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    <title><![CDATA[elDiario.es - Paula Cocozza]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/paula-cocozza/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Paula Cocozza]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[¿Un año de pandemia ha reprogramado nuestros cerebros?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/afectado-covid-19-cerebro_130_6543366.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c3456f4b-18c5-4127-87ee-a510cefb6dc7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Un año de pandemia ha reprogramado nuestros cerebros?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Se cree que la pandemia precipitará una crisis de salud mental, pero también puede brindar la oportunidad de abordar la vida desde otra perspectiva</p><p class="subtitle">EL AÑO PERDIDO - La pandemia que dejó nuestro mundo al desnudo: un año de desigualdades, protestas y solidaridad</p></div><p class="article-text">
        Cuando la peste bub&oacute;nica se extendi&oacute; por Inglaterra en el siglo XVII, Isaac Newton huy&oacute; de Cambridge, donde estudiaba, en busca de la seguridad de la casa de su familia en Lincolnshire. La casa de los Newton no era peque&ntilde;a: ten&iacute;a un gran jard&iacute;n con muchos &aacute;rboles frutales. En esos tiempos inciertos, lejos de la vida cotidiana, su mente vagaba libre de rutinas y distracciones sociales. En este contexto, una sola manzana cayendo de un &aacute;rbol le pareci&oacute; m&aacute;s interesante que cualquiera de las manzanas que hab&iacute;a visto caer anteriormente. La gravedad fue un regalo de la plaga. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; nos depara entonces esta pandemia? Esta es una pregunta que todos nos hacemos de diferentes maneras. Ya sea por haber padecido la enfermedad, haberse mudado, haber perdido a un ser querido o un trabajo, haber adoptado un gatito o haberse divorciado, comer m&aacute;s o hacer m&aacute;s ejercicio, pasar m&aacute;s tiempo en la ducha cada ma&ntilde;ana o por llevar la misma ropa todos los d&iacute;as, es una verdad ineludible que esta pandemia nos ha transformado a todos. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Pero c&oacute;mo? &iquest;Y cu&aacute;ndo tendremos respuestas a estas preguntas? Porque, seguramente, habr&aacute; un momento en el que podamos hacer balance y ver algo m&aacute;s que canas, michelines y un gatito (en realidad, tener un gatito es bastante gratificante). &iquest;Cu&aacute;l podr&iacute;a ser el impacto psicol&oacute;gico de vivir una pandemia? &iquest;Nos cambiar&aacute; para siempre?
    </p><h3 class="article-text">La reacci&oacute;n a la incertidumbre</h3><p class="article-text">
        &ldquo;La gente habla de la vuelta a la normalidad, y yo no creo que eso vaya a suceder&rdquo;, dice Frank Snowden, historiador de la Universidad de Yale y autor del ensayo <em>Epidemias y sociedad: desde la Peste Negra hasta la actualidad</em>. Snowden lleva 40 a&ntilde;os estudiando las pandemias. La primavera pasada, cuando su tel&eacute;fono no paraba de sonar con llamadas de personas que le preguntaban si pod&iacute;a compartir sus conocimientos para comprender mejor la COVID-19,<a href="https://news.yale.edu/2020/04/08/historian-frank-snowden-may-we-be-forever-changed-coronavirus" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> se dio de bruces con el trabajo de su vida</a>. Se contagi&oacute; con el coronavirus.
    </p><p class="article-text">
        Snowden cree que la COVID-19 no ha sido una casualidad. Todas las pandemias, dice, &ldquo;afectan a las sociedades a trav&eacute;s de las vulnerabilidades espec&iacute;ficas que las personas generan con sus relaciones con el medio ambiente, otras especies y entre s&iacute;&rdquo;. Cada pandemia tiene sus propias caracter&iacute;sticas, y esta, un poco como la peste bub&oacute;nica, afecta a la salud mental. Snowden ve venir una segunda pandemia, &ldquo;a remolque de la primera pandemia de COVID-19... una pandemia psicol&oacute;gica&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Médicos del hospital de IFEMA celebrando el alta del último paciente que se atendía desde ahí                            </span>
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        <a href="https://www.ucsf.edu/news/2020/11/418951/theres-lot-uncertainty-right-now-what-science-says-does-our-minds-bodies" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Aoife O'Donovan</a>, profesora asociada de psiquiatr&iacute;a en el Instituto Weill de Neurociencias de la UCSF en California y especializada en traumas, coincide con esta opini&oacute;n. &ldquo;Estamos lidiando con muchas capas de incertidumbre&rdquo;, subraya. &ldquo;Han ocurrido cosas verdaderamente horribles y a otras personas tambi&eacute;n les tocar&aacute; vivirlas, pero no sabemos cu&aacute;ndo o a qui&eacute;n o c&oacute;mo y es realmente agotador desde el punto de vista cognitivo y fisiol&oacute;gico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este impacto, dice, repercute en todo el cuerpo porque cuando las personas perciben una amenaza, abstracta o real, activan una respuesta biol&oacute;gica al estr&eacute;s. El cortisol moviliza la glucosa. Se activa el sistema inmunitario, y aumentan los niveles de inflamaci&oacute;n. Esto afecta a la funci&oacute;n cerebral, haciendo que las personas sean m&aacute;s sensibles a las amenazas y menos sensibles a las recompensas. 
    </p><p class="article-text">
        En la pr&aacute;ctica, esto significa que su sistema inmunitario puede activarse simplemente al o&iacute;r a alguien toser a su lado, o al ver todas esas mascarillas y la proliferaci&oacute;n de un color que sin duda Pantone deber&iacute;a rebautizar como &ldquo;azul quir&uacute;rgico&rdquo;, o por un extra&ntilde;o que camina hacia usted, o incluso, como descubri&oacute; O'Donovan, al ver a la persona que limpia la casa de un amigo durante una llamada de Zoom sin la mascarilla puesta. Y porque, como indica la profesora, las reglas gubernamentales son por naturaleza amplias y cambiantes, &ldquo;como individuos tenemos que hacer muchas elecciones&rdquo;. &ldquo;Esto es un nivel de incertidumbre a una escala realmente grande&rdquo;, dice.
    </p><p class="article-text">
        Como explica Snowden, la naturaleza &uacute;nica de la COVID-19 influye en esta sensaci&oacute;n de incertidumbre. La enfermedad &ldquo;es mucho m&aacute;s compleja de lo que nadie imaginaba al principio&rdquo;, una especie de enemigo cambiante. En algunas personas, <a href="https://www.theguardian.com/science/2020/sep/03/diarrhoea-and-vomiting-may-be-key-sign-of-covid-in-children-study" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">es una enfermedad respiratoria, mientras que en otras, gastrointestinal</a>, y en otras puede causar delirio y deterioro cognitivo. Para algunas, la recuperaci&oacute;n es <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/cansancio-malestar-dolores-cabeza-media-36-sintomas-fluctuantes-atenazan-durante-seis-meses-enfermos-covid-persistente_1_6403399.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">muy lenta</a>, mientras que muchas la experimentan como asintom&aacute;ticas. La mayor&iacute;a nunca sabremos si lo hemos tenido, y<a href="https://www.eldiario.es/sociedad/diferenciar-coronavirus-gripe-resfriado_1_6289159.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> el no saberlo estimula un constante autoescrutinio</a>. El control de s&iacute;ntomas genera m&aacute;s preguntas que alivio: &iquest;cu&aacute;ndo se convierte el cansancio en agotamiento? &iquest;Cu&aacute;ndo empieza a ser la tos &ldquo;continua&rdquo;?
    </p><p class="article-text">
        O'Donovan suspira. Parece cansada, es un momento de mucha actividad para una experta que investiga las amenazas y que ahora trabaja sin parar. Considera que la respuesta del cuerpo a la incertidumbre es &ldquo;bonita&rdquo; &ndash;es decir, la capacidad del cuerpo de reaccionar para protegerse del peligro&ndash;, pero le preocupa que no sea adecuada para las amenazas frecuentes y prolongadas. &ldquo;Esta activaci&oacute;n cr&oacute;nica puede ser perjudicial a largo plazo. Acelera el envejecimiento biol&oacute;gico y aumenta el riesgo de enfermedades relacionadas con el envejecimiento&rdquo;.
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                Una persona teletrabajando.                            </span>
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        En la vida diaria, la incertidumbre se ha manifestado de innumerables y diminutas maneras al intentar reorientarnos en una crisis, en ausencia de los referentes habituales: escuelas, familias, amistades, rutinas y rituales. Los ritmos antes frecuentes, de tiempo a solas y tiempo con otros, los desplazamientos e incluso el reparto de correo, se han alterado. 
    </p><p class="article-text">
        No hay una nueva normalidad, solo una extra&ntilde;a anormalidad en evoluci&oacute;n. Incluso un simple &ldquo;&iquest;c&oacute;mo est&aacute;s?&rdquo; est&aacute; cargado de preguntas ocultas (&iquest;eres contagioso?), y rara vez trae una respuesta directa, sino m&aacute;s probablemente un relato de hipervigilancia sobre una misteriosa subida de temperatura experimentada en febrero. 
    </p><h3 class="article-text">La sensaci&oacute;n de rechazo</h3><p class="article-text">
        Thomas Dixon, historiador de las emociones en la Universidad Queen Mary de Londres, dice que con el estallido de la pandemia, dej&oacute; de escribir en sus correos electr&oacute;nicos la frase &ldquo;espero que te encuentres bien&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los &ldquo;bailes sociales&rdquo; &ndash;como los llama la psicoterapeuta Philippa Perry&ndash; de anta&ntilde;o, como encontrar silla en una cafeter&iacute;a o asiento en el autob&uacute;s, no solo se han desvanecido llev&aacute;ndose consigo la posibilidad de experimentar un sentido de pertenencia, sino que han sido reemplazadas por bailes de rechazo. Perry cree que por eso evita la cola en el restaurante de comida r&aacute;pida al que suele ir. &ldquo;Todos esper&aacute;bamos para pagar los s&aacute;ndwiches que nos llev&aacute;bamos a la oficina. Era una especie de actividad grupal, aunque no conociera a los dem&aacute;s miembros del grupo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Por el contrario, las colas de la pandemia no son naturales, son personas en fila, que guardan la misma distancia las unas con las otras, que son procesadas por un sistema de localizaci&oacute;n. Se produce un mayor rechazo si un peat&oacute;n se sale de la acera para evitarte, o cuando el repartidor que sol&iacute;a detenerse para saludarte te ve en la puerta y se echa hacia atr&aacute;s. Seg&uacute;n Perry, no sirve de consuelo entender de forma racional por qu&eacute;&nbsp;los dem&aacute;s se apartan. Aunque lo entendamos, la sensaci&oacute;n de rechazo permanece.
    </p><h3 class="article-text">Sin con-tacto</h3><p class="article-text">
        La palabra &ldquo;<a href="https://www.etymonline.com/word/contagion" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">contagio</a>&rdquo; viene del lat&iacute;n <em>contagium &ndash;</em>&ldquo;con&rdquo; y &ldquo;tocar&rdquo;&ndash;, as&iacute; que no es de extra&ntilde;ar que<a href="https://www.eldiario.es/consumoclaro/cuidarse/afectarnos-perdida-contacto-fisico-pandemia-covid-19_1_6505523.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> el contacto social </a>sea demonizado en una pandemia. Pero, &iquest;a qu&eacute; precio? Los neurocient&iacute;ficos Francis McGlone y Merle Fairhurst estudian las fibras nerviosas llamadas aferentes C-t&aacute;ctiles, que se concentran en lugares de dif&iacute;cil acceso como la espalda y los hombros. Conectan el contacto social con un complejo sistema de recompensa, de modo que cuando nos acarician, tocan, abrazan o nos dan una palmadita, se libera oxitocina, lo que reduce el ritmo card&iacute;aco e inhibe la producci&oacute;n de cortisona. &ldquo;Requisitos muy sutiles para mantenerte en un plano estable&rdquo;, dice McGlone.
    </p><p class="article-text">
        McGlone est&aacute; preocupado. &ldquo;En todas partes donde observo los cambios de comportamiento durante la pandemia, esta peque&ntilde;a bandera est&aacute; ondeando, esta fibra nerviosa: &iexcl;toca, toca, toca!&rdquo;. Mientras que algunas personas, especialmente las que est&aacute;n encerradas con ni&ntilde;os peque&ntilde;os, pueden experimentar m&aacute;s contacto f&iacute;sico, otras no lo tienen. 
    </p><p class="article-text">
        Fairhurst est&aacute; analizando los datos recogidos en una gran encuesta que ella y McGlone lanzaron en mayo, y est&aacute; constatando que los que corren m&aacute;s riesgo de sufrir el impacto emocional negativo de la p&eacute;rdida del contacto son los j&oacute;venes. &ldquo;La edad es un indicador significativo de la soledad y la depresi&oacute;n&rdquo;, dice. La p&eacute;rdida del poder de conexi&oacute;n del contacto desencadena &ldquo;factores que contribuyen a la depresi&oacute;n: tristeza, niveles de energ&iacute;a m&aacute;s bajos, letargo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Nos estamos convirtiendo en una especie de nopersona&rdquo;, afirma Perry. Las mascarillas nos dejan pr&aacute;cticamente sin rostro. El desinfectante de manos es una pantalla f&iacute;sica. Fairhurst lo ve como &ldquo;una barrera, como no hablar el idioma de alguien&rdquo;. Y Perry no es la &uacute;nica que se inclina por la &ldquo;ropa de nopersona&rdquo;, como el pijama y el ch&aacute;ndal. De alguna manera, el uso repetido de este tipo de prendas hace que todo lo que llevamos nos pese. Se suman a nuestro cansancio y le a&ntilde;aden una capa extra.
    </p><h3 class="article-text">La despersonalizaci&oacute;n y el individualismo</h3><p class="article-text">
        Las p&eacute;rdidas culturales alimentan este sentido de deshumanizaci&oacute;n. Durante el primer confinamiento, Eric Clarke, profesor del Wadham College de Oxford especializado en psicolog&iacute;a de la m&uacute;sica, impuls&oacute; una iniciativa para cantar en el callej&oacute;n sin salida donde vive. Cree que esta iniciativa fue como &ldquo;un salvavidas&rdquo; pero ha echado de menos no poder asistir a eventos de m&uacute;sica en vivo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El impacto para m&iacute; ha sido tener una sensaci&oacute;n de degradaci&oacute;n o erosi&oacute;n de mi yo est&eacute;tico&rdquo;, afirma. &ldquo;Siento menos emoci&oacute;n por el mundo que me rodea que cuando estoy en contacto con la m&uacute;sica.&rdquo; Y la m&uacute;sica callejera, al igual que los aplausos callejeros, ya hace meses que brilla por su ausencia. Ahora. dice, &ldquo;todos estamos viviendo una existencia parecida a la del arroz precocinado y en una bolsa de pl&aacute;stico, estamos aislados del mundo en alg&uacute;n tipo de recipiente&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ning&uacute;n elemento de esta pandemia nos ha deshumanizado m&aacute;s que la forma en que nos ha llevado a experimentar la muerte. Los enfermos se han convertido en unidades individuales, en cifras muy elevadas y terriblemente en aumento. Antes de pasar a integrar las estad&iacute;sticas, los moribundos est&aacute;n condenados al aislamiento. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Est&aacute;n literalmente despersonalizados&rdquo;, dice Snowden, que perdi&oacute; a su hermana durante la pandemia. &ldquo;No la vi, y tampoco estaba con su familia... esta pandemia rompe los lazos y crea distancias entre personas&rdquo;.
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                Personal del metro de Francia desinfectando a los pasajeros.                            </span>
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        Durante un breve espacio de tiempo, la pandemia tal vez hizo que las personas sintieran que estaban juntas en estas bolsas de pl&aacute;stico que Clarke describe; literalmente fue as&iacute; para los que publicaron en YouTube videos de<a href="https://www.theguardian.com/lifeandstyle/2020/may/28/can-we-hug-how-to-navigate-physical-distancing-as-lockdowns-ease" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> &ldquo;cortinas de abrazos&rdquo;</a> hechas de manera casera para abrazar a sus seres queridos. &ldquo;Si has le&iacute;do estudios sobre desastres, sabes que tras uno aparece este sentimiento de comunidad altruista donde todas las personas afectadas perciben que est&aacute;n en el mismo barco&rdquo;, dice John Drury, profesor de la Universidad de Sussex experto en psicolog&iacute;a de masas. &ldquo;Pero esta sensaci&oacute;n es insostenible a largo plazo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ahora, unido a la despersonalizaci&oacute;n, hay un elevado sentido de individualismo, una dif&iacute;cil combinaci&oacute;n para sentirse m&aacute;s como un individuo y menos como una persona. &ldquo;Ya no estamos juntos de la misma manera&rdquo;, dice Clarke, el m&uacute;sico. 
    </p><p class="article-text">
        El mayor posicionamiento individualista se aprecia a nivel internacional y pol&iacute;tico, como cuando Donald Trump decidi&oacute; <a href="https://www.eldiario.es/internacional/trump-suspende-eeuu-oms-covid-19_1_2256582.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">salir de la Organizaci&oacute;n Mundial de la Salud (OMS).</a> Describi&oacute; la COVID-19 el &ldquo;virus de Wuhan&rdquo; o &ldquo;<a href="https://www.theguardian.com/us-news/2020/jun/20/trump-covid-19-kung-flu-racist-language" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">kung flu</a>&rdquo;&ndash;por un juego de palabras entre<em> flu</em>, gripe en ingl&eacute;s, y kung fu&ndash; uni&oacute; el miedo a los dem&aacute;s, algo que en una pandemia es frecuente, al racismo. Desde Reino Unido y Alemania hasta Estados Unidos, ha aumentado la incidencia de los cr&iacute;menes de odio racista hacia algunas comunidades asi&aacute;ticas. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que puede hacer, y probablemente ya ha hecho, es adoptar nuevos comportamientos compensatorios.&nbsp;La inadaptaci&oacute;n de estos comportamientos se sumar&aacute; a esta segunda pandemia que se prolongar&aacute;, las secuelas psicol&oacute;gicas de la primera. En Escocia, por ejemplo, las muertes por uso indebido de sustancias han aumentado en un tercio. La organizaci&oacute;n social British Liver Trust, que brinda apoyo a las personas con enfermedades hep&aacute;ticas, ha informado de un aumento del 500% en las llamadas en su l&iacute;nea de ayuda.<a href="https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/coronavirus-violencia-domestica-desproporcionado-mujeres_129_5877182.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> La violencia dom&eacute;stica ha aumentado en todo el mundo.</a>
    </p><p class="article-text">
        Incluso peque&ntilde;os cambios positivos de un h&aacute;bito pueden ser enormemente eficaces. Fairhurst, por ejemplo, usa m&aacute;s perfume y pasa m&aacute;s tiempo lav&aacute;ndose el pelo, &ldquo;una activaci&oacute;n directa&rdquo; de sus nervios aferentes C-t&aacute;ctiles. Su investigaci&oacute;n ha demostrado que &ldquo;las personas que se sienten menos solas son las que m&aacute;s se acicalan&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Snowden sobrevivi&oacute; al aislamiento sin secuelas, gracias, en parte, a un grupo de amigos que se re&uacute;nen en Zoom todas las semanas a pesar de no haberse reunido en los &uacute;ltimos 56 a&ntilde;os. Dixon hizo manualidades con sus hijos. Drury, &ldquo;una persona muy pr&aacute;ctica&rdquo; que solo caminaba si necesitaba algo, ahora camina &ldquo;por una cuesti&oacute;n de salud emocional y mental&rdquo;. 
    </p><h3 class="article-text">Reponerse de la pandemia</h3><p class="article-text">
        &ldquo;Tuvimos pandemias en el pasado y seguimos aqu&iacute;&rdquo;, dice Fairhurst. Adaptarse es sobrevivir. Darse cuenta de las adaptaciones, por peque&ntilde;as que sean, es apreciar la humanidad. Entonces, &iquest;la pandemia nos alterar&aacute; a largo plazo?
    </p><p class="article-text">
        O'Donovan, que reside en San Francisco, cree que es probable que tras la pandemia aumenten los casos de estr&eacute;s postraum&aacute;tico. Tambi&eacute;n es probable que la pandemia haga tambalear los criterios para diagnosticar este trastorno. Entre <a href="https://www.theguardian.com/world/2020/jun/28/screen-survivors-of-covid-19-for-ptsd-say-mental-health-experts" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el 20% y el 30% de quienes est&aacute;n en las unidades de cuidados intensivos sufrir&aacute;n trastorno de estr&eacute;s postraum&aacute;tico</a>, pero, &iquest;qu&eacute; pasar&aacute; con aquellos que temen por sus vidas cuando se encuentran en situaciones hasta no hace mucho completamente inofensivas, como estar en el supermercado o en el transporte p&uacute;blico? &iquest;Podr&iacute;a la tos descontrolada de un extra&ntilde;o que est&aacute; cerca desencadenar un trastorno de estr&eacute;s postraum&aacute;tico? Hay personas que se recuperaron de SARS en 2003 y que segu&iacute;an recibiendo tratamiento por su trastorno de estr&eacute;s postraum&aacute;tico m&aacute;s de una d&eacute;cada despu&eacute;s. &ldquo;Tenemos mucho trabajo por delante&rdquo;, dice O'Donovan.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n existe la posibilidad de que el miedo a la COVID-19 permanezca una vez superados los peores momentos de la enfermedad. Drury cree que la gente volver&aacute; a aprender f&aacute;cilmente a comportarse en encuentros multitudinarios. La gran pregunta es por cu&aacute;nto tiempo tendr&aacute; miedo a las multitudes. 
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de los atentados de Londres de 2005, el nivel de amenaza terrorista se redujo y la gente retom&oacute; sus h&aacute;bitos de viaje, explica. Pero este verano, cuando el gobierno brit&aacute;nico inst&oacute; a una vuelta masiva al trabajo, muchos se resistieron. &ldquo;Cre&iacute;an... que todav&iacute;a hab&iacute;a peligro&rdquo;. La vida despu&eacute;s de la pandemia variar&aacute; en funci&oacute;n de lo segura que se sienta la gente. Y mientras m&aacute;s &ldquo;inflamaci&oacute;n sist&eacute;mica&rdquo; tenga, debido a que su respuesta biol&oacute;gica a los factores de estr&eacute;s se active, mayor ser&aacute; su sensibilidad a las amenazas sociales que perciban.
    </p><p class="article-text">
        No es de extra&ntilde;ar, entonces, que para Thomas Dixon, el historiador emocional, la pandemia sea &ldquo;similar a una guerra mundial&rdquo; en lo relativo a su impacto emocional. &ldquo;Tendremos, supongo, una recesi&oacute;n global. Habr&aacute; un grave sufrimiento y desigualdad y pobreza. Se trata de una crisis vivida a escala mundial con grandes consecuencias emocionales, y me parece que en tiempos de adversidad el repertorio emocional de las personas cambia&rdquo;. Piensa que de la pandemia y sus secuelas podr&iacute;a surgir &ldquo;un estilo emocional m&aacute;s resistente, y tal vez m&aacute;s reservado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Incluso en eventos negativos y sombr&iacute;os se esconden oportunidades de oro&rdquo;, opina Snowden. &ldquo;Tal vez, como resultado de esta experiencia, transformaremos nuestro sistema sanitario para que preste la debida atenci&oacute;n a la salud mental y f&iacute;sica. Tal vez, la pandemia nos ayude a repensar para qu&eacute; sirve la medicina&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Y tal vez, un poco como en el huerto de Newton, la pandemia nos dar&aacute; la oportunidad de observar cosas que hemos visto muchas veces antes, pero desde una nueva perspectiva. Parece poco probable que, en el momento posvacunaci&oacute;n, las personas que trabajaban en una oficina tengan que volver a desplazarse todos y cada uno de los d&iacute;as laborables. 
    </p><p class="article-text">
        En muchas ciudades se est&aacute;n introduciendo cambios en el trazado de las carreteras y en las limitaciones a los autom&oacute;viles, y el concepto de &ldquo;la ciudad de los 15 minutos&rdquo;, que defiende que los ciudadanos tengan acceso a servicios que dan calidad de vida en un radio de 15 minutos sin medios de emisi&oacute;n de CO2, a pie o en bici, est&aacute; ganando terreno en ciudades tan dispares como Par&iacute;s o Buenos Aires. A finales del siglo XIX en Inglaterra <a href="https://emotionsblog.history.qmul.ac.uk/2014/03/phone-a-friend/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se implant&oacute; el tel&eacute;fono en los hospitales para ayudar a las personas con escarlatina</a> a comunicarse con sus seres queridos. Se extendi&oacute;. 
    </p><p class="article-text">
        Con el coronavirus, FaceTime y Zoom han ofrecido el mismo consuelo de la conexi&oacute;n remota, aunque puede que  tengamos que volver a aprender algunas habilidades de comunicaci&oacute;n cuando algunas reuniones vuelvan a ser presenciales y Zoom ya no est&eacute; ah&iacute; para dar los turnos en una conversaci&oacute;n y recordarnos los nombres de las personas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Podemos aprovechar esta pandemia como una fuerza impulsora del cambio&rdquo;, afirma Alexandre White, de la Universidad Johns Hopkins, a quien le gustar&iacute;a ver una ley de atenci&oacute;n sanitaria universal en Estados Unidos &ldquo;para evitar muchos de los peores problemas de salud que se derivan de la desigualdad, pero tambi&eacute;n para minimizar la desigualdad econ&oacute;mica, social y sanitaria. Se dan las condiciones para que sea posible&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y tal vez ese sea la clave, ver esta situaci&oacute;n como una oportunidad de la que pueden surgir nuevas oportunidades. Los desaf&iacute;os ser&aacute;n m&uacute;ltiples; las consecuencias, dolorosas. Sin embargo, se abre una oportunidad para un cambio impensable hasta ahora, no solo en las estructuras de las sociedades, sino tambi&eacute;n en un sinf&iacute;n de detalles; privados y m&aacute;s personales. 
    </p><p class="article-text">
        Durante meses, hemos convivido con nosotros mismos. Profundizaremos nuestra gratitud por los peque&ntilde;os momentos del d&iacute;a a d&iacute;a que nos hemos perdido, y por algunos placeres que nos han ayudado a sobrellevarlo, aunque solo sea el sabor de una manzana de temporada. Y, de alg&uacute;n modo, nos conoceremos mejor a nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        Traducido por Emma Reverter. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Paula Cocozza]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/afectado-covid-19-cerebro_130_6543366.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Dec 2020 20:18:43 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Un año de pandemia ha reprogramado nuestros cerebros?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pandemia,Covid-19]]></media:keywords>
    </item>
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