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    <title><![CDATA[elDiario.es - Amaia Pérez Orozco]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/amaia-perez-orozco/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Amaia Pérez Orozco]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Fondos europeos ¿feministas?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/fondos-europeos-feministas_129_8491965.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7e0c69d8-d9d2-4a57-b704-60f28d195ebb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Fondos europeos ¿feministas?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Planteamos poner en marcha un proceso ciudadano de seguimiento de los fondos. Necesitamos embarcarnos en una auditoría ciudadana de la deuda permanente de cara a que, cuando llegue la austeridad biocida, podamos plantear con fuerza qué parte de todo lo que debemos es deuda ilegítima u odiosa, aquella frente a la cual necesitaremos plantarnos y decir "no debemos, no pagamos"</p></div><p class="article-text">
        El pasado 4 de noviembre se public&oacute; una <a href="https://www.boe.es/boe/dias/2021/11/05/pdfs/BOE-A-2021-18129.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">convocatoria para financiar, a cargo de los fondos europeos, proyectos que acerquen los cuidados a la comunidad</a>. Se apoyar&aacute;n iniciativas que apuesten por la desinstitucionalizaci&oacute;n, esto es, que ayuden a que las personas que necesitan cuidados se queden en su entorno cercano y no tengan que ir instituciones segregadoras, como grandes residencias, donde pierdan su autonom&iacute;a vital. Se habla de avanzar hacia un modelo comunitario de cuidados como parte de la transici&oacute;n social. La convocatoria sali&oacute; el jueves, entr&oacute; en vigor el viernes y han dado la friolera de ocho d&iacute;as para presentarse, teniendo que pedir un m&iacute;nimo de diez millones de euros y que demostrar capacidad para manejarlos. Una v&iacute;a clara para construir comunidad. Seguro que ha habido cientos de redes de cuidados montadas en barrios y pueblos a ra&iacute;z del Covid presentando propuestas.
    </p><p class="article-text">
        Malas bromas aparte, &iquest;qu&eacute; se mueve ah&iacute;? &iquest;Qu&eacute; implica combinar una ret&oacute;rica comunitaria con una forma de hacer que expulsa toda iniciativa de base? Esta paradoja no es casual, sino elocuente de lo que est&aacute; en el n&uacute;cleo duro de los fondos europeos.
    </p><p class="article-text">
        Un &ldquo;pa&iacute;s m&aacute;s feminista&rdquo;. Eso ser&aacute; lo que construya el Gobierno mediante los fondos europeos Next Generation EU (NGEU). O de eso presume a nivel internacional y estatal. Lo hace, muy especialmente, por ser el &uacute;nico con un componente espec&iacute;fico (supuestamente) feminista en el Plan de Recuperaci&oacute;n, Transformaci&oacute;n y Resiliencia: el <a href="https://planderecuperacion.gob.es/politicas-y-componentes/componente-22-plan-de-choque-para-economia-de-cuidados-y-refuerzo-de-politicas-de-inclusion" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>componente 22</em></a> sobre econom&iacute;a de los cuidados e inclusi&oacute;n, en el que se enmarca la convocatoria comentada.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Son o pueden ser los fondos europeos una pol&iacute;tica econ&oacute;mica feminista? Por supuesto, no hay una respuesta &uacute;nica, una respuesta verdadera. De entre quienes nos autorreconocemos en el feminismo, algunas dir&aacute;n &ldquo;s&iacute;&rdquo;. Toca entonces pelearse por asegurar un buen uso de ese <em>componente 22</em>, por introducir de forma transversal criterios de g&eacute;nero en el manejo general de los fondos, y por asegurar que una parte vaya a medidas espec&iacute;ficamente pensadas para reducir la desigualdad de g&eacute;nero. Que se apliquen las indicaciones contenidas en las <a href="https://www.igualdadenlaempresa.es/actualidad/en-destacado/docs/Guia.PerspectivaDeGenero.PRTR.WEB.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">gu&iacute;as elaboradas por el Instituto de las Mujeres</a>, vaya. Otras respondemos &ldquo;no&rdquo;: no hay ni puede haber econom&iacute;a feminista ni en el <em>componente 22</em>, ni en los fondos en su conjunto. Y nos toca, antes de nada, argumentarlo y, segundo, esbozar una contrapropuesta.
    </p><p class="article-text">
        El &ldquo;Plan de choque para la econom&iacute;a de los cuidados y refuerzo de las pol&iacute;ticas de inclusi&oacute;n&rdquo;, el 22, es, en primer lugar un &ldquo;caj&oacute;n de sastre&rdquo;, <a href="https://blogs.publico.es/otrasmiradas/50341/los-fondos-para-la-nueva-economia-de-los-cuidados-deben-llegar-a-las-cuidadoras/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tal y como ya denunciara Mar&iacute;a Palomares</a>. Es una amalgama con poca seriedad que va desde la lucha contra la violencia machista hasta la promoci&oacute;n de la econom&iacute;a de los cuidados, pasando por combatir la pobreza o la acogida a personas migrantes y refugiadas. Segundo, est&aacute; escandalosamente infradotado de recursos. Si o&iacute;mos que el estado espa&ntilde;ol es el &uacute;nico pa&iacute;s receptor con un componente espec&iacute;ficamente feminista y que se dedicar&aacute;n a &eacute;l 3.500 millones de euros (2.500 provenientes de los fondos), nos sonar&aacute; a un dineral, pensando desde nuestras peque&ntilde;as vidas. Habr&aacute; a quien le entre orgullo patrio. Pero, si pensamos que es un solo componente de 30 y que no llega al 4% del total que se prev&eacute; recibir; si pensamos que el coche el&eacute;ctrico se llevar&aacute; 1.800 millones m&aacute;s; si pensamos que los trabajos no remunerados de hogar y cuidados son alrededor de la mitad del tiempo total de trabajo, entonces, quiz&aacute;, nos parezca un nuevo brindis al sol: &iquest;cambiar los cuidados, la base de todo lo dem&aacute;s, con migajas?
    </p><p class="article-text">
        No es que se trate de un brindis al sol, es que hay una peligrosa tergiversaci&oacute;n en el enfoque del <em>componente 22</em>. Incorpora argumentos, lenguajes y propuestas que desde los feminismos y otras miradas cr&iacute;ticas hemos defendido. Frente al modelo gigantista de residencias que anula a las personas, habla de acercar los cuidados al hogar, el entorno y la comunidad. Pero no aclara qui&eacute;n gestionar&aacute; en esa cercan&iacute;a: &iquest;cuidados por la empleada de hogar de siempre, en una casa, eso s&iacute;, bien domotizada, pertrechada de nuevas tecnolog&iacute;as? No hay un asomo de cr&iacute;tica a la mercantilizaci&oacute;n de los cuidados, que ha sido directamente promovida desde las pol&iacute;ticas de cuidados. &iquest;Cuidados de cercan&iacute;a por Eulen y similares? Se habla de mejorar la atenci&oacute;n y centrarla en la persona, pero se apuesta todo a lo tecnol&oacute;gico y a los equipamientos. Esto supone una negaci&oacute;n impl&iacute;cita de lo m&aacute;s obvio: los cuidados son, en primer lugar, relaci&oacute;n humana; la fuerza est&aacute; en el trabajo de cuidados y lo dem&aacute;s son apoyos. Esta negaci&oacute;n es muy &uacute;til para desviar la atenci&oacute;n de las condiciones laborales y para dirigir el dinero a las grandes empresas tecnol&oacute;gicas y de la construcci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta tergiversaci&oacute;n del dichoso componente (supuestamente) feminista, recorre el conjunto de los fondos: El NGEU usa una ret&oacute;rica de preocupaci&oacute;n por la vida colectiva y del planeta mientras refuerza un modelo socioecon&oacute;mico en contradicci&oacute;n con la vida misma. Podemos agrupar en tres los problemas que lo hacen irreparable, problemas que se argumentan con detalle en <a href="https://odg.cat/es/publicacion/guia-nextgenerationeu/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este informe de ODG, OMAL y Ecologistas en Acci&oacute;n</a> y en <a href="http://www.kapitalariplanto.eus/es/europako-berreskuratze-funtsak-itxurazko-aldaketa-berde-eta-digitala/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este de Euskal Herria Kapitalari Planto</a>.
    </p><p class="article-text">
        Primero: son deuda, aunque nos insistan en que no, en que son subvenciones a fondo perdido. Son deuda &ldquo;mutualizada&rdquo;, es decir, aquella que adquiere &ldquo;solidariamente&rdquo; el conjunto de la Uni&oacute;n Europea (y no un pa&iacute;s concreto con la UE). Y la adquiere con los mercados financieros globales, aquellos mercados insaciables que hasta la derecha cuestion&oacute; all&aacute; por el 2008 (recordemos el llamado de Sarkozy a refundar el sistema financiero internacional). Y la deuda, los mercados exigen pagarla. En 2023 se recuperar&aacute; probablemente el Pacto de Estabilidad, aquel que impone un m&aacute;ximo del 3% del PIB de d&eacute;ficit y un m&aacute;ximo de deuda del 60%. Y ah&iacute; tenemos el art&iacute;culo 135 de la constituci&oacute;n para recordarnos que lo primero de todo es pagar la deuda (s&iacute;, ese 135 que se introdujo con agosticidad y alevos&iacute;a en 2011 al tiempo que en las calles se gritaba &ldquo;no somos mercanc&iacute;a en manos de pol&iacute;ticos y banqueros&rdquo;). Y gastar en pagar la deuda significa austeridad en otros gastos, por mucho que nos prometan cubrirla v&iacute;a crecimiento. Ni consideramos factible ese &ldquo;crecimiento&rdquo; (los Presupuestos Generales del Estado para 2022 se sostienen sobre un 7% de crecimiento del PIB mientras <a href="https://www.eldiario.es/economia/bruselas-recorta-crecimiento-2021-espana-4-6-situa-debajo-media-europea_1_8479138.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las previsiones de la Comisi&oacute;n Europea lo rebajan al 4,6%</a>), ni queremos que crezca una econom&iacute;a monetizada que, m&aacute;s bien, consideramos debe decrecer.
    </p><p class="article-text">
        Segundo: los fondos vienen con condiciones. Hay ayudas a cambio de reformas, de manera clave, reformas laboral, fiscal y de pensiones. Podr&iacute;amos decir que todas queremos reformas y que la cuesti&oacute;n es hacia d&oacute;nde reformamos. Muy bien pensada hay que ser para creer que una UE nacida como proyecto neoliberal en s&iacute; (y racista, dicho sea de paso y pensando en la <a href="https://www.eldiario.es/internacional/ue-abre-financiar-muros-vallas-migrantes-frontera-polonia-bielorrusia_1_8476292.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">previsible proliferaci&oacute;n de muros </a>para aislar a&uacute;n m&aacute;s a esa fortaleza llamada Europa) va a permitir el tipo de contrarreformas profundas y emancipatorias por las que abogamos. Y, si quer&iacute;amos bien pensar, ah&iacute; est&aacute;n ya las se&ntilde;ales directas, desde la pugna por el contenido de la reforma laboral hasta la exigencia expl&iacute;cita de subir los a&ntilde;os de cotizaci&oacute;n para calcular las pensiones a cambio de las &ldquo;ayudas&rdquo;, pasando por la &ldquo;<a href="https://www.elsaltodiario.com/pensiones/seguridad-social-hucha-recortes-trampa-esconde-plan-escriva-subir-cotizaciones-sociales" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tramposa&rdquo; subida de las cotizaciones</a> y la fiscalidad regresiva que supone el anuncio de que todas la autov&iacute;as ser&aacute;n de pago en 2024. Las compa&ntilde;eras latinoamericanas llevan d&eacute;cadas de vivir en carne propia lo que implican las supuestas ayudas condicionadas. No es hacer un ejercicio de pesimismo sumarnos a su denuncia de las condicionalidades impuestas por organismos internacionales. Es un ejercicio de inteligencia colectiva global.
    </p><p class="article-text">
        Tercero: los proyectos financiados y los mecanismos establecidos para seleccionarlos y gestionarlos, vistos de cerca, apuntan n&iacute;tidamente d&oacute;nde est&aacute;n los ganadores: grandes empresas y grandes consultoras. Los fondos europeos significar&aacute;n (est&aacute;n significando ya) una inyecci&oacute;n ingente de recursos del com&uacute;n para ellas. Esta preeminencia es especialmente clara en la creaci&oacute;n de los llamados Proyectos Estrat&eacute;gicos para la Recuperaci&oacute;n y Transformaci&oacute;n Econ&oacute;micas (PERTEs), que se llevan el grueso (muy grueso) de los fondos, y que son colaboraciones p&uacute;blico-privadas donde el sector p&uacute;blico pone las garant&iacute;as y asume los riesgos. La urgencia por ponerlos en marcha ha permitido hasta saltarse la normativa de contrataci&oacute;n p&uacute;blica, la misma que se vuelve una barrera infranqueable cuando en un municipio peque&ntilde;o se propone, por ejemplo, sacar un pliego de contrataci&oacute;n solo para entidades de econom&iacute;a social y solidaria, excluyendo a las empresas con &aacute;nimo de lucro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los fondos no forman parte de un giro keynesiano hacia un estado m&aacute;s social, sino de una nueva modalidad de captura corporativa del estado: una presencia institucional m&aacute;s fuerte por la v&iacute;a de inversiones y del sostenimiento del consumo. El poder corporativo necesita hoy un estado m&aacute;s activo, que apoye m&aacute;s con presencia directa y menos por omisi&oacute;n, como en tiempos anteriores. Y los NGEU son una expl&iacute;cita materializaci&oacute;n de esta nueva forma de captura.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;El problema es que el gobierno &ldquo;no hace lo que deber&iacute;a&rdquo;? S&iacute;, porque el Gobierno acepta los fondos y los gestiona... y no. El Gobierno tiene profundas disputas internas y habitamos una <a href="https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/si-hamster-dejara-mover-rueda-capitalista_129_6401441.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">econom&iacute;a-trampa</a>. Que sean unas posturas y no otras las que prevalezcan depende, en gran medida, de la presi&oacute;n ciudadana que ejerzamos. Para que no haya solo buenas intenciones, cuando las hay, sino margen de maniobra, tanto el gobierno como todas y cada una necesitamos partir de una posici&oacute;n pol&iacute;tica fuerte, consciente de la gravedad de lo que enfrentamos (una transici&oacute;n ecosocial en marcha en la que es la vida misma lo que est&aacute; en juego) y la profundidad de los cambios que necesitamos (una subversi&oacute;n total de un sistema articulado sobre lo que llamamos el conflicto capital-vida).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Un rechazo frontal a los fondos puede permitirnos una posici&oacute;n pol&iacute;tica fuerte que nos sirva de base para exigir otra financiaci&oacute;n distinta para unos cambios radicalmente distintos, unos <a href="https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/si-hamster-dejara-mover-rueda-capitalista-ii_129_6490108.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cambios que nos permitan salir de esa econom&iacute;a-trampa</a>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En concreto, entonces, &iquest;qu&eacute;? Planteamos, por un lado, poner en marcha un proceso ciudadano de seguimiento de los fondos. Necesitamos embarcarnos en una auditor&iacute;a ciudadana de la deuda permanente (que parta de <a href="https://auditoriaciudadana.net/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">lo ya aprendido</a>) de cara a que, cuando llegue la austeridad biocida, podamos plantear con fuerza qu&eacute; parte de todo lo que debemos es deuda ileg&iacute;tima u odiosa, aquella frente a la cual necesitaremos plantarnos y decir &ldquo;no debemos, no pagamos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por otro lado, planteamos apostar por otras fuentes de financiaci&oacute;n que no se basen en ampliar el radio de acci&oacute;n mercantil (los fondos necesitan ese crecimiento del PIB para no derivar en deuda impagable y austeridad biocida). No apostamos por &ldquo;crecer&rdquo;, sino por redistribuir lo que hay. Hablamos, obvio es, de una reforma fiscal progresiva, ecol&oacute;gica y profunda. Pero tambi&eacute;n de otras medidas que nos permitan quitar poder y recursos al poder corporativo: publificaciones de servicios esenciales para la vida (por ejemplo, de las residencias de mayores, que han sido aut&eacute;nticos nodos de vulneraci&oacute;n de derechos durante la pandemia tanto para las trabajadoras como para las personas mayores) y de nuevos nichos de mercado (monopolio p&uacute;blico de los big data en la era de la digitalizaci&oacute;n, por ejemplo); defensa de los bienes comunes; una reforma agraria contra el acaparamiento de tierras y para promover la econom&iacute;a campesina; expropiaci&oacute;n de la vivienda vac&iacute;a y generaci&oacute;n de un parque p&uacute;blico de vivienda en alquiler (verdaderamente) social; reducci&oacute;n dr&aacute;stica de la jornada laboral sin p&eacute;rdida de salario (pero con mecanismos para contener las escandalosas desigualdades en las remuneraciones) para liberar tiempo de vida y repartir empleo...
    </p><p class="article-text">
        No se trata aqu&iacute; de enumerar las muchas v&iacute;as que hay para obtener recursos mediante la redistribuci&oacute;n, sino de enfatizar que son posibles si, colectivamente, partimos de un lugar distinto: de la cr&iacute;tica a unos fondos que constituyen una nueva manera de expolio a la vida en com&uacute;n. Unos fondos que, hoy por hoy, son a&uacute;n la cara amable de un capitalismo biocida, pero que no solo coexisten con otras expresiones mucho m&aacute;s abiertamente violentas de ese mismo capitalismo, sino que pronto van a pasar a mostrar un rostro mucho menos seductor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que, y volviendo al inicio: no, los fondos ni son ni pueden ser una pol&iacute;tica econ&oacute;mica feminista. No solo por la insuficiencia y deficiencias del supuesto componente feminista, sino por su articulaci&oacute;n de conjunto. Necesitamos una postura cr&iacute;tica firme para exigir otras v&iacute;as de financiaci&oacute;n que permitan poner en marcha medidas distintas. Pero es que una postura de fuerza tambi&eacute;n la necesitan incluso quienes s&iacute; quieren usar los fondos y quieren pelear por que se destinen a otras medidas y para otras beneficiarias. Y esta fuerza no se construye desde los brazos abiertos y la paz social. Sino desde el se&ntilde;alamiento de los conflictos que subyacen.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amaia Pérez Orozco]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/fondos-europeos-feministas_129_8491965.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 16 Nov 2021 05:01:08 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Una política de cuidados para poner la vida colectiva en el centro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/politica-cuidados-poner-vida-colectiva-centro_129_6514083.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/948272aa-978b-4186-b238-b172c4922bc9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Una política de cuidados para poner la vida colectiva en el centro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Cuando las mujeres decimos que "si nosotras paramos, se para el mundo" reclamamos que se valore ese trabajo; dejar de mover el mundo solas y empezar a mover un planeta donde el cuidado de la vida común esté en el centro</p><p class="subtitle">Hazte socia, hazte socio - Esta columna de opinión forma parte del número 28 de la revista de elDiario.es, 'Lo público, al rescate de los ciudadanos'. Hazte socio o socia y recibe en casa gratis nuestras revistas trimestrales en papel</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Sin nosotras, no se mueve el mundo&rdquo;. Este reclamo, originariamente lanzado por las trabajadoras de hogar, ha permeado los &uacute;ltimos 8 de marzo. Son palabras que nos convocan a un cambio sist&eacute;mico que, con la crisis de la COVID-19, se ha evidenciado m&aacute;s urgente que nunca. Cuando afirmamos que &ldquo;si nosotras paramos, se para el mundo&rdquo; estamos reclamando que se reconozca y valore este trabajo; dejar de mover el mundo solas; y, sobre todo, empezar a mover un mundo distinto donde el cuidado de la vida com&uacute;n est&eacute; en el centro. En este art&iacute;culo nos preguntamos qu&eacute; pol&iacute;tica p&uacute;blica puede responder este &oacute;rdago y acoger la potencia de transformaci&oacute;n y la capacidad de ilusionar que hay cuando luchamos desde los cuidados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero, antes de ello, &iquest;de qu&eacute; hablamos cuando hablamos de cuidados? Hablamos de lo que no ha podido parar mientras todo lo dem&aacute;s paraba; son los trabajos que reconstruyen la vida de todas las personas d&iacute;a a d&iacute;a. Incluyen, pero desbordan, la atenci&oacute;n a la dependencia y la infancia. Son aquellos trabajos hist&oacute;ricamente asociados a las mujeres, repartidos entre nosotras de forma sumamente desigual; hist&oacute;ricamente mal pagados o no pagados, sin derechos o con derechos de segunda; y que han sido siempre imprescindibles para sostener la vida en un sistema socioecon&oacute;mico que no pone la vida en el centro, sino que explota la vida para el beneficio privado de unos pocos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La crisis vital evidenciada por la crisis sanitaria hunde sus ra&iacute;ces en el actual modelo socioecon&oacute;mico insostenible y fr&aacute;gil, sostenido por una cara B de cuidados injustamente repartidos. Necesitamos un &ldquo;ajuste estructural&rdquo; para poner el sistema socioecon&oacute;mico al servicio de la vida. Y aqu&iacute; los cuidados pueden actuar como pol&iacute;tica faro, para guiar la transici&oacute;n, porque proporcionan una mirada privilegiada al sistema de abajo hacia arriba, viendo m&aacute;s agudamente y con antelaci&oacute;n lo que cuesta desentra&ntilde;ar al mirar desde los mercados. Y pueden actuar como pol&iacute;tica palanca, porque son la base de todo lo dem&aacute;s: cambiando la base, modificamos el conjunto.
    </p><p class="article-text">
        Los cuidados pueden guiar un ajuste estructural que transite por dos v&iacute;as: una, la reorganizaci&oacute;n de los trabajos socialmente necesarios, desmontando su actual organizaci&oacute;n biocida (a mayor valor social, menor valor de mercado; y mayor nivel de feminizaci&oacute;n y racializaci&oacute;n); dos, la substituci&oacute;n de la l&oacute;gica de lo p&uacute;blico-privado por una l&oacute;gica de lo p&uacute;blico-social-comunitario, en la que lo p&uacute;blico no se desresponsabilice ni ahogue las iniciativas comunitarias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para lograr ese ajuste hay que cambiar el conjunto de pol&iacute;ticas. Extranjer&iacute;a, ordenaci&oacute;n del territorio, vivienda&hellip; Mencionemos dos. Primero debemos empujar hacia una pol&iacute;tica econ&oacute;mica que proporcione recursos suficientes para el cuidado de la vida colectiva. Si no, los costes no desaparecer&aacute;n y se derivar&aacute;n a esa base en forma de costes invisibles. Esta financiaci&oacute;n ha de basarse en la redistribuci&oacute;n y obliga a una reforma fiscal profunda y progresiva. Necesitamos tambi&eacute;n una pol&iacute;tica laboral que deje de pensar a las personas trabajadoras como sujetos sin responsabilidad ni necesidad de cuidados. Apostemos por la conciliaci&oacute;n, las cotizaciones a la seguridad social que costeen la reproducci&oacute;n de la mano de obra y la reducci&oacute;n de la jornada laboral. &iquest;Cu&aacute;nto tiempo de vida nos queda para el empleo si repartimos primero los cuidados? Estas y otras propuestas se profundizan si empujamos y vigilamos el conjunto de las pol&iacute;ticas desde los cuidados.
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de faro y palanca, una pol&iacute;tica de cuidados requiere pol&iacute;ticas espec&iacute;ficas para materializar un derecho universal a cuidados dignos, especialmente en las situaciones vitales donde la vulnerabilidad es mayor. Esto ha de hacerse garantizando condiciones laborales en el sector, protegiendo los cuidados del &aacute;nimo de lucro y avanzando hacia lo p&uacute;blico-social-comunitario. Precisamos un sistema de promoci&oacute;n de la autonom&iacute;a (m&aacute;s que de atenci&oacute;n a la dependencia) publificado y ampliado, que integre formas innovadoras en l&iacute;nea con el envejecimiento activo (como las viviendas colaborativas); un sistema integrado de educaci&oacute;n y cuidado infantil; un sistema de prestaciones de cuidados incondicionales y deslaboralizadas; y un centro para la profesionalizaci&oacute;n de los cuidados en precario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Precisamos habilitar estructuras institucionales que operativicen esa triple funci&oacute;n (faro, palanca y pol&iacute;ticas espec&iacute;ficas). La configuraci&oacute;n de un Sistema P&uacute;blico-Comunitario de Cuidados territorializado podr&iacute;a ser el modo de lograrlo en el medio plazo. En el corto plazo, el avance hacia ese sistema puede comenzar con un plan de choque que lance un mensaje de compromiso institucional s&oacute;lido y responda a las situaciones m&aacute;s sangrantes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este plan deber&iacute;a contener, cuando menos, cuatro tipos de medidas: el lanzamiento de una red de di&aacute;logo social y de una mesa interinstitucional para ir conformando el SEC; medidas de urgencia para equiparar el empleo de hogar a otros sectores laborales y proteger las condiciones de vida de las trabajadoras; ampliar el empleo p&uacute;blico en atenci&oacute;n a la dependencia y mejorar las condiciones laborales en el sector; y facilitar los cuidados en los hogares con la aprobaci&oacute;n de una prestaci&oacute;n incondicional y universal por cuidado de menores.
    </p><p class="article-text">
        Habitamos un mundo en transici&oacute;n ecosocial; un mundo que est&aacute; cambiando lo queramos o no y de cuyo devenir debemos hacernos responsables. Una apuesta firme y radical por una pol&iacute;tica de cuidados de transici&oacute;n puede y debe jugar un papel clave en este momento. Desde la inteligencia colectiva, la que tantas veces no queda atrapada en t&iacute;tulos formales; y desde el debate radicalmente democr&aacute;tico, construyamos una pol&iacute;tica de cuidados de transici&oacute;n. Ideemos una pol&iacute;tica que combine los conocidos mecanismos del estado del bienestar con otros instrumentos que actualmente est&aacute;n en los m&aacute;rgenes o ni siquiera existen, para reinventar el estado del bienestar y construir una l&oacute;gica de lo com&uacute;n. Con estos hilos diversos, construyamos una pol&iacute;tica que logre responder a las urgencias (marcadas por arreglos del cuidado precarios o colapsados) de manera tal que, desde la reorganizaci&oacute;n, la vida en lo cotidiano siente las bases de un cambio sist&eacute;mico hacia un modelo reproductivo sostenible que tenga el cuidado de la vida com&uacute;n como eje vertebrador.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amaia Pérez Orozco]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/politica-cuidados-poner-vida-colectiva-centro_129_6514083.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 04 Jan 2021 21:38:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Una política de cuidados para poner la vida colectiva en el centro]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Y si el hámster dejara de mover la rueda capitalista? (II)]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/si-hamster-dejara-mover-rueda-capitalista-ii_129_6490108.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/12376db8-1168-4f5d-a3ee-52533ac76913_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Y si el hámster dejara de mover la rueda capitalista? (II)"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La máxima de “los mercados y las grandes empresas, primero” nos conduce palpablemente a un escenario de colapso ecológico y crecientes desigualdades, control social y violencia; a pesar de todo ello, no caigamos en el desánimo</p><p class="subtitle">¿Y si el hámster dejara de mover la rueda capitalista?´(I)</p></div><p class="article-text">
        No caigamos en el des&aacute;nimo. Dif&iacute;cil tarea, sin duda, cuando la crisis actual, agravada por la pandemia, profundiza el cercamiento de nuestras condiciones de vida. Cuando, adem&aacute;s, pareciera no haber otro horizonte com&uacute;n que el acotado por la hegem&oacute;nica <a href="https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/si-hamster-dejara-mover-rueda-capitalista_129_6401441.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>teor&iacute;a del derrame</em></a>, seg&uacute;n la cual el bienestar general es &uacute;nicamente una derivada de la ganancia corporativa. Cuando el empleo y las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, principales intermediaciones entre bienestar y ganancia &ndash;extremos de dicha teor&iacute;a&ndash;, evidencian su impotencia para frenar el exponencial proceso de precarizaci&oacute;n de la vida. Cuando ya no pueden esconderse, si alguna vez se pudo, las m&uacute;ltiples dominaciones y expulsiones sobre las que se asienta la trampa de la acumulaci&oacute;n que sostiene ese supuesto derrame. Cuando la m&aacute;xima de &ldquo;los mercados y las grandes empresas, primero&rdquo; nos conduce palpablemente a un escenario de colapso ecol&oacute;gico y crecientes desigualdades, control social y violencia. Pues s&iacute;, a pesar de todo ello, no caigamos en el des&aacute;nimo.
    </p><p class="article-text">
        Porque el capitalismo, el heteropatriarcado y la colonialidad entretejen un sistema apabullante, pero no divino. No es nuestro destino hist&oacute;rico inexorable. La clase trabajadora pudi&eacute;ramos seguir pedaleando para mantener la rueda capitalista, confiando en alcanzar ciertas cotas de bienestar gracias a nuestras luchas en favor de mejores condiciones laborales, una fiscalidad progresiva, y pol&iacute;ticas sociales justas. Sin renunciar a la disputa en estos &aacute;mbitos, tambi&eacute;n pudi&eacute;ramos tomar la determinaci&oacute;n de romper con este estrecho esquema, cuyo proyecto no solo hace aguas dada la actual <a href="https://omal.info/spip.php?article9282" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">crisis de onda larga</a>, sino que ataca lo vivo. Tenemos capacidad para ello: si movemos la rueda, tambi&eacute;n podemos pararla. Y bajarnos. Qu&eacute; suceder&iacute;a si nos atrevemos a ampliar la mirada y prefigurar e implementar formas alternativas de organizar la vida en com&uacute;n, m&aacute;s all&aacute; de la centralidad de los mercados y de las empresas transnacionales.
    </p><p class="article-text">
        Nuestra propuesta de ant&iacute;doto contra el des&aacute;nimo pasa por la elaboraci&oacute;n y puesta en pr&aacute;ctica de <em>agendas y</em> <em>estrategias de transici&oacute;n</em> que, por un lado, nos permitan mitigar los impactos derivados de la decisi&oacute;n de desmantelar la rueda capitalista. Estos, sin duda, ser&aacute;n notables, dada la asimetr&iacute;a de poder y la desposesi&oacute;n continuada que hemos sufrido en t&eacute;rminos de propiedad y control de los medios b&aacute;sicos de reproducci&oacute;n de la vida, hoy convertidos en medios de acumulaci&oacute;n de capital. Por otro lado y al mismo tiempo, las propuestas de transici&oacute;n deber&iacute;an situar en un horizonte viable profundas transformaciones de las tramas, estructuras y sentidos comunes hegem&oacute;nicos. Nuestro enfoque asume, por tanto, una tensi&oacute;n permanente entre presente y futuro; entre lo urgente y lo estrat&eacute;gico; entre pr&aacute;cticas y relatos; entre lo actualmente central, lo situado en los m&aacute;rgenes y lo emergente.
    </p><p class="article-text">
        Esta tarea no es ni podr&aacute; ser sencilla. &iquest;C&oacute;mo la aterrizamos a la pr&aacute;ctica? &iquest;Qu&eacute; referencias nos ayudar&iacute;an a articular estrategias a tal efecto? &iquest;Con qu&eacute; fuerzas pol&iacute;ticas impulsarlas? &iquest;De qu&eacute; modo romper con el estrecho marco que nos ofrece la agenda socialdem&oacute;crata, esto es, la versi&oacute;n progresista de la trampa de la acumulaci&oacute;n? &iquest;C&oacute;mo, en sentido contrario, evitamos perder el contacto con el proceso real de actuaci&oacute;n en pos de un horizonte ideal? &iquest;Qu&eacute; valor damos a las diferentes propuestas que est&aacute;n hoy sobre el tablero pol&iacute;tico, o a otras a&uacute;n por posicionarse?
    </p><p class="article-text">
        <strong>Un marco de referencia inacabado para transitar fuera de la rueda</strong>
    </p><p class="article-text">
        Muchas preguntas en b&uacute;squeda de respuesta. Respuestas que, en ning&uacute;n caso, pueden ser definitivas, m&aacute;xime en el sistema hipercomplejizado y el contexto incierto en que vivimos. Desterrando cualquier pretensi&oacute;n de dogma, de agenda cerrada y totalizadora, asumimos la parcialidad y el car&aacute;cter situado de nuestras propuestas, para as&iacute; poder desarrollar un sincero di&aacute;logo horizontal e interseccional.
    </p><p class="article-text">
        Desde ah&iacute;, y asumiendo nuestro sesgo economicista y europeo (escribimos desde Euskal Herria), planteamos el siguiente <em>marco de referencia</em> para la transici&oacute;n fuera de la rueda capitalista, basado en cuatro ejes complementarios: <em>gaiaizaci&oacute;n</em>, desmercantilizaci&oacute;n, descorporativizaci&oacute;n y territorializaci&oacute;n<em> </em>de la organizaci&oacute;n colectiva de la vida.
    </p><p class="article-text">
        Estos ejes son &uacute;nicamente puntos de partida para la posterior elaboraci&oacute;n de agendas y estrategias contextualizadas, nunca un edificio acabado. Los entendemos como faros que nos ayuden a navegar la complejidad de la contienda pol&iacute;tica actual y a prefigurar sendas por las que transitar del actual marco de lo posible, definido por el crecimiento capitalista, a otro alternativo que posicione una <em>reorganizaci&oacute;n profunda de las bases del capitalismo a partir de una redistribuci&oacute;n radical y multidimensional en favor de un com&uacute;n diverso</em>.
    </p><p class="article-text">
        La primera implicaci&oacute;n de asumir este marco de referencia pasa por una redefinici&oacute;n integral y democr&aacute;tica de sentidos comunes, valores y prioridades socioecon&oacute;micas. Esto es incompatible con la primac&iacute;a de la acumulaci&oacute;n como valor hegem&oacute;nico, ya que esta ataca los m&iacute;nimos democr&aacute;ticos y pone en riesgo la sostenibilidad de la vida. La desposesi&oacute;n, minorizaci&oacute;n y descentramiento de los mercados capitalistas y las empresas transnacionales (espacio y protagonistas, respectivamente, de dicha acumulaci&oacute;n), se convierte en condici&oacute;n necesaria. 
    </p><p class="article-text">
        En segundo t&eacute;rmino, nuestro horizonte exige la ampliaci&oacute;n del debate pol&iacute;tico, hoy en d&iacute;a acotado fundamentalmente al crecimiento mercantil y a las intermediaciones basadas en la redistribuci&oacute;n de recursos, siempre dentro de la teor&iacute;a del derrame. Planteamos abrir todas las ventanas pol&iacute;ticas desde una mirada integral de la redistribuci&oacute;n (riqueza, renta, trabajos, derechos, tiempos, saberes, materia, energ&iacute;a, bienes comunes, etc., que incluya tambi&eacute;n la redefinici&oacute;n cr&iacute;tica de las intermediaciones cl&aacute;sicas) atravesada por una perspectiva de clase, feminista y decolonial, que ponga especial &eacute;nfasis en la propiedad, control y gesti&oacute;n colectiva de los principales medios de reproducci&oacute;n de la vida.
    </p><p class="article-text">
        Tercero y &uacute;ltimo, abogamos por redistribuir revirtiendo las m&uacute;ltiples dominaciones inherentes al capitalismo, sus <em>caras b</em>. Descentrar&iacute;amos as&iacute; a mercados y grandes empresas, y, en sentido contrario, se posicionar&iacute;a en el centro lo que y quienes sostienen realmente la vida, tal y como se est&aacute; evidenciando a lo largo de la pandemia, dando valor y protagonismo a los trabajos emancipados, los cuidados mutuos, las econom&iacute;as populares y campesinas, los territorios y los bienes comunes, a partir del fortalecimiento de la alianza p&uacute;blico-comunitaria.
    </p><p class="article-text">
        Bajo esta perspectiva de vuelco de prioridades y de ampliaci&oacute;n del debate pol&iacute;tico, pasamos a explicar los ejes que aterrizan nuestro enfoque. Es un ejercicio necesariamente esquem&aacute;tico dado que se trata de un art&iacute;culo de opini&oacute;n; tras una sint&eacute;tica explicaci&oacute;n de nuestra acepci&oacute;n de cada t&eacute;rmino, apuntamos ideas-fuerza que lo desarrollan pol&iacute;ticamente. A su vez, realizamos algunas reflexiones sobre temas candentes en las agendas de las izquierdas: renta b&aacute;sica, cuidados, fiscalidad, <em>green new deal</em>, digitalizaci&oacute;n, etc., evaluando su potencialidad para favorecer la salida de la rueda capitalista y articularse con otras iniciativas en estrategias de transici&oacute;n, nunca exentas de tensiones.
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Gaiaizaci&oacute;n</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Gaia</em>, <em>Pachamama, Ama-Lurra&hellip;</em> distintas palabras para nombrar la compleja trama de la vida y afirmar que lo socioecon&oacute;mico no es m&aacute;s que un subsistema que dentro de un planeta finito y semicerrado. El decrecimiento de la base material de cualquier sistema socioecon&oacute;mico (la reducci&oacute;n de la cantidad de energ&iacute;a y materia disponibles, as&iacute; como la disponibilidad de sumideros para los residuos) no est&aacute; en cuesti&oacute;n; se producir&aacute; s&iacute; o s&iacute;. El debate real que enfrentamos es c&oacute;mo se distribuir&aacute; esa menguante base material, si desde premisas emancipadoras o, al contrario, ecofascistas.
    </p><p class="article-text">
        La fe de la teor&iacute;a del derrame en que la tecnolog&iacute;a desmaterialice y vuelva sostenible la econom&iacute;a, sin cuestionar la acumulaci&oacute;n, se muestra como una <a href="https://www.ela.eus/es/medio-ambiente/noticias/201ccopalso-del-capitalismo-global201d-la-nueva-publicacion-de-la-coleccion-inguru-gaiak" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">absoluta quimera</a>. Bien al contrario, es preciso integrar a la econom&iacute;a dentro de los l&iacute;mites f&iacute;sicos del planeta y su naturaleza semicerrada, as&iacute; como abordar una profunda redistribuci&oacute;n ecol&oacute;gica a escala global. Esta <em>gaiaizaci&oacute;n</em> de la organizaci&oacute;n de la vida es una apuesta inevitable.
    </p><p class="article-text">
        Como desarrollo de dichas apuestas, planteamos tres ideas-fuerza. En primer lugar, es clave avanzar en <em>procesos de</em> <em>planificaci&oacute;n democr&aacute;tica en la generaci&oacute;n, utilizaci&oacute;n y gesti&oacute;n de energ&iacute;a, materiales y residuos</em>. No asumiremos la <em>gaiaizaci&oacute;n</em> de la organizaci&oacute;n de la vida hasta que superemos los mercados y los precios como f&oacute;rmulas de distribuci&oacute;n de recursos en favor de planes a todas las escalas (desde lo global a lo local) que, desde una perspectiva de derechos, redefinan la propiedad, gesti&oacute;n y uso de la base material del sistema socioecon&oacute;mico en funci&oacute;n de las prioridades sociales y asumiendo los l&iacute;mites biof&iacute;sicos. Para ello, es fundamental situar ciertos &aacute;mbitos en la &oacute;rbita p&uacute;blico-comunitaria, generar espacios de gobernanza global capaces de enfrentar una redistribuci&oacute;n ecol&oacute;gica, as&iacute; como plantear el cierre gradual de sectores y empresas espec&iacute;ficas, acompa&ntilde;ado de mecanismos de compensaci&oacute;n social.
    </p><p class="article-text">
        En segundo t&eacute;rmino, abogamos por la <em>regulaci&oacute;n democr&aacute;tica de los bienes naturales</em>. Desterrar la maximizaci&oacute;n de la ganancia corporativa de &aacute;mbitos como la tierra y el agua; apostar inequ&iacute;vocamente por las econom&iacute;as campesinas y la agroecolog&iacute;a como modelo; regular precios en el &aacute;mbito energ&eacute;tico y favorecer la generaci&oacute;n limpia y local (eliminando todo <em>pool</em> y/o monopolio), impidiendo la pobreza energ&eacute;tica; y limitar la generaci&oacute;n de residuos, asegurando su recogida y tratamiento sostenible (normativa de envases, apuesta por sistemas como el puerta a puerta), pudieran ser pasos fundamentales en este sentido. Adem&aacute;s, proponemos la prohibici&oacute;n de <a href="https://www.gernikagogoratuz.org/portfolio-item/poder-corporativo-gonzalo-fernandez-ortiz-de-zarate/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">megaproyectos</a> como herramienta extractiva al servicio de los mercados globales.
    </p><p class="article-text">
        Por &uacute;ltimo, planteamos la <em>confrontaci&oacute;n estrat&eacute;gica con el relato del capitalismo verde y el green new deal</em>, que coloniza hoy el imaginario pol&iacute;tico y medi&aacute;tico, incluso de alguna izquierda. La apuesta verde de las &eacute;lites globales es fruto de la necesidad del capitalismo por mantener su consumo incesante de recursos, ante el agotamiento de materiales y energ&iacute;a f&oacute;sil. Al mismo tiempo, funciona como lavado de cara que oculta la pr&aacute;ctica de depredaci&oacute;n y mercantilizaci&oacute;n de todo lo viviente bajo el acto de fe en la desmaterializaci&oacute;n. Entender el colapso como momento cr&iacute;tico para ensayar otras formas de organizarse desde las restricciones ecol&oacute;gicas vigentes podr&iacute;a complementar los esfuerzos de planificaci&oacute;n y regulaci&oacute;n necesarios para la gaiaizaci&oacute;n de nuestros modos de vida.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Desmercantilizaci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        Sabi&eacute;ndonos hoy por hoy dentro de la rueda, apostamos por mitigar la <em>esclavitud del salario</em>, esto es, la hegemon&iacute;a del ingreso individual como forma de resoluci&oacute;n de nuestras vidas, para avanzar en f&oacute;rmulas no monetizadas ni individualizadas de organizaci&oacute;n social a trav&eacute;s de una alianza p&uacute;blico-comunitaria que ensaye nuevas f&oacute;rmulas de copropiedad y cogesti&oacute;n. En definitiva, se trata de descentrar los mercados capitalistas, el espacio natural en el que explota, domina y ejerce su control el poder corporativo.
    </p><p class="article-text">
        Planteamos tres ideas-fuerza que desarrollan este eje. La primera consiste en la <em>colectivizaci&oacute;n de los principales medios de reproducci&oacute;n de la vida. </em>Abogamos por la publificaci&oacute;n, desde nuevas concepciones de lo com&uacute;n y a partir de planificaciones democr&aacute;ticas, de aquellos sectores que definamos colectivamente como <em>sectores esenciales </em>por estar directamente vinculados a la sostenibilidad de nuestras vidas. Entendemos que est&aacute;n sin duda dentro de esta categor&iacute;a y que, por tanto, habr&iacute;a que situarlos fuera del &aacute;mbito de los mercados: los <a href="https://www.youtube.com/watch?v=dNoCsxClilQ" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuidados</a>, especialmente los vinculados a la infancia y situaciones de dependencia (atacando su doble privatizaci&oacute;n: en lo privado-mercantil y en lo privado-dom&eacute;stico); la agricultura y la alimentaci&oacute;n; la energ&iacute;a y los bienes naturales; la educaci&oacute;n, la salud y los servicios sociales. A la par, deber&iacute;a tambi&eacute;n primar el inter&eacute;s general sobre la ganancia en &aacute;mbitos clave para el presente y futuro de nuestro sistema socioecon&oacute;mico, como las finanzas, por un lado, y los datos y la inteligencia artificial, por el otro. Esta apuesta por lo p&uacute;blico-com&uacute;n pasa tambi&eacute;n por apoyar e impulsar f&oacute;rmulas que impugnan la propiedad privada, rompiendo incluso con la legalidad vigente, como la okupaci&oacute;n o los centros sociales autogestionados.
    </p><p class="article-text">
        La segunda se refiere a la <em>redistribuci&oacute;n, revalorizaci&oacute;n y reorganizaci&oacute;n</em> <em>de todos los trabajos.</em> Frente a la divisi&oacute;n internacional sexual y racializada de estos, as&iacute; como a su l&oacute;gica inherente de competici&oacute;n transnacional por situarnos en las escalas superiores de la jerarqu&iacute;a laboral global, es clave apostar por su redistribuci&oacute;n, tanto en lo referente al empleo como a los no remunerados en su <em>cara b</em>; y por su revalorizaci&oacute;n, conectando su valor con el aporte al sostenimiento de la vida, no al proceso de acumulaci&oacute;n. Esto dar&iacute;a lugar a una <a href="https://colectivaxxk.net/wp-content/uploads/2020/12/info-sin-planeta-no-hay-trabajo-19-23.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">reorganizaci&oacute;n de los trabajos</a>, en la que los m&aacute;s esenciales sean los primeros en salir del terreno mercantil capitalista. Abogamos as&iacute; por sacar de los hogares una pluralidad de trabajos que han de ser responsabilidad colectiva, como los vinculados a situaciones de dependencia; impulsar una legislaci&oacute;n laboral que defienda la vida que hay tras la mano de obra, con &eacute;nfasis en los derechos de conciliaci&oacute;n; fortalecer los derechos laborales del empleo de hogar y combatir la figura de falsa aut&oacute;noma; revisar las tablas salariales desde su aporte a la sostenibilidad de la vida; establecer topes salariales m&aacute;ximos y m&iacute;nimos; reducir la jornada laboral sin rebaja salarial; revertir las brecha salarial de car&aacute;cter racial y sexual; y garantizar las condiciones de negociaci&oacute;n de la clase trabajadora y sus organizaciones sindicales.
    </p><p class="article-text">
        La tercera plantea la <em>desmercantilizaci&oacute;n y deslaboralizaci&oacute;n del marco de derechos</em>. Si estos hoy se encuentran fundamentalmente vinculados al mercado laboral (desempleo, pensiones, viudedad, estatus migratorio, etc.) y/o atravesados por cierto nivel de copago en su materializaci&oacute;n, planteamos su transici&oacute;n hacia su consideraci&oacute;n como derechos ciudadanos, m&aacute;s all&aacute; de si se ha cotizado o no, o de si existe o no una caja com&uacute;n. Y planteamos un proceso de regularizaci&oacute;n incondicional y extraordinaria, apelando si es necesario al momento cr&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Desmercantilizar &aacute;mbitos, trabajos y derechos es un eje clave para romper con la trampa de la acumulaci&oacute;n. &iquest;Qu&eacute; decir entonces de la renta b&aacute;sica universal? En nuestra opini&oacute;n, en la medida en que garantiza ingresos individuales para consumir en el mercado, se trata de una propuesta posicionada dentro de la rueda capitalista &ndash;a&uacute;n deslaboralizando su acceso&ndash;, que no podemos situar como eje vertebrador de nuestro horizonte emancipador. No obstante, si su puesta en marcha no sustituye, sino que complementa derechos, avanza en mecanismos de car&aacute;cter colectivo, y se aplica con una vigencia determinada dentro de una estrategia de transici&oacute;n de mayor calado, pudiera ser una herramienta &uacute;til.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Descorporativizaci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        De manera complementaria a la desmercantilizaci&oacute;n, revertir el ingente poder acumulado por las corporaciones en favor de la clase trabajadora &ndash;sobre todo el de los sujetos que, dentro de ella, se sit&uacute;an hoy en su <em>cara b</em>&ndash;, es un eje fundamental. Adem&aacute;s de desmantelar el espacio natural de la acumulaci&oacute;n, se apuesta por fortalecer el poder popular regulando al poder corporativo y recuperando espacios democr&aacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        En este sentido, abogamos primero por el <em>desmantelamiento de la arquitectura pol&iacute;tico-jur&iacute;dica de la impunidad corporativa</em>. Las grandes empresas han perge&ntilde;ado un modelo global de gobernanza que, bajo una &iacute;nfima intensidad democr&aacute;tica, blinda sus intereses en base a una especie de <a href="https://omal.info/spip.php?article8722" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">constituci&oacute;n corporativa global</a>. Es clave derribar esta arquitectura al servicio de las multinacionales, desde los organismos econ&oacute;micos multilaterales (OMC, FMI, BM, etc.) a los peligros&iacute;simos <a href="http://www.revistapueblos.org/blog/2018/02/23/manual-de-instrucciones-para-leer-un-tratado/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tratados de comercio e inversi&oacute;n de &uacute;ltima generaci&oacute;n</a>. Adem&aacute;s, es importante meter en agenda un an&aacute;lisis cr&iacute;tico de proyectos regionales como el europeo, cuyos tratados y cuyo <em>sistema euro</em> estrecha el marco de lo posible a una perspectiva estrictamente neoliberal.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, apostamos por <em>regular al poder corporativo en favor de la clase trabajadora</em>. M&aacute;s all&aacute; de las propuestas laborales ya explicitadas, planteamos el incremento de las pensiones m&iacute;nimas; la regulaci&oacute;n de la vivienda (precios, suelo, prohibici&oacute;n permanente de desahucios, parque p&uacute;blico estrictamente vinculado a alquiler social, vivienda en cesi&oacute;n de uso); la asunci&oacute;n de la ciudadan&iacute;a universal frente a las leyes de extranjer&iacute;a; el control del mercado para impedir oligopolios y concentraciones de capital; el impulso de estrategias de defensa de los derechos y reciclaje de las trabajadoras en empresas y sectores en desmantelamiento; y la auditor&iacute;a ciudadana sobre la deuda ilegal, ileg&iacute;tima, insostenible y odiosa. En coherencia, abogamos por una <em>fiscalidad progresiva</em> que prime la imposici&oacute;n directa sobre la indirecta, con &eacute;nfasis en las ganancias corporativas, el patrimonio y las rentas medias y altas. Es fundamental luchar contra el fraude, recuperar los impuestos sobre las grandes fortunas, eliminar toda la ingenier&iacute;a vinculada a deducciones y bonificaciones, as&iacute; como ensayar propuestas complementarias para momentos excepcionales, por ejemplo las diferentes variantes de <a href="https://www.cadtm.org/Por-una-tasa-Covid-19-en-Europa" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tasa covid</a>. Estas se sit&uacute;an indudablemente dentro de la rueda, pero tienen potencial para posicionar la obligaci&oacute;n de que quienes m&aacute;s tienen, m&aacute;s pierdan ante las crisis.
    </p><p class="article-text">
        Tercero, planteamos la descorporativizaci&oacute;n desde el <em>impulso de iniciativas y sistemas basados en otras econom&iacute;as</em>, favoreciendo el aumento de escala de los espacios que ocupan la econom&iacute;a solidaria, transformadora y popular, la soberan&iacute;a alimentaria, las cooperativas, las PYMES, etc. Las instituciones p&uacute;blicas deber&iacute;an acompa&ntilde;ar este proceso prioriz&aacute;ndolas en base a normativa y cl&aacute;usulas en la compra e inversi&oacute;n p&uacute;blica, y favoreciendo propuestas innovadoras como las cooperativas integrales de cuidados, entre otras medidas posibles.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, menci&oacute;n aparte merece la descorporativizaci&oacute;n de la econom&iacute;a digital. Esta, pese al relato de su car&aacute;cter colaborativo y horizontal, ha hecho avanzar al poder corporativo a donde antes nunca hab&iacute;a llegado, tanto en tama&ntilde;o como en capacidades. Unas pocas empresas estadounidenses y chinas controlan todo el proceso econ&oacute;mico, desde la materia prima (datos) y los espacios (plataformas), hasta los muy diversos servicios de inteligencia artificial. Las izquierdas no se pueden permitir asumir esta realidad acr&iacute;ticamente; la creaci&oacute;n de bancos p&uacute;blicos de datos y el desarrollo p&uacute;blico-social de servicios en favor del inter&eacute;s general son elementos indispensables en toda estrategia emancipadora.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Territorializaci&oacute;n</strong>
    </p><p class="article-text">
        La tendencia hacia una mayor hiperconexi&oacute;n global, deslocalizaci&oacute;n y complejizaci&oacute;n de los circuitos socioecon&oacute;micos ha demostrado su fragilidad e inviabilidad, adem&aacute;s de haber generado un marco corporativo de gobernanza y un patr&oacute;n muy desigual de poder y acumulaci&oacute;n a escala internacional. Apostamos por revertir la actual primac&iacute;a de lo global en favor de lo local y lo cercano, lo asumible en t&eacute;rminos de ecosistemas, lo abarcable pol&iacute;tica y democr&aacute;ticamente, sin por ello plantear la eliminaci&oacute;n definitiva &ndash;aunque s&iacute; la redefinici&oacute;n de roles&ndash; de las escalas global, regional y estatal.
    </p><p class="article-text">
        Proponemos como primera idea-fuerza un <em>nuevo modelo de gobernanza global</em>, en base a una nueva arquitectura pol&iacute;tica, con capacidad real para enfrentar democr&aacute;ticamente los retos que compartimos, como el cambio clim&aacute;tico, la redistribuci&oacute;n ecol&oacute;gica o las migraciones. Estos desaf&iacute;os evidencian la inter- y ecodependencia del conjunto del planeta, por lo que necesitamos avanzar en estructuras democr&aacute;ticas y sentidos comunes que los aborden de manera decidida y estableciendo compromisos vinculantes.
    </p><p class="article-text">
        En segundo t&eacute;rmino, planteamos <em>la revisi&oacute;n de la figura del Estado-naci&oacute;n</em>, en l&iacute;nea opuesta a la actual captura corporativa. Creemos que este puede cumplir un papel dentro de la apuesta por una alianza p&uacute;blico-comunitaria, pero debe redefinir su naturaleza en este sentido, adem&aacute;s de avanzar en la respuesta a las leg&iacute;timas demandas de autodeterminaci&oacute;n y soberan&iacute;a de los pueblos. Es clave arrebatar este debate de cualquier horizonte supremacista y de blindaje de comunidades-fortaleza, siempre con la prioridad por lo local como horizonte y con la conjunci&oacute;n de las soberan&iacute;as feminista, alimentaria y energ&eacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        En &uacute;ltimo lugar, defendemos el <em>arraigo de los modelos socioecon&oacute;micos en el territorio</em>, la simplificaci&oacute;n y el acortamiento de los circuitos econ&oacute;micos. Las cadenas alimentarias y las de cuidados son dos &aacute;mbitos estrat&eacute;gicos por los cuales comenzar esta relocalizaci&oacute;n. En esa misma l&oacute;gica, abogamos tambi&eacute;n por abrir el debate sobre la <em>recampesinizaci&oacute;n de nuestras sociedades, </em>rompiendo con el pensamiento de <em>fatalidad urbana </em>que est&aacute; en la ra&iacute;z de nuestras nociones de progreso.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Continuando el debate</strong>
    </p><p class="article-text">
        <em>Gaiaizar</em>, desmercantilizar, descorporativizar y territorializar la organizaci&oacute;n de la vida, revirtiendo prioridades y abriendo el marco de lo posible desde una redistribuci&oacute;n radical e integral atravesada por la clase, el feminismo y la decolonialidad, es la identidad de nuestro marco de referencia. Dado su car&aacute;cter inacabado y situado, nos gustar&iacute;a seguir debati&eacute;ndolo, aliment&aacute;ndolo y enriqueci&eacute;ndolo junto a otras. Y que, a su vez, sirviera como herramienta de contagio, discusi&oacute;n e inspiraci&oacute;n para impulsar y multiplicar diferentes estrategias de transici&oacute;n, a partir de sujetos, agentes, situaciones y contextos diversos.
    </p><p class="article-text">
        El reto de fondo est&aacute; en combinar ejes, ideas-fuerza y propuestas concretas dentro de estrategias que a&uacute;nen con audacia horizonte y urgencia, cara a y cara b, redistribuci&oacute;n, reconocimiento y representaci&oacute;n. Es una tarea plagada de tensiones, urgente y necesaria en estos momentos cr&iacute;ticos de agudizaci&oacute;n del conflicto capital-vida. Pong&aacute;monos a ello, para no caer en el des&aacute;nimo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amaia Pérez Orozco, Gonzalo Fernández Ortiz de Zárate]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/si-hamster-dejara-mover-rueda-capitalista-ii_129_6490108.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 08 Dec 2020 21:10:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Y si el hámster dejara de mover la rueda capitalista? (II)]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Y si el hámster dejara de mover la rueda capitalista?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/si-hamster-dejara-mover-rueda-capitalista_129_6401441.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7b7bcb58-a82d-4818-8189-f4c36c77eb24_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Y si el hámster dejara de mover la rueda capitalista?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Necesitamos propuestas de transición: estrategias que mitiguen el impacto negativo del capitalismo, a la vez que abren sendas para una reorganización socioeconómica fuera de la rueda, bajo otros sentidos de la vida que merece ser vivida en común</p></div><p class="article-text">
        Un des&aacute;nimo profundo. Quiz&aacute; sea esto lo que respiramos casi todo el mundo. Al menos, los mundos que habitamos las mayor&iacute;as sociales, el pueblo, la clase trabajadora, como queramos llamarnos. Un des&aacute;nimo que nace por la conciencia de estar viviendo un cercamiento intenso de las condiciones de vida. Un cercamiento global, ecosist&eacute;mico. &ldquo;Sin casa, sin curro, sin pensi&oacute;n&rdquo;. As&iacute; arrancaba <em>Juventud sin futuro</em> en 2011. &ldquo;Sin miedo&rdquo;, a&ntilde;ad&iacute;an tambi&eacute;n, conjur&aacute;ndose para que el des&aacute;nimo no se convirtiera en miedo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Que no nos d&eacute; miedo un futuro distinto. Entender lo que nos pasa puede ser un ant&iacute;doto contra esa sensaci&oacute;n paralizante. Y lo que nos pasa, fundamentalmente, es el capitalismo, en su entretejido consustancial con el colonialismo y el heteropatriarcado. No obstante, parece que tenemos una incapacidad manifiesta para pensarnos m&aacute;s all&aacute; de sus l&iacute;mites, para imaginarnos que &ldquo;un fin del mundo distinto es posible&rdquo;. La clase trabajadora como h&aacute;mster pedaleando sin parar para mantener la rueda capitalista y de ah&iacute; obtener su exigua cuota de bienestar es una imagen que, creemos, expresa bien nuestra situaci&oacute;n. Una met&aacute;fora en la que subyace el muy extendido relato de que solo si prosiguen el crecimiento econ&oacute;mico (l&eacute;ase: mercantil) y la acumulaci&oacute;n de capital podremos sostener, aun precariamente, nuestras vidas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No hay m&aacute;s que analizar las diferentes propuestas para enfrentar el actual estallido pand&eacute;mico y la crisis civilizatoria en la que este se inserta (crisis de acumulaci&oacute;n de capital, ecol&oacute;gica, pol&iacute;tica, de reproducci&oacute;n social y de valores), tanto de las derechas como de parte significativa de las izquierdas, para confirmar que el marco de lo posible y la agencia pol&iacute;tica se limitan a asumir dicho mantra: el bienestar popular es solo una derivada de la acumulaci&oacute;n capitalista. Es la vieja pero muy actual <em>teor&iacute;a econ&oacute;mica del derrame</em>, seg&uacute;n la cual la ganancia empresarial se derrama en beneficio social gracias al empleo y las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero el capitalismo, con sus relatos, no es una imposici&oacute;n divina, ni un destino hist&oacute;rico inevitable. Es un proyecto que, en su huida hacia adelante, nos conmina a correr para mantener el ritmo incesante de una rueda que, con m&aacute;s o menos empleo y pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, nos despe&ntilde;a por una pendiente de colapso ecol&oacute;gico, desigualdades crecientes, violencia estructural y control social. Y cuya teor&iacute;a del derrame, que siempre ha sido una falacia, muestra ahora enormes socavones: no hay crecimiento sostenido, el empleo se precariza y reduce v&iacute;a digitalizaci&oacute;n y automatizaci&oacute;n, y las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas son capturadas, en t&eacute;rminos generales, en favor del poder corporativo.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Necesitamos salir de esta <em>trampa de la acumulaci&oacute;n</em>: la rueda capitalista no derrama bienestar, sino que ataca lo vivo. El <em>conflicto capital-vida</em>, en este sentido, explica mejor el capitalismo. No obstante, dicha trampa existe: hoy por hoy estamos en la rueda. El poder corporativo controla los medios de reproducci&oacute;n de la vida, y nuestra propia concepci&oacute;n del bienestar est&aacute; hondamente mercantilizada. La hegemon&iacute;a actual del relato y la agenda corporativa es tal que el colapso capitalista tendr&iacute;a (est&aacute; teniendo) un impacto notable en t&eacute;rminos del bienestar de las mayor&iacute;as sociales. No podemos negarlo. Tampoco resignarnos, desanimarnos, temer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Necesitamos, en consecuencia, <em>propuestas de transici&oacute;n</em>: estrategias que mitiguen ese impacto negativo, a la vez que abren sendas para una reorganizaci&oacute;n socioecon&oacute;mica fuera de la rueda, bajo otros sentidos de la vida que merece ser vivida en com&uacute;n. Y este proceso solo podemos abrirlo desde el conflicto con el sistema y la conciencia de su trampa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El presente art&iacute;culo se centra en el llamamiento a transitar fuera de la rueda capitalista. En breve le suceder&aacute; un segundo texto planteando una serie de ejes te&oacute;rico-pol&iacute;ticos para orientar estrategias de transici&oacute;n. Ambos buscan un di&aacute;logo horizontal, que construya inteligencia colectiva, &uacute;nica forma de afrontar la complejidad del momento, m&aacute;s a&uacute;n de las respuestas. A ese di&aacute;logo queremos contribuir desde nuestra mirada situada, localizada en Europa y con un cierto tamiz econ&oacute;mico; desde ah&iacute; es desde donde vemos nuestras realidades. Lo hacemos sabiendo que nadie hablamos desde la pureza, por lo que s&iacute; o s&iacute; nos vamos a equivocar. Toca buscar respuestas suficientemente buenas, nunca perfectas.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>El capitalismo derrama bienestar</strong></h3><p class="article-text">
        Habitar el capitalismo no es estar aqu&iacute; por casualidad, como podr&iacute;amos estar en otro sitio. Es estar permeadas por su consigna civilizatoria seg&uacute;n la cual <em>el flujo del capital y de la renta se convierte en la premisa del bienestar general</em>. La prioridad colectiva consiste entonces en favorecer la din&aacute;mica de maximizaci&oacute;n de las ganancias empresariales para, desde ah&iacute;, <em>derramar bienestar</em> sobre el conjunto de la sociedad a partir, fundamentalmente, de dos intermediaciones: <em>el empleo y el estado</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El <em>empleo</em> es la principal bisagra que articula ambos polos: a mayor ganancia, supuestamente mayor inversi&oacute;n y, en consecuencia, mayor empleo, del que se deriva el consumo, ergo, el bienestar. Genera as&iacute; los ingresos suficientes para sostener la vida, para consumir de manera masiva y sostener el flujo de la renta v&iacute;a demanda. Adem&aacute;s, permite acceder a una parte importante de los derechos sociales, estructuralmente vinculados al trabajo en el mercado (salud, paro, jubilaci&oacute;n, viudedad, etc.).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El <em>estado, </em>por su parte, ser&iacute;a la segunda intermediaci&oacute;n, a trav&eacute;s de una doble v&iacute;a: la primera, el desarrollo de pol&iacute;ticas p&uacute;blicas sociales a trav&eacute;s de ciertas din&aacute;micas redistributivas, permitiendo mitigar las desigualdades y aportar a la sostenibilidad y reproducci&oacute;n de las vidas; la segunda, el impulso de normativa de regulaci&oacute;n de los mercados y contenci&oacute;n del poder corporativo, bajo la premisa de que estos se sujeten, de una u otra manera, al inter&eacute;s general.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ah&iacute; se sit&uacute;a el marco capitalista de lo posible. El mayor o menor peso concedido a estas intermediaciones marca las diferencias pol&iacute;ticas dentro de ese <em>posibilismo capitalista</em>: c&oacute;mo generar sendas estables de inversi&oacute;n, c&oacute;mo crear m&aacute;s y mejor empleo, qu&eacute; fiscalidad y qu&eacute; pol&iacute;ticas p&uacute;blicas se pueden poner en marcha&hellip; ese es el margen aceptado. Se comparte un esquema similar: que siga rodando la rueda de la acumulaci&oacute;n de capital es condici&oacute;n sine qua non para nuestras vidas. Para las derechas, condici&oacute;n (cuasi) suficiente. Para las izquierdas que asumen este marco, condici&oacute;n necesaria, pero no suficiente, por lo que se apuesta por fortalecer instituciones p&uacute;blicas y condiciones laborales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El debate se entrampa de este modo en la secuencia <em>capital-empleo-estado-bienestar, </em>que nos cohesionar&iacute;a a todxs en torno a objetivos compartidos, nos garantizar&iacute;a un escenario de estabilidad y crecimiento, sin grandes conflictos. Un horizonte&hellip; &iquest;qu&eacute; ahonda en el des&aacute;nimo?
    </p><h3 class="article-text"><strong>Del derrame al conflicto capital-vida</strong></h3><p class="article-text">
        El des&aacute;nimo es, quiz&aacute;, consecuencia de la promesa incumplida. Un relato falaz que siempre ha ocultado una realidad marcada por la insostenibilidad y por m&uacute;ltiples desigualdades, mientras el horizonte de bienestar popular se alcanzar&iacute;a a trav&eacute;s de dos d&eacute;biles intermediaciones, sin alterar lo m&aacute;s m&iacute;nimo la l&oacute;gica de la acumulaci&oacute;n de capital como premisa incuestionable.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Respecto al empleo, cierto es que nuestro bienestar actual depende de este en gran medida. S&iacute;, somos <em>esclavas del salario</em>. Pero este nexo no es inalterable ni ahist&oacute;rico. Se genera en el marco de un proceso de desposesi&oacute;n de los medios de reproducci&oacute;n de la vida colectiva, que pasan a convertirse en medios privatizados de <em>producci&oacute;n</em> (acumulaci&oacute;n) de capital. A su vez, una vez despose&iacute;das, nuestros sentidos comunes y expectativas se mercantilizan y dirigen hacia el empleo como &uacute;nica alternativa aparentemente viable.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Reconocer esta esclavitud nos permite identificarnos a las mayor&iacute;as sociales como clase trabajadora. Podr&iacute;a ayudarnos a construir confrontaci&oacute;n pol&iacute;tica no desde el empleo, sino contra el empleo, en tanto que un trabajo alienado que no hacemos por su sentido social, sino porque necesitamos dinero para resolver una vida mercantilizada. Por eso el poder corporativo juega, en ocasiones, al despiste. Lanza as&iacute; lo que podr&iacute;amos llamar <em>dispositivos de diluci&oacute;n de las clases</em>, que nos empujan a los trabajadores bien a tratar de vivir de rentas y finanzas y no del salario, bien a convertirnos en nuestros propios jefes a trav&eacute;s de la figura del emprendedurismo. Pero este despiste tiene poco recorrido y es que s&iacute;, dependemos del empleo. Y, en lugar de confrontar desde esta constataci&oacute;n, caemos en el argumento trampa, del que se sirve el poder corporativo para amenazar con la p&eacute;rdida de puestos de trabajo como excusa para socializar sus riesgos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s, este nexo entre empleo y bienestar tiene una contracara, una <em>cara B</em> que resuelve (o intenta resolver) todo aquello donde no llega el salario y todo el da&ntilde;o que los mercados hacen a la vida. Son ese acumulado de los trabajos invisibilizados, aquellos que en ocasiones hemos llamado <em>cuidados</em>, que, en &uacute;ltima instancia, mal-sostienen la vida. Son la cara oculta del trabajo asalariado, su residuo y su base, trabajos que se feminizan, racializan e invisibilizan. Son la base oculta del iceberg que ha pugnado por salir a la luz con la pandemia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De este modo, el capital y el trabajo se evidencian como antagonistas, en ning&uacute;n caso como aliados, tanto en lo que se refiere a la desigual disputa ente clases por el plusvalor en el &aacute;mbito mercantil, como a esa <em>cara B</em> indispensable para el mantenimiento del flujo del capital. Frente a un relato que nos hace sentir que la vida y el trabajo dependen de las empresas, podemos afirmar que son estas las que dependen de la reproducci&oacute;n de la vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este conflicto entre el <em>capital y el trabajo</em> se vincula a otra serie de conflictos estructurales.<em> </em>Un segundo, el <em>conflicto heteropatriarcal, </em>que<em> </em>garantiza que ese mal-sostenimiento de la vida se realice desde los trabajos que <em>no existen</em> (los cuidados) en los &aacute;mbitos que <em>no son econ&oacute;micos </em>(los hogares en red) y por los sujetos que <em>no son</em> <em>sujetos pol&iacute;ticos </em>(las mujeres*); siendo este el sentido profundo de la divisi&oacute;n sexual del trabajo en el capitalismo. Tercero, la desigualdad intr&iacute;nseca al sistema y los procesos globales de acumulaci&oacute;n y despojo, legitimada bajo un <em>relato y una</em> <em>pr&aacute;ctica racista y colonialista</em> que rechaza, <em>otrifica</em> y degrada vidas, saberes y poderes alejados de los centros y las &eacute;lites. Y cuarto, la din&aacute;mica de crecimiento incesante del capitalismo, que se sostiene sobre la farsa de una base f&iacute;sica y material infinita, as&iacute; como de un ecosistema perfectamente abierto, dando lugar en su evoluci&oacute;n depredadora a un <em>conflicto entre capital y naturaleza, </em>hoy llevado al paroxismo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta intersecci&oacute;n de conflictos nos lleva a priorizar la vigencia de un gran <em>conflicto capital-vida frente a la </em>teor&iacute;a del derrame como explicaci&oacute;n de lo que hoy en d&iacute;a ocurre. Se trata de una tensi&oacute;n estructural e irresoluble sobre la que se asienta el capitalismo y que nunca ha sido, ni puede ser, eliminada por la acci&oacute;n del empleo ni de las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El estado del bienestar se legitima a s&iacute; mismo como el mecanismo para eliminar el conflicto, para garantizar condiciones de vida dignas en el marco de una econom&iacute;a de mercado capitalista. Juega una doble funci&oacute;n de legitimidad, garantizando ciertos m&iacute;nimos de bienestar, y de acumulaci&oacute;n, asegurando que el circuito del capital funciona. Podemos decir que es a la par logro moment&aacute;neo (y parcial, porque los estados del bienestar del norte global siempre se han asentado sobre la divisi&oacute;n sexual y racializada del trabajo, el despojo del sur global y el expolio medioambiental) de la clase obrera y renuncia estructural. Pero la tensi&oacute;n siempre acaba saltando y, cuando salta, el estado vira siempre hacia el mismo lado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de d&eacute;cadas hemos asistido a una ofensiva corporativa por la captura de lo p&uacute;blico y lo com&uacute;n. Por un lado, las empresas transnacionales han logrado elevar los principales &aacute;mbitos de decisi&oacute;n hacia escalas regionales y globales, alejadas de la ciudadan&iacute;a y mucho m&aacute;s proclives a la presi&oacute;n corporativa. Tanto es as&iacute; que est&aacute;n conformando una constituci&oacute;n corporativa global de la mano de la nueva oleada de tratados de comercio e inversi&oacute;n de &uacute;ltima generaci&oacute;n. Por otro, la apisonadora neoliberal lleva desde los a&ntilde;os 70 privatizando empresas p&uacute;blicas, desregulando derechos colectivos, jibarizando las pol&iacute;ticas sociales all&iacute; donde hubieran estado vigentes, as&iacute; como enarbolando nuevos imaginarios como las alianzas p&uacute;blico-privadas, que en la pr&aacute;ctica ponen a las instituciones al servicio de lo corporativo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sin obviar que sigue estando muy vigente la disputa por lo p&uacute;blico desde nuevas perspectivas de lo com&uacute;n, es evidente que no podemos confiar en la figura del estado como intermediario de bienestar a escala planetaria dentro del capitalismo, m&aacute;xime en un contexto como el actual de crisis profunda de acumulaci&oacute;n. De este modo, y en el mejor de los casos, las pol&iacute;ticas sociales y redistributivas tienden a mitigar, a conciliar lo irreconciliable de una extrema y creciente situaci&oacute;n desigual de control y propiedad de los medios de reproducci&oacute;n de la vida, sin poner m&iacute;nimamente en riesgo la m&aacute;xima del <em>business usual</em>.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, el sistema orquestado alrededor del capitalismo, m&aacute;s que derramar bienestar en base a ciertas intermediaciones, se muestra como un sistema m&uacute;ltiple de dominaci&oacute;n atravesado por diversos conflictos que confluyen en ese meta conflicto capital-vida. Posicionar este conflicto significa decir que, en este sistema, las vidas tienen valores radicalmente desiguales: las de valor m&aacute;ximo de quienes detentan el poder corporativo; las de val&iacute;a desigual y con m&aacute;rgenes para ejercer ciertos privilegios en la medida en que sirven a ese poder; las que solo valen muertas o son simplemente despojos. Para poder construir el car&aacute;cter biocida del capitalismo como un problema com&uacute;n, debemos abordar las profundas desigualdades que atraviesan la vida colectiva. Posicionar este conflicto significa, tambi&eacute;n, asumir que la reproducci&oacute;n de la vida est&aacute; en peligro, por lo que debemos trascender el estrecho marco de lo posible, de manera decidida y urgente.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text"><strong>La vida en alerta en un capitalismo atravesado por la pandemia</strong></h3><p class="article-text">
        Hoy asistimos, adem&aacute;s, a un momento de extrema agudizaci&oacute;n del conflicto entre capital y vida. El capitalismo no garantiza un horizonte de estabilidad y crecimiento, por un lado, ni cuenta ya con dispositivos que m&iacute;nimamente generalicen trasvases de bienestar a las mayor&iacute;as populares, aunque sea solo en ciertas latitudes, por el otro.
    </p><p class="article-text">
        El capitalismo est&aacute; gripado. Es incapaz en primer lugar de generar una nueva onda larga de productividad generalizada, inversi&oacute;n, empleo y consumo, tal y como hasta la OCDE afirma. En segundo t&eacute;rmino, su din&aacute;mica de crecimiento incesante ha superado ya los l&iacute;mites f&iacute;sicos del planeta, como evidencian el imparable cambio clim&aacute;tico y el agotamiento de materiales y fuentes f&oacute;siles de energ&iacute;a. Se ve as&iacute; ante la irresoluble paradoja de crecer con una base f&iacute;sica menor y m&aacute;s vulnerable, fen&oacute;meno sin parang&oacute;n hist&oacute;rico. Tercero, la apuesta estrat&eacute;gica por la econom&iacute;a digital, si bien no hay constancia de que sea el motor para una nueva fase s&oacute;lida de acumulaci&oacute;n, s&iacute; que ahondar&aacute; en las l&oacute;gicas de precarizaci&oacute;n y reducci&oacute;n en t&eacute;rminos absolutos del empleo, minimizando su relevancia como intermediaci&oacute;n. Cuarto, el impresionante protagonismo de las mega-empresas <em>big tech</em> ampl&iacute;a el alcance y dimensi&oacute;n del poder corporativo, en detrimento de unas instituciones p&uacute;blicas incapaces (o sin voluntad alguna, en muchos casos) de regularlo. Y quinto y &uacute;ltimo, la mayor&iacute;a de los estados sufren en la actualidad una nueva ofensiva para consolidar la alianza p&uacute;blico-privada en favor de la hegemon&iacute;a corporativa, con un rol m&aacute;s significativo en t&eacute;rminos de inversi&oacute;n y sostenimiento del consumo, lo que les alejar&iacute;a definitivamente de un horizonte de defensa del inter&eacute;s colectivo.
    </p><p class="article-text">
        De este modo, la teor&iacute;a del derrame ya no es que muestre grietas, sino que hace aguas. <em>Sus intermediaciones se diluyen</em>. Si esta teor&iacute;a pudo seguir seduciendo con la promesa del &eacute;xito, hoy el hilo de continuidad entre la precariedad en la vida y la exclusi&oacute;n es el r&eacute;gimen de existencia que habitamos de forma desigual cada vez m&aacute;s segmentos de poblaci&oacute;n, en cada vez m&aacute;s zonas del planeta. El sue&ntilde;o del <em>desarrollo</em> se ha hecho a&ntilde;icos. Y, a menor capacidad de seducci&oacute;n, mayor es la violencia que nos sujeta y que se ejerce para garantizar la subalternidad de quienes, con sus trabajos, pelean por que la vida mal contin&uacute;e en condiciones cada vez m&aacute;s hostiles. El redoble de las violencias racistas y heteropatriarcales no se explican solo por su funcionalidad al capitalismo, pero tampoco son ajenas al mismo.
    </p><p class="article-text">
        Por lo tanto, hoy m&aacute;s que nunca necesitamos salirnos de una rueda que est&aacute; despe&ntilde;&aacute;ndose. Enfrentar con fuerza y esperanza el abismo social y el colapso ecol&oacute;gico en que nos encontramos requiere ampliar el marco de agencia pol&iacute;tica m&aacute;s all&aacute; del empleo, la fiscalidad y las pol&iacute;ticas p&uacute;blicas, que siempre tienen su condici&oacute;n en el sostenimiento de la acumulaci&oacute;n de capital. Precisamos estrategias de transici&oacute;n que salgan del posibilismo capitalista, pero que tampoco se impongan como formas iluminadas incapaces de conectar con los actuales sentidos comunes. Estrategias que combinen lo mejor de lo hegem&oacute;nico (derechos laborales para un trabajo estructuralmente alienado, mecanismos de ese estado del bienestar que pretende borrar el conflicto capital-vida), con las periferias que no han sido totalmente capturadas por el poder corporativo (redes de cuidados, econom&iacute;as campesinas y populares, econom&iacute;a social transformadora&hellip;) y con lo nuevo que inventemos. El momento que atravesamos nos empuja a poner ah&iacute; nuestros esfuerzos, con determinaci&oacute;n y audacia. Salgamos de la rueda.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Amaia Pérez Orozco, Gonzalo Fernández Ortiz de Zárate]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/si-hamster-dejara-mover-rueda-capitalista_129_6401441.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 10 Nov 2020 21:33:08 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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