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    <title><![CDATA[elDiario.es - Joan Cabasés Vega]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Joan Cabasés Vega]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[75 años sin hogar: de la expulsión de Palestina a la persecución en el Líbano]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/75-anos-hogar-expulsion-palestina-persecucion-libano_1_10233218.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3d2492bb-46bf-4319-9bed-783bc175b2d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="75 años sin hogar: de la expulsión de Palestina a la persecución en el Líbano"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Abu Mohamed tenía seis años cuando, en mayo de 1948, se fundó el Estado de Israel. A sus 81 años, desde el Líbano, recuerda su infancia en Palestina, donde varias generaciones de refugiados siguen soñando con regresar a casa</p><p class="subtitle">"Siempre hemos tenido problemas en este país"</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Los brit&aacute;nicos y los israel&iacute;es pusieron bombas en Nazaret y atacaron a las familias en sus casas. Entraron en la nuestra, intentaron detener a mi padre y empujaron a mi madre y a mi hermana&rdquo;, recuerda Abu Mohamed. Su familia huy&oacute; con otros vecinos de Nazaret que, empujados por el miedo, llegaron caminando hasta el L&iacute;bano. 
    </p><p class="article-text">
        Las noticias acerca de las recientes matanzas, <a href="https://imeu.org/article/explainer-the-deir-yassin-massacre" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">como la de Deir Yas&iacute;n</a> -un pueblo cercano a Jerusal&eacute;n del que fueron expulsados los residentes y un centenar de ellos, ejecutados- hab&iacute;an corrido m&aacute;s r&aacute;pido que la p&oacute;lvora de los disparos. 
    </p><p class="article-text">
        Los vecinos de Nazaret estaban entre <a href="https://reliefweb.int/report/lebanon/palestinian-refugees-lebanon-long-standing-suffering" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">los 100.000 palestinos que en 1948</a> se desplazaron al L&iacute;bano, pensando que podr&iacute;an regresar a su ciudad natal. Se llevaron la llave de sus casas, que se convertir&iacute;a en el s&iacute;mbolo de la resistencia, pero esas casas fueron destruidas. Las autoridades israel&iacute;es y sus milicias afines arrasaron <a href="https://www.zochrot.org/publication_articles/view/54772/en" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">unos 600 poblados</a> que hab&iacute;an quedado vac&iacute;os para asegurarse de que los 750.000 refugiados no pudieran regresar. Es lo que se conoce como &ldquo;nakba&rdquo; o cat&aacute;strofe palestina.
    </p><p class="article-text">
        Abu Mohamed hace tres cuartos de siglo que no puede poner un pie en Nazaret, su madre lo intent&oacute; en dos ocasiones: la vivienda familiar estaba habitada por otra gente y los uniformados israel&iacute;es le impidieron llegar hasta all&iacute;. El anciano guarda recuerdos id&iacute;licos de su corta infancia en Palestina, que no se han visto empa&ntilde;ados por las tensiones que tuvieron lugar durante los &uacute;ltimos coletazos del Mandato brit&aacute;nico sobre este territorio. Un vecino de la familia muri&oacute; asesinado tras enfrentarse a los soldados ingleses y su abuelo fue arrestado y torturado por estos, debido a su conexi&oacute;n con personas &ldquo;que luchaban por la liberaci&oacute;n de Palestina&rdquo;, tal y como le contar&iacute;an sus padres m&aacute;s tarde.
    </p><p class="article-text">
        Recuerda el sentimiento de comunidad que un&iacute;a a los habitantes de Nazaret: &ldquo;Ni tan siquiera ten&iacute;amos en cuenta la religi&oacute;n de cada uno&rdquo;, dice a elDiario.es con naturalidad. &ldquo;Viv&iacute;amos juntos y aprovech&aacute;bamos cada ocasi&oacute;n para encontrarnos&rdquo;. Los j&oacute;venes del pueblo se ofrec&iacute;an de forma voluntaria para construir la casa de las parejas que se casaban; los vecinos tra&iacute;an regalos a las bodas y las familias se hac&iacute;an compa&ntilde;&iacute;a durante los tres d&iacute;as de luto. Abu Mohamed todav&iacute;a se entusiasma al hablar de los encuentros alrededor del <em>tabun</em>, el tradicional horno ovalado donde su madre cocinaba el pan &aacute;rabe y, como al resto de refugiados palestinos, la imposibilidad de regresar a casa le empuja a idealizar esa tierra prohibida.
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                Abu Mohamed en el campo de refugiados de Shatila, donde ha vivido desde que huyó con su familia de Nazaret durante la nakba, en 1948. Joan Cabasés Vega                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Perseguidos tambi&eacute;n en el L&iacute;bano</h3><p class="article-text">
        En el L&iacute;bano, la familia de Abu Mohamed fue enviada a un descampado sin servicios cerca de la ciudad de Tr&iacute;poli (norte), donde se acabar&iacute;a levantando el campamento de refugiados de Naher el Bared, <a href="https://www.unrwa.org/where-we-work/lebanon" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">uno de los doce que se establecieron</a> como soluci&oacute;n temporal para pocos miles de personas. A d&iacute;a de hoy, algunos acogen a m&aacute;s de 25.000 palestinos en varios puntos del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Las tiendas de campa&ntilde;a dieron paso a las construcciones destartaladas y esas parcelas se convirtieron en guetos, de estrechas calles sin asfaltar y sin servicios b&aacute;sicos. La densidad de poblaci&oacute;n en una superficie que, a menudo, no supera un kil&oacute;metro cuadrado hace que las calles sean tan estrechas como las personas: la proximidad entre las paredes y las mara&ntilde;as de cables impiden que la luz del sol ilumine el suelo, y las aguas sucias circulan por los mismos callejones insalubres por los que los habitantes caminan.
    </p><p class="article-text">
        La pobreza extrema, el desempleo y el abandono no son la peor parte de la vida de los palestinos en el L&iacute;bano, donde nunca han encontrado la paz. En ese pa&iacute;s, no se libraron del yugo del mismo Ej&eacute;rcito que les expuls&oacute; de Palestina, tal y como recuerda Kassem Aina. &ldquo;Sent&iacute; que si nos qued&aacute;bamos en casa nos iban a matar&rdquo;, dice a elDiario.es este palestino de 77 a&ntilde;os, que logr&oacute; sobrevivir a <a href="https://www.eldiario.es/contrapoder/palestina-derecho-internacional-gaza_132_4651353.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la masacre cometida en los campamentos de Sabra y Shatila en 1982.</a> Huy&oacute; junto a 180 ni&ntilde;os, a los que puso a salvo en las monta&ntilde;as: &ldquo;Pasamos una semana viviendo bajo los &aacute;rboles; lo pas&eacute; muy mal, divid&iacute; a los ni&ntilde;os en grupos por si ocurr&iacute;a algo&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        Se cree que entre 1.500 y 3.000 personas murieron en Sabra y Shatila, una matanza ejecutada por las falanges libanesas bajo la supervisi&oacute;n del Ej&eacute;rcito israel&iacute;, <a href="https://www.haaretz.com/israel-news/2022-09-08/ty-article-magazine/.highlight/israels-most-planned-war-historical-mossad-file-details-lebanon-policy/00000183-1dce-d11f-a1e3-5fde579b0000" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">que hab&iacute;a aprovechado la guerra sectaria en el pa&iacute;s vecino</a> para ocupar parte del territorio liban&eacute;s, y arm&oacute; y entren&oacute; a las falanges cristianas. Tanto los falangistas como los israel&iacute;es se unieron contra los grupos palestinos de resistencia que operaban desde el L&iacute;bano, incluida <a href="https://www.huffingtonpost.es/entry/israel-realmente-intento-asesinar-a-yasser-arafat-y-hasta-considero-derribar-un-avion-de-pasajeros_es_5c8a5602e4b0f489d2b22e8b.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">la Organizaci&oacute;n para la Liberaci&oacute;n de Palestina (OLP) de Yaser Arafat.</a> 
    </p><p class="article-text">
        Aina ya hab&iacute;a vivido una masacre similar, seis a&ntilde;os antes, en el campo de refugiados palestino de Tal Zaatar, tambi&eacute;n en Beirut, tras un sitio de 57 d&iacute;as. A ra&iacute;z de esa matanza, cofund&oacute; la organizaci&oacute;n &ldquo;<a href="https://www.socialcare.org/portal/home/1/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Beit Atfal Assomoud</a>&rdquo;, con el objetivo de dar un techo a 180 ni&ntilde;os que se hab&iacute;an quedado hu&eacute;rfanos: los mismos ni&ntilde;os que en 1982 puso a salvo en las colinas de Souk el Gharb. &ldquo;Fue una experiencia muy triste&rdquo;, concluye Aina con la mirada en el suelo: &ldquo;los ni&ntilde;os ya hab&iacute;an perdido a sus padres y su casa, y la perdieron por segunda vez&rdquo;.
    </p><h3 class="article-text">Derecho al retorno</h3><p class="article-text">
        Casi medio mill&oacute;n de palestinos reside en el L&iacute;bano, algunos han nacido en este pa&iacute;s rodeados de referencias culturales palestinas y se sienten extra&ntilde;os. &ldquo;Cuando era peque&ntilde;a, &iexcl;pensaba que viv&iacute;amos en Palestina!&rdquo;, dice a carcajadas F&aacute;tima a elDiario.es. &ldquo;Te das cuenta de que est&aacute;s en L&iacute;bano cuando te vas haciendo mayor&rdquo;, se justifica la joven, habitante del campamento de refugiados de Bourj el Barajne, en el sur de Beirut.
    </p><p class="article-text">
        La Agencia de la ONU para los refugiados palestinos (UNRWA), que fue establecida un a&ntilde;o despu&eacute;s de la creaci&oacute;n del Estado de Israel, sigue reconociendo el estatus de refugiado a los descendientes de quienes huyeron en la &ldquo;nakba&rdquo;. Sin embargo, y a pesar de que se les reconocen sus derechos, la posibilidad del retorno a su tierra es imposible en la pr&aacute;ctica. &ldquo;Somos los refugiados olvidados, exigimos el cumplimiento de <a href="https://www.unrwa.org/content/resolution-194" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">la resoluci&oacute;n 194</a> de la Asamblea General de la ONU de 1948&rdquo;, dice Aina.
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno liban&eacute;s, les niega la ciudadan&iacute;a, les proh&iacute;be el ejercicio de decenas de oficios y les impide adquirir propiedades fuera de los campos de refugiados. Los refugiados en el L&iacute;bano suelen decir que &ldquo;el gobierno liban&eacute;s ama la causa palestina, pero odia a los palestinos&rdquo;. Uno de los motivos que estar&iacute;an detr&aacute;s de esta pol&iacute;tica de las autoridades libanesas es el reparto del poder sectario, vigente en el peque&ntilde;o pa&iacute;s desde el final de <a href="https://elordenmundial.com/guerra-civil-historia-libano-oriente-proximo-geopolitica/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">la guerra civil en 1990.</a> La mayor parte de los refugiados palestinos son de confesi&oacute;n musulmana sun&iacute; y, si se les concediera la nacionalidad, este grupo religioso adquirir&iacute;a m&aacute;s peso dentro del fr&aacute;gil equilibrio de poderes entre sun&iacute;es, chi&iacute;es y cristianos maronitas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Muchos palestinos hablan con acento liban&eacute;s para pasar desapercibidos cuando salen del campo de refugiados&rdquo;, relata Fatima, apuntando a la discriminaci&oacute;n que sufren en la sociedad libanesa. La UNRWA y organizaciones como &ldquo;Beit Atfal Assumoud&rdquo; asisten a los palestinos, ante la ausencia de servicios estatales, pero es dif&iacute;cil revertir las cifras: el 90% est&aacute; desempleado y <a href="https://www.un.org/unispal/document/hitting-rock-bottom-palestine-refugees-in-lebanon-risk-their-lives-in-search-of-dignity-unrwa-press-release/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">el 93 % es pobre.</a> &ldquo;El sue&ntilde;o de cualquier palestino es marcharse del L&iacute;bano, pero nuestro derecho es regresar a Palestina&rdquo;, reclama Aina.
    </p><p class="article-text">
        El segundo hijo de Abu Mohamed, Hadar, decidi&oacute; regresar, despu&eacute;s de que el primog&eacute;nito fuera asesinado en la masacre de Tal Zaatar y de que su padre sobreviviera a la de Sabra y Shatila. Los israel&iacute;es lo encarcelaron durante 16 a&ntilde;os, hoy reside en la Franja de Gaza y tiene un hijo de 10 a&ntilde;os de edad. Seg&uacute;n relata su su abuelo desde el campamento liban&eacute;s, su nieto &ldquo;ya habla de luchar contra los israel&iacute;es&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Cabasés Vega]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/75-anos-hogar-expulsion-palestina-persecucion-libano_1_10233218.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 04 Jun 2023 20:41:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[75 años sin hogar: de la expulsión de Palestina a la persecución en el Líbano]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Conflicto Palestina-Israel,Palestina,Refugiados,Líbano,Campamentos,Israel]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La crisis de Líbano empuja la migración por mar hacia Chipre: "Todos mis amigos han intentado irse de aquí"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/desalambre/crisis-libano-empuja-migracion-mar-chipre-amigos-han-intentado-irse_1_6280855.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/03388222-ff26-4898-be56-8afd5ea3a5b2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La crisis de Líbano empuja la migración por mar hacia Chipre: &quot;Todos mis amigos han intentado irse de aquí&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La explosión del puerto de Beirut sumada a la crisis económica de Líbano ha multiplicado desde agosto el número de balsas con residentes libaneses que parten desde Trípoli hacia Chipre en su intento de llegar a la UE</p><p class="subtitle">Mustafá Adib dimite como primer ministro del Líbano un mes después de haber sido propuesto</p></div><p class="article-text">
        La luz del Mediterr&aacute;neo ilumina la costa de El Mina, suburbio portuario de Tr&iacute;poli (L&iacute;bano), y delata las sillas polvorientas de un puesto de helados. Dos ni&ntilde;os subidos en sus bicicletas recorren el ancho paseo mar&iacute;timo poniendo la mirada en todos lados, como si llevaran el recuento de las palmeras y minaretes que se levantan sobre esta peque&ntilde;a pen&iacute;nsula del norte del L&iacute;bano. Un vendedor de bebidas es el &uacute;nico transe&uacute;nte al que sortean ante la mirada de los hombres del barrio, que pasan las ma&ntilde;anas desocupadas sentados en alg&uacute;n rinc&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;De Tr&iacute;poli me gusta todo&rdquo;, dice Zakar&iacute;a. Rodeado de las peque&ntilde;as embarcaciones que repara, este trabajador del puerto recuerda las primeras jornadas de pesca con su padre cuando a&uacute;n era un ni&ntilde;o, menciona una isla con &aacute;rboles a la que le gusta escaparse de vez en cuando y no pierde detalle cuando habla de sus p&aacute;jaros, a los que cr&iacute;a y alimenta: &ldquo;los puedo dejar volando enfrente del mar, pero les he ense&ntilde;ado a volver a casa y regresan. Siempre regresan&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Cuatro a&ntilde;os atr&aacute;s &eacute;l tambi&eacute;n volvi&oacute; a casa despu&eacute;s de adentrarse en el mar, pero el regreso no fue decisi&oacute;n suya. Ahorr&oacute; dinero y sin avisar a su familia se subi&oacute; con m&aacute;s personas a un bote en la misma costa donde sol&iacute;a pescar con su padre. Naveg&oacute; convencido de dejar atr&aacute;s una tierra donde asegura que ning&uacute;n proyecto es posible y cruz&oacute; los 160 kil&oacute;metros que separan Tr&iacute;poli de la Rep&uacute;blica de Chipre, estado miembro de la Uni&oacute;n Europea. Una vez all&iacute;, llam&oacute; a sus padres y les comunic&oacute; su deseo de llegar a Alemania, pero m&aacute;s adelante las autoridades lo retornaron. Seg&uacute;n Zakar&iacute;a, &eacute;l fue de los primeros residentes de Tr&iacute;poli en intentar la arriesgada migraci&oacute;n mar&iacute;tima que por entonces solo ve&iacute;an acometer a los refugiados sirios. Hoy, docenas de libaneses se unen a esos viajes, y lo hacen en unas cantidades que L&iacute;bano no hab&iacute;a visto nunca en tiempos de paz. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Todos mis amigos han intentado irse de aqu&iacute;&rdquo;, afirma Zakar&iacute;a. Menciona el desempleo, la pobreza y la falta de futuro, indicadores especialmente pronunciados en Tr&iacute;poli en comparaci&oacute;n con el resto del L&iacute;bano. Durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os, algunos c&aacute;lculos suger&iacute;an que el desempleo en la ciudad sobrepasaba ampliamente la mitad de la poblaci&oacute;n activa, mientras que el Banco Mundial consider&oacute; a Tr&iacute;poli uno de los municipios m&aacute;s pobres de toda la costa mediterr&aacute;nea en 2016, con el 80% de su medio mill&oacute;n de habitantes viviendo por entonces con menos de 2 d&oacute;lares al d&iacute;a. 
    </p><h3 class="article-text">&ldquo;Por m&aacute;s que trabajes, no tienes bastante para vivir&rdquo;</h3><p class="article-text">
        Pero todos estos datos son anteriores a la ca&iacute;da libre que L&iacute;bano comenz&oacute; en octubre de 2019. La imposible balanza comercial de este peque&ntilde;o pa&iacute;s, rodeado por Siria e Israel y dependiente de importar el 90% de los productos que consume, ha devaluado la moneda local un 80% con relaci&oacute;n al d&oacute;lar en doce meses. Este colapso ha provocado una inflaci&oacute;n del 60% en productos b&aacute;sicos, inasumible para los centenares de miles de personas que se han visto afectadas por el consecuente cierre masivo de empresas, pero tambi&eacute;n para la mayor&iacute;a de trabajadores en activo. Un sueldo diario de 20.000 libras libanesas como el de Zakar&iacute;a ha pasado de valer unos 13 d&oacute;lares a equivaler apenas dos. En este pa&iacute;s sin censo poblacional, la cantidad de familias que podr&iacute;an haberse quedado sin ning&uacute;n ingreso durante el &uacute;ltimo a&ntilde;o es un misterio. Pero muchos residentes en el norte de L&iacute;bano concluyen que &ldquo;por m&aacute;s que trabajes, no tienes bastante para vivir&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/internacional/enorme-explosion-origen-desconocido-deja-sentir-beirut_1_6147482.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La explosi&oacute;n del puerto de Beirut</a>, que el 4 de agosto dej&oacute; en escombros la mitad de la capital, precedi&oacute; un incremento en las cifras migratorias. La agencia libanesa Information International registr&oacute; un aumento del 36% en el n&uacute;mero de pasajeros que han abandonado el pa&iacute;s desde el &uacute;nico aeropuerto internacional de L&iacute;bano. Mientras tanto, los que no obtienen visados ni pueden pagar billetes de avi&oacute;n han buscado rutas alternativas. La mayor&iacute;a de las 21 embarcaciones que ACNUR constata que han intentado abandonar L&iacute;bano durante este verano lo hicieron entre finales de agosto y mediados de septiembre, superando las 17 embarcaciones que se registraron durante todo el 2019. Muchas de ellas parten desde Tr&iacute;poli. 
    </p><p class="article-text">
        Desde el lado chipriota, la organizaci&oacute;n no gubernamental KISA registr&oacute; durante ese per&iacute;odo la llegada de 11 embarcaciones con 348 mujeres, hombres y ni&ntilde;os a bordo. &ldquo;Cuando veo grupos que se disponen a intentarlo trato de convencerles de que es mejor morirse aqu&iacute; que hacerlo en el mar -- dice Zakar&iacute;a--, pero lo prueban a pesar de saber que pueden morir o ser devueltos&rdquo;. 
    </p><h3 class="article-text">Devoluciones desde Chipre</h3><p class="article-text">
        Una investigaci&oacute;n de <a href="https://www.hrw.org/news/2020/09/29/cyprus-asylum-seekers-summarily-returned" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Human Rights Watch</a> revela que las autoridades chipriotas han devuelto a L&iacute;bano al menos a 200 personas durante la primera semana de septiembre sin darles la oportunidad de pedir asilo. Tambi&eacute;n delatan supuestas violaciones graves de la ley internacional y actitudes vengativas. Algunos inmigrantes aseguran haber sido abandonados en alta mar por la polic&iacute;a costera mientras navegaban a la deriva sin comida, agua ni gasolina. Otros han sido testigos de palizas y descargas el&eacute;ctricas contra un potencial solicitante de asilo durante el viaje de vuelta, delante de sus propios hijos y de los de otras familias. 
    </p><p class="article-text">
        En Tr&iacute;poli, el mal rumbo del pa&iacute;s se une a la sensaci&oacute;n de exclusi&oacute;n por parte del estado. La ciudad tiene memoria y se acuerda de cuando ejerc&iacute;a de puerto de Damasco antes de la formaci&oacute;n de L&iacute;bano, al que pas&oacute; a pertenecer ahora hace 100 a&ntilde;os. Muchos en la ciudad rechazaban su incorporaci&oacute;n al nuevo estado, que terminar&iacute;a por castigar al norte del pa&iacute;s con el abandono y el desempleo por parte de unas autoridades que priorizaron Beirut. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nos sentimos frustrados porque Tr&iacute;poli tiene mucho potencial&rdquo;, dice Houssam Barbara, miembro de un grupo civil llamado Guardias de la Ciudad que re&uacute;ne personas &ldquo;con energ&iacute;a para intentar mejorar las cosas&rdquo;. Recuerda que la ciudad tiene un aeropuerto y una feria de exposiciones inutilizados adem&aacute;s de un puerto al que se podr&iacute;a potenciar. &ldquo;Todo esto ya existe y usarlo ser&iacute;a muy efectivo para reducir el desempleo e incentivar el turismo&rdquo;, apunta. 
    </p><p class="article-text">
        Guardias de la Ciudad particip&oacute; en la lista ganadora en las elecciones locales de 2016, en las que venci&oacute; a una lista unitaria de l&iacute;deres pol&iacute;ticos tradicionales y hombres millonarios, en un pa&iacute;s donde el 0,1% m&aacute;s rico de la poblaci&oacute;n acumula tanto como el 50% m&aacute;s pobre.&nbsp;Barbara lamenta que el giro electoral no haya tra&iacute;do cambios en la pol&iacute;tica de la ciudad. Seg&uacute;n afirma, &ldquo;los miembros de la lista perdedora son capaces de comprar voluntades&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque la inmigraci&oacute;n sea una voluntad extendida, hay m&aacute;s personas con ganas de dar una oportunidad a Tr&iacute;poli. Maysa es una traductora que ha vivido un tiempo en el extranjero, pero que ha vuelto a su ciudad &ldquo;a buscar trabajo con insistencia&rdquo;. Hisham, por su parte, ha abierto en el centro una tienda con la primera marca de ropa en el pa&iacute;s con motivos libaneses y &aacute;rabes en un intento de potenciar la cultura local, &ldquo;pero tambi&eacute;n la positividad, que a nuestra gente le hace falta&rdquo;. Sus camisetas invitan a la interacci&oacute;n sin necesidad de preguntarse antes &ldquo;cu&aacute;l es tu nombre o tu religi&oacute;n&rdquo;, y a&ntilde;ade que son un pueblo &ldquo;con voluntad de vivir, m&aacute;s a&uacute;n despu&eacute;s de la explosi&oacute;n y de esta crisis&rdquo;. 
    </p><h3 class="article-text">Funeral por uno de los fallecidos en el &uacute;ltimo naufragio</h3><p class="article-text">
        Cerca de la tienda de Hisham, docenas de hombres salen de la mezquita Taynal y se arremolinan ruidosamente alrededor del ata&uacute;d que cargan por encima de sus cabezas. La concentraci&oacute;n se dirige al cementerio y corta el tr&aacute;fico de forma imprevista. Los tiros que se disparan hacia el cielo en se&ntilde;al de conmemoraci&oacute;n se oyen desde toda la ciudad, haciendo que no haya nadie en Tr&iacute;poli ajeno al funeral. Cuando todo pasa, un se&ntilde;or que se ha quedado de pie mirando la entrada del cementerio cuenta que se trata del entierro de Shady Ramadan, &ldquo;una de las personas&rdquo; que han muerto recientemente intentando llegar a Chipre. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La gente de Tr&iacute;poli est&aacute; cansada&rdquo;, a&ntilde;ade. El cuerpo de Ramadan apareci&oacute; en las aguas del sur del L&iacute;bano despu&eacute;s de haber salido desde Tr&iacute;poli. Cae la noche y Samir pasa por el portal de su casa, donde unos j&oacute;venes est&aacute;n sentados fumando narguile. Habla de su hermano Mohammad, que se fue hace un mes para no volver, y asegura que &ldquo;no hab&iacute;a nada de su vida en Tr&iacute;poli que le pudiera gustar&rdquo;. Recuerda las frustraciones laborales que encaden&oacute;, incluida una en Qatar debido al coronavirus. Y reconoce que no le hubiera permitido marcharse si hubiera sabido que la excursi&oacute;n al r&iacute;o era una mentira. 
    </p><p class="article-text">
        Samir cuenta que la embarcaci&oacute;n en la que su hermano Mohammad y m&aacute;s de 30 personas intentaron llegar a Chipre navegaba a la deriva tres d&iacute;as despu&eacute;s de haber zarpado. El sol y la falta de alimento hab&iacute;an arrebatado la vida a una mujer y a dos ni&ntilde;os, y hab&iacute;an comprobado que prender fuego a un neum&aacute;tico en mitad de la embarcaci&oacute;n no era bastante para conseguir un rescate. Fue entonces cuando Mohammad cogi&oacute; la madera que tapaba el motor y se lanz&oacute; al agua sobre ella, diciendo que no volver&iacute;a si no era con ayuda. Una semana despu&eacute;s, un equipo de la ONU encontr&oacute; la embarcaci&oacute;n con la mayor&iacute;a de personas con vida, aunque al menos cuatro fallecieron. A Mohammad lo encontraron 36 horas despu&eacute;s de su muerte, tras resistir a la deriva durante cuatro d&iacute;as y cuatro noches. 
    </p><p class="article-text">
        Samir explica que ninguna autoridad libanesa se ha puesto en contacto con las familias de los fallecidos en el mar, pero no le sorprende porque &ldquo;este no es un pa&iacute;s normal&rdquo;. Considera que su hermano est&aacute; en paz y a&ntilde;ade que lo que le asusta es la desesperaci&oacute;n por tener que cuidar a su madre y al resto de los miembros de la familia que siguen con vida. Cuando se le pregunta si hay alg&uacute;n mensaje que quiera lanzar fuera de L&iacute;bano, no duda: &ldquo;Que abran fronteras y que nos dejen salir de aqu&iacute;&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Joan Cabasés Vega]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sun, 11 Oct 2020 20:18:16 +0000]]></pubDate>
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