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    <title><![CDATA[elDiario.es - María Álvarez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/maria-alvarez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - María Álvarez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Curaremos el cáncer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/curaremos-cancer_129_13273561.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/42c4ae7c-e112-43cb-9478-6818ac881b28_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Curaremos el cáncer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Me asombra la dedicación de esos equipos médicos que están haciendo un esfuerzo extraordinario para trasladar esos resultados en tiempo récord a su práctica diaria, por encima de todas las dificultades</p></div><p class="article-text">
        Hace un par de semanas, una peque&ntilde;a pol&eacute;mica sacudi&oacute; el festival de Cannes. La proyecci&oacute;n de la pel&iacute;cula revelaci&oacute;n del a&ntilde;o, la espa&ntilde;ola &ldquo;La bola negra&rdquo;, hab&iacute;a recibido una ovaci&oacute;n continuada que se prolong&oacute; a lo largo de 20 minutos. La pel&iacute;cula es estupenda, dec&iacute;an los entendidos, pero aquello era un poco exagerado. En el festival hay inflaci&oacute;n de aplausos: las distribuidoras conspiran con ciertos elementos del p&uacute;blico para que, colocados estrat&eacute;gicamente, espoleen al resto del auditorio a performar esos arranques de entusiasmo desaforado.
    </p><p class="article-text">
        Que se sepa, este peque&ntilde;o truco de marketing no ha llegado a&uacute;n a la medicina. As&iacute; que cuando el pasado domingo <a href="https://x.com/DrSamuelBHume/status/2061225858384248845" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">diez mil onc&oacute;logos, reunidos en ASCO, el congreso sobre el c&aacute;ncer m&aacute;s importante del mundo, se pusieron en pie entre aplausos, v&iacute;tores y exclamaciones</a>, hay que creer que algo importante estaba ocurriendo. Celebraban los resultados de un nuevo f&aacute;rmaco que ha demostrado duplicar la supervivencia de los pacientes con c&aacute;ncer de p&aacute;ncreas metast&aacute;sico, el tumor m&aacute;s dif&iacute;cil: la &uacute;ltima frontera de esta enfermedad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Daraxonrasib, que es como se llama este medicamento, ha sido el gran protagonista del a&ntilde;o porque representa el primer avance significativo en d&eacute;cadas contra un mecanismo que parec&iacute;a infranqueable. Pero no ha sido el &uacute;nico. Tambi&eacute;n hubo resultados notables en c&aacute;ncer de pr&oacute;stata y de mama. Adem&aacute;s, las vacunas de ARNm &ndash;la misma tecnolog&iacute;a que se populariz&oacute; con el COVID&ndash; est&aacute;n mostrando resultados muy prometedores en muchos tipos de tumor. Una vacuna personalizada contra el melanoma redujo a la mitad el riesgo de que el c&aacute;ncer reaparezca al cabo de cinco a&ntilde;os mientras que en c&aacute;ncer de p&aacute;ncreas los resultados fueron a&uacute;n m&aacute;s esperanzadores: casi el 90% de los pacientes cuyo sistema inmune respondi&oacute; a la vacuna segu&iacute;an vivos hasta seis a&ntilde;os despu&eacute;s, frente a una supervivencia habitual a cinco a&ntilde;os que apenas supera el 13%.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por si esto fuera poco, los f&aacute;rmacos tipo GLP-1 (como Ozempic y Mounjaro), adem&aacute;s de funcionar contra la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, est&aacute;n demostrando ser eficaces tambi&eacute;n para reducir la incidencia de muchos tumores.
    </p><p class="article-text">
        Estamos ganando la batalla contra el c&aacute;ncer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y a m&iacute; me pilla particularmente sensibilizada porque solo hace unos meses que una de mis mejores amigas recibi&oacute; el &ldquo;all clear&rdquo; al final de un tratamiento contra la forma m&aacute;s agresiva de c&aacute;ncer de mama, y aquello fue en el mismo mes en el que a mi padre le diagnosticaron otro de vejiga. Y lo que he podido observar en estos meses, en primera l&iacute;nea, es c&oacute;mo esos resultados cient&iacute;ficos est&aacute;n llegando en tiempo real a la vida de la gente. Un nuevo f&aacute;rmaco, una t&eacute;cnica quir&uacute;rgica mucho menos invasiva que las anteriores y la inmunoterapia les han permitido pasar por todo esto con una fracci&oacute;n del sufrimiento que habr&iacute;an soportado hace un pu&ntilde;ado de a&ntilde;os y mucha m&aacute;s esperanza en una curaci&oacute;n completa.
    </p><p class="article-text">
        Y me ocurre, como a casi todo el mundo en estos casos, que me asombra la dedicaci&oacute;n de esos equipos m&eacute;dicos que est&aacute;n haciendo un esfuerzo extraordinario para trasladar esos resultados en tiempo r&eacute;cord a su pr&aacute;ctica diaria, por encima de todas las dificultades.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n me da por pensar en c&oacute;mo, en mi generaci&oacute;n, a menudo nos repetimos a nosotros mismos esa idea de que &ldquo;viviremos peor que nuestros padres&rdquo; cuando no es verdad. No solo somos la &iquest;segunda? generaci&oacute;n en la historia completa de la evoluci&oacute;n que no tiene que temer que se le mueran los hijos; es que con un poquito m&aacute;s de suerte vamos a ser la primera cohorte, entre 12.000 generaciones de homo sapiens que nos antecedieron, que no tendr&aacute; que ver a sus padres &ndash;ni a sus amigos&ndash; morir demasiado mal y demasiado pronto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y nosotros? Viviremos m&aacute;s. Quiz&aacute; m&aacute;s de 100 a&ntilde;os. Con toda probabilidad mucho mejor que quien nos antecedi&oacute;. La ciencia, el conocimiento y la cooperaci&oacute;n humana nos han regalado un horizonte de vida in&eacute;dito, inimaginable, que seremos los primeros en disfrutar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;A qu&eacute; otro patrimonio queremos aspirar? &iquest;En qu&eacute; consiste la riqueza, si no era esto?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/curaremos-cancer_129_13273561.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Jun 2026 20:52:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Curaremos el cáncer]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cada persona, un estandarte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/persona-estandarte_129_13255252.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3e35944b-6f70-4734-ac39-b052336b469a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cada persona, un estandarte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que de verdad nos amenaza no es ni la fiscalía, ni los jueces, ni la trama, ni la conspiración. El peligro, exactamente igual que en la guerra, es que cada cual eche a correr por su lado y deje de creer, como país, en nosotros mismos</p></div><p class="article-text">
        En el invierno del a&ntilde;o 57 antes de Cristo, el ej&eacute;rcito romano comandado por Julio C&eacute;sar se adentraba en el territorio de los belgas, en lo que hoy es el norte de Francia y B&eacute;lgica. C&eacute;sar iba en busca de los nervios, la tribu m&aacute;s feroz de la zona y la que con m&aacute;s determinaci&oacute;n rechazaba la influencia y el comercio con Roma. Hab&iacute;a escuchado que estaban formando una alianza contra su hegemon&iacute;a y quer&iacute;a pararles los pies en seco. Y parec&iacute;a estar en lo cierto, porque en una pausa del camino, mientras las legiones estaban dispersas instalando el campamento a orillas del r&iacute;o Sabis, los nervios le tendieron a los romanos una emboscada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Llevaban d&iacute;as apostados en el bosque, esperando el momento preciso para pillar a las tropas desprevenidas, entre el avituallamiento y la log&iacute;stica de un ej&eacute;rcito imperial. Fue de las pocas veces en toda la campa&ntilde;a en que C&eacute;sar estuvo a punto de ser derrotado: el ataque fue tan s&uacute;bito que los invasores no tuvieron tiempo ni de formar ni de levantar los estandartes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuenta el propio C&eacute;sar en La guerra de las Galias que cuando vio al enemigo descender sobre el campamento, &ldquo;tomando el escudo de un soldado de las &uacute;ltimas filas, pues &eacute;l mismo hab&iacute;a llegado all&iacute; sin escudo, avanz&oacute; hasta la primera l&iacute;nea y, llamando a los centuriones por su nombre y arengando al resto de los soldados, les orden&oacute; avanzar con los estandartes y abrir las filas para poder manejar mejor las espadas.&rdquo; Julio C&eacute;sar, como todo general que se precie, sab&iacute;a que un ej&eacute;rcito es tan poderoso como lo sea su formaci&oacute;n. Al contrario: desprevenidos, desorientados y desarmados, los 30.000 hombres que comandaba val&iacute;an poco m&aacute;s que un pu&ntilde;ado de gallinas indefensas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como los ej&eacute;rcitos, las sociedades &ndash;y en realidad todos los sistemas complejos&ndash; son tan resistentes como lo sean sus estructuras. Un edificio imponente se vendr&aacute; abajo si somos capaces de descalzar una sola de sus cruj&iacute;as y una comunidad entera se desmoronar&aacute; si las personas que sostienen sus acuerdos m&aacute;s elementales salen despavoridas en todas direcciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como C&eacute;sar, hoy los occidentales estamos librando una batalla. No es una guerra local, est&aacute; ocurriendo en todos los pa&iacute;ses al mismo tiempo. Y convendr&iacute;a que no nos equivoc&aacute;ramos: no es una batalla entre la izquierda y la derecha. Es una refriega entre quienes creemos que la democracia funciona y sigue siendo el mejor sistema del que nos hemos sabido dotar a lo largo de miles de a&ntilde;os de historia compartida y quienes sostienen que no, que la democracia solo funciona si los suyos est&aacute;n en el gobierno (y, seamos honestos, de estos hay en todas las ideolog&iacute;as).
    </p><p class="article-text">
        Y yo hoy conf&iacute;o en que t&uacute; seas de los que est&aacute; en mi l&iacute;nea del frente, porque vengo a llamarte por tu nombre y pedirte que sostengas la formaci&oacute;n. Y ya s&eacute; que yo no me parezco nada a un general romano pero t&uacute;, que te informas a diario, que compartes las noticias con tu entorno y que creas opini&oacute;n, eres un moderno centuri&oacute;n. En particular si eres una de esas personas que ten&iacute;an edad de comprender en los a&ntilde;os m&aacute;s dif&iacute;ciles de la democracia en Espa&ntilde;a, eres un centuri&oacute;n de la sociedad espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        T&uacute;, que has visto cosas peores que esta. Puede que el presente no sea el que hab&iacute;as imaginado, que sientas que ya no est&aacute;s en posici&oacute;n de cambiar el rumbo de la historia, que est&eacute;s decepcionado, cabreado y buscando a quien hacer responsable de todo lo que est&aacute; ocurriendo. Es comprensible. Pero hoy no te toca eso. Hoy nos toca a todos sostener la posici&oacute;n y seguir confiando y trasladando confianza.
    </p><p class="article-text">
        Mientras los titulares, cada cual m&aacute;s escandaloso que el anterior, silban como flechas sobre nuestras cabezas, hoy nos toca mantener la posici&oacute;n. La l&iacute;nea que estamos defendiendo no es la del gobierno. No es el honor de Zapatero. Ni siquiera es el PSOE. Es la idea de que este es, y va a seguir siendo, un pa&iacute;s democr&aacute;tico. Es la idea de que el Estado funciona. Que existe un sistema judicial entero capaz de determinar si alguien es culpable o inocente, y que mientras tanto rige la presunci&oacute;n de inocencia. Que con el tiempo las cosas ir&aacute;n cayendo en su sitio. Que hay una sociedad civil que sabr&aacute; responder con entusiasmo cuando haga falta, un sistema de partidos y un ecosistema de medios que terminar&aacute;n por encajar lo que est&aacute; ocurriendo y por adaptarse, porque eso es justo lo que han hecho siempre. No aspiramos a una sociedad perfecta. Aspiramos a una que, con el tiempo, sea capaz de corregir sus propios errores. Y esto, la nuestra, lo ha hecho una y otra vez.
    </p><p class="article-text">
        Lo que de verdad nos amenaza no es ni la fiscal&iacute;a, ni los jueces, ni la trama, ni la conspiraci&oacute;n. El peligro, exactamente igual que en la guerra, es que cada cual eche a correr por su lado y deje de creer, como pa&iacute;s, en nosotros mismos. Que media Espa&ntilde;a piense que el gobierno es una mafia y la otra media que los jueces est&aacute;n urdiendo un montaje. Que nos convirtamos en un pa&iacute;s de dos bandos irreconciliables. Esa es la desbandada que tenemos que frenar. Y se frena soldado a soldado, centuri&oacute;n a centuri&oacute;n. Cada persona, un estandarte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/persona-estandarte_129_13255252.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 May 2026 20:39:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cada persona, un estandarte]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Llega el populismo 3.0]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/llega-populismo-3-0_129_13237209.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4a850105-076c-44a1-9b4f-fae40bba7696_16-9-discover-aspect-ratio_default_1136226.jpg" width="814" height="458" alt="Llega el populismo 3.0"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Steve Bannon, creador de la idea de MAGA, propone una vuelta de tuerca al 'America First'. Se llama 'Humans First' y promete una “rebelión conservadora contra la inteligencia artificial” con el fin de “anteponer la seguridad, la libertad y la grandeza del pueblo estadounidense a los intereses de las élites corporativas y globalistas" </p></div><p class="article-text">
        Lo dije ayer y hoy lo mantengo: yo no creo que Zapatero sea el malo de esta pel&iacute;cula. Pero voy a ir m&aacute;s all&aacute;: tampoco creo que se trate de un caso de <em>lawfare</em>. No tengo ninguna raz&oacute;n para pensar que el juez no est&aacute; haciendo lo que cree que es correcto, con m&aacute;s o menos acierto, como todo el mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y a lo mejor aqu&iacute; te pierdo, pero voy a continuar extendiendo el argumento un poco m&aacute;s: tampoco creo que la oposici&oacute;n, en el arco que va desde Gabriel Ruf&iacute;an hasta la derecha liberal y democr&aacute;tica, est&eacute; actuando con mala fe cuando fiscaliza, insiste en que se den todas las explicaciones, incluso pide la dimisi&oacute;n del presidente del Gobierno. Ese es su papel. Su parte del trabajo democr&aacute;tico. Si en lugar de a Zapatero, un juez hubiera imputado a Rajoy, la izquierda estar&iacute;a haciendo exactamente lo mismo -y estar&iacute;a bien-.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay unos tipejos en todo esto que no cumplen ninguna funci&oacute;n democr&aacute;tica. Al contrario: subvierten los mecanismos del pacto social para hacernos creer que es un fracaso. Por ejemplo: usan la identidad del periodismo para contar mentiras. Y lo hacen no por convicci&oacute;n, porque si de verdad pensaran que hay un sistema mejor que la democracia lo que deber&iacute;an hacer es proponer abolir el sistema o dar un golpe de Estado; lo hacen en su propio beneficio: para seguir jugando a este juego mientras arrasan el campo para todos los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Estos se&ntilde;ores son populistas, se han convertido en un fen&oacute;meno global y tienen en com&uacute;n un discurso que sostiene que el sistema democr&aacute;tico est&aacute; irreparablemente roto. No que tenga problemas reales, pero tambi&eacute;n solucionables, como todos los sistemas complejos, sino que estamos en manos de una &eacute;lite radical y corrupta que solo busca su propio beneficio y contra la que no hay nada que hacer, salvo votarles a ellos. Aunque toman muchas formas, es muy f&aacute;cil identificarles: son esas personas a las que les va mejor cuanto m&aacute;s nos odiamos el resto.
    </p><p class="article-text">
        Uno de sus principales exponentes se llama Steve Bannon y es un personaje que lleva alentando el odio en Estados Unidos desde que Obama lleg&oacute; al poder. Fue en su d&iacute;a el creador de la idea de MAGA (<em>Make America Great Again</em>), aunque su contribuci&oacute;n m&aacute;s duradera no es un eslogan: es una estrategia. Como describi&oacute; a un periodista en 2018, los dem&oacute;cratas no importan, la verdadera oposici&oacute;n es la prensa, y la forma de lidiar con ella es inundar la zona de mierda; <em>&ldquo;flood the zone&rdquo;</em>. Esa es la doctrina. No s&eacute; si te suena.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de producir tantas afirmaciones contradictorias, esc&aacute;ndalos simult&aacute;neos, indignaciones cruzadas y teor&iacute;as paralelas que el ciudadano medio renuncie a distinguir lo verdadero de lo falso. No te tienen que convencer de que su versi&oacute;n es cierta. Les basta con que pienses que ninguna versi&oacute;n lo es. Que todo es ruido. Que todos son iguales. Y que da igual qui&eacute;n gobierne. Que la prensa miente, los jueces son corruptos, los pol&iacute;ticos roban y la &uacute;nica salida es alguien que venga a reventarlo todo.
    </p><p class="article-text">
        Steve Bannon, como el resto de populistas en el mundo, tiene un problema. Comenzaron se&ntilde;alando a la &ldquo;ci&eacute;naga&rdquo;: a la clase pol&iacute;tica, cultural y administrativa de Estados Unidos. Pero cuando Trump lleg&oacute; al poder a aquel discurso se le empezaron a abrir las costuras: es muy dif&iacute;cil criticar la ci&eacute;naga si t&uacute; eres el reptil-en-jefe. Entonces viraron el foco y en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se han echado encima de los inmigrantes como culpables de todos los males de la sociedad. De aquel movimiento naci&oacute; la idea de&nbsp;&ldquo;<em>America First</em>&rdquo;, o lo que es lo mismo, de la &ldquo;prioridad nacional&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n aquella estrategia se les volvi&oacute; en contra cuando las im&aacute;genes de la brutalidad del ICE hicieron que se desplomase la valoraci&oacute;n de un grupo de votantes que Trump necesita para ganar las pr&oacute;ximas elecciones al Congreso y al Senado en noviembre: los latinos.&nbsp;As&iacute; que hace unos d&iacute;as Steve Bannon present&oacute; la &uacute;ltima versi&oacute;n, renovada, mejorada, reluciente, del populismo. Se llama &ldquo;<em>Humans First</em>&rdquo; y promete una &ldquo;rebeli&oacute;n conservadora contra la inteligencia artificial&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Subido a ese nuevo enfoque, Bannon propone que la inteligencia artificial es la nueva amenaza existencial contra la clase trabajadora americana: una tecnolog&iacute;a desarrollada por un pu&ntilde;ado de multimillonarios de Silicon Valley que va a destruir millones de empleos, concentrar el poder econ&oacute;mico como nunca antes y dejar al ciudadano de a pie sin trabajo, sin prop&oacute;sito y sin futuro. La soluci&oacute;n, dice, es frenarla: regularla, fiscalizarla, ponerle l&iacute;mites &eacute;ticos, exigir que cualquier despliegue de IA proteja primero a los humanos -de ah&iacute; el nombre- antes que a los accionistas. Donde ayer el enemigo eran los bur&oacute;cratas de Washington y anteayer los inmigrantes, hoy son Sam Altman, Elon Musk, Mark Zuckerberg y el resto de &ldquo;se&ntilde;ores feudales digitales&rdquo; que pretenden, seg&uacute;n Bannon, sustituir a la humanidad por sus m&aacute;quinas.
    </p><p class="article-text">
        Esta nueva versi&oacute;n del mismo discurso es mucho m&aacute;s ambiciosa que la anterior; tanto que su publicaci&oacute;n coincide con una enc&iacute;clica que el Papa se ha comprometido a promulgar en los pr&oacute;ximos d&iacute;as sobre el mismo tema. Adem&aacute;s de con la iglesia cat&oacute;lica, el nuevo proyecto populista comparte enemigo -en parte- con los dem&oacute;cratas cuando se&ntilde;ala a los <em>technobros</em> de Silicon Valley como s&iacute;mbolo de esa &eacute;lite que se ha escapado del control popular. Pero si atendemos al argumento, encontraremos que debajo de ese tema aparentemente compartido se esconde la misma cosmovisi&oacute;n que hemos visto hasta ahora: lo que han de hacer los <em>buenos pol&iacute;ticos</em> es &ldquo;anteponer la seguridad, la libertad y la grandeza del pueblo estadounidense a los intereses de las &eacute;lites corporativas y globalistas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este es el tercer <em>round</em> del populismo, su versi&oacute;n 3.0. El m&aacute;s ambicioso y el m&aacute;s sofisticado. Uno que revela al final qui&eacute;n fue el enemigo a abatir desde el principio: las clases urbanas &ldquo;globalistas&rdquo; liberales y su forma de vida. Bannon cambia el discurso, pero mantiene un eje muy claro: que la sociedad est&aacute; rota, la mayor&iacute;a est&aacute; siendo asediada, y los culpables de todo siguen siendo los mismos, quienes no comulgan con el patr&oacute;n tradicionalista de la derecha populista americana.
    </p><p class="article-text">
        No nos quepa duda de que esta pel&iacute;cula llegar&aacute; muy pronto a nuestras pantallas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/llega-populismo-3-0_129_13237209.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 May 2026 20:33:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Populismo,Ultraderecha,Steve Bannon]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué me niego a creer el auto sobre Zapatero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/niego-creer-auto-zapatero_129_13233413.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bade3594-c9b9-4eb6-91cc-3e9bd6052beb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué me niego a creer el auto sobre Zapatero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Me puedo equivocar? Claro que sí. Pero me renta. Incluso si me equivoco públicamente, me seguirá saliendo muchísimo más barato equivocarme una vez poniendo la mano en el fuego por alguien que me ha dado todas las razones para ello que vivir instalada en la idea de que no podemos confiar nunca en nadie
</p></div><p class="article-text">
        Una vez, un amigo que trabaja en Mercadona me cont&oacute; una historia sobre Juan Roig. Dicen que la raz&oacute;n por la que en sus supermercados no hay arcos antirrobo, ni alarmas en las botellas, ni candados en los estantes que guardan los productos m&aacute;s caros, ni siquiera, a veces, guardias de seguridad, es que al empresario valenciano le parece que no son rentables. Roig considera que sale mucho m&aacute;s a cuenta fiarse del &ldquo;jefe&rdquo; &ndash;que es como llaman en el argot interno a los clientes&ndash; y asumir que alguna cosa habr&aacute; que te birlen. Tener que instalar todo un sistema de vigilancia no solo ser&iacute;a m&aacute;s costoso, sino que terminar&iacute;a por calar a la forma en que los trabajadores se relacionan con los clientes y, al final, a la manera misma en que los clientes se ven a s&iacute; mismos: como extra&ntilde;os en los que el propio establecimiento no conf&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; hasta qu&eacute; punto es verdad. Pero igual he contado muchas veces esta an&eacute;cdota porque me sirve para defender mis propias decisiones. Como empresaria me empe&ntilde;o en que las personas que trabajan para m&iacute; no tengan ni horario fijo, ni obligaci&oacute;n de acudir a un centro de trabajo, si la organizaci&oacute;n de la compa&ntilde;&iacute;a lo permite. Conf&iacute;o en que har&aacute;n su trabajo de la manera que estimen que es m&aacute;s conveniente. Mientras fui propietaria de un grupo hostelero, tampoco instal&eacute; nunca c&aacute;maras en los establecimientos, a pesar de que es una pr&aacute;ctica muy com&uacute;n en el sector para evitar los robos por parte de trabajadores.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Soy una empresaria &ldquo;buena&rdquo;? No, para nada: lo hago porque es m&aacute;s rentable. Desconfiar de tu propio equipo sale car&iacute;simo: exige dedicar un mont&oacute;n de dinero a la vigilancia, te enfrenta a tus trabajadores, instaura una cultura permanente de la sospecha y te obliga a renunciar a tus prioridades para dedicar tu tiempo (que es lo &uacute;nico realmente escaso) a asegurarte de que no te est&aacute;n enga&ntilde;ando.
    </p><p class="article-text">
        Me acuerdo de todas estas cosas cuando escucho que Zapatero ha sido imputado por un caso de corrupci&oacute;n y leo las grav&iacute;simas acusaciones que se vierten contra &eacute;l. Un juez afirma que &ldquo;la investigaci&oacute;n ha permitido identificar una trama de tr&aacute;fico de influencias dirigida por Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Zapatero, que utiliza sociedades instrumentales, documentaci&oacute;n simulada y canales financieros opacos para ejercer influencias il&iacute;citas, ocultar el origen y destino de los fondos y obtener beneficios econ&oacute;micos en favor de terceros y del propio entramado.&rdquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y me niego a darle c&#341;edito. Elijo, sin m&aacute;s informaci&oacute;n que la que tenemos en este momento, confiar tambi&eacute;n en el ex-presidente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y es que toda la informaci&oacute;n de la que dispongo sobre este se&ntilde;or apunta en la direcci&oacute;n contraria. Durante el tiempo que fue presidente y hasta hoy no le he visto un gesto que me haga pensar que es el tipo de persona que se saltar&iacute;a la legalidad para enriquecerse. Ni una. M&aacute;s bien al contrario: podr&iacute;a estar ganando mucho m&aacute;s dinero del que se le acusa de haber percibido si se sentara en varios consejos de administraci&oacute;n, o si prestara servicios para enormes gigantes corporativos, o incluso para otros estados, como hacen &ndash;leg&iacute;timamente, tambi&eacute;n&ndash; otros ex-presidentes. Y no lo ha hecho.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hasta donde yo s&eacute;, que es lo mismo que sabemos el com&uacute;n de los mortales, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os Zapatero no ha hecho otra cosa que meterse en varios avisperos &ndash;como la mediaci&oacute;n entre el gobierno de Venezuela y la oposici&oacute;n&ndash; donde ten&iacute;a poco que ganar en lo personal y mucho que aportar en lo pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Hoy he le&iacute;do algunas noticias que parecen contradecir esa intuici&oacute;n &ndash;que creo que comparto con muchas otras personas&ndash; de que el ex-presidente es una persona confiable y con un profundo compromiso con lo p&uacute;blico. &iquest;Qu&eacute; creencia tiene sentido sostener? &iquest;La propia o la que apunta el juez? Yo voy a elegir seguir mi intuici&oacute;n y no retirarle mi confianza. No porque sea buena persona, ni porque me caiga bien el ex-presidente, ni porque le convenga a una opci&oacute;n electoral que me interese, ni porque tenga todos los datos necesarios para formarme una opini&oacute;n firme, sino porque bajo este caso particular se libra otra batalla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Zapatero no es solo un pol&iacute;tico. Es, sobre todo, un s&iacute;mbolo de la confianza en la pol&iacute;tica. Y en los &uacute;ltimos 15 a&ntilde;os, desde que eso que hemos llamado la &ldquo;ola populista&rdquo; se instal&oacute; en el sentido com&uacute;n, se ha extendido la creencia en que eso no es posible &ndash;o no es inteligente: no se puede confiar en la pol&iacute;tica porque todos los cargos p&uacute;blicos, hasta los que parecen m&aacute;s limpios, son unos seres corruptos que solo miran por su propio inter&eacute;s.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De manera que cuando salta a la luz un caso como este &mdash;como ocurri&oacute; con M&oacute;nica Oltra&mdash;, mucho antes que a una persona se juzga una posibilidad: la de confiar en quienes nos representan. Y esa desconfianza, como ocurre en Mercadona, encarece la democracia. Nos obliga a dejar de creer los unos en los otros, mucho m&aacute;s si estamos enfrentados ideol&oacute;gicamente. El mensaje, al final, es que cualquiera, por m&aacute;s confiable que parezca, puede ser un corrupto. O que todos los pol&iacute;ticos son unos ladrones. Que no nos podemos fiar de ninguno, ni de nuestra propia intuici&oacute;n sobre ellos.
    </p><p class="article-text">
        Pero resulta que la evidencia demuestra que eso tampoco es verdad. A lo largo de la democracia, decenas de miles de personas han ocupado un cargo p&uacute;blico. La inmensa mayor&iacute;a &ndash;en la izquierda y en la derecha, en los ayuntamientos y en las diputaciones, en los ministerios y en los parlamentos&ndash; lo han hecho con honestidad y vocaci&oacute;n de servicio p&uacute;blico. Si uno cree en la democracia, tiene que creer tambi&eacute;n en la buena voluntad de quienes la integran. No hay otro camino.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que yo voy a elegir confiar en Zapatero. Entre la informaci&oacute;n que ten&iacute;a y mi propia intuici&oacute;n, y las informaciones de ayer, voy a optar por confiar en que hay personas honradas en pol&iacute;tica y en que son la inmensa mayor&iacute;a. En que esta imputaci&oacute;n quedar&aacute; en nada. &iquest;Me puedo equivocar? Claro que s&iacute;. Siempre existe esa posibilidad. Pero me renta. Incluso si me equivoco p&uacute;blicamente delante de todos vosotros, me seguir&aacute; saliendo much&iacute;simo m&aacute;s barato equivocarme una vez poniendo la mano en el fuego por alguien que me ha dado muchas razones para ello que vivir instalada en la idea de que no podemos confiar nunca en nadie.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/niego-creer-auto-zapatero_129_13233413.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 May 2026 21:05:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Por qué me niego a creer el auto sobre Zapatero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[José Luis Rodríguez Zapatero,Plus Ultra,José Luis Calama,Justicia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La abundancia es el antídoto contra el virus de la prioridad nacional]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/abundancia-antidoto-virus-prioridad-nacional_129_13219343.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e9c98467-8179-49d5-841c-14efa414ab84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La abundancia es el antídoto contra el virus de la prioridad nacional"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay que pasar de una política defensiva, centrada en gestionar conflictos de reparto, a una política expansiva, centrada en aumentar lo que es posible. Porque solo cuando la sociedad vuelve a sentirse capaz de producir un futuro para todos morirá la idea de que todo depende de una lucha por prioridades</p></div><p class="article-text">
        Recordar&aacute;n, de las clases de lengua del colegio, que una oraci&oacute;n tiene tres partes: sujeto, verbo y complemento directo. La primera indica qui&eacute;n realiza la acci&oacute;n, la segunda cu&aacute;l es esa acci&oacute;n y la &uacute;ltima sobre qui&eacute;n &mdash;o qu&eacute;&mdash; recaen sus consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        A menudo las oraciones, por peque&ntilde;as que parezcan, contienen un universo completo. &ldquo;Cuando se despert&oacute;, el elefante ya no estaba all&iacute;&rdquo;. &ldquo;Hasta que la muerte nos separe&rdquo;. &ldquo;Disparen sobre la multitud&rdquo;. &ldquo;He venido a anunciaros una gran alegr&iacute;a&rdquo;. &ldquo;El rey ha muerto&rdquo;. &ldquo;Se vende&rdquo;. &ldquo;Te perdono&rdquo;. &ldquo;No hay nada al otro lado&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con esa facilidad que tenemos para unir las l&iacute;neas de puntos, los hablantes de una lengua somos capaces de rellenar los claroscuros de un mensaje casi telegr&aacute;fico y conseguir que se convierta en una historia entera, o en una cosmolog&iacute;a.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n esa idea de la &ldquo;prioridad nacional&rdquo;, que ha tomado al asalto el espacio p&uacute;blico a la velocidad de un virus, esconde una oraci&oacute;n completa.
    </p><p class="article-text">
        Prioridad es la acci&oacute;n; sustituye a la idea de &ldquo;dar prioridad&rdquo;, alguien debe dar prioridad a alguien. &iquest;Qui&eacute;n es el beneficiario de esa preferencia? Los espa&ntilde;oles: los nacionales.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta, la clave de b&oacute;veda de este tinglado ideol&oacute;gico es &iquest;qui&eacute;n debe dar esa prioridad? &iquest;Qui&eacute;n est&aacute; faltando a su deber de ordenar correctamente las prioridades? &iquest;Qui&eacute;n es el monstruo que se oculta en el claroscuro de esta oraci&oacute;n? Son los gobiernos. O las &eacute;lites, si lo prefieren. Eso que Donald Trump llama &ldquo;la ci&eacute;naga&rdquo; y que aqu&iacute; conocemos simplemente como &ldquo;los pol&iacute;ticos&rdquo;. Esta es la parte m&aacute;s importante, aunque no se diga, de la idea de la prioridad nacional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque esta premisa esconde, en realidad, el mensaje fundacional del populismo, una ideolog&iacute;a &ldquo;que considera que la sociedad est&aacute; dividida en dos grupos homog&eacute;neos y antag&oacute;nicos &ndash;&lsquo;el pueblo puro&rsquo; frente a &lsquo;la &eacute;lite corrupta&rsquo;-- y que sostiene que la pol&iacute;tica deber&iacute;a ser la expresi&oacute;n de la voluntad general del pueblo.&rdquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esas dos palabras, &ldquo;prioridad nacional&rdquo;, cuentan la historia de los malos gobiernos. Desvela el universo de los traidores, que han dejado atr&aacute;s a los buenos ciudadanos para aliarse con otros, para vender el pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y esa es una idea hegem&oacute;nica hoy. Seg&uacute;n los estudios &ndash;hay muchos, pero por ejemplo <a href="https://www.ipsos.com/sites/default/files/ct/news/documents/2025-06/ipsos-populism-report-2025.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este de IPSOS realizado en 31 pa&iacute;ses</a>&ndash; dos de cada tres personas en el mundo piensan que &ldquo;la sociedad est&aacute; rota&rdquo; y que &ldquo;el sistema est&aacute; trucado para favorecer a los ricos y a los poderosos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por miedo a enfrentar esta realidad. Quiz&aacute; por el reflejo innato de otro tiempo, este debate de la prioridad nacional ha sido tratado, casi de forma autom&aacute;tica, como un problema moral. Una desviaci&oacute;n del discurso p&uacute;blico hacia el racismo, la xenofobia o el rechazo al extranjero. Cuando no lo es.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como consecuencia, la reacci&oacute;n progresista ha consistido en una mezcla de denuncia &eacute;tica y pedagog&iacute;a: en la tarea de explicar por qu&eacute; los inmigrantes son necesarios, por qu&eacute; enriquecen las sociedades o por qu&eacute; debemos ser inclusivos.
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo, esa lectura &mdash;aunque moralmente impecable&mdash; tiene un problema esencial, y es que refuerza el marco del populismo. Porque interpreta el fen&oacute;meno como si fuera un problema de odio. Y no lo es. La eficacia de estos mensajes no nace del rechazo a otros, sino de una sensaci&oacute;n mucho m&aacute;s extendida y m&aacute;s inc&oacute;moda: la de haber quedado atr&aacute;s en la lista de prioridades de las &eacute;lites occidentales, la de haber sido desplazado.
    </p><p class="article-text">
        Cuando a la demanda de mayor reconocimiento de una parte de la poblaci&oacute;n que se siente desplazada, la respuesta consiste en subrayar lo valiosos que son otros grupos o lo mucho que aportan a la sociedad, el efecto es el opuesto al esperado: se refuerza, precisamente, la percepci&oacute;n inicial de abandono. Desde su perspectiva, las &eacute;lites parecen m&aacute;s preocupadas por explicar la utilidad de los dem&aacute;s que por atender a quienes ya sienten que han perdido centralidad.
    </p><p class="article-text">
        El discurso progresista actual respecto a la prioridad nacional confirma, para esa parte de la poblaci&oacute;n que se siente desplazada, la idea de que hay otros que encajan, que son &uacute;tiles, que son necesarios. Y que ellos &mdash;por contraste impl&iacute;cito&mdash; han dejado de serlo.
    </p><p class="article-text">
        Para entender &mdash;y eventualmente desactivar&mdash; la potencia de estos discursos, no sirve intentar convencer de que el mundo es justo tal y como est&aacute;. Tampoco sirven los discursos que, al asumir impl&iacute;citamente la premisa populista de una sociedad ya rota, se limitan a desplazar la culpa hacia otros actores &mdash;los billonarios, las &eacute;lites financieras, &ldquo;el sistema&rdquo;&mdash; sin cuestionar el marco de escasez que los hace veros&iacute;miles.
    </p><p class="article-text">
        Al contrario, la salida de este callej&oacute;n pasa por cuestionar la necesidad misma de una &ldquo;prioridad&rdquo;. Es decir: por responder de forma material a la sensaci&oacute;n creciente de que el mundo es un espacio de recursos limitados en el que unos necesariamente avanzan a costa de otros.
    </p><p class="article-text">
        El ant&iacute;doto frente a la emergencia de la agenda de la &ldquo;prioridad nacional&rdquo; es la agenda de la abundancia. Una forma distinta de mirar el presente que no parte de la escasez, sino de nuestra propia capacidad. Que organiza la pol&iacute;tica en torno a c&oacute;mo podemos crear m&aacute;s, en lugar de qui&eacute;n debe recibir menos.
    </p><p class="article-text">
        Esa agenda tiene ya una orientaci&oacute;n pr&aacute;ctica: una voluntad expl&iacute;cita de construir, de transformar y de entregar resultados visibles. Significa acelerar la producci&oacute;n de vivienda all&iacute; donde falta, desbloquear la capacidad de infraestructura que hoy est&aacute; estancada, modernizar y expandir los servicios p&uacute;blicos, extender las energ&iacute;as renovables, electrificar tan r&aacute;pido como sea posible y utilizar de forma deliberada las herramientas tecnol&oacute;gicas para aumentar la capacidad real de los sistemas sociales.
    </p><p class="article-text">
        Es, en &uacute;ltima instancia, un cambio de actitud colectiva: pasar de una pol&iacute;tica defensiva, centrada en gestionar conflictos de reparto, a una pol&iacute;tica expansiva, centrada en aumentar lo que es posible. Porque solo cuando la sociedad vuelve a sentirse capaz de producir un futuro para todos morir&aacute; la idea de que todo depende de una lucha por prioridades.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/abundancia-antidoto-virus-prioridad-nacional_129_13219343.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 May 2026 19:53:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La abundancia es el antídoto contra el virus de la prioridad nacional]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué sube el precio de la vivienda?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/sube-precio-vivienda_129_13199806.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0413bfe1-6502-4f20-8a9a-fba995102dc9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué sube el precio de la vivienda?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para acceder a la sanidad, en este país, hay que estar empadronado en una vivienda. Para llevar a tus hijos al colegio, también. Y a la universidad. Y para pedir muchas ayudas. Las viviendas no son solo inmuebles. Sobre todo son licencias que dan derecho a acceder a casi todos los bienes comunes</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; nunca dejan de subir las viviendas? &iquest;Por qu&eacute; suben incluso donde la poblaci&oacute;n desciende? &iquest;Por qu&eacute; suben cuando sube la oferta &ndash;como en los a&ntilde;os previos a 2008&ndash; y tambi&eacute;n cuando se estanca &ndash;como ahora? Para descubrirlo, te propongo un juego.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Imagina que hace 50 a&ntilde;os, cuando se cre&oacute; la sanidad p&uacute;blica, se hubieran repartido unas licencias para acceder a ella. De manera que solo quienes compraron una pudieran tener un m&eacute;dico de familia o someterse a un tratamiento subvencionado. Imagina que se hubiera hecho lo mismo con la educaci&oacute;n: solo quienes comprasen una licencia tendr&iacute;an derecho a llevar a sus hijos a la escuela p&uacute;blica. Y lo mismo con la universidad.
    </p><p class="article-text">
        Imagina que se hubiera emitido un n&uacute;mero finito de licencias, 25 millones. Y que se hubieran vendido todas antes de 2008. Quienes no pudieron comprar en su d&iacute;a, quedar&iacute;an obligados a recomprar la suya al propietario anterior.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Imagina que al Estado le pareciera bien que los titulares originales de las licencias de la sanidad y la educaci&oacute;n las revendieran despu&eacute;s por mucho m&aacute;s dinero, porque lo entendieran como una forma l&iacute;cita de &ldquo;ahorro&rdquo;. Para retribuir esos ahorros cada vez m&aacute;s caros, la sociedad esperar&iacute;a que las cohortes que vinieran detr&aacute;s tuvieran que hacer m&aacute;s esfuerzo que la anterior para acceder a los mismos servicios. Por ejemplo, si en 1980 se pagaba un piso en 15 a&ntilde;os, en 2020 habr&iacute;a que hipotecarse durante 30 o 35.
    </p><p class="article-text">
        Imagina que, llegado un punto, los propietarios de las licencias decidieran que ya no quieren venderlas. Sale mucho m&aacute;s rentable alquilarlas y no perder la propiedad. Y que con lo que obtienen por ese alquiler empezaran a acumular licencias de la sanidad hasta que llegase un momento en que el 30% de la poblaci&oacute;n tiene que alquilar su licencia a un tercero. Y que al Estado tambi&eacute;n le pareciera bien que esos derechos se hubieran convertido en un negocio.
    </p><p class="article-text">
        Imagina que, por ese camino, una parte muy importante de las licencias de los servicios p&uacute;blicos hubiese acabado en manos de fondos de inversi&oacute;n extranjeros, que vendr&iacute;an a Espa&ntilde;a a comprar licencias de la sanidad y la educaci&oacute;n a cualquier precio, porque saben que los espa&ntilde;oles no podemos prescindir de esos servicios, as&iacute; que tendremos que acabar pagando lo que nos pidan.
    </p><p class="article-text">
        Imagina que, pese a todo esto, los impuestos que sostienen los hospitales, con los que se paga el sueldo de los profesores y los investigadores, se siguieran pagando con los impuestos de todos los contribuyentes, tanto si tienen licencia para acceder a ellos, como si no. De manera que todos los arrendatarios de las licencias sanitarias pagar&iacute;an impuestos por unos servicios a los que en realidad no podr&iacute;an acceder, salvo pagando, adem&aacute;s, un alquiler. Por el contrario, habr&iacute;a un mont&oacute;n de fondos extranjeros que no pagan impuestos en Espa&ntilde;a, pero que cobran dinero a los usuarios por acceder a nuestros servicios p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Te imaginas c&oacute;mo ser&iacute;a ese pa&iacute;s?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si no tienes mucha imaginaci&oacute;n, no pasa nada. Porque esto no es ning&uacute;n juego. Es exactamente lo que est&aacute; pasando hoy en Espa&ntilde;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para acceder a la sanidad, en este pa&iacute;s, hay que estar empadronado en una vivienda. Para llevar a tus hijos al colegio, tambi&eacute;n. Y a la universidad. Y para pedir muchas ayudas. Las viviendas no son solo inmuebles. Sobre todo son licencias que dan derecho a acceder a casi todos los bienes comunes, como el alcantarillado, el saneamiento, los suministros de agua, de electricidad, de telefon&iacute;a y de Internet; las v&iacute;as p&uacute;blicas, las carreteras, el alumbrado y el transporte p&uacute;blico; la seguridad, los bomberos y los servicios de emergencias; los hospitales, los colegios, las universidades, las bibliotecas y los centros de salud; la limpieza viaria, la recogida de basuras, el control de plagas, los parques y jardines, los mercados municipales y las infraestructuras deportivas y culturales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por esta raz&oacute;n las viviendas se revalorizan aunque sus propietarios no las toquen, aunque permanezcan cerradas. Cuando el Estado construye una estaci&oacute;n de Metro, o mejora el alcantarillado o la seguridad de un barrio, cuando se abre una nueva universidad o un colegio mejora la calidad de la educaci&oacute;n, la vivienda sube y los titulares de esas licencias ven incrementado su valor. De la misma manera, un inmueble que no tiene licencia, como los que se construyeron en Sese&ntilde;a en 2008, no es una vivienda y para eso no hay mercado. Simplemente porque carece del t&iacute;tulo que te habilita para acceder a la infraestructura urbana.
    </p><p class="article-text">
        Esta es la raz&oacute;n por la que el urbanismo en todos los pa&iacute;ses de Occidente es potestad de los Estados, sin excepci&oacute;n. Ni en el pa&iacute;s m&aacute;s liberal del mundo existe una ciudad regida por el &ldquo;mercado&rdquo;. No se trata de una ambici&oacute;n regulacionista, es que no podr&iacute;a ser de otra manera. Solo en los lugares donde no hay Estado &ndash;y, por tanto, no hay infraestructuras&ndash; como en los arrabales de Lagos y en las chabolas de Bombai puede existir un mercado de la vivienda &ldquo;libre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dicho de otra manera, las licencias de vivienda no son &ldquo;bienes de mercado&rdquo; como si fueran pomelos o camisas de Zara: son derechos de uso que los estados otorgan sobre sus propios activos, son el &ldquo;capital&rdquo; de un pa&iacute;s, o su accionariado. Como las acciones de una empresa, suben o bajan en funci&oacute;n de lo que &ldquo;mejore&rdquo; ese pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Los precios de la vivienda han subido durante d&eacute;cadas (con la &uacute;nica excepci&oacute;n de los a&ntilde;os posteriores a la crisis de 2008) porque Espa&ntilde;a no ha dejado de invertir en servicios p&uacute;blicos y en bienes comunes. De manera que hoy las ciudades espa&ntilde;olas valen m&aacute;s que hace 50 a&ntilde;os. Y las &ldquo;acciones&rdquo; de esas ciudades, que son las viviendas, capturan ese valor.
    </p><p class="article-text">
        Solo desde este lugar se entiende hasta qu&eacute; punto el rentismo es una nueva forma de feudalismo. Y es que los impuestos que financian todas esas infraestructuras &ndash;el IRPF, el IVA, el impuesto de sociedades&ndash; se pagan entre los habitantes y el IBI &mdash;el &uacute;nico impuesto que grava directamente la propiedad inmobiliaria&mdash; no llega al 4,75% de toda la recaudaci&oacute;n p&uacute;blica. Es decir: subvencionamos colectivamente la revalorizaci&oacute;n de un activo del que solo se benefician algunos.
    </p><p class="article-text">
        Y a continuaci&oacute;n se desvela el aut&eacute;ntico disparate del rentismo: Estamos consintiendo que unos cuantos fondos extranjeros compren esas licencias que dan acceso a nuestros propios servicios p&uacute;blicos y le cobren a las familias arrendatarias un alquiler por acceder a ellos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;De qui&eacute;n debe ser la propiedad de los bienes comunes? &iquest;De todos, o de unos pocos? &iquest;Tiene sentido que le vendamos la propiedad del pa&iacute;s a unos fondos extranjeros? &iquest;Puede haber una democracia donde no todos somos propietarios por igual de nuestro propio pa&iacute;s?
    </p><p class="article-text">
        Cuando hablamos de un &ldquo;problema de la vivienda&rdquo; lo que tenemos entre manos no es un problema habitacional. Es un conflicto por el reparto de esas <em>acciones</em> del pa&iacute;s, por su capital colectivo.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/sube-precio-vivienda_129_13199806.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 May 2026 20:07:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Por qué sube el precio de la vivienda?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Precios,Burbuja inmobiliaria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La mejor noticia de la semana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/mejor-noticia-semana_129_13183770.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d6ff1f6c-419c-420b-8fe2-aa433ec51c4a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mejor noticia de la semana"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los resultados no son definitivos, pero tienen a los oncólogos revolucionados. Los cánceres más difíciles están empezando a ceder. Y eso, para quienes recuerdan lo que significaba un diagnóstico como el de Zerolo hace apenas una década, es ya un cambio de mundo</p></div><p class="article-text">
        En el caj&oacute;n en el que guardo los recuerdos que me hacen sentir afortunada hay un lugar especial para la memoria de Pedro Zerolo.
    </p><p class="article-text">
        Zerolo era &mdash;ha pasado tanto tiempo que quiz&aacute; conviene recordarlo&mdash; uno de los principales activistas del movimiento LGTBIQ+ en Espa&ntilde;a. Fue una figura clave, imprescindible, durante los a&ntilde;os en los que se fragu&oacute; la modificaci&oacute;n del C&oacute;digo Civil que permiti&oacute; el matrimonio igualitario.
    </p><p class="article-text">
        Yo ten&iacute;a entonces veinte a&ntilde;os. Pero&nbsp;el Madrid de los 2000, el del &ldquo;No a la guerra&rdquo;, era tal hervidero de activismos que era frecuente que coincidieran en la misma reuni&oacute;n, o en el mismo bar, estudiantes universitarios y dirigentes pol&iacute;ticos de primera l&iacute;nea. En alguno de esos encuentros conoc&iacute; a Pedro Zerolo y a quienes, junto a &eacute;l, empujaban el cambio: Carla Antonelli, Boti Garc&iacute;a Rodrigo y Beatriz Gimeno, entre muchas otras. Tambi&eacute;n otras pol&iacute;ticas que hab&iacute;an hecho de esa causa su prioridad, como Leire Paj&iacute;n o In&eacute;s Saban&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Era un tiempo de optimismo. Pero aquel grupo de militantes LGTBIQ+ se llevaba la palma. Hab&iacute;a en ellas una energ&iacute;a casi desconcertante. Costaba entender de d&oacute;nde sal&iacute;a ese entusiasmo en personas que hab&iacute;an atravesado algunos de los episodios m&aacute;s duros de nuestra historia reciente: salir del armario en la Espa&ntilde;a del siglo XX &mdash;muchas veces en plena dictadura&mdash;, transicionar en las condiciones m&aacute;s dif&iacute;ciles. Vivir una vida proscrita, al margen de cualquier reconocimiento legal o social. Y no tener horizonte de que aquello fuera a cambiar.
    </p><p class="article-text">
        En 2005, Espa&ntilde;a fue el tercer pa&iacute;s del mundo en aprobar el matrimonio igualitario, solo despu&eacute;s de Pa&iacute;ses Bajos (2001) y B&eacute;lgica (2003). No era inevitable. No estaba ganado. No era, ni de lejos, un consenso social. Hubo tremendas presiones para que la uni&oacute;n entre personas del mismo sexo no se llamara &ldquo;matrimonio&rdquo;, o para que la adopci&oacute;n no entrase en la ley. Nada estaba garantizado: fue una conquista pol&iacute;tica extraordinaria. Hoy, cuando vemos a dos adolescentes del mismo g&eacute;nero besarse por la calle con naturalidad, es f&aacute;cil olvidar hasta qu&eacute; punto esa escena era impensable hace apenas dos d&eacute;cadas. &iquest;Cu&aacute;nto m&aacute;s ancha es nuestra vida hoy &mdash;la de todos, con independencia de nuestra orientaci&oacute;n&mdash; gracias a estas conquistas?
    </p><p class="article-text">
        Observando a aquellas activistas una entend&iacute;a algo importante: el optimismo no nace de un entorno favorable, al contrario. Nace de haber hecho cosas muy dif&iacute;ciles. De haber comprobado que se pueden hacer. De saber, por experiencia, que a&uacute;n quedan m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Pedro Zerolo muri&oacute; en Madrid el 9 de junio de 2015, dieciocho meses despu&eacute;s de ser diagnosticado con un c&aacute;ncer de p&aacute;ncreas frente al que, entonces, no hab&iacute;a nada que hacer. Y, aunque nadie tiene por qu&eacute; hacerlo, no deja de ser emocionante la manera en que sigui&oacute; irradiando el mismo optimismo y la misma confianza en la sociedad hasta el &uacute;ltimo momento.
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as he vuelto a pensar en &eacute;l al leer las noticias. En San Diego, California, ha tenido lugar la conferencia anual de la Asociaci&oacute;n Americana de Investigaci&oacute;n sobre el C&aacute;ncer y se han presentado los resultados de dos l&iacute;neas de investigaci&oacute;n distintas que apuntan en una direcci&oacute;n que hasta hace muy poco parec&iacute;a inalcanzable.
    </p><p class="article-text">
        Una de ellas explora <a href="https://www.sciencealert.com/personalized-vaccine-for-deadliest-major-cancer-keeps-patients-alive-6-years-later" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una vacuna personalizada basada en ARN mensajero</a> (mRNA), dise&ntilde;ada para entrenar al sistema inmunitario a reconocer y atacar c&eacute;lulas tumorales espec&iacute;ficas de cada paciente. En bastantes casos, los resultados muestran respuestas inmunol&oacute;gicas intensas y una reducci&oacute;n significativa del riesgo de reca&iacute;da. En el otro ensayo <a href="https://www.medpagetoday.com/meetingcoverage/aacr/120941" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un f&aacute;rmaco de nueva generaci&oacute;n ha logrado prolongar la supervivencia de pr&aacute;cticamente todos los pacientes</a> con tumores particularmente agresivos, abriendo una v&iacute;a terap&eacute;utica donde hasta ahora apenas hab&iacute;a opciones.
    </p><p class="article-text">
        Son unas noticias extraordinarias en un &aacute;mbito donde hasta antes de ayer casi no hab&iacute;a esperanza. El c&aacute;ncer de p&aacute;ncreas sigue siendo hoy uno de los tumores con peor pron&oacute;stico: la tasa de supervivencia a cinco a&ntilde;os se mantiene en torno al 10%, en gran parte porque suele detectarse tarde y responde mal a los tratamientos convencionales. Durante d&eacute;cadas, los avances han sido lentos, casi desesperantemente marginales, y las opciones terap&eacute;uticas apenas han cambiado la historia natural de la enfermedad.
    </p><p class="article-text">
        Los resultados no son definitivos, pero tienen a los onc&oacute;logos revolucionados. Los c&aacute;nceres m&aacute;s dif&iacute;ciles est&aacute;n empezando a ceder. Y eso, para quienes recuerdan lo que significaba un diagn&oacute;stico como el de Zerolo hace apenas una d&eacute;cada, es ya un cambio de mundo.
    </p><p class="article-text">
        Y yo no puedo evitar pensar que hay algo profundamente com&uacute;n entre esos cient&iacute;ficos y Pedro Zerolo. Todos ellos, en alg&uacute;n momento, decidieron enfrentarse a algo que parec&iacute;a imposible. Que parec&iacute;a inamovible. A lo que muchos daban por perdido. Y lo consiguieron. Y si cada d&iacute;a vivimos en una sociedad mejor es gracias a ellos.
    </p><p class="article-text">
        El progreso funciona as&iacute;. No nace de lo sencillo, sino de lo improbable. De quienes se empe&ntilde;an, una y otra vez, en hacer lo que parece que no se puede hacer. Igual en lugar &ndash;o adem&aacute;s&ndash; de ser socialistas, o comunistas, deber&iacute;amos hacernos todos zerolistas. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/mejor-noticia-semana_129_13183770.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Apr 2026 20:10:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La mejor noticia de la semana]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pedro Zerolo,Cáncer]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La razón por la que no se resuelve el problema de la vivienda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/razon-no-resuelve-problema-vivienda_129_13164948.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/07fa45a4-2ce0-4713-943d-4057b24ed82c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La razón por la que no se resuelve el problema de la vivienda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los partidos políticos actuales, en un gesto disfuncional terrible, en lugar de enfrentarse al que es el primer problema no solo de la sociedad española, sino de la occidental; en lugar de liderar al país hacia un nuevo consenso, meten la cabeza bajo tierra como un avestruz</p></div><p class="article-text">
        La raz&oacute;n por la que no hemos sabido resolver el problema de la vivienda no es que no haya suelo. La raz&oacute;n por la que seguimos embarrados con este tema no es que no funcione construir. Tampoco es que hayan venido m&aacute;s inmigrantes. Ni que haya mucha burocracia.
    </p><p class="article-text">
        La raz&oacute;n por la que no hemos resuelto el problema de la vivienda es que no sabemos en qu&eacute; consiste exactamente ese problema. O mejor, que no nos ponemos de acuerdo sobre ello.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;El problema es que hay gente que no tiene donde vivir? &iquest;O es que es muy caro vivir de alquiler? &iquest;Si el alquiler fuera m&aacute;s barato estar&iacute;a justificado que una parte de la poblaci&oacute;n no tuviera una casa en propiedad? &iquest;Qu&eacute; parte de la poblaci&oacute;n? &iquest;Y si esa vivienda fuera p&uacute;blica, estar&iacute;a justificado? &iquest;Es siquiera posible construir vivienda p&uacute;blica para toda esa gente? &iquest;En cu&aacute;ntos a&ntilde;os? &iquest;Y privada? &iquest;Cu&aacute;nto deber&iacute;a costar una vivienda? &iquest;Cu&aacute;nto deber&iacute;a rentar venderla? &iquest;C&oacute;mo ahorrar&iacute;an quienes no accedan a la propiedad?
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a hay 27 millones de viviendas. 18,5 millones son la residencia principal de un n&uacute;mero similar de familias. El 70% de ellas tiene su casa en propiedad, pero solo el 25% est&aacute; pagando todav&iacute;a la hipoteca. De esas, el 17% percibe ingresos de arrendar una segunda vivienda (o tercera, o cuarta, o quinta) vivienda a otro 30% de familias que vive de alquiler.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De manera que la cosa es tan endiablada como esta: la sociedad espa&ntilde;ola est&aacute; partida por la mitad, entre quienes tienen la casa pagada y quienes siguen dedicando una parte de sus ingresos a pagar por alg&uacute;n tipo de tenencia de vivienda. De estos, m&aacute;s de la mitad vive de alquiler y esa cifra no deja de crecer.&nbsp;Mientras tanto, el 64% de lo que todos los espa&ntilde;oles consideran su &ldquo;patrimonio&rdquo; son activos inmobiliarios y <a href="https://www.bde.es/wbe/es/publicaciones/analisis-economico-investigacion/documentos-ocasionales/encuesta-financiera-de-las-familias-eff-2024-metodos-resultados-y-cambios-desde-2022.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las familias que tienen casa en propiedad son, de media</a>, cinco veces m&aacute;s ricas que las que viven de alquiler.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como consecuencia, hay una parte de la sociedad que entiende que est&aacute; bien que algunas familias&nbsp;sean arrendadoras y perciban unos ingresos por ello, otros, la inmensa mayor&iacute;a, quiere que las viviendas se sigan revalorizando porque les va en ello sus propios &ldquo;ahorros&rdquo;, mientras que un &uacute;ltimo grupo, cada vez m&aacute;s numeroso, necesita un ticket de entrada a ese sistema para poder subirse al carro de la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Pero esas tres cosas son incompatibles, irreductibles, imposibles de solucionar sin un acuerdo. Porque para que esos ahorros se materialicen en una venta, alguien tiene que comprar. Y el precio de esa compra depende de que los alquileres sigan subiendo y de que las generaciones sucesivas dediquen cada vez un porcentaje m&aacute;s alto de sus ingresos de toda la vida a pagar su vivienda principal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La vivienda no es &ldquo;un tema&rdquo;. Es, junto con el trabajo y las pensiones, el tercer pilar del modelo econ&oacute;mico y social en el que llevamos viviendo 50 a&ntilde;os. Es el veh&iacute;culo que permit&iacute;a a los trabajadores ahorrar y construir un patrimonio que les ofrec&iacute;a seguridad, pertenencia y arraigo. Y se est&aacute; desmoronando.
    </p><p class="article-text">
        Los partidos pol&iacute;ticos actuales, en un gesto disfuncional terrible, en lugar de enfrentarse al que es el primer problema no solo de la sociedad espa&ntilde;ola, sino de la occidental; en lugar de liderar al pa&iacute;s hacia un nuevo consenso, meten la cabeza bajo tierra como un avestruz. Comienza entonces el baile de medidas que parecen querer hacer algo, pero que no alcanzan siquiera a apuntar cu&aacute;l ser&iacute;a la soluci&oacute;n al problema. Esta semana ha tocado el turno de un nuevo plan de vivienda del Gobierno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El plan propone invertir en tres cosas contradictorias: La primera, construir vivienda p&uacute;blica, para lo cual prev&eacute; una dotaci&oacute;n para los pr&oacute;ximos cuatro a&ntilde;os de 7.000 millones de euros entre la dotaci&oacute;n del Estado y la que se les exigir&aacute; a las comunidades aut&oacute;nomas. Vamos a imaginar que se usan &iacute;ntegramente para construir viviendas por debajo del precio del mercado de la construcci&oacute;n, a 1.000 &euro;/m2. Resultan 82.000 viviendas en 4 a&ntilde;os (que se entregar&iacute;an, previsiblemente, en algunos m&aacute;s), esto es, el 0,4% del parque actual de vivienda. Mientras tanto, resulta que seg&uacute;n los mismos datos del Banco de Espa&ntilde;a, en dos a&ntilde;os entre 2022 y 2024 los hogares que viven de alquiler aumentaron en 225.000. De manera que la vivienda p&uacute;blica en alquiler que promete hacer el gobierno con este plan no compensa ni la cuarta parte de las familias que cada a&ntilde;o se ven abocadas a los alquileres abusivos que produce el sistema actual.
    </p><p class="article-text">
        Y si el modelo de este gobierno es el del alquiler de vivienda p&uacute;blica, alguien podr&iacute;a decir que es un primer paso. Lo inexplicable es que en lugar de dedicar el total de la financiaci&oacute;n a esa funci&oacute;n, a rengl&oacute;n seguido, en el mismo programa, nos encontremos con dos medidas que, en lugar de avanzar en la l&iacute;nea de construir m&aacute;s vivienda p&uacute;blica, parecen reforzar la idea de que el alquiler privado es una buena opci&oacute;n: una que promete ayudas a &ldquo;j&oacute;venes&rdquo; arrendatarios, otra para rehabilitaci&oacute;n y hasta nuevas ayudas para arrendatarios que alquilen con un precio &ldquo;asequible&rdquo;. Y todo esto mientras no toca ni una coma de las escandalosas deducciones fiscales a los arrendadores que hace que la vivienda sea un producto de inversi&oacute;n m&aacute;s rentable que ninguna de las actividades que producen crecimiento y riqueza.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y dice la ministra que este plan representa &ldquo;el triple del anterior&rdquo;. Mire, se&ntilde;ora ministra, el triple de cero &ndash;resultados&ndash; sigue siendo cero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para pasmo general, el centroderecha, que pr&aacute;cticamente invent&oacute; la idea de la vivienda en propiedad como forma de parar las ambiciones comunitaristas de los partidos de la izquierda en los a&ntilde;os 60 y 70, ha abandonado su propia columna vertebral ideol&oacute;gica para echarse en manos de los &ndash;a&uacute;n pocos&ndash; arrendatarios.
    </p><p class="article-text">
        La realidad es que los partidos pol&iacute;ticos &ndash;con el PSOE a la cabeza, pero seguido muy de cerca por todos los dem&aacute;s&ndash; est&aacute;n atrapados en el mismo sitio: entre grupos distintos de votantes con intereses leg&iacute;timos, pero contrapuestos.
    </p><p class="article-text">
        Y la soluci&oacute;n a este problema, mucho antes que construir, rehabilitar o limitar precios, pasa por algo mucho m&aacute;s inc&oacute;modo: por ponerse delante de la ciudadan&iacute;a y decir la verdad. Decir que no es posible, al mismo tiempo, que la vivienda siga revaloriz&aacute;ndose como activo de ahorro, que los alquileres bajen de forma sostenida y que las nuevas generaciones accedan a la propiedad en condiciones similares a las que tuvieron sus padres. Y que tenemos que llegar a otro acuerdo. Y decir qu&eacute; es lo que propone cada partido para ese consenso: &iquest;Que todos seamos propietarios, o que solo lo sean unos cuantos?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hasta que no hagamos esa elecci&oacute;n de forma expl&iacute;cita, el sistema seguir&aacute; exactamente donde est&aacute;: aplazando forzosamente un conflicto que ya no admite m&aacute;s dilaci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/razon-no-resuelve-problema-vivienda_129_13164948.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Apr 2026 19:52:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La razón por la que no se resuelve el problema de la vivienda]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rufián, Montero y la tentación NIMBY]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/rufian-montero-tentacion-nymby_129_13146133.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/88af1da3-37f0-475f-818a-2ca024a48782_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x989y122.jpg" width="1200" height="675" alt="Rufián, Montero y la tentación NIMBY"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para solucionar el problema de la vivienda hace falta construir. No solo en los ínfimos suelos que están urbanizados pero pendientes de construir y bloqueados por los promotores en espera de que se sigan revalorizando. Hay que densificar las ciudades, como ha propuesto recientemente Salvador Illa. Cambiar los barrios, aprovechar para hacer una necesaria rehabilitación energética de los edificios y para instalar más energías renovables</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Ser&iacute;a mejor que el mundo se transforme o que se quede como est&aacute;? Si hubi&eacute;ramos hecho esta pregunta en una asamblea de la UGT, del PSOE, de CCOO o de Izquierda Unida hace 40 a&ntilde;os la respuesta hubiera sido un&aacute;nime.
    </p><p class="article-text">
        Cuando yo era chiquitita, la izquierda era sin&oacute;nimo de cambio. Mis padres y todos sus amigos siempre estaban construyendo algo: un barrio, un sindicato, una asociaci&oacute;n, una cooperativa. Hasta los trabajadores hablaban de la estrategia y del devenir de las empresas como si fueran suyas.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, en cambio, una parte de la izquierda del mundo occidental se ha vuelto reticente a construir. Se trata de un fen&oacute;meno que recibe el nombre de &ldquo;Nimbyism&rdquo; (por las siglas de &ldquo;Not In My Back Yard&rdquo;, es decir, &ldquo;no en mi patio trasero&rdquo;) y que comenz&oacute; a describirse en Estados Unidos hace una d&eacute;cada. Hoy se ha vuelto global y llama a nuestra puerta.
    </p><p class="article-text">
        Podemos, por ejemplo, lleva mucho tiempo <a href="https://www.eldiario.es/politica/pp-vox-junts-tumban-decreto-gobierno-evitar-nuevo-apagon-total_1_12484195.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">siendo un partido NIMBY</a> que se opone a construir vivienda y ha votado en varias ocasiones en contra de dar todo el impulso necesario a las energ&iacute;as renovables. Quiz&aacute;s por influencia de Irene Montero, esta semana Gabriel Rufi&aacute;n se ha subido al carro y ha afirmado que &ldquo;la soluci&oacute;n no es crear m&aacute;s viviendas, porque el especulador acumula y eso lo tiene que decir la izquierda de forma clara&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se ha producido este viaje? &iquest;Qu&eacute; est&aacute; impulsando este movimiento al proteccionismo de las opciones tradicionalmente progresistas?
    </p><p class="article-text">
        De entre todas las confusiones que contaminan el debate sobre la vivienda, la m&aacute;s perniciosa es la que pretende que las casas son un bien de mercado, como los ca&ntilde;ones o la mantequilla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nada m&aacute;s lejos de la realidad. No podr&iacute;an serlo. La condici&oacute;n de posibilidad para que exista un mercado de bienes es que puedan existir una oferta y una demanda libres. Y en este caso no se cumple.
    </p><p class="article-text">
        Las licencias de vivienda son un monopolio del Estado, que es quien determina d&oacute;nde, cu&aacute;ndo y cu&aacute;nto se puede construir. No solo esto, sino que tambi&eacute;n es el Estado el que ordena la demanda: es el que decide donde se instalar&aacute;n los polos industriales, los parques tecnol&oacute;gicos, las universidades, los hospitales y las grandes infraestructuras en torno a las cuales la poblaci&oacute;n necesita &ndash;no elige&ndash; vivir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s a&uacute;n: a trav&eacute;s de la aplicaci&oacute;n de incentivos o cargas fiscales, los estados tambi&eacute;n controlan los precios del parque inmobiliario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De manera que la vivienda no es un bien de mercado. Si queremos un s&iacute;mil, hay uno mucho mejor: las acciones de una empresa.
    </p><p class="article-text">
        Igual que las licencias de vivienda, las acciones de una empresa no son un bien, sino un t&iacute;tulo de propiedad. En ambos casos existe un &uacute;nico emisor que controla la oferta y, en gran medida, la demanda y el precio tambi&eacute;n. Y el valor de ambos t&iacute;tulos est&aacute; ligado a la entidad que tienen detr&aacute;s: bien la empresa o el pa&iacute;s en cuesti&oacute;n.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esto no es ninguna casualidad: se dise&ntilde;&oacute; as&iacute;. Distribuir la propiedad de los pa&iacute;ses mediante la vivienda en propiedad fue uno de los pilares del proyecto del Estado del Bienestar del siglo XX. La vivienda resultaba la inversi&oacute;n perfecta para que los estados repartieran entre sus ciudadanos los dividendos que, en &uacute;ltima instancia, generaban sus propias inversiones en infraestructura urbana.
    </p><p class="article-text">
        Tanto es as&iacute; que era muy habitual que los pol&iacute;ticos se refirieran a la creaci&oacute;n masiva de inmuebles como un reparto de las &ldquo;participaciones&rdquo; en un pa&iacute;s: como un veh&iacute;culo de inversi&oacute;n en la sociedad misma.
    </p><p class="article-text">
        Por esta raz&oacute;n el problema de la vivienda no es habitacional, sino de reparto de la riqueza, se trata de la distribuci&oacute;n del capital y de las inversiones de un pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y la brutal crisis que vivimos tiene una explicaci&oacute;n muy sencilla:
    </p><p class="article-text">
        En Europa, el 83% del parque se construy&oacute; antes de 1996. En particular, entre el final de la Segunda Guerra Mundial y finales del siglo XX se construyeron el 54% de los inmuebles que hay en la actualidad. En otras palabras: el 83% de las acciones de la Uni&oacute;n Europea se emitieron antes del cambio de siglo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como en cualquier empresa, esos accionistas originales no tienen incentivos para que se emitan m&aacute;s participaciones porque eso reducir&iacute;a el valor de las suyas (se diluir&iacute;an, como se dice en el argot financiero). Al contrario: si el pa&iacute;s sigue creciendo sin que aumente el n&uacute;mero de acciones (de licencias), est&aacute;s valdr&aacute;n m&aacute;s de forma autom&aacute;tica, sin que su due&ntilde;o tenga que hacer nada por mejorarla.
    </p><p class="article-text">
        Por la misma raz&oacute;n, los propietarios del suelo tampoco tienen incentivos para edificar. Porque construir les obliga, tarde o temprano, a vender y cerrar una posici&oacute;n que, de mantenerse abierta, seguir&iacute;a generando valor de forma indefinida y sin esfuerzo alguno. El suelo sin edificar es, en este sentido, la acci&oacute;n perfecta: no da trabajo, no paga impuestos y se revaloriza sola.
    </p><p class="article-text">
        Si los gobiernos hoy han perdido cualquier inter&eacute;s en desarrollar m&aacute;s de nada, y la urbanizaci&oacute;n de nuevos terrenos se ha vuelto un v&iacute;a crucis que puede llevar d&eacute;cadas, no es como se suele decir, porque exista mucha burocracia. La burocracia es la misma para todo y otros temas avanzan mucho m&aacute;s r&aacute;pido en la administraci&oacute;n. Es que se han vuelto NYMBYs. Es que esos &ldquo;accionistas&rdquo; son una masa inmensa y muy influyente de votantes cuyo inter&eacute;s cae del lado de cobrar dividendos, no de emitir m&aacute;s acciones.
    </p><p class="article-text">
        Al contrario, para solucionar el problema de la vivienda hace falta construir. No solo en los &iacute;nfimos suelos que est&aacute;n urbanizados pero pendientes de construir y bloqueados por los promotores en espera de que se sigan revalorizando. Hay que densificar las ciudades, como ha propuesto recientemente Salvador Illa. Cambiar los barrios, aprovechar para hacer una necesaria rehabilitaci&oacute;n energ&eacute;tica de los edificios y para instalar m&aacute;s energ&iacute;as renovables. Por supuesto que tambi&eacute;n hay que poner coto a la especulaci&oacute;n -por ejemplo, prohibiendo la compra por extranjeros de acciones de tu propio pa&iacute;s. Pero el mensaje que es necesario lanzar para que baje el precio de las &ldquo;acciones&rdquo; solo puede ser uno: y es que este pa&iacute;s siempre va a estar comprometido con que todas las generaciones accedan al capital com&uacute;n en las mismas condiciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo lo dem&aacute;s, es NIMBYsm.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/rufian-montero-tentacion-nymby_129_13146133.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Apr 2026 20:44:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Rufián, Montero y la tentación NIMBY]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Réquiem por una civilización]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/requiem-civilizacion_129_13127311.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/991e1054-fe5f-41a9-8cd1-746458344d83_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Réquiem por una civilización"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La civilización que está muriendo es la nuestra: la occidental. Y es muy probable que tenga todo el sentido que sea así, porque ya no estamos en un mundo unipolar donde un solo actor hace y deshace</p></div><p class="article-text">
        Yo no s&eacute; por qu&eacute; tenemos esta man&iacute;a de pensar que Trump nunca cumple sus promesas. El martes, sin ir m&aacute;s lejos, prometi&oacute; que destruir&iacute;a una civilizaci&oacute;n para que no regresara jam&aacute;s y lo hizo: la civilizaci&oacute;n occidental hoy est&aacute; muerta. No va a recuperarse de los golpes mortales que le ha ido infligiendo, con machacona insistencia, el <em>establishment</em> pol&iacute;tico y econ&oacute;mico de los Estados Unidos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Digo el <em>establishment</em> porque ya es hora de que hablemos de las cosas por lo que son. Trump es una persona. No es todopoderoso. Existen en la constituci&oacute;n americana mecanismos suficientes para sacar a un demente de la presidencia del gobierno. Los militares que, para sorpresa de nadie, tienen m&aacute;s arrestos que los CEO del Nasdaq, le montaron una algarada el domingo que acab&oacute; con doce inspectores generales despedidos por no doblegarse al disparate al que nos quer&iacute;a conducir. No tengo ninguna duda de que, si no ha habido m&aacute;s ataques indiscriminados, es porque la resistencia que se est&aacute; encontrando en el Ej&eacute;rcito es feroz.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tampoco es que no tenga oposici&oacute;n interna. El presidente de la Reserva Federal hace meses que le planta cara y el martes varios l&iacute;deres MAGA muy relevantes pidieron a las fuerzas armadas que desobedecieran sus &oacute;rdenes ilegales y que el presidente fuera relegado del cargo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero ning&uacute;n congresista republicano se sum&oacute; a la iniciativa. Ni tampoco abrieron el boquino los empresarios cuyos intereses se ver&aacute;n perjudicados por la previsible escasez de gas y petr&oacute;leo que el cierre del estrecho de Ormuz va a producir. Al contrario, el <em>runrun</em> que recorre los mentideros del dinero americano es que la crisis de suministro que amenaza con producir hambrunas en Asia y &Aacute;frica por falta de fertilizantes a <a href="http://ee.uu" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">EE.UU</a>. le va a venir bien, porque el pa&iacute;s es exportador neto de crudo. As&iacute; que el martes, en mitad de las amenazas de guerra nuclear y cr&iacute;menes de guerra, la bolsa americana dorm&iacute;a pl&aacute;cidamente: plana, inmutable.
    </p><p class="article-text">
        Lo que estamos viviendo es el &uacute;ltimo episodio de una larga serie en la que el <em>establishment</em> econ&oacute;mico americano &mdash;y, en parte, tambi&eacute;n global&mdash; se ha ido convenciendo de que eso de ser el guardi&aacute;n &mdash;militar, monetario, diplom&aacute;tico&mdash; del mundo, a EE.UU. no le renta. Y cada vez son m&aacute;s las voces que sostienen que es insostenible: que la deuda p&uacute;blica se ha disparado hasta niveles hist&oacute;ricos para financiar ese papel, que mantener el orden global exige un gasto militar y diplom&aacute;tico desproporcionado y que, en &uacute;ltima instancia, son otros pa&iacute;ses los que se benefician de ese esfuerzo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Trump es el <em>poster child </em>de ese consenso que se ha ido fraguando. Los aranceles, esa idea &ndash;sin sentido&ndash; de que el estado de las balanzas comerciales es una especie de deuda que unos pa&iacute;ses tienen con otros o el empe&ntilde;o en que los pa&iacute;ses europeos aumenten su gasto militar para &ldquo;pagar su parte&rdquo; de la OTAN son las manifestaciones de esa voz interna que no deja de gritar que EEUU se ha cansado de liderar el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Por eso el <em>establishment</em> de <a href="http://ee.uu" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">EE.UU</a>. ha decidido que Trump le conviene. Con que las bolsas sigan subiendo y los impuestos sigan bajando, ya puede arder Roma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los dem&oacute;cratas, por desgracia, tampoco se han vacunado contra ese virus. Y ahora que anticipan que el partido republicano va a implosionar, quiz&aacute; para siempre, han decidido que es mucho mejor tener perfil bajo y esperar a ver pasar el ata&uacute;d con el cad&aacute;ver de su adversario.
    </p><p class="article-text">
        Con estas mimbres, lo m&aacute;s probable es que el pr&oacute;ximo gobierno de <a href="http://ee.uu" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">EE.UU</a>. mantenga esta tendencia al repliegue internacional. Que sea, como ha ocurrido en el Reino Unido despu&eacute;s de Boris Johnson, una cosa blanda, mediopensionista, que no se atrever&aacute; a enfrentar las causas reales de los problemas del pa&iacute;s y arrastrar&aacute; a&ntilde;os de conflictos, incapaz de crear una nueva promesa para Occidente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estados Unidos es un imperio fallido. Trump pasar&aacute;. Pero las tendencias sociales y pol&iacute;ticas que lo han tra&iacute;do hasta aqu&iacute; &ndash;el fracaso estrepitoso de su modelo social, la quiebra del &ldquo;sue&ntilde;o americano&rdquo;, el declive de su industria, la frustraci&oacute;n de la poblaci&oacute;n y la percepci&oacute;n de decadencia&ndash; son incompatibles con el liderazgo de la econom&iacute;a y la pol&iacute;tica global.
    </p><p class="article-text">
        No tengo ninguna duda de que, en la pr&oacute;xima d&eacute;cada, las universidades americanas dejar&aacute;n de liderar la investigaci&oacute;n, su diplomacia empezar&aacute; a ser recibida con resignaci&oacute;n en las embajadas, la cooperaci&oacute;n internacional se reorganizar&aacute; y Europa tendr&aacute; su propia estrategia militar y de seguridad. La &ldquo;inteligencia artificial&rdquo; ser&aacute; la &uacute;ltima de las innovaciones que nacer&aacute; en suelo americano. Sin rumbo, las estructuras que hab&iacute;an ordenado nuestro mundo durante los &uacute;ltimos 75 a&ntilde;os se ir&aacute;n desmoronando.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La civilizaci&oacute;n que est&aacute; muriendo es la nuestra: la occidental. Y es muy probable que tenga todo el sentido que sea as&iacute;, porque ya no estamos en un mundo unipolar donde un solo actor hace y deshace.
    </p><p class="article-text">
        Ocurre que los momentos en los que se deshace un orden son tambi&eacute;n los &uacute;nicos en los que puede construirse otro. Y eso abre espacios para nuevas alianzas que antes eran impensables. Ah&iacute; est&aacute;n ya, emergiendo, esas &ldquo;coaliciones de los dispuestos&rdquo;: acuerdos entre pa&iacute;ses que comparten valores y objetivos, m&aacute;s all&aacute; de la geograf&iacute;a y de los viejos bloques. O la posibilidad &mdash;hoy remota, pero por primera vez imaginable&mdash; de corregir errores hist&oacute;ricos como el Brexit y reconstruir una Europa m&aacute;s coherente y m&aacute;s fuerte.
    </p><p class="article-text">
        Me tachar&aacute;n de optimista, pero &iquest;y si esto no fuera un drama, sino una oportunidad?&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/requiem-civilizacion_129_13127311.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Apr 2026 20:59:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Réquiem por una civilización]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En el 250 aniversario de la biblia del mundo contemporáneo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/250-aniversario-biblia-mundo-contemporaneo_129_13115898.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b343cf06-dacb-4cd5-be19-923fa263b874_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En el 250 aniversario de la biblia del mundo contemporáneo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Necesitamos una nueva biblia como lo fue 'La riqueza de las naciones' de Adam Smith. Nos hemos quedado sin un mito que explique el mundo y necesitamos un nuevo relato que llegue allá donde no llegó un profesor de filosofía moral del año 1776</p></div><p class="article-text">
        Adam Smith naci&oacute;, en el a&ntilde;o 1723, en el coraz&oacute;n de una pregunta: &iquest;C&oacute;mo se organiza una sociedad de extra&ntilde;os?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Kirkcaldy era un pueblito min&uacute;sculo en la costa del Mar del Norte. A pocos kil&oacute;metros, en la orilla opuesta del fiordo de Forth, Edimburgo se estaba convirtiendo en una suerte de improvisada ciudad de los rascacielos. Encaramada en un risco diminuto sin espacio f&iacute;sico para crecer, la capital se hab&iacute;a visto arrasada por sucesivas oleadas migratorias que hab&iacute;an duplicado su poblaci&oacute;n a una velocidad vertiginosa. Sin otra posibilidad, los reci&eacute;n llegados hab&iacute;an ido convirtiendo la urbe en un experimento chiflado de chabolismo vertical: sobre los antiguos edificios medievales hab&iacute;an ido levantando planta tras planta hasta alcanzar las diez, doce, incluso catorce alturas a base de precarias estructuras de madera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para cuando Smith tuvo edad de comprender lo que estaba ocurriendo, cerca de 60.000 personas se hacinaban en medio kil&oacute;metro cuadrado &mdash;algo as&iacute; como cinco veces la densidad de una ciudad moderna&mdash; y aquellas estructuras hab&iacute;an empezado a ceder. Los muros se arqueaban, los cimientos se desplazaban, y no era raro que inmuebles enteros se vinieran abajo de la noche a la ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        Como los edificios de la Royal Mile, tambi&eacute;n las estructuras que ordenaban la sociedad escocesa de finales del siglo XVIII empezaban a resquebrajarse bajo la presi&oacute;n de la urbanizaci&oacute;n y la industrializaci&oacute;n. Y es que en aquellos a&ntilde;os en el sur de Escocia se estaba fraguando la transformaci&oacute;n de la experiencia humana m&aacute;s importante &ndash;y m&aacute;s infravalorada&ndash; de la historia reciente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1750 hab&iacute;a, quiz&aacute;, cinco o seis ciudades de m&aacute;s de 100.000 habitantes en Europa: Londres, Par&iacute;s, Viena, N&aacute;poles y Madrid. Fuera de ellas, la pr&aacute;ctica totalidad de la poblaci&oacute;n del mundo a&uacute;n viv&iacute;a, como hab&iacute;an hecho sus antepasados durante milenios, en grupos tan peque&ntilde;os que era posible tener un conocimiento &iacute;ntimo de todos los vecinos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esas comunidades, cada persona sab&iacute;a no solo qui&eacute;n era qui&eacute;n, sino tambi&eacute;n qui&eacute;nes hab&iacute;an sido sus padres y sus abuelos y cu&aacute;ntas veces su estirpe hab&iacute;a estado vinculada o hab&iacute;a entrado en conflicto con otra. Todo el mundo pod&iacute;a juzgar por s&iacute; mismo si alguien era confiable o no, si representaba un peligro, cu&aacute;l era su estatus y si val&iacute;a la pena su tiempo. Donde no llegaba ese conocimiento, las iglesias hab&iacute;an asumido el papel de ordenante de la vida en com&uacute;n. As&iacute; que los mecanismos que durante milenios nos hab&iacute;an permitido comprender las sociedades humanas segu&iacute;an, hasta finales del siglo XVIII, pr&aacute;cticamente intactos.
    </p><p class="article-text">
        Pero entonces los terratenientes escoceses comenzaron a promover las <em>enclosure acts</em>, unas leyes que prohib&iacute;an a los campesinos usar los pastos comunes que hasta entonces hab&iacute;an sido la base de su subsistencia. Privados de su forma de vida, miles de personas se vieron obligadas a desplazarse a las ciudades.
    </p><p class="article-text">
        Esas ciudades empezaron a convertirse en arrabales donde todo el mundo era nuevo y desconocido. Por primera vez en la historia, los grupos humanos superaban los l&iacute;mites de lo que pod&iacute;a entenderse desde la cognici&oacute;n individual y no ten&iacute;an ni iglesia, ni tradici&oacute;n a la que agarrarse para entender lo que estaba ocurriendo. As&iacute; surgi&oacute; un desaf&iacute;o completamente in&eacute;dito: &iquest;c&oacute;mo comprender a alguien que no conoces? &iquest;C&oacute;mo saber si puedes confiar en otra persona sin tener una referencia directa y personal? &iquest;C&oacute;mo transmitir tu propio estatus o reconocer el de alguien a quien nunca has visto?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese escenario, la religi&oacute;n ya no era capaz de contestar esas preguntas. Ni pod&iacute;a seguir dando forma al mundo, ni sostener el orden social. Sus preceptos &mdash;no solo su manera de entender el tiempo y el espacio, sino, sobre todo, su funci&oacute;n como arquitectura invisible de la vida en com&uacute;n&mdash; comenzaban a desmoronarse.
    </p><p class="article-text">
        La obsesi&oacute;n de Smith, como la de tantos de sus contempor&aacute;neos, era la de sustituir esas premisas: encontrar los fundamentos de la naturaleza humana y las reglas que nos gobiernan para crear un mantra universal que ordenase la sociedad que estaba naciendo.
    </p><p class="article-text">
        Y es que, por m&aacute;s que la Historia se haya empe&ntilde;ado en presentarlo as&iacute;, Adam Smith no era un economista. La econom&iacute;a ni siquiera exist&iacute;a en aquel momento como disciplina. Lo m&aacute;s cercano era la &ldquo;econom&iacute;a pol&iacute;tica&rdquo;, que se ocupaba principalmente del gasto p&uacute;blico y de la recaudaci&oacute;n. Y la creencia general es que era el Estado el que produc&iacute;a la riqueza de las naciones. Smith, sin embargo, era profesor de filosof&iacute;a moral y su ambici&oacute;n era ofrecer un marco para orientar la conducta de sus contempor&aacute;neos. La econom&iacute;a, podr&iacute;amos aventurar, fue el artefacto que se invent&oacute; para convencernos de que aquel manual ten&iacute;a alg&uacute;n sentido.
    </p><p class="article-text">
        Y <em>La riqueza de las naciones</em> no es un tratado t&eacute;cnico, sino algo mucho m&aacute;s poderoso: es una f&aacute;bula. Un relato sobre esa sociedad naciente. Un mito fundacional que vino a sustituir a la religi&oacute;n. Como todos los mitos fundacionales, no tuvo &eacute;xito porque fuera literalmente cierto, sino porque result&oacute; extraordinariamente eficaz. Con un libro, Smith proporcion&oacute; un andamiaje intelectual sobre el que se termin&oacute; por levantar una civilizaci&oacute;n entera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El relato dec&iacute;a algo as&iacute;: la riqueza de las naciones no depende de lo que poseen, sino del trabajo que son capaces de movilizar. Pero hay algo desconcertante: en todas partes las personas trabajan, y sin embargo unas sociedades prosperan mientras otras se estancan. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la diferencia?, se preguntaba Smith. Y su respuesta era tan simple como revolucionaria: en la organizaci&oacute;n del trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Un artesano, trabajando por su cuenta, pod&iacute;a hacer un producto al d&iacute;a, quiz&aacute; dos. Pero en una cadena de montaje pod&iacute;a hacer miles. La riqueza de los pa&iacute;ses depend&iacute;a de lo bien que se organizasen. Y para organizarse, requer&iacute;an capital.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De manera que hay tres formas de contribuir a la sociedad: una, mediante sacrificio, aportando el ahorro que uno podr&iacute;a gastar en placeres superfluos; otra, con esfuerzo, entregando tiempo y trabajo; y la tercera, a trav&eacute;s de la capacidad de organizar, de poner en marcha estructuras que multipliquen la productividad. Los pa&iacute;ses que logren dominar estas tres dimensiones &mdash;ahorrar, trabajar y organizarse&mdash; ser&aacute;n los que prosperen y dejen atr&aacute;s a los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Este mito ten&iacute;a una ventaja extraordinaria en aquel momento hist&oacute;rico. El esfuerzo y el sacrificio, a diferencia de la devoci&oacute;n religiosa o de la fe, eran contables. Las horas de trabajo, las libras invertidas o ahorradas, pod&iacute;an anotarse en una hoja de c&aacute;lculo. De esta manera, el mito resolv&iacute;a ese gran problema de la sociedad que nac&iacute;a: c&oacute;mo valorar a las personas m&aacute;s all&aacute; de los v&iacute;nculos familiares, de la comunidad local y del fervor religioso. Smith ofrec&iacute;a un sistema universal para medir y guiar la conducta humana, un reemplazo secular para la autoridad moral que antes resid&iacute;a en la iglesia y en la tradici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; fue como el mito de Adam Smith sustituy&oacute; a la religi&oacute;n punto por punto, en todas sus facetas. Hab&iacute;a un dios &mdash;ya no en el cielo, sino en la organizaci&oacute;n del trabajo&mdash; que promet&iacute;a ganancias infinitas. Hab&iacute;a virtudes &mdash;el ahorro y el trabajo&mdash; que otorgaban el favor de ese dios. Y hab&iacute;a un infierno: la pobreza y la exclusi&oacute;n, el atraso en lugar del progreso, para quienes no cumpl&iacute;an los preceptos. Lo que uno val&iacute;a y lo que val&iacute;a el resto iba a quedar para siempre registrado en una gigantesca hoja de c&aacute;lculo que llamar&iacute;amos <em>econom&iacute;a</em>.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a hoy, 250 a&ntilde;os despu&eacute;s, vivimos palabra por palabra en ese mito. Las categor&iacute;as econ&oacute;micas que se ense&ntilde;an en la universidad (el trabajo y el capital como factores de la producci&oacute;n, la productividad, etc.) todav&iacute;a nacen de ese libro. Pero no solo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n le seguimos ense&ntilde;ando a nuestros hijos la importancia del esfuerzo. Igual que nos ense&ntilde;aron nuestros padres. Hasta nos machacamos en silencio cuando sentimos que &ldquo;no nos hemos esforzado lo suficiente&rdquo;. Por su parte, varias de las cat&aacute;strofes de la sociedad contempor&aacute;nea &ndash;como la crisis de la vivienda o la burbuja de las bolsas&ndash; se explican porque seguimos convencidos de que el ahorro es una actitud virtuosa que merece una recompensa (aunque no produzca valor y aunque no corra riesgos, que eran las cosas que se supon&iacute;a que hac&iacute;a el ahorro en el cuento de Smith).
    </p><p class="article-text">
        La crisis que atraviesa nuestra sociedad tambi&eacute;n se explica por las limitaciones de ese relato. Smith pensaba que el conocimiento era irrelevante, un subproducto de la actividad humana que no deb&iacute;a contarse. En varias ocasiones a lo largo del texto desprecia la contribuci&oacute;n de los obreros que inventaban mejoras para las m&aacute;quinas o de las profesiones que no contribu&iacute;an a mover la cadena de montaje. Y a pesar de que el dios de su historia &ndash;la divisi&oacute;n del trabajo&ndash; es una forma muy evidente de conocimiento, ni en sus planteamientos, ni en las ecuaciones que despu&eacute;s dieron forma a la econom&iacute;a de los siguientes 250 a&ntilde;os qued&oacute; reflejada esta faceta de la actividad humana salvo como un &ldquo;residuo&rdquo; que no se puede contar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, todo nuestro marco moral, que despu&eacute;s se refleja tambi&eacute;n en la arquitectura de la econom&iacute;a como ciencia, descansa sobre el esfuerzo e ignora sistem&aacute;ticamente la esencia de la actividad de los seres humanos: el conocimiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero resulta que hoy hemos superado esa necesidad de esfuerzo que ten&iacute;amos en el inicio de la Revoluci&oacute;n Industrial: vivimos en una era del conocimiento en la que el trabajo &ndash;en ese sentido de la aplicaci&oacute;n de la fuerza&ndash; cada vez es menos necesario para producir valor (y menos lo ser&aacute; a medida que avancen las energ&iacute;as renovables). Y, sin embargo, carecemos de herramientas para valorarlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La crisis del mundo moderno nace de esa carencia: necesitamos una nueva biblia. Nos hemos quedado sin un mito que explique el mundo y necesitamos un nuevo relato que llegue all&aacute; donde no lleg&oacute; un profesor de filosof&iacute;a moral del a&ntilde;o 1776. Uno que d&eacute; sentido a este tiempo nuevo y que nos empuje hacia adelante otros 250 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;--&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque sus casi 1.000 p&aacute;ginas pueden echar a alg&uacute;n lector para atr&aacute;s, <em>La riqueza de las naciones</em> es una lectura muy entretenida que se puede limitar a los tres primeros libros (unas 300 p&aacute;ginas). Hay una versi&oacute;n reducida <a href="https://archive.org/details/adam-smith-la-riqueza-de-las-naciones_202304/page/7/mode/2up" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en el dominio p&uacute;blico aqu&iacute;</a> que se puede encontrar tambi&eacute;n en <a href="https://www.amazon.es/riqueza-las-naciones-I-II-III-selecci%C3%B3n/dp/842065096X" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">libro de bolsillo de Alianza Editorial</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/250-aniversario-biblia-mundo-contemporaneo_129_13115898.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Apr 2026 20:16:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En el 250 aniversario de la biblia del mundo contemporáneo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Capitalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cinco claves para entender este loco mes de marzo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cinco-claves-entender-loco-mes-marzo_129_13094073.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0da021bb-79a7-4185-9f45-2b2c5ef04ffc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cinco claves para entender este loco mes de marzo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Somos una sociedad de sabios. Hemos construido los acuerdos políticos que nos han permitido vivir en paz. Y podemos construir otros. Tenemos la inteligencia y la capacidad para salir adelante y encontrar soluciones a los problemas que nos vamos a encontrar</p></div><p class="article-text">
        <strong>Uno. Donald Trump est&aacute; de salida.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por m&aacute;s que asuste su comportamiento err&aacute;tico y la sensaci&oacute;n de que cada d&iacute;a nos despierta con una nueva amenaza m&aacute;s terrible que la anterior, hoy es evidente que el trumpismo, como propuesta pol&iacute;tica, ha fracasado y est&aacute; de salida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Trump no ha conseguido consolidar una alianza estable con una base de votantes, que es el requisito de cualquier fuerza pol&iacute;tica necesita para sostenerse en el tiempo. Su apoyo electoral est&aacute; <a href="https://www.nytimes.com/interactive/polls/donald-trump-approval-rating-polls.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en ca&iacute;da libre</a> y se resiente incluso <a href="https://edition.cnn.com/2026/03/20/politics/donald-trump-supporters-iran-war" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entre sus fieles</a>. Tampoco parece que en el Partido Republicano haya mucho entusiasmo con el presidente. Este a&ntilde;o se retiran 35 congresistas y senadores republicanos, un r&eacute;cord hist&oacute;rico.
    </p><p class="article-text">
        En noviembre hay elecciones al congreso y al senado en EEUU. Hace m&aacute;s o menos un a&ntilde;o que la <a href="https://www.nytimes.com/interactive/polls/congressional-vote-2026.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pr&aacute;ctica totalidad de las encuestas</a> le dan la victoria a los dem&oacute;cratas (pese a que tampoco se puede decir que hayan hecho mucho por merecerlo). Y lo que es peor: su repertorio personal de medidas &ndash;como los aranceles, las deportaciones y los recortes del gasto social&ndash; se ha agotado. A Trump ya solo le queda seguir en una huida, cada vez m&aacute;s desesperada, hacia adelante. Su &uacute;nica promesa es el caos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esta tesitura, lo que veremos en los pr&oacute;ximos meses es c&oacute;mo los pesos pesados del partido republicano, del ej&eacute;rcito y de la administraci&oacute;n le van abandonando. &Eacute;l, probablemente cada vez m&aacute;s iracundo, se volver&aacute; todav&iacute;a m&aacute;s irracional y, quiz&aacute;, m&aacute;s violento. Pero es muy probable que, a medida que vaya perdiendo el apoyo del establishment, tambi&eacute;n se vaya volviendo cada vez m&aacute;s ineficaz en la ejecuci&oacute;n de sus algaradas y empiece a parecer un abuelito demente. Algo de esto ya le ocurri&oacute; en la primera legislatura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La clave van a ser las cuentas con la justicia que les van a quedar a muchos de sus colaboradores despu&eacute;s de este viaje. Trump se ha saltado la ley tantas veces que hemos perdido la cuenta, pero en los juzgados ha quedado un rastro que ahora tendr&aacute; que ir exigiendo responsabilidades. Quienes est&eacute;n en peligro de acabar en el trullo tendr&aacute;n muchos incentivos para intentar que Trump siga en el poder, mientras que quienes se hayan quedado al margen de sus tropel&iacute;as tendr&aacute;n inter&eacute;s en no pringarse en el &uacute;ltimo minuto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dos. La burbuja de la IA ya ha pinchado.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por m&aacute;s que no se haya contado as&iacute;, los n&uacute;meros hablan por s&iacute; solos. Las bolsas americanas llevan meses planas o en ca&iacute;da. El NASDAQ acumula p&eacute;rdidas del 10% desde octubre, mientras que el S&amp;P 500 cede un 11% desde sus m&aacute;ximos de enero. En otro contexto, estas cifras ser&iacute;an explicables. Pero lo verdaderamente desconcertante es el contexto en el que se producen: no en medio de una recesi&oacute;n, ni de un esc&aacute;ndalo corporativo, sino justo cuando las grandes tecnol&oacute;gicas est&aacute;n publicando los mejores resultados de su historia.
    </p><p class="article-text">
        El caso de NVIDIA es paradigm&aacute;tico &mdash; y quiz&aacute;s el m&aacute;s revelador de todos. La compa&ntilde;&iacute;a, cuya capitalizaci&oacute;n de mercado supera ya el PIB del Reino Unido, se ha convertido en el s&iacute;mbolo por excelencia de la fiebre inversora en inteligencia artificial. Sus chips son la columna vertebral sobre la que se construye toda la infraestructura de la IA moderna, desde los modelos de OpenAI hasta los centros de datos de Microsoft, Google y Amazon.
    </p><p class="article-text">
        Las dos &uacute;ltimas veces que NVIDIA present&oacute; resultados, las cifras fueron, sencillamente, de otro planeta. En su &uacute;ltimo trimestre, la compa&ntilde;&iacute;a report&oacute; unos ingresos de 39.300 millones de d&oacute;lares &mdash; un crecimiento interanual del 78% &mdash; y un beneficio neto que casi triplic&oacute; al del mismo periodo del a&ntilde;o anterior. Su divisi&oacute;n de centros de datos, el motor que alimenta la demanda de IA, ingres&oacute; sola m&aacute;s de 35.000 millones de d&oacute;lares en un &uacute;nico trimestre. Son unos n&uacute;meros que habr&iacute;an parecido ciencia ficci&oacute;n hace apenas tres a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo, las dos veces, sus acciones cayeron a continuaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Para estupor de cualquiera, esta combinaci&oacute;n de unos resultados extraordinarios seguidos de una ca&iacute;da del precio de las acciones se ha convertido en la t&oacute;nica general de la bolsa americana: le ha ocurrido igual a Oracle, Microsoft o Meta, entre otros. &iquest;C&oacute;mo puede ser?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando unos resultados extraordinarios ya no son suficientes para sostener el precio de una acci&oacute;n, es porque est&aacute;n perdiendo fuerza por alguna parte. La burbuja de la IA ya ha pinchado, solo que no ha sido una ruptura de aguas violenta y s&uacute;bita, sino una fisura de las que provocan que una parturienta vaya perdiendo, a lo largo de un periodo de tiempo, l&iacute;quido amni&oacute;tico. Una parte de los inversores est&aacute; saliendo &ndash;&ldquo;rotando&rdquo;, en el argot&ndash;, de las inversiones en IA pese a que los extraordinarios resultados siguen atrayendo a otros inversores m&aacute;s incautos. Dar&aacute; igual. Por m&aacute;s que la sigan inflando, no dejar&aacute; de perder volumen. El mundo est&aacute; de parto. Y lo que sentimos son las contracciones.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tres. El emperador estaba desnudo.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando se desinfle el souffl&eacute; de la burbuja, descubriremos que eso que hemos llamado &ldquo;inteligencia artificial&rdquo; se parece mucho m&aacute;s al email que al ferrocarril. Es un software, un protocolo, una forma de conocimiento que puede replicarse y emplearse de forma universal &mdash; por infinitas personas a la vez, sin que compitan entre s&iacute; por su uso. Y precisamente por eso, aunque cumpla su promesa de aumentar exponencialmente la productividad &mdash; como lo hizo el e-mail &mdash;, nunca podr&aacute; generar el tipo de crecimiento que produjo el ferrocarril. Porque este &uacute;ltimo era un bien escaso que se pod&iacute;a intercambiar en r&eacute;gimen cuasi monopol&iacute;stico y la IA no lo es.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Alguien recordar&aacute;, entonces, algo que es una evidencia de la teor&iacute;a econ&oacute;mica. Y es que la productividad, por s&iacute; sola, no produce crecimiento. Da igual cu&aacute;n productivo sea uno, si no tiene a quien venderle el resultado de su producci&oacute;n. Para crear crecimiento hace falta vender. O lo que es lo mismo, tener algo que los dem&aacute;s quieran y a lo que no puedan acceder, salvo compr&aacute;ndolo.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cuatro. La m&uacute;sica est&aacute; a punto de terminarse.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de tres a&ntilde;os y medio de inflar el globo, en los pr&oacute;ximos meses llegar&aacute; la hora de la verdad: las salidas a bolsa de las grandes empresas de la IA. SpaceX (la f&aacute;brica de cohetes de Elon Musk, que se fusion&oacute; con el antiguo Twitter reconvertido en xAI al olor de la sardina), pretende salir al parque con una valoraci&oacute;n de 1.75 billones de d&oacute;lares. OpenAI y Anthropic, las otras dos grandes &ldquo;startups&rdquo; del sector que a&uacute;n no cotizan, esperan ser valoradas, en conjunto, en 1,25 billones m&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nunca, en la historia, se hab&iacute;a producido una salida a bolsa tan inmensa. Para cubrir el 25% de esas valoraciones, har&iacute;an falta 1,2 billones de d&oacute;lares. El consenso de los analistas (no conozco ni una sola voz en contra) es que no existe en el mundo suficiente liquidez (o sea, suficiente dinero) para comprar las nuevas acciones de estas empresas sin que se desplome la cotizaci&oacute;n del resto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por comparar, en 2025 &ldquo;<a href="https://www.ey.com/en_gl/insights/ipo/trends" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">1.293 salidas a bolsa</a> recaudaron 171.800 millones de d&oacute;lares a nivel mundial&rdquo; y eso ya representaba un aumento del 40% respecto a 2024. Esto es, el a&ntilde;o pasado, las salidas a bolsa no llegaron al 15% de lo que ser&iacute;a necesario para sacar adelante estas operaciones.
    </p><p class="article-text">
        Las cifras son tan mareantes, ese mundo est&aacute; tan borracho de expectativas, que cada vez cuesta m&aacute;s tom&aacute;rselo en serio. Resulta imposible distinguirlo de la trayectoria pirada de un lud&oacute;pata.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, a falta de un milagro, lo que va a ocurrir es que alguna de esas IPOs no va a llegar a buen puerto. Quiz&aacute; ninguna de las tres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cinco. Es la madre de todas las burbujas</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando alguna de las grandes IPOs del sector fracase &ndash;si no antes, por ejemplo, cuando alguien se dedique a <a href="https://www.wheresyoured.at/where-is-openais-money-going/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mirar seriamente los n&uacute;meros de OpenAI</a>&ndash; resultar&aacute; evidente que toda esta deriva que lleva empujando a las empresas tecnol&oacute;gicas desde 2020 ha sido una monstruosa burbuja que ha ido avanzando de <em>hype</em> en <em>hype</em> (la realidad virtual, el metaverso, las criptomonedas, los coches aut&oacute;nomos y un largo etc&eacute;tera) hasta hoy. Y terminar&aacute; de explotar.
    </p><p class="article-text">
        Y si nos paramos a observar con detenimiento, descubriremos que este no es un fen&oacute;meno aislado, sino que es el tercer acto de una &uacute;nica burbuja que lleva hinch&aacute;ndose 25 a&ntilde;os. Comenz&oacute; en 2000, cuando la Reserva Federal americana respondi&oacute; al colapso de las puntocom tirando los tipos de inter&eacute;s e inundando el mundo de dinero barato. Sigui&oacute; en 2008, cuando a las tensiones en la deuda soberana los bancos centrales contestaron que har&iacute;an &ldquo;whatever it takes&rdquo; para proteger la estabilidad financiera de sus pa&iacute;ses. Otra monta&ntilde;a de liquidez. Y continu&oacute; con nuevos est&iacute;mulos monetarios y econ&oacute;micos en el COVID y despu&eacute;s durante la invasi&oacute;n de Ucrania.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Llevamos un cuarto de siglo insuflando ox&iacute;geno al cad&aacute;ver de una econom&iacute;a que hace mucho tiempo que no respira y que no conseguimos reanimar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y una idea para la esperanza: no es el fin del mundo (es el principio).</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me doy cuenta de que todas estas noticias marean. Y que a veces dan un miedo y una sensaci&oacute;n de p&eacute;rdida de control horrible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La manera de no perder el norte es darse cuenta de que este aparente colapso de todo lo que nos rodea es un espejismo. Lo que est&aacute; quebrando no es la sociedad. Lo que tiembla es un proyecto econ&oacute;mico concreto en el que hemos vivido los &uacute;ltimos 25 a&ntilde;os y que no ha funcionado.
    </p><p class="article-text">
        Nuestro tiempo es heredero de los consensos que se alcanzaron tras la Segunda Guerra Mundial. Entonces, una generaci&oacute;n de occidentales se propuso encarar la reconstrucci&oacute;n de un mundo devastado con una tarea adicional: incluir a la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n en los dividendos del progreso. Fueron unos a&ntilde;os extraordinarios; los mejores de la humanidad &ndash;hasta aquel momento. Al final de aquel ciclo, en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo, el mundo necesit&oacute; un nuevo desaf&iacute;o y se propuso crear una &ldquo;sociedad del conocimiento&rdquo; para el siglo XXI.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es una parte de ese experimento, ese de la &ldquo;econom&iacute;a del conocimiento&rdquo;, el que se est&aacute; resquebrajando. Por una raz&oacute;n muy simple: era un ox&iacute;moron; econom&iacute;a y conocimiento son dos conceptos antag&oacute;nicos, irreconciliables. La econom&iacute;a es la gesti&oacute;n de los bienes escasos y el conocimiento es nuestro bien abundante por definici&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De manera que, en el siglo XXI, a medida que el conocimiento ha ido avanzando, la econom&iacute;a ha ido retrocediendo. Ocurri&oacute; con la m&uacute;sica, con las pel&iacute;culas, con la informaci&oacute;n, con las tiendas f&iacute;sicas, con las oficinas bancarias, con decenas de profesiones y sectores profesionales. A medida que el conocimiento humano ha ido creciendo de la mano de las primeras generaciones que fueron a la universidad y de Internet, ha ido sustituyendo partes inmensas del sistema econ&oacute;mico que nos hab&iacute;a sostenido en el siglo XX.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy vemos el ejemplo m&aacute;s brutal en la inteligencia artificial: una forma de conocimiento que amenaza con acabar con millones de puestos de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;es esto de verdad una amenaza? &iquest;No fue siempre el objetivo final? &iquest;No era esto con lo que so&ntilde;&aacute;bamos? &iquest;Con liberarnos de la esclavitud de la escasez y del trabajo?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, las cosas que son relevantes para la vida humana, los indicadores que, dentro de 50 a&ntilde;os, dir&aacute;n si nuestro tiempo fue de progreso o de regresi&oacute;n, siguen marchando viento en popa. La ciencia sigue avanzando a paso de gigante en la curaci&oacute;n del c&aacute;ncer, del p&aacute;rkinson y del alzh&eacute;imer. Cada vez somos capaces de producir m&aacute;s con menos y, como resultado, seguimos acabando &ndash;aunque seguro que podr&iacute;amos ir mucho m&aacute;s deprisa&ndash; con la pobreza y la mortalidad infantil. En estos &uacute;ltimos a&ntilde;os tenemos otra raz&oacute;n para ser optimistas: el progreso alucinante de las energ&iacute;as renovables nos permite so&ntilde;ar con un mundo limpio de combustibles f&oacute;siles donde la energ&iacute;a es abundante.
    </p><p class="article-text">
        No es lo importante de la realidad lo que se tambalea: son nuestras creencias. Es el fin de un ciclo ideol&oacute;gico, de un sistema, que se lleva agotando desde hace 25 a&ntilde;os y est&aacute; en su fase ag&oacute;nica, en su &uacute;ltimo estertor, produciendo una tragedia detr&aacute;s de otra.
    </p><p class="article-text">
        Lo que se est&aacute; viniendo abajo son las normas del mundo antiguo. Pero si somos capaces de entenderlo de esa manera y mantenernos unidos, serenos y orientados, como hicimos durante la crisis del COVID, o durante la invasi&oacute;n de Ucrania, o durante la Guerra Mundial y la reconstrucci&oacute;n de Europa hace 75 a&ntilde;os, encontraremos que nunca fuimos m&aacute;s capaces de superar las dificultades que tenemos por delante que ahora.
    </p><p class="article-text">
        Somos una sociedad de sabios. Hemos construido los acuerdos pol&iacute;ticos que nos han permitido vivir en paz. Y podemos construir otros. Tenemos la inteligencia y la capacidad para salir adelante y encontrar soluciones a los problemas que nos vamos a encontrar. Por m&aacute;s salvaje que sea la crisis que est&aacute; por venir; por m&aacute;s bandazos que sigan dando los s&aacute;trapas en <a href="http://ee.uu" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">EEUU</a>, en Israel o en Rusia: si nos lo proponemos y le dedicamos el mejor de nuestros esfuerzos, no tenemos nada que temer.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cinco-claves-entender-loco-mes-marzo_129_13094073.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Mar 2026 20:59:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cinco claves para entender este loco mes de marzo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El mejor candidato de la izquierda es un programa para arreglar el problema de la vivienda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/mejor-candidato-izquierda-programa-arreglar-problema-vivienda_129_13090954.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d00bb5af-836e-49f4-95a5-efc88cea83f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El mejor candidato de la izquierda es un programa para arreglar el problema de la vivienda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La vivienda no es “un tema” es, junto con la idea de la participación social por el trabajo y las pensiones, el pilar sobre el que hemos construido esta sociedad</p></div><p class="article-text">
        En una trama que ha pasado a la historia del cine, Marty McFly se mete en un l&iacute;o c&oacute;smico cuando se sube al Delorean del Doctor Brown y aterriza, en 1955, treinta a&ntilde;os antes de su &eacute;poca y sin combustible suficiente para volver. Por si fuera poco, nada m&aacute;s llegar, Marty interfiere sin querer en el momento en que sus padres se conocieron por primera vez y, al hacerlo, rompe la cadena de eventos que deb&iacute;a llevarles a enamorarse. Si no consigue arreglarlo Marty est&aacute; perdido. Sus padres nunca se casar&aacute;n, y &eacute;l y sus hermanos nunca llegar&aacute;n a nacer.
    </p><p class="article-text">
        La manera en que Marty puede ver el tiempo de sus padres agot&aacute;ndose es una fotograf&iacute;a familiar que lleva encima. Una imagen de &eacute;l junto a sus hermanos en la que, a medida que el pasado se tuerce y su existencia peligra, las figuras empiezan a desvanecerse, como si nunca hubieran existido. Cuando los dedos de Marty comienzan a desaparecer, sabe que su tiempo se acaba.
    </p><p class="article-text">
        Como los Mcfly, la posibilidad de que siga existiendo un espacio a la izquierda del PSOE en el futuro se desvanece. Mientras tanto, unos cuantos centenares de cuadros intentan estos d&iacute;as, como Marty, mantener cosido un espacio com&uacute;n cada d&iacute;a m&aacute;s fr&aacute;gil para no terminar de borrarse de la foto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y no es por falta de talento. Ese espacio tiene un equipo t&eacute;cnico extraordinario y sus gabinetes de los ministerios, aunque est&aacute;n completamente absorbidos por el d&iacute;a a d&iacute;a de la gesti&oacute;n, se encuentran entre los mejores del gobierno. Adem&aacute;s, por primera vez en mucho tiempo existe una gran sinton&iacute;a entre los jefes de todos los partidos, y relaciones de amistad y confianza entre los dirigentes de todos los partidos desde hace d&eacute;cadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tampoco es que falten nombres para la papeleta: Bustinduy ser&iacute;a un buen l&iacute;der, como lo ser&iacute;a M&oacute;nica Garc&iacute;a. Ada Colau o Unai Sordo tambi&eacute;n podr&iacute;an hacer un papel. Lo que ocurre es que, como ocurre en Regreso al Futuro, los proyectos no se desvanecen por falta de un cuerpo que poner, sino porque se rompe la secuencia que les daba sentido. El cuerpo desaparece de la fotograf&iacute;a porque se ha roto la historia, el proyecto, la trayector&iacute;a que lo sosten&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por esta raz&oacute;n los pol&iacute;ticos son ideas, s&iacute;mbolos, encarnaciones de una visi&oacute;n de la sociedad. Y duran lo que dura ese proyecto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Felipe Gonz&aacute;lez encarn&oacute; la idea de la modernizaci&oacute;n de Espa&ntilde;a. Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Zapatero, la agenda de los derechos civiles. Aznar fue la cara de la liberalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a y, en estos a&ntilde;os, Yolanda Diaz ha representado una izquierda laboralista. Ha encarnado el sindicalismo y las demandas de los trabajadores. Por eso era una buena candidata: su personaje, su programa y su trayectoria eran muy buenos y estaban perfectamente alineados. Seguramente por eso ha tenido mucho &eacute;xito en esa funci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy la izquierda a la izquierda de la izquierda no est&aacute; vac&iacute;a de personas, est&aacute; vac&iacute;a de s&iacute;mbolos. Est&aacute; desnortada. Ya no sabe si es una izquierda verde, o laboralista, o populista, o todo a la vez. No le faltan personas, le falta un proyecto que encarnar para un espacio que, por no tener, ya no tiene ni forma de definirse m&aacute;s all&aacute; de su posicionamiento respecto del PSOE.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Andaban estos d&iacute;as los partidos de la izquierda a la izquierda de la izquierda como locos buscando candidato cuando, de pronto, el viernes, apareci&oacute; uno cuando menos lo esperaban: un plant&oacute;n en el Consejo de Ministros y una apuesta fuerte por el control de los precios del alquiler se hizo cuerpo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De repente, y aunque nadie sepa cu&aacute;l ser&aacute; el nombre en la papeleta, se llen&oacute; el espacio. Hoy nadie se pregunta para qu&eacute; sirve la izquierda a la izquierda de la izquierda ni qu&eacute; sentido tiene. Tiene este sentido. El de poner pie en pared contra la espiral especulativa que amenaza con convertirnos en una sociedad feudal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No deber&iacute;a darle ning&uacute;n miedo a ese grupo de partidos convertirse en eso que se llaman &ldquo;single-issue parties&rdquo;. La vivienda no es &ldquo;un tema&rdquo; es, junto con la idea de la participaci&oacute;n social por el trabajo y las pensiones, el pilar sobre el que hemos construido esta sociedad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Resolverlo requerir&aacute; una operaci&oacute;n quir&uacute;rgica de esas que duran horas y en las que participan muchos cirujanos: uno para sacar de la especulaci&oacute;n los suelos que no se han desarrollado, otro para plantear remodelaciones del urbanismo en las grandes ciudades, otro para buscar la equidad intergeneracional, otro para encontrar oportunidades de inversi&oacute;n alternativas que respalden la econom&iacute;a productiva, otro para arreglar la fiscalidad &ndash;sangrante&ndash; del sector, muchos para encontrar soluciones de urgencia mientras llegan las de largo plazo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y ocurre que a d&iacute;a de hoy ning&uacute;n partido tiene una propuesta ni pr&oacute;xima a resolver este problema que no deja de aumentar y que va a terminar por amenazar, muy pronto, la convivencia. Por no tener, no hay ni siquiera un consenso sobre c&oacute;mo deber&iacute;a ordenarse la vivienda en el siglo XXI. &iquest;A&uacute;n aspiramos a que todo el mundo sea propietario? &iquest;O nos parece bien que la mitad de la poblaci&oacute;n sea arrendataria y, la otra mitad, arrendadora? &iquest;Deber&iacute;an hacer todas las generaciones la misma tasa de esfuerzo para acceder a una vivienda?
    </p><p class="article-text">
        Resolver el problema de la vivienda bien vale un espacio pol&iacute;tico. Y el ejercicio de pensar c&oacute;mo hacerlo, de lanzar mensajes transformadores a la sociedad, de dibujar un futuro donde haya una vida buena para todo el mundo, tendr&iacute;a la potencia para llenar ese espacio. Y de sostenerlo hasta que los partidos decidan, ahora s&iacute;, con un programa, qui&eacute;n es el candidato que encarna esa visi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tanto que hasta podr&iacute;an dejar de definirse por su posici&oacute;n respecto del PSOE y empezar a ser una izquierda con nombre propio. Abundantista, por ejemplo.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/mejor-candidato-izquierda-programa-arreglar-problema-vivienda_129_13090954.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Mar 2026 21:39:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El mejor candidato de la izquierda es un programa para arreglar el problema de la vivienda]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carta de una inquilina al presidente del Gobierno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/carta-inquilina-presidente-gobierno_129_13078334.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5d5c18a0-997d-497a-a335-cc9d38462925_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Carta de una inquilina al presidente del Gobierno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Cuánto tiempo pasará hasta que todas las personas como yo, que podemos trabajar desde donde queramos, nos demos cuenta de que viviríamos mejor en Londres, en Berlín, en París o en Viena que en España? ¿Cuánto tiempo hasta que no quede nada más en las ciudades que caseros, trabajadores precarios y turistas?</p></div><p class="article-text">
        Se&ntilde;or presidente, querido amigo,&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mi nombre es Mar&iacute;a &Aacute;lvarez. Quiz&aacute; le suene, porque en alg&uacute;n momento me hice <a href="https://x.com/ostraperlera/status/1784887000849379802" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un poco famosa opinando sobre usted</a>. O quiz&aacute; haya llegado hasta su resumen matinal de prensa alguna columna que <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/gobierno-progresista-bonificando-rentas-capital_129_12907897.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">he publicado sobre el &ldquo;perrismo&rdquo;</a> como sensibilidad pol&iacute;tica, o <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tiro-ministro-cuerpo_129_12891544.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sobre las &ndash;buenas&ndash; ideas de alguno de sus ministros</a>. Suelen ser esa clase de cosas las que traspasan los muros de los gabinetes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy le escribo por una cuesti&oacute;n personal. Ver&aacute;: resulta que he escrito un libro. Se llama &ldquo;Hijos del optimismo&rdquo; y trata de explicar c&oacute;mo la extensi&oacute;n universitaria de finales de los a&ntilde;os 90 y los 2000 produjo una gran transformaci&oacute;n de la sociedad global en el siglo XXI que todav&iacute;a no hemos sabido entender. Y que es esa metamorfosis la que est&aacute; detr&aacute;s de las turbulencias que vivimos hoy en la econom&iacute;a y en la pol&iacute;tica en todo el mundo. Hasta le envi&eacute; una copia, conf&iacute;o en que la haya recibido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        'Hijos del optimismo' se presenta este jueves en Madrid. Y yo llevo quince d&iacute;as encerrada retorciendo las palabras, intentando encontrar la formulaci&oacute;n adecuada que me permita, en un tiempo muy breve, convencer a una audiencia que seguro que estar&aacute; &mdash;como estamos todos&ndash; asustada, triste y enfadada con el momento presente, no solo de que el mundo no est&aacute; tan mal como parece, sino que incluso estamos viviendo un momento de inmensa oportunidad que no podemos dejar pasar.
    </p><p class="article-text">
        El martes por la tarde, a &uacute;ltima hora, mientras mis hijos ve&iacute;an el f&uacute;tbol en el sal&oacute;n, yo estaba encerrada en la cocina, absorta frente a la pantalla del ordenador, d&aacute;ndole vueltas a todo esto, cuando recib&iacute; un mensaje en el m&oacute;vil. Era mi casera:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hola Mar&iacute;a,
    </p><p class="article-text">
        Espero que est&eacute;s bien.
    </p><p class="article-text">
        Te escribo porque en agosto se cumplen cinco a&ntilde;os desde la firma del contrato de alquiler de la vivienda. Como sabes, en este momento corresponde revisar las condiciones, ya que el contrato llega a su vencimiento.
    </p><p class="article-text">
        Durante este tiempo, el mercado de alquiler ha experimentado cambios relevantes, por lo que actualizar&eacute; la renta para ajustarla a los precios actuales de la zona. En concreto, la nueva renta ser&iacute;a de 1.800 euros mensuales.
    </p><p class="article-text">
        Quer&iacute;a coment&aacute;rtelo con la debida antelaci&oacute;n &mdash;m&aacute;s de cuatro meses&mdash; para que puedas valorarlo con tranquilidad. Por supuesto, estoy disponible para comentarlo contigo.
    </p><p class="article-text">
        Quedo pendiente de tus comentarios.
    </p><p class="article-text">
        Un saludo,
    </p><p class="article-text">
        M&oacute;nica&ldquo;
    </p><p class="article-text">
        Ocurre, como se habr&aacute; dado cuenta, que mis hijos y yo somos una de las 300.000 familias afectadas por el efecto cascada de la pr&oacute;rroga de los contratos de alquiler que se aprob&oacute; en la pandemia. As&iacute; que, cuando llegue el mes de agosto, tendremos que hacer las maletas e irnos (otra vez) de nuestra casa.
    </p><p class="article-text">
        Con todo, nosotros no somos, ni de lejos, los m&aacute;s afectados por esta tragedia que tenemos en ciernes. Yo soy empresaria, gano mucho dinero, bien por encima del percentil 90 de renta. Podremos mudarnos dos, tres o cuatro barrios m&aacute;s lejos para no tener que asumir una subida del alquiler del 35%, como propone mi casera, sino quiz&aacute; &ldquo;solo&rdquo; del 10%, con una casera nueva. Por desgracia, no podr&aacute;n decir lo mismo que yo quienes ya est&aacute;n al borde de la zona en la que pueden vivir sin pagar un precio demasiado alto en desplazamientos, ni quienes simplemente no tendr&aacute;n alternativa habitacional.
    </p><p class="article-text">
        Pero si bien yo no soy el mejor ejemplo del problema habitacional que tenemos, s&iacute; que soy un gran exponente de algo que es todav&iacute;a peor, y es que para la gente de mi generaci&oacute;n, y de las siguientes, no hay c&oacute;mo tener &eacute;xito en esta sociedad que nos est&aacute; quedando. Hoy no basta con escribir libros, ni art&iacute;culos. No basta con ser biling&uuml;e, saber programar, ni tener muchos a&ntilde;os de experiencia. No basta con ser empresaria ni con estar entre las personas que m&aacute;s dinero ganan de este pa&iacute;s. No es suficiente con haber trabajado toda la vida, ni con apuntar a tus hijos a ajedrez y mandarlos a la cama sin ver la segunda parte, que ma&ntilde;ana hay cole. Si naciste m&aacute;s all&aacute; de 1980 (o incluso antes), da igual lo bien que lo hagas y lo mucho que te esfuerces. Est&aacute;s condenado a trabajar hasta tu &uacute;ltimo aliento solo para dejar la vida en la casa de empe&ntilde;os del mercado inmobiliario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y en realidad poco importa si es en alquiler, o en compra: eso es solo un problema de precio. Los que alquilamos, igual que los que se han hipotecado pagando por un piso 20 o 30 veces el valor que ten&iacute;an hace 50 a&ntilde;os, estamos cumpliendo la misma funci&oacute;n en la sociedad: esa que consiste en retribuir el capital que pudieron acumular quienes eran adultos en <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/herencia-universal-padres_129_11394558.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el momento en el que Espa&ntilde;a decidi&oacute; repartir la pr&aacute;ctica totalidad del suelo disponible entre una sola generaci&oacute;n</a>. Desde entonces, en este pa&iacute;s una generaci&oacute;n vive para pagar la plusval&iacute;a de la otra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mucho m&aacute;s que una especie de fen&oacute;meno atmosf&eacute;rico, esto es un acuerdo de pa&iacute;s que todav&iacute;a hoy sostiene su gobierno. Si mi casera puede cobrar lo que yo ganar&iacute;a con un <em>bestseller </em>sin moverse del sof&aacute;, es porque tiene un t&iacute;tulo de propiedad sobre una parte de un monopolio del Estado: las licencias de vivienda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, parece que la parte de ese plan que nos ha tocado a los que no hab&iacute;amos nacido cuando se jug&oacute; el mundial del 82 consiste en que hagamos lo mismo: que compremos un piso, apretemos los dientes, crucemos los dedos y deseemos muy fuerte que no ocurra nada &ndash;que no haya otra crisis, que no perdamos el trabajo, que nuestra pareja no quiera separarse, que no se nos cruce ning&uacute;n problema en la empresa&ndash; para poder llegar, al fin, a endosar el muerto: a venderle la casa a una criatura de la edad de nuestros hijos, a ser posible 10 o 20 veces m&aacute;s cara de lo que la compramos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre la noticia y el momento de enviar este art&iacute;culo he echado algunas cuentas. Resulta que entre lo que han subido los alquileres, que en Espa&ntilde;a la educaci&oacute;n sigue sin ser completamente gratuita y que aqu&iacute; <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/prestacion-universal-crianza-ayuda-200-euros-menores-18-anos-horizonte-lejano_1_12979849.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no hay una renta universal de crianza</a>, me sale a cuenta mudarme a Londres. La vida me saldr&iacute;a unos 5.000 euros anuales m&aacute;s barata all&iacute;, que en Madrid.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;nto tiempo pasar&aacute; hasta que todas las personas como yo, que podemos trabajar desde donde queramos, nos demos cuenta de que vivir&iacute;amos mejor en Londres, en Berl&iacute;n, en Par&iacute;s o en Viena que en Espa&ntilde;a? &iquest;Cu&aacute;nto tiempo hasta que no quede nada m&aacute;s en las ciudades que caseros, trabajadores precarios y turistas?
    </p><p class="article-text">
        El problema de la vivienda, se&ntilde;or presidente, no es de precios. Es moral. Es de justicia. Es de modelo de pa&iacute;s. Y de sociedad. Y de vida. Y de mundo. La burbuja de la vivienda es el mecanismo que revela un mundo injusto: donde renta mucho m&aacute;s tener un piso y enviarle un mensaje de WhatsApp a tu inquilina que escribir libros. Donde quien lleg&oacute; a ahorrar en el siglo XX puede seguir ganando dinero sin aportar ning&uacute;n valor a la sociedad, mientras que quien est&aacute; aportando valor no tiene ninguna oportunidad de tener &eacute;xito (en el sentido de tener vida, no de acumular).&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No se preocupe. Yo no he venido aqu&iacute; a quejarme. No solo soy una optimista irredenta (&ldquo;porque lo contrario no tiene ning&uacute;n sentido&rdquo;); no solo creo con entusiasmo en eso que dec&iacute;a Marco Aurelio de que hay que ser como el fuego y alimentarse de todos los obst&aacute;culos que se nos pongan por delante; es que tampoco me parece que vaya a cambiar nada. Por m&aacute;s que los consensos del siglo XX nos pongan palos en las ruedas, las tendencias sociales son tenaces y los hijos del optimismo siguen llegando a la edad adulta con una mentalidad que es incompatible con esa idea de empe&ntilde;ar la vida en el trabajo. Ni una sola de las generaciones de j&oacute;venes que se est&aacute;n haciendo mayores va a comprar la idea de dejarse la vida en la casa de empe&ntilde;os, de sacarse los ojos con todos los dem&aacute;s y renunciar hasta al &uacute;ltimo minuto de la existencia en la rueda del dinero para pagar una hipoteca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero tengo una pregunta que yo no puedo contestar, y me hace falta una respuesta para la presentaci&oacute;n de esta tarde: esta transformaci&oacute;n que est&aacute; en ciernes, &iquest;ser&aacute; con las organizaciones pol&iacute;ticas progresistas? &iquest;O a pesar de ellas? &iquest;Comprender&aacute;n a tiempo que el mundo ha cambiado, que los viejos esquemas morales del trabajo y el ahorro han dejado de funcionar y que necesitamos un acuerdo distinto? &iquest;O tendremos que marcharnos, todos los que no hab&iacute;amos nacido el d&iacute;a que se vot&oacute; la Constituci&oacute;n, a la abstenci&oacute;n primero, al nihilismo despu&eacute;s y, quiz&aacute;, por &uacute;ltimo, al emprendimiento pol&iacute;tico, para poder emerger como una nueva mayor&iacute;a? &iquest;Podremos contar con un -m&aacute;s que deseable- pacto intergeneracional que nos ayude a transitar este cambio de &eacute;poca juntos? &iquest;O habremos de pasar por encima del cad&aacute;ver de todos los partidos de la izquierda del siglo XX para abrirnos paso?
    </p><p class="article-text">
        Esta tarde yo me subo a un escenario. Pero usted ma&ntilde;ana comparece en otro mucho m&aacute;s importante: el Consejo de Ministros que aprobar&aacute; el nuevo decreto anticrisis para paliar las consecuencias del descalabro internacional que estamos viviendo. Lo que yo le propongo es que vuelva a prorrogar los contratos de alquiler de esas 300.000 familias &ndash;entre ellas, la m&iacute;a&ndash; que vencen este verano. Como hizo en la pandemia, como ha validado ya el Tribunal Supremo. Y que lancemos, en definitiva, el mismo mensaje: que digamos que est&aacute; en nuestra mano hacer una vida buena para todas las personas. Que nada est&aacute; perdido, que no hay nada que temer. Que el siglo XXI est&aacute; lleno de oportunidades y que podemos aprovecharlas si todos, j&oacute;venes y mayores, nos conjuramos a ello.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>(Hijos del optimismo se presenta el 19 de marzo a las siete de la tarde en el C&iacute;rculo de Bellas Artes de Madrid)</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/carta-inquilina-presidente-gobierno_129_13078334.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Mar 2026 21:38:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Carta de una inquilina al presidente del Gobierno]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Gobierno]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['AI washing': la profecía autocumplida del desempleo tecnológico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ai-washing-profecia-autocumplida-desempleo-tecnologico_129_13060660.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/72f4dd17-4230-4b2e-9ec8-b16e33aaef59_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;AI washing&#039;: la profecía autocumplida del desempleo tecnológico"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No es la mal llamada “inteligencia artificial” lo que está destruyendo puestos de trabajo. Es un cambio muy profundo en la cultura empresarial. Es la consolidación de un sentimiento que se viene larvando desde hace un par de décadas y que, ahora sí, ha encontrado un relato perfecto en la “IA”</p></div><p class="article-text">
        Apenas hab&iacute;an transcurrido tres meses desde el lanzamiento de ChatGPT, pero en marzo de 2023 en Wall Street ya sab&iacute;an cu&aacute;l ser&iacute;a el efecto de la llamada &ldquo;Inteligencia artificial&rdquo; sobre el empleo. Esta nueva y flamante tecnolog&iacute;a <a href="https://www.bbc.com/news/technology-65102150" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">har&iacute;a desaparecer 300 millones de puestos de trabajo</a>; dos de cada tres empleos en todo el mundo se ver&iacute;an afectados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy, cuando se cumplen tres a&ntilde;os, los datos no apuntan en esa direcci&oacute;n. Al contrario, &ldquo;<a href="https://www.ft.com/content/c9f905a0-cbfc-4a0a-ac4f-0d68d0fc64aa" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">apenas hay evidencia que apunte a que la tecnolog&iacute;a de &uacute;ltima generaci&oacute;n</a>, como los chatbots, est&eacute;n dejando sin trabajo a la gente&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por el camino, sus promotores se han tenido que comer en varias ocasiones sus palabras. Ya nadie espera que haya una superinteligencia. Tampoco que la IA sea &uacute;til en todos los sectores. En aquellos en los que parec&iacute;a m&aacute;s arrolladora, como en el an&aacute;lisis de radiograf&iacute;as, no ha terminado de producir los efectos que se anunciaban. Los hospitales siguen necesitando radi&oacute;logos, las empresas siguen contratando programadores y los despachos de abogados contin&uacute;an llenos de abogados. La inteligencia artificial, por ahora, no ha sustituido a los trabajadores. Como mucho los ha equipado con herramientas nuevas. Y como ha ocurrido tantas veces antes en la historia de la tecnolog&iacute;a, esas herramientas parecen estar cambiando la manera de trabajar mucho m&aacute;s que eliminando el trabajo mismo.
    </p><p class="article-text">
        Pero da igual. Aunque ya nadie <a href="https://www.goldmansachs.com/insights/articles/how-will-ai-affect-the-global-workforce" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se atreve a dar aquellos datos disparatados</a>, cada semana vuelve a repetirse el <em>runrun</em> de que, esta vez s&iacute;, ahora seguro, la IA ha dado un salto y va a por tu n&oacute;mina. &iexcl;M&aacute;s te vale ponerte a cubierto!
    </p><p class="article-text">
        En el &uacute;ltimo episodio de esta telenovela, desde hace unas semanas corre por las redes sociales un nuevo <em>hype</em>. Algunas compa&ntilde;&iacute;as han conseguido crear un tipo de programas (Claude Code, OpenClaw, en menor medida Copilot) que funcionan mejor que todo lo existente para escribir software. Lo llaman &ldquo;IA ag&eacute;ntica&rdquo; &ndash;no s&eacute; si para el software, pero para lo que desde luego esta gente tiene una habilidad muy especial es para los nombres&ndash; y consiste en que varios <em>large language models</em> se organicen para corregirse unos a otros y evitar la tendencia tan catastr&oacute;fica que tienen a divagar, cometer errores o, directamente, inventarse la informaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y antes de conocer cu&aacute;l es el impacto real de esta iteraci&oacute;n de los LLMs ha vuelto, puntual como un reloj, el relato de los despidos en masa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Solo que esta vez con una diferencia: varias firmas tecnol&oacute;gicas han justificado grandes olas de despidos con el argumento de que la IA est&aacute; eliminando la necesidad de contratar personas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De acuerdo con un <a href="https://www.challengergray.com/wp-content/uploads/2026/01/Challenger-Report-December-2025.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio de Challenger, Gray &amp; Christmas</a>, en 2025, la inteligencia artificial fue citada como motivo de m&aacute;s de 54.000 despidos. Solo en enero, Amazon despidi&oacute; a 16.000 trabajadores, que se sumaban a otros 14.000 recortes en octubre. <a href="https://www.theguardian.com/us-news/2026/feb/08/ai-washing-job-losses-artificial-intelligence" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Beth Galetti, vicepresidenta senior de la compa&ntilde;&iacute;a</a>, explicaba que la multinacional est&aacute; reduciendo plantilla porque &ldquo;la IA es la tecnolog&iacute;a m&aacute;s transformadora que hemos visto desde internet, y est&aacute; permitiendo a las empresas innovar mucho m&aacute;s r&aacute;pido que nunca&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as Jack Dorsey, que fue creador de Twitter y CEO de Block, la empresa detr&aacute;s del m&eacute;todo de pagos Square, ha anunciado que despedir&aacute; 4.000 trabajadores &mdash;casi la mitad de su plantilla&mdash; con el mismo argumento: &ldquo;Las herramientas de inteligencia que estamos creando y utilizando, combinadas con equipos m&aacute;s peque&ntilde;os y &aacute;giles, est&aacute;n haciendo posible una nueva forma de trabajar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a una muy buena idea no llamarse a enga&ntilde;o. No existe a d&iacute;a de hoy evidencia alguna de la capacidad de influencia  de la IA generativa, ni tampoco de la IA ag&eacute;ntica, sobre el empleo. Si lo tiene, en uno u otro sentido, lo empezaremos a encontrar dentro de a&ntilde;os, quiz&aacute; d&eacute;cadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, lo que estamos observando es algo que cada vez m&aacute;s voces identifican como &ldquo;<em>AI washing</em>&rdquo;, esto es, el uso interesado del inmenso mito que se ha creado en torno a esta tecnolog&iacute;a para justificar despidos.
    </p><p class="article-text">
        Como explica un ex-jefe de recursos humanos de Block, la misma empresa que ha protagonizado los recortes, hace unos d&iacute;as en <a href="https://www.nytimes.com/2026/03/04/opinion/block-jack-dorsey-layoffs-ai.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">The New York Times</a>: &ldquo;La IA puede proporcionar una nueva justificaci&oacute;n para los despidos, pero el manual de juego es familiar. Los ejecutivos de Silicon Valley creen que las empresas tecnol&oacute;gicas tienen exceso de personal porque se expandieron demasiado durante la pandemia. La propia Block hab&iacute;a pasado por rondas de despidos en 2024, 2025 y nuevamente en febrero para corregir las consecuencias previsibles de disputas internas anteriores entre ejecutivos, que llevaron a que los equipos se duplicaran en toda la organizaci&oacute;n. (Esto, en mi opini&oacute;n, es lo que llev&oacute; a Block a triplicar su plantilla en cuatro a&ntilde;os).&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, la burbuja de la bolsa ha llevado a las empresas que est&aacute;n invirtiendo masivamente en esta tecnolog&iacute;a, los llamados &ldquo;<em>hyperscalers</em>&rdquo; a una carrera por controlar el mercado de los centros de datos en el que calculan gastar, solo en este a&ntilde;o, 600.000 millones de d&oacute;lares.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y todo ese dinero tiene que salir de alguna parte. No es la mal llamada &ldquo;inteligencia artificial&rdquo; lo que est&aacute; destruyendo puestos de trabajo. Es un cambio muy profundo en la cultura empresarial. Es la consolidaci&oacute;n de un sentimiento que se viene larvando desde hace un par de d&eacute;cadas y que, ahora s&iacute;, ha encontrado un relato perfecto en la mal llamada &ldquo;IA&rdquo;: la percepci&oacute;n de que el valor de las empresas ya no emana de la fuerza de trabajo, sino del capital que sean capaces de controlar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si algo deber&iacute;a preocuparnos, es este sentimiento, este cambio cultural. No la tecnolog&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ai-washing-profecia-autocumplida-desempleo-tecnologico_129_13060660.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Mar 2026 21:08:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['AI washing': la profecía autocumplida del desempleo tecnológico]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial,Empleo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Donald Trump, en el Pozo María Luisa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/donald-trump-pozo-maria-luisa_129_13041266.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e06aed71-e56d-4160-8c5b-21c0b6e379b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Donald Trump, en el Pozo María Luisa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que nadie quiere decir en voz alta es que no es posible volver al paradigma industrial, solo existe un camino hacia adelante y es inventarse el mundo que viene después. Todo lo demás es encomendarse a Santa Bárbara bendita</p></div><p class="article-text">
        El d&iacute;a que el &uacute;ltimo hombre sali&oacute; del Mar&iacute;a Luisa, el pozo llevaba 158 a&ntilde;os perforando. Esta mina de carb&oacute;n, en Langreo, Asturias, hab&iacute;a sido una de las primeras en abrir en el siglo XIX y fue <a href="https://ileon.eldiario.es/actualidad/adios-emblematico-pozo-maria-luis-anos_1_9465294.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una de las &uacute;ltimas en cerrar</a>, apremiada por una reconversi&oacute;n que ya hab&iacute;a sacado pr&aacute;cticamente toda la miner&iacute;a de Occidente, junto con la mayor parte de la industria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por el camino, se hab&iacute;a convertido en un s&iacute;mbolo de la clase obrera. En 1949, un accidente que dej&oacute; 17 muertos se hizo canci&oacute;n y qued&oacute; inmortalizado para siempre en la memoria emocional de los espa&ntilde;oles: &ldquo;Santa B&aacute;rbara bendita, patrona de los mineros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Trabajar en el carb&oacute;n era una experiencia terrible. Los mineros descend&iacute;an cada ma&ntilde;ana cientos de metros bajo tierra, hasta unas galer&iacute;as sin luz natural donde el polvo de carb&oacute;n lo impregnaba todo. El calor era sofocante. El ruido, ensordecedor. Y el peligro constante: los accidentes, las explosiones de bolsas de gas y las inundaciones acechaban en cada esquina. Los mineros que no mor&iacute;an en accidente mor&iacute;an despacio, comidos por la silicosis o por el c&aacute;ncer. Todav&iacute;a hoy la esperanza de vida media de los mineros de Asturias es de 53 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Pero era un trabajo. Uno que le daba a los mineros un lugar a la sociedad, garant&iacute;as de que habr&iacute;a otro lugar para sus hijos, y que ordenaba la vida y el resto de los empleos de toda la comarca. Al inicio de la reconversi&oacute;n industrial, en torno a 1992, llegaron a bajar al Mar&iacute;a Luisa m&aacute;s de mil hombres cada d&iacute;a. Hoy, cuando se cumplen diez a&ntilde;os del cierre del pozo, la tasa de paro en la comarca est&aacute; por encima del 17%, el doble de la media nacional.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es posible un futuro para los territorios cuando se marcha la industria? &iquest;Hay una vida buena m&aacute;s all&aacute; de partirse la cara para mantenerse a flote en las grandes ciudades? Nadie, a&uacute;n hoy, tiene una respuesta. La del pozo Mar&iacute;a Luisa no es solo historia de Espa&ntilde;a. Es la herida abierta que supura en el centro del momento pol&iacute;tico que nos ha tocado vivir.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, millones de personas en todo el mundo sienten que su realidad &mdash;que igual era tambi&eacute;n gris, o peligrosa, o tan inhumana como bajar a un pozo de carb&oacute;n&ndash; se viene abajo sin que surja otra que la reemplace. Una gran parte de la poblaci&oacute;n mundial, como los j&oacute;venes de Langreo, se preguntan qu&eacute; va a ser de ellos en el futuro.
    </p><p class="article-text">
        Donald Trump y el populismo pretenden tener una respuesta: &ldquo;Make Am&eacute;rica Great Again&rdquo;, traigamos de vuelta el mundo de antes, el de los pozos de carb&oacute;n en los que los hombres se dejaban la vida. Pero es mentira: porque el pasado no puede volver. Cuando se hace evidente que esto no va a pasar, como comienza a ocurrir en Estados Unidos, los populistas salen despavoridos a crear un trampantojo detr&aacute;s de otro: un ataque a Venezuela, otro en Ir&aacute;n, trifulcas inventadas con cualquier pa&iacute;s o violaciones sistem&aacute;ticas de los derechos humanos que solo buscan distraer la atenci&oacute;n sobre la verdad de sus promesas rotas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La democracia cristiana parece querer tener otra respuesta. Hace unos d&iacute;as, el canciller alem&aacute;n, Friedrich Merz alud&iacute;a a la necesidad de &ldquo;trabajar m&aacute;s&rdquo; para aumentar la productividad y combatir la presi&oacute;n de los productos chinos sobre la industria alemana. En un giro inesperado de los acontecimientos, <a href="https://www.eldiario.es/economia/mito-trabajar-ricos_129_13033553.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuenta Alberto Garz&oacute;n, algunos intelectuales progresistas se han sumado a la tesis: </a>el momento actual no es el de trabajar menos, sino el de dejarse la vida para recuperar la pujanza industrial &ndash;no se sabe si las minas de carb&oacute;n. En otras palabras, si no nos va bien es porque no nos esforzamos lo suficiente.
    </p><p class="article-text">
        Ayer el socialista Wolfgang Schmidt, que fue exministro alem&aacute;n de finanzas y de presidencia en el gobierno de Olaf Scholz, propon&iacute;a en un acto de la Fundaci&oacute;n Friedrich Ebert algo muy parecido: &ldquo;la gente quiere trabajar&rdquo; &ldquo;y no vendiendo helados&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que parece que existe un consenso cuasi universal, que va de Xi Jinping a Joe Biden pasando por Donald Trump: lo que hay que hacer es traer de vuelta el pozo Mar&iacute;a Luisa. Reconstruir la f&aacute;brica. Relocalizar la cadena de producci&oacute;n. Que vuelvan los empleos industriales &ndash;a ser posible, fabricando bater&iacute;as en vez de acero y paneles solares en vez de carb&oacute;n. El diagn&oacute;stico es el mismo a izquierda y derecha, en Washington y en Pek&iacute;n: la desindustrializaci&oacute;n fue un error, y la soluci&oacute;n es revertirla.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que nadie ha demostrado que semejante cosa sea posible. Que una econom&iacute;a que lleva treinta a&ntilde;os movi&eacute;ndose hacia los servicios, la log&iacute;stica y la econom&iacute;a digital pueda dar marcha atr&aacute;s y recuperar no solo las f&aacute;bricas, sino el tipo de empleo masivo, estable y bien remunerado que estas generaban. Los aranceles de Trump no han resucitado el cintur&oacute;n del &oacute;xido. Los CHIPS Acts y los Green New Deals han creado empleos, s&iacute; &mdash;pero empleos que requieren ingenieros, no mineros. El pozo Mar&iacute;a Luisa no cierra porque alguien tomara una mala decisi&oacute;n pol&iacute;tica. Cierra porque la historia avanz&oacute;, y no hay decreto que la haga retroceder.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s a&uacute;n, todos estos liberales ilustres parecen olvidar una de las grandes aportaciones de los economistas ortodoxos al debate econ&oacute;mico: el valor no est&aacute; en el trabajo, es subjetivo y reside en los ojos del que compra. Fabricar m&aacute;s, trabajar m&aacute;s, no nos va a devolver el mundo que ten&iacute;amos, porque hoy todos los pa&iacute;ses pueden fabricar igual que nosotros. Como hemos descubierto con bastante dolor en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, inundar el mercado de productos que puede hacer cualquiera solo consigue tirar los precios.
    </p><p class="article-text">
        En su lugar, deber&iacute;amos ser capaces de ver que todos los imperios en la Historia tuvieron &eacute;xito porque supieron seducir al mundo con una propuesta que nadie m&aacute;s ten&iacute;a. Roma creci&oacute; porque ofreci&oacute; a sus conquistados algo entonces revolucionario: la ciudadan&iacute;a, la posibilidad de ser romano sin haber nacido en el T&iacute;ber. Los &aacute;rabes del siglo VIII no se expandieron solo por la espada, sino porque llevaban consigo una civilizaci&oacute;n &mdash;la medicina, las matem&aacute;ticas, la filosof&iacute;a griega preservada y traducida&mdash; que el mundo mediterr&aacute;neo necesitaba y no ten&iacute;a. Los brit&aacute;nicos hicieron del comercio un imperio porque eran los &uacute;nicos capaces de producir. Y los americanos del siglo XX no dominaron el mundo fabricando m&aacute;s tornillos que los sovi&eacute;ticos, sino exportando una idea, una promesa de libertad y de vida buena que result&oacute; irresistible para miles de millones de personas.
    </p><p class="article-text">
        En todos estos casos, el poder material vino despu&eacute;s de la seducci&oacute;n, no antes. La pregunta que Europa y Occidente no se est&aacute;n haciendo es la &uacute;nica que importa: &iquest;qu&eacute; tenemos nosotros hoy que el mundo quiera y que nadie m&aacute;s pueda crear?&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que nadie quiere decir en voz alta es que no es posible volver al paradigma industrial, solo existe un camino hacia adelante y es inventarse el mundo que viene despu&eacute;s. Todo lo dem&aacute;s es encomendarse a Santa B&aacute;rbara bendita.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/donald-trump-pozo-maria-luisa_129_13041266.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Mar 2026 22:16:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Donald Trump, en el Pozo María Luisa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Estados Unidos,Industria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La verdad sobre los therians]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/therians_129_13021070.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/12e459bc-d6d5-4efa-b11e-bbe62c921af9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La verdad sobre los therians"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La política es el arte de crear marcos, dice Luntz; de darle forma a nuestra percepción del mundo. Por eso este ‘debate’ sobre los therians, como el de la inmigración, como el del feminismo, no se pueden ganar ni cambiando de tema, ni a base de explicarle a nadie que los datos no respaldan su visión del mundo. Para ganarle al miedo es necesario un marco de optimismo y confianza en el futuro</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Alguna vez te ha ocurrido que has subido en un avi&oacute;n y te ha dado miedo que se estrellara? &iquest;Te preocup&oacute;, cuando viste las im&aacute;genes del accidente de tren en Aldamuz, que aquello te pudiera pasar a ti? &iquest;Cuando subes a un ascensor, te agobia que se caiga?
    </p><p class="article-text">
        La verdad es que esas cosas no pasan, son una ocurrencia estad&iacute;stica. En 2024, el &uacute;ltimo a&ntilde;o para el que hay datos, hubo en todo el mundo <a href="https://www.forbes.com/sites/tedreed/2025/02/26/report-airlines-flew-406-million-flights-in-2024-with-seven-fatal-accidents/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">7 accidentes de avi&oacute;n entre 41 millones de vuelos</a>. Y las v&iacute;ctimas mortales en viajes de tren en Espa&ntilde;a &ndash;sumando los fallecidos en este a&ntilde;o a los del accidente del Alvia en 2013&ndash; no llegan a 10 al a&ntilde;o, de entre los miles de millones de viajeros que usaron ese medio de transporte en el mismo periodo. &iquest;Y en los ascensores? La verdad es que se producen tan pocos accidentes que no hay ni estad&iacute;sticas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ni el riesgo de volar, ni de ir en tren, ni de que se caiga el ascensor son reales. Igual que no lo son los <em>therians</em>, ese nuevo fen&oacute;meno que algunos medios llevan amplificando toda la semana. Pero el miedo que producen todas esas cosas s&iacute; es verdadero. Tan real como el nudo en el est&oacute;mago que sentimos durante unas turbulencias. Y no deber&iacute;amos ignorarlo, ni hacerle luz de gas.
    </p><p class="article-text">
        Casi al contrario. Merecer&iacute;a la pena prestarle atenci&oacute;n, porque nos muestra un patr&oacute;n: cada vez ocurre m&aacute;s a menudo que un fen&oacute;meno que es una irrealidad estad&iacute;stica &ndash;como la okupaci&oacute;n de viviendas, o las agresiones sexuales protagonizadas por inmigrantes, o las denuncias falsas por violencia de g&eacute;nero, o los cr&iacute;menes, o los p&aacute;jaros muertos por aerogeneradores&ndash; se vuelven virales y acaban calando el sentido com&uacute;n de la gente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo puede ser que, pese a que somos la versi&oacute;n de la humanidad mejor instruida de la historia, sigamos dej&aacute;ndonos llevar por todas estas creencias sin fundamento?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El libro de comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica m&aacute;s manido de los &uacute;ltimos 25 a&ntilde;os se llama &ldquo;No pienses en un elefante&rdquo;. En &eacute;l, George Lakoff argumenta que el pensamiento humano se organiza en torno a varios &lsquo;marcos mentales&rsquo; en competencia. De manera que da igual cu&aacute;l sea nuestra opini&oacute;n sobre un tema: lo que configura nuestra percepci&oacute;n del mundo es el asunto mismo de la conversaci&oacute;n. Si las ondas y las portadas de los peri&oacute;dicos est&aacute;n copadas por los <em>therians</em> dar&aacute;n igual los datos o las estad&iacute;sticas. Al mencionarlos, estaremos activando autom&aacute;ticamente un marco mental que asocia las identidades que escapan a las normas cl&aacute;sicas con la desviaci&oacute;n y la locura. No se puede ganar en ese marco, dice Lakoff, lo que hay que hacer es salir corriendo y llevar la discusi&oacute;n a otro sitio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por esa raz&oacute;n, cada vez que surge un asunto como este de los <em>therians</em>, un ej&eacute;rcito de gente muy bien intencionada intenta cambiar el tema y reconducir la conversaci&oacute;n: hablar de la concentraci&oacute;n de la riqueza, o de la desigualdad o de los accidentes laborales.
    </p><p class="article-text">
        El problema de Lakoff &ndash;y de esta forma de entender la pol&iacute;tica&ndash; es que ese libro es de 2004 y en aquel momento &ndash;quiz&aacute;s&ndash; todav&iacute;a exist&iacute;a la posibilidad de controlar los marcos mentales que habitaban la cabeza de la gente. Hoy eso ya no es posible.
    </p><p class="article-text">
        La caracter&iacute;stica com&uacute;n de todos los partidos de la extrema derecha en el mundo es la explotaci&oacute;n del miedo como arma de comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica. Y el miedo es irracional. Con todo el sentido, porque si hubi&eacute;ramos tenido que racionalizar las cosas antes de salir corriendo, nos hubiera devorado un le&oacute;n mucho antes de que sali&eacute;ramos de la Sabana africana. Como los ratones, como los gatos, los humanos somos una especie que ha aprendido a huir primero y <em>racionalizar</em> despu&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que las cosas que dan miedo llaman m&aacute;s nuestra atenci&oacute;n que las que no. Y nuestra atenci&oacute;n produce audiencia y clicks hasta que el miedo termina por inundar todas las pantallas. Y en este debate de la identidad subyace quiz&aacute;s el miedo m&aacute;s arraigado de nuestro tiempo:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El mundo cambia muy r&aacute;pido y de maneras que no entendemos, que no podemos entender, porque ya nadie, por s&iacute; solo, puede comprender toda la complejidad del mundo. Adem&aacute;s, muchas personas piensan que su realidad hoy es mejor que la que tendr&aacute;n ma&ntilde;ana. Que su bienestar depende de que las cosas se queden como est&aacute;n. As&iacute; que a mucha gente, &ndash;&iquest;quiz&aacute;s a todos un poco?&ndash; le dan miedo los cambios. Tenemos miedo al futuro.
    </p><p class="article-text">
        Todos los mensajes de la extrema derecha tienen, en su fondo, ese mismo marco: ese miedo al futuro. Ese terror es el que est&aacute; detr&aacute;s del &lsquo;debate&rsquo; de la inmigraci&oacute;n (&lsquo;los inmigrantes te van a reemplazar&rsquo;), o de la criminalidad (&lsquo;el mundo es cada vez m&aacute;s inseguro&rsquo;), o el de las energ&iacute;as renovables (&lsquo;est&aacute;n contra el mundo rural tradicional&rsquo;).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso, en mi opini&oacute;n, el mejor libro de comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica para el d&iacute;a de hoy no es el de Lakoff, sino otro que se llama &ldquo;Words that Work&rdquo; y que no es tan conocido (quiz&agrave;s porque es muy dif&iacute;cil de traducir, quiz&aacute;s porque lo escribi&oacute; un republicano). En &eacute;l, Frank Luntz propone que los marcos mentales no son preexistentes, sino que hay que hacerlos con palabras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Su jefe, George Bush gan&oacute; dos elecciones y consigui&oacute; que su pensamiento se volviera hegem&oacute;nico cuando instal&oacute; la idea de que bajar los impuestos era una forma de &ldquo;alivio fiscal&rdquo;. En esa misma noci&oacute;n estaba impl&iacute;cito no s&oacute;lo que el Estado mismo era un malestar que merec&iacute;a ser aliviado, sino que quien tra&iacute;a ese desahogo era un m&eacute;dico, un benefactor. Los dem&oacute;cratas eran una enfermedad y los republicanos eran la sanaci&oacute;n. En dos palabras, &ldquo;alivio fiscal&rdquo;, se escond&iacute;a una cosmovisi&oacute;n pol&iacute;tica completa.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica es el arte de crear marcos, dice Luntz; de darle forma a nuestra percepci&oacute;n del mundo. Por eso este &lsquo;debate&rsquo; sobre los <em>therians</em>, como el de la inmigraci&oacute;n, como el del feminismo, no se pueden ganar ni cambiando de tema, ni a base de explicarle a nadie que los datos no respaldan su visi&oacute;n del mundo. Para ganarle al miedo es necesario un marco de optimismo y confianza en el futuro.
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que la identidad (ni mucho menos solo la de g&eacute;nero) est&aacute; cambiando. Y que lo est&aacute; haciendo en el mejor de los sentidos posibles: se est&aacute; ampliando para albergar la posibilidad no solo de ser trans, o no binarie, o de g&eacute;nero fluido, sino tambi&eacute;n para ser un hombre sensible o una mujer poderosa; un ejecutivo vulnerable o una vieja divertid&iacute;sima. Incluso, si queremos, para ser muchas cosas distintas a lo largo de la vida. Este fen&oacute;meno de ampliaci&oacute;n de la identidad es, quiz&aacute;s, el movimiento m&aacute;s ilusionante de este siglo XXI. Uno que no solo no tiene por qu&eacute; fragmentarnos, sino que nos libera de los moldes que nos hab&iacute;amos impuesto. Que nos permite elegir y nos hace m&aacute;s libres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que nos falta no es renunciar a esa expansi&oacute;n, sino aprender a narrarla como lo que es: una ganancia neta para toda la humanidad. M&aacute;s all&aacute; de las nubes negras que tan a menudo nos nublan el pensamiento, hay un mundo de abundancia ah&iacute; fuera. Solo hace falta que lo reclamemos: es nuestro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/therians_129_13021070.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Feb 2026 21:19:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La verdad sobre los therians]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El misterioso caso de la economía menguante: adelanto editorial de 'Hijos del optimismo', de María Álvarez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/misterioso-caso-economia-menguante-adelanto-editorial-hijos-optimismo-maria-alvarez_129_12994883.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1f87b001-ba05-4b61-991e-8f0e4538f5f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2220y1385.jpg" width="1200" height="675" alt="Hijos del optimismo, de María Álvarez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La empresaria, cofundadora de Ephimera y colaboradora habitual de este periódico presenta su libro, publicado por Debate, sobre cómo una generación acabó con el sueño industrial e inauguró el mundo de la abundancia</p></div><p class="article-text">
        Mar&iacute;a &Aacute;lvarez es empresaria, cofundadora de Ephimera y de Fest&iacute;n, empresa pionera en la implantaci&oacute;n de la semana de 4 d&iacute;as. Trabaja alrededor de dar valor a las ciudades a trav&eacute;s de la hospitalidad, y esta semana de febrero publica su libro, 'Hijos del optimismo', sobre c&oacute;mo una generaci&oacute;n acab&oacute; con el sue&ntilde;o industrial e inaugur&oacute; el mundo de la abundancia.
    </p><p class="article-text">
        Adelantamos una parte del mismo: 
    </p><h2 class="article-text">El crack</h2><p class="article-text">
        Como si hubi&eacute;ramos estado medio siglo jugando al juego de las sillas, hubo un d&iacute;a del a&ntilde;o 2008 en el que, de pronto, el mundo entero se par&oacute; en seco. Una crisis bancaria y el colapso del sistema financiero internacional dieron al traste con la utop&iacute;a de la opulencia.
    </p><p class="article-text">
        Todo comenz&oacute; cuando Lehman Brothers, el cuarto banco de inversi&oacute;n m&aacute;s grande de Estados Unidos, se declar&oacute; en bancarrota. Las autoridades americanas decidieron no rescatarlo, a diferencia de lo que hab&iacute;an hecho con otra entidad financiera unos meses atr&aacute;s. Este gesto puso los pelos de punta a los mercados financieros: cualquier entidad en dificultades iba a correr la misma suerte, el gobierno americano no estaba por la labor de salvar entidades bancarias. Cundi&oacute; el p&aacute;nico. Ese mismo d&iacute;a, el Dow Jones perdi&oacute; 500 puntos y el mercado crediticio mundial se congel&oacute; de terror.
    </p><p class="article-text">
        En cuesti&oacute;n de horas, debajo de aquel trocito de hielo se descubri&oacute; un monstruoso iceberg. Todos los bancos ten&iacute;an sus balances infestados de derivados financieros de p&eacute;sima calidad que hab&iacute;an hecho pasar por deuda de primera clase. Un tsunami arras&oacute; Wall Street. Merrill Lynch, una de las principales gestoras de activos del mundo, tuvo que ser vendida deprisa y corriendo a otro banco para evitar su quiebra. La aseguradora AIG requiri&oacute; un rescate de 85.000 millones de d&oacute;lares. Dos de los mayores bancos de inversi&oacute;n, Goldman Sachs y Morgan Stanley, se transformaron a la carrera en bancos comerciales, buscando la protecci&oacute;n estatal que les otorgaba ese estatus. En Europa, varias entidades colapsaron bajo la presi&oacute;n del hundimiento.
    </p><p class="article-text">
        Quince d&iacute;as despu&eacute;s, el principal &iacute;ndice burs&aacute;til de Estados Unidos hab&iacute;a perdido el 30 por ciento de su valor y los gobiernos de todo el mundo anunciaban paquetes de rescate millonarios. La v&iacute;a de agua abierta en los bancos paraliz&oacute; el cr&eacute;dito. Tan solo en Estados Unidos, la venta de viviendas cay&oacute; un 40 por ciento, y algunos emblem&aacute;ticos gigantes, como General Motors, fueron a la quiebra. La crisis salt&oacute; de las finanzas a la econom&iacute;a real y las empresas comenzaron a despedir en masa.
    </p><p class="article-text">
        En Europa, el temblor alcanz&oacute; a la deuda soberana de los pa&iacute;ses. Grecia, Irlanda y Portugal necesitaron rescates internacionales. Apremiados a &laquo;recuperar la confianza de los inversores&raquo; en las finanzas p&uacute;blicas, los gobiernos respondieron con unos recortes del gasto (las famosas &laquo;pol&iacute;ticas de austeridad&raquo;) que no lograron sino exacerbar el sufrimiento econ&oacute;mico. Para 2010, aunque los mercados financieros se hab&iacute;an estabilizado, la crisis todav&iacute;a rug&iacute;a como una bestia a ras de suelo.
    </p><p class="article-text">
        Con los a&ntilde;os quebraron miles de empresas. Decenas de miles de personas en todo el mundo se vieron atrapadas en la burbuja inmobiliaria y perdieron sus casas. Desaparecieron 30 millones de empleos (8,8 millones tan solo en Estados Unidos y otros 7 millones en Europa). En algunos pa&iacute;ses, una de cada seis personas se fue al paro, sobre todo quienes ten&iacute;an trabajos m&aacute;s precarios y menos protegidos: las mujeres y los j&oacute;venes. Lo que parec&iacute;a una crisis m&aacute;s se revel&oacute; como la mayor recesi&oacute;n que el mundo hab&iacute;a experimentado nunca. Numerosos Estados no terminaron de recuperarse hasta mucho despu&eacute;s. Otros a&uacute;n no lo han logrado.
    </p><p class="article-text">
        El descontento popular explot&oacute; en movimientos como Occupy Wall Street y el de los &laquo;indignados&raquo; espa&ntilde;oles. El mundo, horrorizado, ped&iacute;a soluciones dr&aacute;sticas. El presidente franc&eacute;s, Nicolas Sarkozy, lleg&oacute; a pedir que se &laquo;refundara&raquo; el capitalismo y que se &laquo;volviera a construir el sistema financiero desde cero&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        No ocurri&oacute; nada de esto. Pasaron los a&ntilde;os, se endureci&oacute; el grado de solvencia que exigen los Estados a los bancos, pero el resto de la econom&iacute;a sigui&oacute; funcionando con las mismas normas con las que hab&iacute;a operado hasta aquel momento. <em>Business as usual.</em>
    </p><p class="article-text">
        Solo que ya nunca fue <em>as usual</em>, porque la bonanza no regres&oacute;. Cuando nos despertamos de aquel mal sue&ntilde;o nos encontramos en un lugar distinto.
    </p><p class="article-text">
        En 2008 dejamos de jugar al &laquo;qu&eacute; quieres ser de mayor&raquo;. Nadie volver&iacute;a a prometerle a la generaci&oacute;n siguiente que tendr&iacute;a el futuro asegurado, ni que habr&iacute;a casitas y cositas para todos.
    </p><p class="article-text">
        Se rompi&oacute; el hechizo del progreso lineal y, con &eacute;l, la fe en una prosperidad garantizada. Como ocurr&iacute;a antes de los a&ntilde;os dorados del estado del bienestar, acabar desempleado o mal empleado volvi&oacute; a percibirse como un fracaso personal que revelaba la calidad de cada uno, y no como un s&iacute;ntoma de que el sistema hab&iacute;a dejado de funcionar. As&iacute; regresaron, con otros nombres y otras reglas, los viejos juegos del hambre.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Lehman Brothers quebr&oacute;, entre otros muchos compromisos rotos, dej&oacute; sin pagar un pr&eacute;stamo de 121 millones de d&oacute;lares destinado a construir una urbanizaci&oacute;n de ochocientas casas de lujo en Williamson, Tennessee. Las obras de las viviendas nunca comenzaron, pero el club social, el <em>spa</em>, el gimnasio y nueve de los dieciocho hoyos del campo de golf de 450 hect&aacute;reas que se hab&iacute;an planificado quedaron a medio construir, erguidos sobre la nada. El proyecto acab&oacute; en ejecuci&oacute;n hipotecaria y, abandonado, esper&oacute; durante a&ntilde;os a que alguien encontrara el dinero y el valor necesarios para reactivarlo.
    </p><p class="article-text">
        Las ciudades fantasma se convirtieron en la met&aacute;fora perfecta de aquel momento hist&oacute;rico. El &uacute;ltimo esprint del progreso material, una d&eacute;cada de construcci&oacute;n desbocada impulsada por unas expectativas irreales de progreso se qued&oacute; s&uacute;bitamente congelada en el tiempo. Urbanizaciones enteras como las que se levantaron en Sese&ntilde;a (Espa&ntilde;a) o Tianducheng (China) para albergar a decenas de miles de personas permanecieron petrificadas, casi vac&iacute;as, convertidas en monumentos de hormig&oacute;n al fracaso colectivo.
    </p><p class="article-text">
        Como si fu&eacute;ramos otra gigantesca urbe fantasmag&oacute;rica, los hijos del optimismo nos quedamos tambi&eacute;n a medio terminar. Inm&oacute;viles. Igual que el esp&iacute;ritu atrapado de un tiempo pasado, sin poder dejar de ser lo que &eacute;ramos ni ser otra cosa distinta; armados hasta los dientes con nuestros t&iacute;tulos universitarios y nuestros planes para el futuro, pero incapaces de hacer nada con ellos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; seguimos, confundidos. Sin entender si todav&iacute;a estamos en proceso de construcci&oacute;n o si nos toca ya declararnos en ruina. Siempre esperando a que alguien, desde alg&uacute;n sitio, re&uacute;na el valor y el dinero necesarios para reactivarnos.
    </p><p class="article-text">
        Todos conocemos la magnitud de la tragedia; sin embargo, no hemos terminado de interiorizar que en 2008 lo que quebr&oacute; fue el modelo de sociedad que nos hab&iacute;a tra&iacute;do hasta aqu&iacute;. Y no ha vuelto ni para despedirse. La crisis financiera no fue un bache en el camino, fue el final de un ciclo de doscientos cincuenta a&ntilde;os que cambi&oacute; el curso de la historia de la humanidad, pero que estaba llamado a concluir. El fin de una era.
    </p><p class="article-text">
        Y aunque hubo algunas personas que supieron anticipar el crack, nadie pod&iacute;a predecir lo que ocurri&oacute; despu&eacute;s.
    </p><h2 class="article-text">El misterioso caso de la econom&iacute;a menguante</h2><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os que siguieron a 2008, el mundo esper&oacute;, igual que hab&iacute;a hecho tras las crisis anteriores, a que se reanudara el crecimiento. La econom&iacute;a siempre hab&iacute;a funcionado en ciclos y nada hac&iacute;a pensar que esta vez fuera a ser diferente. Con un poco de paciencia, todo volver&iacute;a a la normalidad. Vendr&iacute;a un nuevo momento de bonanza y continuar&iacute;a la trayectoria de progreso acelerado de finales del siglo xx.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero esa recuperaci&oacute;n nunca lleg&oacute;. Al menos, no como se esperaba.
    </p><p class="article-text">
        En 2012, el Banco de Inglaterra detect&oacute; algo inusual: a pesar de que el empleo comenzaba a repuntar con fuerza, el PIB no crec&iacute;a al mismo ritmo. Fue la primera vez que alguien identific&oacute; un fen&oacute;meno que desde entonces est&aacute; en el epicentro del terremoto que ha sacudido a la sociedad global. Y le puso nombre: <em>the productivity puzzle</em>, o &laquo;el enigma de la productividad&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        La productividad del trabajo es la relaci&oacute;n entre las horas trabajadas y la producci&oacute;n obtenida. Decimos que un empleo, una empresa o un pa&iacute;s es muy productivo cuando genera mucho valor con poco trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Pongamos como ejemplo a dos trabajadores, John e Ibrahima. John cultiva cacahuetes en Georgia (Estados Unidos), en una explotaci&oacute;n que se extiende a lo largo de cientos de hect&aacute;reas. La empresa para la que trabaja ha invertido en maquinaria de &uacute;ltima generaci&oacute;n, as&iacute; que el trabajo de John consiste en operar tractores, sistemas de riego automatizados y cosechadoras mec&aacute;nicas que recogen y almacenan toneladas de frutos al d&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ibrahima tambi&eacute;n cultiva cacahuetes, pero en una aldea del centro de Senegal. Su terreno no supera la hect&aacute;rea y &eacute;l hace todo el trabajo &mdash;desde la siembra hasta la cosecha&mdash; a mano o con herramientas b&aacute;sicas. La cosecha es estacional, depende de las lluvias y apenas alcanza unos miles de kilos al a&ntilde;o. A Ibrahima y a su familia les cuesta varias semanas obtener lo que John y su equipo producen en una ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        De John decimos que es un trabajador muy productivo. Su trabajo produce muchos cacahuetes por hora. De Ibrahima dir&iacute;amos lo contrario. Sin embargo, la diferencia no est&aacute; ni en la habilidad ni en el esfuerzo de cada uno de ellos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la obsesi&oacute;n colectiva por maximizar el desempe&ntilde;o individual ha llevado a confundir la productividad del trabajo, que es un concepto macroecon&oacute;mico, con la productividad o la eficiencia personal, que es otra cosa mucho m&aacute;s gaseosa, vinculada a la psicolog&iacute;a o al <em>coaching</em>, y que tiene poco que ver con esto. Cuando hablamos de la productividad del trabajo lo que estamos midiendo es cu&aacute;nta tecnolog&iacute;a, cu&aacute;nto conocimiento y qu&eacute; m&eacute;todos de producci&oacute;n ponen las empresas y los pa&iacute;ses al servicio del sistema productivo. Por mucho que Ibrahima se esfuerce en aprender a usar la maquinaria que maneja John, no le va a servir de nada si no puede comprarla. Y, al contrario, si teletransportamos a John al centro de Senegal, su conocimiento se volver&aacute; in&uacute;til sin las m&aacute;quinas que ten&iacute;a en Georgia. Quienes son m&aacute;s o menos productivos son las empresas y los pa&iacute;ses, no las personas, aunque la unidad de medida sean las horas de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        La productividad del trabajo se convirti&oacute; en una cuesti&oacute;n central de nuestra sociedad por una raz&oacute;n muy sencilla: el paradigma de la econom&iacute;a industrial depend&iacute;a de ella. Los trabajadores de las empresas m&aacute;s productivas ganaban m&aacute;s. Por a&ntilde;adidura, los impuestos que recaudaban los pa&iacute;ses estaban dise&ntilde;ados para ese modelo econ&oacute;mico, as&iacute; que all&iacute; donde abundaban las empresas altamente productivas, los Estados eran tambi&eacute;n m&aacute;s ricos y sol&iacute;an contar con mejores servicios p&uacute;blicos. Cuando un pa&iacute;s produc&iacute;a m&aacute;s con menos, circulaba m&aacute;s riqueza por todas partes.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;La productividad no lo es todo &mdash;explica una c&eacute;lebre frase de Paul Krugman, premio Nobel de Econom&iacute;a&mdash;, pero, a largo plazo, lo es casi todo. La capacidad de los pa&iacute;ses para mejorar las condiciones de vida a largo plazo depende casi en exclusiva de su habilidad para elevar la producci&oacute;n por trabajador&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que si hoy podemos tener una vida que ning&uacute;n ser humano se hab&iacute;a imaginado, es porque nuestros pa&iacute;ses son muy productivos. Lo que permiti&oacute; que el mundo creciera sin parar durante la era industrial fue que la productividad de los pa&iacute;ses desarrollados creci&oacute; de manera continuada durante muchas d&eacute;cadas. Las empresas fueron incorporando nuevas tecnolog&iacute;as y nuevos procedimientos, y cada a&ntilde;o se pod&iacute;a hacer m&aacute;s con menos.
    </p><p class="article-text">
        Lo que el Banco de Inglaterra detect&oacute; en 2013 fueron las primeras se&ntilde;ales de que ese mecanismo que empujaba el progreso hab&iacute;a dejado de funcionar. La productividad ya no crec&iacute;a: estaba estancada. En los meses siguientes, otros analistas encontraron indicadores similares en los dem&aacute;s pa&iacute;ses avanzados. No se trataba de un fen&oacute;meno exclusivo de Reino Unido: el virus se hab&iacute;a propagado por todo el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, la m&aacute;quina del crecimiento infinito sigue parada. El crecimiento de la productividad es hoy la mitad, o menos, de lo que fue en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os del siglo xx. Y todo apunta a que continuar&aacute; siendo as&iacute;. O esto es lo que dice el consenso de los expertos.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;El siglo xxi &mdash;explica Thomas Piketty, uno de los economistas m&aacute;s reconocidos del mundo&mdash; podr&iacute;a ver un regreso a un crecimiento bajo. M&aacute;s precisamente, lo que encontraremos es que el crecimiento, de hecho, siempre ha sido relativamente lento, excepto en periodos excepcionales [&hellip;]. Todos los indicios apuntan a que el crecimiento ser&aacute; a&uacute;n m&aacute;s lento en el futuro&raquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;A&uacute;n m&aacute;s lento!
    </p><p class="article-text">
        Resulta dif&iacute;cil dimensionar la trascendencia de este fen&oacute;meno. Parecer&iacute;a que tampoco pasa nada por crecer un poco m&aacute;s despacio o incluso por no crecer durante unos a&ntilde;os. Al fin y al cabo, ya tenemos suficientes cosas, &iquest;no? En realidad, no necesitamos ir de vacaciones a la Luna, ni que haya colonias humanas en Marte. Acostumbr&eacute;monos a vivir m&aacute;s despacio, podr&iacute;amos pensar.
    </p><p class="article-text">
        Pero no es tan sencillo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que nos hemos contado durante los siglos en los que la productividad no dej&oacute; de aumentar es que la econom&iacute;a era un pastel que nunca dejar&iacute;a de crecer. No hac&iacute;a falta pelear por los recursos cuando cab&iacute;a esperar que ma&ntilde;ana hubiera m&aacute;s que hoy. El mundo entero pod&iacute;a vivir en un cuento de la lechera permanente, en el que las instituciones, los acuerdos y la confianza en los sistemas p&uacute;blicos se sosten&iacute;an sobre la creencia de que siempre habr&iacute;a m&aacute;s para repartir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El &laquo;sue&ntilde;o americano&raquo;, la idea de que uno puede llegar a Estados Unidos sin nada y labrarse un futuro, no es m&aacute;s que una versi&oacute;n l&iacute;rica de esa creencia. Igual que la ret&oacute;rica sobre la &laquo;igualdad de oportunidades&raquo;, que da por hecho que habr&aacute; cada vez m&aacute;s cosas a las que optar. La meritocracia no vale nada si quien ha demostrado ser meritorio no puede acceder a una recompensa.
    </p><p class="article-text">
        Los presupuestos de los pa&iacute;ses y los crecientes niveles de endeudamiento est&aacute;n pensados para un mundo en el que dentro de diez a&ntilde;os habr&aacute; mucho m&aacute;s que ahora para devolver las deudas. Lo mismo ocurre con los sistemas de pensiones, que asumen que los trabajadores del futuro ser&aacute;n m&aacute;s productivos que los de hoy, o con las inversiones de las empresas, que se realizan esperando que los consumidores del ma&ntilde;ana ser&aacute;n m&aacute;s ricos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando compramos una casa, lo hacemos pensando que nuestro trabajo seguir&aacute; mejorando. Cuando enviamos a nuestros hijos a la universidad, confiamos en que al salir tendr&aacute;n un futuro mejor.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n explic&oacute; la presidenta del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, en una conferencia que dio en 2017, &laquo;Otra d&eacute;cada de d&eacute;bil crecimiento de la productividad socavar&iacute;a gravemente el aumento del nivel de vida global. Un crecimiento m&aacute;s lento tambi&eacute;n podr&iacute;a poner en riesgo la estabilidad financiera y social de algunos pa&iacute;ses, al dificultar la reducci&oacute;n de la desigualdad excesiva y la sostenibilidad de la deuda privada y de las obligaciones p&uacute;blicas&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta d&eacute;cada de la que habla est&aacute; venciendo sin que hayamos sabido encontrar la forma de arreglarlo. Por eso vemos desmoronarse, poco a poco, tantas de las cosas que hab&iacute;amos dado por sentadas. Por ejemplo, que todo el mundo tendr&iacute;a una casa en propiedad, o que habr&iacute;a un buen empleo para todas las personas. Que las pensiones podr&iacute;an pagarse sin mayor esfuerzo o que la sanidad y la educaci&oacute;n estar&iacute;an garantizadas. A medida que pasan los a&ntilde;os nos vamos distanciando cada vez m&aacute;s de la promesa de &laquo;libertad para vivir sin carencias materiales&raquo; y vamos entrando en un mundo donde lo que se discute es qui&eacute;n tendr&aacute; esa libertad y qui&eacute;n no.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los incrementos constantes de la productividad son la piedra angular de nuestra sociedad desde hace doscientos cincuenta a&ntilde;os. Incluso la democracia &mdash;que en muchos pa&iacute;ses no se consolid&oacute; hasta que la productividad comenz&oacute; a crecer&mdash; ha caminado siempre de la mano de esa expectativa de progreso continuo. Lo que estamos viviendo es tanto como si nuestro mundo hubiera dejado de girar. M&aacute;s a&uacute;n: si no somos capaces de explicarnos a nosotros mismos y a los dem&aacute;s lo que est&aacute; ocurriendo y no encontramos la manera de cambiarlo o de adaptarnos, solo podemos ir de cabeza al colapso.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; se entienda mejor con una imagen.
    </p><h2 class="article-text">Una L al rev&eacute;s</h2><p class="article-text">
        Como en una pel&iacute;cula de ciencia ficci&oacute;n, en esta historia hay una imagen que se repite una y otra vez por todas partes. Un anagrama que explica lo que est&aacute; ocurriendo mucho mejor que ning&uacute;n argumento. Es una L invertida:
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Una L invertida                            </span>
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        Casi cualquier gr&aacute;fico sobre la evoluci&oacute;n humana, si dejamos que se desarrolle lo suficiente a lo largo del tiempo, produce la misma curva: una l&iacute;nea pr&aacute;cticamente plana durante miles de a&ntilde;os que despega hasta convertirse casi en una l&iacute;nea vertical hace poco m&aacute;s de un siglo.
    </p><p class="article-text">
        El PIB per c&aacute;pita de Inglaterra, por ejemplo, se mantuvo plano desde el primer milenio hasta m&aacute;s o menos 1750. En todos esos a&ntilde;os la tasa de crecimiento estuvo alrededor del 0,01&nbsp;por ciento. Con la Revoluci&oacute;n Industrial comenz&oacute; a acelerarse hasta alcanzar tasas superiores al 6&nbsp;por ciento al final del siglo xx.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe title="Producto interior bruto de Inglaterra, 1270 a 2016." aria-label="Line chart" id="datawrapper-chart-iVoi0" src="https://datawrapper.dwcdn.net/iVoi0/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="453" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
    </figure><p class="article-text">
        La deuda p&uacute;blica sigui&oacute; el mismo camino. En Estados Unidos, hasta el siglo xx, la deuda fue pr&aacute;cticamente inexistente. Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo y, especialmente, desde la d&eacute;cada de 1980, la curva comenz&oacute; a ascender de forma sostenida. El crecimiento de la deuda se volvi&oacute; mucho m&aacute;s pronunciado tras la crisis financiera de 2008 y se dispar&oacute; a&uacute;n m&aacute;s desde el a&ntilde;o 2020, superando los 35 billones de d&oacute;lares.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe title="Deuda del gobierno de los Estados Unidos, 1789 a 2025." aria-label="Line chart" id="datawrapper-chart-tQ9Bg" src="https://datawrapper.dwcdn.net/tQ9Bg/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="421" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
    </figure><p class="article-text">
        Lo mismo ocurri&oacute; con la tecnolog&iacute;a. Durante siglos, los avances fueron espor&aacute;dicos: la imprenta se invent&oacute; en el siglo xv; el telescopio, en el siglo xvii y la m&aacute;quina de vapor en el siglo xviii. Despu&eacute;s, a partir de la Revoluci&oacute;n Industrial, la curva empez&oacute; a inclinarse con el tel&eacute;grafo, el tel&eacute;fono o el autom&oacute;vil. A mediados del siglo xx, el crecimiento se dispar&oacute; con la llegada de la inform&aacute;tica, la microelectr&oacute;nica e internet. En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, la frecuencia con que aparecen las innovaciones se ha acelerado tanto que ya ni se distingue, acumulando en pocos a&ntilde;os adelantos como los tel&eacute;fonos m&oacute;viles, Google, Facebook, los coches aut&oacute;nomos o los LLM.
    </p><p class="article-text">
        Y podemos observar esa misma tendencia en la poblaci&oacute;n. Durante la mayor parte de la historia humana, el n&uacute;mero de habitantes del planeta creci&oacute; de forma muy lenta: incluso en el inicio de nuestra era, la poblaci&oacute;n mundial apenas superaba los 200 millones. Pero a partir de la Revoluci&oacute;n Industrial la curva empez&oacute; a dispararse de manera abrupta. El crecimiento se aceler&oacute; en el siglo xx, hasta tal punto que en la actualidad vivimos m&aacute;s de 8.000 millones de personas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe title="Población mundial, año 5000 a.C. a la actualidad." aria-label="Line chart" id="datawrapper-chart-HZcKy" src="https://datawrapper.dwcdn.net/HZcKy/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="434" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
    </figure><p class="article-text">
        Hay docenas de gr&aacute;ficos parecidos y todos cuentan la misma historia. La vida se mantuvo est&aacute;tica, inalterada, a lo largo de la pr&aacute;ctica totalidad de nuestra existencia como especie. De pronto, como por arte de magia, todo cambi&oacute;. Hace entre dos y tres siglos, las transformaciones empezaron a acelerarse, despacio al principio, m&aacute;s r&aacute;pido despu&eacute;s, hasta alcanzar una velocidad de v&eacute;rtigo en la segunda mitad del siglo xx.
    </p><p class="article-text">
        T&uacute; y yo y todos los que estamos vivos en este primer cuarto del siglo xxi hemos ido a nacer precisamente en la c&uacute;spide del eje vertical de la L. Nos ha tocado vivir un momento tan extraordinario que necesitamos varios gr&aacute;ficos que muestren la evoluci&oacute;n completa de nuestra especie para ser capaces de visualizar su trascendencia.
    </p><p class="article-text">
        Y esta progresi&oacute;n vertical se ha detenido: el mundo ha dejado de funcionar como esper&aacute;bamos y nadie conf&iacute;a en que se solucione, o en que lo haga por s&iacute; mismo. Dicen los economistas que lo que podemos esperar en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os es que vuelva un mundo est&aacute;tico como el del siglo xvii. Que la curva se vuelva a aplanar y el mundo se convierta otra vez en un lugar que no crece.
    </p><p class="article-text">
        Lo peor es que, aun cuando la paradoja &mdash;o el enigma&mdash; de la productividad es un fen&oacute;meno conocido y aceptado por el consenso de los economistas, ahora que est&aacute;n a punto de cumplirse veinte a&ntilde;os desde la crisis de 2008, seguimos sin poder explicar la situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Algunos expertos lo atribuyen a problemas de medici&oacute;n; otros, a los cambios demogr&aacute;ficos o al agotamiento del efecto <em>catch-up</em> con los pa&iacute;ses perif&eacute;ricos (ya no podemos seguir creciendo a base de vender m&aacute;s al mundo en desarrollo). Otros sostienen que las tecnolog&iacute;as digitales no generan los mismos aumentos de productividad que las revoluciones industriales anteriores. Tambi&eacute;n hay quien dice que se trata de una combinaci&oacute;n de todos estos factores. Pero aunque no consigan ponerse de acuerdo en las razones, en lo que s&iacute; que est&aacute;n de acuerdo es en la naturaleza de lo que est&aacute; ocurriendo.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;El problema no es un estruendoso colapso econ&oacute;mico global, sino algo mucho m&aacute;s silencioso: un fallo en el motor. El crecimiento de la productividad &mdash;el motor a largo plazo del aumento en el nivel de vida&mdash; se est&aacute; desacelerando. El hecho de que esto parezca estar ocurriendo en todo el mundo ofrece escaso consuelo. Lo m&aacute;s preocupante es que nadie sabe con seguridad qu&eacute; lo est&aacute; causando ni c&oacute;mo solucionarlo&raquo;, explica el economista Duncan Weldon.
    </p><p class="article-text">
        Se ha roto el motor de la prosperidad y no sabemos c&oacute;mo arreglarlo.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, hemos llegado a la meta volante del primer cuarto de siglo empujados por el viento de cola de un momento hist&oacute;rico que se ha agotado. Y este palito de la L se ha convertido en el borde de un precipicio al que nos asomamos todos los que vivimos en este comienzo del milenio. Abajo solo se ve oscuridad.
    </p><p class="article-text">
        Si a cada generaci&oacute;n le toca librar una guerra, esta es la nuestra. De nosotros depende salir &mdash;o, al menos, entender c&oacute;mo podr&iacute;amos salir&mdash; de este atolladero.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">No mires arriba</h2><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l es la respuesta de los gobiernos en este momento de crisis de nuestra civilizaci&oacute;n? &iquest;Se ha organizado una Operaci&oacute;n Warp Speed como la que se puso en marcha para producir una vacuna contra el COVID en un tiempo r&eacute;cord? &iquest;Existe algo similar al Proyecto Manhattan, que descubri&oacute; la bomba at&oacute;mica para pararle los pies a Hitler? &iquest;Hay, al menos, una conferencia de la ONU y cientos de departamentos ministeriales intentando resolver este atasco civilizatorio?
    </p><p class="article-text">
        No. Hay. Nada.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que no existe un gobierno en este planeta que desconozca la magnitud de la tragedia (o quiz&aacute; precisamente por eso), los debates sobre el enigma de la productividad siguen siendo discusiones t&eacute;cnicas, limitadas a las instituciones econ&oacute;micas y planteadas como retos abstractos y oscuros, m&aacute;s que como un callej&oacute;n civilizatorio sin salida. Como en <em>No mires arriba</em>, esa pel&iacute;cula en la que un meteorito est&aacute; a punto de impactar contra la Tierra pero nadie quiere hablar del tema, no sea que les fastidie la sobremesa, en todos los pa&iacute;ses y con independencia del signo ideol&oacute;gico, la pol&iacute;tica ha metido la cabeza en un hoyo, como un avestruz.
    </p><p class="article-text">
        Y es que reconocer p&uacute;blicamente lo que han consensuado los economistas (que el mundo no va a volver a crecer igual que antes) ser&iacute;a tanto como desmontar el pilar sobre el que descansan la econom&iacute;a, la paz social e incluso la democracia. Sin tener una alternativa, ser&iacute;a un suicidio, no se sabe si de la civilizaci&oacute;n, de las siglas del gobierno de turno o de ambos. Abandonar la fe en el crecimiento sin un plan B es como empujar al mundo hacia una guerra total, que quiz&aacute;, en el fondo, es justo lo que ya estamos viviendo.
    </p><p class="article-text">
        En 2025, Ipsos realiz&oacute; un macroestudio entre decenas de miles de personas de 31 pa&iacute;ses. Encontr&oacute; que la mayor&iacute;a (57&nbsp;por ciento) piensa que &laquo;su pa&iacute;s est&aacute; en declive&raquo; y un 56&nbsp;por ciento tiene la sensaci&oacute;n de que &laquo;la sociedad en la que vive est&aacute; rota&raquo;. La percepci&oacute;n de fractura social es acuciante en las democracias occidentales m&aacute;s consolidadas &mdash;como Alemania (77&nbsp;por ciento), Reino Unido (68&nbsp;por ciento) o Estados Unidos (66&nbsp;por ciento)&mdash;, pero este malestar est&aacute; lejos de ser exclusivamente occidental: cunde en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses, incluso en el denominado Sur Global.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La humanidad siente hoy un profundo y doloroso pesimismo. Incapaces de explicarles a sus votantes lo que est&aacute; ocurriendo, los gobiernos concentran sus esfuerzos en lo &uacute;nico que se les ocurre, que consiste en resucitar a cualquier precio la econom&iacute;a industrial. Mientras fue presidente, Joe Biden inyect&oacute; un bill&oacute;n de d&oacute;lares en ayudas a algunas industrias, como la fabricaci&oacute;n de chips o de paneles solares, para llevarlas de vuelta a Estados Unidos. Cuando Donald Trump lleg&oacute; al poder, los aranceles y sus promesas de recuperar los empleos del acero y del carb&oacute;n fueron parte de la misma estrategia. Nada distinto hace la Comisi&oacute;n Europea cuando propone una reindustrializaci&oacute;n verde de Europa, ni el canciller alem&aacute;n, Friedrich Merz, cuando insiste en proteger las exportaciones para incubar artificialmente su industria. Ni siquiera China escapa del pavor a este virus: en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, Xi Jinping se ha lanzado a una carrera por construir m&aacute;s carreteras, m&aacute;s f&aacute;bricas y m&aacute;s ciudades como forma de mantener el pa&iacute;s en marcha.
    </p><p class="article-text">
        Pero pasan los a&ntilde;os y nada parece funcionar. &iexcl;En ninguna parte! A pesar de las inyecciones, del capital pol&iacute;tico y de que todo el mundo aparenta estar convencido de que esta es la mejor soluci&oacute;n, el empleo industrial sigue a la baja en los pa&iacute;ses ricos. Al mismo tiempo, la desigualdad no deja de crecer y, como apuntan una y otra vez el FMI, la OCDE y el Banco Mundial, no tenemos ning&uacute;n motivo para pensar que vaya a cambiar de trayectoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, el descontento se multiplica, cada vez a mayor velocidad y con m&aacute;s virulencia. Y es que, a diferencia de lo que ocurr&iacute;a con el meteorito en la pel&iacute;cula, no hace falta ser astr&oacute;nomo para percibir lo que est&aacute; ocurriendo: cualquiera puede comprobar en sus carnes que la econom&iacute;a no est&aacute; funcionando, y para el ciudadano medio es innegable que el mundo del siglo xx hace mucho que dej&oacute; de existir. As&iacute; que, en lugar de vivir ajenos a la realidad, lo que cree mucha gente es que los gobiernos la est&aacute;n enga&ntilde;ando o, como m&iacute;nimo, le est&aacute;n haciendo luz de gas.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Ipsos, dos de cada tres personas en el mundo piensan que la sociedad est&aacute; dividida entre la gente normal y las &eacute;lites pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas (68&nbsp;por ciento), que los medios est&aacute;n m&aacute;s interesados en ganar dinero que en decir la verdad (66&nbsp;por ciento) y que los partidos pol&iacute;ticos no se preocupan por la gente (64&nbsp;por ciento).
    </p><p class="article-text">
        Esas &eacute;lites, entonces, paniquean. No entienden por qu&eacute; se ha roto la confianza que los ciudadanos hab&iacute;an depositado en ellas. Achacan el descontento a la influencia que tiene el dinero en la formaci&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica &mdash;&laquo;los medios est&aacute;n controlados por billonarios&raquo;&mdash; o a todo lo contrario, a la multiplicaci&oacute;n de los canales de comunicaci&oacute;n que les restan capacidad de convencer &mdash;&laquo;las redes han tra&iacute;do el colapso de la civilizaci&oacute;n&raquo;&mdash;. Al surgimiento de una nueva clase de empresas tecnol&oacute;gicas que controlan las redes sociales o a un mundo donde el poder est&aacute; cada vez m&aacute;s lejos de los gobiernos democr&aacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Con un grado de miop&iacute;a exasperante (y, quiz&aacute;, interesado), muchos analistas intentan explicar esta aflicci&oacute;n como si fuera consecuencia del deterioro de las condiciones de vida. &laquo;La gente vive peor que antes y por eso est&aacute;n cabreados. Hagan que circule m&aacute;s dinero y todos los problemas se solucionar&aacute;n&raquo;, quieren decir.
    </p><p class="article-text">
        Pero ese argumento se desmonta solo, y a la primera inspecci&oacute;n, adem&aacute;s. Aunque el mundo crezca mucho m&aacute;s despacio, ni ha dejado de crecer ni ha decrecido. Hasta ahora, nunca hab&iacute;amos vivido tan bien. En los &uacute;ltimos veinticinco a&ntilde;os, la esperanza de vida ha aumentado de 66 a 73 a&ntilde;os, la poblaci&oacute;n mundial ha crecido casi un 30&nbsp;por ciento y la producci&oacute;n de bienes y servicios se ha duplicado. Si consideramos el conjunto del planeta, y no solo los pa&iacute;ses ricos, incluso el PIB ha aumentado, pasando de unos 13.000 d&oacute;lares por habitante a m&aacute;s de 20.000 d&oacute;lares. Para una gran parte de la humanidad han sido los mejores a&ntilde;os de la historia.
    </p><p class="article-text">
        Y, al contrario, al final de los Treinta Gloriosos, en el punto &aacute;lgido del optimismo, la inmensa mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n mundial todav&iacute;a estaba fuera del reparto de las ganancias materiales. Unos, en los pa&iacute;ses ricos, porque no hab&iacute;an conseguido entrar en la rueda; la mayor&iacute;a, porque esa promesa de progreso nunca lleg&oacute; a materializarse en los pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo. Siempre se qued&oacute; en eso, una promesa.
    </p><p class="article-text">
        Lo que ocurre es que una sociedad no es otra cosa que una promesa. Cada civilizaci&oacute;n se sostiene sobre un trato; un manual de instrucciones que dicta las reglas acerca de c&oacute;mo comportarse, qu&eacute; significa ser bueno o malo, importante o insignificante, qu&eacute; tenemos que hacer para ser considerados valiosos y qu&eacute; recompensas podemos esperar si cumplimos nuestra parte del trato. Algunos autores se refieren a este acuerdo como un &laquo;mito&raquo;, otros dicen que es un &laquo;contrato social&raquo;. En el fondo no es sino una promesa compartida, invisible pero omnipresente, que nos hacemos los unos a los otros, que inculcamos a los ni&ntilde;os desde la cuna y que confiamos en que ordene la vida colectiva.
    </p><p class="article-text">
        En el siglo xx hab&iacute;a una promesa cristalina. Incluso quien no hab&iacute;a llegado a la posici&oacute;n que esperaba asumir en el mundo ten&iacute;a una hoja de ruta, un manual del usuario para conseguir sus objetivos. Aunque no los hubieras logrado todav&iacute;a, los dem&aacute;s parec&iacute;an estar de acuerdo contigo en c&oacute;mo podr&iacute;as hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Esta fue la receta que se aplic&oacute; a los pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo durante a&ntilde;os. Si cambiaban sus sistemas productivos, mandaban a los j&oacute;venes a la universidad, met&iacute;an en cintura sus presupuestos y abrazaban con entusiasmo los principios de la econom&iacute;a liberal, iban a alcanzar los mismos est&aacute;ndares de progreso que Alemania.
    </p><p class="article-text">
        Hoy nadie se atrever&iacute;a a decir esto. Ni siquiera, casi, a hablar as&iacute; de Alemania. Esto es lo que ha cambiado. Sin el crecimiento espont&aacute;neo e infinito de la econom&iacute;a, nadie tiene ya la receta para que a un pa&iacute;s, o a una persona, le vaya bien. Se ha roto la promesa del siglo xx.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al contrario, lo que s&iacute; se correlaciona con el malestar es la sensaci&oacute;n de inseguridad. El miedo. Miedo a caerte del estatus que tienes en la sociedad y a no poder recuperarlo. A perder el trabajo y que no te vuelvan a contratar, a que te quiten la casa en otra crisis como la de 2008, a quedarte atr&aacute;s mientras otros que lo merecen menos avanzan. Y lo que es peor, miedo a que todo esto te ocurra y a los dem&aacute;s les parezca bien porque no vales lo suficiente.
    </p><p class="article-text">
        La periodista Anne Helen Petersen lo expres&oacute; as&iacute; en un libro sobre el <em>burnout millennial</em>:
    </p><p class="article-text">
        No era que algo estuviera mal en mi d&iacute;a a d&iacute;a. Es que algo hab&iacute;a estado mal toda mi vida adulta. Lo cierto era que todas esas tareas encubr&iacute;an la verdadera tarea, que era adem&aacute;s la tarea de muchos m&aacute;s <em>millennials</em>: trabajar sin parar. &iquest;D&oacute;nde aprend&iacute; que ten&iacute;a que trabajar sin parar? En la universidad. &iquest;Por qu&eacute; trabajaba sin parar? Porque me aterraba no encontrar un empleo. &iquest;Por qu&eacute; sigo trabajando sin parar desde que encontr&eacute; un empleo? Porque me aterra perderlo, y porque mi valor como persona  y mi valor como trabajadora se han vuelto indiscernibles. No consegu&iacute;a quitarme de encima el sentimiento de precariedad  &mdash;de que todo aquello por lo que hab&iacute;a trabajado pod&iacute;a desaparecer de repente&mdash; y no pod&iacute;a reconciliar esa idea con una noci&oacute;n con la que me hab&iacute;a criado, la de que si me esforzaba lo suficiente, todo dar&iacute;a sus frutos.
    </p><p class="article-text">
        Esta es la ra&iacute;z del malestar que nos asola. Esa &laquo;noci&oacute;n&raquo; era la promesa de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo xx: la de que, si nos esforz&aacute;bamos, los hijos de los trabajadores &iacute;bamos a dejar de ser <em>clase obrera</em>.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, de un mundo donde los camareros so&ntilde;aban con que sus hijos fueran abogados pasamos a otro donde los abogados temen que los suyos terminen de camareros.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/misterioso-caso-economia-menguante-adelanto-editorial-hijos-optimismo-maria-alvarez_129_12994883.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Feb 2026 21:26:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El misterioso caso de la economía menguante: adelanto editorial de 'Hijos del optimismo', de María Álvarez]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Adelanto editorial,Libros,Crisis económica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Algo huele mal en la democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/huele-mal-democracia_129_13002477.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bb6c2aca-cb21-46b8-b73a-4e78bdeffca2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Algo huele mal en la democracia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La respuesta al desbordamiento de nuestra realidad no puede ser atacar el hedor de la extrema derecha. Tiene que ser la misma: conocimiento e infraestructuras; ciencia y un esfuerzo colectivo para adaptarnos a la nueva realidad</p></div><p class="article-text">
        Era un olor tan nauseabundo que los diputados empapaban las cortinas de sus despachos en cloro para mantenerlo a raya. El nuevo edificio del parlamento de Westminster se hab&iacute;a convertido, en aquel verano de 1858, en el epicentro del hedor; su fachada sur colgando, imponente, sobre el T&aacute;mesis.
    </p><p class="article-text">
        A mediados del siglo XIX Londres era la ciudad m&aacute;s grande del mundo y la que m&aacute;s r&aacute;pido crec&iacute;a. Los primeros compases de la Revoluci&oacute;n Industrial hab&iacute;an multiplicado su poblaci&oacute;n por tres en unas pocas d&eacute;cadas hasta los 2,5 millones de personas, una cifra que nunca antes hab&iacute;a alcanzado ninguna ciudad. Nadie hab&iacute;a planificado semejante transformaci&oacute;n. Tampoco nadie sab&iacute;a c&oacute;mo hacerlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La noci&oacute;n de que mantener una gran ciudad costaba dinero ni exist&iacute;a. As&iacute; que los londinenses eleg&iacute;an a los gobiernos municipales que promet&iacute;an ser m&aacute;s <em>low-cost</em>: los que cobraban menos impuestos y hac&iacute;an menos inversiones. Como consecuencia, en aquel verano de 1858 Londres segu&iacute;a siendo en todo, menos en su dimensi&oacute;n, una ciudad medieval. Algo as&iacute; como una megaurbe del tama&ntilde;o del &aacute;rea metropolitana de Barcelona, pero en la que no exist&iacute;a el planeamiento urbano y, lo que es m&aacute;s importante, no hab&iacute;a saneamiento. Los orines, los excrementos y los desechos de las viviendas se acumulaban, como se hab&iacute;a hecho siempre, en unas fosas s&eacute;pticas que unos &ldquo;hombres de los desechos nocturnos&rdquo; (&ldquo;night soil men&rdquo;) vaciaban de cuando en cuando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y qu&eacute; hac&iacute;an estos hombres con el contenido de las fosas? Lo echaban al r&iacute;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero ni el T&aacute;mesis, en toda su grandeza, pod&iacute;a hacerse cargo de las 250&nbsp;toneladas diarias de residuos que produc&iacute;a el crecimiento de la poblaci&oacute;n, sumado a las nuevas tecnolog&iacute;as que llevaban el agua corriente hasta las casas &ndash;multiplicando la cantidad de l&iacute;quido que acababa en las fosas&ndash; y a la proliferaci&oacute;n de f&aacute;bricas y mataderos que, para abastecer a todos esos nuevos habitantes, se hab&iacute;an instalado en la ciudad. El r&iacute;o que un d&iacute;a fue navegable se hab&iacute;a convertido en una sopa repugnante; un caldo de heces, v&iacute;sceras y aceites industriales; una cloaca a cielo abierto por donde desfilaban, entre ratas y cosas peores, los desechos del progreso econ&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        Aquel episodio pas&oacute; a la historia como &ldquo;The Great Stink&rdquo;, &ldquo;El gran hedor&rdquo;; el primer momento en el que la trayectoria que tra&iacute;a el capitalismo pareci&oacute; venirse abajo. Pero no fue, en realidad, el mal olor lo que puso en jaque la vida urbana y hasta la industrializaci&oacute;n. La costumbre de tirar los residuos a las fuentes de agua produc&iacute;a brotes de c&oacute;lera y la &ldquo;peste azul&rdquo; se hab&iacute;a cobrado, solo en la primera mitad del siglo XIX, centenares de miles de vidas en la capital inglesa; millones en todas las reci&eacute;n nacidas ciudades del mundo. Pero entonces nadie sab&iacute;a que esa enfermedad se contagia al beber agua contaminada: los londinenses todav&iacute;a cre&iacute;an que los brotes eran causados por el &ldquo;miasma&rdquo;, los vapores malolientes que producen los desechos en descomposici&oacute;n. Por eso aquel verano de 1858 en el que unas temperaturas inusualmente altas volvieron el hedor insoportable, los diputados, que ten&iacute;an sus despachos encima del r&iacute;o, empapaban sus cortinas en cloro con la esperanza de que mantener el olor a raya alejara tambi&eacute;n la enfermedad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy, 200 a&ntilde;os despu&eacute;s, vivimos un momento muy parecido a aquel. La explosi&oacute;n de los cambios sociales que todav&iacute;a no comprendemos del todo, sumada a las consecuencias de las formas de vida que arrastramos de otro tiempo han contaminado las aguas de las que bebe nuestra sociedad hasta enfermarnos. Por eso se tambalean las estructuras sociales y los acuerdos que parec&iacute;an s&oacute;lidos se derrumban. Algo apesta en la pol&iacute;tica y en la democracia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero apuntar a la extrema derecha como responsable de esta aver&iacute;a ser&iacute;a cometer el mismo error que los ingleses con el miasma. La ultraderecha no es ni la causa, ni siquiera la enfermedad de la sociedad contempor&aacute;nea, es el hedor: el s&iacute;ntoma, el vapor pestilente que no nos deja respirar, es la consecuencia de algo que se est&aacute; pudriendo debajo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l es la causa profunda de esos vapores?
    </p><p class="article-text">
        Nuestro T&aacute;mesis es la econom&iacute;a productiva. Hasta hace unas d&eacute;cadas, ese sistema era capaz, si no de proveer un buen lugar para cada persona, al menos de prometer que lo tendr&iacute;a. Despu&eacute;s, que sabr&iacute;a utilizar el ahorro para producir m&aacute;s inversi&oacute;n productiva que a su vez iba a repercutir en mejores puestos de trabajo y nuevos bienes y servicios. Pero hoy la econom&iacute;a, como el T&aacute;mesis, no tiene capacidad para absorber toda la riqueza que se produce: la econom&iacute;a digital no requiere las mismas inversiones que la industria. Y, sin embargo, el patrimonio mundial se ha multiplicado: hoy representa seis veces el tama&ntilde;o de la econom&iacute;a. Como consecuencia, la mayor parte de la riqueza ha dejado de servir para crear m&aacute;s econom&iacute;a productiva y ahora se dedica a lo contrario: a extraer riqueza en forma de rentas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nuestra mierda, como los desechos en el T&aacute;mesis, es hoy una monta&ntilde;a de capital que colapsa las vidas de la gente exigiendo rentas del alquiler, comprando hospitales, carreteras y centros de mayores, haciendo subir los precios y concentrando el poder y los medios de comunicaci&oacute;n en unas pocas manos.
    </p><p class="article-text">
        Es muy probable que, si el gobierno de Londres no hubiera tomado cartas en el asunto, ninguno estar&iacute;amos aqu&iacute;. Porque en los siguientes 50 a&ntilde;os su poblaci&oacute;n se volvi&oacute; a multiplicar por tres. Pero tampoco hubiera servido para nada seguir culpando a los olores, ni fabricar desodorantes. Ni empapar de cloro las cortinas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hubo un cient&iacute;fico, llamado Jon Snow, que descubri&oacute; que los casos de c&oacute;lera se produc&iacute;an en torno a las fuentes de agua. Hoy es conocido como el fundador de la epidemiolog&iacute;a. Y hubo un ingeniero, que se llamaba Joseph Bazalgette, que estudi&oacute; las conclusiones de Snow y propuso que la ciudad no pod&iacute;a seguir creciendo sin una planificaci&oacute;n para ordenar la vida en com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En lugar de seguir intentando tapar los olores, bajo su mandato, en los 16 a&ntilde;os siguientes Londres construy&oacute; una colosal red de alcantarillado:&nbsp;Levant&oacute; m&aacute;s de 130&#8239;km de colectores principales conectados con 2.100&#8239;km de alcantarillas secundarias que drenaban toda la ciudad y con cuatro enormes estaciones de bombeo y dos plantas de tratamiento para expulsar los residuos lejos del r&iacute;o. Todav&iacute;a hoy ese sistema est&aacute; en uso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy, como entonces, la respuesta al desbordamiento de nuestra realidad no puede ser atacar el hedor de la extrema derecha. Tiene que ser la misma: conocimiento e infraestructuras; ciencia y un esfuerzo colectivo para adaptarnos a la nueva realidad.
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as estamos todos pendientes del debate sobre la unidad de la izquierda. Y es importante. Pero esa unidad tiene que ser para hacer infraestructuras colectivas de progreso: para avanzar en la agenda de la energ&iacute;a renovable, de la educaci&oacute;n, de la renta universal de crianza. Para hacer de una vez por todas una propuesta sobre vivienda que comprenda que el parque inmobiliario es el accionariado de un pa&iacute;s y no se puede quedar en manos de una mitad de la poblaci&oacute;n mientras la otra est&aacute; condenada a ser arrendataria toda la vida, porque eso es tanto como vivir en una sociedad feudal.
    </p><p class="article-text">
        Quedarse en el &ldquo;antifascismo&rdquo; y en &ldquo;combatir a la extrema derecha&rdquo;, sin invertir en la infraestructura social de los pr&oacute;ximos a&ntilde;os, es igual que echar cloro en las cortinas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/huele-mal-democracia_129_13002477.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Feb 2026 21:24:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Algo huele mal en la democracia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las razones (económicas) de la sanidad pública]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/razones-economicas-sanidad-publica_129_12983074.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1ee1e95e-5a1c-445e-bb69-5449c0799a9f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las razones (económicas) de la sanidad pública"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Porque si algo define al siglo XXI no es la expansión del mercado, sino la expansión de lo común. A medida que nos adentramos en la sociedad del conocimiento, cada vez más aspectos de nuestra vida dependen de bienes que no pueden fragmentarse en decisiones individuales ni resolverse con pólizas privadas</p><p class="subtitle">La Comunidad de Madrid ha perdonado 71 millones a Quirón y Ribera Salud tras asumir y tratar a sus pacientes</p></div><p class="article-text">
        Arrecia la tormenta en torno a la sanidad. En Twitter hace meses que hay fuerte marejada y cada poco se vuelven a reabrir los debates sobre si deber&iacute;a ser p&uacute;blica o privada. Lo que hasta hace muy poco parec&iacute;a un consenso universal del Estado del Bienestar hoy est&aacute; en cuesti&oacute;n, se tambalea.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vi&eacute;ndolas venir, ayer la ministra de Sanidad, M&oacute;nica Garc&iacute;a, revel&oacute; que llevar&aacute; al parlamento una ley para impedir el modelo de privatizaci&oacute;n de los hospitales de la Comunidad de Madrid. Ayuso, que nunca pierde comba, no tard&oacute; en convertir el tema en arma arrojadiza y anunci&oacute; que llevar&aacute; el asunto a los tribunales. La bronca est&aacute; servida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero m&aacute;s all&aacute; de la en&eacute;sima batallita &ndash;que solo durar&aacute; hasta que llegue la siguiente&ndash; este de la sanidad no es un debate cualquiera. Al contrario, bajo una aparente disputa pol&iacute;tica se esconde la cuesti&oacute;n econ&oacute;mica m&aacute;s importante del siglo (una que no es la productividad): &iquest;c&oacute;mo financiamos las cosas que no se pueden comprar y vender en los mercados?.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para desentra&ntilde;arlo tenemos que empezar por explicar que cuando hablamos de &ldquo;sanidad&rdquo; estamos mezclando &ndash;al menos&ndash; tres bienes econ&oacute;micos distintos:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El primero es la salud p&uacute;blica, que es el bienestar colectivo del que cualquier persona disfruta cuando el conjunto de la poblaci&oacute;n est&aacute; sana. La salud p&uacute;blica minimiza los riesgos sanitarios y es un bien econ&oacute;mico de primer orden. Sin ella, nos contagiar&iacute;amos de cualquier cosa, los sistemas asistenciales no dar&iacute;an abasto, no podr&iacute;a haber actividad productiva, ni mercados funcionales, ni siquiera vida social organizada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por esa raz&oacute;n una de las funciones m&aacute;s b&aacute;sicas de los estados es desplegar una bater&iacute;a inmensa de medidas que van desde la vacunaci&oacute;n al control de plagas, del saneamiento al mantenimiento de la calidad del agua y del control de fronteras a la educaci&oacute;n sanitaria o la vigilancia epidemiol&oacute;gica para reducir al m&iacute;nimo posible las enfermedades que circulan entre la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; los estados, y no los mercados?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque la salud p&uacute;blica es lo que en econom&iacute;a se denomina un &ldquo;bien p&uacute;blico&rdquo;, esto es, un recurso que est&aacute; a disposici&oacute;n de cualquiera desde el momento en que est&aacute; disponible para una persona. Si un agente (sea el que sea) erradica la viruela en un territorio, lo est&aacute; haciendo igual para una persona que para toda la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El resultado es un bien que representa un problema insalvable para los mercados porque es imposible cobrar por &eacute;l: erradicar la viruela es demasiado caro para que un individuo lo pague por su cuenta, pero una vez erradicada, todos se benefician por igual sin que nadie pueda cobrarles individualmente por ello. En econom&iacute;a se dice que son bienes cuyo consumo &ldquo;no es rival&rdquo; y que no son &ldquo;excluibles&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Adam Smith, que era muy consciente de este problema, fue el primero en plantear que &ldquo;[el deber] de la comunidad es el de erigir y mantener aquellas instituciones p&uacute;blicas y aquellas obras p&uacute;blicas que, aunque pueden ser del m&aacute;s alto grado ventajosas para una gran sociedad, son, sin embargo, de tal naturaleza que el beneficio nunca podr&iacute;a compensar el gasto a ning&uacute;n individuo o a un peque&ntilde;o n&uacute;mero de individuos, y por lo tanto, no se puede esperar que ning&uacute;n individuo las erija o mantenga.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        O, en otras palabras, que el rol principal de los Estados es proveer aquellos bienes que el mercado no puede proveer. Por eso no hay ning&uacute;n pa&iacute;s del mundo, ni lo ha habido en la historia, donde la salud p&uacute;blica se provea desde el &aacute;mbito privado.
    </p><p class="article-text">
        El segundo de los bienes que conforman eso que llamamos gen&eacute;ricamente &ldquo;sanidad&rdquo; es un seguro colectivo. Es la garant&iacute;a de que, si caemos enfermos, podremos acudir a un hospital y recibir el mejor tratamiento disponible, tengamos o no dinero para pagarlo, sepamos o no d&oacute;nde acudir y con independencia de lo que nos haya ocurrido.
    </p><p class="article-text">
        Para que esta garant&iacute;a sea real, hace falta mantener permanentemente una red de hospitales, servicios de urgencias y centros de salud que funcionen todos los d&iacute;as del a&ntilde;o, tanto si hay pacientes en ese momento, como si no. O lo que es lo mismo: es necesario mantener un sistema que est&aacute; disponible para todo el mundo desde el momento en el que existe para una persona: otro bien p&uacute;blico que los mercados no pueden proveer.
    </p><p class="article-text">
        Aunque pueda resultar confuso hay que entender que este bien econ&oacute;mico &mdash;al que llamaremos &ldquo;seguro sanitario&rdquo;&mdash; no es lo mismo que el servicio m&eacute;dico que nos atiende cuando efectivamente enfermamos y vamos al hospital. Son dos cosas distintas.
    </p><p class="article-text">
        Igual que cuando contratamos un seguro del hogar entendemos que una cosa es pagar la p&oacute;liza que te cubre todo el a&ntilde;o (aunque no te pase nada) y otra muy distinta es el servicio del t&eacute;cnico que viene cuando realmente se te rompe el fregadero, el seguro sanitario es la garant&iacute;a; el pediatra, igual que el fontanero, es el servicio concreto.
    </p><p class="article-text">
        Este &uacute;ltimo escal&oacute;n &mdash;el de los &ldquo;servicios m&eacute;dicos&rdquo;&mdash; es el tercero de los bienes econ&oacute;micos de los que hablamos cuando hablamos de sanidad. Y es el &uacute;nico de los tres que s&iacute; podr&iacute;a funcionar como una prestaci&oacute;n de servicios privados, como un bien excluible y cuyo consumo es rival; que se presta a una persona concreta, en un momento puntual y podr&iacute;a cobrarse directamente a quien lo recibe.
    </p><p class="article-text">
        La prueba fehaciente es que existen de hecho multitud de servicios m&eacute;dicos que operan al margen de los seguros sanitarios e incluso sectores enteros (como la salud dental) donde el Estado casi no existe.
    </p><p class="article-text">
        Es decir, mientras que la salud p&uacute;blica beneficia a todos por igual (nadie puede ser &ldquo;excluido&rdquo; de respirar aire limpio) y los seguros sanitarios necesitan estar disponibles para todos constantemente, el servicio m&eacute;dico individual &mdash;la consulta, la operaci&oacute;n, el tratamiento&mdash; s&iacute; es excluible: puedo d&aacute;rtelo a ti y no a otro, y puedo cobr&aacute;rtelo directamente cuando lo usas.
    </p><p class="article-text">
        De manera que cuando hablamos de sanidad, estamos colocando tres bienes sobre la mesa: dos que no se pueden prestar desde el &aacute;mbito privado y otro que s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo que no? &iquest;No existen acaso los seguros privados del hogar? &iquest;No existen seguros privados de salud?
    </p><p class="article-text">
        Existen, s&iacute;. Pero se sostienen sobre una trampa: solo cubren el &uacute;ltimo eslab&oacute;n de la cadena hecha de una serie de bienes p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        Tomemos el caso del hogar. Un seguro privado te indemniza si tu casa arde o si una tuber&iacute;a revienta. Pero solo puede hacerlo porque antes existe todo un entramado colectivo (de bienes p&uacute;blicos) que reduce dr&aacute;sticamente la probabilidad de que eso ocurra. Ese sistema se compone de facultades de arquitectura que forman profesionales y los colegios que los supervisan, normativas que dictan qu&eacute; materiales pueden utilizarse en la edificaci&oacute;n y cu&aacute;les no, sistemas de responsabilidad civil para las constructoras, Inspecciones t&eacute;cnicas, cuerpos de bomberos, de polic&iacute;a y juzgados.
    </p><p class="article-text">
        Y tambi&eacute;n existe una suerte de &ldquo;salud p&uacute;blica&rdquo; de los edificios. Para proteger tu vivienda hace falta que sean seguras todas las del barrio. Porque si el edificio contiguo se derrumba o arde, tu p&oacute;liza individual no basta para aislarte del da&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Sin esa infraestructura preventiva, sin esa red colectiva que distribuye riesgos y responsabilidades antes de que el desastre suceda, ning&uacute;n seguro privado podr&iacute;a comprometerse a pagarte nada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De la misma manera, la iniciativa privada no puede hacerse cargo de prestar un seguro sanitario universal, como pretende el modelo de la Comunidad de Madrid. Porque su mec&aacute;nica interna dicta que necesita vender y sacar un beneficio de cada paciente. Y esa l&oacute;gica es incompatible con la prestaci&oacute;n de un bien p&uacute;blico. Por eso suele ocurrir que cuando una&nbsp;administraci&oacute;n obliga a una empresa privada a proveer un bien p&uacute;blico, lo que est&aacute; haciendo es poner a la empresa de turno entre la espada de la prestaci&oacute;n del servicio y la pared de los beneficios que esperan sus inversores.
    </p><p class="article-text">
        Esto, y no otra cosa, es lo que hemos visto en el caso del Hospital de Torrej&oacute;n y lo que observamos en muchas otras concesiones: los intereses privados, que son incapaces de proveer un bien p&uacute;blico, dan un mal servicio a los ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        De manera que, m&aacute;s all&aacute; de la disputa ideol&oacute;gica, lo que propone el Ministerio de Sanidad es de absoluto sentido com&uacute;n econ&oacute;mico: el Estado debe dedicarse a proveer los bienes p&uacute;blicos porque est&aacute; mucho m&aacute;s capacitado para ello que el mercado; porque precisamente para eso existen los Estados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con todo, ser&iacute;a tambi&eacute;n de sentido com&uacute;n no oponerse ideol&oacute;gicamente a cualquier participaci&oacute;n de la iniciativa privada. Como hemos visto, en la prestaci&oacute;n de servicios m&eacute;dicos (el tercero de los bienes que hemos desglosado) las empresas tienen mucho que aportar. De hecho, cada vez es m&aacute;s habitual que los hospitales privados funcionen como plataformas donde distintos m&eacute;dicos pueden tener su consulta privada. Para dar el mejor servicio p&uacute;blico se puede y se debe hacer mucho con las empresas y con los profesionales de la medicina.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La tarea central de los Estados modernos no deber&iacute;a ser cerrarse en banda en una batalla entre lo privado y lo p&uacute;blico, sino aprender a gestionar mejor, a medir mejor, a financiar mejor y a innovar en la provisi&oacute;n de bienes p&uacute;blicos con la misma ambici&oacute;n con la que en el siglo XX se innov&oacute; en la producci&oacute;n industrial.
    </p><p class="article-text">
        Porque si algo define al siglo XXI no es la expansi&oacute;n del mercado, sino la expansi&oacute;n de lo com&uacute;n. A medida que nos adentramos en la sociedad del conocimiento, cada vez m&aacute;s aspectos de nuestra vida dependen de bienes que no pueden fragmentarse en decisiones individuales ni resolverse con p&oacute;lizas privadas: la informaci&oacute;n, la calidad del aire, la ciberseguridad, las infraestructuras digitales, la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, la prevenci&oacute;n de pandemias o la autonom&iacute;a energ&eacute;tica son bienes que solo existen si existen para todos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y la pregunta que deber&iacute;a ordenar la pol&iacute;tica y la econom&iacute;a ya no ser&aacute; cu&aacute;nto Estado o cu&aacute;nto mercado, sino algo m&aacute;s exigente y m&aacute;s pr&aacute;ctico: &iquest;c&oacute;mo dise&ntilde;amos, financiamos y mejoramos los bienes p&uacute;blicos de los que depende nuestra vida colectiva?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/razones-economicas-sanidad-publica_129_12983074.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Feb 2026 21:57:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:keywords><![CDATA[Sanidad,Sanidad pública,Privatización,Isabel Díaz Ayuso,Mónica García]]></media:keywords>
    </item>
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