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    <title><![CDATA[elDiario.es - Rosalía Macías Tarrío]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/rosalia-macias-tarrio/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Rosalía Macías Tarrío]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[La odisea de emanciparse se extiende más allá de los 30 en Santiago: subarriendos sin contrato, pisos en mal estado y feroz competencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/galicia/odisea-emanciparse-extiende-30-santiago-subarriendos-contrato-pisos-mal-feroz-competencia_1_12989875.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b5334296-a9f8-4636-b419-e19f08a13989_16-9-discover-aspect-ratio_default_1121457.jpg" width="1323" height="744" alt="La odisea de emanciparse se extiende más allá de los 30 en Santiago: subarriendos sin contrato, pisos en mal estado y feroz competencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los problemas que llevan años sufriendo grandes urbes como Madrid o Barcelona son también una realidad en ciudades intermedias o pequeñas como Santiago de Compostela, con 100.900 habitantes</p><p class="subtitle">
La Xunta rechaza la solicitud del ayuntamiento para declarar Santiago zona tensionada de vivienda
</p></div><p class="article-text">
        Emanc&iacute;pate. As&iacute; se llama el bono que acaba de renovar la Xunta de Galicia para subvencionar la compra de muebles y otros objetos dom&eacute;sticos a la poblaci&oacute;n que considera joven. Son hasta 1.500 euros (en caso de alquiler) o 3.000 (en caso de compra) para menores de 36 a&ntilde;os para &ldquo;afrontar los gastos iniciales de la emancipaci&oacute;n&rdquo;. Pero, a pesar de bonos y ayudas al alquiler, esa independencia es a&uacute;n una utop&iacute;a para muchas personas treinta&ntilde;eras. 
    </p><p class="article-text">
        La edad media de emancipaci&oacute;n en Espa&ntilde;a es 30,3 a&ntilde;os, seg&uacute;n datos de Eurostat de 2025. Pero, ya sea para intentar alquilar o comprar, esta juventud se encuentra con precios excesivos para sus ingresos, escasa oferta de viviendas y una regulaci&oacute;n que muchos de ellos encuentran insuficiente. Se trata de problemas que llevan a&ntilde;os sufriendo grandes urbes como Madrid o Barcelona, pero que son tambi&eacute;n una realidad en ciudades intermedias o peque&ntilde;as como Santiago de Compostela, con 100.900 habitantes, en donde confluyen j&oacute;venes en busca de un hogar para emanciparse, estudiantes universitarios y presi&oacute;n tur&iacute;stica.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No s&eacute;, es muy heavy. Con trabajos mejores de los que nunca tuvieron mis padres, no puedo alquilar ni puedo comprar&rdquo;, escribe Jos&eacute; Miguel (nombre ficticio) a una amiga por WhatsApp justo antes de entrar a ver un piso en la zona vieja de Santiago. Es el cuarto que visita este mes. Acude puntual a su cita a las cinco de la tarde y, al llegar al portal, ve gente esperando. &ldquo;Nos convocaron all&iacute; a cuatro personas para pelearse y decir &lsquo;quien llega primero, se queda con el piso'&rdquo;, se queja.
    </p><p class="article-text">
        Tiene 30 a&ntilde;os y hace cinco abandon&oacute; el hogar familiar. Ha tenido que volver a esa casa, sin embargo. Tras dos a&ntilde;os viviendo en Barcelona, acept&oacute; un trabajo en Santiago pensando que el mercado inmobiliario le dar&iacute;a una tregua. No ha sido as&iacute;, por lo que ha vuelto a la casa paterna y todos los d&iacute;as hace 40 minutos en coche hasta la capital gallega, a la espera de poder instalarse en un lugar propio.
    </p><p class="article-text">
        De los otros tres pisos que ha visto Jos&eacute; Miguel, dos son un subarriendo sin permiso del propietario y sin incluirle en el contrato, una pr&aacute;ctica ilegal en Espa&ntilde;a seg&uacute;n la Ley de Arrendamientos Urbanos. Para otro de los inmuebles, le exigen una n&oacute;mina de 2.000 euros, que no tiene. &ldquo;Panorama: compartir piso sin luz o piso con olor a humedad&rdquo;, escribe. Vivir solo no es una opci&oacute;n. Para alquilar en solitario en Galicia entre los 30 y 34 a&ntilde;os, es necesario gastar m&aacute;s del 50% del salario, seg&uacute;n datos del Observatorio de Emancipaci&oacute;n del Consejo de la Juventud de Espa&ntilde;a de 2024. Cifras altas, pero por debajo de la media espa&ntilde;ola, que supera el 60% para esa franja de edad y alcanza el 90% para menores de 30.
    </p><p class="article-text">
        Encontrar un piso es un aut&eacute;ntico viacrucis,<em> </em>aun estando dispuesto a pagar precios abusivos. Unos precios que en Santiago han aumentado un 10,9% en 2025, seg&uacute;n un informe de Fotocasa. Precisamente esta p&aacute;gina, junto con Idealista, es una de las principales v&iacute;as para encontrar alojamiento; pero hay otras: grupos de Facebook como 'Piso/Habitaci&oacute;n Santiago de Compostela' (con m&aacute;s de 15.000 miembros), el boca a boca, colgar <em>stories</em> de Instagram o estados de WhatsApp y, por supuesto, las inmobiliarias. La demanda es superior a una oferta mermada por la proliferaci&oacute;n de alquileres vacacionales. Y ello a pesar de existir una regulaci&oacute;n local de viviendas de uso tur&iacute;stico (VUT). En Galicia hab&iacute;a 15.236 en noviembre de 2025: unas 370 en Santiago y otras 170 en los peque&ntilde;os ayuntamientos colindantes, seg&uacute;n el INE. Esto supone un descenso del 22,6% con respecto al a&ntilde;o anterior en la media gallega, aunque hay que tener en cuenta que las cifras podr&iacute;an aumentar en temporada estival.
    </p><h2 class="article-text">&ldquo;Mi casero es muy bueno haci&eacute;ndose el loco&rdquo;</h2><p class="article-text">
        En Santiago hay m&aacute;s de 15.000 estudiantes universitarios, con una <a href="https://www.eldiario.es/galicia/300-pisos-16-000-estudiantes-lucha-encontrar-alojamiento-santiago-universitario_1_11499210.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">carrera de obst&aacute;culos espec&iacute;fica</a> para encontrar un piso de alquiler. Un alumnado que no solo est&aacute; formado por personas con la mayor&iacute;a de edad reci&eacute;n cumplida, tambi&eacute;n hay treinta&ntilde;eras. Es el caso de Kenlly, que lleg&oacute; de Colombia hace dos a&ntilde;os y relata que las dificultades a&ntilde;adidas que se encuentran las personas migrantes. &ldquo;Cuando llamas a los pisos, la gente sabe que no eres de aqu&iacute; y empieza a pedir ciertas cosas: tener una cuenta, un contrato de trabajo&hellip; pero eso se complica si vienes como estudiante&rdquo;, lamenta, y a&ntilde;ade: &ldquo;Y, cuando logras encontrar el piso, mucha gente no te quiere hacer contrato&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En el primero que visit&oacute;, que se alquilaba por habitaciones, le explicaron que la cocina estaba en otra planta del edificio y que tendr&iacute;a que irse algunos d&iacute;as del mes porque hab&iacute;an alquilado su cuarto a otras personas. Al final, consigui&oacute; otro por Instagram, pero el contrato solo era hasta verano: ah&iacute; los precios suben con la llegada de turistas y peregrinos. Entonces, se puso a buscar alojamientos sin &eacute;xito. Recuerda que vio unas habitaciones en la c&eacute;ntrica Praza de Galicia &ldquo;con humedad y ratones, por 500 euros, y compartiendo con otras 5 personas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ahora estoy en un piso muy barato, pero tambi&eacute;n porque las condiciones son complicadas: pasas fr&iacute;o. Yo en mi habitaci&oacute;n, si echo aire, sale vaho. Se lo digo al casero, pero es muy bueno haci&eacute;ndose el loco&rdquo;, protesta. Sobre las personas que viven de alquiler es frencuente la preocupaci&oacute;n por la relaci&oacute;n con los caseros<em>.</em> En el mejor de los casos, alguien con quien se puede hablar; en el peor, alguien el derecho a finalizar el alquiler, pero que no siempre cumple con el deber de solucionar los problemas que pueden derivarse del uso normal de la vivienda.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Mi primer pensamiento sobre este tema fue 'soy una privilegiada': vivo m&aacute;s o menos c&eacute;ntrica y pago 410 euros, algo que no se encuentra ahora mismo. Pero me paro a pensar y se me inund&oacute; el piso hace dos a&ntilde;os y sigo con las puertas y muebles hinchados. Simplemente me he acostumbrado a hacer como que no pasa nada&rdquo;, relata Sof&iacute;a, de 30 a&ntilde;os, tambi&eacute;n residente en la capital gallega.
    </p><h2 class="article-text">La dificultad de sentir una casa alquilada como propia</h2><p class="article-text">
        Sof&iacute;a lleva cinco a&ntilde;os en un piso que encontr&oacute; durante la pandemia, pero se pregunta si ese espacio que comparte con sus dos gatas es realmente una casa: &ldquo;&iquest;Es una casa un sitio donde no puedes colgar cuadros en las paredes porque tu casero no te deja? &iquest;O un sitio donde el sof&aacute; se hunde y te gustar&iacute;a invertir en otro, pero no lo haces porque te pueden echar en cualquier momento? &iquest;O uno donde no puedes vivir con tus mascotas? Pues igual no lo es, pero estamos ahog&aacute;ndonos tant&iacute;simo con la vivienda que al final nuestro concepto de lo que es una casa se ve superreducido. Esta situaci&oacute;n inmobiliaria hace que yo deje de imaginar un futuro habitacional mejor y me tenga que conformar&rdquo;, reflexiona indignada, y zanja: &ldquo;Nos dedicamos a sobrevivir en el mercado inmobiliario poniendo parches con ayudas al alquiler que no arreglan nada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sobre la insuficiencia de las medidas que llegan de los gobiernos coincide con ella la Xuntanza Pola Vivenda Compostela. En enero de 2026, el Gobierno central anunci&oacute; algunas medidas para abordar la crisis de la vivienda. Entre ellas, que los propietarios que vayan a renovar un alquiler y no suban el precio en el nuevo contrato podr&aacute;n<a href="https://www.eldiario.es/economia/gobierno-anuncia-nueva-ventaja-fiscal-propietarios-vivienda-no-suban-alquileres_1_12900616.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> ahorrarse el 100% del IRPF</a> que paguen en la declaraci&oacute;n de la renta por esos ingresos. Una propuesta que lo que hace es &ldquo;premiar fiscalmente a los propietarios para que contin&uacute;en acumulando rentas&rdquo;, seg&uacute;n el comunicado emitido en redes por la Xuntanza Pola Vivenda Compostela, que apunta: &ldquo;Si algo aprendimos en estos a&ntilde;os es que, sin organizaci&oacute;n popular en los barrios, sin presi&oacute;n social y sin defensa colectiva del derecho a la vivienda, los gobiernos seguir&aacute;n protegiendo el rentismo. Nuestro horizonte es cuestionar que la vivienda sea tratada como mercanc&iacute;a&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Santiago sigue pendiente de la <a href="https://www.eldiario.es/galicia/xunta-bloquea-declaracion-zona-tensionada-santiago-nuevas-trabas-administrativas_1_12452031.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">tramitaci&oacute;n de la zona tensionada</a> que solicit&oacute; el Ayuntamiento -y que s&iacute; ha ido adelante en ciudades<a href="https://www.eldiario.es/galicia/xunta-da-luz-verde-reganadientes-solicitud-coruna-declarar-zona-tensionada-vivienda-ciudad_1_12338505.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> como A Coru&ntilde;a</a>-. La Xunta rechaz&oacute; la petici&oacute;n de la capital gallega, una negativa que el concejal de urbanismo santiagu&eacute;s, Iago Lesteg&aacute;s, atribuye a <a href="https://www.eldiario.es/galicia/ayuntamiento-santiago-acusa-xunta-rechazar-declaracion-zona-tensionada-motivos-politicos_1_12518849.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">motivos pol&iacute;ticos</a>.
    </p><h2 class="article-text">Comprar: &ldquo;Hay tan poca oferta que la gente se convierte en buitres&rdquo;</h2><p class="article-text">
        &ldquo;Que no se te escape la vivienda que quieres convertir en tu nuevo hogar&rdquo;, avisa un mensaje en la web de Dolmen Asesores, una de las m&aacute;s de 60 inmobiliarias que trabajan en Santiago. Pero para muchas personas, es f&aacute;cil que la vivienda se escape. En diciembre de 2025, comprar una vivienda en la capital gallega costaba de media 2.105 euros el metro cuadrado, seg&uacute;n datos de Idealista. Esto es, un 3,8% m&aacute;s caro que en el mismo mes del a&ntilde;o anterior y un 1,8% m&aacute;s caro que en septiembre de ese mismo a&ntilde;o. La zona m&aacute;s cara, a 2.983 euros el metro cuadrado, es la de Ensanche-Sar. M&aacute;s de 1.400 euros de diferencia con la zona del Campus Norte y San Caetano, la m&aacute;s econ&oacute;mica de la ciudad. En enero de 2026 hab&iacute;a unas 530 viviendas a la venta en este famoso portal inmobiliario, que solo un mes antes fue denunciado por el sindicato UGT por publicar anuncios que no cumplen con la normativa de vivienda.
    </p><p class="article-text">
        Compitiendo por alguna de ellas se encuentra Luc&iacute;a, de 31 a&ntilde;os. Hace un a&ntilde;o que empez&oacute; a buscar piso sin &eacute;xito. Lo busca para poder vivir en &eacute;l. Una afirmaci&oacute;n que parece obvia pero no lo es: una de cada cuatro casas se compran para invertir, seg&uacute;n el Estudio del Perfil Comprador 2025 en las Agencias Inmobiliarias.
    </p><p class="article-text">
        Luc&iacute;a se considera &ldquo;un poco privilegiada&rdquo; por solo poder plantearse la idea de comprar. &ldquo;Primero hay que tener una situaci&oacute;n m&iacute;nimamente estable en cuanto a tu trabajo, tu movilidad, tu pareja o lo que sea. Buscar todas las condiciones de estabilidad a los 30 para poder comprar una casa es muy dif&iacute;cil&rdquo;, reflexiona. E insiste en que comprar sola, sin nadie con quien compartir el gasto, es misi&oacute;n imposible. En Espa&ntilde;a, solo un 16,8% de quienes compran una casa lo hacen en solitario; siendo las parejas el perfil mayoritario, con un 40%, seg&uacute;n el citado estudio.
    </p><p class="article-text">
        Al preguntarle sobre el proceso, Luc&iacute;a resopla: &ldquo;Yo empec&eacute; superilusionada, pero luego me desinfl&eacute;. Hubo un momento de inflexi&oacute;n cuando vi uno que me gust&oacute; y empec&eacute; a poner esta idea en n&uacute;meros&hellip; y es que me iba a quedar a cero&rdquo;. Asegura que se sinti&oacute; juzgada por el banco al ir a solicitar una hipoteca. Considera tambi&eacute;n agobiantes la burocracia y las prisas que rodean esta decisi&oacute;n. &ldquo;En el momento que ves un piso y te interesa, empieza una sensaci&oacute;n de cuenta atr&aacute;s. Hay tan poca oferta que la gente se convierte en buitres. Pero es dejarme todo mi dinero e hipotecarme el resto de mi vida, no puedo tomar esta decisi&oacute;n en una tarde&rdquo;, insiste. M&aacute;s del 70% de quienes compraron una vivienda en 2025 lo hicieron solicitando una hipoteca, seg&uacute;n el Colegio de Registradores de Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Reconoce que actualmente ha frenado el proceso de b&uacute;squeda, aunque le siguen llegando alertas de portales inmobiliarios, muchas de ellas dirigidas a inversi&oacute;n. &ldquo;Hoy me han llegado dos. Uno por 180.000 euros que pone: 'Piso embargado en Santiago ideal para inversores que buscan alta rentabilidad y margen inmediato'. Otro por 163.000 euros que dice: 'Otra ventaja a tener en cuenta es que se trata de un inmueble en planta baja, lo que hace considerablemente m&aacute;s sencillo y viable tramitar la licencia de VUT'. Es que ya no se esconden&rdquo;, relata.
    </p><p class="article-text">
        En 2017, el porcentaje de j&oacute;venes entre 30 y 34 a&ntilde;os con una vivienda en propiedad era del 28%, seg&uacute;n el informe de INJUVE 'J&oacute;venes buscan piso: la distop&iacute;a del acceso a la vivienda'. Una cifra similar a la que arroja el informe 'Los j&oacute;venes y el mercado de la vivienda en 2025' de Fotocasa Research, que asegura que era de un 30% en 2025.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Te vend&iacute;an lo de 'estudia una carrera y con 30 a&ntilde;os tendr&aacute;s una familia, una casa, un marido y dos ni&ntilde;os preciosos'; pero si quieres esto, no puedes, en la mayor&iacute;a de los casos. Muchas veces la &uacute;nica raz&oacute;n por la que sigues viviendo con tu pareja es para compartir gastos&rdquo;, resume Sof&iacute;a. Pero ella no aspira a ese ideal de familia, sino a estar cerca de sus amigas y poder construir una comunidad: &ldquo;Antes sent&iacute;a que ten&iacute;a por delante mucha capacidad de decisi&oacute;n, de construir algo diferente a lo que tuvieron mis padres. Pero la realidad se ve limitada por las condiciones materiales, porque no podemos decidir activamente d&oacute;nde vivir&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosalía Macías Tarrío]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/galicia/odisea-emanciparse-extiende-30-santiago-subarriendos-contrato-pisos-mal-feroz-competencia_1_12989875.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Feb 2026 05:01:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Jóvenes,Alquiler,Hipotecas,Santiago de Compostela]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La balada de los presos forzados por el franquismo a construir el aeropuerto de Santiago: 'Lavacolla, lugar triste']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/galicia/balada-presos-franquistas-forzados-construir-aeropuerto-santiago-lavacolla-lugar-triste_1_12123745.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cf1a8713-da23-4406-a961-d3646582e9d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La balada de los presos forzados por el franquismo a construir el aeropuerto de Santiago: &#039;Lavacolla, lugar triste&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Testimonios de vecinas, documentos de la época y canciones creadas por los propios presos muestran cómo malvivían en el campo de concentración de esta aldea cercana a Santiago y cómo fueron forzados a trabajar en las obras de las pistas del aeropuerto en los años 40
</p><p class="subtitle">La oscura memoria de Santa Isabel, un campo de concentración franquista a 500 metros de la catedral de Santiago</p></div><p class="article-text">
        Son las cuatro y media de un s&aacute;bado de noviembre. Hace fr&iacute;o y llueve, algo que no es raro en esta &eacute;poca en Lavacolla, una aldea de 150 habitantes a diez kil&oacute;metros de Santiago de Compostela. La agrupaci&oacute;n cultural O Galo est&aacute; realizando una ruta sobre memoria hist&oacute;rica que comienza all&iacute;, en la iglesia de San Paio de Sabugueira. Deben darse prisa: a las cinco hay un entierro y tendr&aacute;n que irse.
    </p><p class="article-text">
        Reparten una fotograf&iacute;a entre el p&uacute;blico asistente. En la imagen se puede ver esa misma iglesia pero con la bandera de la Alemania nazi colgada detr&aacute;s del altar en 1937. Celebrando el d&iacute;a de la Virgen de Loreto, las autoridades militares hab&iacute;an colgado los estandartes de las &ldquo;naciones amigas&rdquo;. Al final de aquella misa, el p&aacute;rroco realiz&oacute; un discurso &ldquo;patri&oacute;tico-religioso alabando los progresos de la aviaci&oacute;n y de la ayuda que estaba prestando Franco en la &lsquo;reconquista nacional&rsquo;&rdquo;, seg&uacute;n relata el controlador a&eacute;reo Xerardo Rodr&iacute;guez en el libro<em> Guerra de 1936/1939 en Compostela</em>, publicado por O Galo.
    </p><p class="article-text">
        A pocos metros de la iglesia se encuentra A F&aacute;brica: un conjunto de casas rodeadas de riachuelos que hasta 1910 fue una antigua f&aacute;brica de curtidos propiedad del empresario Juan Harguindey Broussain. El grupo contin&uacute;a la ruta en este recinto en el que hoy hay un restaurante, una casa en venta por 400.000 euros en un portal inmobiliario y un albergue de peregrinos. Donde ahora duermen quienes realizan el camino de Santiago, viv&iacute;an hacinados unos 2.000 presos en los a&ntilde;os 40. Era uno de los cerca de 300 campos de concentraci&oacute;n franquistas que hubo en Espa&ntilde;a desde 1936, una decena de ellos en Galicia. S&oacute;lo uno, el de la isla de San Sim&oacute;n, ser&aacute; declarado en agosto Lugar de Memoria Democr&aacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        All&iacute; enviaban a detenidos clasificados como &ldquo;desafectos&rdquo; al r&eacute;gimen o &ldquo;afectos dudosos&rdquo;, que eran destinados a los batallones de trabajadores. Seg&uacute;n cifras recogidas por O Galo en su libro, en 1939 lleg&oacute; a haber 300.000 personas reclusas en Espa&ntilde;a. Para hacernos una idea, en 2023 hab&iacute;a unas 52.700 personas en prisi&oacute;n seg&uacute;n datos del Consejo General del Poder Judicial.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Estado actual de uno de los barracones de la fábrica                            </span>
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        Era frecuente que estos campos de concentraci&oacute;n se ubicasen en grandes edificios como conventos, almacenes, estaciones o f&aacute;bricas. &ldquo;Estamos amontonados, hemos de dormir unos encima de los otros&rdquo;, escrib&iacute;a en su diario el preso Casimiro Jabonero, que entr&oacute; en el campo en 1939 tras combatir en el bando republicano. Los pocos documentos que se conservan describen poca iluminaci&oacute;n, mala ventilaci&oacute;n, fr&iacute;o, humedad, hambre o plagas de piojos. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Los guardias les gritaban: &iexcl;Venga, piojosos!&rdquo;, explica Mar&iacute;a Torres Salvado, una vecina de Lavacolla de 71 a&ntilde;os. Ella a&uacute;n no hab&iacute;a nacido en aquella &eacute;poca, pero recuerda las historias que le contaba de peque&ntilde;a su madre, Isolina Salvado. &ldquo;Los llevaban a ba&ntilde;arse al r&iacute;o en ma&ntilde;anas de helada. A los pobres se les notaban las costillas&hellip; Y hab&iacute;a un teniente que les trataba fatal&rdquo;, afirma.
    </p><p class="article-text">
        Hac&iacute;an sus necesidades en una zanja que dejaba un &ldquo;olor insoportable&rdquo;, seg&uacute;n se lee en los diarios de Casimiro Jabonero, publicados por la Fundaci&oacute;n 10 de Marzo. &ldquo;Por las ma&ntilde;anas izamos la Bandera Nacional y se entona el himno de la Falange y por la tarde hay que descenderla&rdquo;. &Eacute;l sali&oacute; vivo para contarlo: &ldquo;Llevo un recuerdo triste de este campo y de sus jefes, aqu&iacute; la fusta ha imperado, y otra cosa m&aacute;s, que causa m&aacute;s da&ntilde;o a&uacute;n, sin dar golpes, las palabras con intenci&oacute;n doble que te her&iacute;an en lo m&aacute;s vivo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Otros no tuvieron esa suerte. Huir del campo no era una opci&oacute;n, seg&uacute;n cuenta Mar&iacute;a: &ldquo;Yo le preguntaba a mi madre por qu&eacute; no se escapaban, y me explic&oacute; que estaban esperando un indulto y que eran de lejos. Quien se echara al monte o se escapase no volv&iacute;a a aparecer&rdquo;. En los l&iacute;mites del campo hab&iacute;a un palomar que serv&iacute;a de torre de vigilancia. Todav&iacute;a se puede ver el lugar donde los guardias apoyaban su metralleta para disparar a quien tratase de huir.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Estado actual del palomar de A Fábrica, desde donde vigilaban los guardias del campo                            </span>
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        En alguna ocasi&oacute;n en la que los mandos del campo recib&iacute;an visitas, la madre de Mar&iacute;a iba a cocinar a los barracones y les escuchaba hablar desde la cocina: &ldquo;Hay que decir a los labradores que ma&ntilde;ana dejen dos carros porque hay que ir a tirar el esti&eacute;rcol&rdquo;, rememora Mar&iacute;a, que a&ntilde;ade: &ldquo;A ella le extra&ntilde;aba, porque sab&iacute;a que el esti&eacute;rcol lo quitaban los presos o gente de all&iacute;&rdquo;. Su familia sospecha que con &ldquo;esti&eacute;rcol&rdquo; se refer&iacute;an a los fusilados. &ldquo;De noche mi padre ten&iacute;a que dejar los carros y cuando llegaba por la ma&ntilde;ana los bueyes estaban sudados de trabajar toda la noche&rdquo;, cuenta. &ldquo;Seguro que estaban toda la noche tirando cuerpos por ah&iacute;&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">Pico y pala</h2><p class="article-text">
        En junio de 1937, un Real Decreto firmado por Francisco Franco afirmaba que el derecho al trabajo &ldquo;no ha de ser regateado por el Nuevo Estado a los prisioneros y presos rojos (...) quienes olvidaron los m&aacute;s elementales deberes de patriotismo&rdquo;. Este documento constituy&oacute; &ldquo;la base para el establecimiento de un doble sistema de trabajos forzados&rdquo;, seg&uacute;n reconoce el actual Ministerio de Cultura en su centro documental de la Memoria Hist&oacute;rica, creado en 2007. 
    </p><p class="article-text">
        El decreto franquista estableci&oacute;, por un lado, un sistema de Redenci&oacute;n de Penas por Trabajo para quienes hab&iacute;an sido condenados en tribunales militares. Por otro lado, cre&oacute; los Batallones de Trabajadores para desafectos que no hab&iacute;an recibido condenas. Estableci&oacute; tambi&eacute;n la Inspecci&oacute;n de Campos de Concentraci&oacute;n de Prisioneros (ICCP). Los presos eran clasificados y empleados como mano de obra para trabajar en minas, en la reparaci&oacute;n de puentes y carreteras, en la construcci&oacute;n de edificios o en las obras de aeropuertos. 
    </p><p class="article-text">
        De aeropuertos como el de Lavacolla, hoy conocido como Santiago-Rosal&iacute;a de Castro. El campo de concentraci&oacute;n de Lavacolla pas&oacute; a ser un barrac&oacute;n para los Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores. Cambi&oacute; el nombre pero no las condiciones de vida. Como afirma el citado Ministerio, &ldquo;el nuevo sistema era una continuaci&oacute;n del antiguo, ya que los presos eran concentrados en los campos y dep&oacute;sitos de prisioneros, donde se llevaba a cabo su clasificaci&oacute;n&rdquo;.
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                Presos del campo de concentración frente al cruceiro de la iglesia de Lavacolla                            </span>
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        El aeropuerto de Lavacolla naci&oacute; como un aeroclub de la mano de un grupo de aficionados a la aviaci&oacute;n en 1932 y fue inaugurado hace noventa a&ntilde;os, en julio de 1935. Con la Guerra Civil, adquiri&oacute; usos militares. En 1940 comenzaron obras en su pista norte-sur y zona central. Seg&uacute;n la web de AENA, que hoy gestiona los aeropuertos espa&ntilde;oles, esas obras &ldquo;fueron realizadas por Batallones de Soldados Trabajadores (n&ordm; 28, 29 y 31) y por vecinos de Santiago que, desde principios del proyecto del Aer&oacute;dromo Compostela, trabajaron de manera forzosa en las obras del campo de vuelos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hay un monolito en la entrada de la aldea, que reza: &ldquo;En la memoria de los republicanos presos en el campo de concentraci&oacute;n de Lavacolla y de aquellos que (...) contribuyeron durante su cautiverio a la construcci&oacute;n de las pistas del aeropuerto&rdquo;. Hoy dicho aeropuerto opera m&aacute;s de 25.000 vuelos al a&ntilde;o y recibi&oacute; a m&aacute;s de tres millones de pasajeros en 2024.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hicieron el aeropuerto a base de pico y pala&rdquo;, prosigue Mar&iacute;a, que avisa de que, seg&uacute;n la gente de la aldea, bajo las pistas del aeropuerto hay fosas comunes de aquella &eacute;poca, con los cad&aacute;veres de quienes fueron fusilados en la zona o murieron en el campo de Lavacolla. &ldquo;La gente lo cree as&iacute;, pero no podemos tener muchos testimonios porque la gente que lo contaba est&aacute; toda muerta&hellip; Se perdieron testimonios sin que nadie les prestara atenci&oacute;n&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n hay muertos sin desenterrar en terrenos pegados al aeropuerto, como el que se conoce como Finca dos mortos, en la aldea de O Amenal. En 2007 se realiz&oacute; all&iacute; una exhumaci&oacute;n en la que aparecieron restos de tres hombres. Cinco a&ntilde;os despu&eacute;s, gracias a las pruebas de ADN realizadas por la Asociaci&oacute;n para la Recuperaci&oacute;n de la Memoria Hist&oacute;rica (ARMH), fueron entregados a sus familias. Que se sepa, quedan por lo menos otras dos personas enterradas all&iacute;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="Elisa Tobar (tercera de pie por la izquierda) en una foto familiar en Vilachá, en los años 40-50. Alejandro Vargas, el preso compositor de las canciones, es el segundo por la derecha (de pie, con sombrero)"
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            <span class="title">
                Elisa Tobar (tercera de pie por la izquierda) en una foto familiar en Vilachá, en los años 40-50. Alejandro Vargas, el preso compositor de las canciones, es el segundo por la derecha (de pie, con sombrero)                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text">&ldquo;No hay cinemas ni danzones, hay pulguitas y ratones&rdquo;</h2><p class="article-text">
        Eran frecuentes los fusilamientos en la zona. &ldquo;Los trajeron en un cami&oacute;n, los bajaron y les dispararon. Murieron todos menos uno que qued&oacute; inconsciente en el suelo. Los militares fueron a buscar a gente para enterrar los cuerpos y ese consigui&oacute; salvarse&rdquo;, recuerda Elisa Tobar, otra vecina de una aldea cercana: Vilach&aacute;. Ella ten&iacute;a ocho a&ntilde;os cuando comenz&oacute; la Guerra Civil pero hoy, a sus noventa y seis a&ntilde;os, recuerda perfectamente lo que vivi&oacute;.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me acuerdo de las vagonetas. Los presos iban por la carretera transportando piedras y tierra por unos ra&iacute;les&rdquo;, relata. Elisa, junto a otras mujeres de la aldea, iba hasta los barracones a vender manzanas a los reclusos. Ellos las compraban con las pocas pesetas que ten&iacute;an o las cambiaban por mantas. Cuando no ten&iacute;an qu&eacute; comer, cog&iacute;an ma&iacute;z de plantaciones de la zona o cazaban peque&ntilde;os animales.
    </p><p class="article-text">
        Una tarde, el padre de Elisa fue caminando hasta Santiago, a unos dieciocho kil&oacute;metros, a comprar chucher&iacute;as para la familia. A la vuelta, ya de noche, regres&oacute; en un cami&oacute;n. &ldquo;Al llegar a Lavacolla, el conductor le dijo que a partir de ah&iacute; ya no pod&iacute;a llevarle, que siguiera andando. Entonces mi padre escuch&oacute; cantar a los soldados&rdquo;. Al relatar el momento, Elisa canta emocionada: <em>&ldquo;Lavacolla, lugar triste, no hay tranv&iacute;as ni autobuses. No hay cinemas ni danzones, hay pulguitas y ratones&hellip;</em> &lsquo;Por favor, &iquest;de qui&eacute;n es la letra?&rsquo;, pregunt&oacute; mi padre. &lsquo;De un servidor&rsquo;, respondi&oacute; uno de los presos&rdquo;. Era Alejandro Vargas, un joven madrile&ntilde;o de unos veinte a&ntilde;os que trabajaba como le&ntilde;ador en el campo de concentraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Desde entonces vino a casa durante a&ntilde;os. Ven&iacute;a con ropa sucia y le d&aacute;bamos lo que hab&iacute;a: caldo y pan de brona&rdquo;. &Eacute;l les contaba historias, como la de cuando raparon el pelo a su madre y la pasearon por las calles de la capital. &ldquo;La gente de derechas aplaud&iacute;a e insultaba. &iexcl;Muchos cambiaron la chaqueta en aquella &eacute;poca, eh!&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Adem&aacute;s de historias, a veces tra&iacute;a canciones nuevas. <em>&ldquo;De Madrid partimos una madrug&aacute;. Todos conducidos hasta Lavacolla. Al llegar al puesto, dijo el capit&aacute;n: Venid a este lado y os dir&eacute; una cosa: Aquel cerro que all&iacute; veis, lo ten&eacute;is que rebajar. A base de pico y pala, sin dejar de trabajar&hellip;&rdquo;</em>.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                María Torres de pequeña junto a su familia. A la derecha, su madre, Isolina Salvado, que en ocasiones cocinaba en el campo de concentración                            </span>
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        A&ntilde;os despu&eacute;s, Alejandro Vargas se march&oacute;. &ldquo;Dijo que iba a escribirnos, pero no volvimos a tener noticias de &eacute;l. Seguro que al llegar a Madrid lo mataron&rdquo;. Antes de irse, &eacute;l y otros presos regalaron a Elisa una pulsera hecha de &ldquo;realitos&rdquo;. A sus padres, Francisco Tobar y Dorotea Mart&iacute;nez, les hicieron unos anillos con sus iniciales grabadas. &ldquo;Los fabricaron los presos, alguno deb&iacute;a de ser joyero. Porque, &iquest;a d&oacute;nde los iban a llevar? All&iacute; no hab&iacute;a nada. Ya lo dec&iacute;a la canci&oacute;n: Lavacolla, lugar triste&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Y entre susurros, Elisa tararea la melod&iacute;a y canta la parte final de la canci&oacute;n, como lleva haciendo durante ochenta a&ntilde;os: <em>&ldquo;Tengo ganas de estrecharte entre mis brazos, tengo ganas de no tirar m&aacute;s del pico. Y emborracharme de cerveza, para olvidar todo lo que aqu&iacute; pas&oacute;&rdquo;.</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosalía Macías Tarrío]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/galicia/balada-presos-franquistas-forzados-construir-aeropuerto-santiago-lavacolla-lugar-triste_1_12123745.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 18 Mar 2025 10:54:11 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La balada de los presos forzados por el franquismo a construir el aeropuerto de Santiago: 'Lavacolla, lugar triste']]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Memoria Histórica,Campos de concentración,Víctimas del franquismo,Santiago de Compostela,Aeropuertos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Retrato de una Galicia envejecida: el reto de los cuidados y la soledad con una de cada cuatro personas mayor de 65 años]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/galicia/retrato-galicia-envejecida-reto-cuidados-soledad-cuatro-personas-mayor-65-anos_1_11260959.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c86030f5-dcc2-4a78-9c31-ddad4d4fff4e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Retrato de una Galicia envejecida: el reto de los cuidados y la soledad con una de cada cuatro personas mayor de 65 años"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La provincia de Ourense concentra el avejentamiento poblacional: tiene la mayor tasa de gente mayor de España, el número más alto de centenarios y un rural en el que quedan cada vez menos jóvenes</p><p class="subtitle"> Paradojas de la Galicia estancada: población estable desde hace medio siglo, natalidad a la baja, brecha litoral-interior </p></div><p class="article-text">
        Galicia se hace mayor. Toda su poblaci&oacute;n &ldquo;est&aacute; inmersa en un proceso de envejecimiento que afecta a toda Europa&rdquo;, apunta el Instituto Galego de Estat&iacute;stica (IGE) en sus &uacute;ltimos indicadores demogr&aacute;ficos. Es una de las comunidades con m&aacute;s personas mayores y con un mayor ritmo de envejecimiento de todo el Estado, solo superada por la vecina Asturias. El 26,09% de sus habitantes tiene m&aacute;s de 65 a&ntilde;os (es decir, m&aacute;s de una de cada cuatro personas). En el otro lado de la pir&aacute;mide poblacional, solo un 15,6% tiene menos de 20 a&ntilde;os. Una desproporci&oacute;n que, seg&uacute;n el IGE, seguir&aacute; aumentando, junto con la media de edad en Galicia: actualmente se sit&uacute;a en unos 48 a&ntilde;os, cuatro puntos m&aacute;s que la media nacional y la europea.
    </p><p class="article-text">
        El mayor exponente de este envejecimiento se encuentra en el sureste de la comunidad aut&oacute;noma. Ourense es la provincia de Espa&ntilde;a con m&aacute;s proporci&oacute;n de gente mayor: el 31,94% de su poblaci&oacute;n tiene m&aacute;s de 65 a&ntilde;os, cuando la media nacional es del 20%, seg&uacute;n datos del INE. Tambi&eacute;n es donde viven m&aacute;s mayores de cien a&ntilde;os: 387 personas cuentan m&aacute;s de un siglo de vida en Ourense. Estas cifras r&eacute;cord le han valido el apodo de la Okinawa europea. La isla japonesa se hizo famosa en 2005, cuando la revista National Geographic la situ&oacute; como el mayor ejemplo de las &ldquo;zonas azules&rdquo;, aquellos lugares donde hay m&aacute;s proporci&oacute;n de mayores de cien. Ahora las tasas de centenarios en Ourense superan a las niponas, seg&uacute;n escriben &Iacute;&ntilde;igo Ortega y Antonio Huertas en su libro La revoluci&oacute;n de las canas. 
    </p><p class="article-text">
        A estas cifras a menudo les siguen titulares glamurosos que se preguntan sobre los secretos de su poblaci&oacute;n centenaria o los misterios de la alta esperanza de vida en Galicia (80,31 en hombres y 85,95 en mujeres). Cierto es que el envejecimiento de la sociedad per se no es malo. No es &ldquo;el preludio de una pr&oacute;xima cat&aacute;strofe, de ese inminente apocalipsis demogr&aacute;fico, econ&oacute;mico y social que supondr&aacute;, poco m&aacute;s o menos, la destrucci&oacute;n de la civilizaci&oacute;n occidental&rdquo;, como escriben Isidro Dubert y Ant&iacute;a P&eacute;rez-Caram&eacute;s en su libro Invasi&oacute;n migratoria y envejecimiento demogr&aacute;fico. Dos mitos contempor&aacute;neos, donde resaltan la importancia de no presentar el envejecimiento como un problema. Pero la tercera edad en Galicia est&aacute; acompa&ntilde;ada de realidades como la brecha digital, el abandono de los n&uacute;cleos de poblaci&oacute;n rurales, la soledad no deseada, la privatizaci&oacute;n de las residencias o la discriminaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Sigue habiendo muchos estereotipos sobre las personas mayores y edadismo hacia ellas&rdquo;, asegura Loreto Somoza, Coordinadora en Galicia del &aacute;rea de conocimiento de inclusi&oacute;n de Cruz Roja. Esta entidad lanz&oacute; el pasado a&ntilde;o una campa&ntilde;a en la que incid&iacute;an en que subestimar las capacidades de las personas mayores tambi&eacute;n es maltrato. &ldquo;El maltrato no abarca solo la agresi&oacute;n f&iacute;sica&rdquo;, sino tambi&eacute;n &ldquo;la creaci&oacute;n de una imagen peyorativa que socialmente se ofrece de este colectivo, fruto del edadismo, las trabas en la participaci&oacute;n social, o el infantilismo&rdquo;, escrib&iacute;an.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Con la edad que tengo, me doy cuenta de que soy mayor pero, al mismo tiempo, sigo pensando lo mismo que cuando era joven&rdquo;, cuenta Merchi Virg&oacute;s, que a sus casi 93 a&ntilde;os vive sola en su apartamento de Vigo y presume de ser &ldquo;independiente total&rdquo;. &ldquo;Yo tengo mucha suerte porque no tengo problemas de salud&hellip; pero a veces voy andando por la calle y de repente tropiezo y pienso: &lsquo;&iexcl;Bueno nena, eso son los 92!&rsquo;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Aunque para ella la edad perfecta est&aacute; &ldquo;entre los 50 y los 65 a&ntilde;os, porque tienes juventud y al mismo tiempo tranquilidad&rdquo;, reivindica que la sociedad debe respetar m&aacute;s a quienes ya no son tan j&oacute;venes: &ldquo;Las personas mayores saben much&iacute;simo y son las que m&aacute;s pueden ense&ntilde;ar. Si se pierde eso, se pierde lo que somos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        A unos 200 kil&oacute;metros de all&iacute;, Antonio Rodr&iacute;guez da talleres de estimulaci&oacute;n cognitiva para mayores de la provincia de Lugo, tambi&eacute;n en el podio de las provincias m&aacute;s envejecidas de Espa&ntilde;a. &ldquo;El objetivo es aportar a las personas mayores del rural una oportunidad de crear un punto de encuentro donde socializar con sus iguales, combatir la soledad y prevenir el deterioro cognitivo provocado por el sedentarismo&rdquo;, explica.
    </p><h3 class="article-text">Las dificultades con los tr&aacute;mites digitales</h3><p class="article-text">
        Aunque no era el plan inicial, la brecha digital se abri&oacute; camino en los talleres. &ldquo;Hab&iacute;a varias personas mayores que viv&iacute;an solas y no sab&iacute;an utilizar aplicaciones como la del Sergas&rdquo;, cuenta este terapeuta ocupacional, que al ver que era una demanda com&uacute;n, propuso realizar talleres centrados en el acceso y uso de la app, &ldquo;para que pudiesen utilizarla de forma aut&oacute;noma para mirar sus pr&oacute;ximas citas m&eacute;dicas o acceder a las recetas prescritas por su m&eacute;dico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez m&aacute;s tr&aacute;mites son digitales, sin embargo, el informe Seniors Digitales publicado en 2023 por Osimga (Observatorio da Sociedade da Informaci&oacute;n e a Modernizaci&oacute;n de Galicia) recog&iacute;a que solo un 20,1% de las personas mayores de 74 en Galicia hab&iacute;an utilizado internet en los &uacute;ltimos tres meses. Una de sus actividades m&aacute;s frecuentes, seg&uacute;n este estudio, es el acceso a la banca electr&oacute;nica, donde, adem&aacute;s, se observa una diferencia de uso de unos 20 puntos entre hombres (46,8%) y mujeres (26,6%).
    </p><p class="article-text">
        Los bancos son otra muestra de la progresiva disminuci&oacute;n de los servicios presenciales. Si bien el pasado diciembre el Gobierno central prohibi&oacute; por ley a la banca cobrar a los mayores de 65 a&ntilde;os una comisi&oacute;n por retirar efectivo en ventanilla, cada vez hay menos ventanillas. En Galicia han cerrado unas 700 sucursales bancarias desde 2015, seg&uacute;n datos del Banco de Espa&ntilde;a.
    </p><h3 class="article-text">La menor tasa de j&oacute;venes en el rural de Espa&ntilde;a</h3><p class="article-text">
        Todas estas situaciones se acent&uacute;an en un rural tan envejecido como el gallego. Seg&uacute;n el &uacute;ltimo Informe Anual de Indicadores: Agricultura, Pesca y Alimentaci&oacute;n del Ministerio de Agricultura, esta es la comunidad aut&oacute;noma con menor tasa de j&oacute;venes en zonas rurales, con 28 personas menores de 15 a&ntilde;os por cada 100 mayores de 65. Una tendencia que una vez m&aacute;s se extrapola a Espa&ntilde;a, donde la proporci&oacute;n de mayores de 80 a&ntilde;os que viven en el rural es la m&aacute;s elevada de toda la Uni&oacute;n Europea, seg&uacute;n el INE.
    </p><p class="article-text">
        Galicia est&aacute; marcada por la despoblaci&oacute;n del rural y la dispersi&oacute;n geogr&aacute;fica, &ldquo;que hace que el modelo de atenci&oacute;n a estas personas presente ciertas dificultades&rdquo;, explica Loreto Somoza. &ldquo;Dar un servicio en el rural cuesta el doble que, por ejemplo, en Madrid, donde tienen todo mucho m&aacute;s optimizado&rdquo;, expone.
    </p><p class="article-text">
        Uno de los muchos servicios que ofrece su entidad es la teleasistencia domiciliaria y m&oacute;vil, usada por 19.000 mayores en Galicia &ldquo;para garantizar que puedan vivir en su casa con seguridad y tranquilidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        En su opini&oacute;n, &ldquo;la dependencia sigue siendo una cuenta pendiente; sigue habiendo muchas personas que est&aacute;n cubriendo los cuidados en su casa con ayuda de sus hijos, sus ahorros o su pensi&oacute;n&rdquo;, en muchos casos insuficiente. &ldquo;El modelo de Estado no tiene que cubrir el 100% los cuidados, pero de ah&iacute; a lo que tenemos tiene que haber un t&eacute;rmino medio&rdquo;, opina. Ante esta situaci&oacute;n, desde Cruz Roja tambi&eacute;n realizan actividades enfocadas a dar un respiro a las personas cuidadoras, que en muchos casos est&aacute;n &ldquo;sobrecargadas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Sobrecargadas est&aacute;n tambi&eacute;n las residencias. En Galicia hay 22.865 plazas disponibles para las m&aacute;s de 710.000 personas mayores de 65 a&ntilde;os que viven en esta comunidad aut&oacute;noma y que son potenciales usuarias de estos centros. Es decir, hay unas 3,2 plazas por cada 100 personas. Adem&aacute;s, el 77,4% de las plazas son en residencias privadas, mientras que el 22,6% en p&uacute;blicas, tal y como muestran datos del informe Envejecimiento en red de 2023 elaborado por el CSIC.
    </p><p class="article-text">
        El resto de personas mayores vive en sus casas, muchas de ellas en hogares unifamiliares. En 2022, 123.358 personas de m&aacute;s de 65 a&ntilde;os viv&iacute;an solas en Galicia. Solas, que no siempre aisladas. &ldquo;A m&iacute; me gusta estar sola, siempre fui muy independiente&rdquo;, cuenta Merchi Virg&oacute;s, que declara que se despierta &ldquo;todos los d&iacute;as contenta&rdquo;. &ldquo;Estoy encantada porque no vivo con nadie pero tengo hijos, nietos y nueras a los que me alegra mucho ver&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><h3 class="article-text">La inc&oacute;gnita de la soledad no deseada</h3><p class="article-text">
        Coincide Loreto Somoza, que expone que &ldquo;la soledad no es un problema cuando no est&aacute; acompa&ntilde;ada de un problema f&iacute;sico, de salud mental o de la incapacidad para interactuar con los dem&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La otra cara de la moneda es quien sufre una soledad no deseada. Un n&uacute;mero de personas de momento desconocido, ya que todav&iacute;a no existe un censo al respecto. Crearlo es una de las medidas que propone la Estrategia de atenci&oacute;n a la soledad no deseada, que fue anunciada por la Xunta ya antes de la pandemia, en 2019, pero que sigue sin materializarse. El pasado agosto se aprob&oacute; por fin un paquete de medidas que inclu&iacute;an el inicio de tramitaci&oacute;n de esta medida, a la que se le dedicar&aacute;n 125 millones de euros.
    </p><p class="article-text">
        Desde Cruz Roja destacan la importancia del entorno para detectar estos casos y cuentan con un programa enfocado a la soledad no deseada. &ldquo;Intentamos trabajar haciendo sensibilizaci&oacute;n para que la gente aprenda a detectar estas situaciones&rdquo;, relata Loreto Somoza. Pueden detectarse estos casos por ejemplo &ldquo;si trabajas en una farmacia, en una tienda de barrio, en la iglesia y ves que una persona mayor ya no acude, o si notas que ha descuidado su aseo&rdquo;. Pero la soledad no deseada no afecta ni mucho menos solo a esta franja de edad, sino que &ldquo;es un problema de la sociedad en general&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Rosalía Macías Tarrío]]></dc:creator>
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      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Apr 2024 19:26:42 +0000]]></pubDate>
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