<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Susannah Walker]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/susannah-walker/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Susannah Walker]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1032780/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[La ciencia de los abrazos y por qué los echamos tanto de menos en esta pandemia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/ciencia-abrazos-echamos-pandemia_129_7829327.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/baded3ff-773f-4890-91c3-f1b2a140733f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ciencia de los abrazos y por qué los echamos tanto de menos en esta pandemia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La neurociencia investiga el efecto positivo del tacto y avanza más en la definición de nervios clave del cuerpo, como los de la espalda. La liberación de hormonas que contribuyen al bienestar se puede dar también al acariciar a un perro</p><p class="subtitle">Hemos aprendido a abrazar con la mirada y el gesto, y suplirlo con lo digital</p></div><p class="article-text">
        La primavera pasada, durante uno de los encuentros semanales de equipo que hac&iacute;amos online, un compa&ntilde;ero me dijo, &ldquo;lo que echo de menos son los abrazos, esos s&uacute;per abrazos de hombre grande, los que me doy con mi padre y amigos&rdquo;. El sentido del tacto ha sido durante mucho tiempo una fascinaci&oacute;n compartida por nuestro grupo de investigaci&oacute;n formado por neurocient&iacute;ficos y psic&oacute;logos experimentales. Durante la pandemia, ha sido un tema que ha ido captando la atenci&oacute;n del resto del mundo, en gran medida, por <a href="https://www.eldiario.es/consumoclaro/cuidarse/afectarnos-perdida-contacto-fisico-pandemia-covid-19_1_6505523.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el impacto negativo que ha tenido la p&eacute;rdida de contacto f&iacute;sico</a> entre las personas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ha pasado un a&ntilde;o y los abrazos siguen ocupando un lugar preeminente en los pensamientos de muchas personas. Una investigaci&oacute;n reciente pone a los abrazos en cuarta posici&oacute;n dentro de <a href="https://www.traveldailymedia.com/top-30-things-brits-are-looking-forward-to-post-pandemic/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una lista de 30 cosas</a> que la gente desea hacer una vez terminen las limitaciones de movimiento. Justo por detr&aacute;s de visitar a familiares y amigos &ndash;a quien sin duda alguna abrazar&aacute;n&ndash; y comer en restaurantes. Tener que frenarse a la hora de tocar y abrazar a nuestros seres queridos ha demostrado ser una de las normas m&aacute;s dif&iacute;ciles de cumplir este &uacute;ltimo a&ntilde;o. Ver y escuchar a quienes queremos a trav&eacute;s de Zoom casi nunca es suficiente. Para entender por qu&eacute; tenemos esa necesidad de abrazos y contacto t&aacute;ctil con otros seres humanos necesitamos comprender nuestra historia social y evolutiva y el rol de nuestra piel.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Nuestra historia evolutiva</h3><p class="article-text">
        Los humanos nacen indefensos. Desde que nacemos, dependemos de que otras personas nos alimenten, mantengan nuestra temperatura estable y nos reconforten cuando vivimos alg&uacute;n momento tenso. Como el resto de mam&iacute;feros, estamos predispuestos por instinto de buscar contacto f&iacute;sico para garantizar nuestra propia supervivencia. El tacto juega un papel fundamental en los primeros momentos de la crianza. El contacto piel con piel entre madre y beb&eacute; contribuye a la regulaci&oacute;n del ritmo card&iacute;aco y la frecuencia respiratoria, reduce los niveles de hormonas que provocan estr&eacute;s, favorece el crecimiento y contribuye a la formaci&oacute;n y desarrollo del cerebro.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los beneficios para la salud y el bienestar de un beb&eacute; tendr&aacute;n m&aacute;s impacto en la vida cuanto m&aacute;s sensibles y predecibles sean este tipo de cuidados tempranos. El tacto env&iacute;a una se&ntilde;al al beb&eacute;: El apoyo est&aacute; aqu&iacute;, est&aacute;s seguro. A medida que crecemos el tacto juega un papel importante en la formaci&oacute;n y estabilidad de las relaciones y v&iacute;nculos sociales entre adultos. Cuando algo nos impacta, recurrimos a experiencias como el tacto y confiamos en apoyos no verbales como sostenerse la mano con otra persona, abrazarse o darse caricias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los beneficios del tacto, gratificantes y reconfortantes, est&aacute;n insertos en la piel y la red de nervios y receptores sensoriales que nos informan de lo que sucede en la superficie del cuerpo. Si se posa una mosca en la nariz, si sentimos ese picor, si tropezamos y nos golpeamos en un dedo, si nos ponemos al sol y sentimos el calor o si alguien nos aprieta la mano. Nuestro cerebro combina esas se&ntilde;ales con informaci&oacute;n contextual sobre c&oacute;mo nos sentimos o a qui&eacute;n abrazamos y genera esa sensaci&oacute;n placentera que interpretamos como premio. La misma que estos d&iacute;as echamos de menos y deseamos.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Las dificultades de inhibir nuestros instintos naturales</h3><p class="article-text">
        Hasta hace relativamente poco, la neurobiolog&iacute;a que estudia el sentido del tacto se centraba en los nervios, en el aspecto sensorial que nos permite detectar y explorar superficies, texturas y objetos. Esos receptores sensoriales, m&aacute;s densos en las manos y las puntas de los dedos que en otras partes del cuerpo, env&iacute;an se&ntilde;ales a determinadas regiones del cerebro que procesan elementos concretos del tacto. Pero los investigadores <a href="https://www.cell.com/neuron/fulltext/S0896-6273(14)00387-0?_returnURL=https%3A%2F%2Flinkinghub.elsevier.com%2Fretrieve%2Fpii%2FS0896627314003870%3Fshowall%3Dtrue" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">est&aacute;n interes&aacute;ndose cada vez m&aacute;s en una derivaci&oacute;n de esos nervios sensibles</a> en ciertas zonas fundamentales para el cuerpo como la espalda. Se est&aacute; avanzando mucho en este &aacute;mbito.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Otro tipo de nervios sensibles env&iacute;a se&ntilde;ales a las partes del cerebro que lidian con el procesamiento de emociones. Son las que responden antes a los cambios de temperatura o las caricias. Las investigaciones est&aacute;n demostrando que cuando se pide a alguien que acaricie a su beb&eacute; o a su pareja <a href="https://www.sciencedirect.com/science/article/abs/pii/S0166432815302114?via%3Dihub" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">adapta la velocidad de la caricia a la que prefieren ciertos nervios</a>. Este tipo de roce se percibe, subjetivamente, como agradable porque calma y alivia la psique, reduce el ritmo cardiaco y limita las consecuencias del estr&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando se estimulan ciertos nervios env&iacute;an se&ntilde;ales al cerebro a trav&eacute;s de la espina dorsal y all&iacute; liberan una cascada de sustancias neuronales. Una de las m&aacute;s relevantes es la oxitocina, una hormona que se libera a partir de estimulaci&oacute;n cut&aacute;nea de baja intensidad, <a href="https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fpsyg.2014.01529/full" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como es el caso de los abrazos</a>, por ejemplo. Se sabe que la oxitocina juega un papel importante en el establecimiento de relaciones sociales y puede reducir el estr&eacute;s e incrementar nuestra tolerancia al dolor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La liberaci&oacute;n de oxitocina durante las interacciones sociales depende del contexto. El efecto reconfortante de un abrazo s&oacute;lo llega si el abrazo es deseado. Cuando el contacto t&aacute;ctil es deseado, los beneficios afectan a las dos personas que intercambian ese roce. Es importante mencionar que <a href="https://www.frontiersin.org/articles/10.3389/fpsyg.2014.01529/full" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no es necesario que ambas partes sean humanas</a>. Los niveles de oxitocina aumentan tanto para el perro como para su due&ntilde;o cuando el animal recibe caricias. Quiz&aacute;s ese sea el motivo por el cual en este per&iacute;odo de contacto tan restringido debido a la pandemia <a href="https://www.theguardian.com/commentisfree/2021/apr/05/bought-dog-lockdown" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ha aumentado el n&uacute;mero de personas con mascota.&nbsp;</a>
    </p><p class="article-text">
        Este &uacute;ltimo a&ntilde;o, las restricciones derivadas de la pandemia han tenido un impacto negativo importante en el bienestar de muchas personas. <a href="https://www.eldiario.es/murcia/sociedad/soledad-tiempos-pandemia-empeorado-salud-mental-poblacion_1_7214247.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Hay m&aacute;s soledad y m&aacute;s angustia que antes</a>. Hemos tenido que inhibir nuestro instinto natural, programado a lo largo de millones de a&ntilde;os de evoluci&oacute;n para disponer del tacto como algo que nos calma y nos permite mostrar que algo o alguien nos importa. Una vez levantadas las restricciones, comenzaremos r&aacute;pidamente a comportarnos siguiendo nuestra predisposici&oacute;n natural a compartir. Es probable, quiz&aacute;s, que ahora lo apreciemos m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        <em>Susannah Walker es profesora de neurociencia y comportamiento en la Universidad John Moores de Liverpool.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Traducido por Alberto Arce.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Susannah Walker]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/ciencia-abrazos-echamos-pandemia_129_7829327.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 16 Apr 2021 19:57:11 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/baded3ff-773f-4890-91c3-f1b2a140733f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="3121073" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/baded3ff-773f-4890-91c3-f1b2a140733f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="3121073" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La ciencia de los abrazos y por qué los echamos tanto de menos en esta pandemia]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/baded3ff-773f-4890-91c3-f1b2a140733f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Covid-19,Salud mental]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
