resume. Entre risas recuerda c&oacute;mo sal&iacute;a a por el pan y volv&iacute;a sin &eacute;l, porque lo com&iacute;a por el camino, y al llegar a casa le esperaba la ri&ntilde;a previsible. La necesidad marcaba el d&iacute;a a d&iacute;a de las familias de la Cantabria rural de los a&ntilde;os cuarenta.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-TA6KFPNF28M-9102', 'youtube', 'TA6KFPNF28M', document.getElementById('yt-TA6KFPNF28M-9102'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-TA6KFPNF28M-9102 src="https://www.youtube.com/embed/TA6KFPNF28M?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os de sus primeras palabras y pasos, fueron las monjas de Comillas quienes lo atendieron, mientras sus padres se mov&iacute;an entre mar y tierra y algunas de sus hermanas cos&iacute;an alpargatas para sumar a la econom&iacute;a familiar. Entre las misas de los domingos en San Crist&oacute;bal y la vida tranquila de Velecio, Luis creci&oacute; como el hijo mediano entre sus hermanas: Pilar &mdash;Pil&iacute;n&mdash;, Luisa, Carmen, Margarita y Socorro. El recuerdo de Pil&iacute;n lo acompa&ntilde;a siempre. Era la mayor, &ldquo;guap&iacute;sima&rdquo;, y muri&oacute; con apenas veinte a&ntilde;os, en un tiempo en que una meningitis o un dolor de cabeza persistente pod&iacute;an torcer un destino sin aviso. Han pasado d&eacute;cadas, pero Luis la sigue recordando con ternura.
    </p><p class="article-text">
        Cumplida la edad escolar, Luis &mdash;al que en el pueblo llamaban por su apellido, &lsquo;Moro&rsquo;&mdash; entr&oacute; en las escuelas nacionales situadas en lo que hoy es El Espol&oacute;n. Estudi&oacute; hasta los 14 a&ntilde;os. La enciclopedia era su libro gu&iacute;a, un compendio que pretend&iacute;a contenerlo todo, y la disciplina se impon&iacute;a con castigos comunes en aquella &eacute;poca, como la temida &ldquo;cabeza de burro&rdquo;, un cono de cart&oacute;n que serv&iacute;a para avergonzar a quien romp&iacute;a la disciplina.
    </p><p class="article-text">
        En aquellos a&ntilde;os de infancia siempre visitaba a sus abuelas, Luc&iacute;a y Teodora, y, al salir de clase, el muelle se convert&iacute;a en su verdadera geograf&iacute;a. All&iacute; se juntaba con su amigo Titi (Ignacio), entre barcas y redes, bajo la mirada de los marineros veteranos. Comillas era entonces un puerto vivo: f&aacute;bricas de conservas, m&aacute;s de ciento sesenta hombres faenando, y mujeres que, como rederas o como parte de las labores asociadas a la pesca, aguardaban la llegada de las embarcaciones para remendar redes, organizar aparejos o ayudar en la venta. Tambi&eacute;n destacaba la f&aacute;brica Collado &amp; Otero<em> </em>de preparaci&oacute;n y envasado de anchoa, abierta en 1941 y dirigida por un matrimonio llegado de Santo&ntilde;a &mdash;Miguel Exp&oacute;sito y Florinda Rodr&iacute;guez&mdash;, antepasados de quien m&aacute;s adelante formar&iacute;a parte de la propia familia de Luis. Ese mundo de sal y voces qued&oacute; grabado para siempre en la memoria de Luis, que creci&oacute; en &eacute;l como quien crece dentro de un hogar.
    </p><p class="article-text">
        Su amor al mar le vali&oacute; pronto el apodo de &lsquo;El cr&iacute;o&rsquo;. Rodeado de marineros con oficio &mdash;su padre naveg&oacute; en varios barcos, entre ellos <em>El Guadalupe</em>&mdash;, Luis era el m&aacute;s joven en un puerto que bull&iacute;a. Se sac&oacute; la licencia de patr&oacute;n en Santander y, desde entonces, la mar le confi&oacute; un lugar distinto: estuvo al frente de seis embarcaciones &mdash;<em>Bedia, Reina de los &Aacute;ngeles, Remedios</em>&hellip;&mdash; y lleg&oacute; a tener hasta catorce hombres a su cargo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Luis hab&iacute;a empezado joven, con trabajos que lo fueron acercando al oficio casi sin darse cuenta. Pas&oacute; &ldquo;dos o tres a&ntilde;os&rdquo; trabajando para Victoriano Noceda, hostelero, aprendiendo a ganarse el jornal. Despu&eacute;s embarc&oacute; en el <em>Reina de los &Aacute;ngeles</em> de Paco, un hostelero de San Vicente de la Barquera, donde conoci&oacute; de primera mano las condiciones de la &eacute;poca: el amo cobraba la mitad, una norma asumida en la pesca de entonces, tan natural como la sal en la ropa, las arrugas tempranas o ese cansancio que se queda en las manos.
    </p><p class="article-text">
        En su juventud, cuando rondaba los veinte a&ntilde;os, trabaj&oacute; en <em>El Tolino</em> junto a su mejor amigo, Titi. Fueron a&ntilde;os de aprendizaje y camarader&iacute;a. En tantos a&ntilde;os de mar, algunos sucesos quedaron grabados. El encallamiento del <em>Saint Korentine</em> en 1966 &mdash;un barco que lleg&oacute; con ocho tripulantes y del que murieron tres&mdash;, es uno de esos recuerdos que no se desdibujan. La mar, recuerda, no olvida.
    </p><p class="article-text">
        En 1952 lleg&oacute; una noticia inesperada: por excedente de cupo no tendr&iacute;a que hacer el servicio militar. &Eacute;l y otro muchacho de Comillas se libraron, un alivio poco com&uacute;n en aquellos tiempos.
    </p><p class="article-text">
        Luis se enamor&oacute; de Guadalupe Ariste Robles, aprendiz de peluquera y natural del barrio de Trasierra (Ruiloba) que le cortaba el pelo. En 1960 se casaron en la iglesia del barrio de Ruiloba y empezaron una vida que tendr&iacute;a su centro en Trasierra durante casi cuarenta a&ntilde;os. All&iacute; Luis registr&oacute; a su nombre unas pocas vacas &mdash;cuatro o cinco&mdash; que cuidaban su mujer y, a&ntilde;os m&aacute;s tarde, su hija, completando con la tierra lo que tra&iacute;a la mar, un modo de vivir muy propio de aquellas casas que depend&iacute;an de varios oficios para sostener el d&iacute;a a d&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de su etapa en <em>El Tolino</em>, Luis pas&oacute; dos inviernos trabajando en la construcci&oacute;n. Pero la falta de trabajo en el puerto lo empuj&oacute; m&aacute;s lejos: se embarc&oacute; para la Compa&ntilde;&iacute;a Trasatl&aacute;ntica. Naveg&oacute; ocho a&ntilde;os como timonel en barcos como el <em>Covadonga</em> o el <em>Almudena</em>, cruzando el Atl&aacute;ntico y tocando puertos como Nueva York, Puerto Rico o Veracruz. En uno de sus regresos, su hija Guadalupe ya andaba y dud&oacute; un instante al verlo. A Luis le bast&oacute; ese gesto m&iacute;nimo para comprender que la distancia empezaba a dejar huella, y decidi&oacute; no volver a navegar lejos de casa.
    </p><p class="article-text">
        En junio de 1986 regres&oacute; a la pesca local para trabajar junto a su hijo Luis. Primero con el <em>Playa de Lua&ntilde;a</em> y despu&eacute;s con el <em>Nuevo Playa de Lua&ntilde;a</em>. De aquellos a&ntilde;os guarda recuerdos intensos: &ldquo;Sal&iacute;a a la una de la madrugada y a las tres volv&iacute;a con cuatro mil kilos pescados&rdquo;. Tambi&eacute;n hubo mareas extraordinarias de lubina y otras desesperantes, con un mes entero sin poder salir. Y sustos que pudieron acabar mal: la rotura del tim&oacute;n contra una lastra del muelle o aquellos tres d&iacute;as y noches varados, con el motor parado y la incertidumbre creciendo.
    </p><p class="article-text">
        Se jubil&oacute; a los 65 a&ntilde;os, aunque sigui&oacute; saliendo a la mar hasta los 68, fiel a una vida entera de madrugadas y mareas. Ya entrados los a&ntilde;os 2000 comenzaron tambi&eacute;n los sustos: primero un tumor en la oreja, luego otros en la nariz y la cabeza, un rosario de intervenciones que &eacute;l afront&oacute; con la misma entereza con la que hab&iacute;a navegado toda la vida. A los 70 tuvo que detenerse: un c&aacute;ncer de colon lo llev&oacute; a pasar seis meses en Sierrallana. Y aun as&iacute;, tras la &uacute;ltima sesi&oacute;n de quimio, se regal&oacute; un gesto de vida: un d&iacute;a entero de barco hasta A Coru&ntilde;a para recoger el <em>Nuevo Playa de Lua&ntilde;a</em>. Incluso sufri&oacute; dos ictus recientemente. Son cap&iacute;tulos que recuerda sin dramatismo, como parte de ese cuerpo que ha trabajado tanto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 2015 muri&oacute; Guadalupe, su compa&ntilde;era de 55 a&ntilde;os de vida. Desde entonces, Luis vive en el centro de Comillas, acompa&ntilde;ado por el apoyo constante de sus hijos. All&iacute; lo arropan tambi&eacute;n sus nietos &mdash;Luis y Paz&mdash; y sus bisnietos: Cataleya, Atenea y Andr&eacute;s. Este entorno familiar es ahora su apoyo, en una etapa en la que mira la vida con la serenidad de quien ha pasado por mucho y todav&iacute;a sostiene la sonrisa, esa que lo ha acompa&ntilde;ado siempre.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El mar lo es todo&rdquo;, dice. Y su amor por el mar dej&oacute; huella en la familia: su hijo y su nieto contin&uacute;an en la profesi&oacute;n, y ya son cuatro generaciones frente al Cant&aacute;brico. Luis lo mira ahora con la perspectiva de una vida larga y un oficio que se ha transmitido sin estridencias, como se pasan las cosas importantes. Y cuando resume su historia, lo hace con una certeza serena, propia de quienes crecieron mirando al horizonte: &ldquo;Amo la vida, amo la mar y a la familia&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zhenya Popova Tikhonova]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/moro-amor-mar-perdura-comillas_132_13075076.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Mar 2026 21:16:15 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/93b2f248-cd12-40f5-ade9-55d40e120609_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="431769" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/93b2f248-cd12-40f5-ade9-55d40e120609_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="431769" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[‘Moro’: el amor a la mar perdura en Comillas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/93b2f248-cd12-40f5-ade9-55d40e120609_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Memoria Histórica,Cantabria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que merece memoria cada día: "Al nacer sacamos el destino"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/merece-memoria-dia-nacer-sacamos-destino_132_13061939.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8daf5fb9-9747-43a8-9654-027226e72ddd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que merece memoria cada día: &quot;Al nacer sacamos el destino&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La historia de 21 mujeres se entrelazan en Legado Cantabria y sus voces, invisibilizada habitualmemente, es una posibilidad de entender lo que somos, pero, ante todo, lo que podemos ser</p></div><p class="article-text">
        El patrimonio no est&aacute; solo en lo monumental ni en lo heroico, sino tambi&eacute;n en esas formas de sostener la existencia que hist&oacute;ricamente hicieron las mujeres: criar, alimentar, coser, cuidar, acompa&ntilde;ar, organizar, aconsejar, trabajar dentro y fuera de casa, tejer vecindad, saber distinguir el amor del sometimiento, y seguir.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://youtu.be/6j8mu20J0oM?si=raw4_MhOYddB79im" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mar&iacute;a Jes&uacute;s del Hoyo Guti&eacute;rrez</a> (1920&ndash;2024, Bores, Vega de Li&eacute;bana) ten&iacute;a 101 a&ntilde;os cuando la escuchamos en 2021. &ldquo;&iquest;Mi infancia? Que yo no tuve infancia. Recuerdo que en cuanto empec&eacute; a valer, con cinco o seis a&ntilde;os, ya ten&iacute;a que ir con los animales. Salir con los cerdos o con las vacas, o eso. A la escuela fui muy poco&rdquo;. Y, sin embargo, sostuvo con su marido una tienda de ultramarinos, atraves&oacute; la posguerra de cerca y sac&oacute; adelante a nueve hijos e hijas.
    </p><p class="article-text">
        Aquel a&ntilde;o, Legado Cantabria comenz&oacute; escuchando a muchas mujeres que hab&iacute;an sostenido la vida &mdash;como ni&ntilde;as primero, como mujeres despu&eacute;s&mdash; en distintas etapas y durante d&eacute;cadas sin haber sido le&iacute;das nunca como archivo. Ellas fueron las primeras y permanecen.
    </p><p class="article-text">
        Nos dejaron ense&ntilde;anzas que no estaban en los libros ni en los cargos, sino en la experiencia misma de vivir y sostener. En muchos sentidos, ellas fueron infraestructura humana del siglo XX.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero lo decisivo no era visible &mdash;&iquest;hoy lo es?&mdash;. Lo importante no aparec&iacute;a en los cargos, ni en los libros, ni en las fotograf&iacute;as oficiales. Aparec&iacute;a en otra parte: en el pan hecho de madrugada, en la ropa cosida, en la vecina que ayudaba a criar, en la mujer que no se cas&oacute; porque supo leer a tiempo lo que no quer&iacute;a para s&iacute;, en la que sostuvo una casa casi sola, en la que hizo de madre antes de tiempo, en la que convirti&oacute; un bar en econom&iacute;a familiar, en la que ense&ntilde;&oacute; cari&ntilde;o como forma de educaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Detr&aacute;s de esas formas de sostener la vida hay nombres propios. Hemos querido rendir homenaje a las primeras voces del archivo de Legado en 2021 y 2022 y tambi&eacute;n a las m&aacute;s longevas: mujeres nacidas entre 1918 y finales de los a&ntilde;os veinte que sostuvieron silenciosamente el d&iacute;a a d&iacute;a del siglo XX.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://youtu.be/tSRqTz1g3TA?si=lvreXhpqGu3eF_DJ" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mar&iacute;a Jesusa de la Vega Ruiz</a> (1919, Saja), a quien la guerra y el exilio le arrebataron la vida que conoc&iacute;a y la obligaron a rehacerla. <a href="https://youtu.be/HlouBd3vFpk?si=gmaM4-Rk-P9HLgT_" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Martina L&oacute;pez Mart&iacute;nez</a> (1918, Tierzo), a quien la guerra sorprendi&oacute; lejos de su pueblo y los suyos y que atraves&oacute; m&aacute;s de un siglo de vida con una idea sencilla: &ldquo;Vivir sin abusar de nada, andando mucho y siendo buena persona&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo que las une no es solo la guerra, la posguerra o la edad. Lo que las une es haber vivido en un r&eacute;gimen pol&iacute;tico y social donde mucho de lo indispensable no ten&iacute;a prestigio ni nombre. Su valor estaba en hacer, no en figurar: cuidar, sostener la comunidad, el saber dom&eacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        No lo nombraban con teor&iacute;as sobre el patriarcado, pero s&iacute; con una conciencia muy n&iacute;tida de que la vida ven&iacute;a marcada. &ldquo;Al nacer sacamos el destino&rdquo;, dijo <a href="https://youtu.be/Zum_8rEiONs?si=DBveKrhEkRJ2-a0J" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carmen Bustillo Montes</a>. Y es que durante buena parte del siglo XX, el mundo les asignaba de antemano una posici&oacute;n, una carga y una forma de renuncia. Nacida en 1925 en Vi&eacute;rnoles, Carmen atraves&oacute; la guerra, el trabajo dom&eacute;stico y la crianza de cuatro hijos. Con los a&ntilde;os lleg&oacute; a una conclusi&oacute;n sencilla: &ldquo;Este mundo no hay quien lo entienda&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Lo notable es que, incluso dentro de ese destino impuesto, construyeron margen, criterio, comunidad, cari&ntilde;o y resistencia. Como <a href="https://youtu.be/Wu_yeYxytNs?si=wBhObTd3YfsMH_LC" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Consolaci&oacute;n Covadonga Vejo P&eacute;rez</a> (1927, Caloca, Pesaguero), vecina de Lebe&ntilde;a, en Li&eacute;bana, criada entre ganado, trabajo dom&eacute;stico y una fuerte vocaci&oacute;n por aprender, vio pronto truncadas sus posibilidades de estudio. Pero nunca dej&oacute; de cultivarse. A&ntilde;os despu&eacute;s empez&oacute; a escribir poemas a la sombra del tejo de la iglesia de Santa Mar&iacute;a de Lebe&ntilde;a, donde fue gu&iacute;a voluntaria durante d&eacute;cadas, convirti&eacute;ndose en una voz singular de la memoria cultural y del patrimonio religioso de la comarca y dejando herencia. <a href="https://youtu.be/WMo9sMUnzHI?si=fhHwqmNTgy1kHQcT" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mar&iacute;a Concepci&oacute;n Colorado del Val</a> (1928, Matamorosa), criada entre Bilbao y Campoo, formada desde ni&ntilde;a en la costura, y cuya vida uni&oacute; emigraci&oacute;n, familia y una activa participaci&oacute;n cultural en su comunidad. <a href="https://youtu.be/m0R8OIQHGhs?si=jT0srHNSjOegHgz6" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Dolores Castillo Gonz&aacute;lez</a> (1922, Laredo), que trabaj&oacute; desde ni&ntilde;a en el muelle como redera, aguja de madera en mano, y que sostuvo una convicci&oacute;n muy clara: toda mujer deb&iacute;a ser independiente econ&oacute;micamente.
    </p><p class="article-text">
        Si el soci&oacute;logo Zygmunt Bauman habl&oacute; la fragilidad contempor&aacute;nea de la sociedad l&iacute;quida, estas mujeres recuerdan otra cosa: ellas eran la estructura que permit&iacute;a resistir d&iacute;a a d&iacute;a y, en especial, cuando todo faltaba. No lo decimos como una idealizaci&oacute;n del pasado, sino como una constataci&oacute;n antropol&oacute;gica: en contextos de escasez, las comunidades se sosten&iacute;an sobre saberes femeninos invisibilizados. Lo que hoy llamar&iacute;amos cuidados, econom&iacute;a moral, reproducci&oacute;n social o apoyo mutuo, en ellas era simplemente el d&iacute;a. Tambi&eacute;n sororidad real. Tambi&eacute;n comunidad vecinal.
    </p><p class="article-text">
        Muchas lo hicieron desde decisiones personales que exig&iacute;an una forma poco visible de valent&iacute;a. Una de nuestras primeras entrevistadas: <a href="https://youtu.be/T6mcKhEKuWo?si=SOOuGv5I4xIwRcsm" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Lucrecia Diego Garc&iacute;a</a> (1920, Selaya) decidi&oacute; no casarse. Hab&iacute;a visto demasiado de cerca la violencia y la dureza que muchas mujeres soportaban en el silencio de sus casas. Ganadera y labradora, trabaj&oacute; toda su vida y tambi&eacute;n acompa&ntilde;&oacute; a otras mujeres del pueblo, ayud&aacute;ndolas en momentos dif&iacute;ciles e incluso aportando dinero de su propio trabajo cuando no ten&iacute;an otra forma de salir adelante. Su ense&ntilde;anza era sencilla y profunda: saber distinguir el amor de aquello que no lo es y, como ella dec&iacute;a, &ldquo;llevarse bien con los otros&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://youtu.be/q3p55V7wxWQ?si=ZUuE3sfNsvOshsDq" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Araceli Garc&iacute;a Ruiz</a> (1926, Campo de Ebro), que con solo 17 a&ntilde;os asumi&oacute; el cuidado de sus hermanos tras quedar hu&eacute;rfanos, pasando &mdash;como ella dice&mdash; &ldquo;directamente de la infancia a la adultez&rdquo;. <a href="https://youtu.be/d25Nubf4h9I?si=7zbcVUZDcrFd0Lob" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Consuelo Sainz Quijano</a> (1922, Vio&ntilde;o de Pi&eacute;lagos), criada en una familia ganadera numerosa, aprendi&oacute; a leer gracias a un t&iacute;o capuchino y dedic&oacute; gran parte de su vida al cuidado de otros, tambi&eacute;n acompa&ntilde;ando a personas con diversidad funcional. <a href="https://youtu.be/tc6ddU4pLls?si=EM5U_UUATWiTnp9M" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Marina Ortiz Velasco</a> (1925, Llanos de Penagos), criada entre el trabajo dom&eacute;stico y la ganader&iacute;a, sostuvo junto a su marido una econom&iacute;a familiar basada en el ganado, la venta de lana y corderos en el mercado, todo ello entrelazado con crianza de sus hijos. 
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://youtu.be/roMLWCcGbHk?si=POFS0j5unmfG5DrX" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Emilia Arroyo Alonso</a> (1925, Vega de Pas), criada entre Vega de Pas y Zaragoza, donde se form&oacute; en la escuela y en la costura, y que m&aacute;s tarde sostuvo su hogar entre la crianza de sus hijos y el cuidado de su madre enferma, haciendo posible el futuro de los suyos. Josefa Boo Camus (1920, Cueto), criada entre el trabajo dom&eacute;stico, la costura de zapatillas y los servicios en casas de familias acomodadas de Santander, donde desde muy joven sostuvo la econom&iacute;a familiar y el cuidado de los suyos.
    </p><p class="article-text">
        O <a href="https://youtu.be/qzk5lDbZHTA?si=JC8qIRik_1nRAOLz" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Victoria Jimeno Sesma</a> (1922, Logro&ntilde;o), cuya ense&ntilde;anza qued&oacute; en los gestos cotidianos de cuidado y afecto, que hoy son herencia; <a href="https://youtu.be/V8JkhO0uGjU?si=CKDjBCjPFfNw55Di" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ana Carmen Crespo Viadero</a>, Carmina (1928, Galizano), que &ldquo;tir&oacute; de todo&rdquo; y conoc&iacute;a bien esas redes informales que hac&iacute;an posible la vida y la crianza, una verdadera arquitectura comunitaria entre mujeres; <a href="https://youtu.be/_fjmLfdufLc?si=teKBpyg5GHzKLZQH" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mar&iacute;a Luisa Riego P&eacute;rez</a>, Manolita (1924, Solares), cuya generosidad fue estructural en su familia desde muy temprana edad; <a href="https://youtu.be/P3SZdVXC1GA?si=EIBIXUrt6bw1BUy5" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Concepci&oacute;n Herrera Fi&ntilde;aga</a> (1929, Santander), que muy pronto se convirti&oacute; en el apoyo de su madre y en una segunda madre para sus hermanos; <a href="https://youtu.be/xk7YeZ4u6Xs?si=Tjg2s4HyYGBkkjr6" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Fronilda Sedano Ruiz</a>, Flori (1925, Ter&aacute;n), que levant&oacute; un negocio mientras sosten&iacute;a la crianza y la casa, ejemplo de esas econom&iacute;as familiares donde el trabajo femenino lo atravesaba todo. 
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://youtu.be/Cx8_41tAU0w?si=M-zeXbOV3CXKA7EO" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Irene Cabrera Lanza</a> (1928, Herrera de Camargo), criada entre distintos pueblos del norte durante los a&ntilde;os de guerra, formada en la costura y dedicada despu&eacute;s a sostener la econom&iacute;a familiar &mdash;ganader&iacute;a primero, peque&ntilde;o comercio despu&eacute;s&mdash; mientras criaba a sus hijos y cuidaba de sus mayores. <a href="https://youtu.be/rsNoq1v9pyI?si=6IG2D5MUeVJZ4w1U" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mar&iacute;a Pacheco P&eacute;rez</a> (1919, Las Presillas, Puente Viesgo), criada en una familia dedicada al campo y a la ganader&iacute;a lechera, cuyo esfuerzo cotidiano permiti&oacute; mantener el oficio familiar que despu&eacute;s continuaron su hijo y su nieto. <a href="https://youtu.be/2fuK16cekvc?si=C9qatV9ZzC3mXzcw" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Antonia Sagrario Monasterio Seti&eacute;n</a> (1928, G&uuml;emes), cuya vida atraves&oacute; crianza, campo, mercado y f&aacute;brica, sosteniendo mucho a la vez, como tantas mujeres.
    </p><p class="article-text">
        Gracias a que muchas de estas mujeres vivieron tanto, hemos podido escucharlas todav&iacute;a en primera persona. Su longevidad fue y sigue siendo una oportunidad hist&oacute;rica de transmisi&oacute;n. Escucharlas no es un gesto de nostalgia, sino una forma de discernimiento: preguntarnos qu&eacute; merece permanecer y qu&eacute; necesita cambiar. Cambian las generaciones, pero no del todo las emociones ni ciertos errores humanos. Por eso sus experiencias siguen siendo una fuente de aprendizaje.
    </p><p class="article-text">
        Como recuerda la escritora Chimamanda Ngozi Adichie al hablar del poder de las historias, cuando escuchamos otras vidas ampliamos nuestra comprensi&oacute;n del mundo y tambi&eacute;n de lo que somos capaces de imaginar.&nbsp;Es, en el fondo, una forma de ver y de ser vistos despu&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En ese sentido, Legado Cantabria no solo conserva voces &mdash;ya 200 de mujeres y hombres&mdash;: ayuda a mirar de otra manera aquello que merece ser recordado. E invita a reconsiderar qu&eacute; vidas y qu&eacute; experiencias forman parte de nuestra memoria colectiva.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zhenya Popova Tikhonova]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/merece-memoria-dia-nacer-sacamos-destino_132_13061939.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Mar 2026 20:30:40 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/8daf5fb9-9747-43a8-9654-027226e72ddd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="157600" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/8daf5fb9-9747-43a8-9654-027226e72ddd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="157600" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Lo que merece memoria cada día: "Al nacer sacamos el destino"]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/8daf5fb9-9747-43a8-9654-027226e72ddd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Teresa Fernández Sánchez Vallejo: ser cosmopolita en el Comillas de posguerra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/teresa-fernandez-sanchez-vallejo-cosmopolita-comillas-posguerra_132_13036181.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9a7d3f78-35a0-4c28-8bd0-0e23e63a7ac4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Teresa Fernández Sánchez Vallejo: ser cosmopolita en el Comillas de posguerra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Bebe de la tradición rural de Trasvía, pero ha vivido influenciada por las ventanas al mundo que su biografía le regaló. A los 97 años es la memoria viva de una villa peculiar dentro de Cantabria.</p><p class="subtitle">Legado Cantabria - Chitín Mantilla: vivir lo suficiente para dejar un legado ejemplar</p></div><p class="article-text">
        Teresa Fern&aacute;ndez S&aacute;nchez Vallejo naci&oacute; el 28 de octubre de 1928 en la localidad de Trasv&iacute;a (Comillas), pueblo costero vinculado a la ganader&iacute;a y al mar, a manos de su abuela Josefa. Pas&oacute; sus primeros a&ntilde;os conviviendo precisamente en casa de Josefa, una mujer &ldquo;bastante ilustrada&rdquo; que, tras quedar hu&eacute;rfana en Potes, fue acogida por un t&iacute;o y trabaj&oacute; como sirvienta en la taberna de paso de La Rabia. 
    </p><p class="article-text">
        El abuelo de Teresa, Domingo 'Mingo' Vallejo, estuvo profundamente ligado al mar. Fue navegante en la Compa&ntilde;&iacute;a Trasatl&aacute;ntica, participando en viajes a Am&eacute;rica y estableciendo amistad con el primer marqu&eacute;s de Comillas, Antonio L&oacute;pez y L&oacute;pez. Como recuerda Teresa: &ldquo;Mi abuelo naveg&oacute; muchos a&ntilde;os en la compa&ntilde;&iacute;a. Siempre estuvo involucrado en todo, desde la fundaci&oacute;n de la Compa&ntilde;&iacute;a Trasatl&aacute;ntica hasta Tabacos de Filipinas&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Su padre, Federico, pas&oacute; su juventud en Am&eacute;rica, trabajando en unas minas de m&aacute;rmol en Nueva York, donde vivi&oacute; 20 a&ntilde;os junto a parientes emigrados. Al regresar, se cas&oacute; con Mari&uacute;, una joven vivaz y muy presente en la vida social del pueblo, y se dedic&oacute; de lleno a la ganader&iacute;a, participando en las primeras ediciones de la Feria Internacional de Ganados de Torrelavega. Fue tambi&eacute;n impulsor de una cooperativa y cofundador de la Asociaci&oacute;n Cultural El Marte.
    </p><p class="article-text">
        En 1934, a los cinco a&ntilde;os, Teresa viaj&oacute; con su t&iacute;a a Barcelona para reunirse con su t&iacute;o Modesto, quien tambi&eacute;n trabajaba en la Compa&ntilde;&iacute;a Trasatl&aacute;ntica. Adem&aacute;s, otro t&iacute;o, Manolo, era cocinero a bordo de los barcos de la misma empresa. Sin embargo, el estallido de la guerra y la grave enfermedad de su padre llevaron a sus t&iacute;os a quedarse en Barcelona con Teresa. Su t&iacute;a Teresa, hermana de su madre, la acogi&oacute; &ldquo;como a una hija&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Durante siete a&ntilde;os, Teresa vivi&oacute; cerca de la instituci&oacute;n Consell de Cent y frente a las bater&iacute;as antia&eacute;reas en la monta&ntilde;a de Montju&iuml;c, en la calle d'Arag&oacute;, ubicada en el Eixample de Barcelona. Con 10 o 11 a&ntilde;os, ayudaba a una mujer durante la venta de pescado, ya que &ldquo;no se encontraba nada de comprar&rdquo;. Durante su estancia en Barcelona, la abuela de Teresa gestion&oacute; su ingreso en un colegio religioso cercano a su domicilio. Esta mediaci&oacute;n fue posible gracias al v&iacute;nculo previo con las religiosas, las Hermanas Paulas, establecidas en Comillas.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-s0pCXN_HVws-8643', 'youtube', 's0pCXN_HVws', document.getElementById('yt-s0pCXN_HVws-8643'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-s0pCXN_HVws-8643 src="https://www.youtube.com/embed/s0pCXN_HVws?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Sin embargo, Teresa recuerda como, &ldquo;con la guerra, se fastidi&oacute; todo y tuve que cambiarme a un colegio p&uacute;blico&rdquo;. Recuerda de manera desordenada momentos, como la llegada de soldados, los refugios, los bombardeos de la aviaci&oacute;n italiana y alemana y los encuentros con la comunidad comillana 'La Monta&ntilde;a'. Para alejarse de la violencia y coger provisiones, visitaban semanalmente a unos parientes, Consuelo y Sim&oacute;n, en Vilassar de Mar (Maresme), una casa con huerta, a unos 25 kil&oacute;metros al norte de Barcelona.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante la Guerra Civil, la madre de Teresa crey&oacute; que su hija hab&iacute;a sido evacuada en uno de los barcos destinados a los ni&ntilde;os, con Rusia como destino. Las noticias tampoco llegaban desde el norte, de hecho, tard&oacute; en conocer el fallecimiento de su padre, ocurrido el mismo d&iacute;a de la entrada de los sublevados en Barcelona, y que fue confirmada tard&iacute;amente &ldquo;a trav&eacute;s de una valija diplom&aacute;tica&rdquo;. Con los a&ntilde;os, Teresa recogi&oacute;, a trav&eacute;s de relatos orales, las experiencias de su familia en Trasv&iacute;a durante la guerra.
    </p><p class="article-text">
        El regreso de Barcelona a Cantabria fue complicado debido a problemas con los pasaportes y el caos en las l&iacute;neas ferroviarias. Adem&aacute;s, la grave enfermedad de su t&iacute;o hizo urgente el retorno desde Catalu&ntilde;a. Llegaron durante el &ldquo;Tercer A&ntilde;o Triunfal&rdquo; del r&eacute;gimen franquista, en el contexto de la celebraci&oacute;n del 1 de abril de 1941. En Trasv&iacute;a, la comunidad celebr&oacute; con una fiesta, hoguera y m&uacute;sica regional, ya que &ldquo;no hab&iacute;a discos ni otros entretenimientos&rdquo;. La acogida fue c&aacute;lida: &ldquo;Nada m&aacute;s llegar, hice muy buenas migas&rdquo;, recuerda. Pronto reanud&oacute; su vida junto a su familia y&nbsp;amistades en el entorno que no hab&iacute;a olvidado.
    </p><p class="article-text">
        Al regresar, uno de los primeros gestos fue tener que hacer la primera comuni&oacute;n por segunda vez. Ven&iacute;an de la guerra, parec&iacute;a necesario &ldquo;borrar la influencia de los rusos&rdquo; &mdash;es decir, del ambiente ajeno al nacionalcatolicismo&mdash;. La educaci&oacute;n en Trasv&iacute;a estuvo influenciada por el mecenazgo del marqu&eacute;s de Comillas. La escuela, con todas las comodidades de la &eacute;poca, tuvo como maestra a una mujer que permaneci&oacute; en el cargo m&aacute;s de 50 a&ntilde;os, educando a tres generaciones. &ldquo;&Eacute;ramos m&aacute;s bien ni&ntilde;as&rdquo;, explica Teresa.
    </p><p class="article-text">
        Al regresar a Cantabria, con unos 12 a&ntilde;os, Teresa se describe como &ldquo;la revoluci&oacute;n del pueblo&rdquo;. Tra&iacute;a libros en catal&aacute;n, como el Cat&oacute;n, y pinturas de colores que nunca se hab&iacute;an visto en Trasv&iacute;a. &ldquo;Eso era una novedad. Empezamos a hacer flores, muchas flores&rdquo;, recuerda con entusiasmo. Fue entonces cuando comenz&oacute; a compartir lo aprendido en Barcelona con sus amigas, &ldquo;pero en catal&aacute;n&rdquo;, convirti&eacute;ndose, de alguna manera, en una peque&ntilde;a maestra para su entorno.
    </p><p class="article-text">
        Desde joven, Teresa particip&oacute; activamente en la vida cultural de Trasv&iacute;a, colaborando con seminaristas y curas en la realizaci&oacute;n de comedias como 'La fierecilla domada', con la escuela como escenario. &ldquo;Las veladas de Trasv&iacute;a eran muy populares entre la juventud, como no hab&iacute;a otra cosa que hacer...&rdquo;, comenta entre risas. Con el tiempo, la Asociaci&oacute;n Cultural El Marte revitaliz&oacute; esas veladas y foment&oacute; grupos de canto y teatro, extendiendo su influencia a otros pueblos y llegando hasta la actualidad.
    </p><p class="article-text">
        Vivi&oacute; con sus t&iacute;os, colaborando en los trabajos dom&eacute;sticos y realizando tareas como ir a la Fuente Santa o al molino de la baronesa de G&uuml;ell. Su t&iacute;o pescador generaba peque&ntilde;os ingresos y Teresa se encargaba de vender el pescado puerta a puerta. Adem&aacute;s, altruistamente, se convirti&oacute; en la encargada de poner inyecciones en Trasv&iacute;a y El Tejo, aprendiendo con su t&iacute;o Modesto, quien, pese a estar enfermo, le ense&ntilde;&oacute; a usar la aguja. Teresa lleg&oacute; a administrar cientos de inyecciones, cubriendo la ausencia del practicante oficial, Pedr&iacute;n Conde. Sus hijas a&uacute;n la recuerdan con la peque&ntilde;a cartera que conten&iacute;a su jeringuilla especial. &ldquo;Y nunca, nunca pas&oacute; nada&rdquo;, dice Teresa, reafirmando su destreza y compromiso.
    </p><p class="article-text">
        Tras la muerte de su t&iacute;o Modesto, Teresa asumi&oacute; los trabajos dom&eacute;sticos y el cuidado de su t&iacute;a enferma. Por las tardes, acud&iacute;a al taller de costura en la porter&iacute;a de La Coteruca, finca del marqu&eacute;s de Movell&aacute;n, donde inici&oacute; su carrera bajo la tutela de Mariu 'La Catalana', una modista muy respetada en la alta sociedad de Comillas. Teresa perfeccion&oacute; su habilidad en su taller, utilizando la revista Vogue que su t&iacute;o le tra&iacute;a de Am&eacute;rica, como referencia para seguir las &uacute;ltimas tendencias. A trav&eacute;s de estos modelos, Teresa no solo aprendi&oacute; a coser, sino tambi&eacute;n a interpretar y adaptar las tendencias internacionales a los gustos y necesidades de sus clientas.
    </p><p class="article-text">
        A los 15 a&ntilde;os, Teresa comenz&oacute; a trabajar para el Seminario de Comillas, donde, gracias a la conexi&oacute;n de su t&iacute;o Manolo con los religiosos, se encargaba de confeccionar prendas para los jesuitas. Inicialmente cos&iacute;a camisas y calzoncillos que le entregaban ya cortados y, con el tiempo, asumi&oacute; tambi&eacute;n la confecci&oacute;n de sotanas. La calidad de su trabajo le permiti&oacute; asumir encargos m&aacute;s elaborados, como las 'dulletas' que los frailes llevaban sobre las sotanas. &ldquo;Me gustaba, y realmente llegu&eacute; a hacer prendas al estilo de un sastre&rdquo;, confiesa, recordando con cari&ntilde;o esa etapa, y su familia destaca que, gracias a su costura, siempre tuvieron trajes para actuaciones escolares y eventos.
    </p><p class="article-text">
        Tras el fallecimiento de su t&iacute;a, y con tan solo 20 a&ntilde;os, Teresa ya dispon&iacute;a de su propio hogar y ten&iacute;a independencia econ&oacute;mica. Aunque en las noches dorm&iacute;a en casa de su madre, aprovechaba sus d&iacute;as para cumplir con sus obligaciones y disfrutar del ocio. En esos a&ntilde;os, a ra&iacute;z de una amistad de la adolescencia y sin los convencionalismos de una relaci&oacute;n de novios, naci&oacute; el amor entre Teresa y Paco Crespo Sobrina. &ldquo;Ten&iacute;a muy buena planta&rdquo;, recuerda ella. Se casaron el 25 de agosto de 1954, tras dos a&ntilde;os de noviazgo, en una ceremonia &iacute;ntima en la iglesia parroquial de San Crist&oacute;bal en Comillas. 
    </p><p class="article-text">
        Teresa luci&oacute; un vestido negro confeccionado a mano por Mari&uacute;, la modista. Entre 1955 y 1970, tuvo once partos en casa, asistidos por la partera Cuqui y bajo la supervisi&oacute;n del m&eacute;dico Francisco Verdejo. Aunque sufri&oacute; la p&eacute;rdida de dos hijos &mdash;uno de ellos siendo un beb&eacute; y otro en su adultez&mdash;, cri&oacute; a seis hijas y cuatro hijos, con el apoyo de su hija primog&eacute;nita, su madre, su prima Beatriz y Rosario, &ldquo;su amiga del alma&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Paco comenz&oacute; su carrera laboral desde joven como pinche en el negocio de cristales de su t&iacute;o, quien hab&iacute;a aprendido el oficio en La Habana. Entre 1954 y 1958 trabaj&oacute; como aprendiz en el Seminario y, hasta mitad de los a&ntilde;os 70, desempe&ntilde;&oacute; funciones como oficial de pintura, restauraci&oacute;n y mantenimiento.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Teresa supo combinar la tradición rural de su familia con influencias cosmopolitas, desarrollando una mirada propia sobre los cambios sociales y económicos de su tiempo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Paco particip&oacute; activamente en las tareas dom&eacute;sticas y en la educaci&oacute;n integral de sus hijos. &ldquo;Quisimos que nuestros hijos aprendieran de todo y que nuestras hijas fueran independientes&rdquo;, afirma Teresa. Su hija mayor, Lines, rompi&oacute; convenciones sociales, siendo una de las primeras mujeres en Comillas en usar pantalones y tener una Vespa. La familia adopt&oacute; un estilo de vida que romp&iacute;a convenciones, rechazando la econom&iacute;a basada en el ganado, disfrutando de momentos en la playa y cultivando amistades con familias extranjeras. Teresa supo combinar la tradici&oacute;n rural de su familia con influencias cosmopolitas, desarrollando una mirada propia sobre los cambios sociales y econ&oacute;micos de su tiempo. Hoy, a sus 97 a&ntilde;os, es madre, abuela de 30 nietos y nietas, y bisabuela de 15.
    </p><p class="article-text">
        En su adultez, uno de los momentos m&aacute;s significativos para Teresa fue su trabajo en el hogar de Mar&iacute;a Antonia de Satr&uacute;stegui, conocida como 'Noni' y pariente del primer marqu&eacute;s de Comillas, en la Finca Las Vi&ntilde;as. Teresa se encarg&oacute; de diversas tareas, incluyendo el cuidado de la casa y de las nietas de la se&ntilde;ora, a quienes les uni&oacute; un profundo cari&ntilde;o. En 1980 sufri&oacute; un accidente dom&eacute;stico debido a un incendio, lo que la dej&oacute; convaleciente durante cuatro meses en la unidad de quemados del Hospital de Cruces. 
    </p><p class="article-text">
        Tras su recuperaci&oacute;n, pas&oacute; varios meses en su casa y continu&oacute; apoyando a la Noni con la ayuda de sus hijas. Trabaj&oacute; con ella hasta mediados de los a&ntilde;os 80, momento en que Noni falleci&oacute;. A pesar de ello, Teresa sigui&oacute; cuidando su finca con el apoyo de sus hijas y, durante cuatro a&ntilde;os, trabaj&oacute; para sus nietas. Su profunda amistad qued&oacute; reflejada tanto en su legado como en el de Mar&iacute;a Antonia de Satr&uacute;stegui.
    </p><p class="article-text">
        A los 65 a&ntilde;os, Teresa se jubil&oacute;, despu&eacute;s de haber podido cotizar a la seguridad social tras sufrir el accidente, lo que le permiti&oacute; asegurar su futuro. En 1988, enviud&oacute; tras la prematura muerte de Paco, quien falleci&oacute; a los 59 a&ntilde;os. Desde entonces, Teresa vivi&oacute; en Trasv&iacute;a, en su casa familiar, cerca de su segundo hijo.
    </p><p class="article-text">
        Teresa pertenece a una generaci&oacute;n que enlaz&oacute; mar y ganader&iacute;a, tradici&oacute;n y apertura al mundo. Su vida ha sido un puente entre &eacute;pocas y generaciones hasta llegar en 2024 a la residencia donde hoy conversa con sus amistades de la infancia.&nbsp;En ella se cruzan numerosas historias, personas y lugares, pero sobre todo late la historia de la mujer que supo sostener, trabajar, cuidar, ense&ntilde;ar, amar&hellip;&nbsp;Hoy su legado no est&aacute; solo en lo que hizo, sino en lo que permiti&oacute; que otros fueran. Y eso tambi&eacute;n es historia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zhenya Popova Tikhonova]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/teresa-fernandez-sanchez-vallejo-cosmopolita-comillas-posguerra_132_13036181.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Mar 2026 21:20:59 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9a7d3f78-35a0-4c28-8bd0-0e23e63a7ac4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="446599" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9a7d3f78-35a0-4c28-8bd0-0e23e63a7ac4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="446599" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Teresa Fernández Sánchez Vallejo: ser cosmopolita en el Comillas de posguerra]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9a7d3f78-35a0-4c28-8bd0-0e23e63a7ac4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Memoria Histórica,Cantabria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Chitín Mantilla: vivir lo suficiente para dejar un legado ejemplar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/chitin-mantilla-vivir-suficiente-legado-ejemplar_132_13022743.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/74c58dc7-0791-4783-bb44-645c503aa7d6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Chitín Mantilla: vivir lo suficiente para dejar un legado ejemplar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">A lo largo de su vida, participó activamente en instituciones como el Ateneo de Santander, el Centro Cultural Matilde de la Torre o Cruz Roja. Además, destacó en su rol como cofundadora de la Asociación de Mujeres Empresarias de Cantabria y fue la primera mujer concejala del PRC en Santander</p></div><p class="article-text">
        Si algo repiten, casi como un susurro compartido, la mayor&iacute;a de las cerca de 200 personas que han compartido su historia en Legado Cantabria desde 2021, es que el tiempo corre, casi imperceptible. Pasa deprisa, demasiado deprisa. Y, aun sabi&eacute;ndolo, a veces dejamos que el reloj se llene de obligaciones, aplazando &mdash;casi por inercia&mdash; los minutos que s&iacute; eran elecci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Hace apenas dos semanas, Conchita Mantilla Rodr&iacute;guez (1935, Santander), a quien tuvimos la suerte de entrevistar en 2024, me escrib&iacute;a desde su hogar de Santander: el piso donde hab&iacute;a vivido durante m&aacute;s de seis d&eacute;cadas y donde cada estancia conservaba algo de su historia. Quer&iacute;a presentarme a su amiga Valentina. Un caf&eacute; sencillo, compartido, de esos que se llenan de conversaci&oacute;n. Pero el d&iacute;a &mdash;sus urgencias, sus tareas&mdash; me dej&oacute; fuera de esa mesa. Estar dispuesta no siempre significa estar disponible.
    </p><p class="article-text">
        Hoy resuena aquel &ldquo;otro d&iacute;a nos vemos&rdquo; y su risa real, nacida de una vida larga y activa, atravesada por una &eacute;poca en la que abrirse camino siendo mujer exig&iacute;a determinaci&oacute;n. Ella misma fue una mujer todoterreno, capaz de desdramatizar las desgracias, presumir &mdash;siempre con orgullo&mdash; de sus seres queridos, restar importancia a sus propias peripecias y aliviar tristezas ajenas con una ligereza casi terap&eacute;utica.
    </p><p class="article-text">
        Conchita no acudi&oacute; a la presentaci&oacute;n de 'La memoria no arde', documental en el que participaba. Ya no ten&iacute;a fuerzas para salir. Su coraz&oacute;n, discretamente, empezaba a pedir descanso.
    </p><p class="article-text">
        Semanas despu&eacute;s, el domingo 22 de febrero, decidi&oacute; marchar. El tiempo, ajeno a todo, sigui&oacute; corriendo, pero su historia, como ella quiso, queda ya en la memoria compartida. Como escribi&oacute; Henri Bergson, el presente se forma del pasado. Generosa, contin&uacute;a habit&aacute;ndonos.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-3DoTrB5WzMw-7349', 'youtube', '3DoTrB5WzMw', document.getElementById('yt-3DoTrB5WzMw-7349'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-3DoTrB5WzMw-7349 src="https://www.youtube.com/embed/3DoTrB5WzMw?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Tal vez ah&iacute; resid&iacute;a tambi&eacute;n una de sus certezas: no podemos frenar el tiempo, pero s&iacute; elegir c&oacute;mo habitarlo. Quiz&aacute; esa fue tambi&eacute;n su &uacute;ltima ense&ntilde;anza: a los 91 a&ntilde;os, Conchita Mantilla Rodr&iacute;guez dec&iacute;a haber tenido &ldquo;muy buena vida&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Naci&oacute; el 26 de enero de 1935 en la calle Santa Luc&iacute;a de Santander. Fue la primera hija de Mar&iacute;a del Carmen, maestra nacional, y Gabriel Mantilla, perito mercantil del Banco Santander. Tras la temprana p&eacute;rdida del hijo mayor, Conchita pas&oacute; a ser la mayor de una familia de ocho hermanos. La llamaban cari&ntilde;osamente Chit&iacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Su infancia transcurri&oacute; entre Santander y Los Prados (Li&eacute;rganes), acompa&ntilde;ada por la figura constante de &ldquo;la tata&rdquo; y por la cercan&iacute;a de su abuelo materno. Creci&oacute; en un entorno familiar donde los relatos del pasado conviv&iacute;an con la experiencia directa de una &eacute;poca marcada por la posguerra. Entre las historias familiares m&aacute;s destacadas se encontraba la de su t&iacute;a abuela materna, Maximina Pedraja, quien fue ama de cr&iacute;a del rey Alfonso XIII. 
    </p><p class="article-text">
        Entre los recuerdos m&aacute;s v&iacute;vidos de su ni&ntilde;ez destacan los veranos en la casa familiar de San Vicente de Toranzo; las visitas a &ldquo;las Cari&ntilde;osas&rdquo;, las primas de la familia del guerrillero antifranquista Jos&eacute; Lav&iacute;n, 'el Cari&ntilde;oso', en Los Prados; y la vida cotidiana en Santander, marcada por la lectura de cuentos de la librer&iacute;a Hispano Argentina, los paseos en bicicleta y los momentos compartidos en familia. Sin embargo, su infancia tambi&eacute;n estuvo atravesada por eventos tr&aacute;gicos: en 1940, perdi&oacute; a su hermana menor en un accidente dom&eacute;stico, y en 1941, el gran incendio de Santander le oblig&oacute; a trasladarse temporalmente a Riolangos, camino a Vega de Pas.&nbsp;&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/427a1cd8-fd2f-4eaa-80d2-7a9043beb24a_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/427a1cd8-fd2f-4eaa-80d2-7a9043beb24a_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/427a1cd8-fd2f-4eaa-80d2-7a9043beb24a_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/427a1cd8-fd2f-4eaa-80d2-7a9043beb24a_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/427a1cd8-fd2f-4eaa-80d2-7a9043beb24a_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/427a1cd8-fd2f-4eaa-80d2-7a9043beb24a_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/427a1cd8-fd2f-4eaa-80d2-7a9043beb24a_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Grabación de la entrevista con Chitín Mantilla."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Grabación de la entrevista con Chitín Mantilla.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Conchita inici&oacute; su formaci&oacute;n acad&eacute;mica a los cuatro a&ntilde;os en el colegio de las Teresianas de Santander. Tras continuar sus estudios en una escuela privada de la calle que ahora se denomina Ata&uacute;lfo Argenta, ingres&oacute; en la Escuela de Comercio de Santander, donde se form&oacute; hasta los 17 a&ntilde;os. Posteriormente se traslad&oacute; a Madrid para completar sus estudios de Perito Mercantil. A los 20 a&ntilde;os, con el t&iacute;tulo de Perito Mercantil en mano, enfrent&oacute; la negativa de su padre, apoderado del Banco de Santander, a que se convirtiera en la primera mujer en trabajar en dicha entidad. Aquella decisi&oacute;n marc&oacute; un giro vital: Conchita se dedic&oacute; al hogar y cultiv&oacute; su pasi&oacute;n por la costura.
    </p><p class="article-text">
        Durante su juventud, particip&oacute; en la Agrupaci&oacute;n L&iacute;rica Monta&ntilde;esa con ensayos y representaciones de zarzuela en varios teatros, bajo la direcci&oacute;n de Sim&oacute;n Madrazo y Maripi Gonz&aacute;lez. Tambi&eacute;n realiz&oacute; el Servicio Social franquista, experiencia que formaba parte de las exigencias de la &eacute;poca: un mes en un comedor para personas sin recursos en la calle El Arrabal de Santander y tres meses en La Granja de San Ildefonso, requisito para participar en un intercambio en Toulouse con el fin de aprender franc&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Conoci&oacute; a Jes&uacute;s Ruiz Rugama, 'Chisco', durante sus a&ntilde;os de estudio. Tras un noviazgo de m&aacute;s de una d&eacute;cada, contrajeron matrimonio en 1965, a&ntilde;o en el que naci&oacute; su &uacute;nico hijo, Jes&uacute;s. En los primeros a&ntilde;os, Conchita se dedic&oacute; al hogar y a la crianza, acompa&ntilde;ando al mismo tiempo la trayectoria profesional de su marido, cuyo despacho alcanz&oacute; pronto prestigio. Jes&uacute;s Ruiz ser&iacute;a despu&eacute;s magistrado suplente y consejero de Presidencia en el primer Gobierno auton&oacute;mico de Cantabria.
    </p><p class="article-text">
        En 1967 Conchita asumi&oacute; la direcci&oacute;n del Hotel Rex de Santander, establecimiento que gestion&oacute; durante m&aacute;s de tres d&eacute;cadas. El hotel fue negocio, proyecto vital y, en distintas etapas, tambi&eacute;n hogar familiar. Bajo su gesti&oacute;n, el Rex se consolid&oacute; como un referente de la hospitalidad santanderina.
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de su vida, Chit&iacute;n Mantilla Rodr&iacute;guez particip&oacute; activamente en instituciones como el Ateneo de Santander, el Centro Cultural Matilde de la Torre, popularmente conocido como 'Las Matildes', la Cruz Roja (en calidad de vocal), entre otras. No obstante, su legado m&aacute;s significativo radica en su rol como cofundadora en 1985 de la Asociaci&oacute;n de Mujeres Empresarias de Cantabria (ADMEC). Su labor en este &aacute;mbito no solo mejor&oacute; las din&aacute;micas locales, sino que tambi&eacute;n favoreci&oacute; la proyecci&oacute;n a nivel nacional de las mujeres empresarias. Adem&aacute;s, Conchita desempe&ntilde;&oacute; el papel de tesorera nacional de la Asociaci&oacute;n Espa&ntilde;ola de Mujeres Empresarias (ASEME) durante un periodo de ocho a&ntilde;os, contribuyendo a la visibilizaci&oacute;n del papel de las mujeres en el &aacute;mbito empresarial.
    </p><p class="article-text">
        A principios de los a&ntilde;os 80, Conchita desempe&ntilde;&oacute; un papel clave como vocal y co-impulsora del Congreso del Skal Club en Cantabria, una iniciativa que fortaleci&oacute; las redes profesionales en los sectores de hosteler&iacute;a y turismo e impuls&oacute; el desarrollo del turismo en la comunidad.
    </p><p class="article-text">
        A finales de los a&ntilde;os 90, &ldquo;animada por Miguel &Aacute;ngel Revilla&rdquo;, se uni&oacute; al Partido Regionalista de Cantabria (PRC), convirti&eacute;ndose en la primera mujer concejal de esta formaci&oacute;n en Santander. Entre 1995 y 2004 ejerci&oacute; como concejala de Servicios Sociales en el Ayuntamiento de la ciudad. Tras el cierre del hotel en 2000 inici&oacute; una etapa entre Madrid y Cantabria, donde finalmente regres&oacute;. En sus &uacute;ltimos a&ntilde;os mantuvo una vida activa, atenta a la actualidad y profundamente vinculada a su entorno m&aacute;s cercano. Su hijo y sus dos nietas ocuparon siempre un lugar central en su relato.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; ah&iacute; resida tambi&eacute;n su legado m&aacute;s silencioso: haber vivido lo suficiente &mdash;y con la lucidez intacta&mdash; para decir que su vida fue una &ldquo;muy buena vida&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zhenya Popova Tikhonova]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/chitin-mantilla-vivir-suficiente-legado-ejemplar_132_13022743.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 27 Feb 2026 20:12:29 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/74c58dc7-0791-4783-bb44-645c503aa7d6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="494994" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/74c58dc7-0791-4783-bb44-645c503aa7d6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="494994" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Chitín Mantilla: vivir lo suficiente para dejar un legado ejemplar]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/74c58dc7-0791-4783-bb44-645c503aa7d6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Memoria Histórica,Cantabria,Santander]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Juan González Quijano: el derecho a nombrar el mundo con las manos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/juan-gonzalez-quijano-derecho-nombrar-mundo-manos_132_12994589.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ee79858a-bb24-4d5e-8fdb-6e4887bb1c44_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Juan González Quijano: el derecho a nombrar el mundo con las manos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El derecho a comunicarse parece esencial, pero ha sido negado —y aún lo es— a decenas de miles de personas con sordera. La historia de Juan González Quijano es de quien ha sabido y podido habitar un mundo de hablantes gracias a la lengua de signos</p></div><p class="article-text">
        Durante d&eacute;cadas, la sordera fue le&iacute;da como carencia, como l&iacute;mite individual, como algo que deb&iacute;a corregirse. Y es que en buena parte del siglo XX, nacer sordo en Espa&ntilde;a signific&oacute; crecer sin lengua reconocida, sin derecho a nombrar el mundo con las manos. En realidad, fue &mdash;y sigue siendo&mdash; una cuesti&oacute;n de desigualdad: de acceso al lenguaje, a la educaci&oacute;n, a la informaci&oacute;n, a la vida compartida.
    </p><p class="article-text">
        En Cantabria, como en otros muchos lugares, las asociaciones de personas sordas han funcionado durante a&ntilde;os como espacios de refugio y de resistencia: lugares donde la lengua de signos no estaba prohibida, donde la comunicaci&oacute;n no era un esfuerzo constante y donde la identidad pod&iacute;a construirse sin pedir permiso. En ese mapa de apoyos y afectos se inscribe la vida de <a href="https://legadocantabria.org/juan-gonzalez-quijano/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Juan Gonz&aacute;lez Quijano</a>.
    </p><p class="article-text">
        Juan naci&oacute; en Santander el 18 de diciembre de 1942, en una Espa&ntilde;a marcada por la posguerra y el r&eacute;gimen franquista. Su primera infancia estuvo atravesada por la p&eacute;rdida: su madre muri&oacute; cuando &eacute;l ten&iacute;a apenas un a&ntilde;o y medio. Creci&oacute; al cuidado de su padre, funcionario de la Diputaci&oacute;n Provincial, y de varias t&iacute;as maternas que sostuvieron el d&iacute;a a d&iacute;a familiar. Fue el &uacute;nico de sus hermanos con sordera profunda desde nacimiento, aunque siempre ha recordado su hogar como un espacio donde la diferencia formaba parte de la vida cotidiana.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-6KBeW6Gc5jM-8988', 'youtube', '6KBeW6Gc5jM', document.getElementById('yt-6KBeW6Gc5jM-8988'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-6KBeW6Gc5jM-8988 src="https://www.youtube.com/embed/6KBeW6Gc5jM?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Lejos de casa estaba el &uacute;nico lugar que pod&iacute;a atender a Juan y, con solo cuatro a&ntilde;os, fue trasladado a Madrid para ingresar como alumno interno en el Colegio de la Pur&iacute;sima para Ni&ntilde;os Sordos, regido por la Congregaci&oacute;n de las Hermanas Franciscanas Misioneras del Sagrado Coraz&oacute;n. Era 1947. All&iacute; recibi&oacute; una educaci&oacute;n marcada por el oralismo, el modelo dominante durante el franquismo, que prohib&iacute;a la lengua de signos y obligaba a aprender a hablar mediante lectura labial y m&eacute;todos correctivos.
    </p><p class="article-text">
        La lengua natural de las personas sordas fue expulsada de las aulas, pero sobrevivi&oacute; fuera de ellas: en los patios, en los pasillos, en la complicidad entre ni&ntilde;os y ni&ntilde;as. Aquella lengua no solo le permiti&oacute; comunicarse: le dio pensamiento, pertenencia y una forma de estar en el mundo. &ldquo;Sin lengua de signos, me habr&iacute;a pegado un tiro&rdquo;, reconoce, sin dramatismo, con absoluta certeza, como quien enuncia una verdad vital.
    </p><p class="article-text">
        Finalizada su etapa escolar, en 1956, regres&oacute; a Santander. Con apenas 16 a&ntilde;os y gracias a la mediaci&oacute;n de su padre, inici&oacute; un per&iacute;odo de pr&aacute;cticas en el Banco Santander. Durante 18 meses, y sin remuneraci&oacute;n, se form&oacute; en tareas administrativas hasta lograr un puesto estable. Se adapt&oacute; gracias al apoyo de sus compa&ntilde;eros y a la firme orientaci&oacute;n de su padre, a quien describe como &ldquo;un santo&rdquo;, que adem&aacute;s le ense&ntilde;aba en casa los entresijos del trabajo bancario. Tras ser contratado, se convirti&oacute; en uno de los primeros trabajadores sordos integrados en una entidad bancaria nacional en Cantabria. Durante 40 a&ntilde;os &mdash;de 1959 a 1999&mdash; trabaj&oacute; en varias oficinas del banco, incluida la central de Santander.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero si el trabajo le dio estabilidad, fue el movimiento asociativo el que le dio comunidad. Desde comienzos de los a&ntilde;os sesenta, Juan se implic&oacute; activamente en las asociaciones de personas sordas de Cantabria. Fue presidente de ASORLA, en Laredo, y de ASOBE, en Torrelavega, y particip&oacute; tambi&eacute;n en la vida asociativa de Santander. Aquellos espacios &mdash;hoy articulados en torno a la Federaci&oacute;n C&aacute;ntabra de Personas Sordas (FESCAN)&mdash; fueron escuelas de ciudadan&iacute;a, espacios de ocio compartido, de militancia cotidiana y de transmisi&oacute;n cultural. Lugares donde la lengua de signos no se explicaba: se viv&iacute;a. Tambi&eacute;n fueron espacios abiertos a personas oyentes que se acercaban a la lengua de signos no como curiosidad, sino como puerta de entrada a una comunidad viva.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A los 83 años, se siente satisfecho. No habla de heroísmo ni de conquistas épicas. Habla de haber podido trabajar, amar, criar a un hijo —también sordo— y formar parte de una comunidad que le dio lengua y lugar, y de otra —la oyente— en la que, en parte, también pudo participar</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El marco legal que rodea a la comunidad sorda tambi&eacute;n ha cambiado con el tiempo. La aprobaci&oacute;n de la Ley 27/2007 supuso el reconocimiento oficial de la lengua de signos, pero no elimin&oacute; las barreras. La desigualdad sigue presente en las aulas, en los hospitales, en la administraci&oacute;n, en los servicios p&uacute;blicos donde la accesibilidad comunicativa contin&uacute;a siendo una excepci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Juan lo sabe bien: su vida est&aacute; atravesada por esas ausencias cotidianas. Durante m&aacute;s de 20 a&ntilde;os acompa&ntilde;&oacute; a su esposa, Alicia Trueba Ruiz, tambi&eacute;n sorda, a lo largo de una enfermedad prolongada, enfrent&aacute;ndose a la ausencia de int&eacute;rpretes y a un sistema sanitario que rara vez piensa en quienes no oyen. Alicia falleci&oacute; en 2024, tras m&aacute;s de medio siglo de vida compartida en Santander.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, a los 83 a&ntilde;os, Juan Gonz&aacute;lez Quijano se siente satisfecho. No habla de hero&iacute;smo ni de conquistas &eacute;picas. Habla de haber podido trabajar, amar, criar a un hijo &mdash;tambi&eacute;n sordo&mdash; y formar parte de una comunidad que le dio lengua y lugar, y de otra &mdash;la oyente&mdash; en la que, en parte, tambi&eacute;n pudo participar.
    </p><p class="article-text">
        Su biograf&iacute;a &mdash;que, junto a la de <a href="https://legadocantabria.org/valentina-gutierrez-de-la-concha/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Valentina Guti&eacute;rrez de la Concha</a>, otra persona sorda entrevistada en 2022, forma parte de <a href="https://legadocantabria.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Legado Cantabria</a>&mdash; es la historia de una vida sostenida en lengua de signos y, tambi&eacute;n, una invitaci&oacute;n a pensar la sordera no como una discapacidad individual, sino como una cuesti&oacute;n de derechos, de acceso y de justicia social.
    </p><p class="article-text">
        La lengua de signos espa&ntilde;ola (LSE) no es un recurso auxiliar ni un sistema improvisado: es una lengua plena, con gram&aacute;tica, l&eacute;xico y tradici&oacute;n propia, utilizada por decenas de miles de personas en Espa&ntilde;a. Aunque no existen cifras exactas, se estima que m&aacute;s de 100.000 personas la emplean de forma habitual, para una parte de ellas como primera lengua y para otras como segunda.
    </p><p class="article-text">
        Su reconocimiento legal lleg&oacute; tarde: no fue hasta hace apenas dos d&eacute;cadas cuando el Estado reconoci&oacute; oficialmente las lenguas de signos espa&ntilde;olas y los derechos ling&uuml;&iacute;sticos de quienes las usan. Hasta entonces &mdash;y durante buena parte de la vida de Juan Gonz&aacute;lez Quijano o de Valentina Guti&eacute;rrez de la Concha&mdash; la lengua de signos qued&oacute; confinada a la transmisi&oacute;n entre iguales, lejos del reconocimiento institucional.
    </p><p class="article-text">
        Para personas como Juan o Valentina, la lengua de signos ha sido &ldquo;la salvaci&oacute;n&rdquo;, &ldquo;la base para todo&rdquo;: una condici&oacute;n de posibilidad para vivir con plenitud, para pensar, amar, trabajar y participar. Entender su biograf&iacute;a sin entender la historia de esta lengua ser&iacute;a quedarse en la superficie. Porque la sordera no es solo una cuesti&oacute;n m&eacute;dica, sino &mdash;sobre todo&mdash; una cuesti&oacute;n de derechos, de acceso y de justicia ling&uuml;&iacute;stica. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zhenya Popova Tikhonova]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/juan-gonzalez-quijano-derecho-nombrar-mundo-manos_132_12994589.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Feb 2026 20:19:56 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ee79858a-bb24-4d5e-8fdb-6e4887bb1c44_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="335714" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ee79858a-bb24-4d5e-8fdb-6e4887bb1c44_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="335714" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Juan González Quijano: el derecho a nombrar el mundo con las manos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ee79858a-bb24-4d5e-8fdb-6e4887bb1c44_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Memoria Histórica,Cantabria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cipriano Camus: el carpintero de Cueto que aprendió a no envidiar]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/cipriano-camus-carpintero-cueto-aprendio-no-envidiar_132_12980213.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ea7985c2-f372-47c6-b49e-dd65b556d254_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cipriano Camus: el carpintero de Cueto que aprendió a no envidiar"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un siglo da para mucha vida y Cipriano Camus Gutiérrez la ha vivido. Ahora, con un siglo de memoria, hace recuento de una historia que es la de Cueto, la de Cantabria y la de varias generaciones</p></div><p class="article-text">
        En una Espa&ntilde;a gobernada por el dictador Miguel Primo de Rivera, bajo la monarqu&iacute;a de Alfonso XIII, naci&oacute; Cipriano Camus Guti&eacute;rrez el 6 de noviembre de 1925 en una casa de Cueto, cuando este lugar era todav&iacute;a un pueblo de tradici&oacute;n rural ganadera a las afueras de Santander. Su llegada al mundo estuvo acompa&ntilde;ada de las costumbres de la &eacute;poca: una matrona de La Albericia lleg&oacute; en burra, con los cu&eacute;vanos preparados, como se hac&iacute;a entonces en los partos dom&eacute;sticos.
    </p><p class="article-text">
        Creci&oacute; en una familia formada tras las segundas nupcias de su padre, junto a dos hermanas y dos hermanos. Al frente, Lorenzo Camus: trabajador, de car&aacute;cter recto. En la Estaci&oacute;n del Norte se encargaba del cambio de agujas y, adem&aacute;s, completaba el sustento transportando en su carro carb&oacute;n o paja para los jefes de la estaci&oacute;n. Beatriz, su madre, nacida en Barruelo (Palencia), se dedicaba al hogar y mucho m&aacute;s: cuidaba vacas, cultivaba la huerta, vend&iacute;a leche y verduras. Con ingenio, hac&iacute;a que la econom&iacute;a de la casa saliera adelante. La infancia de Cipriano transcurri&oacute; en ese mundo de trabajo y cuidados, entre tensiones familiares, animales y tierras de pasto: los prados de Sierra, en la bajada de Las Llamas; las fincas &ldquo;del Alto&rdquo; de Camus; o los prados cercanos al faro de Santander y La Pereda.
    </p><p class="article-text">
        En un tiempo en que la disciplina pesaba m&aacute;s que la pedagog&iacute;a, la escuela de Cueto la recuerda &aacute;spera: palos para quien no sab&iacute;a la lecci&oacute;n, disciplina por encima de todo. Frente a esa dureza, la gratitud hacia Isabel, la maestra que &mdash;dice&mdash; &ldquo;ense&ntilde;&oacute; a todo Cueto&rdquo;, con paciencia y calma en las clases nocturnas tras las largas jornadas de trabajo. Esa dualidad marc&oacute; sus primeros pasos en la educaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, siempre hab&iacute;a tiempo para juegos en la calle: el marro, las trompas, las chapas, las correr&iacute;as por las huertas para robar higos o las aventuras de engancharse a los tranv&iacute;as para viajar gratis por Santander. La calle fue su patio, un territorio de risas y de riesgo. Hoy Cipriano es la voz que queda de aquella pandilla.
    </p><p class="article-text">
        En su ni&ntilde;ez, el deporte tambi&eacute;n fue parte de la rutina. Iba al campo del Racing con su hermano mayor, socio del club. Todav&iacute;a ve en su memoria la tribuna de madera que un temporal derrib&oacute;. En Cueto estaba el Club Atl&eacute;tico Espa&ntilde;a, fundado en 1928 y a&uacute;n con vida hoy. Entonces era campo de f&uacute;tbol y de atletismo, y escenario de las carreras de su hermano. Esa pasi&oacute;n se prolongaba en la calle, aunque las pelotas eran de trapo&hellip; bueno, tambi&eacute;n hab&iacute;a alguna extraviada del Racing, comprada por unas pocas perras gordas. Y en verano, la familia iba a La Magdalena a ver las carreras de caballos desde lo alto de las caballerizas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt--kz_4p58SW0-5896', 'youtube', '-kz_4p58SW0', document.getElementById('yt--kz_4p58SW0-5896'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt--kz_4p58SW0-5896 src="https://www.youtube.com/embed/-kz_4p58SW0?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        En 1936, el mismo a&ntilde;o en que estall&oacute; la Guerra de Espa&ntilde;a, su padre comenz&oacute; a levantar la nueva casa familiar, s&iacute;mbolo de arraigo en tiempos de incertidumbre. Ten&iacute;a 11 a&ntilde;os cuando el conflicto alcanz&oacute; tambi&eacute;n a Cueto. No hubo all&iacute; un frente estable de combate, pero s&iacute; bombardeos, refugios improvisados y el temor cotidiano a las incursiones a&eacute;reas que castigaban la retaguardia republicana en Santander.&nbsp;Ante ese miedo, su padre hab&iacute;a abierto un refugio cerca de la actual farmacia del pueblo, un resguardo precario frente al ruido de las sirenas y las bombas. Cipriano recuerda esconderse tras los paredones del Alto de Camus mientras cuidaba las vacas.
    </p><p class="article-text">
        En el verano de 1937, tras la ca&iacute;da de Bilbao, el ej&eacute;rcito sublevado avanz&oacute; sobre Cantabria. Santander capitul&oacute; el 26 de agosto y, poco despu&eacute;s, Cipriano vio instalarse en la escuela del pueblo a los &lsquo;regulares&rsquo; marroqu&iacute;es, un espacio que hasta hac&iacute;a poco hab&iacute;a sido de ni&ntilde;os y que de pronto se volvi&oacute; cuartel.
    </p><p class="article-text">
        Su hermanastro estuvo destinado en La Lora, uno de los frentes activos en Burgos, aunque regres&oacute; con vida y con malas experiencias; nadie de la familia muri&oacute; en la guerra. La contienda, sin embargo, golpe&oacute; a vecinos y allegados. Algunos pasaron a&ntilde;os ocultos en zulos &mdash;m&aacute;s de una d&eacute;cada&mdash; hasta sentirse a salvo. Otros fueron asesinados. De unos y otros Cipriano apenas quiere hablar: son nombres que pesan, recuerdos que duelen al ser evocados.
    </p><p class="article-text">
        Su hermano mayor tambi&eacute;n trabaj&oacute; como auxiliar en el faro de Cabo Mayor de Santander &mdash;encarg&aacute;ndose de tareas como el suministro de buj&iacute;as para el alumbrado&mdash; y fue testigo del hundimiento del acorazado 'Espa&ntilde;a' frente a la costa c&aacute;ntabra en 1937. A sus o&iacute;dos lleg&oacute; tambi&eacute;n la noticia: un estr&eacute;pito de mar y acero que se sum&oacute; a los ecos de la guerra. Y despu&eacute;s llegar&iacute;an los recuerdos de la posguerra, algunos ligados a la Casa de la Falange de Cueto. Hombres golpeados, mujeres rapadas, la certeza de que la violencia no termin&oacute; con la guerra. Tambi&eacute;n la memoria del reparto de comida para quienes nada ten&iacute;an, el racionamiento de la &eacute;poca, con boniatos que &eacute;l, sin embargo, nunca lleg&oacute; a probar.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Cuando en 1941 el gran incendio arrasó el centro de Santander, la familia de Cipriano ya tenía lista la casa que su padre había comenzado a construir en 1936. El fuego fue también un principio: al día siguiente del viento trasladaron los muebles de una casa a otra y se instalaron definitivamente en la vivienda recién estrenada</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Cuando en 1941 el gran incendio arras&oacute; el centro de Santander, la familia de Cipriano ya ten&iacute;a lista la casa que su padre hab&iacute;a comenzado a construir en 1936. El fuego fue tambi&eacute;n un principio: al d&iacute;a siguiente del viento trasladaron los muebles de una casa a otra y se instalaron definitivamente en la vivienda reci&eacute;n estrenada. Desde all&iacute; vivieron la conmoci&oacute;n de una parte de la ciudad calcinada y &eacute;l mismo particip&oacute;, siendo todav&iacute;a joven, en las labores de reconstrucci&oacute;n con los barracones que se levantaron en la Alameda y junto al Ayuntamiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De aquellos a&ntilde;os datan tambi&eacute;n sus primeras experiencias con la madera. Aprendi&oacute; el oficio de carpintero junto a Luis Tromp&iacute;n, un artesano que le ense&ntilde;&oacute; a usar el metro, a medir con precisi&oacute;n y a trabajar la madera a mano. M&aacute;s tarde pas&oacute; por talleres de la calle Vargas, donde estuvo cuatro a&ntilde;os junto al oficial Manolo, 'el Barrendero', de quien aprendi&oacute; buena parte del oficio. Su sueldo era de seis pesetas a la semana, apenas lo justo para cubrir los gastos. Al dejar ese taller pas&oacute; un tiempo con los hermanos Fern&aacute;ndez y despu&eacute;s se traslad&oacute; a la calle del Sol, donde el salario ya ascend&iacute;a a diez pesetas. En ese peque&ntilde;o taller coincidi&oacute; con uno de los hermanos Tonetti &mdash;el mayor&mdash;, de quien conserva todav&iacute;a un estuche tallado con gran detalle. 
    </p><p class="article-text">
        Entre tanto, el servicio militar lo llev&oacute; a Pamplona, donde pas&oacute; tres a&ntilde;os en la posguerra. All&iacute; se ocup&oacute; de levantar nidos de ametralladora en la raya de Francia, en condiciones duras: comida escasa, ropa deficiente, barracones plagados de chinches. Vivi&oacute; tambi&eacute;n el castigo de un encierro cuando parte del grupo escap&oacute; cruzando a Francia. Durante una de aquellas jornadas de trabajo en Pamplona sufri&oacute; un accidente militar. Regres&oacute; a Cantabria con cicatrices y una cojera que m&aacute;s tarde oblig&oacute; a una operaci&oacute;n de cadera. 
    </p><p class="article-text">
        Retom&oacute; entonces la madera, el oficio que hab&iacute;a aprendido de joven y que ya era el centro de su vida. Pas&oacute; temporadas en una ebanister&iacute;a de Malia&ntilde;o, donde se fue especializando en carpinter&iacute;a y ebanister&iacute;a. All&iacute; &mdash;como &eacute;l mismo admite&mdash; &ldquo;no pagaba a la Seguridad Social&rdquo;, porque era un trabajo espor&aacute;dico, solo en inviernos o en d&iacute;as de mal tiempo. En verano prefer&iacute;a quedarse en Cueto, ayudando en la casa y a sus padres.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El oficio de carpintero fue su identidad hasta bien entrados los 90 años, cuando aún seguía ayudando en algunos trabajos, hasta que su hijo decidió retirar las herramientas. Carpinterías, muebles, chalés y encargos especiales forman parte del legado de sus manos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Sus &uacute;ltimos a&ntilde;os laborales los pas&oacute; junto al maestro Antonio Hoyal, con quien permaneci&oacute; m&aacute;s de tres d&eacute;cadas reparando pupitres, ajustando puertas o fabricando muebles. Destaca especialmente el tiempo que trabaj&oacute; en colegios religiosos como las Esclavas y las Teresianas, abasteciendo encargos que llegaban incluso desde Bilbao. Tambi&eacute;n hizo horas extra y sustituciones: durante un tiempo cubri&oacute; a su hermano en el Paseo de la Concepci&oacute;n, trabajando con Falag&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Conoci&oacute; a Dolores Gonz&aacute;lez en Santander, frente a los escaparates cerca del Ayuntamiento, no lejos de la Jugueter&iacute;a Palacios, donde ella trabajaba. Diez a&ntilde;os de noviazgo y, en 1958, la boda en Los Corrales de Buelna. En la casa familiar levantada por su padre tuvieron un hijo y compartieron m&aacute;s de seis d&eacute;cadas, hasta que ella falleci&oacute; a los 87 a&ntilde;os. Cipriano la recuerda como una mujer &ldquo;guapa y trabajadora&rdquo;. Reconoce que hubo discusiones, sobre todo en la crianza, pero tambi&eacute;n una vida plena: excursiones, domingos de f&uacute;tbol y cine, viajes en autob&uacute;s con las pe&ntilde;as del barrio y salidas con el Club Atl&eacute;tico Espa&ntilde;a de Cueto. Hoy, su orgullo se resume en la familia que levantaron: un hijo, un nieto y una nieta, y cuatro bisnietos que prolongan la historia.
    </p><p class="article-text">
        El oficio de carpintero fue su identidad hasta bien entrados los 90 a&ntilde;os, cuando a&uacute;n segu&iacute;a ayudando en algunos trabajos, hasta que su hijo decidi&oacute; retirar las herramientas. Carpinter&iacute;as, muebles, chal&eacute;s y encargos especiales forman parte del legado de sus manos. &ldquo;Yo no me quiero alabar &mdash;dec&iacute;a&mdash;, pero se me ha dado bien el oficio&rdquo;. Y as&iacute; lo reconocen en Cueto, donde muchos saben de su destreza y su constancia. Se jubil&oacute; oficialmente a los 62 a&ntilde;os, aunque nunca dej&oacute; del todo la madera. Su lema de vida ha sido sencillo: madrugar, trabajar, no gastar m&aacute;s de lo necesario y, sobre todo, no envidiar a nadie.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, mirando hacia atr&aacute;s, Cipriano asegura que no tiene miedo a la muerte. &ldquo;Lo duro es sufrir&rdquo;. Defiende la dignidad en el final de la vida y rechaza la idea de terminar en una residencia. Se siente satisfecho: una vida sencilla, con un duro en el bolsillo, la compa&ntilde;&iacute;a de su esposa, el orgullo de la familia y el recuerdo de un oficio al que dedic&oacute; todo su empe&ntilde;o. &ldquo;Yo la vida la he llevado normal, como otro cualquiera. Pero hemos sabido llevarla. Eso es lo que cuenta&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zhenya Popova Tikhonova]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/cipriano-camus-carpintero-cueto-aprendio-no-envidiar_132_12980213.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 13 Feb 2026 20:17:34 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ea7985c2-f372-47c6-b49e-dd65b556d254_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="349814" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ea7985c2-f372-47c6-b49e-dd65b556d254_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="349814" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Cipriano Camus: el carpintero de Cueto que aprendió a no envidiar]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ea7985c2-f372-47c6-b49e-dd65b556d254_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Santander,Memoria Histórica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Araceli Olea Bárcena o el obstinado empeño de seguir adelante]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/araceli-olea-barcena-obstinado-empeno-seguir-adelante_132_12967750.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/506e346e-02ed-4d71-be0b-1e3b83721341_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Araceli Olea Bárcena o el obstinado empeño de seguir adelante"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Natural de Monte, esta mujer de 101 años sabe lo que es la guerra, el exilio, el hambre y el fuego. Pero también tiene una certeza menos visible y más decisiva: en comunidad se sale adelante</p></div><p class="article-text">
        Araceli tiene 101 a&ntilde;os cumplidos y su memoria recorre la historia del desgarro con calma que no borra. Un doble exilio siendo una adolescente, la c&aacute;rcel y el destierro de su padre, el hambre, la supervivencia. Todo eso, pero tambi&eacute;n su conexi&oacute;n con el mundo de las imprentas, con el deporte, con el asociacionismo de las mujeres. Araceli Olea encarna la historia viva de la ciudad y la voluntad de seguir adelante. Para atr&aacute;s, &ldquo;ni siquiera para coger impulso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Araceli Olea B&aacute;rcena naci&oacute; en Santander el 13 de octubre de 1924. Lleg&oacute; al mundo en la localidad santanderina de Monte, en casa de sus abuelos maternos, siguiendo una costumbre entonces habitual: parir rodeada de familia, en el lugar donde la vida parec&iacute;a m&aacute;s segura.
    </p><p class="article-text">
        La historia familiar de Araceli se articula entre dos impulsos. Por un lado, la vida que te viene: la familia materna, Monte, la casa frente a la costa y una forma de estar en el mundo que se hereda sin elegir. Por otro lado, lo que se aprende para sostenerla: el gesto de su abuela paterna al dejar Palencia y traer a sus hijos a Santander para que aprendieran un oficio y pudieran sostener su vida. Ese doble origen &mdash;el arraigo por un lado, el saber aprendido por otro&mdash; atraviesa la biograf&iacute;a de Araceli y ayuda a entender tanto la estabilidad buscada como la capacidad de resistir cuando todo se rompi&oacute;. Y todo se rompi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Olea B&aacute;rcena creci&oacute; entre Monte, La Maruca y las calles c&eacute;ntricas de Santander, en una infancia hecha de calles, tapias de piedra y casas abiertas al mar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Su padre, Emeterio Olea Revilla, natural de Villalc&aacute;zar de Sirga (Palencia), era mec&aacute;nico de oficio y trabajaba de forma estable en los talleres de la compa&ntilde;&iacute;a de autobuses de Santander, situados en la zona de San C&aacute;ndido. Era un hombre muy competente, de esos a los que se llamaba cuando algo no funcionaba: arreglaba motores, resolv&iacute;a aver&iacute;as y serv&iacute;a de apoyo t&eacute;cnico all&iacute; donde hiciera falta. Esa capacidad pr&aacute;ctica, tan valorada en tiempos dif&iacute;ciles, le permiti&oacute; trabajar tanto antes como despu&eacute;s de la guerra.
    </p><p class="article-text">
        Su madre, Concepci&oacute;n B&aacute;rcena Card&iacute;n, natural de Monte, sostuvo el trabajo dom&eacute;stico y la crianza de seis hijos. Araceli fue la segunda de las mayores de aquella familia numerosa de la que, con el tiempo, solo quedar&iacute;an ella y una hermana m&aacute;s, tambi&eacute;n centenaria, que vive en M&eacute;xico.
    </p><p class="article-text">
        La infancia de Araceli estuvo hecha de juegos en la calle, de veranos cerca del mar&nbsp;&mdash;y ba&ntilde;os con sacos&mdash;, de correr entre tapias y casas donde los ni&ntilde;os todav&iacute;a pertenec&iacute;an al espacio com&uacute;n. Estudi&oacute; &ldquo;hasta los diez a&ntilde;os&rdquo; en la Escuela de Numancia, un tiempo que recuerda con agrado, asociado al aprendizaje, a sus primeras labores de costura y a una normalidad que la guerra se encargar&iacute;a de quebrar. 
    </p><p class="article-text">
        Y la quebr&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        La Guerra de Espa&ntilde;a lleg&oacute; a Santander en diciembre de 1936 y lo hizo entrando en las casas, en los cuerpos y en la memoria. Araceli ten&iacute;a 12 a&ntilde;os cuando comenzaron los bombardeos. Lo recuerda con una precisi&oacute;n que no se borra: el sonido de las sirenas &mdash;una pitada para el aviso, dos para el peligro, tres para la falsa normalidad&mdash; y la carrera desesperada de la gente por las calles para buscar refugio. 
    </p><p class="article-text">
        Recuerda esconderse en la zona de Cisneros, junto a los chalets de La Tierruca, en una peque&ntilde;a taberna que hac&iacute;a las veces de refugio &mdash;abierta a&uacute;n y conocida hasta hace poco como La Cueva, hoy La Fonda&mdash;. All&iacute; se amontonaba la gente, empujada m&aacute;s por el p&aacute;nico que por la certeza de estar a salvo. Entre risas recuerda que, siendo a&uacute;n una ni&ntilde;a, toc&oacute; por error la sirena en las oficinas de su padre. Bast&oacute; un golpe involuntario para que la ciudad entera se echara a correr. Desde la ventana ve&iacute;a a la gente huir despavorida por el Paseo Pereda, buscando cualquier hueco donde meterse. Ese miedo &mdash;colectivo, instintivo, no escogido&mdash; fue una de las marcas m&aacute;s profundas de su infancia.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-zp6m8xkeOm0-1178', 'youtube', 'zp6m8xkeOm0', document.getElementById('yt-zp6m8xkeOm0-1178'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-zp6m8xkeOm0-1178 src="https://www.youtube.com/embed/zp6m8xkeOm0?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        A los bombardeos se sumaron el hambre y la escasez. El dinero dej&oacute; de servir cuando no hab&iacute;a nada que comprar. M&aacute;s tarde, la vida cotidiana pas&oacute; a depender de cartillas de racionamiento, de colas interminables y, para quien pod&iacute;a permit&iacute;rselo, del estraperlo. Tambi&eacute;n recuerda &mdash;aunque con desagrado&mdash; el Auxilio Social y su ayuda, no tanto por la comida en s&iacute; &mdash;aunque tambi&eacute;n&mdash;, sino por lo que significaba: la confirmaci&oacute;n de que todo se hab&iacute;a venido abajo.
    </p><p class="article-text">
        Con el estallido del conflicto b&eacute;lico, la ruta de aquellos a&ntilde;os se volvi&oacute; err&aacute;tica, sin un trazo limpio ni un orden reconocible. Araceli la recuerda no como un viaje con fechas cerradas, sino como una sucesi&oacute;n de desplazamientos forzados, condicionados por el avance del frente y por decisiones tomadas siempre en un margen estrecho. La memoria sit&uacute;a primero a Santander en guerra, desde diciembre de 1936 y, con seguridad, hasta el verano de 1937. 
    </p><p class="article-text">
        La salida de Santander no fue un viaje pensado, sino una huida necesaria. Araceli recuerda que fue su padre quien las llev&oacute; hasta Gij&oacute;n, uno de los &uacute;ltimos puertos republicanos operativos del norte &mdash;hist&oacute;ricamente funcion&oacute; como punto de evacuaci&oacute;n civil hasta octubre de 1937, antes de la ca&iacute;da definitiva de Asturias&mdash;. Desde all&iacute; embarcaron rumbo a Francia: un barco grande, la noche mirando el mar desde las ventanas, la mezcla de miedo y extra&ntilde;eza. As&iacute; qued&oacute; ese viaje en su memoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La llegada al puerto franc&eacute;s de La Rochelle, m&aacute;s n&iacute;tida que las fechas. Despu&eacute;s vinieron los desplazamientos en convoyes. Araceli recuerda trenes largos, muchos vagones, paradas sin explicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En su recuerdo, tras la llegada a Francia vino Louviers: los convoyes, el edificio habilitado para refugiados y una vida relativamente tranquila. As&iacute; lo conserva la memoria. Sin embargo, desde el punto de vista hist&oacute;rico, es posible que aquel primer paso por Francia no fuera definitivo: en 1937 no pocas familias que cruzaron la frontera por el norte fueron reenviadas a la Espa&ntilde;a republicana, especialmente a Catalu&ntilde;a, todav&iacute;a en retaguardia. En su memoria, Ripoll aparece como un tiempo de calma antes de que el exilio en Francia se impusiera definitivamente.
    </p><p class="article-text">
        La memoria &mdash;marcada por una experiencia l&iacute;mite&mdash; guarda el recorrido como un trayecto seguido; el tiempo hist&oacute;rico, m&aacute;s quebrado, introduce desplazamientos que no siempre dejaron huella en forma de fechas, pero s&iacute; de sensaciones.
    </p><p class="article-text">
        Antes del exilio definitivo en Francia, Ripoll aparece como una estancia prolongada en Catalu&ntilde;a. Vivieron all&iacute; en un piso alquilado, frente a la estaci&oacute;n del tren. Fue un tiempo de calma fr&aacute;gil, sostenido en la convivencia con otros refugiados: se ayudaban, compart&iacute;an lo que hab&iacute;a y, pese a todo, tambi&eacute;n se re&iacute;an. La vida encontraba maneras de seguir. 
    </p><p class="article-text">
        Su padre, destinado entonces en el frente de Valencia, les enviaba alimentos con frecuencia. Valencia &mdash;capital de la Rep&uacute;blica hasta finales de 1937&mdash; conservaba a&uacute;n redes de abastecimiento relativamente estables. Hab&iacute;a aceite, hab&iacute;a comida suficiente. Esa posibilidad cotidiana marc&oacute; la diferencia y dio a aquellos meses un tono que Araceli recuerda como distinto: menos urgencia, m&aacute;s respiro.
    </p><p class="article-text">
        En Ripoll, Araceli fue al colegio. No les permit&iacute;an hablar castellano y la adaptaci&oacute;n no fue f&aacute;cil, pero la vida cotidiana intentaba sostenerse: escuela, casa, amistades y familia. Sin embargo, recuerda la sensaci&oacute;n de vivir en un lugar fr&aacute;gil. Sab&iacute;an que, si bombardean Ripoll &mdash;un nudo ferroviario estrat&eacute;gico&mdash;, &ldquo;lo deshar&iacute;an entero&rdquo;. Ese temor no era infundado: 1938 fue el a&ntilde;o de mayor intensidad de los bombardeos en Catalu&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Cuando los sublevados tomaron Barcelona, a comienzos de 1939, la situaci&oacute;n en Catalu&ntilde;a empeor&oacute; de forma decisiva. El miedo dej&oacute; de ser una amenaza difusa para convertirse en urgencia. Entonces volvi&oacute; a imponerse la huida: sin maletas, con la ropa en bolsas, procurando dejar una manga o un trozo visible para poder reconocer lo propio. Un gesto ampliamente documentado en los relatos de lo que se conoce como La Retirada.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El exilio en Francia no tiene fechas precisas, pero fue, en comparación, un tiempo de refugio. Vivieron en Louviers, donde fueron acogidos en una residencia habilitada por las autoridades francesas: un antiguo edificio, una cárcel reconvertida, transformada por dentro en grandes salas con varias camas por habitación</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El exilio en Francia no tiene fechas precisas, pero fue, en comparaci&oacute;n, un tiempo de refugio. Vivieron en Louviers, donde fueron acogidos en una residencia habilitada por las autoridades francesas: un antiguo edificio, una c&aacute;rcel reconvertida, transformada por dentro en grandes salas con varias camas por habitaci&oacute;n. Espacios reutilizados, funcionales y provisionales, habituales en Normand&iacute;a y otras zonas del norte franc&eacute;s durante los primeros a&ntilde;os de acogida. No era un hogar, pero ofrec&iacute;a algo decisivo entonces: orden, techo y una cierta estabilidad tras tanto desplazamiento.
    </p><p class="article-text">
        Por primera vez en mucho tiempo, viv&iacute;an juntos, con libertad de movimientos y una rutina relativamente estable. La comida llegaba desde un hospital y recuerda que era abundante y buena. Fue all&iacute; donde Araceli empez&oacute; a dar clases en una escuela a otros ni&ntilde;os espa&ntilde;oles &mdash; &ldquo;la mayor&iacute;a de Santander&rdquo;&mdash;. Louviers fue casa durante alrededor de un a&ntilde;o y medio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nada de aquello tuvo fechas precisas: en el exilio, la vida depend&iacute;a por completo del curso de la guerra en Espa&ntilde;a. El regreso definitivo lleg&oacute; con su final, no como una elecci&oacute;n personal ni un proyecto pensado, sino como una orden de repatriaci&oacute;n. De nuevo en tren, de nuevo por etapas, junto a otras familias espa&ntilde;olas que regresaban a un pa&iacute;s que ya no conoc&iacute;an.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1940 el r&eacute;gimen franquista negoci&oacute; con Francia el retorno de miles de personas refugiadas. Araceli recuerda la sucesi&oacute;n de traslados, encadenados y poco explicados, atravesando pueblos donde solo pasaban unas horas o d&iacute;as antes de continuar viaje. Pasaron unos seis meses en Lyon, una ciudad m&aacute;s grande, donde residieron en casas y donde la sensaci&oacute;n de provisionalidad volvi&oacute; a imponerse. M&aacute;s tarde fueron trasladadas a otro pueblo: Gaillon. Desde all&iacute; se organiz&oacute; la salida hacia Espa&ntilde;a.&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En 1940 el régimen franquista negoció con Francia el retorno de miles de personas refugiadas. Araceli recuerda la sucesión de traslados, encadenados y poco explicados, atravesando pueblos donde solo pasaban unas horas o días antes de continuar viaje</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En Santander la guerra hab&iacute;a terminado, pero la vida &mdash;como ella misma recuerda&mdash; ya no era la misma. La capital c&aacute;ntabra las recibi&oacute; cambiada, empobrecida y herida, y sin la posibilidad de haber vuelto a ver a sus abuelos maternos, fallecidos durante su ausencia. La casa familiar hab&iacute;a sido ocupada; parte de los muebles y de sus objetos personales, requisados. Recuperaron lo imprescindible y se instalaron en una buhardilla de la calle Alta, compartiendo espacios, recomenzando desde casi nada y sin su padre.
    </p><p class="article-text">
        Araceli cuenta tambi&eacute;n la historia de Emeterio, su padre. Una historia que se cruza con la suya en tiempos y lugares &mdash;la guerra, la huida, el exilio&mdash; hasta separarse definitivamente.
    </p><p class="article-text">
        Tras regresar del frente en Valencia, su padre se present&oacute; voluntariamente ante las autoridades &mdash;convencido de que no ten&iacute;a delitos de sangre&mdash;, al mes aproximadamente, fue detenido, juzgado y condenado. La pena de muerte fue conmutada; durante el juicio, recuerda Araceli, hubo incluso voces de derechas que declararon a su favor.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n recuerda, la causa de la detenci&oacute;n de su padre estuvo en un intento previo de intervenci&oacute;n en el barco-prisi&oacute;n <em>Alfonso P&eacute;rez</em>, anclado en la bah&iacute;a. Trat&oacute; de sacar de all&iacute; a un superior al que apreciaba, pero lleg&oacute; tarde: ya lo hab&iacute;an asesinado. Aquel gesto, nacido del riesgo y de la lealtad, acabar&iacute;a pesando en su contra: pas&oacute; alrededor de ocho a&ntilde;os en la prisi&oacute;n provincial de la calle Alta. Durante un tiempo, la familia vivi&oacute; cerca de la c&aacute;rcel y Araceli conserva una imagen que nunca se borr&oacute;: su madre mirando cada noche desde la ventana la luz de un edificio cercano. Cuando aquella luz se encend&iacute;a, sab&iacute;an que al d&iacute;a siguiente habr&iacute;a sacas. El miedo no era una idea abstracta, sino una espera concreta, repetida noche tras noche.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Araceli conserva una imagen que nunca se borró: su madre mirando cada noche desde la ventana la luz de un edificio cercano. Cuando aquella luz se encendía, sabían que al día siguiente habría sacas. El miedo no era una idea abstracta, sino una espera concreta, repetida noche tras noche</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Tras la prisi&oacute;n lleg&oacute; el destierro. A su padre no se le permiti&oacute; quedarse en Santander y fue enviado a Madrid, donde residi&oacute; en el barrio de El Viso del distrito de Chamart&iacute;n. All&iacute; reh&iacute;zo una vida m&iacute;nima: trabajaba como mec&aacute;nico, llevaba una existencia discreta, vigilada, alejada de su propia vida familiar. Araceli y su hermana viajaron a Madrid en varias ocasiones para visitarlo, en trayectos largos y dif&iacute;ciles, con finales tristes propios de un tiempo en el que nada era sencillo. Cuando por fin pudo regresar a Santander, lo hizo enfermo. Hab&iacute;a contra&iacute;do tuberculosis &mdash;&ldquo;o quiz&aacute; c&aacute;ncer&rdquo;&mdash; y su salud estaba ya muy quebrada. Vivi&oacute; poco m&aacute;s de un a&ntilde;o con los suyos antes de morir, todav&iacute;a joven: 48 a&ntilde;os. Su regreso no fue un final reparador, sino un cierre incompleto marcado por todo lo que la guerra ya hab&iacute;a arrancado.
    </p><p class="article-text">
        A partir del regreso a Cantabria, sostener la vida fue una tarea cotidiana y colectiva. Pero Araceli quiso estudiar, no como una aspiraci&oacute;n abstracta, sino como una salida concreta. Pudo hacerlo gracias a una mezcla de empe&ntilde;o y fortuna familiar: una beca sostenida por un pariente de la rama materna que hab&iacute;a hecho fortuna en Am&eacute;rica y dej&oacute; pagados estudios de N&aacute;utica y Comercio para personas humildes del entorno, con preferencia familiar. 
    </p><p class="article-text">
        Fue su abuelo &mdash;testarudo, dice ella&mdash; quien se empe&ntilde;&oacute; en que Araceli deb&iacute;a aprovecharla y movi&oacute; gestiones incluso a trav&eacute;s del Obispado. Estudi&oacute; primero y segundo, luego &ldquo;por libre&rdquo;, en a&ntilde;os sin libros. M&aacute;s adelante recuper&oacute; lo perdido &mdash;lleg&oacute; a hacer dos cursos en uno&mdash; y se form&oacute; en academias; recuerda en concreto la Academia Escuela Montes de Neira. Le gustaba estudiar, le gustaba aprender: lo repite como una convicci&oacute;n. Se qued&oacute; en perito y el profesorado qued&oacute; al otro lado de una frontera muy concreta: Bilbao, un internado, unos gastos imposibles en plena posguerra; no pudo ser profesora.
    </p><p class="article-text">
        Su vida laboral comenz&oacute; en La Raquel, una de las industrias confiteras m&aacute;s importantes de Santander &mdash;a finales de los a&ntilde;os cuarenta&mdash; gracias a una t&iacute;a que trabajaba all&iacute; desde hac&iacute;a tiempo envolviendo caramelos. Aprend&iacute;a r&aacute;pido, se adaptaba a todo y asum&iacute;a responsabilidades sin hacer ruido, hasta que decidi&oacute; cambiar de rumbo. Luego, entr&oacute; en la Imprenta J. Mart&iacute;nez, conocida en la ciudad por el apellido Corpas, el de las mujeres de la familia propietaria. All&iacute; trabaj&oacute; como administrativa durante 17 a&ntilde;os y ese fue su verdadero lugar profesional. Desde la oficina gestionaba pedidos complejos, controlaba listados, pesos, facturaci&oacute;n y plazos. Pasaban por sus manos encargos para RENFE, para entidades financieras como el Banco Santander, para seminarios y para instituciones religiosas, como los jesuitas del Seminario de Comillas. Llevaba personalmente las pruebas para su revisi&oacute;n y, en el banco, sol&iacute;an pedir <em>&laquo;a la se&ntilde;orita de siempre&raquo;</em>, porque era la &uacute;nica que sab&iacute;a interpretar con exactitud lo que necesitaban. Era un trabajo exigente, sin vacaciones completas, y no era solo un empleo: era una responsabilidad asumida.
    </p><p class="article-text">
        Conoci&oacute; a Ricardo siendo muy joven, alrededor de los veinte a&ntilde;os, en el Paseo Pereda. Siete a&ntilde;os de noviazgo precedieron a una boda sencilla, celebrada en su parroquia, la Iglesia de la Consolaci&oacute;n. La luna de miel fue casi secreta: una noche en Suances y luego idas y venidas entre Santander y la costa, con la excusa de los toros y de Juan Posada Bienvenida.
    </p><p class="article-text">
        Tras la boda, ambos siguieron trabajando. Ricardo lo hac&iacute;a en la Imprenta Minerva, en la calle Guevara, y lleg&oacute; a ser presidente del sindicato de Artes Gr&aacute;ficas; Araceli mantuvo tambi&eacute;n su empleo. Vivieron primero de alquiler y, con la llegada del primer hijo, pasaron un tiempo en casa de su suegra. La vivienda propia lleg&oacute; por sorteo sindical: a ambos les adjudicaron piso en la zona de Pero Ni&ntilde;o y eligieron el de Araceli, un quinto sin ascensor. Durante un tiempo, el agua se sub&iacute;a en cubos, escalera a escalera, hasta que por fin lleg&oacute; la instalaci&oacute;n. Era una vida hecha con las manos, de soluciones cotidianas, de ir levantando casa y familia paso a paso.
    </p><p class="article-text">
        Juntos formaron una familia numerosa: tres hijos &mdash;Ricardo (1955), Jos&eacute; Ignacio (1957), Bel&eacute;n (1958)&mdash; en apenas cuatro a&ntilde;os, sin abandonar Araceli el trabajo hasta que las circunstancias lo hicieron inevitable. Compatibiliz&oacute; empleo, crianza y cuidados con una energ&iacute;a que hoy le parece casi inexplicable, sostenida en gran medida por el apoyo decisivo de su suegra.
    </p><p class="article-text">
        La vida en com&uacute;n fue para Araceli una manera de estar en el mundo. Particip&oacute; durante d&eacute;cadas en la Asociaci&oacute;n Regional de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios de Cantabria, una asociaci&oacute;n femenina dedicada a la formaci&oacute;n dom&eacute;stica, el consumo y el apoyo entre mujeres, presidida entonces por Josefina Sierra Presmanes. Araceli no acud&iacute;a solo a escuchar: dio clases de punto, costura y labores, ense&ntilde;ando lo que sab&iacute;a a otras mujeres, intercambiando t&eacute;cnicas, tiempo y conversaci&oacute;n. All&iacute; se tej&iacute;an prendas, pero tambi&eacute;n v&iacute;nculos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El trabajo manual &mdash;el punto, el bordado, el punto de cruz&mdash; fue su gran pasi&oacute;n y una forma cotidiana de estar pendiente de los suyos. Una relaci&oacute;n con las labores que aprendi&oacute; desde ni&ntilde;a, en la Escuela de Numancia, al margen de la formaci&oacute;n de la Secci&oacute;n Femenina, y que continu&oacute; a lo largo de su vida.
    </p><p class="article-text">
        Fue tambi&eacute;n socia del Racing de Santander durante m&aacute;s de 30 a&ntilde;os, hasta que &ldquo;el des&aacute;nimo de la Segunda Divisi&oacute;n la llev&oacute; a hacerse del Real Madrid&rdquo;. Frecuent&oacute; clubes deportivos &mdash;como el Club Parayas, &ldquo;su segunda casa&rdquo;&mdash; donde crecieron y practicaron deporte sus hijos y, despu&eacute;s, sus nietos, y donde cultiv&oacute; amistades duraderas.
    </p><p class="article-text">
        Ella, que ya hab&iacute;a vivido un exilio doble, vio tambi&eacute;n arder su ciudad en 1941. Recuerda c&oacute;mo la pared de su habitaci&oacute;n &mdash;donde minutos antes dorm&iacute;a con su hermana mayor, &ldquo;Carmela&rdquo;, Mar&iacute;a del Carmen&mdash; se rasg&oacute; entera y la cama apareci&oacute; en el jard&iacute;n inferior; c&oacute;mo la ciudad ard&iacute;a empujada por el viento; c&oacute;mo los vecinos sal&iacute;an con sacos y muebles, con lo poco que pod&iacute;an salvar, y se refugiaban en la tienda de ultramarinos. &ldquo;Desde la calle Alta se ve&iacute;a todo: Santander ardiendo&rdquo;. Aquella noche volvi&oacute; a confirmar algo que ya sab&iacute;a: sobrevivir era, muchas veces, cuesti&oacute;n de segundos y de intuici&oacute;n. Viv&iacute;an en un quinto piso; se salvaron por haber salido a tiempo.&nbsp;&ldquo;Fue horrible&rdquo;.&nbsp;Y Santander cambi&oacute; &mdash;dice&mdash; con el incendio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con el paso de los a&ntilde;os, estuvo rodeada de una familia extensa &mdash;hijos, nietos, bisnietos&mdash; y tambi&eacute;n atravesada por p&eacute;rdidas hondas, algunas especialmente dif&iacute;ciles de asumir, como la de un hijo y la de un nieto. A ellas se sum&oacute; la muerte de su marido, que falleci&oacute; con 82 a&ntilde;os. De &eacute;l guarda una definici&oacute;n sencilla y definitiva: &ldquo;Un buen hijo, un buen padre y un buen marido, enamorado de su profesi&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, con 101 a&ntilde;os, vive en una residencia de Santander, en San C&aacute;ndido, un lugar que con el tiempo &mdash;al cabo de alrededor de un a&ntilde;o&mdash; ha sabido hacer suyo. Sigue defendiendo su independencia, su deseo de no molestar, su voluntad de hacer por s&iacute; misma todo lo que a&uacute;n puede. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando se le pregunta qu&eacute; ha aprendido, responde sin solemnidad, casi como quien enuncia una regla pr&aacute;ctica: &ldquo;Hay que tirar siempre hacia adelante. Ni un paso atr&aacute;s, ni siquiera para coger impulso&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zhenya Popova Tikhonova]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/araceli-olea-barcena-obstinado-empeno-seguir-adelante_132_12967750.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 06 Feb 2026 20:22:44 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/506e346e-02ed-4d71-be0b-1e3b83721341_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="195278" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/506e346e-02ed-4d71-be0b-1e3b83721341_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="195278" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Araceli Olea Bárcena o el obstinado empeño de seguir adelante]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/506e346e-02ed-4d71-be0b-1e3b83721341_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Memoria Histórica,Cantabria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ñuca: la guerra, las pérdidas, la comunidad, la vida]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/nuca-guerra-perdidas-comunidad-vida_132_12938542.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/862e6d71-4b98-4865-a823-7bdd25a43082_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ñuca: la guerra, las pérdidas, la comunidad, la vida"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cesárea Pérez Hoz nació el 30 de diciembre de 1929 en Bucarrero, un barrio de Pámanes, en la habitación que ha sido la suya hasta que en julio de 2024 se trasladó a la Residencia de Mayores de Solares. Entre todo lo vivido, pesa la pérdida —de un padre, un hermano, un marido y un hijo— pero también el orgullo por una familia unida</p></div><p class="article-text">
        El tiempo, en este pa&iacute;s, no siempre responde a las preguntas silenciadas. <a href="https://youtu.be/PNxDa4yIF3s?si=BbDp_xnrS9kjlbMv" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ces&aacute;rea P&eacute;rez Hoz</a> tard&oacute; 80 a&ntilde;os en acceder al expediente de su padre en el Archivo General Militar de Burgos. En su ficha oficial figuraba la palabra &ldquo;ajusticiado&rdquo;, en el apartado de antecedentes se le&iacute;a &ldquo;se desconocen&rdquo; y en el de la causa, una simple raya. Pero lo que s&iacute; sabe, desde el 17 de diciembre de 1937, es que su padre, Francisco P&eacute;rez Cora, fue ejecutado y sepultado en la fosa com&uacute;n de Ciriego &mdash;esa que tambi&eacute;n tuvo que esperar 43 a&ntilde;os para ser marcada con un trilito en homenaje a las v&iacute;ctimas de la represi&oacute;n franquista, en una iniciativa colectiva en la que particip&oacute; activamente <a href="https://legadocantabria.org/antonio-ontanon-toca/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Antonio Onta&ntilde;&oacute;n Toca</a>, y que ser&iacute;a el germen de posteriores monolitos con los nombres de cerca de 900 personas fusiladas durante la guerra y la posguerra&mdash;. Tambi&eacute;n sabe que Francisco hab&iacute;a regresado de Am&eacute;rica con el dinero suficiente para levantar casa y tierras. Que fue denunciado por un vecino y acusado falsamente de delitos contra la iglesia. Que fue sometido a un consejo de guerra sumar&iacute;simo sin ninguna garant&iacute;a &mdash;como no las hab&iacute;a en tiempos de represi&oacute;n masiva&mdash;, y que, aunque no militaba en pol&iacute;tica, su padre hab&iacute;a trabajado como cocinero para el Frente Popular de P&aacute;manes. 
    </p><p class="article-text">
        La recogida de firmas en su favor que se hizo en el pueblo no sirvi&oacute; de nada y fue condenado &ldquo;sin juicio, ni nada&rdquo;. Primero estuvo encarcelado en P&aacute;manes, muy cerca del hogar familiar, y aquella proximidad permit&iacute;a que, seg&uacute;n la disposici&oacute;n de quien custodiara la puerta, sus hijas pudieran acercarle algo de comida y, con suerte, permanecer unos instantes a su lado. M&aacute;s tarde fue trasladado a Bilbao, donde lo dejaron en libertad, pero decidi&oacute; regresar a Cantabria para ver a su familia, y, en especial, a &ldquo;sus dos pesetas&rdquo;, las dos hijas peque&ntilde;as de una familia que ya sumaba cinco hijas y un hijo. Ces&aacute;rea era una de ellas. A los dos d&iacute;as volvi&oacute; a ser detenido y encarcelado en la prisi&oacute;n provincial de Santander. La sa&ntilde;a no esquiva segundas oportunidades. Dos meses despu&eacute;s, cuando Francisco ten&iacute;a 58 a&ntilde;os, fue ejecutado. Era 17 de diciembre.
    </p><p class="article-text">
        Una de aquellas &ldquo;dos pesetas&rdquo; era Ces&aacute;rea P&eacute;rez Hoz y ten&iacute;a casi ocho a&ntilde;os cuando perdi&oacute; a su padre. Naci&oacute; el 30 de diciembre de 1929 en Bucarrero, un barrio de P&aacute;manes, en la habitaci&oacute;n que ha sido la suya hasta que en julio de 2024 se traslad&oacute; a la Residencia de Mayores de Solares. De su madre hered&oacute; el nombre y la vida: la trajo al mundo cuando ya rondaba los 50 a&ntilde;os. El apodo, &ldquo;&Ntilde;uca&rdquo;, se lo regal&oacute; su hermana Narcisa, la m&aacute;s cercana en edad. Creci&oacute; en una familia de cinco hermanas &mdash;Teresa, C&aacute;ndida, Amelia, Narcisa y ella&mdash; y un hermano, &Aacute;ngel.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-PNxDa4yIF3s-3803', 'youtube', 'PNxDa4yIF3s', document.getElementById('yt-PNxDa4yIF3s-3803'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-PNxDa4yIF3s-3803 src="https://www.youtube.com/embed/PNxDa4yIF3s?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        La infancia de Ces&aacute;rea estuvo marcada por la alegr&iacute;a en un hogar campesino donde, hasta los siete a&ntilde;os, disfrut&oacute; de juegos en la calle con hijos e hijas de vecinos y de la complicidad de un padre que las consent&iacute;a. El coro de la iglesia fue tambi&eacute;n su lugar. Pero la guerra en Espa&ntilde;a cambi&oacute; todo para el pa&iacute;s y para &Ntilde;uca. En 1937, la represi&oacute;n franquista se instal&oacute; en el valle: soldados, registros y miedos irrumpieron en la vida cotidiana. Para Ces&aacute;rea y su hermana, entonces ni&ntilde;as, quedaron grabadas escenas como los registros en casa, o la imagen de un vecino apunt&aacute;ndolas con una pistola para intimidar a la familia. Desde entonces, y tras la muerte de su padre, vivieron bajo el estigma de ser &ldquo;las rojas&rdquo;, soportando humillaciones. Aquel a&ntilde;o, adem&aacute;s, su hermano &mdash;&Aacute;ngel P&eacute;rez Hoz&mdash; muri&oacute; en el frente de guerra.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La infancia de Cesárea estuvo marcada por la alegría en un hogar campesino donde, hasta los siete años, disfrutó de juegos en la calle con hijos e hijas de vecinos y de la complicidad de un padre que las consentía. El coro de la iglesia fue también su lugar. Pero la guerra en España cambió todo para el país y para Ñuca</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Ces&aacute;rea recuerda tambi&eacute;n las desgracias de los pueblos vecinos: familias represaliadas, fusilamientos en los montes, asesinatos, requisas, robos y casas reducidas a cenizas.&nbsp;Entre las historias que corr&iacute;an por P&aacute;manes estaba la del huido de Pe&ntilde;a Cabarga, Jos&eacute; L&oacute;pez Ruiz, &lsquo;Josel&oacute;n&rsquo;, que escap&oacute; del cami&oacute;n en el que lo trasladaban detenido y permaneci&oacute; como guerrillero hasta que fue capturado y ejecutado en agosto de 1947.
    </p><p class="article-text">
        Aunque en su memoria de posguerra se instal&oacute; el miedo, tambi&eacute;n qued&oacute; la solidaridad de la comunidad: los vecinos se ayudaban entre s&iacute; en las tareas del campo, compart&iacute;an lo poco que ten&iacute;an y, adem&aacute;s, acompa&ntilde;aron a su madre en el duro duelo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy, Ces&aacute;rea recuerda que &ldquo;la historia es historia y no se ha podido contar: muchos a&ntilde;os de silencio&rdquo;. Habla sin rencor y explica que, como no se hablaba de ello, las generaciones posteriores crecieron sin saber lo que hab&iacute;a ocurrido y las familias se mezclaron sin distinciones. Prefiere no dar nombres ni remover recuerdos, convencida de que no conduce a nada. Con serenidad insiste en lo que considera indiscutible: &ldquo;La guerra es lo peor, no hay cosa peor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        De lo que s&iacute; habla es de c&oacute;mo, en plena Guerra de Espa&ntilde;a, inici&oacute; sus estudios en las escuelas nacionales de P&aacute;manes, donde permaneci&oacute; hasta los 11 a&ntilde;os bajo la formaci&oacute;n de los maestros Virginia y Cipriano. Despu&eacute;s se traslad&oacute; a medio-r&eacute;gimen al colegio de las Hermanas de la Caridad en Anaz (Medio Cudeyo). El cambio vino tras un tiempo dif&iacute;cil en la escuela anterior, donde a menudo la se&ntilde;alaban como &ldquo;la roja&rdquo; y culpable de travesuras. En Anaz, adonde iba andando con las alpargatas en la mano, se sinti&oacute; acogida. All&iacute; destac&oacute; en concursos de catequesis y encontr&oacute; en sor Emilia una presencia cercana, casi maternal, hasta los 14 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        En su juventud, entre los 18 y los 20 a&ntilde;os, se uni&oacute; al teatro popular de P&aacute;manes, bajo la direcci&oacute;n de Jaime Velasco. Form&oacute; parte del grupo que represent&oacute; obras como <em>Los amantes de Teruel</em>, <em>El mal ap&oacute;stol</em> y <em>el buen ladr&oacute;n</em>, entre otras, en distintos pueblos. Aquella experiencia, que le llev&oacute; a viajar en cami&oacute;n con decorados y trajes, le abri&oacute; una ventana a la creatividad colectiva en tiempos de escasez. Con el tiempo, la vida tambi&eacute;n volvi&oacute; a abrirse paso para ella. Llegaron espacios para crear y volver a confiar.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La vida adulta de Cesárea la marcó —como la de tantas mujeres—, lo invisible. Desde muy joven fue la “chacha para todo”: ayudaba a sus hermanas, lavaba, cuidaba, cosía e incluso se animó a tricotar a máquina</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La vida adulta de Ces&aacute;rea la marc&oacute; &mdash;como la de tantas mujeres&mdash;,&nbsp;lo invisible. Desde muy joven fue la &ldquo;chacha para todo&rdquo;: ayudaba a sus hermanas, lavaba, cuidaba, cos&iacute;a junto a Narcisa e incluso se anim&oacute; a tricotar a m&aacute;quina. Luego, en 1951, con su matrimonio con Miguel Miranda, en P&aacute;manes &mdash;a quien hab&iacute;a conocido en la fiesta de San Lorenzo y con quien comparti&oacute; tres a&ntilde;os de noviazgo entre bailes y romer&iacute;as&mdash;, llegaron las responsabilidades de la casa y del campo, y las de cuidados de su madre, de su abuela nonagenaria y de sus cuatro hijos, nacidos entre 1952 y 1962. En esos a&ntilde;os, el apoyo lleg&oacute; de la mano de su t&iacute;o &Aacute;ngel, que hab&iacute;a regresado de Argentina tras la muerte de su padre.
    </p><p class="article-text">
        Criaron vacas, orde&ntilde;aron, vendieron leche. Durante cuatro a&ntilde;os, Ces&aacute;rea se encarg&oacute; del dep&oacute;sito de recogida de leche de&nbsp;Collantes en Bucarrero (Li&eacute;rganes). Miguel trabaj&oacute; de panadero, pas&oacute; dos a&ntilde;os en plantaciones de caf&eacute; en Guinea y, finalmente, fue caminero hasta su jubilaci&oacute;n a principios de los a&ntilde;os 80. Ces&aacute;rea &mdash;que arrastr&oacute; durante dos d&eacute;cadas una anemia ferrop&eacute;nica tras su segundo parto&mdash; llev&oacute; sobre sus hombros el peso de la casa, el campo, y la vida cotidiana de los suyos. Reconoc&iacute;a, no obstante, otra ayuda en casa: la silenciosa de Miguel en una &eacute;poca en la que un hombre no deb&iacute;a dejarse ver entre fogones ni con el balde en la mano.
    </p><p class="article-text">
        Recuerda los d&iacute;as de lavar en el r&iacute;o, de acarrear c&aacute;ntaros, de calentar el agua al fuego. A finales de los sesenta lleg&oacute; el agua corriente y, en los setenta, la lavadora, que Miguel le llev&oacute; por sorpresa y cuyo recuerdo todav&iacute;a le hace re&iacute;r. Entonces todo empez&oacute; a ser distinto: las faenas dejaron de pesar tanto. A finales de los ochenta, la vida volvi&oacute; a cambiar de rumbo con la muerte de Miguel. Ella aprendi&oacute; a segar y a orde&ntilde;ar, hasta que puso punto final y malvendi&oacute; las vacas para dejar atr&aacute;s ese trabajo. Ces&aacute;rea trabaj&oacute; mucho, aunque nunca cotiz&oacute;, como tantas mujeres de su generaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Inici&oacute; los a&ntilde;os noventa dando catequesis en la iglesia de P&aacute;manes. Fueron tres a&ntilde;os, otra forma de mantenerse unida a la vida del pueblo. Tambi&eacute;n encontr&oacute; espacios de sociabilidad y resistencia. Form&oacute; parte de la Asociaci&oacute;n de Mujeres de P&aacute;manes, surgida en torno a las manualidades y convertida en un grupo cohesionado durante casi dos d&eacute;cadas. En las antiguas escuelas de P&aacute;manes compartieron aprendizajes, caf&eacute;s y manualidades, sin conflictos, con un compa&ntilde;erismo entre mujeres que ella recuerda con aprecio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre todo lo vivido, pesa la p&eacute;rdida &mdash;de un padre, un hermano, un marido y un hijo&mdash; pero tambi&eacute;n el orgullo por una familia unida. Con el tiempo ha llegado a ser abuela de ocho nietos y &ldquo;Bisa&rdquo; de cinco bisnietos &mdash;con otro en camino&mdash;, &lsquo;t&iacute;tulos&rsquo; que lleva con alegr&iacute;a y responsabilidades de cuidado que sostuvo en numerosas ocasiones.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zhenya Popova Tikhonova]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/nuca-guerra-perdidas-comunidad-vida_132_12938542.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 30 Jan 2026 20:00:49 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/862e6d71-4b98-4865-a823-7bdd25a43082_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="463947" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/862e6d71-4b98-4865-a823-7bdd25a43082_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="463947" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Ñuca: la guerra, las pérdidas, la comunidad, la vida]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/862e6d71-4b98-4865-a823-7bdd25a43082_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Memoria Histórica,Personas mayores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Antonio Manzano Zarzuela: el fotógrafo que siempre lo ha sido]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/antonio-manzano-zarzuela-fotografo-sido_132_12919996.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f8395e64-50e8-4a7f-b278-dfdd8fb3def2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Antonio Manzano Zarzuela: el fotógrafo que siempre lo ha sido"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Su vida ha estado marcada por una doble vocación: mirar el mundo con lucidez y contarlo con una cámara en la mano. Él lo resume con una certeza que repite como quien afirma algo que ya ha comprobado: "La vida pasa, pero la fotografía queda"</p></div><p class="article-text">
        Hay hilos que nos tejen. Olores que nos moldean. Caminos que, indefectiblemente, nos llevan al paisaje en el que siempre nos hemos sentido nosotros. Antonio Manzano Zarzuela (1949) naci&oacute; en Medina de Rioseco (Valladolid) pero su paisaje es el de la Bah&iacute;a de Santander. El olor a l&iacute;quido revelador y el de los negativos sec&aacute;ndose en el estudio de su padre, Francisco Manzano, se adhiri&oacute; a su esencia aunque &eacute;l muriera muy joven, con apenas 36 a&ntilde;os. Y las horas coloreando fotograf&iacute;as junto a su madre, Julia Zarzuela, la obligada heredera del negocio familiar, tejieron desde los 5 a&ntilde;os una pasi&oacute;n profesional por la luz y los matices que sigue marcando sus d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Hay personas que se forman para un oficio y hay quienes nacen con &eacute;l tatuado. El caso de Antonio Manzano es el segundo. Si desde ni&ntilde;o fueron las cubetas y los negativos su territorio natural, hacia 1963, Antonio ya comenz&oacute; a colaborar en el estudio familiar. Buscaba aprender el arte del retrato observando una y otra vez las fotograf&iacute;as que hab&iacute;a hecho su padre, especialmente su manera de modelar la luz: c&oacute;mo abr&iacute;a un rostro, c&oacute;mo suavizaba una sombra, c&oacute;mo una iluminaci&oacute;n bien puesta pod&iacute;a contar lo que no se dec&iacute;a. Aquel aprendizaje lo comparti&oacute; con su amigo Luis, siendo adolescentes. De sus primeras fotos en Rioseco conserva el eco de una frase que a&uacute;n hoy lo acompa&ntilde;a: &ldquo;Es tan buen fot&oacute;grafo como su padre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los primeros a&ntilde;os escolares transcurrieron en las Hijas de la Caridad de San Vicente de Pa&uacute;l de Medina de Rioseco, un periodo que recuerda duro, marcado por la disciplina r&iacute;gida y los castigos. Tras la marcha de su madre a Par&iacute;s para trabajar, Antonio se traslad&oacute; con su prima Puri y su t&iacute;a Eulalia a vivir a Valladolid.
    </p><p class="article-text">
        Hacia los 10 u 11 a&ntilde;os viaj&oacute; con su hermana a Par&iacute;s para reencontrarse con ella. Vivieron en la avenida del General Leclerc, y &eacute;l asisti&oacute; a la escuela p&uacute;blica m&aacute;s cercana &mdash;la recuerda como &ldquo;&Eacute;cole communale&rdquo;, en Al&eacute;sia&mdash;. Conserva n&iacute;tido el contexto: la guerra de Argelia todav&iacute;a presente, tanques avanzando en la noche, refugiados espa&ntilde;oles vendiendo patatas fritas en invierno y el descubrimiento de una libertad cotidiana que contrastaba con la Espa&ntilde;a franquista. A su regreso, y ya con buen dominio del franc&eacute;s, estuvo interno en el Colegio San Buenaventura; un tiempo que guarda como bueno. Aunque se considera autodidacta, Antonio aprendi&oacute; leyendo cuanto ca&iacute;a en sus manos, equivoc&aacute;ndose y volviendo a empezar, observando la luz como otros leen un libro. Su compa&ntilde;era de vida recuerda cursos, cuadernos, pruebas: una formaci&oacute;n hecha de constancia y curiosidad.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-l0HofNINj7Q-9656', 'youtube', 'l0HofNINj7Q', document.getElementById('yt-l0HofNINj7Q-9656'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-l0HofNINj7Q-9656 src="https://www.youtube.com/embed/l0HofNINj7Q?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Poco despu&eacute;s de ayudar a su madre en el estudio fotogr&aacute;fico de Medina, dio el salto a Madrid. Ten&iacute;a 16 a&ntilde;os y buscaba horizonte y oficio. La capital &mdash;inmensa, exigente para un joven de provincias&mdash; lo recibi&oacute; con v&eacute;rtigo, pero tambi&eacute;n con posibilidades. All&iacute; compr&oacute; a plazos su primera c&aacute;mara Canon, una herramienta que marc&oacute; un antes y un despu&eacute;s. Con ella comenz&oacute; a trabajar para la empresa valenciana L&rsquo;Art, realizando reportajes comerciales y aprendiendo, paso a paso, a estar en el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Su primer periodo madrile&ntilde;o, a finales de los sesenta, fue &aacute;spero y luminoso a la vez: amistades que abr&iacute;an puertas, otras que desorientaban, trabajos que apenas sosten&iacute;an y un pa&iacute;s que empezaba, t&iacute;midamente, a cambiar. Una juventud revuelta pero con una c&aacute;mara ya adherida a la mano, registrando lo que la vida dejaba ver.
    </p><p class="article-text">
        En 1968 dio un giro en su rumbo y se traslad&oacute; a Santander para trabajar en fotograf&iacute;a con su amigo de adolescencia Luis. Aquello &mdash;la amistad, la certeza de un oficio y el amor de Olga frente a la bah&iacute;a&mdash; se convirti&oacute; en un refugio, una forma temprana de afirmarse en el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s lleg&oacute; el servicio militar: 21 meses en Ferral del Bernesga (Le&oacute;n). Para entonces ella estaba ah&iacute;, y le escrib&iacute;a cartas que sosten&iacute;an la espera. Al regresar de la mili permaneci&oacute; un tiempo en Madrid junto a su madre, pero la enfermedad avanz&oacute; r&aacute;pido y su muerte abri&oacute; una grieta honda en &eacute;l y en sus dos hermanas, Maite y Julia.
    </p><p class="article-text">
        Atraves&oacute; un tiempo especialmente &aacute;spero aquel verano de 1972, cuando el trabajo escaseaba y la ciudad parec&iacute;a m&aacute;s grande que nunca: encaden&oacute; oficios imprevistos, trabajos que nada ten&iacute;an que ver con la luz ni con la c&aacute;mara, en un Madrid de tiempos dif&iacute;ciles.
    </p><p class="article-text">
        Poco despu&eacute;s, ya casados, se instalaron con su hermana Julia en la Ciudad de los Poetas, en Saconia. All&iacute; se implic&oacute; de lleno en las realidades m&aacute;s fr&aacute;giles del barrio. Conoci&oacute; de cerca c&oacute;mo viv&iacute;an muchas familias gitanas y personas migrantes &mdash;entre ellas, personas marroqu&iacute;es sin papeles&mdash; que, por distintas circunstancias, se ve&iacute;an obligadas a cambiar una y otra vez de lugar. 
    </p><p class="article-text">
        Su fotograf&iacute;a de esos a&ntilde;os mantuvo un tono combativo: la exclusi&oacute;n, la dureza del trabajo en la ciudad o en las zonas rurales. Im&aacute;genes situadas &mdash;como &eacute;l resume&mdash; entre la belleza y lo duro de la vida.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n particip&oacute; como testigo en varios juicios relacionados con aquellas situaciones; recuerda la tensi&oacute;n propia de esas comparecencias y la presencia habitual de los grises en las salas. De aquellos a&ntilde;os se llev&oacute; historias que a&uacute;n hoy le acompa&ntilde;an: lecciones sobre la dignidad en los m&aacute;rgenes, sobre la fragilidad y la fuerza, sobre la necesidad &mdash;casi moral&mdash; de mirar donde otros no quieren mirar. Con el tiempo, esas experiencias acabar&iacute;an siendo tambi&eacute;n el suelo desde el que construir su propia manera de entender la fotograf&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        En medio de esa intemperie apareci&oacute; tambi&eacute;n un punto firme: en 1973, Antonio y Olga se casaron en Santander y, tras el viaje de novios, regresaron juntos a Madrid para empezar una vida compartida.
    </p><p class="article-text">
        En 1977, trabaj&oacute; de sol a sol en el laboratorio de color PIX de Madrid, donde recuerda el olor persistente de los qu&iacute;micos y la vida hecha de oscuridad controlada: &ldquo;La luz la ve&iacute;a los fines de semana&rdquo;, dice. En ese tiempo, su fotograf&iacute;a mantuvo un tono combativo: retrataba la pobreza urbana, la desigualdad, la exclusi&oacute;n, la dureza del trabajo en la ciudad o en las zonas rurales. Im&aacute;genes situadas &mdash;como &eacute;l resume&mdash; entre la belleza y lo duro de la vida.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n fue fot&oacute;grafo colaborador en revistas como <em>Telva, D&uacute;o, Posible y Cuadernos para el Di&aacute;logo.</em> Despu&eacute;s lleg&oacute; Televisi&oacute;n Espa&ntilde;ola: primero en Prado del Rey (Madrid), revelando pel&iacute;cula de 16 mm; tras aprobar una oposici&oacute;n, fue destinado a TVE Arag&oacute;n (1979&ndash;1993), donde ejerci&oacute; como c&aacute;mara y particip&oacute; en retransmisiones y unidades m&oacute;viles, adem&aacute;s de trabajar en el revelado de cine antes de que se impusiera el v&iacute;deo. M&aacute;s tarde, el camino al paisaje deseado, lo llev&oacute; a TVE Cantabria, donde trabaj&oacute; hasta su prejubilaci&oacute;n en 2008. A lo largo de estas d&eacute;cadas desempe&ntilde;&oacute; funciones de c&aacute;mara e iluminador, tanto en plat&oacute; como en exteriores, informativos y reportajes para programas. Resume todo ese tiempo con una certeza tranquila: &ldquo;Tuve suerte: trabaj&eacute; en lo que me gust&oacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque de joven so&ntilde;&oacute; con dedicarse al cine, no pudo ingresar en la Escuela Oficial de Cinematograf&iacute;a por no contar con formaci&oacute;n preuniversitaria. &ldquo;Aun as&iacute;, sal&iacute; adelante en mis sue&ntilde;os: fotograf&iacute;a, c&aacute;mara y familia&rdquo;. Y en esa familia reconoce su mayor orgullo: junto a Olga nacieron sus hijas Julieta y Lara y su hijo Noel, y m&aacute;s tarde llegaron sus nietos.
    </p><p class="article-text">
        Antonio ha recibido numerosos reconocimientos a lo largo de su trayectoria, entre ellos el primer premio del XXV Concurso Caminos de Hierro (2011) y el segundo premio del Concurso Ansola en Santander &mdash;compartido con otro fot&oacute;grafo Manzano, primo lejano&mdash;. Fue miembro de la Real Sociedad Fotogr&aacute;fica de Madrid, de la de Zaragoza, y en Cantabria ha preferido trabajar de forma libre, atento solo a su mirada y a aquello que quer&iacute;a contar.
    </p><p class="article-text">
        En 1978 realiz&oacute; para C&aacute;ritas la campa&ntilde;a <em>Los Marginados</em>, cuyo cartel principal incorporaba un autorretrato suyo: un gesto tan sencillo como contundente. Tras la jubilaci&oacute;n continu&oacute; viajando &mdash;Praga, La Habana, Venecia, Londres, Nueva York&mdash; ampliando un archivo movido por una intuici&oacute;n clara: que las im&aacute;genes capaces de mirar hondo ayudan a comprender el mundo y, a veces, a repararlo.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, dice, &ldquo;tiene otra edad, pero le queda juventud&rdquo;. Ha superado un c&aacute;ncer y convive con otro, y aun as&iacute; contin&uacute;a dedicado a la fotograf&iacute;a, &ldquo;su pasi&oacute;n&rdquo;, territorio donde conviven memoria, conciencia y belleza. Reconoce que su manera de mirar naci&oacute; muy pronto, y que en esa mirada se mezclan biograf&iacute;a y oficio.
    </p><p class="article-text">
        Su trayectoria como documentalista social tom&oacute; forma tambi&eacute;n a trav&eacute;s de sus exposiciones. Desde la primera muestra en la Galer&iacute;a Vel&aacute;zquez de Santander (1974) y la realizada en la Escuela de Artes Aplicadas de Zaragoza (1983), Antonio ha presentado obra en numerosos espacios: en Santander &mdash;Espacio Imagen, La Caverna de la Luz, Fundaci&oacute;n Bruno Alonso o el CDIS, donde expuso <em>Fotograf&iacute;as, 1968-1983</em> (2019)&mdash;; en el Pa&iacute;s Vasco &mdash;Sala Sanz Enea de Zarautz y la Sociedad Fotogr&aacute;fica de Gipuzkoa&mdash;; y en Madrid, donde expuso en distintas etapas en la Real Sociedad Fotogr&aacute;fica.
    </p><p class="article-text">
        Paralelamente, su trabajo form&oacute; parte de diversas muestras colectivas que viajaron por Europa y Am&eacute;rica Latina &mdash;Lituania, Letonia, Grecia, Argentina, Italia&mdash; impulsadas por sociedades y federaciones fotogr&aacute;ficas. Un recorrido que confirma la amplitud de una obra que, sin dejar de ser profundamente personal, ha dialogado con p&uacute;blicos muy distintos y geograf&iacute;as diversas.
    </p><p class="article-text">
        Con el tiempo, algunos cr&iacute;ticos lo han definido como &ldquo;fot&oacute;grafo del blanco y negro y de los no favorecidos&rdquo;, una expresi&oacute;n que cristaliza en exposiciones recientes como <em>Fot&oacute;grafo del blanco y negro y los no favorecidos</em> (Centro Nacional de Fotograf&iacute;a, Torrelavega, 2024), <em>Miradas</em> (Camargo, 2024) o la retrospectiva <em>Vivencias</em> (Espacio Imagen, 2013).
    </p><p class="article-text">
        Su vida ha estado marcada por una doble vocaci&oacute;n: mirar el mundo con lucidez y contarlo con una c&aacute;mara en la mano. &Eacute;l lo resume con una certeza que repite como quien afirma algo que ya ha comprobado: &ldquo;La vida pasa, pero la fotograf&iacute;a queda&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y, como escribi&oacute; su amigo Miguel Adrover, Antonio &ldquo;ha sabido condensar la eterna dualidad &mdash;el bien y el mal, lo que puede ser y lo que es&mdash; dejando ver, entre ambos extremos, motivos para sostener la ilusi&oacute;n de superarnos. La t&eacute;cnica, y sus manos, han hecho poes&iacute;a&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zhenya Popova Tikhonova]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/antonio-manzano-zarzuela-fotografo-sido_132_12919996.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 23 Jan 2026 21:56:15 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f8395e64-50e8-4a7f-b278-dfdd8fb3def2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="414294" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f8395e64-50e8-4a7f-b278-dfdd8fb3def2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="414294" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Antonio Manzano Zarzuela: el fotógrafo que siempre lo ha sido]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f8395e64-50e8-4a7f-b278-dfdd8fb3def2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Memoria Histórica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Santander hace memoria de la mano de 12 personas que se han incorporado a Legado]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/santander-memoria-mano-12-personas-han-incorporado-legado_132_12903927.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c9d4619b-1e49-43eb-a756-5456a8607255_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Santander hace memoria de la mano de 12 personas que se han incorporado a Legado"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La ciudad homenajea este viernes a las personas que han alimentado en 2025 este archivo de memoria oral, donde los nombres anónimos se mezclan con aquellos más conocidos y las historias de trabajo o superación con las de lucha y empoderamiento</p><p class="subtitle">Perfil - María Martina: el arte de vivir como se quiere durante 100 años y 50 días</p></div><p class="article-text">
        La memoria alimenta el territorio. Y esto es as&iacute; porque parece imposible entendernos sin atendernos, sin escuchar las historia de vida de aquellas personas que habitan el territorio y lo moldean. Ese es el caso de Santander, la ciudad, la capital, el espacio aparentemente m&aacute;s an&oacute;nimo &mdash;por sus dimensiones&mdash; pero que est&aacute; lleno de historias relevantes que la explican.
    </p><p class="article-text">
        Por eso, este viernes 16 de enero, a las 18.00 horas en el Centro C&iacute;vico Tabacalera, la ciudad homenajea a las personas residentes en sus calles y que han alimentado en 2025 el inmenso archivo de memoria oral que es Legado Cantabria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El acto, con entrada libre hasta completar aforo, servir&aacute; para agradecer y para reconocer. Los nombres an&oacute;nimos se mezclar&aacute;n con aquellos m&aacute;s conocidos, las historias de trabajo y superaci&oacute;n con las de lucha y empoderamiento, las vivencias de quienes han salido y entrado con las de aquellos que han hecho de Santander el terreno para todo su curso de vida. 
    </p><p class="article-text">
        Y un reconocimiento p&oacute;stumo, el que se har&aacute; a <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/maria-martina-arte-vivir-quiere-durante-100-anos-50-dias_132_12882684.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mar&iacute;a Martina M&uacute;gica de la Mano</a>, que cumpli&oacute; y celebr&oacute; los 100 a&ntilde;os en noviembre con sus vecinas, sus amigas y la alcaldesa, Gema Igual, pero que 50 d&iacute;as despu&eacute;s dej&oacute; a la ciudad un poquito hu&eacute;rfana. Ser&aacute; Igual, junto a Modesto Chato de los Bueys como representante de UNATE y Fundaci&oacute;n PEM, quienes encabecen este acto de agradecimiento en el que las protagonistas ser&aacute;n las 12 historias preservadas en 2025, y que entre todas suman 1.027 a&ntilde;os vividos con intensidad. El regalo musical vendr&aacute; de la mano del Cuarteto Adagio.
    </p><p class="article-text">
        En Tabacalera recibir&aacute;n el homenaje artistas como Eloy Vel&aacute;zquez y <a href="https://youtu.be/fLY-PYgZca0?si=2Vmnsb6RcZfyXh1g" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jos&eacute; Ram&oacute;n S&aacute;nchez Sanz</a>; hombres de la tierra y del ganado en plena ciudad como <a href="https://youtu.be/Ew7MmUD-UkY?si=v08z4L1V1sqWU70A" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Aquilino Ruiz Bolado</a> a los que les ha tocado vivir varias vidas en una&mdash;&ldquo;en la vida me ha tocado hacer de ni&ntilde;o, de mozo, de hombre y de mujer&rdquo;&mdash;; mujeres que supieron aprovechar las brechas para ser m&aacute;s de lo que se les permit&iacute;a ser, como <a href="https://youtu.be/sb3UzwCGZBo?si=RkQ-hFuzEyTbN-lh" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Adelaida Fern&aacute;ndez Mart&iacute;nez</a> o <a href="https://youtu.be/CT9MJAxHSv0?si=eASQ2ieQFEj46AKI" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carmen Mora Gonz&aacute;lez</a>, que viven escribiendo, cantando, participando de ese tejido que sostiene con vida a una ciudad; pioneros como <a href="https://youtu.be/6KBeW6Gc5jM?si=vX0xKFqI4MboPdQr" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Juan Gonz&aacute;lez Quijano</a>, que logr&oacute; ser empleado de banca sin un sentido &mdash;el del o&iacute;do&mdash; cuando no hab&iacute;a espacios para las diferencias; un mago de la luz, de las c&aacute;maras y de la mirada aguzada como <a href="https://youtu.be/l0HofNINj7Q?si=Vf8DBnSW93hIz8P8" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Antonio Manzano Zarzuela</a>; un ingeniero de vanguardia aferrado al litoral, como <a href="https://youtu.be/XAQHXVZWmRo?si=9j8cXyrYYuZnCHoB" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">C&eacute;sar Vidal Pascual</a>, o un doctor en Ciencias del Mar que habita el puerto de Santander en cada uno de sus recovecos, como Benjam&iacute;n Garc&iacute;a Pastor; un carpintero fino de Cueto, como <a href="https://youtu.be/-kz_4p58SW0?si=6blEw8omhzS72DTg" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Cipriano Camus Guti&eacute;rrez</a>; y una mujer de 101 a&ntilde;os &mdash;Araceli Olea B&aacute;rcena&mdash; que ha transitado la guerra, el hambre, el exilio, el regreso, la historia de una de las imprentas m&aacute;s representativas de la ciudad&hellip; la vida.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Legado Cantabria, en total, ha preservado ya 56 historias de vida en Santander, pero estas 12 que homenajeamos son las del &uacute;ltimo a&ntilde;o&rdquo;, explica Francisco G&oacute;mez, gerente de Fundaci&oacute;n PEM, entidad que impulsa el proyecto y que en 2025, por primera vez, cont&oacute; con apoyo directo del Ayuntamiento de Santander. &ldquo;Pero este evento es muy importante porque plasma el compromiso del municipio con la memoria oral, con ese acervo impresionante que acumulan las personas que siguen siendo importantes para que la ciudad tenga recuerdos vivos y palpitantes&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Legado Cantabria tiene previstos dos actos m&aacute;s en las pr&oacute;ximas semanas. El 14 de febrero, en el 85 aniversario del incendio del centro de la ciudad, se estrenar&aacute; en la sede santanderina de la Filmoteca de Cantabria Mario Camus el minidocumental 'La memoria no arde', que recoge los recuerdos de las y los protagonistas de Legado respecto a aquel suceso que marc&oacute; indeleblemente a la capital. Adem&aacute;s, el 1 de febrero, en el Centro Bot&iacute;n, ser&aacute; el turno del homenaje a todos los Legados de Cantabria de 2025.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zhenya Popova Tikhonova]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/santander-memoria-mano-12-personas-han-incorporado-legado_132_12903927.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 15 Jan 2026 20:25:07 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/c9d4619b-1e49-43eb-a756-5456a8607255_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="461727" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/c9d4619b-1e49-43eb-a756-5456a8607255_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="461727" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Santander hace memoria de la mano de 12 personas que se han incorporado a Legado]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/c9d4619b-1e49-43eb-a756-5456a8607255_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Memoria Histórica,Cantabria,Santander]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Javier Rotaeche, el 'sembrador' de Ramales de la Victoria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/javier-rotaeche-sembrador-ramales-victoria_132_12874949.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7e7d0142-13e4-4f44-bbdf-eead8c20f8d4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Javier Rotaeche, el &#039;sembrador&#039; de Ramales de la Victoria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Javier Rotaeche Mosquera, primer alcalde de la democracia de Ramales de la Victoria e hijo adoptivo del municipio, comparte uno de esos legados inabarcables. Esta es la historia de un hombre de energía infinita que ha sembrado concordia y cultura en cada uno de sus gestos</p></div><p class="article-text">
        Es casi imposible hablar del Ramales de la Victoria que conocemos actualmente sin nombrar a Javier Rotaeche. Casi todos los mimbres del hoy los ha ido construyendo, impulsando o cuidando este hombre a lo largo de sus 86 a&ntilde;os de vida muy vivida.
    </p><p class="article-text">
        Es recordado por ser el primer alcalde de la democracia en el municipio, pero lo cierto es que desde que este santanderino de nacimiento lleg&oacute; a Ramales de la Victoria, a principios de los a&ntilde;os 60 del siglo pasado, se volc&oacute; en todo lo que tuviera que ver con la vida del pueblo: desde organizar bailes hasta arreglar, durante a&ntilde;os, el emisor de la antena de televisi&oacute;n. Fue fundador y presidente de la Asociaci&oacute;n de Padres y Alumnos del colegio Pr&iacute;ncipe de Asturias y su empe&ntilde;o, sumado a la energ&iacute;a de muchas familias, convirti&oacute; el colegio en un centro vivo, un lugar donde aprender era tambi&eacute;n participar. 
    </p><p class="article-text">
        Ese impulso por mejorar la vida colectiva lo llev&oacute; tambi&eacute;n a cofundar y presidir la Asociaci&oacute;n de Vecinos de Ramales de la Victoria, convencido de que &ldquo;no se trataba de hacer guerras, sino cosas buenas para el pueblo&rdquo;. Cuid&oacute; de la Banda Municipal y fund&oacute; la Rondalla San Pedro Ap&oacute;stol, ha estimulado el amor por el ajedrez en varias generaciones y ha sido un pilar importante en la promoci&oacute;n del envejecimiento participativo. De hecho, mucho antes de que existiera la Asociaci&oacute;n de Jubilados, un peque&ntilde;o grupo de vecinos &mdash;entre ellos, Javier&mdash; puso en marcha el Aula de la Tercera Edad. Al principio todo era sencillo y muy pr&aacute;ctico: repart&iacute;an cestas de comida, organizaban juegos de mesa, charlas-coloquio y excursiones que ofrec&iacute;an un respiro a las personas mayores del valle. Era una forma de acompa&ntilde;ar, de no dejar a nadie atr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s tarde, con la colaboraci&oacute;n de Modesto Chato de los Bueys, fundador de UNATE, aquel proyecto fue tomando forma hasta convertirse en un espacio pionero de encuentro y aprendizaje que con los a&ntilde;os evolucion&oacute; en el actual Centro Cultural de Mayores. Cuando en 2002 se constituy&oacute; la Asociaci&oacute;n de Jubilados de Ramales de la Victoria, Javier se incorpor&oacute; poco despu&eacute;s, en 2008, ocupando distintos cargos y llegando a ejercer durante quince a&ntilde;os como secretario. Era una forma m&aacute;s &mdash;una de tantas&mdash; de seguir sosteniendo la comunidad que hab&iacute;a ayudado a tejer.
    </p><p class="article-text">
        El compromiso de Javier con el bienestar de los dem&aacute;s no se detuvo ah&iacute;. Durante casi una d&eacute;cada fue coordinador de C&aacute;ritas Diocesana en Ramales, acompa&ntilde;ando a decenas de familias en situaciones de necesidad. &ldquo;Todo, desde ropa y comida hasta la luz o el agua&rdquo;, recuerda. Su papel consist&iacute;a en escuchar, orientar y gestionar recursos, siempre con discreci&oacute;n y respeto. Esa labor social convivi&oacute; con otra que ven&iacute;a de lejos: la de ayudar a enfermos y personas mayores del valle.
    </p><p class="article-text">
        Mucho antes de tener cualquier cargo oficial, Javier ya utilizaba su propio coche para trasladar a quienes necesitaban llegar al m&eacute;dico o a una consulta en el Hospital de Valdecilla. Era un gesto cotidiano, pero crucial para muchos vecinos en una &eacute;poca en la que casi no hab&iacute;a veh&iacute;culos. Con el tiempo logr&oacute; financiaci&oacute;n para que Ramales de la Victoria dispusiera de dos ambulancias. Su casa &mdash;como antes lo fue la de sus padres en Santander&mdash; permaneci&oacute; siempre abierta a quien necesitara un techo, un recado o una mano.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-XNI8v2zGrl0-9012', 'youtube', 'XNI8v2zGrl0', document.getElementById('yt-XNI8v2zGrl0-9012'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-XNI8v2zGrl0-9012 src="https://www.youtube.com/embed/XNI8v2zGrl0?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        <a href="https://legadocantabria.org/?p=3285&amp;preview=true" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Javier Rotaeche Mosquera</a>&nbsp;naci&oacute; en el n&uacute;mero 21 de la calle Pe&ntilde;a Herbosa (Santander) el 4 de febrero de 1939, cuando la ciudad a&uacute;n despertaba entre silencios tras la Guerra de Espa&ntilde;a. Era el sexto de siete hermanos, hijo de Venancio Rotaeche Fern&aacute;ndez, mec&aacute;nico de oficio, y de Justa Mosquera L&oacute;pez, mujer tenaz que recorr&iacute;a las calles del Barrio Pesquero vendiendo pescado con el carpancho en la cabeza, antes de establecer su propio puesto en la plaza de La Esperanza.
    </p><p class="article-text">
        En aquella casa peque&ntilde;a, donde el olor a hierro y a mar se mezclaban con el de los guisos humildes, aprendi&oacute; dos herencias que lo acompa&ntilde;ar&iacute;an toda la vida: la fe inquebrantable de su madre &mdash;devota de la Virgen del Carmen&mdash; y la &eacute;tica del trabajo de su padre, que resum&iacute;a el oficio y la vida en una misma frase: &ldquo;Era un buen mec&aacute;nico, pero mejor persona&rdquo;. A su lado estuvo tambi&eacute;n Mar&iacute;a, una mujer de Sobremazas que trabaj&oacute; como sirvienta en la casa y a la que reconoce como &ldquo;segunda madre&rdquo;. Se qued&oacute; con &eacute;l hasta su matrimonio, una compa&ntilde;&iacute;a serena, hecha de peque&ntilde;as pero grandes atenciones, sosteniendo una casa sin pedir palabras.
    </p><p class="article-text">
        Su infancia estuvo atravesada por la dureza de los a&ntilde;os 40. En el Barrio Pesquero ve&iacute;a zarpar a los hombres de la familia hacia la mar, en un tiempo en que un viaje pod&iacute;a torcerse para siempre. Dos de sus hermanos murieron lejos de casa: uno, en el petrolero&nbsp;Bonifaz, embestido por un buque franc&eacute;s frente al cabo Finisterre; otro, enfermo tras una traves&iacute;a. Aquellas p&eacute;rdidas tempranas quedaron grabadas en el imaginario familiar.
    </p><p class="article-text">
        Recuerda las colas del racionamiento, el bacalao duro envuelto en papel, los pasos apresurados de su madre al amanecer, la cesta al hombro, la econom&iacute;a de cada gesto. Y aun as&iacute;, el recuerdo que emerge con m&aacute;s claridad es el de una casa unida, donde la educaci&oacute;n y el respeto sosten&iacute;an la vida diaria. En medio de la escasez, hab&iacute;a una dignidad silenciosa, un orden moral firme, una confianza profunda en el trabajo y en la comunidad.
    </p><p class="article-text">
        Estudi&oacute; en el colegio San Mart&iacute;n, en la calle Canalejas, donde se form&oacute; con los hermanos de La Salle hasta los 14 a&ntilde;os. Aquel centro, dirigido entonces por don Daniel Garc&iacute;a, fue para &eacute;l una puerta abierta al mundo: all&iacute; aprendi&oacute; franc&eacute;s, taquigraf&iacute;a y ajedrez, habilidades que ampliaron su mirada y despertaron una curiosidad nueva. Recuerda con afecto la urbanidad que se respiraba en las aulas, una educaci&oacute;n c&iacute;vica sencilla, pero bien asentada. &ldquo;Religi&oacute;n hab&iacute;a la justa&rdquo;, dice, evocando su primera comuni&oacute;n, que vivi&oacute; como un d&iacute;a especial: la celebr&oacute; junto al obispo Jos&eacute; Eguino y Trecu en la iglesia de San Jos&eacute; Obrero, en la calle Tetu&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Su pertenencia a la Congregaci&oacute;n del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s reforz&oacute; esa mirada humanista y espiritual que lo acompa&ntilde;ar&iacute;a siempre, una educaci&oacute;n en la fe y en la responsabilidad hacia los dem&aacute;s. Tambi&eacute;n en su familia encontraba ejemplos cercanos: una de sus t&iacute;as, catequista en C&aacute;ritas, dedicaba horas a repartir comida entre quienes m&aacute;s lo necesitaban. Ese gesto cotidiano de servicio &mdash;sin estridencias, sin esperar nada a cambio&mdash; qued&oacute; grabado en &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Eran a&ntilde;os en los que tambi&eacute;n jugaba al f&uacute;tbol, cuando el barrio serv&iacute;a de campo. En medio de aquella vida sencilla fueron tomando forma las aficiones que lo acompa&ntilde;ar&iacute;an siempre: el ajedrez, el teatro, la lectura, la curiosidad por todo lo que tuviera que ver con la cultura. Recuerda la vitalidad de aquellas calles y c&oacute;mo, en San Celedonio, lleg&oacute; a organizar excursiones a Colindres, Laredo y otros pueblos cercanos, peque&ntilde;as salidas que agrandaban el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Muy joven empez&oacute; a trabajar junto a su padre en el segundo taller familiar, el que abrieron en San Fernando, frente al antiguo cine Pereda &mdash;el primero hab&iacute;a estado en la calle San Jos&eacute;&mdash;. &ldquo;Fue un buen maestro, compa&ntilde;ero y padre&rdquo;, reconoce. En la posguerra, la mec&aacute;nica era un oficio de ingenio m&aacute;s que de piezas nuevas y Javier destacaba por su destreza y por una curiosidad que no se apagaba nunca. En esos mismos a&ntilde;os obtuvo el carn&eacute; de conducir, reci&eacute;n cumplidos los 18, un logro que le abri&oacute; nuevas posibilidades en un pa&iacute;s que empezaba a moverse de otra manera.
    </p><p class="article-text">
        Aquel mundo de llaves inglesas, grasa y olor a gasolina fue su verdadera escuela. Con 20 a&ntilde;os decidi&oacute; ofrecerse voluntario para el servicio militar y se alist&oacute; en el cuartel ABQ del Alta, en Santander. Tras 20 d&iacute;as de instrucci&oacute;n jur&oacute; bandera &mdash;&ldquo;cuatro veces&rdquo;, recuerda con una mezcla de humor y precisi&oacute;n&mdash; y fue destinado como ch&oacute;fer durante casi un a&ntilde;o. Condujo para altos mandos del ej&eacute;rcito, entre ellos el general Luis Suanzes Par&iacute;s y el general Julio Osl&eacute; Carbonell. Su buen hacer lo llev&oacute; a recibir una propuesta de traslado a Madrid para &ldquo;militarizarse&rdquo; y ponerse al servicio de altos cargos, pero &eacute;l ten&iacute;a otros planes: quedarse en Santander, cerca de su padre, a quien sent&iacute;a que todav&iacute;a deb&iacute;a mucho. Y despu&eacute;s, quiz&aacute;, si la vida lo permit&iacute;a, probar suerte en M&eacute;xico.
    </p><p class="article-text">
        Terminada la mili, regres&oacute; al taller familiar, aunque la vida pronto le abri&oacute; otro camino. Un indiano afincado en M&eacute;xico, propietario del edificio Bah&iacute;a de Santander, lo contrat&oacute; como ch&oacute;fer para realizar un viaje a Madrid con destino a Ogarrio (Ruesga). Lo que iba a ser un servicio puntual se convirti&oacute; en tres meses de trabajo, una etapa intensa que le ense&ntilde;&oacute; otro ritmo de mundo. Y fue precisamente entonces cuando se cruz&oacute; con una joven de Ruesga, Dulce Mar&iacute;a Zubillaga Trueba. &ldquo;La vi con un delantal rojo, recogiendo leche en el puesto de Nestl&eacute;&rdquo;, recuerda. Esa imagen qued&oacute; grabada como el inicio de todo: de su historia compartida y de su arraigo definitivo en Ramales de la Victoria.
    </p><p class="article-text">
        Tras unos meses de noviazgo, el amor lo llev&oacute; a instalarse all&iacute; y, pese a la escasez de coches, a abrir su propio negocio: un taller en la calle Salvador Pereda. Se casaron el d&iacute;a del Pilar de 1963, en la iglesia de San Miguel de Ogarrio. Celebraron en el Hostal R&iacute;o As&oacute;n y viajaron a Madrid en una luna de miel que &eacute;l recuerda con la mezcla justa de emoci&oacute;n y v&eacute;rtigo. Al a&ntilde;o siguiente naci&oacute; su primer hijo, Francisco Javier; despu&eacute;s llegar&iacute;an Dulce Mar&iacute;a, Roc&iacute;o, Luis Alberto, Juan Carlos, Jos&eacute; Mar&iacute;a, Ver&oacute;nica y Santiago. Con ellos, y con Dulce Mar&iacute;a siempre a su lado, construyeron su hogar definitivo en Ramales de la Victoria.
    </p><p class="article-text">
        Durante los a&ntilde;os 60 y 70, Javier altern&oacute; su trabajo como mec&aacute;nico con el de comercial de veh&iacute;culos Citro&euml;n y de maquinaria. Hac&iacute;a portes, recorr&iacute;a kil&oacute;metros para atender encargos y, aun as&iacute;, cada viernes estaba de vuelta en casa. Ten&iacute;a claro que sus hijos deb&iacute;an estudiar: &ldquo;Siempre los llev&eacute; a colegios p&uacute;blicos &mdash;dice&mdash; y estuve implicado en su educaci&oacute;n&rdquo;. Fue fundador y presidente de la Asociaci&oacute;n de Padres y Alumnos del colegio Pr&iacute;ncipe de Asturias. Ten&iacute;a la convicci&oacute;n &mdash;sencilla, firme&mdash; de que la educaci&oacute;n deb&iacute;a desbordar el aula. Bajo su impulso se organizaron charlas, talleres de cer&aacute;mica, conferencias de especialistas, excursiones a las cuevas de Altamira o a Santo Toribio de Li&eacute;bana.
    </p><p class="article-text">
        En 1979 fue elegido primer alcalde democr&aacute;tico de Ramales de la Victoria. Se present&oacute; como independiente dentro de la candidatura del PRC, guiado por un prop&oacute;sito sencillo &mdash;&ldquo;ser un alcalde del pueblo, para el pueblo&rdquo;&mdash; y por una &eacute;tica tan firme que nunca cobr&oacute; sueldo: &ldquo;Mi conciencia no me lo permit&iacute;a&rdquo;. Su mandato, entre el 17 de abril de 1979 y el 8 de mayo de 1983, coincidi&oacute; con un tiempo de reconstrucci&oacute;n democr&aacute;tica y de urgencias cotidianas. Impuls&oacute; la construcci&oacute;n de varias pistas polideportivas, la mejora de carreteras, el abastecimiento de agua, el saneamiento y la promoci&oacute;n de 120 nuevas viviendas y 40 establecimientos. Tambi&eacute;n se volcaron esfuerzos en los colegios Rosario Pereda y Pr&iacute;ncipe de Asturias, en la organizaci&oacute;n de talleres y conferencias, y en un calendario cultural y deportivo que empezaba a dar forma a un Ramales de la Victoria m&aacute;s vivo.
    </p><p class="article-text">
        Apost&oacute; por el deporte &mdash;en especial por el f&uacute;tbol femenino, que entonces ten&iacute;a poca visibilidad&mdash;, por la cultura y por las fiestas y verbenas que devolvieron m&uacute;sica y movimiento a la plaza. La Verbena del Mant&oacute;n, los conciertos y las actuaciones fueron parte de esa recuperaci&oacute;n del pulso comunitario. &ldquo;He pasado momentos duros, pero lo hice con amor y con fe en la gente&rdquo;, sol&iacute;a resumir. Su gesti&oacute;n fue reconocida por el vecindario, y &eacute;l mismo dec&iacute;a que lo que m&aacute;s valoraba de aquellos a&ntilde;os era la amistad sincera del pueblo.&nbsp;En el informe con el que cerr&oacute; su etapa escribi&oacute; que se marchaba con &ldquo;paz de esp&iacute;ritu total y la plena satisfacci&oacute;n del deber cumplido&rdquo;, y dej&oacute; un deseo para el municipio que hab&iacute;a marcado su vida: &ldquo;unidad, prosperidad y felicidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Si algo describe a Javier es que ha sido siempre un dinamizador incansable. A finales de los a&ntilde;os 70, adem&aacute;s de cuidar la Banda de M&uacute;sica, impuls&oacute; la creaci&oacute;n de la Rondalla San Pedro Ap&oacute;stol, dirigida por Jes&uacute;s Calvo. Aquella rondalla, hoy con m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas de historia, permiti&oacute; que muchos j&oacute;venes llevaran m&uacute;sica por distintas localidades de Cantabria. Durante esos a&ntilde;os tambi&eacute;n organiz&oacute; torneos de ajedrez, se implic&oacute; en homenajes &mdash;como el dedicado a Jacinto Guti&eacute;rrez P&eacute;rez&mdash;, y promovi&oacute; conferencias sobre salud y cultura. Para &eacute;l, toda actividad ten&iacute;a un prop&oacute;sito: educar, acompa&ntilde;ar, abrir horizontes. Su vocaci&oacute;n pedag&oacute;gica se mantuvo intacta en cada proyecto; ve&iacute;a en ellos un modo de sembrar futuro.
    </p><p class="article-text">
        En 2015 fund&oacute; el Club de Ajedrez Alto As&oacute;n, donde lleg&oacute; a dar clase a m&aacute;s de 80 ni&ntilde;os y ni&ntilde;as cada semana. &ldquo;Aprendo m&aacute;s de ellos que ellos de m&iacute;&rdquo;, confiesa. A d&iacute;a de hoy sigue acudiendo al colegio de Ramales de la Victoria, movido por esa mezcla de paciencia, curiosidad y afecto que siempre ha caracterizado su forma de estar con la infancia. Lo que en un principio naci&oacute; como un grupo de amigos jugando a las cartas acab&oacute; convirti&eacute;ndose en un movimiento que cambi&oacute; la vida comunitaria del valle.
    </p><p class="article-text">
        Entre los recuerdos que conserva con mayor orgullo hay uno que no habla de &eacute;l, sino de su hijo mayor, Javier Rotaeche Zubillaga, nombrado Hijo Adoptivo de Ramales de la Victoria en 2017. Vivi&oacute; aquel reconocimiento como una alegr&iacute;a profunda, un honor que sent&iacute;a compartido por toda la familia.
    </p><p class="article-text">
        Seis a&ntilde;os m&aacute;s tarde, en marzo de 2023, el propio Javier Rotaeche Mosquera recibir&iacute;a la misma distinci&oacute;n. El Ayuntamiento, con su alcalde C&eacute;sar Garc&iacute;a Garc&iacute;a al frente, le otorg&oacute; la medalla de Hijo Adoptivo del municipio por m&aacute;s de 58 a&ntilde;os de servicio p&uacute;blico. Se reconoc&iacute;an as&iacute; &ldquo;su contribuci&oacute;n al desarrollo del municipio, la defensa de la democracia, la promoci&oacute;n de la cultura y la difusi&oacute;n de una sociedad justa y equitativa&rdquo;. Rodeado de su familia, resumi&oacute; su sentir con una frase sencilla: &ldquo;Estoy orgulloso de haber trabajado siempre por los dem&aacute;s sin pedir nada a cambio&rdquo;. Una frase sencilla, pero que contiene la esencia de toda su filosof&iacute;a de vida.
    </p><p class="article-text">
        A los 74 a&ntilde;os cerr&oacute; el taller. Fue una despedida tranquila: quedaba atr&aacute;s el trabajo de toda una vida y tambi&eacute;n el recuerdo del apoyo constante de su familia en los a&ntilde;os m&aacute;s intensos del oficio.&nbsp;Hoy, ya jubilado, con m&aacute;s de 60 a&ntilde;os de trabajo a sus espaldas, Javier vive entre la calma y la memoria, acompa&ntilde;ado de Dulce Mar&iacute;a, su compa&ntilde;era de siempre. Con ella ha celebrado cuatro veces el &ldquo;s&iacute; quiero&rdquo; &mdash;boda, plata, oro y diamantes&mdash;, una manera de decir que el compromiso tambi&eacute;n puede renovarse con los a&ntilde;os. Le agradece todo: la crianza, el cuidado del hogar, la constancia silenciosa con la que sostuvo a la familia. Ella convive ahora con la artrosis; &eacute;l, con el p&aacute;rkinson, despu&eacute;s de haber superado un c&aacute;ncer de garganta. Ambos siguen adelante con una serenidad que sorprende: &ldquo;Tengo fe &mdash;dice&mdash;. Me levanto cada d&iacute;a y pienso que tengo 40 a&ntilde;os&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Agradece lo vivido, consciente de la fragilidad del tiempo y del peso de cada decisi&oacute;n. Habla con afecto de su familia &mdash;incluida la &uacute;ltima generaci&oacute;n: seis nietos y una nieta&mdash;, de las amistades, del vecindario de Ramales de la Victoria y, en especial, de esa &ldquo;segunda familia&rdquo; que siempre encontr&oacute; en Maruja, Pepe y sus seis hijos. Tambi&eacute;n del alumnado de ajedrez, que ocupa buena parte de sus d&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        Y cuando mira atr&aacute;s, vuelve al amor que siente por Santander y por todas las personas que guarda en su memoria. En esa mirada encuentra la ense&ntilde;anza temprana de su padre, el mec&aacute;nico de Puertochico: que el trabajo bien hecho, acompa&ntilde;ado de bondad, es, al final, el legado que merece la pena dejar. &ldquo;Siembra felicidad y recoger&aacute;s humanidad&rdquo;, declara como lema.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zhenya Popova Tikhonova]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/javier-rotaeche-sembrador-ramales-victoria_132_12874949.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 03 Jan 2026 05:01:06 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/7e7d0142-13e4-4f44-bbdf-eead8c20f8d4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="841634" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/7e7d0142-13e4-4f44-bbdf-eead8c20f8d4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="841634" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Javier Rotaeche, el 'sembrador' de Ramales de la Victoria]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/7e7d0142-13e4-4f44-bbdf-eead8c20f8d4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Memoria Histórica,Cantabria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[María Martina: el arte de vivir como se quiere durante 100 años y 50 días]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/maria-martina-arte-vivir-quiere-durante-100-anos-50-dias_132_12882684.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4d5e6b84-efbe-4c29-a12d-094129a44d15_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="María Martina: el arte de vivir como se quiere durante 100 años y 50 días"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El 30 de diciembre de 2025 murió una santanderina de pura cepa después de vivir varias vidas y acumular una memoria portentosa. Legado Cantabria alcanzó a preservar su historia de vida</p><p class="subtitle">Legado Cantabria - El día que Libi Villegas plantó su memoria</p></div><p class="article-text">
        Mar&iacute;a Martina M&uacute;gica de la Mano falleci&oacute; el d&iacute;a 30, como hab&iacute;a vivido: a su manera. Ten&iacute;a 100 a&ntilde;os reci&eacute;n cumplidos y los hab&iacute;a celebrado rodeada de su comunidad de vecinos y vecinas y de sus amistades, en una fiesta en el portal, peque&ntilde;a y verdadera, sostenida por el calor humano de quienes la quer&iacute;an. &ldquo;Vivi&oacute; como quer&iacute;a&rdquo;, repiten quienes la acompa&ntilde;aron hasta el final. Y muri&oacute; en calma, acompa&ntilde;ada y celebrada. &ldquo;Como ella quiso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En noviembre, su centenario trascendi&oacute; el &aacute;mbito dom&eacute;stico y ocup&oacute; una p&aacute;gina en la prensa local. Una frase la retrataba entera: no le dol&iacute;a &ldquo;ni el dedo gordo del pie&rdquo;. Lo dec&iacute;a sin &eacute;pica y con verdad. Y era cierto: a&uacute;n le sobraban energ&iacute;as para salir a comer con sus amistades y alargar la sobremesa entre risas, an&eacute;cdotas y unos blancos compartidos. Pero 50 d&iacute;as despu&eacute;s de cumplir los 100 a&ntilde;os, se fue casi sin hacer ruido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo d&iacute;a del a&ntilde;o 2025, unas rosas rojas la despidieron. Dejaba un hueco entre sus amistades &mdash;un vac&iacute;o real, cotidiano&mdash;, pero tambi&eacute;n algo m&aacute;s duradero: su testimonio. <a href="https://legadocantabria.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Legado Cantabria</a> pudo recoger su historia de vida y conservarla para el futuro, convirti&eacute;ndola en memoria compartida. Ello tambi&eacute;n lo disfrut&oacute;: tanto que anim&oacute; a su amiga Adelita, <a href="https://legadocantabria.org/adelaida-fernandez-martinez/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Adelaida Mart&iacute;nez Fern&aacute;ndez</a> a participar en el proyecto.
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a Martina M&uacute;gica de la Mano naci&oacute; el 10 de noviembre de 1925 en el Hospital de San Rafael, en Santander. A&ntilde;os despu&eacute;s regresar&iacute;a a ese mismo edificio &mdash;ya convertido en Parlamento de Cantabria&mdash; como integrante del Coro del Orfe&oacute;n C&aacute;ntabro, ensayando entre muros cargados de historia.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
<script src="https://www.youtube.com/iframe_api"></script>
<script type="module">
    window.marfeel.cmd.push(['multimedia', function(multimedia) {
        multimedia.initializeItem('yt-ccnsW18WArI-8203', 'youtube', 'ccnsW18WArI', document.getElementById('yt-ccnsW18WArI-8203'));
    }]);
</script>

<iframe id=yt-ccnsW18WArI-8203 src="https://www.youtube.com/embed/ccnsW18WArI?enablejsapi=1" frameborder="0"></iframe>
            </figure><p class="article-text">
        Creci&oacute; entre la calle Lim&oacute;n, la Cuesta del Hospital y la calle Garmendia, hasta que, pasados los 20 a&ntilde;os, se traslad&oacute; con su familia a la calle Cisneros. En casa conviv&iacute;an tres generaciones: su madre, Luz Fern&aacute;ndez; su padre, Jos&eacute; M&uacute;gica; y su abuela materna, Josefa Gonz&aacute;lez, que vivi&oacute; con ellas hasta superar los 80 a&ntilde;os y atravesar la Guerra de Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Su madre, &uacute;nica superviviente de nueve hermanos, fue costurera y sastra. Mujer aut&oacute;noma en un tiempo que no lo favorec&iacute;a, sostuvo a la familia cosiendo en casa, incluso cuando su marido estuvo ausente durante la guerra. Su padre hab&iacute;a sido marino y realiz&oacute; el servicio militar en el acorazado Jaime I. Movilizado para construir trincheras, desert&oacute; y regres&oacute; a pie a Santander. &ldquo;Si lo hubieran cogido, lo habr&iacute;an fusilado&rdquo;, recordaba Mar&iacute;a. Sobrevivi&oacute;. Retom&oacute; el trabajo en la f&aacute;brica Ribalaygua. Sigui&oacute; junto a ella hasta el final, y quienes la conocieron recuerdan c&oacute;mo Mar&iacute;a cuid&oacute; de su padre con una paciencia honda.
    </p><p class="article-text">
        Los ojos de Mar&iacute;a atravesaron 100 a&ntilde;os de vivencias y de historia com&uacute;n. La guerra y la posguerra dejaron en Mar&iacute;a recuerdos que nunca se borraron. Durante los bombardeos, cuando sonaban las sirenas, sub&iacute;a con una amiga a lo alto de El T&uacute;nel &mdash;el actual Pasaje de Pe&ntilde;a&mdash; para ver pasar los aviones. Su abuela materna pas&oacute; la guerra refugi&aacute;ndose all&iacute;, en el T&uacute;nel, pero dentro de aquel hueco excavado en la roca. Recordaba el bombardeo del Barrio Obrero y la calle Becedo llena de soldados alemanes, &ldquo;todos uniformados, impecables y guap&iacute;simos&rdquo;, mientras la ciudad permanec&iacute;a en silencio, temerosa de unos y otros.
    </p><p class="article-text">
        De la posguerra guardaba un recuerdo a&uacute;n m&aacute;s &aacute;spero: &ldquo;Creo que fue peor que la guerra. Pasamos m&aacute;s hambre, m&aacute;s escasez&rdquo;. El hambre, en su memoria, ten&iacute;a sabor: &ldquo;Nunca hab&iacute;a comido pan con gusto, pero entonces lo devoraba&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En 1941, el gran incendio del centro de Santander la sorprendi&oacute; aguja en mano, en el taller de la modista donde aprend&iacute;a, en la calle Bail&eacute;n. Gracias a su padre pudo regresar a casa. Aquello, resum&iacute;a, &ldquo;parec&iacute;a el fin del mundo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Estudi&oacute; con las monjas de la Caridad en la calle Ruamayor, otro edificio que ardi&oacute;. Empez&oacute; pronto a formarse como modista, pero nunca se sinti&oacute; c&oacute;moda en aquel oficio. Prob&oacute;, resisti&oacute; y decidi&oacute; cambiar, en una Espa&ntilde;a que proclamaba el resurgir mientras a ella, como dec&iacute;a con iron&iacute;a, la vida la hab&iacute;a dejado &ldquo;debajo de la mesa&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Viv&iacute;a entonces en condiciones muy precarias. Trabaj&oacute; en la cocina del pabell&oacute;n deportivo de La Albericia, seg&uacute;n recuerda su amiga Adelita, y en la limpieza en casa de los suegros del doctor P&eacute;rez Puente, hasta que un contacto le abri&oacute; la puerta a la formaci&oacute;n. Complet&oacute; con buena nota el de auxiliar de enfermer&iacute;a a trav&eacute;s de la Promoci&oacute;n Profesional Obrera, un programa estatal de formaci&oacute;n para desempleados en la Espa&ntilde;a franquista, y realiz&oacute; otro curso de puericultura. Entr&oacute; en Valdecilla por m&eacute;ritos propios y comenz&oacute; all&iacute; su segunda vida profesional.
    </p><p class="article-text">
        En la tercera d&eacute;cada de su vida entr&oacute; a trabajar como auxiliar de enfermer&iacute;a en el antiguo Hospital de Valdecilla. Pas&oacute; por pediatr&iacute;a y por la planta de infecciosos, cuidando a ni&ntilde;os en un tiempo en que las madres no pod&iacute;an quedarse a su lado. Junto a otras compa&ntilde;eras, alz&oacute; la voz y logr&oacute; que se permitiera a las madres lactantes dormir con sus beb&eacute;s. Fue una conquista peque&ntilde;a y decisiva. &ldquo;Entrar en Valdecilla fue como si me tocara el gordo&rdquo;, dec&iacute;a. Se jubil&oacute; a los 66 a&ntilde;os. &ldquo;Fui muy feliz all&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        No se cas&oacute; ni tuvo hijos. &ldquo;O enamorada, o no&rdquo;, lo tuvo siempre claro. A cambio, teji&oacute; una vida de v&iacute;nculos. Viaj&oacute; por Europa y hasta Nueva York &mdash;y, seg&uacute;n recuerdan, por medio mundo&mdash;, practic&oacute; taich&iacute; durante a&ntilde;os y mantuvo intacta, hasta el final, la curiosidad por la vida.
    </p><p class="article-text">
        En sus &uacute;ltimos a&ntilde;os viv&iacute;a sola, pero no estaba sola. Eduardo, el portero del edificio, fue su cuidador, su amigo, su &ldquo;nieto por elecci&oacute;n&rdquo;. &ldquo;Mi &aacute;ngel de la guarda&rdquo;, dec&iacute;a ella. Tambi&eacute;n la rodearon sus amistades de d&eacute;cadas, compa&ntilde;eras de trabajo, vecinas y vecinos. De hecho, su esquela estaba firmada por sus amigos, sus vecinos de Villatorre y Eduardo, &ldquo;su nieto postizo&rdquo;. Todas y todos coinciden: vivi&oacute; como quiso. Y se hizo a s&iacute; misma.
    </p><p class="article-text">
        Su historia de vida completa y el v&iacute;deo de su testimonio <a href="https://legadocantabria.org/maria-martina-mugica-de-la-mano/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pueden verse en la web</a> de Legado Cantabria, donde su voz queda a resguardo, contada a su ritmo y con sus palabras. Adem&aacute;s, Mar&iacute;a Martina ser&aacute; una de las voces que atraviesan el documental <em>La memoria no arde</em>, dedicado a los recuerdos indelebles sobre el incendio del centro de Santander de 1941, que se estrenar&aacute; el 14 de febrero, a las 18:00 horas, en la Filmoteca de Cantabria Mario Camus.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nunca fue de anticipar el futuro. Prefer&iacute;a estar. &ldquo;&iquest;Para qu&eacute; preocuparse?&rdquo;, dec&iacute;a. &ldquo;Lo que tenga que venir, vendr&aacute;&rdquo;. Tampoco discut&iacute;a con el tiempo ni sus a&ntilde;os. &ldquo;No me estorban&rdquo;. Ahora nos toca cuidarla en la memoria com&uacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zhenya Popova Tikhonova]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/maria-martina-arte-vivir-quiere-durante-100-anos-50-dias_132_12882684.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 02 Jan 2026 20:15:22 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/4d5e6b84-efbe-4c29-a12d-094129a44d15_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="355858" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/4d5e6b84-efbe-4c29-a12d-094129a44d15_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="355858" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[María Martina: el arte de vivir como se quiere durante 100 años y 50 días]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/4d5e6b84-efbe-4c29-a12d-094129a44d15_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Santander,Memoria Histórica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El día que Libi Villegas plantó su memoria]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/dia-libi-villegas-planto-memoria_132_12866271.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/60c31c8a-6961-4709-b70a-03aa6b3e4e61_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El día que Libi Villegas plantó su memoria"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Libertad Villegas Gómez, Libi, decidió recordar para otros justo antes de fallecer. Esta es la historia de una mujer fundamental para la memoria colectiva de Alceda</p></div><p class="article-text">
        Aqu&iacute; hay memorias que se resisten a irse, que buscan como resistir en la sombra de un parque, como el de Alceda; en el meandro de un r&iacute;o, como el Pas. Aqu&iacute; hay alguien que quiere, que necesita contar su historia. No siempre hay tiempo para hacerlo. Hubiera escrito la poeta Wis&#322;awa Szymborska: &ldquo;Aqu&iacute; hab&iacute;a alguien que estaba y estaba, /que de repente se fue /e insistentemente no est&aacute;&rdquo;. No estar pero dejar una semilla para que el resto pueda cuidarla hasta que sea robusta.
    </p><p class="article-text">
        Es 12 de diciembre de 2025 y Libertad Villegas G&oacute;mez, Libi, est&aacute; en una cama del Hospital Santa Clotilde de Santander intentando estar y contar. Ha pedido que alguien del <a href="https://legadocantabria.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">proyecto Legado Cantabria</a> se convierta en otra de las herramientas que la mantiene estando. Quer&iacute;a ser entrevistada y quer&iacute;a contar. Quer&iacute;a que su memoria no se fuera.
    </p><p class="article-text">
        Entre el ruido constante de la m&aacute;quina de ox&iacute;geno, guantes, mascarilla y bata azul, entre s&aacute;banas, yac&iacute;a con las u&ntilde;as rojas y la voluntad firme. Nada m&aacute;s empezar, ante cada pausa, repet&iacute;a con insistencia una misma petici&oacute;n: &ldquo;Preg&uacute;ntame&rdquo;. Cuando se le propuso continuar otro d&iacute;a, se neg&oacute;. Quer&iacute;a hacerlo all&iacute; y entonces. Sab&iacute;a que el tiempo no es materia manipulable.
    </p><p class="article-text">
        No fue una entrevista convencional ni un encuentro m&aacute;s: fue un acto de acompa&ntilde;amiento en un momento de fragilidad, cuando la voz ya costaba y el cuerpo ped&iacute;a pausas. La voluntad, no. Libi quiso seguir estando. Y quiso dejar constancia de que su memoria quedar&iacute;a despu&eacute;s de ella. 
    </p><p class="article-text">
        Libertad Villegas G&oacute;mez, Libi, falleci&oacute; el 15 de diciembre de 2025, pocos d&iacute;as despu&eacute;s de aquel encuentro y 11 d&iacute;as antes de cumplir 90 a&ntilde;os. Durante la entrevista lo dej&oacute; dicho: &ldquo;Aqu&iacute; se acab&oacute; todo&rdquo;. Si Szymborska hubiera estado junto a ella en ese preciso momento, quiz&aacute; hubiera garabateado: &ldquo;Se le adhiri&oacute; el silencio sin que la voz dejara cicatriz. /La ausencia tom&oacute; forma de horizonte&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Entre la vida y la muerte, antes de que la ausencia fuera conf&iacute;n, Libi eligi&oacute; dejar su legado. Este texto recoge ese gesto y lo sit&uacute;a en el lugar que ella quiso darle: el de una historia compartida, cuidada y transmitida.
    </p><p class="article-text">
        Legado Cantabria estuvo all&iacute; para acompa&ntilde;ar ese deseo de memoria. Ni una pregunta de m&aacute;s, ni un arrancar palabras arrinconadas, solo sostener un gesto consciente de transmisi&oacute;n, respetando los ritmos, los silencios y los l&iacute;mites del cuerpo, entendiendo que tambi&eacute;n el silencio forma parte del relato. 
    </p><p class="article-text">
        El encuentro se realiz&oacute; por mediaci&oacute;n de Aurelio Gonz&aacute;lez-Riancho, m&eacute;dico otorrinolaring&oacute;logo jubilado, miembro de la Asamblea General de UNATE, La Universidad Permanente, y amigo de Libi, a quien conoc&iacute;a desde la juventud: ella misma le hab&iacute;a cortado el pelo durante a&ntilde;os. Aurelio conoce su historia, su car&aacute;cter y su memoria.
    </p><p class="article-text">
        Su presencia &mdash;junto a la de la cuidadora, que calmaba su sed tras cada descanso y ayudaba a que el cuerpo pudiera seguir el ritmo que la voluntad marcaba&mdash; permiti&oacute; sostener la conversaci&oacute;n. Algunas palabras quedaron incompletas. Otras no llegaron a pronunciarse del todo. Pero el sentido era claro. 
    </p><p class="article-text">
        Este relato ha sido elaborado a partir de esa entrevista, de un texto de Aurelio Gonz&aacute;lez-Riancho y de las voces de quienes la conocieron y la acompa&ntilde;aron, como forma de respetar y completar el legado que ella quiso dejar.
    </p><p class="article-text">
        Libertad Villegas G&oacute;mez, Libi, naci&oacute; cinco d&iacute;as antes de que iniciara 1936, en Alceda (Corvera de Toranzo, Cantabria), el a&ntilde;o en que Espa&ntilde;a empez&oacute; a arder tras una sublevaci&oacute;n armada contra la democracia. Su propio nombre ser&iacute;a terco testigo de los tiempos. Fue bautizada como Libertad, toda una declaraci&oacute;n de principios y un nombre que con el tiempo acabar&iacute;a pareci&eacute;ndose mucho a su manera de estar en el mundo. 
    </p><p class="article-text">
        En su pueblo toranc&eacute;s, cargado de historia y de memoria, creci&oacute; en una comunidad donde la vida se compart&iacute;a y los lugares importaban. De su infancia recordaba un tiempo c&oacute;modo y luminoso: juegos en la calle, juguetes en las fiestas de Reyes y una cotidianeidad que, pese a la posguerra, conservaba espacios de alegr&iacute;a. Aprendi&oacute; las primeras letras en la escuela de ni&ntilde;as de Ontaneda, con la maestra do&ntilde;a Isabel. 
    </p><p class="article-text">
        Vivi&oacute; aquellos a&ntilde;os con los l&iacute;mites y escaseces del momento y conoci&oacute; el racionamiento, como toda su generaci&oacute;n. En ese contexto, su madre, como tantas mujeres, se dedic&oacute; a la venta ambulante de harina, transport&aacute;ndola sobre la cabeza en una capacha, una pr&aacute;ctica com&uacute;n en tiempos de necesidad que ayudaba a sostener la econom&iacute;a familiar. Muy pronto, Libi entendi&oacute; que el futuro no ven&iacute;a dado y que hab&iacute;a que salir a buscarlo &mdash;&ldquo;Gracias te doy, coraz&oacute;n m&iacute;o, /por no quejarte, por ir y venir /sin premios, sin halagos, /por diligencia innata&rdquo;&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        En una &eacute;poca en la que los roles estaban estrictamente marcados por el g&eacute;nero, quiso ser independiente. Aprendi&oacute; peluquer&iacute;a en Santander y en Madrid, donde se form&oacute; con grandes nombres del oficio y roz&oacute; el entorno profesional del famoso Llu&iacute;s Llongueras. De regreso a Alceda, abri&oacute; su propio sal&oacute;n en la casa familiar que hab&iacute;a sido de sus abuelos, un espacio que comparti&oacute; con su hermana Rosita y desde el que ejerci&oacute; durante d&eacute;cadas, hasta su jubilaci&oacute;n a los 60 a&ntilde;os. All&iacute; no solo cort&oacute; el pelo: escuch&oacute;, observ&oacute; y fue testigo de la vida cotidiana del pueblo.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d0718a0a-bd9b-48e7-84ca-8721b2f3eaee_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d0718a0a-bd9b-48e7-84ca-8721b2f3eaee_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d0718a0a-bd9b-48e7-84ca-8721b2f3eaee_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d0718a0a-bd9b-48e7-84ca-8721b2f3eaee_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d0718a0a-bd9b-48e7-84ca-8721b2f3eaee_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d0718a0a-bd9b-48e7-84ca-8721b2f3eaee_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d0718a0a-bd9b-48e7-84ca-8721b2f3eaee_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Libertad Villegas Gómez nació en Alceda en 1935."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Libertad Villegas Gómez nació en Alceda en 1935.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Seg&uacute;n quienes la cuidaron y acompa&ntilde;aron en sus &uacute;ltimos a&ntilde;os, Libi particip&oacute; en m&aacute;s de un concurso profesional y lleg&oacute; a imponerse en alguno de ellos frente a figuras reconocidas del sector. Tambi&eacute;n ense&ntilde;&oacute; a cortar el pelo a Jos&eacute; Manuel Mart&iacute;nez, &lsquo;Macavi&rsquo;, el impulsor en las peluquer&iacute;as Macavi. Libi no aparece bajo los focos en todas las memorias que habit&oacute; pero ella no olvida.
    </p><p class="article-text">
        Quienes la conocieron destacan su franqueza y su firmeza. Dec&iacute;a lo que pensaba, valoraba la palabra dada y pod&iacute;a ser exigente, pero tambi&eacute;n se entregaba cuando hac&iacute;a falta. Quer&iacute;a a su pueblo y cuid&oacute; su memoria con esmero, conservando fotograf&iacute;as y documentos y ejerciendo, con los a&ntilde;os, como un aut&eacute;ntico archivo viviente de Alceda: a ella se acud&iacute;a cuando hab&iacute;a que recordar hechos del pasado. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Quería a su pueblo y cuidó su memoria con esmero, conservando fotografías y documentos y ejerciendo, con los años, como un auténtico archivo viviente de Alceda: a ella se acudía cuando había que recordar hechos del pasado</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Ese compromiso con lo com&uacute;n se hizo visible de manera decisiva a finales de la d&eacute;cada de 1950. Una madrugada, sin luces y sin aviso, una empresa maderera inici&oacute; la tala de los mejores ejemplares del Paseo de los Tilos, en el Parque de Alceda. Libi &mdash;como ella misma dec&iacute;a, &ldquo;lo par&oacute;&rdquo;&mdash; se puso al frente de la respuesta popular. Junto a Amado L&oacute;pez, Manuel Riancho, Ambrosio Braun, Chuchi Carapucheta, Joaqu&iacute;n Villegas y otras personas del lugar, adultos y ni&ntilde;os se abrazaron a los &aacute;rboles para frenar la barbarie y lograron detenerla, al menos de forma inmediata.
    </p><p class="article-text">
        El episodio culmin&oacute; cuando Francisco G&oacute;mez Cobo, pasiego emigrado a Francia y vinculado a Alceda, adelant&oacute; doce millones de pesetas &mdash;de las de entonces&mdash; para que el pueblo pudiera adquirir esas siete hect&aacute;reas y frenar la destrucci&oacute;n de algunos de los 1.000 &aacute;rboles que hab&iacute;an crecido junto al r&iacute;o Pas desde que en 1902, la familia Cortines y el floricultor Escalante dise&ntilde;aron este Parque de Recreo. Aquel gesto colectivo, con Libertad Villegas entre sus figuras centrales, fue un alegato temprano en defensa del patrimonio natural y cultural, una reivindicaci&oacute;n que a&uacute;n hoy sigue vigente.
    </p><p class="article-text">
        Cuando cumpli&oacute; 89 a&ntilde;os, desde la Residencia de San Vicente de Toranzo y comprendiendo de nuevo el futuro, Libi llam&oacute; a un amigo. Con un cigarro en la mano le pidi&oacute; que la grabara y fue explicando, con calma y claridad, c&oacute;mo quer&iacute;a ser despedida: un ramo de rosas rojas y una bandera de Espa&ntilde;a sobre el f&eacute;retro. No como consigna, sino como expresi&oacute;n de una vida pensada y decidida hasta el final. 
    </p><p class="article-text">
        Libertad Villegas G&oacute;mez, Libi, falleci&oacute; el 15 de diciembre de 2025 en Santander, a los 89 a&ntilde;os. De su vida dec&iacute;a haber aprendido mucho, &ldquo;mucho y de todo&rdquo;. No como lema, sino como balance sereno. 
    </p><p class="article-text">
        Wis&#322;awa Szymborska falleci&oacute; el 1 de febrero de 2012 en Cracovia, a los 88 a&ntilde;os. Y cuando todav&iacute;a guardaba aliento e iron&iacute;a a raudales dej&oacute; escrito &ldquo;No existe vida, /que, aun por un instante, /no sea inmortal. /La muerte /siempre llega con ese instante de retraso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En ese instante, Libi logr&oacute; entregar su memoria y su legado tiene vocaci&oacute;n de semilla que, plantada a la ribera del Pas, se sume al coro vegetal con historia que sigue a buen recaudo en Alceda para disfrute de la humanidad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Zhenya Popova Tikhonova]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/blog/legado-cantabria/dia-libi-villegas-planto-memoria_132_12866271.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Dec 2025 20:44:05 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/60c31c8a-6961-4709-b70a-03aa6b3e4e61_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="391810" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/60c31c8a-6961-4709-b70a-03aa6b3e4e61_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="391810" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El día que Libi Villegas plantó su memoria]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/60c31c8a-6961-4709-b70a-03aa6b3e4e61_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Memoria Histórica,Cantabria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una veintena de personas centenarias de Cantabria legan 2.248 años de recuerdos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/veintena-personas-centenarias-cantabria-legan-2-248-anos-recuerdos_1_12471002.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ec2226d4-dce8-42bf-b3b8-ea3496b93c2a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una veintena de personas centenarias de Cantabria legan 2.248 años de recuerdos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El proyecto Legado Cantabria suma 22 historias de vida centenarias con todo un relato coral de una trayectoria que está infrarrepresentada en los libros académicos</p></div><p class="article-text">
        El desconocimiento de la Historia nos puede condenar al olvido, a la ignorancia, a vivir como si aquellas personas que han sido constructoras de esa Historia no hubiesen vivido, caminado, ca&iacute;do, triunfado, aprendido, ense&ntilde;ado, luchado, trabajado, sufrido, deseado, amado&hellip; Vivir con memoria es, sin embargo, vivir aferrados a los recuerdos que nos explican y que nos proyectan al futuro.
    </p><p class="article-text">
        Desde 2021, Legado Cantabria, un proyecto de la Fundaci&oacute;n Patronato Europeo de Mayores (PEM), se dedica a recopilar las historias de vida de personas de 70 a&ntilde;os o m&aacute;s que viven en esta comunidad aut&oacute;noma: es una manera de preservar la historia en voz de quienes la protagonizaron. El privilegio de preservar viva la memoria vale tanto como las historias vividas por m&aacute;s de 170 personas que ya han entregado sus testimonios a este proyecto, de las cuales 22 han compartido recuerdos cuando han cumplido 99 a&ntilde;os o m&aacute;s. Estas &uacute;ltimas representan algo m&aacute;s del 12% del total de las entrevistas que pueden verse en el <a href="https://legadocantabria.org/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sitio web de Legado Cantabria</a>.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://legadocantabria.org/vicente-marino-movellan-pecoustan/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Vicente-Marino Movell&aacute;n Pecoust&aacute;n</a> falleci&oacute; hace muy poco, el 12 de julio de 2025, con 107 a&ntilde;os, seis d&iacute;as antes de alcanzar los 108. &ldquo;&Eacute;l representa un s&iacute;mbolo de la memoria centenaria que hemos querido cuidar en este tiempo&rdquo;, dice orgullosa Zhenya Popova, coordinadora de Legado Cantabria. Vicente-Marino naci&oacute; el 18 de julio de 1917 en el hospital San Rafael de Santander, edificio que hoy alberga la sede del Parlamento de Cantabria, y su madre, pobre y digna, carg&oacute; con el beb&eacute; 22 kil&oacute;metros a pie hasta llegar a casa de sus abuelos, en Polanco. 
    </p><p class="article-text">
        Bajo la crianza de sus abuelos maternos, en un principio, fue testigo de la &eacute;poca en la que se afirmaba que &ldquo;la letra, con sangre entra&rdquo;. A los 13 a&ntilde;os surgi&oacute; su inter&eacute;s por la pol&iacute;tica, lo que le llev&oacute; a participar, ya como adulto, en marchas, y m&aacute;s activamente en las Juventudes Socialistas Unificadas y a militar en el Partido Comunista y en las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas. 
    </p><p class="article-text">
        En tiempos de guerra y tras las lecciones de manejo de armas en el cuartel Francos Rodr&iacute;guez, particip&oacute; en batallas en Jarama, Guadalajara, Ebro, del Centro y de Arag&oacute;n, con la consecuente entrada a hospitales, prisiones y al campo de concentraci&oacute;n La Aurora. Ya liberado, en 1947 y hasta la d&eacute;cada de 1980, su vida transcurri&oacute; en Par&iacute;s, donde fue ch&oacute;fer de un diplom&aacute;tico cubano y, m&aacute;s tarde, ya de vuelta, trabaj&oacute; en numerosas empresas como Solvay, Sniace y f&aacute;bricas de tejidos, ladrillos y tejas. El 15 de noviembre de 2023, cuando acudi&oacute; al homenaje a los 'legados' de ese a&ntilde;o, Vicente decidi&oacute; entrar caminando, con 106 a&ntilde;os a las espaldas y con las insignias en la solapa que recordaban su(s) lucha(s).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a0e8aa93-94bb-4fa3-916e-9d4acceb9b19_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a0e8aa93-94bb-4fa3-916e-9d4acceb9b19_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a0e8aa93-94bb-4fa3-916e-9d4acceb9b19_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a0e8aa93-94bb-4fa3-916e-9d4acceb9b19_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/a0e8aa93-94bb-4fa3-916e-9d4acceb9b19_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/a0e8aa93-94bb-4fa3-916e-9d4acceb9b19_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/a0e8aa93-94bb-4fa3-916e-9d4acceb9b19_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Vicente-Marino Movellán Pecoustán, uno de los protagonistas de Legado Cantabria."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Vicente-Marino Movellán Pecoustán, uno de los protagonistas de Legado Cantabria.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Como un homenaje a todas las mujeres centenarias que han compartido su historia, Legado Cantabria recuerda de manera especial a <a href="https://legadocantabria.org/carmen-ceballos-calderon/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carmen Ceballos Calder&oacute;n</a>, quien naci&oacute; el 16 de julio de 1917 en Las Rozas de Valdearroyo. Acaba de cumplir 108 a&ntilde;os. Ella es un ejemplo de la vida dedicada al trabajo entre el campo, la hosteler&iacute;a y el servicio dom&eacute;stico. Entre sus vivencias, rememora especialmente el impacto econ&oacute;mico y social que tuvo la construcci&oacute;n del Pantano del Ebro para las tierras ubicadas entre Horna y Arroyo, heredadas de sus abuelos, y donde ella y su familia sol&iacute;an cultivar. 
    </p><p class="article-text">
        Hu&eacute;rfana de madre desde temprana edad, Carmen desempe&ntilde;aba un papel fundamental en su familia cuidando ganado vacuno, arando las tierras y cultivando para asegurar la alimentaci&oacute;n de la familia. La venta de leche, mantequilla y el transporte de le&ntilde;a y carb&oacute;n, provenientes de una mina, tambi&eacute;n fueron actividades con las que ella aportaba al sustento familiar. 
    </p><p class="article-text">
        Entre otros empleos, Carmen se decidi&oacute; a trabajar en el cuidado de personas mayores en Bilbao, San Sebasti&aacute;n y Madrid, aunque eso le signific&oacute; dejar su tierra natal, a la que volv&iacute;a en temporadas de verano. Jubilada a los 56 a&ntilde;os, su vida transcurr&iacute;a entre Arroyo y Bilbao. Sin embargo, en 2023 regres&oacute; a Cantabria, donde vive con Mari Carmen, una de sus dos hijas, a las que decidi&oacute; criar soltera. 
    </p><p class="article-text">
        Legado Cantabria recuerda tambi&eacute;n a <a href="https://legadocantabria.org/martina-lopez-martinez/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Martina L&oacute;pez Mart&iacute;nez</a>, <span class="highlight" style="--color:white;">&mdash;</span>nacida en 1918 en Guadalajara y fallecida este 2025 a los 107 a&ntilde;os<span class="highlight" style="--color:white;">&mdash;</span> cuya vida tambi&eacute;n estuvo atravesada por la Guerra Civil espa&ntilde;ola. El estallido del conflicto la sorprendi&oacute; en un viaje tur&iacute;stico a Barcelona, en 1936, donde se refugi&oacute; en el pueblo de Roca, &ldquo;pasando mucha hambre&rdquo;. Su regreso a su natal Tierzo fue en un coche de soldados. 
    </p><p class="article-text">
        La segunda d&eacute;cada de la vida de Martina estuvo marcada por la enfermedad de la pleura y la consiguiente extirpaci&oacute;n de un pulm&oacute;n. Y aunque vivi&oacute; ocho d&eacute;cadas en Barcelona, la pandemia por COVID-19 la trajo a Cantabria, donde hab&iacute;a pasado numerosos veranos; vivi&oacute; en Colindres desde los 102 a&ntilde;os con su hermana menor, Amparo, y su sobrino, hasta sus &uacute;ltimos d&iacute;as. 
    </p><p class="article-text">
        Martina es un ejemplo de que los deseos y la vida no cesan hasta el &uacute;ltimo momento. A&uacute;n en enero de 2025, con 106 a&ntilde;os, hizo cosas por primera vez, como asistir en directo a un partido de f&uacute;tbol, ella que era una apasionada de este deporte y que naci&oacute; antes de que echara a andar la liga. Desear y cumplir deseos es vivir con intensidad. Por eso, al terminar el partido al que fue invitada por el Racing de Santander &mdash;el equipo no la decepcion&oacute; despu&eacute;s de meter un 6-0 al Racing de Ferrol&mdash; segu&iacute;a haciendo planes: &ldquo;A ver si hacemos otra antes de que me vaya al otro mundo&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/82ac88e9-ea39-48df-b116-3e0bb52d80cb_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/82ac88e9-ea39-48df-b116-3e0bb52d80cb_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/82ac88e9-ea39-48df-b116-3e0bb52d80cb_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/82ac88e9-ea39-48df-b116-3e0bb52d80cb_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/82ac88e9-ea39-48df-b116-3e0bb52d80cb_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/82ac88e9-ea39-48df-b116-3e0bb52d80cb_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/82ac88e9-ea39-48df-b116-3e0bb52d80cb_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Martina López Martínez, una de las protagonistas de Legado Cantabria."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Martina López Martínez, una de las protagonistas de Legado Cantabria.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        La muerte es la que es: tiene sus tiempos propios. A veces, cuando llega, resulta intempestiva, imprudente e inesperada; interrumpe procesos, cari&ntilde;os, sentimientos, vivencias, deseos, relaciones y reclamos de justicia. Este &uacute;ltimo es <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/fallece-maximino-cos-ver-cumplido-deseo-rionansa-reconozca-padre-asesinado-mauthausen_1_12291044.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el caso de Maximino de Cos</a> Borbolla: su entrevista ya fue grabada por Legado Cantabria y est&aacute; en proceso de edici&oacute;n. Lamentablemente, falleci&oacute; en mayo de 2025 a los 103 a&ntilde;os, poco despu&eacute;s de que se cumplieron 80 a&ntilde;os de la liberaci&oacute;n del campo de concentraci&oacute;n donde los nazis asesinaron a Donato de Cos, su padre, en 1941. 
    </p><p class="article-text">
        El &uacute;ltimo deseo de Maximino era que en Rionansa, donde Donato fue concejal con la Rep&uacute;blica, reconociera que este combati&oacute; a los alemanes en el ej&eacute;rcito franc&eacute;s despu&eacute;s de exiliarse de Espa&ntilde;a tras la Guerra Civil en Espa&ntilde;a y que muri&oacute; por defender las libertades. Maximino reclam&oacute; solo que se instalara uno de esos s&iacute;mbolos de memoria conocidos como &lsquo;stolpersteine&rsquo; &mdash;o piedra de la memoria, heredados por el movimiento memorialista de lo aprendido en Alemania&mdash;. <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/pp-niega-poner-placa-donato-cos-asesinado-nazis-campo-concentracion-republicano_1_12098748.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El actual alcalde consider&oacute; que reconocerlo era desbalancear el relato</a>. Sin embargo, el testimonio de Maximino cobra relevancia en un contexto donde pareciera que se quiere olvidar el paso de quienes han forjado una parte de la historia que a algunos no les interesa que sea conservada.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9125c1a8-f604-4db9-9f39-cc7a7ee66b36_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9125c1a8-f604-4db9-9f39-cc7a7ee66b36_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9125c1a8-f604-4db9-9f39-cc7a7ee66b36_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9125c1a8-f604-4db9-9f39-cc7a7ee66b36_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/9125c1a8-f604-4db9-9f39-cc7a7ee66b36_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/9125c1a8-f604-4db9-9f39-cc7a7ee66b36_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/9125c1a8-f604-4db9-9f39-cc7a7ee66b36_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Maximino de Cos Borbolla, recientemente fallecido a los 103 años."
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Maximino de Cos Borbolla, recientemente fallecido a los 103 años.                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Es por ello que Legado Cantabria honra la memoria, especialmente en esta ocasi&oacute;n, de quienes, con casi o m&aacute;s de 100 a&ntilde;os, han entregado sus historias de vida a este proyecto. Preservar la historia oral de Cantabria contada por las personas mayores ser&iacute;a imposible sin esos gestos de generosidad. 
    </p><p class="article-text">
        Las personas que a continuaci&oacute;n se enuncian, ten&iacute;an 99 o m&aacute;s a&ntilde;os cuando accedieron a ser entrevistados y ya forman parte del patrimonio cultural inmaterial. Entre todos ellos, suman 2.248 a&ntilde;os preservados, relatos que tambi&eacute;n resguarda la Filmoteca de Cantabria Mario Camus.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de las tres personas nombradas hasta este punto, entre las personas de 99 y m&aacute;s a&ntilde;os que han enriquecido Legado Cantabria con sus testimonios y que siguen compartiendo su vida con quienes les rodean, se encuentran Florinda Almaraz Garrote, con 104 a&ntilde;os; originaria de la comarca del Besaya, <a href="https://legadocantabria.org/isabel-michelena-somacarrera/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Isabel Michelena Somacarrera</a> pr&oacute;xima a alcanzar los 104; nacida en Logro&ntilde;o, pero residente en Santander, <a href="https://legadocantabria.org/victoria-jimeno-sesma/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Victoria Jimeno Sesma</a>, que tiene 103 a&ntilde;os; reconocida entre el p&uacute;blico racinguista, <a href="https://legadocantabria.org/magdalena-castanon-alonso/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Magdalena Casta&ntilde;&oacute;n Alonso</a> alcanza los 101; tanto la pasiega <a href="https://legadocantabria.org/emilia-arroyo-alonso/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Emilia Arroyo Alonso</a> como la barquere&ntilde;a <a href="https://legadocantabria.org/carmen-peon-arco/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Carmen Pe&oacute;n Arco</a> han visto ya los 100; la santanderina <a href="https://legadocantabria.org/historia-de-vida-de-maria-martina-mugica-de-la-mano/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mar&iacute;a Martina M&uacute;gica de la Mano</a> cumplir&aacute; 100 este a&ntilde;o, y su entrevista acaba de ser compartida; y <a href="https://legadocantabria.org/efren-pena-gomez/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Efr&eacute;n Pe&ntilde;a G&oacute;mez</a>, <a href="https://legadocantabria.org/milagros-revuelta-fernandez/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Milagros Revuelta Fern&aacute;ndez</a> y Luis Alonso Bolado, que han llegado a los 99 en este 2025.
    </p><p class="article-text">
        Quienes ya no est&aacute;n pero han dejado su memoria en Legado Cantabria son la trasmerana <a href="https://legadocantabria.org/benigna-carmen-joaquina-perez-usle/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Benigna Carmen Joaquina P&eacute;rez Usl&eacute;</a>, quien muri&oacute; en junio de 2025 con 108 a&ntilde;os. La entrevista con Josefa Boo Camus, de 104 a&ntilde;os, no pudo ser publicada, pues no dio tiempo de grabarla. La torancesa <a href="https://legadocantabria.org/maria-pacheco-perez/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mar&iacute;a Pacheco P&eacute;rez</a> recibi&oacute; a Legado Cantabria poco antes de cumplir 103 a&ntilde;os y se falleci&oacute; un a&ntilde;o despu&eacute;s. Nacida en Vega de Li&eacute;gana en 1920, <a href="https://legadocantabria.org/maria-jesus-del-hoyo-gutierrez/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Mar&iacute;a Jes&uacute;s del Hoyo Guti&eacute;rrez</a> vivi&oacute; hasta los 104 a&ntilde;os. Maximino de Cos Borbolla muri&oacute; a los 103 a&ntilde;os, al igual que <a href="https://legadocantabria.org/lucrecia/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Lucrecia Diego Garc&iacute;a</a> quien naci&oacute; en una zona pr&oacute;xima al alto de Valvanuz y pas&oacute; el resto de su vida en Tezanos. <a href="https://legadocantabria.org/jesusa-de-la-vega-ruiz/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Jesusa de la Vega Ruiz</a>, de Saja y vecina de Santander, fue entrevistada con 102 a&ntilde;os. Pejina de nacimiento, <a href="https://legadocantabria.org/dolores-castillo-gonzalez/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Dolores Castillo Gonz&aacute;lez</a> vivi&oacute; hasta 2023, rondando los 101 a&ntilde;os. <a href="https://legadocantabria.org/consuelo-sainz/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Consuelo Sainz Quijano</a>, originaria de Vio&ntilde;o de Pi&eacute;lagos, ten&iacute;a 99 a&ntilde;os al morir.
    </p><p class="article-text">
        Y, aunque parezca un lugar com&uacute;n, las personas siguen vivas mientras tengan vida en la memoria de quienes las amaron. Pero la memoria audiovisual reunida por Legado Cantabria har&aacute; que esas vidas sean recordadas por toda una sociedad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Norma Saldaña]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/ultimas-noticias/veintena-personas-centenarias-cantabria-legan-2-248-anos-recuerdos_1_12471002.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Jul 2025 20:13:13 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/ec2226d4-dce8-42bf-b3b8-ea3496b93c2a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="129984" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/ec2226d4-dce8-42bf-b3b8-ea3496b93c2a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="129984" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Una veintena de personas centenarias de Cantabria legan 2.248 años de recuerdos]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/ec2226d4-dce8-42bf-b3b8-ea3496b93c2a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Memoria Histórica,Historia]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
