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    <title><![CDATA[elDiario.es - Javier Martín-Domínguez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/javier-martin-dominguez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Javier Martín-Domínguez]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La mirada a la Transición desde el extranjero: “Olieron sangre, pero encontraron abrazos”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/mirada-transicion-extranjero-olieron-sangre-encontraron-abrazos_1_12769725.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/417a7afa-9245-4e6c-9bae-d2e8f91a86d6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mirada a la Transición desde el extranjero: “Olieron sangre, pero encontraron abrazos”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que se contaba y se opinaba fuera de nuestras fronteras se convirtió en cuestión crucial para la supervivencia de un sistema que transitaba por la vía inédita de la dictadura a la democracia</p><p class="subtitle">Si quieres leer la revista completa, hazte socio o socia de elDiario.es por 8 € al mes y recibe en papel o digital (como tú elijas) 'La Transición. La democracia no la trajo el rey, se ganó en la calle'</p></div><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a ol&iacute;a de nuevo a sangre. Los principales olfateadores de las crisis mundiales sacaron billete de ida para Madrid nada m&aacute;s morir Franco. Espa&ntilde;a volv&iacute;a a ser noticia. Nunca desde la Guerra Civil llegaron tantos corresponsales. Ni siquiera falt&oacute; a la cita la veterana Martha Gellhorn que ya hab&iacute;a cubierto la Guerra Civil desde el Hotel Florida de Madrid junto a su pareja Ernest Hemingway. Los gobiernos extranjeros &mdash;desde Washington a Par&iacute;s y Bonn&mdash; ten&iacute;an puesta su vigilancia sobre la pen&iacute;nsula. Diplom&aacute;ticos, esp&iacute;as y estrategas militares analizaban los cambios. Las fuentes m&aacute;s cercanas para vislumbrar el futuro eran los periodistas, que buscaban informaci&oacute;n sobre el terreno y recib&iacute;an bajo cuerda de sus colegas espa&ntilde;oles todo aquello que era censurado. Lo que se contaba y se opinaba fuera de nuestras fronteras se convirti&oacute; en cuesti&oacute;n crucial para la supervivencia de un sistema que estaba transitando por la v&iacute;a in&eacute;dita de la dictadura a la democracia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Era poco comprensible que fuese s&aacute;bado noche en Nueva York y te quedases en casa. Pero, &iquest;c&oacute;mo ibas a perderte el cap&iacute;tulo semanal de&nbsp;&lsquo;Saturday Night Live&rsquo; (SNL)? Solo despu&eacute;s de unas buenas carcajadas, gracias al &uacute;nico programa un poco inteligente de la televisi&oacute;n, pod&iacute;as lanzarte a la incomparable noche neoyorquina. Se convirti&oacute; en habito; no de meses, ni de a&ntilde;os. &iexcl;Ha durado d&eacute;cadas! El programa ha cumplido ahora medio siglo en antena. Tantos como lleva muerto Franco. SNL era &mdash;y todav&iacute;a es&mdash; una suma de sketches humor&iacute;sticos, que tambi&eacute;n ten&iacute;a un hueco para las noticias desternillantes, el&nbsp;&lsquo;Weekend update&rsquo;.&nbsp;El presentador anunciaba una &uacute;ltima hora: &ldquo;This just in:&nbsp;General&iacute;simo Francisco&nbsp;Franco is still dead&rdquo; (&ldquo;Franco todav&iacute;a sigue muerto&rdquo;). Unos mor&iacute;an y otros nac&iacute;an. La primera emisi&oacute;n de SNL fue precisamente en 1975, el a&ntilde;o de la larga agon&iacute;a y muerte del dictador. Por eso, el sketch dedicado a la actualidad incluido en el formato de comedia recuperaba una semana si y otra tambi&eacute;n la incr&eacute;dula noticia de que Franco segu&iacute;a muriendo o segu&iacute;a muerto. Chevy Chase&nbsp;era el encargado de contarlo. Hasta all&iacute; lleg&oacute; la onda expansiva del inter&eacute;s que suscitaba Espa&ntilde;a y su futuro tras la muerte del dictador.
    </p><p class="article-text">
        Pero no todo era cosa de risa. Muerto el dictador Franco, los acuerdos sobre las bases estadounidenses, y por ello la seguridad en el Mediterr&aacute;neo y el norte de &Aacute;frica, estaban en entredicho. Desde el Pent&aacute;gono se buscaba la seguridad de que el flanco sur de la OTAN no quedase al descubierto cuando los submarinos sovi&eacute;ticos pasaran por el Estrecho con sus misiles nucleares. En 1975 estaba previsto que se renovaran los acuerdos sobre las bases, los que le hab&iacute;an salvado el cuello a Franco tras la derrota de su aliado nazi. Convertido despu&eacute;s en el mejor aliado del anticomunismo en Europa, Franco firm&oacute; el acuerdo de defensa con Truman y luego fue santificado por Eisenhower durante su visita a Madrid en 1959. Qued&oacute; para la historia la foto del abrazo, en la que aparec&iacute;a entre ambos el traductor, que no era otro que el general Vernon Walters, quien acabar&iacute;a dirigiendo la CIA en la &eacute;poca del presidente Ronald Reagan. Espa&ntilde;a siempre fue una fijaci&oacute;n para la organizaci&oacute;n.
    </p><h2 class="article-text">&iquest;Un Estado Atl&aacute;ntico?&nbsp;</h2><p class="article-text">
        Cuando los militares afines al comunismo llegaron al poder en Portugal y Espa&ntilde;a se situaba en la incertidumbre de un cambio, Estados Unidos se puso en lo peor y lleg&oacute; a pensar como soluci&oacute;n en crear un Estado Atl&aacute;ntico (unir Madeira, Azores y Canarias). No fue necesario. Ser&iacute;a el primer gobierno del rey Juan Carlos el que aplacar&iacute;a las inquietudes de Washington refrendando los acuerdos para el uso de las bases. A cambio, el rey ganaba su necesitada legitimidad internacional. Su primer gobierno, aunque presidido por el heredado Arias Navarro, incluy&oacute; en los puestos clave a hombres muy afines a los EEUU. Dos antiguos embajadores en Washington: Areilza en Exteriores y Garrigues en Justicia. Osorio, ligado a la petrolera Exxon, en Presidencia, y Villar Mir &mdash;que hab&iacute;a estado asociado a US Steel&mdash; en Industria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La Embajada americana de la calle Serrano monitorizar&iacute;a constantemente la Transici&oacute;n, redoblando su red de contactos en la Administraci&oacute;n, las empresas y entre los periodistas espa&ntilde;oles. Un testigo de excepci&oacute;n, que lo fotografi&oacute; todo, fue Robert Royal, cuyas im&aacute;genes sobre Espa&ntilde;a aparecieron habitualmente en <em>Time </em>o <em>The New York Times</em>. El norteamericano recuerda que los momentos m&aacute;s cr&iacute;ticos se vivieron con el fusilamiento de los &uacute;ltimos ajusticiados por el franquismo. Cuando la caravana de veh&iacute;culos en la que se llevaba a los que iban a ser fusilados sali&oacute; de la c&aacute;rcel de Carabanchel con destino al acuartelamiento de Hoyo de Manzanares, se les uni&oacute; un coche que no levant&oacute; sospechas. Era poco com&uacute;n que se fusilase a alguien en Europa y desde los Estados Unidos se ve&iacute;a el asunto con total perplejidad. El enviado de la revista <em>Time</em>, Gavin Scott, y el fot&oacute;grafo Bob Royal llegaron en su coche hasta la puerta del acuartelamiento de Hoyo de Manzanares. &ldquo;Nos dejaron entrar hasta un punto en el que no pudimos ver, pero si o&iacute;mos los disparos. Tuve miedo hasta para levantar la c&aacute;mara, rodeados como est&aacute;bamos de militares&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a no dej&oacute; de ser noticia desde entonces. Los fusilamientos fueron seguidos de manifestaciones cr&iacute;ticas por media Europa. Luego vino la agon&iacute;a y muerte del dictador. Y la puesta en escena del sucesor.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Juan Carlos era una nueva imagen perseguida. Atentados y progresos democr&aacute;ticos se alternaban en una sucesi&oacute;n que manten&iacute;a a la poblaci&oacute;n perpleja y a los medios y los gobiernos occidentales con el ojo puesto en Espa&ntilde;a. Muchos de los periodistas que vinieron a cubrir el entierro de Franco se quedaron. Para el funeral se acreditaron 419 corresponsales y enviados especiales. M&aacute;s de 150 periodistas extranjeros se mantuvieron registrados en el Club Internacional de Prensa, incluidos los que escrib&iacute;an habitualmente desde Madrid. Jos&eacute; Antonio Novais para <em>Le Monde</em>, Henry Giniger para el <em>New York Times</em>, Walter Haubrich para el <em>Frankfurter Allgemeine Zeitung</em>, Harry Debelius para el <em>Times </em>de Londres, Miguel Acoca para el <em>Washington Post</em>, Manuel Lopes para la ANOP portuguesa&hellip;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los atentados de ETA, m&aacute;s los del FRAP o los GRAPO alentaron la llegada de aut&eacute;nticos reporteros de guerra con pedigr&iacute; vietnamita. Los grandes olfateadores de sangre ser&iacute;an despachados de inmediato a Madrid: James Markham y tambi&eacute;n Flora Lewis para <em>The New York Times</em>, el alem&aacute;n Henry Kamm o el antiguo jefe de la delegaci&oacute;n de Associated Press en Saig&oacute;n, Malcolm Browne&hellip; No les falt&oacute; trabajo. La calle estaba revuelta.
    </p><p class="article-text">
        Para los espa&ntilde;oles las noticias m&aacute;s cercanas llegaban a veces a trav&eacute;s de los corresponsales extranjeros. Por eso se segu&iacute;an a escondidas las emisiones de Radio France Internacional (con Ram&oacute;n Chao) o se recurr&iacute;a a Radio Pirenaica, controlada por el Partido Comunista; o incluso a la radical promao&iacute;sta Radio Tirana. La censura a&uacute;n era f&eacute;rrea y el Ministerio de (des)Informaci&oacute;n y Turismo igual expulsaba a corresponsales que censuraba y cerraba diarios o revistas, desde el diario Madrid a Triunfo o Cambio 16
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                </figure><p class="article-text">
        <em><strong>Las dudas del &ldquo;amigo&rdquo; americano</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Time dedic&oacute; varias portadas a la Transici&oacute;n. Esta de noviembre de 1975 plantea las inc&oacute;gnitas del relevo de Franco por el rey Juan Carlos. En otra de junio de 1977, con una caricatura de Su&aacute;rez, se celebraba el triunfo de la democracia. </em>
    </p><h2 class="article-text">La bendici&oacute;n de Washington</h2><p class="article-text">
        El primer s&iacute;ntoma de alivio en las canciller&iacute;as sobre la estabilidad post Franco llegar&iacute;a con el viaje del ya rey Juan Carlos a Washington, preparado minuciosamente por Areilza con la Embajada norteamericana en Madrid de Wells&nbsp;Stabler.&nbsp;El 24 de enero del 76 (apenas dos meses tras la muerte del dictador) Henry Kissinger y Areilza firmaron el nuevo Tratado de Amistad y Cooperaci&oacute;n entre los dos pa&iacute;ses. El 2 junio el Rey viajaba a Dominicana y a Washington. Estados Unidos dej&oacute; claro que quer&iacute;a &ldquo;mantener la estabilidad y tranquilidad internas&rdquo;. La bendici&oacute;n del entonces presidente Gerald Ford qued&oacute; clara en la reuni&oacute;n en la Casa Blanca. &ldquo;Estamos encantados de ver los progresos que est&aacute;n haciendo en Espa&ntilde;a. Somos muy favorables a su integraci&oacute;n en Europa&rdquo;. <em>The Washington Post</em> titul&oacute; &ldquo;Juan Carlos habla de compromiso democr&aacute;tico&rdquo;; The New York Times: &ldquo;Un rey para la democracia&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a, Cambio 16 ejemplific&oacute; la satisfacci&oacute;n de Juan Carlos con una caricatura del monarca &ldquo;bailando sobre los rascacielos&rdquo;. La rancia visi&oacute;n del r&eacute;gimen a&uacute;n imperante censur&oacute; el n&uacute;mero de la revista. Arias Navarro y varios ministros abogaron por un cierre prolongado, que se qued&oacute; en la retirada de ese n&uacute;mero ante las llamadas de Kissinger al ministro y hasta un editorial del <em>Washington Post</em> en favor de la revista y la libertad de expresi&oacute;n. Arias se hab&iacute;a dado con este episodio un tiro en el pie y terminar&iacute;a pag&aacute;ndolo caro al salir de la presidencia a los pocos meses.
    </p><p class="article-text">
        Mientras Washington alentaba al futuro r&eacute;gimen apoyando el liderazgo desde arriba, la Alemania de Willy Brandt decidi&oacute; seguir la estrategia de apuntalar la base social. Frente a la permisividad pol&iacute;tica americana con el r&eacute;gimen, los europeos hab&iacute;an puesto claros reparos al ingreso de Espa&ntilde;a en la OTAN y en la Comunidad Econ&oacute;mica Europea.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde la Internacional Socialista se apoy&oacute; decididamente a los partidos de oposici&oacute;n ya durante el franquismo. Un informador clave por su gran conocimiento de Espa&ntilde;a, a donde lleg&oacute; en 1969, ser&iacute;a Walter Haubrich, cuya presencia en nuestro pa&iacute;s ha sido constante hasta su fallecimiento en 2015. Su papel fue determinante para situar a los pol&iacute;ticos alemanes en referencia a Espa&ntilde;a a trav&eacute;s de sus cr&oacute;nicas publicadas por el <em>Frankfurter Allgemeine Zeitung</em>. Public&oacute; de inmediato el libro &lsquo;Los herederos de Franco. El camino de Espa&ntilde;a hacia el presente&rsquo; (1976). El partido socialdem&oacute;crata alem&aacute;n en el poder, el SDP con el canciller Helmut Schmidt a la cabeza, dio un claro apoyo y foment&oacute; el crecimiento del Partido Socialista Obrero Espa&ntilde;ol y su sindicato af&iacute;n, UGT, para favorecer la democracia y evitar el crecimiento del Partido Comunista.
    </p><h2 class="article-text">La Platajunta</h2><p class="article-text">
        Frente a la reuni&oacute;n de fuerzas antifranquistas ligadas al comunismo en la Junta democr&aacute;tica, los socialistas lideraron la Plataforma democr&aacute;tica que fue ganando fortaleza en la izquierda hasta la uni&oacute;n de igual a igual en la Platajunta.&nbsp;Las ayudas al socialismo democr&aacute;tico empezaron a llegar inicialmente desde la fundaci&oacute;n Friedrich-Ebert-Stiftung (FES) que ser&iacute;a la primera fundaci&oacute;n alemana que instal&oacute; una oficina en Espa&ntilde;a en 1976, dirigida por Dieter Koniecki. La fundaci&oacute;n socialdem&oacute;crata apoyar&iacute;a sin reservas a Felipe Gonz&aacute;lez, secretario general del PSOE, distanci&aacute;ndose de Enrique Tierno Galv&aacute;n y su Partido Socialista Popular (PSP). En el campo de las relaciones con la prensa ser&iacute;a clave la figura de la alemana Helga Soto, con apellido espa&ntilde;ol por consorte, que se ocup&oacute; de las relaciones del partido con la prensa en esta etapa de transici&oacute;n, y que finalmente ser&iacute;a destacada a la Embajada espa&ntilde;ola en Washington a finales de los a&ntilde;os 80.
    </p><h2 class="article-text">La tentaci&oacute;n no alineada</h2><p class="article-text">
        Tras la dimisi&oacute;n de Arias Navarro, el elegido contra todo pron&oacute;stico fue Adolfo Su&aacute;rez, que iniciada la Transici&oacute;n busc&oacute; afanosamente un nuevo puesto para Espa&ntilde;a en la arena internacional. M&aacute;s all&aacute; del interesado apoyo de Washington y de la v&iacute;a europe&iacute;sta promovida por Alemania, y m&aacute;s discretamente por Francia, para integrar a Madrid en Europa, el nuevo inquilino de La Moncloa lanz&oacute; otras redes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Siempre se dijo que Su&aacute;rez actuaba como un tah&uacute;r, y en el plano de las relaciones exteriores tambi&eacute;n hizo sus jugadas. Lanz&oacute; gui&ntilde;os al entonces llamado Tercer Mundo y al grupo de pa&iacute;ses No Alineados. Invit&oacute; a Arafat a La Moncloa y visit&oacute; a Fidel Castro en Cuba. Fui testigo directo del plan al ser despachado como enviado especial de Radio Nacional a Belgrado, en la Yugoslavia de Tito, para informar sobre la cumbre de Pa&iacute;ses No Alineados y la Conferencia Norte-Sur en el 77 y 78. El nuevo ministro de exteriores, Marcelino Oreja, cumplir&iacute;a adem&aacute;s con discreci&oacute;n diplom&aacute;tica la delicada y deseada misi&oacute;n de restablecer, 40 a&ntilde;os despu&eacute;s, las relaciones con M&eacute;xico, pa&iacute;s que acogi&oacute; hasta el final al gobierno republicano en el exilio.
    </p><p class="article-text">
        La prensa internacional no entendi&oacute; de primeras el nombramiento del secretario general del Movimiento, el joven Su&aacute;rez, para tomar el tim&oacute;n del cambio. Desde la muerte de Franco se hab&iacute;an mantenido las censuras y escaramuzas con los corresponsales que hab&iacute;an visto como William Robinson, de Reuters, fue expulsado; o Charles Wheeler, de la BBC, detenido. Con Manuel Fraga a los mandos de Interior, la situaci&oacute;n no mejor&oacute; del todo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En las manifestaciones de Barcelona del 76, Alexis Hintz, de United Press International (UPI), fue zarandeado y su equipo de grabaci&oacute;n afectado. Durante el primer Aberri Eguna en 1977 tambi&eacute;n fue herido en Vitoria Gordon Martin, de la BBC. La legi&oacute;n de enviados especiales hab&iacute;an olido sangre en Espa&ntilde;a y la sangre lleg&oacute;, aunque finalmente no fue tanta la derramada.
    </p><p class="article-text">
        Los datos recopilados por Christopher Tulloc sobre la publicaci&oacute;n en la prensa internacional de cr&oacute;nicas sobre aquella &eacute;poca demuestran el gran inter&eacute;s que suscit&oacute; ese periodo de inestabilidad. &ldquo;La mayor cobertura se la dedic&oacute; el <em>Times </em>de Londres con un total de 1.261 publicaciones a lo largo de tres a&ntilde;os, que da una media de m&aacute;s de una diaria.&nbsp;<em>The Financial Times</em> (867), <em>The Guardian</em> (816), <em>The Daily Telegraph</em> (663), <em>The New York Times</em> (641) y <em>The Washington Post</em> (388)&rdquo;. En Francia y en Italia el seguimiento fue paralelo. Las protestas callejeras, la tensi&oacute;n con los militares, los atentados, las cuestiones de orden p&uacute;blico ganaban espacio d&iacute;a a d&iacute;a a las componendas pol&iacute;ticas que se realizaban entre bastidores. Pero el an&aacute;lisis creci&oacute; en la direcci&oacute;n de que a trav&eacute;s del rey y la batuta de Su&aacute;rez la democracia era posible. La celebraci&oacute;n de las primeras elecciones era la prueba de fuego.
    </p><p class="article-text">
        Un elemento de perturbaci&oacute;n frente a la normalidad democr&aacute;tica y la homologaci&oacute;n europea que quer&iacute;a establecerse, y que era muy criticada en las cr&oacute;nicas y an&aacute;lisis de los enviados especiales, era el mantenimiento en la ilegalidad del Partido Comunista. Cuando se produjo la gran movilizaci&oacute;n en Madrid tras el asesinato de los abogados laboralistas de Atocha por la extrema derecha, el nuevo r&eacute;gimen entendi&oacute; que ya no hab&iacute;a otra opci&oacute;n. Los medios p&uacute;blicos RNE y TVE evitaron la cobertura prohibiendo a sus redactores, c&aacute;maras y micr&oacute;fonos estar presentes, aunque algunos desoyeron el mandato. Como siempre ser&iacute;an las c&aacute;maras de la alemana ARD las que servir&iacute;an de testigos hist&oacute;ricos de estos hechos. Apenas tres meses despu&eacute;s llegar&iacute;a la legalizaci&oacute;n del PCE. Alejo Garc&iacute;a se encarg&oacute; de dar la noticia en RNE con voz entrecortada. Y no fue por la emoci&oacute;n, sino porque hab&iacute;a que subir las escaleras al segundo piso desde la redacci&oacute;n a los estudios de emisi&oacute;n y se qued&oacute; sin aire por el esfuerzo.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">El carisma de Santiago Carrillo</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Carrillo era el personaje m&aacute;s interesante. Contaba tan buenas historias que te cautivaba&rdquo;, recuerda Robert Royal. El l&iacute;der comunista, que entr&oacute; clandestinamente en Espa&ntilde;a, avis&oacute; bajo cuerda a Su&aacute;rez de que si no le daban permiso de circulaci&oacute;n montar&iacute;a una rueda de prensa arropado por grandes periodistas como Oriana Fallaci, Marcel Niedergang de <em>Le Monde</em> y otros corresponsales. Paul Preston considera que &ldquo;los corresponsales fueron una fuerza instrumental para acelerar el proceso democr&aacute;tico en la Transici&oacute;n&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La Junta Democr&aacute;tica se present&oacute; en las oficinas de Walter Haubrich del Frankfurter. Tambi&eacute;n el Club Internacional de Prensa se mostr&oacute; muy activo en la organizaci&oacute;n de reuniones entre periodistas espa&ntilde;oles y extranjeros y con los pol&iacute;ticos que ser&iacute;an relevantes en este periodo de cambio. Llegaron el refer&eacute;ndum, las primeras elecciones, la victoria del centro de &ldquo;la libertad sin ira&rdquo; y al final el triunfo del PSOE de Felipe. Los corresponsales extranjeros ve&iacute;an a una Espa&ntilde;a cada vez m&aacute;s democr&aacute;tica y normalizada, y empezaron a cerrar sus oficinas. No hab&iacute;an visto tanta sangre, pero s&iacute; un proceso de creciente civismo, normalidad y modernizaci&oacute;n. Los abrazos de concordia hab&iacute;an ganado a las balas. Espa&ntilde;a ya hab&iacute;a dejado de ser noticia. Saturday Night Life pod&iacute;a seguir diciendo aquello de que &ldquo;Generalisimo Franco is still dead&rdquo; (El General&iacute;simo sigue muerto).
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín-Domínguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/mirada-transicion-extranjero-olieron-sangre-encontraron-abrazos_1_12769725.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Nov 2025 21:21:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La mirada a la Transición desde el extranjero: “Olieron sangre, pero encontraron abrazos”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Franquismo,Transición española,Francisco Franco,Felipe González]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El 'último' concierto de los Rolling Stones: la eternidad era esto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/ultimo-concierto-rolling-stones-eternidad_129_9046919.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1debbaee-1499-4f9f-b739-0c20dbcf4f85_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El &#039;último&#039; concierto de los Rolling Stones: la eternidad era esto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En 1990, el excorresponsal de TVE Javier Martín-Domínguez grabó un reportaje con acceso privilegiado al grupo y a la realización visual de la gira 'Steel Wheels' en Barcelona, más de treinta años después se reencuentra con el show de las satánicas majestades en Madrid</p><p class="subtitle">Sacarse una foto prohibida solo es 'rock and roll' si lo hace Mick Jagger</p></div><p class="article-text">
        Ser inmortal es ser una piedra rodante. Seguir en el camino, dando vueltas, de gira eterna. En eso consiste: en ser movimiento permanente. Memoria activada. Hay quien piensa que puedes permanecer vivo gracias a economizar: sentado en una silla con respiraci&oacute;n asistida. La receta del jarabe para la eternidad no era esa. Lo sabe Mick Jagger, lo sabe Keith Richards, tambien Ron Wood. Hasta Charlie Watts, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/muere-80-anos-bateria-rolling-stones-charlie-watts_1_8243588.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">que se ha marchado</a>, pero es el primero en presentarse en la fiesta de las pantallas y el rock, lo sab&iacute;a. Si te mueves &mdash;mil giras nos contemplan&mdash; no te acabas.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; empez&oacute; el pen&uacute;ltimo circo rodante de sus majestades The Rolling Stones. Con agigantado homenaje digital, viviente, para el bater&iacute;a de jazz que hizo m&aacute;s grande al rock. Se ha ido Charlie para certificar que el resto de la troupe (no olvidemos a Brion Gysin y sus a&ntilde;os tangerinos) sigue viva, coleando, y atrayendo. 
    </p><p class="article-text">
        El rock ambulante inicia su marcha en Madrid. &iquest;D&oacute;nde si no? Este es el terreno m&aacute;s f&eacute;rtil para los amantes del concierto en vivo y en masas. Entusiasmo a raudales. No hay en toda Europa plaza igual. Ni en el mundo mundial. Lo saben los Stones, tras el aguacero en el Calder&oacute;n, tras los conciertos de pr&oacute;logo al 92&hellip; y siempre. Ya se han recorrido &mdash;y yo con ellos&mdash; los tres estadios de Madrid. Calder&oacute;n, Bernab&eacute;u y Wanda. Coliseos megael&eacute;ctricos, donde el rock se hace due&ntilde;o de las almas en vilo. Si empiezas con &eacute;xito, la publicidad de la gira ya sale gratis. Madrid lo garantiza.
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                Sesenta y sigue sumando: The Rolling Stones ratifican en Madrid su eternidad                            </span>
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        Recordado a Charlie Watts, puso Madrid en sus labios Mick Jagger, que <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/ataque-grises-alfombra-roja-rolling-stones-vuelven-espana_1_9038723.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se ha paseado con los suyos por el Retiro con el &Aacute;ngel Ca&iacute;do</a> (gui&ntilde;o a sus sat&aacute;nicas&hellip;), por el flamenco (con fusi&oacute;n <em>stoneada</em>) y <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/foto-prohibida-guernica-mick-jagger-reina-sofia_1_9043470.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ante el </a><a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/foto-prohibida-guernica-mick-jagger-reina-sofia_1_9043470.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Guernica</em></a><em> </em>(tan ic&oacute;nico como su lengua). Atr&aacute;s qued&oacute; la Barcelona pre 92, cuando en 1990 acariciaron el <em>Cobi </em>de Mariscal, se fotografiaron con Maragall (tambien con Felipe en Moncloa) y <a href="https://youtu.be/NyfUNOrgXik" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">grabamos en el estadio Ol&iacute;mpico en exclusiva su gira </a><a href="https://youtu.be/NyfUNOrgXik" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>Steel Wheels</em></a>. Tuve el placer y la gran ilusi&oacute;n de trabajar con ellos, y acompa&ntilde;ar a Gavin Taylor en la realizaci&oacute;n del concierto; mientras el rock atronaba, en la unidad m&oacute;vil reinaba el silencio y hac&iacute;a las mezclas de imagen con la suavidad de un maestro al teclado. 
    </p><h3 class="article-text">Un macroconcierto desde dentro</h3><p class="article-text">
        En esa producci&oacute;n aprend&iacute; que un tour que convoca cada noche a 50 o 60 mil fieles en 15 ciudades seguidas no se improvisa nada. Hab&iacute;a tres sets previstos en tres localizaciones distintas. Obreros del andamio, t&eacute;cnicos de sonido y luces. Y maestros del dise&ntilde;o digital, de la puesta en escena y del vestuario (cuidaba su ropa la que posteriormente fue pareja de Jagger, L'Wren Scott, fallecida en 2014). Proyectar glamur, colores superbrillantes para los grandes sets. Forma, tono y referentes hist&oacute;ricos. Cambios de escena y cambios de <em>look</em>&hellip; Nada se improvisa. Todo para los ojos de los miles de asistentes.
    </p><p class="article-text">
        Mick Jagger sale a un escenario gigantesco que en lugar de aplastarlo le permite lucirse. Viste de rojo y negro. Como un torero gal&aacute;ctico. Su chaquetilla ya prende la atenci&oacute;n de la masa, m&oacute;vil refulgente en mano. Luego vendr&aacute; su camisa alada con motivos sicod&eacute;licos. M&aacute;s tarde, un perfil todo negro, el bailar&iacute;n en mallas, contone&aacute;ndose hasta&hellip; &iquest;la extenuaci&oacute;n? No, Mick no se cansa nunca ni a los ochenta a&ntilde;os (&iexcl;uy, el pecado de contar la edad!). Ese puntito sobre el escenario nunca se pierde de vista. Siempre se hace notar. O eso deben conseguir los directores de escena (recuerdo al genial doctor en dramaturgia por la Universidad de Nueva York), el dise&ntilde;ador de luces y gr&aacute;ficos o del vestuario. No hay fallos visuales. El efecto siempre lo consiguen.
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                    alt="Los guitarristas de The Rolling Stones, Keith Richards (d) y Ronnie Wood (c), durante el concierto de este miércoles en el estadio Wanda Metropolitano, en Madrid. EFE/JuanJo Martín"
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            <span class="title">
                Los guitarristas de The Rolling Stones, Keith Richards (d) y Ronnie Wood (c), durante el concierto de este miércoles en el estadio Wanda Metropolitano, en Madrid. EFE/JuanJo Martín                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Hay menos artificio en este &uacute;ltimo &mdash;por ahora&mdash; escenario de gran volumen y triple pantalla. Se ha ganado tanto en la definici&oacute;n de la imagen digital proyectada que, con su aderezo de dise&ntilde;o gr&aacute;fico, se ha convertido en la receta triunfante. Cada canci&oacute;n en vivo debe ser alimentada por un videoclip en paralelo. Var&iacute;an los motivos: un Nueva York en blanco y negro, las calles de Chelsea, la chica con morritos rosados, textos, l&iacute;neas de color&hellip; fantas&iacute;as de la era digital al servicio del rock. Hay menos fuegos artificiales &mdash;que en tiempos incluso abr&iacute;an el show como gran sorpresa&mdash;, menos elementos hinchables o telas m&oacute;viles en el escenario. Sigue, eso s&iacute;, la gran pasarela. Por la que, en un momento m&aacute;gico, Mick y los dos Stones del momento se pasean elevados entre el p&uacute;blico, para mostrar que son tan de carne y hueso como inmortales. Verlos, palparlos, so&ntilde;arlos&hellip; otra vez.
    </p><h3 class="article-text">Abuelos en las gradas</h3><p class="article-text">
        Los Stones siempre ofrecen lo mismo y hasta se versionan. Ahora con una cadencia m&aacute;s mel&oacute;dica, un poco m&aacute;s suave... &iquest;para que Jagger aguante? Sigue contone&aacute;ndose como nadie, y su voz aguanta y muy bien el show de dos horas. Consiguen sus canciones poner a tope el motor de los bailables sin hacer pop facil&oacute;n ni reguet&oacute;n. Rock de verdad para desequilibrar cualquier cadera.
    </p><p class="article-text">
        Te sacan su larga lengua ellos, y t&uacute; lo saboreas. A pesar de la edad. Hay una legi&oacute;n de abuelos en las gradas. Algunos meros <em>voyeurs </em>de la nostalgia, aguantando el sill&oacute;n y las ganas de ir al ba&ntilde;o. Otros dispuestos a darlo todo bajo las canas. Hay abuelos y nietos. Este circo de los Sones es transversal, intemporal y gal&aacute;ctico. Tema a tema el p&uacute;blico se calienta, y se produce la comuni&oacute;n, la entrega esperada. La legi&oacute;n de zombis ha entrado en trance, y ya no lo deja. Hasta el final, hasta los bises, hasta el metro de vuelta. 
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            <span class="title">
                Concierto de The Rolling Stones en Madrid                            </span>
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        Contagiados de la fiebre roquera por los grandes sacerdotes del invento, ya han probado que la eternidad era esto. Un estado de felicidad musical vestido de colores brillantes, bailando bajo el anillo gal&aacute;ctico que abre el Wanda a la noche c&aacute;lida de Madrid. Lo mismo de siempre y siempre diferente. Como la vida misma que se repite y nunca acaba. Hemos venido a comprobar (&iexcl;gente de poca fe! ) que los Sones estaban vivos. Vaya si lo est&aacute;n. Y adem&aacute;s imparables. Mick, incapaz de estarse quieto. Keith puntea como nadie. Ronnie sigue con su cara espectral pegado a una guitarra. Cumpli&oacute; en la noche los 75 y se llev&oacute; un cumplea&ntilde;os feliz a la madrile&ntilde;a, ejecutado por un coro de cuarenta y cinco mil voces, mientras sub&iacute;a hasta el cielo una tarta de confeti m&aacute;s alta que el estadio. M&aacute;s la gran troupe de saxos, teclados, coros y todo lo necesario para elevar la m&uacute;sica al estado de gran felicidad.
    </p><h3 class="article-text">Lo mismo y m&aacute;s</h3><p class="article-text">
        Cuando trabaj&eacute; para la banda en el 90, el show se abr&iacute;a con el <em>Start me up</em> (&ldquo;<em>I&acute;ll never stop if you start me up</em>&hellip;&rdquo;, dice la canci&oacute;n), y desde el primer minuto las masas entraban en proceso de aceleraci&oacute;n. Ahora el ritmo va<em> in crescendo</em> hasta llegar a los cl&aacute;sicos del grupo. El <em>Honky Tonk Woman, Jumpin' Jack Flash</em> <em>(&ldquo;I was born in a cross-fire hurricane&hellip;&rdquo;) </em>y el resto de sus m&iacute;ticos temas. La noche se va ti&ntilde;endo de rojo, entrando por fin en el infierno prometido, aromas de plantas calientan el aire del Metropolitano, las piernas ya no se est&aacute;n quietas, todo gira. Metidos en el l&iacute;o infernal del mejor rock, el m&aacute;s cl&aacute;sico y el m&aacute;s ardiente. El m&eacute;dium ha logrado su prop&oacute;sito. La receta est&aacute; servida. Lo mismo de siempre, y algo m&aacute;s. La masa de fieles entra en trance. Y quiere m&aacute;s y m&aacute;s. Quiere compartir la eternidad y Mick les concede el anhelado sue&ntilde;o. 
    </p><p class="article-text">
        Si un d&iacute;a mueren los Rolling Stones &mdash;lo que no deja de ser un mero argumento ret&oacute;rico&mdash;, no tem&aacute;is: Mick Jagger (78 a&ntilde;os) seguir&aacute; bailando sobre su tumba. Y los convidados del rock volveremos para verlo. No hay final.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín-Domínguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/ultimo-concierto-rolling-stones-eternidad_129_9046919.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 02 Jun 2022 11:56:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El 'último' concierto de los Rolling Stones: la eternidad era esto]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[The Rolling Stones]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[50 años de la apertura china: la visita de Nixon a Mao que cambió el mundo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/50-anos-apertura-china-visita-nixon-mao-cambio-mundo_1_8739480.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5a87813a-9e40-490f-a33f-df451795f271_16-9-discover-aspect-ratio_default_1040712.jpg" width="1024" height="576" alt="50 años de la apertura china: la visita de Nixon a Mao que cambió el mundo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este febrero marca el aniversario de una reunión fraguada en secreto que ha marcado el camino de la política internacional hasta la actualidad</p><p class="subtitle">Reunión de Putin y Xi: Rusia busca el apoyo de China en plena crisis con Occidente</p></div><p class="article-text">
        Aunque sea recordado por su deshonrosa salida de la Casa Blanca, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/nixon-invito-johnny-cash-blanca_1_1848923.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Richard Nixon</a> marc&oacute; otro hito fundamental cuya influencia fue mucho m&aacute;s perdurable a ojos del mundo actual. Fue su viaje a la China de Mao, hasta entonces cerrada a Occidente, con el que se inici&oacute; un proceso cuyas consecuencias, entonces imprevisibles, son ahora claras y palpables.
    </p><p class="article-text">
        Era la &uacute;ltima semana de&nbsp;febrero de 1972, con el fr&iacute;o habitual en las calles de <a href="https://www.eldiario.es/temas/pekin/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pek&iacute;n</a>, cuando la comitiva estadounidense se dispon&iacute;a a saltar el cerrojo con el que se hab&iacute;a autoconfinado el r&eacute;gimen comunista, que languidec&iacute;a entre tensiones pol&iacute;ticas internas, graves problemas econ&oacute;micos y un deseo de recomponer su posici&oacute;n estrat&eacute;gica frente a la <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/censura-urss-radiografias-bone-music_1_8136204.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica</a>, a la que ve&iacute;an como una creciente amenaza.
    </p><p class="article-text">
        El gur&uacute; de las relaciones internacionales del momento,&nbsp;<a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/kissinger-eeuu-matanzas-dictadura-argentina_1_4698624.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Henry Kissinger</a>,&nbsp;estaba a punto de consolidar la jugada maestra de su carrera como principal asesor presidencial en pol&iacute;tica exterior: asaltar la muralla China. Este movimiento ins&oacute;lito sobre el tablero de ajedrez mundial estuvo precedido de maniobras secretas y problemas ocultos dignos de una de las mejores novelas de espionaje. Un pr&oacute;logo a la altura de las consecuencias que comportar&iacute;a el in&eacute;dito encuentro&nbsp;Mao-Nixon,&nbsp;cuyos ecos llegan hasta hoy en d&iacute;a, cuando <a href="https://www.eldiario.es/internacional/cinco-grandes-potencias-nucleares-juegan-despiste_129_8634013.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el mundo se asoma a otra recomposici&oacute;n</a> de las relaciones entre superpotencias.
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            <span class="title">
                El Air Force One aterrizando en Pekín el 21 de febrero de 1972.                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Todo comenz&oacute; con una falsa indisposici&oacute;n del h&aacute;bil Kissinger durante una visita a Pakist&aacute;n. Era el primer acto de la denominada&nbsp;Operaci&oacute;n Marco Polo. Kissinger no viaj&oacute; a una residencia privada para recuperarse como anunciaron las autoridades pakistan&iacute;es, sino que se traslad&oacute; de madrugada al aeropuerto de autoridades en las afueras de Islamabad y vol&oacute; en secreto a Pek&iacute;n para reunirse con la mano derecha de Mao, Zhou Enlai.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Previamente se hab&iacute;a dado un paso deportivo, que tiene ahora su eco en <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/esqui-costa-tiempos-crisis-climatica-nieve-juegos-olimpicos-pekin-artificial_1_8717466.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las magnas celebraciones ol&iacute;mpicas</a> de las que la nueva China es destacado anfitri&oacute;n. Se invit&oacute; a China a los jugadores norteamericanos de ping-pong tras un intercambio de buenos gestos entre atletas de los dos pa&iacute;ses cuando participaban en un encuentro en la ciudad japonesa de Nagoya. Este primer paso se deb&iacute;a a iniciativa del r&eacute;gimen chino, que realmente buscaba a la desesperada una apertura al exterior.
    </p><p class="article-text">
        El coctel de problemas que se suced&iacute;an en el tramo final del mao&iacute;smo no paraba de crecer y de agitarse, empezando por la precaria salud del Gran Timonel. La econom&iacute;a estaba bajo m&iacute;nimos, con tr&aacute;gicas hambrunas en algunas zonas del vasto pa&iacute;s. La &ldquo;revoluci&oacute;n cultural&rdquo; lanzada como maniobra de distracci&oacute;n por la esposa de Mao hab&iacute;a generado persecuciones y muertes entre altos l&iacute;deres pol&iacute;ticos, incrementando la disidencia y el descontento.
    </p><p class="article-text">
        Los delfines del poder hab&iacute;an sido apartados:&nbsp;Li Biao&nbsp;hab&iacute;a muerto en un sospechoso accidente a&eacute;reo (al parecer provocado) y&nbsp;Deng Xiaoping&nbsp;fue enviado a un campo de trabajo forzado. El hombre que controlaba la situaci&oacute;n era Zhou Enlai, que buscaba una salida a un colapso del sistema sabiendo que la salud de Mao era cada vez m&aacute;s fr&aacute;gil. Su entendimiento con Kissinger le permit&iacute;a vislumbrar un futuro diferente.
    </p><h3 class="article-text">La enfermedad secreta de Mao</h3><p class="article-text">
        Los disgustos pol&iacute;ticos hab&iacute;an alterado seriamente al l&iacute;der de la revoluci&oacute;n popular china por su implicaci&oacute;n directa en la denuncia de &ldquo;los contrarrevolucionarios de Lin Biao&rdquo;. Justo tras la muerte de &eacute;ste, en el oto&ntilde;o del 71, Mao sufre un colapso serio, tras otro episodio similar en la primavera anterior. Se le diagnostica una neumon&iacute;a doble. Otro esfuerzo en el mes de enero provoca una reca&iacute;da fatal: su enfermera se lo encuentra sin conocimiento y sin pulso. Su final se presagiaba muy pr&oacute;ximo.
    </p><p class="article-text">
        Kissinger y Zhou Enlai hab&iacute;an trabajado los pormenores de la visita del presidente americano a Pek&iacute;n, colocando en la agenda un breve encuentro protocolario para la foto que ser&iacute;a la guinda del viaje. Mao hab&iacute;a jaleado en su momento el gesto de los jugadores de ping-pong y estaba dispuesto a abrirse a la mano tendida de <a href="https://www.eldiario.es/temas/estados-unidos/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Estados Unidos</a>, ante el creciente temor a una invasi&oacute;n o acci&oacute;n militar hostil por parte de los sovi&eacute;ticos. 
    </p><p class="article-text">
        Los EEUU de Nixon estaban <a href="https://www.eldiario.es/internacional/huida-estadounidense-envalentona-taliban-agita-fantasma-vietnam_129_8206114.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">enfangados en Vietnam</a> y buscaban un compromiso chino para que no ocupase de inmediato su puesto de privilegio en el sudeste asi&aacute;tico. Pero, m&aacute;s all&aacute; de los efectos inmediatos, ambas partes intu&iacute;an que pod&iacute;a mejorarse la situaci&oacute;n internacional &ndash;desarrollo comercial y econ&oacute;mico incluido&ndash; si se sal&iacute;an de su visceral guion pol&iacute;tico hasta la fecha: el anticomunismo de Nixon <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/alegorias-brujas-oeste-ciencia-ficcion_1_2942624.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">con el que fustigaban a sus propios oponentes internos</a> y el anticapitalismo de libro que practicaba el r&eacute;gimen chino desde su acceso al poder. Para ambos, un gran aliciente era descolocar a Mosc&uacute; y las ansias de dominio de corte estalinista.&nbsp;
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                El presidente estadounidense Nixon estrecha la mano del primer ministro chino Zhou Enlai en Pekín.                            </span>
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        China vio con desconfianza las maniobras sovi&eacute;ticas para enzarzarlos en la Guerra de Corea frente a Estados Unidos y sospechaba de posibles conquistas territoriales por parte rusa. La distancia de los dos reg&iacute;menes comunistas se hab&iacute;a acentuado y ahora se buscaba la foto &ndash;y algo m&aacute;s&ndash; con el enemigo de mi enemigo. 
    </p><p class="article-text">
        Zhou Enlai, con su pasado de actor en su &eacute;poca de estudiante en la universidad de Nankai, fundada por los estadounidenses, sab&iacute;a de la importancia de los gestos. Sin duda, tambi&eacute;n era consciente, a pesar de ser el mayor intrigante para defender a los mao&iacute;stas, de que el r&eacute;gimen estaba desmoron&aacute;ndose y hab&iacute;a que encontrar una salida. Quiz&aacute;s venga de ah&iacute; la simiente que luego regar&iacute;a el entonces defenestrado Deng Xiaoping para abrir China no ya a los estadounidenses, sino a las f&oacute;rmulas econ&oacute;micas capitalistas para dinamizar un desarrollo econ&oacute;mico que sacase al gigante asi&aacute;tico de su letargo y su miseria.
    </p><p class="article-text">
        Hechas las gestiones y cuadrado el calendario, el Air Force One aterriz&oacute; en un fr&iacute;o d&iacute;a de febrero en el aeropuerto de Pek&iacute;n.&nbsp;Richard y Pat Nixon, con Kissinger de escolta, se dispon&iacute;an a reescribir la historia del mundo contempor&aacute;neo. Atravesaron en su limusina las calles de la capital obligadamente vac&iacute;as &ndash;por las que habitualmente solo rodaban bicicletas y muy pocos coches&ndash; para instalarse en los aposentos del palacio Diayoutai, cercano al lago de pesca de los emperadores. Lo que desconoc&iacute;an en ese momento es que su reuni&oacute;n al m&aacute;s alto nivel estaba absolutamente en peligro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mao segu&iacute;a en cama y ni siquiera hab&iacute;a podido incorporarse en los d&iacute;as previos para que se le hiciese un nuevo traje a medida ante su aumento de peso. Sus pies se hab&iacute;an hinchado por los problemas de circulaci&oacute;n y no hab&iacute;a zapatos acordes con su anchura. Pero, sobre todo, su debilidad hacia muy improbable que pudiera mantener una conversaci&oacute;n coherente con el l&iacute;der norteamericano. Mao hab&iacute;a pasado semanas lejos de Pek&iacute;n, en el sur del pa&iacute;s, para evitar los fr&iacute;os y tratar de recuperar su maltrecha salud.
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                El presidente Nixon y el primer ministro Zhou Enlai brindan en una cena de estado en Pekín, el 25 de febrero de 1972.                            </span>
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                </figure><h3 class="article-text">Una fecha para la historia</h3><p class="article-text">
        Era el 21 de febrero de 1972. Despu&eacute;s de comer, Mao dijo que no se echar&iacute;a su siesta habitual, y con un claro tono nervioso avis&oacute; que quer&iacute;a ver a Nixon ya, de inmediato. Llamar&oacute;n al barbero para mejorar su imagen tras d&iacute;as sin afeitarse ni arreglarse el pelo. Mientras, Zhou Enlai se traslad&oacute; al palacio de los invitados y alert&oacute; a Kissinger de que Mao estaba dispuesto a recibir a Nixon. Sus deseos fueron cumplidos y, sin tiempo que perder, la comitiva se traslad&oacute; de inmediato a la residencia privada de Mao.
    </p><p class="article-text">
        Record&oacute; Nixon en sus memorias que Mao Zedong le recibi&oacute; de pie y cuando le extendi&oacute; la mano para saludarle, Mao la cogi&oacute; entre las suyas durante un minuto, y le dijo: &ldquo;Lo siento, pero no puedo hablar muy bien&rdquo;.&nbsp;Pero lo cierto es que s&iacute; hubo conversaci&oacute;n. Mao super&oacute; la falta de energ&iacute;a cr&oacute;nica que sufr&iacute;a por su insuficiencia card&iacute;aca, renal y respiratoria y estuvo a la altura de su posici&oacute;n y de las circunstancias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n la reconstrucci&oacute;n que consigui&oacute; hacer del encuentro el periodista&nbsp;<a href="https://www.britannica.com/biography/Harrison-E-Salisbury" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">Harrison E. Salisbury</a>, Mao enseguida sac&oacute; a colaci&oacute;n <a href="https://www.eldiario.es/economia/ue-lleva-china-omc-practicas-comerciales-discriminatorias-lituania-taiwan_1_8692426.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la cuesti&oacute;n de Taiw&aacute;n</a>, que hoy sigue estando entre las grandes prioridades en los discursos p&uacute;blicos de los lideres actuales. &ldquo;Nuestro com&uacute;n viejo amigo&nbsp;Chang Kaishek&nbsp;[el l&iacute;der de los nacionalistas exiliado en la isla] no aprobar&iacute;a este encuentro entre nosotros. &Eacute;l nos considera bandidos comunistas&rdquo;. &ldquo;&iquest;Y usted como le llama?&rdquo;, pregunt&oacute; de inmediato Nixon. Mao le respondi&oacute; que les llamaban la banda de Chiang Kaishek y que &ldquo;los peri&oacute;dicos a veces le tachaban de ser un&nbsp;<em>bandido</em>, como &eacute;l a nosotros. Nos insultamos mutuamente&rdquo;.
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                Richard Nixon dándose la mano con Mao Zedong en la residencia del líder chino, el 29 de febrero de 1972.                            </span>
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        Aunque su enfermera permaneci&oacute; a su lado durante el encuentro, Mao demostr&oacute; estar en control y curiosamente este fue el primer tema sobre la mesa: la reunificaci&oacute;n de China, que quedar&iacute;a ambiguamente tratada en el comunicado final, pero que abrir&iacute;a las puertas a que la Republica Popular ocupase su sitio en el Consejo de Seguridad de las <a href="https://www.eldiario.es/temas/onu/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Naciones Unidas</a>. En ese comunicado, Kissinger acept&oacute; que figurase la frase de que Estados Unidos reconoce que &ldquo;todos los chinos est&aacute;n de acuerdo en que Taiw&aacute;n es parte de China&rdquo;.&nbsp;Una frase suficientemente amplia y ambigua, a&uacute;n hoy interpretable, pero que deja abierto ese flanco en el juego de estrategias que estos d&iacute;as hacen temblar al mundo.
    </p><p class="article-text">
        El encuentro, que estuvo a punto de no celebrase, no fue finalmente una mera reuni&oacute;n protocolaria para la foto que publicar&iacute;an los medios de todo el mundo: Nixon y Mao juntos, con un leve protagonismo para las tradicionales bacinillas para escupir colocadas a los pies de los sillones. La reuni&oacute;n al m&aacute;s alto nivel se prolong&oacute; durante una hora y Mao lleg&oacute; a decirle a Nixon que hab&iacute;a votado para que saliese reelegido como presidente de Estados Unidos. &ldquo;Me gustan los l&iacute;deres m&aacute;s de derechas&rdquo;, lleg&oacute; a decir Mao, apuntando tambi&eacute;n en su lista al primer ministro brit&aacute;nico de entonces, Edward Heath.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mao ya ten&iacute;a claro que China andaba muy necesitada de &ldquo;Occidente&rdquo; para salir de su marasmo. Hab&iacute;a que cumplir con el relato previsto y hacer del in&eacute;dito encuentro un &eacute;xito. Finalmente, el l&iacute;der chino se levant&oacute; y acompa&ntilde;&oacute; a los visitantes a la puerta, no m&aacute;s all&aacute;.&nbsp;Su fiel Zhou Enlai insisti&oacute; en que le disculpasen porque hab&iacute;a sufrido &ldquo;una bronquitis&rdquo;, bajo la que enmascar&oacute; los graves problemas m&eacute;dicos del Gran Timonel. Nixon le dijo que ten&iacute;a muy buen aspecto. Y Mao respondi&oacute; con una frase que no era realmente un mero cumplido: &ldquo;Las apariencias enga&ntilde;an&rdquo;.
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                Richard Nixon y Zhou Enlai hablando en un banquete en el Gran Salón del Pueblo                            </span>
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        El mundo &ndash;sin permiso de los sovi&eacute;ticos&ndash; hab&iacute;a entrado en otra fase. Cuatro a&ntilde;os despu&eacute;s, mor&iacute;a Mao. El represaliado Deng tomar&iacute;a no mucho tiempo despu&eacute;s las riendas del &ldquo;Imperio del centro&rdquo; y China abrir&iacute;a sus puertas a las reglas del mercado. La matanza de Tiananm&eacute;n ralentizar&iacute;a las reformas y bloquear&iacute;a cualquier atisbo de sistema democr&aacute;tico, pero la nueva China crecer&iacute;a ya de forma imparable con una reforma a fondo de su econom&iacute;a basada en una alianza econ&oacute;mica con empresas estadounidenses. Una alianza <a href="https://www.eldiario.es/internacional/significa-nueva-alianza-eeuu-reino-unido-australia-frente-china_129_8313459.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha empezado a resquebrajarse. </a>
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Estamos ante otro cambio de la din&aacute;mica mundial como el inaugurado en aquel d&iacute;a de febrero hace medio siglo?&nbsp;&iquest;Se sumar&aacute; Pek&iacute;n a las estrategias de confrontaci&oacute;n m&aacute;s recientes de Putin o veremos nuevos episodios que recompongan el tablero de ajedrez mundial?&nbsp;&nbsp;Hace medio siglo, China criticaba abiertamente una invasi&oacute;n sovi&eacute;tica <a href="https://www.eldiario.es/politica/praga-sovietico-traslada-museo-memoria_1_1217718.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como la de Praga</a>, y desde entonces se acrecent&oacute; el temor a los movimientos militares sovi&eacute;ticos. Ahora, y m&aacute;s all&aacute; <a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/reunion-putin-xi-rusia-busca-apoyo-china-plena-crisis-occidente_129_8719750.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">del reciente encuentro entre Putin y Xi Jinping</a> con motivo de la inauguraci&oacute;n de los Juegos Ol&iacute;mpicos de Invierno, el temor chino a las veleidades militares rusas puede permanecer m&aacute;s arraigado de lo que una alianza entre reg&iacute;menes comunistas parece indicar.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">Personajes de &oacute;pera</h3><p class="article-text">
        Igual que el Nixon del Watergate pas&oacute; a la historia por algo diferente a este gran paso internacional, y Mao abri&oacute; una puerta que siempre dijo que no abrir&iacute;a, hay que estar atentos a nuevas sorpresas en las t&aacute;cticas o en las estrategias de las ahora tres superpotencias, con pies no tan de barro como entonces. M&aacute;s all&aacute; de su desgracia pol&iacute;tica, el hombre que tuvo que abandonar la Casa Blanca por la puerta de atr&aacute;s tambi&eacute;n fue recompensado en la historia por la que quiz&aacute; sea la &uacute;nica &oacute;pera dedicada a un presidente americano, basada en el paso hist&oacute;rico relatado y titulada 'Nixon en China'.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Richard y Pat Nixon en la Gran Muralla, acompañados de diplomáticos chinos.                            </span>
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        Durante el hist&oacute;rico viaje, los Nixon fueron acompa&ntilde;ados por la esposa de Mao,&nbsp;Jiang Qing&nbsp;(que lanz&oacute; la represiva&nbsp;'revoluci&oacute;n cultural'), a la &Oacute;pera de Pek&iacute;n para presenciar la obra de corte ultracomunista titulada &ldquo;El Destacamento Rojo de mujeres&rdquo;, que la pareja norteamericana disfrut&oacute; y as&iacute; se lo hizo saber a la l&iacute;der de la Banda de los Cuatro. 
    </p><p class="article-text">
        La furibunda antiestadounidense Qing insisti&oacute; en pedirles que le dijeran qu&eacute; mejoras o cr&iacute;ticas ten&iacute;an; pero le contestaron que ninguna, que sinceramente les hab&iacute;a encantado. No sab&iacute;an entonces los ilustres visitantes de la China Roja que sus nombres ser&iacute;an aupados a <a href="https://www.youtube.com/watch?v=5Tv3hrZmcEk" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">otro tipo de &oacute;pera</a>, una en tres actos, obra del compositor John Adams, con libreto de Alice Goodman, estrenada en la Grand Opera de Houston en 1987 y dirigida por Peter Sellarse.&nbsp;
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-youtube ratio">
    
                    
                            
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        Considerada una obra menor en el estreno y que pasar&iacute;a casi inadvertida, hoy se encuadra entre las grandes aportaciones estadounidenses al arte oper&iacute;stico y se alaba su musicalidad emparentada con el minimalismo sinf&oacute;nico.&nbsp;Nixon gan&oacute; pues algunas batallas despu&eacute;s de su estruendosa muerte pol&iacute;tica, tanto en la &oacute;pera como en el m&aacute;s apabullante escenario de la Ciudad Prohibida de Pek&iacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        La historia sigue escribi&eacute;ndose. Ahora <a href="https://www.eldiario.es/internacional/theguardian/ano-mandato-joe-biden-presidentes-impopulares_1_8667864.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Biden</a> y Xi Jinping tienen la palabra, con permiso de Putin y <a href="https://www.eldiario.es/rastreador/bernie-sanders-memes-mesa-reunion-putin-macron_132_8727574.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">su fara&oacute;nica mesa de dialogo</a>. Los tres grandes poderes han experimentado cambios impensables hace 50 a&ntilde;os, desde la ca&iacute;da de la Uni&oacute;n Sovi&eacute;tica <a href="https://www.eldiario.es/internacional/ano-despues-protagonistas-asalto-capitolio_129_8631167.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">al asalto al Capitolio</a> por los correligionarios de Trump y la trasformaci&oacute;n de China en una verdadera potencia desarrollada. El futuro se escribir&aacute; con alguna may&uacute;scula sorpresa como la del nunca previsto encuentro entre Mao y Nixon, con tintes oper&iacute;sticos, hace justo medio siglo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín-Domínguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/50-anos-apertura-china-visita-nixon-mao-cambio-mundo_1_8739480.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 18 Feb 2022 21:52:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[50 años de la apertura china: la visita de Nixon a Mao que cambió el mundo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[China,Estados Unidos,Guerra Fría,Historia,Efemérides]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[No leas el Ulises. Cántalo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/no-leas-ulises-cantalo_129_8715386.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1c88dad0-86c2-431e-bcc3-b56053a57132_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="No leas el Ulises. Cántalo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay que leer pues el Ulises, cantarlo, sentirlo, para perderse en él. Como en los caminos del Quijote, que son nervios internos por los que transita el alma de cada uno de nosotros ante la complejidad de la odisea que nos toca vivir. Cada lectura será un Ulises nuevo. Muchas con acento español a lo Gibson</p><p class="subtitle">Cómo afrontar 'Ulises', una lectura imposible que no lo es tanto</p></div><p class="article-text">
        No leas el Ulises. C&aacute;ntalo. El verborreico texto de Joyce entra mejor por el o&iacute;do que por el ojo. Es una catarsis verbal.&nbsp;(<em>&ldquo;Ellos escuchan. Y en el p&oacute;rtico de sus o&iacute;dos yo vierto</em>&rdquo;) No hay que alarmarse por tanta declaraci&oacute;n sobre el aburrimiento o la imposibilidad de lectura de la que hacen gala los vagos de la literatura.&nbsp;Su autor era un gran tenor, probado en conciertos. Mientras que su vista se resinti&oacute; tanto que no acertaba a corregir con exactitud las pruebas de sus p&aacute;ginas. El Ulises de Joyce suena muy bien en ingl&eacute;s-irland&eacute;s y es m&aacute;s denso en castellano. Pero su lectura &iacute;ntima o en voz alta es proteica. Amasijos del lenguaje, piruetas fon&eacute;ticas, referencias ocultas y alegr&iacute;as verbales hacen vibrante la odisea de su lectura para entender el alma del hombre del siglo. Hace cien a&ntilde;os de su accidentada publicaci&oacute;n, perseguida, prohibida y convertida en fruto del para&iacute;so. Ahora se celebra mundialmente y la joyceana Bloomsday Society no falt&oacute; a la cita en el Ateneo de Madrid, como cada mes. Nuestro irland&eacute;s de cabecera, Ian Gibson, dublin&eacute;s de pro, acentu&oacute; las vetas espa&ntilde;olas del libro y rememor&oacute; el prohibicionismo que a&uacute;n pesaba sobre la obra en su juventud.
    </p><p class="article-text">
        Joyce eligi&oacute; el d&iacute;a exacto de su publicaci&oacute;n, coincidiendo con su 40 cumplea&ntilde;os&hellip; quiz&aacute; intuyese que cien a&ntilde;os despu&eacute;s el aniversario aterrizar&iacute;a en este cabal&iacute;stico 2 del 2 del a&ntilde;o 22 con la obra pasando de prohibid&iacute;sima a manoseada. La implacable censura americana persigui&oacute; los textos desde sus seminales apariciones en revistas, por lo que con sabio criterio Sylvia Beach de la librer&iacute;a parisina Shakespeare &amp; Co la imprimi&oacute; en Francia. &iquest;Qu&eacute; molestaba del texto joyceano? Ni el matrimonio Wolf se atrevi&oacute; a meterse en el laberinto de la publicaci&oacute;n temeroso de que las abiertas descripciones de sexo, el desparrame de fluidos, las alusiones nada esquivas a las pulsiones corporales chocasen con el puritanismo y las leyes imperantes.
    </p><p class="article-text">
        Si el censor oficial no mostraba escr&uacute;pulos, ya estaban hasta los funcionarios de correos dispuestos a promover su prohibici&oacute;n como pas&oacute; con lo publicado en las revistas.&nbsp;Sin duda el mayor peligro es que en el vertiginoso torrente verbal del libro de portada azul se adivinaba sin tapujos la mente humana, consiguiendo Joyce por vez primera, como nadie en la literatura, que el ser se transparentase en su lenguaje.
    </p><p class="article-text">
        Sentencia el mejor conocedor espa&ntilde;ol de la obra y su gran traductor de la versi&oacute;n de 1976, que &ldquo;el impacto m&aacute;s hondo y duradero de la lectura del Ulises quiz&aacute; sea hacer que nos demos cuenta de que nuestra vida mental es, b&aacute;sicamente, un fluir de palabras, que a veces nos ruborizar&iacute;a que quedase al descubierto&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Gibraltar, Algeciras, Ronda&hellip; tambi&eacute;n forman parte de la geograf&iacute;a del Ulises, la patria de Molly Bloon se suma a la de Leopoldo y su Dubl&iacute;n, ambos dos protagonistas ella y &eacute;l, Irlanda y Espa&ntilde;a. Gibson &ndash;acodado en ambas patrias&ndash; cree entender que lo irland&eacute;s conlleva un sustrato celta, ib&eacute;rico, espa&ntilde;ol. Y eso se hace notar en la obra maestra de Joyce. &ldquo;Los irlandeses tienen fama de ser locuaces como los espa&ntilde;oles. Gozamos hablando y el Ulises es un libro de palabras y di&aacute;logos&rdquo;.&nbsp;En el Ulises aparece desde las sardinas y los sargos en la playa de los Catalanes al sereno, desde las celos&iacute;as a la muralla mora. &ldquo;El estrecho brillaba yo ve&iacute;a hasta la bah&iacute;a de T&aacute;nger y las monta&ntilde;as del Atlas blancas con nieve encima&rdquo; (Molly en el mon&oacute;logo que cierra la novela y que Mag&uuml;i Mira recompone con brillantez estos d&iacute;as en el teatro).
    </p><p class="article-text">
        Se emociona Gibson al hablar de su compatriota en la sala del Ateneo madrile&ntilde;o que por aquellas fechas de la escritura acog&iacute;a a Guillermo de Torre y los ultra&iacute;stas. Recuerda al Joyce que se codeaba en Par&iacute;s con Breton y conoc&iacute;a la obra de Freud. A su lado Antonio Garrigues se pregunta qu&eacute; hace Irlanda para generar tantos escritores de nivel (&ldquo;&iquest;Les pagan bien?&rdquo;). Oscar Wilde, Bernard Show, Becket,&hellip; El nuevo embajador de Irlanda Frank Smyth, cuenta que por la ma&ntilde;ana present&oacute; sus cartas credenciales al rey de Espa&ntilde;a y que lo primero que le habl&oacute; fue de Ulises. Sara Cant&oacute;, fundadora de la Bloomsday Society, desgrana la heroicidad de la editora americana, para la que pide un monumento en Dubl&iacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si el Ulises ha hecho historia, y cien a&ntilde;os m&aacute;s tarde provoca r&iacute;os de tinta, no se debe solamente a su intrincada estructura hom&eacute;rica, ni a su florilegio estil&iacute;stico, ni siquiera a la sabia recreaci&oacute;n del lenguaje hablado o al manejo del tiempo en una obra de un d&iacute;a en Dubl&iacute;n hecho Odisea, sino sobre todo y especialmente por dar al mundo de la novela &ldquo;la palabra interior&rdquo;. James Joyce abre a la literatura una ventana nueva sum&aacute;ndose a las corrientes del siglo como lo hicieron en sus campos Nietzsche o Freud
    </p><p class="article-text">
        Si Picasso nos ense&ntilde;&oacute; que la visi&oacute;n cubista confirmaba mejor el retrato complejo del nuevo hombre del siglo, Joyce mostr&oacute; su voz hecha novela. Es m&aacute;s, Joyce tambi&eacute;n &ldquo;elev&oacute; la calidad expresiva en la novel&iacute;stica a la altura de la poes&iacute;a&rdquo; remata Valverde. S&iacute;, mejor cantarlo&hellip;
    </p><p class="article-text">
        Cuando un libro es cosa p&uacute;blica, cualquier lectura personal nace viciada. Ya no hay visi&oacute;n propia segura, porque si el acto de leer es una cuesti&oacute;n &iacute;ntima, la literatura bendecida en lectura p&uacute;blica de altar parece consagrar la revelaci&oacute;n del misterio. Yo agradezco la gu&iacute;a tan entusiasta como serena que nos brind&oacute; en la Facultad nuestro profesor de Literatura Universal, el controvertido sin raz&oacute;n Vintila Horia. Por afinidad biogr&aacute;fica, el escritor rumano consideraba clave el autoexilillo de Joyce (Italia, Francia, lejos de Dubl&iacute;n) para poder generar una obra y recrear un lenguaje como el del Ulises. Distancia para atrapar lo interior. Nos abri&oacute; las paginas clave para entender el devenir de las letras del siglo que lo revolucion&oacute; todo con la Historia de las literaturas de vanguardia de Guillermo de Torre, y nos ancl&oacute; en las obras cumbre de Thomas Mann, Marcel Proust y Joyce.&nbsp; Le ve&iacute;a como un outsider, por su condici&oacute;n de irland&eacute;s, que le permit&iacute;a &ldquo;tener una visi&oacute;n m&aacute;s objetiva sobre los acontecimientos que sacud&iacute;an al continente&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Casi resulta parad&oacute;jico que el autor que encumbra a Dubl&iacute;n, que la retrata como pocos, tuviera que distanciarse y describirla &ndash;en un d&iacute;a universal&ndash; desde Trieste o desde Par&iacute;s. Hizo su adi&oacute;s a todo eso harto de Irlanda en lo econ&oacute;mico y lo art&iacute;stico. Desahuciado y pol&iacute;ticamente molesto, inicia el viaje del descontento unido a su amada Nora. El nacionalismo irland&eacute;s le espantaba. En su casa de exilio lleg&oacute; a hablarse en italiano. Fue un peregrinaje nada c&oacute;modo ni para &eacute;l ni para la familia, pero quiz&aacute; le aliment&oacute; sus obsesiones literarias, le distanci&oacute; de lo cotidiano y le abri&oacute; otras puertas y relaciones. Algunas complicidades fueron clave. Como la de Ezra Pound (que crey&oacute; en &eacute;l como escritor), la de W.B. Yeats, &Iacute;talo Svevo y Edouard Dujardin.
    </p><p class="article-text">
        Para algunos, el an&aacute;lisis del texto joyceano puede quedarse en su eventual armaz&oacute;n estructural (las referencias a la Odisea no presentes y solo apuntadas por Joyce en comentarios a amigos) o en sus alusiones literarias, de las que Weldon Thornton ofrece un &iacute;ndice que ocupa quinientas p&aacute;ginas. (<em>Allussions en Ulysses</em>, reeditada por de&nbsp; la Universidad de North Carolina en 1973).&nbsp;Pero quiz&aacute; lo m&aacute;s sensato para bucear en el intrincado Ulises es leer previamente tanto <em>Dublineses</em> como <em>El retrato del artista adolescente</em> (curiosamente traducido por D&aacute;maso Alonso), que son las bases de la historia que Joyce amplific&oacute; en su obra magna. Leer o ver tambi&eacute;n la postrera pel&iacute;cula de John Houston, <em>Dublineses</em>, donde la atm&oacute;sfera creada por el escritor resulta palpable al trasladar al cine el cap&iacute;tulo de <em>Los muertos</em>.
    </p><p class="article-text">
        Las referencias a la Odisea no aparecieron en la primera edici&oacute;n de portada azul. Solo en los cap&iacute;tulos previamente publicados en revistas. Ni siquiera aparecen numerados en los que resultan ser 18 cap&iacute;tulos. Alba, Ma&ntilde;ana, D&iacute;a y Medianoche enmarcan el paseo temporal de Bloom por Dubl&iacute;n. Se inicia con Tel&eacute;maco y concluye con Eumeo, Itaca y Pen&eacute;lope para cumplir con todos los t&eacute;rminos hom&eacute;ricos. La nueva odisea  &ndash;la de aquel hombre contempor&aacute;neo, no digital, claro&ndash; cubre desde las 8 de la ma&ntilde;ana del jueves 4 de junio de 1904 hasta las dos de la madrugada, hasta el mon&oacute;logo de Molly Bloom.
    </p><p class="article-text">
        Tanto dato concreto, tanta referencia al armaz&oacute;n nos har&iacute;an pensar en un inter&eacute;s por el realismo. Y s&iacute; lo hay, pero referido a las v&iacute;sceras, al coraz&oacute;n, al alma, al mundo interior de su protagonista, el hombre insatisfecho y aturdido que camina por el alambre del nuevo siglo en busca de una identidad vol&aacute;til. Hay que leer pues el Ulises, cantarlo, sentirlo, para perderse en &eacute;l. Como en los caminos del Quijote, que son nervios internos por los que transita el alma de cada uno de nosotros ante la complejidad de la odisea que nos toca vivir. Cada lectura ser&aacute; un Ulises nuevo. Muchas con acento espa&ntilde;ol a lo Gibson.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Javier Martín-Domínguez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/no-leas-ulises-cantalo_129_8715386.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 04 Feb 2022 05:00:53 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[No leas el Ulises. Cántalo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Literatura]]></media:keywords>
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