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    <title><![CDATA[elDiario.es - María Álvarez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/maria-alvarez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - María Álvarez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Rufián, Montero y la tentación NIMBY]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/rufian-montero-tentacion-nymby_129_13146133.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/88af1da3-37f0-475f-818a-2ca024a48782_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x989y122.jpg" width="1200" height="675" alt="Rufián, Montero y la tentación NIMBY"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para solucionar el problema de la vivienda hace falta construir. No solo en los ínfimos suelos que están urbanizados pero pendientes de construir y bloqueados por los promotores en espera de que se sigan revalorizando. Hay que densificar las ciudades, como ha propuesto recientemente Salvador Illa. Cambiar los barrios, aprovechar para hacer una necesaria rehabilitación energética de los edificios y para instalar más energías renovables</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Ser&iacute;a mejor que el mundo se transforme o que se quede como est&aacute;? Si hubi&eacute;ramos hecho esta pregunta en una asamblea de la UGT, del PSOE, de CCOO o de Izquierda Unida hace 40 a&ntilde;os la respuesta hubiera sido un&aacute;nime.
    </p><p class="article-text">
        Cuando yo era chiquitita, la izquierda era sin&oacute;nimo de cambio. Mis padres y todos sus amigos siempre estaban construyendo algo: un barrio, un sindicato, una asociaci&oacute;n, una cooperativa. Hasta los trabajadores hablaban de la estrategia y del devenir de las empresas como si fueran suyas.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, en cambio, una parte de la izquierda del mundo occidental se ha vuelto reticente a construir. Se trata de un fen&oacute;meno que recibe el nombre de &ldquo;Nimbyism&rdquo; (por las siglas de &ldquo;Not In My Back Yard&rdquo;, es decir, &ldquo;no en mi patio trasero&rdquo;) y que comenz&oacute; a describirse en Estados Unidos hace una d&eacute;cada. Hoy se ha vuelto global y llama a nuestra puerta.
    </p><p class="article-text">
        Podemos, por ejemplo, lleva mucho tiempo <a href="https://www.eldiario.es/politica/pp-vox-junts-tumban-decreto-gobierno-evitar-nuevo-apagon-total_1_12484195.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">siendo un partido NIMBY</a> que se opone a construir vivienda y ha votado en varias ocasiones en contra de dar todo el impulso necesario a las energ&iacute;as renovables. Quiz&aacute;s por influencia de Irene Montero, esta semana Gabriel Rufi&aacute;n se ha subido al carro y ha afirmado que &ldquo;la soluci&oacute;n no es crear m&aacute;s viviendas, porque el especulador acumula y eso lo tiene que decir la izquierda de forma clara&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se ha producido este viaje? &iquest;Qu&eacute; est&aacute; impulsando este movimiento al proteccionismo de las opciones tradicionalmente progresistas?
    </p><p class="article-text">
        De entre todas las confusiones que contaminan el debate sobre la vivienda, la m&aacute;s perniciosa es la que pretende que las casas son un bien de mercado, como los ca&ntilde;ones o la mantequilla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nada m&aacute;s lejos de la realidad. No podr&iacute;an serlo. La condici&oacute;n de posibilidad para que exista un mercado de bienes es que puedan existir una oferta y una demanda libres. Y en este caso no se cumple.
    </p><p class="article-text">
        Las licencias de vivienda son un monopolio del Estado, que es quien determina d&oacute;nde, cu&aacute;ndo y cu&aacute;nto se puede construir. No solo esto, sino que tambi&eacute;n es el Estado el que ordena la demanda: es el que decide donde se instalar&aacute;n los polos industriales, los parques tecnol&oacute;gicos, las universidades, los hospitales y las grandes infraestructuras en torno a las cuales la poblaci&oacute;n necesita &ndash;no elige&ndash; vivir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s a&uacute;n: a trav&eacute;s de la aplicaci&oacute;n de incentivos o cargas fiscales, los estados tambi&eacute;n controlan los precios del parque inmobiliario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De manera que la vivienda no es un bien de mercado. Si queremos un s&iacute;mil, hay uno mucho mejor: las acciones de una empresa.
    </p><p class="article-text">
        Igual que las licencias de vivienda, las acciones de una empresa no son un bien, sino un t&iacute;tulo de propiedad. En ambos casos existe un &uacute;nico emisor que controla la oferta y, en gran medida, la demanda y el precio tambi&eacute;n. Y el valor de ambos t&iacute;tulos est&aacute; ligado a la entidad que tienen detr&aacute;s: bien la empresa o el pa&iacute;s en cuesti&oacute;n.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esto no es ninguna casualidad: se dise&ntilde;&oacute; as&iacute;. Distribuir la propiedad de los pa&iacute;ses mediante la vivienda en propiedad fue uno de los pilares del proyecto del Estado del Bienestar del siglo XX. La vivienda resultaba la inversi&oacute;n perfecta para que los estados repartieran entre sus ciudadanos los dividendos que, en &uacute;ltima instancia, generaban sus propias inversiones en infraestructura urbana.
    </p><p class="article-text">
        Tanto es as&iacute; que era muy habitual que los pol&iacute;ticos se refirieran a la creaci&oacute;n masiva de inmuebles como un reparto de las &ldquo;participaciones&rdquo; en un pa&iacute;s: como un veh&iacute;culo de inversi&oacute;n en la sociedad misma.
    </p><p class="article-text">
        Por esta raz&oacute;n el problema de la vivienda no es habitacional, sino de reparto de la riqueza, se trata de la distribuci&oacute;n del capital y de las inversiones de un pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y la brutal crisis que vivimos tiene una explicaci&oacute;n muy sencilla:
    </p><p class="article-text">
        En Europa, el 83% del parque se construy&oacute; antes de 1996. En particular, entre el final de la Segunda Guerra Mundial y finales del siglo XX se construyeron el 54% de los inmuebles que hay en la actualidad. En otras palabras: el 83% de las acciones de la Uni&oacute;n Europea se emitieron antes del cambio de siglo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como en cualquier empresa, esos accionistas originales no tienen incentivos para que se emitan m&aacute;s participaciones porque eso reducir&iacute;a el valor de las suyas (se diluir&iacute;an, como se dice en el argot financiero). Al contrario: si el pa&iacute;s sigue creciendo sin que aumente el n&uacute;mero de acciones (de licencias), est&aacute;s valdr&aacute;n m&aacute;s de forma autom&aacute;tica, sin que su due&ntilde;o tenga que hacer nada por mejorarla.
    </p><p class="article-text">
        Por la misma raz&oacute;n, los propietarios del suelo tampoco tienen incentivos para edificar. Porque construir les obliga, tarde o temprano, a vender y cerrar una posici&oacute;n que, de mantenerse abierta, seguir&iacute;a generando valor de forma indefinida y sin esfuerzo alguno. El suelo sin edificar es, en este sentido, la acci&oacute;n perfecta: no da trabajo, no paga impuestos y se revaloriza sola.
    </p><p class="article-text">
        Si los gobiernos hoy han perdido cualquier inter&eacute;s en desarrollar m&aacute;s de nada, y la urbanizaci&oacute;n de nuevos terrenos se ha vuelto un v&iacute;a crucis que puede llevar d&eacute;cadas, no es como se suele decir, porque exista mucha burocracia. La burocracia es la misma para todo y otros temas avanzan mucho m&aacute;s r&aacute;pido en la administraci&oacute;n. Es que se han vuelto NYMBYs. Es que esos &ldquo;accionistas&rdquo; son una masa inmensa y muy influyente de votantes cuyo inter&eacute;s cae del lado de cobrar dividendos, no de emitir m&aacute;s acciones.
    </p><p class="article-text">
        Al contrario, para solucionar el problema de la vivienda hace falta construir. No solo en los &iacute;nfimos suelos que est&aacute;n urbanizados pero pendientes de construir y bloqueados por los promotores en espera de que se sigan revalorizando. Hay que densificar las ciudades, como ha propuesto recientemente Salvador Illa. Cambiar los barrios, aprovechar para hacer una necesaria rehabilitaci&oacute;n energ&eacute;tica de los edificios y para instalar m&aacute;s energ&iacute;as renovables. Por supuesto que tambi&eacute;n hay que poner coto a la especulaci&oacute;n -por ejemplo, prohibiendo la compra por extranjeros de acciones de tu propio pa&iacute;s. Pero el mensaje que es necesario lanzar para que baje el precio de las &ldquo;acciones&rdquo; solo puede ser uno: y es que este pa&iacute;s siempre va a estar comprometido con que todas las generaciones accedan al capital com&uacute;n en las mismas condiciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo lo dem&aacute;s, es NIMBYsm.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/rufian-montero-tentacion-nymby_129_13146133.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Apr 2026 20:44:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Rufián, Montero y la tentación NIMBY]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Réquiem por una civilización]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/requiem-civilizacion_129_13127311.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/991e1054-fe5f-41a9-8cd1-746458344d83_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Réquiem por una civilización"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La civilización que está muriendo es la nuestra: la occidental. Y es muy probable que tenga todo el sentido que sea así, porque ya no estamos en un mundo unipolar donde un solo actor hace y deshace</p></div><p class="article-text">
        Yo no s&eacute; por qu&eacute; tenemos esta man&iacute;a de pensar que Trump nunca cumple sus promesas. El martes, sin ir m&aacute;s lejos, prometi&oacute; que destruir&iacute;a una civilizaci&oacute;n para que no regresara jam&aacute;s y lo hizo: la civilizaci&oacute;n occidental hoy est&aacute; muerta. No va a recuperarse de los golpes mortales que le ha ido infligiendo, con machacona insistencia, el <em>establishment</em> pol&iacute;tico y econ&oacute;mico de los Estados Unidos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Digo el <em>establishment</em> porque ya es hora de que hablemos de las cosas por lo que son. Trump es una persona. No es todopoderoso. Existen en la constituci&oacute;n americana mecanismos suficientes para sacar a un demente de la presidencia del gobierno. Los militares que, para sorpresa de nadie, tienen m&aacute;s arrestos que los CEO del Nasdaq, le montaron una algarada el domingo que acab&oacute; con doce inspectores generales despedidos por no doblegarse al disparate al que nos quer&iacute;a conducir. No tengo ninguna duda de que, si no ha habido m&aacute;s ataques indiscriminados, es porque la resistencia que se est&aacute; encontrando en el Ej&eacute;rcito es feroz.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tampoco es que no tenga oposici&oacute;n interna. El presidente de la Reserva Federal hace meses que le planta cara y el martes varios l&iacute;deres MAGA muy relevantes pidieron a las fuerzas armadas que desobedecieran sus &oacute;rdenes ilegales y que el presidente fuera relegado del cargo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero ning&uacute;n congresista republicano se sum&oacute; a la iniciativa. Ni tampoco abrieron el boquino los empresarios cuyos intereses se ver&aacute;n perjudicados por la previsible escasez de gas y petr&oacute;leo que el cierre del estrecho de Ormuz va a producir. Al contrario, el <em>runrun</em> que recorre los mentideros del dinero americano es que la crisis de suministro que amenaza con producir hambrunas en Asia y &Aacute;frica por falta de fertilizantes a <a href="http://ee.uu" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">EE.UU</a>. le va a venir bien, porque el pa&iacute;s es exportador neto de crudo. As&iacute; que el martes, en mitad de las amenazas de guerra nuclear y cr&iacute;menes de guerra, la bolsa americana dorm&iacute;a pl&aacute;cidamente: plana, inmutable.
    </p><p class="article-text">
        Lo que estamos viviendo es el &uacute;ltimo episodio de una larga serie en la que el <em>establishment</em> econ&oacute;mico americano &mdash;y, en parte, tambi&eacute;n global&mdash; se ha ido convenciendo de que eso de ser el guardi&aacute;n &mdash;militar, monetario, diplom&aacute;tico&mdash; del mundo, a EE.UU. no le renta. Y cada vez son m&aacute;s las voces que sostienen que es insostenible: que la deuda p&uacute;blica se ha disparado hasta niveles hist&oacute;ricos para financiar ese papel, que mantener el orden global exige un gasto militar y diplom&aacute;tico desproporcionado y que, en &uacute;ltima instancia, son otros pa&iacute;ses los que se benefician de ese esfuerzo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Trump es el <em>poster child </em>de ese consenso que se ha ido fraguando. Los aranceles, esa idea &ndash;sin sentido&ndash; de que el estado de las balanzas comerciales es una especie de deuda que unos pa&iacute;ses tienen con otros o el empe&ntilde;o en que los pa&iacute;ses europeos aumenten su gasto militar para &ldquo;pagar su parte&rdquo; de la OTAN son las manifestaciones de esa voz interna que no deja de gritar que EEUU se ha cansado de liderar el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Por eso el <em>establishment</em> de <a href="http://ee.uu" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">EE.UU</a>. ha decidido que Trump le conviene. Con que las bolsas sigan subiendo y los impuestos sigan bajando, ya puede arder Roma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los dem&oacute;cratas, por desgracia, tampoco se han vacunado contra ese virus. Y ahora que anticipan que el partido republicano va a implosionar, quiz&aacute; para siempre, han decidido que es mucho mejor tener perfil bajo y esperar a ver pasar el ata&uacute;d con el cad&aacute;ver de su adversario.
    </p><p class="article-text">
        Con estas mimbres, lo m&aacute;s probable es que el pr&oacute;ximo gobierno de <a href="http://ee.uu" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">EE.UU</a>. mantenga esta tendencia al repliegue internacional. Que sea, como ha ocurrido en el Reino Unido despu&eacute;s de Boris Johnson, una cosa blanda, mediopensionista, que no se atrever&aacute; a enfrentar las causas reales de los problemas del pa&iacute;s y arrastrar&aacute; a&ntilde;os de conflictos, incapaz de crear una nueva promesa para Occidente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estados Unidos es un imperio fallido. Trump pasar&aacute;. Pero las tendencias sociales y pol&iacute;ticas que lo han tra&iacute;do hasta aqu&iacute; &ndash;el fracaso estrepitoso de su modelo social, la quiebra del &ldquo;sue&ntilde;o americano&rdquo;, el declive de su industria, la frustraci&oacute;n de la poblaci&oacute;n y la percepci&oacute;n de decadencia&ndash; son incompatibles con el liderazgo de la econom&iacute;a y la pol&iacute;tica global.
    </p><p class="article-text">
        No tengo ninguna duda de que, en la pr&oacute;xima d&eacute;cada, las universidades americanas dejar&aacute;n de liderar la investigaci&oacute;n, su diplomacia empezar&aacute; a ser recibida con resignaci&oacute;n en las embajadas, la cooperaci&oacute;n internacional se reorganizar&aacute; y Europa tendr&aacute; su propia estrategia militar y de seguridad. La &ldquo;inteligencia artificial&rdquo; ser&aacute; la &uacute;ltima de las innovaciones que nacer&aacute; en suelo americano. Sin rumbo, las estructuras que hab&iacute;an ordenado nuestro mundo durante los &uacute;ltimos 75 a&ntilde;os se ir&aacute;n desmoronando.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La civilizaci&oacute;n que est&aacute; muriendo es la nuestra: la occidental. Y es muy probable que tenga todo el sentido que sea as&iacute;, porque ya no estamos en un mundo unipolar donde un solo actor hace y deshace.
    </p><p class="article-text">
        Ocurre que los momentos en los que se deshace un orden son tambi&eacute;n los &uacute;nicos en los que puede construirse otro. Y eso abre espacios para nuevas alianzas que antes eran impensables. Ah&iacute; est&aacute;n ya, emergiendo, esas &ldquo;coaliciones de los dispuestos&rdquo;: acuerdos entre pa&iacute;ses que comparten valores y objetivos, m&aacute;s all&aacute; de la geograf&iacute;a y de los viejos bloques. O la posibilidad &mdash;hoy remota, pero por primera vez imaginable&mdash; de corregir errores hist&oacute;ricos como el Brexit y reconstruir una Europa m&aacute;s coherente y m&aacute;s fuerte.
    </p><p class="article-text">
        Me tachar&aacute;n de optimista, pero &iquest;y si esto no fuera un drama, sino una oportunidad?&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/requiem-civilizacion_129_13127311.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Apr 2026 20:59:46 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En el 250 aniversario de la biblia del mundo contemporáneo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/250-aniversario-biblia-mundo-contemporaneo_129_13115898.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b343cf06-dacb-4cd5-be19-923fa263b874_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En el 250 aniversario de la biblia del mundo contemporáneo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Necesitamos una nueva biblia como lo fue 'La riqueza de las naciones' de Adam Smith. Nos hemos quedado sin un mito que explique el mundo y necesitamos un nuevo relato que llegue allá donde no llegó un profesor de filosofía moral del año 1776</p></div><p class="article-text">
        Adam Smith naci&oacute;, en el a&ntilde;o 1723, en el coraz&oacute;n de una pregunta: &iquest;C&oacute;mo se organiza una sociedad de extra&ntilde;os?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Kirkcaldy era un pueblito min&uacute;sculo en la costa del Mar del Norte. A pocos kil&oacute;metros, en la orilla opuesta del fiordo de Forth, Edimburgo se estaba convirtiendo en una suerte de improvisada ciudad de los rascacielos. Encaramada en un risco diminuto sin espacio f&iacute;sico para crecer, la capital se hab&iacute;a visto arrasada por sucesivas oleadas migratorias que hab&iacute;an duplicado su poblaci&oacute;n a una velocidad vertiginosa. Sin otra posibilidad, los reci&eacute;n llegados hab&iacute;an ido convirtiendo la urbe en un experimento chiflado de chabolismo vertical: sobre los antiguos edificios medievales hab&iacute;an ido levantando planta tras planta hasta alcanzar las diez, doce, incluso catorce alturas a base de precarias estructuras de madera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para cuando Smith tuvo edad de comprender lo que estaba ocurriendo, cerca de 60.000 personas se hacinaban en medio kil&oacute;metro cuadrado &mdash;algo as&iacute; como cinco veces la densidad de una ciudad moderna&mdash; y aquellas estructuras hab&iacute;an empezado a ceder. Los muros se arqueaban, los cimientos se desplazaban, y no era raro que inmuebles enteros se vinieran abajo de la noche a la ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        Como los edificios de la Royal Mile, tambi&eacute;n las estructuras que ordenaban la sociedad escocesa de finales del siglo XVIII empezaban a resquebrajarse bajo la presi&oacute;n de la urbanizaci&oacute;n y la industrializaci&oacute;n. Y es que en aquellos a&ntilde;os en el sur de Escocia se estaba fraguando la transformaci&oacute;n de la experiencia humana m&aacute;s importante &ndash;y m&aacute;s infravalorada&ndash; de la historia reciente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1750 hab&iacute;a, quiz&aacute;, cinco o seis ciudades de m&aacute;s de 100.000 habitantes en Europa: Londres, Par&iacute;s, Viena, N&aacute;poles y Madrid. Fuera de ellas, la pr&aacute;ctica totalidad de la poblaci&oacute;n del mundo a&uacute;n viv&iacute;a, como hab&iacute;an hecho sus antepasados durante milenios, en grupos tan peque&ntilde;os que era posible tener un conocimiento &iacute;ntimo de todos los vecinos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esas comunidades, cada persona sab&iacute;a no solo qui&eacute;n era qui&eacute;n, sino tambi&eacute;n qui&eacute;nes hab&iacute;an sido sus padres y sus abuelos y cu&aacute;ntas veces su estirpe hab&iacute;a estado vinculada o hab&iacute;a entrado en conflicto con otra. Todo el mundo pod&iacute;a juzgar por s&iacute; mismo si alguien era confiable o no, si representaba un peligro, cu&aacute;l era su estatus y si val&iacute;a la pena su tiempo. Donde no llegaba ese conocimiento, las iglesias hab&iacute;an asumido el papel de ordenante de la vida en com&uacute;n. As&iacute; que los mecanismos que durante milenios nos hab&iacute;an permitido comprender las sociedades humanas segu&iacute;an, hasta finales del siglo XVIII, pr&aacute;cticamente intactos.
    </p><p class="article-text">
        Pero entonces los terratenientes escoceses comenzaron a promover las <em>enclosure acts</em>, unas leyes que prohib&iacute;an a los campesinos usar los pastos comunes que hasta entonces hab&iacute;an sido la base de su subsistencia. Privados de su forma de vida, miles de personas se vieron obligadas a desplazarse a las ciudades.
    </p><p class="article-text">
        Esas ciudades empezaron a convertirse en arrabales donde todo el mundo era nuevo y desconocido. Por primera vez en la historia, los grupos humanos superaban los l&iacute;mites de lo que pod&iacute;a entenderse desde la cognici&oacute;n individual y no ten&iacute;an ni iglesia, ni tradici&oacute;n a la que agarrarse para entender lo que estaba ocurriendo. As&iacute; surgi&oacute; un desaf&iacute;o completamente in&eacute;dito: &iquest;c&oacute;mo comprender a alguien que no conoces? &iquest;C&oacute;mo saber si puedes confiar en otra persona sin tener una referencia directa y personal? &iquest;C&oacute;mo transmitir tu propio estatus o reconocer el de alguien a quien nunca has visto?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese escenario, la religi&oacute;n ya no era capaz de contestar esas preguntas. Ni pod&iacute;a seguir dando forma al mundo, ni sostener el orden social. Sus preceptos &mdash;no solo su manera de entender el tiempo y el espacio, sino, sobre todo, su funci&oacute;n como arquitectura invisible de la vida en com&uacute;n&mdash; comenzaban a desmoronarse.
    </p><p class="article-text">
        La obsesi&oacute;n de Smith, como la de tantos de sus contempor&aacute;neos, era la de sustituir esas premisas: encontrar los fundamentos de la naturaleza humana y las reglas que nos gobiernan para crear un mantra universal que ordenase la sociedad que estaba naciendo.
    </p><p class="article-text">
        Y es que, por m&aacute;s que la Historia se haya empe&ntilde;ado en presentarlo as&iacute;, Adam Smith no era un economista. La econom&iacute;a ni siquiera exist&iacute;a en aquel momento como disciplina. Lo m&aacute;s cercano era la &ldquo;econom&iacute;a pol&iacute;tica&rdquo;, que se ocupaba principalmente del gasto p&uacute;blico y de la recaudaci&oacute;n. Y la creencia general es que era el Estado el que produc&iacute;a la riqueza de las naciones. Smith, sin embargo, era profesor de filosof&iacute;a moral y su ambici&oacute;n era ofrecer un marco para orientar la conducta de sus contempor&aacute;neos. La econom&iacute;a, podr&iacute;amos aventurar, fue el artefacto que se invent&oacute; para convencernos de que aquel manual ten&iacute;a alg&uacute;n sentido.
    </p><p class="article-text">
        Y <em>La riqueza de las naciones</em> no es un tratado t&eacute;cnico, sino algo mucho m&aacute;s poderoso: es una f&aacute;bula. Un relato sobre esa sociedad naciente. Un mito fundacional que vino a sustituir a la religi&oacute;n. Como todos los mitos fundacionales, no tuvo &eacute;xito porque fuera literalmente cierto, sino porque result&oacute; extraordinariamente eficaz. Con un libro, Smith proporcion&oacute; un andamiaje intelectual sobre el que se termin&oacute; por levantar una civilizaci&oacute;n entera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El relato dec&iacute;a algo as&iacute;: la riqueza de las naciones no depende de lo que poseen, sino del trabajo que son capaces de movilizar. Pero hay algo desconcertante: en todas partes las personas trabajan, y sin embargo unas sociedades prosperan mientras otras se estancan. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la diferencia?, se preguntaba Smith. Y su respuesta era tan simple como revolucionaria: en la organizaci&oacute;n del trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Un artesano, trabajando por su cuenta, pod&iacute;a hacer un producto al d&iacute;a, quiz&aacute; dos. Pero en una cadena de montaje pod&iacute;a hacer miles. La riqueza de los pa&iacute;ses depend&iacute;a de lo bien que se organizasen. Y para organizarse, requer&iacute;an capital.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De manera que hay tres formas de contribuir a la sociedad: una, mediante sacrificio, aportando el ahorro que uno podr&iacute;a gastar en placeres superfluos; otra, con esfuerzo, entregando tiempo y trabajo; y la tercera, a trav&eacute;s de la capacidad de organizar, de poner en marcha estructuras que multipliquen la productividad. Los pa&iacute;ses que logren dominar estas tres dimensiones &mdash;ahorrar, trabajar y organizarse&mdash; ser&aacute;n los que prosperen y dejen atr&aacute;s a los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Este mito ten&iacute;a una ventaja extraordinaria en aquel momento hist&oacute;rico. El esfuerzo y el sacrificio, a diferencia de la devoci&oacute;n religiosa o de la fe, eran contables. Las horas de trabajo, las libras invertidas o ahorradas, pod&iacute;an anotarse en una hoja de c&aacute;lculo. De esta manera, el mito resolv&iacute;a ese gran problema de la sociedad que nac&iacute;a: c&oacute;mo valorar a las personas m&aacute;s all&aacute; de los v&iacute;nculos familiares, de la comunidad local y del fervor religioso. Smith ofrec&iacute;a un sistema universal para medir y guiar la conducta humana, un reemplazo secular para la autoridad moral que antes resid&iacute;a en la iglesia y en la tradici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; fue como el mito de Adam Smith sustituy&oacute; a la religi&oacute;n punto por punto, en todas sus facetas. Hab&iacute;a un dios &mdash;ya no en el cielo, sino en la organizaci&oacute;n del trabajo&mdash; que promet&iacute;a ganancias infinitas. Hab&iacute;a virtudes &mdash;el ahorro y el trabajo&mdash; que otorgaban el favor de ese dios. Y hab&iacute;a un infierno: la pobreza y la exclusi&oacute;n, el atraso en lugar del progreso, para quienes no cumpl&iacute;an los preceptos. Lo que uno val&iacute;a y lo que val&iacute;a el resto iba a quedar para siempre registrado en una gigantesca hoja de c&aacute;lculo que llamar&iacute;amos <em>econom&iacute;a</em>.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a hoy, 250 a&ntilde;os despu&eacute;s, vivimos palabra por palabra en ese mito. Las categor&iacute;as econ&oacute;micas que se ense&ntilde;an en la universidad (el trabajo y el capital como factores de la producci&oacute;n, la productividad, etc.) todav&iacute;a nacen de ese libro. Pero no solo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n le seguimos ense&ntilde;ando a nuestros hijos la importancia del esfuerzo. Igual que nos ense&ntilde;aron nuestros padres. Hasta nos machacamos en silencio cuando sentimos que &ldquo;no nos hemos esforzado lo suficiente&rdquo;. Por su parte, varias de las cat&aacute;strofes de la sociedad contempor&aacute;nea &ndash;como la crisis de la vivienda o la burbuja de las bolsas&ndash; se explican porque seguimos convencidos de que el ahorro es una actitud virtuosa que merece una recompensa (aunque no produzca valor y aunque no corra riesgos, que eran las cosas que se supon&iacute;a que hac&iacute;a el ahorro en el cuento de Smith).
    </p><p class="article-text">
        La crisis que atraviesa nuestra sociedad tambi&eacute;n se explica por las limitaciones de ese relato. Smith pensaba que el conocimiento era irrelevante, un subproducto de la actividad humana que no deb&iacute;a contarse. En varias ocasiones a lo largo del texto desprecia la contribuci&oacute;n de los obreros que inventaban mejoras para las m&aacute;quinas o de las profesiones que no contribu&iacute;an a mover la cadena de montaje. Y a pesar de que el dios de su historia &ndash;la divisi&oacute;n del trabajo&ndash; es una forma muy evidente de conocimiento, ni en sus planteamientos, ni en las ecuaciones que despu&eacute;s dieron forma a la econom&iacute;a de los siguientes 250 a&ntilde;os qued&oacute; reflejada esta faceta de la actividad humana salvo como un &ldquo;residuo&rdquo; que no se puede contar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, todo nuestro marco moral, que despu&eacute;s se refleja tambi&eacute;n en la arquitectura de la econom&iacute;a como ciencia, descansa sobre el esfuerzo e ignora sistem&aacute;ticamente la esencia de la actividad de los seres humanos: el conocimiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero resulta que hoy hemos superado esa necesidad de esfuerzo que ten&iacute;amos en el inicio de la Revoluci&oacute;n Industrial: vivimos en una era del conocimiento en la que el trabajo &ndash;en ese sentido de la aplicaci&oacute;n de la fuerza&ndash; cada vez es menos necesario para producir valor (y menos lo ser&aacute; a medida que avancen las energ&iacute;as renovables). Y, sin embargo, carecemos de herramientas para valorarlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La crisis del mundo moderno nace de esa carencia: necesitamos una nueva biblia. Nos hemos quedado sin un mito que explique el mundo y necesitamos un nuevo relato que llegue all&aacute; donde no lleg&oacute; un profesor de filosof&iacute;a moral del a&ntilde;o 1776. Uno que d&eacute; sentido a este tiempo nuevo y que nos empuje hacia adelante otros 250 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;--&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque sus casi 1.000 p&aacute;ginas pueden echar a alg&uacute;n lector para atr&aacute;s, <em>La riqueza de las naciones</em> es una lectura muy entretenida que se puede limitar a los tres primeros libros (unas 300 p&aacute;ginas). Hay una versi&oacute;n reducida <a href="https://archive.org/details/adam-smith-la-riqueza-de-las-naciones_202304/page/7/mode/2up" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en el dominio p&uacute;blico aqu&iacute;</a> que se puede encontrar tambi&eacute;n en <a href="https://www.amazon.es/riqueza-las-naciones-I-II-III-selecci%C3%B3n/dp/842065096X" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">libro de bolsillo de Alianza Editorial</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/250-aniversario-biblia-mundo-contemporaneo_129_13115898.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Apr 2026 20:16:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En el 250 aniversario de la biblia del mundo contemporáneo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Capitalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cinco claves para entender este loco mes de marzo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cinco-claves-entender-loco-mes-marzo_129_13094073.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0da021bb-79a7-4185-9f45-2b2c5ef04ffc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cinco claves para entender este loco mes de marzo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Somos una sociedad de sabios. Hemos construido los acuerdos políticos que nos han permitido vivir en paz. Y podemos construir otros. Tenemos la inteligencia y la capacidad para salir adelante y encontrar soluciones a los problemas que nos vamos a encontrar</p></div><p class="article-text">
        <strong>Uno. Donald Trump est&aacute; de salida.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por m&aacute;s que asuste su comportamiento err&aacute;tico y la sensaci&oacute;n de que cada d&iacute;a nos despierta con una nueva amenaza m&aacute;s terrible que la anterior, hoy es evidente que el trumpismo, como propuesta pol&iacute;tica, ha fracasado y est&aacute; de salida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Trump no ha conseguido consolidar una alianza estable con una base de votantes, que es el requisito de cualquier fuerza pol&iacute;tica necesita para sostenerse en el tiempo. Su apoyo electoral est&aacute; <a href="https://www.nytimes.com/interactive/polls/donald-trump-approval-rating-polls.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en ca&iacute;da libre</a> y se resiente incluso <a href="https://edition.cnn.com/2026/03/20/politics/donald-trump-supporters-iran-war" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entre sus fieles</a>. Tampoco parece que en el Partido Republicano haya mucho entusiasmo con el presidente. Este a&ntilde;o se retiran 35 congresistas y senadores republicanos, un r&eacute;cord hist&oacute;rico.
    </p><p class="article-text">
        En noviembre hay elecciones al congreso y al senado en EEUU. Hace m&aacute;s o menos un a&ntilde;o que la <a href="https://www.nytimes.com/interactive/polls/congressional-vote-2026.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pr&aacute;ctica totalidad de las encuestas</a> le dan la victoria a los dem&oacute;cratas (pese a que tampoco se puede decir que hayan hecho mucho por merecerlo). Y lo que es peor: su repertorio personal de medidas &ndash;como los aranceles, las deportaciones y los recortes del gasto social&ndash; se ha agotado. A Trump ya solo le queda seguir en una huida, cada vez m&aacute;s desesperada, hacia adelante. Su &uacute;nica promesa es el caos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esta tesitura, lo que veremos en los pr&oacute;ximos meses es c&oacute;mo los pesos pesados del partido republicano, del ej&eacute;rcito y de la administraci&oacute;n le van abandonando. &Eacute;l, probablemente cada vez m&aacute;s iracundo, se volver&aacute; todav&iacute;a m&aacute;s irracional y, quiz&aacute;, m&aacute;s violento. Pero es muy probable que, a medida que vaya perdiendo el apoyo del establishment, tambi&eacute;n se vaya volviendo cada vez m&aacute;s ineficaz en la ejecuci&oacute;n de sus algaradas y empiece a parecer un abuelito demente. Algo de esto ya le ocurri&oacute; en la primera legislatura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La clave van a ser las cuentas con la justicia que les van a quedar a muchos de sus colaboradores despu&eacute;s de este viaje. Trump se ha saltado la ley tantas veces que hemos perdido la cuenta, pero en los juzgados ha quedado un rastro que ahora tendr&aacute; que ir exigiendo responsabilidades. Quienes est&eacute;n en peligro de acabar en el trullo tendr&aacute;n muchos incentivos para intentar que Trump siga en el poder, mientras que quienes se hayan quedado al margen de sus tropel&iacute;as tendr&aacute;n inter&eacute;s en no pringarse en el &uacute;ltimo minuto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dos. La burbuja de la IA ya ha pinchado.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por m&aacute;s que no se haya contado as&iacute;, los n&uacute;meros hablan por s&iacute; solos. Las bolsas americanas llevan meses planas o en ca&iacute;da. El NASDAQ acumula p&eacute;rdidas del 10% desde octubre, mientras que el S&amp;P 500 cede un 11% desde sus m&aacute;ximos de enero. En otro contexto, estas cifras ser&iacute;an explicables. Pero lo verdaderamente desconcertante es el contexto en el que se producen: no en medio de una recesi&oacute;n, ni de un esc&aacute;ndalo corporativo, sino justo cuando las grandes tecnol&oacute;gicas est&aacute;n publicando los mejores resultados de su historia.
    </p><p class="article-text">
        El caso de NVIDIA es paradigm&aacute;tico &mdash; y quiz&aacute;s el m&aacute;s revelador de todos. La compa&ntilde;&iacute;a, cuya capitalizaci&oacute;n de mercado supera ya el PIB del Reino Unido, se ha convertido en el s&iacute;mbolo por excelencia de la fiebre inversora en inteligencia artificial. Sus chips son la columna vertebral sobre la que se construye toda la infraestructura de la IA moderna, desde los modelos de OpenAI hasta los centros de datos de Microsoft, Google y Amazon.
    </p><p class="article-text">
        Las dos &uacute;ltimas veces que NVIDIA present&oacute; resultados, las cifras fueron, sencillamente, de otro planeta. En su &uacute;ltimo trimestre, la compa&ntilde;&iacute;a report&oacute; unos ingresos de 39.300 millones de d&oacute;lares &mdash; un crecimiento interanual del 78% &mdash; y un beneficio neto que casi triplic&oacute; al del mismo periodo del a&ntilde;o anterior. Su divisi&oacute;n de centros de datos, el motor que alimenta la demanda de IA, ingres&oacute; sola m&aacute;s de 35.000 millones de d&oacute;lares en un &uacute;nico trimestre. Son unos n&uacute;meros que habr&iacute;an parecido ciencia ficci&oacute;n hace apenas tres a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo, las dos veces, sus acciones cayeron a continuaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Para estupor de cualquiera, esta combinaci&oacute;n de unos resultados extraordinarios seguidos de una ca&iacute;da del precio de las acciones se ha convertido en la t&oacute;nica general de la bolsa americana: le ha ocurrido igual a Oracle, Microsoft o Meta, entre otros. &iquest;C&oacute;mo puede ser?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando unos resultados extraordinarios ya no son suficientes para sostener el precio de una acci&oacute;n, es porque est&aacute;n perdiendo fuerza por alguna parte. La burbuja de la IA ya ha pinchado, solo que no ha sido una ruptura de aguas violenta y s&uacute;bita, sino una fisura de las que provocan que una parturienta vaya perdiendo, a lo largo de un periodo de tiempo, l&iacute;quido amni&oacute;tico. Una parte de los inversores est&aacute; saliendo &ndash;&ldquo;rotando&rdquo;, en el argot&ndash;, de las inversiones en IA pese a que los extraordinarios resultados siguen atrayendo a otros inversores m&aacute;s incautos. Dar&aacute; igual. Por m&aacute;s que la sigan inflando, no dejar&aacute; de perder volumen. El mundo est&aacute; de parto. Y lo que sentimos son las contracciones.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tres. El emperador estaba desnudo.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando se desinfle el souffl&eacute; de la burbuja, descubriremos que eso que hemos llamado &ldquo;inteligencia artificial&rdquo; se parece mucho m&aacute;s al email que al ferrocarril. Es un software, un protocolo, una forma de conocimiento que puede replicarse y emplearse de forma universal &mdash; por infinitas personas a la vez, sin que compitan entre s&iacute; por su uso. Y precisamente por eso, aunque cumpla su promesa de aumentar exponencialmente la productividad &mdash; como lo hizo el e-mail &mdash;, nunca podr&aacute; generar el tipo de crecimiento que produjo el ferrocarril. Porque este &uacute;ltimo era un bien escaso que se pod&iacute;a intercambiar en r&eacute;gimen cuasi monopol&iacute;stico y la IA no lo es.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Alguien recordar&aacute;, entonces, algo que es una evidencia de la teor&iacute;a econ&oacute;mica. Y es que la productividad, por s&iacute; sola, no produce crecimiento. Da igual cu&aacute;n productivo sea uno, si no tiene a quien venderle el resultado de su producci&oacute;n. Para crear crecimiento hace falta vender. O lo que es lo mismo, tener algo que los dem&aacute;s quieran y a lo que no puedan acceder, salvo compr&aacute;ndolo.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cuatro. La m&uacute;sica est&aacute; a punto de terminarse.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de tres a&ntilde;os y medio de inflar el globo, en los pr&oacute;ximos meses llegar&aacute; la hora de la verdad: las salidas a bolsa de las grandes empresas de la IA. SpaceX (la f&aacute;brica de cohetes de Elon Musk, que se fusion&oacute; con el antiguo Twitter reconvertido en xAI al olor de la sardina), pretende salir al parque con una valoraci&oacute;n de 1.75 billones de d&oacute;lares. OpenAI y Anthropic, las otras dos grandes &ldquo;startups&rdquo; del sector que a&uacute;n no cotizan, esperan ser valoradas, en conjunto, en 1,25 billones m&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nunca, en la historia, se hab&iacute;a producido una salida a bolsa tan inmensa. Para cubrir el 25% de esas valoraciones, har&iacute;an falta 1,2 billones de d&oacute;lares. El consenso de los analistas (no conozco ni una sola voz en contra) es que no existe en el mundo suficiente liquidez (o sea, suficiente dinero) para comprar las nuevas acciones de estas empresas sin que se desplome la cotizaci&oacute;n del resto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por comparar, en 2025 &ldquo;<a href="https://www.ey.com/en_gl/insights/ipo/trends" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">1.293 salidas a bolsa</a> recaudaron 171.800 millones de d&oacute;lares a nivel mundial&rdquo; y eso ya representaba un aumento del 40% respecto a 2024. Esto es, el a&ntilde;o pasado, las salidas a bolsa no llegaron al 15% de lo que ser&iacute;a necesario para sacar adelante estas operaciones.
    </p><p class="article-text">
        Las cifras son tan mareantes, ese mundo est&aacute; tan borracho de expectativas, que cada vez cuesta m&aacute;s tom&aacute;rselo en serio. Resulta imposible distinguirlo de la trayectoria pirada de un lud&oacute;pata.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, a falta de un milagro, lo que va a ocurrir es que alguna de esas IPOs no va a llegar a buen puerto. Quiz&aacute; ninguna de las tres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cinco. Es la madre de todas las burbujas</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando alguna de las grandes IPOs del sector fracase &ndash;si no antes, por ejemplo, cuando alguien se dedique a <a href="https://www.wheresyoured.at/where-is-openais-money-going/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mirar seriamente los n&uacute;meros de OpenAI</a>&ndash; resultar&aacute; evidente que toda esta deriva que lleva empujando a las empresas tecnol&oacute;gicas desde 2020 ha sido una monstruosa burbuja que ha ido avanzando de <em>hype</em> en <em>hype</em> (la realidad virtual, el metaverso, las criptomonedas, los coches aut&oacute;nomos y un largo etc&eacute;tera) hasta hoy. Y terminar&aacute; de explotar.
    </p><p class="article-text">
        Y si nos paramos a observar con detenimiento, descubriremos que este no es un fen&oacute;meno aislado, sino que es el tercer acto de una &uacute;nica burbuja que lleva hinch&aacute;ndose 25 a&ntilde;os. Comenz&oacute; en 2000, cuando la Reserva Federal americana respondi&oacute; al colapso de las puntocom tirando los tipos de inter&eacute;s e inundando el mundo de dinero barato. Sigui&oacute; en 2008, cuando a las tensiones en la deuda soberana los bancos centrales contestaron que har&iacute;an &ldquo;whatever it takes&rdquo; para proteger la estabilidad financiera de sus pa&iacute;ses. Otra monta&ntilde;a de liquidez. Y continu&oacute; con nuevos est&iacute;mulos monetarios y econ&oacute;micos en el COVID y despu&eacute;s durante la invasi&oacute;n de Ucrania.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Llevamos un cuarto de siglo insuflando ox&iacute;geno al cad&aacute;ver de una econom&iacute;a que hace mucho tiempo que no respira y que no conseguimos reanimar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y una idea para la esperanza: no es el fin del mundo (es el principio).</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me doy cuenta de que todas estas noticias marean. Y que a veces dan un miedo y una sensaci&oacute;n de p&eacute;rdida de control horrible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La manera de no perder el norte es darse cuenta de que este aparente colapso de todo lo que nos rodea es un espejismo. Lo que est&aacute; quebrando no es la sociedad. Lo que tiembla es un proyecto econ&oacute;mico concreto en el que hemos vivido los &uacute;ltimos 25 a&ntilde;os y que no ha funcionado.
    </p><p class="article-text">
        Nuestro tiempo es heredero de los consensos que se alcanzaron tras la Segunda Guerra Mundial. Entonces, una generaci&oacute;n de occidentales se propuso encarar la reconstrucci&oacute;n de un mundo devastado con una tarea adicional: incluir a la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n en los dividendos del progreso. Fueron unos a&ntilde;os extraordinarios; los mejores de la humanidad &ndash;hasta aquel momento. Al final de aquel ciclo, en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo, el mundo necesit&oacute; un nuevo desaf&iacute;o y se propuso crear una &ldquo;sociedad del conocimiento&rdquo; para el siglo XXI.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es una parte de ese experimento, ese de la &ldquo;econom&iacute;a del conocimiento&rdquo;, el que se est&aacute; resquebrajando. Por una raz&oacute;n muy simple: era un ox&iacute;moron; econom&iacute;a y conocimiento son dos conceptos antag&oacute;nicos, irreconciliables. La econom&iacute;a es la gesti&oacute;n de los bienes escasos y el conocimiento es nuestro bien abundante por definici&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De manera que, en el siglo XXI, a medida que el conocimiento ha ido avanzando, la econom&iacute;a ha ido retrocediendo. Ocurri&oacute; con la m&uacute;sica, con las pel&iacute;culas, con la informaci&oacute;n, con las tiendas f&iacute;sicas, con las oficinas bancarias, con decenas de profesiones y sectores profesionales. A medida que el conocimiento humano ha ido creciendo de la mano de las primeras generaciones que fueron a la universidad y de Internet, ha ido sustituyendo partes inmensas del sistema econ&oacute;mico que nos hab&iacute;a sostenido en el siglo XX.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy vemos el ejemplo m&aacute;s brutal en la inteligencia artificial: una forma de conocimiento que amenaza con acabar con millones de puestos de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;es esto de verdad una amenaza? &iquest;No fue siempre el objetivo final? &iquest;No era esto con lo que so&ntilde;&aacute;bamos? &iquest;Con liberarnos de la esclavitud de la escasez y del trabajo?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, las cosas que son relevantes para la vida humana, los indicadores que, dentro de 50 a&ntilde;os, dir&aacute;n si nuestro tiempo fue de progreso o de regresi&oacute;n, siguen marchando viento en popa. La ciencia sigue avanzando a paso de gigante en la curaci&oacute;n del c&aacute;ncer, del p&aacute;rkinson y del alzh&eacute;imer. Cada vez somos capaces de producir m&aacute;s con menos y, como resultado, seguimos acabando &ndash;aunque seguro que podr&iacute;amos ir mucho m&aacute;s deprisa&ndash; con la pobreza y la mortalidad infantil. En estos &uacute;ltimos a&ntilde;os tenemos otra raz&oacute;n para ser optimistas: el progreso alucinante de las energ&iacute;as renovables nos permite so&ntilde;ar con un mundo limpio de combustibles f&oacute;siles donde la energ&iacute;a es abundante.
    </p><p class="article-text">
        No es lo importante de la realidad lo que se tambalea: son nuestras creencias. Es el fin de un ciclo ideol&oacute;gico, de un sistema, que se lleva agotando desde hace 25 a&ntilde;os y est&aacute; en su fase ag&oacute;nica, en su &uacute;ltimo estertor, produciendo una tragedia detr&aacute;s de otra.
    </p><p class="article-text">
        Lo que se est&aacute; viniendo abajo son las normas del mundo antiguo. Pero si somos capaces de entenderlo de esa manera y mantenernos unidos, serenos y orientados, como hicimos durante la crisis del COVID, o durante la invasi&oacute;n de Ucrania, o durante la Guerra Mundial y la reconstrucci&oacute;n de Europa hace 75 a&ntilde;os, encontraremos que nunca fuimos m&aacute;s capaces de superar las dificultades que tenemos por delante que ahora.
    </p><p class="article-text">
        Somos una sociedad de sabios. Hemos construido los acuerdos pol&iacute;ticos que nos han permitido vivir en paz. Y podemos construir otros. Tenemos la inteligencia y la capacidad para salir adelante y encontrar soluciones a los problemas que nos vamos a encontrar. Por m&aacute;s salvaje que sea la crisis que est&aacute; por venir; por m&aacute;s bandazos que sigan dando los s&aacute;trapas en <a href="http://ee.uu" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">EEUU</a>, en Israel o en Rusia: si nos lo proponemos y le dedicamos el mejor de nuestros esfuerzos, no tenemos nada que temer.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cinco-claves-entender-loco-mes-marzo_129_13094073.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Mar 2026 20:59:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cinco claves para entender este loco mes de marzo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El mejor candidato de la izquierda es un programa para arreglar el problema de la vivienda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/mejor-candidato-izquierda-programa-arreglar-problema-vivienda_129_13090954.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d00bb5af-836e-49f4-95a5-efc88cea83f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El mejor candidato de la izquierda es un programa para arreglar el problema de la vivienda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La vivienda no es “un tema” es, junto con la idea de la participación social por el trabajo y las pensiones, el pilar sobre el que hemos construido esta sociedad</p></div><p class="article-text">
        En una trama que ha pasado a la historia del cine, Marty McFly se mete en un l&iacute;o c&oacute;smico cuando se sube al Delorean del Doctor Brown y aterriza, en 1955, treinta a&ntilde;os antes de su &eacute;poca y sin combustible suficiente para volver. Por si fuera poco, nada m&aacute;s llegar, Marty interfiere sin querer en el momento en que sus padres se conocieron por primera vez y, al hacerlo, rompe la cadena de eventos que deb&iacute;a llevarles a enamorarse. Si no consigue arreglarlo Marty est&aacute; perdido. Sus padres nunca se casar&aacute;n, y &eacute;l y sus hermanos nunca llegar&aacute;n a nacer.
    </p><p class="article-text">
        La manera en que Marty puede ver el tiempo de sus padres agot&aacute;ndose es una fotograf&iacute;a familiar que lleva encima. Una imagen de &eacute;l junto a sus hermanos en la que, a medida que el pasado se tuerce y su existencia peligra, las figuras empiezan a desvanecerse, como si nunca hubieran existido. Cuando los dedos de Marty comienzan a desaparecer, sabe que su tiempo se acaba.
    </p><p class="article-text">
        Como los Mcfly, la posibilidad de que siga existiendo un espacio a la izquierda del PSOE en el futuro se desvanece. Mientras tanto, unos cuantos centenares de cuadros intentan estos d&iacute;as, como Marty, mantener cosido un espacio com&uacute;n cada d&iacute;a m&aacute;s fr&aacute;gil para no terminar de borrarse de la foto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y no es por falta de talento. Ese espacio tiene un equipo t&eacute;cnico extraordinario y sus gabinetes de los ministerios, aunque est&aacute;n completamente absorbidos por el d&iacute;a a d&iacute;a de la gesti&oacute;n, se encuentran entre los mejores del gobierno. Adem&aacute;s, por primera vez en mucho tiempo existe una gran sinton&iacute;a entre los jefes de todos los partidos, y relaciones de amistad y confianza entre los dirigentes de todos los partidos desde hace d&eacute;cadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tampoco es que falten nombres para la papeleta: Bustinduy ser&iacute;a un buen l&iacute;der, como lo ser&iacute;a M&oacute;nica Garc&iacute;a. Ada Colau o Unai Sordo tambi&eacute;n podr&iacute;an hacer un papel. Lo que ocurre es que, como ocurre en Regreso al Futuro, los proyectos no se desvanecen por falta de un cuerpo que poner, sino porque se rompe la secuencia que les daba sentido. El cuerpo desaparece de la fotograf&iacute;a porque se ha roto la historia, el proyecto, la trayector&iacute;a que lo sosten&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por esta raz&oacute;n los pol&iacute;ticos son ideas, s&iacute;mbolos, encarnaciones de una visi&oacute;n de la sociedad. Y duran lo que dura ese proyecto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Felipe Gonz&aacute;lez encarn&oacute; la idea de la modernizaci&oacute;n de Espa&ntilde;a. Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Zapatero, la agenda de los derechos civiles. Aznar fue la cara de la liberalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a y, en estos a&ntilde;os, Yolanda Diaz ha representado una izquierda laboralista. Ha encarnado el sindicalismo y las demandas de los trabajadores. Por eso era una buena candidata: su personaje, su programa y su trayectoria eran muy buenos y estaban perfectamente alineados. Seguramente por eso ha tenido mucho &eacute;xito en esa funci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy la izquierda a la izquierda de la izquierda no est&aacute; vac&iacute;a de personas, est&aacute; vac&iacute;a de s&iacute;mbolos. Est&aacute; desnortada. Ya no sabe si es una izquierda verde, o laboralista, o populista, o todo a la vez. No le faltan personas, le falta un proyecto que encarnar para un espacio que, por no tener, ya no tiene ni forma de definirse m&aacute;s all&aacute; de su posicionamiento respecto del PSOE.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Andaban estos d&iacute;as los partidos de la izquierda a la izquierda de la izquierda como locos buscando candidato cuando, de pronto, el viernes, apareci&oacute; uno cuando menos lo esperaban: un plant&oacute;n en el Consejo de Ministros y una apuesta fuerte por el control de los precios del alquiler se hizo cuerpo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De repente, y aunque nadie sepa cu&aacute;l ser&aacute; el nombre en la papeleta, se llen&oacute; el espacio. Hoy nadie se pregunta para qu&eacute; sirve la izquierda a la izquierda de la izquierda ni qu&eacute; sentido tiene. Tiene este sentido. El de poner pie en pared contra la espiral especulativa que amenaza con convertirnos en una sociedad feudal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No deber&iacute;a darle ning&uacute;n miedo a ese grupo de partidos convertirse en eso que se llaman &ldquo;single-issue parties&rdquo;. La vivienda no es &ldquo;un tema&rdquo; es, junto con la idea de la participaci&oacute;n social por el trabajo y las pensiones, el pilar sobre el que hemos construido esta sociedad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Resolverlo requerir&aacute; una operaci&oacute;n quir&uacute;rgica de esas que duran horas y en las que participan muchos cirujanos: uno para sacar de la especulaci&oacute;n los suelos que no se han desarrollado, otro para plantear remodelaciones del urbanismo en las grandes ciudades, otro para buscar la equidad intergeneracional, otro para encontrar oportunidades de inversi&oacute;n alternativas que respalden la econom&iacute;a productiva, otro para arreglar la fiscalidad &ndash;sangrante&ndash; del sector, muchos para encontrar soluciones de urgencia mientras llegan las de largo plazo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y ocurre que a d&iacute;a de hoy ning&uacute;n partido tiene una propuesta ni pr&oacute;xima a resolver este problema que no deja de aumentar y que va a terminar por amenazar, muy pronto, la convivencia. Por no tener, no hay ni siquiera un consenso sobre c&oacute;mo deber&iacute;a ordenarse la vivienda en el siglo XXI. &iquest;A&uacute;n aspiramos a que todo el mundo sea propietario? &iquest;O nos parece bien que la mitad de la poblaci&oacute;n sea arrendataria y, la otra mitad, arrendadora? &iquest;Deber&iacute;an hacer todas las generaciones la misma tasa de esfuerzo para acceder a una vivienda?
    </p><p class="article-text">
        Resolver el problema de la vivienda bien vale un espacio pol&iacute;tico. Y el ejercicio de pensar c&oacute;mo hacerlo, de lanzar mensajes transformadores a la sociedad, de dibujar un futuro donde haya una vida buena para todo el mundo, tendr&iacute;a la potencia para llenar ese espacio. Y de sostenerlo hasta que los partidos decidan, ahora s&iacute;, con un programa, qui&eacute;n es el candidato que encarna esa visi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tanto que hasta podr&iacute;an dejar de definirse por su posici&oacute;n respecto del PSOE y empezar a ser una izquierda con nombre propio. Abundantista, por ejemplo.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/mejor-candidato-izquierda-programa-arreglar-problema-vivienda_129_13090954.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Mar 2026 21:39:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El mejor candidato de la izquierda es un programa para arreglar el problema de la vivienda]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Carta de una inquilina al presidente del Gobierno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/carta-inquilina-presidente-gobierno_129_13078334.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5d5c18a0-997d-497a-a335-cc9d38462925_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Carta de una inquilina al presidente del Gobierno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Cuánto tiempo pasará hasta que todas las personas como yo, que podemos trabajar desde donde queramos, nos demos cuenta de que viviríamos mejor en Londres, en Berlín, en París o en Viena que en España? ¿Cuánto tiempo hasta que no quede nada más en las ciudades que caseros, trabajadores precarios y turistas?</p></div><p class="article-text">
        Se&ntilde;or presidente, querido amigo,&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mi nombre es Mar&iacute;a &Aacute;lvarez. Quiz&aacute; le suene, porque en alg&uacute;n momento me hice <a href="https://x.com/ostraperlera/status/1784887000849379802" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un poco famosa opinando sobre usted</a>. O quiz&aacute; haya llegado hasta su resumen matinal de prensa alguna columna que <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/gobierno-progresista-bonificando-rentas-capital_129_12907897.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">he publicado sobre el &ldquo;perrismo&rdquo;</a> como sensibilidad pol&iacute;tica, o <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tiro-ministro-cuerpo_129_12891544.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sobre las &ndash;buenas&ndash; ideas de alguno de sus ministros</a>. Suelen ser esa clase de cosas las que traspasan los muros de los gabinetes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy le escribo por una cuesti&oacute;n personal. Ver&aacute;: resulta que he escrito un libro. Se llama &ldquo;Hijos del optimismo&rdquo; y trata de explicar c&oacute;mo la extensi&oacute;n universitaria de finales de los a&ntilde;os 90 y los 2000 produjo una gran transformaci&oacute;n de la sociedad global en el siglo XXI que todav&iacute;a no hemos sabido entender. Y que es esa metamorfosis la que est&aacute; detr&aacute;s de las turbulencias que vivimos hoy en la econom&iacute;a y en la pol&iacute;tica en todo el mundo. Hasta le envi&eacute; una copia, conf&iacute;o en que la haya recibido.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        'Hijos del optimismo' se presenta este jueves en Madrid. Y yo llevo quince d&iacute;as encerrada retorciendo las palabras, intentando encontrar la formulaci&oacute;n adecuada que me permita, en un tiempo muy breve, convencer a una audiencia que seguro que estar&aacute; &mdash;como estamos todos&ndash; asustada, triste y enfadada con el momento presente, no solo de que el mundo no est&aacute; tan mal como parece, sino que incluso estamos viviendo un momento de inmensa oportunidad que no podemos dejar pasar.
    </p><p class="article-text">
        El martes por la tarde, a &uacute;ltima hora, mientras mis hijos ve&iacute;an el f&uacute;tbol en el sal&oacute;n, yo estaba encerrada en la cocina, absorta frente a la pantalla del ordenador, d&aacute;ndole vueltas a todo esto, cuando recib&iacute; un mensaje en el m&oacute;vil. Era mi casera:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Hola Mar&iacute;a,
    </p><p class="article-text">
        Espero que est&eacute;s bien.
    </p><p class="article-text">
        Te escribo porque en agosto se cumplen cinco a&ntilde;os desde la firma del contrato de alquiler de la vivienda. Como sabes, en este momento corresponde revisar las condiciones, ya que el contrato llega a su vencimiento.
    </p><p class="article-text">
        Durante este tiempo, el mercado de alquiler ha experimentado cambios relevantes, por lo que actualizar&eacute; la renta para ajustarla a los precios actuales de la zona. En concreto, la nueva renta ser&iacute;a de 1.800 euros mensuales.
    </p><p class="article-text">
        Quer&iacute;a coment&aacute;rtelo con la debida antelaci&oacute;n &mdash;m&aacute;s de cuatro meses&mdash; para que puedas valorarlo con tranquilidad. Por supuesto, estoy disponible para comentarlo contigo.
    </p><p class="article-text">
        Quedo pendiente de tus comentarios.
    </p><p class="article-text">
        Un saludo,
    </p><p class="article-text">
        M&oacute;nica&ldquo;
    </p><p class="article-text">
        Ocurre, como se habr&aacute; dado cuenta, que mis hijos y yo somos una de las 300.000 familias afectadas por el efecto cascada de la pr&oacute;rroga de los contratos de alquiler que se aprob&oacute; en la pandemia. As&iacute; que, cuando llegue el mes de agosto, tendremos que hacer las maletas e irnos (otra vez) de nuestra casa.
    </p><p class="article-text">
        Con todo, nosotros no somos, ni de lejos, los m&aacute;s afectados por esta tragedia que tenemos en ciernes. Yo soy empresaria, gano mucho dinero, bien por encima del percentil 90 de renta. Podremos mudarnos dos, tres o cuatro barrios m&aacute;s lejos para no tener que asumir una subida del alquiler del 35%, como propone mi casera, sino quiz&aacute; &ldquo;solo&rdquo; del 10%, con una casera nueva. Por desgracia, no podr&aacute;n decir lo mismo que yo quienes ya est&aacute;n al borde de la zona en la que pueden vivir sin pagar un precio demasiado alto en desplazamientos, ni quienes simplemente no tendr&aacute;n alternativa habitacional.
    </p><p class="article-text">
        Pero si bien yo no soy el mejor ejemplo del problema habitacional que tenemos, s&iacute; que soy un gran exponente de algo que es todav&iacute;a peor, y es que para la gente de mi generaci&oacute;n, y de las siguientes, no hay c&oacute;mo tener &eacute;xito en esta sociedad que nos est&aacute; quedando. Hoy no basta con escribir libros, ni art&iacute;culos. No basta con ser biling&uuml;e, saber programar, ni tener muchos a&ntilde;os de experiencia. No basta con ser empresaria ni con estar entre las personas que m&aacute;s dinero ganan de este pa&iacute;s. No es suficiente con haber trabajado toda la vida, ni con apuntar a tus hijos a ajedrez y mandarlos a la cama sin ver la segunda parte, que ma&ntilde;ana hay cole. Si naciste m&aacute;s all&aacute; de 1980 (o incluso antes), da igual lo bien que lo hagas y lo mucho que te esfuerces. Est&aacute;s condenado a trabajar hasta tu &uacute;ltimo aliento solo para dejar la vida en la casa de empe&ntilde;os del mercado inmobiliario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y en realidad poco importa si es en alquiler, o en compra: eso es solo un problema de precio. Los que alquilamos, igual que los que se han hipotecado pagando por un piso 20 o 30 veces el valor que ten&iacute;an hace 50 a&ntilde;os, estamos cumpliendo la misma funci&oacute;n en la sociedad: esa que consiste en retribuir el capital que pudieron acumular quienes eran adultos en <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/herencia-universal-padres_129_11394558.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el momento en el que Espa&ntilde;a decidi&oacute; repartir la pr&aacute;ctica totalidad del suelo disponible entre una sola generaci&oacute;n</a>. Desde entonces, en este pa&iacute;s una generaci&oacute;n vive para pagar la plusval&iacute;a de la otra.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mucho m&aacute;s que una especie de fen&oacute;meno atmosf&eacute;rico, esto es un acuerdo de pa&iacute;s que todav&iacute;a hoy sostiene su gobierno. Si mi casera puede cobrar lo que yo ganar&iacute;a con un <em>bestseller </em>sin moverse del sof&aacute;, es porque tiene un t&iacute;tulo de propiedad sobre una parte de un monopolio del Estado: las licencias de vivienda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, parece que la parte de ese plan que nos ha tocado a los que no hab&iacute;amos nacido cuando se jug&oacute; el mundial del 82 consiste en que hagamos lo mismo: que compremos un piso, apretemos los dientes, crucemos los dedos y deseemos muy fuerte que no ocurra nada &ndash;que no haya otra crisis, que no perdamos el trabajo, que nuestra pareja no quiera separarse, que no se nos cruce ning&uacute;n problema en la empresa&ndash; para poder llegar, al fin, a endosar el muerto: a venderle la casa a una criatura de la edad de nuestros hijos, a ser posible 10 o 20 veces m&aacute;s cara de lo que la compramos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entre la noticia y el momento de enviar este art&iacute;culo he echado algunas cuentas. Resulta que entre lo que han subido los alquileres, que en Espa&ntilde;a la educaci&oacute;n sigue sin ser completamente gratuita y que aqu&iacute; <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/prestacion-universal-crianza-ayuda-200-euros-menores-18-anos-horizonte-lejano_1_12979849.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">no hay una renta universal de crianza</a>, me sale a cuenta mudarme a Londres. La vida me saldr&iacute;a unos 5.000 euros anuales m&aacute;s barata all&iacute;, que en Madrid.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;nto tiempo pasar&aacute; hasta que todas las personas como yo, que podemos trabajar desde donde queramos, nos demos cuenta de que vivir&iacute;amos mejor en Londres, en Berl&iacute;n, en Par&iacute;s o en Viena que en Espa&ntilde;a? &iquest;Cu&aacute;nto tiempo hasta que no quede nada m&aacute;s en las ciudades que caseros, trabajadores precarios y turistas?
    </p><p class="article-text">
        El problema de la vivienda, se&ntilde;or presidente, no es de precios. Es moral. Es de justicia. Es de modelo de pa&iacute;s. Y de sociedad. Y de vida. Y de mundo. La burbuja de la vivienda es el mecanismo que revela un mundo injusto: donde renta mucho m&aacute;s tener un piso y enviarle un mensaje de WhatsApp a tu inquilina que escribir libros. Donde quien lleg&oacute; a ahorrar en el siglo XX puede seguir ganando dinero sin aportar ning&uacute;n valor a la sociedad, mientras que quien est&aacute; aportando valor no tiene ninguna oportunidad de tener &eacute;xito (en el sentido de tener vida, no de acumular).&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No se preocupe. Yo no he venido aqu&iacute; a quejarme. No solo soy una optimista irredenta (&ldquo;porque lo contrario no tiene ning&uacute;n sentido&rdquo;); no solo creo con entusiasmo en eso que dec&iacute;a Marco Aurelio de que hay que ser como el fuego y alimentarse de todos los obst&aacute;culos que se nos pongan por delante; es que tampoco me parece que vaya a cambiar nada. Por m&aacute;s que los consensos del siglo XX nos pongan palos en las ruedas, las tendencias sociales son tenaces y los hijos del optimismo siguen llegando a la edad adulta con una mentalidad que es incompatible con esa idea de empe&ntilde;ar la vida en el trabajo. Ni una sola de las generaciones de j&oacute;venes que se est&aacute;n haciendo mayores va a comprar la idea de dejarse la vida en la casa de empe&ntilde;os, de sacarse los ojos con todos los dem&aacute;s y renunciar hasta al &uacute;ltimo minuto de la existencia en la rueda del dinero para pagar una hipoteca.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero tengo una pregunta que yo no puedo contestar, y me hace falta una respuesta para la presentaci&oacute;n de esta tarde: esta transformaci&oacute;n que est&aacute; en ciernes, &iquest;ser&aacute; con las organizaciones pol&iacute;ticas progresistas? &iquest;O a pesar de ellas? &iquest;Comprender&aacute;n a tiempo que el mundo ha cambiado, que los viejos esquemas morales del trabajo y el ahorro han dejado de funcionar y que necesitamos un acuerdo distinto? &iquest;O tendremos que marcharnos, todos los que no hab&iacute;amos nacido el d&iacute;a que se vot&oacute; la Constituci&oacute;n, a la abstenci&oacute;n primero, al nihilismo despu&eacute;s y, quiz&aacute;, por &uacute;ltimo, al emprendimiento pol&iacute;tico, para poder emerger como una nueva mayor&iacute;a? &iquest;Podremos contar con un -m&aacute;s que deseable- pacto intergeneracional que nos ayude a transitar este cambio de &eacute;poca juntos? &iquest;O habremos de pasar por encima del cad&aacute;ver de todos los partidos de la izquierda del siglo XX para abrirnos paso?
    </p><p class="article-text">
        Esta tarde yo me subo a un escenario. Pero usted ma&ntilde;ana comparece en otro mucho m&aacute;s importante: el Consejo de Ministros que aprobar&aacute; el nuevo decreto anticrisis para paliar las consecuencias del descalabro internacional que estamos viviendo. Lo que yo le propongo es que vuelva a prorrogar los contratos de alquiler de esas 300.000 familias &ndash;entre ellas, la m&iacute;a&ndash; que vencen este verano. Como hizo en la pandemia, como ha validado ya el Tribunal Supremo. Y que lancemos, en definitiva, el mismo mensaje: que digamos que est&aacute; en nuestra mano hacer una vida buena para todas las personas. Que nada est&aacute; perdido, que no hay nada que temer. Que el siglo XXI est&aacute; lleno de oportunidades y que podemos aprovecharlas si todos, j&oacute;venes y mayores, nos conjuramos a ello.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>(Hijos del optimismo se presenta el 19 de marzo a las siete de la tarde en el C&iacute;rculo de Bellas Artes de Madrid)</em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/carta-inquilina-presidente-gobierno_129_13078334.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Mar 2026 21:38:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Carta de una inquilina al presidente del Gobierno]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Gobierno]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA['AI washing': la profecía autocumplida del desempleo tecnológico]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ai-washing-profecia-autocumplida-desempleo-tecnologico_129_13060660.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/72f4dd17-4230-4b2e-9ec8-b16e33aaef59_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;AI washing&#039;: la profecía autocumplida del desempleo tecnológico"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No es la mal llamada “inteligencia artificial” lo que está destruyendo puestos de trabajo. Es un cambio muy profundo en la cultura empresarial. Es la consolidación de un sentimiento que se viene larvando desde hace un par de décadas y que, ahora sí, ha encontrado un relato perfecto en la “IA”</p></div><p class="article-text">
        Apenas hab&iacute;an transcurrido tres meses desde el lanzamiento de ChatGPT, pero en marzo de 2023 en Wall Street ya sab&iacute;an cu&aacute;l ser&iacute;a el efecto de la llamada &ldquo;Inteligencia artificial&rdquo; sobre el empleo. Esta nueva y flamante tecnolog&iacute;a <a href="https://www.bbc.com/news/technology-65102150" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">har&iacute;a desaparecer 300 millones de puestos de trabajo</a>; dos de cada tres empleos en todo el mundo se ver&iacute;an afectados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy, cuando se cumplen tres a&ntilde;os, los datos no apuntan en esa direcci&oacute;n. Al contrario, &ldquo;<a href="https://www.ft.com/content/c9f905a0-cbfc-4a0a-ac4f-0d68d0fc64aa" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">apenas hay evidencia que apunte a que la tecnolog&iacute;a de &uacute;ltima generaci&oacute;n</a>, como los chatbots, est&eacute;n dejando sin trabajo a la gente&rdquo;.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por el camino, sus promotores se han tenido que comer en varias ocasiones sus palabras. Ya nadie espera que haya una superinteligencia. Tampoco que la IA sea &uacute;til en todos los sectores. En aquellos en los que parec&iacute;a m&aacute;s arrolladora, como en el an&aacute;lisis de radiograf&iacute;as, no ha terminado de producir los efectos que se anunciaban. Los hospitales siguen necesitando radi&oacute;logos, las empresas siguen contratando programadores y los despachos de abogados contin&uacute;an llenos de abogados. La inteligencia artificial, por ahora, no ha sustituido a los trabajadores. Como mucho los ha equipado con herramientas nuevas. Y como ha ocurrido tantas veces antes en la historia de la tecnolog&iacute;a, esas herramientas parecen estar cambiando la manera de trabajar mucho m&aacute;s que eliminando el trabajo mismo.
    </p><p class="article-text">
        Pero da igual. Aunque ya nadie <a href="https://www.goldmansachs.com/insights/articles/how-will-ai-affect-the-global-workforce" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se atreve a dar aquellos datos disparatados</a>, cada semana vuelve a repetirse el <em>runrun</em> de que, esta vez s&iacute;, ahora seguro, la IA ha dado un salto y va a por tu n&oacute;mina. &iexcl;M&aacute;s te vale ponerte a cubierto!
    </p><p class="article-text">
        En el &uacute;ltimo episodio de esta telenovela, desde hace unas semanas corre por las redes sociales un nuevo <em>hype</em>. Algunas compa&ntilde;&iacute;as han conseguido crear un tipo de programas (Claude Code, OpenClaw, en menor medida Copilot) que funcionan mejor que todo lo existente para escribir software. Lo llaman &ldquo;IA ag&eacute;ntica&rdquo; &ndash;no s&eacute; si para el software, pero para lo que desde luego esta gente tiene una habilidad muy especial es para los nombres&ndash; y consiste en que varios <em>large language models</em> se organicen para corregirse unos a otros y evitar la tendencia tan catastr&oacute;fica que tienen a divagar, cometer errores o, directamente, inventarse la informaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y antes de conocer cu&aacute;l es el impacto real de esta iteraci&oacute;n de los LLMs ha vuelto, puntual como un reloj, el relato de los despidos en masa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Solo que esta vez con una diferencia: varias firmas tecnol&oacute;gicas han justificado grandes olas de despidos con el argumento de que la IA est&aacute; eliminando la necesidad de contratar personas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De acuerdo con un <a href="https://www.challengergray.com/wp-content/uploads/2026/01/Challenger-Report-December-2025.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estudio de Challenger, Gray &amp; Christmas</a>, en 2025, la inteligencia artificial fue citada como motivo de m&aacute;s de 54.000 despidos. Solo en enero, Amazon despidi&oacute; a 16.000 trabajadores, que se sumaban a otros 14.000 recortes en octubre. <a href="https://www.theguardian.com/us-news/2026/feb/08/ai-washing-job-losses-artificial-intelligence" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Beth Galetti, vicepresidenta senior de la compa&ntilde;&iacute;a</a>, explicaba que la multinacional est&aacute; reduciendo plantilla porque &ldquo;la IA es la tecnolog&iacute;a m&aacute;s transformadora que hemos visto desde internet, y est&aacute; permitiendo a las empresas innovar mucho m&aacute;s r&aacute;pido que nunca&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as Jack Dorsey, que fue creador de Twitter y CEO de Block, la empresa detr&aacute;s del m&eacute;todo de pagos Square, ha anunciado que despedir&aacute; 4.000 trabajadores &mdash;casi la mitad de su plantilla&mdash; con el mismo argumento: &ldquo;Las herramientas de inteligencia que estamos creando y utilizando, combinadas con equipos m&aacute;s peque&ntilde;os y &aacute;giles, est&aacute;n haciendo posible una nueva forma de trabajar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ser&iacute;a una muy buena idea no llamarse a enga&ntilde;o. No existe a d&iacute;a de hoy evidencia alguna de la capacidad de influencia  de la IA generativa, ni tampoco de la IA ag&eacute;ntica, sobre el empleo. Si lo tiene, en uno u otro sentido, lo empezaremos a encontrar dentro de a&ntilde;os, quiz&aacute; d&eacute;cadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, lo que estamos observando es algo que cada vez m&aacute;s voces identifican como &ldquo;<em>AI washing</em>&rdquo;, esto es, el uso interesado del inmenso mito que se ha creado en torno a esta tecnolog&iacute;a para justificar despidos.
    </p><p class="article-text">
        Como explica un ex-jefe de recursos humanos de Block, la misma empresa que ha protagonizado los recortes, hace unos d&iacute;as en <a href="https://www.nytimes.com/2026/03/04/opinion/block-jack-dorsey-layoffs-ai.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">The New York Times</a>: &ldquo;La IA puede proporcionar una nueva justificaci&oacute;n para los despidos, pero el manual de juego es familiar. Los ejecutivos de Silicon Valley creen que las empresas tecnol&oacute;gicas tienen exceso de personal porque se expandieron demasiado durante la pandemia. La propia Block hab&iacute;a pasado por rondas de despidos en 2024, 2025 y nuevamente en febrero para corregir las consecuencias previsibles de disputas internas anteriores entre ejecutivos, que llevaron a que los equipos se duplicaran en toda la organizaci&oacute;n. (Esto, en mi opini&oacute;n, es lo que llev&oacute; a Block a triplicar su plantilla en cuatro a&ntilde;os).&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, la burbuja de la bolsa ha llevado a las empresas que est&aacute;n invirtiendo masivamente en esta tecnolog&iacute;a, los llamados &ldquo;<em>hyperscalers</em>&rdquo; a una carrera por controlar el mercado de los centros de datos en el que calculan gastar, solo en este a&ntilde;o, 600.000 millones de d&oacute;lares.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y todo ese dinero tiene que salir de alguna parte. No es la mal llamada &ldquo;inteligencia artificial&rdquo; lo que est&aacute; destruyendo puestos de trabajo. Es un cambio muy profundo en la cultura empresarial. Es la consolidaci&oacute;n de un sentimiento que se viene larvando desde hace un par de d&eacute;cadas y que, ahora s&iacute;, ha encontrado un relato perfecto en la mal llamada &ldquo;IA&rdquo;: la percepci&oacute;n de que el valor de las empresas ya no emana de la fuerza de trabajo, sino del capital que sean capaces de controlar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si algo deber&iacute;a preocuparnos, es este sentimiento, este cambio cultural. No la tecnolog&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ai-washing-profecia-autocumplida-desempleo-tecnologico_129_13060660.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Mar 2026 21:08:19 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['AI washing': la profecía autocumplida del desempleo tecnológico]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial,Empleo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Donald Trump, en el Pozo María Luisa]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/donald-trump-pozo-maria-luisa_129_13041266.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e06aed71-e56d-4160-8c5b-21c0b6e379b9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Donald Trump, en el Pozo María Luisa"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que nadie quiere decir en voz alta es que no es posible volver al paradigma industrial, solo existe un camino hacia adelante y es inventarse el mundo que viene después. Todo lo demás es encomendarse a Santa Bárbara bendita</p></div><p class="article-text">
        El d&iacute;a que el &uacute;ltimo hombre sali&oacute; del Mar&iacute;a Luisa, el pozo llevaba 158 a&ntilde;os perforando. Esta mina de carb&oacute;n, en Langreo, Asturias, hab&iacute;a sido una de las primeras en abrir en el siglo XIX y fue <a href="https://ileon.eldiario.es/actualidad/adios-emblematico-pozo-maria-luis-anos_1_9465294.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una de las &uacute;ltimas en cerrar</a>, apremiada por una reconversi&oacute;n que ya hab&iacute;a sacado pr&aacute;cticamente toda la miner&iacute;a de Occidente, junto con la mayor parte de la industria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por el camino, se hab&iacute;a convertido en un s&iacute;mbolo de la clase obrera. En 1949, un accidente que dej&oacute; 17 muertos se hizo canci&oacute;n y qued&oacute; inmortalizado para siempre en la memoria emocional de los espa&ntilde;oles: &ldquo;Santa B&aacute;rbara bendita, patrona de los mineros&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Trabajar en el carb&oacute;n era una experiencia terrible. Los mineros descend&iacute;an cada ma&ntilde;ana cientos de metros bajo tierra, hasta unas galer&iacute;as sin luz natural donde el polvo de carb&oacute;n lo impregnaba todo. El calor era sofocante. El ruido, ensordecedor. Y el peligro constante: los accidentes, las explosiones de bolsas de gas y las inundaciones acechaban en cada esquina. Los mineros que no mor&iacute;an en accidente mor&iacute;an despacio, comidos por la silicosis o por el c&aacute;ncer. Todav&iacute;a hoy la esperanza de vida media de los mineros de Asturias es de 53 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Pero era un trabajo. Uno que le daba a los mineros un lugar a la sociedad, garant&iacute;as de que habr&iacute;a otro lugar para sus hijos, y que ordenaba la vida y el resto de los empleos de toda la comarca. Al inicio de la reconversi&oacute;n industrial, en torno a 1992, llegaron a bajar al Mar&iacute;a Luisa m&aacute;s de mil hombres cada d&iacute;a. Hoy, cuando se cumplen diez a&ntilde;os del cierre del pozo, la tasa de paro en la comarca est&aacute; por encima del 17%, el doble de la media nacional.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es posible un futuro para los territorios cuando se marcha la industria? &iquest;Hay una vida buena m&aacute;s all&aacute; de partirse la cara para mantenerse a flote en las grandes ciudades? Nadie, a&uacute;n hoy, tiene una respuesta. La del pozo Mar&iacute;a Luisa no es solo historia de Espa&ntilde;a. Es la herida abierta que supura en el centro del momento pol&iacute;tico que nos ha tocado vivir.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, millones de personas en todo el mundo sienten que su realidad &mdash;que igual era tambi&eacute;n gris, o peligrosa, o tan inhumana como bajar a un pozo de carb&oacute;n&ndash; se viene abajo sin que surja otra que la reemplace. Una gran parte de la poblaci&oacute;n mundial, como los j&oacute;venes de Langreo, se preguntan qu&eacute; va a ser de ellos en el futuro.
    </p><p class="article-text">
        Donald Trump y el populismo pretenden tener una respuesta: &ldquo;Make Am&eacute;rica Great Again&rdquo;, traigamos de vuelta el mundo de antes, el de los pozos de carb&oacute;n en los que los hombres se dejaban la vida. Pero es mentira: porque el pasado no puede volver. Cuando se hace evidente que esto no va a pasar, como comienza a ocurrir en Estados Unidos, los populistas salen despavoridos a crear un trampantojo detr&aacute;s de otro: un ataque a Venezuela, otro en Ir&aacute;n, trifulcas inventadas con cualquier pa&iacute;s o violaciones sistem&aacute;ticas de los derechos humanos que solo buscan distraer la atenci&oacute;n sobre la verdad de sus promesas rotas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La democracia cristiana parece querer tener otra respuesta. Hace unos d&iacute;as, el canciller alem&aacute;n, Friedrich Merz alud&iacute;a a la necesidad de &ldquo;trabajar m&aacute;s&rdquo; para aumentar la productividad y combatir la presi&oacute;n de los productos chinos sobre la industria alemana. En un giro inesperado de los acontecimientos, <a href="https://www.eldiario.es/economia/mito-trabajar-ricos_129_13033553.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cuenta Alberto Garz&oacute;n, algunos intelectuales progresistas se han sumado a la tesis: </a>el momento actual no es el de trabajar menos, sino el de dejarse la vida para recuperar la pujanza industrial &ndash;no se sabe si las minas de carb&oacute;n. En otras palabras, si no nos va bien es porque no nos esforzamos lo suficiente.
    </p><p class="article-text">
        Ayer el socialista Wolfgang Schmidt, que fue exministro alem&aacute;n de finanzas y de presidencia en el gobierno de Olaf Scholz, propon&iacute;a en un acto de la Fundaci&oacute;n Friedrich Ebert algo muy parecido: &ldquo;la gente quiere trabajar&rdquo; &ldquo;y no vendiendo helados&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que parece que existe un consenso cuasi universal, que va de Xi Jinping a Joe Biden pasando por Donald Trump: lo que hay que hacer es traer de vuelta el pozo Mar&iacute;a Luisa. Reconstruir la f&aacute;brica. Relocalizar la cadena de producci&oacute;n. Que vuelvan los empleos industriales &ndash;a ser posible, fabricando bater&iacute;as en vez de acero y paneles solares en vez de carb&oacute;n. El diagn&oacute;stico es el mismo a izquierda y derecha, en Washington y en Pek&iacute;n: la desindustrializaci&oacute;n fue un error, y la soluci&oacute;n es revertirla.
    </p><p class="article-text">
        El problema es que nadie ha demostrado que semejante cosa sea posible. Que una econom&iacute;a que lleva treinta a&ntilde;os movi&eacute;ndose hacia los servicios, la log&iacute;stica y la econom&iacute;a digital pueda dar marcha atr&aacute;s y recuperar no solo las f&aacute;bricas, sino el tipo de empleo masivo, estable y bien remunerado que estas generaban. Los aranceles de Trump no han resucitado el cintur&oacute;n del &oacute;xido. Los CHIPS Acts y los Green New Deals han creado empleos, s&iacute; &mdash;pero empleos que requieren ingenieros, no mineros. El pozo Mar&iacute;a Luisa no cierra porque alguien tomara una mala decisi&oacute;n pol&iacute;tica. Cierra porque la historia avanz&oacute;, y no hay decreto que la haga retroceder.
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s a&uacute;n, todos estos liberales ilustres parecen olvidar una de las grandes aportaciones de los economistas ortodoxos al debate econ&oacute;mico: el valor no est&aacute; en el trabajo, es subjetivo y reside en los ojos del que compra. Fabricar m&aacute;s, trabajar m&aacute;s, no nos va a devolver el mundo que ten&iacute;amos, porque hoy todos los pa&iacute;ses pueden fabricar igual que nosotros. Como hemos descubierto con bastante dolor en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, inundar el mercado de productos que puede hacer cualquiera solo consigue tirar los precios.
    </p><p class="article-text">
        En su lugar, deber&iacute;amos ser capaces de ver que todos los imperios en la Historia tuvieron &eacute;xito porque supieron seducir al mundo con una propuesta que nadie m&aacute;s ten&iacute;a. Roma creci&oacute; porque ofreci&oacute; a sus conquistados algo entonces revolucionario: la ciudadan&iacute;a, la posibilidad de ser romano sin haber nacido en el T&iacute;ber. Los &aacute;rabes del siglo VIII no se expandieron solo por la espada, sino porque llevaban consigo una civilizaci&oacute;n &mdash;la medicina, las matem&aacute;ticas, la filosof&iacute;a griega preservada y traducida&mdash; que el mundo mediterr&aacute;neo necesitaba y no ten&iacute;a. Los brit&aacute;nicos hicieron del comercio un imperio porque eran los &uacute;nicos capaces de producir. Y los americanos del siglo XX no dominaron el mundo fabricando m&aacute;s tornillos que los sovi&eacute;ticos, sino exportando una idea, una promesa de libertad y de vida buena que result&oacute; irresistible para miles de millones de personas.
    </p><p class="article-text">
        En todos estos casos, el poder material vino despu&eacute;s de la seducci&oacute;n, no antes. La pregunta que Europa y Occidente no se est&aacute;n haciendo es la &uacute;nica que importa: &iquest;qu&eacute; tenemos nosotros hoy que el mundo quiera y que nadie m&aacute;s pueda crear?&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que nadie quiere decir en voz alta es que no es posible volver al paradigma industrial, solo existe un camino hacia adelante y es inventarse el mundo que viene despu&eacute;s. Todo lo dem&aacute;s es encomendarse a Santa B&aacute;rbara bendita.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/donald-trump-pozo-maria-luisa_129_13041266.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Mar 2026 22:16:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Donald Trump, en el Pozo María Luisa]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Donald Trump,Estados Unidos,Industria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La verdad sobre los therians]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/therians_129_13021070.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/12e459bc-d6d5-4efa-b11e-bbe62c921af9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La verdad sobre los therians"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La política es el arte de crear marcos, dice Luntz; de darle forma a nuestra percepción del mundo. Por eso este ‘debate’ sobre los therians, como el de la inmigración, como el del feminismo, no se pueden ganar ni cambiando de tema, ni a base de explicarle a nadie que los datos no respaldan su visión del mundo. Para ganarle al miedo es necesario un marco de optimismo y confianza en el futuro</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Alguna vez te ha ocurrido que has subido en un avi&oacute;n y te ha dado miedo que se estrellara? &iquest;Te preocup&oacute;, cuando viste las im&aacute;genes del accidente de tren en Aldamuz, que aquello te pudiera pasar a ti? &iquest;Cuando subes a un ascensor, te agobia que se caiga?
    </p><p class="article-text">
        La verdad es que esas cosas no pasan, son una ocurrencia estad&iacute;stica. En 2024, el &uacute;ltimo a&ntilde;o para el que hay datos, hubo en todo el mundo <a href="https://www.forbes.com/sites/tedreed/2025/02/26/report-airlines-flew-406-million-flights-in-2024-with-seven-fatal-accidents/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">7 accidentes de avi&oacute;n entre 41 millones de vuelos</a>. Y las v&iacute;ctimas mortales en viajes de tren en Espa&ntilde;a &ndash;sumando los fallecidos en este a&ntilde;o a los del accidente del Alvia en 2013&ndash; no llegan a 10 al a&ntilde;o, de entre los miles de millones de viajeros que usaron ese medio de transporte en el mismo periodo. &iquest;Y en los ascensores? La verdad es que se producen tan pocos accidentes que no hay ni estad&iacute;sticas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ni el riesgo de volar, ni de ir en tren, ni de que se caiga el ascensor son reales. Igual que no lo son los <em>therians</em>, ese nuevo fen&oacute;meno que algunos medios llevan amplificando toda la semana. Pero el miedo que producen todas esas cosas s&iacute; es verdadero. Tan real como el nudo en el est&oacute;mago que sentimos durante unas turbulencias. Y no deber&iacute;amos ignorarlo, ni hacerle luz de gas.
    </p><p class="article-text">
        Casi al contrario. Merecer&iacute;a la pena prestarle atenci&oacute;n, porque nos muestra un patr&oacute;n: cada vez ocurre m&aacute;s a menudo que un fen&oacute;meno que es una irrealidad estad&iacute;stica &ndash;como la okupaci&oacute;n de viviendas, o las agresiones sexuales protagonizadas por inmigrantes, o las denuncias falsas por violencia de g&eacute;nero, o los cr&iacute;menes, o los p&aacute;jaros muertos por aerogeneradores&ndash; se vuelven virales y acaban calando el sentido com&uacute;n de la gente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo puede ser que, pese a que somos la versi&oacute;n de la humanidad mejor instruida de la historia, sigamos dej&aacute;ndonos llevar por todas estas creencias sin fundamento?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El libro de comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica m&aacute;s manido de los &uacute;ltimos 25 a&ntilde;os se llama &ldquo;No pienses en un elefante&rdquo;. En &eacute;l, George Lakoff argumenta que el pensamiento humano se organiza en torno a varios &lsquo;marcos mentales&rsquo; en competencia. De manera que da igual cu&aacute;l sea nuestra opini&oacute;n sobre un tema: lo que configura nuestra percepci&oacute;n del mundo es el asunto mismo de la conversaci&oacute;n. Si las ondas y las portadas de los peri&oacute;dicos est&aacute;n copadas por los <em>therians</em> dar&aacute;n igual los datos o las estad&iacute;sticas. Al mencionarlos, estaremos activando autom&aacute;ticamente un marco mental que asocia las identidades que escapan a las normas cl&aacute;sicas con la desviaci&oacute;n y la locura. No se puede ganar en ese marco, dice Lakoff, lo que hay que hacer es salir corriendo y llevar la discusi&oacute;n a otro sitio.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por esa raz&oacute;n, cada vez que surge un asunto como este de los <em>therians</em>, un ej&eacute;rcito de gente muy bien intencionada intenta cambiar el tema y reconducir la conversaci&oacute;n: hablar de la concentraci&oacute;n de la riqueza, o de la desigualdad o de los accidentes laborales.
    </p><p class="article-text">
        El problema de Lakoff &ndash;y de esta forma de entender la pol&iacute;tica&ndash; es que ese libro es de 2004 y en aquel momento &ndash;quiz&aacute;s&ndash; todav&iacute;a exist&iacute;a la posibilidad de controlar los marcos mentales que habitaban la cabeza de la gente. Hoy eso ya no es posible.
    </p><p class="article-text">
        La caracter&iacute;stica com&uacute;n de todos los partidos de la extrema derecha en el mundo es la explotaci&oacute;n del miedo como arma de comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica. Y el miedo es irracional. Con todo el sentido, porque si hubi&eacute;ramos tenido que racionalizar las cosas antes de salir corriendo, nos hubiera devorado un le&oacute;n mucho antes de que sali&eacute;ramos de la Sabana africana. Como los ratones, como los gatos, los humanos somos una especie que ha aprendido a huir primero y <em>racionalizar</em> despu&eacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que las cosas que dan miedo llaman m&aacute;s nuestra atenci&oacute;n que las que no. Y nuestra atenci&oacute;n produce audiencia y clicks hasta que el miedo termina por inundar todas las pantallas. Y en este debate de la identidad subyace quiz&aacute;s el miedo m&aacute;s arraigado de nuestro tiempo:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El mundo cambia muy r&aacute;pido y de maneras que no entendemos, que no podemos entender, porque ya nadie, por s&iacute; solo, puede comprender toda la complejidad del mundo. Adem&aacute;s, muchas personas piensan que su realidad hoy es mejor que la que tendr&aacute;n ma&ntilde;ana. Que su bienestar depende de que las cosas se queden como est&aacute;n. As&iacute; que a mucha gente, &ndash;&iquest;quiz&aacute;s a todos un poco?&ndash; le dan miedo los cambios. Tenemos miedo al futuro.
    </p><p class="article-text">
        Todos los mensajes de la extrema derecha tienen, en su fondo, ese mismo marco: ese miedo al futuro. Ese terror es el que est&aacute; detr&aacute;s del &lsquo;debate&rsquo; de la inmigraci&oacute;n (&lsquo;los inmigrantes te van a reemplazar&rsquo;), o de la criminalidad (&lsquo;el mundo es cada vez m&aacute;s inseguro&rsquo;), o el de las energ&iacute;as renovables (&lsquo;est&aacute;n contra el mundo rural tradicional&rsquo;).&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por eso, en mi opini&oacute;n, el mejor libro de comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica para el d&iacute;a de hoy no es el de Lakoff, sino otro que se llama &ldquo;Words that Work&rdquo; y que no es tan conocido (quiz&agrave;s porque es muy dif&iacute;cil de traducir, quiz&aacute;s porque lo escribi&oacute; un republicano). En &eacute;l, Frank Luntz propone que los marcos mentales no son preexistentes, sino que hay que hacerlos con palabras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Su jefe, George Bush gan&oacute; dos elecciones y consigui&oacute; que su pensamiento se volviera hegem&oacute;nico cuando instal&oacute; la idea de que bajar los impuestos era una forma de &ldquo;alivio fiscal&rdquo;. En esa misma noci&oacute;n estaba impl&iacute;cito no s&oacute;lo que el Estado mismo era un malestar que merec&iacute;a ser aliviado, sino que quien tra&iacute;a ese desahogo era un m&eacute;dico, un benefactor. Los dem&oacute;cratas eran una enfermedad y los republicanos eran la sanaci&oacute;n. En dos palabras, &ldquo;alivio fiscal&rdquo;, se escond&iacute;a una cosmovisi&oacute;n pol&iacute;tica completa.
    </p><p class="article-text">
        La pol&iacute;tica es el arte de crear marcos, dice Luntz; de darle forma a nuestra percepci&oacute;n del mundo. Por eso este &lsquo;debate&rsquo; sobre los <em>therians</em>, como el de la inmigraci&oacute;n, como el del feminismo, no se pueden ganar ni cambiando de tema, ni a base de explicarle a nadie que los datos no respaldan su visi&oacute;n del mundo. Para ganarle al miedo es necesario un marco de optimismo y confianza en el futuro.
    </p><p class="article-text">
        Es evidente que la identidad (ni mucho menos solo la de g&eacute;nero) est&aacute; cambiando. Y que lo est&aacute; haciendo en el mejor de los sentidos posibles: se est&aacute; ampliando para albergar la posibilidad no solo de ser trans, o no binarie, o de g&eacute;nero fluido, sino tambi&eacute;n para ser un hombre sensible o una mujer poderosa; un ejecutivo vulnerable o una vieja divertid&iacute;sima. Incluso, si queremos, para ser muchas cosas distintas a lo largo de la vida. Este fen&oacute;meno de ampliaci&oacute;n de la identidad es, quiz&aacute;s, el movimiento m&aacute;s ilusionante de este siglo XXI. Uno que no solo no tiene por qu&eacute; fragmentarnos, sino que nos libera de los moldes que nos hab&iacute;amos impuesto. Que nos permite elegir y nos hace m&aacute;s libres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que nos falta no es renunciar a esa expansi&oacute;n, sino aprender a narrarla como lo que es: una ganancia neta para toda la humanidad. M&aacute;s all&aacute; de las nubes negras que tan a menudo nos nublan el pensamiento, hay un mundo de abundancia ah&iacute; fuera. Solo hace falta que lo reclamemos: es nuestro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/therians_129_13021070.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 25 Feb 2026 21:19:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La verdad sobre los therians]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El misterioso caso de la economía menguante: adelanto editorial de 'Hijos del optimismo', de María Álvarez]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/misterioso-caso-economia-menguante-adelanto-editorial-hijos-optimismo-maria-alvarez_129_12994883.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1f87b001-ba05-4b61-991e-8f0e4538f5f0_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x2220y1385.jpg" width="1200" height="675" alt="Hijos del optimismo, de María Álvarez"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La empresaria, cofundadora de Ephimera y colaboradora habitual de este periódico presenta su libro, publicado por Debate, sobre cómo una generación acabó con el sueño industrial e inauguró el mundo de la abundancia</p></div><p class="article-text">
        Mar&iacute;a &Aacute;lvarez es empresaria, cofundadora de Ephimera y de Fest&iacute;n, empresa pionera en la implantaci&oacute;n de la semana de 4 d&iacute;as. Trabaja alrededor de dar valor a las ciudades a trav&eacute;s de la hospitalidad, y esta semana de febrero publica su libro, 'Hijos del optimismo', sobre c&oacute;mo una generaci&oacute;n acab&oacute; con el sue&ntilde;o industrial e inaugur&oacute; el mundo de la abundancia.
    </p><p class="article-text">
        Adelantamos una parte del mismo: 
    </p><h2 class="article-text">El crack</h2><p class="article-text">
        Como si hubi&eacute;ramos estado medio siglo jugando al juego de las sillas, hubo un d&iacute;a del a&ntilde;o 2008 en el que, de pronto, el mundo entero se par&oacute; en seco. Una crisis bancaria y el colapso del sistema financiero internacional dieron al traste con la utop&iacute;a de la opulencia.
    </p><p class="article-text">
        Todo comenz&oacute; cuando Lehman Brothers, el cuarto banco de inversi&oacute;n m&aacute;s grande de Estados Unidos, se declar&oacute; en bancarrota. Las autoridades americanas decidieron no rescatarlo, a diferencia de lo que hab&iacute;an hecho con otra entidad financiera unos meses atr&aacute;s. Este gesto puso los pelos de punta a los mercados financieros: cualquier entidad en dificultades iba a correr la misma suerte, el gobierno americano no estaba por la labor de salvar entidades bancarias. Cundi&oacute; el p&aacute;nico. Ese mismo d&iacute;a, el Dow Jones perdi&oacute; 500 puntos y el mercado crediticio mundial se congel&oacute; de terror.
    </p><p class="article-text">
        En cuesti&oacute;n de horas, debajo de aquel trocito de hielo se descubri&oacute; un monstruoso iceberg. Todos los bancos ten&iacute;an sus balances infestados de derivados financieros de p&eacute;sima calidad que hab&iacute;an hecho pasar por deuda de primera clase. Un tsunami arras&oacute; Wall Street. Merrill Lynch, una de las principales gestoras de activos del mundo, tuvo que ser vendida deprisa y corriendo a otro banco para evitar su quiebra. La aseguradora AIG requiri&oacute; un rescate de 85.000 millones de d&oacute;lares. Dos de los mayores bancos de inversi&oacute;n, Goldman Sachs y Morgan Stanley, se transformaron a la carrera en bancos comerciales, buscando la protecci&oacute;n estatal que les otorgaba ese estatus. En Europa, varias entidades colapsaron bajo la presi&oacute;n del hundimiento.
    </p><p class="article-text">
        Quince d&iacute;as despu&eacute;s, el principal &iacute;ndice burs&aacute;til de Estados Unidos hab&iacute;a perdido el 30 por ciento de su valor y los gobiernos de todo el mundo anunciaban paquetes de rescate millonarios. La v&iacute;a de agua abierta en los bancos paraliz&oacute; el cr&eacute;dito. Tan solo en Estados Unidos, la venta de viviendas cay&oacute; un 40 por ciento, y algunos emblem&aacute;ticos gigantes, como General Motors, fueron a la quiebra. La crisis salt&oacute; de las finanzas a la econom&iacute;a real y las empresas comenzaron a despedir en masa.
    </p><p class="article-text">
        En Europa, el temblor alcanz&oacute; a la deuda soberana de los pa&iacute;ses. Grecia, Irlanda y Portugal necesitaron rescates internacionales. Apremiados a &laquo;recuperar la confianza de los inversores&raquo; en las finanzas p&uacute;blicas, los gobiernos respondieron con unos recortes del gasto (las famosas &laquo;pol&iacute;ticas de austeridad&raquo;) que no lograron sino exacerbar el sufrimiento econ&oacute;mico. Para 2010, aunque los mercados financieros se hab&iacute;an estabilizado, la crisis todav&iacute;a rug&iacute;a como una bestia a ras de suelo.
    </p><p class="article-text">
        Con los a&ntilde;os quebraron miles de empresas. Decenas de miles de personas en todo el mundo se vieron atrapadas en la burbuja inmobiliaria y perdieron sus casas. Desaparecieron 30 millones de empleos (8,8 millones tan solo en Estados Unidos y otros 7 millones en Europa). En algunos pa&iacute;ses, una de cada seis personas se fue al paro, sobre todo quienes ten&iacute;an trabajos m&aacute;s precarios y menos protegidos: las mujeres y los j&oacute;venes. Lo que parec&iacute;a una crisis m&aacute;s se revel&oacute; como la mayor recesi&oacute;n que el mundo hab&iacute;a experimentado nunca. Numerosos Estados no terminaron de recuperarse hasta mucho despu&eacute;s. Otros a&uacute;n no lo han logrado.
    </p><p class="article-text">
        El descontento popular explot&oacute; en movimientos como Occupy Wall Street y el de los &laquo;indignados&raquo; espa&ntilde;oles. El mundo, horrorizado, ped&iacute;a soluciones dr&aacute;sticas. El presidente franc&eacute;s, Nicolas Sarkozy, lleg&oacute; a pedir que se &laquo;refundara&raquo; el capitalismo y que se &laquo;volviera a construir el sistema financiero desde cero&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        No ocurri&oacute; nada de esto. Pasaron los a&ntilde;os, se endureci&oacute; el grado de solvencia que exigen los Estados a los bancos, pero el resto de la econom&iacute;a sigui&oacute; funcionando con las mismas normas con las que hab&iacute;a operado hasta aquel momento. <em>Business as usual.</em>
    </p><p class="article-text">
        Solo que ya nunca fue <em>as usual</em>, porque la bonanza no regres&oacute;. Cuando nos despertamos de aquel mal sue&ntilde;o nos encontramos en un lugar distinto.
    </p><p class="article-text">
        En 2008 dejamos de jugar al &laquo;qu&eacute; quieres ser de mayor&raquo;. Nadie volver&iacute;a a prometerle a la generaci&oacute;n siguiente que tendr&iacute;a el futuro asegurado, ni que habr&iacute;a casitas y cositas para todos.
    </p><p class="article-text">
        Se rompi&oacute; el hechizo del progreso lineal y, con &eacute;l, la fe en una prosperidad garantizada. Como ocurr&iacute;a antes de los a&ntilde;os dorados del estado del bienestar, acabar desempleado o mal empleado volvi&oacute; a percibirse como un fracaso personal que revelaba la calidad de cada uno, y no como un s&iacute;ntoma de que el sistema hab&iacute;a dejado de funcionar. As&iacute; regresaron, con otros nombres y otras reglas, los viejos juegos del hambre.
    </p><p class="article-text">
        Cuando Lehman Brothers quebr&oacute;, entre otros muchos compromisos rotos, dej&oacute; sin pagar un pr&eacute;stamo de 121 millones de d&oacute;lares destinado a construir una urbanizaci&oacute;n de ochocientas casas de lujo en Williamson, Tennessee. Las obras de las viviendas nunca comenzaron, pero el club social, el <em>spa</em>, el gimnasio y nueve de los dieciocho hoyos del campo de golf de 450 hect&aacute;reas que se hab&iacute;an planificado quedaron a medio construir, erguidos sobre la nada. El proyecto acab&oacute; en ejecuci&oacute;n hipotecaria y, abandonado, esper&oacute; durante a&ntilde;os a que alguien encontrara el dinero y el valor necesarios para reactivarlo.
    </p><p class="article-text">
        Las ciudades fantasma se convirtieron en la met&aacute;fora perfecta de aquel momento hist&oacute;rico. El &uacute;ltimo esprint del progreso material, una d&eacute;cada de construcci&oacute;n desbocada impulsada por unas expectativas irreales de progreso se qued&oacute; s&uacute;bitamente congelada en el tiempo. Urbanizaciones enteras como las que se levantaron en Sese&ntilde;a (Espa&ntilde;a) o Tianducheng (China) para albergar a decenas de miles de personas permanecieron petrificadas, casi vac&iacute;as, convertidas en monumentos de hormig&oacute;n al fracaso colectivo.
    </p><p class="article-text">
        Como si fu&eacute;ramos otra gigantesca urbe fantasmag&oacute;rica, los hijos del optimismo nos quedamos tambi&eacute;n a medio terminar. Inm&oacute;viles. Igual que el esp&iacute;ritu atrapado de un tiempo pasado, sin poder dejar de ser lo que &eacute;ramos ni ser otra cosa distinta; armados hasta los dientes con nuestros t&iacute;tulos universitarios y nuestros planes para el futuro, pero incapaces de hacer nada con ellos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute; seguimos, confundidos. Sin entender si todav&iacute;a estamos en proceso de construcci&oacute;n o si nos toca ya declararnos en ruina. Siempre esperando a que alguien, desde alg&uacute;n sitio, re&uacute;na el valor y el dinero necesarios para reactivarnos.
    </p><p class="article-text">
        Todos conocemos la magnitud de la tragedia; sin embargo, no hemos terminado de interiorizar que en 2008 lo que quebr&oacute; fue el modelo de sociedad que nos hab&iacute;a tra&iacute;do hasta aqu&iacute;. Y no ha vuelto ni para despedirse. La crisis financiera no fue un bache en el camino, fue el final de un ciclo de doscientos cincuenta a&ntilde;os que cambi&oacute; el curso de la historia de la humanidad, pero que estaba llamado a concluir. El fin de una era.
    </p><p class="article-text">
        Y aunque hubo algunas personas que supieron anticipar el crack, nadie pod&iacute;a predecir lo que ocurri&oacute; despu&eacute;s.
    </p><h2 class="article-text">El misterioso caso de la econom&iacute;a menguante</h2><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os que siguieron a 2008, el mundo esper&oacute;, igual que hab&iacute;a hecho tras las crisis anteriores, a que se reanudara el crecimiento. La econom&iacute;a siempre hab&iacute;a funcionado en ciclos y nada hac&iacute;a pensar que esta vez fuera a ser diferente. Con un poco de paciencia, todo volver&iacute;a a la normalidad. Vendr&iacute;a un nuevo momento de bonanza y continuar&iacute;a la trayectoria de progreso acelerado de finales del siglo xx.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero esa recuperaci&oacute;n nunca lleg&oacute;. Al menos, no como se esperaba.
    </p><p class="article-text">
        En 2012, el Banco de Inglaterra detect&oacute; algo inusual: a pesar de que el empleo comenzaba a repuntar con fuerza, el PIB no crec&iacute;a al mismo ritmo. Fue la primera vez que alguien identific&oacute; un fen&oacute;meno que desde entonces est&aacute; en el epicentro del terremoto que ha sacudido a la sociedad global. Y le puso nombre: <em>the productivity puzzle</em>, o &laquo;el enigma de la productividad&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        La productividad del trabajo es la relaci&oacute;n entre las horas trabajadas y la producci&oacute;n obtenida. Decimos que un empleo, una empresa o un pa&iacute;s es muy productivo cuando genera mucho valor con poco trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Pongamos como ejemplo a dos trabajadores, John e Ibrahima. John cultiva cacahuetes en Georgia (Estados Unidos), en una explotaci&oacute;n que se extiende a lo largo de cientos de hect&aacute;reas. La empresa para la que trabaja ha invertido en maquinaria de &uacute;ltima generaci&oacute;n, as&iacute; que el trabajo de John consiste en operar tractores, sistemas de riego automatizados y cosechadoras mec&aacute;nicas que recogen y almacenan toneladas de frutos al d&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ibrahima tambi&eacute;n cultiva cacahuetes, pero en una aldea del centro de Senegal. Su terreno no supera la hect&aacute;rea y &eacute;l hace todo el trabajo &mdash;desde la siembra hasta la cosecha&mdash; a mano o con herramientas b&aacute;sicas. La cosecha es estacional, depende de las lluvias y apenas alcanza unos miles de kilos al a&ntilde;o. A Ibrahima y a su familia les cuesta varias semanas obtener lo que John y su equipo producen en una ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        De John decimos que es un trabajador muy productivo. Su trabajo produce muchos cacahuetes por hora. De Ibrahima dir&iacute;amos lo contrario. Sin embargo, la diferencia no est&aacute; ni en la habilidad ni en el esfuerzo de cada uno de ellos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, la obsesi&oacute;n colectiva por maximizar el desempe&ntilde;o individual ha llevado a confundir la productividad del trabajo, que es un concepto macroecon&oacute;mico, con la productividad o la eficiencia personal, que es otra cosa mucho m&aacute;s gaseosa, vinculada a la psicolog&iacute;a o al <em>coaching</em>, y que tiene poco que ver con esto. Cuando hablamos de la productividad del trabajo lo que estamos midiendo es cu&aacute;nta tecnolog&iacute;a, cu&aacute;nto conocimiento y qu&eacute; m&eacute;todos de producci&oacute;n ponen las empresas y los pa&iacute;ses al servicio del sistema productivo. Por mucho que Ibrahima se esfuerce en aprender a usar la maquinaria que maneja John, no le va a servir de nada si no puede comprarla. Y, al contrario, si teletransportamos a John al centro de Senegal, su conocimiento se volver&aacute; in&uacute;til sin las m&aacute;quinas que ten&iacute;a en Georgia. Quienes son m&aacute;s o menos productivos son las empresas y los pa&iacute;ses, no las personas, aunque la unidad de medida sean las horas de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        La productividad del trabajo se convirti&oacute; en una cuesti&oacute;n central de nuestra sociedad por una raz&oacute;n muy sencilla: el paradigma de la econom&iacute;a industrial depend&iacute;a de ella. Los trabajadores de las empresas m&aacute;s productivas ganaban m&aacute;s. Por a&ntilde;adidura, los impuestos que recaudaban los pa&iacute;ses estaban dise&ntilde;ados para ese modelo econ&oacute;mico, as&iacute; que all&iacute; donde abundaban las empresas altamente productivas, los Estados eran tambi&eacute;n m&aacute;s ricos y sol&iacute;an contar con mejores servicios p&uacute;blicos. Cuando un pa&iacute;s produc&iacute;a m&aacute;s con menos, circulaba m&aacute;s riqueza por todas partes.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;La productividad no lo es todo &mdash;explica una c&eacute;lebre frase de Paul Krugman, premio Nobel de Econom&iacute;a&mdash;, pero, a largo plazo, lo es casi todo. La capacidad de los pa&iacute;ses para mejorar las condiciones de vida a largo plazo depende casi en exclusiva de su habilidad para elevar la producci&oacute;n por trabajador&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que si hoy podemos tener una vida que ning&uacute;n ser humano se hab&iacute;a imaginado, es porque nuestros pa&iacute;ses son muy productivos. Lo que permiti&oacute; que el mundo creciera sin parar durante la era industrial fue que la productividad de los pa&iacute;ses desarrollados creci&oacute; de manera continuada durante muchas d&eacute;cadas. Las empresas fueron incorporando nuevas tecnolog&iacute;as y nuevos procedimientos, y cada a&ntilde;o se pod&iacute;a hacer m&aacute;s con menos.
    </p><p class="article-text">
        Lo que el Banco de Inglaterra detect&oacute; en 2013 fueron las primeras se&ntilde;ales de que ese mecanismo que empujaba el progreso hab&iacute;a dejado de funcionar. La productividad ya no crec&iacute;a: estaba estancada. En los meses siguientes, otros analistas encontraron indicadores similares en los dem&aacute;s pa&iacute;ses avanzados. No se trataba de un fen&oacute;meno exclusivo de Reino Unido: el virus se hab&iacute;a propagado por todo el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, la m&aacute;quina del crecimiento infinito sigue parada. El crecimiento de la productividad es hoy la mitad, o menos, de lo que fue en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os del siglo xx. Y todo apunta a que continuar&aacute; siendo as&iacute;. O esto es lo que dice el consenso de los expertos.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;El siglo xxi &mdash;explica Thomas Piketty, uno de los economistas m&aacute;s reconocidos del mundo&mdash; podr&iacute;a ver un regreso a un crecimiento bajo. M&aacute;s precisamente, lo que encontraremos es que el crecimiento, de hecho, siempre ha sido relativamente lento, excepto en periodos excepcionales [&hellip;]. Todos los indicios apuntan a que el crecimiento ser&aacute; a&uacute;n m&aacute;s lento en el futuro&raquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;A&uacute;n m&aacute;s lento!
    </p><p class="article-text">
        Resulta dif&iacute;cil dimensionar la trascendencia de este fen&oacute;meno. Parecer&iacute;a que tampoco pasa nada por crecer un poco m&aacute;s despacio o incluso por no crecer durante unos a&ntilde;os. Al fin y al cabo, ya tenemos suficientes cosas, &iquest;no? En realidad, no necesitamos ir de vacaciones a la Luna, ni que haya colonias humanas en Marte. Acostumbr&eacute;monos a vivir m&aacute;s despacio, podr&iacute;amos pensar.
    </p><p class="article-text">
        Pero no es tan sencillo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo que nos hemos contado durante los siglos en los que la productividad no dej&oacute; de aumentar es que la econom&iacute;a era un pastel que nunca dejar&iacute;a de crecer. No hac&iacute;a falta pelear por los recursos cuando cab&iacute;a esperar que ma&ntilde;ana hubiera m&aacute;s que hoy. El mundo entero pod&iacute;a vivir en un cuento de la lechera permanente, en el que las instituciones, los acuerdos y la confianza en los sistemas p&uacute;blicos se sosten&iacute;an sobre la creencia de que siempre habr&iacute;a m&aacute;s para repartir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El &laquo;sue&ntilde;o americano&raquo;, la idea de que uno puede llegar a Estados Unidos sin nada y labrarse un futuro, no es m&aacute;s que una versi&oacute;n l&iacute;rica de esa creencia. Igual que la ret&oacute;rica sobre la &laquo;igualdad de oportunidades&raquo;, que da por hecho que habr&aacute; cada vez m&aacute;s cosas a las que optar. La meritocracia no vale nada si quien ha demostrado ser meritorio no puede acceder a una recompensa.
    </p><p class="article-text">
        Los presupuestos de los pa&iacute;ses y los crecientes niveles de endeudamiento est&aacute;n pensados para un mundo en el que dentro de diez a&ntilde;os habr&aacute; mucho m&aacute;s que ahora para devolver las deudas. Lo mismo ocurre con los sistemas de pensiones, que asumen que los trabajadores del futuro ser&aacute;n m&aacute;s productivos que los de hoy, o con las inversiones de las empresas, que se realizan esperando que los consumidores del ma&ntilde;ana ser&aacute;n m&aacute;s ricos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando compramos una casa, lo hacemos pensando que nuestro trabajo seguir&aacute; mejorando. Cuando enviamos a nuestros hijos a la universidad, confiamos en que al salir tendr&aacute;n un futuro mejor.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n explic&oacute; la presidenta del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, en una conferencia que dio en 2017, &laquo;Otra d&eacute;cada de d&eacute;bil crecimiento de la productividad socavar&iacute;a gravemente el aumento del nivel de vida global. Un crecimiento m&aacute;s lento tambi&eacute;n podr&iacute;a poner en riesgo la estabilidad financiera y social de algunos pa&iacute;ses, al dificultar la reducci&oacute;n de la desigualdad excesiva y la sostenibilidad de la deuda privada y de las obligaciones p&uacute;blicas&raquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta d&eacute;cada de la que habla est&aacute; venciendo sin que hayamos sabido encontrar la forma de arreglarlo. Por eso vemos desmoronarse, poco a poco, tantas de las cosas que hab&iacute;amos dado por sentadas. Por ejemplo, que todo el mundo tendr&iacute;a una casa en propiedad, o que habr&iacute;a un buen empleo para todas las personas. Que las pensiones podr&iacute;an pagarse sin mayor esfuerzo o que la sanidad y la educaci&oacute;n estar&iacute;an garantizadas. A medida que pasan los a&ntilde;os nos vamos distanciando cada vez m&aacute;s de la promesa de &laquo;libertad para vivir sin carencias materiales&raquo; y vamos entrando en un mundo donde lo que se discute es qui&eacute;n tendr&aacute; esa libertad y qui&eacute;n no.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los incrementos constantes de la productividad son la piedra angular de nuestra sociedad desde hace doscientos cincuenta a&ntilde;os. Incluso la democracia &mdash;que en muchos pa&iacute;ses no se consolid&oacute; hasta que la productividad comenz&oacute; a crecer&mdash; ha caminado siempre de la mano de esa expectativa de progreso continuo. Lo que estamos viviendo es tanto como si nuestro mundo hubiera dejado de girar. M&aacute;s a&uacute;n: si no somos capaces de explicarnos a nosotros mismos y a los dem&aacute;s lo que est&aacute; ocurriendo y no encontramos la manera de cambiarlo o de adaptarnos, solo podemos ir de cabeza al colapso.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; se entienda mejor con una imagen.
    </p><h2 class="article-text">Una L al rev&eacute;s</h2><p class="article-text">
        Como en una pel&iacute;cula de ciencia ficci&oacute;n, en esta historia hay una imagen que se repite una y otra vez por todas partes. Un anagrama que explica lo que est&aacute; ocurriendo mucho mejor que ning&uacute;n argumento. Es una L invertida:
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Una L invertida                            </span>
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        Casi cualquier gr&aacute;fico sobre la evoluci&oacute;n humana, si dejamos que se desarrolle lo suficiente a lo largo del tiempo, produce la misma curva: una l&iacute;nea pr&aacute;cticamente plana durante miles de a&ntilde;os que despega hasta convertirse casi en una l&iacute;nea vertical hace poco m&aacute;s de un siglo.
    </p><p class="article-text">
        El PIB per c&aacute;pita de Inglaterra, por ejemplo, se mantuvo plano desde el primer milenio hasta m&aacute;s o menos 1750. En todos esos a&ntilde;os la tasa de crecimiento estuvo alrededor del 0,01&nbsp;por ciento. Con la Revoluci&oacute;n Industrial comenz&oacute; a acelerarse hasta alcanzar tasas superiores al 6&nbsp;por ciento al final del siglo xx.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe title="Producto interior bruto de Inglaterra, 1270 a 2016." aria-label="Line chart" id="datawrapper-chart-iVoi0" src="https://datawrapper.dwcdn.net/iVoi0/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="453" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
    </figure><p class="article-text">
        La deuda p&uacute;blica sigui&oacute; el mismo camino. En Estados Unidos, hasta el siglo xx, la deuda fue pr&aacute;cticamente inexistente. Sin embargo, a partir de la segunda mitad del siglo y, especialmente, desde la d&eacute;cada de 1980, la curva comenz&oacute; a ascender de forma sostenida. El crecimiento de la deuda se volvi&oacute; mucho m&aacute;s pronunciado tras la crisis financiera de 2008 y se dispar&oacute; a&uacute;n m&aacute;s desde el a&ntilde;o 2020, superando los 35 billones de d&oacute;lares.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe title="Deuda del gobierno de los Estados Unidos, 1789 a 2025." aria-label="Line chart" id="datawrapper-chart-tQ9Bg" src="https://datawrapper.dwcdn.net/tQ9Bg/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="421" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
    </figure><p class="article-text">
        Lo mismo ocurri&oacute; con la tecnolog&iacute;a. Durante siglos, los avances fueron espor&aacute;dicos: la imprenta se invent&oacute; en el siglo xv; el telescopio, en el siglo xvii y la m&aacute;quina de vapor en el siglo xviii. Despu&eacute;s, a partir de la Revoluci&oacute;n Industrial, la curva empez&oacute; a inclinarse con el tel&eacute;grafo, el tel&eacute;fono o el autom&oacute;vil. A mediados del siglo xx, el crecimiento se dispar&oacute; con la llegada de la inform&aacute;tica, la microelectr&oacute;nica e internet. En las &uacute;ltimas d&eacute;cadas, la frecuencia con que aparecen las innovaciones se ha acelerado tanto que ya ni se distingue, acumulando en pocos a&ntilde;os adelantos como los tel&eacute;fonos m&oacute;viles, Google, Facebook, los coches aut&oacute;nomos o los LLM.
    </p><p class="article-text">
        Y podemos observar esa misma tendencia en la poblaci&oacute;n. Durante la mayor parte de la historia humana, el n&uacute;mero de habitantes del planeta creci&oacute; de forma muy lenta: incluso en el inicio de nuestra era, la poblaci&oacute;n mundial apenas superaba los 200 millones. Pero a partir de la Revoluci&oacute;n Industrial la curva empez&oacute; a dispararse de manera abrupta. El crecimiento se aceler&oacute; en el siglo xx, hasta tal punto que en la actualidad vivimos m&aacute;s de 8.000 millones de personas.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe title="Población mundial, año 5000 a.C. a la actualidad." aria-label="Line chart" id="datawrapper-chart-HZcKy" src="https://datawrapper.dwcdn.net/HZcKy/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="434" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
    </figure><p class="article-text">
        Hay docenas de gr&aacute;ficos parecidos y todos cuentan la misma historia. La vida se mantuvo est&aacute;tica, inalterada, a lo largo de la pr&aacute;ctica totalidad de nuestra existencia como especie. De pronto, como por arte de magia, todo cambi&oacute;. Hace entre dos y tres siglos, las transformaciones empezaron a acelerarse, despacio al principio, m&aacute;s r&aacute;pido despu&eacute;s, hasta alcanzar una velocidad de v&eacute;rtigo en la segunda mitad del siglo xx.
    </p><p class="article-text">
        T&uacute; y yo y todos los que estamos vivos en este primer cuarto del siglo xxi hemos ido a nacer precisamente en la c&uacute;spide del eje vertical de la L. Nos ha tocado vivir un momento tan extraordinario que necesitamos varios gr&aacute;ficos que muestren la evoluci&oacute;n completa de nuestra especie para ser capaces de visualizar su trascendencia.
    </p><p class="article-text">
        Y esta progresi&oacute;n vertical se ha detenido: el mundo ha dejado de funcionar como esper&aacute;bamos y nadie conf&iacute;a en que se solucione, o en que lo haga por s&iacute; mismo. Dicen los economistas que lo que podemos esperar en los pr&oacute;ximos a&ntilde;os es que vuelva un mundo est&aacute;tico como el del siglo xvii. Que la curva se vuelva a aplanar y el mundo se convierta otra vez en un lugar que no crece.
    </p><p class="article-text">
        Lo peor es que, aun cuando la paradoja &mdash;o el enigma&mdash; de la productividad es un fen&oacute;meno conocido y aceptado por el consenso de los economistas, ahora que est&aacute;n a punto de cumplirse veinte a&ntilde;os desde la crisis de 2008, seguimos sin poder explicar la situaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Algunos expertos lo atribuyen a problemas de medici&oacute;n; otros, a los cambios demogr&aacute;ficos o al agotamiento del efecto <em>catch-up</em> con los pa&iacute;ses perif&eacute;ricos (ya no podemos seguir creciendo a base de vender m&aacute;s al mundo en desarrollo). Otros sostienen que las tecnolog&iacute;as digitales no generan los mismos aumentos de productividad que las revoluciones industriales anteriores. Tambi&eacute;n hay quien dice que se trata de una combinaci&oacute;n de todos estos factores. Pero aunque no consigan ponerse de acuerdo en las razones, en lo que s&iacute; que est&aacute;n de acuerdo es en la naturaleza de lo que est&aacute; ocurriendo.
    </p><p class="article-text">
        &laquo;El problema no es un estruendoso colapso econ&oacute;mico global, sino algo mucho m&aacute;s silencioso: un fallo en el motor. El crecimiento de la productividad &mdash;el motor a largo plazo del aumento en el nivel de vida&mdash; se est&aacute; desacelerando. El hecho de que esto parezca estar ocurriendo en todo el mundo ofrece escaso consuelo. Lo m&aacute;s preocupante es que nadie sabe con seguridad qu&eacute; lo est&aacute; causando ni c&oacute;mo solucionarlo&raquo;, explica el economista Duncan Weldon.
    </p><p class="article-text">
        Se ha roto el motor de la prosperidad y no sabemos c&oacute;mo arreglarlo.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; las cosas, hemos llegado a la meta volante del primer cuarto de siglo empujados por el viento de cola de un momento hist&oacute;rico que se ha agotado. Y este palito de la L se ha convertido en el borde de un precipicio al que nos asomamos todos los que vivimos en este comienzo del milenio. Abajo solo se ve oscuridad.
    </p><p class="article-text">
        Si a cada generaci&oacute;n le toca librar una guerra, esta es la nuestra. De nosotros depende salir &mdash;o, al menos, entender c&oacute;mo podr&iacute;amos salir&mdash; de este atolladero.&nbsp;
    </p><h2 class="article-text">No mires arriba</h2><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l es la respuesta de los gobiernos en este momento de crisis de nuestra civilizaci&oacute;n? &iquest;Se ha organizado una Operaci&oacute;n Warp Speed como la que se puso en marcha para producir una vacuna contra el COVID en un tiempo r&eacute;cord? &iquest;Existe algo similar al Proyecto Manhattan, que descubri&oacute; la bomba at&oacute;mica para pararle los pies a Hitler? &iquest;Hay, al menos, una conferencia de la ONU y cientos de departamentos ministeriales intentando resolver este atasco civilizatorio?
    </p><p class="article-text">
        No. Hay. Nada.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que no existe un gobierno en este planeta que desconozca la magnitud de la tragedia (o quiz&aacute; precisamente por eso), los debates sobre el enigma de la productividad siguen siendo discusiones t&eacute;cnicas, limitadas a las instituciones econ&oacute;micas y planteadas como retos abstractos y oscuros, m&aacute;s que como un callej&oacute;n civilizatorio sin salida. Como en <em>No mires arriba</em>, esa pel&iacute;cula en la que un meteorito est&aacute; a punto de impactar contra la Tierra pero nadie quiere hablar del tema, no sea que les fastidie la sobremesa, en todos los pa&iacute;ses y con independencia del signo ideol&oacute;gico, la pol&iacute;tica ha metido la cabeza en un hoyo, como un avestruz.
    </p><p class="article-text">
        Y es que reconocer p&uacute;blicamente lo que han consensuado los economistas (que el mundo no va a volver a crecer igual que antes) ser&iacute;a tanto como desmontar el pilar sobre el que descansan la econom&iacute;a, la paz social e incluso la democracia. Sin tener una alternativa, ser&iacute;a un suicidio, no se sabe si de la civilizaci&oacute;n, de las siglas del gobierno de turno o de ambos. Abandonar la fe en el crecimiento sin un plan B es como empujar al mundo hacia una guerra total, que quiz&aacute;, en el fondo, es justo lo que ya estamos viviendo.
    </p><p class="article-text">
        En 2025, Ipsos realiz&oacute; un macroestudio entre decenas de miles de personas de 31 pa&iacute;ses. Encontr&oacute; que la mayor&iacute;a (57&nbsp;por ciento) piensa que &laquo;su pa&iacute;s est&aacute; en declive&raquo; y un 56&nbsp;por ciento tiene la sensaci&oacute;n de que &laquo;la sociedad en la que vive est&aacute; rota&raquo;. La percepci&oacute;n de fractura social es acuciante en las democracias occidentales m&aacute;s consolidadas &mdash;como Alemania (77&nbsp;por ciento), Reino Unido (68&nbsp;por ciento) o Estados Unidos (66&nbsp;por ciento)&mdash;, pero este malestar est&aacute; lejos de ser exclusivamente occidental: cunde en la mayor&iacute;a de los pa&iacute;ses, incluso en el denominado Sur Global.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La humanidad siente hoy un profundo y doloroso pesimismo. Incapaces de explicarles a sus votantes lo que est&aacute; ocurriendo, los gobiernos concentran sus esfuerzos en lo &uacute;nico que se les ocurre, que consiste en resucitar a cualquier precio la econom&iacute;a industrial. Mientras fue presidente, Joe Biden inyect&oacute; un bill&oacute;n de d&oacute;lares en ayudas a algunas industrias, como la fabricaci&oacute;n de chips o de paneles solares, para llevarlas de vuelta a Estados Unidos. Cuando Donald Trump lleg&oacute; al poder, los aranceles y sus promesas de recuperar los empleos del acero y del carb&oacute;n fueron parte de la misma estrategia. Nada distinto hace la Comisi&oacute;n Europea cuando propone una reindustrializaci&oacute;n verde de Europa, ni el canciller alem&aacute;n, Friedrich Merz, cuando insiste en proteger las exportaciones para incubar artificialmente su industria. Ni siquiera China escapa del pavor a este virus: en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, Xi Jinping se ha lanzado a una carrera por construir m&aacute;s carreteras, m&aacute;s f&aacute;bricas y m&aacute;s ciudades como forma de mantener el pa&iacute;s en marcha.
    </p><p class="article-text">
        Pero pasan los a&ntilde;os y nada parece funcionar. &iexcl;En ninguna parte! A pesar de las inyecciones, del capital pol&iacute;tico y de que todo el mundo aparenta estar convencido de que esta es la mejor soluci&oacute;n, el empleo industrial sigue a la baja en los pa&iacute;ses ricos. Al mismo tiempo, la desigualdad no deja de crecer y, como apuntan una y otra vez el FMI, la OCDE y el Banco Mundial, no tenemos ning&uacute;n motivo para pensar que vaya a cambiar de trayectoria.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, el descontento se multiplica, cada vez a mayor velocidad y con m&aacute;s virulencia. Y es que, a diferencia de lo que ocurr&iacute;a con el meteorito en la pel&iacute;cula, no hace falta ser astr&oacute;nomo para percibir lo que est&aacute; ocurriendo: cualquiera puede comprobar en sus carnes que la econom&iacute;a no est&aacute; funcionando, y para el ciudadano medio es innegable que el mundo del siglo xx hace mucho que dej&oacute; de existir. As&iacute; que, en lugar de vivir ajenos a la realidad, lo que cree mucha gente es que los gobiernos la est&aacute;n enga&ntilde;ando o, como m&iacute;nimo, le est&aacute;n haciendo luz de gas.
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Ipsos, dos de cada tres personas en el mundo piensan que la sociedad est&aacute; dividida entre la gente normal y las &eacute;lites pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas (68&nbsp;por ciento), que los medios est&aacute;n m&aacute;s interesados en ganar dinero que en decir la verdad (66&nbsp;por ciento) y que los partidos pol&iacute;ticos no se preocupan por la gente (64&nbsp;por ciento).
    </p><p class="article-text">
        Esas &eacute;lites, entonces, paniquean. No entienden por qu&eacute; se ha roto la confianza que los ciudadanos hab&iacute;an depositado en ellas. Achacan el descontento a la influencia que tiene el dinero en la formaci&oacute;n de la opini&oacute;n p&uacute;blica &mdash;&laquo;los medios est&aacute;n controlados por billonarios&raquo;&mdash; o a todo lo contrario, a la multiplicaci&oacute;n de los canales de comunicaci&oacute;n que les restan capacidad de convencer &mdash;&laquo;las redes han tra&iacute;do el colapso de la civilizaci&oacute;n&raquo;&mdash;. Al surgimiento de una nueva clase de empresas tecnol&oacute;gicas que controlan las redes sociales o a un mundo donde el poder est&aacute; cada vez m&aacute;s lejos de los gobiernos democr&aacute;ticos.
    </p><p class="article-text">
        Con un grado de miop&iacute;a exasperante (y, quiz&aacute;, interesado), muchos analistas intentan explicar esta aflicci&oacute;n como si fuera consecuencia del deterioro de las condiciones de vida. &laquo;La gente vive peor que antes y por eso est&aacute;n cabreados. Hagan que circule m&aacute;s dinero y todos los problemas se solucionar&aacute;n&raquo;, quieren decir.
    </p><p class="article-text">
        Pero ese argumento se desmonta solo, y a la primera inspecci&oacute;n, adem&aacute;s. Aunque el mundo crezca mucho m&aacute;s despacio, ni ha dejado de crecer ni ha decrecido. Hasta ahora, nunca hab&iacute;amos vivido tan bien. En los &uacute;ltimos veinticinco a&ntilde;os, la esperanza de vida ha aumentado de 66 a 73 a&ntilde;os, la poblaci&oacute;n mundial ha crecido casi un 30&nbsp;por ciento y la producci&oacute;n de bienes y servicios se ha duplicado. Si consideramos el conjunto del planeta, y no solo los pa&iacute;ses ricos, incluso el PIB ha aumentado, pasando de unos 13.000 d&oacute;lares por habitante a m&aacute;s de 20.000 d&oacute;lares. Para una gran parte de la humanidad han sido los mejores a&ntilde;os de la historia.
    </p><p class="article-text">
        Y, al contrario, al final de los Treinta Gloriosos, en el punto &aacute;lgido del optimismo, la inmensa mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n mundial todav&iacute;a estaba fuera del reparto de las ganancias materiales. Unos, en los pa&iacute;ses ricos, porque no hab&iacute;an conseguido entrar en la rueda; la mayor&iacute;a, porque esa promesa de progreso nunca lleg&oacute; a materializarse en los pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo. Siempre se qued&oacute; en eso, una promesa.
    </p><p class="article-text">
        Lo que ocurre es que una sociedad no es otra cosa que una promesa. Cada civilizaci&oacute;n se sostiene sobre un trato; un manual de instrucciones que dicta las reglas acerca de c&oacute;mo comportarse, qu&eacute; significa ser bueno o malo, importante o insignificante, qu&eacute; tenemos que hacer para ser considerados valiosos y qu&eacute; recompensas podemos esperar si cumplimos nuestra parte del trato. Algunos autores se refieren a este acuerdo como un &laquo;mito&raquo;, otros dicen que es un &laquo;contrato social&raquo;. En el fondo no es sino una promesa compartida, invisible pero omnipresente, que nos hacemos los unos a los otros, que inculcamos a los ni&ntilde;os desde la cuna y que confiamos en que ordene la vida colectiva.
    </p><p class="article-text">
        En el siglo xx hab&iacute;a una promesa cristalina. Incluso quien no hab&iacute;a llegado a la posici&oacute;n que esperaba asumir en el mundo ten&iacute;a una hoja de ruta, un manual del usuario para conseguir sus objetivos. Aunque no los hubieras logrado todav&iacute;a, los dem&aacute;s parec&iacute;an estar de acuerdo contigo en c&oacute;mo podr&iacute;as hacerlo.
    </p><p class="article-text">
        Esta fue la receta que se aplic&oacute; a los pa&iacute;ses en v&iacute;as de desarrollo durante a&ntilde;os. Si cambiaban sus sistemas productivos, mandaban a los j&oacute;venes a la universidad, met&iacute;an en cintura sus presupuestos y abrazaban con entusiasmo los principios de la econom&iacute;a liberal, iban a alcanzar los mismos est&aacute;ndares de progreso que Alemania.
    </p><p class="article-text">
        Hoy nadie se atrever&iacute;a a decir esto. Ni siquiera, casi, a hablar as&iacute; de Alemania. Esto es lo que ha cambiado. Sin el crecimiento espont&aacute;neo e infinito de la econom&iacute;a, nadie tiene ya la receta para que a un pa&iacute;s, o a una persona, le vaya bien. Se ha roto la promesa del siglo xx.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Al contrario, lo que s&iacute; se correlaciona con el malestar es la sensaci&oacute;n de inseguridad. El miedo. Miedo a caerte del estatus que tienes en la sociedad y a no poder recuperarlo. A perder el trabajo y que no te vuelvan a contratar, a que te quiten la casa en otra crisis como la de 2008, a quedarte atr&aacute;s mientras otros que lo merecen menos avanzan. Y lo que es peor, miedo a que todo esto te ocurra y a los dem&aacute;s les parezca bien porque no vales lo suficiente.
    </p><p class="article-text">
        La periodista Anne Helen Petersen lo expres&oacute; as&iacute; en un libro sobre el <em>burnout millennial</em>:
    </p><p class="article-text">
        No era que algo estuviera mal en mi d&iacute;a a d&iacute;a. Es que algo hab&iacute;a estado mal toda mi vida adulta. Lo cierto era que todas esas tareas encubr&iacute;an la verdadera tarea, que era adem&aacute;s la tarea de muchos m&aacute;s <em>millennials</em>: trabajar sin parar. &iquest;D&oacute;nde aprend&iacute; que ten&iacute;a que trabajar sin parar? En la universidad. &iquest;Por qu&eacute; trabajaba sin parar? Porque me aterraba no encontrar un empleo. &iquest;Por qu&eacute; sigo trabajando sin parar desde que encontr&eacute; un empleo? Porque me aterra perderlo, y porque mi valor como persona  y mi valor como trabajadora se han vuelto indiscernibles. No consegu&iacute;a quitarme de encima el sentimiento de precariedad  &mdash;de que todo aquello por lo que hab&iacute;a trabajado pod&iacute;a desaparecer de repente&mdash; y no pod&iacute;a reconciliar esa idea con una noci&oacute;n con la que me hab&iacute;a criado, la de que si me esforzaba lo suficiente, todo dar&iacute;a sus frutos.
    </p><p class="article-text">
        Esta es la ra&iacute;z del malestar que nos asola. Esa &laquo;noci&oacute;n&raquo; era la promesa de las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo xx: la de que, si nos esforz&aacute;bamos, los hijos de los trabajadores &iacute;bamos a dejar de ser <em>clase obrera</em>.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, de un mundo donde los camareros so&ntilde;aban con que sus hijos fueran abogados pasamos a otro donde los abogados temen que los suyos terminen de camareros.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/misterioso-caso-economia-menguante-adelanto-editorial-hijos-optimismo-maria-alvarez_129_12994883.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 20 Feb 2026 21:26:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El misterioso caso de la economía menguante: adelanto editorial de 'Hijos del optimismo', de María Álvarez]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Adelanto editorial,Libros,Crisis económica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Algo huele mal en la democracia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/huele-mal-democracia_129_13002477.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bb6c2aca-cb21-46b8-b73a-4e78bdeffca2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Algo huele mal en la democracia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La respuesta al desbordamiento de nuestra realidad no puede ser atacar el hedor de la extrema derecha. Tiene que ser la misma: conocimiento e infraestructuras; ciencia y un esfuerzo colectivo para adaptarnos a la nueva realidad</p></div><p class="article-text">
        Era un olor tan nauseabundo que los diputados empapaban las cortinas de sus despachos en cloro para mantenerlo a raya. El nuevo edificio del parlamento de Westminster se hab&iacute;a convertido, en aquel verano de 1858, en el epicentro del hedor; su fachada sur colgando, imponente, sobre el T&aacute;mesis.
    </p><p class="article-text">
        A mediados del siglo XIX Londres era la ciudad m&aacute;s grande del mundo y la que m&aacute;s r&aacute;pido crec&iacute;a. Los primeros compases de la Revoluci&oacute;n Industrial hab&iacute;an multiplicado su poblaci&oacute;n por tres en unas pocas d&eacute;cadas hasta los 2,5 millones de personas, una cifra que nunca antes hab&iacute;a alcanzado ninguna ciudad. Nadie hab&iacute;a planificado semejante transformaci&oacute;n. Tampoco nadie sab&iacute;a c&oacute;mo hacerlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La noci&oacute;n de que mantener una gran ciudad costaba dinero ni exist&iacute;a. As&iacute; que los londinenses eleg&iacute;an a los gobiernos municipales que promet&iacute;an ser m&aacute;s <em>low-cost</em>: los que cobraban menos impuestos y hac&iacute;an menos inversiones. Como consecuencia, en aquel verano de 1858 Londres segu&iacute;a siendo en todo, menos en su dimensi&oacute;n, una ciudad medieval. Algo as&iacute; como una megaurbe del tama&ntilde;o del &aacute;rea metropolitana de Barcelona, pero en la que no exist&iacute;a el planeamiento urbano y, lo que es m&aacute;s importante, no hab&iacute;a saneamiento. Los orines, los excrementos y los desechos de las viviendas se acumulaban, como se hab&iacute;a hecho siempre, en unas fosas s&eacute;pticas que unos &ldquo;hombres de los desechos nocturnos&rdquo; (&ldquo;night soil men&rdquo;) vaciaban de cuando en cuando.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y qu&eacute; hac&iacute;an estos hombres con el contenido de las fosas? Lo echaban al r&iacute;o.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero ni el T&aacute;mesis, en toda su grandeza, pod&iacute;a hacerse cargo de las 250&nbsp;toneladas diarias de residuos que produc&iacute;a el crecimiento de la poblaci&oacute;n, sumado a las nuevas tecnolog&iacute;as que llevaban el agua corriente hasta las casas &ndash;multiplicando la cantidad de l&iacute;quido que acababa en las fosas&ndash; y a la proliferaci&oacute;n de f&aacute;bricas y mataderos que, para abastecer a todos esos nuevos habitantes, se hab&iacute;an instalado en la ciudad. El r&iacute;o que un d&iacute;a fue navegable se hab&iacute;a convertido en una sopa repugnante; un caldo de heces, v&iacute;sceras y aceites industriales; una cloaca a cielo abierto por donde desfilaban, entre ratas y cosas peores, los desechos del progreso econ&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        Aquel episodio pas&oacute; a la historia como &ldquo;The Great Stink&rdquo;, &ldquo;El gran hedor&rdquo;; el primer momento en el que la trayectoria que tra&iacute;a el capitalismo pareci&oacute; venirse abajo. Pero no fue, en realidad, el mal olor lo que puso en jaque la vida urbana y hasta la industrializaci&oacute;n. La costumbre de tirar los residuos a las fuentes de agua produc&iacute;a brotes de c&oacute;lera y la &ldquo;peste azul&rdquo; se hab&iacute;a cobrado, solo en la primera mitad del siglo XIX, centenares de miles de vidas en la capital inglesa; millones en todas las reci&eacute;n nacidas ciudades del mundo. Pero entonces nadie sab&iacute;a que esa enfermedad se contagia al beber agua contaminada: los londinenses todav&iacute;a cre&iacute;an que los brotes eran causados por el &ldquo;miasma&rdquo;, los vapores malolientes que producen los desechos en descomposici&oacute;n. Por eso aquel verano de 1858 en el que unas temperaturas inusualmente altas volvieron el hedor insoportable, los diputados, que ten&iacute;an sus despachos encima del r&iacute;o, empapaban sus cortinas en cloro con la esperanza de que mantener el olor a raya alejara tambi&eacute;n la enfermedad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy, 200 a&ntilde;os despu&eacute;s, vivimos un momento muy parecido a aquel. La explosi&oacute;n de los cambios sociales que todav&iacute;a no comprendemos del todo, sumada a las consecuencias de las formas de vida que arrastramos de otro tiempo han contaminado las aguas de las que bebe nuestra sociedad hasta enfermarnos. Por eso se tambalean las estructuras sociales y los acuerdos que parec&iacute;an s&oacute;lidos se derrumban. Algo apesta en la pol&iacute;tica y en la democracia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero apuntar a la extrema derecha como responsable de esta aver&iacute;a ser&iacute;a cometer el mismo error que los ingleses con el miasma. La ultraderecha no es ni la causa, ni siquiera la enfermedad de la sociedad contempor&aacute;nea, es el hedor: el s&iacute;ntoma, el vapor pestilente que no nos deja respirar, es la consecuencia de algo que se est&aacute; pudriendo debajo.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;l es la causa profunda de esos vapores?
    </p><p class="article-text">
        Nuestro T&aacute;mesis es la econom&iacute;a productiva. Hasta hace unas d&eacute;cadas, ese sistema era capaz, si no de proveer un buen lugar para cada persona, al menos de prometer que lo tendr&iacute;a. Despu&eacute;s, que sabr&iacute;a utilizar el ahorro para producir m&aacute;s inversi&oacute;n productiva que a su vez iba a repercutir en mejores puestos de trabajo y nuevos bienes y servicios. Pero hoy la econom&iacute;a, como el T&aacute;mesis, no tiene capacidad para absorber toda la riqueza que se produce: la econom&iacute;a digital no requiere las mismas inversiones que la industria. Y, sin embargo, el patrimonio mundial se ha multiplicado: hoy representa seis veces el tama&ntilde;o de la econom&iacute;a. Como consecuencia, la mayor parte de la riqueza ha dejado de servir para crear m&aacute;s econom&iacute;a productiva y ahora se dedica a lo contrario: a extraer riqueza en forma de rentas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nuestra mierda, como los desechos en el T&aacute;mesis, es hoy una monta&ntilde;a de capital que colapsa las vidas de la gente exigiendo rentas del alquiler, comprando hospitales, carreteras y centros de mayores, haciendo subir los precios y concentrando el poder y los medios de comunicaci&oacute;n en unas pocas manos.
    </p><p class="article-text">
        Es muy probable que, si el gobierno de Londres no hubiera tomado cartas en el asunto, ninguno estar&iacute;amos aqu&iacute;. Porque en los siguientes 50 a&ntilde;os su poblaci&oacute;n se volvi&oacute; a multiplicar por tres. Pero tampoco hubiera servido para nada seguir culpando a los olores, ni fabricar desodorantes. Ni empapar de cloro las cortinas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hubo un cient&iacute;fico, llamado Jon Snow, que descubri&oacute; que los casos de c&oacute;lera se produc&iacute;an en torno a las fuentes de agua. Hoy es conocido como el fundador de la epidemiolog&iacute;a. Y hubo un ingeniero, que se llamaba Joseph Bazalgette, que estudi&oacute; las conclusiones de Snow y propuso que la ciudad no pod&iacute;a seguir creciendo sin una planificaci&oacute;n para ordenar la vida en com&uacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En lugar de seguir intentando tapar los olores, bajo su mandato, en los 16 a&ntilde;os siguientes Londres construy&oacute; una colosal red de alcantarillado:&nbsp;Levant&oacute; m&aacute;s de 130&#8239;km de colectores principales conectados con 2.100&#8239;km de alcantarillas secundarias que drenaban toda la ciudad y con cuatro enormes estaciones de bombeo y dos plantas de tratamiento para expulsar los residuos lejos del r&iacute;o. Todav&iacute;a hoy ese sistema est&aacute; en uso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy, como entonces, la respuesta al desbordamiento de nuestra realidad no puede ser atacar el hedor de la extrema derecha. Tiene que ser la misma: conocimiento e infraestructuras; ciencia y un esfuerzo colectivo para adaptarnos a la nueva realidad.
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as estamos todos pendientes del debate sobre la unidad de la izquierda. Y es importante. Pero esa unidad tiene que ser para hacer infraestructuras colectivas de progreso: para avanzar en la agenda de la energ&iacute;a renovable, de la educaci&oacute;n, de la renta universal de crianza. Para hacer de una vez por todas una propuesta sobre vivienda que comprenda que el parque inmobiliario es el accionariado de un pa&iacute;s y no se puede quedar en manos de una mitad de la poblaci&oacute;n mientras la otra est&aacute; condenada a ser arrendataria toda la vida, porque eso es tanto como vivir en una sociedad feudal.
    </p><p class="article-text">
        Quedarse en el &ldquo;antifascismo&rdquo; y en &ldquo;combatir a la extrema derecha&rdquo;, sin invertir en la infraestructura social de los pr&oacute;ximos a&ntilde;os, es igual que echar cloro en las cortinas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/huele-mal-democracia_129_13002477.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 18 Feb 2026 21:24:36 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Algo huele mal en la democracia]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las razones (económicas) de la sanidad pública]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/razones-economicas-sanidad-publica_129_12983074.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1ee1e95e-5a1c-445e-bb69-5449c0799a9f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las razones (económicas) de la sanidad pública"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Porque si algo define al siglo XXI no es la expansión del mercado, sino la expansión de lo común. A medida que nos adentramos en la sociedad del conocimiento, cada vez más aspectos de nuestra vida dependen de bienes que no pueden fragmentarse en decisiones individuales ni resolverse con pólizas privadas</p><p class="subtitle">La Comunidad de Madrid ha perdonado 71 millones a Quirón y Ribera Salud tras asumir y tratar a sus pacientes</p></div><p class="article-text">
        Arrecia la tormenta en torno a la sanidad. En Twitter hace meses que hay fuerte marejada y cada poco se vuelven a reabrir los debates sobre si deber&iacute;a ser p&uacute;blica o privada. Lo que hasta hace muy poco parec&iacute;a un consenso universal del Estado del Bienestar hoy est&aacute; en cuesti&oacute;n, se tambalea.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Vi&eacute;ndolas venir, ayer la ministra de Sanidad, M&oacute;nica Garc&iacute;a, revel&oacute; que llevar&aacute; al parlamento una ley para impedir el modelo de privatizaci&oacute;n de los hospitales de la Comunidad de Madrid. Ayuso, que nunca pierde comba, no tard&oacute; en convertir el tema en arma arrojadiza y anunci&oacute; que llevar&aacute; el asunto a los tribunales. La bronca est&aacute; servida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero m&aacute;s all&aacute; de la en&eacute;sima batallita &ndash;que solo durar&aacute; hasta que llegue la siguiente&ndash; este de la sanidad no es un debate cualquiera. Al contrario, bajo una aparente disputa pol&iacute;tica se esconde la cuesti&oacute;n econ&oacute;mica m&aacute;s importante del siglo (una que no es la productividad): &iquest;c&oacute;mo financiamos las cosas que no se pueden comprar y vender en los mercados?.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para desentra&ntilde;arlo tenemos que empezar por explicar que cuando hablamos de &ldquo;sanidad&rdquo; estamos mezclando &ndash;al menos&ndash; tres bienes econ&oacute;micos distintos:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El primero es la salud p&uacute;blica, que es el bienestar colectivo del que cualquier persona disfruta cuando el conjunto de la poblaci&oacute;n est&aacute; sana. La salud p&uacute;blica minimiza los riesgos sanitarios y es un bien econ&oacute;mico de primer orden. Sin ella, nos contagiar&iacute;amos de cualquier cosa, los sistemas asistenciales no dar&iacute;an abasto, no podr&iacute;a haber actividad productiva, ni mercados funcionales, ni siquiera vida social organizada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por esa raz&oacute;n una de las funciones m&aacute;s b&aacute;sicas de los estados es desplegar una bater&iacute;a inmensa de medidas que van desde la vacunaci&oacute;n al control de plagas, del saneamiento al mantenimiento de la calidad del agua y del control de fronteras a la educaci&oacute;n sanitaria o la vigilancia epidemiol&oacute;gica para reducir al m&iacute;nimo posible las enfermedades que circulan entre la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; los estados, y no los mercados?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque la salud p&uacute;blica es lo que en econom&iacute;a se denomina un &ldquo;bien p&uacute;blico&rdquo;, esto es, un recurso que est&aacute; a disposici&oacute;n de cualquiera desde el momento en que est&aacute; disponible para una persona. Si un agente (sea el que sea) erradica la viruela en un territorio, lo est&aacute; haciendo igual para una persona que para toda la poblaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El resultado es un bien que representa un problema insalvable para los mercados porque es imposible cobrar por &eacute;l: erradicar la viruela es demasiado caro para que un individuo lo pague por su cuenta, pero una vez erradicada, todos se benefician por igual sin que nadie pueda cobrarles individualmente por ello. En econom&iacute;a se dice que son bienes cuyo consumo &ldquo;no es rival&rdquo; y que no son &ldquo;excluibles&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Adam Smith, que era muy consciente de este problema, fue el primero en plantear que &ldquo;[el deber] de la comunidad es el de erigir y mantener aquellas instituciones p&uacute;blicas y aquellas obras p&uacute;blicas que, aunque pueden ser del m&aacute;s alto grado ventajosas para una gran sociedad, son, sin embargo, de tal naturaleza que el beneficio nunca podr&iacute;a compensar el gasto a ning&uacute;n individuo o a un peque&ntilde;o n&uacute;mero de individuos, y por lo tanto, no se puede esperar que ning&uacute;n individuo las erija o mantenga.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        O, en otras palabras, que el rol principal de los Estados es proveer aquellos bienes que el mercado no puede proveer. Por eso no hay ning&uacute;n pa&iacute;s del mundo, ni lo ha habido en la historia, donde la salud p&uacute;blica se provea desde el &aacute;mbito privado.
    </p><p class="article-text">
        El segundo de los bienes que conforman eso que llamamos gen&eacute;ricamente &ldquo;sanidad&rdquo; es un seguro colectivo. Es la garant&iacute;a de que, si caemos enfermos, podremos acudir a un hospital y recibir el mejor tratamiento disponible, tengamos o no dinero para pagarlo, sepamos o no d&oacute;nde acudir y con independencia de lo que nos haya ocurrido.
    </p><p class="article-text">
        Para que esta garant&iacute;a sea real, hace falta mantener permanentemente una red de hospitales, servicios de urgencias y centros de salud que funcionen todos los d&iacute;as del a&ntilde;o, tanto si hay pacientes en ese momento, como si no. O lo que es lo mismo: es necesario mantener un sistema que est&aacute; disponible para todo el mundo desde el momento en el que existe para una persona: otro bien p&uacute;blico que los mercados no pueden proveer.
    </p><p class="article-text">
        Aunque pueda resultar confuso hay que entender que este bien econ&oacute;mico &mdash;al que llamaremos &ldquo;seguro sanitario&rdquo;&mdash; no es lo mismo que el servicio m&eacute;dico que nos atiende cuando efectivamente enfermamos y vamos al hospital. Son dos cosas distintas.
    </p><p class="article-text">
        Igual que cuando contratamos un seguro del hogar entendemos que una cosa es pagar la p&oacute;liza que te cubre todo el a&ntilde;o (aunque no te pase nada) y otra muy distinta es el servicio del t&eacute;cnico que viene cuando realmente se te rompe el fregadero, el seguro sanitario es la garant&iacute;a; el pediatra, igual que el fontanero, es el servicio concreto.
    </p><p class="article-text">
        Este &uacute;ltimo escal&oacute;n &mdash;el de los &ldquo;servicios m&eacute;dicos&rdquo;&mdash; es el tercero de los bienes econ&oacute;micos de los que hablamos cuando hablamos de sanidad. Y es el &uacute;nico de los tres que s&iacute; podr&iacute;a funcionar como una prestaci&oacute;n de servicios privados, como un bien excluible y cuyo consumo es rival; que se presta a una persona concreta, en un momento puntual y podr&iacute;a cobrarse directamente a quien lo recibe.
    </p><p class="article-text">
        La prueba fehaciente es que existen de hecho multitud de servicios m&eacute;dicos que operan al margen de los seguros sanitarios e incluso sectores enteros (como la salud dental) donde el Estado casi no existe.
    </p><p class="article-text">
        Es decir, mientras que la salud p&uacute;blica beneficia a todos por igual (nadie puede ser &ldquo;excluido&rdquo; de respirar aire limpio) y los seguros sanitarios necesitan estar disponibles para todos constantemente, el servicio m&eacute;dico individual &mdash;la consulta, la operaci&oacute;n, el tratamiento&mdash; s&iacute; es excluible: puedo d&aacute;rtelo a ti y no a otro, y puedo cobr&aacute;rtelo directamente cuando lo usas.
    </p><p class="article-text">
        De manera que cuando hablamos de sanidad, estamos colocando tres bienes sobre la mesa: dos que no se pueden prestar desde el &aacute;mbito privado y otro que s&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo que no? &iquest;No existen acaso los seguros privados del hogar? &iquest;No existen seguros privados de salud?
    </p><p class="article-text">
        Existen, s&iacute;. Pero se sostienen sobre una trampa: solo cubren el &uacute;ltimo eslab&oacute;n de la cadena hecha de una serie de bienes p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        Tomemos el caso del hogar. Un seguro privado te indemniza si tu casa arde o si una tuber&iacute;a revienta. Pero solo puede hacerlo porque antes existe todo un entramado colectivo (de bienes p&uacute;blicos) que reduce dr&aacute;sticamente la probabilidad de que eso ocurra. Ese sistema se compone de facultades de arquitectura que forman profesionales y los colegios que los supervisan, normativas que dictan qu&eacute; materiales pueden utilizarse en la edificaci&oacute;n y cu&aacute;les no, sistemas de responsabilidad civil para las constructoras, Inspecciones t&eacute;cnicas, cuerpos de bomberos, de polic&iacute;a y juzgados.
    </p><p class="article-text">
        Y tambi&eacute;n existe una suerte de &ldquo;salud p&uacute;blica&rdquo; de los edificios. Para proteger tu vivienda hace falta que sean seguras todas las del barrio. Porque si el edificio contiguo se derrumba o arde, tu p&oacute;liza individual no basta para aislarte del da&ntilde;o.
    </p><p class="article-text">
        Sin esa infraestructura preventiva, sin esa red colectiva que distribuye riesgos y responsabilidades antes de que el desastre suceda, ning&uacute;n seguro privado podr&iacute;a comprometerse a pagarte nada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De la misma manera, la iniciativa privada no puede hacerse cargo de prestar un seguro sanitario universal, como pretende el modelo de la Comunidad de Madrid. Porque su mec&aacute;nica interna dicta que necesita vender y sacar un beneficio de cada paciente. Y esa l&oacute;gica es incompatible con la prestaci&oacute;n de un bien p&uacute;blico. Por eso suele ocurrir que cuando una&nbsp;administraci&oacute;n obliga a una empresa privada a proveer un bien p&uacute;blico, lo que est&aacute; haciendo es poner a la empresa de turno entre la espada de la prestaci&oacute;n del servicio y la pared de los beneficios que esperan sus inversores.
    </p><p class="article-text">
        Esto, y no otra cosa, es lo que hemos visto en el caso del Hospital de Torrej&oacute;n y lo que observamos en muchas otras concesiones: los intereses privados, que son incapaces de proveer un bien p&uacute;blico, dan un mal servicio a los ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        De manera que, m&aacute;s all&aacute; de la disputa ideol&oacute;gica, lo que propone el Ministerio de Sanidad es de absoluto sentido com&uacute;n econ&oacute;mico: el Estado debe dedicarse a proveer los bienes p&uacute;blicos porque est&aacute; mucho m&aacute;s capacitado para ello que el mercado; porque precisamente para eso existen los Estados.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con todo, ser&iacute;a tambi&eacute;n de sentido com&uacute;n no oponerse ideol&oacute;gicamente a cualquier participaci&oacute;n de la iniciativa privada. Como hemos visto, en la prestaci&oacute;n de servicios m&eacute;dicos (el tercero de los bienes que hemos desglosado) las empresas tienen mucho que aportar. De hecho, cada vez es m&aacute;s habitual que los hospitales privados funcionen como plataformas donde distintos m&eacute;dicos pueden tener su consulta privada. Para dar el mejor servicio p&uacute;blico se puede y se debe hacer mucho con las empresas y con los profesionales de la medicina.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La tarea central de los Estados modernos no deber&iacute;a ser cerrarse en banda en una batalla entre lo privado y lo p&uacute;blico, sino aprender a gestionar mejor, a medir mejor, a financiar mejor y a innovar en la provisi&oacute;n de bienes p&uacute;blicos con la misma ambici&oacute;n con la que en el siglo XX se innov&oacute; en la producci&oacute;n industrial.
    </p><p class="article-text">
        Porque si algo define al siglo XXI no es la expansi&oacute;n del mercado, sino la expansi&oacute;n de lo com&uacute;n. A medida que nos adentramos en la sociedad del conocimiento, cada vez m&aacute;s aspectos de nuestra vida dependen de bienes que no pueden fragmentarse en decisiones individuales ni resolverse con p&oacute;lizas privadas: la informaci&oacute;n, la calidad del aire, la ciberseguridad, las infraestructuras digitales, la investigaci&oacute;n cient&iacute;fica, la prevenci&oacute;n de pandemias o la autonom&iacute;a energ&eacute;tica son bienes que solo existen si existen para todos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y la pregunta que deber&iacute;a ordenar la pol&iacute;tica y la econom&iacute;a ya no ser&aacute; cu&aacute;nto Estado o cu&aacute;nto mercado, sino algo m&aacute;s exigente y m&aacute;s pr&aacute;ctico: &iquest;c&oacute;mo dise&ntilde;amos, financiamos y mejoramos los bienes p&uacute;blicos de los que depende nuestra vida colectiva?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/razones-economicas-sanidad-publica_129_12983074.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 11 Feb 2026 21:57:58 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las razones (económicas) de la sanidad pública]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Sanidad,Sanidad pública,Privatización,Isabel Díaz Ayuso,Mónica García]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las verdades feas de Íñigo Errejón]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/verdades-feas-inigo-errejon_129_12963995.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f27cb92a-e1e3-4269-a81c-f8bb7b93ebb4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las verdades feas de Íñigo Errejón"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Frente a la retirada de esta denuncia y a la inexistencia de otras que respalden las acusaciones que se vertieron, resulta evidente que aquel proceso en el que se declaró culpable a Íñigo Errejón de unos delitos que no había cometido fue, como señala Santiago Alba Rico, un “linchamiento”</p><p class="subtitle">Elisa Mouliaá alega “razones de salud” y retira su acusación de abuso sexual contra Íñigo Errejón</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;La verdad no siempre es hermosa&rdquo;, dice un antiguo proverbio tao&iacute;sta, &ldquo;y las palabras hermosas no siempre son verdad&rdquo;. La decisi&oacute;n que tom&oacute; ayer Elisa Moulia&aacute; de retirar su denuncia por abuso sexual contra &Iacute;&ntilde;igo Errej&oacute;n nos obliga hoy a confrontar algunas verdades sobre este caso que nos arrastr&oacute; hace un a&ntilde;o a alguno de los rincones m&aacute;s oscuros de nuestra sociedad, por m&aacute;s que no nos parezcan bonitas.
    </p><p class="article-text">
        La primera verdad es que &Iacute;&ntilde;igo Errej&oacute;n es inocente. En realidad, ya lo era antes, como lo somos todos, mientras no se demuestre lo contrario. Pero adem&aacute;s ahora lo es sin ning&uacute;n g&eacute;nero de duda, porque no pesan sobre &eacute;l m&aacute;s denuncias ni m&aacute;s acusaciones por ning&uacute;n delito.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La segunda verdad es que hoy habr&aacute; quienes consideren todo esto un disparate; quienes ya hab&iacute;an decidido que &Iacute;&ntilde;igo Errej&oacute;n era culpable y sientan ahora que la renuncia les resulta disonante. Y esto ocurre porque, contrariamente a lo que podr&iacute;a parecer, el &ldquo;caso Errej&oacute;n&rdquo; nunca se origin&oacute; en una investigaci&oacute;n period&iacute;stica rigurosa, es decir, en un trabajo que buscara la verdad reuniendo todas las pruebas disponibles. M&aacute;s bien, tras la primera denuncia an&oacute;nima &mdash;publicada desde una cuenta privada en una red social&mdash; se sucedieron otros relatos an&oacute;nimos, los testimonios de la propia Moulia&aacute; y una aut&eacute;ntica avalancha de comentarios y &lsquo;noticias&rsquo; que daban por hecho que aquel que hasta entonces hab&iacute;a sido el &ldquo;ni&ntilde;o bonito&rdquo; de la izquierda ocultaba bajo la superficie un monstruo.
    </p><p class="article-text">
        Y como ocurre que todas las personas sensibles ansiamos, desesperadamente, encontrar una reparaci&oacute;n a los cr&iacute;menes que se cometen contra las mujeres, es esperable y hasta comprensible que haya gente que sienta decepci&oacute;n con este desenlace. Gente que hubiera deseado una condena. Pero si lo que buscamos es justicia, entonces lo que querremos es la verdad.
    </p><p class="article-text">
        Y hoy, frente a la retirada de esta denuncia y a la inexistencia de otras que respalden las acusaciones que se vertieron, resulta evidente que aquel proceso en el que se declar&oacute; culpable a &Iacute;&ntilde;igo Errej&oacute;n de unos delitos que no hab&iacute;a cometido fue, como se&ntilde;ala Santiago Alba Rico, un &ldquo;linchamiento&rdquo;, una condena instant&aacute;nea &ldquo;a una muerte civil sin rehabilitaci&oacute;n posible como resultado de un escarnio p&uacute;blico en el que se cruzaron a veces todos los l&iacute;mites.&rdquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La tercera verdad que nos deja este proceso es que el personaje de &Iacute;&ntilde;igo Errej&oacute;n, la cara p&uacute;blica que hab&iacute;a cultivado durante a&ntilde;os, se desmoron&oacute; en aquel proceso. De manera que en aquel momento descubrimos una cuarta verdad adicional, quiz&aacute;s la m&aacute;s fea de todas, y es que la pol&iacute;tica es en realidad una mentira: un teatro, una representaci&oacute;n en la que unos actores hacen un papel. Unos hacen de sindicalistas, otros, de paisanos, otros hacen de vengadores y otros, de intelectuales. Normal, que cuando alguien se sale del papel, lo saquen del escenario a toda prisa, no vaya a ser que les estropee la obra.
    </p><p class="article-text">
        Pero, cuidado, porque esa mentira no es una desviaci&oacute;n maligna de sus ejercientes, ni mucho menos se limita a &Iacute;&ntilde;igo Errej&oacute;n. Somos nosotros mismos los que exigimos de la pol&iacute;tica una <em>performance</em> que es de principio a fin una farsa: la exigencia de que nuestros representantes sean unos seres sobrenaturales sin frustraciones, miedos, fobias, limitaciones y pulsiones inconfesables. Como tah&uacute;res expertos en hacernos trampas al solitario, primero exigimos una cosa inalcanzable y luego nos enfadamos cuando no est&aacute;n a la altura de lo que esper&aacute;bamos de ellos.
    </p><p class="article-text">
        Y a los dem&aacute;s, &iquest;qu&eacute; verdad nos queda de todo esto? &iquest;Qu&eacute; podemos concluir? &iquest;Qu&eacute; hacemos con las sospechas, los rumores y las acusaciones que no han sido respaldadas ni por una verdad judicial, ni por una verdad period&iacute;stica? No soy religiosa, pero hay un pasaje de la Biblia que siempre me ha gustado. Uno que se cita mucho, generalmente muy mal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En el Evangelio de Juan, los fariseos llevan ante Jes&uacute;s a Mar&iacute;a Magdalena, a quien dicen haber sorprendido en adulterio, y le plantean una pregunta aparentemente sencilla:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Seg&uacute;n la Ley de Mois&eacute;s, esta mujer debe ser apedreada. &iquest;T&uacute; qu&eacute; dices?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        El episodio suele leerse como una lecci&oacute;n moral sobre no juzgar a los dem&aacute;s, porque todos somos culpables &mdash;&ldquo;el que est&eacute; libre de pecado, que tire la primera piedra&rdquo;&mdash;, pero esa interpretaci&oacute;n no es cierta. El propio texto aclara que no le preguntan para conocer su opini&oacute;n, sino &ldquo;para tenderle una trampa y poder acusarlo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los fariseos no buscan justicia, sino una contradicci&oacute;n. Si Jes&uacute;s aprueba la lapidaci&oacute;n, traiciona su mensaje de misericordia. Si la rechaza, se coloca fuera de la Ley jud&iacute;a y puede ser acusado de herej&iacute;a (y, adem&aacute;s, de desafiar la autoridad romana, que se reservaba el derecho a aplicar la pena de muerte).
    </p><p class="article-text">
        Lo que Jes&uacute;s hace entonces no es absolver a la mujer ni relativizar la ley. Hace algo mucho m&aacute;s inc&oacute;modo: se niega a juzgar fuera de un sistema de justicia. No porque no exista la verdad, sino porque sin procedimiento, sin garant&iacute;as, sin reglas comunes no puede haber una verdad compartida. Los fariseos no pueden encontrar la verdad porque no la est&aacute;n buscando: solo quieren ejecutar una condena imponiendo su propia cosmovisi&oacute;n. All&iacute; donde no hay sistema, no hay justicia posible, solo violencia revestida de moral.
    </p><p class="article-text">
        Eso es lo que este caso nos obliga a aceptar, por m&aacute;s que nos incomode, por m&aacute;s feo que nos parezca: para que exista verdad, tiene que existir un m&eacute;todo para alcanzarla. La verdad no es una intuici&oacute;n colectiva ni una mayor&iacute;a emocional. Es un resultado siempre provisional de un proceso lento, imperfecto, lleno de l&iacute;mites, pero infinitamente mejor que su alternativa. Hoy existen leyes, tribunales y un periodismo que investiga delitos con herramientas mucho m&aacute;s sofisticadas que las de cualquier turba digital. Nada de eso es infalible. Pero es lo &uacute;nico que separa la justicia del linchamiento.
    </p><p class="article-text">
        Y es dif&iacute;cil, y doloroso, porque se suceden los casos y las acusaciones de violencia. Pero ocurre que aprender a vivir sin una verdad definitiva &mdash;sin una certeza moral absoluta sobre cada caso&mdash; es una de las tareas m&aacute;s dif&iacute;ciles de nuestro tiempo. Una que no significa vivir sin ley. Significa aceptar que no todo puede ser juzgado por nosotros, que no toda acusaci&oacute;n puede resolverse en el espacio p&uacute;blico, que hay verdades a las que solo se puede llegar &mdash;o no llegar&mdash; a trav&eacute;s de un sistema. En una &eacute;poca saturada de falsas verdades, quiz&aacute; la madurez consista precisamente en esto: en soportar la incomodidad de no saber, de no juzgar, y aun as&iacute; defender con firmeza la presunci&oacute;n de inocencia y la ley que hace posible que, al final, la verdad exista.
    </p><p class="article-text">
        <em>Fe de erratas: en este art&iacute;culo de opini&oacute;n se hac&iacute;a alusi&oacute;n a que &Iacute;&ntilde;igo Errej&oacute;n estaba en tratamiento por adicci&oacute;n a las drogas, una afirmaci&oacute;n que ha sido eliminada por ser err&oacute;nea. </em>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/verdades-feas-inigo-errejon_129_12963995.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 04 Feb 2026 21:49:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Las verdades feas de Íñigo Errejón]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Acoso sexual,Íñigo Errejón]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rutte y la reencarnación de Chamberlain]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/rutte-reencarnacion-chamberlain_129_12943885.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/992210a6-5d53-45f2-ab03-1ff2de8e661d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Rutte y la reencarnación de Chamberlain"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hitler, igual que Trump, descansaba su estrategia sobre la certeza de que podía amedrentar a los burócratas como Chamberlain y como Rutte. Sabía que ese tipo de políticos, a quienes solo les preocupa su propia supervivencia, venderían a su madre por la posibilidad de salvarse</p></div><p class="article-text">
        Entre el aluvi&oacute;n de historias que nos llegan de Estados Unidos, resulta casi imposible decidir cu&aacute;l es la m&aacute;s terrible. Pero yo tengo una candidata. La noticia m&aacute;s terrorifica de estas semanas no ha sido la del asesinato de Ren&eacute;e Good, ni la ejecuci&oacute;n p&uacute;blica de Alex Pretti. Ni siquiera la detenci&oacute;n del peque&ntilde;o Liam Conejo, con su gorrito. La noticia que me quita el sue&ntilde;o es la historia que <a href="https://www.theguardian.com/us-news/2026/jan/14/slate-reporter-ice-job-offer" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ha contado una periodista que intent&oacute;</a>, sin ocultar su identidad, ser reclutada por ICE.
    </p><p class="article-text">
        Laura Jedeed fue a una feria de empleo, se sent&oacute; all&iacute; mismo ante un reclutador, respondi&oacute; a unas preguntas b&aacute;sicas &mdash;nombre, edad, experiencia militar&mdash; y se march&oacute;. La entrevista dur&oacute; menos de seis minutos. No firm&oacute; ning&uacute;n documento, no pas&oacute; ning&uacute;n filtro ideol&oacute;gico, no complet&oacute; los formularios exigidos ni autoriz&oacute; una investigaci&oacute;n de sus antecedentes. Aun as&iacute;, recibi&oacute; un correo con una oferta provisional. Se someti&oacute; entonces a un test de drogas despu&eacute;s de haber consumido cannabis y sigui&oacute; dando igual: d&iacute;as m&aacute;s tarde descubri&oacute; que el sistema administrativo la daba por contratada, con fecha de incorporaci&oacute;n incluida. Cuando pregunt&oacute; c&oacute;mo era posible, la respuesta fue a&uacute;n m&aacute;s inquietante: nadie lo sab&iacute;a con certeza.
    </p><p class="article-text">
        El fascismo, <a href="https://amzn.to/45z97PQ" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como explica Robert Paxton</a>, no es una ocurrencia de un pirado. Pirados hay muchos, pero no suelen llegar a dirigir pa&iacute;ses enteros. Si tienen &eacute;xito, a veces son figuras en la televisi&oacute;n o, en el peor de los casos, psic&oacute;patas o terroristas.
    </p><p class="article-text">
        Para cristalizar en un r&eacute;gimen pol&iacute;tico, el fascismo debe ser un fen&oacute;meno social, un movimiento, una corriente en la que una parte de una poblaci&oacute;n se convence a s&iacute; misma de que es v&iacute;ctima de una injusticia que solo puede resolverse mediante la demolici&oacute;n del orden liberal. As&iacute;, se produce una especie de naturalizaci&oacute;n del cinismo, por la cual dejan de tener sentido las normas y las libertades. Y es que, si unos son v&iacute;ctimas, los de enfrente han de ser necesariamente los verdugos. Y no hay por qu&eacute; respetar los derechos humanos de los verdugos. Por eso Trump y toda su caterva se han dedicado estos d&iacute;as a pintar a Good y a Pretti como &ldquo;terroristas&rdquo; empujados por &ldquo;la izquierda&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Solo cuando existe esa parte de la sociedad que est&aacute; dispuesta a pasar por encima de la humanidad de la otra parte puede producirse el pacto que da lugar al fascismo; ese arreglo donde unas &eacute;lites pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas, para mantenerse en el poder a toda costa, terminan apoyar a un pirado que pasaba por all&iacute; y consigue encarnar todo el movimiento. El pacto que alumbra al fascismo solo se puede sostener sobre una sociedad que ha mandado al carajo los principios m&aacute;s elementales y ha naturalizado el desorden, la sumisi&oacute;n jer&aacute;rquica y la violencia como m&eacute;todos. El <em>f&uuml;hrer</em>, el <em>duce</em> o el caudillo no son la causa, sino la consecuencia de la deriva fascista; la manifestaci&oacute;n &uacute;ltima de un proceso social m&aacute;s profundo.
    </p><p class="article-text">
        He argumentado en muchas ocasiones que Trump est&aacute; en ca&iacute;da libre. No solo sus n&uacute;meros en las encuestas van cada d&iacute;a peor, sino que ha incumplido la promesa que lleva 40 a&ntilde;os haci&eacute;ndole a los americanos y que consist&iacute;a en devolver a <a href="http://ee.uu" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">EE.UU</a>. a un pasado id&iacute;lico parecido a 1960. A estas alturas, me apostar&iacute;a una cena con todos los lectores a que perder&aacute; las &ldquo;midterms&rdquo;, las elecciones que en 9 meses renovar&aacute;n la mitad del Congreso y del Senado. Entonces, perder&aacute; el control del legislativo y ser&aacute; mucho m&aacute;s d&eacute;bil. Si no ocurre antes, ese ser&aacute; el momento en que las &eacute;lites republicanas le abandonar&aacute;n para que no los arrastre en su ca&iacute;da. Pero dar&aacute; igual, porque Estados Unidos seguir&aacute; infectado de fascismo por muchos a&ntilde;os, qui&eacute;n sabe si hasta su propia desintegraci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La segunda noticia m&aacute;s terror&iacute;fica de la semana es un europeo diciendo que <a href="https://www.eldiario.es/internacional/secretario-general-otan-si-alguien-piensa-ue-defender-eeuu-sigan-sonando_1_12937316.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">&ldquo;Europa no se puede defender sola sin EE.UU</a>.&rdquo; Yo no s&eacute; si Rutte ha estudiado mucha historia, pero sus palabras son id&eacute;nticas a aquella cantinela que <a href="https://en.wikiquote.org/wiki/Neville_Chamberlain" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">repet&iacute;a incansablemente Neville Chamberlain</a>, el primer ministro brit&aacute;nico que se empe&ntilde;&oacute; en &ldquo;apaciguar&rdquo; a Hitler: &ldquo;no somos lo suficientemente fuertes&rdquo;, &ldquo;Tenemos muchos hombres, pero no est&aacute;n entrenados ni equipados&rdquo;, &ldquo;Carecemos de armas de ataque y defensa. Sobre todo, nos falta poder a&eacute;reo&rdquo;, &ldquo;Si logramos superar este a&ntilde;o, creo que podremos corregir nuestras mayores deficiencias.&rdquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Claro que entonces tambi&eacute;n parec&iacute;a que Hitler ser&iacute;a un fen&oacute;meno pasajero. Chamberlain pensaba que &ldquo;Hitler [hab&iacute;a perdido] el tren en septiembre en 1938 [cuando] podr&iacute;a haber asestado a Francia y a Inglaterra un golpe terrible, quiz&aacute; mortal&rdquo; . y que &ldquo;Esa oportunidad no volver&iacute;a a repetirse.&rdquo; Entonces los gobiernos de Londres y Par&iacute;s intentaron, como hoy Rutte y tantos otros l&iacute;deres europeos, apaciguar al tirano. Enarbolaron la prudencia como coartada para esconder la cobard&iacute;a como estrategia. Arrastraron los pies ante el avance de los nazis, confiando en que la amenaza se disipara sola. Por el camino dejaron abandonada a la Espa&ntilde;a democr&aacute;tica y permitieron que Alemania fundara un ej&eacute;rcito que casi acaba con nuestro modo de vida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El fascismo no es una ideolog&iacute;a: es una enfermedad del estado liberal. Por eso cursa con los mismos s&iacute;ntomas desde hace 100 a&ntilde;os. Por eso Hitler, igual que Trump, descansaba su estrategia sobre la certeza de que pod&iacute;a amedrentar a los bur&oacute;cratas como Chamberlain y como Rutte. Sab&iacute;a que ese tipo de pol&iacute;ticos, a quienes solo les preocupa su propia supervivencia, vender&iacute;an a su madre por la posibilidad de salvarse. &ldquo;Un apaciguador es quien alimenta a un cocodrilo, con la esperanza de que lo devore al final&rdquo;, dec&iacute;a Churchill.
    </p><p class="article-text">
        No hace falta explicar que aquella estrategia fue una cat&aacute;strofe. No puede quedar nadie en este continente que piense que Chamberlain ten&iacute;a raz&oacute;n. No solo no ten&iacute;a raz&oacute;n, sino que era un lamebotas miserable, indigno de la tradici&oacute;n de su pa&iacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y los europeos no debemos cometer ese mismo error dos veces. Como aprendimos de Churchill (y de Manuel Aza&ntilde;a), no hay ninguna manera de ganar una guerra que no pase por comparecer en el campo de batalla. Uno no puede enfrentarse a un <em>bully</em> sin asumir el riesgo de que le partan la cara.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En estos a&ntilde;os que vienen los europeos, y todas las personas que creemos en la democracia liberal, vamos a tener que ir a la guerra. Con suerte no ser&aacute; una guerra armada, sino comercial, tecnol&oacute;gica, informacional, econ&oacute;mica. Pero ser&aacute; una guerra igual.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los bandos ya est&aacute;n definidos. En el papel de los Aliados habr&aacute; una &ldquo;Coalition of the Willing&rdquo;, tal y como la describi&oacute; hace unos d&iacute;as el primer ministro de Canad&aacute; en Davos. Esa coalici&oacute;n de voluntarios reunir&aacute; a los pa&iacute;ses que, por decisi&oacute;n propia y sin esperar a un mandato universal, se comprometan a defender la democracia liberal y el orden internacional frente a quienes quieren destruirlos.
    </p><p class="article-text">
        En el papel del Eje estar&aacute;n los movimientos pre-fascistas que nos atacan desde muchos lugares cerca y lejos de casa: en <a href="http://ee.uu" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">EE.UU</a>., en Rusia, en Israel, y tambi&eacute;n desde dentro de nuestras fronteras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y la victoria consistir&aacute; en desarrollar de una vez por todas los anticuerpos para esta enfermedad del fascismo. En recuperar la soberan&iacute;a militar y tecnol&oacute;gica, en aislar diplom&aacute;ticamente a los pa&iacute;ses que den alas a la reacci&oacute;n y en abolir la amenaza de la violencia dentro de nuestras propias sociedades. La pr&oacute;xima d&eacute;cada, tanto si ganan los dem&oacute;cratas en <a href="http://ee.uu" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">EE.UU</a>. como si no, debe ser la que desvincule a la &ldquo;Coalici&oacute;n de voluntarios&rdquo; de los pa&iacute;ses que se est&aacute;n infectado del virus del fascismo, gobierne quien gobierne.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as he vuelto a ver una pel&iacute;cula maravillosa sobre el momento en el que el parlamento brit&aacute;nico, harto de los tejemanejes de Chamberlain, fuerza su dimisi&oacute;n y nombra primer ministro a un improbable Winston Churchill. Se llama &ldquo;The Darkest Hour&rdquo; &mdash;&ldquo;La hora m&aacute;s oscura&rdquo;--- y cuenta como el nuevo <em>premier</em> cambi&oacute; el rumbo de la historia con un compromiso: el de hacer la guerra &ldquo;por mar, tierra y aire, con todas nuestras fuerzas y con toda la energ&iacute;a que Dios pueda concedernos; hacer la guerra contra una tiran&iacute;a monstruosa, jam&aacute;s superada en el oscuro y lamentable cat&aacute;logo de los cr&iacute;menes humanos.&rdquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si tienen un rato este fin de semana, no dejen de verla. Esa es la moral que necesitamos hoy. La de ir a la guerra.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/rutte-reencarnacion-chamberlain_129_12943885.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 28 Jan 2026 20:58:42 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Rutte y la reencarnación de Chamberlain]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Mark Rutte,Donald Trump,Otan,Estados Unidos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Adamuz y la anatomía de la conspiración]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/adamuz-anatomia-conspiracion_129_12924796.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4dd8f6a3-f2fc-44ae-9a01-d883f42a741e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Adamuz y la anatomía de la conspiración"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El ministro de Transportes está haciendo el mejor trabajo posible de transparencia, pero no puedo dejar de pensar que es insuficiente, pues el PP y Vox se benefician de las sensaciones de caos explotando una debilidad de la democracia que debemos corregir</p><p class="subtitle">Óscar Puente afirma que el accidente de Adamuz no ha sido “por falta de mantenimiento o de controles”: “Es mucho más complejo”
</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Cu&aacute;ndo fue la &uacute;ltima vez que te encontraste con un desconocido en un pasillo tan estrecho que ninguno pod&iacute;a pasar por el centro? Si, en lugar de chocar, te pegaste instintivamente a la derecha mientras la otra persona se escoraba a la izquierda, sin saberlo estabais llegando a un equilibrio de Nash.
    </p><p class="article-text">
        John Nash fue un gigante de las matem&aacute;ticas. Su trabajo es fundamental desde la geometr&iacute;a hasta la topolog&iacute;a pasando por las ecuaciones diferenciales. Pero su mayor contribuci&oacute;n es en teor&iacute;a de juegos. La noci&oacute;n que lleva su nombre es esa que explica que cuando dos actores se enfrentan a un problema de coordinaci&oacute;n, puede haber una soluci&oacute;n que sea &oacute;ptima para ambos: como cuando en un pasillo uno se echa a un lado y el otro, al contrario.
    </p><p class="article-text">
        Otra de las tesis de Nash ten&iacute;a que ver con la geopol&iacute;tica. Durante las d&eacute;cadas de 1950 y 1960, el matem&aacute;tico se vio involucrado en misiones secretas del gobierno americano y fue objetivo de la vigilancia de unos agentes sovi&eacute;ticos que le enviaban mensajes codificados impresos en peri&oacute;dicos que pod&iacute;a leer todo el mundo, pero que iban dirigidos espec&iacute;ficamente a &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Solo que nada de esto era verdad. Nash, durante gran parte de su vida, crey&oacute; ser el centro de una conspiraci&oacute;n que nunca existi&oacute;. Su estatura matem&aacute;tica le permiti&oacute; disfrazar esos delirios de manera que recordaban a la criptograf&iacute;a o al razonamiento de la teor&iacute;a de juegos, pese a que no ten&iacute;an nada que ver: eran manifestaciones de algo que despu&eacute;s se diagnostic&oacute; como una esquizofrenia paranoide. 
    </p><p class="article-text">
        Pero que la etiqueta no nos permita ponernos a salvo: lo que Nash nos ense&ntilde;a es que todos &ndash;incluso las personas m&aacute;s inteligentes, incluso los genios&ndash; somos susceptibles de creer cosas que no est&aacute;n pasando. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo puede ser?
    </p><p class="article-text">
        Durante mucho tiempo, los humanos hab&iacute;amos cre&iacute;do que &eacute;ramos m&aacute;quinas de comprender. Que &iacute;bamos por el mundo percibiendo la realidad y proces&aacute;ndola con nuestro cerebro racional, como si fu&eacute;ramos un ordenador. En la misma l&iacute;nea, la ciencia hab&iacute;a dado por hecho que el sistema nervioso funcionaba principalmente de abajo hacia arriba; que los sentidos detectaban el mundo y enviaban la informaci&oacute;n hacia el cerebro para que fuera interpretada.
    </p><p class="article-text">
        Pero cuando los neurofisi&oacute;logos empezaron a medir el tr&aacute;fico neuronal real descubrieron algo sorprendente: la gran mayor&iacute;a de las se&ntilde;ales &mdash;algo as&iacute; como el 80% de los impulsos el&eacute;ctricos que conforman la actividad cognitiva&mdash; no viajan desde los sentidos hacia el cerebro, sino desde el cerebro hacia los sistemas sensoriales y motores.
    </p><p class="article-text">
        En otras palabras, el cerebro no pasa la mayor parte del tiempo escuchando. Pasa la mayor parte del tiempo hablando. Somos, como dice Andy Clark, &ldquo;m&aacute;quinas de predecir&rdquo;, productores de experiencias, contadores de historias. El cerebro env&iacute;a constantemente expectativas sobre lo que cree que est&aacute; pasando para que los sentidos validen su predicci&oacute;n. Si la realidad le lleva la contraria, en ocasiones &ndash;solo en ocasiones&ndash; corregir&aacute; alg&uacute;n error en esas predicciones.
    </p><p class="article-text">
        Las implicaciones de esta idea son tremendas, porque lo que quiere decir es que no existe una &uacute;nica realidad de la que nos informamos, sino que cada uno de nosotros tiene dentro una realidad distinta, independiente del mundo exterior. Podr&iacute;a ocurrir &ndash;cada vez ocurre m&aacute;s&ndash;, que caminemos por la vida con una pel&iacute;cula completamente distinta a la de los dem&aacute;s en la cabeza. 
    </p><p class="article-text">
        Pero el problema es que para convivir necesitamos que las realidades de unos y otros est&eacute;n m&aacute;s o menos coordinadas. Nash dif&iacute;cilmente pod&iacute;a compartir su mundo conspiranoico con otras personas que no vivieran en &eacute;l. Para que puedan existir sociedades complejas, necesitamos una &ldquo;realidad&rdquo; compartida. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso, como explica Javier Arg&uuml;ello, todas las sociedades desde hace 2000 a&ntilde;os han dedicado tiempo y esfuerzo a ese empe&ntilde;o. La Historia fue un primer intento. La religi&oacute;n era otra. El m&eacute;todo cient&iacute;fico es, quiz&aacute;s, el mejor m&eacute;todo que hemos encontrado para ponernos de acuerdo sobre el mundo exterior. Y cuando los estados modernos necesitaron hacer compatibles distintas versiones de la verdad en una misma sociedad, <em>matematizaron</em> el problema. Crearon sistemas democr&aacute;ticos donde se contabiliza cu&aacute;ntas personas ven la realidad de una forma y cu&aacute;ntas de otra. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando, en el siglo XX, los cambios sociales comenzaron a acelerarse, en paralelo tambi&eacute;n se fueron creando instituciones para explicarlos. Los medios, los partidos y los sindicatos de masas eran en esencia m&aacute;quinas de producir una realidad compartida, una cosmovisi&oacute;n &uacute;nica a la que uno pod&iacute;a adscribirse. Sobre todas ellas, la escuela era el mecanismo por el que todos los ciudadanos se daban una serie de verdades comunes. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy, pocas horas despu&eacute;s del accidente en el que dos trenes dejaron de cumplir el equilibrio de Nash con terribles consecuencias, la realidad parece estar saltando tambi&eacute;n por los aires. Se nos ha llenado el pa&iacute;s de bulos y hay un mont&oacute;n de gente viviendo en universos paralelos. Hay quien ha acusado a una presentadora de TVE de &ldquo;re&iacute;rse&rdquo; del accidente, hay quien piensa que el Gobierno ha &ldquo;regalado centenares de millones&rdquo; a Marruecos para sostener su red ferroviaria mientras desatend&iacute;a la espa&ntilde;ola. Se ha afirmado que las v&iacute;as estaban hechas con &ldquo;materiales <em>low cost</em>&rdquo; o que todas las v&iacute;as de tren de Espa&ntilde;a est&aacute;n en malas condiciones.   
    </p><p class="article-text">
        Y eso que el Ministerio de Transportes est&aacute; haciendo el mejor trabajo posible&nbsp;en este sentido. &Oacute;scar Puente lleva  d&iacute;as dando una entrevista detr&aacute;s de otra, afanado en cortocircuitar todas las mentiras. Ayer hubo una rueda de prensa que se prolong&oacute; durante casi tres horas en la que el ministro, el director de ADIF y el director t&eacute;cnico de RENFE atendieron hasta la &uacute;ltima pregunta y dieron hasta el m&aacute;s m&iacute;nimo detalle t&eacute;cnico en una sala abarrotada de periodistas. Total transparencia, es dif&iacute;cil&nbsp;pedirle m&aacute;s a la autoridad que gestiona una emergencia. Y sin embargo no puedo dejar de pensar que no es suficiente.
    </p><p class="article-text">
        Porque, f&iacute;jense: llevamos 75 a&ntilde;os sin actualizar los mecanismos por los que comprendemos colectivamente la realidad. Hoy no tenemos ninguna instituci&oacute;n a la que acudir para entender un apag&oacute;n, una pandemia, un descarrilamiento o las transformaciones de la inteligencia artificial. Casi todas las matem&aacute;ticas que se ense&ntilde;an en la escuela se formularon antes de 1950. Vamos con 75 a&ntilde;os de retraso en explicar la realidad.
    </p><p class="article-text">
        Pero si cerramos el siglo XX con la sensaci&oacute;n de que la realidad era una cosa compartida y estable, un suelo firme, fue porque hab&iacute;amos creado instituciones para comprenderla. Tan confiados est&aacute;bamos en esa solidez que desde entonces, aunque el tiempo no deja de acelerarse, no hemos creado ni una nueva para el siglo XXI.
    </p><p class="article-text">
        Claro que hay actores interesados. Claro que la extrema derecha est&aacute; detr&aacute;s de todo esto y que al PP le ha faltado tiempo para subirse al carro y poner en cuesti&oacute;n las &ldquo;infraestructuras ferroviarias&rdquo;. Es evidente que se benefician de la sensaci&oacute;n de caos y de hacer crecer la idea de que el gobierno nos traiciona. El trumpismo es el mejor exponente de que la desinformaci&oacute;n es un tema universal de una cierta derecha.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo que est&aacute;n explotando es una debilidad de la democracia que deber&iacute;amos corregir. &iquest;Podr&iacute;a existir, igual que hay un CSIC, un instituto t&eacute;cnico encargado de hacer educaci&oacute;n social? &iquest;O deber&iacute;an ser varias instituciones independientes las encargadas de dar tantas versiones de la realidad como tengan sentido en democracia? &iquest;Podr&iacute;a haber dotaciones para que los medios de comunicaci&oacute;n incorporen equipos de t&eacute;cnicos a sus plantillas? &iquest;Tiene sentido que igual que hay un &ldquo;bono cultural&rdquo; haya un &ldquo;bono educativo&rdquo; para que los ciudadanos puedan seguir form&aacute;ndose en las materias que cambian cada vez m&aacute;s r&aacute;pido? &iquest;Necesitamos revisar profundamente el contenido de la educaci&oacute;n general?
    </p><p class="article-text">
        No tengo las respuestas. Pero tengo una &uacute;ltima pregunta: &iquest;De verdad podemos seguir siendo un &uacute;nico pa&iacute;s si cada persona vive en un mundo distinto?
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/adamuz-anatomia-conspiracion_129_12924796.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 21 Jan 2026 21:40:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Adamuz y la anatomía de la conspiración]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Accidente trenes Adamuz]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué hace un Gobierno progresista bonificando las rentas de capital?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/gobierno-progresista-bonificando-rentas-capital_129_12907897.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4a2c0112-3b20-491e-b9d0-3a54c57f6673_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Qué hace un Gobierno progresista bonificando las rentas de capital?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si llega a aprobarse la medida para bonificar a los caseros, el año que viene todos los rentistas de España ganarán más. Unos, porque subirán la leva a sus inquilinos. Los demás, porque les pagaremos a cada uno unos miles de euros vía impuestos</p><p class="subtitle">Sin salón, sin cocina y pronto sin baño</p></div><p class="article-text">
        Para esta semana yo ten&iacute;a preparado un art&iacute;culo muy fino &ndash;y bastante laudatorio, la verdad&ndash; sobre Pedro S&aacute;nchez. Se llamaba 'El sanchismo ha muerto, larga vida al perro' y contaba que en los &uacute;ltimos d&iacute;as ha habido en la izquierda anteriormente conocida como &ldquo;sanchista&rdquo; varios movimientos que cuestionan al presidente socialista. Un art&iacute;culo de Sol Gallego D&iacute;az ped&iacute;a que el presidente no se vuelva a presentar, mientras un manifiesto encabezado por Jordi Sevilla ped&iacute;a un &ldquo;cambio de rumbo pol&iacute;tico en el partido&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y yo quer&iacute;a contar que esto no era ni mucho menos su final, porque Pedro S&aacute;nchez ha ejecutado en estos a&ntilde;os una pirueta digna de entrar en los manuales de comunicaci&oacute;n pol&iacute;tica: &eacute;l, que evidentemente es una &uacute;nica persona, ha conseguido desdoblarse en dos personajes distintos. 
    </p><p class="article-text">
        Para una parte de la gente, Pedro S&aacute;nchez es &ldquo;S&aacute;nchez&rdquo;, el en&eacute;simo secretario del Partido Socialista, comparable a Gonz&aacute;lez, Almunia o Zapatero. Odiado por la derecha y querido por la militancia, es a ese personaje al que algunas voces reclaman que retorne a las esencias del socialismo. Esos son los sanchistas.
    </p><p class="article-text">
        Pero para la mayor&iacute;a de la gente que no hab&iacute;a nacido cuando se vot&oacute; la Constituci&oacute;n, Pedro S&aacute;nchez es &ldquo;el perro&rdquo;: una figura mem&eacute;tica y supra-partidista, que no guarda relaci&oacute;n con la tradici&oacute;n socialista, porque esa tradici&oacute;n les resulta irrelevante. Es desde esa identidad desde donde el presidente se conecta con una parte de la poblaci&oacute;n que no est&aacute; vinculada a ninguna sigla. Ven en &ldquo;el perro&rdquo; una figura apartidista, la m&aacute;s alejada &mdash;dentro de lo que hay&mdash; de los vicios de la pol&iacute;tica. Estos no son sanchistas: son perristas. 
    </p><p class="article-text">
        El lema de los perristas es ese que dice que &ldquo;el perroxanxe sabe m&aacute;s por perro que por xanxe&rdquo;. Hay perristas que votan al PSOE, pero muchos otros votan tambi&eacute;n a Sumar, y seguro que alguno al PNV, a Bildu o a ERC. Estos perristas son los que consiguen que, pese a que &ldquo;S&aacute;nchez&rdquo; es un personaje odiado por muchos, Pedro S&aacute;nchez siga siendo el l&iacute;der pol&iacute;tico preferido por la mayor&iacute;a para dirigir el pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y yo quer&iacute;a contar que incluso aunque el sanchismo decayera, era probable que el perrismo siguiera en ascenso. Incluso que le sobreviviera al propio Pedro S&aacute;nchez cuando se retire y se reencarnara en otra persona que tambi&eacute;n apareciera como un pol&iacute;tico-no-partidista. Otro &ldquo;perro&rdquo;, algo as&iacute; como con Per&oacute;n y el peronismo.
    </p><p class="article-text">
        Pero he tenido que tirar el art&iacute;culo a la papelera y empezar este otro, porque no creo que hoy quede un perrista en Espa&ntilde;a. Y es que este lunes el perro levant&oacute; la patita de atr&aacute;s y, cuando menos lo esper&aacute;bamos, hizo sus cositas sobre todos los menores de 45 de este pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        No hay otra manera de explicar que, ante el drama que se avecina con la finalizaci&oacute;n de 630.000 contratos de alquiler en los pr&oacute;ximos meses, que tiene a tantas familias sin dormir, la soluci&oacute;n que propone el gobierno sea bonificar a los caseros para que no solo sigan cobrando alquileres abusivos, sino que puedan ganar todav&iacute;a otro poquito m&aacute;s con cargo a los impuestos que pagamos todos. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo puede ser que a un gobierno que dice ser progresista se le ocurra siquiera esta idea?
    </p><p class="article-text">
        El alquiler es &ldquo;un activo de ricos&rdquo;. El 10% m&aacute;s rico de nuestro pa&iacute;s tiene un tercio de su patrimonio en casas que han convertido en un negocio (eso sin contar las que est&aacute;n en manos de empresas) y el 2% de la poblaci&oacute;n acumula el 50% de las rentas del alquiler. Por m&aacute;s que siga habiendo gente &ndash;la ministra, entre ellos&ndash; que difunde el bulo de que la propiedad est&aacute; muy distribuida, en las clases medias &ldquo;la proporci&oacute;n de inmuebles destinados a obtener rentabilidad sigue siendo muy baja, de aproximadamente el 2%&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y no son alquileres. Son rentas del capital inmobiliario. Rentas del capital. 
    </p><p class="article-text">
        Los inquilinos son los pobres del siglo XXI. La pr&aacute;ctica totalidad de los deciles m&aacute;s bajos de renta vive de alquiler. <a href="https://www.eldiario.es/economia/mitad-inquilinos-riesgo-pobreza-alquileres-disparados-bajos-salarios_1_10190180.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">La mitad &ndash;&iexcl;la mitad!-- de los inquilinos est&aacute; en riesgo de exclusi&oacute;n</a>. No solo son pobres, sino que son pobres precisamente porque tienen que dedicar hasta el 70% de su renta para retribuir la riqueza de los primeros.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo peor ni siquiera es esto. Lo peor es que la vivienda es un capital improductivo, que ni produce puestos de trabajo, ni ingresos para el Estado, ni genera econom&iacute;a. Es un sif&oacute;n, una aspiradora, que detrae recursos de la econom&iacute;a productiva y los concentra cada vez m&aacute;s en unas pocas manos. 
    </p><p class="article-text">
        Para m&aacute;s indignaci&oacute;n, es que este &ldquo;activo&rdquo; inmobiliario tampoco es tal. Las &ldquo;viviendas&rdquo; no son un bien de mercado. Yo no puedo poner ma&ntilde;ana una f&aacute;brica de viviendas y ampliar la oferta. De lo que hablamos en realidad es de un <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/101-licencia-alquilar-revista-vivienda_129_11712916.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">monopolio del Estado</a>: el de las licencias que te permiten construir y habitar una vivienda. Y es el Estado, en manos de todos los gobiernos, el que lleva 75 a&ntilde;os sosteniendo que el precio de la vivienda siga subiendo con medidas como esta que hoy propone una parte del ejecutivo. 
    </p><p class="article-text">
        Y a lo mejor mientras la econom&iacute;a creci&oacute; a toda velocidad, esto ten&iacute;a sentido. Pero hoy el &ldquo;negocio del alquiler&rdquo; se ha convertido en el mecanismo por el que los ricos extraen la riqueza de los pobres y de los trabajadores. Exactamente igual que cuando los se&ntilde;ores feudales cobraban una leva por trabajar sus tierras. Por eso cada vez hay m&aacute;s desigualdad y no hay salida a la pobreza.
    </p><p class="article-text">
        Es inadmisible que el PSOE pretenda bonificar esas rentas del capital para los ricos no paguen impuestos por ese expolio, mientras un mont&oacute;n de trabajadores, que siguen pagando su IRPF hasta el &uacute;ltimo c&eacute;ntimo, tienen que dedicar una parte inmensa de lo que les queda a retribuir a sus caseros.
    </p><p class="article-text">
        Si llega a aprobarse esta medida, el a&ntilde;o que viene todos los rentistas de Espa&ntilde;a ganar&aacute;n m&aacute;s. Unos, porque subir&aacute;n la leva a sus inquilinos. Los dem&aacute;s, porque les pagaremos a cada uno unos miles de euros v&iacute;a impuestos. 
    </p><p class="article-text">
        Para todos los dem&aacute;s, pis de perro.
    </p><p class="article-text">
        Yo no s&eacute; si lo que ocurre es que en el PSOE no se dan cuenta del drama que tienen delante. Esos 630.00arrendatarios son j&oacute;venes, muchos con hijos peque&ntilde;os. Familias que van a ver su alquiler incrementado un 20% o un 30% y van a tener que abandonar su casa, su barrio, su centro de salud, su parque infantil, las redes sociales que les alcanzan para mantener una precaria vida a flote. Ser&aacute;n centenares de miles de ni&ntilde;os obligados a cambiar de colegio. A dejar atr&aacute;s a sus amigos. Millones de vidas desplazadas para que un pu&ntilde;ado de rentistas le puedan cobrar todav&iacute;a m&aacute;s al siguiente. Y as&iacute; seguir&aacute; siendo, a&ntilde;o tras a&ntilde;o, hasta que pongamos freno a este desprop&oacute;sito.
    </p><p class="article-text">
        El PSOE puede y debe rectificar. Congelar los alquileres mientras negocia un pacto de pa&iacute;s sobre la vivienda en el que tengamos cabida todos los espa&ntilde;oles. Si no lo hace, los partidos de la coalici&oacute;n que se oponen a la medida har&iacute;an bien en llevar el &oacute;rdago hasta sus &uacute;ltimas consecuencias y dejar caer a este Gobierno. 
    </p><p class="article-text">
        Y es que no hay proyecto de libertad en una sociedad feudal. Los ciudadanos no podemos ser &ldquo;iguales ante la ley&rdquo; si de una parte de nosotros se espera que trabajemos solo para pagar las rentas de los otros. Lo que nos jugamos en esta crisis del alquiler es la democracia.
    </p><p class="article-text">
        Si alguien quiere heredar el perrismo, si es que Pedro S&aacute;nchez renuncia a ese papel, que empiece por entender esto: no hay proyecto pol&iacute;tico que pueda llamarse progresista si acepta, como normal, que una generaci&oacute;n entera est&eacute; condenada a pagar un tributo por existir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/gobierno-progresista-bonificando-rentas-capital_129_12907897.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Jan 2026 22:30:43 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El 'tiro' del ministro Cuerpo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tiro-ministro-cuerpo_129_12891544.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fd9df890-1db1-4659-91c3-0f11dbcc4134_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El &#039;tiro&#039; del ministro Cuerpo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El ministro de Economía ha anunciado la creación de una cuenta en la que las familias podrían invertir sus ahorros para financiar la autonomía estratégica europea. Esta jugada, bien dirigida, podría resolver el problema de la vivienda</p><p class="subtitle">Economía diseña una cuenta bancaria para que los españoles inviertan su ahorro en la autonomía estratégica europea</p></div><p class="article-text">
        Quedaban tres segundos de partido y los Bulls perd&iacute;an por un punto cuando Michael Jordan recibi&oacute; el bal&oacute;n. El 7 de mayo de 1989, en el quinto encuentro de la primera ronda de los <em>playoffs</em>, los Chicago Bulls se jugaban la eliminaci&oacute;n de la NBA frente a los Cleveland Cavaliers. 
    </p><p class="article-text">
        Jordan bot&oacute; hacia la derecha, se elev&oacute; ante Craig Ehlo y, ya en el aire, corrigi&oacute; el tiro en el &uacute;ltimo instante, apenas unos milisegundos antes de que el cron&oacute;metro marcara el cero. La pelota entr&oacute; limpia. La bocina son&oacute; un momento despu&eacute;s. Los Bulls ganaron el partido, la serie, y se clasificaron para la siguiente ronda en una jugada m&iacute;tica que se convirti&oacute; en un cl&aacute;sico: '<a href="https://www.youtube.com/watch?v=a0TKEofio7w" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank"><em>The shot</em></a>', el tiro.
    </p><p class="article-text">
        Vivimos en un mundo tan complejo que es casi imposible que una sola jugada pueda resolver, de golpe, muchos problemas. Por eso deber&iacute;amos contener el aliento: el ministro de Econom&iacute;a, Carlos Cuerpo, acaba de coger el bal&oacute;n y se dispone a intentarlo.
    </p><p class="article-text">
        He argumentado en <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-vivienda-riqueza_129_11681579.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">muchas ocasiones</a> que la ra&iacute;z de los problemas econ&oacute;micos del siglo XXI est&aacute; en el ahorro. Somos herederos de un consenso de hace d&eacute;cadas que dec&iacute;a que ahorrar era un <em>win-win</em> para todos, casi una obligaci&oacute;n de ciudadan&iacute;a. &ldquo;Guardar para el futuro&rdquo; ofrec&iacute;a seguridad, impulsaba la econom&iacute;a, aliviaba el coste de la jubilaci&oacute;n para las arcas p&uacute;blicas e iba a permitir que una generaci&oacute;n entera dejara de ser clase trabajadora y se convirtiera en clase media. El ahorro era la piedra angular de un modelo de sociedad. 
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que en casa, de peque&ntilde;os, nos ense&ntilde;aban a ahorrar con una hucha de cerdito y en clase de econom&iacute;a, en la facultad, nos contaban que el secreto de Alemania era que sus ciudadanos eran muy austeros, guardaban mucho y respaldaban la industria local con sus ahorros.
    </p><p class="article-text">
        De todas las formas de ahorro, la m&aacute;s segura y la m&aacute;s rentable iba a ser la vivienda. Por eso en unas pocas d&eacute;cadas se construyeron decenas de millones en toda Europa, suficientes para que una generaci&oacute;n entera pudiera ahorrar pagando la hipoteca. Fue la <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/herencia-universal-padres_129_11394558.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">herencia universal de nuestros padres</a> y nos trajo al siglo XXI creyendo que todo ahorro era virtuoso y que, por tanto, toda inversi&oacute;n merece una recompensa. 
    </p><p class="article-text">
        Pero todo este castillo ideol&oacute;gico tan aparentemente perfecto no pod&iacute;a vivir solo en la imaginaci&oacute;n, necesitaba que la realidad lo respaldase. Para ser beneficiosa, la inversi&oacute;n deb&iacute;a ser productiva. El ahorro necesitaba un destino, una econom&iacute;a que produjera puestos de trabajo, crecimiento, recaudaci&oacute;n fiscal y flujos econ&oacute;micos.
    </p><p class="article-text">
        Mientras se construy&oacute; el parque, la inversi&oacute;n en vivienda cumpli&oacute; ese papel. Cada euro gastado en una casa acababa (al menos, en gran medida) en los salarios de los obreros de la construcci&oacute;n y en materias primas que hab&iacute;a que extraer y procesar. Tambi&eacute;n en arquitectos, agencias de colocaci&oacute;n, abogados e impuestos municipales. Como consecuencia hab&iacute;a, adem&aacute;s, otras inversiones productivas muy rentables, como las grandes industrias que fabricaban esa materias primas y los electrodom&eacute;sticos que llenar&iacute;an las casas. 
    </p><p class="article-text">
        Pero en 2008 todo eso cambi&oacute;. La &uacute;ltima Gran Recesi&oacute;n <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/mundo-ayer-lamban_129_12414043.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">marc&oacute; un punto de inflexi&oacute;n</a> en la trayectoria que nos hab&iacute;a tra&iacute;do hasta aqu&iacute;: la productividad se estanc&oacute;, se dej&oacute; de construir, el empleo se precariz&oacute; y la desigualdad comenz&oacute; a dispararse. M&aacute;s a&uacute;n, la econom&iacute;a se fue digitalizando y las nuevas industrias del siglo XXI ya nunca m&aacute;s necesitaron el volumen de inversiones que hab&iacute;an sido necesarias para construir un mundo literalmente nuevo tras la guerra mundial.
    </p><p class="article-text">
        Se produjo entonces un efecto domin&oacute; terrible.
    </p><p class="article-text">
        A falta de inversiones productivas, los inversores profesionales (que en gran medida est&aacute;n compuestos tambi&eacute;n de los ahorros de los occidentales en forma de fondos de pensiones, de inversi&oacute;n colectiva y soberanos) encontraron una v&iacute;a de rentabilidad en la contrataci&oacute;n p&uacute;blica. Los estados, que no se pueden endeudar por encima de lo que les marca la ley, se ven obligados a externalizar infraestructuras (como carreteras, centrales energ&eacute;ticas o los hospitales de la comunidad de Madrid) a empresas privadas cuya principal funci&oacute;n es financiar las operaciones: adelantar el dinero necesario para construir. 
    </p><p class="article-text">
        Una vez que lo hacen, los ingresos est&aacute;n garantizados porque los gobiernos, en las licitaciones, se comprometen a que el privado alcance unos objetivos de rentabilidad. Y si no lo hace, como ocurri&oacute; con las autopistas de peaje en la Comunidad de Madrid, est&aacute; obligado a indemnizarles. As&iacute; que los fondos de inversi&oacute;n se est&aacute;n quedando con los &uacute;nicos flujos de ingresos que est&aacute;n garantizados por los estados (o sea, por usted y por m&iacute;), con unos rendimientos fant&aacute;sticos en muchos casos. 
    </p><p class="article-text">
        Las familias, por su parte, lo metieron todo en la vivienda. Como consecuencia, hoy <a href="https://www.savills.com/insight-and-opinion/savills-news/381209/world-s-real-estate-worth-%24393.3-trillion-and-is-the-world-s-largest-store-of-wealth" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">lo que llamamos &ldquo;riqueza&rdquo;</a> es, en un 60%, activos inmobiliarios, en un 50%, viviendas. Y los gobiernos, que no quieren decirle a la gente que, adem&aacute;s de unos ingresos estancados, tambi&eacute;n tienen que dejar de confiar en el ahorro, decidieron comprometerse con una rentabilidad desproporcionada de la vivienda a base de protecciones legales y l&iacute;mites a lo que se puede construir.
    </p><p class="article-text">
        El resultado de estas pol&iacute;ticas es el embrollo en el que nos encontramos hoy. Desde hace 20 a&ntilde;os, mientras la productividad sigue estancada y el PIB per c&aacute;pita de los pa&iacute;ses crece a una velocidad mucho menor que hace 50 a&ntilde;os, la riqueza aumenta a toda velocidad. Como consecuencia, hoy todos dedicamos la parte m&aacute;s importante de nuestros ingresos no a remunerar la creaci&oacute;n de valor, sino a retribuir la riqueza. <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/inquilinos-enteremos-mejor_129_12706038.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Todos somos inquilinos</a>. 
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe title="Evolución de la riqueza y el PIB en EE.UU., 1989 - 2025" aria-label="Line chart" id="datawrapper-chart-9FeD8" src="https://datawrapper.dwcdn.net/9FeD8/1/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="394" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>
    </figure><p class="article-text">
        La raz&oacute;n de fondo de la brecha generacional es esta. Eso que consideramos &ldquo;riqueza&rdquo; es un <em>stock</em> de viviendas, propiedades y de acciones de grandes empresas que se crearon y se vendieron originalmente en la segunda mitad del siglo XX.
    </p><p class="article-text">
        Y cuando se compran y se venden esos activos no hay creaci&oacute;n de valor: no hay empleos, no hay flujos econ&oacute;micos, no hay m&aacute;s que dinero que cambia de manos en el mercado inmobiliario. De manera que todos los que vinimos despu&eacute;s en lugar de invertir en crear nuevo valor, vivimos obligados a retribuir a las generaciones anteriores. Y no solo por el alquiler, sino fundamentalmente comprando las mismas propiedades por mucho m&aacute;s dinero.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <iframe title="Riqueza total por generaciones, EE.UU, 1989 - 2025" aria-label="Area Chart" id="datawrapper-chart-mVmYt" src="https://datawrapper.dwcdn.net/mVmYt/2/" scrolling="no" frameborder="0" style="width: 0; min-width: 100% !important; border: none;" height="463" data-external="1"></iframe><script type="text/javascript">window.addEventListener("message",function(a){if(void 0!==a.data["datawrapper-height"]){var e=document.querySelectorAll("iframe");for(var t in a.data["datawrapper-height"])for(var r,i=0;r=e[i];i++)if(r.contentWindow===a.source){var d=a.data["datawrapper-height"][t]+"px";r.style.height=d}}});</script>

    </figure><p class="article-text">
        &iquest;Y la inversi&oacute;n productiva? En todos los pa&iacute;ses, pero sobre todo en Espa&ntilde;a, la inversi&oacute;n en innovaci&oacute;n <a href="https://www.ft.com/content/67a6d06d-0ecf-4a8b-98d8-1b1254e49035" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">tiene dificultades para encontrar fondos</a>.
    </p><p class="article-text">
        Por eso la crisis de la vivienda, de la asequibilidad, y tambi&eacute;n la brecha generacional, son fundamentalmente crisis de la riqueza: son fracturas en c&oacute;mo obtenemos y repartimos el patrimonio. Y la soluci&oacute;n no puede ser inmobiliaria, tiene que ser financiera.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que comprender&aacute;n que est&eacute; dando palmas con las orejas. El ministerio de Econom&iacute;a ha anunciado que va a crear una cuenta en la que las familias podr&iacute;an invertir sus ahorros para financiar la autonom&iacute;a estrat&eacute;gica europea. Ese producto, si se dise&ntilde;a bien, podr&iacute;a servir al mismo tiempo para que los ahorros de las generaciones mayores obtengan una rentabilidad generando empleos y valor en una nueva econom&iacute;a europea, y para que los grandes fondos extranjeros no se lleven las rentas de las grandes infraestructuras y los proyectos de pa&iacute;s (como la inversi&oacute;n en defensa). 
    </p><p class="article-text">
        Y en ese mismo intento podr&iacute;a haber muchos m&aacute;s recursos para que las entidades que fomentan la innovaci&oacute;n en Espa&ntilde;a, como el CDTi, que hacen un trabajo extraordinario, pudieran llegar m&aacute;s all&aacute;.
    </p><p class="article-text">
        Y si lo acompa&ntilde;an de una buena legislaci&oacute;n que ampl&iacute;e la posibilidad de construir muchas m&aacute;s viviendas, elimine las bochornosas desgravaciones fiscales de las que disfruta el alquiler y limite dr&aacute;sticamente los usos no autorizados, esta idea podr&iacute;a reorientar las &ldquo;inversiones&rdquo; que hoy no producen nada en el mercado inmobiliario y dirigirlas hacia sectores productivos. Este  peque&ntilde;o tanto, este tiro bien dirigido, podr&iacute;a resolver el problema de la vivienda.
    </p><p class="article-text">
        Por eso me encuentran hoy en esta grada, mordi&eacute;ndome las u&ntilde;as, en ese gesto de casi, casi levantar el culo del asiento para celebrar el tanto, entre el miedo a que se quede en nada y la excitaci&oacute;n de que podr&iacute;a ser, podr&iacute;a ocurrir que, en el &uacute;ltimo minuto, en una jugada magistral, ganemos el partido. &iexcl;Vamos, ministro!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tiro-ministro-cuerpo_129_12891544.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Jan 2026 21:15:01 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El 'tiro' del ministro Cuerpo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Carlos Cuerpo,Vivienda,Inversión,Ahorro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Trump, el gran prestidigitador]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/trump-gran-prestidigitador_129_12887384.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fd299840-78df-4324-8224-8dd4e57eb1e4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Trump, el gran prestidigitador"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Donald Trump está en un momento de debilidad, no de fortaleza y, como hizo en todas las ocasiones en que quebraron sus casinos, está buscando incautos para que se queden con sus deudas
</p><p class="subtitle">La caída de Maduro: una violación del derecho que no se explica por el narcotráfico</p></div><p class="article-text">
        La primera vez que quebr&oacute;, en 1991, el proyecto estrella de Donald Trump no llevaba ni un a&ntilde;o en funcionamiento. Era un edificio de 51 plantas, el m&aacute;s alto de Atlantic City, una mole forrada en m&aacute;rmol blanco y coronada por <a href="https://www.nytimes.com/1990/04/06/nyregion/it-s-themed-it-s-kitschy-it-s-trump-s-taj.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">decenas de c&uacute;pulas doradas</a> y 70 minaretes dorados. En el interior, al que se acced&iacute;a caminando entre seis elefantes de piedra de dos toneladas, albergaba el casino m&aacute;s grande del mundo: el &ldquo;Trump Taj Mahal&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        El proyecto lleg&oacute; a abrir, pero no sin controversias. Era el tercer casino que Trump inauguraba en la ciudad en unos pocos a&ntilde;os y las deudas de las empresas promotoras eran tan extraordinarias que parec&iacute;a imposible que fueran viables. Pero Trump le dijo a los reguladores del juego de Nueva Jersey que no hab&iacute;a nada que temer, porque &eacute;l ten&iacute;a un mont&oacute;n de bancos peg&aacute;ndose por darle dinero a bajo inter&eacute;s, jam&aacute;s firmar&iacute;a un pr&eacute;stamo basura, porque ten&iacute;an unos tipos de inter&eacute;s demasiado altos. 
    </p><p class="article-text">
        Siete meses despu&eacute;s hab&iacute;a firmado uno de esos pr&eacute;stamos usureros de casi 700 millones de d&oacute;lares al 14% de inter&eacute;s  (1700 millones a precios de 2025). Y eso solo para poder terminar la obra. 14 meses despu&eacute;s no uno, sino dos de sus casinos estaban en bancarrota. 
    </p><p class="article-text">
        Pero Trump consigui&oacute; refinanciar la deuda. No una, sino tres veces m&aacute;s. Los casinos sobrevivieron 20 a&ntilde;os y fueron a la quiebra en cuatro ocasiones. Durante todo ese tiempo,  ejecut&oacute; una serie de piruetas financieras cambiando a unos inversores por otros y lleg&oacute; incluso a sacar la empresa a bolsa. En cada bancarrota, los acreedores fueron aceptando una quita detr&aacute;s de otra a cambio de no perder todo lo que hab&iacute;an invertido.
    </p><p class="article-text">
        En 2009 le dio la puntilla: se desentendi&oacute; de todo y reclam&oacute; que la empresa dejara de usar su nombre. Todav&iacute;a le llev&oacute; al New York Times otros 7 a&ntilde;os revelar en una investigaci&oacute;n monumental lo que hab&iacute;a ocurrido. &ldquo;El se&ntilde;or Trump hab&iacute;a montado su imperio de casinos con pr&eacute;stamos a un inter&eacute;s tan elevado &ndash;despu&eacute;s de decirle a los reguladores que no lo har&iacute;a&ndash; que el negocio no ten&iacute;a ninguna posibilidad de prosperar&rdquo;. No hab&iacute;a plan de negocio (aunque se lo hab&iacute;an exigido en muchas ocasiones) que pudiera hacer frente a ese volumen de deuda. Nunca hubo una estrategia para hacer rentables los casinos.
    </p><p class="article-text">
        Pero por el camino, con cada ronda de financiaci&oacute;n, Trump se hab&iacute;a ido llevando un buen pedazo de la recaudaci&oacute;n a sus otros negocios mientras iba traspasando la deuda a sus acreedores, primero, y a un mont&oacute;n de incautos inversores particulares, despu&eacute;s. Adem&aacute;s, hab&iacute;a aprovechado las p&eacute;rdidas que daban los casinos para evitar pagar millones de d&oacute;lares en impuestos por el resto de sus negocios, que s&iacute; eran rentables. Cuando la sociedad que gestionaba el Taj Mahal muri&oacute;, Trump ya no ten&iacute;a ninguna responsabilidad en el negocio.
    </p><p class="article-text">
        Durante su construcci&oacute;n, en ese tono que ya hemos aprendido a reconocer, Trump hab&iacute;a prometido que el Taj Mahal ser&iacute;a &ldquo;un lugar incre&iacute;ble, la octava maravilla del mundo&rdquo;. Lo que revel&oacute; en 2016 el New York Times fue que nunca hubo un floreciente negocio detr&aacute;s de aquella maravilla: todo hab&iacute;a sido un truco de magia. Un artificio para tapar el tejemaneje financiero con el que el millonario impulsaba sus empresas m&aacute;s rentables mientras descargaba la deuda en unos primos que se hab&iacute;an cre&iacute;do que estaban invirtiendo en algo importante. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy los primos no son unos inversores, somos nosotros. Nada de lo que hemos cre&iacute;do ver en las &uacute;ltimas 48 horas es real.
    </p><p class="article-text">
        Donald Trump no ha invadido un pa&iacute;s. A esta hora, seg&uacute;n ha confirmado Marco Rubio, <a href="https://efe.com/mundo/2026-01-04/marco-rubio-eeuu-tropas-venezuela/" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">no hay tropas americanas en suelo venezolano</a>. Ni plan para que las haya, porque eso requerir&iacute;a una autorizaci&oacute;n (y los fondos) del Congreso.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco ha habido un cambio de r&eacute;gimen. La mano derecha de Maduro ha ocupado instant&aacute;neamente la presidencia sin que nadie en el gobierno de EE.UU. parezca estar en desacuerdo. El propio Trump, en rueda de prensa, a escasas horas del secuestro, apuntal&oacute; su legitimidad nombrando a Delcy Rodr&iacute;guez sucesora e interlocutora v&aacute;lida, por encima de Mar&iacute;a Corina Machado. En otro movimiento incomprensible, a pocas horas del golpe, el tribunal supremo de Venezuela dio carta de naturaleza a su gobierno a la espera de que la ausencia &ldquo;temporal&rdquo; de Maduro llegue a su fin.
    </p><p class="article-text">
        Tampoco parece que vaya a ocurrir que las empresas americanas vayan a tomar el control del petr&oacute;leo venezolano. Para empezar, porque <a href="https://www.nytimes.com/2025/10/10/world/americas/maduro-venezuela-us-oil.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">esa posibilidad ya estaba encima de la mesa la semana pasada</a>, sin necesidad de quitar de en medio a nadie. Para seguir, porque <a href="https://bsky.app/profile/pedrofresco.bsky.social/post/3mbj6kfpy3s2r" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">no ser&iacute;a un buen negocio</a>. El petr&oacute;leo venezolano ya no es lo que era y Estados Unidos es exportador neto de crudo y no puede tener ning&uacute;n inter&eacute;s en que, como dijo Trump, aumente la producci&oacute;n. Si no me creen, cr&eacute;anse las cotizaciones de los futuros del petr&oacute;leo de hoy, que no se han movido, porque <a href="https://www.wsj.com/business/energy-oil/why-oil-prices-are-barely-moving-after-the-venezuelan-incursion-f146ad11" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">los inversores no piensan que vaya a haber mucho cambio en el sector</a>.
    </p><p class="article-text">
        No me puedo sacudir la sospecha de que Maduro tampoco haya sido secuestrado. De que haya habido alg&uacute;n tipo de pacto &ndash;si no expl&iacute;cito, t&aacute;cito al menos&ndash; entre el r&eacute;gimen chavista y el gobierno de EE.UU. Un acuerdo que habr&iacute;a sido urdido con la colaboraci&oacute;n quiz&aacute;s de Rusia o de Qatar y que consistir&iacute;a en sacar a Maduro del pa&iacute;s ileso junto a su mujer, a cambio de avalar la continuidad del r&eacute;gimen. 
    </p><p class="article-text">
        Solo as&iacute; se explica que hoy la &ldquo;presidenta encargada de Venezuela&rdquo; se haya desayunado ofreciendo su colaboraci&oacute;n a EE.UU. y que ayer Maduro apareciera indemne y haciendo el payaso mientras era trasladado a prisi&oacute;n, en una escena disparatada, mucho m&aacute;s propia de una sitcom que de un drama geopol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, el mundo entero observa con una profunda sensaci&oacute;n de irrealidad. Como si no estuvi&eacute;ramos seguros de lo que acabamos de ver. La misma que se te queda cuando ves a un ilusionista ejecutar un truco de magia y no sabes cu&aacute;nto hay de verdad y cu&aacute;nto de trampa en lo que acaba de hacer. En la mejor expresi&oacute;n de este desconcierto, el Financial Times lanz&oacute; ayer una encuesta con una pregunta: &ldquo;&iquest;Fue la incursi&oacute;n sorpresa para capturar a Maduro un golpe necesario contra un l&iacute;der ileg&iacute;timo al frente de un &rdquo;narco-c&aacute;rtel&ldquo; o una peligrosa violaci&oacute;n de la soberan&iacute;a?&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la bolita?
    </p><p class="article-text">
        Lo que estamos viendo es un truco de magia, un golpe de efecto de un gran prestidigitador, del ilusionista en jefe, de un hombre que lleva toda la vida haciendo el mismo show y que es un experto en desviar la atenci&oacute;n para tenernos a todos, al mismo tiempo, confundidos y enganchados a su espect&aacute;culo.
    </p><p class="article-text">
        Y el programa siempre consiste en lo mismo, sea con los aranceles, las amenazas de anexionarse Canad&aacute; o de invadir Venezuela: Mover mucho las manos, decir burradas, remover todos los miedos que guarda la izquierda para que le saquen, indignados, en sus medios y prometer resorts llenos de brilli-brilli. Lo de menos es que sea en Atlantic City o en la franja de Gaza.
    </p><p class="article-text">
        Con tanto aspaviento, intenta que no le prestemos atenci&oacute;n a lo que hay detr&aacute;s del truco y, en concreto, a dos cosas muy relevantes que ocurrieron el mes pasado. Por una parte, <a href="https://www.newsweek.com/donald-trump-approval-rating-working-class-11267436" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">sus tasas de aprobaci&oacute;n entre los votantes de clase trabajadora que le dieron la presidencia tocaron m&iacute;nimos hist&oacute;ricos</a>. Hace meses que las filas republicanas no est&aacute;n tan prietas en torno a un presidente que cada vez es menos popular. 
    </p><p class="article-text">
        Por otra, se publicaron varios archivos y  fotograf&iacute;as que parecen demostrar que su relaci&oacute;n con Jeffrey Epstein iban mucho m&aacute;s all&aacute; de lo que el presidente hab&iacute;a mantenido hasta el momento. Entre los archivos, algunas im&aacute;genes del presidente rodeado de grupos de ni&ntilde;as con las que traficaba Epstein provocan preguntas muy inc&oacute;modas para el presidente de EE.UU.
    </p><p class="article-text">
        Para recuperar el control de la narrativa, el ilusionista en jefe necesita m&aacute;s trucos de magia: nuevos asuntos que produzcan indignaci&oacute;n: que generen v&iacute;ctimas, sangre, miedo, rabia y, a ser posible, impactantes im&aacute;genes para la televisi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Donald Trump est&aacute; en un <a href="https://www.nytimes.com/interactive/polls/donald-trump-approval-rating-polls.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link" target="_blank">momento de debilidad</a>, no de fortaleza y, como hizo en todas las ocasiones en que quebraron sus casinos, est&aacute; buscando incautos para que se queden con sus deudas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/trump-gran-prestidigitador_129_12887384.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 05 Jan 2026 21:00:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Trump, el gran prestidigitador]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Venezuela,Donald Trump,Delcy Rodríguez,María Corina Machado,Nicolás Maduro]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Villamanín y la importancia de no confundir ser bueno con ser tonto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/villamanin-importancia-no-confundir-bueno-tonto_129_12879049.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/cbe61cb6-1fcf-410d-8504-80abab62454f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Villamanín y la importancia de no confundir ser bueno con ser tonto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle"> 
La bondad ganará en Villamanín cuando los bondadosos, que son la inmensa mayoría, dejen de buscar un consenso que es imposible y lleguen a un acuerdo entre todos los que quieran llegar a una quita
</p><p class="subtitle">Pueblo pequeño, premio gordo, infierno grande</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;El amor al dinero como posesi&oacute;n &ndash;distinto del amor al dinero como medio para acceder a los placeres y realidades de la vida&ndash; ser&aacute; reconocido por lo que realmente es: una morbosidad algo repugnante, una de esas inclinaciones semicriminales y semipatol&oacute;gicas que se entregan, con un estremecimiento, a los especialistas en enfermedades mentales&rdquo;. (John Maynard Keynes, 'Las oportunidades econ&oacute;micas de nuestros nietos').
    </p><p class="article-text">
        Hay una raz&oacute;n por la que todos tenemos una nariz y una boca. Los sistemas complejos, como el cuerpo humano, se enfrentan constantemente a errores o fallos de sus propios &oacute;rganos. Por eso incorporan lo que se llama redundancia: rutas alternativas que permiten sobrevivir cuando una de ellas falla. Si no puedes respirar por la nariz, a&uacute;n puedes hacerlo por la boca.
    </p><p class="article-text">
        Podr&iacute;a parecer que el caso ideal, donde todos los &oacute;rganos funcionan correctamente, es el m&aacute;s frecuente, pero es m&aacute;s bien al contrario. En un sistema complejo siempre habr&aacute; varias cosas fallando y otros mecanismos alternativos absorbiendo el impacto. Tanto es as&iacute; que, por ejemplo, en el desarrollo de software, planificar el uso correcto de una aplicaci&oacute;n ocupa muy poco tiempo, es casi irrelevante. En lo que los programadores se pasan la vida trabajando es en anticipar las m&uacute;ltiples formas en que el usuario puede equivocarse o el programa producir un resultado inesperado.
    </p><p class="article-text">
        Los grupos sociales, que tambi&eacute;n son sistemas complejos, tampoco pueden sobrevivir sin mecanismos que los blinden de sus propios errores. Para evitar que alguien entre en el Congreso a punta de pistola y reclame un poder absoluto, tenemos un cuerpo de polic&iacute;a y un ej&eacute;rcito. Claro que no todo el mundo dar&iacute;a un golpe de estado, incluso si no existieran las fuerzas armadas. Pero en una sociedad compleja, cada individuo multiplica la probabilidad de que se produzca un error en el sistema. La sociedad, para sobrevivir, necesita tener mecanismos para enfrentarse a sus propias desviaciones. 
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, se est&aacute; extendiendo una nueva disfunci&oacute;n social que conduce a fallos del sistema para los que todav&iacute;a no tenemos mecanismos alternativos. Es lo que Mauro Entrialgo llama el &ldquo;malismo&rdquo;: la ostentaci&oacute;n del mal; la exaltaci&oacute;n del cinismo. Una narrativa que pretende hacernos creer que todo el mundo es ego&iacute;sta, corrupto o malo, con el &uacute;nico prop&oacute;sito de justificar el ego&iacute;smo, la maldad y la corrupci&oacute;n propia.
    </p><p class="article-text">
        Lo que estamos observando estos d&iacute;as en el caso de la Loter&iacute;a en Villaman&iacute;n es el mejor ejemplo. Porque, vamos a decirlo claro, esos pocos individuos que siguen empe&ntilde;ados en cobrar el 100% de un premio que les acaba de caer del cielo &ndash;gracias a los mismos chavales que ahora pretenden que renuncien a todo&ndash; a pesar de que la mayor&iacute;a comprende que lo razonable es llegar a una quita de unos pocos miles de euros y marcharse a casa felices y agradecidos, son un error de un sistema. Son un moco. Una flema que obstruye las v&iacute;as respiratorias. Un quiste seboso que interfiere en el funcionamiento normal de un &oacute;rgano para llevarse cuatro perras. Una desgracia. Una ocurrencia desagradable y asquerosa que desear&iacute;amos no tener que haber observado nunca.
    </p><p class="article-text">
        Y, sin embargo, dar&iacute;a la sensaci&oacute;n de que est&aacute;n en su derecho. De que es admisible ser un jeta que vive content&iacute;simo de que unos chavales le organicen gratis las fiestas de su pueblo y luego pretender exprimirlos hasta el &uacute;ltimo euro cuando cometen un error.
    </p><p class="article-text">
        El mecanismo tradicional, que consist&iacute;a en escandalizarse y no ponerle remedio, ya no vale de nada. La indignaci&oacute;n en nuestros d&iacute;as se ha devaluado, es como el reflejo est&eacute;ril de intentar respirar por una nariz taponada. No tenemos c&oacute;mo protegernos del malismo. 
    </p><p class="article-text">
        Lejos de una an&eacute;cdota navide&ntilde;a, esta incapacidad nos tiene atrapados en muchos sentidos.  Por ejemplo, todas y cada una de las veces que alguien propone una tasa a la riqueza, o subir los (miseros) impuestos al alquiler de vivienda, inevitablemente aparece el argumento de que, si hacemos eso, los millonarios se ir&aacute;n del pa&iacute;s y los caseros dejar&aacute;n las casas vac&iacute;as. Y ah&iacute; nos quedamos el resto, con cara de tontos, pensando que, claro, no nos vamos a enfrentar a los malos, no sea que nos hagan algo.
    </p><p class="article-text">
        Y no nos vale de nada. En estos d&iacute;as que corren, para ser bueno, no basta con hacer apolog&iacute;a del buenismo, ni con sentarse a esperar que pase lo mejor. Hay que defender la bondad con un palo. 
    </p><p class="article-text">
        La bondad ganar&aacute; en Villaman&iacute;n cuando los bondadosos, que son la inmensa mayor&iacute;a, dejen de buscar un consenso que es imposible y lleguen a un acuerdo entre todos los que quieran llegar a una quita. Y cuando se conjuren para defenderse juntos de los que amenazan con demandar a los j&oacute;venes de la comisi&oacute;n de fiestas. Ganar&aacute; cuando el pueblo entero (no solo los que han ganado la loter&iacute;a) se corresponsabilice y reconozca que esos chavales eran sus empleados cuando organizaban las fiestas: estaban trabajando para todo el pueblo y deber&iacute;a defenderles toda la comunidad. Y cuando todos: el ayuntamiento, los ganadores y los chavales, les digan a los malos que les esperan en los tribunales. 
    </p><p class="article-text">
        La bondad ganar&aacute; en todas partes cuando a los caseros que retiren los pisos del mercado se les quiten las licencias (igual que se hace con las de los mariscadores, o con las de los taxis, las de las farmacias, las de los kioskos o cualquier otra licencia p&uacute;blica si se deja en desuso) y cuando los impuestos a la riqueza sea sobre los bienes ra&iacute;ces, que no se pueden mover de pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Los sistemas sociales pueden crear mecanismos alternativos para acabar con el malismo. La bondad no est&aacute; exenta de recursos. Lo que hay que dejar de hacer es confundir ser bueno, con ser tonto.
    </p><p class="article-text">
        &iexcl;Feliz a&ntilde;o nuevo!
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/villamanin-importancia-no-confundir-bueno-tonto_129_12879049.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 31 Dec 2025 19:00:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Villamanín y la importancia de no confundir ser bueno con ser tonto]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[Feijóo, tras los pasos de Albert Rivera]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/feijoo-pasos-albert-rivera_129_12869263.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ca4db4e9-094f-47a5-960e-7e846ff9f71f_16-9-discover-aspect-ratio_default_1133148.jpg" width="1652" height="929" alt="Feijóo, tras los pasos de Albert Rivera"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si Feijóo supiera llegar a las generales con gobiernos pactados con el PSOE y con Vox, podría poner a Pedro Sánchez en una situación muy complicada. El presidente fía gran parte de su estrategia electoral a ser el dique que nos protege de la extrema derecha. Pero a Feijóo no le gusta jugar. Y algo me dice que no lo hará bien</p><p class="subtitle">Feijóo se resigna a una estrategia de bloques que encadena a PP y Vox</p></div><p class="article-text">
        Bien jugado, Feij&oacute;o tiene en sus manos <a href="https://elpais.com/diario/1996/01/15/espana/821660414_850215.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cumplir el sue&ntilde;o de Jose Mar&iacute;a Aznar:</a> hacer del PP un partido de centro. Paradojas de la geometr&iacute;a, para conseguirlo no necesita moderar sus posturas, por m&aacute;s que algunas sean a&uacute;n m&aacute;s extremistas que las del expresidente. Y es que el centro de un tablero es un punto relativo, que depende de d&oacute;nde se coloquen sus extremos. Cuando Podemos, en 2015, entr&oacute; en tromba al Congreso, desplaz&oacute; el eje de la pol&iacute;tica y coloc&oacute; al PSOE en el centro hasta llevarlo al Gobierno. Ciudadanos fue, como pudimos observar m&aacute;s adelante, el intento de algunos sectores conservadores de volver a equilibrar el tablero a su favor. Hoy el crecimiento de Vox, junto al desvanecimiento de Sumar, est&aacute; volviendo a desplazar el centro de gravedad del arco pol&iacute;tico hacia el espacio que ocupa, incidentalmente, el PP.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bien jugado, Feij&oacute;o podr&iacute;a utilizar esa posici&oacute;n para convertirse en el &uacute;nico partido con suficiente cintura pol&iacute;tica como para negociar a izquierda y derecha y as&iacute; garantizar la estabilidad y un consenso de pa&iacute;s. Algunas se&ntilde;ales ya apuntan a esa posibilidad. Por ejemplo: <a href="https://www.eldiario.es/extremadura/miguel-angel-gallardo-dimitira-tarde-batacazo-psoe-extremadura_1_12862936.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Rodr&iacute;guez Ibarra acaba de pedir que el PSOE se abstenga en Extremadura</a> para facilitar la investidura del PP y cerrar as&iacute; la puerta a la extrema derecha.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bien jugado, Guardiola podr&iacute;a aceptar esa oferta, que con toda seguridad le iba a salir m&aacute;s barata que lo que sea que exija Vox, y jugar despu&eacute;s en el parlamento a la geometr&iacute;a variable. Si no le va muy bien, podr&iacute;a volver a convocar elecciones en 2027 junto al resto de autonom&iacute;as desde esa posici&oacute;n de centro consolidado.
    </p><p class="article-text">
        Si Feij&oacute;o supiera llegar a las generales con gobiernos pactados con el PSOE y con Vox, podr&iacute;a poner a Pedro S&aacute;nchez en una situaci&oacute;n muy complicada. El presidente f&iacute;a gran parte de su estrategia electoral a ser el dique que nos protege de la extrema derecha. Alzarse como el protector de los derechos m&aacute;s elementales de la mayor&iacute;a de personas &ndash;por ejemplo, las mujeres o el colectivo LGTBIQ+&ndash; produce un mont&oacute;n de votos de los que no se quedan nunca en casa.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero a Feij&oacute;o no le gusta jugar. Y algo me dice que no lo har&aacute; bien. M&aacute;s bien, creo que seguir&aacute; los pasos de otro l&iacute;der que tambi&eacute;n pensaba que la Historia le deb&iacute;a algo y que no se ten&iacute;a que dedicar a estas chanzas: Albert Rivera.
    </p><p class="article-text">
        Tras las elecciones auton&oacute;micas de 2019 <a href="https://www.eldiario.es/politica/ciudadanos-pactos-pp-regeneracion-madrid-murcia-castilla-y-leon_1_1451905.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Ciudadanos se encontr&oacute; en una posici&oacute;n muy parecida a la que tiene el PP hoy.</a> El ascenso del PSOE al poder de la mano de Podemos hab&iacute;a desplazado el tablero hasta ofrecerles la posibilidad de colocarse en el centro del espectro pol&iacute;tico. Su irrupci&oacute;n en varias regiones y ayuntamientos de grandes ciudades les convert&iacute;a en &aacute;rbitros de la legislatura en varias autonom&iacute;as donde, con el mismo argumento, pod&iacute;an pactar a izquierda o a derecha.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si hubieran apostado, como prometieron, por la regeneraci&oacute;n, habr&iacute;an podido sacar al PP del gobierno de la Comunidad de Madrid despu&eacute;s de 25 a&ntilde;os de gobierno. O&nbsp;gobernar la ciudad de Madrid con el voto que le ofreci&oacute; M&aacute;s Madrid. Si lo hubieran hecho, no me cabe duda de que hoy ser&iacute;an el partido central de la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        En su lugar, los naranjas, borrachos de expectativas, no se dieron cuenta de que el papel del partido que se coloca en el centro pol&iacute;tico es el de querer jugar; que uno solo puede tener posiciones maximalistas cuando ya est&aacute; en los extremos.
    </p><p class="article-text">
        Lo que ocurre es que tanto Rivera, como ahora Feij&oacute;o, como toda la derecha, heredaron una tremenda confusi&oacute;n del hombre al que m&aacute;s admiran. Cuando Aznar so&ntilde;aba con un partido &ldquo;de centro&rdquo; no quer&iacute;a en realidad un partido flexible y moderado, sino un partido supremo. En la visi&oacute;n aznariana del centro hay una jerarqu&iacute;a de ideas en las que la patria, la unidad nacional, la familia tradicional y el orden merecen una consideraci&oacute;n superior que los valores de los dem&aacute;s. De manera que el partido de centro es aquel que defiende las ideas supremas y todos los dem&aacute;s, unos grup&uacute;sculos inferiores. Y el proyecto aznarista, en el que todav&iacute;a est&aacute; inserto Feij&oacute;o y una parte muy importante de la derecha en Espa&ntilde;a, es convencernos de que ellos son los propietarios de la patria y de la verdad. Es de esta tradici&oacute;n supremacista de la que luego nace la idea de que los gobiernos de la izquierda, o de los nacionalistas, son ileg&iacute;timos. Y es esta concepci&oacute;n del mundo la que hace tan dif&iacute;cil para la derecha pactar y componer mayor&iacute;as m&aacute;s all&aacute; de s&iacute; mismos.
    </p><p class="article-text">
        Por esa raz&oacute;n Albert Rivera no fue capaz de pactar. Aliarse con unos partidos que no compart&iacute;an esas ideas supremas habr&iacute;a sido una traici&oacute;n, le habr&iacute;a expulsado de ese proyecto del centro aznarista. Por la misma raz&oacute;n no ser&aacute; capaz de hacerlo Alberto N&uacute;&ntilde;ez Feij&oacute;o.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo que los votantes esperan del partido que est&aacute; en el centro es todo lo contrario: que sea &uacute;til. Que sirva de engranaje para componer una melod&iacute;a com&uacute;n con las opciones discordantes que hoy tenemos en el arco pol&iacute;tico. Y para eso es necesario tener mucha flexibilidad y muy poquito ego.
    </p><p class="article-text">
        Esto es algo, por cierto, que algunos ministerios han comprendido perfectamente, aunque haya sido por necesidad. En el &uacute;ltimo pleno de 2025, con los casos de corrupci&oacute;n del PSOE arreciando, el Congreso aprob&oacute; cinco proyectos del Gobierno. El ministerio de Pablo Bustinduy, haciendo aut&eacute;ntico encaje de bolillos, <a href="https://elpais.com/espana/2025-12-11/el-gobierno-salva-con-la-geometria-variable-cinco-proyectos-en-el-ultimo-pleno-de-2025.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">consigui&oacute; sacar adelante la Ley de la clientela pactando con Junts y la tramitaci&oacute;n de la Ley de la dependencia pactando con el voto de Podemos y la abstenci&oacute;n de PP y Vox</a>. Sin despeinarse.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Bien jugado, habr&iacute;a muchos votantes que se ver&iacute;an seducidos por una propuesta de centro pol&iacute;tico. Los ciudadanos est&aacute;n cansados de la sensaci&oacute;n de que la pol&iacute;tica no da m&aacute;s que problemas y habr&iacute;a much&iacute;simo espacio para un grupo de gente pr&aacute;ctica, que hable menos, quiz&aacute;s, y aporte m&aacute;s soluciones. Que juegue bonito, <a href="https://www.marca.com/futbol/barcelona/2022/11/13/636fdabc268e3e5a338b4585.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como dice Lewandowski</a>, pero que sea eficaz.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero para eso hay que querer jugar. No vale querer convertirse en el l&iacute;der supremo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/feijoo-pasos-albert-rivera_129_12869263.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Dec 2025 20:10:45 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Feijóo, tras los pasos de Albert Rivera]]></media:title>
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