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    <title><![CDATA[elDiario.es - César Arrocha]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/cesar-arrocha-2/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - César Arrocha]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Inexpertos e ignorantes]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/inexpertos-e-ignorantes_129_8307570.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e00aa6ee-b5a6-4339-9488-726148a49238_16-9-discover-aspect-ratio_default_1028782.jpg" width="470" height="265" alt="Inexpertos e ignorantes"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Por ello, no hay mejor momento, ahora que estamos al día con ello, de vacunarnos y promover la vacunación contra la insensatez que nos permita mantener una distancia crítica y mínima sobre nuestras propias convicciones.</p></div><p class="article-text">
        Hace 22 a&ntilde;os los psic&oacute;logos David Dunning y Justin Kruger se cuestionaron la cantidad existente de personas que, de una manera u otra, en el &aacute;mbito personal o profesional, siendo menos competentes o h&aacute;biles en una determinada &aacute;rea de conocimiento situaban sus capacidades y habilidades por encima incluso de los verdaderos profesionales en el asunto. Tras una extensa investigaci&oacute;n, estos psic&oacute;logos de la Universidad de Cornell en Nueva York, publicaron en 1999 en <em>The Journal of Personality and Social Psychology </em>los resultados de su estudio.
    </p><p class="article-text">
        David y Justin expusieron con sus resultados que, de manera general, cuando se pon&iacute;a a prueba el conocimiento de expertos, mediocres e ignorantes sobre un &aacute;rea de conocimiento determinada, acaba repiti&eacute;ndose un patr&oacute;n en el cual los expertos estimaban que estaban por debajo de la media en cuanto a resultados; los mediocres se consideraban por encima de la media y los menos dotados y m&aacute;s in&uacute;tiles estaban convencidos de estar entre los mejores.
    </p><p class="article-text">
        O lo que es lo mismo, el conocimiento previo de los individuos que m&aacute;s preparados estaban los hac&iacute;a ser conscientes de la verdadera dificultad del asunto para aceptar que probablemente no lo sab&iacute;an todo mientras que, por su parte, los individuos que menos preparados estaban cre&iacute;an que eran verdaderos profesionales sobre el tema en cuesti&oacute;n a pesar de solo conocer unas pautas b&aacute;sicas o, incluso, desconocer del todo el asunto sobre el que fueron preguntados y/o puestos a prueba.
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                Imagen de César Arrocha.                            </span>
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        Tal como me explic&oacute; mi amigo y psic&oacute;logo <a href="https://www.eldiario.es/autores/israel-mallart/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Israel Mallart</a> antes de escribir este art&iacute;culo, se ha demostrado ampliamente que las personas, usualmente, somos bastante malas a la hora de valorar nuestras propias habilidades y en t&eacute;rminos generales, tendemos a evaluar de forma excesivamente beneficiosa nuestras propias capacidades, ya sea a nivel social o intelectual. Es lo que, en el mundo de la psicolog&iacute;a, se conoce como <em><strong>superioridad ilusoria</strong></em>. Siendo este el fen&oacute;meno que provoca que las personas nos consideremos superiores a la media crey&eacute;ndonos m&aacute;s inteligentes, m&aacute;s capacitados para desempe&ntilde;ar una labor, m&aacute;s habilidosos para desarrollar un trabajo, etc&eacute;tera.
    </p><p class="article-text">
        Si a estas alturas del art&iacute;culo se est&aacute;n preguntando que hace un experto en seguridad hablando sobre un asunto que, a priori, es competencia de la psicolog&iacute;a, d&eacute;jenme decirles que ello se debe al incontrolable crecimiento del fen&oacute;meno Dunning-Kruger en nuestra sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Este, de una manera u otra, est&aacute; provocando que la seguridad, individual y colectiva, se vea comprometida y en entredicho con mayor asiduidad de la que nos gustar&iacute;a reconocer.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y esto por qu&eacute; sucede?
    </p><p class="article-text">
        Si me permiten la opini&oacute;n, en lo personal creo que no es posible dar una respuesta unilateral a esta pregunta puesto que, este, al igual que el resto de los problemas de nuestro mundo, requieren enfoques multidisciplinares para poder resolverse de la mejor manera posible.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, s&iacute; creo que uno de nuestros mayores errores como sociedad ha sido no trazar un cord&oacute;n sanitario ante estos comportamientos continuados y, cada vez, m&aacute;s sostenidos en el tiempo. Al fin y al cabo, esta estupidez no tiene autocontrol y consciencia de sus l&iacute;mites; en cambio, persiste en su absurda autosuficiencia. Basando su dogma en creencias engrandecidas y no en realidades contrastadas, lo que hace que estas personas no solo se conviertan en est&uacute;pidas, sino en potenciales peligro para s&iacute; mismos y para los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En lo personal he escuchado de todo y, como ejemplo, puedo exponerles el hecho de que cada vez m&aacute;s hemos permitido con mayor asiduidad la nociva pr&aacute;ctica de permitir que, cuando no se entiende un asunto o, directamente, no se proceda como nosotros pensamos que se deber&iacute;a realizar, se tache a los profesionales de incompetentes, corruptos, sectarios&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Con el paso del tiempo, el problema se perpet&uacute;a cuando permitimos que se cuestione todo aquello que no nos agrada y se ponga en tela de juicio a verdaderos profesionales como aut&eacute;nticos incompetentes. En esencia, esto sobre lo que estamos hablando no se trata de eliminar el disentimiento, la disputa, el litigio, el debate o incluso la m&aacute;s simple y llana opini&oacute;n. Tampoco se trata de crear un ministerio de la verdad. Se trata de empezar a separar la paja del trigo, dejando en claro cu&aacute;l es el terreno para la charla de la libre opini&oacute;n y cu&aacute;l es el entorno para un debate t&eacute;cnico - profesional.
    </p><p class="article-text">
        Ahora encontramos el comod&iacute;n de la libertad ideol&oacute;gica y de opini&oacute;n no para pensar y opinar, sino para discutir asuntos de los que, en esencia, no se tiene ni base cient&iacute;fica, ni datos, ni conocimiento juicioso como para argumentar en contra de lo relatado por un verdadero profesional.
    </p><p class="article-text">
        Es decir, hemos llegado al punto de encontrar a gente debatiendo con m&eacute;dicos, f&iacute;sicos, ingenieros en telecomunicaciones y un largo etc&eacute;tera de profesionales sin aportar ninguna prueba cient&iacute;fica seria avalada por la comunidad cient&iacute;fica internacional.
    </p><p class="article-text">
        Todo ello bajo el amparo de la m&aacute;s famosa y recurrida frase: <em><strong>Esta es mi opini&oacute;n y es tan respetable como la suya.</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        Pero esto no se trata de si a usted le gusta la pizza con pi&ntilde;a y a m&iacute; no.&nbsp;Esto se trata de ciencia y evidencia cient&iacute;fica. Siendo este el m&eacute;todo que nos impide enga&ntilde;arnos a nosotros mismos, puesto que la ciencia es el gran ant&iacute;doto contra el veneno del entusiasmo y la superstici&oacute;n. Literalmente es nuestro mejor m&eacute;todo para no caer en nuestra propia vanidad, puesto que, en este campo, la &uacute;nica verdad sagrada es que no hay verdades sagradas. Asumiendo que nuestro conocimiento evoluciona hasta el punto de entender que, por mucho que creamos fehacientemente en algo, esto no nos habilita a hacerlo inmutable e inamovible.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, m&aacute;s que nunca, es necesario estimular debates que releguen a estos necios al rinc&oacute;n de pensar. Precisamente porque el efecto Dunning &ndash; Kruger demuestra que &nbsp;las personas que son m&aacute;s incompetentes en un &aacute;rea dada provocan que su propia incompetencia les impide darse cuenta de lo incompetentes que son. Es lo que se conoce como <em><strong>incompetencia inconsciente</strong></em>.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, este efecto trae una paradoja curiosa que nos puede dar esperanza para acabar con estas malas pr&aacute;cticas que derivan en un paseo al rinc&oacute;n de pensar. Y es que David y Justin se dieron cuenta de que al entrenar a las personas m&aacute;s incompetentes y, en consecuencia, darles m&aacute;s conocimientos, aument&oacute; su capacidad para darse cuenta de su incompetencia, lo que al mismo tiempo provoc&oacute; que se volver&iacute;an m&aacute;s competentes y dejaran de ser incompetentes.
    </p><p class="article-text">
        En otras palabras, la evidencia provoc&oacute; que los incompetentes, una vez lograban tener las habilidades suficientes para reconocer su propia incompetencia, dejasen de ser incompetentes.
    </p><p class="article-text">
        Y bien, &iquest;a d&oacute;nde nos lleva todo esto?
    </p><p class="article-text">
        Pues todo esto nos ha llevado a reconfirmar lo que dec&iacute;a Charles Darwin sobre que la ignorancia genera confianza con m&aacute;s frecuencia que el conocimiento.
    </p><p class="article-text">
        Por ello, no hay mejor momento, ahora que estamos al d&iacute;a con ello, de vacunarnos y promover la vacunaci&oacute;n contra la insensatez que nos permita mantener una distancia cr&iacute;tica y m&iacute;nima sobre nuestras propias convicciones.
    </p><p class="article-text">
        Al fin y al cabo, nada en todo el mundo es m&aacute;s peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda.
    </p><p class="article-text">
        Los egipcios, una de las primeras y m&aacute;s grandes civilizaciones de este planeta, lo tuvieron claro desde el principio. Ya desde tiempo inmemoriales llamaban a las bibliotecas <em><strong>el</strong></em> <em><strong>tesoro de los remedios del alma</strong></em> pues, en efecto, en estos espacios se curaba a las personas de la ignorancia. La que, para ellos, era la m&aacute;s peligrosa de las enfermedades y el origen de todas las dem&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[César Arrocha]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/inexpertos-e-ignorantes_129_8307570.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Sep 2021 09:06:12 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Ni un problema más bajo la alfombra]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/problema-alfombra_129_7952596.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/52f1b921-d797-4225-9b67-9462eb4858b7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ni un problema más bajo la alfombra"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - Es ahora, ante las crisis, cuando tenemos la mayor obligación de ser más exigentes que nunca, puesto que lo único que conseguimos con las soluciones cortoplacistas es desplazar una serie de problemas que, tarde o temprano, tendremos que afrontar con todas las consecuencias</p></div><p class="article-text">
        Los &uacute;ltimos acontecimientos que han incidido de manera directa sobre nuestra comunidad no han hecho m&aacute;s que recordarnos que, en lo que a seguridad se refiere, los cambios trascendentales suceden cuando las crisis repentinas se convierten, irremediablemente, en rupturas exponenciales que obligan a la sociedad a tomar cartas en el asunto para mantener y proteger su estilo de vida.
    </p><p class="article-text">
        Cuando se trata de seguridad, y m&aacute;s concretamente al hecho de afrontar dificultades, a los profesionales de la seguridad se nos ense&ntilde;a que la informaci&oacute;n y la comunicaci&oacute;n ser&aacute;n imprescindibles para solventar las contrariedades. Ahora, cuando nos encontramos en medio de situaciones de crisis y ruptura, ya no basta solamente con aplicar soluciones perspicaces a problemas nuevos y antiguos. En la actualidad es m&aacute;s preciso que nunca legitimar las acciones, manteniendo la credibilidad y aprovechar ese impulso para demostrar que estas actuaciones son realmente &uacute;tiles a la hora de resolver los problemas.
    </p><p class="article-text">
        O lo que es lo mismo, ya no basta con actuar si luego no somos capaces de explicar con claridad qu&eacute; estamos haciendo y por qu&eacute; lo hacemos.
    </p><p class="article-text">
        Existir&aacute;n personas a las que esto no les preocupe, pero, al menos a m&iacute;, me gusta conocer los motivos por los cuales, hipot&eacute;ticamente, el cirujano, el dentista, el alba&ntilde;il o el mec&aacute;nico van a realizar la acci&oacute;n que tiene en mente para solucionar el supuesto problema.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sucede, sin embargo, que esta crisis global en la que estamos inmersos desde hace ya m&aacute;s de un a&ntilde;o parece haber creado un caldo de cultivo perfecto para la docilidad, la capitulaci&oacute;n y el sometimiento perpetuo a las soluciones basadas en la ret&oacute;rica.
    </p><p class="article-text">
        Un ejemplo pr&aacute;ctico, podr&iacute;a ser la resiliencia.
    </p><p class="article-text">
        La panacea a todos nuestros problemas.
    </p><p class="article-text">
        Esta es la herramienta multiusos que se ha fraguado en nuestra sociedad con el prop&oacute;sito de atajar cualquier dificultad sobre la que no tenemos, ni esperamos, alguna soluci&oacute;n de car&aacute;cter, relevancia y envergadura.
    </p><p class="article-text">
        Esta es la soluci&oacute;n que ha desbancado al an&aacute;lisis, a los datos, a la exposici&oacute;n razonada y, por encima de todo, a la cruda realidad de nuestros problemas por un t&eacute;rmino m&aacute;s rico en contenido, m&aacute;s bonito y novedoso al o&iacute;do. Este es nuestro nuevo<em> comepecados</em>, irremediablemente condenado a vivir de manera ef&iacute;mera, porque existir&aacute; un tiempo en que nadie querr&aacute; usar esta soluci&oacute;n, porque llegar&aacute; un momento en el que la habremos utilizado para todo.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, ya lo hacemos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Los sanitarios se ahogan en burnout? Es posible, pero si son resilientes saldr&aacute;n adelante reforzados, aunque no cubramos sus carencias y peticiones.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Tiene usted problemas psicol&oacute;gicos? &iexcl;Olv&iacute;dese de acudir a un psic&oacute;logo! Intente ser m&aacute;s resiliente, su problema pasar&aacute; solo y, adem&aacute;s, en el futuro, tendr&aacute; usted muchos menos problemas que antes.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Su empresa se hunde? No se preocupe, tenemos un excelente paquete de medidas basadas en la resiliencia que le cubrir&aacute; el &aacute;nimo y evitar&aacute; su animadversi&oacute;n en los pr&oacute;ximos seis o siete descubiertos de su entidad bancaria.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Eres joven y est&aacute;s preparado acad&eacute;micamente pero no consigues encontrar trabajo? No pasa nada, mientras tanto desarrolla tu resiliencia y fortalece tu esp&iacute;ritu. Para cuando encuentres trabajo sabr&aacute;s que esos 5 a&ntilde;os perdidos no habr&aacute;n sido para tanto.
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                Ni un problema más bajo la alfombra.                            </span>
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        Lo realidad es que estos ejemplos suenan dist&oacute;picos, pero, en m&aacute;s ocasiones de las que nos gustar&iacute;a reconocer, lo cierto es que cada vez se han vuelto m&aacute;s y m&aacute;s reales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como sociedad, no podemos normalizar hacer que un uso negligente del lenguaje en situaciones de crisis domine nuestras acciones puesto que, de una manera u otra, el uso que hacemos de las palabras y sus interpretaciones es un cristalino reflejo de la calidad de nuestro pensamiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y s&iacute;, es cierto, para ser congruente con mis detractores, he de reconocer que de manera oficial es la propia Real Academia Espa&ntilde;ola la que dice que la resiliencia es la capacidad de adaptaci&oacute;n de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situaci&oacute;n adversos. Ciertamente no es del todo err&oacute;neo aplicar el t&eacute;rmino cuando encontramos un &ldquo;uso corriente&rdquo; en el que este es aplicado a personas y colectivos queriendo sugerir fortaleza, capacidad de sostener la adversidad y, en algunas ocasiones, hasta serenidad y magnificencia.&nbsp;No obstante, lo cierto es que de manera originaria este t&eacute;rmino tiene un significado mucho m&aacute;s insustancial. &ldquo;Resilire&rdquo; significa &ldquo;saltar hacia atr&aacute;s&rdquo;, o &ldquo;reple&shy;garse&rdquo;.&nbsp;Este t&eacute;rmino simple y llanamente trata la capacidad de adaptaci&oacute;n de ciertos materiales o sistemas para recuperar su estado inicial tras una per&shy;turbaci&oacute;n de su forma original. De hecho, para los ingleses, la resiliencia no es m&aacute;s que una caracter&iacute;stica de los materiales y mide la resistencia el&aacute;stica de un s&oacute;lido, como podr&iacute;an serlo un muelle o una viga.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sucede que, en este presente que vivimos, nos encontramos sobre uno de los escenarios m&aacute;s dif&iacute;ciles que hemos vivido en d&eacute;cadas, teniendo que sopesar cada paso que demos puesto que nuestras acciones presentes determinar&aacute;n nuestro futuro inmediato.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para ello, desde ahora es m&aacute;s preciso que nunca legitimar las acciones, manteniendo la credibilidad y aprovechando ese impulso para demostrar que estas actuaciones son realmente &uacute;tiles, no pudiendo, en ninguna circunstancia, permitir apostar nuestra seguridad sobre t&eacute;rminos y ret&oacute;rica vac&iacute;a que m&aacute;s que soluciones inmejorables no son m&aacute;s que pinturas impresionistas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin acritud, no tengo nada contra Monet o Renoir, ni mucho menos contra el arte, pero perm&iacute;tanme el paralelismo. La resiliencia para m&iacute; es una pintura impresionista puesto que, al igual que estas obras, solo busca, a grandes rasgos, plasmar la luz existente y el instante presente. De esta manera no se est&aacute; reparando en detalle sobre aquello que se quiere proyectar. M&aacute;s bien nos estamos posicionando en unas soluciones donde el m&eacute;todo esencial es recoger la soluci&oacute;n basada en la luz, la m&aacute;s bonita, m&aacute;s all&aacute; de los verdaderos problemas que subyacen bajo los numerosos detalles que se dejan atr&aacute;s en esa carencia sistem&aacute;tica y premeditada de detalles. Es decir, aunque los cuadros impresionistas de lejos fascinen por su belleza, de cerca se desdibujan y se convierte en una amalgama de trazos inconexos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El uso que le hemos dado a la resiliencia, y otras muchas palabras en momentos de dificultad, no ha hecho m&aacute;s que evidenciar que ante situaciones dif&iacute;ciles, no hemos sido capaces de proponer una respuesta contundente, decisiva e irrebatible. Nos hemos acostumbrado a que nos propongan soluciones adornadas y acicaladas para no herir nuestros sentimientos, levantar preocupaciones o despertar inquietudes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Pero eso debe terminar.</strong>&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tenemos, como sociedad, una perpetua obligaci&oacute;n de fiscalizar nuestro rumbo, nuestras decisiones y, sobre todo, la utilidad de las acciones que se emprenden en pos del inter&eacute;s general. Es ahora, ante las crisis, cuando tenemos la mayor obligaci&oacute;n de ser m&aacute;s exigentes que nunca, puesto que lo &uacute;nico que conseguimos con las soluciones cortoplacistas es desplazar una serie de problemas que, tarde o temprano, tendremos que afrontar con todas las consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        Recuerden que, esta resiliencia, estas soluciones basadas en la ret&oacute;rica de la que presumimos, a&uacute;n no ha sido capaz de aclararnos si su definici&oacute;n encuadra dentro de una capacidad, una competencia o una habilidad. Asimismo, tambi&eacute;n se desconoce si esta quiere hacer referencia a un proceso o a un resultado. De la misma manera, tampoco se ha conseguido aclarar si la resiliencia es un fen&oacute;meno estable, una condici&oacute;n variable en el tiempo, un rasgo o un fen&oacute;meno proactivo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo el mundo habla de resiliencia, pero nadie consigue identificarla con rigor. O lo que es lo mismo, todo o&iacute;mos hablar de soluciones a diario, pero no encontramos ninguna realmente efectiva.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mi peque&ntilde;o grano de arena en contra de la ret&oacute;rica, y de las soluciones m&aacute;gicas, es empezar a llamar a las cosas por su nombre. Si nos quieren decir que cultivemos la resiliencia, ser&iacute;a mejor que nos sugiriesen cultivar la longanimidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque la&nbsp;longanimidad, como toda virtud, es algo no s&oacute;lo deseable, sino exclusivo de los humanos. A diferencia de la resiliencia, no la compartimos con vigas ni materiales inanimados. No mide nuestra capacidad de volver a nuestro estado original, ni valora nuestra habilidad para desplazar problemas y no afrontarlos. La longanimidad hace referencia a la constancia, la paciencia y la fortaleza de &aacute;nimo ante las situaciones adversas de la vida. La muestra quien es capaz de soportar con paciencia y constancia sufrimientos y dificultades sin flaquear en su &aacute;nimo. Tambi&eacute;n recoge en su interior referencias a la bondad y la generosidad, bien sea en la conducta o bien sea en las ideas. Puesto que, la longanimidad, nos muestra c&oacute;mo existe una decisi&oacute;n consciente de ser solidarios con el otro, especialmente cuando este est&aacute; afrontando adversidades.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para m&iacute;, lo mejor de todo es que, en esencia, todos poseemos esta virtud en mayor o menor grado, siendo &iacute;ntegramente nuestra decisi&oacute;n educarnos en su ejercicio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con esto, entrando ya en la reflexi&oacute;n final, lo que quiero decir es que no estamos ponderando todas las opciones cuando se nos est&aacute;n planteado soluciones que inciden directamente en nuestra vida diaria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pi&eacute;nsenlo, porque ya ha pasado con la resiliencia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hemos preferido acudir a la lengua inglesa para, desde all&iacute;, importar una palabra que b&aacute;sicamente viene a explicar la capacidad el&aacute;stica de las vigas y los muelles para conseguir, dot&aacute;ndola de un contorsionismo inusual, hacer que la Real Academia Espa&ntilde;ola la defina como aquella capacidad de adaptaci&oacute;n de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situaci&oacute;n adversos, antes que usar una palabra, un t&eacute;rmino y una definici&oacute;n que exist&iacute;a desde hace a&ntilde;os, la longanimidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si es cierto que la historia la escriben los vencedores, no me cabe duda de que la ret&oacute;rica la utilizan los estafadores y la reconocen los cr&eacute;dulos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin que nos demos cuenta, nuestros errores, est&aacute;n permitiendo que la grandilocuencia, la pomposidad y el rebuscamiento est&eacute;n suprimiendo fronteras y desvaneciendo distinciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este es, quiz&aacute;s, uno de los momentos m&aacute;s importantes de la historia para entender que podemos educarnos en la longanimidad todo lo que deseemos, pero de nada servir&aacute; si no somos categ&oacute;ricos a la hora de exigir soluciones efectivas, contundentes, acordes y preventivas a nuestros problemas reales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al igual que hace tiempo entendimos que no necesitamos sacrificar animales para que el dios de la lluvia empape nuestros campos con agua ca&iacute;da del cielo, es necesario entender que nuestros problemas son una cuesti&oacute;n de fondo y no accesoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si la ret&oacute;rica nos ha vendido que la resiliencia es algo capaz de solventar nuestro estr&eacute;s, nuestros problemas econ&oacute;micos, laborales y an&iacute;micos, as&iacute; como un largo etc&eacute;tera, imag&iacute;nense lo que podremos esperar si no empezamos a fiscalizar las decisiones de dudosa efectividad que se nos quieren vender como milagrosas, multiusos o, lo que es lo mismo, buenas, bonitas y baratas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En conclusi&oacute;n, esta desidia generalizada no ha hecho m&aacute;s que evidenciar que no nos cabe ni un problema m&aacute;s debajo de la alfombra y, tristemente, ninguna situaci&oacute;n es tan grave que no sea susceptible de empeorar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es hora de entender, tal y como dijo S&eacute;neca, que no es porque las cosas sean dif&iacute;ciles que no nos atrevemos; es porque no nos atrevemos que son dif&iacute;ciles.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[César Arrocha]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 May 2021 10:05:29 +0000]]></pubDate>
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      <title><![CDATA[La delgada línea roja]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/delgada-linea-roja_129_6489959.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e212516f-b7c1-47e7-824f-baca29f4fc36_16-9-aspect-ratio_default_1007639.jpg" width="476" height="267" alt="La delgada línea roja"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">OPINIÓN - No me puedo creer que aún exista espacio para discutir fruslerías con un acumulado de 1’7 millones de infectados y aproximadamente 47.000 compatriotas fallecidos.</p></div><p class="article-text">
        Esta es una expresi&oacute;n que va camino de hacerse inmortal con el paso de los a&ntilde;os. Cada d&iacute;a, se emplea de manera m&aacute;s asidua y despreocupada. Lo cierto es que, con acepciones dispares y a pesar de las diferencias evidentes de uso, se entiende como el l&iacute;mite o frontera infranqueable que separa el caos y el orden. El &uacute;ltimo basti&oacute;n en el que refugiamos nuestras esperanzas para combatir nuestro desasosiego, nuestro pavor y, en esencia, nuestro miedo.
    </p><p class="article-text">
        Ciertamente, esta famosa y heroica acepci&oacute;n, nace de una situaci&oacute;n desoladora. Durante el transcurso de la batalla de Balaclava, la caballer&iacute;a rusa, formada por 2.500 hombres, carg&oacute; al amanecer contra los brit&aacute;nicos. Lo &uacute;nico que se interpon&iacute;a entre la caballer&iacute;a y el maltrecho campamento eran 500 soldados del 93&ordm; Regimiento de Highlanders. El general Campbell s&oacute;lo pudo decirles a sus hombres lo siguiente:
    </p><p class="article-text">
        &laquo;No hay retirada desde aqu&iacute;, soldados. Deben morir donde se encuentran&raquo;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, se enfrent&oacute; a la carga de caballer&iacute;a con una l&iacute;nea de fuego de solo dos hombres de profundidad.
    </p><p class="article-text">
        La famosa delgada l&iacute;nea roja.
    </p><p class="article-text">
        Su resultado despu&eacute;s de tres descargas de fusiler&iacute;a hacia la caballer&iacute;a rusa se tradujo en apenas unos pocos muertos y una tromba de 2.400 rusos que iban camino de certificar la hecatombe brit&aacute;nica en Balaclava. &nbsp;Sin embargo, el general ruso, por motivos desconocidos, dud&oacute; viendo lo delgada que era la l&iacute;nea de infanter&iacute;a que se les enfrentaba y dedujo que era solo una trampa, raz&oacute;n por la cual orden&oacute; la retirada.
    </p><p class="article-text">
        Dicho esto, entrando en materia y dejando, por el momento, la historia a un lado, &iquest;se han preguntado cu&aacute;l es la delgada l&iacute;nea roja que nos salvaguarda?
    </p><p class="article-text">
        La respuesta es m&aacute;s compleja de lo que puede parecer a priori puesto que, en lo personal, no pienso que sea una l&iacute;nea conformada &uacute;nicamente por un colectivo en exclusivo. El factor que cambia, con las circunstancias, es el colectivo que queda, a&uacute;n m&aacute;s, a los pies de los caballos.
    </p><p class="article-text">
        Si por ejemplo ardieran nuestros bosques en &eacute;poca estival, ver&iacute;amos c&oacute;mo ser&iacute;an los bomberos forestales los que ocupar&aacute;n esa l&iacute;nea. Si, por el contrario, fuera nuestra soberan&iacute;a y libertad la que se encontrara bajo amenaza, hallaremos a las fuerzas y cuerpo de seguridad del estado corriendo directamente hacia el peligro del que todos los dem&aacute;s huimos. Si la situaci&oacute;n geopol&iacute;tica deriva en un repentino polvor&iacute;n, all&iacute; encontraremos a nuestras fuerzas armadas asegurando nuestra libertad.
    </p><p class="article-text">
        En este caso y despu&eacute;s de sufrir aproximadamente 47.000 fallecidos y 1.7 millones de contagiados, si seguimos luchando por cada compatriota hasta la extenuaci&oacute;n es gracias a los sanitarios. Esa entidad protectora que, bajo las circunstancias actuales, ocupa la primera l&iacute;nea y separa este maltrecho campamento de la calamidad que ha supuesto esta situaci&oacute;n. Para nosotros los sanitarios han sido un famoso ente abstracto que hemos exigido en momentos de necesidad, culpabilizado en momentos de dificultad, maltratado en momentos de desaprensi&oacute;n y cuestionado en momentos de aflicci&oacute;n. Lo cierto es que, aunque pueda parecer lo contrario, los entes abstractos no lo son tanto. Est&aacute;n formados por hombres y mujeres que, como usted y como yo, sangran, lloran, sufren y padecen de la misma manera que cualquier otra persona.
    </p><p class="article-text">
        Esta pandemia solo nos ha dado una perspectiva di&aacute;fana sobre su d&iacute;a a d&iacute;a que, despu&eacute;s de certificar el hecho de que miles se hayan contagiado y fallecido, nos ha permitido observar que el desbordamiento y el sobreesfuerzo han sido de dimensiones inconmensurables. Como dir&iacute;an los meteor&oacute;logos, esta ha sido una ciclog&eacute;nesis explosiva que ha derivado en una espectacular avalancha de plantillas infectadas, equipos mermados, sobresaturados y con recursos insuficientes, los cuales han debido afrontar una carga cada vez mayor.
    </p><p class="article-text">
        Si hoy escribo esto es porque despu&eacute;s de meses de confinamiento, de una cifra de muertos que, d&iacute;a tras d&iacute;as da un v&eacute;rtigo inaceptable, de familias totalmente desgarradas por el drama de la p&eacute;rdida, de empresarios al borde del colapso econ&oacute;mico y de situaciones que han tensado el clima de sostenibilidad de nuestra sociedad hasta l&iacute;mites insospechados, yo mismo, por motivos de salud ajenos al Covid-19, acab&eacute; tras el resguardo de la delgada l&iacute;nea roja. En un abrir y cerrar de ojos me despert&eacute; en el Hospital bajo la tutela y resguardo de los sanitarios que, aunque llevaban meses ocup&aacute;ndose de la pandemia, tambi&eacute;n deb&iacute;an sumar a su carga de trabajo el resto de problemas de salud fortuitos como, en este caso, el m&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        All&iacute;, para mi sorpresa, solo observ&eacute; un indescriptible mimo en la atenci&oacute;n que fue acompa&ntilde;ado de un sobrecogedor calor humano. A pesar de tener que trabajar con unos equipos de protecci&oacute;n que, durante meses, debido a lo inherente de sus caracter&iacute;sticas, han derivado en un d&eacute;ficit dr&aacute;stico de comunicaci&oacute;n al suprimir poco a poco la comunicaci&oacute;n no verbal, t&aacute;ctil y gestual, no han conseguido doblegar la caricia invisible de su profesi&oacute;n. Desde que traspas&eacute; la puerta tuve claro que, por encima de las circunstancias, esos sanitarios se dejar&iacute;an la piel por ponerme a salvo. Curioso, cuanto menos, que el <em>primun non nocere</em> lo encuentres en su mirada y sus primeras palabras:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Hola, C&eacute;sar, buenas tardes, soy el doctor, estoy aqu&iacute; para intentar ayudarte, &iquest;puedes contarme qu&eacute; te ha pasado?&rdquo;</em>
    </p><p class="article-text">
        En ese momento, record&eacute; las palabras de una doctora canaria afincada en Madrid, al servicio del Hospital Doce de Octubre que, por devenires de la vida, tuve la suerte de escuchar con detalle en la inmaculada playa de La Zamora durante un apacible d&iacute;a de verano. &nbsp;Sus palabras entrelazaban sentimientos de incredulidad y normalidad mientras narraba la historia de c&oacute;mo los sanitarios, en el momento m&aacute;s crudo de la situaci&oacute;n, no ten&iacute;an ni un momento de tregua para respirar aire fresco pues, como todos sabemos, en esos espacios no cab&iacute;a nada m&aacute;s que el olor a desinfectante y el silencio. El silencio atronador que desprend&iacute;an los enfermos intubados, tras puertas cerradas, con un reloj que no paraba de correr en cada guardia, sin material y con unos pacientes que se iban apagando cada vez m&aacute;s pronto, como los d&iacute;as de oto&ntilde;o. Recuerdo con claridad su cr&oacute;nica de los momentos previos a terminar sus turnos, donde lo usual era encontrar siempre m&eacute;dicos o enfermeras llorando. Dec&iacute;a que el sufrimiento humano no ten&iacute;a respuesta. Era algo que escuchaba y solo pod&iacute;a llevarse a casa por dosis, como tratando de liberar a sus compa&ntilde;eros de su pesada carga emocional, tratando de aplicar f&oacute;rmulas que permitieran compartir su dolor, su tristeza y su soledad. Siempre percib&iacute; en sus palabras algo ajeno a una opini&oacute;n, aquello siempre fue como un sentimiento que aglomeraba las palabras de miles de sus compa&ntilde;eros. Su rabia, el dolor, el malestar, el resentimiento, el sentimiento de culpabilidad y, finalmente, el burnout diab&oacute;lico que los dejaba noqueados solo eran partes de la metralla que fulmin&oacute; su resistencia. En esencia, se estuvieron enfrentado a un tsunami de dimensiones siderales con la inseguridad de desconocer si ellos tambi&eacute;n formaban parte de ese maremoto de infectados. Con ello empezaron los problemas para concentrarse y tomar decisiones, los bloqueos, las cefaleas, el dolor muscular, los trastornos digestivos, el insomnio y un largo etc&eacute;tera de afectaciones. El trabajo se volvi&oacute; una fuente de ansiedad que cristalizaba en sentimientos de malestar, preocupaci&oacute;n, hipervigilancia, tensi&oacute;n, temor, inseguridad, sensaci&oacute;n de p&eacute;rdida de control y percepci&oacute;n de fuertes cambios fisiol&oacute;gicos incontrolables. Miedo, miedo y m&aacute;s miedo que convert&iacute;a los sue&ntilde;os en terror nocturno. Trabajar hasta la extenuaci&oacute;n en condiciones de m&aacute;ximo estr&eacute;s, con una fatiga laboral aumentada, siendo conocedores de la anergia que sufrir&iacute;an en sus cuerpos y la alexitimia en un cerebro que, adem&aacute;s, deb&iacute;a lidiar con la necesidad de cumplir metas que trataban de paliar infatigablemente lo que es casi imposible resolver.
    </p><p class="article-text">
        No obstante, mi sensaci&oacute;n al terminar de escuchar a estos dos profesionales sanitarios fue la misma:
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que parecen estar construidos de algo especial, de un material extremadamente resistente, uno que parece a prueba de circunstancias inclementes y exasperantes, la sociedad est&aacute; tensando ese material hasta un punto de ruptura nunca visto.
    </p><p class="article-text">
        Lo digo debido a que, despu&eacute;s de semejante cat&aacute;strofe, lo que encontramos en el debate p&uacute;blico son palabras, textos y sentimientos que realmente parecen sacados de una &eacute;poca en la que verdaderamente pod&iacute;amos discutir cantidades ingentes de nimiedades.
    </p><p class="article-text">
        En el fondo es ir&oacute;nico.
    </p><p class="article-text">
        De esta pandemia se dijo que &iacute;bamos a salir transformados en mejores personas. Escuch&eacute; m&aacute;s de una vez que el 2019 se nos hab&iacute;a quedado anticuado en cuanto a los problemas mundanos. Ahora las preferencias y preocupaciones cambiar&iacute;an radicalmente y se enfocar&iacute;an en las necesidades reales de nuestra sociedad. Le&iacute; sin cesar lo bonito que era ver a nuestro pueblo unido. Se inund&oacute; la ciudad de halagos, agasajos y alabanzas hacia los sanitarios. Se les dijo que a partir de ahora esta fraternidad que inundaba el aire ser&iacute;a el viento de cambio que los pondr&iacute;a donde de verdad merecen. Que nunca m&aacute;s nos distraer&iacute;an problemas absurdos y que las rencillas quedar&iacute;an en an&eacute;cdotas.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo cierto es que nada ha cambiado.
    </p><p class="article-text">
        Si algo nos ha ense&ntilde;ado este a&ntilde;o 2020 es c&oacute;mo las consecuencias de nuestros actos pueden cambiar irremediablemente nuestro destino y, tambi&eacute;n, nos ha mostrado la manera de repararlos antes de que vuelvan a ocurrir. No obstante, en lo personal creo que no estamos contando con una visi&oacute;n suficiente amplia para entender que mientras una buena parte de la sociedad est&aacute; tratando de sembrar sensatez en tama&ntilde;a confusi&oacute;n, otra quiere discutir sobre aut&eacute;nticas trivialidades que nada aportan a esta situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La navidad, en su contexto, ha sacado a flote los sentimentalismos m&aacute;s puros y los razonamientos m&aacute;s pobres. Los sanitarios no necesitan luces, adornos y agasajos. Ni siquiera aplausos.<em> </em>El personal sanitario se merece algo m&aacute;s que eso. Y s&iacute;, es cierto que se merecen el recuerdo permanente de su inconmensurable labor por su dedicaci&oacute;n en la batalla en la que, como hemos visto con anterioridad, han sufrido un verdadero drama que nadie querr&iacute;a vivir en carnes propias. Pero hoy hay que ir m&aacute;s all&aacute; de los aplausos y apoyar con firmeza, ahora y siempre, las reivindicaciones que llevan pidiendo hace muchos a&ntilde;os: salarios dignos, suficiente personal y recursos sanitarios adecuados a su labor.<em> </em>Porque lo necesario para ellos es la posibilidad de contar con un mayor n&uacute;mero de medios, derechos ampliados, conciliaci&oacute;n y un sistema que los ampare en los momentos m&aacute;s dif&iacute;ciles.
    </p><p class="article-text">
        Solo piden una sociedad que los acompa&ntilde;e.
    </p><p class="article-text">
        No de marzo a junio. M&aacute;s bien de principio a fin.
    </p><p class="article-text">
        Porque esa<em> </em>delgada l&iacute;nea roja, estuvo, est&aacute; y estar&aacute; dispuesta a morir en su puesto.
    </p><p class="article-text">
        Tiene que ser desalentador, como en Balaclava, interponerse entre la caballer&iacute;a y un maltrecho campamento para comprobar que, en realidad, tras aceptar con orgullo morir en el puesto por el bien de tus compatriotas, las personas tras tu resguardo, no est&aacute;n hablando de c&oacute;mo evitar una situaci&oacute;n como esa, sino, m&aacute;s bien, discutiendo sobre el decorado navide&ntilde;o en las calles de la ciudad, la problem&aacute;tica de los centros comerciales, las restricciones de movilidad, el aforo en las reuniones sociales y de un largo listado de temas de discusi&oacute;n con un valor de aportaci&oacute;n que se aproxima exponencialmente a cero.
    </p><p class="article-text">
        En mi humilde opini&oacute;n no solicitada, no me puedo creer que a&uacute;n exista espacio para discutir frusler&iacute;as con un acumulado de 1&rsquo;7 millones de infectados y aproximadamente 47.000 compatriotas fallecidos. Con unos sanitarios agotados, maltrechos e insuficientemente dotados, me resulta m&aacute;s necesaria una reflexi&oacute;n que nos invite a hablar sobre la necesidad de exigir estrategias civiles que faciliten la participaci&oacute;n continuada, el resguardo y el cuidado de los componentes de nuestras l&iacute;neas rojas.
    </p><p class="article-text">
        Es decir, si a&uacute;n, por ejemplo, no poseemos helic&oacute;pteros Kamov de refuerzo para los incendios forestales, ni hemos dotado a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado con pistolas Taser habilitadas para el ejercicio de sus funciones, ni tampoco hemos conseguido facilitarles a los sanitarios los medios y recursos para, entre otras cosas, contar con equipos humanos amplios que permitan una correcta distribuci&oacute;n saludable de carga de trabajo, &iquest;en qu&eacute; estamos enfocando nuestras preferencias?
    </p><p class="article-text">
        Para m&iacute;, la respuesta la tiene Charles Dickens que, contra viento y marea, ha ido sobreviviendo a&ntilde;o tras a&ntilde;o para recordarnos con su <em>A Christmas Carol</em> que 177 a&ntilde;os despu&eacute;s sigue existiendo la necesidad de reflexionar sobre la bondad, la avaricia, la injusticia social y, por encima de todo, sobre la oportunidad de algo que la vida a menudo nos niega, la posibilidad de rectificaci&oacute;n. En lo personal, siempre me he considerado el m&aacute;s creyente de los agn&oacute;sticos, pero eso nunca me impidi&oacute; entender que la navidad es un espacio tiempo en el que se debe respirar generosidad, humildad, gratitud, solidaridad, reconciliaci&oacute;n, paz y amor.
    </p><p class="article-text">
        Utilicemos esos valores para perpetuar un consenso que dure el tiempo necesario hasta que convirtamos nuestra delgada l&iacute;nea roja en un infranqueable baluarte que repela las amenazas sin dejar a nadie a los pies de los caballos.
    </p><p class="article-text">
        De hecho, creo fielmente que, si nos esforzamos lo suficiente, podremos garantizar que volveremos a discutir sobre temas intrascendentes m&aacute;s pronto que tarde. Tendremos la libertad de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagn&oacute;stico falso y aplicar despu&eacute;s los remedios equivocados. Les prometo que, en 2021, 2022 y a&ntilde;os venideros seguiremos teniendo la oportunidad de encontrar pol&eacute;mica a cualquier d&iacute;a y a cualquier hora. Lo que no les puedo prometer es que todas las personas que quieren est&eacute;n disponibles para entonces. En ocasiones, puede suceder, que las pandemias mundiales tienen la costumbre de llevarse por delante algunos cientos de miles de vidas sin pararse a observar lo adecuado de la decoraci&oacute;n de las ciudades.
    </p><p class="article-text">
        Supongo que lo importante es convencer a la conciencia de que la responsabilidad de cada uno de nosotros se ubica en el plano en el que enfoquemos nuestras preferencias.
    </p><p class="article-text">
        Es decisi&oacute;n de cada individuo, como en Balaclava, decidir en qu&eacute; lugar de la historia quiere colocarse. Junto a sus compatriotas en la delgada l&iacute;nea roja o, por el contrario, bajo el c&oacute;modo resguardo del campamento donde se puede emplear todo el tiempo del mundo en hablar, de cualquier cosa, menos de lo realmente importante.
    </p><p class="article-text">
        Como dijo Franklin Delano Roosevelt, hay un misterioso ciclo en los acontecimientos humanos. A algunas generaciones se les da mucho, de otras generaciones se espera mucho y, a esta generaci&oacute;n, se le ha dado una cita con el destino.
    </p><p class="article-text">
        Felices fiestas.
    </p><p class="article-text">
        Y, si algunas personas quieren volver a colaborar, pr&oacute;spero a&ntilde;o nuevo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[César Arrocha]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/delgada-linea-roja_129_6489959.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Dec 2020 19:45:31 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La delgada línea roja]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Maelstrom]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/maelstrom_129_6273483.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">El pensamiento crítico es tal vez nuestra arma más efectiva para contrarrestar las vulnerabilidades que nos dejan apabullados tras soportar un enorme chaparrón de sobreinformación.</p></div><p class="article-text">
        Este inconcebible a&ntilde;o 2020 ha puesto sobre el tablero una ineludible actualidad que lo impregna todo de irrealidad. Nuestro horizonte de sucesos se ha visto atiborrado de un c&uacute;mulo de casualidades e imprevistos inveros&iacute;miles que, en la mayor&iacute;a de los casos, han despojado a la sociedad de su capacidad de r&eacute;plica en momentos de peligro.
    </p><p class="article-text">
        El camino hasta hoy nos ha ense&ntilde;ado que, en l&iacute;neas generales, existe una prolongada carencia comunitaria de asimilaci&oacute;n y adaptaci&oacute;n a sucesos disruptivos. A pesar de contar con los recursos, el conocimiento y las herramientas necesarias prevalece la incapacidad de utilizar, en la que muchos denominan la era de la informaci&oacute;n, esa caracter&iacute;stica clave que muchos afirman que est&aacute; marcando toda una &eacute;poca de la manera adecuada.
    </p><p class="article-text">
        Esta incapacitaci&oacute;n extendida durante a&ntilde;os se da, parad&oacute;jicamente, por la dificultad de encontrar informaci&oacute;n v&aacute;lida en el momento que m&aacute;s facilidad tenemos para acceder a ella.
    </p><p class="article-text">
        Para entender el problema imaginen, por ejemplo, un partido de baloncesto normal, d&oacute;nde dos equipos de cinco personas se disputan la victoria. No obstante, este partido tiene unas reglas especiales que dictan que cada tres minutos se incorporar&aacute;n a los equipos el doble de jugadores cada vez. Es decir, se empezar&aacute; con cinco, luego se unir&aacute;n diez, luego veinte y as&iacute; sucesivamente.&nbsp;La consecuencia es clara, en apenas diez minutos hemos pasado de cinco jugadores por equipo a sesenta y cinco. Una cifra escandalosa pues, como todos sabemos, es muy dificultoso o pr&aacute;cticamente imposible disputar un partido en estas condiciones.
    </p><p class="article-text">
        Con la informaci&oacute;n sucede lo mismo, de hecho, hasta 2003 seg&uacute;n Eric Schmidt, CEO de Google por aquel entonces, la humanidad hab&iacute;a generado cinco exabytes de informaci&oacute;n a lo largo de toda su historia. Si quieren aproximar la cifra a n&uacute;meros m&aacute;s tangibles, vean la capacidad de su disco duro externo o, en su defecto, de su ordenador y observar&aacute;n que, muy probablemente, este posea 1 Terabyte, que son unos 1.000 gigabytes. Bien, pues ahora multipliquen los terabytes por 5.000.000 y recuerden que eso solo fue hasta 2003. Ahora piensen que en 2007 se generaron 281 exabytes y apenas cuatro a&ntilde;os m&aacute;s tarde alcanzamos los 1.800 exabytes.
    </p><p class="article-text">
        La sobreinformaci&oacute;n est&aacute; aqu&iacute; y viene para quedarse.
    </p><p class="article-text">
        Desde el inicio del a&ntilde;o y, m&aacute;s concretamente, despu&eacute;s de que una pandemia mundial dinamitara la vida normal, hemos asistido a un proceso en el que la sociedad ha estado perpetuamente conectada a una sofisticada tela de ara&ntilde;a. En ella, la informaci&oacute;n, que en este caso es la ara&ntilde;a, no necesita de adhesivo para retener a nadie pues, aunque parezca incongruente, el grueso de la poblaci&oacute;n busca de manera voluntaria y activa ser devorada por ese depredador. Aceptando ser engullidos por la informaci&oacute;n que Facebook, Twitter, Instagram y un largo n&uacute;mero de proveedores facilita en base a las preferencias individuales de cada persona. Provocando que se queden imantados a la pantalla para comprobar si hay algo nuevo, porque no queremos perdernos nada. Queremos conocer las cifras, llegar los primeros a las exclusivas, leer los &uacute;ltimos estudios, escuchar todas las discusiones, cuestionar a los expertos y devorar las tertulias. Una y otra vez. Agrandando esa rueda de la que es imposible escapar, esa que ocupa todo el ancho de banda mental y sigue sin dejar sitio para permitirnos usar el discernimiento de manera clarificadora. Porque a la mente humana siempre le ha importado la inmediatez, aborrece el vac&iacute;o y si no es satisfecha llenar&aacute; los espacios disponibles con la primera novedad que pase por delante. Porque, en el fondo, estamos dominados por esa atracci&oacute;n hacia la novedad y lo complejo, nos vemos fascinados por los supuestos secretos no desvelados y los sucesos abstractos inexplicables.
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                Ilustración de César Arrocha.                            </span>
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        Con la informaci&oacute;n, si el consumo es desmedido, se entra en un proceso desenfrenado que provoca que la energ&iacute;a y claridad mental se vean irremisiblemente atra&iacute;das hacia eso que los noruegos llaman de manera soberbia y acertada &ldquo;maelstrom&rdquo;. Un remolino del que es imposible salir y que, entre otras cosas, atrapa, consume y lleva al fondo del mar todo lo que se introduce en su interior. La zona de no retorno de un agujero negro del que jam&aacute;s se podr&aacute; escapar. A&uacute;n con todo, y a pesar del riesgo y de las posibles consecuencias adversas, este enorme &ldquo;maelstrom&rdquo; no para de arrastrar personas hac&iacute;a las profundidades de la sobreinformaci&oacute;n gracias a la nula resistencia de consciencia presentada por la sociedad. Y, si por alg&uacute;n casual, es usted una de esas personas que se resiste sabr&aacute; que ello implica padecer miedo, enfado, sensaci&oacute;n de desnudez y abandono que como bien explica el psic&oacute;logo Israel Mallart en su art&iacute;culo <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/enfadados-mundo_129_6190199.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Enfadados con el mundo</em></a><em>&nbsp;</em>se derivan de entender que gestionar nuestras emociones pasa por entender que no tenemos el control sobre lo que hacen los dem&aacute;s. Aunque seamos capaces de escapar de unos sofisticados sistemas de informaci&oacute;n que nos est&aacute;n consumiendo, no podemos pretender que, por arte de magia, la sociedad sea capaz de entender que estos modelos est&aacute;n siendo usados de manera err&oacute;nea y prolongada en el tiempo, concatenando un bucle interminable de exasperaci&oacute;n. Puesto que, como bien se&ntilde;ala, esta batalla no se gana con el cuerpo sino con la cabeza.
    </p><p class="article-text">
        Dec&iacute;a Francisco de Quevedo, casi de manera premonitoria, que el <em>exceso es el veneno de la raz&oacute;n</em>. Ciertamente, si observamos con atenci&oacute;n veremos que la sobreinformaci&oacute;n, ya sea como consecuencia de estrategias malintencionadas o, por otra parte, como resultado de una exposici&oacute;n incontrolada, negligente o involuntaria es el detonante de una reacci&oacute;n en cadena que menoscaba la cohesi&oacute;n, estabilidad, salud y confianza de nuestra comunidad.
    </p><p class="article-text">
        Aunque para mi es un derecho ineludible poseer la libertad y la posibilidad de recibir todo tipo de informaci&oacute;n de manera instant&aacute;nea, gratuita y sin riesgo, tambi&eacute;n creo que, sin un control espec&iacute;fico en ciertos aspectos, puede abrir una serie de turbulentas puertas a lo extempor&aacute;neo. En la virtud de la mesura estar&aacute;, pues, la clave para sentar las bases de una regulaci&oacute;n s&oacute;lida y justa. Y aunque es innegable que la informaci&oacute;n libre consigue democratizar el acceso al conocimiento y nos da la posibilidad de acceder a un entendimiento que, en condiciones normales, a la mayor&iacute;a de los individuos nos ser&iacute;a negado o de muy dif&iacute;cil acceso, no todo vale a cualquier precio. La misma puerta que nos da acceso al conocimiento tambi&eacute;n aloja un espacio para traer un exceso de informaci&oacute;n difusa, inconsistente y de dudosa fiabilidad que, en esencia, puede provocar y provoca que los ciudadanos est&eacute;n peor informados que nunca.
    </p><p class="article-text">
        No es una novedad decir que el cambio de modelo en lo que a la informaci&oacute;n respecta est&aacute; en uno de los momentos m&aacute;s conflictivos de la historia puesto que, como no pod&iacute;a ser de otra manera, escasos a&ntilde;os atr&aacute;s eran los medios de comunicaci&oacute;n de masas los principales creadores y distribuidores de informaci&oacute;n. Ahora, con el reciente y creciente acceso universal a internet, cualquier ciudadano puede generar y compartir informaci&oacute;n en cuesti&oacute;n de pocos segundos. Esto implica un abrupto giro de 180&ordm; respecto al modelo de informaci&oacute;n creado con anterioridad. Encontrando que de un entorno en el que se informaba casi exclusivamente a trav&eacute;s de los medios de comunicaci&oacute;n &ldquo;tradicionales&rdquo;, hemos pasado a otro en el que los innumerables canales de informaci&oacute;n derivados de la expansi&oacute;n de internet saturan con facilidad nuestro espectro comprensivo.
    </p><p class="article-text">
        Al contrario de lo que se podr&iacute;a suponer, ambas vertientes son totalmente v&aacute;lidas para captar, crear y distribuir informaci&oacute;n de manera n&iacute;tida, consistente y fidedigna. Pero, como todo en la vida, para que esto sea posible debe regir la filosof&iacute;a del equilibrio, consiguiendo que todo el mundo que desee informar lo haga de manera &oacute;ptima.
    </p><p class="article-text">
        Este equilibrio del que hablamos no es un capricho ya que, en lo que a informaci&oacute;n se refiere, la verdad juega ahora mismo con desventaja. &nbsp;Un estudio realizado por el prestigioso <em>Massachusetts Institute of Technology</em> asegur&oacute; que, actualmente, las noticias verdaderas tardan seis veces m&aacute;s en alcanzar a 1.500 personas que las noticias falsas. Este fen&oacute;meno se produce debido a que la sobreinformaci&oacute;n explota las vulnerabilidades de nuestro cerebro pues, como humanos, podemos errar incluso sin ser conscientes de ello. Existe una caracter&iacute;stica conocida como &ldquo;sesgo de confirmaci&oacute;n&rdquo; que puede ser explotado para manipularnos y hacernos actuar de una manera determinada. Este &ldquo;sesgo de confirmaci&oacute;n&rdquo; es simple y llanamente nuestra tendencia natural a aceptar como verdad todo aquello que concuerda con nuestras ideas.
    </p><p class="article-text">
        Un ejemplo pr&aacute;ctico:
    </p><p class="article-text">
        <em>&iexcl;&iquest;C&oacute;mo va a ser falso si es justo lo que yo estoy pensando?!</em>
    </p><p class="article-text">
        Precisamente ese es el problema.
    </p><p class="article-text">
        Tenemos toda la informaci&oacute;n del mundo, pero, como sociedad, somos incapaces de gestionarla porque existe la tendencia generalizada de consumir y aceptar como verdad toda aquella informaci&oacute;n que concuerda con nuestras ideas, independientemente de la existencia o no de base cient&iacute;fica, datos clarificadores o directamente congruencia suficiente para poseer l&oacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        Dejando atr&aacute;s este &ldquo;sesgo de confirmaci&oacute;n&rdquo;, y centr&aacute;ndonos en el presente, la realidad de este asunto es que, ahora mismo, debido al creciente impacto de esta problem&aacute;tica, est&aacute; en proceso de legislaci&oacute;n a nivel europeo y nacional para tratar de dotar de regulaci&oacute;n a un problema que para muchos es desconocido. De hecho, aunque se est&eacute; en menor o mayor sinton&iacute;a con que las instituciones p&uacute;blicas adopten medidas regulatorias de la informaci&oacute;n, debemos saber que esta es una tarea que nos implica a todos como sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Es innegociable que como ciudadanos debemos ser cada vez m&aacute;s conscientes de nuestra propia responsabilidad a la hora de plantar cara a un problema que puede condicionar de manera directa nuestro futuro. Para ello, poseemos, probablemente, la mejor herramienta posible para ponernos manos a la obra, nuestro cerebro. El&nbsp;pensamiento cr&iacute;tico&nbsp;es tal vez nuestra arma m&aacute;s efectiva para contrarrestar las vulnerabilidades que nos dejan apabullados tras soportar un enorme chaparr&oacute;n de sobreinformaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Solventar este momento requerir&aacute; una lucha diaria que se basar&aacute; en tratar de informarnos de manera m&aacute;s pausada y reflexiva. &nbsp;Empezando por plantearnos algunas preguntas&nbsp;tan sencillas como qui&eacute;n es la fuente de informaci&oacute;n, a trav&eacute;s de qu&eacute; canal hemos accedido a ella o si concuerda sospechosamente con nuestras creencias y qui&eacute;n se puede beneficiar de ello. De estas acciones sacaremos a relucir una gran virtud, el discernimiento para saber diferenciar cu&aacute;ndo debemos asumir la informaci&oacute;n desde un plano emocional y cu&aacute;ndo debemos hacerlo desde un plano racional. Porque la informaci&oacute;n no es m&aacute;s que eso, testimonio. Y un testimonio no se puede pasar nunca a un plano subjetivo y emocional donde la informaci&oacute;n se puede tergiversar con facilidad.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, m&aacute;s que nunca, debemos valernos de nosotros mismos para contrastar informaciones sospechosas. A veces es tan f&aacute;cil como&nbsp;realizar una b&uacute;squeda en internet&nbsp;para comprobar si lo que creemos como cierto est&aacute; recogido por fuentes reconocidas o si han sido desmentidas, as&iacute; como los datos empleados para hacerlo. Tambi&eacute;n resulta fundamental aprender a&nbsp;reconocer cu&aacute;les son esas fuentes fiables&nbsp;y adecuadas, adem&aacute;s de leer los textos completos sin quedarnos exclusivamente en el titular. De esta manera, nos podremos hacer una idea sobre si la informaci&oacute;n que recibimos es s&oacute;lida o si se fundamenta en falacias o medias verdades.
    </p><p class="article-text">
        Recuerden que nos corresponde a todos aplicar, dentro de nuestras capacidades, una labor pedag&oacute;gica activa para afrontar la sobreinformaci&oacute;n. Porque quiz&aacute;, alg&uacute;n d&iacute;a no muy lejano, nos veamos sometidos a las mismas consecuencias negativas derivadas de una informaci&oacute;n descontextualizada, manipulada o, en su defecto, completamente falsa que hemos compartido sin comprobar previamente. Todos podemos ser el cortafuegos que evite que el pr&oacute;ximo difundido de Whatsapp, la siguiente publicaci&oacute;n en Facebook o el nuevo hilo de Twitter cargado de desinformaci&oacute;n, falacias y nula base cient&iacute;fica.
    </p><p class="article-text">
        En lo personal, para m&iacute;, es como cuando intento disfrutar de un medio natural rec&oacute;ndito y encuentro basura que, efectivamente, no puede llegar hasta ah&iacute; de manera natural. Si bien es cierto que tengo todo el derecho del mundo a quejarme, a exigir a las instituciones sanciones ejemplares y a maldecir a todos esas personas con nula capacidad c&iacute;vica y medioambiental, lo cierto es que como ciudadano dentro de mis posibilidades siempre prefiero tomar acci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A veces basta con agacharse, recoger y depositar la basura en el contenedor.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de la irritaci&oacute;n derivada de los maleducados, groseros e inc&iacute;vicos debemos confiar en que esta sociedad, que creamos y mejoramos entre todos, empiece a ser capaz de hacer limpieza colectiva consiguiendo que el entorno est&eacute; un poco menos sucio para todas aquellas personas que vengan tras nosotros. Porque cualesquiera que sean nuestras convicciones, todos corremos el riesgo de encontrarnos basura que, por as&iacute; decirlo, estropear&aacute; nuestro d&iacute;a a d&iacute;a de manera cada vez m&aacute;s frecuente.&nbsp;Dado lo anterior, solo tenemos la posibilidad de encontrar en nosotros mismos un sentido de responsabilidad global, de entendimiento mutuo, de humildad y solidaridad. Ahora m&aacute;s que nunca debemos refrenarnos en aras del inter&eacute;s com&uacute;n para llevar a cabo un cambio en la tendencia capaz de proyectar nuestra sociedad hacia un modelo en el que, entre otras cosas, aportemos un entorno aseado que d&eacute; la oportunidad a las nuevas generaciones de crecer sin ni siquiera estar cerca de la cicuta derivada de la sobreinformaci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es, en conclusi&oacute;n, competencia de todos trabajar el deber, la &eacute;tica y la moral cuando se trata de construir un paradigma alejado de las consecuencias nefastas de la sobreinformaci&oacute;n. Es ineludible la necesidad de un nuevo di&aacute;logo sobre el modo en el que estamos construyendo el futuro, necesitamos una conversaci&oacute;n que nos una a todos, porque el desaf&iacute;o que vivimos y sus implicaciones humanas nos interesan y nos alcanzan a todos.
    </p><p class="article-text">
        Como dijo Rabindranath Tagore, <em>el r&iacute;o de la verdad comparte cauce con el de las mentiras.</em> Y, en esencia, es responsabilidad de todos limpiarlo, porque, aunque ignoremos el problema de hoy, no podremos escapar de la responsabilidad del ma&ntilde;ana.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[César Arrocha]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/lapalmaopina/maelstrom_129_6273483.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 06 Oct 2020 17:40:26 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Maelstrom]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No culpen al rinoceronte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/no-culpen-rinoceronte_129_6186733.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">SEGURIDAD - Los epidemiólogos, durante mucho tiempo, han estado investigando sobre este peligro, poniendo sobre el tablero, entre otros muchos factores, la peligrosidad del cambio climático, la globalización, los riesgos transnacionales, la conectividad mundial y la resistencia a los medicamentos.</p></div><p class="article-text">
        Las situaciones complejas donde nuestra seguridad se ve afectada directamente suelen requerir de un espectro de acepciones, t&eacute;rminos, situaciones y discernimientos tan amplios que saturan r&aacute;pidamente nuestra capacidad de asimilar informaci&oacute;n relacionada con el conflicto que nos hemos visto obligados a enfrentar sin previo aviso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Michelle Wucker, escritora de &eacute;xito, especialista en econom&iacute;a mundial y prevencionista temprana de situaciones de crisis aplica, consciente de la problem&aacute;tica existente en los modelos de riesgo actuales, un t&eacute;rmino perfecto para explicar con sencillez los problemas complejos.
    </p><p class="article-text">
        Si anteriormente hablamos de los <a href="https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/huir-cisne-negro_129_6172074.html?fbclid=IwAR2zmT434KekZViE1mjC39hi-8ltIxyEhfG_UpQl1_OTeRo7Ie9UsBUKNtQ" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cisnes negros</a> y su caracter&iacute;stica fundamental, la de encajar lo imprevisible en un modelo perfecto y complejo, esta vez hablaremos de un modelo totalmente contrario, el que usa explicaciones sencillas para problemas complejos y que, de ahora en adelante, conoceremos como <em>rinoceronte gris</em>. Este define el conjunto de peligros evidentes que sistem&aacute;ticamente son ignorados y que representan amenazas que, de hacerse realidad, conllevar&iacute;an un devastador impacto en el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Se usa este animal en concreto para definir este fen&oacute;meno ya que, tanto en los peligros actuales como en el acercamiento a los rinocerontes, la sociedad adopta una posici&oacute;n en la que, como solemos decir en los tiempos que corren, no se respeta la distancia de seguridad interpersonal. Es decir, realizamos actividades constantemente de manera indolente amparados en una inconsistente seguridad ilusoria, la misma que aplicamos constantemente en nuestra vida diaria. Dado que conozco esta carretera, puedo ir por encima del l&iacute;mite de velocidad. Debido a que manejo bien los cuchillos, no usar&eacute; guantes de malla. Aunque es preciso acudir al m&eacute;dico, me tomar&eacute; este antibi&oacute;tico sin receta porque ya me ha funcionado otras veces.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, como en toda evoluci&oacute;n, el m&eacute;todo cient&iacute;fico nos demuestra que las conjeturas subjetivas basadas en intuiciones y presentimientos son, en la mayor&iacute;a de los casos, un c&uacute;mulo de decisiones err&oacute;neas que ignoran el rigor y los datos conocidos. Omitiendo que cuanto m&aacute;s tiempo y trabajo comporte una tarea, m&aacute;s f&aacute;cil ser&aacute; que en alg&uacute;n momento surja alg&uacute;n contratiempo.
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            <span class="title">
                Ilustración de César Arrocha.                            </span>
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        Esta pandemia que estamos viviendo lejos de ser impredecible y sorpresiva, ha sido vista durante a&ntilde;os por los expertos como una amenaza que cada vez se ha ido haciendo m&aacute;s grande. Los epidemi&oacute;logos, durante mucho tiempo, han estado investigando sobre este peligro, poniendo sobre el tablero, entre otros muchos factores, la peligrosidad del cambio clim&aacute;tico, la globalizaci&oacute;n, los riesgos transnacionales, la conectividad mundial y la resistencia a los medicamentos. No es de extra&ntilde;ar, por tanto, que de esta concatenaci&oacute;n de omisiones, desaciertos e inexactitudes nazca nuestro ind&oacute;mito <em>rinoceronte gris</em>.
    </p><p class="article-text">
        Dicho esto, no est&aacute; de m&aacute;s mencionar que el Foro Econ&oacute;mico Mundial anualmente sondea el mundo para conocer, medir y estudiar los riesgos con mayor probabilidad de desenvolverse en el mundo. Los riesgos, al igual que las sociedades, cambian y son din&aacute;micos, pero, no obstante, algunos de estos siguen inalterables con el paso de los a&ntilde;os, mostrando que a pesar de todos los avances que la humanidad ha logrado implementar en su vida diaria seguimos siendo vulnerables ante sucesos de especial singularidad. Esta quimera que vivimos anonadados en forma de pandemia parece algo totalmente in&eacute;dito y s&uacute;bito, no obstante, lo cierto es que el Foro Econ&oacute;mico Mundial ha visto c&oacute;mo se han ido relegando estos sucesos fuera del podio de los peligros m&aacute;s importantes del mundo, llegando la sociedad a esconder esta amenaza en el d&eacute;cimo puesto de la lista de riesgos globales.
    </p><p class="article-text">
        A prop&oacute;sito de lo anterior, ya en octubre de 2019 el prestigioso peri&oacute;dico New York Times public&oacute; la simulaci&oacute;n del Departamento de Salud de Estados Unidos que plante&oacute; un supuesto que basaba su tesis en la aparici&oacute;n de un virus respiratorio originado en China. Este estudio ven&iacute;a a decir, en pocas palabras, que un virus respiratorio de estas caracter&iacute;sticas ser&iacute;a declarado pandemia por la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud. Adem&aacute;s, hicieron n&uacute;meros y propusieron que en Estados Unidos tendr&iacute;a el potencial de infectar a 110 millones de norteamericanos, con unas proyecciones de 7.7 millones de personas hospitalizadas que colapsar&iacute;an el sistema sanitario y provocar&iacute;an m&aacute;s de medio mill&oacute;n de muertes. Hoy, mientras escribo, Estados Unidos posee en torno a 5.8 millones de infectados y se acerca a los 200.000 fallecidos.
    </p><p class="article-text">
        Ciertamente este estudio no fue m&aacute;s que otra se&ntilde;al de peligro ignorada. Otra investigaci&oacute;n cient&iacute;fica desatendida que sirvi&oacute; para decorar el muro de ceguera y soberbia que se ha levantado en torno a esos riesgos sobre los que nos creemos invulnerables. En ese muro, cada vez m&aacute;s y m&aacute;s grande, se han apilado las recomendaciones para prevenir y preparar el abordaje a situaciones de calibre mundial. Las mismas que antes de ser amontonadas gritaban con desesperaci&oacute;n tratando de que fueran atendidas el resto de las investigaciones y advertencias que, durante a&ntilde;os, se acumularon y sucumbieron enterradas en la parte baja de este vasto muro a las decisiones err&oacute;neas de incr&eacute;dulos que nunca creyeron someterse a riesgos que, desde hace d&eacute;cadas, son transnacionales. Condenando nuestra mejor arma, la informaci&oacute;n y el conocimiento, a la expatriaci&oacute;n fatigosa y leonina del desatendimiento.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, esta es probablemente una de las asignaturas que la historia nos tiene preparada como sociedad. Y es que en los momentos de relevancia mundial ha existido una incapacidad general, tal vez enraizada en la naturaleza humana, para contener, prevenir y enfrentar colectivamente eventos de graves consecuencias. No debemos permanecer, nunca m&aacute;s, inm&oacute;viles, afirmando que estos sucesos son cisnes negros cuando, si atendi&eacute;ramos con seriedad, ver&iacute;amos que hemos puesto nuestro futuro tras un muro construido sobre erratas y desaciertos que, por mucho que lo deseemos, no evitar&aacute; que ese rinoceronte de dos toneladas que se aproxima como una avalancha de realidad lo derribe. Porque los errores que apilamos son murallas endebles, dinamita dentro de un cuarto donde saltan chispas, un espejo que refleja todo aquello que no queremos enfrentar.
    </p><p class="article-text">
        Ya lo dijo Phil Crosby:<em> &ldquo;</em>Es mucho menos caro prevenir errores que retrabajar, desperdiciar, o dar servicio de reparaci&oacute;n&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[César Arrocha]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/no-culpen-rinoceronte_129_6186733.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 28 Aug 2020 08:21:14 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[No culpen al rinoceronte]]></media:title>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Huir de nuestro cisne negro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/huir-cisne-negro_129_6172074.html]]></link>
      <description><![CDATA[<div class="subtitles"><p class="subtitle">SEGURIDAD - Lo cierto es que la situación provocada por el coronavirus nos ha hecho pensar que la ausencia de evidencia no implica evidencia de ausencia.</p></div><p class="article-text">
        Los cisnes negros son eventos extremadamente raros e impredecibles, que tienen profundas consecuencias y para los que, con frecuencia, se halla una explicaci&oacute;n sencilla ex post facto, simplificando lo ocurrido en lugar de establecer acciones para contenerlos en el futuro. En ellos todas las explicaciones ofrecidas a posteriori no tienen en cuenta el azar y s&oacute;lo buscan encajar lo imprevisible en un modelo perfecto.
    </p><p class="article-text">
        En esencia, estos son sucesos que ocurren por sorpresa, imposibilitando que ning&uacute;n analista, cient&iacute;fico o investigador haya sido capaz de haber previsto ni tenido en cuenta sus consecuencias ya que, en un principio, estos sucesos son tan improbables que cuando golpean el mundo lo hacen de tal manera en la que su impacto y repercusi&oacute;n cambia toda regla conocida hasta el momento.
    </p><p class="article-text">
        Tres ejemplos recurrentes pueden ser los atentados del 11 de septiembre, la primera guerra mundial o la crisis econ&oacute;mica de 1987. Estos eventos no tuvieron precedentes en el momento en el que ocurrieron, teniendo un gran impacto mundial que sumado a una previsibilidad retrospectiva generalizada hizo que, como no pod&iacute;a ser de otra manera, se cumplieran todos los requisitos para obtener esta etiqueta que enseguida nos apresuramos a utilizar en tiempo presente cuando afrontamos situaciones de profunda consternaci&oacute;n.
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                Ilustración de CÉSAR ARROCHA.                            </span>
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        Curiosamente, la teor&iacute;a del cisne negro se basa en un descubrimiento del siglo XVII ocurrido en Australia, donde los exploradores europeos encontraron en un golpe de suerte cisnes de plumas negras cuando, por aquel entonces, una de las pocas certezas dominadas sobre estos animales es que estos fueron, eran y ser&iacute;an de color blanco.
    </p><p class="article-text">
        Esta revelaci&oacute;n inveros&iacute;mil unida a la casu&iacute;stica del momento hizo que este suceso trascendiera de tal manera que hizo replantearse a los entendidos de la zoolog&iacute;a y la biolog&iacute;a las percepciones y conocimientos adquiridos hasta el momento.
    </p><p class="article-text">
        La pandemia del Covid-19 no es, ni mucho menos, nuestro descubrimiento contempor&aacute;neo de que existen cisnes de plumas negras.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que la situaci&oacute;n provocada por el coronavirus nos ha hecho pensar que la ausencia de evidencia no implica evidencia de ausencia. Es decir, como los otros brotes v&iacute;ricos sucedidos a nivel mundial con anterioridad nunca llegaron a producir una pandemia de esta magnitud, se crey&oacute; que no era necesario tomar medidas interdisciplinares para afrontar esta situaci&oacute;n. El mundo actu&oacute; inspirado por lo ocurrido en los casos de SARS y la influenza AH1N1, epidemias que desaparecieron relativamente r&aacute;pido y sin complicaciones de escala mundial.
    </p><p class="article-text">
        Desde esa vanidad se busc&oacute; que las explicaciones ofrecidas a posteriori no tuvieran en cuenta el azar y s&oacute;lo buscaran encajar lo imprevisible en un modelo perfecto.
    </p><p class="article-text">
        Lo cierto es que, como dice el refr&aacute;n, es preferible prevenir que curar. Porque este no es el temido cisne negro que marcar&aacute; nuestra &eacute;poca. De hecho, est&aacute; lejos siquiera de parecerse a un cisne.
    </p><p class="article-text">
        Este es un rompecabezas que hemos acogido, abrigado y sustentado hasta convertirlo en lo que es ahora.
    </p><p class="article-text">
        Nuestro ind&oacute;mito &ldquo;rinoceronte gris&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[César Arrocha]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/canariasahora/lapalmaahora/opinion/huir-cisne-negro_129_6172074.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Aug 2020 15:35:33 +0000]]></pubDate>
      <media:title><![CDATA[Huir de nuestro cisne negro]]></media:title>
    </item>
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