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    <title><![CDATA[elDiario.es - Mercedes de la Torre]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/mercedes-de-la-torre/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Mercedes de la Torre]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[“Ahí llevas mi corazón, mira cómo me lo tienes”: Cartas de amor de mujeres del XVIII y XIX]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/llevas-corazon-mira-tienes-cartas-amor-mujeres-xviii-xix_1_11229301.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7e4cbb61-e1f7-4ebb-818f-4903ebe70a99_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x481y432.jpg" width="1200" height="675" alt="“Ahí llevas mi corazón, mira cómo me lo tienes”: Cartas de amor de mujeres del XVIII y XIX"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Las mujeres de los siglos XVIII y XIX dominaban con destreza la lengua del cortejo. Sus misivas creaban redes que unían y desunían destinos, vidas y andanzas, y constituyen un recurso historiográfico y lingüístico de gran valor</p><p class="subtitle">Todo es lengua - De Círculo Belleza SL a Masterman y tal y tal, por Arsenio Escolar
</p></div><p class="article-text">
        La pasi&oacute;n, el deseo, el sufrimiento, el despecho, la a&ntilde;oranza, el cari&ntilde;o, la serenidad familiar del matrimonio, la cotidianidad de la crianza de los hijos, etc. son sentimientos recurrentes entre pares a lo largo de los siglos. Hoy como anta&ntilde;o, los implicados prosiguen su camino guiados por la misma fuerza arrebatadora que los subyuga y que los hace sufrir y gozar y que llamamos AMOR. Su naturaleza en forma de palabra da vida a los amores y amor&iacute;os, donde los amantes, heridos por la flecha del amorcillo Cupido, caen en el enamoramiento y, a veces, en el desamor. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l es el camino elegido para la expresi&oacute;n de estos sentimientos? Sin duda, la sociedad del 2023 exhibe las pasiones con mayor libertad y menos pudor que anta&ntilde;o; como ejemplo, baste recordar <a href="https://www.eldiario.es/cultura/musica/nueva-cancion-bizarrap-shakira-viene-venganza-incorporada_1_9859919.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el tan aireado despecho de Shakira</a> en la Music Session # 53 de Bizarrap, el &iacute;mpetu er&oacute;tico sin freno expresado en las letras del reguet&oacute;n o una simple pintada en la pared donde Sergio &hearts; Patri. Demostraciones amorosas p&uacute;blicas de lo m&aacute;s privado que resultar&iacute;an impensables en otros tiempos. No obstante, el peque&ntilde;o rinc&oacute;n para la intimidad, para los secretos y las confesiones de enamorados, para el romance, el cortejo y la seducci&oacute;n sigue existiendo. Aunque la distancia separe a los amantes, estos buscan una forma de comunicarse, de expresarse, de ser o&iacute;dos o, en otras ocasiones, de ser le&iacute;dos. La inmediatez de una videollamada o un mensaje de voz nos acerca al ser amado, pero hubo un tiempo en que el papel y la tinta eran la huella de las emociones contenidas, soportadas en la distancia, a veces, incluso, prolongada en exceso por la guerra. 
    </p><p class="article-text">
        Las cartas de amor privadas escritas por mujeres son un tesoro guardado en el fondo de un secreter, pero que los archivos hist&oacute;ricos han tra&iacute;do de vuelta desde el siglo XVIII y XIX hasta las actuales manos de los investigadores de la lengua. Concretamente, en este escrito, entresaco estos mensajes amorosos de un corpus mayor, perteneciente al proyecto <em>Andaluzas y escrituras: lengua e historia en cartas femeninas de la Andaluc&iacute;a moderna</em> (Proyectos I+D+i FEDER de la Junta de Andaluc&iacute;a, US-1380779), liderado por Lola Pons y Blanca Garrido, investigadoras de la Universidad de Sevilla. Este estudio, entre sus objetivos, pretende revalorizar la figura femenina como escritora y sus usos ling&uuml;&iacute;sticos en la cambiante Edad Moderna.
    </p><p class="article-text">
        Estos preliminares me llevan a que comience el art&iacute;culo con una disculpa dirigida a las mujeres andaluzas de los siglos XVIII y XIX: lo siento, se&ntilde;oras, pero aquellas cartas que guardasteis como tesoros de vuestros m&aacute;s &iacute;ntimos sentimientos y deseos amorosos son ahora las joyas que descubren usos socioling&uuml;&iacute;sticos de gran valor para los estudiosos de la historia de la lengua. Por ello, me dispongo a desentra&ntilde;ar algunas perlas que nos har&aacute;n entender mejor a la mujer, a su destreza como escritora de cartas de amor, a la lengua del cortejo y a su realidad social.
    </p><h3 class="article-text"><strong>Los ingredientes de las cartas de amor escritas por mujeres</strong></h3><p class="article-text">
        ROGERIO	&iquest;Permitir&aacute;s que te escriba?	
    </p><p class="article-text">
        LEONISA	Si las cartas son la sal	
    </p><p class="article-text">
        	que conserva amor, &iquest;qui&eacute;n quita	
    </p><p class="article-text">
        	que no escrib&aacute;is por instantes?	
    </p><p class="article-text">
        ROGERIO	&iquest;Sabes leer?
    </p><p class="article-text">
        LEONISA	La cartilla	
    </p><p class="article-text">
        	de tu amor, donde comienzo	
    </p><p class="article-text">
        	el A, B, C, de mis desdichas.	
    </p><p class="article-text">
        ROGERIO	&iquest;Y escribir sabr&aacute;s?
    </p><p class="article-text">
        LEONISA	Tambi&eacute;n;	
    </p><p class="article-text">
        	pues siendo de amor pupila,	
    </p><p class="article-text">
        	plumas ser&aacute;n pensamientos	
    </p><p class="article-text">
        	y l&aacute;grimas dar&aacute;n tinta.	
    </p><p class="article-text">
        Tirso de Molina (1611), <em>El melanc&oacute;lico</em>  
    </p><p class="article-text">
        El fragmento de <em>El melanc&oacute;lico</em> de Tirso, aunque anterior a la &eacute;poca que nos interesa, s&iacute; nos aporta todos los ingredientes del cortejo: los amantes que como el aceite (Rogerio) y el agua (Leonisa) quieren ser pareja pese a su diferente estrato social; la carta como &ldquo;la sal que cocina el amor&rdquo;; y la mujer lectora y escritora que aviva el fuego del amor a trav&eacute;s de la pluma y la tinta.
    </p><p class="article-text">
        Analicemos estos aderezos. Comencemos con la sal: la carta. 
    </p><p class="article-text">
        El g&eacute;nero epistolar ha sido utilizado tanto en literatura como en la comunicaci&oacute;n privada en todas las &eacute;pocas. &iexcl;Cu&aacute;n hermosas son las Heroidas ovidianas! Con tal calado que aparecieron tratados epistolares que, a modo de plantilla, ofrec&iacute;an las f&oacute;rmulas adecuadas para esta tipolog&iacute;a discursiva y no fue menos en el siglo XVIII y XIX. Tan implantados estaban en esos tiempos que el gaditano Cadalso, muy dado a la creatividad literaria, se queja de la poca libertad que tiene la pluma cuando la usa en modelos preestablecidos:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Las cartas familiares que no tratan sino de la salud y los negocios dom&eacute;sticos de amigos y conocidos son las composiciones m&aacute;s fr&iacute;as e insulsas del mundo. Debieran venderse impresas y tener los blancos necesarios para la firma y la fecha, con distinci&oacute;n de cartas de padres a hijos, de hijos a padres, de amos a criados, de criados a amos, de los que viven en la corte a los que viven en la aldea, de los que viven en la aldea a los que viven en la corte. Con este surtido, que pudiera venderse en cualquiera librer&iacute;a a precio hecho, se quitar&iacute;a uno el trabajo de escribir una resma de papel llena de insulseces todos los a&ntilde;os y leer otras tantas de la misma calidad, dedicando el tiempo a cosas m&aacute;s &uacute;tiles&rdquo; (Cadalso, 1789, <em>Cartas marruecas</em>, carta LXXXIX).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="La pintura &#039;The Quiet Hour&#039; (1913) de Albert Chevallier Tayler"
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            <span class="title">
                La pintura &#039;The Quiet Hour&#039; (1913) de Albert Chevallier Tayler                            </span>
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                </figure><p class="article-text">
        S&iacute;, tal y como nos podemos imaginar, las cartas amorosas tampoco se libran de estas trabas. Se mantiene la estructura de la cabeza (saludo y captatio), el cuerpo y la cola (despedida y cierre); presentes habitualmente en todas ellas, sea cual sea la condici&oacute;n social y la instrucci&oacute;n del que las escribe, por muy poco apegados que pensemos que pudieran estar los amantes del XVIII y XIX a esta escritura formularia. 
    </p><p class="article-text">
        Eso s&iacute;, en el cuerpo textual se da rienda suelta al arrebato amoroso &iacute;ntimo que lleva a la espontaneidad expresiva zarandeada por las necesidades de comunicar la visi&oacute;n del otro, la imagen propia, el sentimiento, s&uacute;plicas y desvelos por conseguir una pasi&oacute;n y deseo correspondido. Un c&oacute;ctel en el que el chichisbeo funcionaba a la perfecci&oacute;n: t&uacute; (Diego) me escrib&iacute;as y yo (Josefa de Molina) te respond&iacute;a (Archivo General del Arzobispado de Sevilla [AGAS], 1737, legajo 06274). 
    </p><p class="article-text">
        Estos papeles personales o cartas privadas, de naturaleza vol&aacute;til y ef&iacute;mera, surgen de la necesidad de expresar por escrito el controvertido e &iacute;ntimo reino de eros. En definitiva, lleva a la escritura movida por la p&eacute;rdida de cordura que desata el cors&eacute; discursivo por muy prendido que estuviera.
    </p><p class="article-text">
        Es curioso que, en la actualidad, en una b&uacute;squeda r&aacute;pida en Internet sobre &ldquo;cartas de amor&rdquo;, me apareciera: &ldquo;C&oacute;mo escribir cartas de amor: el tutorial definitivo&rdquo;. Por lo visto, las cosas no han cambiado tanto.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Estos papeles personales o cartas privadas, de naturaleza volátil y efímera, surgen de la necesidad de expresar por escrito el controvertido e íntimo reino de eros</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Realmente, en el XVIII y XIX no solo funcionaba la carta de amor. El uso del billete, los pliegos sueltos o la reja para &ldquo;pelar la pava&rdquo; tambi&eacute;n estaban en boga; pero de esto hablaremos en otra ocasi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;adamos el agua a la cocci&oacute;n: la amada. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La amada suele ser joven, hermosa y de buena cuna, aunque Horacio y Marcial no dudan en alabar las ventajas de una amada de baja condici&oacute;n&rdquo; (Rosario Moreno [ed.], 2011, <em>Diccionario de motivos amatorios en la literatura latina</em> [Siglos III a.C.-II d.C.]). 
    </p><p class="article-text">
        Esa imagen id&iacute;lica y cl&aacute;sica de la amada no dista en muchos sentidos de la realidad de la dama de las cartas analizadas. La mujer del XVIII es producto de los cambios ilustrados de la &eacute;poca, y las del XIX, sus herederas. Supone el inicio de la renovaci&oacute;n intelectual, del reformismo y de la sociabilidad, y en todo lugar la mujer adopta su protagonismo. Aunque no nos llevemos a enga&ntilde;o, hubo m&aacute;s una instrucci&oacute;n que una educaci&oacute;n, porque tuvo unos derroteros utilitarios: cumplir con su rol dom&eacute;stico y social redefinido, con unos l&iacute;mites muy n&iacute;tidos. Y muy importante: nunca se deb&iacute;a superar en saber a los hombres si la dama no quer&iacute;a que la tacharan sat&iacute;ricamente de bachillera.
    </p><p class="article-text">
        Las f&eacute;minas disfrutar&aacute;n de la escritura, y sobre todo de la lectura, pese al analfabetismo imperante. No solo las damas de la nobleza o las religiosas utilizan las letras, sino tambi&eacute;n las mujeres de estratos intermedios de la sociedad, la burgues&iacute;a comercial. Un trozo de papel, la pluma y la tinta son formas vivas y audaces de alzar la voz femenina. Su nivel estil&iacute;stico, tem&aacute;tico y esp&iacute;ritu liberal quedan reflejados en todo tipo de escritos. Valga como ejemplo el caso de la gaditana M.&ordf; Gertrudis de Hore Hija del Sol (1742-1801), que, con su vida de estilo folletinesco y sus deliciosos poemas de amor, soledad, maternidad, desdicha, etc., embelesaba a la sociedad del momento:
    </p><p class="article-text">
        <em><strong>Octava acr&oacute;stica forzada</strong></em>
    </p><p class="article-text">
        Mi tierno amor a tu lealtad conf&iacute;o
    </p><p class="article-text">
        Y solo en ti reposa mi cuidado
    </p><p class="article-text">
        Rigores abandona el pecho m&iacute;o,
    </p><p class="article-text">
        Todo a tu dulce afecto dedicado.
    </p><p class="article-text">
        En tu poder entrego mi albedr&iacute;o,
    </p><p class="article-text">
        Ostento el mando que mi fe te ha dado,
    </p><p class="article-text">
        Mis caprichos se rinden a tu ruego,
    </p><p class="article-text">
        Ya en m&iacute; no hay voluntad, pues te la entrego
    </p><p class="article-text">
        Poes&iacute;as varias de do&ntilde;a M.&ordf; Gertrudis de Hore, llamada la Hija del Sol. <em>Cancionero del siglo XVIII</em> (Biblioteca Nacional, Madrid, f. 235v).
    </p><p class="article-text">
        Este juego del amor que se desprende de los versos de la autora (la lealtad al amado, la dedicaci&oacute;n plena al afecto por su enamorado, la p&eacute;rdida de voluntad y la entrega a los rigores del amor) goza del privilegio de la literatura para exponer los usos amorosos dieciochescos de manera p&uacute;blica, protegidos por la ficci&oacute;n, en Academias literarias y en Sociedades Econ&oacute;micas, tertulias de las que disfrutaban algunas de nuestras cultas escribientes: 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Vmd reciba much&iacute;simas memorias de toda la tertulia particulares de Agapita, Thouvenot, Sagasti y Caref&rdquo; (Archivo Hist&oacute;rico Nacional [AHN], 1810, Estado, 3091).
    </p><p class="article-text">
        Las mujeres sociabilizaron en el XVIII, comenzaron a tener un papel p&uacute;blico, que se fue configurando con fuerza en la siguiente centuria. Sin embargo, siempre quedaba espacio para lo privado, y aqu&iacute; encuentra su hueco para expresar sus sentimientos en las cartas a sus enamorados, siempre dentro de unos preceptos moderados por el cuidado de su honra. 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El juego del amor que se desprende de los versos de la autora goza del privilegio de la literatura para exponer los usos amorosos dieciochescos de manera pública</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        De amores y desamores est&aacute;n llenos los textos, a veces las damas se presentan como unas rendidas enamoradas que esperan noticias de mal&iacute;simo humor y sin gusto para nada (AHN, s. f., Estado, 3100) y otras, el anhelo por ser correspondidas las conduce a una especie de dramatizaci&oacute;n neocl&aacute;sica del amor y plaga sus escritos de exclamaciones e interjecciones, al modo de una aut&eacute;ntica actual <em>drama queen:</em>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;&iexcl;Ay de m&iacute;! &iexcl;Ay, Dios, que no puedo m&aacute;s! &iexcl;Que me estoy cayendo muerta!&rdquo; (AGAS, 1737, legajo 06274).
    </p><p class="article-text">
        La carta es la red que teje el contacto entre ausentes, donde se muestra una distancia temporal y espacial hiperbolizada en el lenguaje: Nonino, cada d&iacute;a echo m&aacute;s de menos el no estar en tu compa&ntilde;&iacute;a como no lo puedes imaginar (AHN, 1810, Estado, 3108); no tengo sosiego un instante, cada d&iacute;a me parece un siglo (AHN, s. f., Estado, 3108); nos veamos para nunca m&aacute;s separarnos (AHN, 1810, Estado, 3091) y que desemboca en promesas de amor perpetuo.
    </p><p class="article-text">
        No faltan los sufrimientos por la separaci&oacute;n del enamorado, traducidos f&iacute;sicamente por dolor en el coraz&oacute;n y en el pecho; y aparecen los celos que siembran los escritos de sospechas, dudas, furia, rabia, enfado&hellip; A veces la comedida pluma de algunas damas consigue dominar y atenuar su imagen airada mediante usos corteses discursivos (&ldquo;no me seas perezoso [&hellip;] y no te diviertas tanto como lo haces, pues hoy me han dicho que te vieron en la carrera, cuidado con qui&eacute;n andas&rdquo;, AHN, 1810, Estado, 3108); sin embargo, en otras ocasiones dejan rienda suelta a su c&oacute;lera, cual hidra de las siete cabezas, y las lleva al despecho (&ldquo;hab&iacute;a hecho Elecci&oacute;n de otro sujeto&rdquo;) y, en algunos casos, a la consiguiente s&uacute;plica de perd&oacute;n postrero:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mi amado Melac no s&eacute; si habr&aacute;s recibido una carta m&iacute;a dictada por las furias del averno, que todas en aquel instante habitaban en mi pecho pues ten&iacute;a mil dudas, mil sospechas y zozobras por ti, que batallaban con mi amor; todo cuanto en ella te dec&iacute;a era cierto menos las expresiones de que hab&iacute;a hecho Elecci&oacute;n de otro sujeto, la rabia me hac&iacute;a decir una cosa que no sent&iacute;a, no; jam&aacute;s; mi coraz&oacute;n es tuyo y lo ser&aacute; eternamente, no puede ser de otro; solo mi pena es que el tuyo no sea m&iacute;o&rdquo; (AHN, s. f., Estado, 3108).
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">A veces la comedida pluma de algunas damas consigue dominar y atenuar su imagen airada mediante usos corteses discursivos</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        A veces, la necesidad de llamar la atenci&oacute;n del enamorado las conduce a usos intensificadores del lenguaje como los recursos gr&aacute;ficos, al modo de los actuales <em>emojis.</em>
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Adi&oacute;s, adi&oacute;s, adi&oacute;s, Agust&iacute;n estoy tan triste y enojada por no haberte visto, si hace es porque no has querido o no has podido&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Si bien las cartas se cargan de miedo por perder al enamorado, no faltan aquellas en las que se transluce la inquietud por ser descubiertas en falta por sus padres. Se sent&iacute;an presas del yugo paterno y estos, a su vez, tem&iacute;an que sus c&aacute;ndidas hijas fueran seducidas, burladas y estupradas por los malintencionados galanes: 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Vi&eacute;ndome precisada por las muchas pesadumbres que en mi casa tengo con mi padre y hermano acerca de nuestro casamiento y temiendo no me suceda alguna desgracia contra mi punto, pues enojado mi padre har&aacute; cualquier desatino sin reparo&rdquo; (AGAS, 1737, legajo 06274).
    </p><p class="article-text">
        La cocina del amor necesita del &uacute;ltimo ingrediente para que la receta funcione: el aceite que no ha de faltar en la cocina mediterr&aacute;nea. el amado. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El amado es hermoso, varonil y noble [&hellip;]. De &eacute;l se espera correspondencia y estabilidad [&hellip;]. Sin embargo, no siempre corresponden con sus amantes&rdquo; (Rosario Moreno [ed.], 2011, Diccionario de motivos amatorios en la literatura latina [Siglos III a.C.-II d.C.]).
    </p><p class="article-text">
        Es chispeante cuando podemos seguir los episodios amorosos en los archivos a trav&eacute;s de la correspondencia respondida, pero eso no ocurre en muchas ocasiones. Por lo que conocemos al amado por la imagen que la enamorada proyecta de &eacute;l. 
    </p><p class="article-text">
        Ellas se reconocen como &ldquo;afect&iacute;sima amiga futura esposa que lo quiere de coraz&oacute;n&rdquo; (AHN, 1810, Estado, 3091), &ldquo;tu fiel amiga que te ama y ser&aacute; la m&aacute;s fina en quererte&rdquo; (AHN, s. f., Estado, 3100), &ldquo;tu Maripepa, que te quiere de veras&rdquo; (AHN, s. f., Estado, 3108) y &ldquo;Besa la mano de V.M. quien le estima de coraz&oacute;n&rdquo; (AGAS, 1737, legajo 06274), esto es, su papel de amant&iacute;simas respecto a ellos. De manera directa, los galanes son nombrados mediante diminutivos que adornan el afecto: Juanico, Nonito, Nonico; o sus apelativos son decorados con aduladores y lisonjeros modificadores como Querido Diego m&iacute;o, Amado m&iacute;o de mi coraz&oacute;n, Mi amad&iacute;simo y estimad&iacute;simo Pepe, Due&ntilde;o m&iacute;o, Amado bien m&iacute;o, incluso, hijo m&iacute;o&hellip;, donde la posesi&oacute;n (m&iacute;o) destaca el sentido de &ldquo;yo soy tuya, pero t&uacute; eres m&iacute;o y solo m&iacute;o&rdquo;. A veces, como el amor es ciego y nubla la mente, se extrema la figura del amado con la reiteraci&oacute;n de ponderaciones para exaltar su ser:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Sabiendo que eres t&uacute; solo el espejo en que me miro, por lo mismo estoy con grande sentimiento, por no poder estar a tu lado. Sol m&iacute;o, cari&ntilde;o, Amante Lucero de la ma&ntilde;ana, prenda por quien suspiro, chico de mi coraz&oacute;n&rdquo; (AHN, 1811, Estado, 3069).
    </p><p class="article-text">
        Sin embargo, no todo era amor. La econom&iacute;a, la decencia y el prestigio social a veces decid&iacute;an por los implicados, y eso se deja entrever en la distancia discursiva que establece la dama con el amado. Donde hay afecto y devoci&oacute;n, desde el noviazgo al matrimonio, con los consiguientes pasos escritos intermedios, la cortes&iacute;a deja paso al tuteo; sin embargo, donde la intimidad no logra arrebatar la frialdad de las relaciones en las que no hay afecto, el gal&aacute;n sigue siendo Vm (vuestra merced).
    </p><p class="article-text">
        En numerosos casos, la palabra esposo es la clave de la carta y del devenir de la pareja, donde el amado tiene un papel importante: 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Esposa y esposo. Los que se han dado palabra de casamiento, sea de presente o de futuro&rdquo; (Covarrubias, 1611, Tesoro de la lengua castellana o espa&ntilde;ola). 
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">En las cartas del XIX, su sentido ya es el de ‘marido’, como en la actualidad; pero hasta el XVIII, esta palabra es la clave de la dicotomía esposo mío-soy tuya, porque un esposo ya ha dado palabra de casamiento</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        En las cartas del XIX, su sentido ya es el de &lsquo;marido&rsquo;, como en la actualidad; pero hasta el XVIII, esta palabra es la clave de la dicotom&iacute;a esposo m&iacute;o-soy tuya, porque un esposo ya ha dado palabra de casamiento. La carta de amor funcion&oacute; como testimonio de la palabra dada por el amado: es la promesa de casorio. Precisamente, si la historia de amor termina en pleito matrimonial por incumplimiento de esponsales, los papeles escritos son los testigos y prueba efectiva de ello, y por eso han llegado a nosotros a trav&eacute;s de los archivos. Una idea nada rom&aacute;ntica, lo s&eacute;: 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;[&hellip;] estando yo como mujer de bien, resuelta a cumplir la palabra que a V.M. le tengo puesta de casamiento por cuanto estoy resuelta, como llevo dicho a ello. Me sacar&aacute; (de casa de su padre) V.M. cuanto antes y sin la menor dilaci&oacute;n porque es preciso&rdquo; (AGAS, 1737, legajo 06274).
    </p><p class="article-text">
        A partir del siglo XVIII, la palabra de matrimonio est&aacute; respaldada por una formalizaci&oacute;n mediante escritura del acuerdo contra&iacute;do entre las partes: m&aacute;s vale un papel firmado que un padre y unos hermanos airados y dispuestos a quitarte la vida por las palabras volanderas de las cartas de amor. 
    </p><p class="article-text">
        No todo son lisonjas para los amados, ya que, precisamente, la falta de diligencia para llegar al matrimonio lleva a las damas a acusar a sus due&ntilde;os de pereza y flojera.
    </p><p class="article-text">
        En definitiva, las cartas de amor de mujeres del XVIII y XIX creaban redes que un&iacute;an y desun&iacute;an destinos, vidas y andanzas, y constituyen un recurso historiogr&aacute;fico y ling&uuml;&iacute;stico de gran valor para el estudio de los aspectos m&aacute;s &iacute;ntimos de la vida cotidiana y emocional.
    </p><p class="article-text">
        Y no me alargo m&aacute;s porque no hay papel. Se despide muy afect&iacute;sima y, a la espera de que disfrute de esta lectura, la escritora suya, Mercedes de la Torre Garc&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Mercedes de la Torre]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/llevas-corazon-mira-tienes-cartas-amor-mujeres-xviii-xix_1_11229301.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 22 Mar 2024 21:43:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[“Ahí llevas mi corazón, mira cómo me lo tienes”: Cartas de amor de mujeres del XVIII y XIX]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Lenguaje,mujeres]]></media:keywords>
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