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    <title><![CDATA[elDiario.es - Elisa Coll]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/elisa-coll/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Elisa Coll]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[De armarios, bifobia y activismo: 'Me cuesta bivir', una novela gráfica para entender la bisexualidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/armarios-bifobia-activismo-cuesta-bivir-novela-grafica-entender-bisexualidad_129_8913124.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9f6ee4d0-087e-485e-a155-01e64a7091c8_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="De armarios, bifobia y activismo: &#039;Me cuesta bivir&#039;, una novela gráfica para entender la bisexualidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Uno de los elementos más valiosos de esta lectura es que en la historia la protagonista no se enrolla con nadie: la historia narra el proceso de reconocerse como bisexual sin pasar por el trámite de las prácticas</p><p class="subtitle">La bisexualidad masculina sigue en el armario</p></div><p class="article-text">
        El 27 de enero de 2021 el siguiente audio de Whatsapp viaja de Sants a Poble Sec (Barcelona):
    </p><p class="article-text">
        &laquo;Holi, estoy aqu&iacute; con tu fanzine maravilloso, te mando audio, espero que te parezca bien (...) &iexcl;Por favor, la vi&ntilde;eta del Ministerio del Monosexismo, jajaja, es genial! (...) Me muero de amooooorrr, noooooo (...) Ay, Maria, la vi&ntilde;eta del s&iacute;ndrome de la impostora, &iquest;puede ser m&aacute;s tierna? O sea, es tan real todo esto... t&iacute;a, estoy flipando con este fanzine, de verdad, no te lo digo por decir, es incre&iacute;ble&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cuesta mucho expresar el viaje que supone leer la novela gr&aacute;fica <em>Me cuesta bivir</em> (Melusina) para una persona que, como yo, est&aacute; acostumbrada al formato ensayo y a tener todo bien argumentadito y justificado. Esta primera rese&ntilde;a que hice sin saberlo del trabajo de la autora, en formato audio cutre, trataba de transmitirle el c&oacute;ctel de emociones que sent&iacute; al leer el primer borrador &mdash;que tuve la suerte de recibir en primicia&mdash; frenado por el miedo de atosigar con mi entusiasmo a una persona que se estaba convirtiendo en amiga. Afortunadamente, no logr&eacute; asustarla y hoy tengo la suerte de poder recorrer y ordenar un poco esas sensaciones que he vuelto a sentir al releerlo ahora, por en&eacute;sima vez, un a&ntilde;o y pico m&aacute;s tarde. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Me cuesta bivir</em> es la versi&oacute;n extendida, en formato de novela gr&aacute;fica, del fanzine autoeditado <em>Me cuesta bi-vir</em>, publicado en 2021 y seleccionado para el festival de fanzines Pichi Fest de ese mismo a&ntilde;o. Su autora, Maria Queralt&oacute;, comenz&oacute; a elaborar el borrador a partir de vi&ntilde;etas sueltas que hab&iacute;a ido esbozando durante el innombrable a&ntilde;o de la pandemia, a modo de desahogo sobre su propio proceso de salida del armario como bisexual. En su versi&oacute;n final, seguimos a la protagonista en un viaje que recorre cuatro fases clave: introspecciones, armarios, bifobias y activismos. Siguiendo esta estructura, Queralt&oacute; consigue, de una forma tan tierna como divertida, condensar en vi&ntilde;etas breves situaciones dif&iacute;ciles de desgranar y as&iacute; contarnos su historia, que es la de muchas m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        En una de las vi&ntilde;etas, la protagonista oye hablar de la bisexualidad y piensa: &ldquo;&iquest;Ser&aacute; que...? Nah, estoy demasiado en la mierda como para ser eso tan guay&rdquo;. Maria tiene un sentido del humor tan sarc&aacute;stico y es tan capaz de dar en el clavo ri&eacute;ndose de sus propios miedos e incoherencias que es imposible no sentir que algo te sana por dentro. Es imposible no engancharte, seguir leyendo y sentir que no solo podemos aliviar lo que un d&iacute;a nos doli&oacute;, sino tambi&eacute;n revisitarlo desde el humor. 
    </p><p class="article-text">
        A lo largo de la lectura, los estigmas de la bifobia aparecen en boca tanto de la protagonista como de su entorno, mientras se muestra el da&ntilde;o que pueden causar, haci&eacute;ndonos comprender que, incluso con la mejor intenci&oacute;n, podemos retrasar la salida del armario de una persona bisexual. Y ah&iacute; est&aacute; el secreto de esta novela gr&aacute;fica: la autora no intenta dar una lecci&oacute;n, es una narraci&oacute;n generosa y honesta de c&oacute;mo ha sido su proceso, sin intentar universalizarlo, aunque para much&iacute;simas de nosotras sea un reflejo calcado de nuestras propias vivencias.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los elementos m&aacute;s valiosos de esta lectura es que en la historia la protagonista no se enrolla con nadie. Es decir, la historia narra el proceso de reconocerse como bisexual sin pasar por el tr&aacute;mite de las pr&aacute;cticas. Iba a pedir perd&oacute;n por el <em>spoiler</em>, pero creo que el impulso de hacerlo es, otra vez, un reflejo del protagonismo que le damos siempre a lo sexual, que parece que tiene que ser la columna vertebral de toda historia sobre diversidad sexoafectiva. Esto, que el colectivo asexual est&aacute; harto de repetir, es de vital importancia aplicado a lo bi, dado que una de las violencias que forman la bifobia es la hipersexualizaci&oacute;n. 
    </p><h3 class="article-text">Solo hace falta escucharse</h3><p class="article-text">
        De hecho, muchas de nosotras a&uacute;n seguimos cayendo en aferrarnos a nuestras pr&aacute;cticas sexoafectivas para &ldquo;demostrar&rdquo; nuestra identidad. Apenas he le&iacute;do libros de tem&aacute;tica LGTBIQA+ (incluidos los politizados, y me atrever&iacute;a a decir que especialmente esos) que no las trataran como punto de inflexi&oacute;n, como rito de paso, como final inevitable del proceso identitario o como momento de comprobaci&oacute;n: ahora que ya lo he probado, ya puedo nombrarme con toda seguridad. <em>Me cuesta bivir </em>nos recuerda que la respuesta no est&aacute; necesariamente en las pr&aacute;cticas. Solo hace falta escucharse, prestar atenci&oacute;n a c&oacute;mo responde nuestro cuerpo en determinadas situaciones, algo tan terriblemente sencillo que duele pensar lo dif&iacute;cil que se nos hace en este contexto capitalista de inmediatez, competici&oacute;n y medici&oacute;n de lo que una es en funci&oacute;n de la comparaci&oacute;n externa y no del term&oacute;metro visceral. 
    </p><p class="article-text">
        Este libro es un recordatorio amable al que volver siempre que lo necesito, un peque&ntilde;o valle de calma para cuando se nos olvida que la certeza de qui&eacute;nes somos se encuentra en el cuerpo, por mucha palabrer&iacute;a en la que una se intente refugiar. Ojal&aacute; haber podido leerlo hace a&ntilde;os, mientras me perd&iacute;a en art&iacute;culos y libros para dar una explicaci&oacute;n a lo que me estaba pasando, como ese meme del se&ntilde;or desquiciado con el corcho lleno de recortes de peri&oacute;dicos unidos por hilos rojos. Este libro, m&aacute;s all&aacute; de la bisexualidad, trata en &uacute;ltimo t&eacute;rmino de las emociones y de la importancia de estar en contacto con ellas.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, todo este recorrido puede resultar muy duro si una lo hace sola. Y la protagonista, que de nuevo podr&iacute;a haber ca&iacute;do en &ldquo;pues me busco una novia y p'alante&rdquo;, encuentra este acompa&ntilde;amiento en lo colectivo. En unas pocas vi&ntilde;etas, la autora descentraliza el amor rom&aacute;ntico, desgrana emociones complejas, retrata la importancia del activismo, env&iacute;a una carta de amor a las amigas y, cuando ya est&aacute; asomando la lagrimita, nos hace re&iacute;r otra vez. Por eso, es ah&iacute; y no antes cuando se abren las puertas para hacer eso que tanto miedo daba: armarte de valor y decirle a alguien &ldquo;me gustas&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        <em>Me cuesta bivir</em> es un lugar al que volver en momentos de saturaci&oacute;n o soledad, para transportarte suavemente a la casilla de inicio y recordarte que todo es m&aacute;s sencillo, que no caminamos solas, que estaremos bien.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elisa Coll]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/sociedad/armarios-bifobia-activismo-cuesta-bivir-novela-grafica-entender-bisexualidad_129_8913124.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 23 Apr 2022 20:38:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[De armarios, bifobia y activismo: 'Me cuesta bivir', una novela gráfica para entender la bisexualidad]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bisexualidad,LGTBI]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Resistencia bisexual: lo que no se concibe]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/resistencia-bisexual-no-concibe_1_7178526.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/85d33118-4a6f-468b-ad10-a066bb04d169_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Resistencia bisexual: lo que no se concibe"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Llega a las librerías 'Resistencia bisexual: mapas para una disidencia habitable', de Elisa Coll Blanco. elDiario.es publica en exclusiva un fragmento del libro publicado por la editorial Melusina</p></div><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Me gustan las chicas, ¿cómo pudo pasar? 
Me gustan las chicas, no me lo puedo explica-aar
- Cariño -</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <em>Diez a&ntilde;os. Me engancho a la serie de televisi&oacute;n Embrujadas y&nbsp;siento fascinaci&oacute;n por el personaje de Phoebe. Me encanta mirarla, y en los primeros planos me fijo especialmente en su boca y sus ojos. Pienso que es porque quiero ser como ella, tal vez vestir como ella. No se me pasa por la cabeza ninguna otra opci&oacute;n.</em>
    </p><p class="article-text">
        En abril de 2019, numerosos peri&oacute;dicos y telediarios se hicieron eco de una pol&eacute;mica noticia: el obispado de Alcal&aacute; de Henares impart&iacute;a terapias ilegales de &laquo;cura de la homosexualidad&raquo;. &Aacute;ngel Villaescusa, periodista de elDiario.es, se hab&iacute;a infiltrado en una de las sesiones, pudiendo realizar grabaciones en las que la propia terapeuta admit&iacute;a ser consciente de que estaba ejerciendo un acto de lgtbifobia. La noticia desencaden&oacute; fuertes reacciones en redes sociales y se organizaron acciones protesta, denunciando no solo este centro, sino la lgtbiqa+fobia imperante en la sociedad que permite precisamente que lugares as&iacute; sigan abiertos a d&iacute;a de hoy. Por supuesto, la Conferencia Episcopal se apresur&oacute; a mostrar su apoyo a este centro y sus pseudoterapias, a las que se refiri&oacute; como &laquo;cursos de sanaci&oacute;n espiritual&raquo;. En una de estas grabaciones, la terapeuta le dice a Villaescusa: &laquo;La palabra &ldquo;atracci&oacute;n&rdquo; no hace justicia a lo que significa lo que sent&iacute;s cuando os fij&aacute;is en alguien&nbsp;del mismo sexo... Se est&aacute; como proyectando lo que uno cree que no tiene. Las carencias las est&aacute; proyectando en el otro...&nbsp;&nbsp;&iquest;Admirabas a los que eran m&aacute;s altos, m&aacute;s fuertes...?&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        <em>Catorce a&ntilde;os. Me entra una fijaci&oacute;n tremenda por dibujar cuerpos normativos que leo como femeninos. Me fascina dibujar labios, ojos, tetas y caderas. Las dibujo una y otra vez. Aunque muchos de los peinados o vestimentas no son mi estilo, pienso que en parte lo hago por las inseguridades que tengo con mi propio cuerpo, y que lo que dibujo es solo una proyecci&oacute;n de lo que quiero ser. No se me pasa por la cabeza ninguna otra opci&oacute;n.</em>
    </p><p class="article-text">
        En 2018, un a&ntilde;o antes de que saltara la noticia, se estren&oacute; <em>La&nbsp;(des)educaci&oacute;n de Cameron Post</em>, largometraje dirigido por la directora bisexual Desir&eacute;e Akhavan. Basada en la novela de Emily M. Danforth e influida por una historia real, la pel&iacute;cula retrata la vivencia de una adolescente que en 1989 ingresa en uno de estos centros de &laquo;curaci&oacute;n de la homosexualidad&raquo;&nbsp;en Estados Unidos. En una de las escenas, las j&oacute;venes hacen&nbsp;una sesi&oacute;n de grupo en la que la terapeuta les explica que lo&nbsp;que ellas perciben como deseo de estar con una persona de su&nbsp;mismo sexo (sic) es realmente deseo de ser como esa persona,&nbsp;una proyecci&oacute;n de las propias inseguridades. Exactamente lo&nbsp;mismo que se le dice, veinte a&ntilde;os m&aacute;s tarde, a Villaescusa en&nbsp;la sesi&oacute;n que consigue grabar.
    </p><p class="article-text">
        <em>Diecis&eacute;is a&ntilde;os. Conozco a una chica incre&iacute;ble en el instituto. Quiero estar con ella todo el rato, pasar tiempo juntas, pero me&nbsp;impone un poco. Me encanta su voz y me pongo un poco nerviosa&nbsp;cuando hablamos. Pienso que quiero</em> ser como ella. <em>Empiezo a&nbsp;&nbsp;intentar imitar su forma de vestir o de</em> ser<em>. No se me pasa por la&nbsp;cabeza ninguna otra opci&oacute;n.</em>
    </p><p class="article-text">
        Una caracter&iacute;stica definitoria de las terapias de conversi&oacute;n de&nbsp;la homosexualidad es que no se dice a las &laquo;pacientes&raquo; que la&nbsp;homosexualidad sea mala. Se les dice que no existe. De hecho,&nbsp;no se le llama homosexualidad, sino AMS: Atracci&oacute;n hacia el Mismo Sexo, y se trata como un trastorno. As&iacute;, no se puede&nbsp;discutir en un terreno moral, no se puede debatir si lo que las&nbsp;&laquo;pacientes&raquo; son es bueno o malo, si hay que aceptarlo o no,&nbsp;porque, sencillamente, no es lo que son: es algo que les est&aacute; ocurriendo, un s&iacute;ntoma de un problema m&aacute;s profundo. &iquest;C&oacute;mo&nbsp;vas a ser algo que no existe?
    </p><p class="article-text">
        Esto se refleja tambi&eacute;n en la pel&iacute;cula de Akhavan. En la escena en la que Cameron, la protagonista, acude a su primera&nbsp;sesi&oacute;n individual, la terapeuta le explica que su ams es la consecuencia visible de otros conflictos internos que est&aacute;n enterrados.
    </p><p class="article-text">
        <em>Cameron: Nunca hab&iacute;a pensado as&iacute; en la homosexualidad.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Doctora Marsh: No existe la homosexualidad. Solo existe&nbsp;la batalla contra el pecado que todos libramos. &iquest;Deber&iacute;amos dejar a los drogadictos hacer desfiles en su propio honor?&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Cameron: No... No deber&iacute;amos.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Doctora Marsh: El pecado es el pecado. T&uacute; te enfrentas al&nbsp;de la atracci&oacute;n hacia tu sexo. Lo primero que debes hacer&nbsp;es dejar de considerarte homosexual. </em>
    </p><p class="article-text">
        Una vez, preparando con una compa&ntilde;era un taller sobre bisexualidad y adolescencia con participantes adultas bisexuales,&nbsp;propuse una din&aacute;mica y decidimos probarla. En una cartulina grande dibujamos una l&iacute;nea temporal, desde los cero a los&nbsp;cincuenta a&ntilde;os, y cada participante recib&iacute;a tres pegatinas que&nbsp;deb&iacute;a colocar a lo largo de la l&iacute;nea. La consigna era: la pegatina&nbsp;roja, en la edad a la que tuviste tu primer amor; la amarilla, en la&nbsp;edad a la que empezaste a darte cuenta de que tal vez te atra&iacute;an&nbsp;personas de m&aacute;s de un g&eacute;nero; la verde, en la edad a la que te&nbsp;nombraste como bisexual. 
    </p><p class="article-text">
        Las pegatinas rojas se extend&iacute;an a lo&nbsp;largo de la infancia tard&iacute;a y la pubertad. Las amarillas, m&aacute;s o&nbsp;menos en el periodo de la adolescencia, algunas incluso antes.&nbsp;Pero no hab&iacute;a ni una sola pegatina verde colocada antes de los&nbsp;veinte a&ntilde;os. Ni una. Repetimos esta din&aacute;mica en otro espacio,&nbsp;tambi&eacute;n con gente bisexual, y el resultado fue muy parecido. Normalmente hab&iacute;a un espacio en blanco de varios a&ntilde;os entre el momento en que alguien se daba cuenta de su atracci&oacute;n por personas de m&aacute;s de un g&eacute;nero y en el que se consideraba bisexual. Por curiosidad, hice esto con algunas amigas lesbianas,&nbsp;y para ninguna pasaba tanto tiempo entre empezar a fijarse&nbsp;en personas de su mismo g&eacute;nero y darse cuenta de que eran&nbsp;lesbianas. Y entonces se lanzaba la gran pregunta: &iquest;por qu&eacute;?
    </p><p class="article-text">
        <em>Veintitr&eacute;s a&ntilde;os. Me nombro como bisexual. Empiezo a leer sobre&nbsp;bisexualidad. Me siento en un entorno mucho m&aacute;s seguro para&nbsp;hablar sobre ello, pues mi c&iacute;rculo cercano est&aacute; compuesto en gran&nbsp;parte por gays y lesbianas. Aun as&iacute;, para nada siento que pertenezca al colectivo lgtbiqa+: al rev&eacute;s, me veo como una invitada en&nbsp;esos espacios, casi como una impostora. No siento que tenga derecho&nbsp;a nombrar mi sexualidad como disidente, sino m&aacute;s bien como un&nbsp;puente entre las sexualidades disidentes y la heterosexualidad.</em>
    </p><p class="article-text">
        Una afirmaci&oacute;n repetida constantemente desde los feminismos para resumir el problema ling&uuml;&iacute;stico del masculino gen&eacute;rico (es decir, utilizar el masculino plural a modo de neutro&nbsp;para todos los g&eacute;neros) es que &laquo;lo que no se nombra no existe&raquo;. Pero no nombrar lleva a una no-existencia mucho m&aacute;s&nbsp;profunda que el no aparecer en libros de Historia o no tener&nbsp;representaci&oacute;n en series de televisi&oacute;n, porque al menos como&nbsp;mujer cis s&eacute; que existo, mi existencia es validada aun dentro&nbsp;de la opresi&oacute;n o dicho de otra forma: mi opresi&oacute;n, aunque est&eacute;&nbsp;infrarrepresentada, no pasa por la negaci&oacute;n de mi existencia.
    </p><p class="article-text">
        No me ocurre as&iacute; como bisexual. Y es que el siguiente paso a&nbsp;no nombrar es no concebir: lo que no se piensa, lo que no se&nbsp;concibe, no existe. El no tener en la cabeza el concepto de lo&nbsp;que eres no impide que lo seas, impide que tengas herramientas para identificarlo y puedas construir tu identidad siendo&nbsp;consciente de ello. Es el equivalente a estar metida en un armario invisible a tus ojos que de pronto un d&iacute;a (probablemente despu&eacute;s de los veinte a&ntilde;os, parece ser) descubres, porque te&nbsp;ha estado faltando ox&iacute;geno en &eacute;l poquito a poco. Y ahora a ver&nbsp;qui&eacute;n sale del armario, a estas alturas y con estos pelos.
    </p><p class="article-text">
        Para m&iacute;, la bifobia interiorizada m&aacute;s primaria no estuvo basada en pensar que la bisexualidad era mala, sino en ni siquiera&nbsp;considerarla como una opci&oacute;n porque no sab&iacute;a que exist&iacute;a.&nbsp;Yo no pod&iacute;a plantearme si era o no bisexual, porque <em>no conceb&iacute;a la bisexualidad</em>. As&iacute;, todas las se&ntilde;ales que me mandaba mi&nbsp;cuerpo eran archivadas en otras cajas que s&iacute; exist&iacute;an para m&iacute;&nbsp;porque s&iacute; se nombraban y que, adem&aacute;s, est&aacute;n dolorosamente&nbsp;presentes durante la infancia y la adolescencia: admiraci&oacute;n,&nbsp;&nbsp;envidia, inseguridad. 
    </p><p class="article-text">
        Y este proceso clasificatorio no se daba&nbsp;sin m&aacute;s. Estaba lleno de violencia. De misoginia. De gordofobia. De capacitismo. Cada vez que confund&iacute;a atracci&oacute;n con envidia, mi autoestima se hac&iacute;a un poquito m&aacute;s chiquitita, y&nbsp;esa atracci&oacute;n era paliada con dietas, productos para el pelo,&nbsp;ropa nueva que luego odiaba y otras mil formas que tiene el&nbsp;capitalismo de mercantilizar los complejos que a su vez contribuye a crear. M&aacute;s tarde, siendo adolescente, cuando ya empec&eacute;&nbsp;a o&iacute;r la palabra<em> bisexual</em> y a su vez la atracci&oacute;n se hizo m&aacute;s&nbsp;evidente, aparecieron nuevas cajas que daban una explicaci&oacute;n&nbsp;m&aacute;s l&oacute;gica y menos aterradora a lo que me estaba pasando:&nbsp;<em>experimentaci&oacute;n, confusi&oacute;n, fase</em>. Y creo que ya notaba que esa&nbsp;explicaci&oacute;n ten&iacute;a lagunas, que no era as&iacute;, pero lo mejor era&nbsp;ignorarlo porque ya estaban creadas y la sociedad las validaba&nbsp;y adem&aacute;s a m&iacute; me gustaba much&iacute;simo ese chico y ahora imag&iacute;nate enfrentarte a que igual eres <em>medio bollera</em>.
    </p><p class="article-text">
        Estas cajas donde yo met&iacute;a lo que era, sencillamente, bisexualidad, hicieron que juntar todas las piezas llevara mucho&nbsp;m&aacute;s tiempo, porque estaban esparcidas, entremezcladas con&nbsp;otras piezas y a veces imposibles de distinguir entre ellas. Y cuando por fin me di cuenta de mi orientaci&oacute;n volv&iacute; a abrirlas, las fui recorriendo todas y descubriendo as&iacute; cosas que, de&nbsp;&nbsp;pronto, me parecieron evidentes.
    </p><p class="article-text">
        <em>Veinticuatro a&ntilde;os. Caigo en la cuenta de que Phoebe, de Embrujadas, me atra&iacute;a. Caigo en la cuenta de que esa chica del instituto&nbsp;me gustaba y quer&iacute;a estar con ella. Me r&iacute;o al contarlo, pero por&nbsp;dentro siento una punzada de rabia.</em>
    </p><p class="article-text">
        Hace un tiempo, en un taller sobre sexualidad y prevenci&oacute;n&nbsp;de violencias en un instituto, pusimos un buz&oacute;n de preguntas&nbsp;an&oacute;nimas. Cuando lo abrimos, uno de los papeles dec&iacute;a: &laquo;&iquest;Las&nbsp;personas bisexuales somos peores porque nos gusten los dos&nbsp;sexos?&raquo;. En ese momento me di cuenta de que, a&ntilde;os m&aacute;s tarde, muchas de nosotras seguimos haci&eacute;ndonos esa pregunta, aunque ya sepamos la respuesta. Necesitamos hablar de bifobia si&nbsp;personas de quince a&ntilde;os se plantean que son malas por sentir&nbsp;atracci&oacute;n o afecto hacia otras &mdash;tanto, que en cuanto viene&nbsp;una desconocida a dar un taller a su instituto, lo dejan por&nbsp;escrito en los papeles repartidos al inicio de la sesi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Mensajes&nbsp;as&iacute; son lanzados por seres queridos, por los medios, por el imaginario cultural y social, de forma consciente o inconsciente. El hecho de que no se tenga en cuenta la bisexualidad al pensar en diversidad sexual es en s&iacute; misma la respuesta a por qu&eacute; hay que hablar de bisexualidad. Porque no basta con hablar solo de homofobia. Porque la invisibilidad no es un privilegio. Porque no tenemos por qu&eacute; maquillar nuestro deseo con amor rom&aacute;ntico. Porque no es el d&iacute;a del Orgullo Gay, porque somos muchas m&aacute;s letras, muchas m&aacute;s identidades. Y porque la b no es de bicicleta.
    </p><p class="article-text">
        <em>Veintisiete a&ntilde;os. Escribo un libro sobre bisexualidad, esperando&nbsp;aportar as&iacute; mi parte a este activismo que tanto me ha aportado&nbsp;a m&iacute;.&nbsp;No vuelvo al armario nunca m&aacute;s.</em>
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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      <dc:creator><![CDATA[Elisa Coll]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/resistencia-bisexual-no-concibe_1_7178526.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 30 Jan 2021 20:41:23 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Resistencia bisexual: lo que no se concibe]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Bisexualidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hablar de bifobia para habitar la bisexualidad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/hablar-bifobia-habitar-bisexualidad_1_6238720.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/94b0a3ba-8b86-41d7-b2ee-ca6f351ef040_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hablar de bifobia para habitar la bisexualidad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Todas las personas disidentes de la heterosexualidad tenemos en común, por lo general, un recorrido complicado hasta aceptar nuestra forma de desear</p></div><p class="article-text">
        Este 23S, D&iacute;a Internacional de la Bisexualidad, podemos celebrar que en los &uacute;ltimos a&ntilde;os esta orientaci&oacute;n se ha ido abriendo paso en la comunidad LGTBIQA+. Aun as&iacute;, muchas personas siguen pensando en la bisexualidad como una mera preferencia sexual/afectiva y no como una identidad vinculada a una estructura de opresi&oacute;n: la bifobia.
    </p><p class="article-text">
        Todas las personas disidentes de la heterosexualidad tenemos en com&uacute;n, por lo general, un recorrido complicado hasta aceptar nuestra forma de desear. Y ya sabemos qu&eacute; paradas tocan: dudas, miedo, confusi&oacute;n, culpa, verg&uuml;enza. Sin embargo, una vez conseguida la aceptaci&oacute;n de este deseo, no todas reconocemos lo que viene detr&aacute;s: las violencias y vivencias estructurales que diferencian una preferencia del deseo (como tener un fetiche con los pies o que te gusten los arrumacos) de una identidad disidente y, por tanto, discriminada.
    </p><p class="article-text">
        En el caso de las personas bisexuales, por lo general la primera parte - aceptar nuestro deseo hacia personas de m&aacute;s de un g&eacute;nero - ya es dif&iacute;cil y en muchas ocasiones ocurre de forma tard&iacute;a (muchas de nosotras salimos del armario pasados los 20). Pero la segunda es a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil y aqu&iacute; aparece una diferencia clave con las compa&ntilde;eras gays/maricas/lesbianas/bolleras: una vez aceptamos nuestro deseo no sentimos que por ello pertenezcamos a una comunidad, a una identidad colectiva y disidente. El s&iacute;ndrome de la impostora es el personaje estrella en la bifobia interiorizada, la vocecita que hace que nos cueste ocupar espacios LGTBIQA+ sin sentirnos culpables, visitantes, aliadas o, si es el caso, agradecidas porque se hayan acordado de incluirnos.
    </p><p class="article-text">
        En todo esto las personas bis tenemos que asumir nuestra parte de responsabilidad. Cuando hablamos de la bisexualidad, ya sea en charlas o en conversaciones de bar, a menudo el discurso gira en torno al deseo -o los afectos-, y muchas veces ocurre que invertimos mucho tiempo en desgranarlo, en analizar cada detalle que diferencia tu deseo del m&iacute;o o en derribar mitos sobre &eacute;ste. Nos pasa a todes: &iquest;Te atraen m&aacute;s las personas de un g&eacute;nero que de otros? &iquest;De qu&eacute; manera? &iquest;Soy lo suficientemente bi si deseo de esta forma a Pepa o a Sam y no de esta otra a Paco? Y por supuesto que hablar de nuestro deseo y validarlo es una parte esencial de nuestra lucha. Pero es importante que esto venga acompa&ntilde;ado de hablar de la violencia sexual, de la salud mental, del aislamiento social, de la falta de recursos y, en definitiva, de todo lo que constituye la bifobia. No podemos hablar de bisexualidad sin hablar de bifobia, y &eacute;sta no consiste &uacute;nicamente en invalidar nuestro deseo, aunque empiece por ah&iacute;. Es importante ir m&aacute;s all&aacute; de sus causas, pues sus consecuencias ya las estamos viviendo en nuestras carnes, y de una forma desproporcional al tiempo que dedicamos a visibilizarlas.
    </p><p class="article-text">
        Algunos ejemplos: las personas bisexuales tenemos &ldquo;<em>probabilidades significativamente m&aacute;s altas que otras orientaciones sexuales de ser diagnos&shy;ticadas con una enfermedad mental, tener s&iacute;ntomas de depresi&oacute;n y ansiedad, autolesionarse y tener pensamien&shy;tos suicidas</em>&rdquo; (Who I Am, Australia, 2017). La mayor&iacute;a de los programas de prevenci&oacute;n de VIH y ITS no abordan las necesidades sanitarias de las personas bisexuales (Bisexual Invisibility Report, EEUU, 2011). Las mujeres y personas no binarias encabezamos las listas de violencia sexual en comparaci&oacute;n con las personas monosexuales (The National Inti&shy;mate Partner and Sexual Violence Survey, EEUU, 2013). Y suma y sigue.
    </p><p class="article-text">
        Si nos centramos en visibilizar el deseo, s&oacute;lo rascamos la superficie del problema. La bisexualidad no va s&oacute;lo de qui&eacute;n nos atrae - &nbsp;aunque de entrada parezca que s&iacute; - sino tambi&eacute;n de lo que esto conlleva. Lo vemos m&aacute;s claramente en las pel&iacute;culas con un tri&aacute;ngulo amoroso con una persona bi en el centro del conflicto y personas de distintos g&eacute;neros en los v&eacute;rtices: no se trata de elegir entre dos personas, sino entre dos identidades, la heterosexualidad o la homosexualidad<a href="//#_ftn1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[1]</a>. El dram&oacute;n no es si te quedar&aacute;s con Paco o Pepa (y de paso borramos a las personas no binarias de la ecuaci&oacute;n), es a qu&eacute; mundo pertenecer&aacute;s a partir de ahora. Cuando Bella est&aacute; decidiendo entre Jacob y Edward, su decisi&oacute;n transciende el deseo/amor y llega hasta el n&uacute;cleo de su identidad, pues lo que est&aacute; decidiendo realmente es si ella misma <em>ser&aacute;</em> humana o vampira. Amor verdadero igual a deseo verdadero, igual a identidad verdadera. Y aunque la respuesta l&oacute;gica cuando se nos impone una identidad a partir de una elecci&oacute;n sexoafectiva (<em>&iexcl;en realidad eras lesbiana, en realidad eras hetero!)</em> sea mostrar que nuestro deseo es v&aacute;lido en s&iacute; mismo y que no depende de la persona a la que va dirigido, &eacute;sta es la punta del iceberg.
    </p><p class="article-text">
        Mientras el deseo y el amor tengan implicaciones opresivas, seguir&aacute; siendo necesario que hablemos de ellos. Pero quedarnos ah&iacute; ser&iacute;a dejar el cuento a medias. Visibilizar la bisexualidad tambi&eacute;n consiste en se&ntilde;alar y nombrar la bifobia con la que convivimos - y todos los recursos que ya estamos creando para hacerle frente.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Feliz y combativo 23S!
    </p><p class="article-text">
        <a href="//#_ftnref1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">[1]</a> Este tema lo aborda con un enfoque interesant&iacute;simo Maria San Filippo en su libro <em>The B Word: Bisexuality in Contemporary Film and Television </em>(2013)
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Elisa Coll]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/hablar-bifobia-habitar-bisexualidad_1_6238720.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 22 Sep 2020 20:07:04 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hablar de bifobia para habitar la bisexualidad]]></media:title>
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