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    <title><![CDATA[elDiario.es - Xan López]]></title>
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    <description><![CDATA[elDiario.es - Xan López]]></description>
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      <title><![CDATA[El retardismo climático y un Green New Deal para una época escéptica]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/retardismo-climatico-green-new-deal-epoca-esceptica_129_9965268.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0e62c7e7-b754-4763-aced-41a321784dc3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El retardismo climático y un Green New Deal para una época escéptica"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Necesitamos cambios rápidos, justos y creíbles, y una alianza de intereses lo suficientemente poderosa para resistir todas las embestidas que seguro recibiremos</p><p class="subtitle">El modelo eólico que Sorogoyen criticó en los Goya: aerogeneradores de 150 metros en el santuario gallego de caballos salvajes
</p></div><p class="article-text">
        Llamemos <a href="https://www.eldiario.es/internacional/negacionismo-climatico-mengua-derecha-internacional-viene-igual-aterrador_129_8619898.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">negacionismo clim&aacute;tico</a> a la postura que rechaza que el cambio clim&aacute;tico de origen humano est&eacute; ocurriendo. Llamemos retardismo clim&aacute;tico a la postura que niega la necesidad de una acci&oacute;n urgente o agresiva para mitigar o adaptarse a los efectos de ese cambio clim&aacute;tico, que no se niega. El negacionismo es una postura extrema, desagradable, que hoy en d&iacute;a ya se sabe perdedora a nivel hist&oacute;rico. Todav&iacute;a tiene influencia y existe en la pr&aacute;ctica, pero se muestra en p&uacute;blico con poca confianza. El retardismo sin embargo es m&aacute;s complejo, m&aacute;s intuitivo, puede estar cargado de buenas razones y mejores intenciones en las que podemos vernos reflejados. Es, tambi&eacute;n, la forma que seguramente adopte el negacionismo en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os, y es por lo tanto problem&aacute;tico y criticable. En esta contradicci&oacute;n aparente hay un problema que es importante explorar.
    </p><p class="article-text">
        En el debate sobre el retardismo se encuentran dos fuerzas de signo contrario. Por una parte, la urgencia y la ferocidad del cambio clim&aacute;tico, la necesidad de transformar y adaptar nuestras sociedades a gran velocidad para evitar efectos dram&aacute;ticos, potencialmente catastr&oacute;ficos. Por otra parte, la realidad inc&oacute;moda de que una transici&oacute;n veloz ocurrir&aacute; en buena medida en una sociedad muy parecida a la que conocemos. Una sociedad con sus injusticias, desigualdades, agravios y desconfianzas. Una sociedad imperfecta con una historia compleja. La fuerza del retardismo, condensado en el eslogan &ldquo;renovables s&iacute;, pero no as&iacute;&rdquo;, es que en &eacute;l se pueden unir esas dos fuerzas contrarias, simplificando un debate casi imposible en una petici&oacute;n aparentemente simple: &ldquo;s&iacute;, el primer problema es grave; no, no pienso pasar por alto todas las cuestiones que me definen, aunque eso implique retrasar cualquier tipo de transici&oacute;n energ&eacute;tica&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a parecer que al hablar de simplificaciones estoy menospreciando una postura que me disgusta. Nada m&aacute;s lejos de la realidad. Las posturas pol&iacute;ticas son poderosas precisamente cuando son capaces de aunar intereses diversos, incluso contradictorios, en un eslogan f&aacute;cil de explicar y f&aacute;cil de asumir. En el retardismo pueden confluir una infinidad de inquietudes, muchas de ellas no solo leg&iacute;timas, sino f&aacute;ciles de comprender y apoyar. Pienso en la preocupaci&oacute;n por el impacto medioambiental, por la profundizaci&oacute;n de la desigualdad territorial, en la desconfianza hacia las empresas energ&eacute;ticas, el Estado, y en general a la intromisi&oacute;n en nuestras localidades o regiones de poderes ajenos; otras pueden tener menos gancho, pero ser capaces de movilizar a una cantidad importante de personas, como el impacto en intereses empresariales muy concretos, o el simple deseo de rechazar los costes de una transici&oacute;n energ&eacute;tica sin rechazar sus beneficios. Finalmente hay unos intereses muy minoritarios que no deber&iacute;a ser complicado aislar, como el de continuar explotando energ&iacute;as f&oacute;siles o los de la mayor&iacute;a de fuerzas reaccionarias, por poner un par de ejemplos. Insisto, porque creo que esto es fundamental: la cuesti&oacute;n no es que cada parte comparta los intereses de las otras, o que al verse involucrado en esa petici&oacute;n se &ldquo;le haga el juego&rdquo; a unos u otros. La cuesti&oacute;n es que en la medida en que el retardismo clim&aacute;tico pueda articular toda esta diferencia en una voz com&uacute;n, aunque sea temporalmente, tendr&aacute; mucha fuerza.
    </p><p class="article-text">
        Mi primera reflexi&oacute;n es que el retardismo clim&aacute;tico comienza a ganar fuerza en el debate p&uacute;blico porque la correlaci&oacute;n de fuerzas en la transici&oacute;n energ&eacute;tica comienza a decantarse del lado de una electrificaci&oacute;n acelerada. Durante muchos a&ntilde;os muchas personas temimos que el nudo de intereses del lado de las energ&iacute;as f&oacute;siles, todas las inercias de un capitalismo neoliberal bien asentado, har&iacute;an casi imposible no solo una transici&oacute;n r&aacute;pida, sino cualquier tipo de transici&oacute;n. Sin embargo el peso combinado de la crisis financiera, clim&aacute;tica, pand&eacute;mica y militar est&aacute; empezando a formar nuevas mayor&iacute;as a favor de un nuevo papel reforzado del Estado, a favor de cierta planificaci&oacute;n industrial, a favor de cierta redistribuci&oacute;n fiscal. Esto no es el socialismo, pero tampoco es el neoliberalismo de anta&ntilde;o. Por una parte, el peso del sector privado todav&iacute;a es abrumador, la capacidad estatal muy d&eacute;bil, las alianzas pol&iacute;ticas a favor de este cambio muy fr&aacute;giles. Por otra parte, en pocos a&ntilde;os hemos visto cambios pol&iacute;ticos al m&aacute;s alto nivel que hasta hace muy poco parec&iacute;an impensables. Las dos cosas son ciertas, y el resultado es que hoy en d&iacute;a quiz&aacute;s ya no est&eacute; en juego la transici&oacute;n energ&eacute;tica en s&iacute;, sino su velocidad y lo justa que sea a nivel social.
    </p><p class="article-text">
        Esto conecta con mi segunda reflexi&oacute;n. Nos enfrentamos a procesos que ya tienen una potencia global, una inercia descomunal. Puede que los cambios de &eacute;poca en el capitalismo sean convulsos, pero una vez que est&aacute;n en marcha son muy dif&iacute;ciles de resistir. Lo sabemos porque lo hemos vivido. Los que queremos trabajar por resoluciones m&aacute;s justas y emancipadoras para esta crisis solemos estar en minor&iacute;a, tanto num&eacute;rica como de medios. Tenemos que intervenir en situaciones desfavorables y conseguir mucho en muy poco tiempo. Ante esto es frecuente caer en la tentaci&oacute;n del autoaislamiento, preferir la derrota honorable a la peque&ntilde;&iacute;sima concesi&oacute;n conseguida <em>in extremis</em>. Aqu&iacute; es donde quiz&aacute;s sea &uacute;til recordar la otra fuerza imparable que est&aacute; en juego: una derrota general ante la crisis clim&aacute;tica har&iacute;a imposible la retirada honorable, la posibilidad de esperar a otro momento m&aacute;s favorable. No habr&aacute; piedra bajo la que esconderse.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; proponemos? Pensamos en un nuevo contrato social que haga part&iacute;cipes a amplias mayor&iacute;as del deseo de una transici&oacute;n ecol&oacute;gica justa. Quien viva en un territorio machacado hist&oacute;ricamente necesitar&aacute; la confianza de que se le recompensar&aacute; adecuadamente por cualquier impacto adicional en su vida. Podemos pensar en compensaciones monetarias, inversiones en infraestructuras, eliminaci&oacute;n de otros impactos onerosos en esas zonas, mayor peso pol&iacute;tico en la toma de decisiones, en un reconocimiento de sus intereses y su agencia pol&iacute;tica. Quien viva en zonas relativamente privilegiadas, como lo pueden ser algunas ciudades, tendr&aacute; que partir del compromiso por hacerlas m&aacute;s autosuficientes, reducir los consumos que puedan reducirse, transformar sus entornos para hacerlos m&aacute;s habitables y tambi&eacute;n menos dependientes de otros lugares, ya sean de su pa&iacute;s o de otros pa&iacute;ses. Estamos exponiendo de nuevo una idea que ya tiene cierta trayectoria, la de un <a href="https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/politica/troy-vettese-historiador-medioambiental-green-new-deal-programa-vagamente-keynesiano-no-pide-gente_128_9663540.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Green New Deal</em></a><a href="https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/politica/troy-vettese-historiador-medioambiental-green-new-deal-programa-vagamente-keynesiano-no-pide-gente_128_9663540.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">,</a> pero haciendo hincapi&eacute; en que la parte central es la del <em>New Deal</em> como <em>nuevo contrato social</em>. Esta soluci&oacute;n ser&iacute;a m&aacute;s justa, m&aacute;s r&aacute;pida, y menos conflictiva. Tambi&eacute;n, dada nuestra historia atravesada por desigualdades y tensiones territoriales, podr&iacute;a ser el primer paso necesario de una suerte de <em>New Deal</em> a la espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, solo enumerando esta lista de fant&aacute;sticas ventajas nos damos cuenta del problema. Vivimos en una &eacute;poca esc&eacute;ptica, donde las grandes promesas de transformaci&oacute;n social tienen poca credibilidad. Los mecanismos que las hac&iacute;an cre&iacute;bles a partir de nuestra experiencia vivida se han derrumbado, y cargamos a nuestras espaldas con demasiadas d&eacute;cadas de desenga&ntilde;o. Quiz&aacute;s un <em>Green New Deal</em> para esta &eacute;poca esc&eacute;ptica tenga que ser un poco m&aacute;s humilde, incluso un poco m&aacute;s antip&aacute;tico. Quiz&aacute;s sean preferible promesas m&aacute;s contenidas pero que podamos empezar a creer, y a tocar, en poco tiempo. Que hablemos claro de perdedores y ganadores, y se&ntilde;alemos sin rodeos qui&eacute;nes deben perder al menos un poco para que todos los dem&aacute;s podamos sobrevivir y vivir mejor. Es posible que la vida no sea necesariamente un juego de suma cero, pero que varias d&eacute;cadas de neoliberalismo nos hayan hecho inmunes a otro tipo de propuesta pol&iacute;tica. Necesitamos cambios r&aacute;pidos, justos y cre&iacute;bles, y una alianza de intereses lo suficientemente poderosa para resistir todas las embestidas que seguro recibiremos. Si la izquierda tiene un papel en este siglo es prepararse para esta batalla, y prepararse para ganarla cueste lo que cueste.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Xan López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/retardismo-climatico-green-new-deal-epoca-esceptica_129_9965268.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Feb 2023 20:44:12 +0000]]></pubDate>
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