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    <title><![CDATA[elDiario.es - Quinto Elemento Lab]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/quinto-elemento-lab/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Quinto Elemento Lab]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[México subregistró casi 10.000 casos de indígenas contagiados por COVID-19]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/mexico-subregistro-10-000-casos-indigenas-contagiados-covid-19_130_6637334.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/da177f8d-41d8-40e0-aacd-17beb8efff26_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="México subregistró casi 10.000 casos de indígenas contagiados por COVID-19"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los errores en la contabilidad continúan: hay más de 3.000 contagiados que son “hablantes de lengua indígena” pero al mismo tiempo se les cataloga como “no indígenas” y hay más de 100.000 casos donde no se especifica su etnicidad</p><p class="subtitle">IMPLICADOS - Protocolos indígenas en América Latina: un camino para la autonomía</p></div><p class="article-text">
        La ma&ntilde;ana de abril en la que el enfermero maya Luis Cauich recibi&oacute; la llamada de una amiga, pidi&eacute;ndole que recibiera a su hija en el Hospital Integral de Jos&eacute; Mar&iacute;a Morelos, Quintana Roo, el mundo sab&iacute;a a&uacute;n poco sobre el virus SarsCov2 que ya se estaba extendiendo sobre su superficie. Pero Cauich era consciente de la situaci&oacute;n: si la joven de 23 a&ntilde;os padec&iacute;a COVID-19, no hab&iacute;a esperanza.
    </p><p class="article-text">
        Lleno de angustia, Cauich le tom&oacute; signos vitales y datos de registro para su expediente: ten&iacute;a diabetes, inmunosupresi&oacute;n, enfermedad renal, neumon&iacute;a, EPOC y una discapacidad. Adem&aacute;s, era ind&iacute;gena, dato que dej&oacute;&nbsp;registrado en el expediente junto con el resto de informaci&oacute;n sobre su caso.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Era maya, toda su familia es maya&rdquo;, narra el enfermero. Dado su estado de salud no hab&iacute;a mucho qu&eacute;&nbsp;hacer. Un d&iacute;a despu&eacute;s, el virus le quit&oacute; la vida, y su muerte en un hospital se a&ntilde;adi&oacute; a la base de datos oficial de la Secretar&iacute;a de Salud federal (SSA) con un fallo: no se inform&oacute; de que la joven era ind&iacute;gena. La columna que indica que ella se reconoc&iacute;a como mujer ind&iacute;gena fue a&ntilde;adida por la SSA a la base seis meses despu&eacute;s de su muerte,&nbsp;el 7 de octubre.
    </p><p class="article-text">
        Como este, la dependencia invisibiliz&oacute; m&aacute;s de 11.000 casos de COVID-19 entre personas pertenecientes a pueblos ind&iacute;genas (sumando a quienes as&iacute; se identificaron y a quienes hablan alguna lengua), con fechas de ingreso a hospitales entre enero y octubre de 2020, a pesar de haber contado con este dato desde el inicio de la publicaci&oacute;n de la base. Esto revela el seguimiento continuo y an&aacute;lisis de los datos que hoy suman m&aacute;s de 2.800.000 registros de pacientes en centros hospitalarios de todo el pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ahora resulta que una instituci&oacute;n nos va a decir si somos ind&iacute;genas. Si con el apellido basta&rdquo;, dijo con rabia Cauich, al saber que no hab&iacute;a en los datos oficiales registro de la etnicidad de su amiga en junio, a dos meses de su muerte.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Toma de temperatura a una integrante de la comunidad maya, en el estado de Yucatán."
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                Toma de temperatura a una integrante de la comunidad maya, en el estado de Yucatán.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        La variable omitida hasta octubre, bajo el nombre &ldquo;INDIGENA&rdquo; (sic) permite contrastar el n&uacute;mero oficial de pacientes ind&iacute;genas fallecidos por COVID-19 respecto al total de ind&iacute;genas enfermos, una proporci&oacute;n conocida como letalidad y compararla con la letalidad entre no ind&iacute;genas.
    </p><p class="article-text">
        De las personas registradas como ind&iacute;genas o hablantes de estas lenguas un 15% muri&oacute; por el virus desde comienzos de la pandemia, frente al 10% de no ind&iacute;genas, de acuerdo con un an&aacute;lisis de los <a href="https://www.gob.mx/salud/documentos/datos-abiertos-152127" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">datos abiertos</a> de la Secretar&iacute;a de Salud federal (SSA) realizado para esta investigaci&oacute;n. Es decir, la letalidad del COVID-19 para ind&iacute;genas es 50% mayor que para el resto de la poblaci&oacute;n, tomando en cuenta el promedio nacional. El hecho de que los ind&iacute;genas tengan una letalidad mayor seg&uacute;n los datos oficiales, no fue mencionado en alguna de las conferencias diarias sobre coronavirus, de acuerdo con su registro estenogr&aacute;fico.
    </p><p class="article-text">
        La disparidad en letalidad a escala municipal se dispara a&uacute;n m&aacute;s. Hasta 7 de cada 10 ind&iacute;genas contagiados murieron en Motul, una comunidad citricultora, ganadera y tur&iacute;stica a 40 kil&oacute;metros de la capital de Yucat&aacute;n, frente a 2 de cada 10 no ind&iacute;genas. Motul es  uno de los m&aacute;s de 40 municipios en el pa&iacute;s que han registrado fallecimientos de ind&iacute;genas, donde murieron m&aacute;s de la mitad de los  que se encontraban contagiados por COVID-19.
    </p><h3 class="article-text">Una omisi&oacute;n de siete meses</h3><p class="article-text">
        El seguimiento a la base de datos, sus registros y variables, permiti&oacute; observar c&oacute;mo el 7 de octubre se a&ntilde;adi&oacute; la columna &ldquo;INDIGENA&rdquo; (sic) con una <a href="https://datacritica.org/wp-content/uploads/2020/12/Actualizaciones-en-la-presentaci%D0%B2n-de-informaci%D0%B2n-referente-a-casos-de-COVID.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">discreta</a><a href="https://datacritica.org/wp-content/uploads/2020/12/Actualizaciones-en-la-presentaci%D0%B2n-de-informaci%D0%B2n-referente-a-casos-de-COVID.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><strong> </strong></a><a href="https://datacritica.org/wp-content/uploads/2020/12/Actualizaciones-en-la-presentaci%D0%B2n-de-informaci%D0%B2n-referente-a-casos-de-COVID.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">nota</a> en pdf en la que se lee: &ldquo;Se incluye la variable &lsquo;INDIGENA&rsquo;, la descripci&oacute;n y su respectivo cat&aacute;logo&rdquo;, sin m&aacute;s explicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En la entrevista, la SSA argumenta que excluy&oacute; esta informaci&oacute;n durante meses para proteger la privacidad de los pacientes. &ldquo;Esa variable se encuentra en todos los estudios epidemiol&oacute;gicos. Lo que nosotros debemos hacer siempre es cumplir con la protecci&oacute;n de datos para que no puedan ser identificables las personas, porque los datos hablan de una condici&oacute;n de salud. Entonces hacemos la consulta de qu&eacute; variables s&iacute;, y de qu&eacute; variables no se publican&rdquo;, respondi&oacute; Christian Zaragoza, director de informaci&oacute;n epidemiol&oacute;gica de la SSA.
    </p><p class="article-text">
        Pero esta justificaci&oacute;n es inconsistente con la pr&aacute;ctica de la Secretar&iacute;a hasta entonces, ya que public&oacute; desde abril, sobre cada paciente, si habla alguna lengua ind&iacute;gena, su edad, sexo, entidad de nacimiento, entidad y municipio de residencia,&nbsp; si padece diabetes, EPOC, inmunosupresi&oacute;n, asma, o tiene h&aacute;bito de tabaquismo, entre otros datos. Entonces, no aplic&oacute; el mismo criterio de &ldquo;proteger el dato&rdquo; sobre ninguna de estas variables.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Antes la SSA publicaba exclusivamente una columna que especificaba si el paciente ingresado al sistema hospitalario &ldquo;habla una lengua ind&iacute;gena&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El universo de hablantes de lenguas ind&iacute;genas es sustancialmente menor que el de personas que se reconocen como tales. De los alrededor de <a href="https://www.inegi.org.mx/contenidos/programas/intercensal/2015/tabulados/05_etnicidad.xls" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">21.5 millones</a> de personas ind&iacute;genas en M&eacute;xico solo cerca de 6.5 millones son hablantes de alguna lengua.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Antes del cambio en la base de datos s&oacute;lo hab&iacute;an sido reconocidos 18.262 hablantes de alguna lengua con COVID-19. A partir del ajuste el n&uacute;mero subi&oacute; a 27.611, sumando hablantes y personas auto identificadas como ind&iacute;genas, sin que sea requisito lo primero. Entre marzo y septiembre fueron subregistrados 9.349 casos de ind&iacute;genas con COVID-19.
    </p><p class="article-text">
        El funcionario de SSA, adem&aacute;s, reconoci&oacute; que los datos sobre ind&iacute;genas que se integran a la base son deficientes. Hasta principios de diciembre exist&iacute;an 3.447 casos de personas registradas como hablantes de alguna lengua ind&iacute;gena que, simult&aacute;neamente, est&aacute;n registradas en la categor&iacute;a no ind&iacute;gena.
    </p><p class="article-text">
        Esta combinaci&oacute;n de persona que habla cierta lengua pero no es ind&iacute;gena es inusual en M&eacute;xico, donde la poblaci&oacute;n no suele aprender las lenguas originarias a menos que se hablen en casa. Adem&aacute;s, el 1 de diciembre hab&iacute;a 107.768 casos en los que se llen&oacute; la columna sobre identidad ind&iacute;gena con &ldquo;No especificado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Existe un tema que se llama calidad del dato. Esto significa que el dato est&aacute; mal. Por eso insistimos siempre a las entidades federativas que hagan una revisi&oacute;n correcta de sus bases de datos y soliciten el apoyo para hacer una correcci&oacute;n&rdquo;, apunt&oacute; Zaragoza cuando le preguntamos en octubre sobre esa inconsistencia en los registros.&nbsp;
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                    alt="Fotografía tomada en julio en Coyomeapan, una comunidad en la Sierra Negra del estado de Puebla, donde habitan indígenas de la etnia náhuatl."
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            <span class="title">
                Fotografía tomada en julio en Coyomeapan, una comunidad en la Sierra Negra del estado de Puebla, donde habitan indígenas de la etnia náhuatl.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Durante los meses que se omiti&oacute; esta columna de la base p&uacute;blica, la propia SSA elabor&oacute; <a href="https://www.gob.mx/salud/documentos/analisis-epidemiologico-de-covid-19-en-la-poblacion-que-se-reconoce-como-indigena" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuatro reportes</a> realizados entre julio y octubre donde se afirmaba que la mayor letalidad suced&iacute;a entre esa poblaci&oacute;n, pero solo hizo p&uacute;blicos estos reportes hasta el <a href="https://archive.vn/KEWXY" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">16 de octubre</a>.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Se observa una mayor letalidad comparada con la poblaci&oacute;n en general. La distribuci&oacute;n de esta corresponde con las mesorregiones en donde se describe un mayor n&uacute;mero de poblaci&oacute;n ind&iacute;gena, tales como la regi&oacute;n sureste, centro y noreste, por lo cual, es importante poner mayor atenci&oacute;n en estos grupos&rdquo;, describe el primero  publicado el 22 de julio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y la tendencia no ha cambiado. Con los datos oficiales incluidos en octubre es posible dibujar un mapa de c&oacute;mo el virus ha diezmado a la poblaci&oacute;n originaria: hay registro de casi 2.000 personas que se reconocen como ind&iacute;genas o hablan una lengua ind&iacute;gena, los cuales murieron por COVID-19 el 1 de diciembre.
    </p><p class="article-text">
        Para encontrar los municipios m&aacute;s letales, en esta investigaci&oacute;n se tomaron en cuenta aquellos donde hab&iacute;an muerto 10 o m&aacute;s personas ind&iacute;genas en datos oficiales. Estos son Motul, Yucat&aacute;n, con un 64%, 15 pacientes de los 23 registrados, murieron; Puente de Ixtla, Morelos, la mitad de los 22 ind&iacute;genas con COVID-19 fallecieron; Cozumel, Quintana Roo, 48 % con 14 muertes; Acanceh, Yucat&aacute;n, 44% defunciones, equivalentes a 10 muertes;&nbsp; Ocosingo, Chiapas, 44% con 23 fallecimientos; y Benito Ju&aacute;rez, Quintana Roo, 34%, equivalente a 59 muertes.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A nivel de entidad y ajustando por poblaci&oacute;n, las mayores tasas de registros oficiales de muerte ind&iacute;gena est&aacute;n en Oaxaca (205 muertes y .17/100.000 hab), Tlaxcala (11 muertes y .16/100.000 hab.), Hidalgo (113 muertes y .10/100.000 hab.), Morelos (22 muertes, .10 muertes/100.000 hab.), Campeche (45 muertes, .09/100.000 hab.), Veracruz (63 muertes y .09/100.000 hab.), Guerrero (68 muertes, .05/100.000 hab.), Quintana Roo (128 muertes, .05/100.000 hab.) y Yucat&aacute;n (261 muertes, .05/100.000 hab.).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre estas entidades, los municipios con mayor muerte son Benito Ju&aacute;rez, Quintana Roo (57 muertes en la zona, mejor conocida como Canc&uacute;n); M&eacute;rida, Yucat&aacute;n (33), y Juchit&aacute;n, Oaxaca (29).
    </p><p class="article-text">
        La SSA no hace p&uacute;blica la informaci&oacute;n sobre los pueblos ind&iacute;genas a los que pertenecen los fallecidos, pero en el municipio de Benito Ju&aacute;rez, donde est&aacute; Canc&uacute;n y donde el COVID-19 ha sido m&aacute;s letal para la poblaci&oacute;n ind&iacute;gen, habitan integrantes de los pueblos maya, tseltal, tsotsil, chol y tojolabal.
    </p><p class="article-text">
        Las muertes, tasas y el porcentaje de letalidad para cada municipio, tanto ind&iacute;gena como no ind&iacute;gena,&nbsp; pueden consultarse en <a href="https://dataviz.datacritica.org/data_critica_covid/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este mapa</a> hecho con los datos de la Secretar&iacute;a de Salud.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe  src="https://dataviz.datacritica.org/data_critica_covid/" style="border: none; width: 100%; height: 950px;" frameborder="0"><span style="display: inline-block; width: 0px; overflow: hidden; line-height: 0;" data-mce-type="bookmark" class="mce_SELRES_start">﻿</span><span style="display: inline-block; width: 0px; overflow: hidden; line-height: 0;" data-mce-type="bookmark" class="mce_SELRES_start">﻿</span></iframe>
    </figure><h3 class="article-text">Cifras que no convencen</h3><p class="article-text">
        En conferencia de prensa por la ceremonia de D&iacute;a de Muertos en Palacio Nacional, el titular del Instituto Nacional de los Pueblos Ind&iacute;genas (INPI), Adelfo Regino Montes, reconoci&oacute; la muerte de&nbsp;1.494, excluyendo a las personas hablantes de lenguas ind&iacute;genas mal registrados como no ind&iacute;genas.
    </p><p class="article-text">
        Esto supone una diferencia de 300 muertes si se contabiliza a hablantes de lenguas originarias que aunque fueron mal registrados, s&iacute; hablan lenguas ind&iacute;genas, y para esa fecha hab&iacute;an sido confirmados como fallecidos por COVID-19. Sin embargo, ambas cifras generan escepticismo entre expertos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es muy poco, y ojal&aacute; que as&iacute; lo fuera&rdquo;, apunt&oacute; Arturo Erdely, doctor en matem&aacute;ticas y especialista en estad&iacute;stica de la Universidad Nacional Aut&oacute;noma de M&eacute;xico, en referencia a la proporci&oacute;n de ind&iacute;genas contabilizados respecto del total de muertes en la base de datos. &ldquo;Ese n&uacute;mero de muertes no tiene sentido en M&eacute;xico, donde la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena es tan alta [21.5%]&rdquo;. Si uno de cada cinco habitantes del pa&iacute;s son ind&iacute;genas y s&oacute;lo hay registro de 2.000 muertes,&nbsp; no le cuadra la subrepresentaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        De las 97.200 muertes registradas en total hasta el 1 de diciembre un 21.5% corresponder&iacute;an a alrededor de 20.000 fallecimientos ind&iacute;genas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No estoy diciendo que necesariamente deba encontrarse esa cantidad&rdquo;, explica el matem&aacute;tico, &ldquo;porque la base de datos gubernamental no es representativa, no es una muestra aleatoria. Pero a&uacute;n as&iacute;, lo m&aacute;s l&oacute;gico es que la gente m&aacute;s pobre estuviera m&aacute;s representada en la estad&iacute;stica de muertes&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Celebración de los gremios en honor al Santo Cristo de las Ampollas en el estado de Yucatán."
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                Celebración de los gremios en honor al Santo Cristo de las Ampollas en el estado de Yucatán.                            </span>
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        El profesor Erdely propone un ejercicio para estimar una cifra que pueda acercarse m&aacute;s a la realidad, y que se esquematiza as&iacute;: hay municipios en que la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena es muy alta y hay decenas de muertes por COVID-19. Sin embargo, muy pocas de esas muertes est&aacute;n registradas como ind&iacute;genas. En esos municipios, una cifra m&aacute;s &ldquo;real&rdquo; deber&iacute;a aproximarse al porcentaje de poblaci&oacute;n ind&iacute;gena para ese tipo de municipios.
    </p><p class="article-text">
        Por ejemplo, un municipio clasificado &ldquo;ind&iacute;gena&rdquo; como Halach&oacute;, Yucat&aacute;n, es 99.8% ind&iacute;gena. Pero en los datos de COVID-19 s&oacute;lo la mitad de las 20 muertes en Halach&oacute; est&aacute;n registradas como ind&iacute;genas. El registro de muertes ind&iacute;genas deber&iacute;a estar mucho m&aacute;s cerca del total de las muertes (19 o 20 muertes ind&iacute;genas en un municipio casi 100% ind&iacute;gena ser&iacute;a mucho m&aacute;s cre&iacute;ble).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es mejor ver el municipio de residencia y se clasifican si es municipio ind&iacute;gena o no ind&iacute;gena y hay que hacer un c&aacute;lculo, contrastar [contra datos oficiales] de esta manera. Si discrepan mucho estos c&aacute;lculos yo le creer&iacute;a m&aacute;s al tema de municipio de residencia ind&iacute;gena&rdquo;, explic&oacute; el matem&aacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Cada municipio tiene cierto porcentaje de poblaci&oacute;n ind&iacute;gena de acuerdo con informaci&oacute;n censal. Si tiene m&aacute;s de 40% de poblaci&oacute;n ind&iacute;gena se califica como ind&iacute;gena y si tiene menos de ese porcentaje pero m&aacute;s de 5.000 habitantes ind&iacute;genas se cataloga como &ldquo;municipio con presencia ind&iacute;gena&rdquo;. Al replicar el ejercicio de Halach&oacute; para todos los municipios clasificados como ind&iacute;genas y con presencia ind&iacute;gena se obtiene un estimado de 11.622 defunciones ind&iacute;genas usando el m&eacute;todo propuesto por el estad&iacute;stico, una diferencia de 9.913 con los registros oficiales.
    </p><p class="article-text">
        El subregistro de casos totales ha sido la norma en M&eacute;xico y, en distintos grados, en todo el mundo. En M&eacute;xico la autoridad sanitaria ha dicho que deliberadamente se clasific&oacute; a enfermos como positivos por COVID-19 usando exclusivamente resultados de pruebas de laboratorio, que de por s&iacute; muestran altos <a href="https://ourworldindata.org/coronavirus/country/mexico?country=~MEX" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&iacute;ndices de positividad</a>, es decir que son muy escasas. Adem&aacute;s, hasta agosto la estrategia federal consideraba muy pocos s&iacute;ntomas como caracter&iacute;sticos de coronavirus, como <a href="https://www.gob.mx/presidencia/articulos/version-estenografica-conferencia-de-prensa-informe-diario-sobre-coronavirus-covid-19-en-mexico-250769?idiom=es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reconoci&oacute;</a> el subsecretario de Prevenci&oacute;n y Promoci&oacute;n de Salud, Hugo L&oacute;pez Gatell.
    </p><p class="article-text">
        Hasta el 7 de octubre se comenzaron a incorporar en la base de datos algunos de los positivos hallados por m&eacute;todos distintos a la prueba. Todos estos datos dependen, tambi&eacute;n, de quienes puedan llegar a un hospital COVID-19.
    </p><h3 class="article-text">Otros datos</h3><p class="article-text">
        Mientras omit&iacute;a la alta letalidad para ind&iacute;genas de los datos p&uacute;blicos tambi&eacute;n la omiti&oacute; en las conferencias verspertinas, el principal &oacute;rgano de comunicaci&oacute;n de gesti&oacute;n de la pandemia del gobierno federal.
    </p><p class="article-text">
        En una de las <a href="https://www.gob.mx/presidencia/articulos/version-estenografica-conferencia-de-prensa-informe-diario-sobre-coronavirus-covid-19-en-mexico-252480?idiom=es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">conferencias</a> m&aacute;s recientes dedicadas al tema ind&iacute;gena, el 12 de septiembre, Jose Luis Alom&iacute;a, director general de epidemiolog&iacute;a de la SSA, omiti&oacute; informar sobre la mayor letalidad, a pesar de que consta en los reportes elaborados por la Secretar&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Finalmente, como un tercer componente informativo, vamos a revisar la estad&iacute;stica de la afectaci&oacute;n que en su momento se ha dado a la poblaci&oacute;n ind&iacute;gena. Nos lo hab&iacute;an solicitado en algunas de estas conferencias&rdquo;, dijo entonces Alom&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Pero en su revisi&oacute;n del tema solamente mencion&oacute; el n&uacute;mero total de muertes y present&oacute; la estad&iacute;stica de enfermedades concurrentes de las muertes. No compar&oacute; la letalidad ind&iacute;gena contra la letalidad no ind&iacute;gena.
    </p><p class="article-text">
        En otra exposici&oacute;n, L&oacute;pez Gatell us&oacute; el estad&iacute;stico de incidencia (cu&aacute;ntos enferman) y no la letalidad (cu&aacute;ntos mueren de entre quienes enferman) para hablar de poblaci&oacute;n ind&iacute;gena.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Afortunadamente hasta el momento, la proporci&oacute;n de enfermedad, digamos, la incidencia en poblaciones ind&iacute;genas es sustancialmente menor que en poblaciones no ind&iacute;genas&rdquo;, dijo el funcionario en <a href="https://www.gob.mx/presidencia/articulos/version-estenografica-conferencia-de-prensa-informe-diario-sobre-coronavirus-covid-19-en-mexico-248589?idiom=es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">conferencia</a> de prensa del 20 de julio, dos d&iacute;as antes de la fecha del primer reporte de letalidad que, aunque confirma esa afirmaci&oacute;n, tambi&eacute;n indica que a pesar de ser &ldquo;pocos&rdquo; los registros de ind&iacute;genas fallecidos por COVID-19 respecto de no ind&iacute;genas, es un 50% m&aacute;s probable para ind&iacute;genas morir que para no ind&iacute;genas.
    </p><p class="article-text">
        Y aunque el n&uacute;mero de casos totales de ind&iacute;genas fallecidos (incidencia) s&iacute; era y sigue siendo menor que el de no ind&iacute;genas, los funcionarios omitieron que la probabilidad de morir para un ind&iacute;gena contagiado era ya alrededor de 40% mayor que la de una persona no ind&iacute;gena para septiembre, probabilidad que hoy es 50% mayor a nivel nacional, como se ha explicado antes.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Prueba de la COVID-19 en el estado de Yucatán."
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            <span class="title">
                Prueba de la COVID-19 en el estado de Yucatán.                            </span>
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        Consistentemente, en otras conferencias donde periodistas preguntaron sobre el tema, la secretar&iacute;a lo evadi&oacute; ofreciendo cifras convenientes. En la <a href="https://www.gob.mx/presidencia/es/articulos/version-estenografica-conferencia-de-prensa-informe-diario-sobre-coronavirus-covid-19-en-mexico-246217?idiom=es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">conferencia del 24 de junio</a>, la titular del programa p&uacute;blico IMSS-Bienestar, Gisela Lara respondi&oacute; a dudas usando exclusivamente datos de su programa que atiende a muy pocas personas ind&iacute;genas respecto del total nacional.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si ustedes se fijan, la incidencia por cada 100.000 personas tampoco es cierto de que a los ind&iacute;genas les va peor, d&eacute;jenme decirles que no [...] Entonces, no es cierto que est&aacute;n mal atendidos; al contrario, creo que les est&aacute; yendo mejor, son m&aacute;s cuidados los ind&iacute;genas, los que se dicen ind&iacute;genas&rdquo;, manifest&oacute; en la <a href="https://www.gob.mx/presidencia/es/articulos/version-estenografica-conferencia-de-prensa-informe-diario-sobre-coronavirus-covid-19-en-mexico-246217?idiom=es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">conferencia del 24 de junio</a> la titular del programa p&uacute;blico IMSS-Bienestar, Gisela Lara.
    </p><p class="article-text">
        Aunque no hay ninguna evidencia de que los cuerpos ind&iacute;genas sean menos resistentes a la enfermedad, la continua lucha para acceder a las condiciones de una vida digna y plena van desgastando el organismo y contribuyendo a producir las condiciones que son factores de riesgo en muchas enfermedades, de acuerdo con la doctora Leslie Korn, Phd en Medicina del Comportamiento y ex investigadora Fulbright en M&eacute;xico.
    </p><p class="article-text">
        La COVID-19, seg&uacute;n la especialista, opera a trav&eacute;s de un conjunto de procesos inflamatorios de diversos &oacute;rganos, contra los que finalmente el cuerpo puede perder la batalla. Diabetes, c&aacute;ncer, enfermedad del coraz&oacute;n, incluso la depresi&oacute;n inicia con estr&eacute;s e inflamaci&oacute;n cr&oacute;nicos.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No olvidemos el efecto de la pobreza y el estr&eacute;s de la pobreza por no poder llevar alimentos o por no poder pagar tus gastos. Tambi&eacute;n crear&aacute;n un proceso inflamatorio en el cuerpo&rdquo;, explic&oacute; Korn.
    </p><p class="article-text">
        Aquella joven maya, que el enfermero Luis Cauich vio morir en un hospital de Quintana Roo el pasado abril, padec&iacute;a diabetes, inmunosupresi&oacute;n y enfermedad renal.
    </p><p class="article-text">
        La diabetes, que en los a&ntilde;os 30 era una &ldquo;enfermedad de ricos&rdquo;, hoy afecta a quienes son obligados a optar por alimentaci&oacute;n disponible de bajo coste, az&uacute;cares y harinas procesadas. Quienes viven con una costante tensi&oacute;n por la discriminaci&oacute;n y el racismo terminan padeciendo hipertensi&oacute;n, la mayor comorbilidad entre ind&iacute;genas de acuerdo con los datos de la Secretar&iacute;a de Salud. Es un c&iacute;rculo vicioso.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Quinto Elemento Lab]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/mexico-subregistro-10-000-casos-indigenas-contagiados-covid-19_130_6637334.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 Jan 2021 23:09:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[México subregistró casi 10.000 casos de indígenas contagiados por COVID-19]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[México,Indígenas,Covid-19]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El periplo de La Nena: migrar con una recién nacida en brazos en medio de la pandemia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/periplo-nena-migrar-recien-nacida-brazos-medio-pandemia_130_6290556.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d1c90e0e-c3a7-435e-82ef-d073c0b29579_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El periplo de La Nena: migrar con una recién nacida en brazos en medio de la pandemia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Miles de personas haitianas quedaron varadas por la pandemia en Tapachula, Chiapas. Debido al largo retraso en sus autorizaciones oficiales están formando una nueva comunidad en el lugar</p><p class="subtitle">La marcha de Óscar: tres meses de camino y 800 kilómetros a pie huyendo de la pobreza, el miedo y la pandemia</p></div><p class="article-text">
        La COVID-19 fren&oacute; en la frontera sur mexicana la marcha desde Chile de una ni&ntilde;a haitiana que hab&iacute;a nacido hac&iacute;a pocos meses. La Nena sobrevivi&oacute; seis d&iacute;as sin comer &ndash;bebiendo solo agua con sal o az&uacute;car&ndash; durante una caminata de dos semanas a trav&eacute;s de la selva de Colombia y Panam&aacute; a finales de 2019.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La Nena, su madre y su padre permanecen desde enero de 2020 en un limbo causado por la llegada de la pandemia. La traves&iacute;a comenz&oacute; en la des&eacute;rtica ciudad de Arica, en el norte de Chile, en noviembre de 2019, y sigue pausada en la selv&aacute;tica ciudad de Tapachula, Chiapas, a m&aacute;s de 5.000 kil&oacute;metros y casi doce meses de distancia.
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                    alt="Sergoi pasea a su hija en un carrito por las calles de Tapachula, tras buscar un punto con señal abierta de WiFi."
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            <span class="title">
                Sergoi pasea a su hija en un carrito por las calles de Tapachula, tras buscar un punto con señal abierta de WiFi.                            </span>
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        El caso no es excepcional. Centenares, sino miles, de migrantes haitianos se han convertido en parte del paisaje de Tapachula en estos meses. Se les ha podido ver caminando desde primera hora de la ma&ntilde;ana por el centro de la ciudad comercial, principalmente en las inmediaciones del mercado Sebasti&aacute;n Escobar, donde muchos trabajan vendiendo chips de telefon&iacute;a, frutas y verduras.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n se les pod&iacute;a encontrar en las colonias de la periferia, congregados en lugares con WiFi abierto y dentro de habitaciones donde el alquiler se paga por d&iacute;a, semana o mes, en circunstancias de hacinamiento y precariedad.
    </p><p class="article-text">
        En octubre de 2019, un a&ntilde;o despu&eacute;s de la primera caravana migrante que, nutrida por miles de personas centroamericanas, entr&oacute; en estampida en M&eacute;xico, empez&oacute; a crecer la presencia haitiana en la frontera sur. No eran personas solas, sino familias que fueron llegando para integrarse al panorama multicultural que estaba instalado en Tapachula, la segunda ciudad en importancia de Chiapas, la m&aacute;s cercana a Guatemala.&nbsp;&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">El efecto de la pandemia</h3><p class="article-text">
        A partir de marzo de 2020, con el azote de la pandemia, el flujo migratorio centroamericano disminuy&oacute; notablemente y el paisaje de la ciudad cambi&oacute;. El regreso de personas guatemaltecas, salvadore&ntilde;as y hondure&ntilde;as a sus pa&iacute;ses de origen dej&oacute; a la vista una numerosa poblaci&oacute;n haitiana en las calles.
    </p><p class="article-text">
        Su presencia se notaba al recorrer las calles a principios de agosto, cuando visitamos la ciudad en plena pandemia. Frente al mercado de Tapachula, sentados en el suelo junto a las manualidades, las verduras, ajos y brebajes curativos que tienen a la venta, un grupo de personas haitianas escuchaba <em>reggae </em>cantado en creole. Una de ellas, Katiana Joshef, lleg&oacute; a decir en su inexperto castellano que ella y sus amigos estaban ah&iacute;, llegados desde Chile, porque &ldquo;el presidente Sebasti&aacute;n Pi&ntilde;era habla mal de Hait&iacute;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Desde el Cono Sur lleg&oacute; tambi&eacute;n Juli&eacute;n, un emprendedor haitiano atra&iacute;do por las noticias sobre la reciente creaci&oacute;n de un asentamiento de sus compatriotas en Tapachula que se encontraban esperando la resoluci&oacute;n de sus tr&aacute;mites migratorios, y que vio una oportunidad de negocio: a 100 metros del parque central instal&oacute; un restaurante que sirve arroz con frijoles, bacalao a la criolla o pl&aacute;tano, pollo y cerdo fritos (o <em>griot</em>, su nombre en la carta), adem&aacute;s de una barber&iacute;a especializada en cabello afrocaribe&ntilde;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los haitianos somos inteligentes, hacemos negocios como los chinos&rdquo;, dice con orgullo el nuevo empresario.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Una mujer haitiana recibe un corte de cabello en una barbería instalada por un ciudadano haitiano en Tapachula."
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                Una mujer haitiana recibe un corte de cabello en una barbería instalada por un ciudadano haitiano en Tapachula.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Fermina Rodr&iacute;guez Velasco, t&eacute;cnica en Integraci&oacute;n Social del Centro de Derechos Humanos Fray Mat&iacute;as de C&oacute;rdova (CDHFMC), una organizaci&oacute;n que da atenci&oacute;n a la poblaci&oacute;n migrante y refugiada en la frontera sur, explic&oacute; que, debido a la COVID-19, la atenci&oacute;n humanitaria se ha dado por tel&eacute;fono. El registro de esas llamadas que lleva la organizaci&oacute;n, a falta de censo oficial, permite tener una idea aproximada de la cantidad de personas de una u otra nacionalidad que llegan a esta regi&oacute;n. A partir de marzo, las llamadas fueron mayoritariamente de personas haitianas. 
    </p><p class="article-text">
        Son personas que viajaron a pie por rutas escondidas, retomaron los viajes colgados en los techos de trenes, encontraron cerrados los albergues donde se suele ayudar a la poblaci&oacute;n migrante, sobrevivieron a los ataques de pobladores locales que los consideraban transmisores del virus y a la represi&oacute;n por parte de las autoridades migratorias mexicanas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A partir de marzo la gran mayor&iacute;a de demandas de ayuda humanitaria han sido de personas haitianas. No hay posibilidad de saber cu&aacute;ntas han llegado. Hay familias que vienen de Brasil, Panam&aacute; o Chile. Vienen con viajes de seis meses encima y en un estado de salud muy precario&rdquo;, dice por tel&eacute;fono Fermina Rodr&iacute;guez.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Miles de personas procedentes de Haití han quedado atrapadas por la dilación de los trámites migratorios causada por la COVID-19."
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            <span class="title">
                Miles de personas procedentes de Haití han quedado atrapadas por la dilación de los trámites migratorios causada por la COVID-19.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">La historia de La Nena&nbsp;</h3><p class="article-text">
        A&ntilde;os antes de que naciera La Nena, en septiembre de 2016, su madre, Velnays, trabajaba como encargada de una tienda en Puerto Pr&iacute;ncipe, capital de Hait&iacute;. Ah&iacute; sufri&oacute; un asalto a mano armada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Yo pas&eacute; como seis a&ntilde;os trabajando en un negocio. Entraron cuatro ladrones con pistola. Ven&iacute;an a buscar el dinero. Yo ten&iacute;a la responsabilidad del negocio. Me dijo la persona 'pasa el dinero, pasa el dinero'. Uno dijo 'm&aacute;tala', otro dijo que no&rdquo;, record&oacute; en una entrevista realizada el 31 de julio, en la calurosa habitaci&oacute;n que compart&iacute;a con su pareja y su beb&eacute;. Mientras hablaba, Velnays resoplaba y sudaba. Su cuarto contaba con poca ventilaci&oacute;n y se le notaba visiblemente inc&oacute;moda debido al calor.
    </p><p class="article-text">
        Decidi&oacute; entregar el dinero y los asaltantes se fueron. La segunda sorpresa de ese d&iacute;a se la dio su jefe.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El jefe viene y dice '&iquest;c&oacute;mo pas&oacute; el dinero? Usted es igual que las personas (ladrones)'. Llam&oacute; a la polic&iacute;a&rdquo;. Seg&uacute;n cont&oacute;, haciendo un esfuerzo por hablar en espa&ntilde;ol, ella respondi&oacute;: &ldquo;&iquest;C&oacute;mo igual que el ladr&oacute;n? Mi vida es importante&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Velnays relat&oacute; que su exjefe le respondi&oacute;: &ldquo;Tu vida es importante para ti. Para m&iacute;, no&rdquo;. Es un recuerdo que le segu&iacute;a alterando durante la entrevista, en la habitaci&oacute;n ubicada en la zona norte de Tapachula donde vive con su hija y su marido,&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ese altercado y el terremoto de magnitud 7 en la escala Richter que destruy&oacute; al pa&iacute;s caribe&ntilde;o en 2010 la hizo ser parte de la di&aacute;spora haitiana hacia Chile.
    </p><p class="article-text">
        Encontr&oacute; esa oportunidad cuando Chile envi&oacute; a sus Fuerzas Armadas como parte de la ayuda humanitaria de la ONU. El v&iacute;nculo entre los uniformados y la poblaci&oacute;n local paviment&oacute; la preferencia haitiana por viajar a ese pa&iacute;s sudamericano adem&aacute;s de una legislaci&oacute;n antigua (vigente desde la dictadura de Pinochet) que permit&iacute;a el ingreso sin visa a los ciudadanos de Hait&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        En 2016, la di&aacute;spora haitiana empez&oacute; a sentirse en Chile. Ese a&ntilde;o entraron al pa&iacute;s <a href="https://www.cooperativa.cl/noticias/pais/poblacion/inmigrantes/mas-de-100-mil-haitianos-entraron-a-chile-en-2017/2018-01-13/113710.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">48.783</a> migrantes provenientes de Hait&iacute;. M&aacute;s de los que se hab&iacute;an registrado en los tres a&ntilde;os anteriores juntos. En septiembre, Velnays y su pareja Sergoi llegaron a Santiago. Se establecieron en Puente Alto, una comuna perif&eacute;rica de la capital chilena, en un cuarto diminuto.
    </p><p class="article-text">
        Al a&ntilde;o siguiente, en 2017, el n&uacute;mero de haitianos que aterrizaron en Chile fue m&aacute;s del doble: <a href="https://www.cooperativa.cl/noticias/pais/poblacion/inmigrantes/mas-de-100-mil-haitianos-entraron-a-chile-en-2017/2018-01-13/113710.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">104.782</a>. Un <a href="https://www.biobiochile.cl/noticias/nacional/chile/2020/08/18/el-reservado-oficio-que-alerto-al-gobierno-de-bachelet-sobre-la-explosion-en-la-inmigracion-haitiana.shtml" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">informe reservado de 2017</a>, que estuvo en las manos de la expresidenta Michelle Bachelet, se&ntilde;alaba que &ldquo;se aprecia que el incremento extraordinario de los flujos de ciudadanos haitianos ha generado una compleja realidad social que afecta a una proporci&oacute;n importante de ellos&rdquo;. En esa ocasi&oacute;n, se levant&oacute; un requerimiento simple para los ciudadanos haitianos que ingresaran al pa&iacute;s: <a href="https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=1117475" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una visa consular</a>, que establece un per&iacute;odo m&aacute;ximo de estancia en el pa&iacute;s y la identificaci&oacute;n de las personas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pese a ello, el flujo de migrantes procedentes de Hait&iacute; sigui&oacute; creciendo: para 2018 ya se hab&iacute;an convertido en la tercera comunidad extranjera m&aacute;s grande del pa&iacute;s, con <a href="https://www.extranjeria.gob.cl/media/2019/04/Presentaci%C3%B3n-Extranjeros-Residentes-en-Chile.-31-Diciembre-2018.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">179.338 personas</a>, solo por detr&aacute;s de venezolanos y peruanos.
    </p><h3 class="article-text">Mensajes anti-inmigraci&oacute;n</h3><p class="article-text">
        En 2018, Sergoi consigui&oacute; trabajo en una oficina del centro de Santiago. &Eacute;l y Velnays se mudaron a un barrio m&aacute;s c&eacute;ntrico. Seg&uacute;n su relato, ese a&ntilde;o, en el camino de ida y vuelta al trabajo, vivi&oacute; dos episodios de discriminaci&oacute;n en la calle. Preguntamos, pero se mostr&oacute; inc&oacute;modo y no quiso precisar lo ocurrido. De acuerdo al testimonio de Sergoi y Velnays, tras la llegada a la presidencia de Sebasti&aacute;n Pi&ntilde;era en marzo de 2018, los &aacute;nimos antiinmigrantes se caldearon. Y ambos empezaron a sentirlo en carne propia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En abril de 2018, el gobierno de Pi&ntilde;era ide&oacute; un plan para regularizar a los extranjeros con la intenci&oacute;n de <a href="https://www.facebook.com/watch/?v=1971108509608083" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;ordenar la casa</a>&rdquo;. Al anunciar el aumento de requisitos para postular a visas, dependiendo del pa&iacute;s de procedencia, el presidente asegur&oacute; que &ldquo;la inmigraci&oacute;n en Chile est&aacute; fuera de control&rdquo;. A partir de entonces, la gente de Hait&iacute; necesita una visa para ingresar al pa&iacute;s, aunque sea por turismo, con un tope de estancia de 30 d&iacute;as.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un tercer incidente violento hizo que Sergoi y Velnays decidieran marcharse de Chile: en octubre de 2019, poco tiempo despu&eacute;s de nacida La Ni&ntilde;a, Sergoi fue asaltado en la calle. Le robaron el tel&eacute;fono y el dinero. Debido a que era un inmigrante sin papeles, no pudo interponer una denuncia ante los Carabineros, el cuerpo de polic&iacute;a chileno. Hasta ah&iacute; lleg&oacute; su paciencia.
    </p><p class="article-text">
        La Nena naci&oacute; en septiembre de 2019. Su nacimiento est&aacute; en los registros de alg&uacute;n hospital de Santiago del que sus padres no recuerdan el nombre; su salida de Chile est&aacute; registrada por la frontera norte de Chacalluta, dos meses despu&eacute;s, en noviembre de ese mismo a&ntilde;o. Seg&uacute;n <a href="https://1drv.ms/b/s!AgAWXOn4nNXFgZhfjH-80dVVLyydbA?e=X5Zym8" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">registros entregados a trav&eacute;s de transparencia</a> de la Polic&iacute;a de Investigaciones que se encarga de los pasos fronterizos, como en M&eacute;xico lo hace el Instituto Nacional de Migraci&oacute;n, 268 personas haitianas cruzaron ese&nbsp; puesto fronterizo en 2019. Detr&aacute;s de estas cifras est&aacute;n personas que encarnan una nueva di&aacute;spora haitiana, esta vez hacia el norte del continente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De acuerdo con el relato de Sergoi, la pareja ten&iacute;a un dinero ahorrado que usaron para comprar pasajes de avi&oacute;n desde Santiago hasta Arica, la &uacute;ltima ciudad del norte de Chile. Desde ah&iacute;, en noviembre de 2019, avanzaron hacia la l&iacute;nea fronteriza en contraflujo de los migrantes colombianos que llegan caminando de manera clandestina por parajes des&eacute;rticos no autorizados, donde a&uacute;n hay una cantidad indeterminada de minas antipersonales <a href="https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-43061122" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">colocadas por el r&eacute;gimen de Augusto Pinochet</a> a finales de los a&ntilde;os 70.&nbsp;&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">El muro de los lamentos</h3><p class="article-text">
        En Tacna, la ciudad m&aacute;s austral de Per&uacute;, llegaron a la terminal de buses, ubicada junto a una peque&ntilde;a plaza conocida entre la poblaci&oacute;n local como &ldquo;el muro de los lamentos&rdquo; porque ah&iacute; deambulan personas en tr&aacute;nsito que fueron rechazadas en la frontera.
    </p><p class="article-text">
        Sergoi, Velnays y La Ni&ntilde;a siguieron en un viaje de 20 horas en autob&uacute;s hacia Lima. Desde la capital peruana tomaron otro bus hacia la frontera con Ecuador, aproximadamente 20 horas m&aacute;s. Despu&eacute;s entraron a Colombia para seguir hasta el norte y, finalmente, enfrentarse al Tap&oacute;n del Dari&eacute;n, el tramo selv&aacute;tico que corta la carretera Panamericana y es imposible de cruzar&nbsp;a bordo de un veh&iacute;culo. Un lugar extremadamente peligroso, controlado por grupos armados.
    </p><p class="article-text">
        Contrataron a alguien que los guiara. Pagaron 40 d&oacute;lares por persona, incluyendo a La Nena.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Pasamos 14 d&iacute;as caminando con la ni&ntilde;a. Seis d&iacute;as sin nada para comer, &iexcl;nada, nada! La ni&ntilde;a ten&iacute;a dos meses. Tomaba agua con poquito de sal y un poquito de az&uacute;car. Mucha lluvia, mucha agua siempre. Muchas personas se fueron al r&iacute;o en Colombia para Panam&aacute;&rdquo;, recuerda Sergoi de ese viaje.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con un precario castellano, pues su idioma natal es creole, su relato se construye con palabras como &ldquo;mafia&rdquo;, &ldquo;pistola&rdquo;. Frases como &ldquo;quitaban tel&eacute;fono&rdquo;, &ldquo;tienen muchos hombres y quitaban plata&rdquo; o &ldquo;mucho problema con haitiano, todo es muy complicado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Velnays tambi&eacute;n tiene v&iacute;vido el recuerdo de la falta de alimento para su beb&eacute;. &ldquo;Fui para la selva. Pas&eacute; 14 d&iacute;as caminando. Es muy dif&iacute;cil. Seis d&iacute;as no com&iacute; nada. Solamente agua, &iexcl;solamente agua! No ten&iacute;a leche, pa&ntilde;ales, nada, nada, nada&rdquo;, nos dijo.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Sergoi viajó con su familia por tierra desde Chile hasta Tapachula y sigue esperando respuesta a su solicitud de asilo."
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            <span class="title">
                Sergoi viajó con su familia por tierra desde Chile hasta Tapachula y sigue esperando respuesta a su solicitud de asilo.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Un nuevo pa&iacute;s, una nueva normalidad</h3><p class="article-text">
        Tras cruzar en buses Panam&aacute;, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador y Guatemala, la familia lleg&oacute; a M&eacute;xico. El 23 de enero de 2020 quedaron varados en Tapachula, con La Nena sufriendo un intenso cuadro de urticaria, cuando las autoridades mexicanas los confinaron en la Estaci&oacute;n Migratoria Siglo XXI durante 23 d&iacute;as. Al salir, a mediados de febrero, el coronavirus ya hab&iacute;a llegado a M&eacute;xico y el mundo hab&iacute;a cambiado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Realizaron la solicitud de refugio ante la Comisi&oacute;n Mexicana de Ayuda al Migrante (COMAR). A la fecha su caso est&aacute; a&uacute;n en tr&aacute;mite. A inicios de octubre, esta <a href="https://twitter.com/comar_sg/status/1312218313171243010" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">comisi&oacute;n public&oacute;</a> que en lo que va del a&ntilde;o 4.241 personas de Hait&iacute; hab&iacute;an iniciado ese mismo tr&aacute;mite, el segundo grupo m&aacute;s numeroso solo por detr&aacute;s de los migrantes provenientes de Honduras.
    </p><p class="article-text">
        Velnays y Sergoi consiguieron el apoyo econ&oacute;mico de la ACNUR por tres meses, lo que les ayud&oacute; a mudarse a una cuarter&iacute;a donde viven m&aacute;s personas haitianas, en una colonia dormitorio, que se vac&iacute;a durante el d&iacute;a porque los trabajos esenciales no paran, y quienes se quedan ocupan la calle porque el calor es imposible. Los tres se instalaron en una habitaci&oacute;n peque&ntilde;a, de aproximadamente tres por seis metros, sin cama ni ba&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        De acuerdo con Fermina Rodr&iacute;guez, del Centro de Derechos Humanos Fray Mat&iacute;as de C&oacute;rdova, el retraso en la resoluci&oacute;n de tr&aacute;mites de la COMAR ha sido determinante para que personas que ten&iacute;an planes de salir, cuando mucho, seis meses despu&eacute;s de su llegada, establecieran su residencia en Tapachula.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esa interminable espera se vencieron los plazos de los apoyos de la ACNUR. A la tragedia se sum&oacute; la crisis econ&oacute;mica consecuencia de la pandemia. Con la ca&iacute;da econ&oacute;mica de la zona, el alquiler de los cuartos se convirti&oacute; en una preocupaci&oacute;n para muchos. Familias enteras de migrantes haitianos comenzaron a compartir habitaciones para dividir gastos. Las personas que trabajaban en negocios como restaurantes, fondas o tiendas, quedaron en la calle.
    </p><p class="article-text">
        El 24 de agosto <a href="https://www.chiapasparalelo.com/noticias/chiapas/2020/08/muere-migrante-en-tapachula-presuntamente-por-hambre-y-fiebre/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">muri&oacute; un joven haitiano de 25 a&ntilde;os</a> llamado Demosthene Herold. Ten&iacute;a s&iacute;ntomas de COVID-19 y, de acuerdo con sus compa&ntilde;eros de vivienda, llevaba varios d&iacute;as sin comer. Su cuerpo fue sacado a la calle para ser recogido por las autoridades.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                La ACNUR ha intentado atender la emergencia humanitaria entre la población haitiana varada en Tapachula.                            </span>
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        Desde que en abril se les acab&oacute; el apoyo de la ACNUR, ni Sergoi ni Velnays han hallado trabajo fijo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;C&oacute;mo vivieron la llegada de la pandemia?
    </p><p class="article-text">
        -Pues vivo as&iacute; -dijo Sergoi y se&ntilde;al&oacute; el interior de su precaria y sofocante vivienda-. No tengo nada para vivir por aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        En cuanto consigan su permiso de libre tr&aacute;nsito, planean recorrer por autob&uacute;s los 3.919 kil&oacute;metros que los separa de Tijuana, donde est&aacute; &ldquo;La peque&ntilde;a Hait&iacute;&rdquo;, un asentamiento creado en 2016 cuando migrantes provenientes de ese pa&iacute;s quedaron varados a menos de tres kil&oacute;metros de la frontera con Estados Unidos. Hoy viven ah&iacute; m&aacute;s de 20.000 personas procedentes del Caribe.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De momento, la beb&eacute; haitiana que sobrevivi&oacute; a los peligros de Tap&oacute;n del Dari&eacute;n, y a la incomodidad, la fatiga y el hambre en el camino, est&aacute; &ldquo;m&aacute;s o menos&rdquo;, seg&uacute;n el reporte de su madre. Come bien y toma mucha leche, aunque tambi&eacute;n&nbsp;se fastidia a ratos por el intenso calor selv&aacute;tico de Chiapas. En alg&uacute;n punto de su viaje aprendi&oacute; a caminar y, al igual que su madre y su padre, est&aacute; sobreviviendo como puede a la pandemia y a los duros desaf&iacute;os de la ruta migrante.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Mat&iacute;as Jara, de CIPER, contribuy&oacute; con la investigaci&oacute;n desde Chile; y en fotograf&iacute;a, &Aacute;ngeles Mariscal, de Chiapas Paralelo.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Rodrigo Soberanes es un periodista mexicano que vive en el estado de Veracruz. Su trabajo se centra en coberturas y reportajes sobre migraci&oacute;n y desplazamiento forzado dentro y fuera de M&eacute;xico. Se ha especializado en coberturas de comunidades ind&iacute;genas sobre violencia y territorio, as&iacute; como en temas sociales y ambientales.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Javier Garc&iacute;a es fot&oacute;grafo y videorreportero desde 1994. En 2007, fund&oacute; el Colectivo Audiovisual &ldquo;Sacb&eacute; Producciones&rdquo;, enfocado en la producci&oacute;n de cortometrajes y documentales sobre migraci&oacute;n y temas sociales en M&eacute;xico. En 2016 dirigi&oacute; el premiado documental La cocina de Las Patronas, sobre la comunidad de mujeres que asisten a migrantes centroamericanos en Amatl&aacute;n de Los Reyes, Veracruz.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Quinto Elemento Lab es un laboratorio de investigaci&oacute;n e innovaci&oacute;n period&iacute;stica con sede en M&eacute;xico. Este reportaje forma parte de la serie de cinco partes &ldquo;Migrar bajo las reglas del COVID-19&rdquo; que puedes leer </em><a href="https://quintoelab.org/project/migrar-bajo-las-reglas-del-covid" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em><strong>aqu&iacute;</strong></em></a><em>.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Quinto Elemento Lab]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/periplo-nena-migrar-recien-nacida-brazos-medio-pandemia_130_6290556.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Oct 2020 20:46:13 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El periplo de La Nena: migrar con una recién nacida en brazos en medio de la pandemia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La marcha de Óscar: tres meses de camino y 800 kilómetros a pie huyendo de la pobreza, el miedo y la pandemia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/marcha-oscar-tres-meses-camino-800-kilometros-pie-huyendo-pobreza-miedo-pandemia_130_6279803.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/19f731cc-4a74-4d27-9227-a579ecf485f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La marcha de Óscar: tres meses de camino y 800 kilómetros a pie huyendo de la pobreza, el miedo y la pandemia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La historia de un migrante salvadoreño, que durmió a la intemperie y huyó de las aglomeraciones para evitar el contagio y la xenofobia en las poblaciones del sureste mexicano</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Vengo de El Salvador y camin&eacute; mucho&rdquo;. As&iacute; se present&oacute; &Oacute;scar Rivas*, un campesino de 53 a&ntilde;os que inici&oacute; su marcha en invierno de 2019 y recibi&oacute; la primavera de 2020 en M&eacute;xico en plena pandemia. Despu&eacute;s de caminar sobre v&iacute;as del tren, terracer&iacute;as, carreteras y potreros a m&aacute;s de 1.200 kil&oacute;metros de casa y dormir al aire libre sobre piedras, procurando evitar el contacto con otras personas.
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                    alt="Óscar Rivas, al término de su travesía a pie, en el albergue de Las Patronas donde se recuperó durante dos meses."
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            <span class="title">
                Óscar Rivas, al término de su travesía a pie, en el albergue de Las Patronas donde se recuperó durante dos meses.                            </span>
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        Rivas dej&oacute; su casa de San Salvador el 24 de diciembre de 2019, ten&iacute;a entonces 52 a&ntilde;os. Antes de emprender la ruta migratoria hab&iacute;a intentado vivir del trabajo en el campo, en la construcci&oacute;n y en la guerra, como soldado combatiente durante el conflicto civil de su pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al inicio, el viaje fue veloz. A los cinco d&iacute;as de paso r&aacute;pido por Guatemala dej&oacute; atr&aacute;s el Tri&aacute;ngulo Norte de Centroam&eacute;rica. Pod&iacute;a viajar en transporte p&uacute;blico sin temor a que lo detuvieran. Los primeros casos positivos de COVID-19 estaban en el otro lado del mundo, en Asia y Europa. Durante esos d&iacute;as recorri&oacute; casi 500 kil&oacute;metros sin sobresaltos.
    </p><p class="article-text">
        Esa forma de viajar se termin&oacute; en cuanto cruz&oacute; el r&iacute;o Suchiate y entr&oacute; a M&eacute;xico por Ciudad Hidalgo, Chiapas. En territorio mexicano el Instituto Nacional de Migraci&oacute;n (INM), apoyado por la polic&iacute;a federal y a veces por el ej&eacute;rcito,<a href="https://www.eldiario.es/desalambre/pandemia-crea-nuevo-tipo-inmigracion-irregular-barreras-rechazo-emigrante-volver-casa_130_6152755.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> dificulta el tr&aacute;nsito de personas como &eacute;l</a>, en circunstancias de migraci&oacute;n forzada. Las detienen, confinan y deportan.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &Oacute;scar Rivas nos cont&oacute; su historia al final de su traves&iacute;a desde un punto de la ruta migratoria donde finalmente encontr&oacute; un techo y pudo quedarse un tiempo para recuperarse. &ldquo;Reforzaron los puestos de seguridad de migraci&oacute;n, la Guardia Nacional. Todo eso se les dificulta a las personas para avanzar. Entonces uno tiene que hacer el esfuerzo sea como sea&rdquo;, afirm&oacute; &Oacute;scar, quien estaba sorprendido por el aumento en la vigilancia que percibi&oacute; hacia personas viajando sin documentos. No era novato, ya una vez antes hab&iacute;a intentado emigrar.
    </p><p class="article-text">
        Las carreteras no eran opci&oacute;n, entonces busc&oacute; las v&iacute;as del tren, no para subirse a un vag&oacute;n -en su viaje previo, durante 2019, presenci&oacute; un asalto con disparos y desbandada de migrantes hacia el monte- sino para seguir a pie la ruta regular del migrante: las v&iacute;as del ferrocarril.&nbsp;
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                    alt="Tramo ferroviario en un despoblado ubicado entre Tierra Blanca y Amatlán, por donde pasó caminando Óscar."
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            <span class="title">
                Tramo ferroviario en un despoblado ubicado entre Tierra Blanca y Amatlán, por donde pasó caminando Óscar.                            </span>
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        Inici&oacute; su marcha para llegar a Villa Comaltitl&aacute;n, a 98 kil&oacute;metros de la frontera donde viv&iacute;a una familia conocida. &ldquo;Ten&iacute;a una mochila, no tra&iacute;a unos buenos zapatos, ven&iacute;a <em>enhuarachado</em>&rdquo;, explica &Oacute;scar. Estaba en plena traves&iacute;a sin dinero y &uacute;nicamente con una muda de ropa como equipaje. Tard&oacute; tres d&iacute;as en llegar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es un tramo de la v&iacute;a del tren a un costado de la Sierra Madre, atravesando r&iacute;os y riachuelos que se abren paso desde las monta&ntilde;as hacia el mar. A su derecha, encontraba las monta&ntilde;as coronadas con nubes o neblina; hacia la izquierda, un paisaje extendido hacia la playa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Era mediados de marzo de 2020 y la pandemia estaba en marcha. La Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud no tardar&iacute;a en declarar emergencia internacional por la propagaci&oacute;n de la COVID-19, con casi 8.000 contagios y 170 muertes en China. Mientras tanto, en M&eacute;xico, el subsecretario de Salud, Hugo L&oacute;pez-Gatell, informaba sobre el inicio del proceso de preparaci&oacute;n de la estrategia para combatir el nuevo coronavirus.
    </p><h3 class="article-text">Comer iguanas, dormir a la intemperie</h3><p class="article-text">
        &Oacute;scar se intern&oacute; por tramos de selva mediana y baja con parajes de manglares, lagunas costeras y esteros. A su alrededor ten&iacute;a una vasta cantidad de fauna conformada por especies de aves end&eacute;micas y migratorias, incluso, por el jaguar. De ah&iacute; en adelante, las condiciones naturales del camino, junto con su capacidad de supervivencia aprendida en el ej&eacute;rcito salvadore&ntilde;o, le dieron la posibilidad de sobrevivir durante su traves&iacute;a, que sucedi&oacute; en su mayor&iacute;a alejada de lugares poblados. Esa fue su &ldquo;distancia de seguridad&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando &Oacute;scar estaba en la guerra, en las monta&ntilde;as de El Salvador, hab&iacute;a d&iacute;as en que el helic&oacute;ptero que llevaba el alimento, no llegaba. Por eso com&iacute;a animales asados y hierbas del monte hervidas con sal.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Si traigo con qu&eacute; matarme un pajarito, lo cocino y me lo como. Por ah&iacute; abundan muchas iguanas. Me hac&iacute;a una lumbre y ya, me las com&iacute;a asadas en una estaca. Con el hambre todo sabe bueno. Esto fue cuando ya me qued&eacute; sin dinero&rdquo;, relat&oacute; tres meses despu&eacute;s del fin de su traves&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;os atr&aacute;s, durante la guerra, en las ocasiones en que el helic&oacute;ptero no llegaba, hac&iacute;a caminatas de hasta 15 d&iacute;as y lleg&oacute; a pasar, seg&uacute;n cont&oacute;, hasta tres meses &ldquo;durmiendo en el monte&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para dormir, tanto en el conflicto armado como en su traves&iacute;a por el sur de M&eacute;xico, en medio de la pandemia, buscaba un descampado donde no hubiera demasiadas piedras amontonadas u otros recovecos que pudieran ser guaridas de&nbsp;animales. Por el mismo motivo, evitaba quedarse bajo los &aacute;rboles. Peque&ntilde;as planicies con hierba crecida alrededor eran el lugar ideal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El mejor horario para descansar era antes de que comenzara a oscurecer, alrededor de las cinco y media de la tarde, porque as&iacute; pod&iacute;a controlar mejor sus condiciones de seguridad. Normalmente, a las cuatro de la ma&ntilde;ana ya estaba en marcha sobre las v&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        En una ocasi&oacute;n durante la guerra, cont&oacute;, se separ&oacute; de su pelot&oacute;n cerca de un poblado, dej&oacute; su zona de seguridad porque oli&oacute; tortillas reci&eacute;n hechas. Cuando volvi&oacute; con ellas, sus superiores lo castigaron por haber pasado por alto una t&aacute;ctica del enemigo, que envenenaba soldados luego de atraerlos de forma parecida a como &Oacute;scar fue atra&iacute;do por el aroma a ma&iacute;z reci&eacute;n cocinado. Fue as&iacute; como aprendi&oacute; a no salirse de su zona de seguridad.
    </p><p class="article-text">
        -&iquest;Utilizaste esa ense&ntilde;anza para no exponerte a autoridades y pobladores durante tu viaje?
    </p><p class="article-text">
        -&iexcl;Exactamente! Exactamente...&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lleg&oacute; a principios de enero a Villa Comaltitl&aacute;n, Chiapas, un caluroso y peque&ntilde;o municipio coste&ntilde;o de actividad ca&ntilde;era y comercial, donde trabaj&oacute; dos meses en la construcci&oacute;n. Decidi&oacute; quedarse ese tiempo porque se enter&oacute; del avance de la COVID-19 y de las dificultades que enfrentaban otros migrantes para seguir su camino.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Escuch&eacute; las noticias y estaban diciendo de eso. Ven&iacute;a una caravana que no la dejaron pasar por lo mismo, me qued&eacute; mientras dos meses trabajando&rdquo;, explic&oacute;.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Albergues cerrados por la pandemia</h3><p class="article-text">
        El 30 de enero, se instal&oacute; el Comit&eacute; Nacional para Seguridad en Salud, una instancia creada para atender la emergencia sanitaria. El 28 de febrero, M&eacute;xico registr&oacute; su primer caso positivo por COVID-19. &Oacute;scar empez&oacute; su camino de nuevo a pie a inicios de marzo y el mundo ya era otro. No encontr&oacute; albergues para migrantes donde poder dormir, asearse y descansar. Estaban cerrados debido a la contingencia.
    </p><p class="article-text">
        Sigui&oacute; su camino por las v&iacute;as, que tienen un trazo paralelo a la carretera donde, de haber sido una persona con papeles, podr&iacute;a viajar sin el riesgo de ser asegurado por el INM en uno de los nueve puestos de control que hay entre Tapachula y el l&iacute;mite de Chiapas con Oaxaca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hab&iacute;a muchos puestos [de control migratorio] y ten&iacute;a que venir sac&aacute;ndoles la vuelta&rdquo;, record&oacute; el salvadore&ntilde;o. Humedales, potreros y terracer&iacute;as iban quedando atr&aacute;s mientras transcurr&iacute;a su marcha, paso a paso, hacia el norte del continente.
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                    alt="Puesto de control migratorio del Instituto Nacional de Migración ubicado en las inmediaciones de Acayucan, Veracruz."
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            <span class="title">
                Puesto de control migratorio del Instituto Nacional de Migración ubicado en las inmediaciones de Acayucan, Veracruz.                            </span>
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        Despu&eacute;s de m&aacute;s de 50 kil&oacute;metros de marcha, pas&oacute; por Mapastepec, donde en 2018 se ubic&oacute; un campo de 3.500 refugiados de la primera caravana migrante. Una parte de ellos fueron reubicados antes de la pandemia en un centro de detenci&oacute;n instalado en Tuxtla Guti&eacute;rrez. Para &Oacute;scar, a estas alturas, tras recorrer unos 450 kil&oacute;metros, el calzado ya era un problema. Necesitaba zapatos nuevos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &Oacute;scar sigui&oacute; su marcha apartado de los puestos de control migratorio, que ejerc&iacute;an la vigilancia con mayor intensidad a ra&iacute;z de la emergencia por la COVID-19. 
    </p><p class="article-text">
        Camin&oacute; por las v&iacute;as, aliment&aacute;ndose de iguanas y comida que consegu&iacute;a de manera espor&aacute;dica en alg&uacute;n caser&iacute;o, ase&aacute;ndose en los r&iacute;os y durmiendo en recovecos descampados, a merced de la lluvia y los zancudos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando me agarraba la noche buscaba en el monte, y para ba&ntilde;arme, los r&iacute;os. Es que por Chiapas y parte de Oaxaca hay muchos r&iacute;os. Traigo mi jab&oacute;n y mi pasta de dientes. Lavaba mi ropa porque s&oacute;lo tra&iacute;a dos cambios&rdquo;, cont&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Era, en parte, como estar en la guerra. As&iacute; que esa experiencia, que le dej&oacute; una lesi&oacute;n de bala en la parte izquierda del t&oacute;rax, le sirvi&oacute; para realizar una marcha de aproximadamente 870 kil&oacute;metros por parajes deshabitados, esquivando ciudades y poblados donde los casos positivos del coronavirus iban creciendo junto con el rechazo a la presencia de migrantes, quienes eran percibidos entre los pobladores como vectores de contagio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo que aprend&iacute; ah&iacute; [en la guerra] nunca se me olvida y siempre lo pongo en pr&aacute;ctica para bien porque tengo entrenamiento en sobrevivencia y eso me ayuda mucho. Dorm&iacute;amos en el monte todos mojados, sal&iacute;amos al lodo. Eran los zancudos y todo eso&rdquo;, record&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        Las v&iacute;as lo llevaron a Arriaga, Chiapas, una poblaci&oacute;n que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha sido un lugar importante en la ruta migratoria. Al llegar ah&iacute;, &Oacute;scar ya se encontraba a m&aacute;s de 700 kil&oacute;metros de casa.
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            <span class="title">
                En Arriaga, Chiapas, hay una calma total en las vías del tren, donde antes la presencia migrante era notable.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Una parada clave en la ruta migratoria, desierta</h3><p class="article-text">
        Durante d&eacute;cadas, a Arriaga llegaban miles de migrantes cada semana despu&eacute;s de una peligrosa caminata desde Tapachula. Hab&iacute;a hoteles y posadas para migrantes, tiendas con comida t&iacute;pica de diversas regiones, oficinas de las embajadas de El Salvador y Honduras. Toda una econom&iacute;a local alrededor del fen&oacute;meno migratorio. Desde que en 2005 el hurac&aacute;n Stan inhabilit&oacute; el paso de los vagones en el tramo que une Guatemala con la frontera del lado mexicano, es ah&iacute;, en Arriaga, donde comienza el viaje en tren para los migrantes.
    </p><p class="article-text">
        El albergue de Arriaga, con cupo para unas 100 personas, suele estar siempre rebasado, pero sigue cerrado hasta hoy. Nadie contesta el tel&eacute;fono. La pintura blanca de su fachada luce vieja y descuidada, al igual que sus puertas rojas de l&aacute;mina, que entre las rendijas dejan ver hierbas crecidas y superficies empolvadas en el interior. Un lugar abandonado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Las fuerzas, sus huaraches y sus habilidades de supervivencia le alcanzaron a &Oacute;scar para salir de Chiapas y llegar a Chahuites, Oaxaca. En este punto, tras 324 kil&oacute;metros de viaje dentro de&nbsp; territorio mexicano, est&aacute; el peor recuerdo de su traves&iacute;a: las ampollas y el sangrado de los pies. En la guerra nunca le falt&oacute; el calzado, en la ruta migratoria, s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Lo m&aacute;s dif&iacute;cil de todo el viaje fueron las ampollas, llegu&eacute; a Chahuites sangrando de los dedos y los talones&rdquo;, cont&oacute;. En Chahuites, trabaj&oacute; dos semanas y compr&oacute; unas botas de trabajo negras, con suela gruesa, nuevas, que le costaron 450 pesos, unos veinte d&oacute;lares americanos. Las conserva. Est&aacute;n impregnadas de polvo de cemento y a&uacute;n las utiliza.
    </p><p class="article-text">
        En ese tramo de su viaje, seg&uacute;n relat&oacute;, ya hab&iacute;a perdido la cuenta de los d&iacute;as. La cuenta que no se le escapa es la del n&uacute;mero de personas migrantes que vio en esa parte del camino, ocho exactamente.
    </p><p class="article-text">
        Estaba a 405 kil&oacute;metros de distancia del que, sin saberlo a&uacute;n, ser&iacute;a su destino: el albergue veracruzano de Las Patronas. Pero antes de llegar a Veracruz pasar&iacute;a por Oaxaca. La Jornada de Sana Distancia en M&eacute;xico por el COVID-19, que empez&oacute; el 23 de marzo, ya estaba en marcha.
    </p><h3 class="article-text">870 kil&oacute;metros despu&eacute;s</h3><p class="article-text">
        En la comunidad de La Patrona, municipio de Amatl&aacute;n, en el centro de Veracruz, el grupo de mujeres que desde hace 25 a&ntilde;os da alimentos y brinda albergue a la poblaci&oacute;n migrante, conocido como Las Patronas, ya notaba el cambio en las din&aacute;micas de la ruta migratoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hab&iacute;a preocupaci&oacute;n y confusi&oacute;n entre los grupos que se encargan de la ayuda humanitaria en las rutas migratorias. Norma Romero, l&iacute;der de Las Patronas, entendi&oacute;, gracias a la informaci&oacute;n que llegaba desde el sur a trav&eacute;s de sus contactos, que la situaci&oacute;n de los migrantes se hab&iacute;a complicado a&uacute;n m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;De por s&iacute; mucha gente ya hab&iacute;a discriminado al migrante porque dec&iacute;an que la mayor parte de las enfermedades que se hab&iacute;an visto eran enfermedades que ellos tra&iacute;an. Despu&eacute;s dec&iacute;an que ven&iacute;an a robar el trabajo. Ya hab&iacute;an antecedentes en contra de migrantes, luego con la pandemia, la militarizaci&oacute;n vino a ocasionar m&aacute;s problemas y ponerlos m&aacute;s en riesgo&rdquo;, dijo Romero entrevistada en el comedor de Las Patronas, a finales de julio.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="En Ixtepec, Oaxaca, el albergue Hermanos en el Camino cerró su oferta de acogida. Por aquí pasó Óscar."
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            <span class="title">
                En Ixtepec, Oaxaca, el albergue Hermanos en el Camino cerró su oferta de acogida. Por aquí pasó Óscar.                            </span>
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        All&aacute; en la ruta migratoria de donde llegaban noticias a Las Patronas, estaba &Oacute;scar caminado hacia Ixtepec, Oaxaca, en la cintura de la Rep&uacute;blica, donde visit&oacute; el albergue Hermanos en el Camino, del famoso padre Alejandro Solalinde, en busca de descanso. Pero, igual que el de Arriaga, lo encontr&oacute; cerrado.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En Ixtepec me quise quedar pero nom&aacute;s estuve tres horas y me vine en la noche&rdquo;, dijo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hermanos en el Camino tiene una puerta al costado de la v&iacute;a f&eacute;rrea y otra -la principal- en una calle paralela. Ambos sitios suelen tener un intenso tr&aacute;nsito de personas que entran y salen. Es una presencia migrante que se extiende hacia las v&iacute;as, donde est&aacute;n los vagones, y hacia el centro de Ixtepec. A finales de julio, cuando lo visitamos, no hab&iacute;a nadie afuera.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">61 kil&oacute;metros a pie en una noche</h3><p class="article-text">
        Cuando &Oacute;scar pas&oacute; por ah&iacute; cuatro meses antes de nuestra llegada, vio a una treintena de personas migrantes en las inmediaciones del albergue que, como &eacute;l, no pudieron entrar. No interactu&oacute; con ellas, arranc&oacute; en la oscuridad y amaneci&oacute; en Mat&iacute;as Romero, lo que significa que atraves&oacute; 61 kil&oacute;metros de camino sobre las v&iacute;as en una noche. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, Norma Romero, l&iacute;der de Las Patronas, escuchaba&nbsp; penurias de boca de migrantes y llamadas preocupadas de otras personas defensoras de Derechos Humanos que dan ayuda humanitaria en la ruta migratoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Algunos [migrantes] nos dec&iacute;an que llegaban en autob&uacute;s, algunos nos dec&iacute;an que no ten&iacute;an dinero y llegaban caminando. Est&aacute; el cierre de los albergues, que afecta mucho, en el cansancio, la comida, el aseo personal&rdquo;, dijo cuando la encontramos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En &eacute;pocas normales, a lo largo del trayecto desde la frontera hasta Las Patronas, en el camino recorrido por &Oacute;scar, las y los migrantes encuentran por lo menos seis albergues en donde, en otras circunstancias habr&iacute;a encontrado refugio. Pero en ese momento estaban completamente cerrados o s&oacute;lo ofrec&iacute;an alimentos y medicina fuera de sus instalaciones.
    </p><h3 class="article-text">Las Patronas, contra el cierre de los albergues</h3><p class="article-text">
        A Norma Romero le inquietaba el cierre de los albergues. &ldquo;No vimos bien esa idea de que se cerraran los albergues. Si queremos saber cu&aacute;ntos migrantes vienen contagiados, &iquest;c&oacute;mo vamos a enterarnos?&rdquo;, explic&oacute;, sentada en una mesa vac&iacute;a del comedor, ya entrada la noche.&nbsp; Para ella, esas medidas s&oacute;lo invisibilizaron la traves&iacute;a migrante empuj&aacute;ndola a rutas m&aacute;s peligrosas,y descontrol&oacute; la ayuda humanitaria.
    </p><p class="article-text">
        Es el caso de &Oacute;scar, quien recorri&oacute; rutas peligrosas y en ning&uacute;n momento recibi&oacute; ayuda humanitaria.
    </p><p class="article-text">
        Su relato sobre el resto del viaje es breve. Desde Oaxaca enfil&oacute; rumbo a Veracruz y pas&oacute;, por ejemplo, por la comunidad de Medias Aguas, un peque&ntilde;o poblado del que se oye hablar hasta Centroam&eacute;rica por su fama de peligroso.
    </p><p class="article-text">
        Visitamos esa comunidad con una comitiva de la Cruz Roja para constatar las circunstancias de la poblaci&oacute;n en tr&aacute;nsito que, como &Oacute;scar, pasa por ah&iacute; ya sea caminando o sobre el tren. En una esquina de la comunidad, el conductor fren&oacute;, dijo que no pod&iacute;amos seguir porque est&aacute;bamos entrando a territorio controlado por la delincuencia y gir&oacute; de inmediato hacia la entrada del pueblo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El siguiente punto de parada en la ruta migratoria es Tierra Blanca, a 218 kil&oacute;metros. Ah&iacute; -que es otro lugar insigne de la ruta por la cantidad de migrantes que llegan ah&iacute; desde hace d&eacute;cadas- &Oacute;scar pas&oacute; de largo. El albergue estaba cerrado por la COVID y s&oacute;lo se ofrec&iacute;a comida en la puerta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El campesino y exmilitar dej&oacute; esas tierras calientes y sigui&oacute; camino hacia las monta&ntilde;as del centro de Veracruz donde, alg&uacute;n d&iacute;a de abril, en alg&uacute;n paraje surcado por v&iacute;as del tren, encontr&oacute; a un grupo de cuatro personas que se hab&iacute;an ido juntando en el camino. A uno de ellos -record&oacute;- &ldquo;lo hab&iacute;a correteado la Guardia Nacional y por eso se hab&iacute;a ido a las v&iacute;as&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s encontr&oacute; un inmenso ingenio azucarero con un poblado construido a su alrededor, llamado Motzorongo, un lugar entre monta&ntilde;as al que se llega por las v&iacute;as o por una vieja carretera desgastada por los veh&iacute;culos de carga.
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                    alt="Óscar sostiene una coa durante su jornal en un predio sembrado con caña de azúcar, en Amatlán, Veracruz."
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            <span class="title">
                Óscar sostiene una coa durante su jornal en un predio sembrado con caña de azúcar, en Amatlán, Veracruz.                            </span>
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        Hab&iacute;a completado 431 kil&oacute;metros de marcha a pie desde Ixtepec esquivando a la pandemia y puestos de control. Un viaje de 870 kil&oacute;metros en total desde que sali&oacute; de la frontera sur de M&eacute;xico.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n cont&oacute; &Oacute;scar, trabajadores del ferrocarril le hablaron de Las Patronas, famosas por alimentar diariamente a migrantes que cruzan colgados de los techos de los trenes desde hace 25 a&ntilde;os, y se ofrecieron a llevarlo en una camioneta adaptada que rueda sobre las v&iacute;as en labores de reparaci&oacute;n. Termin&oacute; su viaje a pie.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pas&oacute; por una enorme estatua de Cristo que, en tiempos anteriores a la pandemia levantaba el &aacute;nimo a las multitudes migrantes que viajaban por ah&iacute; en trenes, se acerc&oacute; al pie de la Sierra de Zongolica por parajes exuberantes, zonas de ductos y robo de combustible y emblema de la pobreza. Recorri&oacute; 45 kil&oacute;metros m&aacute;s en un suspiro. Le dijeron que preguntara por Norma Romero.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En un momento de abril, cuya fecha exacta escapa a su memoria, la traves&iacute;a termin&oacute;: Las Patronas lo recibieron con arroz, frijoles y pan; hospedaje y cuidados m&eacute;dicos. Veracruz estaba en fase roja por la COVID-19. &Oacute;scar hizo dos cosas: se cur&oacute; los pies maltratados y mand&oacute; a arreglar sus botas negras para ir a trabajar a un campo ca&ntilde;ero.
    </p><p class="article-text">
        La primavera le alcanz&oacute; para reunir un dinero y, a partir de ah&iacute;, ya con 53 a&ntilde;os, cumplidos el 20 de junio, seguir su viaje en transporte hacia el centro de M&eacute;xico. Ahora ya est&aacute; donde quer&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        <em>*El nombre de Oscar Rivas fue cambiado a solicitud suya para proteger su identidad.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Rodrigo Soberanes es un periodista mexicano que vive en el estado de Veracruz. Su trabajo se centra en coberturas y reportajes sobre migraci&oacute;n y desplazamiento forzado dentro y fuera de M&eacute;xico. Se ha especializado en coberturas de comunidades ind&iacute;genas sobre violencia y territorio, as&iacute; como en temas sociales y ambientales.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Javier Garc&iacute;a es fot&oacute;grafo y videorreportero desde 1994. En 2007, fund&oacute; el Colectivo Audiovisual &ldquo;Sacb&eacute; Producciones&rdquo;, enfocado en la producci&oacute;n de cortometrajes y documentales sobre migraci&oacute;n y temas sociales en M&eacute;xico. En 2016 dirigi&oacute; el premiado documental La cocina de Las Patronas, sobre la comunidad de mujeres que asisten a migrantes centroamericanos en Amatl&aacute;n de Los Reyes, Veracruz.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>&nbsp;Quinto Elemento Lab es un laboratorio de investigaci&oacute;n e innovaci&oacute;n period&iacute;stica con sede en M&eacute;xico. Este reportaje forma parte de la serie de cinco partes &ldquo;Migrar bajo las reglas del covid&rdquo; que puedes leer </em><a href="https://quintoelab.org/project/migrar-bajo-las-reglas-del-covid" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em><strong>aqu&iacute;</strong></em></a><em>. </em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Quinto Elemento Lab]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/marcha-oscar-tres-meses-camino-800-kilometros-pie-huyendo-pobreza-miedo-pandemia_130_6279803.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 10 Oct 2020 20:22:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La marcha de Óscar: tres meses de camino y 800 kilómetros a pie huyendo de la pobreza, el miedo y la pandemia]]></media:title>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Ser niño en pandemia: “¿Podríamos hablar de algo más que no sea coronavirus?”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/nino-pandemia-hablar-no-sea-coronavirus_130_6243041.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9db10c82-0434-4b9d-89ed-1fe04bc88f67_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Ser niño en pandemia: “¿Podríamos hablar de algo más que no sea coronavirus?”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Fotógrafos en México han retratado a niños y adolescentes en meses difíciles: el cole por televisión, las graduaciones online y las dudas sobre el futuro</p></div><p class="article-text">
        Durante el primer semestre de 2020, 1.500 millones de ni&ntilde;os y adolescentes en el mundo se quedaron en casa por el cierre de las escuelas debido a la pandemia, seg&uacute;n la UNESCO. En M&eacute;xico casi 31 millones de ni&ntilde;os vieron interrumpidas sus clases, sus juegos, los paseos en bicicleta y las travesuras con amigos a la salida de la escuela.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras sus padres y madres ganan menos o se enferman o batallan para conservar el empleo, los chicos, lejos de la escuela y de sus amigos, est&aacute;n confundidos y ansiosos. Antes de la llegada del coronavirus, uno de cada cinco ni&ntilde;os mexicanos ya batallaba contra la pobreza. Las cifras tras la pandemia prometen ser peores.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, la COVID-19 amenaza tambi&eacute;n el bienestar psicol&oacute;gico de los ni&ntilde;os. Si bien la salud mental infantil no es un tema prioritario en la agenda noticiosa, los expertos empiezan a encender la alarma. Christian Skoog, representante de UNICEF en M&eacute;xico, califica la situaci&oacute;n de &ldquo;muy preocupante&rdquo; y coloca el foco en &ldquo;la tensi&oacute;n debido a las circunstancias excepcionales con menos ingresos en el hogar, que generan un futuro incierto, muchas personas en un espacio peque&ntilde;o, no poder ver amigos&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La educaci&oacute;n a distancia, la soluci&oacute;n sacada del sombrero para que los ni&ntilde;os no pierdan el a&ntilde;o escolar, plantea retos particulares en un pa&iacute;s donde <a href="https://www.gob.mx/sct/prensa/en-mexico-hay-74-3-millones-de-usuarios-de-internet-y-18-3-millones-de-hogares-con-conexion-a-este-servicio-endutih-2018-196013" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">solo el 52.9% de los hogares cuentan con conexi&oacute;n a Internet</a>. Un pa&iacute;s donde, adem&aacute;s, buena parte de los estudiantes que se alimentaban con las seis millones de raciones de comidas escolares que se reparten todos los d&iacute;as en las escuelas deben encontrar la forma de no quedarse con el est&oacute;mago vac&iacute;o.
    </p><p class="article-text">
        De la austeridad de la laguna de Alvarado en Veracruz a los elegantes departamentos en Polanco en Ciudad de M&eacute;xico, de los ni&ntilde;os que debieron salir a trabajar a la calle con sus padres y madres a los ni&ntilde;os que tuvieron que quedarse solos en casa. Paliar la ansiedad, la incertidumbre y la angustia ha sido un reto nuevo para todos. La Secretar&iacute;a de Educaci&oacute;n P&uacute;blica (SEP) fue la gran ausente. En la primera mitad del a&ntilde;o, su programa &ldquo;Aprende en casa&rdquo; lleg&oacute; por canales de televisi&oacute;n que no ten&iacute;an cobertura nacional, los horarios mezclaban preescolar y primaria durante tres horas, los maestros tuvieron que utilizar las herramientas que ellos mismos encontraron para sobrellevar la educaci&oacute;n a distancia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por supuesto, esta no es la pel&iacute;cula completa. Es apenas una serie de instant&aacute;neas de las m&uacute;ltiples infancias de los distintos M&eacute;xicos y del desaf&iacute;o que han debido enfrentar en circunstancias excepcionales. Y que, con casi toda seguridad, seguir&aacute;n enfrentando en los pr&oacute;ximos meses, durante el nuevo curso escolar.
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                    alt="Sarah Mac Gillivray Corpi (7), alumna de segundo de primaria del Liceo Franco-Mexicano, baila con un aro en  su departamento en colonia Polanco, en la Ciudad de México, el domingo 28 de Junio del 2020."
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            <span class="title">
                Sarah Mac Gillivray Corpi (7), alumna de segundo de primaria del Liceo Franco-Mexicano, baila con un aro en  su departamento en colonia Polanco, en la Ciudad de México, el domingo 28 de Junio del 2020.                            </span>
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        &ldquo;&iquest;Podr&iacute;amos hablar de algo m&aacute;s que no sea coronavirus, por favor? Me da miedo&rdquo;, dijo Sarah Mac Gillivray Corpi, de 7 a&ntilde;os, un d&iacute;a en la mesa familiar. A principios de la pandemia, su bisabuela muri&oacute; por COVID y Sarah se dio cuenta de lo peligroso que era el virus, aunque no entend&iacute;a que se trata de una amenaza microsc&oacute;pica.&nbsp;
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                Sarah sostiene una semilla de un árbol liquidambar, como la que confundió con una partícula de Covid-19.                            </span>
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        Lleg&oacute; en enero a M&eacute;xico, despu&eacute;s de dejar a sus amigos en Costa Rica, antes en Per&uacute;, donde pas&oacute; los &uacute;ltimos a&ntilde;os debido a las constantes mudanzas del trabajo de su pap&aacute;. Por culpa de los calendarios escolares en la Ciudad de M&eacute;xico hab&iacute;a adelantado curso, no dejaba de sentirse la ni&ntilde;a nueva de la clase. &ldquo;Siento que la cuarentena ha durado 100 a&ntilde;os&rdquo;, dice Sarah, quien pese a volver a su pa&iacute;s natal, a&uacute;n no consigue reencontrarse con &eacute;l, ni visitar a sus abuelos en San Luis Potos&iacute; por la pandemia. Le falta el colegio, los juegos, hacer nuevos amigos; al final extra&ntilde;a a los de aqu&iacute; y a los de all&aacute;.
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                Sarah decide con su madre qué actividad realizar en la plataforma web de su escuela.                            </span>
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        Cuando no est&aacute; en el ordenador de mam&aacute; siguiendo las clases por Padlet, hace sesiones de Yoga por Zoom, se disfraza de robot y construye castillos en su cuarto, pero el encierro y la escuela a distancia le han sido dif&iacute;ciles y a ratos dolorosos. En casa solo est&aacute; con adultos. Seg&uacute;n un <a href="https://www.savethechildren.net/news/%E2%80%98children-risk-lasting-psychological-distress-coronavirus-lockdown%E2%80%99-save-children" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio de Save the Children</a>, el 65% de los ni&ntilde;os a nivel mundial est&aacute;n sufriendo por el aburrimiento y aislamiento producto de la pandemia. Uno de cada cuatro, est&aacute; experimentando ansiedad. Cuando Sarah ya no puede m&aacute;s, hace alguna rabieta y llora abrazando en su cuarto a Lima, su perro adoptado. &ldquo;&iquest;Esto es un COVID?&rdquo; le pregunta asustada a su pap&aacute;, confundiendo una semilla verde y espinuda de un &aacute;rbol liquidambar a un par de cuadras de su casa.
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                    alt="Brian Zamudio, 18 años, toma una fotografía a su tarea sobre ecología en su entorno, al interior de una vivienda de la comunidad de El Nacaste, Alvarado. El 25 de Junio de 2020."
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                Brian Zamudio, 18 años, toma una fotografía a su tarea sobre ecología en su entorno, al interior de una vivienda de la comunidad de El Nacaste, Alvarado. El 25 de Junio de 2020.                            </span>
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        Brian Zamudio, de 18 a&ntilde;os, y Sara Chavez, de 11, viven en un M&eacute;xico excepcional: habitan <a href="https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2018/EstSociodemo/ENCEVI2018.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en el 1% del pa&iacute;s</a> que no cuenta con electricidad. Como ellos hay un mill&oacute;n y medio de personas que no pueden encender un foco para leer cuando se pone el sol, ni enchufar el tel&eacute;fono si se queda sin bater&iacute;a.&nbsp;Ambos viven en una casa a orillas de los r&iacute;os Papaloapan y Blanco que desembocan en la Laguna de Alvarado. Se encuentran aislados de la vida citadina y del propio virus. En sus casas cocinan con le&ntilde;a, al igual que el 11% de los hogares mexicanos, y, excepto por tel&eacute;fonos muy sencillos con pocas funciones y que rara vez tienen se&ntilde;al, ninguno de los dos cuenta con aparatos como tableta, ordenador o impresora, que les faciliten seguir cursos a distancia.
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                    alt="Alexis Zamudio, 17 años, observa la llegada de un bote desde el interior de su casa en la comunidad de El Nacaste, Alvarado, el 26 de Junio de 2020. Alexis han sido unos de los estudiantes de preparatoria afectados por la pandemia del Covid-19 al vivir en una comunidad sin energía eléctrica ni internet para poder realizar sus actividades académicas."
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                Alexis Zamudio, 17 años, observa la llegada de un bote desde el interior de su casa en la comunidad de El Nacaste, Alvarado, el 26 de Junio de 2020. Alexis han sido unos de los estudiantes de preparatoria afectados por la pandemia del Covid-19 al vivir en una comunidad sin energía eléctrica ni internet para poder realizar sus actividades académicas.                            </span>
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                    alt="Sara Chavez, en el centro, 11 años, juega en la laguna de Alvarado con su amiga Maria Fernanda y Josué en la pequeña comunidad de Costa de San Juan, Alvarado, el 26 de Junio de 2020. Sara ha sido una de las estudiantes de primaria afectadas por la pandemia del Covid-19."
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            <span class="title">
                Sara Chavez, en el centro, 11 años, juega en la laguna de Alvarado con su amiga Maria Fernanda y Josué en la pequeña comunidad de Costa de San Juan, Alvarado, el 26 de Junio de 2020. Sara ha sido una de las estudiantes de primaria afectadas por la pandemia del Covid-19.                            </span>
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        Cargar la bater&iacute;a del tel&eacute;fono para mandar tareas es ya un trabajo en s&iacute;. &ldquo;Cargamos con placas solares y cuando ya tiene un poco uno pasa en un bote al otro lado del r&iacute;o para buscar se&ntilde;al y as&iacute; mandar mis tareas&rdquo;, relata Brian, quien sue&ntilde;a con ganar una beca del gobierno y poder ser bi&oacute;logo marino.
    </p><p class="article-text">
        Para poder continuar su educaci&oacute;n v&iacute;a WhatsApp, Sara ten&iacute;a que navegar entre los brazos del r&iacute;o Lim&oacute;n y los manglares cerca de la laguna Alvarado en busca de se&ntilde;al. Solo as&iacute; pod&iacute;a hacer llamadas, mandar tareas o resolver dudas con la maestra. El esfuerzo de aprender sin ir a clases tambi&eacute;n ha sido psicol&oacute;gico. &ldquo;Los primeros d&iacute;as solo me dorm&iacute;a y me despertaba a ver la tele&rdquo;, cuenta. Sara estudia sexto a&ntilde;o de primaria y espera alg&uacute;n d&iacute;a ser abogada.
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                    alt="Zuria Martínez (5) jugando en casa. Junto a sus hermanas, llevan más de 3 meses de cuarentena debido al cierre de escuelas por la pandemia. 23 de Junio de 2020."
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                Zuria Martínez (5) jugando en casa. Junto a sus hermanas, llevan más de 3 meses de cuarentena debido al cierre de escuelas por la pandemia. 23 de Junio de 2020.                            </span>
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        Itzel, de 10 a&ntilde;os, Zuria, de 5, y Adhara Mart&iacute;nez, de 3, tuvieron mucho miedo cuando empez&oacute; la pandemia. Su padre tuvo que aislarse un mes pensando que en su &uacute;ltimo viaje se hab&iacute;a contagiado de COVID y la &uacute;nica comunicaci&oacute;n que ten&iacute;an era por videollamada. Itzel dice que &ldquo;se siente estresada sin poder salir a ning&uacute;n lado. Adem&aacute;s, cada vez hay m&aacute;s casos en Ciudad de M&eacute;xico y da mucho miedo perder a alguien que quieres&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        La familia no es ajena al trauma y la tensi&oacute;n. En 2013, el crimen organizado los marc&oacute; cuando tres miembros de su familia formaron parte de las miles de personas desaparecidas en M&eacute;xico. Y a las ni&ntilde;as sus padres les hablan con la verdad. Ellas saben que un t&iacute;o enferm&oacute; de COVID; que hay otros vecinos que ya perdieron la batalla contra el virus; que, aunque la plaza est&eacute; llena ellas solo pueden ir a ver a los abuelos usando mascarillas y sin acercarse mucho.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando juegan en la azotea las dos m&aacute;s peque&ntilde;as preguntan si alg&uacute;n d&iacute;a podr&aacute;n volver a salir. Por suerte, la creatividad de su padre, quien tambi&eacute;n las fotograf&iacute;a, las lleva siempre a so&ntilde;ar. Gracias a un proyector y Netflix, se imaginan que podr&aacute;n ser astronautas y huir a otros mundos.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Zuria Martínez (5) observa la niebla antes de llover. Taxco Guerrero a 23 de Junio de 2020."
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                Zuria Martínez (5) observa la niebla antes de llover. Taxco Guerrero a 23 de Junio de 2020.                            </span>
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        La graduaci&oacute;n de preparatoria de Brisa Francisco Rojas, de 17 a&ntilde;os, fue distinta de lo habitual. No hubo vestidos, ni idas al maquillador, ni enormes fiestas. Transcurri&oacute;, como buena parte de su &uacute;ltimo a&ntilde;o escolar, en una pantalla de 15 pulgadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Brisa vive en una comunidad rural llamada Jalpilla, municipio de Axtla de Terrazas, y desde ah&iacute; llev&oacute; sus clases por WhatsApp, recib&iacute;a los ejercicios de estad&iacute;stica, las lecturas de la clase de filosof&iacute;a y los deberes de todas sus asignaturas, una ventaja con la que no contaron muchos de sus compa&ntilde;eros, que no tienen Internet en casa. Para quitarse la ansiedad, Brisa pas&oacute; la cuarentena cosechando pi&ntilde;as y pl&aacute;tanos en el terreno que tiene la familia y viendo recetas en YouTube para hacer sus platillos favoritos. Adelina, la madre de Brisa, es una maestra rural ind&iacute;gena, biling&uuml;e, que a principios de la pandemia iba de casa en casa en las comunidades nahuas y teenek dej&aacute;ndoles a sus alumnos las tareas hasta que se lo prohibieron para evitar contagios.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Brisa Francisco Rojas (17 años, pasa a universidad), carga una caja cargada de plátanos y piñas que recolectaron en la huerta familiar. La huerta es el primer lugar al que fueron cuando salieron del confinamiento a causa del COVID 19. La Ceiba, Axtla de Terrazas, San Luis Potosi. 24 de Junio 2020."
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                Brisa Francisco Rojas (17 años, pasa a universidad), carga una caja cargada de plátanos y piñas que recolectaron en la huerta familiar. La huerta es el primer lugar al que fueron cuando salieron del confinamiento a causa del COVID 19. La Ceiba, Axtla de Terrazas, San Luis Potosi. 24 de Junio 2020.                            </span>
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        Al igual que Brisa, Daniela Aguilar S&aacute;nches, de 18, quien vive en otro poblado de Axtla, culmin&oacute; el &uacute;ltimo a&ntilde;o de bachillerato a trav&eacute;s de la pantalla. Recib&iacute;a clases, deberes y dem&aacute;s mensajes v&iacute;a WhatsApp y la plataforma Classroom de Google, aunque dice que algunos profesores no sab&iacute;an usarla y les cost&oacute; aprender a comunicarse y ense&ntilde;arles por ah&iacute;. Cuando le toc&oacute; graduarse del Bachillerato T&eacute;cnico en Soporte y Mantenimiento de Equipo de C&oacute;mputo, hizo una diminuta reuni&oacute;n familiar y vivi&oacute; la ceremonia a trav&eacute;s de un proyector que ampliaba la imagen en la pared de su casa. Brisa y Daniela postularon al competido examen de medicina de la Universidad Aut&oacute;noma de San Luis Potos&iacute; en Ciudad Valles.
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                    alt="Placida Sanchez Salazar, observa a su hija Daniela Aguilar Sanchez (18 años, pasa a universidad), mientras prepara la computadora para la transmisión en vivo del cierre de cursos de su preparatoria CBTIS No. 87. Axtla de Terrazas, San Luis Potosi. 29 de Junio 2020."
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                Placida Sanchez Salazar, observa a su hija Daniela Aguilar Sanchez (18 años, pasa a universidad), mientras prepara la computadora para la transmisión en vivo del cierre de cursos de su preparatoria CBTIS No. 87. Axtla de Terrazas, San Luis Potosi. 29 de Junio 2020.                            </span>
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        Desde que se suspendieron las clases, Briana Villafuerte Caltzontzi, de 6 a&ntilde;os, tuvo que acompa&ntilde;ar a su madre, Diana, al trabajo en un puesto de peri&oacute;dicos en el centro hist&oacute;rico de Quer&eacute;taro. Sin peatones en la ciudad bajaron las ventas de revistas, peri&oacute;dicos, chicles, chocolates e im&aacute;genes religiosas de Jesucristo Misericordioso. Como mucho, ahora ganan 200 pesos al d&iacute;a, no llegan ni a la mitad de sus ganancias anteriores, y hay que restar los 56 del transporte, donde pasan dos horas yendo al trabajo y dos horas volviendo a casa.&nbsp;
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                Briana observa su ceremonia de graduación de grado preescolar desde el puesto de periódicos de su tía en el celular de su prima, el 19 de junio del 2020.                            </span>
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        Briana y su madre compensaron la falta de clases con juegos y deberes que se inventaban utilizando la mercanc&iacute;a que no se vend&iacute;a: un ejercicio de memoria desplegable con ojos de animales, un ejercicio de origami para la motricidad que se encontraron en una revista, otro de atenci&oacute;n visual donde ten&iacute;a que encontrar personajes en una plantilla. Para trabajar la caligraf&iacute;a, su madre la pon&iacute;a a copiar titulares de peri&oacute;dico. Los esfuerzos dieron fruto. Briana ya est&aacute; en primaria pese a no haber tenido Internet ni un celular para conectarse con sus maestros.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Briana Villafuerte Caltzontzi (6 años) alumna de tercer año de preescolar en la Escuela Pública Juventino Rosas, coloca su mano sobre una de sus tareas realizadas durante la contingencia sanitaria derivada del coronavirus, el 26 de junio del 2020."
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                Briana Villafuerte Caltzontzi (6 años) alumna de tercer año de preescolar en la Escuela Pública Juventino Rosas, coloca su mano sobre una de sus tareas realizadas durante la contingencia sanitaria derivada del coronavirus, el 26 de junio del 2020.                            </span>
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        El cuadernillo que ten&iacute;a que completar le lleg&oacute; m&aacute;s tarde porque no ten&iacute;an un tel&eacute;fono conectado a Internet. Briana y su madre forman parte del 29,9% de la poblaci&oacute;n mexicana mayor de 6 a&ntilde;os que no cuenta con acceso a la red. Llamaron a su t&iacute;a para que ella lo recibiera por WhatsApp y as&iacute; Briana pudo cumplir el requisito para graduarse. Cuando lo consigui&oacute;, ella, su madre y su t&iacute;a festejaron en el puesto de peri&oacute;dico, desde donde se conectaron a la ceremonia de graduaci&oacute;n. Fue a trav&eacute;s de Zoom con el tel&eacute;fono de su prima y lo que m&aacute;s le conmovi&oacute; fue volver a ver a su maestra.
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                    alt="Ari Rojas García, de 9 años, en clase teatro musical durante el periodo de confinamiento por el virus COVID-19 en Puebla, Puebla, México. Junio 2020"
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            <span class="title">
                Ari Rojas García, de 9 años, en clase teatro musical durante el periodo de confinamiento por el virus COVID-19 en Puebla, Puebla, México. Junio 2020                            </span>
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        Ariadna Rojas Garc&iacute;a, de 10, es una alumna muy responsable y creativa. Su madre Jessica, secretaria, y su padre Ra&uacute;l, t&eacute;cnico el&eacute;ctrico, han hecho malabares para no ser de los 1,1 millones de mexicanos con empleos formales que se han quedado sin trabajo durante la pandemia hasta julio. Siempre preocupados por el bienestar de sus dos hijos, utilizaron unas c&aacute;maras que ya ten&iacute;an instaladas en casa cuando tuvieron que dejarlos solos. Ariadna y Arturo, gemelos, segu&iacute;an clases a distancia por las clases gen&eacute;ricas que ve&iacute;an en televisi&oacute;n y las tareas a trav&eacute;s de WhatsApp, pero al final, el programa que marcaban las autoridades escolares hac&iacute;a m&aacute;s complicado el trabajo para los ni&ntilde;os. &ldquo;Me paraba todos los d&iacute;as a las 7:00 para ver la clase de mi hermano. A las 10:00 ve&iacute;a la m&iacute;a y despu&eacute;s esperar a que diera la 1:00 para ver la &uacute;ltima parte&rdquo;, explica Ari que ayudaba tambi&eacute;n a su hermano a hacer sus tareas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando su maestra Aleida se dio cuenta que los ni&ntilde;os necesitaban clases personalizadas para poder seguir el a&ntilde;o escolar, dejaron el programa de &ldquo;Aprende en Casa&rdquo; a trav&eacute;s de la televisi&oacute;n.&nbsp;&nbsp;
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                    alt="Aleida Pérez Carballo trabaja en formatos de calificaciones dentro de su casa junto a su esposo Omar durante el periodo de confinamiento por el virus COVID-19 en Puebla, Puebla, México. Junio 2020."
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                Aleida Pérez Carballo trabaja en formatos de calificaciones dentro de su casa junto a su esposo Omar durante el periodo de confinamiento por el virus COVID-19 en Puebla, Puebla, México. Junio 2020.                            </span>
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                    alt="Aleida Pérez Carballo durante el confinamiento comenzó a realizar Yoga con el fin de poder sobrellevar el encierro y estres del trabajo desde casa en Puebla, Puebla, México. Junio 2020"
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                Aleida Pérez Carballo durante el confinamiento comenzó a realizar Yoga con el fin de poder sobrellevar el encierro y estres del trabajo desde casa en Puebla, Puebla, México. Junio 2020                            </span>
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        A pesar de que la pandemia signific&oacute; extender su horario y trabajar de 8 de la ma&ntilde;ana a 9 de la noche, cuando Aleida ve&iacute;a el compromiso de ni&ntilde;os y padres por mandar sus tareas, se sent&iacute;a reconfortada. &ldquo;Dej&eacute; de ser s&oacute;lo la maestra en el aula, pude meterme de manera virtual a sus casas, porque me mandaban fotos y audios en su cotidianidad. Fue una experiencia &iacute;ntima&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Sus d&iacute;as en cuarentena se van en preparar y dar las clases a distancia, hablar con padres y alumnos por WhatsApp, revisar tareas, adem&aacute;s de cuidar a sus nietos Iker y Kenia, los hijos de su hijo que falleci&oacute; hace a&ntilde;os. Termina exhausta y muy estresada, por lo que empez&oacute; clases de yoga en l&iacute;nea.
    </p><p class="article-text">
        <em>Este reportaje forma parte de </em><a href="https://quintoelab.org/COVID-19" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>la serie COVID-19 en M&eacute;xico, producida por Quinto Elemento Lab</em></a><em>.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Fotos: Trasluz Photo</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Texto: Stephania Corpi</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Quinto Elemento Lab]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/nino-pandemia-hablar-no-sea-coronavirus_130_6243041.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 Sep 2020 20:22:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Ser niño en pandemia: “¿Podríamos hablar de algo más que no sea coronavirus?”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Educación,México,Covid-19]]></media:keywords>
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