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    <title><![CDATA[elDiario.es - Álex Alonso Nogueira]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/alex-alonso-nogueira/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Álex Alonso Nogueira]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Caminos inciertos en el Archivo de Alcalá]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/caminos-inciertos-archivo-alcala_129_12729816.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b359e963-f569-4b9c-8fa7-9ac298a7a0dd_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Caminos inciertos en el Archivo de Alcalá"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El mecanoscrito de La colmena hallado ochenta años después de que Cela lo escribiera constituye una pieza más en un momento en que tenemos que reinterpretar el franquismo y, en general, nuestra historia reciente</p><p class="subtitle">Exclusiva - El original inédito de 'La colmena' que Cela envió a la censura en 1946 aparece en un archivo de Madrid</p></div><p class="article-text">
        Mi primera reacci&oacute;n ante el mecanoscrito fue de asombro. Por unos minutos, mientras llegaba al final, pens&eacute; por qu&eacute; raz&oacute;n habr&iacute;a escrito Cela una versi&oacute;n corta de <em>La colmena</em> en 1953, despu&eacute;s de las sucesivas prohibiciones que hab&iacute;a recibido en 1946 y en 1951. Luego, la fecha del final del mecanoscrito, 1945, me hizo dudar. Apenas recordaba ya las noticias de prensa en que se hablaba de unas cuartillas de esta misma versi&oacute;n, que hab&iacute;an aparecido en Francia y que la hija de No&euml;l Solomon hab&iacute;a cedido a la Biblioteca Nacional en 2014. Ten&iacute;a ante m&iacute; un mecanoscrito continuo de 98 cuartillas que en la primera dec&iacute;a: <em>Caminos Iniciertos. I. La colmena</em>.
    </p><p class="article-text">
        En realidad, en la sala de investigadores del archivo de Alcal&aacute; estaba buscando otra cosa mientras hac&iacute;a catas en los fondos y picaba expedientes para empaparme un poco m&aacute;s en el tema que estaba trabajando. Recuerdo que era verano, final de verano, pero que hac&iacute;a mucho calor en Alcal&aacute;, y que al salir a las dos y media de la tarde, con el sol cayendo a plomo en el Paseo de Aguadores, a 38 grados o as&iacute;, me sent&iacute;a en una nube confusa intentando recordar de memoria las olvidadas referencias a Cela de las &uacute;ltimas clases que hab&iacute;a preparado.
    </p><p class="article-text">
        El Archivo de Alcal&aacute; es un luhar muy especial. Es una inmersi&oacute;n en las v&iacute;sceras del estado, en la que de un modo aparentemente ordenado y por ministerios existentes o extintos, como cultura o &Aacute;frica, se encuentra clasificada la documentaci&oacute;n producida por cada oficina, desde las diputaciones hasta la presidencia del gobierno. El investigador, en la mayor parte j&oacute;venes que se han doctorado o que van de camino, se junta ah&iacute; con el arquitecto que busca un plano antiguo y el ciudadano que cree que va a encontrar la evidencia de una propiedad hoy en disputa.
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; se llega m&aacute;s o menos temprano, se repasa el gran cat&aacute;logo, s&oacute;lo aparentemente ordenado, y con paciencia de relojero se piden cajas, hasta diez al d&iacute;a, dentro de las cuales hay expedientes, legajos de documentos, o carpetas con materiales completamente dispares: desde el seguimiento a oponentes pol&iacute;ticos en la transici&oacute;n hasta los concursos de traslados de las plazas de instituto. Luego, en 15 minutos o as&iacute;, llegan las cajas. El investigador se pone guantes, es lo recomendable, porque la documentaci&oacute;n ha pasado de una caja deteriorada a una caja nueva, pero los expedientes dentro pueden estar llenos de hongos o de manchas de humedad. Al abrir uno a uno los expedientes de una caja, y manejando s&oacute;lo uno a la vez, con papel, l&aacute;piz y el ordenador encendido, se tiene la sensaci&oacute;n de estar haciendo una endoscopia a las v&iacute;sceras de aquel estado tan aparente. Lejos del sistematismo de las oficinas, los registros, los reglamentos, los protocolos, la ley, aparecen los documentos. Entre ellos, rutinariamente, repasando las ediciones y reediciones del a&ntilde;o 1953, me encontr&eacute; con ese sobre, el 61bis-46.
    </p><p class="article-text">
        Por la tarde, volv&iacute;. Con las ideas m&aacute;s claras comenc&eacute; a leer la novela, y empec&eacute; a ver que se trataba de una versi&oacute;n inicial pero completa, en la que pod&iacute;a reconocer muchas de las secuencias m&aacute;s famosas, pero tambi&eacute;n lagunas y cierto desorden respecto a c&oacute;mo yo la recordaba. En los d&iacute;as siguientes, reconstru&iacute; un poco los contextos, me met&iacute; en la bibliograf&iacute;a cr&iacute;tica y me di cuenta de que se trataba probablemente de una copia o del original del manuscrito que fragmentariamente la familia del hispanista franc&eacute;s No&euml;l Solomon hab&iacute;a entregado a la Biblioteca Nacional en 2014. Un documento muy valioso, no s&oacute;lo para entender la novela, porque a veces las novelas dicen m&aacute;s por lo que no cuentan o por lo que se decide eliminar a &uacute;ltima hora que por lo que directamente afirman, sino tambi&eacute;n para entender a Cela, el primer franquismo, la fuerte anomia social del a&ntilde;o 45, y el mismo modo en que le&iacute;amos el libro. Muchas veces los cr&iacute;ticos tendemos m&aacute;s a quedarnos con lo &uacute;ltimo que el autor dijo de s&iacute; mismo, que con el esfuerzo y el trabajo, con el modo en que fue censurado o se autocensur&oacute;. En aquel sobre estaba todo, el punto de partida para entender una obra central con la que hemos imaginado la historia de Espa&ntilde;a y, al hacerlo, nos hemos imaginado a nosotros mismos.
    </p><p class="article-text">
        Es innecesario subrayar el papel que tuvo La colmena, primero la novela de Cela y luego la versi&oacute;n cinematogr&aacute;fica de Mario Camus, en la educaci&oacute;n literaria de gran parte de las generaciones que hicimos el bachillerato y el COU. Era un gran salto. Pero m&aacute;s all&aacute; de lo literario, y en esto siempre hay una discrepancia con los historiadores, la novela ha tenido un peso hist&oacute;rico fundamental, no porque diese una visi&oacute;n exacta o fotogr&aacute;fica de lo que despu&eacute;s se llam&oacute; el &ldquo;tiempo de silencio&rdquo;, sino porque gran parte del conocimiento de la &eacute;poca, de nuestra imagen del franquismo vino a trav&eacute;s de esta representaci&oacute;n literaria. Del mismo modo que los liberales no le&iacute;an la historia de Espa&ntilde;a en Modesto Lafuente, sino en los Episodios de Gald&oacute;s, nuestra primera aproximaci&oacute;n al franquismo no fue a trav&eacute;s de las monograf&iacute;as de Tu&ntilde;&oacute;n de Lara o Fontana, sino a trav&eacute;s de novelas como <em>La colmena</em>. Para bien o para mal, este papel de la imaginaci&oacute;n literaria en la construcci&oacute;n de las identidades pol&iacute;ticas est&aacute; siempre ah&iacute;, como una mediaci&oacute;n inc&oacute;moda, pero realmente existente. Y el peso de <em>La colmena</em> fue fundamental.
    </p><p class="article-text">
        Ahora este nuevo testimonio nos obliga a elaborar un retrato m&aacute;s complejo de c&oacute;mo <em>La colmena</em> lleg&oacute; a ser lo que es. Se puede analizar como la versi&oacute;n final, plenamente autorizada en Espa&ntilde;a en 1963, cuando ya era Manuel Fraga y no el muy cat&oacute;lico Gabriel Arias Salgado ministro de informaci&oacute;n y Turismo, es el resultado de la obstinaci&oacute;n de Cela, pero tambi&eacute;n de sus auto-correcciones y en &uacute;ltima instancia, y parad&oacute;jicamente, de la censura. Si se hubiera admitido la versi&oacute;n presentada en enero de 1946 o Cela hubiese obedecido al iracundo censor, padre de Lucas, las cosas habr&iacute;an sido diferentes. Pero no. Tendemos a fetichizar los vestigios de los autores y autoras, especialmente de aquellos que se consideraron can&oacute;nicos, el valor del material archivado va mucho m&aacute;s all&aacute; de ser un puro fetiche que, imaginariamente, pareciese situarse cerca del autor, crear un imaginario efecto de presencia. Lejos de ser una reliquia, el manuscrito nos permite interpretar con m&aacute;s evidencia como trabajaba un autor. Ver sus dudas, sus a&ntilde;adidos, sus supresiones y por supuesto, las intervenciones de la censura. En el caso de La colmena, la primera edici&oacute;n nos permite ver tanto aquellas continuidades, ciertos conceptos y referencias que se repiten, su resistencia a aceptar ninguna correcci&oacute;n de la censura, como sus dudas, sus cambios: nos permite ver la literatura como un proceso de lucha, prolongado en el tiempo, en el que la forma final, aparentemente perfecta, limpia, es a veces lo menos interesante.
    </p><p class="article-text">
        No es el caso de <em>La colmena</em>. M&aacute;s all&aacute; de que su lenguaje pueda haber envejecido, su visi&oacute;n cruda de la postguerra, y su propuesta formal, muy bien analizada, es muy valiosa. Vemos por ejemplo, que desde 1945, frente a los Eugenios, los Javier Mari&ntilde;o o las Marionas Rebull, Cela ten&iacute;a muy claro que quer&iacute;a hacer una novela de personaje colectivo, que cuestionase la narrativa &eacute;pica del primer franquismo, que no tuviese nada que ver con la literatura cat&oacute;lica y que fuera dos cosas: primero una fotograf&iacute;a del Madrid de posguerra, y despu&eacute;s, y esto en el mecanoscrito se ve claramente, una representaci&oacute;n menos fr&iacute;a, con m&aacute;s fuerza, que consiguiese transmitir la sordidez del a&ntilde;o 43 y el olor a miseria.
    </p><p class="article-text">
        Ese lenguaje &aacute;spero y bronco, salaz y excesivo, escatol&oacute;gico a veces, que despu&eacute;s &eacute;l casi acabar&iacute;a autoparodiando, no estaba al principio. Fue el resultado de una b&uacute;squeda, que ahora que ve la luz ese primer mecanoscrito de 1945, podemos documentar con m&aacute;s evidencia, que lo llev&oacute; a ensayar primero formas objetivas de narraci&oacute;n, en las que el narrador es una instancia fr&iacute;a, en la l&iacute;nea de lo que despu&eacute;s ser&iacute;a la generaci&oacute;n de los a&ntilde;os cincuenta, por formas expresivas, a veces pat&eacute;ticas, a veces fuertemente sat&iacute;ricas, en las que se trasluce un fondo nihilista.
    </p><p class="article-text">
        El mecanoscrito es s&oacute;lo una pieza m&aacute;s en un momento en que tenemos que reinterpretar el franquismo y, en general, nuestra historia en su complejidad. Una auto-interrogaci&oacute;n de la que forman parte trabajos tan notables como las recientes contribuciones de Nicol&aacute;s Sesma, Maxi Fuentes Codera, Zira Box, Xos&eacute; Manoel N&uacute;&ntilde;ez Seixas, Lourenzo Fern&aacute;ndez Prieto, Fernando Larraz, Juli&aacute;n Casanova.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo hemos llegado hasta aqu&iacute;? &iquest;C&oacute;mo es posible que el pasado nunca est&eacute; completamente muerto? &iquest;Por qu&eacute; reaparece? Tal vez nunca se ha ido. <em>La colmena</em> 1945 es, en &uacute;ltima instancia la posibilidad de pensar de nuevo una &eacute;poca y a un autor que estuvo en el centro de aquel mundo literario desde 1942 hasta pr&aacute;cticamente el final del siglo. No es poco.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Álex Alonso Nogueira]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/caminos-inciertos-archivo-alcala_129_12729816.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 30 Oct 2025 21:05:42 +0000]]></pubDate>
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    </item>
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      <title><![CDATA[Galicia y la esfinge]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/galicia/blog/opinion/galicia-esfinge_132_10951999.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/16e1713f-3067-4f54-95f7-687e91062ae7_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Galicia y la esfinge"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La izquierda no es capaz de retener su voto juvenil, o puesto de un modo más crudo, el acceso de los gallegos a la condición de propietario, normalmente tardía, y su cambio de posición en la estructura social de la comunidad parecen tener un efecto casi directo en el sentido de su voto. </p></div><p class="article-text">
        La en&eacute;sima victoria del Partido Popular de Galicia aun en un contexto dif&iacute;cil y tras una campa&ntilde;a desastrosa nos obliga de nuevo a pensar en qu&eacute; consiste la singularidad pol&iacute;tica de la comunidad y cu&aacute;les son las razones de sus aparentemente enigm&aacute;ticos comportamientos pol&iacute;ticos que son vistos desde fuera como consecuencia de un conservadurismo casi cong&eacute;nito y, a veces incluso desde dentro, como una forma de auto-odio; un ejemplo perfecto de un pa&iacute;s y de unos habitantes que votan contra sus propios intereses. 
    </p><p class="article-text">
        Este apunte quiere bosquejar la morfolog&iacute;a social de la comunidad, la peculiaridad que distingue su estructura y el pacto pol&iacute;tico impl&iacute;cito que la sustenta para poder as&iacute; entender su l&oacute;gica e interpretar sus comportamientos. Sin tener en cuenta esta especificidad y aplicando modelos tomados de otros espacios y de otras culturas pol&iacute;ticas ser&aacute; complicado explicar lo que pasa sin acudir a lenguajes irracionales que en el fondo describen como irracional tanto la comunidad como a las personar que la forman.
    </p><h3 class="article-text">Esperanzas y expectativas</h3><p class="article-text">
        Si se repasan los resultados en bloques se observa una sociedad casi perfectamente escindida por la mitad, en la que el bloque conservador ha mantenido su tama&ntilde;o en una horquilla estable (45-52% de los votos) y que s&oacute;lo ha perdido el poder por las urnas en un contexto muy concreto: la crisis post-Prestige y el agotamiento f&iacute;sico de su anciano candidato, Manuel Fraga. M&aacute;s all&aacute; de que se pueda hablar de un traspaso o pr&eacute;stamo del voto entre el PSOE y el BNG, lo cual parece obvio en Vigo, o de la capacidad del BNG para captar a los votantes m&aacute;s j&oacute;venes, el volumen de apoyos del Partido Popular se ha mantenido estable. 
    </p><p class="article-text">
        Esta evidencia cuestiona directamente una de las hip&oacute;tesis &ndash;de las permanentes hip&oacute;tesis de trabajo&ndash; de la izquierda: la expectativa de que la alta edad media del votante del Partido Popular signifique a medio plazo su p&eacute;rdida de apoyo electoral. Su votante medio era mayor que el votante de izquierdas en 1993, cuando Fraga ten&iacute;a 71 a&ntilde;os, lo segu&iacute;a siendo en 2005, cuando Fraga ten&iacute;a 83, y lo sigue siendo en 2024, cuando el candidato apenas tiene 55. Esto viene a decir que la izquierda no es capaz de retener su voto juvenil, o puesto de un modo m&aacute;s crudo, que el acceso de los gallegos a la condici&oacute;n de propietario, normalmente tard&iacute;a, y su cambio de posici&oacute;n en la estructura social de la comunidad parecen tener un efecto casi directo en el sentido de su voto. 
    </p><p class="article-text">
        Este pasado &ldquo;de izquierdas&rdquo; en el votante de derechas, que las estrategias de los partidos parecen obviar, ayuda a entender dos cosas muy relevantes: la existencia de un voto pragm&aacute;tico, poco o nada ideologizado, que encuentra en el partido popular una garant&iacute;a m&aacute;s o menos imaginaria de su muy tard&iacute;o acceso a la propiedad. En ese momento el impetuoso voto juvenil, perdidas las esperanzas pol&iacute;ticas de un cambio radical empieza tambi&eacute;n a no desearlas y a rebajar sus expectativas buscando en el aparato pol&iacute;tico una m&aacute;quina tranquila, sin estridencias, que le permita, por fin, disfrutar su propiedad, tan trabajosamente adquirida. 
    </p><p class="article-text">
        En este contexto, el acceso a la propiedad, sus mecanismos hereditarios y financieros, non son circunstancias accidentales, sin m&aacute;s, sino un proceso de re-subjetivaci&oacute;n, <em>avant la lettre</em>. Del mismo modo que el cron&oacute;metro constitu&iacute;a al trabajador, el plazo y el t&eacute;rmino de la hipoteca constituyen al ciudadano o establecen las condiciones de posibilidad de su identidad pol&iacute;tica, que parte, en &uacute;ltima instancia, de un sistema de relaciones objetivas.
    </p><p class="article-text">
        La sustituci&oacute;n de las esperanzas pol&iacute;ticas colectivas por expectativas personales de perfil bajo se puede ilustrar bien con la evoluci&oacute;n incluso de alguno de los l&iacute;deres pol&iacute;ticos de la comunidad: dejando a un lado los que provienen de las familias de altos funcionarios y/o propietarios, no es raro el caso, como sucede con Miguel Tellado o con alg&uacute;n conselleiro, de pasados en la izquierda que, a la hora de la verdad, cuando las expectativas pol&iacute;ticas s&oacute;lo encuentran posibilidad de desarrollo pleno en la estructura del partido, llevan a acercarse a la vieja m&aacute;quina popular, siempre necesitada de intelectuales org&aacute;nicos que le proporcionen el relato sofisticado pero aparentemente natural, de ah&iacute; su sofisticaci&oacute;n, que sus ni los tecn&oacute;cratas como Rueda ni sus bases rurales pueden ofrecer. 
    </p><p class="article-text">
        Dejando a un lado el caso de Tellado, con pasado en el sindicalismo universitario nacionalista, o el caso de Anxo Lorenzo, o de Julio Comesa&ntilde;a, provenientes de entornos cercanos al PSOE, los dos principales intelectuales org&aacute;nicos de la m&aacute;quina de la derecha tienen trayectorias bien significativas: la camale&oacute;nica de Xos&eacute; Lu&iacute;s Barreiro, que ha flirteado con todos hasta que se ha convertido en referente moral de la derecha de orden, o la ca&iacute;da abismal desde la socialdemocracia de los 90 al feijoismo un poco hist&eacute;rico de Roberto Blanco Vald&eacute;s. Lejos de ser casos aislados de vocaciones pol&iacute;ticas moderadas por el tiempo, son representativas de como el gradualismo suele llevar hacia otro lado y, lo m&aacute;s importante, son compartidas por muchos compa&ntilde;eros de generaci&oacute;n, acad&eacute;micos, funcionarios medios y profesiones liberales
    </p><p class="article-text">
        Este pasado &ldquo;de izquierdas&rdquo; o &ldquo;nacionalista&rdquo; del votante de derechas que, desde mi punto de vista, explica por qu&eacute; la esperanza de cambio juvenil se convierte en una expectativa de peque&ntilde;o propietario tranquilo obliga a la izquierda a un trabajo pol&iacute;tico complejo que debe buscar deshacer el bloque conservador no esperar, eternamente que ahora no, pero en cuatro o en ocho a&ntilde;os, veremos. El d&iacute;a de la marmota. 
    </p><h3 class="article-text">Redes sociales y redes de poder</h3><p class="article-text">
        Para comprender la l&oacute;gica pol&iacute;tica que sustenta la mayor&iacute;a social, indiscutible incluso hoy, del Partido Popular, es preciso entender que, en una comunidad s&oacute;lidamente sedimentada, donde la estructura social es p&eacute;trea, como muy bien supo ver Fraga, las redes que constituyen el poder est&aacute;n m&aacute;s all&aacute;, incluso en 2024, de las virtuales y ef&iacute;meras redes sociales. El Partido Popular se superpone sobre el gobierno y el gobierno sobre la Xunta, y al rev&eacute;s, y esa identificaci&oacute;n perpetuamente representada, como el uso de los recursos de la Xunta para el partido durante la campa&ntilde;a demuestra, no provoca esc&aacute;ndalo, sino que confirma una unidad tranquilizadora para el votante. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso el principal problema del an&aacute;lisis es identificar el Partido Popular con su discurso expl&iacute;cito, con su programa o con esta o aquella m&aacute;s o menos afortunada declaraci&oacute;n. Bajo la espuma de los d&iacute;as y del periodismo de actualidad, est&aacute;n las estructuras, las redes y los lenguajes. Un tejido social y cultural que le permiten ganar, aun presentando un l&iacute;der &ldquo;antip&aacute;tico&rdquo;, en el sentido etimol&oacute;gico, y que no transmite ni ilusi&oacute;n ni ning&uacute;n tipo de entusiasmo. 
    </p><p class="article-text">
        Esta estructura pol&iacute;tica diferencial y las mismas trayectorias de los integrantes del bloque conservador explican la relaci&oacute;n que los votantes tienen con el partido que los representa y al que de un modo ir&oacute;nico y significativo, ellos mismos se refieren como &ldquo;os da Xunta&rdquo;. Para la izquierda, que ha construido su imaginaci&oacute;n pol&iacute;tica en la tradici&oacute;n liberal o en la revolucionaria, este comportamiento pol&iacute;tico, tan reconocible en Galicia, es un punto ciego. 
    </p><p class="article-text">
        En las dos tradiciones progresistas hay dos figuras que son muy menores en el universo pol&iacute;tico de la derecha: el votante militante, que tiene una relaci&oacute;n no ir&oacute;nica sino vivencial con el discurso p&uacute;blico de su partido y la deliberaci&oacute;n o el mecanismo del mejor argumento como l&oacute;gica de constituci&oacute;n de la raz&oacute;n p&uacute;blica. 
    </p><p class="article-text">
        El bloque conservador encuentra en el partido y en sus estructuras otra cosa: en primer lugar, un bajo nivel de compromiso que le permite desarrollar su vida privada de espaldas a los grandes debates que, dentro de una l&oacute;gica muy tecnocr&aacute;tica, ser&aacute;n abordados por los expertos en los temas, sean sanitarios, financieros o energ&eacute;ticos, &ldquo;ellos sabr&aacute;n&rdquo;, que tienen a los mejores. Los m&aacute;steres aparentes o reales y el haber ganado una &ldquo;oposici&oacute;n importante&rdquo; validan en &uacute;ltima instancia este orden. 
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, la devaluaci&oacute;n de lo deliberativo, de la posibilidad de la constituci&oacute;n de una raz&oacute;n p&uacute;blica es lo que marca el perpetuo fracaso del PSOE, cuyas &eacute;lites ilustradas y muy acad&eacute;micas se formaron en esa l&oacute;gica e intentan dialogar con el votante en una lengua que el votante desconoce. Al achicar el espacio de la deliberaci&oacute;n, un rasgo central de la sociedad gallega, de peri&oacute;dico y televisi&oacute;n &uacute;nica, LVG y TVG, respectivamente, la ret&oacute;rica del mejor argumento es inefectiva, bien se hable de pol&iacute;ticas de g&eacute;nero o de sostenibilidad. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, la constituci&oacute;n subjetiva del votante ir&oacute;nico, por un lado, una forma de lo que antes se llamaba antipol&iacute;tica, que no cree en el Gobierno pero acude a &eacute;l como protecci&oacute;n ante una eventual amenaza y que no participa del entusiasmo ideol&oacute;gico y un poco na&iacute;f del militante, y por otro lado, la devaluaci&oacute;n de la raz&oacute;n deliberativa, encuentran su cierre, permanentemente recreado en la creaci&oacute;n de un r&eacute;gimen emocional propio, tomo la expresi&oacute;n, aunque en otro sentido, de Ram&oacute;n M&aacute;iz, que no es el del populismo reaccionario, sino el de un populismo amable, sin estridencias, abierto a la integraci&oacute;n de los antiguos progresistas, y profundamente neutralizador de cualquier esperanza pol&iacute;tica revolucionaria o incluso reformista. 
    </p><h3 class="article-text">La revoluci&oacute;n cultural no ha tenido lugar</h3><p class="article-text">
        Esta l&oacute;gica pol&iacute;tica enredada, un reino barroco de disimulaci&oacute;n y teatralidad, obliga a analizar los contenidos pol&iacute;ticos m&aacute;s all&aacute; de los discursos expresos, prestando atenci&oacute;n a los mecanismos que explican los procesos de subjetivaci&oacute;n y la estabilidad de la mayor&iacute;a. En este contexto, el papel de la cultura gallega ha sido tristemente crucial. Por un lado, la cultura oficial, ha aceptado mantener un papel pol&iacute;ticamente neutro, que mantiene adem&aacute;s los debates de alta cultura en las capitales y en guetos cerradamente universitarios, especialmente Santiago de Compostela y A Coru&ntilde;a; por otra parte, el nacionalismo emergente se siente mejor representando por un radicalismo diferencialista, un poco estetizado, y alejado de las percepciones de Galicia de las clases medias, a las que en alg&uacute;n momento deber&iacute;a acercarse, y sigue enredado en un debate ortogr&aacute;fico ling&uuml;&iacute;sticamente inane, pol&iacute;ticamente est&eacute;ril, y alejado de la mayor&iacute;a social a la que esta vanguardia deber&iacute;a interpelar. 
    </p><p class="article-text">
        Frente a estos modelos, el r&eacute;gimen del populismo amable, que la Conseller&iacute;a ha sido capaz de mantener en el tiempo, dotado mantiene un perfil aparentemente liberal, ha sido capaz de forjar una cultura popular &ndash;y nacional- de perfil bajo, en un interminable proceso de adelgazamiento, paralelo a la p&eacute;rdida de hablantes de la lengua, que, al tiempo, neutraliza la posibilidad de una cultura nacional popular, emancipadora y progresista, en sentido estricto.
    </p><p class="article-text">
        Esta forma de populismo amable y de baja intensidad tiene, sin embargo, una gran ventaja sobre la hip&oacute;tesis populista del momento <em>Podemos</em>, que part&iacute;a de una idea mecanicista e ingenua de c&oacute;mo se constitu&iacute;a &ldquo;un pueblo&rdquo;. En Galicia donde los mecanismos pol&iacute;ticos se engarzan en una estructura social sedimentaria pero p&eacute;trea ya no es posible una reactivaci&oacute;n acudiendo a la memoria o a otros mecanismos d&eacute;biles de constituci&oacute;n subjetiva, que pudiera interrumpir o provocar un cambio hist&oacute;rico. 
    </p><p class="article-text">
        Del mismo modo que esa sedimentaci&oacute;n r&iacute;gida no puede ser resignificada, como no se puede resignificar la bandera bicolor en Espa&ntilde;a, ni siquiera en un momento de crisis, no es posible el adanismo constructivista y hay que partir de lo que hay de una coyuntura y de una tradici&oacute;n objetivada que son el punto de partida de cualquier acci&oacute;n pol&iacute;tica que quiera ser eficaz. 
    </p><p class="article-text">
        Partir de lo que Castelao denomin&oacute; la &ldquo;morfolog&iacute;a social&rdquo; del pa&iacute;s implica lo contrario de lo que supuso la l&oacute;gica del populismo de Podemos, ya que es muy importante que las intervenciones pol&iacute;ticas, que la articulaci&oacute;n de un imaginario que permita reactivar una esperanza revolucionaria no puede ser percibida como una intervenci&oacute;n vertical, de arriba abajo, y mucho menos como la idea genial de un l&iacute;der iluminado. La legitimidad solo puede alcanzarse si se parte de un tejido social y de unas pr&aacute;cticas objetivadas, de esa morfolog&iacute;a espec&iacute;fica de la sociedad y la cultura del pa&iacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        La ventaja del Partido Popular, de sus pol&iacute;ticas culturales y del r&eacute;gimen emocional &ndash;esa Galicia sentimental que sigue permeando su discurso&ndash; fue partir de esta peque&ntilde;a escala, de las instituciones culturales que ya exist&iacute;an, y no presentarse como una ruptura sino como una continuidad con un peque&ntilde;o grado de progreso, una forma de modernizaci&oacute;n &ldquo;con ra&iacute;ces&rdquo;. En este contexto, la industria cultural gallega, fr&aacute;gil, subvencionada por necesidades vitales, se ha visto obligada a participar y a apuntalar el r&eacute;gimen emocional que sustenta la mayor&iacute;a conservadora, sin ser capaz ni de constituirse en un espacio p&uacute;blico aut&oacute;nomo, ni de interrumpir, en &uacute;ltima instancia, las pr&aacute;cticas cotidianas y el sentido com&uacute;n, el sistema de evidencias compartidas, en gran medida cultural, que las sustenta.
    </p><h3 class="article-text">Y ahora, &iquest;qu&eacute;?</h3><p class="article-text">
        En la introducci&oacute;n al <em>Atlas clim&aacute;tico de Galicia</em>, un texto que a m&iacute; me gusta leer como aleg&oacute;rico, Manuel Fraga se&ntilde;alaba:
    </p><p class="article-text">
        <em>&ldquo;Cando se fala do clima de Galicia a&iacute;nda se seguen a expor, con relativa frecuencia, vellas ideas que contrastan coa temperie do noroeste peninsular. A Galicia que segue a perdurar na mente de moitas persoas, galegas ou non, &eacute; a dun territorio envolto en n&eacute;boas, chuvioso a meirande parte do ano. &Eacute; evidente que esta imaxe, froito de moitos anos de an&aacute;lise a pequena escala, as veces dende a lonxan&iacute;a, non concorda coas diferentes realidades que conviven no noso territorio&rdquo;. </em>
    </p><p class="article-text">
        La derecha ha sido m&aacute;s flexible, ha sido capaz de propiciar el matrimonio morgan&aacute;tico de los peque&ntilde;os propietarios rurales y los tecn&oacute;cratas de ciudad, donde cada uno ve colmada su expectativa social, siempre de perfil un poco &ldquo;cativo&rdquo;. Para hacerlo no s&oacute;lo tuvo una m&aacute;quina electoral &ndash;que tambi&eacute;n-, sino una comprensi&oacute;n de la complejidad y la propuesta de un pacto que sigue funcionando y al que usted, por cierto, tambi&eacute;n se puede sumar. Cuando Fraga golpea, con una frase, tanto lo que se dice en Madrid como lo que no se ve desde el pa&iacute;s, est&aacute; dando una lecci&oacute;n mucho m&aacute;s compleja que lo que su caricatura, a la que somos tan aficionados, hace pensar. 
    </p><p class="article-text">
        Desde luego cifrar la esperanza del cambio en una espera paciente a que pase el tiempo y la izquierda alcance la mayor&iacute;a social o decir que &ldquo;el pa&iacute;s ya ha cambiado&rdquo;, ignorando que las redes, los lenguajes y las pr&aacute;cticas, permanecen intactas, no parece una soluci&oacute;n. El problema que plantea este bosquejo es, por &uacute;ltimo, si se puede construir &ndash;perd&oacute;n por la ingenuidad&ndash; una sociedad m&aacute;s equitativa y m&aacute;s plural sin romper con estas inercias, con estas pr&aacute;cticas y con este sentido com&uacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Álex Alonso Nogueira]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/galicia/blog/opinion/galicia-esfinge_132_10951999.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 24 Feb 2024 05:01:25 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Galicia y la esfinge]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Elecciones Galicia 2024,PP - Partido Popular,CRTVG - Corporación Radio y Televisión de Galicia,Manuel Fraga]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que no se quiso ver en el Congreso de la Lengua de Cádiz]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/no-quiso-ver-congreso-lengua-cadiz_129_10104562.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/66370d16-d9da-4efc-bad7-a0081a02560d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que no se quiso ver en el Congreso de la Lengua de Cádiz"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El evento fue una autorrepresentación ciega a la realidad, que no pareció tampoco capaz de leer ni los límites ni los problemas de los discursos dominantes. No hay razón para tanta alharaca salvo que nos resignemos a ser soportes de la propaganda de las grandes marcas y palmeros de la Casa Real</p><p class="subtitle">La “buena salud” del español en Estados Unidos, en el IX Congreso Internacional de la Lengua Española
</p></div><p class="article-text">
        La celebraci&oacute;n del Congreso de la Lengua en C&aacute;diz, a finales de marzo, ha dado un poco de visibilidad a los olvidados estudios de filolog&iacute;a, cuyo estatus universitario y cuya imagen social no han dejado de menguar en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. Un poco ocultos detr&aacute;s de las pol&eacute;micas bizantinas que caracterizan la imagen p&uacute;blica de la Academia, la lucha literal por los sillones, o el teol&oacute;gico debate s&oacute;lo/solo, los estudios de filolog&iacute;a y, en especial, los de literaturas hisp&aacute;nicas sufren una agon&iacute;a que no tiene nada que ver con la de Unamuno, en la que es dif&iacute;cil atisbar signos de vitalidad. Desplazados del curr&iacute;culum de la educaci&oacute;n secundaria por los estudios de lengua, dentro de una asignatura en la que lo literario es la parte del rat&oacute;n, la antigua base de las humanidades, donde se adquir&iacute;an la lectura comprensiva, el an&aacute;lisis reflexivo y las t&eacute;cnicas de la escritura, se encuentra inmersa en una crisis, a veces oculta por el oropel y la parafernalia, como ha sucedido en este Congreso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Visto adem&aacute;s desde Estados Unidos -donde la emergencia de una clase media hispana que se encuentra sistem&aacute;ticamente con formas de racismo institucional, como de un modo muy claro ha expuesto Jorge Ca&ntilde;izares-Esquerra en el Congreso, parece ser posible solo si se relega el espa&ntilde;ol a un &aacute;mbito familiar o a espacios culturales que funcionan como reservas ling&uuml;&iacute;sticas-, el tono celebratorio y grandilocuente parece una enso&ntilde;aci&oacute;n comercial, puramente ideol&oacute;gica, muy alejada de la realidad pol&iacute;tica, una guerra cultural aut&eacute;ntica, en la que estamos inmersos. Que el presidente Trump <a href="https://www.eldiario.es/internacional/espanol-desaparece-oficial-casa-blanca_1_3625478.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">desconectase la p&aacute;gina en espa&ntilde;ol de la Casa Blanca</a> el mismo d&iacute;a que tom&oacute; posesi&oacute;n es s&oacute;lo un indicio m&aacute;s del papel que la lengua juega como metonimia de una identidad que es percibida como amenazante por gran parte de las &eacute;lites, y ahora de las clases populares, de los Estados Unidos.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">&iquest;Mestizajes? De lo vivo a lo pintado</h3><p class="article-text">
        Que &ldquo;mestizaje&rdquo; fuera la palabra clave y la idea fuerza que aparentemente atraves&oacute; el Congreso merece tambi&eacute;n una reflexi&oacute;n. En primer lugar, porque permite reconocer la distancia entre el trabajo acad&eacute;mico m&aacute;s reciente, que entiende que el concepto de mestizaje es parte del problema, y los movimientos lentos y a veces puramente reaccionarios que caracterizan a la Academia de la Lengua. De hecho, aunque parezca un t&eacute;rmino feliz, que intenta asumir la pluralidad cultural de fondo, hace mucho tiempo que la investigaci&oacute;n en humanidades y ciencias sociales ha dejado de considerarlo un concepto &uacute;til, en la medida que incorpora una idea de homogeneizaci&oacute;n, de borradura de la diferencia, que en &uacute;ltima instancia tiende a eliminar las culturas minoritarias cuya historia integra &ndash;e invisibiliza&mdash; en el gran relato de la Hispanidad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero adem&aacute;s de ser te&oacute;ricamente d&eacute;bil, la idea de mestizaje puede dar la falsa idea de que los estudios literarios y ling&uuml;&iacute;sticos en Espa&ntilde;a trabajan con alg&uacute;n tipo de proyecto que represente esa diversidad de fondo a la que, de un modo muy impreciso, alude la idea de mestizaje. Desde luego, nada m&aacute;s lejos de la realidad. Los contenidos de literatura latinoamericana &ndash;o los estudios de variaci&oacute;n ling&uuml;&iacute;stica que incorporen alguna regi&oacute;n latinoamericana&mdash; apenas tienen representaci&oacute;n en una universidad que vive de espaldas a Am&eacute;rica y que muchas veces mira con una injustificada superioridad todo lo que sucede en los llamados pa&iacute;ses hermanos. Si en Estados Unidos estamos asistiendo a una progresiva disminuci&oacute;n de los cursos de las literaturas peninsulares, y un progresivo alejamiento de nuestrxs colegas latinoamericanistas, en las facultades de filolog&iacute;a en Espa&ntilde;a hace ya tiempo que la literatura latinoamericana ha dejado de ser relevante, apenas una an&eacute;cdota en el curr&iacute;culum, con muy pocas excepciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta separaci&oacute;n entra las &aacute;reas, que ha llevado incluso a reducir la literatura de todos los pa&iacute;ses de Latinoam&eacute;rica a una asignatura semestral, hace a&uacute;n m&aacute;s visible la distancia entre el campo literario en sentido estricto, en el que lxs autores latinoamericanos dominan el mercado de la literatura en espa&ntilde;ol y una academia volcada sobre autores ya canonizadxs, muy alejados del gusto del p&uacute;blico, en especial de los j&oacute;venes lectores. No hay m&aacute;s que ver los proyectos de investigaci&oacute;n de las diferentes universidades para constatarlo. Y de este modo, s&oacute;lo la animosidad de los profesores de instituto, formados por libre, de lxs activistas y de los editores, que al fin y al cabo viven de vender libros, hace posible que los estudiantes encuentren referentes cercanos a sus experiencias vitales o a sus inquietudes est&eacute;ticas o pol&iacute;ticas. Esta incomparecencia de las instituciones educativas espa&ntilde;olas tiene adem&aacute;s un segundo efecto de gran relevancia. Al no proporcionar referentes y servir de mediadores entre p&uacute;blico, autorxs e industria editorial, todas las culturas latinoamericanas se convierten en &ldquo;la literatura latinoamericana&rdquo; y las obras de los diferentes pa&iacute;ses son le&iacute;das fuera de sus contextos propios, que son los que permiten entender su sentido, una cierta forma de orientalismo eterno. As&iacute; que nada de mestizaje en el curr&iacute;culum, en el que incluso la literatura espa&ntilde;ola escrita en Am&eacute;rica, la obra del exilio, se suele explicar como un cap&iacute;tulo aparte, separado tanto de las literaturas del Estado, como de las de los pa&iacute;ses americanos desde los que se escrib&iacute;a.&nbsp;
    </p><h3 class="article-text">El espa&ntilde;ol y '<em>The End of the English Major'</em></h3><p class="article-text">
        En el contexto estadounidense, esta separaci&oacute;n entre los estudios de literaturas latinoamericanas y lo que de un modo un poco impropio se denomina literaturas peninsulares se da tambi&eacute;n de un modo muy agudo y coincide adem&aacute;s con una crisis in&eacute;dita en la historia de la educaci&oacute;n superior, que la revista New Yorker titul&oacute; <a href="https://www.newyorker.com/magazine/2023/03/06/the-end-of-the-english-major" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>El fin del grado de Ingl&eacute;s</em></a>. Este fantasma que recorre las universidades americanas, y en especial sus Liberal Arts Colleges, anta&ntilde;o las joyas de la corona de la educaci&oacute;n progresista, es dif&iacute;cil de entender desde Espa&ntilde;a, en gran medida porque se trata de estructuras y de proyectos universitarios inconmensurables. La inexistencia de un &ldquo;grado de Derecho&rdquo;, ya que los estudios jur&iacute;dicos se concentran en un m&aacute;ster y en un examen profesional, el &ldquo;bar&rdquo;, y la apuesta por un modelo m&aacute;s experimental de curr&iacute;culum, en el que se intenta formar pr&aacute;cticamente al estudiante, de ah&iacute; el &eacute;nfasis en la escritura y la oratoria, y no en prepararlo para cantar los temas delante de un tribunal de oposici&oacute;n, explica la posici&oacute;n central y mayoritaria del departamento de Ingl&eacute;s en el centro de los Colleges. Tras la pandemia, sin embargo, el &eacute;nfasis en las carreras de ciencia, validado por los discursos sociales, ha llevado a un descenso m&aacute;s o menos de un 30% en el n&uacute;mero de los alumnos matriculados y ha encontrado a los departamentos de estudios hisp&aacute;nicos en una crisis existencial, donde no se atisba un horizonte com&uacute;n sino que m&aacute;s bien se percibe una tendencia cada vez m&aacute;s fuerte a la escisi&oacute;n. Una hip&oacute;tesis que conducir&iacute;a a la pr&aacute;ctica desaparici&oacute;n de los estudios peninsulares, convertidos, como la literatura italiana o la literatura francesa, en una divisi&oacute;n menor de los peque&ntilde;os departamentos de literatura comparada, a veces incluso una mera divisi&oacute;n de los departamentos de Ingl&eacute;s, el caj&oacute;n de sastre de todos los estudios literarios. En este momento cr&iacute;tico, adem&aacute;s, el papel del Instituto Cervantes ha pasado a ser puramente testimonial. Ni ofrece un espacio a las comunidades latinoamericanas ni intenta ofrecer una imagen plural del Estado ante la opini&oacute;n p&uacute;blica americana, salvo en las fotos de Twitter. Aqu&iacute; en Nueva York, por ejemplo, nada queda de la febril actividad de la &eacute;poca de Antonio Mu&ntilde;oz Molina, Eduardo Lago o Javier Rioyo, hoy muy a&ntilde;orados.
    </p><p class="article-text">
        La crisis interna de la disciplina, la ca&iacute;da del peso social de las humanidades &mdash;aqu&iacute; y all&aacute;&mdash;, va parejo, y en parte es consecuencia, de la ca&iacute;da de la imagen social de los estudios hisp&aacute;nicos, aqu&iacute; encajados bajo la inc&oacute;moda etiqueta de &ldquo;espa&ntilde;ol&rdquo;. Los nueve estudiantes de mi curso de culturas peninsulares, por ejemplo, son todos hispanos o latinos en la terminolog&iacute;a del censo americano. O lo que es lo mismo, los estudiantes angloamericanos han dejado de percibir el espa&ntilde;ol como valioso o &uacute;til para conseguir una formaci&oacute;n o un trabajo. Este p&eacute;rdida de imagen social de la lengua y la cultura, que tan mal encaja con el tono del Congreso de C&aacute;diz, acent&uacute;a aun m&aacute;s la posici&oacute;n minoritaria de los estudios sobre las literaturas peninsulares: si para los estudiantes anglo-americanos los estudios latinoamericanos han dejado de ser interesantes o lo son en la medida en que puedan ser hechos en ingl&eacute;s, y ah&iacute; la aparici&oacute;n de los <em>Latino Studies</em> es clave, para los estudiantes latinoamericanos la literatura espa&ntilde;ola y los estudios que sobre ella se producen han dejado de tener ning&uacute;n tipo de significado. Alejados completamente de su experiencia y de su lenguaje, el canon que se ha ido formando tanto en estudios contempor&aacute;neos como en estudios cl&aacute;sicos pertenece a un mundo mucho m&aacute;s lejano y ajeno que, por ejemplo, otras literaturas o formas de ficci&oacute;n norteamericanas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si la gran tarea de los que ense&ntilde;amos literaturas hisp&aacute;nicas en Estados Unidos es deconstruir la imagen de condescendencia y la visi&oacute;n paternalista para poder recuperar la posibilidad de un di&aacute;logo horizontal con otros pa&iacute;ses y otras comunidades a los que nos une una experiencia hist&oacute;rica com&uacute;n, o al menos los relatos de esa experiencia, los autores que est&aacute;n en el centro de la identidad de la literatura en castellano, como el homenajeado Javier Mar&iacute;as o el supervisibilizado P&eacute;rez Reverte, imposibilitan ese trabajo. Bien por su diletantismo m&aacute;s o menos afectado, bien por su bravuconer&iacute;a sobreactuada, ambos, y los l&iacute;mites que representan, est&aacute;n completamente alejados de una sensibilidad pol&iacute;tica en la que las experiencias de la marginalidad o la derrota, o el estudio de la constituci&oacute;n de sociedades multiculturales &mdash;o mejor ser&iacute;a decir plurales&mdash;, son la medida del valor. Variantes del <em>mansplaining</em>, <em>spainsplaining</em>, que tanto te explica la Revoluci&oacute;n mexicana como la guerra civil espa&ntilde;ola sin estudiar un documento. Son ambos parte de esa matriz condescendiente en la que se inscribe la percepci&oacute;n que los acad&eacute;micos espa&ntilde;oles tienen de las culturas latinoamericanas, que es la &uacute;ltima pero la m&aacute;s consistente supervivencia de la matriz amo/esclavo sobre la que se construy&oacute; &mdash;y se construye&mdash; ret&oacute;ricamente el discurso colonial.&nbsp;&nbsp;Mientras no se deshaga esa forma simb&oacute;lica que para muchos de mis colegas espa&ntilde;oles es invisible, no ser&aacute; posible ning&uacute;n tipo de di&aacute;logo o de relaci&oacute;n igualitaria dentro del campo.
    </p><p class="article-text">
        Si adem&aacute;s lo que se propone es un horizonte mestizo, en el que las diferencias acaben fundi&eacute;ndose en un relato hisp&aacute;nico, que en &uacute;ltima instancia es una representaci&oacute;n pol&iacute;tica Espa&ntilde;a-c&eacute;ntrica, muy poco podemos esperar de esta propuesta. Mucho m&aacute;s d&eacute;bil, adem&aacute;s, que otros intentos de cambiar el marco de trabajo, como los estudios atl&aacute;nticos, cruciales para entender por ejemplo la historia compleja de la cultura gallega, o los estudios ib&eacute;ricos, cuyo proyecto implicaba desmontar la l&oacute;gica territorial centralista impl&iacute;cita en los trabajos de los estudios de literatura cl&aacute;sica. Unas y otras propuestas se han ido desvaneciendo, salvo en casos muy aislados, y no han logrado modificar el plan de trabajo ni los planes de estudios.
    </p><p class="article-text">
        Vistos desde esta perspectiva plural y compleja, el futuro acad&eacute;mico de los estudios de literatura y lengua no parece muy prometedor. Se han ido consolidando escisiones, se han roto los puentes de comunicaci&oacute;n, se ha ido perdiendo peso social y prestigio acad&eacute;mico. Lo visto en C&aacute;diz ha sido una autorrepresentaci&oacute;n ciega al estado del campo, que no parece tampoco capaz de leer ni los l&iacute;mites ni los problemas de los discursos dominantes. No hay raz&oacute;n para tanta alharaca salvo que nos resignemos a ser soportes de la propaganda de las grandes marcas y palmeros de la Casa Real.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Álex Alonso Nogueira]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/no-quiso-ver-congreso-lengua-cadiz_129_10104562.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 08 Apr 2023 20:51:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[RAE - Real Academia Española,Lenguaje,Español,Hispanoamericano,Javier Marías,Arturo Pérez-Reverte]]></media:keywords>
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