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    <title><![CDATA[elDiario.es - Álex Oviedo]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alex-oviedo/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Álex Oviedo]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Astenia primaveral]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/astenia-primaveral_132_7948831.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9d7e25a2-698d-4fbf-96bf-b5698a0a8790_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Astenia primaveral"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quizás merezca la pena volcarse en el arte y tener fe en una política local que nos libere de la bruma de la realidad nacional (o internacional)</p></div><p class="article-text">
        No s&eacute; si habr&aacute;n sido las elecciones madrile&ntilde;as, la astenia primaveral o la fatiga pand&eacute;mica, pero lo cierto es que no escribo desde hace meses. Los medios de comunicaci&oacute;n tampoco ayudan: el bombardeo medi&aacute;tico y, por exceso, la desinformaci&oacute;n, son de tal magnitud que ya los muertos por la COVID-19 me parecen simples n&uacute;meros, tan an&oacute;nimos como los ca&iacute;dos por las bombas israel&iacute;es en la Franja de Gaza &mdash;&iquest;a nadie le extra&ntilde;a que Israel haya bombardeado el edificio en el que se alojaba la prensa internacional?&mdash;. Y la reacci&oacute;n de la gente, cansada de tantas restricciones, tomando las calles y gritando &ldquo;libertad, libertad&rdquo; con el fin del Estado de Alarma, no s&eacute; si provoca risa o tristeza. &iexcl;Qu&eacute; mal estamos educando a nuestros hijos si entienden que la libertad es poder irse de copas a las doce de la noche! 
    </p><p class="article-text">
        Pensaba en todo esto tras terminar de leer un c&oacute;mic magn&iacute;fico. Se trata de <em>Primavera para Madrid</em>, novela gr&aacute;fica editada por Autsaider C&oacute;mics, que firma el ilustrador, dibujante y guionista murciano Magius. En sus p&aacute;ginas en papel oro, el lector se topar&aacute; con algunos de los temas que han llenado las pantallas de nuestros televisores y p&aacute;ginas de peri&oacute;dicos en los &uacute;ltimos a&ntilde;os: corrupci&oacute;n pol&iacute;tica, conspiraciones para eliminar al contrario, tramas ocultas que esconden sexo, violencia; y poder, mucho poder. Y esa sensaci&oacute;n de que somos un pa&iacute;s construido para beneficio de los pol&iacute;ticos, constructores, empresarios, periodistas medi&aacute;ticos... La Corte y la realeza. Un ejemplo de c&oacute;mo se puede mostrar a trav&eacute;s del c&oacute;mic una realidad, en un intento de desnudar lo que somos como pa&iacute;s, de combatir contra ello. Lo que busc&oacute; (sin &eacute;xito) aquella ilusionante movilizaci&oacute;n llamada 15M. El arte concebido como mirada cr&iacute;tica a la sociedad, ya sea a trav&eacute;s de la literatura, la m&uacute;sica o el cine. Como aquella esclarecedora pel&iacute;cula de Costa-Gavras, <em>El capital</em> &mdash;basada en una novela hom&oacute;nima de St&eacute;phane Osmont&mdash; o c&oacute;mo lograr que un banco de inversi&oacute;n despida sin recato a miles de sus trabajadores para que directivos y accionistas mantengan sus ping&uuml;es beneficios. &iquest;No les suena a las &uacute;ltimas noticias sobre Caixabank? 
    </p><p class="article-text">
        Y mientras, por estos lares, la fe y la m&iacute;stica vuelven a los titulares de prensa, que emparentan a Cantabria con el resto del pa&iacute;s. Porque al igual que el presidente S&aacute;nchez crey&oacute; que el 9 de mayo acabar&iacute;a el Estado de Alarma, tambi&eacute;n Revilla cree. Se encasqueta el sombrero de visionario y vaticina que no habr&aacute; quinta ola pero s&iacute; alg&uacute;n que otro rebote. El man&aacute; de las vacunaciones nos salvar&aacute; de todos los pecados. Incluso del de fumarse un veguero en un espacio cerrado, convertido ya en un manch&oacute;n de las hemerotecas. Bajan los indicadores de la COVID, los turistas comienzan a llegar a pueblos y ciudades, la hosteler&iacute;a ve un hilillo de luz al final del t&uacute;nel. Y tenemos f&uacute;tbol. Y pr&oacute;ximamente p&uacute;blico en los estadios. Qu&eacute; m&aacute;s dar&aacute; la crisis del coronavirus o las predicciones, estas enviadas a la Comisi&oacute;n Europea, de que los platos rotos los volveremos a pagar los de siempre. Sin recortar el gasto p&uacute;blico, como dec&iacute;a en un comentario anterior, ni las dietas o veh&iacute;culos innecesarios, ni las jubilaciones desorbitadas de nuestros afamados l&iacute;deres, ni las subvenciones millonarias a partidos pol&iacute;ticos o sindicatos para que puedan mantener el <em>statu quo</em> nunca podremos reducir el d&eacute;ficit.
    </p><p class="article-text">
        Con semejantes predicciones, y deseosos de que la normalidad deje de ir acompa&ntilde;ada de adjetivos, nos queda, una vez m&aacute;s, la Cultura. Visitaba esta semana en Bilbao un espacio llamado La Terminal, en Zorrozaurre, y ve&iacute;a los puestos de creadores, artistas que sacaban su obra para contemplaci&oacute;n del p&uacute;blico, maestras del <em>body art</em>, historietistas, ilustradores, j&oacute;venes decididos a escapar de la realidad &mdash;nada halag&uuml;e&ntilde;a&mdash; a trav&eacute;s del arte. Y pensaba: qu&eacute; fue de aquel acuerdo firmado en 2012 entre Santander y Bilbao para potenciar la cultura. Y trasteando por la red, he descubierto que, recientemente, el Ayuntamiento de Logro&ntilde;o se ha unido a ambas capitales para impulsar programa 'Tan cerca' en su compromiso con la cultura. Y he pensado que quiz&aacute;s s&iacute; merezca la pena volver a escribir, volcarse en el arte como los j&oacute;venes de La Terminal y tener fe en una pol&iacute;tica local que nos libere de la bruma de la realidad nacional (o internacional).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Álex Oviedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/astenia-primaveral_132_7948831.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 May 2021 09:40:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Astenia primaveral]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Remedios equivocados]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/remedios-equivocados_132_7333022.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/77444db2-1846-411f-b248-f768e5671bbd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Remedios equivocados"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Vivimos en una época tan surrealista que hubiera dejado sin palabras al más irónico de los hermanos Marx. O quizás hubiera dicho aquello de: "La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados".</p></div><p class="article-text">
        Hace una semana se difundi&oacute; a trav&eacute;s de las redes sociales una noticia que, solo por lo sorprendente, merece una reflexi&oacute;n. Junto a una fotograf&iacute;a del presidente c&aacute;ntabro, Miguel &Aacute;ngel Revilla, se pod&iacute;a leer: &ldquo;Revilla deja la Presidencia de Cantabria y anuncia que el PRC se presenta a las elecciones de la Comunidad de Madrid&rdquo;. Se trataba, como es evidente, de una broma propia de <em>El Mundo Today</em>, quiz&aacute;s un burdo <em>fake</em> apto para muy creyentes, aunque por un segundo tambi&eacute;n a m&iacute; me entr&oacute; la duda. Pese a lo rid&iacute;culo que me resultaba ver a Revilla postul&aacute;ndose como presidenciable madrile&ntilde;o, qui&eacute;n me iba a rebatir que no est&aacute;bamos ante una noticia real. &iquest;Pod&iacute;a yo acaso dudar de lo que me dec&iacute;an las redes sociales y creer a quienes desment&iacute;an semejante barbaridad? O como preguntaba Groucho Marx: &ldquo;&iquest;A qui&eacute;n va usted a creer, a m&iacute; o lo que ven sus ojos?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aquella hab&iacute;a sido una semana repleta de sinsentidos. &iquest;No era absurdo que todo el pa&iacute;s estuviese pendiente de las elecciones convocadas por Isabel D&iacute;az Ayuso en Madrid? &iquest;O que en las radios desayun&aacute;semos cada ma&ntilde;ana con las opiniones de la l&iacute;der popular? &iquest;No era un desprop&oacute;sito que nos acompa&ntilde;ara en la comida Pablo Iglesias, actual vicepresidente segundo y ministro de Derechos Sociales y Agenda 2030 del Gobierno de Espa&ntilde;a &mdash;cuando m&aacute;s largo es un cargo, menos se sabe para qu&eacute; sirve&mdash;, en su particular v&iacute;a crucis para competir por la presidencia madrile&ntilde;a? &iquest;O que el leve aleteo de una moci&oacute;n de censura en Murcia hubiera provocado un tsunami de proporciones impensables en el tablero de Ciudadanos? &iquest;Y no era bochornoso o digno de estudio sociol&oacute;gico que la &uacute;nica persona que habl&oacute; de pol&iacute;ticas reales en el Congreso de los Diputados &mdash;&Iacute;&ntilde;igo Errej&oacute;n sobre la urgencia de reforzar los servicios de salud mental en los centros p&uacute;blicos tras un a&ntilde;o de pandemia&mdash; fuese recibido por la bancada de la derecha con cuchicheos y despedido con un &ldquo;&iexcl;Vete al m&eacute;dico!&rdquo; sin que nadie echase inmediatamente de su cargo al vocinglero popular? &iquest;C&oacute;mo iba, por tanto, a sorprenderme de que Miguel &Aacute;ngel Revilla entrase en Madrid a lomos de Babieca para poner un poco de orden a semejante locura?
    </p><p class="article-text">
        La reflexi&oacute;n a la que me refiero estaba clara. Las redes sociales han contribuido a amplificar cualquier bulo, cualquier ocurrencia o una soberana estupidez. El m&aacute;s tonto puede soltar una bobada y tener a millones de seguidores a sus pies. Acu&eacute;rdense de aquella escena de <em>Forrest Gump</em> en la que se lanzaba a correr de costa a costa de Estados Unidos y acababa con un centenar de personas tras &eacute;l. O de Donald Trump agitando el <em>America first</em> y las falsas verdades a trav&eacute;s de Twitter para acabar alentando a una turba disfrazada a tomar el Capitolio. Cualquiera puede caer en una trampa convertida en informaci&oacute;n si se difunde por los canales adecuados o si no se contrasta. 
    </p><p class="article-text">
        Hace bien poco me solicitaron unos datos sobre un tema profesional. Los que le entregu&eacute; al periodista distaban bastante de los que le hab&iacute;a facilitado otra fuente informativa. Su respuesta fue r&aacute;pida y sencilla: no pod&iacute;a dudar de la primera fuente, por lo que no iba a utilizar mis datos, aunque fuesen igual de fiables. &iquest;C&oacute;mo pod&iacute;a dudar &eacute;l de la informaci&oacute;n que ya ten&iacute;a? No quise insistir, por mucho que yo supiera que la noticia publicada en el peri&oacute;dico iba a ser incompleta; y cuando el periodismo consiste, precisamente, en contrastar la informaci&oacute;n y dar al p&uacute;blico todas las claves.
    </p><p class="article-text">
        Pero la postulaci&oacute;n falsa de Revilla como candidato en Madrid me llevaba a otra segunda consideraci&oacute;n. Si como dec&iacute;a Isabel D&iacute;az Ayuso, &ldquo;Madrid es Espa&ntilde;a dentro de Espa&ntilde;a. &iquest;Qu&eacute; es Madrid si no es Espa&ntilde;a? Madrid no es de nadie porque es de todos&rdquo;, &mdash;una de esas sentencias que har&iacute;an feliz a Gila&mdash;, por qu&eacute; no podr&iacute;a presentarse cualquiera de nosotros a la Presidencia de la Comunidad incluso aunque no vivi&eacute;ramos en ella.&nbsp;Y es m&aacute;s, si Madrid es de todos y los medios de comunicaci&oacute;n y los pol&iacute;ticos nos hacen part&iacute;cipe de cualquier peque&ntilde;a trifulca local como si nos tuviera que importar, &iquest;no ser&iacute;a de sentido com&uacute;n que toda Espa&ntilde;a votase para elegir a los regidores de la capital y de su Comunidad? Hacer que Santander, A Coru&ntilde;a o Bilbao fuesen Madrid dentro de Espa&ntilde;a. Estuve a punto de soltar mi ocurrencia en Twitter para ver qu&eacute; aceptaci&oacute;n ten&iacute;a. Aunque me dije, bastantes tonter&iacute;as aparec&iacute;an en la red como para amplificar una mayor. Y pens&eacute;: vivimos en una &eacute;poca tan surrealista que hubiera dejado sin palabras al m&aacute;s ir&oacute;nico de los hermanos Marx. O qui&eacute;n sabe, quiz&aacute;s hubiera dicho aquello de: &ldquo;La pol&iacute;tica es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagn&oacute;stico falso y aplicar despu&eacute;s los remedios equivocados&rdquo;.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Álex Oviedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/remedios-equivocados_132_7333022.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 23 Mar 2021 05:30:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Remedios equivocados]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Sobre la libertad y eso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/libertad_132_7243563.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3b02a4cc-e477-4397-8a02-b7c85862d252_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Sobre la libertad y eso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las palabras tienen dueño y son en ocasiones tan letales como un arma. No se las lleva el viento; erosionan con su goteo. Pero vivimos en una época en la que nadie se hace responsable de ellas, ni del mal que pueden provocar</p></div><p class="article-text">
        Imagino que Pablo Echenique entrar&iacute;a en c&oacute;lera si un grupo de individuos le quemaran la silla de ruedas que precisa para desplazarse. Y no creo que, al ver su medio de transporte convertido en un esqueleto humeante, justificase el acto con una torticera defensa de la libertad de expresi&oacute;n, igual que ha hecho al mostrar su apoyo a los actos ocurridos estos d&iacute;as en las calles de muchas ciudades espa&ntilde;olas, te&ntilde;idas de fuego y humo, marcadas por los saqueos, la violencia y el pillaje indiscriminado. No s&eacute; qu&eacute; opini&oacute;n le merecer&aacute; que las protestas para defender un derecho constitucional impliquen ver a un hatajo de encapuchados desarraigando una jardinera, extrayendo ladrillos del suelo a base de martillo y cincel para lanz&aacute;rselos a la polic&iacute;a, rompiendo los escaparates de las tiendas o de las sucursales bancarias para escapar, seguidamente, con sillas, ropa de deporte o patinetes el&eacute;ctricos como vulgares rateros. Me dir&aacute; que se trata de grup&uacute;sculos que tienen poco que ver con la base del asunto, con el quid de la cuesti&oacute;n, con la ra&iacute;z en la que se fundamenta la democracia. Con la libertad y eso. Estoy seguro que no defiende una libertad consistente en intentar prender fuego a la sede de un peri&oacute;dico, a empujar a un periodista que hace su trabajo, a querer romperle la m&aacute;quina de fotos, a soltar a voz en grito esl&oacute;ganes aprendidos en plan &ldquo;&iexcl;Prensa espa&ntilde;ola, manipuladora!&rdquo;. Porque si esa es la libertad que defiende, o lo que es lo mismo, la m&iacute;a frente a la del otro, tendr&iacute;amos que volver a definir el concepto. 
    </p><p class="article-text">
        Imagino que muchos l&iacute;deres pol&iacute;ticos que s&oacute;lo saben expresarse v&iacute;a tuit se habr&aacute;n sonrojado estos d&iacute;as a ver ciertas im&aacute;genes en las televisiones, en la prensa de todo el pa&iacute;s o en las redes sociales a las que est&eacute;n adscritos. Quiero creer que habr&aacute;n puesto el grito en el cielo al darse cuenta de que el monstruo est&aacute; creciendo y que les sigue devorando. Que los radicalismos (de izquierdas o de derechas, eso da igual, porque suelen ser hermanos) nacen del descontento, de la frustraci&oacute;n, de las desigualdades, de las crisis alimentadas por voceros desde sus p&uacute;lpitos. Oradores que, como hizo Donald Trump, arengan a las masas para luego resguardarse en el confortable calor de sus casas. &iquest;Habr&aacute; nacido el sonrojo en sus rostros o seguir&aacute;n apostando por la pol&iacute;tica de cuando peor, mejor?
    </p><p class="article-text">
        La libertad de expresi&oacute;n no es un delito. Este fue el lema de la concentraci&oacute;n que congreg&oacute;, el pasado s&aacute;bado y de forma pac&iacute;fica, a unas ciento cincuenta personas en Santander, frente al edificio de la Delegaci&oacute;n del Gobierno en Cantabria. Y es cierto, no es un delito. Yo mismo hubiera salido a las calles a corear la frase e incluso a solidarizarme con el rapero Pablo Has&eacute;l si no fuera porque le he o&iacute;do hablar alguna vez y no comparto ni sus modos ni sus ideas. Tampoco su m&uacute;sica, aunque no dir&eacute;, como hizo la provocadora D&iacute;az Ayuso que &ldquo;tiene menos arte que cualquiera de los que estamos aqu&iacute; con dos cubatas en un karaoke&rdquo;. Me asusta que un tipo pueda entonar que &ldquo;merece la pena que explote el coche de Patxi L&oacute;pez&rdquo; o que &ldquo;alguien le clave un piolet a Jos&eacute; Bono&rdquo;. Que un cantante brame que no le da pena &ldquo;tu tiro en la nuca, pepero. Me da pena el que muere en una patera. No me da pena tu tiro en la nuca, socialisto&rdquo;. Me aterroriza pensar que <em>versos</em> como estos &mdash;o frases como las de cualquier pol&iacute;tico populista que busca sus quince minutos de &eacute;xito, parafraseando la aldea global de McLuhan, o su cabecera en los telediarios&mdash; arraiguen en la mente de alguien que vuelque todo su odio o descontento en un adversario pol&iacute;tico (y no un enemigo, a ver si lo comprendemos de una vez), en un periodista que vuelve de comprar el pan o en una vecina que le increpa para que no queme un contenedor. He vivido muchos a&ntilde;os en el Pa&iacute;s Vasco bajo el yugo de ETA y la <em>kale borroka</em> como para no saber lo que es la libertad mal entendida. 
    </p><p class="article-text">
        Las palabras tienen due&ntilde;o y son en ocasiones tan letales como un arma. No se las lleva el viento; erosionan con su goteo. Pero vivimos en una &eacute;poca en la que nadie se hace responsable de ellas, ni del mal que pueden provocar. Defiendo la libertad de expresi&oacute;n, de informaci&oacute;n, pero cualquier libertad acaba cuando empieza la del pr&oacute;jimo. Aunque para esto, tambi&eacute;n hay que decirlo, tendr&iacute;amos que comenzar a deletrear una palabra: <em>respeto</em>. Qu&eacute; tres s&iacute;labas m&aacute;s hermosas. <em>Res-pe-to</em>. Qu&eacute; t&eacute;rmino m&aacute;s id&oacute;neo para expresar nuestro comportamiento en sociedad. Una palabra que suele ir acompa&ntilde;ada de otra igualmente atractiva: <em>Educaci&oacute;n</em>. Pero dos vocablos en v&iacute;as de extinci&oacute;n, me temo.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Álex Oviedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/libertad_132_7243563.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Feb 2021 07:58:08 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Pícaros o señoritos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/picaros-senoritos_132_7185877.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/8bdd6c99-20dd-4b33-b6cb-a7af83ad70d8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Pícaros o señoritos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El dueño del cortijo siempre se creerá con más derechos que los campesinos. Y si el ciego coge dos uvas sin decir nada, nosotros arramblaremos con tres.</p></div><p class="article-text">
        Circula por las redes sociales un chiste del ilustrador alicantino Rate Bas, que escenifica perfectamente lo que est&aacute; pasando en Espa&ntilde;a con las vacunas. La vi&ntilde;eta muestra a un conjunto de ovejas en la que una pregunta: &ldquo;&iquest;Alguna sabe cu&aacute;ndo alcanzaremos la inmunidad de reba&ntilde;o?&rdquo; A lo que otra contesta: &ldquo;No s&eacute;, el primero en vacunarse ha sido el pastor y el perro&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Recordaba la frase al enterarme de que a Cantabria parece haber llegado la moda de vacunar a personas ajenas a lo que indica el protocolo del Ministerio de Sanidad. El gerente del Hospital Sierrallana de Torrelavega, Pedro Herce, <a href="https://www.eldiario.es/cantabria/sierrallana-vacuno-sanitarios-primera-linea-directivos-personal-mantenimiento-televisores-extrabajadores-catering-quiosquero_1_7183940.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dio prioridad en la lista de vacunaci&oacute;n contra la COVID a personal directivo, de gesti&oacute;n, m&eacute;dico y de enfermer&iacute;a, a un extrabajador de </a><a href="https://www.eldiario.es/cantabria/sierrallana-vacuno-sanitarios-primera-linea-directivos-personal-mantenimiento-televisores-extrabajadores-catering-quiosquero_1_7183940.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>catering</em></a><a href="https://www.eldiario.es/cantabria/sierrallana-vacuno-sanitarios-primera-linea-directivos-personal-mantenimiento-televisores-extrabajadores-catering-quiosquero_1_7183940.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">, a teletrabajadores y a los encargados del mantenimiento y del quiosco</a>. Y no solo eso, los directivos ya han sido recompensados con una segunda dosis mientras que algunos de los sanitarios m&aacute;s cercanos a los enfermos no han recibido a&uacute;n la primera. R&aacute;pidamente, Herce ha salido al paso diciendo que los directivos son personal sanitario de &ldquo;primera l&iacute;nea&rdquo;, mientras que la vacunaci&oacute;n a los colectivos no sanitarios o de limpieza son &ldquo;servicios esenciales&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Es aqu&iacute; donde surge el problema: a qu&eacute; denominamos &ldquo;personal de primera l&iacute;nea&rdquo;.&nbsp;En un ej&eacute;rcito resulta claro: aquellos soldados que se enfrentan cara a cara con el enemigo, los que caen tras las primeras refriegas, los que reciben las balas o los ca&ntilde;onazos. Y no la retaguardia o los altos rangos, que suelen ver las guerras desde un b&uacute;nker o desde un confortable despacho.
    </p><p class="article-text">
        El Ministerio de Sanidad marc&oacute; a finales del pasado mes de noviembre cu&aacute;les ser&iacute;an los grupos a los que se suministrar&iacute;a, por orden, las vacunas en esta primera etapa:&nbsp;<em>1. Residentes&nbsp;y&nbsp;personal&nbsp;sanitario&nbsp;y&nbsp;sociosanitario&nbsp;en&nbsp;residencias&nbsp;de&nbsp;personas mayores y con discapacidad;&nbsp;2. Personal sanitario de primera l&iacute;nea;&nbsp;3. Otro personal sanitario y sociosanitario; y 4. Personas&nbsp;con&nbsp;discapacidad&nbsp;que&nbsp;requieren&nbsp;intensas&nbsp;medidas&nbsp;de&nbsp;apoyo&nbsp;para desarrollar su vida (grandes dependientes no institucionalizados)</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Y fue tras la difusi&oacute;n de estos grupos cuando comenzaron a salir nombres de vacunados que no pertenec&iacute;an a ninguno de ellos. En el Pa&iacute;s Vasco, sin ir m&aacute;s lejos, dos fueron las irregularidades m&aacute;s sonadas. A los gerentes de los hospitales de Basurto y Santa Marina, Eduardo Maiz y Jos&eacute; Luis Sabas &mdash;dirigentes del PNV acostumbrados a puestos de responsabilidad pol&iacute;tica&mdash; se les acusaba de vacunarse junto a otros altos cargos por delante del personal sanitario. La evidencia hizo que el primero dimitiese y al segundo se le obligase a dimitir. Luego se supo que en Santa Marina se hab&iacute;a vacunado no solo a los directivos sino tambi&eacute;n a sindicalistas, religiosos, repartidores y reponedores &mdash;&uacute;nicamente uno de los enlaces sindicales ha dimitido&mdash;. Si el Departamento vasco de Sanidad, Osakidetza, estaba al tanto de dichas vacunaciones es lo que a&uacute;n no queda claro. S&iacute; lo estaba de la de dos directivas del hospital guipuzcoano de Mendaro, quienes se inyectaron las vacunas sobrantes de una residencia porque, en palabras de Osakidetza, eran personal que atend&iacute;a a los pacientes y no se pod&iacute;an desaprovechar las sobras. Aun as&iacute;, las dos directivas dimitieron 24 horas despu&eacute;s de conocerse la noticia. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Ejemplos como estos ponen de relieve cuestiones de cierta impunidad y desorganización. Parece mentira que, faltando como faltan vacunas en Europa, no se haya establecido un número exacto de dosis que evite la picaresca de las sobrantes</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En lo que vamos de a&ntilde;o, los medios de comunicaci&oacute;n han publicado docenas de casos de gente vacunada que no pertenec&iacute;a a grupos de riesgo: pol&iacute;ticos de peque&ntilde;os ayuntamientos de Murcia, Alicante, Tarragona o Valencia, esposas y familiares de algunos de ellos, cargos p&uacute;blicos, militares &mdash;como el ya dimitido Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), el general Miguel &Aacute;ngel Villarroya&mdash;, funcionarios, sanitarios jubilados, obispos... Se habla de alrededor de 700 personas, una cifra escasa para el n&uacute;mero de vacunaciones. En especial si a&ntilde;adimos la convocatoria hecha a trav&eacute;s de un grupo de WhatsApp en el Hospital Cl&iacute;nico San Carlos de Madrid, que pidi&oacute; que pasaran a vacunarse los jubilados que cumpl&iacute;an labores de voluntariado. La noticia corri&oacute; como un reguero de p&oacute;lvora convirtiendo la llamada en lo m&aacute;s parecido a la cola de un supermercado. 
    </p><p class="article-text">
        Ejemplos como estos ponen de relieve cuestiones de cierta impunidad y desorganizaci&oacute;n. Desorganizaci&oacute;n, porque parece mentira que, faltando como faltan vacunas en Europa, no se haya establecido un n&uacute;mero exacto de dosis que evite la picaresca de las sobrantes. Impunidad, porque sorprenden las repetidas excusas de los interpelados: que si un alcalde o concejal es un cargo de responsabilidad, que si el due&ntilde;o del quiosco de prensa hace una labor fundamental para el desarrollo de un centro sanitario, que si las vacunas que sobran las debe aprovechar un directivo... Pero no perdamos el punto de humor y recurramos a otra frase viral: <em>&ldquo;Se est&aacute; inyectando m&aacute;s gente a escondidas que en los ochenta&rdquo;</em>.
    </p><p class="article-text">
        Vivimos en un pa&iacute;s de p&iacute;caros y se&ntilde;oritos. El due&ntilde;o del cortijo siempre se creer&aacute; con m&aacute;s derechos que los campesinos. Y si el ciego coge dos uvas sin decir nada, nosotros arramblaremos con tres. Tendr&iacute;amos que releer <em>Los santos inocentes</em> o <em>El lazarillo de Tormes</em>. Que fuesen lecturas obligatorias en las escuelas, para que los chavales entendieran, por fin, la idiosincrasia hispana. As&iacute;, al menos, estar&iacute;an preparados y sabr&iacute;an si prefieren ser p&iacute;caros o se&ntilde;oritos. O media dosis de ambos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Álex Oviedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/picaros-senoritos_132_7185877.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Feb 2021 05:30:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Pícaros o señoritos]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Culpabilidades]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/culpabilidades_132_6945122.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/12848814-0f29-42af-b756-aaf5af27286f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Culpabilidades"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Nos dicen que hemos de apretarnos el cinturón, hacer un esfuerzo, aguantar un poco más sin que ninguno de esos cortesanos que lo dicen nos haya servido de ejemplo.</p></div><p class="article-text">
        S&iacute;, se&ntilde;or juez, he sido malo. O al menos esa es la sensaci&oacute;n que tengo desde que empez&oacute; toda esta historia de la pandemia. Porque s&iacute;, he obedecido al Gobierno cuando nos dijo que nos encerr&aacute;ramos en casa, que solo sali&eacute;ramos a comprar, a trabajar si nuestra profesi&oacute;n era de las que el BOE hab&iacute;a definido como esenciales; que nos asom&aacute;ramos al balc&oacute;n a las ocho de la tarde a aplaudir, a cantar <em>Resistir&eacute;</em> hasta desga&ntilde;itarse, a sonre&iacute;r a los vecinos para animarles a sobrellevar en confinamiento; que hici&eacute;ramos ejercicio en casa para mantenernos cuerdos y estiramientos para no convertirnos en <em>vejetes anquilosados</em>. 
    </p><p class="article-text">
        He tenido suerte, para qu&eacute; negarlo: no he acabado en un ERTE, ni he bajado la persiana de mi negocio, ni me he visto obligado a cerrar por culpa de las deudas; he acudido a mi puesto de trabajo con puntualidad brit&aacute;nica, he realizado todo aquello para lo que estoy contratado y he teletrabajado cuando el ordenador y el cable me lo han permitido. He visto a personas de mi entorno sentir en su cuello la angustia del paro, de los Expedientes de Regulaci&oacute;n que llaman ahora, de las desventajas que una situaci&oacute;n inesperada provoca en los aut&oacute;nomos. Y he comprobado los privilegios de cierto tipo de funcionarios que han mantenido su trabajo y su salario y su estabilidad laboral pese a tener cerrados su biblioteca, su despacho o su puesto de atenci&oacute;n al p&uacute;blico, y aunque los sindicatos protestaran meses despu&eacute;s porque la pandemia les hab&iacute;a hecho perder poder adquisitivo. Y me he re&iacute;do como un Joker vulgar al enterarme de que el Gobierno de turno aprobaba un incremento salarial para evitar que las centrales sindicales se rebelasen y adem&aacute;s de coronavirus tuvi&eacute;semos una huelga general.
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, fui yo quien sali&oacute; cuando nos dijeron que pod&iacute;amos ir a visitar a la familia con motivo de las fiestas navide&ntilde;as; quien cruz&oacute; de municipio cuando pusieron punto final a los cierres perimetrales porque hab&iacute;a que salvar la Navidad; quien pidi&oacute; un caf&eacute; con leche en uno de los bares del barrio para mantener cierta sensaci&oacute;n de normalidad por mucho que la mascarilla me impidiera verle la sonrisa a mi camarero preferido; quien esper&oacute; las colas pertinentes para comprar el pan o los regalos de los sobrinos o para entrar en un estanco a por sellos; quien se junt&oacute; en casa de sus amigos en reducidos grupos de diez personas, de seis, de dos &mdash;dependiendo de lo que marcase esa semana el Bolet&iacute;n Oficial&mdash;; quien miraba el reloj como un psic&oacute;pata para controlar que no se me pasara la hora del toque de queda o quien llevaba el correspondiente permiso para desplazarme por mucho que no me lo hayan pedido nunca ni la Polic&iacute;a Local ni la Guardia Civil. &nbsp;
    </p><p class="article-text">
        S&iacute;, Se&ntilde;or&iacute;a, soy culpable de haber cumplido con la responsabilidad de ser un ciudadano embozado, de lavarme las manos cada vez que agarro o toco cualquier cosa &mdash;tanto que me ha salido un eccema pese a ba&ntilde;arme en crema hidratante&mdash;, de haber salido a correr o a hacer deporte en los horarios que nos indicaban; pero tambi&eacute;n soy culpable de no haberme convertido en un polic&iacute;a de balc&oacute;n si ve&iacute;a que alguien estaba incumpliendo las normas; culpable de no haberme montado una fiesta en un pabell&oacute;n industrial; culpable de sentirme responsable del n&uacute;mero cada vez m&aacute;s creciente de muertos; culpable de creerme alienado al haber hecho lo que deb&iacute;a cuando deb&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Y s&iacute;, <em>worm your honor</em>, soy culpable de pensar que en estos meses aquellos que nos ten&iacute;an que liderar han demostrado, una vez m&aacute;s, su incompetencia y su escasa altura de miras. Nos alentaron a aplaudir a las enfermeras, a los m&eacute;dicos, a todo el personal sanitario, pero fueron incapaces de llegar a acuerdos que mejorasen la situaci&oacute;n de unas UCI saturadas y reducidas tras a&ntilde;os de pol&iacute;ticas de privatizaci&oacute;n y recortes. Y pronto me di cuenta de que en una partitocracia &mdash;o democracia occidental&mdash; lo importante no son los fallecidos sino a qui&eacute;n se los contabilizamos. Lo importante no son las vacunas sino que lleguen a mi comunidad en cantidades suficientes como para no saber qu&eacute; hacer con ellas. 
    </p><p class="article-text">
        Soy culpable de pensar que ciertos estamentos pol&iacute;ticos estatales y locales permanecen ah&iacute; para perpetuarse, para mantener sus sueldos y prebendas, para aumentar su n&uacute;mero de asesores y para representar en los medios de comunicaci&oacute;n su particular <em>Commedia dell'Arte</em>. Nos dicen que hemos de apretarnos el cintur&oacute;n, hacer un esfuerzo, aguantar un poco m&aacute;s sin que ninguno de esos cortesanos nos haya servido de ejemplo. Tambi&eacute;n en esto tengo algo de culpa, porque pod&iacute;a haber apagado el televisor cada vez que ve&iacute;a a S&aacute;nchez, Revilla, Casado, Iglesias, Abascal, D&iacute;az Ayuso, Mart&iacute;nez Almeida... Y, sin embargo, les he seguido escuchando como un adicto ciudadano responsable. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque en muchos casos, y cada vez que apelaban a mi responsabilidad &mdash;que a punto estuve de coger una pala y viajar a Madrid a ayudarles a recoger nieve&mdash; me miraba en la pantalla como un Travis cualquiera y me preguntaba: <em>Are you talking to me?</em> 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Álex Oviedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/culpabilidades_132_6945122.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 21 Jan 2021 05:30:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Culpabilidades]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Personajes navideños]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/personajes-navidenos_132_6695785.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5dd2c131-e634-4271-83f7-d2f4871e50d1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Personajes navideños"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Carboneros, leñadores, anguleros o troncos navideños, seres de las diferentes regiones de España. Personajes muy parecidos en algunos casos, que pretenden escapar de la maquinaria comercial allende el Atlántico, pero también de costumbres consideradas ajenas</p></div><p class="article-text">
        Son &eacute;pocas propias para los prop&oacute;sitos de enmienda y los compromisos: bajar de peso, hacer ejercicio, valorar a nuestra compa&ntilde;era de trabajo y no tacharla de incompetente y vaga, dejar de increpar a los pol&iacute;ticos porque son tuertos &mdash;y por tanto reyes en un pa&iacute;s de ciegos&mdash;. Son fechas de buenas intenciones, de pel&iacute;culas &ntilde;o&ntilde;as pero espl&eacute;ndidas, desde <em>Qu&eacute; bello es vivir</em> hasta <em>Love Actually</em>, que nos dejan un agradable sabor de boca por mucho que sepamos que no, que todo es mentira, que el banco se va a quedar con la casa, que no habr&aacute; un &aacute;ngel llamado Clarence que eche una mano a James Stewart, ni siquiera un Rowan Atkinson que permita, con su torpeza, alcanzar a la joven en el aeropuerto. 
    </p><p class="article-text">
        Juro que este art&iacute;culo quer&iacute;a salir navide&ntilde;o, o al menos colorista, y hablar de todos esos personajes que nos acompa&ntilde;an en estas fechas y que hacen m&aacute;s ilusionante la vida de nuestros peque&ntilde;os. Se me ocurri&oacute; viendo el otro d&iacute;a <em>ET</em>. Pens&eacute; en la emoci&oacute;n de la Noche de Reyes, en c&oacute;mo en nuestra infancia ten&iacute;amos un mago al que prefer&iacute;amos: Melchor, Gaspar o Baltasar. Y, acaso por ese punto diferencial, eleg&iacute;amos al rey negro, calificado as&iacute;, con todas sus letras. Hoy dir&iacute;amos de color o en el <em>summum</em> del eufemismo, afroamericano, pese a que no lo fuera. 
    </p><p class="article-text">
        Desde hace tiempo, los Magos de Oriente vienen acompa&ntilde;ados de toda una pl&eacute;yade de personajes navide&ntilde;os. Los Estados Unidos &mdash;tan dados a crear costumbres ancestrales&mdash; han exportado un orondo y barbudo bonach&oacute;n llamado Santa Claus, personaje basado en la figura de un obispo cristiano de origen griego. En el siglo XVII, los inmigrantes holandeses se llevaron a Am&eacute;rica algunos mitos, entre ellos el de <em>Sinterklaas</em>, que r&aacute;pidamente se transform&oacute; al ingl&eacute;s en <em>Santa Claus</em>. Ser&iacute;a en el siglo XIX cuando pas&oacute; a Inglaterra y a Francia, donde se fundi&oacute; con <em>Bonhomme No&euml;l</em>, de aspecto f&iacute;sico similar. La publicidad norteamericana logr&oacute; incluso crear el mito de que resid&iacute;a en el Polo Norte y viajaba en un trineo tirado por renos &mdash;hoy sabemos que son nueve y est&aacute;n liderados por <em>Rudolf</em>&mdash;. Y aunque hay im&aacute;genes previas de Pap&aacute; Noel vestido de rojo y blanco, sus colores y el propio personaje los popularizar&iacute;a Coca Cola, que en 1931 lanz&oacute; una campa&ntilde;a publicitaria para hacer m&aacute;s humano y entra&ntilde;able al personaje, consiguiendo que adoptara su fisonom&iacute;a actual.
    </p><p class="article-text">
        Para competir con la influencia norteamericana &mdash;capaz de lograr que celebremos fiestas tan poco locales como <em>Halloween</em>, el <em>Black Friday</em> y en el futuro qui&eacute;n sabe si el <em>Thanksgiving Day</em>&mdash;, en muchas comunidades espa&ntilde;olas han resucitado personajes navide&ntilde;os m&aacute;s propios. En Cantabria, por ejemplo, se ha recuperado el <em>Esteru</em>, un le&ntilde;ador fortach&oacute;n, vestido con boina, pipa, hacha, un bast&oacute;n y grandes barbas, que se dedica todo el a&ntilde;o a cortar madera pero que el D&iacute;a de Reyes lleva regalos y alegr&iacute;a a los ni&ntilde;os c&aacute;ntabros. Su popularidad se extiende por los municipios de Comillas y Ud&iacute;as, aunque tambi&eacute;n por otros colindantes con Asturias. En Llanes, por ejemplo, hay referencias a su figura. Hace unos a&ntilde;os, la Asociaci&oacute;n Cultural Filat&eacute;lica y de Coleccionismo San Roque de Laredo puso en circulaci&oacute;n cartas y matasellos con la figura del Esteru, en un intento de que arraigara en Cantabria. En pocos a&ntilde;os acabar&aacute; convirti&eacute;ndose en una tradici&oacute;n secular. Y si no, al tiempo...
    </p><p class="article-text">
        En Asturias se ha creado la leyenda del <em>Angulero</em>, un pescador que habita en el mar de los Sargazos y que en v&iacute;speras de Navidad desembarca en San Juan de la Arena, localidad perteneciente a Soto del Barco, y reparte regalos a los ni&ntilde;os asturianos. En algunas zonas de Galicia comienza a hablarse del <em>Apalpador</em> &mdash;conocido como <em>Pandigueiro</em> en el norte de Orense&mdash;, un carbonero que las noches del 24 y 31 de diciembre baja a tocar el vientre a los ni&ntilde;os para ver si han comido suficiente durante el a&ntilde;o, dejando cestos con casta&ntilde;as, alg&uacute;n regalo y deseando un a&ntilde;o nuevo repleto de felicidad y alimentos.
    </p><p class="article-text">
        Carbonero es tambi&eacute;n el personaje mitol&oacute;gico del <em>Olentzero</em>, habitual en Euskadi, Navarra y en el Pa&iacute;s Vasco franc&eacute;s. Sucio, orondo y solitario, se dedica a hacer carb&oacute;n vegetal en el bosque, aunque en invierno baja a los pueblos, en un principio a celebrar el solsticio, m&aacute;s tarde la llegada de Jesucristo y, en la actualidad, a traer regalos. &Uacute;ltimamente, y para evitar el protagonismo masculino, se ha emparejado al Olentzero con <em>Mari Domingi</em> &mdash;personaje inspirado en una canci&oacute;n popular recogida por Resurrecci&oacute;n Mar&iacute;a de Azkue a principios del siglo XX&mdash;. 
    </p><p class="article-text">
        De inspiraci&oacute;n folkl&oacute;rica es tambi&eacute;n el <em>Ti&oacute; de Nadal</em>: se coge un tronco a comienzo del Adviento, se le deja comida cada noche y se tapa con una manta para que no pase fr&iacute;o. Al llegar la Nochebuena, los ni&ntilde;os lo golpean para que defeque regalos y dulces. La parte m&aacute;s visible del tronco suele decorarse con una barretina y un rostro sonriente. Esta tradici&oacute;n rural se emparenta tambi&eacute;n con el solsticio de invierno y la tradici&oacute;n precristiana del tronco de Navidad &mdash;en Arag&oacute;n, <em>tronca de Nadal</em>, en Galicia, <em>tiz&oacute;n do Nadal</em>, en Occitania, <em>Cachafu&ograve;c</em>, <em>Cachofio</em> o <em>Soc de Nadal</em>, y en Reino Unido, <em>yule log</em>&mdash;. 
    </p><p class="article-text">
        Carboneros, le&ntilde;adores, anguleros o troncos navide&ntilde;os, seres de las diferentes regiones de Espa&ntilde;a. Personajes muy parecidos en algunos casos, que pretenden escapar de la maquinaria comercial allende el Atl&aacute;ntico, pero tambi&eacute;n de costumbres consideradas ajenas &mdash;y mon&aacute;rquicas, sin entender que los Magos de la Biblia poco ten&iacute;an que ver con &eacute;stas&mdash;. Seres que se han ido reciclando al gusto de los tiempos, perdiendo su componente mitol&oacute;gico y costumbrista para convertirlos en un nuevo reclamo comercial, ideol&oacute;gico o identitario. Personajes que se reinventan por cuestiones que poco tienen que ver con su historia y a la que no solemos acercarnos para comprender su origen y su significado.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Álex Oviedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/personajes-navidenos_132_6695785.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 05 Jan 2021 08:00:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Personajes navideños]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cines, aquellos lugares]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/cines-lugares_132_6505221.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b80628c9-b48f-4a18-87a6-ac3e70279363_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cines, aquellos lugares"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El cine de hoy son las plataformas digitales; la cartelera la tenemos al alcance de la mano con uno o dos clics y la doble sesión se ha transformado en el atracón de cinco capítulos de la última serie de moda.</p></div><p class="article-text">
        Le&iacute;a hace un par de semanas que la Filmoteca de Cantabria lanzaba una campa&ntilde;a en la que invitaba al p&uacute;blico a acercarse al cine durante este mes de diciembre, con la proyecci&oacute;n de cl&aacute;sicos como <em>El bazar de las sorpresas</em> (Ernst Lubitsch), <em>La vida de Brian </em>(Terry Gillian) o <em>Cuando Harry encontr&oacute; a Sally</em> (Rob Reiner), por citar tres ejemplos que hicieron m&aacute;s amable mi juventud y que me llevaron a amar el s&eacute;ptimo arte. La Filmoteca apuesta adem&aacute;s por impulsar su ciclo 'In&eacute;ditos' &mdash;pel&iacute;culas que no se han visto en Cantabria&mdash;, y aprovecha las fiestas para dirigir su programaci&oacute;n hacia el cine m&aacute;s infantil o de tem&aacute;tica navide&ntilde;a. Un entretenimiento de lujo para esta Navidad marcada por las restricciones de movilidad, por las medidas de distanciamiento, el toque de queda y el resto de normas revisadas en funci&oacute;n del n&uacute;mero de casos de COVID. Porque como sabemos, esta semana han descendido los contagios pero con seguridad durante la que viene volveremos a las andadas. 
    </p><p class="article-text">
        2020 se nos ha demostrado como un a&ntilde;o en el que vivimos en una acelerada monta&ntilde;a rusa y que, en mi caso, me recuerda a aquella pel&iacute;cula de Peter Weir, <em>El a&ntilde;o que vivimos peligrosamente</em>, con Linda Hunt, Mel Gibson y una estupenda Sigourney Weaver. &iquest;C&oacute;mo llevar&aacute;n los cineastas, los escritores, los guionistas todo lo que estamos pasando? &iquest;Veremos en los pr&oacute;ximos meses grandes producciones estadounidenses con protagonistas embozados que no sean Batman o Iron Man sino simples ciudadanos? Los anuncios televisivos de estos d&iacute;as ya empiezan a llenarse de reponedores de supermercados, vendedores, due&ntilde;os de bares con esa mascarilla identificativa del a&ntilde;o que todos deseamos dar por finalizado. Que termine pronto, por favor, aunque no podamos saltar en la Puerta del Sol o abrazarnos en el sal&oacute;n de nuestras casas.
    </p><p class="article-text">
        Pero habl&aacute;bamos de cine, de cultura, del entretenimiento para quienes quieran escapar del esperpento al que nos han llevado la pandemia, la incapacidad y ceguera pol&iacute;ticas, Madrid e Isabel D&iacute;az Ayuso, el rey em&eacute;rito &mdash;convendr&iacute;a revisarle el adjetivo en funci&oacute;n de la RAE: <em>1. adj. Dicho de una persona, especialmente de un profesor: Que se ha jubilado y mantiene sus honores y alguna de sus funciones. 2. adj. En la Roma antigua, dicho de un soldado: Que hab&iacute;a cumplido su tiempo de servicio y disfrutaba la recompensa debida a sus m&eacute;ritos</em>&mdash;, las ya lejanas elecciones norteamericanas, el veto de Hungr&iacute;a y Polonia al fondo anticrisis de la UE... En fin, esas noticias con las que nos desayunamos cada ma&ntilde;ana y que nos alejan de la realidad en la que nos han sumido. 
    </p><p class="article-text">
        Pertenezco a esa generaci&oacute;n para la que el cine era una v&aacute;lvula de escape, que proyectaba todos mis miedos en el hotel de Norman Bates, que vibraba con las aventuras de Indiana Jones &mdash;me acabo de enterar que Harrison Ford va a volver a interpretar al personaje con 78 a&ntilde;os&mdash;, que me enamoraba de Lois Lane como un Clark Kent sin capa de Superman, que lloraba al ver morir a King Kong acribillado en lo alto del Empire State, que prefer&iacute;a el desparpajo de Han Solo a la melancol&iacute;a de Luke, por mucho que me pareciese m&aacute;s al segundo. Y que, siempre, siempre, quise ser Cary Grant perseguido por una avioneta para acabar subiendo a mi litera a Eva Marie Saint. Esa generaci&oacute;n que pegaba patadas a un bal&oacute;n en la calle, que jugaba a las chapas, al campo quemado, a la cuerda, que cambiaba cromos en la plaza y que muchos domingos acud&iacute;a al cine de barrio o al de la parroquia a ver pel&iacute;culas antiguas. Y al salir, coment&aacute;bamos esta o aquella escena, discut&iacute;amos sobre si nos gustaba m&aacute;s <em>Robin Hood</em>, de Errol Flynn, o <em>El halc&oacute;n y la flecha,</em> de Burt Lancaster. Imagin&aacute;bamos qu&eacute; habr&iacute;a pasado si las cosas hubieran sido diferentes, si el malvado hubiera acabado apretando el bot&oacute;n nuclear o matando al h&eacute;roe con uno de esos sistemas tan sofisticados en vez de con una sencilla bala. Y regres&aacute;bamos al hogar repletos de euforia cinematogr&aacute;fica, cont&aacute;ndoles a nuestros padres que de mayor quer&iacute;amos convertirnos en protagonistas de nuestras propias pel&iacute;culas o, quiz&aacute;s, dirigirlas. O, en mi caso, escribir y reproducir en el papel lo que hab&iacute;a visto. 
    </p><p class="article-text">
        El cine de hoy son las plataformas digitales; la cartelera la tenemos al alcance de la mano con uno o dos clics y la doble sesi&oacute;n se ha transformado en el atrac&oacute;n de cinco cap&iacute;tulos de la &uacute;ltima serie de moda, se llame <em>Gambito de dama</em> o <em>The Mandalorian</em>, con su pertinente pausa para ir al ba&ntilde;o, a la cocina o a recibir al repartidor de pizza. Y no s&eacute; si ser&aacute; la edad, pero cada vez que ojeo la agenda de los diarios y veo alg&uacute;n ciclo dedicado a un director, a una actriz o a varios cl&aacute;sicos como los de la Filmoteca, me calzo los zapatos, me pongo el abrigo y me dispongo a ser, una vez m&aacute;s, James Bond en su batalla contra el Dr. No. Y me disfrazo de chaval que quiere seguir manteniendo la ilusi&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Álex Oviedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/cines-lugares_132_6505221.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Dec 2020 08:48:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cines, aquellos lugares]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Café en el parque]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/cafe-parque_132_6400065.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bdfd4733-0d3f-48dd-999f-de26825815f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Café en el parque"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El Gobierno central y muchas comunidades autónomas intentan evitar por todos los medios un nuevo confinamiento. Sin embargo, hay voces que empiezan a cuestionarse si las medidas tomadas para evitar la propagación del virus y el colapso de la sanidad están provocando los efectos anhelados.</p></div><p class="article-text">
        Se ve&iacute;a venir. El incremento de nuevos positivos y fallecidos por COVID-19 en Cantabria ha dado al traste con la pol&iacute;tica de no confinamiento que inicialmente hab&iacute;a apuntado el presidente Revilla. Sus comunidades vecinas ya lo anticipaban con el cerrojazo a la hosteler&iacute;a hasta pr&oacute;ximo aviso, el toque de queda en cualquiera de sus eufemismos y el llamado cierre perimetral que impide pasar de un municipio a otro. Cantabria no ha sido diferente al resto de Espa&ntilde;a y en menos de un mes ha sucumbido a la l&oacute;gica pand&eacute;mica: si queremos evitar los contagios hemos de restringir la movilidad, los encuentros sociales, el contacto... 
    </p><p class="article-text">
        El problema es, como nos viene ocurriendo desde que los respectivos gobiernos nos avisaran de la segunda ola, que los cambios se han hecho con cuentagotas, apelando al sentido com&uacute;n en unos casos &mdash;el menos com&uacute;n de los sentidos, si revisamos el n&uacute;mero de sanciones interpuestas&mdash;, a normas ya establecidas en otros, e impulsando nuevas reglas de convivencia que, a la larga, han provocado confusi&oacute;n y desconcierto. Hubiera sido sencillo por parte del Gobierno central marcar una pauta &uacute;nica, decretar un nuevo estado de alarma y generar unas reglas de juego para todas las comunidades. Dejar que fueran estas las que establecieran c&oacute;mo deb&iacute;a jugarse ha hecho que lo que es v&aacute;lido para Cantabria no lo sea para Asturias o el Pa&iacute;s Vasco y que aquel <em>telespa&ntilde;olito</em> que cantaba Sabina se vea obligado a rebuscar en el BOE, en el BOC, en los diarios o en las redes sociales para saber qu&eacute; puede hacer. Los dos primeros dan pereza; las &uacute;ltimas crean confusi&oacute;n &mdash;que se lo digan a un republicano norteamericano, que si solo sigue Twitter o Facebook creer&aacute; que Trump ha ganado las elecciones&mdash;. As&iacute; que los diarios (locales) se convierten en el &uacute;nico asidero para el ciudadano de a pie que percibe, ojipl&aacute;tico, c&oacute;mo los bares, restaurantes o servicios de restauraci&oacute;n han limitado el aforo, la consumici&oacute;n en el interior y van camino de echar la llave si el descenso en los contagios no lo remedia. Porque como dice el refranero espa&ntilde;ol: &ldquo;Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar&rdquo;. Que Cantabria est&eacute; en nivel 4 de alerta sanitaria no es, desde luego, un buen augurio.
    </p><p class="article-text">
        Como tambi&eacute;n era de esperar, los hosteleros han presentado recurso contra las &uacute;ltimas limitaciones al sector, aunque tengo la impresi&oacute;n de que quiz&aacute;s no vayamos a un confinamiento como el que vivimos en marzo, pero s&iacute; a limitaciones mucho m&aacute;s severas en la hosteler&iacute;a, el transporte p&uacute;blico o el comercio. O lo que es lo mismo: solo se podr&aacute; salir a la calle para ir a trabajar, a hacer la compra, bajar la basura o pasear al perro &mdash;he estado a punto de escribir <em>mascota</em>, pero conociendo la picaresca espa&ntilde;ola he desechado el t&eacute;rmino al imaginarme a cientos de personas en la calle con un h&aacute;mster, una iguana o un periquito, con su correspondiente correa, eso s&iacute;&mdash;. La hosteler&iacute;a tendr&aacute; que reinventarse, empleando una palabra de moda en este 2020. He visto en Bilbao, por ejemplo, c&oacute;mo el cierre de los bares se ha resuelto de manera satisfactoria para aquellos clientes &aacute;vidos de caf&eacute;. A la hora del mismo, decenas de personas salen en parejas a la calle, se acercan a una de esas franquicias que venden pan, boller&iacute;a y caf&eacute; para llevar, y con el desayuno en la mano acaban en un banco del parque. Las plazas se han llenado de un nuevo tipo de consumidor que sorbe caf&eacute; en vaso de cart&oacute;n, introduce el cruas&aacute;n en su interior y se lo lleva a boca mientras se quita h&aacute;bilmente la mascarilla. Y todo ello sin salpicarse, lo que en s&iacute; ya es una muestra de habilidad digna del mejor malabarista. Si yo fuese uno de los asesores de comunicaci&oacute;n de cualquiera de los pol&iacute;ticos de turno ya tendr&iacute;a pensada una respuesta en caso de que un periodista me interrogase sobre el cierre de los bares: &ldquo;A partir de ahora se podr&aacute; consumir en plazas, parques y trayectos al centro de trabajo. El desayuno es salud siempre que se haga en la calle, con mascarilla y distancia de seguridad&rdquo;. A un espa&ntilde;ol no se le puede prohibir el tentempi&eacute; de media ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno central y muchas comunidades aut&oacute;nomas intentan evitar por todos los medios un nuevo confinamiento. Sin embargo, hay voces que empiezan a cuestionarse si las medidas tomadas para evitar la propagaci&oacute;n del virus y el colapso de la sanidad est&aacute;n provocando los efectos anhelados. Aunque es pronto, no parece que estemos en el buen camino. De hecho, nuestros vecinos alemanes e incluso italianos han tomado ya medidas m&aacute;s restrictivas. Anticip&aacute;ndome a los acontecimientos, y previendo unas futuras semanas de teletrabajo, me he puesto en contacto con mi operador telef&oacute;nico y le he pedido que me d&eacute; de alta en una de sus promociones: fibra, dos l&iacute;neas independientes con llamadas y datos ilimitados, dos plataformas de televisi&oacute;n a la carta para que no falte ni el f&uacute;tbol ni las series, que uno en la adversidad debe estar entretenido y as&iacute; no pensar demasiado. Al tiempo, les he pedido una portabilidad de otro m&oacute;vil y que me den de baja en un m&oacute;dem 4G port&aacute;til que desde hace tiempo ten&iacute;a contratado para eventualidades. Y mientras la amable operadora tecleaba compulsivamente para satisfacer mis necesidades de conexi&oacute;n, me ha dado tiempo a hacer la comida, comer, recoger la cocina, poner la colada, cambiarme de ropa y echarme en el sof&aacute; a ver el telediario. Prepar&aacute;ndome ya para lo que nos espera.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Álex Oviedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/cafe-parque_132_6400065.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 12 Nov 2020 05:31:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Café en el parque]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El asteroide]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/asteroide_132_6330821.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/62e31982-aa64-4107-8478-ba32cb7be8bd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El asteroide"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Son nuestras acciones las que han convertido la COVID-19 en una realidad y somos nosotros los que acabaremos exportando virus a cualquier entorno que colonicemos.</p></div><p class="article-text">
        Un peque&ntilde;o asteroide de dos metros de ancho de nombre impronunciable &mdash;2018VP1&mdash;podr&iacute;a impactar contra la atm&oacute;sfera terrestre el 2 de noviembre, la v&iacute;spera de las elecciones estadounidenses. Los cient&iacute;ficos de la NASA han tranquilizado a la poblaci&oacute;n dici&eacute;ndoles que el impacto &ldquo;no interrumpir&iacute;a nuestra civilizaci&oacute;n&rdquo;, tampoco la celebraci&oacute;n de la jornada electoral, que quiz&aacute; s&oacute;lo nos roce en su trayectoria o pase a medio mill&oacute;n de kil&oacute;metros de la Tierra, como la &uacute;ltima vez, en noviembre de 2018. Una diferencia considerable, &iquest;pero qui&eacute;n va a poner en duda los c&aacute;lculos de la Administraci&oacute;n Espacial estadounidense? 
    </p><p class="article-text">
        Sorprende que la NASA intente tranquilizarnos sobre un posible peligro exterior cuando lo peligroso ser&iacute;a la reelecci&oacute;n del presidente m&aacute;s irreverente y mentiroso de la historia americana. <em>The Washington Post</em> calculaba hace poco que Donald Trump ha pronunciado desde su llegada al poder en 2017 m&aacute;s de 21.500 mentiras, tantas que en un barrio de Nueva York han levantado un muro de alambre, hierro y hormig&oacute;n con todas ellas, al estilo del que Trump quer&iacute;a levantar en la frontera con M&eacute;xico. Sus <em>fakes</em> y la llamada <em>realidad alternativa</em> han funcionado de tal manera que le han salido imitadores, algunos incluso de pelaje y hechura parecidos, conscientes de que Twitter y dem&aacute;s redes sociales convierten cualquier mentira en una verdad si se comparte miles de veces. Una m&aacute;xima que ya inculcaron los nazis y que ahora sostienen los que se definen a s&iacute; mismos como dem&oacute;cratas. Muy dem&oacute;cratas, los <em>Masters del Universo</em> de la democracia, con Donald Trump en el papel de He-Man. Que un candidato amenace con no aceptar los resultados electorales si no le son favorables es como convocar una mesa de di&aacute;logo a condici&oacute;n de que se decida lo que yo digo. O ir al Parlamento a hablar de mi libro.
    </p><p class="article-text">
        Pero habl&aacute;bamos del espacio. En esa ansia de continuar con una carrera espacial que qued&oacute; hace muchos lustros en barbecho, se est&aacute; organizando un nuevo viaje a la Luna para el a&ntilde;o 2025. E incluso el aterrizaje en Marte de una nave con la intenci&oacute;n de crear algo similar a &aacute;rboles artificiales que disgreguen mol&eacute;culas de CO2 en ox&iacute;geno y permitan el surgimiento de vida. Explotar otros planetas con la idea de colonizarlos despu&eacute;s de haber acabado ya con las provisiones que ofrece el nuestro. 
    </p><p class="article-text">
        Este mes, una nave espacial rob&oacute;tica descendi&oacute; a la superficie de otro asteroide &mdash;de nombre m&aacute;s coloquial: Bennu&mdash;, aterriz&oacute; sobre &eacute;l y recogi&oacute; unas muestras para su estudio que llegar&aacute;n a la NASA en 2023. Bennu es uno de esos muchos asteroides potencialmente peligrosos que orbitan cercanos a la Tierra y cuya existencia nos recuerda pel&iacute;culas catastrofistas como <em>Armageddon</em>. En mi caso, aficionado a la ciencia ficci&oacute;n, no he pensado en <em>Deep impact</em> sino en que las muestras tra&iacute;das por la sonda espacial OSIRIS-Rex podr&iacute;an venir acompa&ntilde;adas de uno de esos virus alien&iacute;genas tan habituales en la literatura o el cine: sangre convertida en petr&oacute;leo, fiebre excesiva, p&uacute;stulas por toda la piel o esa especie de unto gelatinoso que anticipa el inicio de una metamorfosis. Argumentos como el de <em>Invasion of the Body Snatchers</em> (en sus dos versiones, la de <em>los ladrones de cuerpos</em> de 1956 o la <em>de los ultracuerpos</em> de 1978). 
    </p><p class="article-text">
        Aunque, me he dicho, por qu&eacute; mirar allende la estratosfera si contamos ya con nuestro virus local. Son nuestras acciones las que han convertido la COVID-19 en una realidad y somos nosotros los que acabaremos exportando virus a cualquier entorno que colonicemos. Con el descubrimiento de Am&eacute;rica, la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena no solo conoci&oacute; la civilizaci&oacute;n occidental sino tambi&eacute;n enfermedades como la viruela, el sarampi&oacute;n, la tos ferina, la gripe... Indeseables compa&ntilde;eros de los que desconoc&iacute;an su existencia o a los que eran inmunes. Un poco as&iacute; nos sent&iacute;amos estas semanas: cre&iacute;amos haber superado al virus y nos han abofeteado con un nuevo estado de alarma.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Álex Oviedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/asteroide_132_6330821.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 27 Oct 2020 08:27:17 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El asteroide]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Envuelto en banderas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/envuelto-banderas_132_6274361.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7dbfd1a9-f1a4-47b0-b5a6-967bdfcdd2e1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Envuelto en banderas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Un extraterrestre que llegara ahora a nuestro país se encontraría con anacrónicas colas del hambre, saturación en los hospitales, concentraciones de enfermeras y médicos reclamando más ayudas al personal sanitario, manifestaciones de negacionistas clamando por la libertad de expresión o por el derecho a salir sin mascarilla</p></div><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as me siento un poco como aquel personaje ideado por Eduardo Mendoza en <em>Sin noticias de Gurb</em>, la historia de un extraterrestre que desaparece en Barcelona tras adoptar la apariencia de Marta S&aacute;nchez. El narrador, otro extraterrestre, decide salir en su b&uacute;squeda y se transforma &eacute;l tambi&eacute;n en diferentes personajes, a cual m&aacute;s absurdo: el conde-duque de Olivares, Miguel de Unamuno, Paquirr&iacute;n, Gary Cooper... E intenta adaptarse al modo de vida de un pa&iacute;s dominado por el tr&aacute;fico o las obras que culminar&iacute;an en los Juegos Ol&iacute;mpicos del 92. 
    </p><p class="article-text">
        Toda la novela est&aacute; escrita como un diario excesivo e ir&oacute;nico que podr&iacute;a venir bien para entender la situaci&oacute;n actual. Si Gurp accediera a nuestro planeta hoy en d&iacute;a, y m&aacute;s concretamente a Espa&ntilde;a, estar&iacute;a obligado a adoptar la forma de un ser humano con mascarilla, dar&iacute;a igual su rostro, aunque tendr&iacute;a problemas para saber si llevar un tapabocas de tela, de dise&ntilde;o, con el escudo de la correspondiente comunidad aut&oacute;noma o con los colores de la Guardia Civil o la m&aacute;s homologada mascarilla quir&uacute;rgica. Y si otro extraterrestre decidiera venir a buscarle quiz&aacute;s no se topar&iacute;a con un pa&iacute;s o una ciudad en obras &mdash;aunque las zanjas y andamios suelen formar parte del paisaje urbano&mdash;, sino con anacr&oacute;nicas <em>colas del hambre</em>, saturaci&oacute;n en los hospitales, concentraciones de enfermeras y m&eacute;dicos reclamando m&aacute;s ayudas al personal sanitario, manifestaciones de negacionistas clamando por la libertad de expresi&oacute;n o por el derecho a salir sin mascarilla; gritando, acaso, que todo esto de la pandemia forma parte de un contubernio judeomas&oacute;nico, o de una endiablada campa&ntilde;a de una izquierda separatista y venezolana o de un control ciudadano instigado por Microsoft, Google y otros grupos de poder al m&aacute;s puro estilo <em>Expediente X</em>.
    </p><p class="article-text">
        Dicho extraterrestre despistado se encontrar&iacute;a con un pa&iacute;s de banderas (y no en singular, que es a lo que debi&eacute;ramos aspirar) y pensar&iacute;a en ello como parte del folklore: esa reuni&oacute;n en la cumbre entre el presidente del pa&iacute;s y la presidenta de una comunidad aut&oacute;noma decorada con un fondo gualdo y rojo, que ya le gustar&iacute;a al personaje de George C. Scott en <em>Patton</em>; o ese trasunto colorista del cementerio americano de Normand&iacute;a con 53.000 estandartes frente a la M30 en homenaje a los muertos por la pandemia; las ver&iacute;a en las manifestaciones de un signo pol&iacute;tico u otro defendiendo su propiedad y elevada hacia el cielo, en el centro de una plaza, para que cualquier turista admirase su porte imperial; o en los balcones de muchas casas, de muchos edificios consistoriales que quieren hacer suya una insignia, unos colores &mdash;a estas alturas ya da igual cu&aacute;les&mdash; y, por extensi&oacute;n, una ideolog&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute;s en esa constante transformaci&oacute;n del extraterrestre en personajes del ideario hispano, acabar&iacute;a convertido en un Francisco Franco de camino a la inauguraci&oacute;n de un pantano; aunque en el <em>summum</em> del rid&iacute;culo podr&iacute;a querer ser un &Aacute;ngel Garrido o un Ignacio Aguado durante la inauguraci&oacute;n del &mdash;&uacute;nico hasta ese momento&mdash; dispensador de gel hidroalcoh&oacute;lico del metro de Madrid; o, si me apuran, un embozado Miguel &Aacute;ngel Revilla o un I&ntilde;igo Urkullu en la escenificaci&oacute;n de la apertura de la frontera entre Cantabria y el Pa&iacute;s Vasco, salud&aacute;ndose con los codos y rodeados de micr&oacute;fonos y c&aacute;maras de televisi&oacute;n. Y luego, al acabar la jornada, participar en alguna de las no fiestas en calles engalanadas, estas tambi&eacute;n, con banderines que nos recuerden que la pandemia nos ha impedido disfrutar de algo tan imprescindible como una fiesta popular dedicada a un santo cuya historia ya olvidamos.
    </p><p class="article-text">
        Aunque si yo fuese Gurb no me transformar&iacute;a en Marta S&aacute;nchez sino en Quim Torra. Un personaje que, tras 28 meses de bald&iacute;o mandato y una retribuci&oacute;n econ&oacute;mica de 150.000 euros anuales, es inhabilitado por el Supremo como presidente de la Generalitat pero se asegura un sueldo de 120.000 euros durante los pr&oacute;ximos cuatro a&ntilde;os y una pensi&oacute;n vitalicia de 92.000. Y, adem&aacute;s, tendr&aacute; derecho a una oficina con tres personas a su servicio, una dotaci&oacute;n presupuestaria para gastos de representaci&oacute;n, un coche oficial con ch&oacute;fer y escolta de los Mossos d'Esquadra, &ldquo;para garantizar sus necesidades personales e institucionales con la dignidad y el decoro que corresponden a las funciones ejercidas&rdquo; &mdash;qu&eacute; certero y vac&iacute;o es el lenguaje pol&iacute;tico&mdash;. Todo a cargo del erario p&uacute;blico, ese que dicen que es incapaz de invertir en sanidad o educaci&oacute;n. Envuelto en una bandera, eso s&iacute;. Una bandera que nos aleje de lo que es verdaderamente importante.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Álex Oviedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/envuelto-banderas_132_6274361.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Oct 2020 04:30:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Envuelto en banderas]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ruido y polémica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/ruido-polemica_132_6220545.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2ed2e6f8-ae09-4b1c-b500-20014b5d664f_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Ruido y polémica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La velocidad informativa provoca que nos centremos en la punta del iceberg, en esa señal de tráfico, pero no ahondemos en las raíces de la desigualdad. O en el avance de una ola de falso puritanismo que parece envolverlo todo.</p></div><p class="article-text">
        La Fiscal&iacute;a del Estado ha abierto el mel&oacute;n de una nueva pol&eacute;mica: en su memoria anual evidencia el machismo de algunas se&ntilde;ales de tr&aacute;fico porque &mdash;dice&mdash; &ldquo;todav&iacute;a perviven las se&ntilde;alizaciones contrarias a los principios de igualdad&rdquo;. Y pone el ojo en dos indicaciones: aquella en la que un hermano mayor lleva de la mano a su hermana al colegio; y en la que se avisa de la presencia de senderistas, con una figura cuyo menor tama&ntilde;o da a entender que se trata de una mujer. La Fiscal&iacute;a pod&iacute;a haber hablado de los sueldos m&aacute;s bajos, de la escasez de directivas en las empresas del IBEX o de que los l&iacute;deres de los grandes partidos espa&ntilde;oles sigan siendo hombres, por ejemplo. Incluso pod&iacute;a haberse preguntado: &iquest;para cu&aacute;ndo una mujer al frente del Gobierno? No por cuestiones de paridad, sino de capacidades. Aunque quiz&aacute;s no era el momento de hurgar en la llaga y mejor quedarse en lo superficial, en lo de andar por casa, en lo que el p&uacute;blico espera. Y claro, las redes sociales, con Twitter a la cabeza, no tardaron en seguir el capote y remarcar el machismo imperante en la sociedad, la ausencia de un lenguaje igualitario, la normalidad con la que hemos asumido que el hombre es quien protege a la mujer. Tambi&eacute;n en este caso pod&iacute;an haber ido m&aacute;s lejos, pero bastaba con apuntar que estos micromachismos &mdash;como el de mantener el aire acondicionado a una temperatura que no aguante una mujer&mdash; no se dan en otros pa&iacute;ses de Europa, m&aacute;s concienciados con la igualdad y la equiparaci&oacute;n entre hombre y mujer.
    </p><p class="article-text">
        Coincid&iacute;a esta pol&eacute;mica en la se&ntilde;al&eacute;tica con otra venida precisamente del exterior: el Museo de Orsay prohib&iacute;a la entrada a una estudiante de Literatura que llevaba un vestido demasiado escotado que, &mdash;seg&uacute;n dec&iacute;an, no s&eacute; yo si como excusa&mdash; desconcentraba a los visitantes y les imped&iacute;a disfrutar con tranquilidad de las obras de arte &mdash;entre ellas <em>El origen del mundo, </em>de Gustave Courbet&mdash;.
    </p><p class="article-text">
        Vivimos una &eacute;poca en la que predomina el ruido de lo anecd&oacute;tico; un siglo en el que las reivindicaciones se estancan en la superficie. La velocidad informativa provoca que nos centremos en la punta del iceberg, en esa se&ntilde;al de tr&aacute;fico, pero no ahondemos en las ra&iacute;ces de la desigualdad. O en el avance de una ola de falso puritanismo que parece envolverlo todo. Recordaba c&oacute;mo hace un par de a&ntilde;os, alrededor de diez mil personas firmaban una petici&oacute;n para que se retirase del Museo Metropolitano de Nueva York la obra <em>Teresa so&ntilde;ando,</em> del pintor franco-polaco Balthus, en la que se observa a una adolescente inclinada hacia atr&aacute;s a la que se le ven las bragas. Ped&iacute;an que se colocase un cartel junto al cuadro para indicar que su contenido &ldquo;lascivo&rdquo; pod&iacute;a resultar ofensivo. El Museo se neg&oacute; a retirar el cuadro y adujo que &ldquo;las artes visuales son uno de los medios m&aacute;s importantes que existen para reflexionar a la vez sobre el pasado y el presente&rdquo;. Para Balthus lo morboso no estaba en la inocencia de la ni&ntilde;a retratada en un momento de descanso y soledad sino en los ojos de quienes observaban.
    </p><p class="article-text">
        En este revisionismo en el que el arte ofende, la escritura se mira con la lupa de los censores y la iron&iacute;a o el sarcasmo son g&eacute;neros en desuso, pueden insultarte en redes sociales o utilizar la mentira sin recibir el merecido castigo pol&iacute;tico. Y, sin embargo, se difuminan los pezones de una fotograf&iacute;a art&iacute;stica o una manera de vestir &ldquo;indecorosa&rdquo; veta la entrada a un Museo. Dicen que en el siglo XVI se cubrieron con hojas de parra o velos los cuerpos de los personajes del <em>Juicio Final,</em> de Miguel &Aacute;ngel, por considerar su visi&oacute;n obscena e inmoral. Miramos el pasado con ojos de hoy. Y vemos <em>El hombre tranquilo</em>, de John Ford, u <em>Horizontes de grandeza</em>, de William Wyler, catalogando de machistas a sus personajes sin entender ni la &eacute;poca en que fue rodada o el contexto. Pidiendo que nos pongan un cartelito al empezar la proyecci&oacute;n que indique que su argumento acaso pueda herir nuestra sensibilidad.
    </p><p class="article-text">
        Y mientras reclamamos que se modifiquen las figuras de una se&ntilde;al de tr&aacute;fico en pro de una mal entendida igualdad.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Álex Oviedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/ruido-polemica_132_6220545.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 15 Sep 2020 06:00:14 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ruido y polémica]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Faro de colores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/faro-colores_132_6187234.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3984e207-7325-43af-860a-15e0b86511cf_16-9-aspect-ratio_default_0.jpg" width="880" height="495" alt="Faro de colores"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No dudo de que el multicolor faro atraiga a miles de turistas en los próximos meses, cuando el coronavirus lo permita. En cualquier caso, el salitre y las condiciones climatológicas harán que la intervención pictórica necesite una periódica conservación, con lo que supone de gasto, una cuestión que desconozco si se ha planteado</p></div><p class="article-text">
        En semanas informativamente tan sanitarias y pol&iacute;ticas como las que estamos viviendo se agradecen noticias culturales m&aacute;s amables. Aunque algunas, como la intervenci&oacute;n del faro de Ajo, provoquen controversia. Por si no conocen la historia, les pongo en antecedentes: hace unas semanas, el presidente Miguel &Aacute;ngel Revilla anunci&oacute; que el artista c&aacute;ntabro Okuda decorar&iacute;a este faro de 1930, reconocido como patrimonio industrial de la comunidad. La construcci&oacute;n, de un blanco reluciente y setenta metros de altura, se transformar&iacute;a en un lienzo de vivos colores, &ldquo;ciento y pico&rdquo;, apunt&oacute; el propio artista, que romper&iacute;a la monocorde tonalidad crom&aacute;tica de la costa cant&aacute;brica, m&aacute;s dada a los azules y verdes en verano o a los grises en invierno. El propio Revilla habl&oacute; de recuperar el entorno, pensando en que dicha intervenci&oacute;n art&iacute;stica atraer&iacute;a el inter&eacute;s de un p&uacute;blico &aacute;vido de s&iacute;mbolos a los que fotografiar para colgar en las redes sociales. El turismo implica dinero y es f&aacute;cil imaginar que muchos turistas se acercar&aacute;n a Ajo a ver la obra de Okuda y de paso a comer en la localidad &mdash;o aleda&ntilde;as&mdash;, a conocer la costa c&aacute;ntabra, a pernoctar... Es precisamente esa idea de &ldquo;reclamo tur&iacute;stico&rdquo; la que han denunciado muchos de los opositores al proyecto, al considerar que la intervenci&oacute;n supone la &ldquo;destrucci&oacute;n del entorno y del patrimonio material e inmaterial de Cantabria&rdquo;. Otras voces contrarias han subrayado ese valor industrial y arquitect&oacute;nico, que de noche a la ma&ntilde;ana se convierte en un elemento decorativo y pol&iacute;tico. Arte contempor&aacute;neo vac&iacute;o y colorista concebido no tanto para epatar como para llamar la atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Okuda es uno de los nombres m&aacute;s destacados del <em>street art</em>. Englobado en el llamado &ldquo;surrealismo pop&rdquo;, el artista empez&oacute; como grafitero en espacios abandonados para acabar poniendo color a localidades c&aacute;ntabras como Santander, Reinosa o Cuch&iacute;a, y otras como Llanera (Asturias) &mdash;busquen im&aacute;genes de la Iglesia Skate&mdash;, Zaragoza, Madrid, Lieja, Youssoufia (Marruecos), Denver, Par&iacute;s, Hong Kong... Estructuras geom&eacute;tricas, estampados multicolores, referencias a personajes de la cultura pop o versiones policrom&aacute;ticas de <em>La Gioconda</em> o <em>Las Gracias</em> pueden encontrarse en su obra que, a decir de los expertos, plantea las contradicciones del capitalismo y habla de la autodestrucci&oacute;n, la soledad, la falsa felicidad del ser humano y el constante conflicto entre modernidad y clasicismo. 
    </p><p class="article-text">
        Dejando a un lado el coste de la obra &mdash;40.000 euros&mdash; o su valor art&iacute;stico, lo cierto es que la intervenci&oacute;n en el faro de Ajo ha congregado a gran n&uacute;mero de seguidores (miles en su perfil de Instagram) y de detractores. La pol&eacute;mica ha surgido en gran parte por la utilizaci&oacute;n como reclamo tur&iacute;stico de un bien patrimonial, sin tener en cuenta las infraestructuras o caracter&iacute;sticas de la zona donde se levanta. Una pol&eacute;mica a la que el propio artista ha preferido ser ajeno. Pero tiendo a la hip&eacute;rbole cuando pienso en qu&eacute; hubieran dicho los coru&ntilde;eses si Francisco V&aacute;zquez hubiera contratado a un artista para intervenir sobre la Torre de H&eacute;rcules. Y entonces me acuerdo de cuando los medios de comunicaci&oacute;n anunciaron que se iba a levantar el Museo Guggenheim en Bilbao. Artistas, arquitectos, pol&iacute;ticos y ciudadanos pusieron el grito en el cielo. El edificio de Frank Gehry no casaba con la idiosincrasia de la ciudad, supon&iacute;a una invasi&oacute;n de lo americano, el arte local quedaba relegado a un discreto segundo plano. La diferencia con Ajo &mdash;m&aacute;s all&aacute; de las consideraciones art&iacute;sticas o hist&oacute;ricas entre Gerhy y Okuda&mdash; es que Bilbao era una capital en declive, sucia y gris, que se encontraba en proceso de rehabilitaci&oacute;n y el Museo, junto a todo un programa de inversi&oacute;n m&aacute;s amplio, supuso un espaldarazo a la evoluci&oacute;n de la ciudad. Lo que internacionalmente se denomina <em>efecto Bilbao</em>. Efecto que ha querido ser emulado por otras localidades sin &eacute;xito y al que muchos pol&iacute;ticos se aferran cuando piensan en edificios arquitect&oacute;nicos con proyecci&oacute;n cultural como anzuelo para pescar visitantes.
    </p><p class="article-text">
        No dudo de que el multicolor faro atraiga a miles de turistas en los pr&oacute;ximos meses, cuando el coronavirus lo permita. En cualquier caso, el salitre y las condiciones climatol&oacute;gicas har&aacute;n que la intervenci&oacute;n pict&oacute;rica necesite una peri&oacute;dica conservaci&oacute;n, con lo que supone de gasto, una cuesti&oacute;n que desconozco si se ha planteado. Porque, de no hacerlo, los vivos colores que caracterizan la obra de Okuda acabar&aacute;n apag&aacute;ndose y el faro de Ajo recordar&aacute; al estado actual en que se encuentran <em>Los cubos de la memoria</em>, que pint&oacute; en Llanes Agust&iacute;n Ibarrola, y que son hoy triste memoria &mdash;haciendo honor a su nombre&mdash; de lo que fueron en su inauguraci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Álex Oviedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/faro-colores_132_6187234.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 29 Aug 2020 05:00:56 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Faro de colores]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Cantabria,Patrimonio]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La nueva primera vez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/nueva-primera-vez_132_6148483.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fd3610b8-6d1a-4551-afcb-83692a8b1103_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La nueva primera vez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La primera vez siempre se recuerda: el primer beso, el primer viaje juntos, la primera comunión de dos cuerpos y, por supuesto, la primera película.</p></div><p class="article-text">
        Primer d&iacute;a en una sala de cine despu&eacute;s de que la pandemia nos trastocara la vida. Todo parece nuevo, diferente, alejado de lo que debiera ser normal. Las entradas las hemos cogido por internet, eso no ha cambiado, pero ya en el buscador de nuestros asientos hemos detectado que dejan un espacio libre &mdash;marcado con la equis de un tesoro ignoto&mdash; que evite el contacto con otros espectadores. Son las ocho de un s&aacute;bado t&oacute;rrido, a diez minutos de que comience la proyecci&oacute;n, y las taquillas permanecen vac&iacute;as &mdash;recomiendan que las entradas se compren <em>online </em>y se paguen con tarjeta&mdash;. No hay aglomeraciones y s&iacute; personas embozadas que buscan el gel hidroalcoh&oacute;lico &mdash;palabra que pronto veremos en el Diccionario&mdash;, que rebuscan en su tel&eacute;fono m&oacute;vil, que nos miran en la distancia y que dedican unos minutos a repasar las indicaciones que han impreso junto a la cartelera. 
    </p><p class="article-text">
        Hac&iacute;a cuatro meses que no ven&iacute;amos al cine, una de las actividades de ocio que m&aacute;s ech&aacute;bamos de menos. Y para abrir la veda hemos elegido <em>The Gentlemen: Los se&ntilde;ores de la mafia</em>, una comedia de Guy Ritchie estrenada en marzo de este a&ntilde;o pero que qued&oacute; en suspenso por culpa del confinamiento. Los m&aacute;s viejos recordar&aacute;n a Ritchie como el exmarido de Madonna con quien tiene un hijo en com&uacute;n; los cin&eacute;filos, por pel&iacute;culas como <em>Snatch: Cerdos y diamantes</em>, las dos versiones exitosas de <em>Sherlock Holmes</em> u <em>Operaci&oacute;n U.N.C.L.E</em>. <em>The Gentlemen </em>se percibe en el tr&aacute;iler como un divertimento, una revisi&oacute;n socarrona y desenfadada del cine de mafiosos, con un argumento bien trenzado que hay que seguir con atenci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La sala a la que entramos permanece en penumbra, como si los responsables hubiesen escogido esta iluminaci&oacute;n para evitar que nos miremos la mascarilla &mdash;de uso obligatorio salvo que nos dediquemos a las palomitas y a la Coca-Cola&mdash;. En la pantalla, los anuncios nos muestran que estamos recuperando la normalidad, que este verano ser&aacute; diferente; tambi&eacute;n que la primera vez siempre se recuerda: el primer beso, el primer viaje juntos, la primera comuni&oacute;n de dos cuerpos y, por supuesto, la primera pel&iacute;cula. Un recordatorio de que aquella va a ser una experiencia diferente porque ser&aacute; la primera. As&iacute; que, empujados por la emoci&oacute;n del anuncio, nos retrepamos en los asientos. Un par de avances de futuras pel&iacute;culas y las im&aacute;genes de lo que ser&aacute; nuestro estreno cinematogr&aacute;fico postconfinamiento.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">No hay pataleo, ni silbidos, tan propios de tiempos pretéritos. Quizás el enclaustramiento nos haya hecho más recogidos o las mascarillas nos dificulten el abucheo</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Los t&iacute;tulos de cr&eacute;dito iniciales nos sumen en el estupor: las escenas que se proyectan en la pantalla corresponden a otra pel&iacute;cula, <em>Personal Assistant</em>. La reacci&oacute;n de los espectadores es diversa: unos murmuran, otros preguntan al vecino si es la sala correcta, otros insin&uacute;an que puede tratarse de un nuevo tr&aacute;iler. No hay pataleo, ni silbidos, tan propios de tiempos pret&eacute;ritos. Quiz&aacute;s el enclaustramiento nos haya hecho m&aacute;s recogidos o las mascarillas nos dificulten el abucheo. Pero el error pone en evidencia el comportamiento de los presentes y, por extensi&oacute;n, del ser humano: hay personas que r&aacute;pidamente se levantan convencidas de que se han equivocado de sala; otras aguardan, confiadas de que se trata de una equivocaci&oacute;n, para desistir al final y salir en estampida; los conformistas, por el contrario, esperamos a que se subsane el error &mdash;ha pasado tanto tiempo que tambi&eacute;n el proyeccionista ha olvidado c&oacute;mo se hac&iacute;a su trabajo&mdash;, conscientes de que estamos en la sala correcta o pensando, quiz&aacute;s, que tras meses de abstinencia, la pel&iacute;cula es solo una excusa. 
    </p><p class="article-text">
        Tras varios minutos con Dakota Jonhson movi&eacute;ndose libre por la pantalla, la proyecci&oacute;n se detiene, se suceden las im&aacute;genes de los anuncios ya emitidos rebobin&aacute;ndose y los espectadores fugados regresan al redil. La sesi&oacute;n comienza. Y tal como advert&iacute;a la publicidad, no olvidaremos esta nueva primera vez.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Álex Oviedo]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cantabria/primera-pagina/nueva-primera-vez_132_6148483.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 07 Aug 2020 07:27:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La nueva primera vez]]></media:title>
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