<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Antonio Rodríguez Molina]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/antonio-rodriguez-molina/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Antonio Rodríguez Molina]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1047626" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[Juanpe Sánchez López, el defensor del amor]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/juanpe-sanchez-lopez-defensor-amor_1_10715226.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d2f6a5c3-ca12-4bab-a1e4-7882f6939ebe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Juanpe Sánchez López, el defensor del amor"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Superemocional revuelve lo académico y pone al frente la cultura pop como eje de asimilación de muchas identidades fuera de la heteronormatividad</p><p class="subtitle">La copla, ese género “del mariquita andaluz y las travestis” del que se apropió la dictadura </p></div><p class="article-text">
        Todo est&aacute; destinado a fracasar. De primeras, esta sentencia puede parecer absolutamente fatalista &iquest;qu&eacute; puede ir a peor? Se trata del comienzo de <em>Superemocional. Una defensa del amor </em>(Continta Me Tienes, 2023), el ensayo de Juanpe S&aacute;nchez L&oacute;pez que desde hace meses ha sumado popularidad y alabanzas gracias al abordaje multig&eacute;nero del sentimiento que m&aacute;s nos gusta y el que m&aacute;s veces maldecimos: el amor. Lo que le diferencia de tantos acercamientos a lo largo de la historia del arte, la cultura, el pensamiento o incluso la ciencia, es que el autor realiza un retrato generacional sobre el que reflexiona pausadamente, pos&aacute;ndose en tantas aristas como complejidades suscita este sentir, incorporando elementos culturales de la &uacute;ltima d&eacute;cada. Recientemente <a href="https://www.instagram.com/p/CzBS2fesYnj/?_ga=2.230133916.10568721.1700625208-848927469.1700625208&amp;img_index=1" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se ha anunciado la tercera edici&oacute;n</a> de una obra en la que S&aacute;nchez L&oacute;pez &ldquo;nos invita a pensar qu&eacute; puede suponer el amor en un marco contempor&aacute;neo, aceptando que este es un concepto hist&oacute;rico, movido y movible por los contextos, las disposiciones de g&eacute;nero, clase, racialidad, discapacidad y orientaci&oacute;n sexoafectiva, entre otras&rdquo;, seg&uacute;n narra la sinopsis.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.instagram.com/jvanpe/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Juanpe&nbsp;S&aacute;nchez L&oacute;pez</a> (Alicante, 1994) es escritor e investigador universitario. Ha estudiado Teor&iacute;a de la Literatura y Teor&iacute;a y Cr&iacute;tica de la Cultura. Ha participado en los vol&uacute;menes colectivos&nbsp;<em>(h)amor7&nbsp;roto</em>&nbsp;(2022, Continta Me Tienes) y&nbsp;<em>De qu&eacute; hablamos cuando hablamos de amor&nbsp;</em>(2023, Editorial C&aacute;ntico). Sus poemas han sido publicados en revistas y en cat&aacute;logos de exposiciones art&iacute;sticas. En 2021 public&oacute; el poemario&nbsp;<em>Desde las gradas</em>&nbsp;(Letraversal), la primera entrega de una trilog&iacute;a sobre el amor, cuya segunda vio la luz la pasada primavera con el ensayo&nbsp;<em>Superemocional</em>.&nbsp;<em>Una defensa del amor&nbsp;</em>(Continta Me Tienes).
    </p><p class="article-text">
        La escritora <a href="https://www.eldiario.es/cultura/siempre-nos-quedara-zemos98/belen-gopegui-casa-rinde_132_2717622.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Bel&eacute;n Gopegui</a> advierte en el pr&oacute;logo que &ldquo;aunque [Juanpe] diga &lsquo;el amor&rsquo;, hace con esas dos palabras un sintagma nuevo, no pat&eacute;tico, no cerrado, no igual a s&iacute; mismo, no carente de movimiento y vida. El amor en este ensayo est&aacute;, en expresi&oacute;n suya, precisa, &lsquo;cedido a la apertura&rsquo;&rdquo;. Y es que nos encontramos ante un meticuloso an&aacute;lisis del amor apoyado en fragmentos de <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Tamara Tenenbaum</span>, Remedios Zafra, Byung-Chul Han, Roland Barthes o Judith Butler, pero tambi&eacute;n en las canciones de Charli XCX, Caroline Polachek, Julieta Venegas, Mitski o Lana del Rey (a la que agradece haber escrito la impecable <a href="https://www.youtube.com/watch?v=Qg3DxELVPj4" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Venice Bitch</em></a><em>)</em> para poder mirar al futuro, pero sobre todo al presente. Juanpe explica c&oacute;mo el feminismo interseccional juega un papel crucial en este recorrido. &ldquo;Ver a gente de tu alrededor, que no forma parte de las estructuras acad&eacute;micas o de pensamiento, establecer razonamientos feministas en el &aacute;mbito popular porque estos se han insertado favorablemente es optimista, algo que est&aacute; cambiando&rdquo;, relata a elDiario.es por videollamada. 
    </p><h3 class="article-text">Desconstrucci&oacute;n del amor rom&aacute;ntico</h3><p class="article-text">
        Pero hay algo m&aacute;s; la idea de c&oacute;mo la forma de compartir el amor por y junto a las amigas es una base s&oacute;lida de deconstrucci&oacute;n del amor rom&aacute;ntico y de asomarse a la colectivizaci&oacute;n de los cuidados. &ldquo;Ese es el motor de mi vida, pensar que quiero pasar tiempo con mis amigas me da el marco de querer vivir en esto. Y darle importancia a ese v&iacute;nculo es primordial. Una amiga sabe todo&rdquo;, detalla con entusiasmo. El autor narra c&oacute;mo en 2008 al estrenarse la saga de filmes <em>Crep&uacute;sculo </em>nacieron conversaciones con sus amigas sobre el amor y los temas que les interesaban; poder pensar en conjunto con ellas fue clave en su crecimiento. &ldquo;Poder darle importancia a la idea de &lsquo;nosotras&rsquo;, yo siempre he tenido mayoritariamente amigas, fue esencial para m&iacute;. Empezando con la noci&oacute;n de las cosas de chicas, hablando de lo que se consideran 'nuestras cosas', que se ha convertido un aprendizaje enorme, de &iacute;ndole filos&oacute;fica. L<span class="highlight" style="--color:#ffffff;">as amigas son el lugar donde quiero estar siempre</span>&rdquo;.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <p><img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/bea9ab95-ca92-430f-8ec8-bffe0cf9eebd_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" /></p>
    </figure><p class="article-text">
        Hablando sobre el <em>revival</em> que viven series como <em>Sexo en Nuevo York</em>, o <em>Girls</em>, y que ya en su momento fueron artefactos culturales con los que empezar a desmantelar las ideas del amor rom&aacute;ntico en el siglo XXI, manifiesta: &ldquo;En cuanto hay una mujer que est&aacute; hablando de sus experiencias en la vida, se considera algo que est&aacute; apartado de los grandes problemas, que son los masculinos. Esto ya lo dec&iacute;a <a href="https://www.eldiario.es/cultura/franquismo-censuro-orlando-virginia-woolf-80-anos-pp-vox_1_10359356.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Virginia Woolf</a> hace m&aacute;s de 100 a&ntilde;os. Y aun as&iacute;, sigue pasando. Lo considerado femenino se ha tratado hist&oacute;ricamente como algo de segundo grado; lo confesional, lo que habla de los sentimientos, el grupito de amigas o <em>amigues </em>que habla de 'sus cosas'. Pero la gran problem&aacute;tica siempre ha sido la guerra o el deporte, en los grandes temas de nuestra sociedad&rdquo;. Hilando con respecto a c&oacute;mo los asuntos de '<a href="https://es.ulule.com/chicas-y-maricas/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">chicas y maricas'</a> han sido negados de valor cultural, S&aacute;nchez comenta que &ldquo;hay cierta masculinidad muy normativa que est&aacute; fijada en la indisponibilidad emocional y ling&uuml;&iacute;stica de expresarse. Lo que siente, o c&oacute;mo lo siente, es algo que tiene que permear en la oscuridad&rdquo;.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En cuanto hay una mujer que está hablando de sus experiencias en la vida, se considera algo que está apartado de los grandes problemas, que son los masculinos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Juanpe Sánchez López</span>
                                        <span>—</span> Autor de &#039;Superemocional&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">Algo muy relevante de </span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"><em>Superemocional</em></span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> es c&oacute;mo sit&uacute;a la extrapolaci&oacute;n de la cultura capitalista a nuestras relaciones, con conceptos como el emprendimiento emocional, el desapego o el individualismo. A la vez, propone un espejo sobre nuestras realidades, en las que fracasaremos y en las que sufriremos, pero estaremos m&aacute;s preparados para otras formas de amor y una experiencia fuera de indicadores neoliberales. &ldquo;</span>El esqueleto del libro es mi trabajo de final del M&aacute;ster de Teor&iacute;a Cr&iacute;tica de la Cultura en la Universidad Carlos III de Madrid. Antes de llegar la pandemia ten&iacute;a previsto irme fuera a hacer el doctorado, finalmente no me dieron la beca y de repente me pregunt&eacute; &iquest;Qu&eacute; voy a hacer con todo esto?&rdquo;, explica.
    </p><h3 class="article-text">El camino acad&eacute;mico de su obsesi&oacute;n</h3><p class="article-text">
        &ldquo;&iquest;C&oacute;mo puedo entender esta idea sobre c&oacute;mo me siento, a trav&eacute;s de la investigaci&oacute;n? Decid&iacute; escribir sobre el amor, porque adem&aacute;s sent&iacute;a que era lo que me obsesionaba. No solo literariamente, porque tambi&eacute;n escribo sobre el amor de otra forma en los poemarios. Pero tambi&eacute;n es algo que me ha obsesionado toda mi vida; desde que eres peque&ntilde;o, un adolescente gay y todas tus amigas est&aacute;n teniendo sus grandes novios de la adolescencia y t&uacute; de repente no tienes acceso a eso. Eso al final obsesiona porque las ficciones y el relato de las expectativas de nuestras vidas est&aacute;n muy ligadas al amor rom&aacute;ntico y a tener una familia, una pareja, y hacer un futuro con eso, &iquest;no? Entonces mi obsesi&oacute;n camin&oacute;, camin&oacute; y sigue caminando&rdquo;, describe.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El amor me ha obsesionado toda mi vida porque desde que pequeño, como adolescente gay, mis amigas estaban teniendo sus grandes novios de la adolescencia y de repente yo no tenía acceso a eso</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Juanpe Sánchez López</span>
                                        <span>—</span> Autor de &#039;Superemocional&#039;
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Otro de los puntos m&aacute;s potentes del libro es la cr&iacute;tica al emprendimiento emocional, que se nos presenta, cuestionablemente, socialmente apoyado en la terapia como &uacute;nica soluci&oacute;n de control de nuestras emociones, y no solo por una cuesti&oacute;n de acceso al sistema p&uacute;blico sanitario. &ldquo;Esto lo intento ilustrar a trav&eacute;s del programa de citas <a href="https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/valencia/concursante-mujeres-hombres-viceversa-condenado-maltrato-animal-violencia-machista_1_8015498.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"><em>Mujeres y hombres y viceversa</em></span></a> (2008-2021), y es la idea de ser <em>tronistas </em>[los protagonistas del programa, que se sientan en un trono] o empresarios de nosotros mismos, que intentamos entendernos como un producto que se puede mejorar, y que va eligiendo ciertos accesorios que le hacen ser mejor, como la pareja. C&oacute;mo encuentro a alguien que tenga mis mismos gustos, mismas aficiones, que comparta formas de trabajar o comparta formas de pensar. Y eso al final nos lleva a un escenario de mercantilizaci&oacute;n de nuestros afectos y de las personas&rdquo;, argumenta Sanchez L&oacute;pez.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Eso est&aacute; muy relacionado con esta introducci&oacute;n del &aacute;mbito de lo empresarial a nuestras relaciones, y muy ligado a la jerga psicol&oacute;gica usada a la hora de hablar de gestionar o trabajar nuestras emociones, y eso es absolutamente peligros&iacute;simo. Hay un trasfondo de que tengo que dedicarle tiempo, esfuerzo, horas, dedicaci&oacute;n a ser mejor, a relacionarme, a superar este trauma a trav&eacute;s del propio trabajo con uno mismo, etc&hellip; Al final creo que realmente la soluci&oacute;n pasa por crear unas redes comunitarias, una red de afectos, de amigas, de amigos, de familia tradicional o elegida que te escucha, que te valora, que sabe qui&eacute;n eres, c&oacute;mo puedes actuar. Y para que se d&eacute; esa soluci&oacute;n debemos tener m&aacute;s tiempo para nosotros, tenemos que dejar de estar tan cansados y tenemos que dejar de emprender sobre nosotros mismos&rdquo;, concluye.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c37a2f7-6485-4281-b9c9-5e8c5b156e3e_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c37a2f7-6485-4281-b9c9-5e8c5b156e3e_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c37a2f7-6485-4281-b9c9-5e8c5b156e3e_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c37a2f7-6485-4281-b9c9-5e8c5b156e3e_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c37a2f7-6485-4281-b9c9-5e8c5b156e3e_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/2c37a2f7-6485-4281-b9c9-5e8c5b156e3e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/2c37a2f7-6485-4281-b9c9-5e8c5b156e3e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Juanpe Sanchez López, poeta y autor del ensayo &#039;Superemocional&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Juanpe Sanchez López, poeta y autor del ensayo &#039;Superemocional&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        A menudo ocurre un fen&oacute;meno extra&ntilde;o cuando las personas se enfrentan al espejo que suponen acercamientos a las formas de vivir el amor en el siglo XXI: verse situado entre la espada y la pared, entre la deconstrucci&oacute;n de un sistema normativo y una inercia gravitatoria hacia el amor rom&aacute;ntico. En definitiva, &iquest;c&oacute;mo enfrentarnos a <a href="https://www.eldiario.es/cultura/cine/damisela-apuros-guerreras-novios-han-cambiado-personajes-femeninos-disney-100-anos_1_10655484.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la programaci&oacute;n que Disney ha hecho sobre nuestras identidades</a>? S&aacute;nchez atina en ello pronunci&aacute;ndose sobre el espejismo de la falsa calma:<em> </em>&ldquo;Para m&iacute; la reconciliaci&oacute;n pasa por abrir el concepto de amor y desjerarquizar la idea de pareja como &uacute;nico objetivo del amor, el mismo tiempo se lo puedo dedicar a mis amigos, a mi madre u otras personas con las que quiera pasar tiempo. Poder formar n&uacute;cleos que sean extra&ntilde;os para esas expectativas, y eso crea grietas en nuestras expectativas de futuro y en lo que entendemos por amor&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        An&aacute;lisis de <em>Los puentes de Madison</em> o <em>El diablo viste de Prada</em> conviven gustosamente con fragmentos y citas de Engels o Sarah Ahmed. <span class="highlight" style="--color:#ffffff;">La m&uacute;sica pop tiene su gran momento en el ensayo. La observaci&oacute;n que realiza el autor sobre </span><a href="https://open.spotify.com/intl-es/album/2B87zXm9bOWvAJdkJBTpzF?si=KY1AU1TeQyK78nVL3-X10g" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"><em>Melodrama</em></span></a><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> (Republic Records, 2017), el disco de la neozelandesa Lorde, tiene varias y acertadas capas. Por un lado, el reconocimiento a una obra generacional pero tambi&eacute;n, incorporado como un relato de la p&eacute;rdida de la inocencia. &ldquo;</span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"><em>Melodrama</em></span><span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> es </span>un retrato incre&iacute;ble de c&oacute;mo se pasa de la adolescencia al ser adulto, y, sobre todo, lo que me interesaba un mont&oacute;n, m&aacute;s all&aacute; de lo formal, es esta manifestaci&oacute;n adolescente de utilizar las onomatopeyas, como formas de ritmo en las canciones. Siento que el disco recoge esa sensaci&oacute;n de invencibilidad del adolescente, y m&aacute;s precisamente el momento en el que se empieza a perder&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Eso s&iacute;, si hay una figura que supone un paradigma en los feminismos de la d&eacute;cada de 2010 para el autor es Lana del Rey.<span class="highlight" style="--color:#ffffff;"> &ldquo;En las primeras cr&iacute;ticas </span>se tildaba a Lana del Rey de ser una mala feminista. Esto lo relaciono con algo que vivimos actualmente: las ficciones y c&oacute;mo las consumimos, como si debiesen ser un modelo perfecto de moralidad o de comportamiento cuando precisamente lo que hacen las canciones es proponer mundos con problemas en los que nos podemos ver reflejados. Lana del Rey propone representaciones sobre las que canta, no las legitima&rdquo;. Juanpe se muestra fan&aacute;tico de la artista estadounidense, sobre cuyo disco de debut <em>Born To Die</em> el medio  <a href="https://pitchfork.com/features/lists-and-guides/pitchfork-reviews-rescored/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Pitchfork tuvo que rectificar</a> para mejor la puntuaci&oacute;n que le dio originalmente a un trabajo indispensable hoy para entender la m&uacute;sica pop y su deriva de la &uacute;ltima d&eacute;cada.
    </p><p class="article-text">
        <em>Superemocional</em> supone una mirada honesta, valiente y rigurosa ante algo tan dif&iacute;cil y tan fant&aacute;stico como el amor. Entre sus p&aacute;ginas se extrae un aliento mucho mayor que la posibilidad de una soluci&oacute;n a gusto de todas las personas, en el contexto neoliberal que vivimos, y es que llegar a ella ser&aacute; mucho m&aacute;s f&aacute;cil y emocionante si lo hacemos junto a nuestras amigas. Como tantas otras cosas en la vida, el proceso de b&uacute;squeda puede ser mucho m&aacute;s emocionante que lo que est&aacute; por revelarse.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Rodríguez Molina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/libros/juanpe-sanchez-lopez-defensor-amor_1_10715226.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Nov 2023 21:35:44 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/d2f6a5c3-ca12-4bab-a1e4-7882f6939ebe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="291603" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/d2f6a5c3-ca12-4bab-a1e4-7882f6939ebe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="291603" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Juanpe Sánchez López, el defensor del amor]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/d2f6a5c3-ca12-4bab-a1e4-7882f6939ebe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Ensayos,Amor,Bienestar emocional,Poetas]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Y TikTok mató a la 'popstar': llega una (no tan) nueva industria musical]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/tiktok-mato-popstar-llega-no-nueva-industria-musical_1_10464891.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/063e6b64-7cd3-4cc6-9e9e-eb0c26c567ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Y TikTok mató a la &#039;popstar&#039;: llega una (no tan) nueva industria musical"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La viralidad y la tendencia son los nuevos factores que determinan lo que es un éxito musical, pero ¿a qué precio? La app de moda potencia muchas problemáticas heredadas de una cultura pop cada vez más fugaz</p><p class="subtitle">Dos discos inéditos de Morrissey guardados en un cajón: la mayor anomalía del mundo del pop</p></div><p class="article-text">
        Cuando la m&uacute;sica pop internacional comenz&oacute; ese trayecto entre MySpace y Spotify en t&eacute;rminos de consumo, en 2009, se popularizaron principalmente tres temas: <em>I Gotta Feeling</em>, de Black Eyed Peas; <em>Telephone</em>, de Lady Gaga en colaboraci&oacute;n con Beyonc&eacute;, y, sobre todo, <em>Tik Tok</em>, de Kesha. Tres canciones que hablaban de la diversi&oacute;n en el club por la noche, con amigos, bebida y desenfreno, cada una a su manera, una suerte de tufo a hedonismo yanqui. No lo sab&iacute;amos entonces, pero unos 10 a&ntilde;os m&aacute;s tarde TikTok se acabar&iacute;a refiriendo a una app que irrumpir&iacute;a en las vidas de millones de personas en todo el mundo, y que encierra muchas de aquellas cuestiones problem&aacute;ticas de una industria musical que empezaba a acelerarse por entonces.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/internacional/tiktok-punto-mira-gobierno-eeuu-prohibicion-total_1_9872333.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">TikTok nace en China en 2016</a>, propiedad de la empresa ByteDance, dedicada al desarrollo de la tecnolog&iacute;a de internet. Se utiliza para crear v&iacute;deos cortos de m&uacute;sica, baile, comedia y talento de tres a 15 segundos, y v&iacute;deos cortos en bucle de tres a 60 segundos. La <em>app</em> empez&oacute; a popularizarse cuando se fusion&oacute; con Musical.ly en 2018. Por entonces comenz&oacute; a gestarse un paradigma que cambiar&iacute;a la forma de distribuir m&uacute;sica. En agosto de 2020, impulsada por los efectos de la pandemia de la COVID-19, TikTok super&oacute; los mil millones de usuarios en todo el mundo en menos de cuatro a&ntilde;os. 
    </p><p class="article-text">
        La viralidad es el concepto esencial que hace que la maquinaria de la plataforma eche a andar. Hay tres formas principales de promocionar m&uacute;sica en ella: mediante activaciones forzadas de compa&ntilde;&iacute;as discogr&aacute;ficas o de artistas independientes; con canciones naturalmente virales que aparecen en las interacciones de los usuarios, como bailes y sketches; o la m&aacute;s complicada, la que realizan artistas independientes que publican directamente su m&uacute;sica en TikTok y esperan que a la gente le guste. 
    </p><h3 class="article-text">20 d&oacute;lares al 'influencer'</h3><p class="article-text">
        &iquest;Se puede ganar dinero con TikTok? Seg&uacute;n un estudio de <a href="https://www.musicgateway.com/blog/music-promotion/does-tiktok-pay-you-for-your-music#:~:text=The%20amount%20you%20are%20paid,they%20will%20not%20receive%20royalties." target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Music Gateaway</em></a> los honorarios por reproducci&oacute;n de videos monetizables reportan una tasa de 0,02 a 0,04 d&oacute;lares por cada 1.000 visitas, lo que significa que un v&iacute;deo bastante exitoso de 500.000 visitas har&iacute;a ganar a un <em>influencer</em> alrededor de 20 d&oacute;lares.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; <em>influencers</em>? Son la nueva valla publicitaria del sistema; desde que se extendieron por Instagram, los <em>influencers</em> suponen una garant&iacute;a para anunciantes, pues ya tienen su p&uacute;blico fidelizado y se supone que el contenido que representan es &ldquo;m&aacute;s cre&iacute;ble&rdquo;. Addison Rae, <em>megainfluencer </em>a punto de sacar disco en el que colabora Charli XCX, confes&oacute; recientemente en <a href="https://podcasts.apple.com/us/podcast/addison-rae-on-how-much-people-make-on-tiktok/id1236778275?i=1000519281824" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el podcast del joven multimillonario David Dobrik</a> que algunos de ellos pueden llegar a recibir hasta 90.000 d&oacute;lares por promocionar una canci&oacute;n en TikTok. La supuesta igualdad de oportunidad del sistema de algoritmos de la app se va al garete en cuanto una gran discogr&aacute;fica pone un cheque por delante. El plan perfecto se cierra en las <em>playlists</em> de tendencias de Apple Music y Spotify, sistemas poco generosos con los artistas en cuanto a honorarios. Al menos un 67% de usuarios que escuchan un tema en tendencia en TikTok acaban buscando la canci&oacute;n en algunas de estas listas. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4301acbc-9138-44eb-974a-3e793199b1d4_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4301acbc-9138-44eb-974a-3e793199b1d4_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4301acbc-9138-44eb-974a-3e793199b1d4_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4301acbc-9138-44eb-974a-3e793199b1d4_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/4301acbc-9138-44eb-974a-3e793199b1d4_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/4301acbc-9138-44eb-974a-3e793199b1d4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/4301acbc-9138-44eb-974a-3e793199b1d4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Un video monetizable en TikTok puede reportar entre 0,02 a 0,04 dólares por cada 1.000 visitas"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Un video monetizable en TikTok puede reportar entre 0,02 a 0,04 dólares por cada 1.000 visitas                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Hay algo que determin&oacute; el &eacute;xito de TikTok desde el principio: su apertura a la generaci&oacute;n Z, que la ha adoptado como espacio de comunicaci&oacute;n en el que desarrollar nuevos lenguajes y c&oacute;digos culturales. Eso s&iacute;, muy acotados. Pero los j&oacute;venes de hoy en d&iacute;a no tienen menos inquietudes ni han perdido el gusto ni se lo han encontrado todo hecho. Viven, como todos, las experiencias musicales, determinantes y especiales en la vida de una persona, y que contribuyen a su identidad y su desarrollo cultural. Es importante analizar los inconvenientes que TikTok genera a la industria musical sin subestimar la inteligencia de sus usuarios.
    </p><h3 class="article-text">La industria musical: mismo perro, distinto collar</h3><p class="article-text">
        La <em>app</em> es un regalo para las discogr&aacute;ficas, pues el contenido lo genera el artista con la excusa de que sea &ldquo;org&aacute;nico&rdquo; y conecte con el usuario, multiplicando las supuestas posibilidades de viralidad. Pero provoca un efecto que no es particularmente favorable a la experiencia art&iacute;stica; &iquest;Cu&aacute;ntas veces m&aacute;s quieres volver a escuchar esa canci&oacute;n? &iquest;D&oacute;nde quedan la originalidad y la autenticidad dentro de este cosmos algor&iacute;tmico? <a href="https://businessinsider.mx/por-que-pasas-horas-tiktok-expertos-cerebro-tiempo_lifestyle/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Seg&uacute;n una investigaci&oacute;n</a> de la Facultad de Psicolog&iacute;a de la Universidad de Kent, la gente, en general, <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/perito-forense-avisa-tiktok-no-ninos-si-quieren-corromperlos-sitio-ideal_1_10320979.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">subestima el tiempo que pasa en TikTok</a>. El estudio descubri&oacute; que las personas que utilizaban TikTok durante solo 20 minutos experimentaban una &ldquo;disminuci&oacute;n significativa&rdquo; de la capacidad de atenci&oacute;n y la memoria de trabajo. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/220442d8-9fbb-4202-b82f-5cc642e27043_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/220442d8-9fbb-4202-b82f-5cc642e27043_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/220442d8-9fbb-4202-b82f-5cc642e27043_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/220442d8-9fbb-4202-b82f-5cc642e27043_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/220442d8-9fbb-4202-b82f-5cc642e27043_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/220442d8-9fbb-4202-b82f-5cc642e27043_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/220442d8-9fbb-4202-b82f-5cc642e27043_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="La cantante Charlie XCX en los Brit Awards de 2020"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                La cantante Charlie XCX en los Brit Awards de 2020                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/track/7lvfYYQXH6fxP7JAiY1tjz?utm_source=generator&theme=0" width="100%" height="152" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        Las famosas<em> sped up</em> (versiones aceleradas de canciones que se proponen para ser viralizadas; la alusi&oacute;n a la nostalgia f&aacute;cil (el renacer de <em>Running Up That Hill</em>, de Kate Bush, hace un a&ntilde;o); los <em>samplers</em> y remixes de una canci&oacute;n sobre otra; o el potencial de <em>memeizar</em> contenidos para su metarreplicaci&oacute;n son algunos de los elementos caracter&iacute;sticos de TikTok que s&iacute; afectan a veces a la calidad de las canciones pop tal y como las entend&iacute;amos. Dejan entrever la desesperaci&oacute;n por el &eacute;xito inmediato, tan grande como para repetir f&oacute;rmulas trilladas y rid&iacute;culas, como <em>Super Freaky Girl</em>, de Nicki Minaj, que recupera el <em>sampler</em> de Rick James <em>Super Freak</em>, o la canci&oacute;n <em>Las Babys</em> de Aitana, apolillada sobre el famos&iacute;simo <em>Saturday Night</em> de Whigfield. 
    </p><p class="article-text">
        El periodista Elias Leight publicaba <a href="https://www.billboard.com/pro/record-labels-adjust-expectations-pop-stars/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un art&iacute;culo</a> hace dos semanas en <em>Billboard </em>en el que recog&iacute;a las declaraciones de J. Erving, m&aacute;nager y fundador de la empresa de servicios y distribuci&oacute;n de artistas Human Re Sources: &ldquo;Hay una necesidad y un deseo de nuevos artistas que tengan verdadera sustancia: artistas que sean algo m&aacute;s que una canci&oacute;n, en los que realmente podamos apoyarnos, comprar entradas para conciertos, comprar <em>merchandising</em>. Cada persona del sector con la que hablo est&aacute; m&aacute;s deprimida que la anterior&rdquo;. Explica Leight que los grandes ejecutivos culpan al precipitado declive de medios de comunicaci&oacute;n de masas como la radio, y a la &ldquo;enloquecedora imprevisibilidad de TikTok&rdquo;. En fin.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/playlist/3HGejOHMRNkjZgjeH2W3UG?utm_source=generator&theme=0" width="100%" height="352" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        De acuerdo con la informaci&oacute;n publicada recientemente en <a href="https://www.musicbusinessworldwide.com/the-3-major-music-companies-generated-1bn-more/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Music Business Worlwide</em></a>, las casas discogr&aacute;ficas Warner Music Group, Sony Music Group y Universal Music Group, generaron conjuntamente 12.990 millones de d&oacute;lares en los seis primeros meses de 2023. Algunas artistas como Halsey, Billie Eilish, Florence and The Machine o la propia Charli XCX se hartaron en 2022. De forma directa, abordaron c&oacute;mo sus discogr&aacute;ficas les ped&iacute;an contractualmente a ellas promocionar su m&uacute;sica en la plataforma a trav&eacute;s de v&iacute;deos, con la excusa del contenido org&aacute;nico, en sus propios canales de TikTok. Un sistema que paga mal y estruja m&aacute;s.
    </p><h3 class="article-text">El n&uacute;mero uno en el siglo XXI</h3><p class="article-text">
        Hay un caso esperanzador que sent&oacute; precedentes &#8213;y espejismos&#8213; sobre esta relaci&oacute;n entre <em>influencers</em> y m&uacute;sicos para generar un hit viral, y es el de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/lil-nas-x-retrata-reto-adolescente-gay-afrodescendiente_1_8353121.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Lil Nas X</a>. El rapero norteamericano vio c&oacute;mo los 30 d&oacute;lares invertidos en unos <em>beats</em> que sampleaban a Nine Inch Nails e inclu&iacute;an un banyo, y que compr&oacute; al productor holand&eacute;s Young Kio generaron algo impensable. Nas se convirti&oacute; en uno de los artistas m&aacute;s famosos de la actualidad consiguiendo que su tema <em>Old Town Road</em>, un corte de country rap, sea hasta la fecha <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/cancion-destronado-despacito-eeuu-reinado_1_1414516.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la canci&oacute;n m&aacute;s escuchada de la historia</a>. &iquest;C&oacute;mo? El <em>influencer</em> NiceMichael la descubri&oacute; y la us&oacute; para un v&iacute;deo de 15 segundos en TikTok que explot&oacute;, en t&eacute;rminos virales, y que catapult&oacute; a la fama a Lil Nas X. As&iacute; lo relata <em>The</em> <em>New York Times</em> en <a href="https://www.youtube.com/watch?v=ptKqFafZgCk" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">uno de sus v&iacute;deos de la serie Diary of a Song</a>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/57167e15-306d-40d7-8e51-f6d757f65e4b_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/57167e15-306d-40d7-8e51-f6d757f65e4b_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/57167e15-306d-40d7-8e51-f6d757f65e4b_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/57167e15-306d-40d7-8e51-f6d757f65e4b_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/57167e15-306d-40d7-8e51-f6d757f65e4b_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/57167e15-306d-40d7-8e51-f6d757f65e4b_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/57167e15-306d-40d7-8e51-f6d757f65e4b_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="El rapero estadounidense Lil Nas X en el Lollapalooza de Brasil"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                El rapero estadounidense Lil Nas X en el Lollapalooza de Brasil                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe style="border-radius:12px" src="https://open.spotify.com/embed/track/0F7FA14euOIX8KcbEturGH?utm_source=generator&theme=0" width="100%" height="152" frameBorder="0" allowfullscreen="" allow="autoplay; clipboard-write; encrypted-media; fullscreen; picture-in-picture" loading="lazy"></iframe>
    </figure><p class="article-text">
        El estatus y la fugacidad: aqu&iacute; surge el conflicto, y es que las listas de &eacute;xitos han cambiado, el mercado (y las ganancias directas de los artistas tambi&eacute;n) mide los &eacute;xitos con variables que antes no exist&iacute;an, y as&iacute; esta viralidad equipara de alguna forma el n&uacute;mero 1 de Lil Nas X a la categor&iacute;a de hit que tienen canciones como <em>Thriller</em> de Michel Jackson, <em>Imagine</em>, de John Lennon o <em>I Will Always Love You</em>, de Whitney Houston. Pero &iquest;est&aacute;n asimiladas de la misma forma en la conciencia colectiva? Est&aacute; por ver; antes se vend&iacute;an discos, ahora se hace <em>streaming</em>, que por mucha mayor accesibilidad que suponga, no es lo mismo. Pone en entredicho qu&eacute; define un hit musical en 2023, y plantea dudas sobre si los artistas que lo han obtenido son merecedores de dicho estatus. Quiz&aacute;s el hecho de que Lil Nas X haya <a href="https://www.youtube.com/watch?v=6swmTBVI83k" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">coqueteado con el diablo en sus v&iacute;deos musicales</a>, que el hip hop sea el g&eacute;nero m&aacute;s escuchado en el mundo, o que sea el primer rapero negro abiertamente gay del <em>mainstream </em>en EEUU son factores que no se pueden comprar tan f&aacute;cilmente.
    </p><h3 class="article-text">Un futuro instant&aacute;neo</h3><p class="article-text">
        Si la industria cambia y el m&eacute;todo de promoci&oacute;n musical se basa en valores construidos sobre lo moment&aacute;neo es dif&iacute;cil sostener carreras musicales longevas m&aacute;s all&aacute; de <em>one hit wonders.</em> Por mucho que una de las grandezas de la cultura de <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/hyperpop-genero-musical-origen-queer-triunfa-velocidad_1_10315965.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la m&uacute;sica popular sea integrar en su diversidad todo tipo de posibilidades</a>, el talento y la capacidad de saber contar algo a trav&eacute;s de canciones que conecten y se conviertan en &aacute;ncoras de su tiempo, o en experiencias minoritarias significativas, es lo que hace que la m&uacute;sica sea considerada un arte, en estos contextos. 
    </p><p class="article-text">
        Todo esto presenta una escena bastante peculiar, sintom&aacute;tica de tiempos de hiperproductividad. En los pr&oacute;ximos meses se producir&aacute; el lanzamiento de TikTok Music, el nuevo servicio de <em>streaming</em> musical que la compa&ntilde;&iacute;a ha creado colaborando con algunas de las principales discogr&aacute;ficas a nivel global, incluyendo &#8213;oh, sorpresa&#8213; Universal Music Group, Sony Music o Warner Music. Hay que entender TikTok como lo que es, el paso del testigo de una generaci&oacute;n a otra, y que como otras tantas tendr&aacute;n que asomarse a los eventos culturales que definen sus vivencias. Y como un dispositivo de naturaleza neoliberal al que ser&aacute; necesario plantar cara, en favor de plataformas m&aacute;s democr&aacute;ticas como Bandcamp o SoundCloud.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;En la medida en la que las luchas pol&iacute;ticas dieron lugar a insignificantes ri&ntilde;as por qui&eacute;n administra el capitalismo, la innovaci&oacute;n en la m&uacute;sica popular ha sido plantada por la retrospecci&oacute;n; en ambos casos, la ambici&oacute;n exorbitante de cambiar el mundo se ha transformado en pragmatismo y arribismo&rdquo; dice Mark Fisher en <em>Los fantasmas de mi vida - Escritos sobre depresi&oacute;n, hauntolog&iacute;a y futuros perdidos</em> (Caja Negra, 2019). Ah&iacute; fuera de las pantallas hay un mundo que espera, con artistas que viven experiencias que inspiran maravillosas canciones y pueden cambiar las vidas de las personas para siempre. Quiz&aacute;s es buen momento para dejar de buscar y esperar a que, con un poco de magia y misterio, la vida y las canciones que la componen sean las que te encuentren.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Rodríguez Molina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/musica/tiktok-mato-popstar-llega-no-nueva-industria-musical_1_10464891.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 27 Aug 2023 19:22:42 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/063e6b64-7cd3-4cc6-9e9e-eb0c26c567ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="2120760" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/063e6b64-7cd3-4cc6-9e9e-eb0c26c567ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="2120760" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Y TikTok mató a la 'popstar': llega una (no tan) nueva industria musical]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/063e6b64-7cd3-4cc6-9e9e-eb0c26c567ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[TikTok,Pop,Industria musical]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Jamie Reid, el artista que definió la estética punk y el poder de la imagen contra la autoridad]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/jamie-reid-artista-definio-estetica-punk-imagen-autoridad_1_10451932.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/9d4809ea-23db-4c4e-ab25-b44acca6ccce_16-9-discover-aspect-ratio_default_1079431.jpg" width="1440" height="810" alt="Jamie Reid, el artista que definió la estética punk y el poder de la imagen contra la autoridad"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Más allá de sus portadas para los Sex Pistols, el diseñador, fallecido a principios de agosto, fue indispensable en el desarrollo de lenguajes visuales políticos críticos con la institución y la opresión en Reino Unido</p><p class="subtitle"> Vox intenta apropiarse del punk </p></div><p class="article-text">
        Artista, iconoclasta, anarquista, punk, hippie, rebelde y rom&aacute;ntico. As&iacute; describ&iacute;a el galerista John Marchant a Jamie Reid en un comunicado anunciando su fallecimiento el pasado 9 de agosto. Reid fue una figura clave junto a Malcolm McLaren y Vivienne Westwood para entender el lado visual del nacimiento del punk en Reino Unido de la mano de los <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/gente-desee-punk-no-repetira_1_9004641.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Sex Pistols</a>, y uno de los m&aacute;ximos exponentes del dise&ntilde;o art&iacute;stico.
    </p><p class="article-text">
        Jamie Macgregor Reid naci&oacute; en Londres en 1947. Su inter&eacute;s casi obsesivo por las obras de Jackson Pollock, la filosof&iacute;a de McLuhan, el situacionismo, y el jazz le llevaron a dedicar su carrera a las artes visuales con una faceta comunitaria, y con el activismo pol&iacute;tico en el centro de sus trabajos. El trabajo de Reid evidencia la importancia de la imagen en las luchas radicales y el proceso de resignificaci&oacute;n que han vivido en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas. Y, <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/ano-reina-isabel-ii-convirtio-icono-punk_1_9301336.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">m&aacute;s all&aacute; de algo tan ic&oacute;nic</a>o como la portada del <em>single</em> <em>God Save the Queen </em>de los Sex Pistols, la evoluci&oacute;n de su obra m&aacute;s desconocida se mantuvo en el camino de las luchas obreras, colaborando en sus &uacute;ltimos a&ntilde;os de vida con grupos de protesta como Occupy o Extinction Rebellion
    </p><p class="article-text">
        Reid creci&oacute; en Croydon y proced&iacute;a de una familia pol&iacute;ticamente activa. Durante su &eacute;poca en el Croydon Art College particip&oacute; en el movimiento estudiantil de 1968, en el conoci&oacute; a Malcolm McLaren, con el que organiz&oacute; una ocupaci&oacute;n de la universidad. En 1970 cofund&oacute; la revista pol&iacute;tica radical <a href="https://www.suburbanpress.info/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"><em>Suburban Press</em></a>, donde desarroll&oacute; su estilo &uacute;nico de gr&aacute;ficos recortados y esl&oacute;ganes en torno al situacionismo anarquista, en el que hac&iacute;an mensajes en favor del movimiento de liberaci&oacute;n de personas racializadas, inmigrantes en situaci&oacute;n ilegal o los derechos de las mujeres. Su estilo y sus influencias dada&iacute;stas le permitieron generar una gr&aacute;fica deconstructiva con fotocopiadoras y un efecto de tipograf&iacute;a accidentada a base de recortes, <em>ramson-note</em> (nota de rescate), ya que no pod&iacute;a costearse <em>Letraset</em> (tipograf&iacute;as de pegado en seco). Un d&iacute;a, McLaren le invit&oacute; a participar en un intrigante proyecto nuevo que result&oacute; ser los Sex Pistols, y que le supuso a Reid un gran salto cultural.
    </p><h3 class="article-text">La llegada del punk y los Sex Pistols: una oportunidad para Reid </h3><p class="article-text">
        Lo que ocurri&oacute; despu&eacute;s lo conocemos, m&aacute;s o menos. En nuestras retinas se identifica r&aacute;pidamente una imagen familiar cada vez que nos encontramos con dicha portada de los Sex Pistols, la de &ldquo;la reina&rdquo;. <em>God Save The Queen</em> se publica en 1977 y para ello Reid hab&iacute;a preparado un collage con tres principales ingredientes: un fondo con la bandera de la Union Jack, un recorte en blanco y negro del retrato que Peter Grugeon, fot&oacute;grafo oficial de Isabel II, le hab&iacute;a realizado. La guinda del pastel fue colocar las palabras &ldquo;God Save The Queen&rdquo; sobre su mirada y &ldquo;Sex Pistols&rdquo; sobre su boca. El <em>single</em>, el tercero de <em>Never Mind the Bollocks</em>, &uacute;nico elep&eacute; de los Sex Pistols, fue un &eacute;xito que recogi&oacute; el sentimiento antimon&aacute;rquico de gran parte de la sociedad del momento. Se public&oacute; cuando se cumpl&iacute;an 25 a&ntilde;os del reinado de Isabel II, y existi&oacute; una versi&oacute;n menos popularizada pero m&aacute;s pol&eacute;mica; una en la que la boca de la reina estaba cerrada con un imperdible, y sus pupilas eran dos esv&aacute;sticas. Una visi&oacute;n m&aacute;s certera de la opini&oacute;n de Reid sobre la familia real inglesa, motivada por sus conexiones con la Alemania nazi, recientemente rescatadas en la serie <em>The Crown</em> de Netflix, con la fotograf&iacute;a del pr&iacute;ncipe Eduardo, el Duque de Windsor, junto a Hitler.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/22cf2fc5-3679-4ecb-af05-6703a6cc95f4_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/22cf2fc5-3679-4ecb-af05-6703a6cc95f4_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/22cf2fc5-3679-4ecb-af05-6703a6cc95f4_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/22cf2fc5-3679-4ecb-af05-6703a6cc95f4_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/22cf2fc5-3679-4ecb-af05-6703a6cc95f4_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/22cf2fc5-3679-4ecb-af05-6703a6cc95f4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/22cf2fc5-3679-4ecb-af05-6703a6cc95f4_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Obra para el sobre interior del álbum de Sex Pistols &#039;The Great Rock &#039;n&#039; Roll Swindle&#039;"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Obra para el sobre interior del álbum de Sex Pistols &#039;The Great Rock &#039;n&#039; Roll Swindle&#039;                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Resulta irremediable poner el foco en <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/neoliberalismo-compro-crestas-punk-no-mato-fuerza_1_8956040.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">c&oacute;mo ha evolucionado el movimiento punk</a>, y su imaginer&iacute;a visual en todos estos a&ntilde;os, pues adem&aacute;s de su car&aacute;cter revolucionario y disidente, pone de manifiesto la importancia de la imagen como un dispositivo m&aacute;s de la lucha, uno que formaba parte de este movimiento. La intervenci&oacute;n de la tecnolog&iacute;a sobre lo visual ha supuesto la <em>desidentizaci&oacute;n</em> de estos artefactos. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy es f&aacute;cil encontrar una camiseta de los Sex Pistols en cualquiera de las tiendas de Inditex, pero ya no recogen este sentimiento de liberaci&oacute;n contra la monarqu&iacute;a, por ejemplo. &ldquo;Creo que en ese momento hab&iacute;a una verdadera desconfianza de la clase trabajadora sobre la Familia Real. Pero creo que esto les ense&ntilde;&oacute; el arte de los medios de comunicaci&oacute;n, y cada vez que veo los posavasos de oro y los l&aacute;pices de colores de la marca de la Familia Real, pienso que estamos bajo una supresi&oacute;n completa&rdquo;. Hace un a&ntilde;o que <a href="https://www.youtube.com/watch?v=5tpSsj_l9ho" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Verse publicaba una de las &uacute;ltimas entrevistas con el artista</a>, que resaltaba la importancia de se&ntilde;alar la historia imperialista de la Commonwealth.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cf517ef3-11b2-4508-bdf2-d051927ad4ee_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cf517ef3-11b2-4508-bdf2-d051927ad4ee_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cf517ef3-11b2-4508-bdf2-d051927ad4ee_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cf517ef3-11b2-4508-bdf2-d051927ad4ee_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/cf517ef3-11b2-4508-bdf2-d051927ad4ee_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/cf517ef3-11b2-4508-bdf2-d051927ad4ee_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/cf517ef3-11b2-4508-bdf2-d051927ad4ee_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Be Afraid, 2020"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Be Afraid, 2020                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Cuando el arte cala y conecta con el p&uacute;blico se produce el hito cultural. En el momento en el que el consumo entr&oacute; a desvirtuar muchas de estas im&aacute;genes, el usuario no procesaba el mensaje. &ldquo;El medio es el mensaje&rdquo; era, precisamente, una de las m&aacute;ximas del canadiense McLuhan, una de las grandes influencias de Reid. El arte sovi&eacute;tico, los impresionistas, la fotograf&iacute;a de guerra, las grandes im&aacute;genes de la historia de luchas pol&iacute;ticas han mantenido este sencillo planteamiento que por momentos se desvanece. 
    </p><h3 class="article-text">Una vida profesional dedicada al activismo</h3><p class="article-text">
        La obra y carrera de Jamie Reid trascendi&oacute; mucho m&aacute;s all&aacute; de su trabajo haciendo todas las portadas de Sex Pistols; sus creencias, vinculadas a la cr&iacute;tica al sistema, segu&iacute;an tirando de lo absurdo, la s&aacute;tira y la burla, aunque hubo concesiones a otro tipo de piezas m&aacute;s abstractas en el &aacute;mbito art&iacute;stico. Margaret Thatcher fue uno de los objetivos pol&iacute;ticos de este y otros movimientos sociales, y en apoyo al movimiento laborista ante unas inminentes elecciones public&oacute; la litograf&iacute;a <em>Vote For Light</em> (1987), se&ntilde;alando las &lsquo;oscuras&rsquo; pol&iacute;tica de Thatcher. Unos a&ntilde;os despu&eacute;s, produjo la ilustraci&oacute;n <em>Boy George As Putto</em> (1988), para el <em>single</em> de George <em>No Clause 28</em>, un golpe contra la Ley de Gobierno Local de Thatcher, cuya cl&aacute;usula 28 prohib&iacute;a espec&iacute;ficamente la promoci&oacute;n de la homosexualidad por parte de los ayuntamientos. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bb79379a-63e1-4de6-911e-20efa8cc1584_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bb79379a-63e1-4de6-911e-20efa8cc1584_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bb79379a-63e1-4de6-911e-20efa8cc1584_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bb79379a-63e1-4de6-911e-20efa8cc1584_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/bb79379a-63e1-4de6-911e-20efa8cc1584_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/bb79379a-63e1-4de6-911e-20efa8cc1584_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/bb79379a-63e1-4de6-911e-20efa8cc1584_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Boy George As Putto, 1988"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Boy George As Putto, 1988                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        Su l&iacute;nea m&aacute;s subversiva se enfatiz&oacute; en los &uacute;ltimos a&ntilde;os con trabajos como <em>Stop Demonising Our Future </em>(2006), un encargo de The Guardian, y que se&ntilde;alaba la criminalizaci&oacute;n de los medios hacia j&oacute;venes de recientes generaciones en dif&iacute;ciles contextos sociales, los llamados <em>chavs</em>. Respecto a &lsquo;colegas&rsquo; de profesi&oacute;n en <a href="https://www.theguardian.com/artanddesign/2018/oct/18/jamie-reid-sex-pistols-artist-interview-pussy-riot" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una entrevista con Paul Moody</a> para el diario brit&aacute;nico en 2018, Reid relataba: &ldquo;Me parece ir&oacute;nico que gente como Damien Hirst y Tracey Emin hablen del punk como una gran influencia. No hay nada remotamente escandaloso en lo que hacen&rdquo;. El comentario estaba suscitado por la colaboraci&oacute;n de ambos con la galer&iacute;a de Charles Saatchi, cuyo hermano Maurice estaba cargo de la campa&ntilde;a de publicidad del partido conservador brit&aacute;nico.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/58958745-60a0-4823-b05a-922c3787431e_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/58958745-60a0-4823-b05a-922c3787431e_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/58958745-60a0-4823-b05a-922c3787431e_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/58958745-60a0-4823-b05a-922c3787431e_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/58958745-60a0-4823-b05a-922c3787431e_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/58958745-60a0-4823-b05a-922c3787431e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/58958745-60a0-4823-b05a-922c3787431e_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Vote for Light"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Vote for Light                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        En una narrativa de revulsi&oacute;n ante las pol&iacute;ticas de Putin, Jamie Reid trabaj&oacute; para apoyar a las Pussy Riot con el collage <em>Free Pussy Riot</em> (2012), en el que rescataba un estilo propio; ya hab&iacute;a &ldquo;encapuchado&rdquo; en 1989 al multimillonario empresario Richard Branson, entre otros. El trabajo art&iacute;stico nunca cedi&oacute; la cr&iacute;tica a las instituciones, y lo puso en evidencia con el macrop&oacute;ster <em>Be Afraid </em>(2020). El artista se&ntilde;alaba de esta manera las pol&iacute;ticas del Gobierno brit&aacute;nico durante los primeros d&iacute;as de la pandemia de la COVID-19, que seg&uacute;n &eacute;l consist&iacute;an m&aacute;s en fomentar el control que la cooperaci&oacute;n y el cuidado.
    </p><h3 class="article-text">La imagen como dispositivo de lucha</h3><p class="article-text">
        La obra de Reid supuso <a href="https://www.eldiario.es/cultura/arte/arte-surgio-punk_1_4310332.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el inicio de un tejido art&iacute;stico y provocador</a> para el desaf&iacute;o a la opresi&oacute;n de la autoridad y la instituci&oacute;n, y estimular el pensamiento cr&iacute;tico para una sociedad m&aacute;s justa, y estos &uacute;ltimos trabajos as&iacute; lo constatan. &ldquo;Quer&iacute;a mostrar hasta qu&eacute; punto el mundo del espect&aacute;culo es una exageraci&oacute;n. Intentaba decir que las ideas son m&aacute;s importantes que las personalidades y el producto&rdquo;, describe Reid en <em>Up The Rise</em>, su ensayo recopilatorio de sus trabajos &ldquo;incompletos&rdquo;, escrito junto a John Savage y publicado en 1987. 
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






    <picture class="news-image">
                                    <!--[if IE 9]>
                <video style="display: none;"><![endif]-->
                                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 576px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d49a79e6-0f06-4a44-a80e-e2546fbe3efa_source-aspect-ratio_50p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 576px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d49a79e6-0f06-4a44-a80e-e2546fbe3efa_source-aspect-ratio_50p_0.jpg"
                        >
                                                                                                                        
                                                    <source
                                    media="(max-width: 767px)"
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d49a79e6-0f06-4a44-a80e-e2546fbe3efa_source-aspect-ratio_75p_0.webp"
                            >
                                                <source
                                media="(max-width: 767px)"
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d49a79e6-0f06-4a44-a80e-e2546fbe3efa_source-aspect-ratio_75p_0.jpg"
                        >
                                                                    
                                                    <source
                                    
                                    type="image/webp"
                                    srcset="https://static.eldiario.es/clip/d49a79e6-0f06-4a44-a80e-e2546fbe3efa_source-aspect-ratio_default_0.webp"
                            >
                                                <source
                                
                                type="image/jpg"
                                srcset="https://static.eldiario.es/clip/d49a79e6-0f06-4a44-a80e-e2546fbe3efa_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                        >
                                    
                <!--[if IE 9]></video><![endif]-->

                <img
                                        src="https://static.eldiario.es/clip/d49a79e6-0f06-4a44-a80e-e2546fbe3efa_source-aspect-ratio_default_0.jpg"
                    alt="Stop Demonising Our Future, 2006"
                >

            
            </picture>

            
            
                            <figcaption class="image-footer">
            <span class="title">
                Stop Demonising Our Future, 2006                            </span>
                                    </figcaption>
            
                </figure><p class="article-text">
        El legado de un artista visual vive m&aacute;s all&aacute; del medio, vive gracias a su mensaje, y el de Reid supo tocar la tecla de una generaci&oacute;n y un movimiento cultural indispensable para entender el activismo. Su trabajo fue uno al que volver en esas necesarias observaciones reparadoras del pasado porque sus compromisos con la vida social ven&iacute;an de su humanidad. A Reid lo necesit&aacute;bamos ahora m&aacute;s que nunca para entender un mundo de tazas de Mr. Wonderful, de casas Pinterest y de obras de Kaws. 
    </p><p class="article-text">
        Es inquietante el papel que jugar&aacute; en esto la Inteligencia Artificial, no tanto por su potencial de irrupci&oacute;n en el mercado corporativista, sino precisamente por esa posibilidad de que las im&aacute;genes en alg&uacute;n momento existan sin existir, sean sin ser, y cada vez tengan menos humanidad. Quiz&aacute;s es hora de sacar las tijeras en homenaje a Jamie Reid y a su forma de hacer collages porque, ciertamente, hay mucha tela que cortar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Antonio Rodríguez Molina]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/arte/jamie-reid-artista-definio-estetica-punk-imagen-autoridad_1_10451932.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 19 Aug 2023 19:57:01 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/9d4809ea-23db-4c4e-ab25-b44acca6ccce_16-9-discover-aspect-ratio_default_1079431.jpg" length="336312" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/9d4809ea-23db-4c4e-ab25-b44acca6ccce_16-9-discover-aspect-ratio_default_1079431.jpg" type="image/jpeg" fileSize="336312" width="1440" height="810"/>
      <media:title><![CDATA[Jamie Reid, el artista que definió la estética punk y el poder de la imagen contra la autoridad]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/9d4809ea-23db-4c4e-ab25-b44acca6ccce_16-9-discover-aspect-ratio_default_1079431.jpg" width="1440" height="810"/>
      <media:keywords><![CDATA[Punk,Diseñadores,Diseño,Diseño gráfico,Pintura,Reino Unido,Anarquismo]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
