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    <title><![CDATA[elDiario.es - María Álvarez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/maria-alvarez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - María Álvarez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Finanzas para propietarios]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/finanzas-propietarios_129_13586308.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/18437894-8c2c-46a3-a2f4-95079652d9d9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x690y164.jpg" width="1200" height="675" alt="Finanzas para propietarios"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si España se empeña en la trayectoria del rentismo, los grandes perjudicados serán quienes no puedan comprar. Pero los siguientes grandes perjudicados serán los propietarios de una única vivienda: los que todavía están pagando hipoteca y los que viven en la única casa que poseen</p><p class="subtitle">La fractura residencial: de la tragedia individual a la emergencia colectiva</p></div><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas semanas han circulado varios an&aacute;lisis que quieren explicar el problema de la vivienda como un conflicto de intereses. Espa&ntilde;a, seg&uacute;n esta visi&oacute;n, estar&iacute;a dividida entre dos grandes grupos: los propietarios, algunos de los cuales adem&aacute;s tienen alg&uacute;n piso arrendado, y la masa creciente de arrendatarios que no pueden comprar.
    </p><p class="article-text">
        Y aunque pueda ser verdad que los espa&ntilde;oles se ven a s&iacute; mismos as&iacute;, ocurre que desde un punto de vista financiero &ndash;si atendemos a la riqueza y a la posici&oacute;n de cada persona en la sociedad&ndash; esa divisi&oacute;n tiene escaso encaje. Al contrario, en el asunto del alquiler los intereses de los propietarios que solo tienen una vivienda est&aacute;n mucho m&aacute;s cerca de los inquilinos que de los arrendadores.
    </p><p class="article-text">
        Vamos a verlo con un ejemplo sencillo:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todos los residentes en Espa&ntilde;a tenemos derecho a una tarjeta sanitaria que nos da acceso a los centros de salud y a los hospitales. Es una especie de activo del que disfrutamos sin tener que compensarlo individualmente. Ahora imaginemos que esas tarjetas no fueran unipersonales, sino que se pudieran comprar y vender, y que ni siquiera tuvieran un l&iacute;mite por persona, sino que la misma persona pudiera acumular varias tarjetas y alquilarlas. Para ir al m&eacute;dico, habr&iacute;a que alquilar una tarjeta a alguien que tuviera m&aacute;s de una o comprarla al precio que pusiera el vendedor.
    </p><p class="article-text">
        La tarjeta seguir&iacute;a siendo un activo, pero entonces comenzar&iacute;a a ser tambi&eacute;n un coste, una necesidad que hay que cubrir en el mercado. Quien tuviera una tarjeta poseer&iacute;a un activo pero, a la vez, en el mismo acto, tendr&iacute;a un pasivo: necesitar&iacute;a<em> consumirla</em>. El saldo ser&iacute;a cero.
    </p><p class="article-text">
        Esto es lo que ocurre cuando se permite que las licencias de vivienda, que se pensaron exactamente igual que las tarjetas sanitarias, para que cada familia tuviera una, se convierten en un bien de mercado.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De pronto aparecen los arrendatarios: que son quienes no tienen ninguna vivienda y tienen que pagar solo para acceder a los beneficios de vivir en alguna parte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero la naturaleza del patrimonio de los propietarios tambi&eacute;n cambia: empiezan a tener un pasivo inherente a vivir en alg&uacute;n sitio. Por lo tanto, mientras vivan, el resultado de sumar el activo de su vivienda al pasivo de su consumo ser&aacute; cero. En el sentido com&uacute;n esto se intuye en esa idea de que &ldquo;da igual cu&aacute;nto suban las casas si siempre vas a tener que pagar m&aacute;s por la siguiente que te compres&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La macroeconom&iacute;a reconoce sin pesta&ntilde;ear este fen&oacute;meno. En las cuentas nacionales, las viviendas que est&aacute;n ocupadas por sus propietarios suman al PIB con algo llamado el &ldquo;alquiler imputado&rdquo;, ese alquiler ficticio que el propietario se estar&iacute;a cobrando a s&iacute; mismo, equivalente al que cobrar&iacute;a si se la alquilara a otra persona. El propietario que vive en su casa es, a la vez, casero e inquilino de s&iacute; mismo.
    </p><p class="article-text">
        Si vivi&eacute;ramos en un pa&iacute;s de propietarios, donde cada familia tuviera una vivienda y el alquiler fuera una parte residual, limitada a la demanda de la minor&iacute;a que quiere vivir en ese r&eacute;gimen, este mecanismo de mercado tendr&iacute;a sentido: unas generaciones le trasladar&iacute;an a las siguientes esos activos con la revalorizaci&oacute;n correspondiente al crecimiento de la econom&iacute;a. La posici&oacute;n de cada familia no cambiar&iacute;a sustancialmente respecto de la de las dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Pero cuando se consiente que las viviendas se conviertan en negocios de alojamiento &mdash;que es lo que son los pisos en alquiler&mdash; y que la misma persona o la misma empresa acumule varias viviendas, la l&oacute;gica cambia por completo. Para quien tiene m&aacute;s de una, el saldo ya no es cero. La primera cubre su necesidad de vivir en alg&uacute;n sitio; pero todas las dem&aacute;s son activo puro, sin ning&uacute;n pasivo que las compense. Cada una genera una renta real, que llega cada mes a su cuenta y que puede reinvertir en la siguiente.
    </p><p class="article-text">
        Y esto cambia tambi&eacute;n lo que valen las casas. Mientras las viviendas se compran para vivir en ellas, su precio est&aacute; limitado por lo que las familias pueden pagar con su salario. Pero en cuanto se compran como negocio, su precio pasa a depender de la renta que se les puede extraer. Cuanto m&aacute;s alto sea el alquiler que los inquilinos se ven obligados a pagar, m&aacute;s vale el piso. El precio de la vivienda empieza a medir lo que se puede cobrar por dejar vivir a otros.
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias para el reparto de la riqueza son inmediatas. Los inquilinos transfieren cada mes una parte de su salario a los caseros; sube el precio de las casas. Y los propietarios pueden percibir que aumenta su patrimonio. Pero mientras sube el precio de su activo, tambi&eacute;n sube el coste de su pasivo: lo que han de pagar por vivir en la ciudad. Mientras tanto, su saldo sigue siendo cero: lo que ganan como caseros de s&iacute; mismos lo pierden como inquilinos de s&iacute; mismos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Solo los rentistas ven realmente incrementado su patrimonio con cada subida del precio. Ocurre que, adem&aacute;s, los rentistas, con esas ganancias, compran m&aacute;s viviendas, que generan m&aacute;s rentas, que compran m&aacute;s viviendas en una espiral de subida de precios como la que estamos viviendo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con el tiempo, la diferencia de rentabilidad entre quien puede cobrar un alquiler y quien no, porque no tiene m&aacute;s casa que la que habita, abre una brecha patrimonial que se va haciendo cada vez m&aacute;s ancha, por la que los rentistas acaban despeg&aacute;ndose del grueso de los propietarios casi tanto como de los inquilinos.
    </p><p class="article-text">
        Imaginemos dos familias que parten de la misma casilla: cada una tiene una vivienda de 300.000 euros en la que vive. La segunda, adem&aacute;s, tiene otro piso del mismo valor, que alquila. Supongamos que las viviendas se revalorizan un 3% al a&ntilde;o y que el piso alquilado deja, descontados gastos, un 4% neto, que su due&ntilde;o reinvierte en m&aacute;s viviendas. Al cabo de treinta a&ntilde;os, la casa de la primera familia valdr&aacute; unos 730.000 euros pero, como hemos visto, ese dinero estar&aacute; atado a la necesidad de vivir en alg&uacute;n sitio: su saldo seguir&aacute; siendo cero. La segunda familia tendr&aacute; su propia casa, que valdr&aacute; lo mismo, y adem&aacute;s un patrimonio en alquiler de cerca de 2,3 millones. Empezaron con una diferencia de dos a uno. Terminar&aacute;n con una de m&aacute;s de cuatro a uno. Y si lo medimos por lo &uacute;nico que cuenta, el patrimonio libre, el que no est&aacute; atado a la necesidad de un techo, la diferencia ser&aacute; de cero a 2,3 millones.
    </p><p class="article-text">
        Si Espa&ntilde;a se empe&ntilde;a en la trayectoria del rentismo, los grandes perjudicados ser&aacute;n quienes no puedan comprar. Pero los siguientes grandes perjudicados ser&aacute;n los propietarios de una &uacute;nica vivienda: los que todav&iacute;a est&aacute;n pagando hipoteca y los que viven en la &uacute;nica casa que poseen.
    </p><p class="article-text">
        De manera que es cierto, por tanto, que en Espa&ntilde;a hay dos grandes grupos con intereses opuestos en materia de vivienda. Pero la l&iacute;nea que los separa no est&aacute; entre los propietarios y los inquilinos, sino entre los rentistas y todos los dem&aacute;s.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/finanzas-propietarios_129_13586308.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 14 Oct 2026 20:33:02 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Finanzas para propietarios]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Alquiler,Renta]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La encrucijada]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/encrucijada_129_13570261.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/fdfc9377-6ef5-46c0-86f1-d058086e7d95_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1047y242.jpg" width="1200" height="675" alt="La encrucijada"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No hay rentismo bueno. La naturalización de la idea de que una parte del país pueda vivir a costa de las rentas que le paga la otra parte, sin hacer nada, sin ningún mérito, solo porque llegó a comprar antes que el resto, me parece una aberración y una condena</p></div><p class="article-text">
        No s&eacute; si soy la &uacute;nica, pero en estos d&iacute;as me encuentro en una encrucijada. Como saben las personas que me leen, llevo muchos a&ntilde;os escribiendo sobre vivienda y reclamando que se ponga coto al alquiler. Quiz&aacute;s por eso mismo, no puedo apoyar el decreto que ha vuelto a aprobar hace dos d&iacute;as el Consejo de Ministros.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y es que por m&aacute;s que nos lo hayan querido vender as&iacute;, el objetivo de esta iniciativa no es &ldquo;la protecci&oacute;n de la funci&oacute;n social de la vivienda&rdquo;. No puede serlo porque la verdadera medida estrella de este decreto, la &uacute;nica que no est&aacute; limitada en el tiempo ni en su dimensi&oacute;n presupuestaria, es un regalo fiscal de muchos miles de millones de euros a los arrendadores.
    </p><p class="article-text">
        Desde este a&ntilde;o, los arrendadores particulares &ndash;incluidos los multiarrendadores &ldquo;buitre&rdquo;, que tengan hasta once inmuebles alquilados&ndash; percibir&aacute;n miles de millones de euros en bonificaciones fiscales. Gracias a estas medidas, un propietario que extraiga decenas o centenares de miles de euros de renta de hasta 10 familias podr&aacute; disfrutar de una bonificaci&oacute;n del 70% de los rendimientos de esos alquileres incluso si les duplica la renta. Si les baja el alquiler unos pocos euros cada cinco a&ntilde;os, esa bonificaci&oacute;n llegar&aacute; al 100%, esto es, no pagar&aacute;n nada. Repito: nada. Tanto es as&iacute;, tal es la barbaridad, que hasta el PSOE sacaba el otro d&iacute;a un anuncio en sus redes que dec&iacute;a &ldquo;Si eres propietario y bajas el alquiler 50&euro; a tu inquilino, te habr&iacute;as ahorrado 1000 &euro; en el IRPF&rdquo; y era mentira, porque no son 1000 euros, es m&aacute;s. El eslogan deber&iacute;a haber sido &ldquo;Si le bajas 50&euro; a tu inquilino, pagar&aacute;s cero impuestos&rdquo;. Eso s&iacute; que ser&iacute;a verdad.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y los fondos? El Gobierno presume de haberles subido los impuestos, pero tampoco es verdad. Lo que ha hecho es subir del 15% al 25% el gravamen sobre los beneficios no distribuidos de las SOCIMIs. Pero es que resulta que la mayor&iacute;a de las SOCIMIs no se dedican al alquiler de vivienda, sino al de oficinas y centros comerciales. Y adem&aacute;s estas sociedades ya est&aacute;n obligadas por ley a repartir sus beneficios (al menos el 80%, y en muchos casos el 100%). De manera que este es un impuesto sobre un dinero que apenas existe
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, el r&eacute;gimen fiscal que de verdad usan los fondos inmobiliarios, el de las Entidades Dedicadas al Arrendamiento de Vivienda, queda intacto. Este r&eacute;gimen, al que se acogen miles de empresas, les permite, por ejemplo, ahorrarse el 40% del impuesto de sociedades y pagar un tipo reducido de IVA en la compra de vivienda. El decreto no elimina esa reducci&oacute;n, ni la cambia, ni siquiera lo menciona.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y no tiene sentido todo esto si el objetivo es parar los desahucios? Veamos, resulta que el a&ntilde;o pasado hubo en Espa&ntilde;a unos 18.000 desahucios por alquiler. Solamente la bonificaci&oacute;n del IRPF puede costar <a href="https://www.airef.es/es/estudios-observatorio/beneficios-fiscales/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">varios miles de millones de euros</a>. Pero adem&aacute;s, es que los desahucios solo se proh&iacute;ben hasta 2030, pero las bonificaciones son para siempre. Como consecuencia, cada uno de estos lanzamientos durante cuatro a&ntilde;os nos va a salir a todos los espa&ntilde;oles por centenares de miles de euros en ingresos para las arcas p&uacute;blicas. Con ese dinero se podr&iacute;an hacer muchas m&aacute;s cosas por las personas vulnerables que mantener su alquiler durante unos pocos a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Por lo tanto, no podemos entender que este decreto tenga por objetivo la protecci&oacute;n de la funci&oacute;n social de la vivienda. El objetivo real y evidente fue y sigue siendo construir una suerte de gran coalici&oacute;n en la que puedan caber, al mismo tiempo, todos los partidos que el gobierno necesita para sostenerse. Desde los que defienden el rentismo m&aacute;s salvaje, como Junts, hasta quienes defienden un rentismo de las clases medias, como le pasa al PSOE, pasando por quienes toleran ese mismo rentismo buenista y piden otro, un rentismo p&uacute;blico, como el reci&eacute;n estrenado Frente Amplio. Por eso, entre todas las medidas de este real decreto hay unas que caminan en una direcci&oacute;n y otras en otra. Por eso, por todas partes, sus portavoces anuncian una medida mientras firman la contraria. El verdadero &aacute;nimo de esta legislaci&oacute;n es salvar al Gobierno. O lo que queda de &eacute;l.
    </p><p class="article-text">
        Y yo, lo he dicho muchas veces, creo que no hay rentismo bueno. La naturalizaci&oacute;n de la idea de que una parte del pa&iacute;s pueda vivir a costa de las rentas que le paga la otra parte, sin hacer nada, sin ning&uacute;n m&eacute;rito, solo porque lleg&oacute; a comprar antes que el resto, me parece una aberraci&oacute;n y una condena. Un camino que solo nos puede llevar a convertirnos en un pa&iacute;s de rentistas y camareros. Como sabe cualquiera que le haya insistido a un hijo en que deje de hacer el primo y se meta en una hipoteca, el problema del alquiler no es de precio, sino de coste de oportunidad. Da igual lo buenos que sean los caseros.
    </p><p class="article-text">
        La &uacute;nica soluci&oacute;n progresista en un pa&iacute;s en el que el 73% de las familias tienen una casa en propiedad es que esa posibilidad se extienda a todas las familias. Que seamos orgullosamente un pa&iacute;s de propietarios. Que la vivienda deje de ser un negocio desregulado para que todo el mundo pueda poseer una parte de la propiedad de su pa&iacute;s. Y este decreto, lejos de abundar en esa v&iacute;a, va en la direcci&oacute;n contraria. No solo no acaba con el rentismo, sino que lo naturaliza. Y hace m&aacute;s rentable vivir de las rentas.
    </p><p class="article-text">
        Llevar este decreto a la Diputaci&oacute;n Permanente con una justificaci&oacute;n humanitaria, como si fuera la &uacute;nica manera de resolver el drama de los desahucios, es una maniobra que retuerce el sentido de la democracia. Me da igual cu&aacute;ntas veces se haya hecho antes o c&oacute;mo de legal sea el subterfugio.
    </p><p class="article-text">
        Como tambi&eacute;n es una tergiversaci&oacute;n de la soberan&iacute;a confundir la acampada de Sol, o incluso las manifestaciones del fin de semana, con la voluntad popular y decir, como ha hecho recientemente el presidente del Gobierno, que &ldquo;cuando el Congreso da la espalda a lo que se vive en la calle, el Gobierno no puede mirar hacia otro lado&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Claro que puede mirar hacia otro lado. Es m&aacute;s: debe. No solo esto, sino que lleva haci&eacute;ndolo media legislatura y se lo hemos aplaudido muchas veces: como cuando lo que gritaba la calle era que hab&iacute;a que echar a los inmigrantes o que la amnist&iacute;a era una traici&oacute;n a Espa&ntilde;a. Nos ha costado demasiado tener una democracia en este pa&iacute;s como para desvirtuarla a la primera que nos conviene.
    </p><p class="article-text">
        Este Gobierno, que ha hecho muchas cosas necesarias por Espa&ntilde;a, es hoy un mal gobierno. Es un ejecutivo que ha agotado su agenda legislativa &ndash;al menos la que era capaz de sacar adelante con la correlaci&oacute;n actual de fuerzas&ndash; y est&aacute; improvisando. Y es un equipo que parece mucho m&aacute;s preocupado por su propia supervivencia que por el devenir del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y en otras circunstancias ser&iacute;a deseable que llegaran unas elecciones que mandaran a este equipo a la oposici&oacute;n y le dieran a la izquierda el tiempo y el espacio para regenerarse o morir. Para que el darwinismo pol&iacute;tico cumpla su funci&oacute;n depuradora.
    </p><p class="article-text">
        El drama es, por supuesto, que para que eso suceda tendr&iacute;a que llegar al poder la oposici&oacute;n. Esos mismos que ayer compart&iacute;an en Twitter &ndash;y defend&iacute;an por televisi&oacute;n&ndash; unas im&aacute;genes del ministro &Oacute;scar Puente llorando en el suelo despu&eacute;s de haber sufrido un accidente en el que se rompi&oacute; el cu&aacute;driceps; los mismos que llevan a&ntilde;os poniendo en cuesti&oacute;n el estado de derecho, tanto que aun cuando se dan por vencedores siguen poniendo en duda el voto por correo, no sea que despu&eacute;s tengan que impugnar el resultado. Los mismos que proponen echar a millones de personas del pa&iacute;s o hacer un recorte tan brutal del IRPF que provocar&iacute;a el inmediato colapso de la deuda p&uacute;blica. Una derecha desquiciada, enajenada, m&aacute;s cerca de los del gorrito de plata que de los centros reales del poder. Una derecha trumpista, al fin, que no tiene m&aacute;s programa que el odio. No tengo ninguna duda de que un gobierno de Feij&oacute;o ser&iacute;a peor que el de S&aacute;nchez.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, los espa&ntilde;oles estamos en una encrucijada, atrapados entre un gobierno agotado que est&aacute; tomando malas decisiones y la posibilidad de que llegue otro peor. La sensaci&oacute;n de degeneraci&oacute;n del espacio p&uacute;blico es asfixiante y, como siempre ocurre en la vida de los adultos, nadie va a venir a rescatarnos. &iquest;Qu&eacute; podemos hacer en estas circunstancias?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        He defendido otras veces que los ciudadanos no debemos tomarnos la pol&iacute;tica como algo emocional. En primer lugar, porque ya pas&oacute; el tiempo en que uno se identificaba con un partido y le dejaba en prenda su propio valor moral. Pero sobre todo porque es contraproducente. Hoy nos arrastran corrientes que exigen una pol&iacute;tica de las emociones, como si vivi&eacute;ramos en un refer&eacute;ndum permanente entre el bien y el mal. Para salir de esa espiral necesitamos una sociedad civil fuerte con la cabeza fr&iacute;a, que no ceda al delirio ni deje de celebrar lo que est&aacute; bien, aunque est&eacute; mal visto, pero que tampoco deje se&ntilde;alar lo que est&aacute; mal, aunque lo hagan los suyos. Que no se salve a s&iacute; misma, que no se excuse, que no diga que esto no est&aacute; pasando ni que no lo sab&iacute;a. Vivimos un tiempo de extraordinaria dificultad, pero saldremos adelante si los espa&ntilde;oles sabemos reconocerlo y actuar en consecuencia.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/encrucijada_129_13570261.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 07 Oct 2026 22:07:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La encrucijada]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Hacia un país de inquilinos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/pais-inquilinos_129_13551569.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/91e553f8-1eac-43ac-9684-854ce3f56ffa_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Hacia un país de inquilinos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En España, pese a que no lo parezca en estos días de tanto aspaviento, existe un amplio acuerdo entre todos los partidos en que el modelo económico es el 'inquilinismo'. La idea de que en el futuro ya no seremos una sociedad de propietarios, sino que algunos serán propietarios y otros seremos eternamente inquilinos</p><p class="subtitle">El estallido de una casa que nunca poseímos</p></div><p class="article-text">
        Para comprender lo que est&aacute; en juego en est&aacute; en juego en el debate de la vivienda hay que conocer dos cosas:&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La primera es que los estados del bienestar fueron concebidos sobre la creencia en que ahorrar e invertir era el motor del progreso. El aumento del &ldquo;capital&rdquo; que produc&iacute;a ese ahorro era lo que hac&iacute;a posible crecer y, por lo tanto, pagar las pensiones, la sanidad y la educaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        La segunda cosa que hay que comprender es que ese mecanismo hace d&eacute;cadas que dej&oacute; de funcionar. Hay quien dice que fue en la crisis de 2008; yo he sostenido que ocurri&oacute; antes, a finales de los 90, cuando se universaliz&oacute; la educaci&oacute;n superior, pero esa es otra historia. Lo que es importante es entender que en todo el mundo, desde hace al menos 18 a&ntilde;os, m&aacute;s capital ya no produce m&aacute;s econom&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La causa es la colisi&oacute;n de dos grandes tendencias: de una parte, la transformaci&oacute;n de las econom&iacute;as. El paradigma &ldquo;digital&rdquo; ya no requiere tantas inversiones como fueron necesarias para hacer las carreteras, las infraestructuras y las f&aacute;bricas del siglo XX. De otra, la <em>madurez</em> de los estados del bienestar. Unas clases medias que han estado toda una vida ahorrando quieren ver el resultado de ese ahorro que, siempre les dijeron, ten&iacute;a que tener una recompensa. As&iacute; que, pese a que no ten&iacute;a d&oacute;nde invertirse, la riqueza ha seguido creciendo mucho m&aacute;s r&aacute;pido que la econom&iacute;a. Si en el a&ntilde;o 2000 el conjunto de activos que consideramos &ldquo;riqueza&rdquo; <a href="https://www.mckinsey.com/mgi/our-research/the-global-balance-sheet-2026-imbalance-and-divergence" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ten&iacute;a un valor neto que era cuatro veces el de la econom&iacute;a, hoy esa patrimonio representa seis veces el PIB global</a>.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo puede ser? &iquest;No es la riqueza un subproducto de la actividad econ&oacute;mica? As&iacute; deber&iacute;a ser, pero los Estados han alentado que las familias metieran su ahorro en el mercado de la vivienda y se han comprometido, con distintos incentivos, a que se siguieran revalorizando. As&iacute;, lo que entendemos por &ldquo;capital&rdquo; ha mutado y ya no son f&aacute;bricas, ni patentes, ni instalaciones fotovolt&aacute;icas, ni siquiera yacimientos de petr&oacute;leo. El 60% del &ldquo;patrimonio&rdquo; mundial son activos inmobiliarios; el 50% son viviendas. Y no son ni siquiera nuevas viviendas. Solo el 30% de toda la riqueza que se ha creado desde el a&ntilde;o 2000 son nuevas inversiones. Todo lo dem&aacute;s &ndash;hasta 280 billones de d&oacute;lares&ndash;, es el resultado de la inflaci&oacute;n y de la revalorizaci&oacute;n de activos que ya exist&iacute;an al final del siglo pasado. En otras palabras: no somos m&aacute;s ricos, solo nos creemos m&aacute;s ricos porque nos hemos convencido de que las cosas &ndash;y, sobre todo, las casas&ndash; que construimos el siglo pasado hoy valen mucho m&aacute;s que antes.
    </p><p class="article-text">
        Solo en estas coordenadas podemos comprender el alcance de eso que hemos llamado el &ldquo;problema de la vivienda&rdquo; y que es, en realidad, el conflicto por la distribuci&oacute;n del capital y de la riqueza en el siglo XXI: la batalla econ&oacute;mica m&aacute;s importante de nuestro tiempo.
    </p><p class="article-text">
        El problema de que la riqueza ya no sean f&aacute;bricas y patentes, sino casas y acciones en bolsa, esconde el aut&eacute;ntico reto de nuestro tiempo. Y es que, por mucho que nos empe&ntilde;emos en creer que las casas hoy valen m&aacute;s que hace 25 a&ntilde;os, no vamos a conseguir que produzcan nada nuevo que podamos vender. Al contrario, cada euro que dejamos caer en este mercado &ldquo;de inversi&oacute;n&rdquo; es un euro que deja de servir para contratar trabajadores y de pagar impuestos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta es la raz&oacute;n por la que el mundo se est&aacute; volviendo un juego de suma cero, y la causa de la concentraci&oacute;n de la riqueza que tanto critican los partidos de la izquierda &ndash;con raz&oacute;n. Sin ese capital que se reinvert&iacute;a y generaba m&aacute;s econom&iacute;a, las cuentas p&uacute;blicas se resienten, los bolsillos de los ciudadanos se vac&iacute;an y los j&oacute;venes ven el futuro cada vez m&aacute;s negro. Y esta espiral, que es la que lleva 25 a&ntilde;os inflando las sucesivas burbujas, es la misma que pone en crisis los estados del bienestar. La crud&iacute;sima realidad es que las democracias &ndash;o las dictaduras &ldquo;blandas&rdquo;, por llamarlas de alguna manera&ndash; no pueden sobrevivir sin un modelo de pa&iacute;s que traiga m&aacute;s progreso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para salir de esta encrucijada, hoy todos los pa&iacute;ses del mundo se est&aacute;n haciendo la misma pregunta: &iquest;C&oacute;mo hacemos un modelo econ&oacute;mico que nos permita volver a una senda de prosperidad suficiente para toda la poblaci&oacute;n &ndash;o al menos, para una mayor&iacute;a pol&iacute;tica estable?
    </p><p class="article-text">
        La respuestas son m&uacute;ltiples: la de Trump son los aranceles; la de Xi Jinping es una combinaci&oacute;n de deuda p&uacute;blica para financiar inversiones masivas y la inundaci&oacute;n de los mercados internacionales de productos chinos; la del canciller Merz es trabajar m&aacute;s para recuperar la competitividad perdida; y la de Millei es el desmantelamiento del estado del bienestar. Son distintas respuestas, pero la pregunta es la misma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y en Espa&ntilde;a? En Espa&ntilde;a, pese a que no lo parezca en estos d&iacute;as de tanto aspaviento, existe un amplio acuerdo entre todos los partidos en que el modelo econ&oacute;mico es el <em>inquilinismo</em>. La idea de que en el futuro ya no seremos una sociedad de propietarios, sino que algunos ser&aacute;n propietarios y otros seremos eternamente inquilinos, la fuente de renta y de riqueza para todos los dem&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Claro que hay matices: la derecha quiere que el alquiler sea a precio de mercado y si tiene que ser la ley de la selva, que lo sea. Que pague el que pueda y el que no, a la calle. La socialdemocracia quiere un alquiler de mercado, pero &ldquo;asequible&rdquo;. Uno que apriete &ndash;porque los rentistas tambi&eacute;n tienen derecho a hacer dinero con su dinero&ndash;, pero que no ahogue, que no haya ancianas de 87 a&ntilde;os siendo desahuciadas en televisi&oacute;n. Y la izquierda <em>alternativa </em>quiere que el alquiler sea social y p&uacute;blico, porque as&iacute; puede ofrecer una forma de vida a sus votantes sin correr el riesgo de que el &ldquo;efecto propietario&rdquo; los haga de derechas. Este modelo, adem&aacute;s, encaja a la perfecci&oacute;n con su m&aacute;xima pretensi&oacute;n, que es defender la centralidad del Estado.
    </p><p class="article-text">
        Pero despejados estos matices, todos los partidos est&aacute;n de acuerdo esencialmente en lo mismo: hay que fomentar la oferta de alquiler, estabilizar el mercado y hacer que haya una forma de vida inquilina, que ya no aspire a comprar. O en otras palabras: que vayamos hacia una sociedad donde ya no seamos todos iguales, sino que haya unos propietarios de la tierra y otros que la trabajan. La diferencia entre unos y otros es de precio.
    </p><p class="article-text">
        Esto, y no otra cosa, es lo que va a reflejar el consenso en torno al real decreto que con toda seguridad se aprobar&aacute; este viernes en el Congreso: un popurr&iacute; con decenas de medidas orientadas a naturalizar el alquiler como sector de actividad y como forma de vida, para que crezca y se extienda como modelo econ&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        Para ello este decreto act&uacute;a en muchas direcciones que podr&iacute;an parecer opuestas, pero no lo son: Por una parte, riega con miles de millones de euros en regalos fiscales a los caseros, hasta convertir el alquiler en la &uacute;nica actividad econ&oacute;mica que no tiene que pagar IRPF, con tal de que no suba los precios. Dice ir &ldquo;contra los fondos buitre&rdquo; pero luego ni siquiera menciona la forma jur&iacute;dica con la que operan la inmensa mayor&iacute;a de ellos: el r&eacute;gimen especial de Entidades dedicadas al arrendamiento de vivienda (EDAVs), que mantiene un 40% de reducci&oacute;n en el Impuesto de Sociedades. Considera &ldquo;asequible&rdquo; toda aquella renta que no supere el 30% de los ingresos del hogar mediano del municipio de referencia, lo que en la pr&aacute;ctica hace que un alquiler de 1200 mensuales tenga esa consideraci&oacute;n en Madrid o en Barcelona.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por otra, establece protecciones temporales a los casos m&aacute;s extremos, prohibe los desahucios hasta 2030 y prorroga por dos a&ntilde;os los contratos en vigor. Estas medidas, que podr&iacute;an resultar progresistas, son en realidad paliativas si la tendencia sigue siendo a tener cada vez un reparto m&aacute;s desigual de la propiedad. Y sin embargo, tienen efectos evidentes en la normalizaci&oacute;n de todo lo anterior. Apretar, pero no ahogar a tus inquilinos, no sea que dejen de pagar el alquiler.
    </p><p class="article-text">
        Este es el consenso de pa&iacute;s que estamos a punto de alcanzar. Uno que intenta contentar a todo el mundo a costa de guardar debajo de la alfombra el problema de estructura econ&oacute;mica de primer orden al que nos enfrentamos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Solo tiene dos problemas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Uno, que no es un consenso de pa&iacute;s, sino entre las &eacute;lites pol&iacute;ticas: el 85% de los inquilinos querr&iacute;a acceder a una vivienda en propiedad, pero no puede. Cuando no se trata de legislar, tambi&eacute;n parece ser un consenso entre los diputados, porque la pr&aacute;ctica totalidad tiene una vivienda en propiedad.
    </p><p class="article-text">
        El otro, que no funciona. Porque para que la mitad de la poblaci&oacute;n perciba rentas del alquiler, tiene que haber otra mitad que se dedique toda su vida a pagarlas. Esa idea beat&iacute;fica que tienen algunos, donde una abuelita complementa su pensi&oacute;n con una paguita, solo es posible mientras haya otra abuelita pagando esa renta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy en Espa&ntilde;a las rentas del alquiler que perciben los caseros rondan los 60.000 millones de euros. Tres millones de caseros extraen rentas de tres millones de inquilinos en un sector que lleva a&ntilde;os creciendo al 10% anual. Si la tendencia sigue as&iacute;, no es descartable que en una d&eacute;cada el rentismo se haya convertido en uno de los primeros sectores de actividad de la econom&iacute;a espa&ntilde;ola.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero un pa&iacute;s donde la mitad de la poblaci&oacute;n paga alquiler y la otra mitad lo cobra, sin trabajar, es un pa&iacute;s feudal. Y por eso, mientras no encontremos un modelo econ&oacute;mico m&aacute;s all&aacute; del rentismo, este pa&iacute;s ser&aacute; un s&aacute;lvese quien pueda donde todo el que tiene un euro lo est&aacute; metiendo en el sector inmobiliario. Un pa&iacute;s que no podr&aacute; ser productivo, y que solo podr&aacute; ser un parque tem&aacute;tico lleno de turistas.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/pais-inquilinos_129_13551569.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 30 Sep 2026 20:21:54 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Hacia un país de inquilinos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Alquiler]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Del 26S como fin del 15M]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/26s-15m_129_13544984.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bf3ed5ed-ed78-42d2-aab5-7e97a55466d5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x343y499.jpg" width="1200" height="675" alt="Del 26S como fin del 15M"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Qué modelo de país tiene este gobierno en la cabeza? Más allá de defendernos de la extrema derecha y de arreglar las fechorías que hicieron los gobiernos de Rajoy, ¿dónde piensa que vivamos, de qué espera que trabajemos, cómo espera que criemos a nuestros hijos? Esta es la razón por la que hemos vuelto a la casilla de salida</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;O cae el rentismo o cae el Gobierno&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Con este lema, la acampada del Sindicato de Inquilinas encarna estos d&iacute;as, en la forma y en el fondo, el esp&iacute;ritu de impugnaci&oacute;n que vivimos en Espa&ntilde;a en el a&ntilde;o 2011. Hace 15 a&ntilde;os, el 15M fue un se&ntilde;alamiento directo del &ldquo;r&eacute;gimen del 78&rdquo; y de los partidos que lo hab&iacute;an representado que propon&iacute;a inaugurar un ciclo nuevo en la pol&iacute;tica espa&ntilde;ola. Iban a ser los ciudadanos, organizados en asambleas, los que iban a estrechar la distancia que separaba al poder de la ciudadan&iacute;a. Eran los de arriba contra los de abajo. Asaltar&iacute;amos los cielos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y as&iacute; fue.
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno actual y las versiones que lo precedieron se formaron en gran medida por personas que hab&iacute;an participado del 15M. Del pu&ntilde;ado que durmi&oacute; aquella primera noche del 15 de mayo en Sol, varias acabaron despu&eacute;s en puestos de responsabilidad. Un n&uacute;mero muy significativo de quienes se volvieron relevantes en la plaza terminaron siendo concejales, asesores, diputados, intelectuales y t&eacute;cnicos de los partidos que nacieron en los a&ntilde;os siguientes, cuando no directamente ministros y hasta vicepresidentes del Gobierno. Incluso en el reci&eacute;n anunciado &ldquo;Frente Amplio&rdquo; que van a formar este a&ntilde;o los antiguos integrantes de Sumar cuesta trabajo encontrar a un dirigente que no tuviera un papel en aquellos d&iacute;as de 2011. Tampoco el PSOE se libr&oacute; del impacto. Es dif&iacute;cil imaginar que Pedro S&aacute;nchez hubiera llegado al poder sin el nuevo sentido com&uacute;n, tan contrario al <em>establishment</em>, que hab&iacute;an despertado las movilizaciones.
    </p><p class="article-text">
        Cuando el nuevo r&eacute;gimen que quer&iacute;a traer el 15M no pudo desplazar del todo al antiguo, no le qued&oacute; m&aacute;s remedio que lidiar con &eacute;l. Con el tiempo, las piezas fueron encajando en los huecos disponibles, y hoy no solo siguen vivos el PP y el PSOE, sino que tambi&eacute;n Vox se mueve dentro de ese mismo marco ideol&oacute;gico de la Constituci&oacute;n. Hasta Podemos ha dejado de ser ese movimiento asambleario y pretendidamente posmoderno que prometi&oacute; en sus inicios y ha ido virando hacia algo mucho m&aacute;s parecido a un partido de izquierda cl&aacute;sica del siglo XX. De manera que las distintas versiones de los gobiernos progresistas de la &uacute;ltima d&eacute;cada, en el Estado, en las comunidades y en los ayuntamientos, han sido forzosamente un pacto; un equilibrio muy precario entre el r&eacute;gimen del 78 y ese nuevo sentido com&uacute;n que se quiso levantar para abolirlo.
    </p><p class="article-text">
        Lo parad&oacute;jico es que pese a esa aparente fragilidad ideol&oacute;gica, estos han sido quiz&aacute;s los gobiernos m&aacute;s eficaces de la historia democr&aacute;tica; los m&aacute;s capaces de enfrentar los cambios y de proponer medidas que hubieran sido impensables hace unas d&eacute;cadas. Solo en los &uacute;ltimos ocho a&ntilde;os han enfrentado una pandemia, el temporal Filomena, un volc&aacute;n, la guerra en Ucrania y en Ir&aacute;n, la Dana de Valencia, el enfrentamiento con Trump, un apag&oacute;n, varios incendios, otro amago de un virus potencialmente mortal en un crucero, una crisis migratoria en Canarias y ahora otra en Ceuta. Mientras tanto, estos equipos de gobierno han producido algunas transformaciones muy relevantes en la arquitectura econ&oacute;mica y social del pa&iacute;s, como la reforma laboral, la subida extraordinaria del SMI, la extensi&oacute;n &ndash;a&uacute;n imperfecta&ndash; del IMV, la reforma de la ley de dependencia, el impulso a las energ&iacute;as renovables y la ampliaci&oacute;n de los permisos de paternidad y maternidad. Los resultados, a la vista est&aacute;, son extraordinarios: Espa&ntilde;a marca r&eacute;cords de crecimiento y de creaci&oacute;n de empleo y hasta los intereses de la deuda, que fueron el canario en la mina del periodo anterior, est&aacute;n en m&iacute;nimos hist&oacute;ricos.
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo, pese a toda su capacidad para la gesti&oacute;n, los partidos que conforman hoy el Gobierno parecen ser incapaces de escapar del paradigma impugnatorio del que nacieron. A&uacute;n hoy, aun despu&eacute;s de haber demostrado esa sobrada capacidad para ejecutar un programa de gobierno, tanto el PSOE como los partidos del Frente Amplio parecen seguir empe&ntilde;ados en ser la oposici&oacute;n a la oposici&oacute;n, los que mejor se&ntilde;alan todas las cosas que van mal e identifican a los culpables de todos los problemas. Ellos son los mejores para &ldquo;solucionar los problemas de la gente&rdquo;, como le gusta decir a Yolanda D&iacute;az, o para &ldquo;frenar a la extrema derecha&rdquo;, como dice Gabriel Rufi&aacute;n y repite incansablemente Pedro S&aacute;nchez, o para &ldquo;que el miedo cambie de bando&rdquo;, como afirma el ministro Bustinduy.
    </p><p class="article-text">
        Pero cuando no se trata de arreglar problemas causados por un maligno enemigo exterior, ni de corregir los desmanes del ciclo neoliberal, sino de enfrentar las contradicciones del modelo de pa&iacute;s que nos hemos dado, esa fragilidad ideol&oacute;gica que heredamos del 15M se revela como una verdadera, quiz&aacute; insalvable, debilidad de la izquierda.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Incapaces de consensuar un paradigma nuevo y de liderar a grupos con intereses dispares en una misma direcci&oacute;n, estos partidos se vuelven torpes. Se traban. Se demuestran inoperantes y no saben qu&eacute; hacer. Y acaban dando vueltas como pollos sin cabeza.
    </p><p class="article-text">
        Esto es lo que estamos observando en estos d&iacute;as, desde que el Sindicato de Inquilinas forz&oacute; al Gobierno a enfrentar el elefante en la habitaci&oacute;n de la legislatura. En menos de 24 horas el presidente del Gobierno ha afirmado que lo que hay que hacer es &ldquo;privilegiar el uso residencial frente al tur&iacute;stico&rdquo; &ndash;sea lo que sea que eso signifique&ndash;; Podemos ha pedido &ldquo;expropiar 650.000 viviendas&rdquo; &ndash;con cargo a los impuestos de todos los contribuyentes&ndash;; Yolanda D&iacute;az ha llamado a &ldquo;movilizarse contra el Gobierno&rdquo; &ndash;ese mismo Gobierno del que es vicepresidenta&ndash;; la ministra del ramo ha responsabilizado a los &ldquo;especuladores desalmados&rdquo; y a Ayuso, como si no fuera de su competencia que los especuladores no puedan ser desalmados; y por las redes se filtra una bater&iacute;a de medidas para aprobar hoy que, como nos tiene acostumbrados el Gobierno en este tema, disparan en distintas direcciones sin terminar de acertar en ninguna.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, es imposible conocer el modelo que tiene este Gobierno &ndash;ni su oposici&oacute;n&ndash; en materia de vivienda. &iquest;Persiguen los partidos del Gobierno que todos los espa&ntilde;oles vivamos en una casa en propiedad? &iquest;O est&aacute;n de acuerdo en que una parte de la poblaci&oacute;n viva toda la vida de alquiler? &iquest;Creen que la situaci&oacute;n actual, donde el 85% de las personas entre 25 y 45 a&ntilde;os que no tienen casa <a href="https://www.idealista.com/news/inmobiliario/vivienda/2026/09/15/914173-dos-de-cada-tres-jovenes-aplazan-su-proyecto-de-vida-por-el-precio-de-la-vivienda" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">dicen que les gustar&iacute;a comprar una vivienda pero no pueden permit&iacute;rselo</a>, debe perpetuarse? &iquest;Qu&eacute; modelo de pa&iacute;s tiene este Gobierno en la cabeza? M&aacute;s all&aacute; de defendernos de la extrema derecha y de arreglar las fechor&iacute;as que hicieron los gobiernos de Mariano Rajoy, &iquest;d&oacute;nde piensa que vivamos, de qu&eacute; espera que trabajemos, c&oacute;mo espera que criemos a nuestros hijos? &iquest;Qu&eacute; papel deber&iacute;a tener Espa&ntilde;a en el mundo para estos partidos que llevan tantos a&ntilde;os gobern&aacute;ndonos?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Qu&eacute; paradoja que el ciclo pol&iacute;tico m&aacute;s exitoso de la izquierda espa&ntilde;ola en t&eacute;rminos de transformaciones concretas es el que ha producido un proyecto pol&iacute;tico m&aacute;s pobre, apenas capaz de enunciarse a s&iacute; mismo como muro para evitar que lleguen otros. Qu&eacute; paradoja que este gobierno que ha sabido arreglar una buena parte de los problemas del pa&iacute;s no se atreva a proyectar un pa&iacute;s nuevo.
    </p><p class="article-text">
        Esta es la raz&oacute;n por la que hemos vuelto a la casilla de salida. Con una nueva acampada en las calles y una nueva generaci&oacute;n que quiere impugnar al gobierno porque no se encuentra representada. Porque siente que la distancia entre las &eacute;lites pol&iacute;ticas y los ciudadanos ya es insalvable. La acampada del 26S es el final del ciclo del 15M.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Ayer por la ma&ntilde;ana, los representantes del Frente Amplio comparecieron junto a los de Bildu, BNG y ERC frente al hospital donde est&aacute; ingresada Maricarmen. Portando carteles del Sindicato de Inquilinas pidieron que no se pongan parches y se atiendan &iacute;ntegramente las demandas del Sindicato.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es bastante evidente que, adem&aacute;s del compromiso que han tenido estos partidos con este tema en los &uacute;ltimos meses, que es real y que es honesto, existe cierta tendencia a la sobreactuaci&oacute;n provocada por un temor a que esta nueva ola de impugnaci&oacute;n termine por impugnarles a ellos: &ldquo;Solo el pueblo salva al pueblo&rdquo;, dec&iacute;an algunos portavoces de los acampados.
    </p><p class="article-text">
        Y a m&iacute; me parece que el truco para no ser impugnados es sencillo. Y es que si algo demuestra esta acampada, si algo ha demostrado en estos meses el Sindicato de Inquilinas y demostr&oacute; en su d&iacute;a el 15M, es que cuando uno tiene una visi&oacute;n pol&iacute;tica y voluntad de universalizarla, hay margen, m&aacute;s all&aacute; de las mayor&iacute;as parlamentarias, m&aacute;s all&aacute; de los intereses particulares, para hacer nuevas mayor&iacute;as, para enarbolar consensos nuevos y empujar hasta a los m&aacute;s reticentes a tu visi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s a&uacute;n: es que quiz&aacute; lo que necesita la sociedad para sentirse representada, para sentir que las personas que nos gobiernan trabajan con nosotros y no para ellos mismos, no es que nos &ldquo;resuelvan los problemas&rdquo;, ni que nos &ldquo;defiendan de la extrema derecha&rdquo;; ni siquiera es que nos ofrezcan un mundo f&aacute;cil de clientes pol&iacute;ticos, sino que nos convenzan y que nos involucren en un proyecto, en una visi&oacute;n de futuro en la que nos podamos encontrar reflejados y de la que todos podamos ser parte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/26s-15m_129_13544984.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 28 Sep 2026 20:50:30 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Del 26S como fin del 15M]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Desahucios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Maricarmen somos todos]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/maricarmen_129_13533334.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/74cb4e0d-4148-4050-b332-663893c3b964_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1264y942.jpg" width="1200" height="675" alt="Maricarmen somos todos"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que le pasó este miércoles a Maricarmen no es una especie de lotería de la mala suerte que le toca a una persona concreta. Es un fenómeno estructural que nos afecta a todos. Cada vez que uno de estos fondos se hace con un trozo de ciudad, nos desahucia un poco a todos: del bar donde nos tomamos el café, de la clínica donde nos tratan los dolores...</p></div><p class="article-text">
        Una imagen vale m&aacute;s que mil palabras. Y las de ayer, en las que una mujer de 87 a&ntilde;os era sacada a la fuerza de su casa por una empresa que pretende cobrar hasta seis veces m&aacute;s al pr&oacute;ximo inquilino, lo dec&iacute;an todo sobre la situaci&oacute;n a la que hemos llegado en materia de vivienda.
    </p><p class="article-text">
        Viendo a Maricarmen abandonar su casa en camilla, no pude evitar recordar otra instant&aacute;nea de los a&ntilde;os posteriores a 2008 en los que las primeras familias empezaban a ser desalojadas de sus viviendas tras no haber podido hacer frente a la hipoteca. En uno de aquellos desahucios alguien capt&oacute; una imagen que tambi&eacute;n acert&oacute; a explicarlo todo: mostraba a una familia en la calle, esperando no se sabe muy bien qu&eacute;, los ni&ntilde;os sentados sobre unas cuantas maletas y, a su lado, una peque&ntilde;a monta&ntilde;a hecha con las pertenencias que hab&iacute;an podido sacar de su casa.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, como ahora con Maricarmen, hab&iacute;a un cierto reflejo de pensar que aquello era un caso l&iacute;mite, una rareza, algo que solo le pasaba a un pu&ntilde;ado de gente atrapada en una sucesi&oacute;n de catastr&oacute;ficas desdichas. Como cuando te dicen que un pariente lejano tiene c&aacute;ncer y te pones a hacer preguntas como para poder construir la ficci&oacute;n de que esa persona tiene algo que la hace m&aacute;s vulnerable a la enfermedad que t&uacute;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Har&iacute;amos bien en no repetir el error. Lo que le pas&oacute; este mi&eacute;rcoles a Maricarmen no es una especie de loter&iacute;a de la mala suerte que le toca a una persona concreta. Es un fen&oacute;meno estructural que nos afecta a todos.
    </p><p class="article-text">
        La cosa es esta.
    </p><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos quince a&ntilde;os, y sobre todo desde la pandemia, en el panorama financiero confluyen dos fuerzas opuestas. Por un lado, los tipos bajos, los est&iacute;mulos y las inyecciones de liquidez de los bancos centrales de pr&aacute;cticamente todo el mundo han inundado el planeta de dinero barato. Por otro lado, la digitalizaci&oacute;n y la emergencia de una generaci&oacute;n entera de t&eacute;cnicos y profesionales universitarios han cambiado de arriba abajo las reglas del juego econ&oacute;mico: han llevado al l&iacute;mite la capacidad productiva de los pa&iacute;ses y, con ello, han hundido los precios de los bienes que hab&iacute;an sido el centro de las econom&iacute;as industriales. Resultado: una monta&ntilde;a de dinero barato que se ha quedado sin destino productivo.
    </p><p class="article-text">
        De la suma de ambas cosas sale lo que podr&iacute;amos llamar una &ldquo;burbuja total&rdquo;: una masa inmensa de capital ocioso que no encuentra acomodo en la econom&iacute;a productiva y que busca por d&oacute;nde colarse, no para crear valor, sino para extraer rentas como sea y de donde sea, de los Estados o de los ciudadanos.
    </p><p class="article-text">
        Las consecuencias m&aacute;s crudas y m&aacute;s evidentes son la gran burbuja inmobiliaria que se ha producido en todo Occidente y en China y el crecimiento de la bolsa estadounidense, que muchos hemos tildado de burbuja. Pero detr&aacute;s de estos dos grandes fen&oacute;menos, hay uno menos conocido, que es el que estamos observando en el caso de Maricarmen. El <em>private equity</em> es un tipo de fondo de inversi&oacute;n que acumula capital para comprar empresas que no cotizan en bolsa. En un sentido amplio, formar&iacute;an parte de este tipo de inversi&oacute;n tanto la empresa que ha desahuciado a esta octogenaria, como Housers, esa &ldquo;startup&rdquo; que se vend&iacute;a como una bicoca y acaba de dejar a sus inversores en la ruina.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En estos a&ntilde;os el <em>private equity</em> ha tenido su propia fiebre del oro. En 2021 bati&oacute; todos los r&eacute;cords de operaciones y, solo en Estados Unidos, en 2025 volvi&oacute; a superar el bill&oacute;n de d&oacute;lares invertidos en un a&ntilde;o. Estos fondos acumulan en todo el mundo 7,5 billones de d&oacute;lares &ndash;algo as&iacute; como el 12% de toda la riqueza global&ndash;, de los que 2,7 billones son fondos que sus inversores ya han comprometido y que todav&iacute;a no han sabido d&oacute;nde colocar. En la jerga lo llaman <em>dry powder</em>, p&oacute;lvora seca. Y esa p&oacute;lvora caduca: si no la gastan dentro del plazo pactado, pierden el dinero y las comisiones. La presi&oacute;n por invertir es enorme.
    </p><p class="article-text">
        Como las grandes industrias ya tienen due&ntilde;o, esa p&oacute;lvora se ha ido metiendo donde ha podido: en peque&ntilde;os negocios dispersos y de proximidad; esos de los que ninguno podemos prescindir. En Espa&ntilde;a lo han hecho con las cl&iacute;nicas veterinarias, con las dentales &ndash;donde <a href="https://www.expansion.com/empresas/2017/09/04/59ad4519468aeb95518b4665.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un solo fondo controla unas 300</a>&ndash; con las residencias de mayores, donde la mayor operadora, en manos de un fondo, suma m&aacute;s de 18.000 camas; con las tiendas y los centros comerciales, donde <a href="https://www.savills.es/publicaciones/noticias/388986/la-inversion-en-retail-en-espa%C3%B1a-alcanzara-record-en-el-primer-semestre-de-2026" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la inversi&oacute;n creci&oacute; un 30%, hasta rozar los 2.700 millones de euros el a&ntilde;o pasado, un 50% por encima de la media de los cinco a&ntilde;os anteriores</a>; y con la vivienda, donde el estadounidense Blackstone se ha convertido en uno de los mayores caseros del pa&iacute;s. Solo en 2025, el capital privado invirti&oacute; en Espa&ntilde;a m&aacute;s de 7.000 millones de euros en m&aacute;s de mil operaciones, un r&eacute;cord hist&oacute;rico. Todo lo que tiene un local, una clientela fija y un barrio que depende de &eacute;l est&aacute; en el objetivo de estos fondos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esta burbuja del <em>private equity</em> est&aacute; detr&aacute;s de la subida generalizada de los precios (y del deterioro de los servicios) que hoy puede observarse en cualquier gran ciudad del mundo. Desde el aumento de los alquileres de los locales comerciales, que ha obligado a<a href="https://www.elespanol.com/sociedad/20260417/espana-pierde-comercios-cierran-negocios-subida-alquiler-genera-crisis-sector/1003744206489_0.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a><a href="https://www.elespanol.com/sociedad/20260417/espana-pierde-comercios-cierran-negocios-subida-alquiler-genera-crisis-sector/1003744206489_0.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">cerrar a varios centenares de ellos este a&ntilde;o</a> y que<a href="https://cadenaser.com/cmadrid/2026/05/25/el-80-de-las-librerias-madrilenas-amenazadas-por-la-crisis-de-la-vivienda-se-venden-muchos-libros-clubes-de-lectura-con-lista-de-espera-y-no-es-suficiente-radio-madrid/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a><a href="https://cadenaser.com/cmadrid/2026/05/25/el-80-de-las-librerias-madrilenas-amenazadas-por-la-crisis-de-la-vivienda-se-venden-muchos-libros-clubes-de-lectura-con-lista-de-espera-y-no-es-suficiente-radio-madrid/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">amenaza al 80% de las librer&iacute;as madrile&ntilde;as</a>, hasta la subida de las tarifas de las empresas que, una vez adquiridas por los fondos, soportan enormes presiones para dar m&aacute;s beneficios.
    </p><p class="article-text">
        Todos estamos probando ya, en peque&ntilde;as dosis, un aperitivo de lo que le ha pasado a Maricarmen. Cada vez que uno de estos fondos se hace con un trozo de ciudad, nos desahucia un poco a todos: del bar donde nos tomamos el caf&eacute;, de la cl&iacute;nica donde nos tratan los dolores, del dentista donde les ponen la ortodoncia a nuestros hijos. Y no nos desahucian para innovar ni para traer algo nuevo, ni para sustituir un servicio anticuado por otro mejor, sino para dejar las cosas como est&aacute;n, llevarse un pedazo mayor de la tarta y volver a invertirlo en m&aacute;s desahucios, o repartirlo en otro sitio. A veces, a miles de kil&oacute;metros de aqu&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        En 2011 nos llev&oacute; varios a&ntilde;os, muchos m&aacute;s desahucios, un rescate y darnos de bruces con la factura que nos dejaron los convidados a aquella fiesta, darnos cuenta de que los desahuciados no eran solo los de la foto. Ojal&aacute; no cometamos esta vez el mismo error: Maricarmen somos todos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/maricarmen_129_13533334.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 23 Sep 2026 20:22:24 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Maricarmen somos todos]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Desahucios]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Vivir en el campo, pagar en Madrid]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/vivir-campo-pagar-madrid_129_13515830.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/69c8e3e1-45d9-4734-bd66-fb58f4d29c88_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Vivir en el campo, pagar en Madrid"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo único sensato sería que las licencias de vivienda, que son un permiso para habitar en una ciudad, solo estuvieran disponibles para los contribuyentes. Igual que los carnets de conducir. Igual que las licencias de farmacia o las de marisqueo. Y en este sentido iba la proposición de ley que ha presentado esta semana el grupo de Sumar con el apoyo de Esquerra, Bildu, Podemos y el BNG</p></div><p class="article-text">
        Tengo que admitir que ayer, cuando me encontr&eacute; con un v&iacute;deo de Albert Rivera que se hab&iacute;a hecho viral, record&eacute; las cosas buenas que nos trajo durante el tiempo que estuvo en la escena p&uacute;blica. Rivera, con independencia de la afinidad que podamos tener cada uno con &eacute;l, era uno de esos pol&iacute;ticos con poco filtro, que casi parece que se les escapa por la boca lo que est&aacute;n pensando. En estos tiempos de luz de gas, de medias verdades y mentiras completas, es refrescante encontrarse con un pol&iacute;tico que dice delante del micr&oacute;fono lo que dir&iacute;a detr&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Cosas como esta:
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;T&uacute; tienes pueblos muy peque&ntilde;itos a una hora de Madrid, o menos. T&uacute; puedes estar viviendo en medio del campo, con un alquiler o una propiedad m&aacute;s econ&oacute;mica, con una calidad de vida espectacular, con una calidad medioambiental espectacular y con escuelas iguales o a veces mejores que las de Madrid. Y la realidad es que t&uacute; puedes trabajar tres o cuatro d&iacute;as a la semana, porque te lo permite el teletrabajo, o ser un n&oacute;mada digital, y puedes tener una agenda de reuniones en Madrid una vez a la semana. Y eso no te hace vivir en Madrid, ni pagar impuestos, ni pagar alquileres en Madrid&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los partidos que est&aacute;n por seguir inflando el precio de la vivienda piensan lo mismo que Rivera, solo que no lo dicen. Pero en privado, a menudo, repiten que &ldquo;vivir en el centro de una ciudad no es obligatorio&rdquo;, que tiene sentido que la gente a la que mejor le va sea la que viva donde quiera y que si alguien &ldquo;no quiere pagar el precio de la vivienda, se puede ir a la periferia (o al campo)&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero lo que me llama la atenci&oacute;n es que Rivera pone el dedo, no s&eacute; si por despiste, en el reverso tenebroso de su propio argumento, una idea que no se escucha jam&aacute;s en las ondas, por m&aacute;s que el debate de la vivienda d&eacute; muchas vueltas y que haya tanta gente obsesionada con los distintos tipos de &ldquo;expolio fiscal&rdquo;:
    </p><p class="article-text">
        Y es que si vivir en el centro de las ciudades no es obligatorio, si lo esperable es que quien no pueda pagar un piso en Madrid se vaya a vivir a Bollullos de Arriba, &iquest;c&oacute;mo puede ser que sea obligatorio pagar los impuestos que financian los servicios p&uacute;blicos que se prestan en las grandes ciudades, aunque no se viva en ellas?
    </p><p class="article-text">
        Y es que aunque t&uacute; no vivas en Madrid, pagas impuestos en Madrid. La carga impositiva asociada a los bienes inmobiliarios &mdash;el IBI, las tasas de basuras&mdash; representa menos del 5% de toda la recaudaci&oacute;n fiscal. Y, sin embargo, las ciudades reciben la mayor parte de la inversi&oacute;n del Estado: la que financia y mantiene las carreteras, las infraestructuras de transporte, las universidades, los grandes hospitales, los polos industriales, sumada a la seguridad, la&nbsp;limpieza, el saneamiento, la protecci&oacute;n civil y contra incendios, etc.
    </p><p class="article-text">
        Por su parte, la gente que vive en la periferia o en &ldquo;medio del campo&rdquo; tiene que hacer frente al coste &ndash;en tiempo y en dinero&ndash; de desplazarse a la ciudad para disfrutar de estos servicios. Y aun as&iacute; paga el mismo tipo de IVA y de IRPF que un urbanita. M&aacute;s a&uacute;n, quienes viven de alquiler en las ciudades, pagan un dineral a sus caseros por las viviendas que les permiten acceder a esos servicios.
    </p><p class="article-text">
        Las ciudades son, en esencia, inmensos proyectos de inversi&oacute;n que pagamos entre todos, pero que luego solo capitalizan los propietarios de las viviendas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El extremo m&aacute;s disparatado de este fen&oacute;meno es el siguiente: existen en Espa&ntilde;a una serie de fondos de inversi&oacute;n inmobiliaria que poseen decenas de miles de viviendas en alquiler en distintas ciudades. Los impuestos que pagamos entre todos los espa&ntilde;oles sostienen los servicios sin los cuales esas viviendas no valdr&iacute;an absolutamente nada. Pero esos fondos, que apenas generan un pu&ntilde;ado de puestos de trabajo, disfrutan de unas bonificaciones de entre el 40% y el 99% del impuesto de sociedades. La consecuencia es que pagan una parte min&uacute;scula, irrisoria, de lo que cuesta sostener una ciudad mientras se llevan crudas las rentas del alquiler &mdash;en ocasiones a terceros pa&iacute;ses&mdash;, como si los arrendatarios y los contribuyentes espa&ntilde;oles fu&eacute;ramos vacas que se pueden orde&ntilde;ar. Esto es un robo. Un expolio con todas las letras.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Lo &uacute;nico sensato ser&iacute;a que las licencias de vivienda, que son un permiso para habitar en una ciudad, solo estuvieran disponibles para los contribuyentes. Igual que los carnets de conducir. Igual que las licencias de farmacia o las de marisqueo. Y en este sentido iba la proposici&oacute;n de ley que ha presentado esta semana el grupo de Sumar con el apoyo de Esquerra, Bildu, Podemos y el BNG, y que no ha pasado el filtro para ser tomada en consideraci&oacute;n por el conjunto de la c&aacute;mara: reservaba la compra de vivienda residencial a las personas f&iacute;sicas y la prohib&iacute;a a empresas y fondos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tomemos nota del sentido del voto. PP, Vox y Junts votaron en contra. PSOE y PNV &mdash;inexplicablemente&mdash; se abstuvieron. Y es que cuando llega la hora de la verdad, no est&aacute; muy claro de qu&eacute; lado est&aacute;n algunos partidos con el tema de la vivienda. Y parece que todav&iacute;a queda demasiada gente convencida de que lo que tenemos que hacer es irnos a vivir al campo, pero sin dejar de pagarles la vida a los que se pueden quedar en Madrid.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/vivir-campo-pagar-madrid_129_13515830.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 16 Sep 2026 20:33:29 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los niños que no querían aprender]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ninos-no-querian-aprender_129_13498720.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/15985808-59a0-47d5-bc41-58269127569c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los niños que no querían aprender"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No son los niños, somos nosotros, los adultos de hoy, la sociedad al completo, los que no queremos aprender. Somos nosotros los que nos empeñamos en seguir educando igual que hace 35 años para no tener que enfrentarnos al reto de transformar la educación para adaptarla de verdad al presente</p></div><p class="article-text">
        En la primera d&eacute;cada del siglo, cuando yo estudi&eacute; all&iacute;, hab&iacute;a en la Facultad de Ciencias de la Informaci&oacute;n de la Universidad Complutense un profesor que se hab&iacute;a hecho famoso. Impart&iacute;a una asignatura que se llamaba &ldquo;Tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n&rdquo;, pero que se pod&iacute;a haber ahorrado el plural: en la pr&aacute;ctica se reduc&iacute;a a una monta&ntilde;a de horas donde hab&iacute;a que aprender a manejar una &uacute;nica tecnolog&iacute;a: el tip&oacute;metro.
    </p><p class="article-text">
        Un tip&oacute;metro es una especie de regla que tiene varias unidades de medida distintas. Cada una representa un alto de l&iacute;nea medido en puntos. Hace d&eacute;cadas, antes de que hubiera ordenadores, se usaban para dise&ntilde;ar las p&aacute;ginas de los peri&oacute;dicos impresos donde los titulares, las entradillas y el cuerpo del texto pod&iacute;an ir en distintos &ldquo;tipos&rdquo; de letra. 
    </p><p class="article-text">
        Para defenderse de la estupefacci&oacute;n de sus estudiantes al escuchar que el plan de la asignatura consist&iacute;a en aprender a maquetar con papel y l&aacute;piz, el profesor contaba cada a&ntilde;o la misma an&eacute;cdota. Un d&iacute;a, hac&iacute;a muchos a&ntilde;os, cuando &eacute;l trabajaba en la redacci&oacute;n de ABC, a la hora del cierre se fue la luz. Los ordenadores en los que se dise&ntilde;aba &ndash;ya de entonces&ndash; el peri&oacute;dico se apagaron y solo qued&oacute; &eacute;l, con su tip&oacute;metro, para maquetar la edici&oacute;n del d&iacute;a siguiente.
    </p><p class="article-text">
        Nunca terminamos de entender c&oacute;mo hab&iacute;an hecho aquella noche en ABC para meter esas p&aacute;ginas maquetadas a mano en la imprenta, que deb&iacute;a ser necesariamente digital y de fotocomposici&oacute;n. Tampoco nos qued&oacute; claro qu&eacute; utilidad ten&iacute;a aquel trasto todos los dem&aacute;s d&iacute;as en los que no se iba la luz en la redacci&oacute;n; mucho m&aacute;s en aquel momento en el que la prensa impresa estaba en ca&iacute;da libre y los peri&oacute;dicos empezaban a estar m&aacute;s en Internet que en el kiosco. Pero nos dio igual. El caso es que decenas de miles de estudiantes de periodismo, hasta bien entrado el siglo XXI, tuvimos que superar un examen de muchas horas que consist&iacute;a en dibujar con precisi&oacute;n de cirujano la maqueta de un peri&oacute;dico en unas hojas blancas de papel, grandes como s&aacute;banas.
    </p><p class="article-text">
        Ayer record&eacute; aquel cacharro de medir cuando fui a comprar con mis hijos los materiales que necesitar&aacute;n para sus &uacute;ltimos cursos de primaria: una caja de l&aacute;pices y otra de rotuladores de colores; tres cuadernos pautados; uno de cuadr&iacute;cula, para matem&aacute;ticas; sacapuntas; pegamento en barra y tijeras de punta redonda; dos carpetas; dos bolis borrables y una regla. En unos d&iacute;as le sumaremos unos &ldquo;cuadernos&rdquo; de ejercicios de varias asignaturas que son una colecci&oacute;n de fichas id&eacute;nticas a las que podr&iacute;an cumplimentar en una tablet, solo que no se pueden reutilizar de un a&ntilde;o a otro y est&aacute;n impresas en papel. &iquest;Ser&aacute; por si se va la luz alg&uacute;n d&iacute;a en el aula?
    </p><p class="article-text">
        Me perdonar&eacute;is la iron&iacute;a. Soy consciente de que ayer, adem&aacute;s, <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/espana-desploma-pisa-alumnos-dificultades-textos-400-palabras-culpa-pantallas_1_13492888.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">se publicaron unos resultados que evidencian que Espa&ntilde;a se desploma en PISA y los alumnos tienen &ldquo;dificultades&rdquo; con textos de m&aacute;s de 400 palabras.</a> Pero es que yo no s&eacute; qu&eacute; esperamos. Mientras la vida y la sociedad se transforman a una velocidad vertiginosa, la educaci&oacute;n parece negarse a cambiar con ella. &iquest;Cu&aacute;nto ha cambiado el curr&iacute;culum educativo en los &uacute;ltimos 25 a&ntilde;os? En mi experiencia, la educaci&oacute;n que reciben hoy mis hijos es pr&aacute;cticamente igual que la que recib&iacute; yo, hace 35 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Tomemos por ejemplo los tres indicadores con los que medimos, una y otra vez, el fracaso educativo: la atenci&oacute;n (al profesor) y la comprensi&oacute;n del texto escrito y el trabajo manual. Los tres son una herencia. Ninguno se eligi&oacute; porque fuera la mejor manera de aprender; se impusieron porque durante siglos fueron la &uacute;nica disponible.
    </p><p class="article-text">
        La clase magistral existe porque el conocimiento era escaso y caro de reproducir. Un aula con treinta ni&ntilde;os escuchando a un adulto hablar durante horas no es un hallazgo pedag&oacute;gico: es lo que se pod&iacute;a hacer cuando hab&iacute;a un libro por pueblo y una sola persona capaz de leerlo en voz alta. Hoy, cuando han transcurrido d&eacute;cadas desde que aquello dej&oacute; de ser necesario, hemos conservado el formato y hemos convertido en virtud lo que era una limitaci&oacute;n. Seguimos midiendo si el ni&ntilde;o atiende, en lugar de preguntarnos si tiene sentido que sigamos aprendiendo a base de clases magistrales.
    </p><p class="article-text">
        Con el texto escrito pasa algo parecido. Y se ve mejor si uno sale de la escuela. A nadie se le ocurrir&iacute;a montar hoy la formaci&oacute;n de una empresa a base de leer manuales y responder por escrito. En cualquier formaci&oacute;n m&aacute;s all&aacute; de los colegios no pueden faltar los v&iacute;deos, la interactividad y las herramientas digitales. No porque los adultos seamos distintos de los ni&ntilde;os, sino porque funciona mejor. Cuando se trata de nuestros hijos, en cambio, defendemos el texto como si fuera una especie de valija moral a defender por encima del resto de tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n. Pero no lo es: es una tecnolog&iacute;a de transmisi&oacute;n que tuvo, durante quinientos a&ntilde;os, la ventaja de no tener competencia.
    </p><p class="article-text">
        Y luego est&aacute; lo de hacer las cosas a mano. Recortar, pegar, rellenar fichas, dibujar con precisi&oacute;n de cirujano la maqueta de un peri&oacute;dico en una hoja grande como una s&aacute;bana. Gestos que hoy no son ni de lejos la &uacute;nica manera de aprender, pero que seguimos repitiendo con una seriedad lit&uacute;rgica, como si fueran una especie de tributo a las cosas puras. Ritos de un oficio que dej&oacute; de existir.
    </p><p class="article-text">
        Y alguien dir&aacute; que el m&eacute;todo da igual, que lo importante es que los conocimientos que se transmiten s&iacute; se hayan actualizado. Pero es que esa misma l&oacute;gica ritual se traslada igual a los contenidos. De manera que en pleno siglo XXI seguimos ense&ntilde;ando que el cuerpo humano &ldquo;quema&rdquo; calor&iacute;as, o que el &aacute;tomo es una especie de sistema solar en chiquitito, pese a que hace 100 a&ntilde;os que sabemos que es mentira.
    </p><p class="article-text">
        Ayer a la OCDE le falt&oacute; tiempo para responsabilizar a &ldquo;las pantallas&rdquo; del desaguisado. A continuaci&oacute;n, en sucesivos an&aacute;lisis volvimos a escuchar una cantinela que de vieja se est&aacute; quedando gastada: los ni&ntilde;os no atienden, no quieren aprender, est&aacute;n subsumidos por una tecnolog&iacute;a que ya no les exige, sino que les vuelve m&aacute;s tontos. Y yo siento discrepar, pero a m&iacute; me parece que esto es como si mi profesor de Tecnolog&iacute;as de la informaci&oacute;n hubiera responsabilizado a la edici&oacute;n digital de El Pa&iacute;s de lo poco que nos concentr&aacute;bamos los estudiantes en su asignatura. 
    </p><p class="article-text">
        Aquel profesor no defend&iacute;a el tip&oacute;metro porque fuera importante que aprendi&eacute;ramos a maquetar a mano; hac&iacute;a a&ntilde;os que aquel chisme no serv&iacute;a para eso y hubi&eacute;ramos aprendido mucho mejor con uno de los muchos ordenadores que hab&iacute;a en la facultad. Lo defend&iacute;a porque era lo que &eacute;l sab&iacute;a hacer. Era &eacute;l el que no quer&iacute;a aprender una cosa nueva. 
    </p><p class="article-text">
        Y yo creo que con la educaci&oacute;n nos pasa lo mismo. No son los ni&ntilde;os, somos nosotros, los adultos de hoy, la sociedad al completo, los que no queremos aprender. Somos nosotros los que nos empe&ntilde;amos en seguir educando igual que hace 35 a&ntilde;os para no tener que enfrentarnos al reto de transformar la educaci&oacute;n para adaptarla de verdad al presente. 
    </p><p class="article-text">
        Por el camino, han pasado las d&eacute;cadas, casi nada se ha movido y lo que hace falta hoy ya no es un ajuste: es una transformaci&oacute;n radical. Un cambio para el que no ser&aacute; suficiente con una ley sectorial, ni con bajar las ratios y para el que ser&aacute; necesario cuestionar el sistema entero, hasta que la escuela no se parezca en nada a aquel tiempo en el que no nos quedaba otro remedio que el texto y la clase magistral.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ninos-no-querian-aprender_129_13498720.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 09 Sep 2026 20:45:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los niños que no querían aprender]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo no competir con China, el fabricante universal]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-competir-china-fabricante-universal_129_13484667.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2c76ef81-c0b7-48b7-aec8-40bc99356510_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x651y635.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo no competir con China, el fabricante universal"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que proponen Merz y los economistas de la vía productivista es volver a coger esa vía, pero en el vagón de cola. Competir otra vez con nuestro propio pasado y la sociedad que éramos hace 50 años como si la única carrera posible fuera la de producir cada vez más y más barato.</p></div><p class="article-text">
        Era el invierno de 1928 y Estados Unidos iba viento en popa. El presidente, Calvin Coolidge, abr&iacute;a <a href="https://www.presidency.ucsb.edu/documents/sixth-annual-message-5" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">su discurso sobre el estado de la Uni&oacute;n</a> afirmando que &ldquo;ning&uacute;n Congreso de los Estados Unidos se hab&iacute;a encontrado nunca con una perspectiva m&aacute;s grata que la que se presentaba en aquel momento.&rdquo; 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;La enorme riqueza creada por nuestra iniciativa y nuestro trabajo, y preservada gracias a nuestra austeridad, se ha distribuido ampliamente entre nuestros ciudadanos. [...]. Las necesidades de la existencia han dejado atr&aacute;s el umbral de lo indispensable para adentrarse en el territorio del lujo. El aumento de la producci&oacute;n encuentra salida en una demanda interna cada vez mayor y en un comercio exterior en expansi&oacute;n. El pa&iacute;s puede contemplar el presente con satisfacci&oacute;n y afrontar el futuro con optimismo.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Unos minutos m&aacute;s tarde, como si fuera una nota al pie, Coolidge deslizaba que hab&iacute;a alguna nubecilla en el horizonte: el grano, el heno, el tabaco y la patata estaban rindiendo algo menos que el a&ntilde;o anterior pero, oiga, pelillos a la mar; el progreso nunca es uniforme.
    </p><p class="article-text">
        10 meses despu&eacute;s la bolsa americana colapsaba, aplastada por una burbuja financiera que ten&iacute;a su origen, como se comprender&iacute;a despu&eacute;s, en la ca&iacute;da de los precios de los productos agr&iacute;colas. Aquel crack burs&aacute;til dio comienzo a La Gran Depresi&oacute;n que antecedi&oacute; a la Segunda Guerra Mundial. 
    </p><p class="article-text">
        Hoy tambi&eacute;n vivimos un momento de euforia econ&oacute;mica. Pero en mitad de este jolgorio tambi&eacute;n hay se&ntilde;ales de que las cosas no van del todo bien. En estos &uacute;ltimos meses, especialmente, algunos fen&oacute;menos relacionados con la deuda p&uacute;blica preocupan a los economistas. 
    </p><p class="article-text">
        Aunque han transcurrido casi 20 a&ntilde;os desde la crisis de 2008, el endeudamiento de los pa&iacute;ses no ha dejado de crecer, ni siquiera en los tiempos de bonanza. Hoy muchos pa&iacute;ses han normalizado unos niveles de deuda que hubieran sido impensables hace 30 a&ntilde;os. En Estados Unidos supera ya el 100% del PIB, en la zona euro va por el 88,9% y en China, si sumamos la deuda de las provincias y los veh&iacute;culos de financiaci&oacute;n municipal, alcanza el 107% del PIB en 2026.
    </p><p class="article-text">
        Ese endeudamiento presiona las cuentas p&uacute;blicas, que han de derivar recursos a pagar intereses justo cuando la jubilaci&oacute;n de los boomers y el envejecimiento de la poblaci&oacute;n pone a los estados del bienestar frente a su hora de la verdad: el momento en el que tienen que soportar una mayor tensi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Y aunque nadie piensa que estemos ante un momento de crisis inminente, tampoco est&aacute; muy claro c&oacute;mo va a evolucionar esta tendencia. Esa ansiedad latente es la que hace que cada poco tiempo salten alarmas en distintos puntos del mecanismo financiero internacional. 
    </p><p class="article-text">
        Este verano, tres fen&oacute;menos han terminado de alterar los nervios de los economistas.
    </p><p class="article-text">
        El primero es que los rendimientos de la deuda p&uacute;blica est&aacute;n subiendo muy r&aacute;pido en casi todos los pa&iacute;ses a la vez. El bono americano a diez a&ntilde;os cotiza al 4,80%, <a href="https://www.cnbc.com/quotes/US10Y" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">su nivel m&aacute;s alto desde principios de 2007</a> y el de treinta a&ntilde;os ha superado el 5,25%, <a href="https://www.cnbc.com/quotes/US30Y" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">su nivel m&aacute;s alto en 25 a&ntilde;os</a>. 
    </p><p class="article-text">
        El segundo es Jap&oacute;n. Los japoneses ahorran much&iacute;simo. Durante treinta a&ntilde;os, no ten&iacute;an d&oacute;nde invertir su ahorro en el pa&iacute;s, porque los tipos de inter&eacute;s estaban en cero. As&iacute; que Jap&oacute;n se convirti&oacute;, sin que nadie lo dijera nunca en voz alta, en el prestamista del mundo: compraba deuda americana, francesa o espa&ntilde;ola y de paso posibilitaba un mecanismo &ndash;el famoso <em>carry trade&ndash;</em> que permit&iacute;a financiar los mercados internacionales a base de pedir prestado en yenes al 0% para comprar activos que rend&iacute;an el 4% en otra divisa.
    </p><p class="article-text">
        Ese grifo se est&aacute; cerrando por una carambola global: la guerra de Ir&aacute;n ha hecho subir el precio de la energ&iacute;a y, con &eacute;l, la inflaci&oacute;n. Todos los bancos centrales tienen mucha presi&oacute;n para subir los tipos de inter&eacute;s. Pero si el Banco de Jap&oacute;n subiera los tipos, todo ese dinero que los japoneses tienen invertido fuera de su pa&iacute;s retornar&iacute;a, sacando miles de millones de d&oacute;lares de los mercados mundiales.
    </p><p class="article-text">
        El tercero de los fen&oacute;menos que tiene en alerta a los economistas es lo que se conoce como &ldquo;el segundo <em>shock</em> chino&rdquo;. A principios de siglo, la primera industrializaci&oacute;n del pa&iacute;s asi&aacute;tico inund&oacute; los mercados de productos baratos. Aquel primer &ldquo;<em>China shock&rdquo;</em> no fue a m&aacute;s porque aquellos bienes eran lo m&aacute;s barato de lo barato, productos sencillos por cuya fabricaci&oacute;n Occidente no ten&iacute;a inter&eacute;s en competir. En <a href="http://ee.uu" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">EE.UU</a>. y en Europa abundaba la sensaci&oacute;n de que quedaba pista por delante: la innovaci&oacute;n y las nuevas tecnolog&iacute;as segu&iacute;an siendo un monopolio del oeste. 
    </p><p class="article-text">
        Eso ya no es verdad. Hoy China es el primer productor mundial de algunas de las tecnolog&iacute;as m&aacute;s punteras que existen.
    </p><p class="article-text">
        El coche el&eacute;ctrico es el ejemplo que m&aacute;s duele. China export&oacute; el a&ntilde;o pasado 7 veces m&aacute;s veh&iacute;culos que en 2019. Sus marcas ya rondan el 7% del mercado europeo de turismos, m&aacute;s del doble que hace un a&ntilde;o y este a&ntilde;o vender&aacute;n en torno a 1,3 millones de coches solo en Europa occidental. JP Morgan calcula que podr&iacute;an llegar al 20% del mercado en 2028. Mientras tanto, las marcas alemanas han pasado del 63,5% al 54,2% del mercado el&eacute;ctrico alem&aacute;n en un solo semestre y su cuota en China ha ca&iacute;do del 25% al 15% desde 2019. Volkswagen ha anunciado que dejar&aacute; de fabricar 700.000 unidades en Alemania y despedir&aacute; a 35.000 trabajadores. 
    </p><p class="article-text">
        Como ocurre con todos los fen&oacute;menos de esta complejidad, hay m&aacute;s de una lectura posible. Como ha <a href="https://substack.com/home/post/p-211934178" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">explicado hace unos d&iacute;as Paul Krugman</a>, ser&iacute;a un error asumir que los bonos suben porque las cuentas p&uacute;blicas se han vuelto insostenibles. Hay autores, <a href="https://adamtooze.substack.com/p/chartbook-454-china-shock-20-and" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como Adam Tooze</a>, apuntan a que un cambio en la composici&oacute;n del mercado de deuda &mdash;antes dominado por inversores institucionales, fondos soberanos y de pensiones, y hoy con mucha m&aacute;s presencia de fondos especulativos&mdash; est&aacute; detr&aacute;s de la volatilidad que estamos observando. 
    </p><p class="article-text">
        Puede ser. Pero lo que no admite discusi&oacute;n es que debajo de todas estas tensiones hay un movimiento s&iacute;smico del sistema econ&oacute;mico internacional. Occidente tiene una crisis existencial. China est&aacute; ocupando el papel de fabricante universal que hasta hace poco se repart&iacute;an los pa&iacute;ses occidentales y nadie tiene claro cu&aacute;l va a ser el papel de nuestra parte del globo en las pr&oacute;ximas d&eacute;cadas. &iquest;Encontraremos un equilibrio con los exportadores chinos? &iquest;Encontraremos otro camino hacia la competitividad?
    </p><p class="article-text">
        Frente a esta inmensa pregunta se est&aacute;n dando en estos meses dos posibles respuestas.
    </p><p class="article-text">
        La primera es el silencio de la izquierda, que prefiere no hablar del tema porque no le gusta nada. &ldquo;Las pensiones solo son un problema para quien pretende acabar con ellas&rdquo;, me dice un amigo economista progresista. Es una perspectiva pol&iacute;ticamente inteligente, pero peligrosa, porque deja el tablero del debate desierto para la siguiente propuesta, que es la &uacute;nica que parece estar encima de la mesa.
    </p><p class="article-text">
        La enarbola el canciller alem&aacute;n, Friedrich Merz, que despu&eacute;s de volver de China dijo aquello de que en Europa &ldquo;sencillamente ya no somos lo bastante productivos&rdquo; y que con la semana de cuatro d&iacute;as y el equilibrio entre vida laboral y personal no se sostiene la prosperidad de un pa&iacute;s. Es la misma posici&oacute;n que comparten los economistas del entorno de Mario Draghi, que en agosto se han constituido en Ginebra como el &ldquo;Grupo del Rin&rdquo;, un colectivo que apuesta por aplicar las 383 recomendaciones del informe de 2024 del que forman parte, entre otros, el propio Draghi, Patrick Collison y Luis Garicano.
    </p><p class="article-text">
        El diagn&oacute;stico es siempre el mismo. Europa est&aacute; perdiendo el tren de la productividad. No podemos vivir sin competir con China y all&iacute; se trabaja mucho m&aacute;s. Luego, lo que tenemos que hacer los europeos es trabajar m&aacute;s y ser m&aacute;s eficientes.
    </p><p class="article-text">
        Esta posici&oacute;n, en mi opini&oacute;n, peca de una falta de perspectiva flagrante.
    </p><p class="article-text">
        Hace setenta y cinco a&ntilde;os, Estados Unidos &ndash; u Occidente, si se prefiere, en un sentido m&aacute;s amplio&ndash; inventaron el fordismo y el capitalismo de consumo. Medio siglo despu&eacute;s, China cogi&oacute; el testigo y construy&oacute; una m&aacute;quina industrial que hace exactamente lo mismo: copi&oacute; nuestro modelo de desarrollo dirigido por el Estado, invirti&oacute; en infraestructura y puso el empleo industrial en el centro de la sociedad. Lo hizo con mano de obra barata, con esa premisa tan china de vender por debajo del precio del fabricante de enfrente.
    </p><p class="article-text">
        Lo que proponen Merz y los economistas de la v&iacute;a productivista es volver a coger esa v&iacute;a, pero en el vag&oacute;n de cola. Competir otra vez con nuestro propio pasado y la sociedad que &eacute;ramos hace 50 a&ntilde;os como si la &uacute;nica carrera posible fuera la de producir cada vez m&aacute;s y m&aacute;s barato. 
    </p><p class="article-text">
        No hace falta ser economista para entender que esa es una carrera hacia el fondo. Y es que el &eacute;xito que tuvieron nuestros pa&iacute;ses &mdash;en grados distintos&mdash; en la industrializaci&oacute;n, la raz&oacute;n por la que pudimos vender con m&aacute;rgenes tan altos que nos hicimos ricos, no fue que trabaj&aacute;semos mucho m&aacute;s que el resto. Fue que ten&iacute;amos el monopolio del conocimiento necesario para fabricar aquellas cosas que vend&iacute;amos. No ten&iacute;amos competencia, o ten&iacute;amos muy poca para el tama&ntilde;o del mercado.
    </p><p class="article-text">
        Hoy es exactamente al rev&eacute;s. El mercado est&aacute; saturado. El mundo ha cambiado y ya no somos una sociedad que necesite mucho de todo. Europa ten&iacute;a sobrecapacidad en fabricaci&oacute;n de autom&oacute;viles <em>antes</em> de que llegaran los fabricantes chinos. Ahora los mercados est&aacute;n literalmente inundados de cosas.
    </p><p class="article-text">
        Har&iacute;amos bien en recordar aquello que ocurri&oacute; en 1929, porque el momento actual se parece a aquel terror&iacute;ficamente. 
    </p><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os previos al crack, la agricultura llevaba diez a&ntilde;os hundida. Durante la Primera Guerra Mundial, Europa dej&oacute; de producir much&iacute;simas toneladas de productos agr&iacute;colas. Como respuesta, los productores del llamado &ldquo;Nuevo Mundo&rdquo; &mdash;Estados Unidos, Canad&aacute;, Argentina, Australia&mdash; ampliaron superficies, intensificaron la mecanizaci&oacute;n y suplieron la demanda que dejaron los productores europeos. Pero cuando la guerra acab&oacute; y los europeos volvieron al campo, hubo una gran crisis de sobreproducci&oacute;n en la agricultura. Los precios se desplomaron y con ellos, los salarios. Los bancos rurales comenzaron a quebrar y los empresarios a endeudarse.  Los niveles de paro cada vez m&aacute;s elevados expulsaron a millones de personas del campo a las ciudades. Mientras tanto, las ciudades viv&iacute;an una burbuja burs&aacute;til que se asemejaba mucho a la prosperidad. y los gobiernos de Occidente, embobados, ignoraron el aviso hasta que fue demasiado tarde. En octubre de 1929 el problema lleg&oacute; al coraz&oacute;n de Wall Street. 
    </p><p class="article-text">
        En los a&ntilde;os siguientes, Occidente se encontr&oacute; sin modelo. Si la agricultura y las exportaciones de materias primas no eran el mecanismo central de la econom&iacute;a, entonces, &iquest;Qu&eacute; podr&iacute;a ser? Tuvieron que pasar 15 a&ntilde;os, una gran depresi&oacute;n y una guerra mundial para que llegase a consolidarse la idea de la producci&oacute;n fordista y los estados del bienestar como nuevo paradigma para una civilizaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        De la misma manera, hoy la crisis del COVID, la burbuja inmobiliaria y ahora la burbuja de la inteligencia artificial han mantenido a nuestros gobiernos distra&iacute;dos mientras la producci&oacute;n industrial se comoditizaba. Debajo del <em>China shock</em>, de la desindustrializaci&oacute;n de occidente y de la crisis de la deuda p&uacute;blica en ciernes, lo que se esconde es el final de la era industrial. Lo cual no significa, por supuesto, que vaya a dejar de haber cosas fabricadas, al contrario: habr&aacute; muchas m&aacute;s. Pero el proyecto industrial habr&aacute; dejado de ser capaz de dirigir el mundo, de permitirnos compartir un sentido civilizatorio y de darle a cada persona y a cada pa&iacute;s un sentido y un sitio en la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Y Europa, igual que en 1929, no necesita volver a ser como era hace 75 a&ntilde;os: Necesita una visi&oacute;n nueva. Un prop&oacute;sito distinto para un tiempo distinto.
    </p><p class="article-text">
        Perseguir a China hasta el fondo no va a resolver nuestros problemas, del mismo modo que competir en el precio del ma&iacute;z con Argentina no pod&iacute;a resolver la crisis de Estados Unidos en 1930. 
    </p><p class="article-text">
        Las personas que creemos en la capacidad de los seres humanos para innovar y salir de las dificultades, los que creemos en la ciencia, en la exploraci&oacute;n y en la creatividad como recetas del progreso, deber&iacute;amos empezar a pensar en serio qu&eacute; queremos hacer con nuestra existencia en esta fase nueva que se abre.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/no-competir-china-fabricante-universal_129_13484667.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 03 Sep 2026 20:08:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cómo no competir con China, el fabricante universal]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El último truco de Isabel Díaz Ayuso]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ultimo-truco-isabel-diaz-ayuso_129_13471372.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/40c39605-bd26-4aa1-aa20-815086911c98_16-9-discover-aspect-ratio_default_1149988.jpg" width="2332" height="1312" alt="El último truco de Isabel Díaz Ayuso"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Después de convencer a su electorado, durante años, de que ella es capaz de reírse de todo el mundo y de mentir siempre que haga falta para enfrentar al gran enemigo común del sanchismo, hoy se revela como una persona que está mintiendo, sí. Pero mucho antes que a todos los demás, a sus propios votantes</p></div><p class="article-text">
        &mdash; &ldquo;A lo mejor ustedes, que ya tragan con todo, har&iacute;an otra cosa, pero yo para mis adentros, s&iacute;, lo dije&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando Isabel D&iacute;az Ayuso tuvo que explicar lo que hab&iacute;a dicho aquel d&iacute;a en la tribuna del Congreso de los Diputados durante el Debate del Estado de la Naci&oacute;n no le tembl&oacute; el pulso. Sac&oacute; del bolsillo la estrategia habitual, tom&oacute; aire y se lanz&oacute; con todo: 
    </p><p class="article-text">
        &mdash; &ldquo;Dije: me gusta la fruta&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Hacer una cosa y decir la contraria siempre le hab&iacute;a funcionado a la presidenta de la Comunidad de Madrid.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Me gusta la fruta&rdquo; se convirti&oacute; a toda velocidad en un himno. Ayuso lo difundi&oacute; en redes, sus seguidores empezaron a utilizarlo como una contrase&ntilde;a pol&iacute;tica y aparecieron camisetas y merchandising con el lema. Hasta se dec&iacute;a que hab&iacute;a gente enviando celebratorias cestas de fruta a la sede del gobierno regional en la Puerta del Sol. 
    </p><p class="article-text">
        Lejos de ser una innovaci&oacute;n, esta <em>ayusada </em>no era m&aacute;s que una jugada magistral del manual que manejan algunos pol&iacute;ticos y activistas. Jugar con la realidad, insistir, contra toda evidencia, en que las cosas son como ellos las dicen y no como las vemos los dem&aacute;s, se ha convertido en munici&oacute;n habitual del arsenal populista. 
    </p><p class="article-text">
        El ejemplo m&aacute;s memorable lo protagoniz&oacute; Elon Musk en enero de 2025. Durante un acto para celebrar la investidura de Donald Trump, levant&oacute; el brazo derecho dos veces en un gesto que para millones de personas result&oacute; indistinguible de un saludo nazi. La imagen recorri&oacute; el mundo y provoc&oacute; una reacci&oacute;n inmediata. Musk respondi&oacute; tranquilamente que no. Las acusaciones eran un ataque y una maniobra de los medios woke. Aquello hab&iacute;a sido simplemente de un gesto de entusiasmo. &iquest;O no?
    </p><p class="article-text">
        Gestos parecidos encontramos todos los d&iacute;as en Trump, cuando por la ma&ntilde;ana amenaza con invadir Groenlandia y por la tarde lo niega. O cuando publica fotos de s&iacute; mismo con corona, o vestido de Papa. O dice que construir&aacute; un resort de vacaciones en Palestina lleno de estatuas de oro con su cara. &iquest;Lo dice en serio? &iquest;O nos est&aacute; tomando el pelo?
    </p><p class="article-text">
        Tan habitual es esta forma de trilerismo que algunos autores proponen que es la caracter&iacute;stica central del populismo. Estos pol&iacute;ticos, dicen, son los p&iacute;caros, los trileros, los <em>tricksters</em> (en ingl&eacute;s) de nuestro momento. 
    </p><p class="article-text">
        El <em>trickster</em> es un arquetipo de la cultura popular. Aparece una y otra vez en la mitolog&iacute;a: es Loki en la mitolog&iacute;a n&oacute;rdica, Hermes en la griega y Anansi en las tradiciones de &Aacute;frica occidental. En la cultura Occidental, el trickster tiene una tradici&oacute;n que va de los bufones de las cortes a los p&iacute;caros de las literaturas espa&ntilde;ola e inglesa, entre otros muchos. Lewis Hyde, en <em>Trickster Makes This World</em>, lo define como la encarnaci&oacute;n m&iacute;tica de &laquo;la ambig&uuml;edad y la ambivalencia, la duplicidad y el desdoblamiento, la contradicci&oacute;n y la paradoja&raquo;. El <em>trickster</em> es, sobre todo, un transgresor: alguien que cruza las l&iacute;neas que separan lo correcto de lo incorrecto, lo sagrado de lo profano y lo verdadero de lo falso.
    </p><p class="article-text">
        He hablado en esta columna muchas veces de Boris Johnson, quiz&aacute; el mejor de todos los<em> tricksters</em>. Ese hombre que nunca dice si est&aacute; hablando en serio, un orgulloso buf&oacute;n, del que es imposible decir si es un lord ingl&eacute;s o un borracho reci&eacute;n salido a trompicones del pub.
    </p><p class="article-text">
        Durante a&ntilde;os, Johnson sirvi&oacute; a una parte de la sociedad brit&aacute;nica para expresar &ndash;o m&aacute;s bien, aplaudir a quien expresaba&ndash; un descontento con las &eacute;lites de Londres. Mientras muchos ciudadanos segu&iacute;an siendo el tipo de personas que solo sale de su isla para viajar a Benidorm una vez al a&ntilde;o, los pol&iacute;ticos brit&aacute;nicos estaban plenamente insertos en Bruselas y en nuestra cultura continental como si fueran uno m&aacute;s. Mientras tanto, una parte creciente de la poblaci&oacute;n se sent&iacute;a abandonada. Desatendida. Por eso le aplaud&iacute;an a Johnson todas las bravuconadas, las salidas del tiesto y los desplantes a la tradici&oacute;n pol&iacute;tica de los Comunes. 
    </p><p class="article-text">
        La historia de Johnson revela tambi&eacute;n c&oacute;mo mueren, en pol&iacute;tica, los <em>tricksters</em>. Como Ayuso, el <em>premier</em> brit&aacute;nico hab&iacute;a conseguido durante a&ntilde;os convencer a sus votantes de que era exactamente un timador: un tipo capaz de enga&ntilde;ar a las &eacute;lites de Londres; alguien dispuesto a romper las reglas y a re&iacute;rse del establishment en su cara. Hasta que lleg&oacute; el confinamiento. Mientras millones de brit&aacute;nicos no pod&iacute;an despedirse de sus familiares, abrazar a sus padres o reunirse con sus amigos, a Johnson le pillaron celebrando fiestas en Downing Street. De la noche a la ma&ntilde;ana su popularidad cay&oacute; a plomo. En unos meses perdi&oacute; toda la ventaja que hab&iacute;a mantenido en las encuestas hasta que no le qued&oacute; m&aacute;s remedio que dimitir y marcharse.
    </p><p class="article-text">
        Los <em>tricksters</em> caen por su propio peso. Una vez que han convencido a todo el mundo de que son unos timadores, llega un momento en el que sus votantes se dan cuenta de que todo eso es verdad, son unos timadores. &iexcl;Pero es que los timados son ellos! Entonces cambia el sentido de la broma y ya nadie se r&iacute;e.
    </p><p class="article-text">
        Esto es lo que le est&aacute; pasando hoy a Isabel D&iacute;az Ayuso con el esc&aacute;ndalo del &aacute;tico. Despu&eacute;s de convencer a su electorado, durante a&ntilde;os, de que ella es capaz de re&iacute;rse de todo el mundo y de mentir siempre que haga falta para enfrentar al gran enemigo com&uacute;n del sanchismo, hoy se revela como una persona que est&aacute; mintiendo, s&iacute;. Pero mucho antes que a todos los dem&aacute;s, a sus propios votantes. 
    </p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as Ezra Klein, del New York Times, <a href="https://www.nytimes.com/2026/08/02/opinion/christopher-nolan-odyssey-elon-musk.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">propuso otra vuelta de tuerca al papel del trickster en la pol&iacute;tica actual</a>: estos trileros, pese a esa tendencia a producir el caos que en un primer momento nos coloca a todos a la defensiva, pueden tener una funci&oacute;n cultural que puede resultar saludable. Al poner en cuesti&oacute;n las categor&iacute;as con las que una sociedad organiza el mundo, tambi&eacute;n la obligan a reconsiderarlas.
    </p><p class="article-text">
        Su funci&oacute;n, dice Klein, es poner en crisis un orden que se ha vuelto demasiado r&iacute;gido sin llegar a romperlo. Con sus exabruptos, los <em>tricksters</em> consiguen revelar las debilidades de un sistema pol&iacute;tico y abrir la posibilidad de transformarlo.
    </p><p class="article-text">
        A partir de ah&iacute; pueden ocurrir dos cosas. O la sociedad se ha vuelto demasiado r&iacute;gida y no sabe adaptarse, y entonces acaba quebr&aacute;ndose, o es capaz de absorber la disrupci&oacute;n, incorporar aquello que el <em>trickster </em>ha puesto de manifiesto y renacer transformado.
    </p><p class="article-text">
        Algo as&iacute; parece estar ocurriendo ahora en Reino Unido. Despu&eacute;s de unos a&ntilde;os en los que el tablero pol&iacute;tico cada d&iacute;a se parec&iacute;a un poco m&aacute;s a una fosa s&eacute;ptica, empieza a aparecer una nueva energ&iacute;a. Andy Burnham, reci&eacute;n llegado al cargo de primer ministro, ha irrumpido en Downing Street con un impulso y una cantidad de ideas que no se ve&iacute;an en el laborismo desde Tony Blair. Los verdes han conseguido abrirse un espacio propio, con candidatos capaces de disputar el terreno a los partidos tradicionales y hasta los conservadores de Kemi Badenoch parecen estar intentando encontrar una nueva voz y una nueva relaci&oacute;n con el pa&iacute;s, despu&eacute;s de una serie de catastr&oacute;ficos primeros ministros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ultimo-truco-isabel-diaz-ayuso_129_13471372.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 27 Aug 2026 20:01:50 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El último truco de Isabel Díaz Ayuso]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Algo huele a podrido en la Comunidad de Madrid]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/huele-podrido-comunidad-madrid_129_13458071.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/41fd79e7-e8d8-4dc3-9de7-49bdd3c6c7fe_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Algo huele a podrido en la Comunidad de Madrid"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para poder adjudicar este expediente a dedo a Alejandra Pombo, han hecho una pirueta imposible. En lugar de considerar que es un proyecto de arquitectura, a pesar de que esos son los servicios que solicitan y hasta el precio se determina como un porcentaje del coste previsto de la obra, han considerado que este encargo es una “obra de arte” que solo se puede encomendar a una artista en concreto</p><p class="subtitle">Las críticas de los arquitectos tras la adjudicación del diseño de la reforma de la sede de la Comunidad de Madrid: “No vi nada igual”</p></div><p class="article-text">
        Roma no se hizo en un d&iacute;a, dice el dicho. La mayor&iacute;a de las cosas llevan su tiempo. 
    </p><p class="article-text">
        Casi siempre asociamos esta idea a lo que queremos conseguir, pero funciona igual de bien en la direcci&oacute;n contraria: degenerar hasta convertirse en una mala persona o en un capullo integral tampoco es f&aacute;cil. Hay que perfeccionar el arte de ser un imb&eacute;cil y eso no se improvisa. As&iacute; que cuando uno se cruza en la vida con una canallada puede estar seguro de que no es casualidad, ni mucho menos la primera vez. Quien la comete se lo ha currado: lleva mucho tiempo empe&ntilde;ado en perfeccionar el oficio.
    </p><p class="article-text">
        Si esto ocurre con las personas, con las organizaciones, todav&iacute;a m&aacute;s. Como sabemos bien en este pa&iacute;s, convertir un estado corrupto y autoritario en otro democr&aacute;tico cuesta una cantidad ingente de tiempo, trabajo y determinaci&oacute;n. Hay que cambiar la cultura, la forma de hacer, los procesos, los incentivos y hasta a las personas para dejar de perpetuar un paradigma basado en la obediencia y el silencio y adoptar otro basado en la legalidad y la transparencia. No es nada f&aacute;cil que un mont&oacute;n de funcionarios cambien de forma de hacer. 
    </p><p class="article-text">
        Lo bueno es que, una vez conseguido, las inercias funcionan en el sentido opuesto. Es imposible conseguir que un mont&oacute;n de funcionarios se corrompan y empiecen a actuar como si estuvi&eacute;ramos en un pa&iacute;s bananero de la noche a la ma&ntilde;ana. Lleva mucho tiempo y un cambio en la cultura de una administraci&oacute;n que la gente, que en su mayor&iacute;a quiere hacer las cosas lo mejor posible, termine por prestarse a pr&aacute;cticas que podr&iacute;an ser constitutivas de un delito. As&iacute; que cuando observamos que en una instituci&oacute;n se producen casos que son claramente una desviaci&oacute;n de la naturaleza de un Estado de Derecho, podemos dar por seguro que ni son los primeros, ni son los &uacute;nicos.
    </p><p class="article-text">
        Algo as&iacute; es lo que revela el caso del &aacute;tico de Ayuso. M&aacute;s all&aacute; de una gesti&oacute;n pol&iacute;tica muy torpe, lo que deja entrever es un ecosistema entero de empleados p&uacute;blicos tramitando operaciones que, si no son delito, se le parecen mucho. Comprar un inmueble sin un informe que acredite que puede destinarse a un uso administrativo, hacerlo sin un estudio de mercado previo y sin que la operaci&oacute;n figurara en el presupuesto ni en el portal de transparencia parecen algunas de las cosas que alguien hizo sin atenerse a una ley y solo porque alguien lo orden&oacute; desde arriba.
    </p><p class="article-text">
        Pero mucho m&aacute;s revelador de esta cultura que parece haberse adue&ntilde;ado de la Comunidad de Madrid resulta <a href="https://www.eldiario.es/madrid/somos/criticas-arquitectos-adjudicacion-diseno-reforma-sede-comunidad-madrid-no-vi-igual_1_13445798.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la contrataci&oacute;n de la dise&ntilde;adora de interiores Alejandra Pombo</a> para realizar unas obras en la sede de la Comunidad de Madrid que Ayuso puso como excusa para adquirir el &aacute;tico en un primer momento. 
    </p><p class="article-text">
        Se trata de un expediente de licitaci&oacute;n bajo el t&iacute;tulo &ldquo;Dise&ntilde;o, redacci&oacute;n del proyecto de decoraci&oacute;n interior y direcci&oacute;n facultativa para obras de adecuaci&oacute;n de espacios institucionales de la Real Casa de Correos, plaza de la Puerta del Sol 7 de Madrid&rdquo;, que asciende a unos 49.000 euros m&aacute;s IVA, que la Comunidad de Madrid inici&oacute; en el mes de junio &ndash;meses despu&eacute;s de comprar el &aacute;tico, por cierto&ndash; y que public&oacute; el 7 de agosto, d&iacute;as despu&eacute;s de que estallara el caso del &aacute;tico. 
    </p><p class="article-text">
        Por su objeto y su cuant&iacute;a, deber&iacute;a tratarse de un expediente de los m&aacute;s habituales, de los que la administraci&oacute;n licita todos los d&iacute;as en alguno de los miles de inmuebles que pertenecen al estado, desde el arreglo de un colegio a la modificaci&oacute;n de unas oficinas. El objeto del contrato, seg&uacute;n reconoce el propio expediente, es la contrataci&oacute;n de los servicios de redacci&oacute;n un &ldquo;proyecto b&aacute;sico&rdquo; de arquitectura y un &ldquo;proyecto de ejecuci&oacute;n&rdquo;, los documentos necesarios para realizar obras en cualquier ciudad de Espa&ntilde;a.
    </p><p class="article-text">
        Si hubiera sido as&iacute;, habr&iacute;a salido a concurso p&uacute;blico, al que se hubieran podido presentar miles de estudios de arquitectura, que hubieran hecho propuestas distintas en funci&oacute;n de las especificaciones que hubiera dado la administraci&oacute;n para este trabajo concreto. 
    </p><p class="article-text">
        Pues no. 
    </p><p class="article-text">
        Para poder adjudicar este expediente a dedo a Alejandra Pombo, en la Comunidad de Madrid han hecho una pirueta imposible, por no decir otra cosa. En lugar de considerar que es un proyecto de arquitectura, a pesar de que esos son los servicios que solicitan y hasta el precio se determina como un porcentaje del coste previsto de la obra, los gestores del expediente han considerado que este encargo es una &ldquo;obra de arte&rdquo; que solo se puede encomendar a una artista en concreto, que por tanto no puede salir a concurso p&uacute;blico como hacen todos los expedientes de reforma de otros inmuebles, y que solo puede realizarlo la se&ntilde;ora Pombo, que es una artista. 
    </p><p class="article-text">
        Para llegar a esa conclusi&oacute;n, el expediente ni siquiera determina exactamente el alcance de los trabajos, de manera que a esta hora no sabemos si lo que van a hacer es cambiar cuatro sillones o reformar toda una planta, pese a que lo que s&iacute; hay es un presupuesto para la intervenci&oacute;n que asciende a 1,6 millones de euros. Y la &uacute;nica motivaci&oacute;n que ofrece para todo esto es que las estancias deben encontrarse &ldquo;a la altura de la est&eacute;tica exigida por la Consejer&iacute;a de Presidencia, Justicia y Administraci&oacute;n Local&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Como sabe cualquiera que haya trabajado de un lado o del otro de la contrataci&oacute;n p&uacute;blica, esto son una serie de barbaridades que nunca debieron pasar el filtro de la intervenci&oacute;n general de la comunidad, ni del resto de responsables del expediente. M&aacute;s all&aacute; de su calificaci&oacute;n jur&iacute;dica, este episodio revela la calidad de la estructura administrativa que tiene detr&aacute;s, y no son buenas se&ntilde;ales.
    </p><p class="article-text">
        Cuando uno se da de bruces con una canallada como esta, es dif&iacute;cil que sea la primera o que sea la &uacute;nica. Y da la sensaci&oacute;n de que en esta parte de la administraci&oacute;n los procedimientos que velan por la integridad del Estado de Derecho flojean, si no brillan por su ausencia. Algo huele a podrido en la Comunidad de Madrid. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/huele-podrido-comunidad-madrid_129_13458071.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 20 Aug 2026 19:21:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Algo huele a podrido en la Comunidad de Madrid]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cómo invertir en el asombro]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/invertir-asombro_129_13443330.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/742c3949-355d-4304-bddb-a54d55ca2fa4_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cómo invertir en el asombro"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Durante un momento dejamos de estar pendientes de nuestra pequeña colección de problemas, agravios, preocupaciones, facturas, mensajes sin responder y discusiones políticas y de pronto algo ocupa tanto espacio delante de nosotros que nuestro propio ego tiene que hacerse más pequeño para dejarle sitio</p></div><p class="article-text">
        El eclipse de este mi&eacute;rcoles nos hizo bien.
    </p><p class="article-text">
        No es ninguna met&aacute;fora. La ciencia lleva a&ntilde;os estudiando c&oacute;mo el asombro tiene efectos sobre la psicolog&iacute;a humana. El asombro es esa sensaci&oacute;n que nos envuelve cuando nos encontramos ante algo tan grande, tan hermoso o tan extraordinario que, durante unos instantes, nuestra manera habitual de entender el mundo se queda peque&ntilde;a y nos quedamos pasmados, at&oacute;nitos delante del milagro de nuestra propia existencia. Es esa emoci&oacute;n que puede resultar de la contemplaci&oacute;n de una monta&ntilde;a, de la forma que nos hace sentir una pieza de m&uacute;sica, del nacimiento de un hijo o de la inmensidad de una noche estrellada. Quiz&aacute; su m&aacute;xima expresi&oacute;n se produce durante los instantes fugaces que dura un eclipse.
    </p><p class="article-text">
        El asombro no solo produce una emoci&oacute;n agradable: provoca respuestas f&iacute;sicas y psicol&oacute;gicas concretas. Puede sincronizar la respiraci&oacute;n y el ritmo card&iacute;aco, favorece un estado de calma y conexi&oacute;n social. Al hacernos sentir peque&ntilde;os ante algo mucho m&aacute;s grande que nosotros, reduce la preocupaci&oacute;n por uno mismo y aumenta la disposici&oacute;n a ayudar a los dem&aacute;s, nos saca del centro de nuestra propia experiencia. Durante un momento dejamos de estar pendientes de nuestra peque&ntilde;a colecci&oacute;n de problemas, agravios, preocupaciones, facturas, mensajes sin responder y discusiones pol&iacute;ticas y de pronto algo ocupa tanto espacio delante de nosotros que nuestro propio ego tiene que hacerse m&aacute;s peque&ntilde;o para dejarle sitio.
    </p><p class="article-text">
        En los ni&ntilde;os, los estudios muestran que el asombro estimula la curiosidad y las ganas de aprender y explorar, y que quienes lo experimentan est&aacute;n m&aacute;s dispuestos a dedicar tiempo a ayudar y a compartir lo que han recibido con otras personas. En adultos, adem&aacute;s, se relaciona con una mayor intenci&oacute;n de comportarse de manera &eacute;tica. 
    </p><p class="article-text">
        No siempre fue as&iacute;. No siempre es as&iacute;.
    </p><p class="article-text">
        Durante la mayor parte de nuestra historia, esto que ayer contemplamos con fascinaci&oacute;n era un fen&oacute;meno sobrevenido, una se&ntilde;al de que algo terrible estaba a punto de ocurrir. En la antigua Mesopotamia, los eclipses eran considerados presagios que pod&iacute;an anunciar acontecimientos pol&iacute;ticos o desastres. En China se cre&iacute;a que un drag&oacute;n estaba devorando el Sol; en el mundo inca, era una se&ntilde;al del enfado del dios Sol.
    </p><p class="article-text">
        La diferencia entre aquellas civilizaciones y la nuestra es que nosotros sabemos cosas que ellos no sab&iacute;an. El conocimiento acumulado durante milenios nos permite contemplar la belleza del universo sin miedo. Y hasta nos hace felices. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso hoy, cuando todav&iacute;a tenemos en la piel esa sensaci&oacute;n de asombro que vivimos anoche, es un buen momento para recordar que todo ese conocimiento que nos separa del miedo hay que hacerlo. Reconocer que fue construido entre centenares de miles de seres humanos de todas las &eacute;pocas, hasta el d&iacute;a de hoy. Que se hace con museos, con observatorios, con laboratorios, con parques cient&iacute;ficos y con bibliotecas; los espacios culturales y cient&iacute;ficos que permiten a una sociedad encontrarse con algo que la supera. 
    </p><p class="article-text">
        El asombro se hace con determinaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as Espa&ntilde;a est&aacute; peleando para conseguir que La Palma albergue un Telescopio de Treinta Metros (TMT), una de las grandes infraestructuras cient&iacute;ficas para la astronom&iacute;a del futuro. El Gobierno espa&ntilde;ol, a trav&eacute;s del Centro para el Desarrollo Tecnol&oacute;gico y la Innovaci&oacute;n (CDTI) y el ICO, junto con el Banco Europeo de Inversiones han puesto encima de la mesa hasta 1.000 millones de euros para que el consorcio internacional que dirigir&aacute; este dispositivo escoja La Palma como sede. 
    </p><p class="article-text">
        Este telescopio, no hay c&oacute;mo exagerarlo, es un sue&ntilde;o de la humanidad. Cuando se levante, tendr&aacute; m&aacute;s capacidad que los diez mayores observatorios terrestres actuales juntos y permitir&aacute; obtener im&aacute;genes con una resoluci&oacute;n m&aacute;s de cuatro veces superior a la del James Webb. Con esa tecnolog&iacute;a podr&iacute;amos comprender c&oacute;mo nacieron las primeras galaxias, qu&eacute; es la materia oscura, c&oacute;mo aparecieron los agujeros negros supermasivos, c&oacute;mo se forman los planetas o si existe vida en otros mundos. Pero la historia de la astronom&iacute;a nos ense&ntilde;a que las grandes nuevas ventanas al universo suelen mostrarnos cosas que nadie hab&iacute;a previsto. El verdadero valor de construir un telescopio as&iacute; es que no solo nos permitir&aacute; encontrar respuestas, si no hacernos preguntas que todav&iacute;a no sabemos ni formular
    </p><p class="article-text">
        Hay, por supuesto, razones econ&oacute;micas y cient&iacute;ficas para querer que el TMT venga a Espa&ntilde;a. La infraestructura atraer&aacute; investigadores, talento, inversi&oacute;n y conocimiento. Pero hay otra raz&oacute;n mucho m&aacute;s importante, y es que necesitamos invertir en proyectos que nos hagan levantar la cabeza. Seguir imaginando qu&eacute; habr&aacute; detr&aacute;s de todas esas cosas que todav&iacute;a no sabemos ni que existen. Debemos seguir record&aacute;ndonos a nosotros mismos que somos una realidad mucho m&aacute;s grande que nuestros problemas.
    </p><p class="article-text">
        Este mi&eacute;rcoles, millones de personas compartimos esa emoci&oacute;n del asombro. Nos colocamos delante de que estemos aqu&iacute;, de que estemos vivos, juntos en este trozo de roca sideral que se desplaza a toda velocidad por el universo. Del milagro de ser, como dec&iacute;a Eric Olin Wright, &ldquo;solo materia&rdquo; y aun as&iacute;, &ldquo;materia organizada de una manera tan compleja que es capaz de reflexionar sobre su propia condici&oacute;n material y sobre lo extraordinario que ha sido estar viva, ser consciente de estar viva y ser consciente de ser consciente de estar viva&rdquo;. Ayer fuimos felices mirando al cielo. Y nos hizo bien.
    </p><p class="article-text">
        Conviene seguir invirtiendo en que nos pase m&aacute;s a menudo. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/invertir-asombro_129_13443330.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 13 Aug 2026 20:07:29 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cómo invertir en el asombro]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Astronomía,Las Palmas de Gran Canaria,TMT]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Viva España, carajo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/viva-espana-carajo_129_13429235.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5f8e35dc-e9cd-4244-baa2-f4a21d1f65b6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x811y967.jpg" width="1200" height="675" alt="Viva España, carajo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Frente a los que denuncian una "invasión" en Ceuta, están los españoles que buscan soluciones a los problemas: guardias civiles rescatando bebés del mar, militares abrazando a niños aterrados en la playa, grupos de gente echando a los agitadores populistas, voluntarios dando de comer a las personas que habían cruzado la frontera engañadas</p></div><p class="article-text">
        En los &uacute;ltimos a&ntilde;os, quiz&aacute; desde que la crisis de 2008 dio al traste con el mundo que conoc&iacute;amos, ha ido calando en la sociedad espa&ntilde;ola la percepci&oacute;n de que todo va cada vez peor. Que las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo XX fueron las mejores de la historia y ahora vivimos alguna especie de regresi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Si t&uacute; eres de los que piensan que es as&iacute;, d&eacute;jame darte algunos datos que te convencer&aacute;n de lo contrario. En los &uacute;ltimos 25 a&ntilde;os, <a href="https://ourworldindata.org/grapher/life-expectancy" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la esperanza de vida al nacer ha crecido en 9 a&ntilde;os</a> en todo el mundo, 4 a&ntilde;os en Espa&ntilde;a, la<a href="https://ourworldindata.org/grapher/child-mortality" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> mortalidad infantil se ha reducido a la mitad</a> y sigue marcando m&iacute;nimos hist&oacute;ricos, la <a href="https://ourworldindata.org/explorers/poverty-explorer?tab=line&amp;country=BGD~BOL~KEN~MOZ~NGA~ZMB~OWID_WRL&amp;Indicator=Share+in+poverty&amp;Poverty+line=%243+per+day%3A+International+Poverty+Line&amp;Household+survey+data+type=Show+data+from+both+income+and+consumption+surveys&amp;Show+breaks+between+less+comparable+surveys=false" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pobreza extrema es un tercio de lo que era en el a&ntilde;o 2000</a>, la alfabetizaci&oacute;n <a href="https://ourworldindata.org/grapher/cross-country-literacy-rates?country=WB_SSA~WB_EAP~WB_SA~WB_NA~WB_ECA~WB_LAC~Middle+East+and+North+Africa+%28WB%29~OWID_WRL" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">ha pasado del 80% de la poblaci&oacute;n mundial al 88%</a>, el porcentaje de la poblaci&oacute;n mundial que tiene <a href="https://ourworldindata.org/grapher/share-of-the-population-with-access-to-electricity?tab=line&amp;country=BRA~RWA~IND~CHN~HTI~AFG~USA~OWID_WRL" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">acceso a la electricidad ha pasado del 78% al 92%</a> y si en 2000 <a href="https://ourworldindata.org/grapher/children-not-in-school?metric_type=number&amp;level=level_side_by_side&amp;sex=both" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el 20% de los ni&ntilde;os del mundo no estaban en insertos en el sistema educativo,</a> hoy son la mitad. 
    </p><p class="article-text">
        Incluso si atendemos a la desigualdad, que es una de las cosas que m&aacute;s preocupan, seg&uacute;n los datos del <a href="https://wid.world/world/#shweal_p99p100_z/US;FR;DE;CN;GB;WO-PPP;ES/last/eu/k/p/yearly/s/false/12.912/100/curve/false/country" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">World Inequality Lab que lidera Thomas Piketty</a> resulta que en muchos pa&iacute;ses tambi&eacute;n ha disminuido. Por ejemplo, en Espa&ntilde;a, el porcentaje de riqueza que acumula el 10% se mantiene estable (en el 57,3%) y el del 1% m&aacute;s rico de la poblaci&oacute;n se ha reducido m&iacute;nimamente (del 24,6% al 24,1%).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Entonces por qu&eacute; tenemos esta permanente sensaci&oacute;n de crisis y de peligro?
    </p><p class="article-text">
        En mi opini&oacute;n, lo que le ocurre al mundo contempor&aacute;neo no es que sea peor, sino que es m&aacute;s dif&iacute;cil. Vivimos en una realidad cada vez m&aacute;s compleja y m&aacute;s exigente, donde los acontecimientos extraordinarios se han vuelto ordinarios y hace falta mucha m&aacute;s inteligencia &mdash;y mucha m&aacute;s cooperaci&oacute;n&mdash; para estar a la altura. Basta echar la vista atr&aacute;s para verlo: en los mismos 25 a&ntilde;os en que las condiciones materiales de vida han mejorado sin lugar a dudas, hemos vivido el ataque a las Torres Gemelas y la oleada de atentados que vino a continuaci&oacute;n, las guerras de Afganist&aacute;n e Irak, la mayor crisis financiera desde 1929, la primavera &aacute;rabe y la guerra de Siria, el Brexit, la aparici&oacute;n de los populismos, una pandemia global, la invasi&oacute;n de Ucrania, el genocidio en Palestina y una serie de desastres naturales que pronto tendremos que dejar de llamar excepcionales. Por el camino, las instituciones que deb&iacute;an servir de amortiguador frente a la incertidumbre muestran evidentes s&iacute;ntomas de agotamiento y el resultado es un mundo donde cada vez hay m&aacute;s gente asustada. 
    </p><p class="article-text">
        En esta tesitura, el eje de la pol&iacute;tica est&aacute; virando. Mientras las ideolog&iacute;as cl&aacute;sicas que hab&iacute;an ordenado la sociedad en el siglo XX se desvanecen, vemos emerger los dos grandes bandos de nuestro tiempo. En uno est&aacute;n quienes creen &mdash;creemos-&ndash; que los seres humanos somos una especie con una creatividad y una capacidad de adaptaci&oacute;n extraordinarias y que podemos enfrentarnos a los acontecimientos que est&aacute;n por venir como hemos demostrado en incontables ocasiones; y del otro est&aacute;n quienes insisten en que el mundo es hoy un juego de suma cero, donde los recursos son cada vez m&aacute;s limitados &ndash;por m&aacute;s que esto sea falso, como hemos visto&ndash; y la &uacute;nica opci&oacute;n que nos queda es la de sacarnos los ojos los unos a los otros por lo que quede.
    </p><p class="article-text">
        Todas las refriegas pol&iacute;ticas del momento &mdash;la vivienda, la inmigraci&oacute;n, la igualdad de g&eacute;nero, las pensiones&mdash; son la misma pelea entre los mismos dos bandos: uno que propone que, si nos lo proponemos, existe una soluci&oacute;n mejor para todos y otro que propone que esto es una guerra y lo que toca es defender lo que tenemos con u&ntilde;as y dientes.
    </p><p class="article-text">
        En Ceuta, estos d&iacute;as, vemos otra vez el mismo debate. De una parte, un mont&oacute;n de aprovechados a los que se les deber&iacute;a caer la cara de verg&uuml;enza. Hombres de traje y corbata que despu&eacute;s de hablar de &ldquo;invasi&oacute;n&rdquo; y de hacernos creer a todos que estamos en peligro, ahora se niegan a acoger a un millar de ni&ntilde;os solos.
    </p><p class="article-text">
        Hagamos las cuentas tambi&eacute;n de esto. Mil ni&ntilde;os en un pa&iacute;s de 49 millones de habitantes son el 0,002% de la poblaci&oacute;n: un ni&ntilde;o por cada 49.000 personas, uno por cada ocho municipios de Espa&ntilde;a. Repartidos por el sistema educativo, que escolariza a m&aacute;s de ocho millones de alumnos, ser&iacute;an un pupitre m&aacute;s por cada ocho mil. El a&ntilde;o pasado, m&aacute;s de 140.000 espa&ntilde;oles hicieron las maletas y se marcharon del pa&iacute;s &mdash; es decir, cada dos d&iacute;as y medio se va de Espa&ntilde;a la misma cantidad de gente que ahora mismo &ldquo;no cabe&rdquo;. No hay ning&uacute;n problema de capacidad. Hay una escenificaci&oacute;n: la farsa de la escasez, representada con ni&ntilde;os de atrezo. 
    </p><p class="article-text">
        Al otro lado de esta farsa, afortunadamente, est&aacute;n los espa&ntilde;oles que buscan soluciones a los problemas que se encuentran: guardias civiles rescatando beb&eacute;s del mar, militares abrazando a ni&ntilde;os aterrados en la playa, grupos de gente echando a los agitadores populistas de Ceuta, voluntarios dando de comer a las personas que hab&iacute;an cruzado la frontera enga&ntilde;adas, personas comprando comida por encargo en el Mercadona m&aacute;s cercano porque a quienes hab&iacute;an cruzado la frontera no les dejaban entrar. Detr&aacute;s, toda una estructura social que nos ha permitido, una vez m&aacute;s, superar una crisis sobrevenida en un tiempo r&eacute;cord y con una actitud de pa&iacute;s ejemplar. Y adem&aacute;s, darle una lecci&oacute;n a Europa.
    </p><p class="article-text">
        No es la primera vez. Hoy podemos decir que es una constante. Todas y cada una de las veces que este pa&iacute;s se ha encontrado con una emergencia &mdash;como en el COVID, en el apag&oacute;n, en la dana de Valencia, en los incendios de las pasadas semanas y ahora, en Ceuta&mdash; ha demostrado ser una sociedad extraordinaria: valiente, acogedora, resolutiva, preparada y capaz. 
    </p><p class="article-text">
        Viva Espa&ntilde;a, carajo. Y vivan los espa&ntilde;oles. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/viva-espana-carajo_129_13429235.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 05 Aug 2026 19:56:06 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Viva España, carajo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Ceuta,Migraciones,Economía,España]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los últimos días de la inteligencia artificial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ultimos-dias-inteligencia-artificial_129_13416145.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/7d9fc46c-7d95-42cf-9056-3fe897e21c2e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los últimos días de la inteligencia artificial"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Estos son los últimos días de la inteligencia artificial. No de la tecnología en sí, que seguro que seguirá mejorando y siendo util en muchos casos; pero sí de la burbuja, de la amenaza, del delirio de eso que hemos llamado inteligencia artificial y no era tal</p></div><p class="article-text">
        Ante la emergencia, el Gobierno surcoreano ha tenido que habilitar esta semana una l&iacute;nea de prevenci&oacute;n del suicidio para atender a los afectados. Centenares de miles de personas &mdash;principalmente j&oacute;venes y jubilados&mdash; se hab&iacute;an jugado sus ahorros en la bolsa, convencidas de que se hallaban ante un milagro econ&oacute;mico; una quimera; la oportunidad de hacerse ricos de la noche a la ma&ntilde;ana. 
    </p><p class="article-text">
        Y los han perdido.
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a que toc&oacute; techo, el Kospi &mdash;el equivalente surcoreano del Ibex 35&mdash; llevaba 18 meses subiendo como la espuma y hab&iacute;a cuadriplicado su valor. En junio de este a&ntilde;o, el mercado de un pa&iacute;s con un PIB similar al de Espa&ntilde;a lleg&oacute; a capitalizar 5 billones de d&oacute;lares (el Ibex, como referencia, ronda el bill&oacute;n). En el camino, miles de particulares se hab&iacute;an subido al carro, muchos endeud&aacute;ndose hasta el cuello para no perderse lo que parec&iacute;a un tren imparable.
    </p><p class="article-text">
        El 22 de junio, el &iacute;ndice alcanz&oacute; su m&aacute;ximo en torno a 9.200 puntos y desde entonces, en un mes, ha perdido el 40% de su valor. Como muchos inversores particulares hab&iacute;an comprado las acciones a cr&eacute;dito, con las primeras ca&iacute;das se dispararon los mecanismos autom&aacute;ticos que fuerzan la venta de las acciones cuando bajan de precio. De manera que cuanto m&aacute;s caen las acciones, m&aacute;s deprisa siguen cayendo. Solo el martes se desplom&oacute; un 10%; ayer, otro 7%. El ejecutivo de Se&uacute;l, que considera que el pa&iacute;s afronta un evento catastr&oacute;fico en los mercados.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Se contagiar&aacute; la crisis al resto de los mercados mundiales? Es muy probable. Porque lo que est&aacute; pasando en Corea no es un evento aislado. La escalada disparatada de su bolsa es un temblor provocado por una falla s&iacute;smica. El epicentro del terremoto est&aacute; a miles de kilometros de distancia, en Wall Street. <em>(Para quien se pierda, he puesto un &ldquo;qui&eacute;n es qui&eacute;n&rdquo; de este sainete al final del art&iacute;culo).</em>
    </p><p class="article-text">
        Entre noviembre de 2022 y su pico, pocos d&iacute;as antes de que empezara a desplomarse el Kospi, el S&amp;P 500, el &iacute;ndice que agrupa a las 500 empresas m&aacute;s grandes de Estados Unidos, practicamente hab&iacute;a duplicado su capitalizaci&oacute;n, hasta alcanzar los 67 billones de d&oacute;lares. Las siete empresas m&aacute;s grandes del mundo, todas estrechamente vinculadas con la inteligencia artificial, han multiplicado su valor por tres en el mismo periodo.
    </p><p class="article-text">
        Se estaba inflando una burbuja sobre la idea de que esta tecnolog&iacute;a lo iba a cambiar todo: iba a reemplazar millones de puestos de trabajo y multiplicar la productividad hasta donde nadie hab&iacute;a podido imaginar. 
    </p><p class="article-text">
        Aquello no termin&oacute; de ocurrir. Con el tiempo se fue haciendo evidente que las promesas de la IA no se estaban reflejando en las estad&iacute;sticas (ni hab&iacute;a un crecimiento exponencial del PIB, ni de la productividad, ni una ca&iacute;da del empleo, ni se terminaba de reflejar en ning&uacute;n indicador). 
    </p><p class="article-text">
        En octubre del a&ntilde;o pasado la burbuja comenz&oacute; a dar claros s&iacute;ntomas de agotamiento. Los resultados trimestrales de las grandes compa&ntilde;&iacute;as, aunque mostraban un crecimiento extraordinario, nunca visto, eran recibidos por las bolsas con bruscas ca&iacute;das en la cotizaci&oacute;n. La burbuja no hab&iacute;a explotado, pero claramente estaba perdiendo aire muy r&aacute;pido.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces el discurrir de las bolsas ha sido una lucha entre dos tensiones: entre quienes insisten en sostener el espejismo de una gran revoluci&oacute;n de la inteligencia artificial y quienes apuestan por deshacer las posiciones antes que la burbuja les explote en la cara.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos meses, una de las grandes empresas del sector, Anthropic, present&oacute; un producto llamado Claude Code que permit&iacute;a llevar al &aacute;mbito de la programaci&oacute;n inform&aacute;tica la misma l&oacute;gica que los chats de texto a los que estamos acostumbrados. El mercado lo recibi&oacute; con entusiasmo al principio, pero luego pas&oacute; a hacerse preguntas muy concretas. &iquest;Cu&aacute;ntos programadores hay en el mundo a los que les interese esta herramienta? &iquest;Cuanto se puede cobrar por ella? &iquest;puede ser la IA rentable? 
    </p><p class="article-text">
        Y la m&aacute;s importante &iquest;Hay alguna manera de justificar la valoraci&oacute;n de muchos billones de d&oacute;lares que se les supone a estas empresas?
    </p><p class="article-text">
        El problema que tiene la industria en este momento es que la respuesta a esa pregunta es no. Seg&uacute;n distintos estudios, para estar a la altura de lo que se estima que valen estas compa&ntilde;&iacute;as tendr&iacute;an que desplazar entre un 15% y un 30% de los empleos. Algo que, con toda seguridad, no est&aacute; ocurriendo.
    </p><p class="article-text">
        En lugar de enfrentarse a este problema, en los siguientes meses la burbuja de la IA mut&oacute;. El negocio no estaba, decidieron sus promotores, en el software, que ya era evidente que no iba a ser rentable, sino en los centros de datos. Y como estos eran de su propiedad, unos pocos actores en EE.UU. podr&iacute;an capturar la rentabilidad de toda la industria por la v&iacute;a de alquilarlos. En otras palabras, para huir de esa incapacidad para dar beneficios con la tecnolog&iacute;a, la burbuja de la IA se volvi&oacute; un negocio inmobiliario en el que el plan era cobrar por el real estate digital.
    </p><p class="article-text">
        La consecuencia, en los siguientes meses, fue que las acciones de los creadores de software perdieron fuelle (Desde enero: Meta -10%, Microsoft -20%, Google +3%, SpaceX -50%), mientras crec&iacute;an a toda velocidad las valoraciones de los fabricantes de chips &mdash;los llamados &ldquo;semis&rdquo;&mdash; y de tarjetas de memoria RAM (Micron +200%, AMD +125%, Intel +142%).
    </p><p class="article-text">
        Lo que pasa es que la realidad es como la tortuga del cuento: puede que sea lenta, pero si te descuidas, siempre te alcanza. Y debajo de esa idea de que la IA era un negocio inmobiliario hab&iacute;a un inmenso cr&aacute;ter: si los LLMs no son rentables, &iquest;c&oacute;mo van a pagar por los centros de datos? Y si no son ellos, &iquest;qui&eacute;n es el inquilino que va a pagar por toda esa capacidad de computaci&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        Han tardado unos meses, pero en estas &uacute;ltimas semanas, casi d&iacute;as, se han acelerado los acontecimientos y hasta los m&aacute;s entusiastas se han visto obligados a ponerse delante de esa pregunta: &iquest;de d&oacute;nde sale el dinero en la burbuja de la IA?
    </p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as dos<a href="https://z.ai/blog/glm-5.2" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> empresas chinas</a><a href="https://www.kimi.com/blog/kimi-k3" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> lanza</a>ron varios modelos que son, si no mejores, casi iguales que los de Anthropic y ChatGPT. Para pasmo de la industria, estos modelos son, adem&aacute;s, libres (&ldquo;<em>open weight</em>&rdquo;) y cualquiera puede usarlos sin depender de sus promotores. Las consecuencias son tremendas: Estados Unidos ha dejado de liderar la carrera de la IA y est&aacute; cerca de empezar a perderla.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.anthropic.com/news/position-open-weights-models" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El gobierno de Estados Unidos, con la colaboraci&oacute;n de Anthropic, ha amagado con prohibirlos en territorio americano</a>, pero ya era demasiado tarde. Se hab&iacute;a hecho evidente algo que ya hab&iacute;amos comentado por aqu&iacute; muchas veces: la IA es un bien p&uacute;blico y, como tal, no hay manera de monopolizar la tecnolog&iacute;a para comerciar con ella.
    </p><p class="article-text">
        Oli&eacute;ndose la maniobra,<a href="https://x.com/JensenHuang/status/2080643682408321103?" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> casi todas las empresas tecnol&oacute;gicas americanas, que no tienen por qu&eacute; compartir intereses con su gobierno, han puesto pie en pared y han firmado un manifiesto</a> a favor de los modelos libres. 
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, Meta y SpaceX han anunciado que van a alquilar sus propios centros de datos, dando a entender que no tienen suficiente demanda de clientes para que les salga rentable usarlos a ellos. En otras palabras, ya hay demasiada capacidad de computaci&oacute;n instalada.
    </p><p class="article-text">
        En contra de esa intuici&oacute;n, Nvidia ha anunciado que va a garantizar un pr&eacute;stamo a OpenAI para construir el centro de datos m&aacute;s grande del mundo, por valor de 500.000 millones de d&oacute;lares que despu&eacute;s se llenar&aacute;&hellip; de chips de Nvidia. No es buena se&ntilde;al que esta empresa, que est&aacute; en el centro de toda esta burbuja, est&aacute; teniendo que financiar a sus propios clientes la compra de sus propios chips. 
    </p><p class="article-text">
        En mitad de este tinglado, SpaceX, que sali&oacute; a bolsa a bombo y platillo como la empresa m&aacute;s trillonaria de la historia de los trillones, se ha estampado en poco m&aacute;s de un mes y hoy cotiza por la mitad del m&aacute;ximo que alcanz&oacute; a pocos d&iacute;as de su lanzamiento.
    </p><p class="article-text">
        En resumen: no queda nadie que no hable ya de<a href="https://www.wsj.com/finance/the-price-to-finance-the-ai-data-center-boom-is-rising-just-ask-meta-7894d503" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> sobreinversi&oacute;n</a>, de que las empresas<a href="https://www.wsj.com/business/china-us-ai-model-costs-53a12e96" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> no quieren seguir quemando dinero en la IA</a> y de<a href="https://www.bloomberg.com/news/articles/2026-07-27/nvidia-s-750-billion-deals-revive-fear-of-ai-circular-financing" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> los acuerdos de financiaci&oacute;n circular que han impulsado a la industria hasta hoy</a>. 
    </p><p class="article-text">
        La consecuencia ha sido el desplome de las acciones de los &ldquo;semis&rdquo;, las empresas que fabrican los chips. Por eso ha ca&iacute;do la bolsa coreana, que agrupa a varios de esos actores, y han ca&iacute;do tambi&eacute;n hasta un 10%, los fabricantes americanos.
    </p><p class="article-text">
        Puede parecer poca cosa, porque en su capitalizaci&oacute;n total estas empresas no son tan grandes; no representan un porcentaje de la bolsa tan importante como Google o Nvidia. Pero su importancia es inmensa: con este movimiento muere la idea de que la burbuja de la IA pod&iacute;a subsistir subida en el hardware, no en el software.
    </p><p class="article-text">
        En los pr&oacute;ximos d&iacute;as, solo queda por delante una serie de acontecimientos que solo pueden salir mal. 
    </p><p class="article-text">
        En estos d&iacute;as presentan resultados varios de los grandes actores del momento. Y aqu&iacute; no hay respuesta buena. Si anuncian que siguen invirtiendo, est&aacute;n admitiendo que van a quemar m&aacute;s dinero en una capacidad de computaci&oacute;n que ya sobra. Si anuncian que dejan de invertir, admiten que la fiesta ha terminado y arrastrar&aacute;n a todos los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Entre ellos, le tocar&aacute; presentar a SpaceX y al margen de que sean malos, que es de esperar, porque esta empresa nunca ha dado beneficios, la fecha tiene importancia porque los inversores que compraron antes de la salida a bolsa podr&aacute;n vender por primera vez sus acciones despu&eacute;s de esta presentaci&oacute;n. Con la cotizaci&oacute;n a la mitad del m&aacute;ximo, la pregunta no es si vender&aacute;n, sino cu&aacute;ntos y a qu&eacute; velocidad.
    </p><p class="article-text">
        En octubre sale a bolsa Anthropic y, m&aacute;s tarde o m&aacute;s temprano, OpenAI. Las dos necesitan que el mercado les compre valoraciones de cientos de miles de millones justo cuando casi todo el mundo ha dejado de cre&eacute;rselas. Si la salida a bolsa se hace a un precio realista, ser&iacute;a tanto como admitir la ca&iacute;da de toda la industria. Si se intenta al precio de la fantas&iacute;a, es pr&aacute;cticamente imposible que el mercado lo compre. Y no hay tercera opci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, los modelos chinos no van a dejar de mejorar. Y como son libres, cada mejora ir&aacute; reduciendo lo que los dem&aacute;s competidores pueden cobrar por esta tecnolog&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        Como colof&oacute;n, si no se precipita antes, en noviembre hay elecciones al Congreso y al Senado en Estados Unidos y Trump, que ha sido el gran valedor de la burbuja, el que se ha sacado todos los ases de la manga para seguir echando le&ntilde;a al fuego cada vez que amenazaba con explotar, perder&aacute; gran parte de su poder pol&iacute;tico. 
    </p><p class="article-text">
        Desde el lanzamiento de ChatGPT, la burbuja de la IA ha sido como si alguien hubiera lanzado con mucha fuerza una bola cuesta arriba. Mientras dur&oacute; el impulso &mdash;el capital y el hype&mdash; la bola sub&iacute;a como si no le costara esfuerzo. Pero est&aacute; en una pendiente, y en el momento exacto en que el impulso se le acaba, solo puede empezar a caer.
    </p><p class="article-text">
        Estos son los &uacute;ltimos d&iacute;as de la inteligencia artificial. No de la tecnolog&iacute;a en s&iacute;, que seguro que seguir&aacute; mejorando y siendo util en muchos casos; pero s&iacute; de la burbuja, de la amenaza, del delirio de eso que hemos llamado inteligencia artificial y no era tal. Es el final de la locura colectiva que todos estos a&ntilde;os nos ha hecho creer que nos pod&iacute;a reemplazar una m&aacute;quina.   
    </p><p class="article-text">
        ----
    </p><p class="article-text">
        <strong>Qui&eacute;n es qui&eacute;n de la burbuja de la IA</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Nvidia</strong> es la empresa que fabrica los procesadores sin los que no existe la inteligencia artificial moderna: durante a&ntilde;os ha sido pr&aacute;cticamente la &uacute;nica opci&oacute;n viable, y su valoraci&oacute;n ha crecido hasta l&iacute;mites estratosf&eacute;ricos por ese monopolio.
    </p><p class="article-text">
        <strong>AMD</strong> e <strong>Intel</strong> son sus competidoras hist&oacute;ricas en el mundo de los semiconductores; aunque llevan d&eacute;cadas en el mercado, han visto c&oacute;mo la explosi&oacute;n de la IA les daba una segunda vida en bolsa, aunque sin la posici&oacute;n dominante de Nvidia.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Micron</strong> es el principal fabricante de la memoria RAM que esos chips necesitan para funcionar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>OpenAI</strong> es la compa&ntilde;&iacute;a detr&aacute;s de ChatGPT, la cara visible de la revoluci&oacute;n, la que ha puesto la IA en boca de todo el mundo y la que ostenta una valoraci&oacute;n de cientos de miles de millones a pesar de no dar beneficios.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Anthropic</strong> es su rival m&aacute;s directa en Occidente. Desarrolla Claude.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Meta</strong> (due&ntilde;o de Facebook e Instagram), Microsoft y Google son los gigantes que han apostado cantidades obscenas de dinero a integrar la IA en sus productos y a construir la infraestructura necesaria para ello.
    </p><p class="article-text">
        <strong>SpaceX</strong> es la empresa de cohetes de Elon Musk fusionada con el antiguo Twitter que, a su vez, Musk quiso convertir en una empresa de IA. Ha estado construyendo centros de datos aprovechando su expertise en energ&iacute;a y redes.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Moonshot AI</strong> es la empresa china detr&aacute;s de Kimi, un modelo de pesos abiertos que rivaliza con ChatGPT y Claude.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Z.ai</strong> es otra empresa china que ha publicado un modelos tan capaz como los occidentales que se puede entrenar por una fracci&oacute;n del coste y, lo que es peor para el negocio, que se distribuye de forma abierta.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/ultimos-dias-inteligencia-artificial_129_13416145.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Jul 2026 19:52:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Los últimos días de la inteligencia artificial]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La gran transferencia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/gran-transferencia_129_13399881.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/43abdb42-7f03-4e35-a177-fd316042d60e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La gran transferencia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Quien compra hoy un piso por seis, diez o veinte veces lo que pagó su anterior propietario está haciendo exactamente lo mismo que los arrendatarios: una gran transferencia al vendedor, solo que con la ayuda del banco y a pagar en treinta o cuarenta años de hipoteca</p></div><p class="article-text">
        &ldquo;Llega un punto en el que da la sensaci&oacute;n de que m&aacute;s que pagando a una persona por una casa, lo que est&aacute;s es pag&aacute;ndole un sueldo&rdquo;. Hace unos d&iacute;as, Ainhoa D&iacute;az y Ra&uacute;l S&aacute;nchez <a href="https://www.eldiario.es/economia/gran-transferencia-paga-recibe-28-000-millones-euros-alquileres-ano-espana_1_13336879.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">publicaron en estas p&aacute;ginas un an&aacute;lisis sobre las transferencias de renta</a> que todos los a&ntilde;os los arrendatarios hacen a los arrendadores en Espa&ntilde;a. 
    </p><p class="article-text">
        Es un trabajo extraordinario, imprescindible, por los testimonios que incorpora, por los datos que aporta &mdash;como que la cantidad que los arrendatarios pagan cada a&ntilde;o asciende a 28.000 millones de euros&mdash;, pero sobre todo porque pone nombre a la realidad econ&oacute;mica central de la sociedad del siglo XXI: la <em>gran</em> <em>transferencia</em>. 
    </p><p class="article-text">
        Y es que cada a&ntilde;o, en todos los pa&iacute;ses de Occidente se repite la misma operaci&oacute;n: una parte de la poblaci&oacute;n entrega a otra un porcentaje creciente de sus ingresos a cambio de poder vivir en alg&uacute;n sitio. Como explican D&iacute;az y S&aacute;nchez, la mayor&iacute;a de los pagadores son j&oacute;venes y m&aacute;s pobres, mientras que la mayor&iacute;a de los receptores son personas mayores que les doblan la renta. Para centenares de millones de personas, esa transferencia es el acto central de su vida econ&oacute;mica: la primera preocupaci&oacute;n y la que ordena todas las dem&aacute;s decisiones &mdash;d&oacute;nde vivir&aacute;n, si estudiar&aacute;n, si comer&aacute;n carne esta semana, d&oacute;nde ir&aacute;n de vacaciones o si sus hijos tendr&aacute;n clases de apoyo.
    </p><p class="article-text">
        Lo que el trabajo de D&iacute;az y S&aacute;nchez no alcanza a decir es que esa gran transferencia no se agota en el alquiler; no se limita a los arrendamientos. Quien compra hoy un piso por seis, diez o veinte veces lo que pag&oacute; su anterior propietario est&aacute; haciendo exactamente lo mismo que los arrendatarios: una <em>gran transferencia </em>al vendedor, solo que con la ayuda del banco y a pagar en treinta o cuarenta a&ntilde;os de hipoteca.
    </p><p class="article-text">
        Y alguien podr&iacute;a pensar que esto siempre ha sido as&iacute;, que todas las generaciones tuvieron que invertir una parte de sus ingresos para pagar su casa; es normal que la gente tenga que pagar por su piso. O que quienes se esforzaron para comprar su casa tienen derecho a recibir una retribuci&oacute;n por su inversi&oacute;n. Hay una historia moral que nos han contado muchas veces sobre c&oacute;mo nuestros padres se esforzaron y ahorraron para comprarse un piso (y entonces, hemos de leer entre l&iacute;neas, tienen derecho a que ahora alguien les pague por ese piso mucho m&aacute;s dinero del que les cost&oacute;).
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Pero en qu&eacute; deber&iacute;a consistir esa retribuci&oacute;n? Lo justo ser&iacute;a que cada generaci&oacute;n pagara por una vivienda lo que cost&oacute; en su d&iacute;a, actualizado por el IPC &mdash;como se hace con las pensiones&mdash; o, siendo m&aacute;s generosos, por lo que hayan crecido los salarios o el PIB per c&aacute;pita.
    </p><p class="article-text">
        Lo que ha ocurrido es otra cosa: el precio de la vivienda ha crecido much&iacute;simo m&aacute;s deprisa que cualquiera de esas referencias. Y esa diferencia no tiene nada que ver con lo que hayan hecho sus propietarios: est&aacute; provocada<a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/sube-precio-vivienda_129_13199806.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> por un pacto pol&iacute;tico que quiso que una generaci&oacute;n pudiera enriquecerse comprando una casa</a>.
    </p><p class="article-text">
        En esto consiste <em>la gran transferencia:</em> En que los adultos de hoy materialicen la promesa de progreso que el Estado le hizo a sus padres hace 40 o 50 a&ntilde;os, a&uacute;n en una econom&iacute;a que lleva d&eacute;cadas sin crecer lo suficiente para cumplirla.
    </p><p class="article-text">
        Para hacer realidad esa promesa, las generaciones de trabajadores actuales  llegan a pagar 8 veces m&aacute;s por su casa que las que compraron en el siglo XX. Y por esta raz&oacute;n hoy en los hogares se trabajan m&aacute;s horas que hace 50 a&ntilde;os, a pesar de los incrementos de la productividad que se han producido en este tiempo. 
    </p><p class="article-text">
        Mucho m&aacute;s all&aacute; de un problema moral evidente, la gran transferencia presenta dos inmensos problemas para la sociedad. El primero, es evidente, es que es insostenible: es un gigantesco esquema ponzi. Aunque se ha vuelto un lugar com&uacute;n pensar que el precio de la vivienda no dejar&aacute; de crecer, la realidad es que hay un l&iacute;mite f&iacute;sico al n&uacute;mero de horas que una familia puede dedicar a pagar por su casa. M&aacute;s tarde o m&aacute;s temprano &ndash;yo dir&iacute;a que m&aacute;s temprano&ndash; los precios dejar&aacute;n de subir a esta velocidad, la ecuaci&oacute;n se dar&aacute; la vuelta y una generaci&oacute;n no podr&aacute; vender por m&aacute;s de lo que compr&oacute;. Algunos datos sobre el mercado inmobiliario global apuntan a que podr&iacute;amos estar muy cerca de ese momento.
    </p><p class="article-text">
        El segundo problema, no tan evidente, tiene que ver con el mundo que estamos haciendo. Hace 40 o 50 a&ntilde;os, cuando se construy&oacute; el parque de vivienda actual, comprar una vivienda era un acto de futuro. Se pagaba al constructor, los salarios de los obreros que levantaban el edificio, el del arquitecto que lo firmaba, los materiales que se estaban utilizando o los muebles que llenar&iacute;an las habitaciones. Nadie pagaba apenas nada por el suelo, que a menudo era p&uacute;blico y hab&iacute;a sido cedido, ni hab&iacute;a un capital ocioso esperando llevarse una parte del beneficio, porque tambi&eacute;n la financiaci&oacute;n a menudo part&iacute;a de las cajas de ahorro y otras iniciativas sin &aacute;nimo de lucro. La inversi&oacute;n<em> </em>que hac&iacute;an nuestros padres pon&iacute;a en marcha empresas e impulsaba un pa&iacute;s: era una transferencia que una sociedad se hac&iacute;a a s&iacute; misma para seguir avanzando.
    </p><p class="article-text">
        Hoy la compraventa de vivienda no pone en marcha nada. Cada vez que un joven firma una hipoteca, el dinero que pone encima de la mesa pasa a retribuir algo que ocurri&oacute; hace muchos a&ntilde;os: o bien el capital del comprador original, o bien el del financiador de turno, o bien el del propietario del suelo. 
    </p><p class="article-text">
        No se explica que la econom&iacute;a europea est&eacute; estancada &mdash;mucho m&aacute;s cuando la ciencia, la comunicaci&oacute;n, la cultura y otros &aacute;mbitos de la vida no dejan de avanzar&mdash; sin hacerse cargo de este fen&oacute;meno. La <em>gran transferencia</em> se ha convertido en una forma de pagar una deuda &mdash;ficticia&mdash; con el pasado. Una que nos est&aacute; dejando sin recursos para invertir en lo que est&aacute; por venir.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/gran-transferencia_129_13399881.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Jul 2026 19:26:59 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La gran transferencia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vivienda]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que la economía podría aprender del fútbol]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/economia-aprender-futbol_129_13391893.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/13bb9cb5-5b1e-458b-a9ea-bcba73ea3cd1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x929y840.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que la economía podría aprender del fútbol"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la economía hemos construido un juego donde el marcador no se borra nunca. Las victorias de hace décadas —la casa en propiedad, el patrimonio heredado— siguen contando puntos partido tras partido. De la misma manera, las derrotas no se borran: la hipoteca, el alquiler pagado toda una vida a quien ganó un partido que se jugó antes de que nacieras</p></div><p class="article-text">
        Hay dos tipos de personas a las que les gusta el f&uacute;tbol. Las que heredaron un equipo, unos valores, un abono y una ristra de domingos que comenz&oacute; mucho antes de que nacieran y las que, a falta de ese patrimonio, nos hemos subido de poliz&oacute;n al barco y solo navegamos los mundiales, como quien solo pisa la iglesia en las bodas. 
    </p><p class="article-text">
        Se supone que somos las espectadoras de segunda; que no nos enteramos de nada. Puede ser. Pero para m&iacute; esta forma de pobreza esconde un privilegio: nosotros todav&iacute;a podemos entregarnos a esta forma de liturgia universal que es el f&uacute;tbol con la ingenuidad que ellos tuvieron de ni&ntilde;os, la primera vez que alguien los llev&oacute; de la mano a un estadio.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; he pasado yo este mundial: embobada, absorta, pegada a esa ventana indiscreta al resto de la humanidad en la que se ha convertido esta competici&oacute;n como una ni&ntilde;a a un acuario, viendo el f&uacute;tbol como si se acabara de inventar.
    </p><p class="article-text">
        Y lo que hab&iacute;a al otro lado de la ventana, es de rigor confesarlo, casi nunca era f&uacute;tbol. Estos d&iacute;as he visto a Vozinha, el portero de Cabo Verde, que fue durante cuarenta a&ntilde;os electricista, profesor de voleibol de ni&ntilde;os en los veranos, suplente en la segunda divisi&oacute;n portuguesa. Le toc&oacute; debutar en un Mundial contra Espa&ntilde;a y par&oacute; veintisiete disparos para encajar cero goles. Cuando son&oacute; el pitido final, se ech&oacute; a llorar delante del planeta entero y el planeta entero entendi&oacute; al instante lo que estaba viendo, porque hay cosas que no necesitan traducci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        He visto a Jude Bellingham marcando el gol que elimin&oacute; a Noruega y, en el segundo exacto del silbatazo, olvidar la celebraci&oacute;n de sus compa&ntilde;eros para ir a buscar a Erling Haaland, su amigo desde que eran dos cachorros en Dortmund, y abrazarlo mientras Haaland se derrumbaba. &ldquo;La gente vio rivales durante noventa minutos&rdquo;, explic&oacute; despu&eacute;s, como quien corrige un malentendido. &ldquo;Yo solo vi a mi hermano.&rdquo; 
    </p><p class="article-text">
        He visto a Mbappe y a Lamine Yamal sacudirse los comentarios racistas de los pol&iacute;ticos &mdash;de varios pa&iacute;ses&mdash; con un sentido com&uacute;n incontestable, como si dijeran, por boca de  todos, &ldquo;se&ntilde;ora, su&eacute;lteme el brazo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Pero por encima de las historias, lo que he visto este mes es la promesa de lo que somos cuando nos conjuramos a algo. Los equipos nacionales como ideas colectivas; el talento individual como una forma de plenitud: la que alcanza un ser humano cuando coincide del todo consigo mismo, cuando hace lo que vino a hacer, cuando da lo mejor de s&iacute; mismo. 
    </p><p class="article-text">
        Nada de esto nos es ajeno. Lo veo, lo vemos todos, cada d&iacute;a, en las cocinas de los restaurantes, en los quir&oacute;fanos o en los astilleros. Lo que es ajeno, me temo, es la atenci&oacute;n: el f&uacute;tbol es de los poqu&iacute;simos lugares donde dos mil millones de personas miran a la vez a un grupo de seres humanos convertirse en la mejor versi&oacute;n de s&iacute; mismos. La meritocracia, si me lo permiten, en horario de m&aacute;xima audiencia.
    </p><p class="article-text">
        Y me ha llamado la atenci&oacute;n de qu&eacute; material estaba hecho ese ideal. Cada uno con una forma de jugar que no se parece a ninguna otra y que precisamente por eso no se puede defender. (Casi) ning&uacute;n jugador hab&iacute;a llegado all&iacute; por una herencia, ni por el capital, ni por el privilegio. M&aacute;s bien al contrario, muchos, en todos los pa&iacute;ses, llegaban de familias que cruzaron mares y fronteras, de mezclas de gente que no debieron ser f&aacute;ciles. 
    </p><p class="article-text">
        Y como yo no vivo en el f&uacute;tbol y no puedo dar por sentada ninguna de estas cosas, no pude dejar de preguntarme &iquest;por qu&eacute; no sabemos hacerlo en el resto de la sociedad? Si en el f&uacute;tbol &mdash;o en el tenis, o en los Juegos Ol&iacute;mpicos&mdash; somos capaces de construir un ecosistema donde el talento se encuentra, se entrena, se recompensa y se admira, venga de la isla o del barrio del que venga, &iquest;por qu&eacute; no podemos replicarlo en la econom&iacute;a y en el empleo? &iquest;Qu&eacute; tiene el deporte que no hayamos sabido copiar al resto de la sociedad para producir un mundo m&aacute;s justo?
    </p><p class="article-text">
        Y esta es mi intuici&oacute;n, que espero poder completar antes del siguiente mundial: el juego, al contrario que la econom&iacute;a, no deja sedimentos. Anoche, cuando se apagaron las luces del estadio, todos los futbolistas del mundo volvieron a ser iguales. La campeona del mundo empezar&aacute; la pr&oacute;xima clasificaci&oacute;n en la misma casilla que las que no pasaron de la fase de grupos, y cada jugador, incluidos los que ayer levantaron la copa, tendr&aacute; que volver a ganarse la confianza del seleccionador, dominar el pase, el tiro a puerta y el lugar en el equipo. Ning&uacute;n gol de este mundial vale nada en el siguiente. En el deporte no hay deudas &mdash; pero tampoco hay capital.
    </p><p class="article-text">
        En la econom&iacute;a hemos hecho exactamente lo contrario: hemos construido un juego donde el marcador no se borra nunca. Las victorias de hace d&eacute;cadas &mdash;la casa en propiedad, el patrimonio heredado, el apellido familiar &mdash; siguen contando puntos partido tras partido, generaci&oacute;n tras generaci&oacute;n. De la misma manera, las derrotas no se borran: la hipoteca, el pr&eacute;stamo, el alquiler pagado toda una vida a quien gan&oacute; un partido que se jug&oacute; antes de que nacieras. Lo que llamamos capital y lo que llamamos deuda son eso: sedimento, goles f&oacute;siles, resultados de temporadas que nadie recuerda y que sin embargo deciden el resultado de las de hoy. Jugamos todos, pero unos salen al campo ganando tres a cero y otros debiendo dos.
    </p><p class="article-text">
        No siempre fue as&iacute;. Contaba David Graeber que en las sociedades del Pr&oacute;ximo Oriente antiguo las deudas agrarias se acumulaban con el tiempo hasta amenazar con esclavizar a media poblaci&oacute;n. Para evitar el colapso, los reyes sumerios y babilonios anunciaban peri&oacute;dicamente amnist&iacute;as generales &mdash; las &ldquo;tablas limpias&rdquo;, como las llama el historiador Michael Hudson &mdash; que declaraban nula toda la deuda de consumo, devolv&iacute;an las tierras a sus due&ntilde;os originales y permit&iacute;an a los siervos por deudas volver con sus familias. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que entendieron los sumerios hace 5.000 a&ntilde;os es que para que la participaci&oacute;n  de las personas cuente, para que cada uno pueda dar lo mejor de s&iacute; mismo y eso tenga un resultado, el marcador tiene que borrarse de vez en cuando. Somos nosotros, con toda nuestra ciencia, los que lo hemos olvidado. Igual algo de todo esto podr&iacute;amos aprender del f&uacute;tbol para aplicar a la econom&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/economia-aprender-futbol_129_13391893.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Jul 2026 19:32:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo que la economía podría aprender del fútbol]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enma López y la muerte de la vieja política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/enma-lopez-muerte-vieja-politica_129_13383453.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/38942d48-961c-46ff-9446-b53bdcbcc469_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1890y872.jpg" width="1200" height="675" alt="Enma López y la muerte de la vieja política"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con dos legislaturas como concejala y dos décadas de carnet del partido a sus espaldas, pero con una actitud nativa de la conversación social, López está demostrando ser una política capaz de hablar a ambos lados de esta brecha que hoy parte la sociedad</p></div><p class="article-text">
        Los peri&oacute;dicos se est&aacute;n muriendo. Seg&uacute;n <a href="https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el estudio anual que realiza el Reuters Institute junto con la Universidad de Oxford</a> en 48 pa&iacute;ses, la proporci&oacute;n de personas que se declaran &ldquo;extremadamente&rdquo; o &ldquo;muy&rdquo; interesadas en las noticias ha ca&iacute;do 13 puntos en los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os. Mientras tanto, los usuarios que dicen tener poco o ning&uacute;n inter&eacute;s en ellas son ya la cuarta parte de los encuestados, frente al 16% de 2021. En Espa&ntilde;a, los lectores de peri&oacute;dicos se han desplomado; han pasado en 10 a&ntilde;os del 72% de la poblaci&oacute;n al 44%. Para sorpresa de nadie, ese dato es a&uacute;n m&aacute;s acusado si ponemos el foco en las personas m&aacute;s j&oacute;venes: si en 2016 8 de cada 10 consultaban las noticias cada semana, hoy son menos de 4. 
    </p><p class="article-text">
        (Por cierto, hay que decir que entre todas estas &lsquo;malas&rsquo; noticias, destaca una buena: <a href="http://eldiario.es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">elDiario.es</a> es uno de los medios que mejor resisten y es la <a href="https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/digital-news-report/2026/spain" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">segunda cabecera digital m&aacute;s le&iacute;da de Espa&ntilde;a, con un 14% de la audiencia</a>).
    </p><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas semanas se han ofrecido muchas explicaciones para este fen&oacute;meno. La m&aacute;s evidente: que los <em>chatbots</em> est&aacute;n cambiando los h&aacute;bitos de los internautas, que ya no necesitan pisar las p&aacute;ginas de los peri&oacute;dicos para encontrar lo que buscan. Adem&aacute;s, la poblaci&oacute;n de todo el mundo se est&aacute; pasando a las redes sociales como fuente de informaci&oacute;n y cada vez visita menos los medios tradicionales de comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y todo esto es verdad, pero no termina de explicar por qu&eacute; la ca&iacute;da castiga precisamente a la informaci&oacute;n period&iacute;stica. Los chatbots tambi&eacute;n responden preguntas sobre moda, sobre f&uacute;tbol o sobre c&oacute;mo quitar una mancha de vino, y sin embargo el inter&eacute;s por esos temas no se ha hundido, al contrario, las redes sociales est&aacute;n plagadas de este tipo de contenidos. La gente sigue queriendo saber de zapatillas y de fichajes; lo que est&aacute; dejando de interesarle, en proporci&oacute;n, son las noticias.
    </p><p class="article-text">
        Yo creo que hay una raz&oacute;n bastante m&aacute;s profunda que las transformaciones de la tecnolog&iacute;a. En contra de lo que pudiera parecer, los medios tradicionales no representan toda la realidad desde una posici&oacute;n neutral (porque eso no es posible), sino que nacieron para contar una parte concreta del mundo compartido que suced&iacute;a dentro de las estructuras del Estado y de las grandes empresas. Por eso en los peri&oacute;dicos dominan las noticias que hablan de la actividad parlamentaria junto a un tipo de informaci&oacute;n econ&oacute;mica relacionada con las cuentas p&uacute;blicas &ndash;la fiscalidad, la recaudaci&oacute;n, la inflaci&oacute;n, el PIB&ndash; y con la actividad del IBEX35.
    </p><p class="article-text">
        Y lo que est&aacute; ocurriendo es que esa parte de la realidad cada vez interesa menos. La ca&iacute;da del tr&aacute;fico de los peri&oacute;dicos no es un fen&oacute;meno en s&iacute; mismo,  sino que es la consecuencia de este otro: es el efecto retardado de un cambio en los intereses de la mayor&iacute;a de la sociedad. Lo que se est&aacute; muriendo es una vieja forma de hacer pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, para mucha gente, hay poco que aprender en el seguimiento de la actividad de los partidos pol&iacute;ticos. Una vez que los mecanismos de la democracia son bien conocidos, prestar atenci&oacute;n al d&iacute;a a d&iacute;a de los representantes y del Parlamento resulta una p&eacute;rdida de tiempo. 
    </p><p class="article-text">
        Y yo s&eacute; que para mucha gente esto puede ser un anatema. &iquest;C&oacute;mo no nos va a importar la pol&iacute;tica, si nuestra existencia misma est&aacute; en sus manos? Y es verdad: lo est&aacute;. La pol&iacute;tica afecta a la vida de la gente, a veces de manera decisiva. La reforma de la dependencia<a href="https://www.eldiario.es/politica/pablo-bustinduy-reforma-dependencia-mayor-ampliacion-red-proteccion-social-decadas_1_13380634.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a><a href="https://www.eldiario.es/politica/pablo-bustinduy-reforma-dependencia-mayor-ampliacion-red-proteccion-social-decadas_1_13380634.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aprobada hace dos d&iacute;as</a> mejorar&aacute; la existencia de cientos de miles de personas. Pero que algo te afecte no implica que merezca tu atenci&oacute;n diaria. Son dos cosas distintas. Nada nos afecta m&aacute;s que el cambio clim&aacute;tico y no por eso pasamos el d&iacute;a mirando isobaras e informes del IPCC. 
    </p><p class="article-text">
        La pregunta relevante no es si la pol&iacute;tica importa, sino qu&eacute; nos ofrece a cambio de seguirla d&iacute;a a d&iacute;a. &iquest;Qu&eacute; nos ense&ntilde;a de la vida? &iquest;Qu&eacute; nos da que podamos aplicar a nuestra existencia cotidiana? La respuesta, para la inmensa mayor&iacute;a, es &ldquo;muy poco&rdquo; o &ldquo;nada&rdquo;. No podemos intervenir en las decisiones p&uacute;blicas m&aacute;s que una vez cada cuatro a&ntilde;os; enterarnos hoy o el mes que viene de la en&eacute;sima bronca parlamentaria no va a modificar nuestro trabajo, nuestro alquiler ni la salud de nuestra madre. Y cuando lo que nos devuelve la pol&iacute;tica es un martilleo continuo de insultos y descalificaciones, dejar de prestarle atenci&oacute;n no es un ejercicio de apat&iacute;a, sino de higiene mental.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, mucha gente, sobre todo la m&aacute;s joven, se est&aacute; mudando a otra esfera de la realidad que siente que le afecta de manera m&aacute;s directa, por m&aacute;s que desde fuera pueda parecer que simplemente atienden a temas &ldquo;menos importantes&rdquo;. Por esta raz&oacute;n, los p&oacute;dcast y hasta los formatos de televisi&oacute;n que triunfan son casi por unanimidad al&eacute;rgicos a los grandes an&aacute;lisis y a los marcos &ldquo;pol&iacute;ticos&rdquo;. Son, por el contrario, programas conversacionales que hablan de la experiencia vital de la gente.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, eso no quiere decir que tengan menos carga pol&iacute;tica: lo que ocurre es que la llevan de contrabando. El tono, el lenguaje y el c&oacute;digo de la conversaci&oacute;n han cambiado y hoy la pol&iacute;tica no se debate solo en otras plataformas, sino que se habla en un idioma distinto y viaja inserta en otros formatos que solo para el observador despistado pueden parecer &ldquo;apol&iacute;ticos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los partidos que heredamos del siglo XX &mdash;no solo en Espa&ntilde;a, en todos los pa&iacute;ses&mdash; muestran una enorme dificultad para entender esta transformaci&oacute;n. Y es comprensible, porque aceptarla supone renunciar al privilegio de vivir colocados justo debajo del foco, a ser el centro de la sociedad. Pero el precio de no hacerlo est&aacute; a la vista: los cementerios pol&iacute;ticos de Occidente se est&aacute;n llenando de siglas que hace veinte a&ntilde;os parec&iacute;an eternas y que no han querido captar este mensaje.
    </p><p class="article-text">
        De vez en cuando surge en esos partidos una oportunidad de cruzar el abismo que los separa de esta nueva esfera de la realidad: una persona que se ofrece a tender un puente que les permita, si no instalarse, al menos pisar el otro lado y experimentar c&oacute;mo se vive all&iacute;. En estos d&iacute;as, en Madrid, la candidatura de Emma L&oacute;pez a las primarias del PSM para la alcald&iacute;a de la capital es una de esas raras ocasiones.
    </p><p class="article-text">
        Con dos legislaturas como concejala y dos d&eacute;cadas de carnet del partido a sus espaldas, pero con una actitud nativa de la conversaci&oacute;n social, L&oacute;pez est&aacute; demostrando ser una pol&iacute;tica capaz de hablar a ambos lados de esta brecha que hoy parte la sociedad: entre la realidad que todav&iacute;a percibe una parte importante de la militancia del PSOE y la que ha emergido en el siglo XXI y que es cada vez m&aacute;s hegem&oacute;nica. 
    </p><p class="article-text">
        El domingo se vota su candidatura. Por la noche &mdash;&iexcl;mientras celebramos la victoria en el mundial!--- sabremos si el PSM opta por intentar cruzar el puente o, por el contrario, decide que es mejor quedarse donde est&aacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/enma-lopez-muerte-vieja-politica_129_13383453.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Jul 2026 19:29:57 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Enma López y la muerte de la vieja política]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El disputado voto de los trabajadores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/disputado-voto-trabajadores_129_13366749.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dd297020-54b3-4f12-ad49-74c0edda9e42_16-9-discover-aspect-ratio_default_1146993.jpg" width="4601" height="2588" alt="Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, y Alberto Núñez Feijóo, en un acto en Madrid en marzo de 2025."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La izquierda haría bien en darse cuenta de que en los debates sobre inmigración o abstentismo laboral en un mundo poslaboralista puede perder algo mucho más importante que unas elecciones: puede perder el monopolio simbólico de la representación del trabajo</p></div><p class="article-text">
        Hace algunos meses, el Gobierno anunci&oacute; una regularizaci&oacute;n extraordinaria y el PP sali&oacute; a responder con la torpeza a la que nos tienen acostumbrados algunos de sus portavoces. La izquierda, engorilada, viendo trastabillear a la derecha y creyendo estar en posesi&oacute;n de la verdad, sali&oacute; en tromba a defender las bondades de la medida: los inmigrantes son riqueza para un pa&iacute;s, especialmente para el nuestro, que necesita importar trabajadores para pagar las pensiones. Todo lo que ha crecido el PIB en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha sido gracias al aumento de poblaci&oacute;n y Espa&ntilde;a, adem&aacute;s, es un pa&iacute;s solidario, acogedor, que se da cuenta de la fortuna que tenemos y recuerda los tiempos en los que tambi&eacute;n a los espa&ntilde;oles les toc&oacute; emigrar. 
    </p><p class="article-text">
        Todo verdad. Todo cierto. Todo justo y moralmente intachable. Y sin embargo, pocas semanas despu&eacute;s, la primera encuesta sobre el tema tra&iacute;a se&ntilde;ales de alarma: a pesar de que el tema migratorio hab&iacute;a sido en los a&ntilde;os anteriores un terreno propicio para la izquierda, en esta ocasi&oacute;n &ldquo;la derecha estaba ganando el debate&rdquo;. El 60% de la ciudadan&iacute;a con nacionalidad espa&ntilde;ola considera que hay demasiados inmigrantes en el pa&iacute;s y solo el 37,6% aprueba la regularizaci&oacute;n extraordinaria impulsada por el Gobierno.
    </p><p class="article-text">
        La verdad no siempre gana la partida en pol&iacute;tica. Al contrario, cuando los datos y los hechos no son la sustancia real del debate, sino un s&iacute;mbolo; un espect&aacute;culo de sombras en la pared de una caverna donde se est&aacute; contando una historia que no se quiere nombrar, la verdad te puede costar un tema.
    </p><p class="article-text">
        Y es que el debate sobre la inmigraci&oacute;n no va en realidad sobre los inmigrantes, sino que expresa una ansiedad cultural y econ&oacute;mica mucho m&aacute;s profunda. Lo que recogen una detr&aacute;s de otra todas las encuestas es que hasta dos tercios de la poblaci&oacute;n mundial piensa que las &eacute;lites de su pa&iacute;s ya no gobiernan para la mayor&iacute;a: que se han dado la vuelta y solo velan por sus intereses. Y este debate sobre la inmigraci&oacute;n se plantea como si existiera un trato de favor hacia esas personas que vienen de fuera. As&iacute; que cuando la gente habla de los inmigrantes, est&aacute; hablando de s&iacute; misma. El debate sobre la inmigraci&oacute;n es la forma en la que una parte de la sociedad verbaliza esa preocupaci&oacute;n por estar siendo desplazada del centro de la vida. La regularizaci&oacute;n es el pretexto que tiene a mano para decirlo.
    </p><p class="article-text">
        Cuando un gobierno anuncia a bombo y platillo que se va a regularizar a medio mill&oacute;n de inmigrantes, cuando algunos partidos y algunos medios, con muy buena intenci&oacute;n, defienden la medida enumerando las virtudes de la inmigraci&oacute;n, lejos de disipar las dudas que pudieran tener esas personas, las confirman. Perd&oacute;n por la broma con un tema tan serio, pero es como si tu pareja te reprocha que ya no le haces caso, que siempre est&aacute;s con otra persona, y t&uacute; le contestas intentando convencerle/a de lo estupenda que es ese otro se&ntilde;or o se&ntilde;ora. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso el proceso de regularizaci&oacute;n est&aacute; torciendo un debate que parec&iacute;a ganado, pero solo mientras no se hubiera abierto. Al contrario, cuanto m&aacute;s avance este tema en el espacio p&uacute;blico, si no se atienden esos miedos de una parte muy relevante de la poblaci&oacute;n, mayor ser&aacute; su impacto sobre la ciudadan&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Ayer Feij&oacute;o abri&oacute; otro mel&oacute;n exactamente igual a este en torno al absentismo laboral. Y los partidos de la izquierda volvieron a caer en la misma trampa. La &uacute;nica diferencia es que esta vez no es un charco menor, sino que esta es la gran trampa para osos de nuestro tiempo pol&iacute;tico; la caja de los truenos de la democracia: la guerra cultural global por el trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Resulta que la izquierda, desde hace al menos un siglo, hab&iacute;a tenido a su favor que era la representante de los trabajadores. Y como ese grupo reun&iacute;a a la inmensa mayor&iacute;a de los votantes bajo una identidad compartida, esta era una ventaja competitiva inmejorable. Los partidos de la izquierda, que a lo largo de toda la geograf&iacute;a occidental se llamaban &ldquo;Partido Laborista&rdquo;, &ldquo;Partido Socialista Obrero&rdquo; o &ldquo;Partido de los Trabajadores&rdquo;, sal&iacute;an a la carrera electoral con varios cuerpos de ventaja.
    </p><p class="article-text">
        Pero hoy esa identidad est&aacute; atravesada por una gran fractura entre quienes siguen creyendo que el trabajo es la fuente de la dignidad, de la identidad y de la ciudadan&iacute;a y quienes ya viven como si el empleo fuera solo una parte de la vida &mdash;ni la m&aacute;s importante ni la que define a nadie&mdash; y piden que las instituciones dejen de tratarlo como el centro de la vida social.
    </p><p class="article-text">
        Esa fractura parte hoy a la izquierda por la mitad. Porque las clases culturales, creativas y urbanas que conforman buena parte de la militancia de los partidos, junto con las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes, han empezado a desarrollar una sensibilidad poslaboralista. Mientras tanto, otra porci&oacute;n muy significativa de sus votantes sigue sin encontrar una fuente de dignidad, de identidad y de participaci&oacute;n social m&aacute;s all&aacute; del trabajo. Ni los partidos ni los sindicatos han sabido todav&iacute;a construir un horizonte com&uacute;n en el que unos y otros puedan reconocerse.
    </p><p class="article-text">
        Para navegar esa contradicci&oacute;n, buena parte de la izquierda occidental ha ido desplazando el centro de gravedad de su proyecto pol&iacute;tico desde el trabajo hacia la ciudadan&iacute;a, ampliando derechos y prestaciones cada vez menos vinculados al empleo: el ingreso m&iacute;nimo vital, las ayudas por hijo a cargo, la extensi&oacute;n de los permisos parentales o las rentas garantizadas son ejemplos de estas pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Aunque en Espa&ntilde;a llegamos a esto con cierto retraso, en Europa hace varias d&eacute;cadas que se produjo este debate. En Reino Unido, por ejemplo, los gobiernos laboristas impulsaron hace d&eacute;cadas este tipo de medidas con la convicci&oacute;n de que proteg&iacute;an a la clase trabajadora. Con el tiempo, apareci&oacute; en el imaginario colectivo la imagen del &ldquo;perceptor de ayudas&rdquo;: alguien presentado como dependiente del Estado, ajeno a la cultura del esfuerzo y sostenido por los impuestos de quienes s&iacute; trabajaban, y el debate dej&oacute; de enfrentar a trabajadores y propietarios para enfrentar a trabajadores y esos perceptores. 
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, la derecha pudo empezar a presentarse como la aut&eacute;ntica defensora de quienes madrugan, pagan impuestos y sostienen el pa&iacute;s; como adalid del esfuerzo, mientras retrataba a la izquierda como la representante de quienes viven de las transferencias p&uacute;blicas. Da igual hasta qu&eacute; punto esa caricatura fuera cierta. Igual que ocurr&iacute;a con la inmigraci&oacute;n, la batalla nunca fue sobre los datos. Iba sobre qui&eacute;n representaba moralmente al trabajador.
    </p><p class="article-text">
        Este es el debate que est&aacute; intentando abrir la derecha en Espa&ntilde;a y en el resto de Europa. Uno para el que una izquierda poslaborista no tiene respuesta a&uacute;n. Por m&aacute;s que las palabras de ayer de Feij&oacute;o no fueran las m&aacute;s adecuadas, es innegable que arrojaron muy buenos resultados, a juzgar por el volumen de respuesta que ha generado. 
    </p><p class="article-text">
        La izquierda har&iacute;a bien en no poner el pi&ntilde;&oacute;n fijo y pararse a pensar una respuesta m&aacute;s meditada a esta cuesti&oacute;n. Har&iacute;a bien en darse cuenta de que aqu&iacute; puede perder algo mucho m&aacute;s importante que unas elecciones: puede perder el monopolio simb&oacute;lico de la representaci&oacute;n del trabajo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/disputado-voto-trabajadores_129_13366749.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Jul 2026 19:25:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El disputado voto de los trabajadores]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El imperio desnudo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/imperio-desnudo_129_13349385.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/343cf9d3-b975-437b-aff2-0bc88553cc01_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El imperio desnudo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este próximo sábado se cumplen 250 años de la fundación de los Estados Unidos de América y nadie, a ningún lado del Atlántico, se atreve a decir que el imperio está desnudo</p></div><p class="article-text">
        De todos los momentos de verg&uuml;enza ajena que nos ha regalado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os la Casa Blanca, para m&iacute; los peores son esas reuniones en las que un mont&oacute;n de hombres adultos se transfiguran en bufones para hacerle la pelota a Trump con un servilismo digno de los lacayos de la corte de Luis XVI.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as, Mark Rutte, quien fue primer ministro de los Pa&iacute;ses Bajos y es el actual secretario general de la OTAN, protagoniz&oacute; una de esas escenas. Durante una rueda de prensa conjunta en la Casa Blanca, rodeado de la troupe habitual de palmeros del presidente,&nbsp;Rutte elogi&oacute; la &ldquo;gran visi&oacute;n&rdquo; de Trump y se deshizo en halagos sobre su &ldquo;liderazgo valiente&rdquo;. Gracias a Trump y solo a &eacute;l, Europa estaba invirtiendo mucho dinero en defensa. &iexcl;Mucho!. Todo explicado en palabras simples, repetidas, contundentes. Como quien le habla a un ni&ntilde;o, o a un demente.
    </p><p class="article-text">
        Dicen que Di&oacute;genes estaba un d&iacute;a sentado en el suelo de una calle de Atenas, comiendo un plato de lentejas, cuando se le acerc&oacute; otro fil&oacute;sofo. &ldquo;Diog&eacute;nes, si hubieras aprendido a adular al emperador, no tendr&iacute;as que estar aqu&iacute; comiendo lentejas&rdquo;. &ldquo;Puede ser&rdquo;, contest&oacute; Di&oacute;genes, &ldquo;pero de lo que estoy seguro es de que si t&uacute; hubieras aprendido a comer lentejas, no tendr&iacute;as que adular al emperador&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Rutte, al parecer, es al&eacute;rgico a las legumbres.
    </p><p class="article-text">
        Observando estas escenas que no dejan de llegar desde Washington, no te puedes quitar de la cabeza la sensaci&oacute;n de estar viendo una pel&iacute;cula. O mejor dicho, un cuento. Ese en el que un emperador muy vanidoso se deja convencer por unos estafadores de que le han hecho un traje bell&iacute;simo, de oro y telas preciosas, pero que solo pueden ver los virtuosos. Convencido, el mandam&aacute;s se enfunda en el vestuario ficticio y pasea por la corte en pelota picada, mientras todos los cortesanos aplauden, le adulan y fingen contemplar la magnificencia de unas vestiduras que no existen. Nadie se atreve a decirle que est&aacute; desnudo.
    </p><p class="article-text">
        Solo que en nuestro cuento no es el emperador, sino el imperio, el que est&aacute; al descubierto. Este pr&oacute;ximo s&aacute;bado se cumplen 250 a&ntilde;os de la fundaci&oacute;n de los Estados Unidos de Am&eacute;rica y nadie, a ning&uacute;n lado del Atl&aacute;ntico, se atreve a decir que el imperio est&aacute; desnudo.
    </p><p class="article-text">
        Y podr&iacute;a perderme en el laberinto de los datos: decir que la deuda p&uacute;blica ya roza el 123% del PIB, que la desigualdad est&aacute; en su m&aacute;ximo hist&oacute;rico y que el 1% m&aacute;s rico acapara casi el 32% de toda la riqueza nacional, que la esperanza de vida sigue tres a&ntilde;os y medio por debajo de la media de los pa&iacute;ses ricos, a pesar de que Estados Unidos gasta el doble en sanidad; que las solicitudes de patentes cayeron un 9% el a&ntilde;o pasado, mientras en China no han dejado de aumentar. Contar c&oacute;mo la epidemia de opioides se sigue llevando por delante las vidas de 55.000 cada a&ntilde;o; que el sistema educativo ronda los &uacute;ltimos puestos de la OCDE en matem&aacute;ticas. Pero la explicaci&oacute;n del deterioro del imperio americano es mucho m&aacute;s sencilla, como lo son la mayor&iacute;a de las cosas importantes: Estados Unidos no tiene un plan para el mundo, no tiene un ideal para Occidente, desde Obama.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante casi 70 a&ntilde;os las &eacute;lites americanas hab&iacute;an blandido una idea hegem&oacute;nica sobre lo que deb&iacute;a ser la sociedad. Para Roosevelt fueron las &ldquo;Cuatro Libertades&rdquo;, un proyecto ambicioso que justific&oacute; la intervenci&oacute;n del Estado en la econom&iacute;a y dio lugar a los estados del bienestar. Para Reagan, era la libertad econ&oacute;mica. Para Clinton fue la promesa de la sociedad del conocimiento y para Bush, la idea del &ldquo;sue&ntilde;o americano&rdquo; materializado en la propiedad de la vivienda. <em>Yes, we can</em>, esa idea que se hizo tan vieja, tan deprisa, de que todos pod&iacute;amos ser iguales, fue la &uacute;ltima gran misi&oacute;n del imperio. Despu&eacute;s, no vino nada m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Desde que la crisis de 2008 acab&oacute; con la promesa del crecimiento infinito y con el &ldquo;sue&ntilde;o americano&rdquo;, la sociedad estadounidense ha ido dando tumbos, rehuyendo las grandes preguntas, buscando culpables, metiendo la cabeza en el hoyo de la guerra o de las drogas o de la polarizaci&oacute;n o, en los &uacute;ltimos meses, en la utop&iacute;a tecnoutopista de la IA. Cualquier cosa con tal de no enfrentarse a la m&aacute;s cruda de las realidades. Y es que, como pa&iacute;s, no tienen otro ideal que proponerle al mundo para el siglo XXI.
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a que nos demos cuenta de que esto es lo que nos ocurre, el d&iacute;a que llegue un ni&ntilde;o que diga que el imperio est&aacute; desnudo, no ser&aacute; tan dif&iacute;cil pensar en otra cosa distinta para reemplazarlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/imperio-desnudo_129_13349385.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Jul 2026 19:54:10 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El arte de leer el bochorno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/arte-leer-bochorno_129_13330270.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ffe10c2d-3a7d-43ce-98f0-181aaf8c82ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El arte de leer el bochorno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No me sorprendería que esta demostración de fuerza del deep state judicial impulsara la confluencia que las izquierdas alternativas no han conseguido conjurar por sí mismas</p></div><p class="article-text">
        En la &uacute;ltima temporada de <em>El ala oeste de la Casa Blanca</em>, el candidato dem&oacute;crata a la presidencia del gobierno de EE.UU. est&aacute; en serios apuros. Su contrincante, Arnold Vinick, le saca una pegajosa ventaja en las encuestas. Por m&aacute;s que los dem&oacute;cratas intentan recortar, la experiencia de Vinick y la habilidad pol&iacute;tica de su <em>spin doctor,</em> Bruno Gianelli, neutralizan una y otra vez sus maniobras. Entonces ocurre algo que deber&iacute;a cambiarlo todo: una central nuclear en California sufre un accidente que amenaza con convertirse en un desastre. Vinick siempre ha sido pro nuclear mientras que Matt Santos, el dem&oacute;crata, ha abogado por sacar las centrales del pool energ&eacute;tico. Sobre el papel, la crisis deber&iacute;a hundir la campa&ntilde;a republicana.
    </p><p class="article-text">
        Pero la pol&iacute;tica rara vez sigue el guion.
    </p><p class="article-text">
        A medida que pasan los d&iacute;as, Alda resiste los ataques, mantiene su apoyo a las nucleares y lo convierte en una demostraci&oacute;n de convicci&oacute;n y de principios. Tan bien lo hace, que termina recuperando la iniciativa. Mientras tanto, en el campo dem&oacute;crata crece la desesperaci&oacute;n: la victoria parece escurrirse entre sus dedos justo cuando deber&iacute;a ser m&aacute;s f&aacute;cil agarrarla.
    </p><p class="article-text">
        En esa tensi&oacute;n, un asesor dem&oacute;crata descubre que Vinick hab&iacute;a hecho lobby para facilitar la puesta en marcha de la central. Si esa informaci&oacute;n sale a la luz, coinciden todos los protagonistas, la campa&ntilde;a republicana estar&aacute; acabada. Es el tipo de revelaci&oacute;n de la que nadie, ni los mejores operativos, se recupera.
    </p><p class="article-text">
        Pero Vinick tambi&eacute;n sabe que los dem&oacute;cratas tienen esa informaci&oacute;n. Y hace un c&aacute;lculo pol&iacute;tico brillante: no intenta ocultarla y no intenta adelantarse. Espera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Su estrategia consiste en producir una calma tensa. Desaparecer del plano, no decir nada y dejar que sean sus adversarios quienes la hagan p&uacute;blica. Cuando eso ocurra, responder&aacute; acus&aacute;ndolos de utilizar una tragedia para obtener ventaja electoral. La discusi&oacute;n dejar&aacute; de centrarse en la central nuclear y pasar&aacute; a girar en torno a la falta de escr&uacute;pulos de Santos. La historia del lobby quedar&aacute; enterrada bajo otra m&aacute;s poderosa y podr&aacute; salir reforzado del momento m&aacute;s dif&iacute;cil de la campa&ntilde;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la oposici&oacute;n en Espa&ntilde;a debieron perderse ese episodio. De otra manera no se explica la alegr&iacute;a con la que celebran la sucesi&oacute;n de sentencias, filtraciones y decisiones judiciales dif&iacute;ciles de explicar que estamos viviendo.
    </p><p class="article-text">
        En la opini&oacute;n p&uacute;blica &mdash;al menos, en la izquierda-&ndash; esas actuaciones cumplen una funci&oacute;n muy parecida a la revelaci&oacute;n de los documentos sobre la central nuclear. Los casos de corrupci&oacute;n son una verg&uuml;enza para el gobierno, pero si las sentencias se perciben como injustas o interesadas, la lectura jur&iacute;dica queda inmediatamente sepultada por una nueva historia que es, quiz&aacute;, la &uacute;nica capaz de tapar o de neutralizar el olor que desprende en estos momentos el PSOE. La idea de que existe una parte del aparato judicial que est&aacute; dispuesta a estirar la legalidad para conseguir que solo gobierne quien cuenta con su benepl&aacute;cito.
    </p><p class="article-text">
        Y este es un momento de bochorno pol&iacute;tico en la izquierda. Es verdad, parece que no queda nada a lo que agarrarse que no est&eacute; cubierto de mierda &ndash;perd&oacute;n por la expresi&oacute;n. Pero bochorno es, de hecho, la palabra m&aacute;s adecuada para describir este momento. La sensaci&oacute;n se parece mucho a la que precede a una tormenta de verano, cuando el calor y la humedad quedan atrapados bajo una capa de aire fr&iacute;o y la atm&oacute;sfera adquiere esa densidad extra&ntilde;a que hace que todo parezca inm&oacute;vil. El aire se vuelve tan pesado que cuesta respirar y todo el mundo est&aacute; como loco porque empiece a llover y se nos quite el dolor de cabeza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No hay m&aacute;s que abrir un peri&oacute;dico para comprender que hoy la realidad compartida se ha vuelto tan densa que mucha gente est&aacute; pidiendo a voces que pase algo que acabe con este <em>impasse</em>. Y en Espa&ntilde;a, este pa&iacute;s que arrastra un d&eacute;ficit cr&oacute;nico de emprendedores econ&oacute;micos, nunca han faltado los emprendedores pol&iacute;ticos. Hoy las redes sociales est&aacute;n llenas de ellos: los hay a izquierda y derecha, aunque abundan especialmente en la extrema derecha.
    </p><p class="article-text">
        En <em>El ala oeste de la Casa Blanca</em>, al final del episodio, la camarilla dem&oacute;crata capitula. El jefe de gabinete de Santos env&iacute;a a una colaboradora a filtrar la historia a la prensa, con tan buena suerte que ella llega a cumplir su misi&oacute;n justo en el momento en el que los periodistas acaban de encontrar la noticia por s&iacute; mismos. Salvados por la campana, la campa&ntilde;a de Vinick se ve atrapada entre un mont&oacute;n de preguntas de dif&iacute;cil respuesta sobre la central y los dem&oacute;cratas terminan por ganar las elecciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si yo tuviera que anticipar qu&eacute; va a ocurrir en los pr&oacute;ximos meses, dir&iacute;a que no ser&aacute; un tiempo manso. Al contrario: no me sorprender&iacute;a que esta demostraci&oacute;n de fuerza del <em>deep state</em> judicial impulsara la confluencia que las izquierdas alternativas no han conseguido conjurar por s&iacute; mismas. Tampoco descarto que haya, como est&aacute; pidiendo mucha gente, alg&uacute;n tipo de escisi&oacute;n o de movimiento en el PSOE. Si Pedro S&aacute;nchez consigue retomar la iniciativa y hacer un relato de la ofensiva judicial, tampoco ser&iacute;a extra&ntilde;o que la derecha piense que a Feij&oacute;o se le ha vuelto a escapar el presidente y haya bamboleos a ese lado de la bancada. En &uacute;ltima instancia, tampoco perder&iacute;a de vista la posibilidad de un nuevo <em>momento Podemos,</em> donde una iniciativa ciudadana harta del espect&aacute;culo bochornoso que nos est&aacute;n dando, suba a la palestra. Esa calma tensa, esa frustraci&oacute;n silenciosa que se respira en la sociedad de hoy nos dice que la tormenta est&aacute; cerca, lo que nadie puede decir exactamente es cu&aacute;ndo va a comenzar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/arte-leer-bochorno_129_13330270.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Jun 2026 20:00:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El arte de leer el bochorno]]></media:title>
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    <item>
      <title><![CDATA[Lo que Zapatero debería aprender de Graham Platner]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/zapatero-deberia-aprender-graham-platner_129_13313232.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f4b5b5cb-c49c-4c4f-b537-5a872893938d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144945.jpg" width="1536" height="864" alt="Lo que Zapatero debería aprender de Graham Platner"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay muchas personas en España que piensan que en el caso Zapatero no va a haber ningún delito, pero sería difícil encontrar una que afirme que las cosas que estamos escuchando coinciden con lo que pensábamos sobre el expresidente hace seis meses</p></div><p class="article-text">
        Los lectores lo recordar&aacute;n: era un 14 de julio del a&ntilde;o 2010 y Zapatero anunciaba desde la tribuna del Congreso de los Diputados que su Gobierno har&iacute;a unos recortes hist&oacute;ricos para salvar al pa&iacute;s de un rescate financiero que, en aquel momento, parec&iacute;a casi asegurado: &ldquo;Voy a ejercer el principio de responsabilidad de un gobernante que es, precisamente, gobernar. Voy a seguir ese camino cueste lo que cueste. Y cueste&hellip; lo que me cueste.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Era una declaraci&oacute;n de principios rotunda, muy parecida a las que le hab&iacute;amos escuchado en los momentos m&aacute;s duros de su gobierno. Id&eacute;ntica en la forma y en el fondo a la que ayer, al salir del juzgado, traslad&oacute; en un comunicado en el que ped&iacute;a a la ciudadan&iacute;a &ldquo;confianza&rdquo; en su inocencia y en la justicia. Tengan paciencia; con el tiempo, afirma el presidente, &ldquo;la verdad se abrir&aacute; pas&oacute;&rdquo;. Zapatero en estado puro.
    </p><p class="article-text">
        Y yo, que estoy de acuerdo con el contenido y lo dije aqu&iacute;, a pocas horas de que se conociera su imputaci&oacute;n, creo que este comunicado es un error de bulto.
    </p><p class="article-text">
        Porque la diferencia entre el a&ntilde;o 2010 y el 2026 es que hoy la mayor parte de la poblaci&oacute;n &ndash;en todo el mundo&ndash; alberga una desconfianza profunda hacia la clase pol&iacute;tica. Una falta de fe que no est&aacute; en absoluto infundada, m&aacute;s bien al contrario. En estos a&ntilde;os que han transcurrido desde la bonanza anterior a 2008, una parte importante de la ciudadan&iacute;a ha vivido con una inseguridad creciente. Al mismo tiempo, todos tenemos la sensaci&oacute;n de que los acontecimientos &ndash;como el COVID, o la invasi&oacute;n de Ucrania, o la de Gaza&mdash; se est&aacute;n acelerando sin que podamos ejercer alg&uacute;n control sobre lo que se avecina. Y en ese caldo de cultivo no dejamos de escuchar todos los d&iacute;as historias nuevas que nos recuerdan que las personas en las que hab&iacute;amos confiado para guiarnos en estos momentos dif&iacute;ciles no son quienes dec&iacute;an ser. Y a veces es porque han cometido un delito pero, otras, es simplemente porque la imagen que proyectaban de s&iacute; mismos no se corresponde con la realidad. 
    </p><p class="article-text">
        Y hoy hay muchas personas en Espa&ntilde;a que piensan que en el caso Zapatero no va a haber ning&uacute;n delito, pero ser&iacute;a dif&iacute;cil encontrar una que afirme que las cosas que estamos escuchando coinciden con lo que pens&aacute;bamos sobre el expresidente hace seis meses. Es evidente que su personaje p&uacute;blico y su persona, en privado, no eran iguales. Es esa sensaci&oacute;n de haber sido enga&ntilde;ados, por m&aacute;s que no haya crimen, la que duele y la que quiebra la confianza en las instituciones. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se puede sostener, en estos trances, esa confianza? No basta con pedir un acto de fe a los ciudadanos: la pol&iacute;tica tiene que hacer tambi&eacute;n una reflexi&oacute;n sobre la forma en que sus representantes se proyectan ante la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Porque esos pol&iacute;ticos inmaculados que nos cont&aacute;bamos en el siglo XX&mdash;los que no hab&iacute;an roto un plato en su vida, que no ten&iacute;an un mal pensamiento ni un vicio oculto, ni una debilidad humana que proteger&mdash; sencillamente no existen. Ni han existido nunca. Eso no son personas. Y para bien o para mal, en el siglo XXI, cuando el poder medi&aacute;tico ya no est&aacute; concentrado como estaba en los a&ntilde;os en los que viv&iacute;an aquellos personajes, todo termina por traslucir. 
    </p><p class="article-text">
        Zapatero podr&iacute;a aprender alguna cosa de un pol&iacute;tico inesperado al otro lado del Atl&aacute;ntico. En el diminuto estado de Maine, al norte de Estados Unidos, un exmarine reconvertido en candidato dem&oacute;crata al Senado amenaza seriamente con arrebatarle el esca&ntilde;o a la senadora republicana Susan Collins. Si lo consigue, su victoria ser&iacute;a decisiva para retirarle a Trump la mayor&iacute;a en la c&aacute;mara. Hay muchos intereses y mucho dinero en juego, y Graham Platner est&aacute; dando una batalla extraordinaria.
    </p><p class="article-text">
        Y eso que este hombre est&aacute; lejos de ser el candidato perfecto. Al contrario: si se ha convertido en una celebridad es porque su corta carrera pol&iacute;tica ha estado plagada por una sucesi&oacute;n de esc&aacute;ndalos que incluyen desde un tatuaje con simbolog&iacute;a nazi que se hizo una noche de borrachera en Croacia siendo marine, hasta algunos comentarios sobre violencia de g&eacute;nero que dej&oacute; durante a&ntilde;os en Reddit y la revelaci&oacute;n reciente de que intercambi&oacute; mensajes sexuales con distintas mujeres a pesar de que est&aacute; casado.
    </p><p class="article-text">
        Lo que le convierte en el pol&iacute;tico m&aacute;s innovador del momento, en mi opini&oacute;n, es que ante cada una de estas revelaciones ha respondido con algo que resulta al mismo tiempo pol&iacute;ticamente eficaz y extraordinariamente saludable para la democracia: el reconocimiento de su propia imperfecci&oacute;n. En lugar de responder, como ha hecho ZP, con un comunicado en defensa de su integridad como si aqu&iacute; no hubiera pasado nada, Platner lleva un a&ntilde;o contando la historia de un hombre que volvi&oacute; de la guerra con un trastorno de estr&eacute;s post-traum&aacute;tico, que pas&oacute; una &eacute;poca muy oscura, que ha hecho terapia, que ha atravesado una crisis profunda con su mujer y que sigue intentando entenderse a s&iacute; mismo. Un hombre que no sabe exactamente qui&eacute;n es todav&iacute;a, que sabe que est&aacute; lejos de ser perfecto, pero que no tiene ning&uacute;n problema en decirlo en voz alta.
    </p><p class="article-text">
        Claro que Zapatero no ha ido a la guerra. Pero tengo la sensaci&oacute;n de que todas estas cosas que est&aacute;n saliendo a la luz y que nos cuesta entender, a pesar de que no sean delitos &ndash;como la relaci&oacute;n profesional de sus clientes con la empresa de sus hijas&ndash; tienen tambi&eacute;n algo que ver con sus debilidades. Y creo que la mejor manera en que el expresidente podr&iacute;a contribuir a reforzar esa confianza en las instituciones es hablando de ello.
    </p><p class="article-text">
        Si lo hiciera, los dem&aacute;s nos har&iacute;amos un buen servicio si atendemos a sus explicaciones con compasi&oacute;n. Si queremos una clase pol&iacute;tica honesta, en la que podamos confiar y que no se corrompa, lo primero que tenemos que hacer es dejar de exigirles que mientan sobre s&iacute; mismos. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/zapatero-deberia-aprender-graham-platner_129_13313232.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Jun 2026 08:40:21 +0000]]></pubDate>
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