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    <title><![CDATA[elDiario.es - María Álvarez]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/maria-alvarez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - María Álvarez]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Lo que la economía podría aprender del fútbol]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/economia-aprender-futbol_129_13391893.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/13bb9cb5-5b1e-458b-a9ea-bcba73ea3cd1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x929y840.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que la economía podría aprender del fútbol"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la economía hemos construido un juego donde el marcador no se borra nunca. Las victorias de hace décadas —la casa en propiedad, el patrimonio heredado— siguen contando puntos partido tras partido. De la misma manera, las derrotas no se borran: la hipoteca, el alquiler pagado toda una vida a quien ganó un partido que se jugó antes de que nacieras</p></div><p class="article-text">
        Hay dos tipos de personas a las que les gusta el f&uacute;tbol. Las que heredaron un equipo, unos valores, un abono y una ristra de domingos que comenz&oacute; mucho antes de que nacieran y las que, a falta de ese patrimonio, nos hemos subido de poliz&oacute;n al barco y solo navegamos los mundiales, como quien solo pisa la iglesia en las bodas. 
    </p><p class="article-text">
        Se supone que somos las espectadoras de segunda; que no nos enteramos de nada. Puede ser. Pero para m&iacute; esta forma de pobreza esconde un privilegio: nosotros todav&iacute;a podemos entregarnos a esta forma de liturgia universal que es el f&uacute;tbol con la ingenuidad que ellos tuvieron de ni&ntilde;os, la primera vez que alguien los llev&oacute; de la mano a un estadio.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; he pasado yo este mundial: embobada, absorta, pegada a esa ventana indiscreta al resto de la humanidad en la que se ha convertido esta competici&oacute;n como una ni&ntilde;a a un acuario, viendo el f&uacute;tbol como si se acabara de inventar.
    </p><p class="article-text">
        Y lo que hab&iacute;a al otro lado de la ventana, es de rigor confesarlo, casi nunca era f&uacute;tbol. Estos d&iacute;as he visto a Vozinha, el portero de Cabo Verde, que fue durante cuarenta a&ntilde;os electricista, profesor de voleibol de ni&ntilde;os en los veranos, suplente en la segunda divisi&oacute;n portuguesa. Le toc&oacute; debutar en un Mundial contra Espa&ntilde;a y par&oacute; veintisiete disparos para encajar cero goles. Cuando son&oacute; el pitido final, se ech&oacute; a llorar delante del planeta entero y el planeta entero entendi&oacute; al instante lo que estaba viendo, porque hay cosas que no necesitan traducci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        He visto a Jude Bellingham marcando el gol que elimin&oacute; a Noruega y, en el segundo exacto del silbatazo, olvidar la celebraci&oacute;n de sus compa&ntilde;eros para ir a buscar a Erling Haaland, su amigo desde que eran dos cachorros en Dortmund, y abrazarlo mientras Haaland se derrumbaba. &ldquo;La gente vio rivales durante noventa minutos&rdquo;, explic&oacute; despu&eacute;s, como quien corrige un malentendido. &ldquo;Yo solo vi a mi hermano.&rdquo; 
    </p><p class="article-text">
        He visto a Mbappe y a Lamine Yamal sacudirse los comentarios racistas de los pol&iacute;ticos &mdash;de varios pa&iacute;ses&mdash; con un sentido com&uacute;n incontestable, como si dijeran, por boca de  todos, &ldquo;se&ntilde;ora, su&eacute;lteme el brazo&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        Pero por encima de las historias, lo que he visto este mes es la promesa de lo que somos cuando nos conjuramos a algo. Los equipos nacionales como ideas colectivas; el talento individual como una forma de plenitud: la que alcanza un ser humano cuando coincide del todo consigo mismo, cuando hace lo que vino a hacer, cuando da lo mejor de s&iacute; mismo. 
    </p><p class="article-text">
        Nada de esto nos es ajeno. Lo veo, lo vemos todos, cada d&iacute;a, en las cocinas de los restaurantes, en los quir&oacute;fanos o en los astilleros. Lo que es ajeno, me temo, es la atenci&oacute;n: el f&uacute;tbol es de los poqu&iacute;simos lugares donde dos mil millones de personas miran a la vez a un grupo de seres humanos convertirse en la mejor versi&oacute;n de s&iacute; mismos. La meritocracia, si me lo permiten, en horario de m&aacute;xima audiencia.
    </p><p class="article-text">
        Y me ha llamado la atenci&oacute;n de qu&eacute; material estaba hecho ese ideal. Cada uno con una forma de jugar que no se parece a ninguna otra y que precisamente por eso no se puede defender. (Casi) ning&uacute;n jugador hab&iacute;a llegado all&iacute; por una herencia, ni por el capital, ni por el privilegio. M&aacute;s bien al contrario, muchos, en todos los pa&iacute;ses, llegaban de familias que cruzaron mares y fronteras, de mezclas de gente que no debieron ser f&aacute;ciles. 
    </p><p class="article-text">
        Y como yo no vivo en el f&uacute;tbol y no puedo dar por sentada ninguna de estas cosas, no pude dejar de preguntarme &iquest;por qu&eacute; no sabemos hacerlo en el resto de la sociedad? Si en el f&uacute;tbol &mdash;o en el tenis, o en los Juegos Ol&iacute;mpicos&mdash; somos capaces de construir un ecosistema donde el talento se encuentra, se entrena, se recompensa y se admira, venga de la isla o del barrio del que venga, &iquest;por qu&eacute; no podemos replicarlo en la econom&iacute;a y en el empleo? &iquest;Qu&eacute; tiene el deporte que no hayamos sabido copiar al resto de la sociedad para producir un mundo m&aacute;s justo?
    </p><p class="article-text">
        Y esta es mi intuici&oacute;n, que espero poder completar antes del siguiente mundial: el juego, al contrario que la econom&iacute;a, no deja sedimentos. Anoche, cuando se apagaron las luces del estadio, todos los futbolistas del mundo volvieron a ser iguales. La campeona del mundo empezar&aacute; la pr&oacute;xima clasificaci&oacute;n en la misma casilla que las que no pasaron de la fase de grupos, y cada jugador, incluidos los que ayer levantaron la copa, tendr&aacute; que volver a ganarse la confianza del seleccionador, dominar el pase, el tiro a puerta y el lugar en el equipo. Ning&uacute;n gol de este mundial vale nada en el siguiente. En el deporte no hay deudas &mdash; pero tampoco hay capital.
    </p><p class="article-text">
        En la econom&iacute;a hemos hecho exactamente lo contrario: hemos construido un juego donde el marcador no se borra nunca. Las victorias de hace d&eacute;cadas &mdash;la casa en propiedad, el patrimonio heredado, el apellido familiar &mdash; siguen contando puntos partido tras partido, generaci&oacute;n tras generaci&oacute;n. De la misma manera, las derrotas no se borran: la hipoteca, el pr&eacute;stamo, el alquiler pagado toda una vida a quien gan&oacute; un partido que se jug&oacute; antes de que nacieras. Lo que llamamos capital y lo que llamamos deuda son eso: sedimento, goles f&oacute;siles, resultados de temporadas que nadie recuerda y que sin embargo deciden el resultado de las de hoy. Jugamos todos, pero unos salen al campo ganando tres a cero y otros debiendo dos.
    </p><p class="article-text">
        No siempre fue as&iacute;. Contaba David Graeber que en las sociedades del Pr&oacute;ximo Oriente antiguo las deudas agrarias se acumulaban con el tiempo hasta amenazar con esclavizar a media poblaci&oacute;n. Para evitar el colapso, los reyes sumerios y babilonios anunciaban peri&oacute;dicamente amnist&iacute;as generales &mdash; las &ldquo;tablas limpias&rdquo;, como las llama el historiador Michael Hudson &mdash; que declaraban nula toda la deuda de consumo, devolv&iacute;an las tierras a sus due&ntilde;os originales y permit&iacute;an a los siervos por deudas volver con sus familias. 
    </p><p class="article-text">
        Lo que entendieron los sumerios hace 5.000 a&ntilde;os es que para que la participaci&oacute;n  de las personas cuente, para que cada uno pueda dar lo mejor de s&iacute; mismo y eso tenga un resultado, el marcador tiene que borrarse de vez en cuando. Somos nosotros, con toda nuestra ciencia, los que lo hemos olvidado. Igual algo de todo esto podr&iacute;amos aprender del f&uacute;tbol para aplicar a la econom&iacute;a.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/economia-aprender-futbol_129_13391893.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 19 Jul 2026 19:32:40 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo que la economía podría aprender del fútbol]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Enma López y la muerte de la vieja política]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/enma-lopez-muerte-vieja-politica_129_13383453.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/38942d48-961c-46ff-9446-b53bdcbcc469_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1890y872.jpg" width="1200" height="675" alt="Enma López y la muerte de la vieja política"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Con dos legislaturas como concejala y dos décadas de carnet del partido a sus espaldas, pero con una actitud nativa de la conversación social, López está demostrando ser una política capaz de hablar a ambos lados de esta brecha que hoy parte la sociedad</p></div><p class="article-text">
        Los peri&oacute;dicos se est&aacute;n muriendo. Seg&uacute;n <a href="https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">el estudio anual que realiza el Reuters Institute junto con la Universidad de Oxford</a> en 48 pa&iacute;ses, la proporci&oacute;n de personas que se declaran &ldquo;extremadamente&rdquo; o &ldquo;muy&rdquo; interesadas en las noticias ha ca&iacute;do 13 puntos en los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os. Mientras tanto, los usuarios que dicen tener poco o ning&uacute;n inter&eacute;s en ellas son ya la cuarta parte de los encuestados, frente al 16% de 2021. En Espa&ntilde;a, los lectores de peri&oacute;dicos se han desplomado; han pasado en 10 a&ntilde;os del 72% de la poblaci&oacute;n al 44%. Para sorpresa de nadie, ese dato es a&uacute;n m&aacute;s acusado si ponemos el foco en las personas m&aacute;s j&oacute;venes: si en 2016 8 de cada 10 consultaban las noticias cada semana, hoy son menos de 4. 
    </p><p class="article-text">
        (Por cierto, hay que decir que entre todas estas &lsquo;malas&rsquo; noticias, destaca una buena: <a href="http://eldiario.es" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">elDiario.es</a> es uno de los medios que mejor resisten y es la <a href="https://reutersinstitute.politics.ox.ac.uk/digital-news-report/2026/spain" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">segunda cabecera digital m&aacute;s le&iacute;da de Espa&ntilde;a, con un 14% de la audiencia</a>).
    </p><p class="article-text">
        En las &uacute;ltimas semanas se han ofrecido muchas explicaciones para este fen&oacute;meno. La m&aacute;s evidente: que los <em>chatbots</em> est&aacute;n cambiando los h&aacute;bitos de los internautas, que ya no necesitan pisar las p&aacute;ginas de los peri&oacute;dicos para encontrar lo que buscan. Adem&aacute;s, la poblaci&oacute;n de todo el mundo se est&aacute; pasando a las redes sociales como fuente de informaci&oacute;n y cada vez visita menos los medios tradicionales de comunicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Y todo esto es verdad, pero no termina de explicar por qu&eacute; la ca&iacute;da castiga precisamente a la informaci&oacute;n period&iacute;stica. Los chatbots tambi&eacute;n responden preguntas sobre moda, sobre f&uacute;tbol o sobre c&oacute;mo quitar una mancha de vino, y sin embargo el inter&eacute;s por esos temas no se ha hundido, al contrario, las redes sociales est&aacute;n plagadas de este tipo de contenidos. La gente sigue queriendo saber de zapatillas y de fichajes; lo que est&aacute; dejando de interesarle, en proporci&oacute;n, son las noticias.
    </p><p class="article-text">
        Yo creo que hay una raz&oacute;n bastante m&aacute;s profunda que las transformaciones de la tecnolog&iacute;a. En contra de lo que pudiera parecer, los medios tradicionales no representan toda la realidad desde una posici&oacute;n neutral (porque eso no es posible), sino que nacieron para contar una parte concreta del mundo compartido que suced&iacute;a dentro de las estructuras del Estado y de las grandes empresas. Por eso en los peri&oacute;dicos dominan las noticias que hablan de la actividad parlamentaria junto a un tipo de informaci&oacute;n econ&oacute;mica relacionada con las cuentas p&uacute;blicas &ndash;la fiscalidad, la recaudaci&oacute;n, la inflaci&oacute;n, el PIB&ndash; y con la actividad del IBEX35.
    </p><p class="article-text">
        Y lo que est&aacute; ocurriendo es que esa parte de la realidad cada vez interesa menos. La ca&iacute;da del tr&aacute;fico de los peri&oacute;dicos no es un fen&oacute;meno en s&iacute; mismo,  sino que es la consecuencia de este otro: es el efecto retardado de un cambio en los intereses de la mayor&iacute;a de la sociedad. Lo que se est&aacute; muriendo es una vieja forma de hacer pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, para mucha gente, hay poco que aprender en el seguimiento de la actividad de los partidos pol&iacute;ticos. Una vez que los mecanismos de la democracia son bien conocidos, prestar atenci&oacute;n al d&iacute;a a d&iacute;a de los representantes y del Parlamento resulta una p&eacute;rdida de tiempo. 
    </p><p class="article-text">
        Y yo s&eacute; que para mucha gente esto puede ser un anatema. &iquest;C&oacute;mo no nos va a importar la pol&iacute;tica, si nuestra existencia misma est&aacute; en sus manos? Y es verdad: lo est&aacute;. La pol&iacute;tica afecta a la vida de la gente, a veces de manera decisiva. La reforma de la dependencia<a href="https://www.eldiario.es/politica/pablo-bustinduy-reforma-dependencia-mayor-ampliacion-red-proteccion-social-decadas_1_13380634.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> </a><a href="https://www.eldiario.es/politica/pablo-bustinduy-reforma-dependencia-mayor-ampliacion-red-proteccion-social-decadas_1_13380634.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aprobada hace dos d&iacute;as</a> mejorar&aacute; la existencia de cientos de miles de personas. Pero que algo te afecte no implica que merezca tu atenci&oacute;n diaria. Son dos cosas distintas. Nada nos afecta m&aacute;s que el cambio clim&aacute;tico y no por eso pasamos el d&iacute;a mirando isobaras e informes del IPCC. 
    </p><p class="article-text">
        La pregunta relevante no es si la pol&iacute;tica importa, sino qu&eacute; nos ofrece a cambio de seguirla d&iacute;a a d&iacute;a. &iquest;Qu&eacute; nos ense&ntilde;a de la vida? &iquest;Qu&eacute; nos da que podamos aplicar a nuestra existencia cotidiana? La respuesta, para la inmensa mayor&iacute;a, es &ldquo;muy poco&rdquo; o &ldquo;nada&rdquo;. No podemos intervenir en las decisiones p&uacute;blicas m&aacute;s que una vez cada cuatro a&ntilde;os; enterarnos hoy o el mes que viene de la en&eacute;sima bronca parlamentaria no va a modificar nuestro trabajo, nuestro alquiler ni la salud de nuestra madre. Y cuando lo que nos devuelve la pol&iacute;tica es un martilleo continuo de insultos y descalificaciones, dejar de prestarle atenci&oacute;n no es un ejercicio de apat&iacute;a, sino de higiene mental.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute;, mucha gente, sobre todo la m&aacute;s joven, se est&aacute; mudando a otra esfera de la realidad que siente que le afecta de manera m&aacute;s directa, por m&aacute;s que desde fuera pueda parecer que simplemente atienden a temas &ldquo;menos importantes&rdquo;. Por esta raz&oacute;n, los p&oacute;dcast y hasta los formatos de televisi&oacute;n que triunfan son casi por unanimidad al&eacute;rgicos a los grandes an&aacute;lisis y a los marcos &ldquo;pol&iacute;ticos&rdquo;. Son, por el contrario, programas conversacionales que hablan de la experiencia vital de la gente.
    </p><p class="article-text">
        Ahora bien, eso no quiere decir que tengan menos carga pol&iacute;tica: lo que ocurre es que la llevan de contrabando. El tono, el lenguaje y el c&oacute;digo de la conversaci&oacute;n han cambiado y hoy la pol&iacute;tica no se debate solo en otras plataformas, sino que se habla en un idioma distinto y viaja inserta en otros formatos que solo para el observador despistado pueden parecer &ldquo;apol&iacute;ticos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los partidos que heredamos del siglo XX &mdash;no solo en Espa&ntilde;a, en todos los pa&iacute;ses&mdash; muestran una enorme dificultad para entender esta transformaci&oacute;n. Y es comprensible, porque aceptarla supone renunciar al privilegio de vivir colocados justo debajo del foco, a ser el centro de la sociedad. Pero el precio de no hacerlo est&aacute; a la vista: los cementerios pol&iacute;ticos de Occidente se est&aacute;n llenando de siglas que hace veinte a&ntilde;os parec&iacute;an eternas y que no han querido captar este mensaje.
    </p><p class="article-text">
        De vez en cuando surge en esos partidos una oportunidad de cruzar el abismo que los separa de esta nueva esfera de la realidad: una persona que se ofrece a tender un puente que les permita, si no instalarse, al menos pisar el otro lado y experimentar c&oacute;mo se vive all&iacute;. En estos d&iacute;as, en Madrid, la candidatura de Emma L&oacute;pez a las primarias del PSM para la alcald&iacute;a de la capital es una de esas raras ocasiones.
    </p><p class="article-text">
        Con dos legislaturas como concejala y dos d&eacute;cadas de carnet del partido a sus espaldas, pero con una actitud nativa de la conversaci&oacute;n social, L&oacute;pez est&aacute; demostrando ser una pol&iacute;tica capaz de hablar a ambos lados de esta brecha que hoy parte la sociedad: entre la realidad que todav&iacute;a percibe una parte importante de la militancia del PSOE y la que ha emergido en el siglo XXI y que es cada vez m&aacute;s hegem&oacute;nica. 
    </p><p class="article-text">
        El domingo se vota su candidatura. Por la noche &mdash;&iexcl;mientras celebramos la victoria en el mundial!--- sabremos si el PSM opta por intentar cruzar el puente o, por el contrario, decide que es mejor quedarse donde est&aacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/enma-lopez-muerte-vieja-politica_129_13383453.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Jul 2026 19:29:57 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El disputado voto de los trabajadores]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/disputado-voto-trabajadores_129_13366749.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/dd297020-54b3-4f12-ad49-74c0edda9e42_16-9-discover-aspect-ratio_default_1146993.jpg" width="4601" height="2588" alt="Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, y Alberto Núñez Feijóo, en un acto en Madrid en marzo de 2025."></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La izquierda haría bien en darse cuenta de que en los debates sobre inmigración o abstentismo laboral en un mundo poslaboralista puede perder algo mucho más importante que unas elecciones: puede perder el monopolio simbólico de la representación del trabajo</p></div><p class="article-text">
        Hace algunos meses, el Gobierno anunci&oacute; una regularizaci&oacute;n extraordinaria y el PP sali&oacute; a responder con la torpeza a la que nos tienen acostumbrados algunos de sus portavoces. La izquierda, engorilada, viendo trastabillear a la derecha y creyendo estar en posesi&oacute;n de la verdad, sali&oacute; en tromba a defender las bondades de la medida: los inmigrantes son riqueza para un pa&iacute;s, especialmente para el nuestro, que necesita importar trabajadores para pagar las pensiones. Todo lo que ha crecido el PIB en los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha sido gracias al aumento de poblaci&oacute;n y Espa&ntilde;a, adem&aacute;s, es un pa&iacute;s solidario, acogedor, que se da cuenta de la fortuna que tenemos y recuerda los tiempos en los que tambi&eacute;n a los espa&ntilde;oles les toc&oacute; emigrar. 
    </p><p class="article-text">
        Todo verdad. Todo cierto. Todo justo y moralmente intachable. Y sin embargo, pocas semanas despu&eacute;s, la primera encuesta sobre el tema tra&iacute;a se&ntilde;ales de alarma: a pesar de que el tema migratorio hab&iacute;a sido en los a&ntilde;os anteriores un terreno propicio para la izquierda, en esta ocasi&oacute;n &ldquo;la derecha estaba ganando el debate&rdquo;. El 60% de la ciudadan&iacute;a con nacionalidad espa&ntilde;ola considera que hay demasiados inmigrantes en el pa&iacute;s y solo el 37,6% aprueba la regularizaci&oacute;n extraordinaria impulsada por el Gobierno.
    </p><p class="article-text">
        La verdad no siempre gana la partida en pol&iacute;tica. Al contrario, cuando los datos y los hechos no son la sustancia real del debate, sino un s&iacute;mbolo; un espect&aacute;culo de sombras en la pared de una caverna donde se est&aacute; contando una historia que no se quiere nombrar, la verdad te puede costar un tema.
    </p><p class="article-text">
        Y es que el debate sobre la inmigraci&oacute;n no va en realidad sobre los inmigrantes, sino que expresa una ansiedad cultural y econ&oacute;mica mucho m&aacute;s profunda. Lo que recogen una detr&aacute;s de otra todas las encuestas es que hasta dos tercios de la poblaci&oacute;n mundial piensa que las &eacute;lites de su pa&iacute;s ya no gobiernan para la mayor&iacute;a: que se han dado la vuelta y solo velan por sus intereses. Y este debate sobre la inmigraci&oacute;n se plantea como si existiera un trato de favor hacia esas personas que vienen de fuera. As&iacute; que cuando la gente habla de los inmigrantes, est&aacute; hablando de s&iacute; misma. El debate sobre la inmigraci&oacute;n es la forma en la que una parte de la sociedad verbaliza esa preocupaci&oacute;n por estar siendo desplazada del centro de la vida. La regularizaci&oacute;n es el pretexto que tiene a mano para decirlo.
    </p><p class="article-text">
        Cuando un gobierno anuncia a bombo y platillo que se va a regularizar a medio mill&oacute;n de inmigrantes, cuando algunos partidos y algunos medios, con muy buena intenci&oacute;n, defienden la medida enumerando las virtudes de la inmigraci&oacute;n, lejos de disipar las dudas que pudieran tener esas personas, las confirman. Perd&oacute;n por la broma con un tema tan serio, pero es como si tu pareja te reprocha que ya no le haces caso, que siempre est&aacute;s con otra persona, y t&uacute; le contestas intentando convencerle/a de lo estupenda que es ese otro se&ntilde;or o se&ntilde;ora. 
    </p><p class="article-text">
        Por eso el proceso de regularizaci&oacute;n est&aacute; torciendo un debate que parec&iacute;a ganado, pero solo mientras no se hubiera abierto. Al contrario, cuanto m&aacute;s avance este tema en el espacio p&uacute;blico, si no se atienden esos miedos de una parte muy relevante de la poblaci&oacute;n, mayor ser&aacute; su impacto sobre la ciudadan&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Ayer Feij&oacute;o abri&oacute; otro mel&oacute;n exactamente igual a este en torno al absentismo laboral. Y los partidos de la izquierda volvieron a caer en la misma trampa. La &uacute;nica diferencia es que esta vez no es un charco menor, sino que esta es la gran trampa para osos de nuestro tiempo pol&iacute;tico; la caja de los truenos de la democracia: la guerra cultural global por el trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Resulta que la izquierda, desde hace al menos un siglo, hab&iacute;a tenido a su favor que era la representante de los trabajadores. Y como ese grupo reun&iacute;a a la inmensa mayor&iacute;a de los votantes bajo una identidad compartida, esta era una ventaja competitiva inmejorable. Los partidos de la izquierda, que a lo largo de toda la geograf&iacute;a occidental se llamaban &ldquo;Partido Laborista&rdquo;, &ldquo;Partido Socialista Obrero&rdquo; o &ldquo;Partido de los Trabajadores&rdquo;, sal&iacute;an a la carrera electoral con varios cuerpos de ventaja.
    </p><p class="article-text">
        Pero hoy esa identidad est&aacute; atravesada por una gran fractura entre quienes siguen creyendo que el trabajo es la fuente de la dignidad, de la identidad y de la ciudadan&iacute;a y quienes ya viven como si el empleo fuera solo una parte de la vida &mdash;ni la m&aacute;s importante ni la que define a nadie&mdash; y piden que las instituciones dejen de tratarlo como el centro de la vida social.
    </p><p class="article-text">
        Esa fractura parte hoy a la izquierda por la mitad. Porque las clases culturales, creativas y urbanas que conforman buena parte de la militancia de los partidos, junto con las generaciones m&aacute;s j&oacute;venes, han empezado a desarrollar una sensibilidad poslaboralista. Mientras tanto, otra porci&oacute;n muy significativa de sus votantes sigue sin encontrar una fuente de dignidad, de identidad y de participaci&oacute;n social m&aacute;s all&aacute; del trabajo. Ni los partidos ni los sindicatos han sabido todav&iacute;a construir un horizonte com&uacute;n en el que unos y otros puedan reconocerse.
    </p><p class="article-text">
        Para navegar esa contradicci&oacute;n, buena parte de la izquierda occidental ha ido desplazando el centro de gravedad de su proyecto pol&iacute;tico desde el trabajo hacia la ciudadan&iacute;a, ampliando derechos y prestaciones cada vez menos vinculados al empleo: el ingreso m&iacute;nimo vital, las ayudas por hijo a cargo, la extensi&oacute;n de los permisos parentales o las rentas garantizadas son ejemplos de estas pol&iacute;ticas.
    </p><p class="article-text">
        Aunque en Espa&ntilde;a llegamos a esto con cierto retraso, en Europa hace varias d&eacute;cadas que se produjo este debate. En Reino Unido, por ejemplo, los gobiernos laboristas impulsaron hace d&eacute;cadas este tipo de medidas con la convicci&oacute;n de que proteg&iacute;an a la clase trabajadora. Con el tiempo, apareci&oacute; en el imaginario colectivo la imagen del &ldquo;perceptor de ayudas&rdquo;: alguien presentado como dependiente del Estado, ajeno a la cultura del esfuerzo y sostenido por los impuestos de quienes s&iacute; trabajaban, y el debate dej&oacute; de enfrentar a trabajadores y propietarios para enfrentar a trabajadores y esos perceptores. 
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, la derecha pudo empezar a presentarse como la aut&eacute;ntica defensora de quienes madrugan, pagan impuestos y sostienen el pa&iacute;s; como adalid del esfuerzo, mientras retrataba a la izquierda como la representante de quienes viven de las transferencias p&uacute;blicas. Da igual hasta qu&eacute; punto esa caricatura fuera cierta. Igual que ocurr&iacute;a con la inmigraci&oacute;n, la batalla nunca fue sobre los datos. Iba sobre qui&eacute;n representaba moralmente al trabajador.
    </p><p class="article-text">
        Este es el debate que est&aacute; intentando abrir la derecha en Espa&ntilde;a y en el resto de Europa. Uno para el que una izquierda poslaborista no tiene respuesta a&uacute;n. Por m&aacute;s que las palabras de ayer de Feij&oacute;o no fueran las m&aacute;s adecuadas, es innegable que arrojaron muy buenos resultados, a juzgar por el volumen de respuesta que ha generado. 
    </p><p class="article-text">
        La izquierda har&iacute;a bien en no poner el pi&ntilde;&oacute;n fijo y pararse a pensar una respuesta m&aacute;s meditada a esta cuesti&oacute;n. Har&iacute;a bien en darse cuenta de que aqu&iacute; puede perder algo mucho m&aacute;s importante que unas elecciones: puede perder el monopolio simb&oacute;lico de la representaci&oacute;n del trabajo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/disputado-voto-trabajadores_129_13366749.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Jul 2026 19:25:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El disputado voto de los trabajadores]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El imperio desnudo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/imperio-desnudo_129_13349385.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/343cf9d3-b975-437b-aff2-0bc88553cc01_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El imperio desnudo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este próximo sábado se cumplen 250 años de la fundación de los Estados Unidos de América y nadie, a ningún lado del Atlántico, se atreve a decir que el imperio está desnudo</p></div><p class="article-text">
        De todos los momentos de verg&uuml;enza ajena que nos ha regalado en los &uacute;ltimos a&ntilde;os la Casa Blanca, para m&iacute; los peores son esas reuniones en las que un mont&oacute;n de hombres adultos se transfiguran en bufones para hacerle la pelota a Trump con un servilismo digno de los lacayos de la corte de Luis XVI.
    </p><p class="article-text">
        Hace unos d&iacute;as, Mark Rutte, quien fue primer ministro de los Pa&iacute;ses Bajos y es el actual secretario general de la OTAN, protagoniz&oacute; una de esas escenas. Durante una rueda de prensa conjunta en la Casa Blanca, rodeado de la troupe habitual de palmeros del presidente,&nbsp;Rutte elogi&oacute; la &ldquo;gran visi&oacute;n&rdquo; de Trump y se deshizo en halagos sobre su &ldquo;liderazgo valiente&rdquo;. Gracias a Trump y solo a &eacute;l, Europa estaba invirtiendo mucho dinero en defensa. &iexcl;Mucho!. Todo explicado en palabras simples, repetidas, contundentes. Como quien le habla a un ni&ntilde;o, o a un demente.
    </p><p class="article-text">
        Dicen que Di&oacute;genes estaba un d&iacute;a sentado en el suelo de una calle de Atenas, comiendo un plato de lentejas, cuando se le acerc&oacute; otro fil&oacute;sofo. &ldquo;Diog&eacute;nes, si hubieras aprendido a adular al emperador, no tendr&iacute;as que estar aqu&iacute; comiendo lentejas&rdquo;. &ldquo;Puede ser&rdquo;, contest&oacute; Di&oacute;genes, &ldquo;pero de lo que estoy seguro es de que si t&uacute; hubieras aprendido a comer lentejas, no tendr&iacute;as que adular al emperador&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Rutte, al parecer, es al&eacute;rgico a las legumbres.
    </p><p class="article-text">
        Observando estas escenas que no dejan de llegar desde Washington, no te puedes quitar de la cabeza la sensaci&oacute;n de estar viendo una pel&iacute;cula. O mejor dicho, un cuento. Ese en el que un emperador muy vanidoso se deja convencer por unos estafadores de que le han hecho un traje bell&iacute;simo, de oro y telas preciosas, pero que solo pueden ver los virtuosos. Convencido, el mandam&aacute;s se enfunda en el vestuario ficticio y pasea por la corte en pelota picada, mientras todos los cortesanos aplauden, le adulan y fingen contemplar la magnificencia de unas vestiduras que no existen. Nadie se atreve a decirle que est&aacute; desnudo.
    </p><p class="article-text">
        Solo que en nuestro cuento no es el emperador, sino el imperio, el que est&aacute; al descubierto. Este pr&oacute;ximo s&aacute;bado se cumplen 250 a&ntilde;os de la fundaci&oacute;n de los Estados Unidos de Am&eacute;rica y nadie, a ning&uacute;n lado del Atl&aacute;ntico, se atreve a decir que el imperio est&aacute; desnudo.
    </p><p class="article-text">
        Y podr&iacute;a perderme en el laberinto de los datos: decir que la deuda p&uacute;blica ya roza el 123% del PIB, que la desigualdad est&aacute; en su m&aacute;ximo hist&oacute;rico y que el 1% m&aacute;s rico acapara casi el 32% de toda la riqueza nacional, que la esperanza de vida sigue tres a&ntilde;os y medio por debajo de la media de los pa&iacute;ses ricos, a pesar de que Estados Unidos gasta el doble en sanidad; que las solicitudes de patentes cayeron un 9% el a&ntilde;o pasado, mientras en China no han dejado de aumentar. Contar c&oacute;mo la epidemia de opioides se sigue llevando por delante las vidas de 55.000 cada a&ntilde;o; que el sistema educativo ronda los &uacute;ltimos puestos de la OCDE en matem&aacute;ticas. Pero la explicaci&oacute;n del deterioro del imperio americano es mucho m&aacute;s sencilla, como lo son la mayor&iacute;a de las cosas importantes: Estados Unidos no tiene un plan para el mundo, no tiene un ideal para Occidente, desde Obama.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante casi 70 a&ntilde;os las &eacute;lites americanas hab&iacute;an blandido una idea hegem&oacute;nica sobre lo que deb&iacute;a ser la sociedad. Para Roosevelt fueron las &ldquo;Cuatro Libertades&rdquo;, un proyecto ambicioso que justific&oacute; la intervenci&oacute;n del Estado en la econom&iacute;a y dio lugar a los estados del bienestar. Para Reagan, era la libertad econ&oacute;mica. Para Clinton fue la promesa de la sociedad del conocimiento y para Bush, la idea del &ldquo;sue&ntilde;o americano&rdquo; materializado en la propiedad de la vivienda. <em>Yes, we can</em>, esa idea que se hizo tan vieja, tan deprisa, de que todos pod&iacute;amos ser iguales, fue la &uacute;ltima gran misi&oacute;n del imperio. Despu&eacute;s, no vino nada m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Desde que la crisis de 2008 acab&oacute; con la promesa del crecimiento infinito y con el &ldquo;sue&ntilde;o americano&rdquo;, la sociedad estadounidense ha ido dando tumbos, rehuyendo las grandes preguntas, buscando culpables, metiendo la cabeza en el hoyo de la guerra o de las drogas o de la polarizaci&oacute;n o, en los &uacute;ltimos meses, en la utop&iacute;a tecnoutopista de la IA. Cualquier cosa con tal de no enfrentarse a la m&aacute;s cruda de las realidades. Y es que, como pa&iacute;s, no tienen otro ideal que proponerle al mundo para el siglo XXI.
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a que nos demos cuenta de que esto es lo que nos ocurre, el d&iacute;a que llegue un ni&ntilde;o que diga que el imperio est&aacute; desnudo, no ser&aacute; tan dif&iacute;cil pensar en otra cosa distinta para reemplazarlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/imperio-desnudo_129_13349385.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Jul 2026 19:54:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El imperio desnudo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El arte de leer el bochorno]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/arte-leer-bochorno_129_13330270.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/ffe10c2d-3a7d-43ce-98f0-181aaf8c82ba_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El arte de leer el bochorno"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No me sorprendería que esta demostración de fuerza del deep state judicial impulsara la confluencia que las izquierdas alternativas no han conseguido conjurar por sí mismas</p></div><p class="article-text">
        En la &uacute;ltima temporada de <em>El ala oeste de la Casa Blanca</em>, el candidato dem&oacute;crata a la presidencia del gobierno de EE.UU. est&aacute; en serios apuros. Su contrincante, Arnold Vinick, le saca una pegajosa ventaja en las encuestas. Por m&aacute;s que los dem&oacute;cratas intentan recortar, la experiencia de Vinick y la habilidad pol&iacute;tica de su <em>spin doctor,</em> Bruno Gianelli, neutralizan una y otra vez sus maniobras. Entonces ocurre algo que deber&iacute;a cambiarlo todo: una central nuclear en California sufre un accidente que amenaza con convertirse en un desastre. Vinick siempre ha sido pro nuclear mientras que Matt Santos, el dem&oacute;crata, ha abogado por sacar las centrales del pool energ&eacute;tico. Sobre el papel, la crisis deber&iacute;a hundir la campa&ntilde;a republicana.
    </p><p class="article-text">
        Pero la pol&iacute;tica rara vez sigue el guion.
    </p><p class="article-text">
        A medida que pasan los d&iacute;as, Alda resiste los ataques, mantiene su apoyo a las nucleares y lo convierte en una demostraci&oacute;n de convicci&oacute;n y de principios. Tan bien lo hace, que termina recuperando la iniciativa. Mientras tanto, en el campo dem&oacute;crata crece la desesperaci&oacute;n: la victoria parece escurrirse entre sus dedos justo cuando deber&iacute;a ser m&aacute;s f&aacute;cil agarrarla.
    </p><p class="article-text">
        En esa tensi&oacute;n, un asesor dem&oacute;crata descubre que Vinick hab&iacute;a hecho lobby para facilitar la puesta en marcha de la central. Si esa informaci&oacute;n sale a la luz, coinciden todos los protagonistas, la campa&ntilde;a republicana estar&aacute; acabada. Es el tipo de revelaci&oacute;n de la que nadie, ni los mejores operativos, se recupera.
    </p><p class="article-text">
        Pero Vinick tambi&eacute;n sabe que los dem&oacute;cratas tienen esa informaci&oacute;n. Y hace un c&aacute;lculo pol&iacute;tico brillante: no intenta ocultarla y no intenta adelantarse. Espera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Su estrategia consiste en producir una calma tensa. Desaparecer del plano, no decir nada y dejar que sean sus adversarios quienes la hagan p&uacute;blica. Cuando eso ocurra, responder&aacute; acus&aacute;ndolos de utilizar una tragedia para obtener ventaja electoral. La discusi&oacute;n dejar&aacute; de centrarse en la central nuclear y pasar&aacute; a girar en torno a la falta de escr&uacute;pulos de Santos. La historia del lobby quedar&aacute; enterrada bajo otra m&aacute;s poderosa y podr&aacute; salir reforzado del momento m&aacute;s dif&iacute;cil de la campa&ntilde;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En la oposici&oacute;n en Espa&ntilde;a debieron perderse ese episodio. De otra manera no se explica la alegr&iacute;a con la que celebran la sucesi&oacute;n de sentencias, filtraciones y decisiones judiciales dif&iacute;ciles de explicar que estamos viviendo.
    </p><p class="article-text">
        En la opini&oacute;n p&uacute;blica &mdash;al menos, en la izquierda-&ndash; esas actuaciones cumplen una funci&oacute;n muy parecida a la revelaci&oacute;n de los documentos sobre la central nuclear. Los casos de corrupci&oacute;n son una verg&uuml;enza para el gobierno, pero si las sentencias se perciben como injustas o interesadas, la lectura jur&iacute;dica queda inmediatamente sepultada por una nueva historia que es, quiz&aacute;, la &uacute;nica capaz de tapar o de neutralizar el olor que desprende en estos momentos el PSOE. La idea de que existe una parte del aparato judicial que est&aacute; dispuesta a estirar la legalidad para conseguir que solo gobierne quien cuenta con su benepl&aacute;cito.
    </p><p class="article-text">
        Y este es un momento de bochorno pol&iacute;tico en la izquierda. Es verdad, parece que no queda nada a lo que agarrarse que no est&eacute; cubierto de mierda &ndash;perd&oacute;n por la expresi&oacute;n. Pero bochorno es, de hecho, la palabra m&aacute;s adecuada para describir este momento. La sensaci&oacute;n se parece mucho a la que precede a una tormenta de verano, cuando el calor y la humedad quedan atrapados bajo una capa de aire fr&iacute;o y la atm&oacute;sfera adquiere esa densidad extra&ntilde;a que hace que todo parezca inm&oacute;vil. El aire se vuelve tan pesado que cuesta respirar y todo el mundo est&aacute; como loco porque empiece a llover y se nos quite el dolor de cabeza.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No hay m&aacute;s que abrir un peri&oacute;dico para comprender que hoy la realidad compartida se ha vuelto tan densa que mucha gente est&aacute; pidiendo a voces que pase algo que acabe con este <em>impasse</em>. Y en Espa&ntilde;a, este pa&iacute;s que arrastra un d&eacute;ficit cr&oacute;nico de emprendedores econ&oacute;micos, nunca han faltado los emprendedores pol&iacute;ticos. Hoy las redes sociales est&aacute;n llenas de ellos: los hay a izquierda y derecha, aunque abundan especialmente en la extrema derecha.
    </p><p class="article-text">
        En <em>El ala oeste de la Casa Blanca</em>, al final del episodio, la camarilla dem&oacute;crata capitula. El jefe de gabinete de Santos env&iacute;a a una colaboradora a filtrar la historia a la prensa, con tan buena suerte que ella llega a cumplir su misi&oacute;n justo en el momento en el que los periodistas acaban de encontrar la noticia por s&iacute; mismos. Salvados por la campana, la campa&ntilde;a de Vinick se ve atrapada entre un mont&oacute;n de preguntas de dif&iacute;cil respuesta sobre la central y los dem&oacute;cratas terminan por ganar las elecciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si yo tuviera que anticipar qu&eacute; va a ocurrir en los pr&oacute;ximos meses, dir&iacute;a que no ser&aacute; un tiempo manso. Al contrario: no me sorprender&iacute;a que esta demostraci&oacute;n de fuerza del <em>deep state</em> judicial impulsara la confluencia que las izquierdas alternativas no han conseguido conjurar por s&iacute; mismas. Tampoco descarto que haya, como est&aacute; pidiendo mucha gente, alg&uacute;n tipo de escisi&oacute;n o de movimiento en el PSOE. Si Pedro S&aacute;nchez consigue retomar la iniciativa y hacer un relato de la ofensiva judicial, tampoco ser&iacute;a extra&ntilde;o que la derecha piense que a Feij&oacute;o se le ha vuelto a escapar el presidente y haya bamboleos a ese lado de la bancada. En &uacute;ltima instancia, tampoco perder&iacute;a de vista la posibilidad de un nuevo <em>momento Podemos,</em> donde una iniciativa ciudadana harta del espect&aacute;culo bochornoso que nos est&aacute;n dando, suba a la palestra. Esa calma tensa, esa frustraci&oacute;n silenciosa que se respira en la sociedad de hoy nos dice que la tormenta est&aacute; cerca, lo que nadie puede decir exactamente es cu&aacute;ndo va a comenzar.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/arte-leer-bochorno_129_13330270.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 24 Jun 2026 20:00:33 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que Zapatero debería aprender de Graham Platner]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/zapatero-deberia-aprender-graham-platner_129_13313232.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f4b5b5cb-c49c-4c4f-b537-5a872893938d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1144945.jpg" width="1536" height="864" alt="Lo que Zapatero debería aprender de Graham Platner"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay muchas personas en España que piensan que en el caso Zapatero no va a haber ningún delito, pero sería difícil encontrar una que afirme que las cosas que estamos escuchando coinciden con lo que pensábamos sobre el expresidente hace seis meses</p></div><p class="article-text">
        Los lectores lo recordar&aacute;n: era un 14 de julio del a&ntilde;o 2010 y Zapatero anunciaba desde la tribuna del Congreso de los Diputados que su Gobierno har&iacute;a unos recortes hist&oacute;ricos para salvar al pa&iacute;s de un rescate financiero que, en aquel momento, parec&iacute;a casi asegurado: &ldquo;Voy a ejercer el principio de responsabilidad de un gobernante que es, precisamente, gobernar. Voy a seguir ese camino cueste lo que cueste. Y cueste&hellip; lo que me cueste.&rdquo;
    </p><p class="article-text">
        Era una declaraci&oacute;n de principios rotunda, muy parecida a las que le hab&iacute;amos escuchado en los momentos m&aacute;s duros de su gobierno. Id&eacute;ntica en la forma y en el fondo a la que ayer, al salir del juzgado, traslad&oacute; en un comunicado en el que ped&iacute;a a la ciudadan&iacute;a &ldquo;confianza&rdquo; en su inocencia y en la justicia. Tengan paciencia; con el tiempo, afirma el presidente, &ldquo;la verdad se abrir&aacute; pas&oacute;&rdquo;. Zapatero en estado puro.
    </p><p class="article-text">
        Y yo, que estoy de acuerdo con el contenido y lo dije aqu&iacute;, a pocas horas de que se conociera su imputaci&oacute;n, creo que este comunicado es un error de bulto.
    </p><p class="article-text">
        Porque la diferencia entre el a&ntilde;o 2010 y el 2026 es que hoy la mayor parte de la poblaci&oacute;n &ndash;en todo el mundo&ndash; alberga una desconfianza profunda hacia la clase pol&iacute;tica. Una falta de fe que no est&aacute; en absoluto infundada, m&aacute;s bien al contrario. En estos a&ntilde;os que han transcurrido desde la bonanza anterior a 2008, una parte importante de la ciudadan&iacute;a ha vivido con una inseguridad creciente. Al mismo tiempo, todos tenemos la sensaci&oacute;n de que los acontecimientos &ndash;como el COVID, o la invasi&oacute;n de Ucrania, o la de Gaza&mdash; se est&aacute;n acelerando sin que podamos ejercer alg&uacute;n control sobre lo que se avecina. Y en ese caldo de cultivo no dejamos de escuchar todos los d&iacute;as historias nuevas que nos recuerdan que las personas en las que hab&iacute;amos confiado para guiarnos en estos momentos dif&iacute;ciles no son quienes dec&iacute;an ser. Y a veces es porque han cometido un delito pero, otras, es simplemente porque la imagen que proyectaban de s&iacute; mismos no se corresponde con la realidad. 
    </p><p class="article-text">
        Y hoy hay muchas personas en Espa&ntilde;a que piensan que en el caso Zapatero no va a haber ning&uacute;n delito, pero ser&iacute;a dif&iacute;cil encontrar una que afirme que las cosas que estamos escuchando coinciden con lo que pens&aacute;bamos sobre el expresidente hace seis meses. Es evidente que su personaje p&uacute;blico y su persona, en privado, no eran iguales. Es esa sensaci&oacute;n de haber sido enga&ntilde;ados, por m&aacute;s que no haya crimen, la que duele y la que quiebra la confianza en las instituciones. 
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se puede sostener, en estos trances, esa confianza? No basta con pedir un acto de fe a los ciudadanos: la pol&iacute;tica tiene que hacer tambi&eacute;n una reflexi&oacute;n sobre la forma en que sus representantes se proyectan ante la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Porque esos pol&iacute;ticos inmaculados que nos cont&aacute;bamos en el siglo XX&mdash;los que no hab&iacute;an roto un plato en su vida, que no ten&iacute;an un mal pensamiento ni un vicio oculto, ni una debilidad humana que proteger&mdash; sencillamente no existen. Ni han existido nunca. Eso no son personas. Y para bien o para mal, en el siglo XXI, cuando el poder medi&aacute;tico ya no est&aacute; concentrado como estaba en los a&ntilde;os en los que viv&iacute;an aquellos personajes, todo termina por traslucir. 
    </p><p class="article-text">
        Zapatero podr&iacute;a aprender alguna cosa de un pol&iacute;tico inesperado al otro lado del Atl&aacute;ntico. En el diminuto estado de Maine, al norte de Estados Unidos, un exmarine reconvertido en candidato dem&oacute;crata al Senado amenaza seriamente con arrebatarle el esca&ntilde;o a la senadora republicana Susan Collins. Si lo consigue, su victoria ser&iacute;a decisiva para retirarle a Trump la mayor&iacute;a en la c&aacute;mara. Hay muchos intereses y mucho dinero en juego, y Graham Platner est&aacute; dando una batalla extraordinaria.
    </p><p class="article-text">
        Y eso que este hombre est&aacute; lejos de ser el candidato perfecto. Al contrario: si se ha convertido en una celebridad es porque su corta carrera pol&iacute;tica ha estado plagada por una sucesi&oacute;n de esc&aacute;ndalos que incluyen desde un tatuaje con simbolog&iacute;a nazi que se hizo una noche de borrachera en Croacia siendo marine, hasta algunos comentarios sobre violencia de g&eacute;nero que dej&oacute; durante a&ntilde;os en Reddit y la revelaci&oacute;n reciente de que intercambi&oacute; mensajes sexuales con distintas mujeres a pesar de que est&aacute; casado.
    </p><p class="article-text">
        Lo que le convierte en el pol&iacute;tico m&aacute;s innovador del momento, en mi opini&oacute;n, es que ante cada una de estas revelaciones ha respondido con algo que resulta al mismo tiempo pol&iacute;ticamente eficaz y extraordinariamente saludable para la democracia: el reconocimiento de su propia imperfecci&oacute;n. En lugar de responder, como ha hecho ZP, con un comunicado en defensa de su integridad como si aqu&iacute; no hubiera pasado nada, Platner lleva un a&ntilde;o contando la historia de un hombre que volvi&oacute; de la guerra con un trastorno de estr&eacute;s post-traum&aacute;tico, que pas&oacute; una &eacute;poca muy oscura, que ha hecho terapia, que ha atravesado una crisis profunda con su mujer y que sigue intentando entenderse a s&iacute; mismo. Un hombre que no sabe exactamente qui&eacute;n es todav&iacute;a, que sabe que est&aacute; lejos de ser perfecto, pero que no tiene ning&uacute;n problema en decirlo en voz alta.
    </p><p class="article-text">
        Claro que Zapatero no ha ido a la guerra. Pero tengo la sensaci&oacute;n de que todas estas cosas que est&aacute;n saliendo a la luz y que nos cuesta entender, a pesar de que no sean delitos &ndash;como la relaci&oacute;n profesional de sus clientes con la empresa de sus hijas&ndash; tienen tambi&eacute;n algo que ver con sus debilidades. Y creo que la mejor manera en que el expresidente podr&iacute;a contribuir a reforzar esa confianza en las instituciones es hablando de ello.
    </p><p class="article-text">
        Si lo hiciera, los dem&aacute;s nos har&iacute;amos un buen servicio si atendemos a sus explicaciones con compasi&oacute;n. Si queremos una clase pol&iacute;tica honesta, en la que podamos confiar y que no se corrompa, lo primero que tenemos que hacer es dejar de exigirles que mientan sobre s&iacute; mismos. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/zapatero-deberia-aprender-graham-platner_129_13313232.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 18 Jun 2026 08:40:21 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Lo que Zapatero debería aprender de Graham Platner]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Claro que hay que construir, la pregunta es cómo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/claro-hay-construir-pregunta_129_13292204.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/49d57b4f-db5a-4cf2-8588-49481c31a7d2_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Claro que hay que construir, la pregunta es cómo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Distintos líderes de opinión se han enzarzado a propósito de la vivienda: si es preferible construir obra nueva o limitarse a regular los usos y la fiscalidad de la que ya existe. Y en ese pleito ha ganado tracción una idea sorprendente: que construir vivienda hace subir los precios y que, por tanto, lo mejor es no construir nada. 
¿Es esto cierto? Desde luego que no</p></div><p class="article-text">
        En la f&aacute;bula de Esopo, una zorra hambrienta merodea una parra. Querr&iacute;a hincarle el diente a un racimo de uvas, pero est&aacute;n demasiado lejos; fuera de su alcance. Cansada de intentarlo, la zorra cambia de opini&oacute;n: &ldquo;Puagh, seguro que est&aacute;n avinagradas&rdquo;. Y se marcha.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;No nos pasa a las sociedades occidentales algo as&iacute; como a esa zorra? A falta de un futuro que podamos imaginar a nuestro alcance, nos hemos convencido de que el que vendr&aacute; se ha puesto malo y no merece la pena ni salir a buscarlo.
    </p><p class="article-text">
        De otra manera no se explica el manifiesto que ha publicado esta semana Thomas Piketty, uno de los economistas m&aacute;s relevantes de nuestro tiempo. En &eacute;l, propone crear un impuesto global a la riqueza para nutrir un &ldquo;Fondo de Justicia Global&rdquo; &ndash;una especie de nuevo organismo supranacional encargado de redistribuir en torno al 10% del PIB mundial&ndash;; la convergencia de todos los pa&iacute;ses hacia una renta de unos 5.000 euros mensuales per c&aacute;pita en 2100 &ndash;lo que implica poner un techo dur&iacute;simo al crecimiento de los pa&iacute;ses ricos&mdash;; una reducci&oacute;n de la jornada laboral a la mitad; el trasvase del empleo hacia la educaci&oacute;n, la sanidad y los servicios p&uacute;blicos, que absorber&iacute;an el 43% de las horas trabajadas; y una serie de cambios en la dieta que permitan devolver los bosques a su extensi&oacute;n de 1900.
    </p><p class="article-text">
        Una dur&iacute;sima agenda decrecentista con dos objetivos: conseguir una reducci&oacute;n dr&aacute;stica de la desigualdad &ndash;hasta el punto de que la mitad m&aacute;s pobre del planeta pase de poseer el 2% de la riqueza mundial al 30%, mientras los milmillonarios desaparecen&ndash; y mantener el calentamiento en 1,8 grados a final de siglo.
    </p><p class="article-text">
        Dejemos incluso a un lado lo evidente: nada de esto puede hacerse sin un consenso planetario &ndash;dentro de los pa&iacute;ses y entre todos ellos&ndash; que hoy no existe ni se le espera. Lo que de verdad es extraordinario es esto otro: que 45 de las mejores cabezas de nuestro tiempo se hayan reunido a imaginar el a&ntilde;o 2100 y que de ese ejercicio no haya salido ni una sola idea de futuro que sea <em>mejor</em> que el presente. Lo m&aacute;s parecido a una utop&iacute;a que han sabido dibujar estos autores es esto mismo, pero administrado: la misma renta que hoy tiene un estadounidense, repartida con justicia y a salvo del clima. Hay quien pensar&aacute; que es lo m&aacute;ximo a lo que cabe aspirar. Pero yo no me lo creo. Creo que no es que las uvas est&eacute;n amargas, sino que simplemente nos hemos convencido de que no las podemos alcanzar.
    </p><p class="article-text">
        Algo de esto viene de lejos. Los estados del bienestar que Occidente levant&oacute; tras la Segunda Guerra Mundial fueron, durante d&eacute;cadas, una formidable m&aacute;quina de producir futuro: sanidad y educaci&oacute;n universales, universidades llenas de hijos de trabajadores y parques de vivienda en expansi&oacute;n. Pero hacia los a&ntilde;os noventa aquella m&aacute;quina hab&iacute;a alcanzado ya la mayor parte de sus objetivos y la pol&iacute;tica descubri&oacute; que con la meta cumplida se le hab&iacute;a agotado tambi&eacute;n el mapa. Se qued&oacute; sin una teor&iacute;a del cambio: sin una idea articulada sobre c&oacute;mo se fabrica el porvenir.
    </p><p class="article-text">
        El hueco lo ocup&oacute; otra teor&iacute;a, la del Estado peque&ntilde;o, que delegaba en el mercado la tarea de traer el progreso. Pero aquel mecanismo tambi&eacute;n muri&oacute;, en 2008, sepultado bajo los escombros de Lehman Brothers. Y aqu&iacute; estamos, casi dos d&eacute;cadas despu&eacute;s de aquella crisis, sin que ni la izquierda ni la derecha hayan repuesto el instrumento perdido. Ninguna tiene hoy una teor&iacute;a del cambio, ni un m&eacute;todo para transformar la sociedad y no solo para gestionarla.
    </p><p class="article-text">
        Hu&eacute;rfanos de ese instrumento, los partidos centrales del sistema &mdash;los que deber&iacute;an liderar el progreso&mdash; ya no saben hacia d&oacute;nde conducirnos. Y se han ido refugiando en la cr&iacute;tica de su propio funcionamiento: en la denuncia del adversario y en la promesa cada vez m&aacute;s modesta de que las cosas, al menos, no empeoren. De ofrecer un destino la pol&iacute;tica ha pasado a ofrecer un resguardo frente al colapso.
    </p><p class="article-text">
        La paradoja de todo esto es que es exactamente esa deriva la que nos conduce al colapso. Y es que todas nuestras instituciones &mdash;las pensiones, la dependencia, la solidaridad intergeneracional, la movilidad social&ndash; necesitan para existir una idea compartida de progreso. No necesariamente de progreso material, pero indudablemente de progreso compartido: una raz&oacute;n &uacute;ltima para caminar y construir juntos; una apuesta por nuestras propias capacidades; la convicci&oacute;n de que somos due&ntilde;os de nuestro destino, y no solo v&iacute;ctimas en manos de grandes amenazas.
    </p><p class="article-text">
        Cuando no somos capaces de parar esta tentaci&oacute;n en su infancia, estas ideas se filtran hasta cada rinc&oacute;n del debate pol&iacute;tico. Estas semanas, por ejemplo, en Twitter, distintos l&iacute;deres de opini&oacute;n se han enzarzado a prop&oacute;sito de la vivienda: si es preferible construir obra nueva o limitarse a regular los usos y la fiscalidad de la que ya existe. Y en ese pleito ha ganado tracci&oacute;n una idea sorprendente: que construir vivienda hace subir los precios y que, por tanto, lo mejor es no construir nada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Es esto cierto? Desde luego que no. Es un espejismo que solo se sostiene si solamente prestamos atenci&oacute;n al ciclo 1990-2008. Pero en Espa&ntilde;a se construy&oacute; m&aacute;s que nunca en los sesenta y en los setenta sin que se produjera esa correlaci&oacute;n y, al contrario, en los &uacute;ltimos diez a&ntilde;os no se ha construido nada y el precio no ha dejado de subir. Si se ampl&iacute;a el foco a los &uacute;ltimos 75 a&ntilde;os, la correlaci&oacute;n se esfuma. Y se esfuma porque la vivienda no funciona como un bien de mercado corriente, <a href="https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/sube-precio-vivienda_129_13199806.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">como he argumentado por aqu&iacute; alguna vez</a>, sino como un stock: cada vivienda es, en el fondo, es una peque&ntilde;a participaci&oacute;n en la propiedad de una ciudad. Cuando los pa&iacute;ses hacen una <em>ampliaci&oacute;n de ese capital</em> y prometen que sus acciones se revalorizar&aacute;n hasta el infinito &ndash;que fue lo que pas&oacute; en la burbuja hipotecaria&ndash; los precios suben. Pero si no lo promete, no lo har&aacute;n. Lo que encarece la vivienda no es construir: es la expectativa, alimentada por todos, de que sea un activo que nunca baja.
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                Viviendas construidas por décadas y precios reales.                            </span>
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        Dicho de otra manera: claro que se puede y se debe construir. No solo porque es posible, sino porque es necesario. Y no para que bajen los precios, sino para recuperar la ambici&oacute;n de construir el futuro.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Qu&eacute; herramientas podemos encontrar, en el siglo XXI, cuando los estados no son lo que eran en 1970, cuando las organizaciones que construyeron el parque actual &mdash;fundaciones, cajas de ahorros, universidades, empresas, la iglesia&ndash;- ya no est&aacute;n en disposici&oacute;n de encargarse? La pregunta no es si debemos o no construir. La pregunta es c&oacute;mo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/claro-hay-construir-pregunta_129_13292204.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 10 Jun 2026 20:18:47 +0000]]></pubDate>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Curaremos el cáncer]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/curaremos-cancer_129_13273561.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/42c4ae7c-e112-43cb-9478-6818ac881b28_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Curaremos el cáncer"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Me asombra la dedicación de esos equipos médicos que están haciendo un esfuerzo extraordinario para trasladar esos resultados en tiempo récord a su práctica diaria, por encima de todas las dificultades</p></div><p class="article-text">
        Hace un par de semanas, una peque&ntilde;a pol&eacute;mica sacudi&oacute; el festival de Cannes. La proyecci&oacute;n de la pel&iacute;cula revelaci&oacute;n del a&ntilde;o, la espa&ntilde;ola &ldquo;La bola negra&rdquo;, hab&iacute;a recibido una ovaci&oacute;n continuada que se prolong&oacute; a lo largo de 20 minutos. La pel&iacute;cula es estupenda, dec&iacute;an los entendidos, pero aquello era un poco exagerado. En el festival hay inflaci&oacute;n de aplausos: las distribuidoras conspiran con ciertos elementos del p&uacute;blico para que, colocados estrat&eacute;gicamente, espoleen al resto del auditorio a performar esos arranques de entusiasmo desaforado.
    </p><p class="article-text">
        Que se sepa, este peque&ntilde;o truco de marketing no ha llegado a&uacute;n a la medicina. As&iacute; que cuando el pasado domingo <a href="https://x.com/DrSamuelBHume/status/2061225858384248845" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">diez mil onc&oacute;logos, reunidos en ASCO, el congreso sobre el c&aacute;ncer m&aacute;s importante del mundo, se pusieron en pie entre aplausos, v&iacute;tores y exclamaciones</a>, hay que creer que algo importante estaba ocurriendo. Celebraban los resultados de un nuevo f&aacute;rmaco que ha demostrado duplicar la supervivencia de los pacientes con c&aacute;ncer de p&aacute;ncreas metast&aacute;sico, el tumor m&aacute;s dif&iacute;cil: la &uacute;ltima frontera de esta enfermedad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Daraxonrasib, que es como se llama este medicamento, ha sido el gran protagonista del a&ntilde;o porque representa el primer avance significativo en d&eacute;cadas contra un mecanismo que parec&iacute;a infranqueable. Pero no ha sido el &uacute;nico. Tambi&eacute;n hubo resultados notables en c&aacute;ncer de pr&oacute;stata y de mama. Adem&aacute;s, las vacunas de ARNm &ndash;la misma tecnolog&iacute;a que se populariz&oacute; con el COVID&ndash; est&aacute;n mostrando resultados muy prometedores en muchos tipos de tumor. Una vacuna personalizada contra el melanoma redujo a la mitad el riesgo de que el c&aacute;ncer reaparezca al cabo de cinco a&ntilde;os mientras que en c&aacute;ncer de p&aacute;ncreas los resultados fueron a&uacute;n m&aacute;s esperanzadores: casi el 90% de los pacientes cuyo sistema inmune respondi&oacute; a la vacuna segu&iacute;an vivos hasta seis a&ntilde;os despu&eacute;s, frente a una supervivencia habitual a cinco a&ntilde;os que apenas supera el 13%.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por si esto fuera poco, los f&aacute;rmacos tipo GLP-1 (como Ozempic y Mounjaro), adem&aacute;s de funcionar contra la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, est&aacute;n demostrando ser eficaces tambi&eacute;n para reducir la incidencia de muchos tumores.
    </p><p class="article-text">
        Estamos ganando la batalla contra el c&aacute;ncer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y a m&iacute; me pilla particularmente sensibilizada porque solo hace unos meses que una de mis mejores amigas recibi&oacute; el &ldquo;all clear&rdquo; al final de un tratamiento contra la forma m&aacute;s agresiva de c&aacute;ncer de mama, y aquello fue en el mismo mes en el que a mi padre le diagnosticaron otro de vejiga. Y lo que he podido observar en estos meses, en primera l&iacute;nea, es c&oacute;mo esos resultados cient&iacute;ficos est&aacute;n llegando en tiempo real a la vida de la gente. Un nuevo f&aacute;rmaco, una t&eacute;cnica quir&uacute;rgica mucho menos invasiva que las anteriores y la inmunoterapia les han permitido pasar por todo esto con una fracci&oacute;n del sufrimiento que habr&iacute;an soportado hace un pu&ntilde;ado de a&ntilde;os y mucha m&aacute;s esperanza en una curaci&oacute;n completa.
    </p><p class="article-text">
        Y me ocurre, como a casi todo el mundo en estos casos, que me asombra la dedicaci&oacute;n de esos equipos m&eacute;dicos que est&aacute;n haciendo un esfuerzo extraordinario para trasladar esos resultados en tiempo r&eacute;cord a su pr&aacute;ctica diaria, por encima de todas las dificultades.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n me da por pensar en c&oacute;mo, en mi generaci&oacute;n, a menudo nos repetimos a nosotros mismos esa idea de que &ldquo;viviremos peor que nuestros padres&rdquo; cuando no es verdad. No solo somos la &iquest;segunda? generaci&oacute;n en la historia completa de la evoluci&oacute;n que no tiene que temer que se le mueran los hijos; es que con un poquito m&aacute;s de suerte vamos a ser la primera cohorte, entre 12.000 generaciones de homo sapiens que nos antecedieron, que no tendr&aacute; que ver a sus padres &ndash;ni a sus amigos&ndash; morir demasiado mal y demasiado pronto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Y nosotros? Viviremos m&aacute;s. Quiz&aacute; m&aacute;s de 100 a&ntilde;os. Con toda probabilidad mucho mejor que quien nos antecedi&oacute;. La ciencia, el conocimiento y la cooperaci&oacute;n humana nos han regalado un horizonte de vida in&eacute;dito, inimaginable, que seremos los primeros en disfrutar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;A qu&eacute; otro patrimonio queremos aspirar? &iquest;En qu&eacute; consiste la riqueza, si no era esto?
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/curaremos-cancer_129_13273561.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 03 Jun 2026 20:52:00 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Curaremos el cáncer]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cada persona, un estandarte]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/persona-estandarte_129_13255252.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/3e35944b-6f70-4734-ac39-b052336b469a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cada persona, un estandarte"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Lo que de verdad nos amenaza no es ni la fiscalía, ni los jueces, ni la trama, ni la conspiración. El peligro, exactamente igual que en la guerra, es que cada cual eche a correr por su lado y deje de creer, como país, en nosotros mismos</p></div><p class="article-text">
        En el invierno del a&ntilde;o 57 antes de Cristo, el ej&eacute;rcito romano comandado por Julio C&eacute;sar se adentraba en el territorio de los belgas, en lo que hoy es el norte de Francia y B&eacute;lgica. C&eacute;sar iba en busca de los nervios, la tribu m&aacute;s feroz de la zona y la que con m&aacute;s determinaci&oacute;n rechazaba la influencia y el comercio con Roma. Hab&iacute;a escuchado que estaban formando una alianza contra su hegemon&iacute;a y quer&iacute;a pararles los pies en seco. Y parec&iacute;a estar en lo cierto, porque en una pausa del camino, mientras las legiones estaban dispersas instalando el campamento a orillas del r&iacute;o Sabis, los nervios le tendieron a los romanos una emboscada.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Llevaban d&iacute;as apostados en el bosque, esperando el momento preciso para pillar a las tropas desprevenidas, entre el avituallamiento y la log&iacute;stica de un ej&eacute;rcito imperial. Fue de las pocas veces en toda la campa&ntilde;a en que C&eacute;sar estuvo a punto de ser derrotado: el ataque fue tan s&uacute;bito que los invasores no tuvieron tiempo ni de formar ni de levantar los estandartes.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuenta el propio C&eacute;sar en La guerra de las Galias que cuando vio al enemigo descender sobre el campamento, &ldquo;tomando el escudo de un soldado de las &uacute;ltimas filas, pues &eacute;l mismo hab&iacute;a llegado all&iacute; sin escudo, avanz&oacute; hasta la primera l&iacute;nea y, llamando a los centuriones por su nombre y arengando al resto de los soldados, les orden&oacute; avanzar con los estandartes y abrir las filas para poder manejar mejor las espadas.&rdquo; Julio C&eacute;sar, como todo general que se precie, sab&iacute;a que un ej&eacute;rcito es tan poderoso como lo sea su formaci&oacute;n. Al contrario: desprevenidos, desorientados y desarmados, los 30.000 hombres que comandaba val&iacute;an poco m&aacute;s que un pu&ntilde;ado de gallinas indefensas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como los ej&eacute;rcitos, las sociedades &ndash;y en realidad todos los sistemas complejos&ndash; son tan resistentes como lo sean sus estructuras. Un edificio imponente se vendr&aacute; abajo si somos capaces de descalzar una sola de sus cruj&iacute;as y una comunidad entera se desmoronar&aacute; si las personas que sostienen sus acuerdos m&aacute;s elementales salen despavoridas en todas direcciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como C&eacute;sar, hoy los occidentales estamos librando una batalla. No es una guerra local, est&aacute; ocurriendo en todos los pa&iacute;ses al mismo tiempo. Y convendr&iacute;a que no nos equivoc&aacute;ramos: no es una batalla entre la izquierda y la derecha. Es una refriega entre quienes creemos que la democracia funciona y sigue siendo el mejor sistema del que nos hemos sabido dotar a lo largo de miles de a&ntilde;os de historia compartida y quienes sostienen que no, que la democracia solo funciona si los suyos est&aacute;n en el gobierno (y, seamos honestos, de estos hay en todas las ideolog&iacute;as).
    </p><p class="article-text">
        Y yo hoy conf&iacute;o en que t&uacute; seas de los que est&aacute; en mi l&iacute;nea del frente, porque vengo a llamarte por tu nombre y pedirte que sostengas la formaci&oacute;n. Y ya s&eacute; que yo no me parezco nada a un general romano pero t&uacute;, que te informas a diario, que compartes las noticias con tu entorno y que creas opini&oacute;n, eres un moderno centuri&oacute;n. En particular si eres una de esas personas que ten&iacute;an edad de comprender en los a&ntilde;os m&aacute;s dif&iacute;ciles de la democracia en Espa&ntilde;a, eres un centuri&oacute;n de la sociedad espa&ntilde;ola.
    </p><p class="article-text">
        T&uacute;, que has visto cosas peores que esta. Puede que el presente no sea el que hab&iacute;as imaginado, que sientas que ya no est&aacute;s en posici&oacute;n de cambiar el rumbo de la historia, que est&eacute;s decepcionado, cabreado y buscando a quien hacer responsable de todo lo que est&aacute; ocurriendo. Es comprensible. Pero hoy no te toca eso. Hoy nos toca a todos sostener la posici&oacute;n y seguir confiando y trasladando confianza.
    </p><p class="article-text">
        Mientras los titulares, cada cual m&aacute;s escandaloso que el anterior, silban como flechas sobre nuestras cabezas, hoy nos toca mantener la posici&oacute;n. La l&iacute;nea que estamos defendiendo no es la del gobierno. No es el honor de Zapatero. Ni siquiera es el PSOE. Es la idea de que este es, y va a seguir siendo, un pa&iacute;s democr&aacute;tico. Es la idea de que el Estado funciona. Que existe un sistema judicial entero capaz de determinar si alguien es culpable o inocente, y que mientras tanto rige la presunci&oacute;n de inocencia. Que con el tiempo las cosas ir&aacute;n cayendo en su sitio. Que hay una sociedad civil que sabr&aacute; responder con entusiasmo cuando haga falta, un sistema de partidos y un ecosistema de medios que terminar&aacute;n por encajar lo que est&aacute; ocurriendo y por adaptarse, porque eso es justo lo que han hecho siempre. No aspiramos a una sociedad perfecta. Aspiramos a una que, con el tiempo, sea capaz de corregir sus propios errores. Y esto, la nuestra, lo ha hecho una y otra vez.
    </p><p class="article-text">
        Lo que de verdad nos amenaza no es ni la fiscal&iacute;a, ni los jueces, ni la trama, ni la conspiraci&oacute;n. El peligro, exactamente igual que en la guerra, es que cada cual eche a correr por su lado y deje de creer, como pa&iacute;s, en nosotros mismos. Que media Espa&ntilde;a piense que el gobierno es una mafia y la otra media que los jueces est&aacute;n urdiendo un montaje. Que nos convirtamos en un pa&iacute;s de dos bandos irreconciliables. Esa es la desbandada que tenemos que frenar. Y se frena soldado a soldado, centuri&oacute;n a centuri&oacute;n. Cada persona, un estandarte.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/persona-estandarte_129_13255252.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 27 May 2026 20:39:20 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cada persona, un estandarte]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Llega el populismo 3.0]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/llega-populismo-3-0_129_13237209.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/4a850105-076c-44a1-9b4f-fae40bba7696_16-9-discover-aspect-ratio_default_1136226.jpg" width="814" height="458" alt="Llega el populismo 3.0"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Steve Bannon, creador de la idea de MAGA, propone una vuelta de tuerca al 'America First'. Se llama 'Humans First' y promete una “rebelión conservadora contra la inteligencia artificial” con el fin de “anteponer la seguridad, la libertad y la grandeza del pueblo estadounidense a los intereses de las élites corporativas y globalistas" </p></div><p class="article-text">
        Lo dije ayer y hoy lo mantengo: yo no creo que Zapatero sea el malo de esta pel&iacute;cula. Pero voy a ir m&aacute;s all&aacute;: tampoco creo que se trate de un caso de <em>lawfare</em>. No tengo ninguna raz&oacute;n para pensar que el juez no est&aacute; haciendo lo que cree que es correcto, con m&aacute;s o menos acierto, como todo el mundo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y a lo mejor aqu&iacute; te pierdo, pero voy a continuar extendiendo el argumento un poco m&aacute;s: tampoco creo que la oposici&oacute;n, en el arco que va desde Gabriel Ruf&iacute;an hasta la derecha liberal y democr&aacute;tica, est&eacute; actuando con mala fe cuando fiscaliza, insiste en que se den todas las explicaciones, incluso pide la dimisi&oacute;n del presidente del Gobierno. Ese es su papel. Su parte del trabajo democr&aacute;tico. Si en lugar de a Zapatero, un juez hubiera imputado a Rajoy, la izquierda estar&iacute;a haciendo exactamente lo mismo -y estar&iacute;a bien-.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay unos tipejos en todo esto que no cumplen ninguna funci&oacute;n democr&aacute;tica. Al contrario: subvierten los mecanismos del pacto social para hacernos creer que es un fracaso. Por ejemplo: usan la identidad del periodismo para contar mentiras. Y lo hacen no por convicci&oacute;n, porque si de verdad pensaran que hay un sistema mejor que la democracia lo que deber&iacute;an hacer es proponer abolir el sistema o dar un golpe de Estado; lo hacen en su propio beneficio: para seguir jugando a este juego mientras arrasan el campo para todos los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Estos se&ntilde;ores son populistas, se han convertido en un fen&oacute;meno global y tienen en com&uacute;n un discurso que sostiene que el sistema democr&aacute;tico est&aacute; irreparablemente roto. No que tenga problemas reales, pero tambi&eacute;n solucionables, como todos los sistemas complejos, sino que estamos en manos de una &eacute;lite radical y corrupta que solo busca su propio beneficio y contra la que no hay nada que hacer, salvo votarles a ellos. Aunque toman muchas formas, es muy f&aacute;cil identificarles: son esas personas a las que les va mejor cuanto m&aacute;s nos odiamos el resto.
    </p><p class="article-text">
        Uno de sus principales exponentes se llama Steve Bannon y es un personaje que lleva alentando el odio en Estados Unidos desde que Obama lleg&oacute; al poder. Fue en su d&iacute;a el creador de la idea de MAGA (<em>Make America Great Again</em>), aunque su contribuci&oacute;n m&aacute;s duradera no es un eslogan: es una estrategia. Como describi&oacute; a un periodista en 2018, los dem&oacute;cratas no importan, la verdadera oposici&oacute;n es la prensa, y la forma de lidiar con ella es inundar la zona de mierda; <em>&ldquo;flood the zone&rdquo;</em>. Esa es la doctrina. No s&eacute; si te suena.
    </p><p class="article-text">
        Se trata de producir tantas afirmaciones contradictorias, esc&aacute;ndalos simult&aacute;neos, indignaciones cruzadas y teor&iacute;as paralelas que el ciudadano medio renuncie a distinguir lo verdadero de lo falso. No te tienen que convencer de que su versi&oacute;n es cierta. Les basta con que pienses que ninguna versi&oacute;n lo es. Que todo es ruido. Que todos son iguales. Y que da igual qui&eacute;n gobierne. Que la prensa miente, los jueces son corruptos, los pol&iacute;ticos roban y la &uacute;nica salida es alguien que venga a reventarlo todo.
    </p><p class="article-text">
        Steve Bannon, como el resto de populistas en el mundo, tiene un problema. Comenzaron se&ntilde;alando a la &ldquo;ci&eacute;naga&rdquo;: a la clase pol&iacute;tica, cultural y administrativa de Estados Unidos. Pero cuando Trump lleg&oacute; al poder a aquel discurso se le empezaron a abrir las costuras: es muy dif&iacute;cil criticar la ci&eacute;naga si t&uacute; eres el reptil-en-jefe. Entonces viraron el foco y en los &uacute;ltimos a&ntilde;os se han echado encima de los inmigrantes como culpables de todos los males de la sociedad. De aquel movimiento naci&oacute; la idea de&nbsp;&ldquo;<em>America First</em>&rdquo;, o lo que es lo mismo, de la &ldquo;prioridad nacional&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero tambi&eacute;n aquella estrategia se les volvi&oacute; en contra cuando las im&aacute;genes de la brutalidad del ICE hicieron que se desplomase la valoraci&oacute;n de un grupo de votantes que Trump necesita para ganar las pr&oacute;ximas elecciones al Congreso y al Senado en noviembre: los latinos.&nbsp;As&iacute; que hace unos d&iacute;as Steve Bannon present&oacute; la &uacute;ltima versi&oacute;n, renovada, mejorada, reluciente, del populismo. Se llama &ldquo;<em>Humans First</em>&rdquo; y promete una &ldquo;rebeli&oacute;n conservadora contra la inteligencia artificial&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Subido a ese nuevo enfoque, Bannon propone que la inteligencia artificial es la nueva amenaza existencial contra la clase trabajadora americana: una tecnolog&iacute;a desarrollada por un pu&ntilde;ado de multimillonarios de Silicon Valley que va a destruir millones de empleos, concentrar el poder econ&oacute;mico como nunca antes y dejar al ciudadano de a pie sin trabajo, sin prop&oacute;sito y sin futuro. La soluci&oacute;n, dice, es frenarla: regularla, fiscalizarla, ponerle l&iacute;mites &eacute;ticos, exigir que cualquier despliegue de IA proteja primero a los humanos -de ah&iacute; el nombre- antes que a los accionistas. Donde ayer el enemigo eran los bur&oacute;cratas de Washington y anteayer los inmigrantes, hoy son Sam Altman, Elon Musk, Mark Zuckerberg y el resto de &ldquo;se&ntilde;ores feudales digitales&rdquo; que pretenden, seg&uacute;n Bannon, sustituir a la humanidad por sus m&aacute;quinas.
    </p><p class="article-text">
        Esta nueva versi&oacute;n del mismo discurso es mucho m&aacute;s ambiciosa que la anterior; tanto que su publicaci&oacute;n coincide con una enc&iacute;clica que el Papa se ha comprometido a promulgar en los pr&oacute;ximos d&iacute;as sobre el mismo tema. Adem&aacute;s de con la iglesia cat&oacute;lica, el nuevo proyecto populista comparte enemigo -en parte- con los dem&oacute;cratas cuando se&ntilde;ala a los <em>technobros</em> de Silicon Valley como s&iacute;mbolo de esa &eacute;lite que se ha escapado del control popular. Pero si atendemos al argumento, encontraremos que debajo de ese tema aparentemente compartido se esconde la misma cosmovisi&oacute;n que hemos visto hasta ahora: lo que han de hacer los <em>buenos pol&iacute;ticos</em> es &ldquo;anteponer la seguridad, la libertad y la grandeza del pueblo estadounidense a los intereses de las &eacute;lites corporativas y globalistas&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Este es el tercer <em>round</em> del populismo, su versi&oacute;n 3.0. El m&aacute;s ambicioso y el m&aacute;s sofisticado. Uno que revela al final qui&eacute;n fue el enemigo a abatir desde el principio: las clases urbanas &ldquo;globalistas&rdquo; liberales y su forma de vida. Bannon cambia el discurso, pero mantiene un eje muy claro: que la sociedad est&aacute; rota, la mayor&iacute;a est&aacute; siendo asediada, y los culpables de todo siguen siendo los mismos, quienes no comulgan con el patr&oacute;n tradicionalista de la derecha populista americana.
    </p><p class="article-text">
        No nos quepa duda de que esta pel&iacute;cula llegar&aacute; muy pronto a nuestras pantallas.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/llega-populismo-3-0_129_13237209.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 20 May 2026 20:33:44 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Llega el populismo 3.0]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Populismo,Ultraderecha,Steve Bannon]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Por qué me niego a creer el auto sobre Zapatero]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/niego-creer-auto-zapatero_129_13233413.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/bade3594-c9b9-4eb6-91cc-3e9bd6052beb_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Por qué me niego a creer el auto sobre Zapatero"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">¿Me puedo equivocar? Claro que sí. Pero me renta. Incluso si me equivoco públicamente, me seguirá saliendo muchísimo más barato equivocarme una vez poniendo la mano en el fuego por alguien que me ha dado todas las razones para ello que vivir instalada en la idea de que no podemos confiar nunca en nadie
</p></div><p class="article-text">
        Una vez, un amigo que trabaja en Mercadona me cont&oacute; una historia sobre Juan Roig. Dicen que la raz&oacute;n por la que en sus supermercados no hay arcos antirrobo, ni alarmas en las botellas, ni candados en los estantes que guardan los productos m&aacute;s caros, ni siquiera, a veces, guardias de seguridad, es que al empresario valenciano le parece que no son rentables. Roig considera que sale mucho m&aacute;s a cuenta fiarse del &ldquo;jefe&rdquo; &ndash;que es como llaman en el argot interno a los clientes&ndash; y asumir que alguna cosa habr&aacute; que te birlen. Tener que instalar todo un sistema de vigilancia no solo ser&iacute;a m&aacute;s costoso, sino que terminar&iacute;a por calar a la forma en que los trabajadores se relacionan con los clientes y, al final, a la manera misma en que los clientes se ven a s&iacute; mismos: como extra&ntilde;os en los que el propio establecimiento no conf&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        No s&eacute; hasta qu&eacute; punto es verdad. Pero igual he contado muchas veces esta an&eacute;cdota porque me sirve para defender mis propias decisiones. Como empresaria me empe&ntilde;o en que las personas que trabajan para m&iacute; no tengan ni horario fijo, ni obligaci&oacute;n de acudir a un centro de trabajo, si la organizaci&oacute;n de la compa&ntilde;&iacute;a lo permite. Conf&iacute;o en que har&aacute;n su trabajo de la manera que estimen que es m&aacute;s conveniente. Mientras fui propietaria de un grupo hostelero, tampoco instal&eacute; nunca c&aacute;maras en los establecimientos, a pesar de que es una pr&aacute;ctica muy com&uacute;n en el sector para evitar los robos por parte de trabajadores.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Soy una empresaria &ldquo;buena&rdquo;? No, para nada: lo hago porque es m&aacute;s rentable. Desconfiar de tu propio equipo sale car&iacute;simo: exige dedicar un mont&oacute;n de dinero a la vigilancia, te enfrenta a tus trabajadores, instaura una cultura permanente de la sospecha y te obliga a renunciar a tus prioridades para dedicar tu tiempo (que es lo &uacute;nico realmente escaso) a asegurarte de que no te est&aacute;n enga&ntilde;ando.
    </p><p class="article-text">
        Me acuerdo de todas estas cosas cuando escucho que Zapatero ha sido imputado por un caso de corrupci&oacute;n y leo las grav&iacute;simas acusaciones que se vierten contra &eacute;l. Un juez afirma que &ldquo;la investigaci&oacute;n ha permitido identificar una trama de tr&aacute;fico de influencias dirigida por Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Zapatero, que utiliza sociedades instrumentales, documentaci&oacute;n simulada y canales financieros opacos para ejercer influencias il&iacute;citas, ocultar el origen y destino de los fondos y obtener beneficios econ&oacute;micos en favor de terceros y del propio entramado.&rdquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y me niego a darle c&#341;edito. Elijo, sin m&aacute;s informaci&oacute;n que la que tenemos en este momento, confiar tambi&eacute;n en el ex-presidente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y es que toda la informaci&oacute;n de la que dispongo sobre este se&ntilde;or apunta en la direcci&oacute;n contraria. Durante el tiempo que fue presidente y hasta hoy no le he visto un gesto que me haga pensar que es el tipo de persona que se saltar&iacute;a la legalidad para enriquecerse. Ni una. M&aacute;s bien al contrario: podr&iacute;a estar ganando mucho m&aacute;s dinero del que se le acusa de haber percibido si se sentara en varios consejos de administraci&oacute;n, o si prestara servicios para enormes gigantes corporativos, o incluso para otros estados, como hacen &ndash;leg&iacute;timamente, tambi&eacute;n&ndash; otros ex-presidentes. Y no lo ha hecho.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hasta donde yo s&eacute;, que es lo mismo que sabemos el com&uacute;n de los mortales, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os Zapatero no ha hecho otra cosa que meterse en varios avisperos &ndash;como la mediaci&oacute;n entre el gobierno de Venezuela y la oposici&oacute;n&ndash; donde ten&iacute;a poco que ganar en lo personal y mucho que aportar en lo pol&iacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        Hoy he le&iacute;do algunas noticias que parecen contradecir esa intuici&oacute;n &ndash;que creo que comparto con muchas otras personas&ndash; de que el ex-presidente es una persona confiable y con un profundo compromiso con lo p&uacute;blico. &iquest;Qu&eacute; creencia tiene sentido sostener? &iquest;La propia o la que apunta el juez? Yo voy a elegir seguir mi intuici&oacute;n y no retirarle mi confianza. No porque sea buena persona, ni porque me caiga bien el ex-presidente, ni porque le convenga a una opci&oacute;n electoral que me interese, ni porque tenga todos los datos necesarios para formarme una opini&oacute;n firme, sino porque bajo este caso particular se libra otra batalla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Zapatero no es solo un pol&iacute;tico. Es, sobre todo, un s&iacute;mbolo de la confianza en la pol&iacute;tica. Y en los &uacute;ltimos 15 a&ntilde;os, desde que eso que hemos llamado la &ldquo;ola populista&rdquo; se instal&oacute; en el sentido com&uacute;n, se ha extendido la creencia en que eso no es posible &ndash;o no es inteligente: no se puede confiar en la pol&iacute;tica porque todos los cargos p&uacute;blicos, hasta los que parecen m&aacute;s limpios, son unos seres corruptos que solo miran por su propio inter&eacute;s.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De manera que cuando salta a la luz un caso como este &mdash;como ocurri&oacute; con M&oacute;nica Oltra&mdash;, mucho antes que a una persona se juzga una posibilidad: la de confiar en quienes nos representan. Y esa desconfianza, como ocurre en Mercadona, encarece la democracia. Nos obliga a dejar de creer los unos en los otros, mucho m&aacute;s si estamos enfrentados ideol&oacute;gicamente. El mensaje, al final, es que cualquiera, por m&aacute;s confiable que parezca, puede ser un corrupto. O que todos los pol&iacute;ticos son unos ladrones. Que no nos podemos fiar de ninguno, ni de nuestra propia intuici&oacute;n sobre ellos.
    </p><p class="article-text">
        Pero resulta que la evidencia demuestra que eso tampoco es verdad. A lo largo de la democracia, decenas de miles de personas han ocupado un cargo p&uacute;blico. La inmensa mayor&iacute;a &ndash;en la izquierda y en la derecha, en los ayuntamientos y en las diputaciones, en los ministerios y en los parlamentos&ndash; lo han hecho con honestidad y vocaci&oacute;n de servicio p&uacute;blico. Si uno cree en la democracia, tiene que creer tambi&eacute;n en la buena voluntad de quienes la integran. No hay otro camino.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; que yo voy a elegir confiar en Zapatero. Entre la informaci&oacute;n que ten&iacute;a y mi propia intuici&oacute;n, y las informaciones de ayer, voy a optar por confiar en que hay personas honradas en pol&iacute;tica y en que son la inmensa mayor&iacute;a. En que esta imputaci&oacute;n quedar&aacute; en nada. &iquest;Me puedo equivocar? Claro que s&iacute;. Siempre existe esa posibilidad. Pero me renta. Incluso si me equivoco p&uacute;blicamente delante de todos vosotros, me seguir&aacute; saliendo much&iacute;simo m&aacute;s barato equivocarme una vez poniendo la mano en el fuego por alguien que me ha dado muchas razones para ello que vivir instalada en la idea de que no podemos confiar nunca en nadie.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/niego-creer-auto-zapatero_129_13233413.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 19 May 2026 21:05:27 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Por qué me niego a creer el auto sobre Zapatero]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[José Luis Rodríguez Zapatero,Plus Ultra,José Luis Calama,Justicia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La abundancia es el antídoto contra el virus de la prioridad nacional]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/abundancia-antidoto-virus-prioridad-nacional_129_13219343.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/e9c98467-8179-49d5-841c-14efa414ab84_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La abundancia es el antídoto contra el virus de la prioridad nacional"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Hay que pasar de una política defensiva, centrada en gestionar conflictos de reparto, a una política expansiva, centrada en aumentar lo que es posible. Porque solo cuando la sociedad vuelve a sentirse capaz de producir un futuro para todos morirá la idea de que todo depende de una lucha por prioridades</p></div><p class="article-text">
        Recordar&aacute;n, de las clases de lengua del colegio, que una oraci&oacute;n tiene tres partes: sujeto, verbo y complemento directo. La primera indica qui&eacute;n realiza la acci&oacute;n, la segunda cu&aacute;l es esa acci&oacute;n y la &uacute;ltima sobre qui&eacute;n &mdash;o qu&eacute;&mdash; recaen sus consecuencias.
    </p><p class="article-text">
        A menudo las oraciones, por peque&ntilde;as que parezcan, contienen un universo completo. &ldquo;Cuando se despert&oacute;, el elefante ya no estaba all&iacute;&rdquo;. &ldquo;Hasta que la muerte nos separe&rdquo;. &ldquo;Disparen sobre la multitud&rdquo;. &ldquo;He venido a anunciaros una gran alegr&iacute;a&rdquo;. &ldquo;El rey ha muerto&rdquo;. &ldquo;Se vende&rdquo;. &ldquo;Te perdono&rdquo;. &ldquo;No hay nada al otro lado&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Con esa facilidad que tenemos para unir las l&iacute;neas de puntos, los hablantes de una lengua somos capaces de rellenar los claroscuros de un mensaje casi telegr&aacute;fico y conseguir que se convierta en una historia entera, o en una cosmolog&iacute;a.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n esa idea de la &ldquo;prioridad nacional&rdquo;, que ha tomado al asalto el espacio p&uacute;blico a la velocidad de un virus, esconde una oraci&oacute;n completa.
    </p><p class="article-text">
        Prioridad es la acci&oacute;n; sustituye a la idea de &ldquo;dar prioridad&rdquo;, alguien debe dar prioridad a alguien. &iquest;Qui&eacute;n es el beneficiario de esa preferencia? Los espa&ntilde;oles: los nacionales.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta, la clave de b&oacute;veda de este tinglado ideol&oacute;gico es &iquest;qui&eacute;n debe dar esa prioridad? &iquest;Qui&eacute;n est&aacute; faltando a su deber de ordenar correctamente las prioridades? &iquest;Qui&eacute;n es el monstruo que se oculta en el claroscuro de esta oraci&oacute;n? Son los gobiernos. O las &eacute;lites, si lo prefieren. Eso que Donald Trump llama &ldquo;la ci&eacute;naga&rdquo; y que aqu&iacute; conocemos simplemente como &ldquo;los pol&iacute;ticos&rdquo;. Esta es la parte m&aacute;s importante, aunque no se diga, de la idea de la prioridad nacional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Porque esta premisa esconde, en realidad, el mensaje fundacional del populismo, una ideolog&iacute;a &ldquo;que considera que la sociedad est&aacute; dividida en dos grupos homog&eacute;neos y antag&oacute;nicos &ndash;&lsquo;el pueblo puro&rsquo; frente a &lsquo;la &eacute;lite corrupta&rsquo;-- y que sostiene que la pol&iacute;tica deber&iacute;a ser la expresi&oacute;n de la voluntad general del pueblo.&rdquo;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esas dos palabras, &ldquo;prioridad nacional&rdquo;, cuentan la historia de los malos gobiernos. Desvela el universo de los traidores, que han dejado atr&aacute;s a los buenos ciudadanos para aliarse con otros, para vender el pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y esa es una idea hegem&oacute;nica hoy. Seg&uacute;n los estudios &ndash;hay muchos, pero por ejemplo <a href="https://www.ipsos.com/sites/default/files/ct/news/documents/2025-06/ipsos-populism-report-2025.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">este de IPSOS realizado en 31 pa&iacute;ses</a>&ndash; dos de cada tres personas en el mundo piensan que &ldquo;la sociedad est&aacute; rota&rdquo; y que &ldquo;el sistema est&aacute; trucado para favorecer a los ricos y a los poderosos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; por miedo a enfrentar esta realidad. Quiz&aacute; por el reflejo innato de otro tiempo, este debate de la prioridad nacional ha sido tratado, casi de forma autom&aacute;tica, como un problema moral. Una desviaci&oacute;n del discurso p&uacute;blico hacia el racismo, la xenofobia o el rechazo al extranjero. Cuando no lo es.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como consecuencia, la reacci&oacute;n progresista ha consistido en una mezcla de denuncia &eacute;tica y pedagog&iacute;a: en la tarea de explicar por qu&eacute; los inmigrantes son necesarios, por qu&eacute; enriquecen las sociedades o por qu&eacute; debemos ser inclusivos.
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo, esa lectura &mdash;aunque moralmente impecable&mdash; tiene un problema esencial, y es que refuerza el marco del populismo. Porque interpreta el fen&oacute;meno como si fuera un problema de odio. Y no lo es. La eficacia de estos mensajes no nace del rechazo a otros, sino de una sensaci&oacute;n mucho m&aacute;s extendida y m&aacute;s inc&oacute;moda: la de haber quedado atr&aacute;s en la lista de prioridades de las &eacute;lites occidentales, la de haber sido desplazado.
    </p><p class="article-text">
        Cuando a la demanda de mayor reconocimiento de una parte de la poblaci&oacute;n que se siente desplazada, la respuesta consiste en subrayar lo valiosos que son otros grupos o lo mucho que aportan a la sociedad, el efecto es el opuesto al esperado: se refuerza, precisamente, la percepci&oacute;n inicial de abandono. Desde su perspectiva, las &eacute;lites parecen m&aacute;s preocupadas por explicar la utilidad de los dem&aacute;s que por atender a quienes ya sienten que han perdido centralidad.
    </p><p class="article-text">
        El discurso progresista actual respecto a la prioridad nacional confirma, para esa parte de la poblaci&oacute;n que se siente desplazada, la idea de que hay otros que encajan, que son &uacute;tiles, que son necesarios. Y que ellos &mdash;por contraste impl&iacute;cito&mdash; han dejado de serlo.
    </p><p class="article-text">
        Para entender &mdash;y eventualmente desactivar&mdash; la potencia de estos discursos, no sirve intentar convencer de que el mundo es justo tal y como est&aacute;. Tampoco sirven los discursos que, al asumir impl&iacute;citamente la premisa populista de una sociedad ya rota, se limitan a desplazar la culpa hacia otros actores &mdash;los billonarios, las &eacute;lites financieras, &ldquo;el sistema&rdquo;&mdash; sin cuestionar el marco de escasez que los hace veros&iacute;miles.
    </p><p class="article-text">
        Al contrario, la salida de este callej&oacute;n pasa por cuestionar la necesidad misma de una &ldquo;prioridad&rdquo;. Es decir: por responder de forma material a la sensaci&oacute;n creciente de que el mundo es un espacio de recursos limitados en el que unos necesariamente avanzan a costa de otros.
    </p><p class="article-text">
        El ant&iacute;doto frente a la emergencia de la agenda de la &ldquo;prioridad nacional&rdquo; es la agenda de la abundancia. Una forma distinta de mirar el presente que no parte de la escasez, sino de nuestra propia capacidad. Que organiza la pol&iacute;tica en torno a c&oacute;mo podemos crear m&aacute;s, en lugar de qui&eacute;n debe recibir menos.
    </p><p class="article-text">
        Esa agenda tiene ya una orientaci&oacute;n pr&aacute;ctica: una voluntad expl&iacute;cita de construir, de transformar y de entregar resultados visibles. Significa acelerar la producci&oacute;n de vivienda all&iacute; donde falta, desbloquear la capacidad de infraestructura que hoy est&aacute; estancada, modernizar y expandir los servicios p&uacute;blicos, extender las energ&iacute;as renovables, electrificar tan r&aacute;pido como sea posible y utilizar de forma deliberada las herramientas tecnol&oacute;gicas para aumentar la capacidad real de los sistemas sociales.
    </p><p class="article-text">
        Es, en &uacute;ltima instancia, un cambio de actitud colectiva: pasar de una pol&iacute;tica defensiva, centrada en gestionar conflictos de reparto, a una pol&iacute;tica expansiva, centrada en aumentar lo que es posible. Porque solo cuando la sociedad vuelve a sentirse capaz de producir un futuro para todos morir&aacute; la idea de que todo depende de una lucha por prioridades.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/abundancia-antidoto-virus-prioridad-nacional_129_13219343.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 13 May 2026 19:53:38 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La abundancia es el antídoto contra el virus de la prioridad nacional]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[¿Por qué sube el precio de la vivienda?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/sube-precio-vivienda_129_13199806.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0413bfe1-6502-4f20-8a9a-fba995102dc9_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="¿Por qué sube el precio de la vivienda?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para acceder a la sanidad, en este país, hay que estar empadronado en una vivienda. Para llevar a tus hijos al colegio, también. Y a la universidad. Y para pedir muchas ayudas. Las viviendas no son solo inmuebles. Sobre todo son licencias que dan derecho a acceder a casi todos los bienes comunes</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Por qu&eacute; nunca dejan de subir las viviendas? &iquest;Por qu&eacute; suben incluso donde la poblaci&oacute;n desciende? &iquest;Por qu&eacute; suben cuando sube la oferta &ndash;como en los a&ntilde;os previos a 2008&ndash; y tambi&eacute;n cuando se estanca &ndash;como ahora? Para descubrirlo, te propongo un juego.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Imagina que hace 50 a&ntilde;os, cuando se cre&oacute; la sanidad p&uacute;blica, se hubieran repartido unas licencias para acceder a ella. De manera que solo quienes compraron una pudieran tener un m&eacute;dico de familia o someterse a un tratamiento subvencionado. Imagina que se hubiera hecho lo mismo con la educaci&oacute;n: solo quienes comprasen una licencia tendr&iacute;an derecho a llevar a sus hijos a la escuela p&uacute;blica. Y lo mismo con la universidad.
    </p><p class="article-text">
        Imagina que se hubiera emitido un n&uacute;mero finito de licencias, 25 millones. Y que se hubieran vendido todas antes de 2008. Quienes no pudieron comprar en su d&iacute;a, quedar&iacute;an obligados a recomprar la suya al propietario anterior.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Imagina que al Estado le pareciera bien que los titulares originales de las licencias de la sanidad y la educaci&oacute;n las revendieran despu&eacute;s por mucho m&aacute;s dinero, porque lo entendieran como una forma l&iacute;cita de &ldquo;ahorro&rdquo;. Para retribuir esos ahorros cada vez m&aacute;s caros, la sociedad esperar&iacute;a que las cohortes que vinieran detr&aacute;s tuvieran que hacer m&aacute;s esfuerzo que la anterior para acceder a los mismos servicios. Por ejemplo, si en 1980 se pagaba un piso en 15 a&ntilde;os, en 2020 habr&iacute;a que hipotecarse durante 30 o 35.
    </p><p class="article-text">
        Imagina que, llegado un punto, los propietarios de las licencias decidieran que ya no quieren venderlas. Sale mucho m&aacute;s rentable alquilarlas y no perder la propiedad. Y que con lo que obtienen por ese alquiler empezaran a acumular licencias de la sanidad hasta que llegase un momento en que el 30% de la poblaci&oacute;n tiene que alquilar su licencia a un tercero. Y que al Estado tambi&eacute;n le pareciera bien que esos derechos se hubieran convertido en un negocio.
    </p><p class="article-text">
        Imagina que, por ese camino, una parte muy importante de las licencias de los servicios p&uacute;blicos hubiese acabado en manos de fondos de inversi&oacute;n extranjeros, que vendr&iacute;an a Espa&ntilde;a a comprar licencias de la sanidad y la educaci&oacute;n a cualquier precio, porque saben que los espa&ntilde;oles no podemos prescindir de esos servicios, as&iacute; que tendremos que acabar pagando lo que nos pidan.
    </p><p class="article-text">
        Imagina que, pese a todo esto, los impuestos que sostienen los hospitales, con los que se paga el sueldo de los profesores y los investigadores, se siguieran pagando con los impuestos de todos los contribuyentes, tanto si tienen licencia para acceder a ellos, como si no. De manera que todos los arrendatarios de las licencias sanitarias pagar&iacute;an impuestos por unos servicios a los que en realidad no podr&iacute;an acceder, salvo pagando, adem&aacute;s, un alquiler. Por el contrario, habr&iacute;a un mont&oacute;n de fondos extranjeros que no pagan impuestos en Espa&ntilde;a, pero que cobran dinero a los usuarios por acceder a nuestros servicios p&uacute;blicos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;Te imaginas c&oacute;mo ser&iacute;a ese pa&iacute;s?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Si no tienes mucha imaginaci&oacute;n, no pasa nada. Porque esto no es ning&uacute;n juego. Es exactamente lo que est&aacute; pasando hoy en Espa&ntilde;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para acceder a la sanidad, en este pa&iacute;s, hay que estar empadronado en una vivienda. Para llevar a tus hijos al colegio, tambi&eacute;n. Y a la universidad. Y para pedir muchas ayudas. Las viviendas no son solo inmuebles. Sobre todo son licencias que dan derecho a acceder a casi todos los bienes comunes, como el alcantarillado, el saneamiento, los suministros de agua, de electricidad, de telefon&iacute;a y de Internet; las v&iacute;as p&uacute;blicas, las carreteras, el alumbrado y el transporte p&uacute;blico; la seguridad, los bomberos y los servicios de emergencias; los hospitales, los colegios, las universidades, las bibliotecas y los centros de salud; la limpieza viaria, la recogida de basuras, el control de plagas, los parques y jardines, los mercados municipales y las infraestructuras deportivas y culturales.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por esta raz&oacute;n las viviendas se revalorizan aunque sus propietarios no las toquen, aunque permanezcan cerradas. Cuando el Estado construye una estaci&oacute;n de Metro, o mejora el alcantarillado o la seguridad de un barrio, cuando se abre una nueva universidad o un colegio mejora la calidad de la educaci&oacute;n, la vivienda sube y los titulares de esas licencias ven incrementado su valor. De la misma manera, un inmueble que no tiene licencia, como los que se construyeron en Sese&ntilde;a en 2008, no es una vivienda y para eso no hay mercado. Simplemente porque carece del t&iacute;tulo que te habilita para acceder a la infraestructura urbana.
    </p><p class="article-text">
        Esta es la raz&oacute;n por la que el urbanismo en todos los pa&iacute;ses de Occidente es potestad de los Estados, sin excepci&oacute;n. Ni en el pa&iacute;s m&aacute;s liberal del mundo existe una ciudad regida por el &ldquo;mercado&rdquo;. No se trata de una ambici&oacute;n regulacionista, es que no podr&iacute;a ser de otra manera. Solo en los lugares donde no hay Estado &ndash;y, por tanto, no hay infraestructuras&ndash; como en los arrabales de Lagos y en las chabolas de Bombai puede existir un mercado de la vivienda &ldquo;libre&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Dicho de otra manera, las licencias de vivienda no son &ldquo;bienes de mercado&rdquo; como si fueran pomelos o camisas de Zara: son derechos de uso que los estados otorgan sobre sus propios activos, son el &ldquo;capital&rdquo; de un pa&iacute;s, o su accionariado. Como las acciones de una empresa, suben o bajan en funci&oacute;n de lo que &ldquo;mejore&rdquo; ese pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Los precios de la vivienda han subido durante d&eacute;cadas (con la &uacute;nica excepci&oacute;n de los a&ntilde;os posteriores a la crisis de 2008) porque Espa&ntilde;a no ha dejado de invertir en servicios p&uacute;blicos y en bienes comunes. De manera que hoy las ciudades espa&ntilde;olas valen m&aacute;s que hace 50 a&ntilde;os. Y las &ldquo;acciones&rdquo; de esas ciudades, que son las viviendas, capturan ese valor.
    </p><p class="article-text">
        Solo desde este lugar se entiende hasta qu&eacute; punto el rentismo es una nueva forma de feudalismo. Y es que los impuestos que financian todas esas infraestructuras &ndash;el IRPF, el IVA, el impuesto de sociedades&ndash; se pagan entre los habitantes y el IBI &mdash;el &uacute;nico impuesto que grava directamente la propiedad inmobiliaria&mdash; no llega al 4,75% de toda la recaudaci&oacute;n p&uacute;blica. Es decir: subvencionamos colectivamente la revalorizaci&oacute;n de un activo del que solo se benefician algunos.
    </p><p class="article-text">
        Y a continuaci&oacute;n se desvela el aut&eacute;ntico disparate del rentismo: Estamos consintiendo que unos cuantos fondos extranjeros compren esas licencias que dan acceso a nuestros propios servicios p&uacute;blicos y le cobren a las familias arrendatarias un alquiler por acceder a ellos.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;De qui&eacute;n debe ser la propiedad de los bienes comunes? &iquest;De todos, o de unos pocos? &iquest;Tiene sentido que le vendamos la propiedad del pa&iacute;s a unos fondos extranjeros? &iquest;Puede haber una democracia donde no todos somos propietarios por igual de nuestro propio pa&iacute;s?
    </p><p class="article-text">
        Cuando hablamos de un &ldquo;problema de la vivienda&rdquo; lo que tenemos entre manos no es un problema habitacional. Es un conflicto por el reparto de esas <em>acciones</em> del pa&iacute;s, por su capital colectivo.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/sube-precio-vivienda_129_13199806.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 06 May 2026 20:07:49 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[¿Por qué sube el precio de la vivienda?]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Precios,Burbuja inmobiliaria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La mejor noticia de la semana]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/mejor-noticia-semana_129_13183770.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d6ff1f6c-419c-420b-8fe2-aa433ec51c4a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La mejor noticia de la semana"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los resultados no son definitivos, pero tienen a los oncólogos revolucionados. Los cánceres más difíciles están empezando a ceder. Y eso, para quienes recuerdan lo que significaba un diagnóstico como el de Zerolo hace apenas una década, es ya un cambio de mundo</p></div><p class="article-text">
        En el caj&oacute;n en el que guardo los recuerdos que me hacen sentir afortunada hay un lugar especial para la memoria de Pedro Zerolo.
    </p><p class="article-text">
        Zerolo era &mdash;ha pasado tanto tiempo que quiz&aacute; conviene recordarlo&mdash; uno de los principales activistas del movimiento LGTBIQ+ en Espa&ntilde;a. Fue una figura clave, imprescindible, durante los a&ntilde;os en los que se fragu&oacute; la modificaci&oacute;n del C&oacute;digo Civil que permiti&oacute; el matrimonio igualitario.
    </p><p class="article-text">
        Yo ten&iacute;a entonces veinte a&ntilde;os. Pero&nbsp;el Madrid de los 2000, el del &ldquo;No a la guerra&rdquo;, era tal hervidero de activismos que era frecuente que coincidieran en la misma reuni&oacute;n, o en el mismo bar, estudiantes universitarios y dirigentes pol&iacute;ticos de primera l&iacute;nea. En alguno de esos encuentros conoc&iacute; a Pedro Zerolo y a quienes, junto a &eacute;l, empujaban el cambio: Carla Antonelli, Boti Garc&iacute;a Rodrigo y Beatriz Gimeno, entre muchas otras. Tambi&eacute;n otras pol&iacute;ticas que hab&iacute;an hecho de esa causa su prioridad, como Leire Paj&iacute;n o In&eacute;s Saban&eacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Era un tiempo de optimismo. Pero aquel grupo de militantes LGTBIQ+ se llevaba la palma. Hab&iacute;a en ellas una energ&iacute;a casi desconcertante. Costaba entender de d&oacute;nde sal&iacute;a ese entusiasmo en personas que hab&iacute;an atravesado algunos de los episodios m&aacute;s duros de nuestra historia reciente: salir del armario en la Espa&ntilde;a del siglo XX &mdash;muchas veces en plena dictadura&mdash;, transicionar en las condiciones m&aacute;s dif&iacute;ciles. Vivir una vida proscrita, al margen de cualquier reconocimiento legal o social. Y no tener horizonte de que aquello fuera a cambiar.
    </p><p class="article-text">
        En 2005, Espa&ntilde;a fue el tercer pa&iacute;s del mundo en aprobar el matrimonio igualitario, solo despu&eacute;s de Pa&iacute;ses Bajos (2001) y B&eacute;lgica (2003). No era inevitable. No estaba ganado. No era, ni de lejos, un consenso social. Hubo tremendas presiones para que la uni&oacute;n entre personas del mismo sexo no se llamara &ldquo;matrimonio&rdquo;, o para que la adopci&oacute;n no entrase en la ley. Nada estaba garantizado: fue una conquista pol&iacute;tica extraordinaria. Hoy, cuando vemos a dos adolescentes del mismo g&eacute;nero besarse por la calle con naturalidad, es f&aacute;cil olvidar hasta qu&eacute; punto esa escena era impensable hace apenas dos d&eacute;cadas. &iquest;Cu&aacute;nto m&aacute;s ancha es nuestra vida hoy &mdash;la de todos, con independencia de nuestra orientaci&oacute;n&mdash; gracias a estas conquistas?
    </p><p class="article-text">
        Observando a aquellas activistas una entend&iacute;a algo importante: el optimismo no nace de un entorno favorable, al contrario. Nace de haber hecho cosas muy dif&iacute;ciles. De haber comprobado que se pueden hacer. De saber, por experiencia, que a&uacute;n quedan m&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Pedro Zerolo muri&oacute; en Madrid el 9 de junio de 2015, dieciocho meses despu&eacute;s de ser diagnosticado con un c&aacute;ncer de p&aacute;ncreas frente al que, entonces, no hab&iacute;a nada que hacer. Y, aunque nadie tiene por qu&eacute; hacerlo, no deja de ser emocionante la manera en que sigui&oacute; irradiando el mismo optimismo y la misma confianza en la sociedad hasta el &uacute;ltimo momento.
    </p><p class="article-text">
        Estos d&iacute;as he vuelto a pensar en &eacute;l al leer las noticias. En San Diego, California, ha tenido lugar la conferencia anual de la Asociaci&oacute;n Americana de Investigaci&oacute;n sobre el C&aacute;ncer y se han presentado los resultados de dos l&iacute;neas de investigaci&oacute;n distintas que apuntan en una direcci&oacute;n que hasta hace muy poco parec&iacute;a inalcanzable.
    </p><p class="article-text">
        Una de ellas explora <a href="https://www.sciencealert.com/personalized-vaccine-for-deadliest-major-cancer-keeps-patients-alive-6-years-later" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">una vacuna personalizada basada en ARN mensajero</a> (mRNA), dise&ntilde;ada para entrenar al sistema inmunitario a reconocer y atacar c&eacute;lulas tumorales espec&iacute;ficas de cada paciente. En bastantes casos, los resultados muestran respuestas inmunol&oacute;gicas intensas y una reducci&oacute;n significativa del riesgo de reca&iacute;da. En el otro ensayo <a href="https://www.medpagetoday.com/meetingcoverage/aacr/120941" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un f&aacute;rmaco de nueva generaci&oacute;n ha logrado prolongar la supervivencia de pr&aacute;cticamente todos los pacientes</a> con tumores particularmente agresivos, abriendo una v&iacute;a terap&eacute;utica donde hasta ahora apenas hab&iacute;a opciones.
    </p><p class="article-text">
        Son unas noticias extraordinarias en un &aacute;mbito donde hasta antes de ayer casi no hab&iacute;a esperanza. El c&aacute;ncer de p&aacute;ncreas sigue siendo hoy uno de los tumores con peor pron&oacute;stico: la tasa de supervivencia a cinco a&ntilde;os se mantiene en torno al 10%, en gran parte porque suele detectarse tarde y responde mal a los tratamientos convencionales. Durante d&eacute;cadas, los avances han sido lentos, casi desesperantemente marginales, y las opciones terap&eacute;uticas apenas han cambiado la historia natural de la enfermedad.
    </p><p class="article-text">
        Los resultados no son definitivos, pero tienen a los onc&oacute;logos revolucionados. Los c&aacute;nceres m&aacute;s dif&iacute;ciles est&aacute;n empezando a ceder. Y eso, para quienes recuerdan lo que significaba un diagn&oacute;stico como el de Zerolo hace apenas una d&eacute;cada, es ya un cambio de mundo.
    </p><p class="article-text">
        Y yo no puedo evitar pensar que hay algo profundamente com&uacute;n entre esos cient&iacute;ficos y Pedro Zerolo. Todos ellos, en alg&uacute;n momento, decidieron enfrentarse a algo que parec&iacute;a imposible. Que parec&iacute;a inamovible. A lo que muchos daban por perdido. Y lo consiguieron. Y si cada d&iacute;a vivimos en una sociedad mejor es gracias a ellos.
    </p><p class="article-text">
        El progreso funciona as&iacute;. No nace de lo sencillo, sino de lo improbable. De quienes se empe&ntilde;an, una y otra vez, en hacer lo que parece que no se puede hacer. Igual en lugar &ndash;o adem&aacute;s&ndash; de ser socialistas, o comunistas, deber&iacute;amos hacernos todos zerolistas. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/mejor-noticia-semana_129_13183770.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 29 Apr 2026 20:10:10 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La mejor noticia de la semana]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Pedro Zerolo,Cáncer]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La razón por la que no se resuelve el problema de la vivienda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/razon-no-resuelve-problema-vivienda_129_13164948.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/07fa45a4-2ce0-4713-943d-4057b24ed82c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La razón por la que no se resuelve el problema de la vivienda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los partidos políticos actuales, en un gesto disfuncional terrible, en lugar de enfrentarse al que es el primer problema no solo de la sociedad española, sino de la occidental; en lugar de liderar al país hacia un nuevo consenso, meten la cabeza bajo tierra como un avestruz</p></div><p class="article-text">
        La raz&oacute;n por la que no hemos sabido resolver el problema de la vivienda no es que no haya suelo. La raz&oacute;n por la que seguimos embarrados con este tema no es que no funcione construir. Tampoco es que hayan venido m&aacute;s inmigrantes. Ni que haya mucha burocracia.
    </p><p class="article-text">
        La raz&oacute;n por la que no hemos resuelto el problema de la vivienda es que no sabemos en qu&eacute; consiste exactamente ese problema. O mejor, que no nos ponemos de acuerdo sobre ello.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;El problema es que hay gente que no tiene donde vivir? &iquest;O es que es muy caro vivir de alquiler? &iquest;Si el alquiler fuera m&aacute;s barato estar&iacute;a justificado que una parte de la poblaci&oacute;n no tuviera una casa en propiedad? &iquest;Qu&eacute; parte de la poblaci&oacute;n? &iquest;Y si esa vivienda fuera p&uacute;blica, estar&iacute;a justificado? &iquest;Es siquiera posible construir vivienda p&uacute;blica para toda esa gente? &iquest;En cu&aacute;ntos a&ntilde;os? &iquest;Y privada? &iquest;Cu&aacute;nto deber&iacute;a costar una vivienda? &iquest;Cu&aacute;nto deber&iacute;a rentar venderla? &iquest;C&oacute;mo ahorrar&iacute;an quienes no accedan a la propiedad?
    </p><p class="article-text">
        En Espa&ntilde;a hay 27 millones de viviendas. 18,5 millones son la residencia principal de un n&uacute;mero similar de familias. El 70% de ellas tiene su casa en propiedad, pero solo el 25% est&aacute; pagando todav&iacute;a la hipoteca. De esas, el 17% percibe ingresos de arrendar una segunda vivienda (o tercera, o cuarta, o quinta) vivienda a otro 30% de familias que vive de alquiler.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De manera que la cosa es tan endiablada como esta: la sociedad espa&ntilde;ola est&aacute; partida por la mitad, entre quienes tienen la casa pagada y quienes siguen dedicando una parte de sus ingresos a pagar por alg&uacute;n tipo de tenencia de vivienda. De estos, m&aacute;s de la mitad vive de alquiler y esa cifra no deja de crecer.&nbsp;Mientras tanto, el 64% de lo que todos los espa&ntilde;oles consideran su &ldquo;patrimonio&rdquo; son activos inmobiliarios y <a href="https://www.bde.es/wbe/es/publicaciones/analisis-economico-investigacion/documentos-ocasionales/encuesta-financiera-de-las-familias-eff-2024-metodos-resultados-y-cambios-desde-2022.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">las familias que tienen casa en propiedad son, de media</a>, cinco veces m&aacute;s ricas que las que viven de alquiler.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como consecuencia, hay una parte de la sociedad que entiende que est&aacute; bien que algunas familias&nbsp;sean arrendadoras y perciban unos ingresos por ello, otros, la inmensa mayor&iacute;a, quiere que las viviendas se sigan revalorizando porque les va en ello sus propios &ldquo;ahorros&rdquo;, mientras que un &uacute;ltimo grupo, cada vez m&aacute;s numeroso, necesita un ticket de entrada a ese sistema para poder subirse al carro de la sociedad.
    </p><p class="article-text">
        Pero esas tres cosas son incompatibles, irreductibles, imposibles de solucionar sin un acuerdo. Porque para que esos ahorros se materialicen en una venta, alguien tiene que comprar. Y el precio de esa compra depende de que los alquileres sigan subiendo y de que las generaciones sucesivas dediquen cada vez un porcentaje m&aacute;s alto de sus ingresos de toda la vida a pagar su vivienda principal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La vivienda no es &ldquo;un tema&rdquo;. Es, junto con el trabajo y las pensiones, el tercer pilar del modelo econ&oacute;mico y social en el que llevamos viviendo 50 a&ntilde;os. Es el veh&iacute;culo que permit&iacute;a a los trabajadores ahorrar y construir un patrimonio que les ofrec&iacute;a seguridad, pertenencia y arraigo. Y se est&aacute; desmoronando.
    </p><p class="article-text">
        Los partidos pol&iacute;ticos actuales, en un gesto disfuncional terrible, en lugar de enfrentarse al que es el primer problema no solo de la sociedad espa&ntilde;ola, sino de la occidental; en lugar de liderar al pa&iacute;s hacia un nuevo consenso, meten la cabeza bajo tierra como un avestruz. Comienza entonces el baile de medidas que parecen querer hacer algo, pero que no alcanzan siquiera a apuntar cu&aacute;l ser&iacute;a la soluci&oacute;n al problema. Esta semana ha tocado el turno de un nuevo plan de vivienda del Gobierno.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El plan propone invertir en tres cosas contradictorias: La primera, construir vivienda p&uacute;blica, para lo cual prev&eacute; una dotaci&oacute;n para los pr&oacute;ximos cuatro a&ntilde;os de 7.000 millones de euros entre la dotaci&oacute;n del Estado y la que se les exigir&aacute; a las comunidades aut&oacute;nomas. Vamos a imaginar que se usan &iacute;ntegramente para construir viviendas por debajo del precio del mercado de la construcci&oacute;n, a 1.000 &euro;/m2. Resultan 82.000 viviendas en 4 a&ntilde;os (que se entregar&iacute;an, previsiblemente, en algunos m&aacute;s), esto es, el 0,4% del parque actual de vivienda. Mientras tanto, resulta que seg&uacute;n los mismos datos del Banco de Espa&ntilde;a, en dos a&ntilde;os entre 2022 y 2024 los hogares que viven de alquiler aumentaron en 225.000. De manera que la vivienda p&uacute;blica en alquiler que promete hacer el gobierno con este plan no compensa ni la cuarta parte de las familias que cada a&ntilde;o se ven abocadas a los alquileres abusivos que produce el sistema actual.
    </p><p class="article-text">
        Y si el modelo de este gobierno es el del alquiler de vivienda p&uacute;blica, alguien podr&iacute;a decir que es un primer paso. Lo inexplicable es que en lugar de dedicar el total de la financiaci&oacute;n a esa funci&oacute;n, a rengl&oacute;n seguido, en el mismo programa, nos encontremos con dos medidas que, en lugar de avanzar en la l&iacute;nea de construir m&aacute;s vivienda p&uacute;blica, parecen reforzar la idea de que el alquiler privado es una buena opci&oacute;n: una que promete ayudas a &ldquo;j&oacute;venes&rdquo; arrendatarios, otra para rehabilitaci&oacute;n y hasta nuevas ayudas para arrendatarios que alquilen con un precio &ldquo;asequible&rdquo;. Y todo esto mientras no toca ni una coma de las escandalosas deducciones fiscales a los arrendadores que hace que la vivienda sea un producto de inversi&oacute;n m&aacute;s rentable que ninguna de las actividades que producen crecimiento y riqueza.&nbsp;&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y dice la ministra que este plan representa &ldquo;el triple del anterior&rdquo;. Mire, se&ntilde;ora ministra, el triple de cero &ndash;resultados&ndash; sigue siendo cero.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para pasmo general, el centroderecha, que pr&aacute;cticamente invent&oacute; la idea de la vivienda en propiedad como forma de parar las ambiciones comunitaristas de los partidos de la izquierda en los a&ntilde;os 60 y 70, ha abandonado su propia columna vertebral ideol&oacute;gica para echarse en manos de los &ndash;a&uacute;n pocos&ndash; arrendatarios.
    </p><p class="article-text">
        La realidad es que los partidos pol&iacute;ticos &ndash;con el PSOE a la cabeza, pero seguido muy de cerca por todos los dem&aacute;s&ndash; est&aacute;n atrapados en el mismo sitio: entre grupos distintos de votantes con intereses leg&iacute;timos, pero contrapuestos.
    </p><p class="article-text">
        Y la soluci&oacute;n a este problema, mucho antes que construir, rehabilitar o limitar precios, pasa por algo mucho m&aacute;s inc&oacute;modo: por ponerse delante de la ciudadan&iacute;a y decir la verdad. Decir que no es posible, al mismo tiempo, que la vivienda siga revaloriz&aacute;ndose como activo de ahorro, que los alquileres bajen de forma sostenida y que las nuevas generaciones accedan a la propiedad en condiciones similares a las que tuvieron sus padres. Y que tenemos que llegar a otro acuerdo. Y decir qu&eacute; es lo que propone cada partido para ese consenso: &iquest;Que todos seamos propietarios, o que solo lo sean unos cuantos?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hasta que no hagamos esa elecci&oacute;n de forma expl&iacute;cita, el sistema seguir&aacute; exactamente donde est&aacute;: aplazando forzosamente un conflicto que ya no admite m&aacute;s dilaci&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/razon-no-resuelve-problema-vivienda_129_13164948.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 22 Apr 2026 19:52:18 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La razón por la que no se resuelve el problema de la vivienda]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Rufián, Montero y la tentación NIMBY]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/rufian-montero-tentacion-nymby_129_13146133.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/88af1da3-37f0-475f-818a-2ca024a48782_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x989y122.jpg" width="1200" height="675" alt="Rufián, Montero y la tentación NIMBY"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Para solucionar el problema de la vivienda hace falta construir. No solo en los ínfimos suelos que están urbanizados pero pendientes de construir y bloqueados por los promotores en espera de que se sigan revalorizando. Hay que densificar las ciudades, como ha propuesto recientemente Salvador Illa. Cambiar los barrios, aprovechar para hacer una necesaria rehabilitación energética de los edificios y para instalar más energías renovables</p></div><p class="article-text">
        &iquest;Ser&iacute;a mejor que el mundo se transforme o que se quede como est&aacute;? Si hubi&eacute;ramos hecho esta pregunta en una asamblea de la UGT, del PSOE, de CCOO o de Izquierda Unida hace 40 a&ntilde;os la respuesta hubiera sido un&aacute;nime.
    </p><p class="article-text">
        Cuando yo era chiquitita, la izquierda era sin&oacute;nimo de cambio. Mis padres y todos sus amigos siempre estaban construyendo algo: un barrio, un sindicato, una asociaci&oacute;n, una cooperativa. Hasta los trabajadores hablaban de la estrategia y del devenir de las empresas como si fueran suyas.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, en cambio, una parte de la izquierda del mundo occidental se ha vuelto reticente a construir. Se trata de un fen&oacute;meno que recibe el nombre de &ldquo;Nimbyism&rdquo; (por las siglas de &ldquo;Not In My Back Yard&rdquo;, es decir, &ldquo;no en mi patio trasero&rdquo;) y que comenz&oacute; a describirse en Estados Unidos hace una d&eacute;cada. Hoy se ha vuelto global y llama a nuestra puerta.
    </p><p class="article-text">
        Podemos, por ejemplo, lleva mucho tiempo <a href="https://www.eldiario.es/politica/pp-vox-junts-tumban-decreto-gobierno-evitar-nuevo-apagon-total_1_12484195.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">siendo un partido NIMBY</a> que se opone a construir vivienda y ha votado en varias ocasiones en contra de dar todo el impulso necesario a las energ&iacute;as renovables. Quiz&aacute;s por influencia de Irene Montero, esta semana Gabriel Rufi&aacute;n se ha subido al carro y ha afirmado que &ldquo;la soluci&oacute;n no es crear m&aacute;s viviendas, porque el especulador acumula y eso lo tiene que decir la izquierda de forma clara&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo se ha producido este viaje? &iquest;Qu&eacute; est&aacute; impulsando este movimiento al proteccionismo de las opciones tradicionalmente progresistas?
    </p><p class="article-text">
        De entre todas las confusiones que contaminan el debate sobre la vivienda, la m&aacute;s perniciosa es la que pretende que las casas son un bien de mercado, como los ca&ntilde;ones o la mantequilla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nada m&aacute;s lejos de la realidad. No podr&iacute;an serlo. La condici&oacute;n de posibilidad para que exista un mercado de bienes es que puedan existir una oferta y una demanda libres. Y en este caso no se cumple.
    </p><p class="article-text">
        Las licencias de vivienda son un monopolio del Estado, que es quien determina d&oacute;nde, cu&aacute;ndo y cu&aacute;nto se puede construir. No solo esto, sino que tambi&eacute;n es el Estado el que ordena la demanda: es el que decide donde se instalar&aacute;n los polos industriales, los parques tecnol&oacute;gicos, las universidades, los hospitales y las grandes infraestructuras en torno a las cuales la poblaci&oacute;n necesita &ndash;no elige&ndash; vivir.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        M&aacute;s a&uacute;n: a trav&eacute;s de la aplicaci&oacute;n de incentivos o cargas fiscales, los estados tambi&eacute;n controlan los precios del parque inmobiliario.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De manera que la vivienda no es un bien de mercado. Si queremos un s&iacute;mil, hay uno mucho mejor: las acciones de una empresa.
    </p><p class="article-text">
        Igual que las licencias de vivienda, las acciones de una empresa no son un bien, sino un t&iacute;tulo de propiedad. En ambos casos existe un &uacute;nico emisor que controla la oferta y, en gran medida, la demanda y el precio tambi&eacute;n. Y el valor de ambos t&iacute;tulos est&aacute; ligado a la entidad que tienen detr&aacute;s: bien la empresa o el pa&iacute;s en cuesti&oacute;n.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Esto no es ninguna casualidad: se dise&ntilde;&oacute; as&iacute;. Distribuir la propiedad de los pa&iacute;ses mediante la vivienda en propiedad fue uno de los pilares del proyecto del Estado del Bienestar del siglo XX. La vivienda resultaba la inversi&oacute;n perfecta para que los estados repartieran entre sus ciudadanos los dividendos que, en &uacute;ltima instancia, generaban sus propias inversiones en infraestructura urbana.
    </p><p class="article-text">
        Tanto es as&iacute; que era muy habitual que los pol&iacute;ticos se refirieran a la creaci&oacute;n masiva de inmuebles como un reparto de las &ldquo;participaciones&rdquo; en un pa&iacute;s: como un veh&iacute;culo de inversi&oacute;n en la sociedad misma.
    </p><p class="article-text">
        Por esta raz&oacute;n el problema de la vivienda no es habitacional, sino de reparto de la riqueza, se trata de la distribuci&oacute;n del capital y de las inversiones de un pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Y la brutal crisis que vivimos tiene una explicaci&oacute;n muy sencilla:
    </p><p class="article-text">
        En Europa, el 83% del parque se construy&oacute; antes de 1996. En particular, entre el final de la Segunda Guerra Mundial y finales del siglo XX se construyeron el 54% de los inmuebles que hay en la actualidad. En otras palabras: el 83% de las acciones de la Uni&oacute;n Europea se emitieron antes del cambio de siglo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Como en cualquier empresa, esos accionistas originales no tienen incentivos para que se emitan m&aacute;s participaciones porque eso reducir&iacute;a el valor de las suyas (se diluir&iacute;an, como se dice en el argot financiero). Al contrario: si el pa&iacute;s sigue creciendo sin que aumente el n&uacute;mero de acciones (de licencias), est&aacute;s valdr&aacute;n m&aacute;s de forma autom&aacute;tica, sin que su due&ntilde;o tenga que hacer nada por mejorarla.
    </p><p class="article-text">
        Por la misma raz&oacute;n, los propietarios del suelo tampoco tienen incentivos para edificar. Porque construir les obliga, tarde o temprano, a vender y cerrar una posici&oacute;n que, de mantenerse abierta, seguir&iacute;a generando valor de forma indefinida y sin esfuerzo alguno. El suelo sin edificar es, en este sentido, la acci&oacute;n perfecta: no da trabajo, no paga impuestos y se revaloriza sola.
    </p><p class="article-text">
        Si los gobiernos hoy han perdido cualquier inter&eacute;s en desarrollar m&aacute;s de nada, y la urbanizaci&oacute;n de nuevos terrenos se ha vuelto un v&iacute;a crucis que puede llevar d&eacute;cadas, no es como se suele decir, porque exista mucha burocracia. La burocracia es la misma para todo y otros temas avanzan mucho m&aacute;s r&aacute;pido en la administraci&oacute;n. Es que se han vuelto NYMBYs. Es que esos &ldquo;accionistas&rdquo; son una masa inmensa y muy influyente de votantes cuyo inter&eacute;s cae del lado de cobrar dividendos, no de emitir m&aacute;s acciones.
    </p><p class="article-text">
        Al contrario, para solucionar el problema de la vivienda hace falta construir. No solo en los &iacute;nfimos suelos que est&aacute;n urbanizados pero pendientes de construir y bloqueados por los promotores en espera de que se sigan revalorizando. Hay que densificar las ciudades, como ha propuesto recientemente Salvador Illa. Cambiar los barrios, aprovechar para hacer una necesaria rehabilitaci&oacute;n energ&eacute;tica de los edificios y para instalar m&aacute;s energ&iacute;as renovables. Por supuesto que tambi&eacute;n hay que poner coto a la especulaci&oacute;n -por ejemplo, prohibiendo la compra por extranjeros de acciones de tu propio pa&iacute;s. Pero el mensaje que es necesario lanzar para que baje el precio de las &ldquo;acciones&rdquo; solo puede ser uno: y es que este pa&iacute;s siempre va a estar comprometido con que todas las generaciones accedan al capital com&uacute;n en las mismas condiciones.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todo lo dem&aacute;s, es NIMBYsm.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/rufian-montero-tentacion-nymby_129_13146133.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 15 Apr 2026 20:44:33 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Rufián, Montero y la tentación NIMBY]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Réquiem por una civilización]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/requiem-civilizacion_129_13127311.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/991e1054-fe5f-41a9-8cd1-746458344d83_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Réquiem por una civilización"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La civilización que está muriendo es la nuestra: la occidental. Y es muy probable que tenga todo el sentido que sea así, porque ya no estamos en un mundo unipolar donde un solo actor hace y deshace</p></div><p class="article-text">
        Yo no s&eacute; por qu&eacute; tenemos esta man&iacute;a de pensar que Trump nunca cumple sus promesas. El martes, sin ir m&aacute;s lejos, prometi&oacute; que destruir&iacute;a una civilizaci&oacute;n para que no regresara jam&aacute;s y lo hizo: la civilizaci&oacute;n occidental hoy est&aacute; muerta. No va a recuperarse de los golpes mortales que le ha ido infligiendo, con machacona insistencia, el <em>establishment</em> pol&iacute;tico y econ&oacute;mico de los Estados Unidos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Digo el <em>establishment</em> porque ya es hora de que hablemos de las cosas por lo que son. Trump es una persona. No es todopoderoso. Existen en la constituci&oacute;n americana mecanismos suficientes para sacar a un demente de la presidencia del gobierno. Los militares que, para sorpresa de nadie, tienen m&aacute;s arrestos que los CEO del Nasdaq, le montaron una algarada el domingo que acab&oacute; con doce inspectores generales despedidos por no doblegarse al disparate al que nos quer&iacute;a conducir. No tengo ninguna duda de que, si no ha habido m&aacute;s ataques indiscriminados, es porque la resistencia que se est&aacute; encontrando en el Ej&eacute;rcito es feroz.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tampoco es que no tenga oposici&oacute;n interna. El presidente de la Reserva Federal hace meses que le planta cara y el martes varios l&iacute;deres MAGA muy relevantes pidieron a las fuerzas armadas que desobedecieran sus &oacute;rdenes ilegales y que el presidente fuera relegado del cargo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero ning&uacute;n congresista republicano se sum&oacute; a la iniciativa. Ni tampoco abrieron el boquino los empresarios cuyos intereses se ver&aacute;n perjudicados por la previsible escasez de gas y petr&oacute;leo que el cierre del estrecho de Ormuz va a producir. Al contrario, el <em>runrun</em> que recorre los mentideros del dinero americano es que la crisis de suministro que amenaza con producir hambrunas en Asia y &Aacute;frica por falta de fertilizantes a <a href="http://ee.uu" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">EE.UU</a>. le va a venir bien, porque el pa&iacute;s es exportador neto de crudo. As&iacute; que el martes, en mitad de las amenazas de guerra nuclear y cr&iacute;menes de guerra, la bolsa americana dorm&iacute;a pl&aacute;cidamente: plana, inmutable.
    </p><p class="article-text">
        Lo que estamos viviendo es el &uacute;ltimo episodio de una larga serie en la que el <em>establishment</em> econ&oacute;mico americano &mdash;y, en parte, tambi&eacute;n global&mdash; se ha ido convenciendo de que eso de ser el guardi&aacute;n &mdash;militar, monetario, diplom&aacute;tico&mdash; del mundo, a EE.UU. no le renta. Y cada vez son m&aacute;s las voces que sostienen que es insostenible: que la deuda p&uacute;blica se ha disparado hasta niveles hist&oacute;ricos para financiar ese papel, que mantener el orden global exige un gasto militar y diplom&aacute;tico desproporcionado y que, en &uacute;ltima instancia, son otros pa&iacute;ses los que se benefician de ese esfuerzo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Trump es el <em>poster child </em>de ese consenso que se ha ido fraguando. Los aranceles, esa idea &ndash;sin sentido&ndash; de que el estado de las balanzas comerciales es una especie de deuda que unos pa&iacute;ses tienen con otros o el empe&ntilde;o en que los pa&iacute;ses europeos aumenten su gasto militar para &ldquo;pagar su parte&rdquo; de la OTAN son las manifestaciones de esa voz interna que no deja de gritar que EEUU se ha cansado de liderar el mundo.
    </p><p class="article-text">
        Por eso el <em>establishment</em> de <a href="http://ee.uu" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">EE.UU</a>. ha decidido que Trump le conviene. Con que las bolsas sigan subiendo y los impuestos sigan bajando, ya puede arder Roma.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Los dem&oacute;cratas, por desgracia, tampoco se han vacunado contra ese virus. Y ahora que anticipan que el partido republicano va a implosionar, quiz&aacute; para siempre, han decidido que es mucho mejor tener perfil bajo y esperar a ver pasar el ata&uacute;d con el cad&aacute;ver de su adversario.
    </p><p class="article-text">
        Con estas mimbres, lo m&aacute;s probable es que el pr&oacute;ximo gobierno de <a href="http://ee.uu" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">EE.UU</a>. mantenga esta tendencia al repliegue internacional. Que sea, como ha ocurrido en el Reino Unido despu&eacute;s de Boris Johnson, una cosa blanda, mediopensionista, que no se atrever&aacute; a enfrentar las causas reales de los problemas del pa&iacute;s y arrastrar&aacute; a&ntilde;os de conflictos, incapaz de crear una nueva promesa para Occidente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Estados Unidos es un imperio fallido. Trump pasar&aacute;. Pero las tendencias sociales y pol&iacute;ticas que lo han tra&iacute;do hasta aqu&iacute; &ndash;el fracaso estrepitoso de su modelo social, la quiebra del &ldquo;sue&ntilde;o americano&rdquo;, el declive de su industria, la frustraci&oacute;n de la poblaci&oacute;n y la percepci&oacute;n de decadencia&ndash; son incompatibles con el liderazgo de la econom&iacute;a y la pol&iacute;tica global.
    </p><p class="article-text">
        No tengo ninguna duda de que, en la pr&oacute;xima d&eacute;cada, las universidades americanas dejar&aacute;n de liderar la investigaci&oacute;n, su diplomacia empezar&aacute; a ser recibida con resignaci&oacute;n en las embajadas, la cooperaci&oacute;n internacional se reorganizar&aacute; y Europa tendr&aacute; su propia estrategia militar y de seguridad. La &ldquo;inteligencia artificial&rdquo; ser&aacute; la &uacute;ltima de las innovaciones que nacer&aacute; en suelo americano. Sin rumbo, las estructuras que hab&iacute;an ordenado nuestro mundo durante los &uacute;ltimos 75 a&ntilde;os se ir&aacute;n desmoronando.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La civilizaci&oacute;n que est&aacute; muriendo es la nuestra: la occidental. Y es muy probable que tenga todo el sentido que sea as&iacute;, porque ya no estamos en un mundo unipolar donde un solo actor hace y deshace.
    </p><p class="article-text">
        Ocurre que los momentos en los que se deshace un orden son tambi&eacute;n los &uacute;nicos en los que puede construirse otro. Y eso abre espacios para nuevas alianzas que antes eran impensables. Ah&iacute; est&aacute;n ya, emergiendo, esas &ldquo;coaliciones de los dispuestos&rdquo;: acuerdos entre pa&iacute;ses que comparten valores y objetivos, m&aacute;s all&aacute; de la geograf&iacute;a y de los viejos bloques. O la posibilidad &mdash;hoy remota, pero por primera vez imaginable&mdash; de corregir errores hist&oacute;ricos como el Brexit y reconstruir una Europa m&aacute;s coherente y m&aacute;s fuerte.
    </p><p class="article-text">
        Me tachar&aacute;n de optimista, pero &iquest;y si esto no fuera un drama, sino una oportunidad?&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/requiem-civilizacion_129_13127311.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 08 Apr 2026 20:59:46 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Réquiem por una civilización]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[En el 250 aniversario de la biblia del mundo contemporáneo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/250-aniversario-biblia-mundo-contemporaneo_129_13115898.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/b343cf06-dacb-4cd5-be19-923fa263b874_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="En el 250 aniversario de la biblia del mundo contemporáneo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Necesitamos una nueva biblia como lo fue 'La riqueza de las naciones' de Adam Smith. Nos hemos quedado sin un mito que explique el mundo y necesitamos un nuevo relato que llegue allá donde no llegó un profesor de filosofía moral del año 1776</p></div><p class="article-text">
        Adam Smith naci&oacute;, en el a&ntilde;o 1723, en el coraz&oacute;n de una pregunta: &iquest;C&oacute;mo se organiza una sociedad de extra&ntilde;os?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Kirkcaldy era un pueblito min&uacute;sculo en la costa del Mar del Norte. A pocos kil&oacute;metros, en la orilla opuesta del fiordo de Forth, Edimburgo se estaba convirtiendo en una suerte de improvisada ciudad de los rascacielos. Encaramada en un risco diminuto sin espacio f&iacute;sico para crecer, la capital se hab&iacute;a visto arrasada por sucesivas oleadas migratorias que hab&iacute;an duplicado su poblaci&oacute;n a una velocidad vertiginosa. Sin otra posibilidad, los reci&eacute;n llegados hab&iacute;an ido convirtiendo la urbe en un experimento chiflado de chabolismo vertical: sobre los antiguos edificios medievales hab&iacute;an ido levantando planta tras planta hasta alcanzar las diez, doce, incluso catorce alturas a base de precarias estructuras de madera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para cuando Smith tuvo edad de comprender lo que estaba ocurriendo, cerca de 60.000 personas se hacinaban en medio kil&oacute;metro cuadrado &mdash;algo as&iacute; como cinco veces la densidad de una ciudad moderna&mdash; y aquellas estructuras hab&iacute;an empezado a ceder. Los muros se arqueaban, los cimientos se desplazaban, y no era raro que inmuebles enteros se vinieran abajo de la noche a la ma&ntilde;ana.
    </p><p class="article-text">
        Como los edificios de la Royal Mile, tambi&eacute;n las estructuras que ordenaban la sociedad escocesa de finales del siglo XVIII empezaban a resquebrajarse bajo la presi&oacute;n de la urbanizaci&oacute;n y la industrializaci&oacute;n. Y es que en aquellos a&ntilde;os en el sur de Escocia se estaba fraguando la transformaci&oacute;n de la experiencia humana m&aacute;s importante &ndash;y m&aacute;s infravalorada&ndash; de la historia reciente.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 1750 hab&iacute;a, quiz&aacute;, cinco o seis ciudades de m&aacute;s de 100.000 habitantes en Europa: Londres, Par&iacute;s, Viena, N&aacute;poles y Madrid. Fuera de ellas, la pr&aacute;ctica totalidad de la poblaci&oacute;n del mundo a&uacute;n viv&iacute;a, como hab&iacute;an hecho sus antepasados durante milenios, en grupos tan peque&ntilde;os que era posible tener un conocimiento &iacute;ntimo de todos los vecinos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esas comunidades, cada persona sab&iacute;a no solo qui&eacute;n era qui&eacute;n, sino tambi&eacute;n qui&eacute;nes hab&iacute;an sido sus padres y sus abuelos y cu&aacute;ntas veces su estirpe hab&iacute;a estado vinculada o hab&iacute;a entrado en conflicto con otra. Todo el mundo pod&iacute;a juzgar por s&iacute; mismo si alguien era confiable o no, si representaba un peligro, cu&aacute;l era su estatus y si val&iacute;a la pena su tiempo. Donde no llegaba ese conocimiento, las iglesias hab&iacute;an asumido el papel de ordenante de la vida en com&uacute;n. As&iacute; que los mecanismos que durante milenios nos hab&iacute;an permitido comprender las sociedades humanas segu&iacute;an, hasta finales del siglo XVIII, pr&aacute;cticamente intactos.
    </p><p class="article-text">
        Pero entonces los terratenientes escoceses comenzaron a promover las <em>enclosure acts</em>, unas leyes que prohib&iacute;an a los campesinos usar los pastos comunes que hasta entonces hab&iacute;an sido la base de su subsistencia. Privados de su forma de vida, miles de personas se vieron obligadas a desplazarse a las ciudades.
    </p><p class="article-text">
        Esas ciudades empezaron a convertirse en arrabales donde todo el mundo era nuevo y desconocido. Por primera vez en la historia, los grupos humanos superaban los l&iacute;mites de lo que pod&iacute;a entenderse desde la cognici&oacute;n individual y no ten&iacute;an ni iglesia, ni tradici&oacute;n a la que agarrarse para entender lo que estaba ocurriendo. As&iacute; surgi&oacute; un desaf&iacute;o completamente in&eacute;dito: &iquest;c&oacute;mo comprender a alguien que no conoces? &iquest;C&oacute;mo saber si puedes confiar en otra persona sin tener una referencia directa y personal? &iquest;C&oacute;mo transmitir tu propio estatus o reconocer el de alguien a quien nunca has visto?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En ese escenario, la religi&oacute;n ya no era capaz de contestar esas preguntas. Ni pod&iacute;a seguir dando forma al mundo, ni sostener el orden social. Sus preceptos &mdash;no solo su manera de entender el tiempo y el espacio, sino, sobre todo, su funci&oacute;n como arquitectura invisible de la vida en com&uacute;n&mdash; comenzaban a desmoronarse.
    </p><p class="article-text">
        La obsesi&oacute;n de Smith, como la de tantos de sus contempor&aacute;neos, era la de sustituir esas premisas: encontrar los fundamentos de la naturaleza humana y las reglas que nos gobiernan para crear un mantra universal que ordenase la sociedad que estaba naciendo.
    </p><p class="article-text">
        Y es que, por m&aacute;s que la Historia se haya empe&ntilde;ado en presentarlo as&iacute;, Adam Smith no era un economista. La econom&iacute;a ni siquiera exist&iacute;a en aquel momento como disciplina. Lo m&aacute;s cercano era la &ldquo;econom&iacute;a pol&iacute;tica&rdquo;, que se ocupaba principalmente del gasto p&uacute;blico y de la recaudaci&oacute;n. Y la creencia general es que era el Estado el que produc&iacute;a la riqueza de las naciones. Smith, sin embargo, era profesor de filosof&iacute;a moral y su ambici&oacute;n era ofrecer un marco para orientar la conducta de sus contempor&aacute;neos. La econom&iacute;a, podr&iacute;amos aventurar, fue el artefacto que se invent&oacute; para convencernos de que aquel manual ten&iacute;a alg&uacute;n sentido.
    </p><p class="article-text">
        Y <em>La riqueza de las naciones</em> no es un tratado t&eacute;cnico, sino algo mucho m&aacute;s poderoso: es una f&aacute;bula. Un relato sobre esa sociedad naciente. Un mito fundacional que vino a sustituir a la religi&oacute;n. Como todos los mitos fundacionales, no tuvo &eacute;xito porque fuera literalmente cierto, sino porque result&oacute; extraordinariamente eficaz. Con un libro, Smith proporcion&oacute; un andamiaje intelectual sobre el que se termin&oacute; por levantar una civilizaci&oacute;n entera.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El relato dec&iacute;a algo as&iacute;: la riqueza de las naciones no depende de lo que poseen, sino del trabajo que son capaces de movilizar. Pero hay algo desconcertante: en todas partes las personas trabajan, y sin embargo unas sociedades prosperan mientras otras se estancan. &iquest;D&oacute;nde est&aacute; la diferencia?, se preguntaba Smith. Y su respuesta era tan simple como revolucionaria: en la organizaci&oacute;n del trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Un artesano, trabajando por su cuenta, pod&iacute;a hacer un producto al d&iacute;a, quiz&aacute; dos. Pero en una cadena de montaje pod&iacute;a hacer miles. La riqueza de los pa&iacute;ses depend&iacute;a de lo bien que se organizasen. Y para organizarse, requer&iacute;an capital.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De manera que hay tres formas de contribuir a la sociedad: una, mediante sacrificio, aportando el ahorro que uno podr&iacute;a gastar en placeres superfluos; otra, con esfuerzo, entregando tiempo y trabajo; y la tercera, a trav&eacute;s de la capacidad de organizar, de poner en marcha estructuras que multipliquen la productividad. Los pa&iacute;ses que logren dominar estas tres dimensiones &mdash;ahorrar, trabajar y organizarse&mdash; ser&aacute;n los que prosperen y dejen atr&aacute;s a los dem&aacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Este mito ten&iacute;a una ventaja extraordinaria en aquel momento hist&oacute;rico. El esfuerzo y el sacrificio, a diferencia de la devoci&oacute;n religiosa o de la fe, eran contables. Las horas de trabajo, las libras invertidas o ahorradas, pod&iacute;an anotarse en una hoja de c&aacute;lculo. De esta manera, el mito resolv&iacute;a ese gran problema de la sociedad que nac&iacute;a: c&oacute;mo valorar a las personas m&aacute;s all&aacute; de los v&iacute;nculos familiares, de la comunidad local y del fervor religioso. Smith ofrec&iacute;a un sistema universal para medir y guiar la conducta humana, un reemplazo secular para la autoridad moral que antes resid&iacute;a en la iglesia y en la tradici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; fue como el mito de Adam Smith sustituy&oacute; a la religi&oacute;n punto por punto, en todas sus facetas. Hab&iacute;a un dios &mdash;ya no en el cielo, sino en la organizaci&oacute;n del trabajo&mdash; que promet&iacute;a ganancias infinitas. Hab&iacute;a virtudes &mdash;el ahorro y el trabajo&mdash; que otorgaban el favor de ese dios. Y hab&iacute;a un infierno: la pobreza y la exclusi&oacute;n, el atraso en lugar del progreso, para quienes no cumpl&iacute;an los preceptos. Lo que uno val&iacute;a y lo que val&iacute;a el resto iba a quedar para siempre registrado en una gigantesca hoja de c&aacute;lculo que llamar&iacute;amos <em>econom&iacute;a</em>.
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a hoy, 250 a&ntilde;os despu&eacute;s, vivimos palabra por palabra en ese mito. Las categor&iacute;as econ&oacute;micas que se ense&ntilde;an en la universidad (el trabajo y el capital como factores de la producci&oacute;n, la productividad, etc.) todav&iacute;a nacen de ese libro. Pero no solo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tambi&eacute;n le seguimos ense&ntilde;ando a nuestros hijos la importancia del esfuerzo. Igual que nos ense&ntilde;aron nuestros padres. Hasta nos machacamos en silencio cuando sentimos que &ldquo;no nos hemos esforzado lo suficiente&rdquo;. Por su parte, varias de las cat&aacute;strofes de la sociedad contempor&aacute;nea &ndash;como la crisis de la vivienda o la burbuja de las bolsas&ndash; se explican porque seguimos convencidos de que el ahorro es una actitud virtuosa que merece una recompensa (aunque no produzca valor y aunque no corra riesgos, que eran las cosas que se supon&iacute;a que hac&iacute;a el ahorro en el cuento de Smith).
    </p><p class="article-text">
        La crisis que atraviesa nuestra sociedad tambi&eacute;n se explica por las limitaciones de ese relato. Smith pensaba que el conocimiento era irrelevante, un subproducto de la actividad humana que no deb&iacute;a contarse. En varias ocasiones a lo largo del texto desprecia la contribuci&oacute;n de los obreros que inventaban mejoras para las m&aacute;quinas o de las profesiones que no contribu&iacute;an a mover la cadena de montaje. Y a pesar de que el dios de su historia &ndash;la divisi&oacute;n del trabajo&ndash; es una forma muy evidente de conocimiento, ni en sus planteamientos, ni en las ecuaciones que despu&eacute;s dieron forma a la econom&iacute;a de los siguientes 250 a&ntilde;os qued&oacute; reflejada esta faceta de la actividad humana salvo como un &ldquo;residuo&rdquo; que no se puede contar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, todo nuestro marco moral, que despu&eacute;s se refleja tambi&eacute;n en la arquitectura de la econom&iacute;a como ciencia, descansa sobre el esfuerzo e ignora sistem&aacute;ticamente la esencia de la actividad de los seres humanos: el conocimiento.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Pero resulta que hoy hemos superado esa necesidad de esfuerzo que ten&iacute;amos en el inicio de la Revoluci&oacute;n Industrial: vivimos en una era del conocimiento en la que el trabajo &ndash;en ese sentido de la aplicaci&oacute;n de la fuerza&ndash; cada vez es menos necesario para producir valor (y menos lo ser&aacute; a medida que avancen las energ&iacute;as renovables). Y, sin embargo, carecemos de herramientas para valorarlo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La crisis del mundo moderno nace de esa carencia: necesitamos una nueva biblia. Nos hemos quedado sin un mito que explique el mundo y necesitamos un nuevo relato que llegue all&aacute; donde no lleg&oacute; un profesor de filosof&iacute;a moral del a&ntilde;o 1776. Uno que d&eacute; sentido a este tiempo nuevo y que nos empuje hacia adelante otros 250 a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;--&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque sus casi 1.000 p&aacute;ginas pueden echar a alg&uacute;n lector para atr&aacute;s, <em>La riqueza de las naciones</em> es una lectura muy entretenida que se puede limitar a los tres primeros libros (unas 300 p&aacute;ginas). Hay una versi&oacute;n reducida <a href="https://archive.org/details/adam-smith-la-riqueza-de-las-naciones_202304/page/7/mode/2up" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en el dominio p&uacute;blico aqu&iacute;</a> que se puede encontrar tambi&eacute;n en <a href="https://www.amazon.es/riqueza-las-naciones-I-II-III-selecci%C3%B3n/dp/842065096X" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">libro de bolsillo de Alianza Editorial</a>.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/250-aniversario-biblia-mundo-contemporaneo_129_13115898.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 01 Apr 2026 20:16:28 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[En el 250 aniversario de la biblia del mundo contemporáneo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Capitalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cinco claves para entender este loco mes de marzo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cinco-claves-entender-loco-mes-marzo_129_13094073.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/0da021bb-79a7-4185-9f45-2b2c5ef04ffc_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cinco claves para entender este loco mes de marzo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Somos una sociedad de sabios. Hemos construido los acuerdos políticos que nos han permitido vivir en paz. Y podemos construir otros. Tenemos la inteligencia y la capacidad para salir adelante y encontrar soluciones a los problemas que nos vamos a encontrar</p></div><p class="article-text">
        <strong>Uno. Donald Trump est&aacute; de salida.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por m&aacute;s que asuste su comportamiento err&aacute;tico y la sensaci&oacute;n de que cada d&iacute;a nos despierta con una nueva amenaza m&aacute;s terrible que la anterior, hoy es evidente que el trumpismo, como propuesta pol&iacute;tica, ha fracasado y est&aacute; de salida.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Trump no ha conseguido consolidar una alianza estable con una base de votantes, que es el requisito de cualquier fuerza pol&iacute;tica necesita para sostenerse en el tiempo. Su apoyo electoral est&aacute; <a href="https://www.nytimes.com/interactive/polls/donald-trump-approval-rating-polls.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">en ca&iacute;da libre</a> y se resiente incluso <a href="https://edition.cnn.com/2026/03/20/politics/donald-trump-supporters-iran-war" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">entre sus fieles</a>. Tampoco parece que en el Partido Republicano haya mucho entusiasmo con el presidente. Este a&ntilde;o se retiran 35 congresistas y senadores republicanos, un r&eacute;cord hist&oacute;rico.
    </p><p class="article-text">
        En noviembre hay elecciones al congreso y al senado en EEUU. Hace m&aacute;s o menos un a&ntilde;o que la <a href="https://www.nytimes.com/interactive/polls/congressional-vote-2026.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">pr&aacute;ctica totalidad de las encuestas</a> le dan la victoria a los dem&oacute;cratas (pese a que tampoco se puede decir que hayan hecho mucho por merecerlo). Y lo que es peor: su repertorio personal de medidas &ndash;como los aranceles, las deportaciones y los recortes del gasto social&ndash; se ha agotado. A Trump ya solo le queda seguir en una huida, cada vez m&aacute;s desesperada, hacia adelante. Su &uacute;nica promesa es el caos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En esta tesitura, lo que veremos en los pr&oacute;ximos meses es c&oacute;mo los pesos pesados del partido republicano, del ej&eacute;rcito y de la administraci&oacute;n le van abandonando. &Eacute;l, probablemente cada vez m&aacute;s iracundo, se volver&aacute; todav&iacute;a m&aacute;s irracional y, quiz&aacute;, m&aacute;s violento. Pero es muy probable que, a medida que vaya perdiendo el apoyo del establishment, tambi&eacute;n se vaya volviendo cada vez m&aacute;s ineficaz en la ejecuci&oacute;n de sus algaradas y empiece a parecer un abuelito demente. Algo de esto ya le ocurri&oacute; en la primera legislatura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La clave van a ser las cuentas con la justicia que les van a quedar a muchos de sus colaboradores despu&eacute;s de este viaje. Trump se ha saltado la ley tantas veces que hemos perdido la cuenta, pero en los juzgados ha quedado un rastro que ahora tendr&aacute; que ir exigiendo responsabilidades. Quienes est&eacute;n en peligro de acabar en el trullo tendr&aacute;n muchos incentivos para intentar que Trump siga en el poder, mientras que quienes se hayan quedado al margen de sus tropel&iacute;as tendr&aacute;n inter&eacute;s en no pringarse en el &uacute;ltimo minuto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Dos. La burbuja de la IA ya ha pinchado.</strong>
    </p><p class="article-text">
        Por m&aacute;s que no se haya contado as&iacute;, los n&uacute;meros hablan por s&iacute; solos. Las bolsas americanas llevan meses planas o en ca&iacute;da. El NASDAQ acumula p&eacute;rdidas del 10% desde octubre, mientras que el S&amp;P 500 cede un 11% desde sus m&aacute;ximos de enero. En otro contexto, estas cifras ser&iacute;an explicables. Pero lo verdaderamente desconcertante es el contexto en el que se producen: no en medio de una recesi&oacute;n, ni de un esc&aacute;ndalo corporativo, sino justo cuando las grandes tecnol&oacute;gicas est&aacute;n publicando los mejores resultados de su historia.
    </p><p class="article-text">
        El caso de NVIDIA es paradigm&aacute;tico &mdash; y quiz&aacute;s el m&aacute;s revelador de todos. La compa&ntilde;&iacute;a, cuya capitalizaci&oacute;n de mercado supera ya el PIB del Reino Unido, se ha convertido en el s&iacute;mbolo por excelencia de la fiebre inversora en inteligencia artificial. Sus chips son la columna vertebral sobre la que se construye toda la infraestructura de la IA moderna, desde los modelos de OpenAI hasta los centros de datos de Microsoft, Google y Amazon.
    </p><p class="article-text">
        Las dos &uacute;ltimas veces que NVIDIA present&oacute; resultados, las cifras fueron, sencillamente, de otro planeta. En su &uacute;ltimo trimestre, la compa&ntilde;&iacute;a report&oacute; unos ingresos de 39.300 millones de d&oacute;lares &mdash; un crecimiento interanual del 78% &mdash; y un beneficio neto que casi triplic&oacute; al del mismo periodo del a&ntilde;o anterior. Su divisi&oacute;n de centros de datos, el motor que alimenta la demanda de IA, ingres&oacute; sola m&aacute;s de 35.000 millones de d&oacute;lares en un &uacute;nico trimestre. Son unos n&uacute;meros que habr&iacute;an parecido ciencia ficci&oacute;n hace apenas tres a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Y sin embargo, las dos veces, sus acciones cayeron a continuaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Para estupor de cualquiera, esta combinaci&oacute;n de unos resultados extraordinarios seguidos de una ca&iacute;da del precio de las acciones se ha convertido en la t&oacute;nica general de la bolsa americana: le ha ocurrido igual a Oracle, Microsoft o Meta, entre otros. &iquest;C&oacute;mo puede ser?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando unos resultados extraordinarios ya no son suficientes para sostener el precio de una acci&oacute;n, es porque est&aacute;n perdiendo fuerza por alguna parte. La burbuja de la IA ya ha pinchado, solo que no ha sido una ruptura de aguas violenta y s&uacute;bita, sino una fisura de las que provocan que una parturienta vaya perdiendo, a lo largo de un periodo de tiempo, l&iacute;quido amni&oacute;tico. Una parte de los inversores est&aacute; saliendo &ndash;&ldquo;rotando&rdquo;, en el argot&ndash;, de las inversiones en IA pese a que los extraordinarios resultados siguen atrayendo a otros inversores m&aacute;s incautos. Dar&aacute; igual. Por m&aacute;s que la sigan inflando, no dejar&aacute; de perder volumen. El mundo est&aacute; de parto. Y lo que sentimos son las contracciones.
    </p><p class="article-text">
        <strong>Tres. El emperador estaba desnudo.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando se desinfle el souffl&eacute; de la burbuja, descubriremos que eso que hemos llamado &ldquo;inteligencia artificial&rdquo; se parece mucho m&aacute;s al email que al ferrocarril. Es un software, un protocolo, una forma de conocimiento que puede replicarse y emplearse de forma universal &mdash; por infinitas personas a la vez, sin que compitan entre s&iacute; por su uso. Y precisamente por eso, aunque cumpla su promesa de aumentar exponencialmente la productividad &mdash; como lo hizo el e-mail &mdash;, nunca podr&aacute; generar el tipo de crecimiento que produjo el ferrocarril. Porque este &uacute;ltimo era un bien escaso que se pod&iacute;a intercambiar en r&eacute;gimen cuasi monopol&iacute;stico y la IA no lo es.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Alguien recordar&aacute;, entonces, algo que es una evidencia de la teor&iacute;a econ&oacute;mica. Y es que la productividad, por s&iacute; sola, no produce crecimiento. Da igual cu&aacute;n productivo sea uno, si no tiene a quien venderle el resultado de su producci&oacute;n. Para crear crecimiento hace falta vender. O lo que es lo mismo, tener algo que los dem&aacute;s quieran y a lo que no puedan acceder, salvo compr&aacute;ndolo.&nbsp;&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cuatro. La m&uacute;sica est&aacute; a punto de terminarse.&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        Despu&eacute;s de tres a&ntilde;os y medio de inflar el globo, en los pr&oacute;ximos meses llegar&aacute; la hora de la verdad: las salidas a bolsa de las grandes empresas de la IA. SpaceX (la f&aacute;brica de cohetes de Elon Musk, que se fusion&oacute; con el antiguo Twitter reconvertido en xAI al olor de la sardina), pretende salir al parque con una valoraci&oacute;n de 1.75 billones de d&oacute;lares. OpenAI y Anthropic, las otras dos grandes &ldquo;startups&rdquo; del sector que a&uacute;n no cotizan, esperan ser valoradas, en conjunto, en 1,25 billones m&aacute;s.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Nunca, en la historia, se hab&iacute;a producido una salida a bolsa tan inmensa. Para cubrir el 25% de esas valoraciones, har&iacute;an falta 1,2 billones de d&oacute;lares. El consenso de los analistas (no conozco ni una sola voz en contra) es que no existe en el mundo suficiente liquidez (o sea, suficiente dinero) para comprar las nuevas acciones de estas empresas sin que se desplome la cotizaci&oacute;n del resto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por comparar, en 2025 &ldquo;<a href="https://www.ey.com/en_gl/insights/ipo/trends" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">1.293 salidas a bolsa</a> recaudaron 171.800 millones de d&oacute;lares a nivel mundial&rdquo; y eso ya representaba un aumento del 40% respecto a 2024. Esto es, el a&ntilde;o pasado, las salidas a bolsa no llegaron al 15% de lo que ser&iacute;a necesario para sacar adelante estas operaciones.
    </p><p class="article-text">
        Las cifras son tan mareantes, ese mundo est&aacute; tan borracho de expectativas, que cada vez cuesta m&aacute;s tom&aacute;rselo en serio. Resulta imposible distinguirlo de la trayectoria pirada de un lud&oacute;pata.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En todo caso, a falta de un milagro, lo que va a ocurrir es que alguna de esas IPOs no va a llegar a buen puerto. Quiz&aacute; ninguna de las tres.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <strong>Cinco. Es la madre de todas las burbujas</strong>
    </p><p class="article-text">
        Cuando alguna de las grandes IPOs del sector fracase &ndash;si no antes, por ejemplo, cuando alguien se dedique a <a href="https://www.wheresyoured.at/where-is-openais-money-going/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mirar seriamente los n&uacute;meros de OpenAI</a>&ndash; resultar&aacute; evidente que toda esta deriva que lleva empujando a las empresas tecnol&oacute;gicas desde 2020 ha sido una monstruosa burbuja que ha ido avanzando de <em>hype</em> en <em>hype</em> (la realidad virtual, el metaverso, las criptomonedas, los coches aut&oacute;nomos y un largo etc&eacute;tera) hasta hoy. Y terminar&aacute; de explotar.
    </p><p class="article-text">
        Y si nos paramos a observar con detenimiento, descubriremos que este no es un fen&oacute;meno aislado, sino que es el tercer acto de una &uacute;nica burbuja que lleva hinch&aacute;ndose 25 a&ntilde;os. Comenz&oacute; en 2000, cuando la Reserva Federal americana respondi&oacute; al colapso de las puntocom tirando los tipos de inter&eacute;s e inundando el mundo de dinero barato. Sigui&oacute; en 2008, cuando a las tensiones en la deuda soberana los bancos centrales contestaron que har&iacute;an &ldquo;whatever it takes&rdquo; para proteger la estabilidad financiera de sus pa&iacute;ses. Otra monta&ntilde;a de liquidez. Y continu&oacute; con nuevos est&iacute;mulos monetarios y econ&oacute;micos en el COVID y despu&eacute;s durante la invasi&oacute;n de Ucrania.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Llevamos un cuarto de siglo insuflando ox&iacute;geno al cad&aacute;ver de una econom&iacute;a que hace mucho tiempo que no respira y que no conseguimos reanimar.
    </p><p class="article-text">
        <strong>&nbsp;</strong>
    </p><p class="article-text">
        <strong>Y una idea para la esperanza: no es el fin del mundo (es el principio).</strong>
    </p><p class="article-text">
        Me doy cuenta de que todas estas noticias marean. Y que a veces dan un miedo y una sensaci&oacute;n de p&eacute;rdida de control horrible.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La manera de no perder el norte es darse cuenta de que este aparente colapso de todo lo que nos rodea es un espejismo. Lo que est&aacute; quebrando no es la sociedad. Lo que tiembla es un proyecto econ&oacute;mico concreto en el que hemos vivido los &uacute;ltimos 25 a&ntilde;os y que no ha funcionado.
    </p><p class="article-text">
        Nuestro tiempo es heredero de los consensos que se alcanzaron tras la Segunda Guerra Mundial. Entonces, una generaci&oacute;n de occidentales se propuso encarar la reconstrucci&oacute;n de un mundo devastado con una tarea adicional: incluir a la mayor&iacute;a de la poblaci&oacute;n en los dividendos del progreso. Fueron unos a&ntilde;os extraordinarios; los mejores de la humanidad &ndash;hasta aquel momento. Al final de aquel ciclo, en las &uacute;ltimas d&eacute;cadas del siglo, el mundo necesit&oacute; un nuevo desaf&iacute;o y se propuso crear una &ldquo;sociedad del conocimiento&rdquo; para el siglo XXI.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Es una parte de ese experimento, ese de la &ldquo;econom&iacute;a del conocimiento&rdquo;, el que se est&aacute; resquebrajando. Por una raz&oacute;n muy simple: era un ox&iacute;moron; econom&iacute;a y conocimiento son dos conceptos antag&oacute;nicos, irreconciliables. La econom&iacute;a es la gesti&oacute;n de los bienes escasos y el conocimiento es nuestro bien abundante por definici&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De manera que, en el siglo XXI, a medida que el conocimiento ha ido avanzando, la econom&iacute;a ha ido retrocediendo. Ocurri&oacute; con la m&uacute;sica, con las pel&iacute;culas, con la informaci&oacute;n, con las tiendas f&iacute;sicas, con las oficinas bancarias, con decenas de profesiones y sectores profesionales. A medida que el conocimiento humano ha ido creciendo de la mano de las primeras generaciones que fueron a la universidad y de Internet, ha ido sustituyendo partes inmensas del sistema econ&oacute;mico que nos hab&iacute;a sostenido en el siglo XX.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy vemos el ejemplo m&aacute;s brutal en la inteligencia artificial: una forma de conocimiento que amenaza con acabar con millones de puestos de trabajo.
    </p><p class="article-text">
        Pero, &iquest;es esto de verdad una amenaza? &iquest;No fue siempre el objetivo final? &iquest;No era esto con lo que so&ntilde;&aacute;bamos? &iquest;Con liberarnos de la esclavitud de la escasez y del trabajo?&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, las cosas que son relevantes para la vida humana, los indicadores que, dentro de 50 a&ntilde;os, dir&aacute;n si nuestro tiempo fue de progreso o de regresi&oacute;n, siguen marchando viento en popa. La ciencia sigue avanzando a paso de gigante en la curaci&oacute;n del c&aacute;ncer, del p&aacute;rkinson y del alzh&eacute;imer. Cada vez somos capaces de producir m&aacute;s con menos y, como resultado, seguimos acabando &ndash;aunque seguro que podr&iacute;amos ir mucho m&aacute;s deprisa&ndash; con la pobreza y la mortalidad infantil. En estos &uacute;ltimos a&ntilde;os tenemos otra raz&oacute;n para ser optimistas: el progreso alucinante de las energ&iacute;as renovables nos permite so&ntilde;ar con un mundo limpio de combustibles f&oacute;siles donde la energ&iacute;a es abundante.
    </p><p class="article-text">
        No es lo importante de la realidad lo que se tambalea: son nuestras creencias. Es el fin de un ciclo ideol&oacute;gico, de un sistema, que se lleva agotando desde hace 25 a&ntilde;os y est&aacute; en su fase ag&oacute;nica, en su &uacute;ltimo estertor, produciendo una tragedia detr&aacute;s de otra.
    </p><p class="article-text">
        Lo que se est&aacute; viniendo abajo son las normas del mundo antiguo. Pero si somos capaces de entenderlo de esa manera y mantenernos unidos, serenos y orientados, como hicimos durante la crisis del COVID, o durante la invasi&oacute;n de Ucrania, o durante la Guerra Mundial y la reconstrucci&oacute;n de Europa hace 75 a&ntilde;os, encontraremos que nunca fuimos m&aacute;s capaces de superar las dificultades que tenemos por delante que ahora.
    </p><p class="article-text">
        Somos una sociedad de sabios. Hemos construido los acuerdos pol&iacute;ticos que nos han permitido vivir en paz. Y podemos construir otros. Tenemos la inteligencia y la capacidad para salir adelante y encontrar soluciones a los problemas que nos vamos a encontrar. Por m&aacute;s salvaje que sea la crisis que est&aacute; por venir; por m&aacute;s bandazos que sigan dando los s&aacute;trapas en <a href="http://ee.uu" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">EEUU</a>, en Israel o en Rusia: si nos lo proponemos y le dedicamos el mejor de nuestros esfuerzos, no tenemos nada que temer.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/cinco-claves-entender-loco-mes-marzo_129_13094073.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 24 Mar 2026 20:59:32 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cinco claves para entender este loco mes de marzo]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El mejor candidato de la izquierda es un programa para arreglar el problema de la vivienda]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/mejor-candidato-izquierda-programa-arreglar-problema-vivienda_129_13090954.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/d00bb5af-836e-49f4-95a5-efc88cea83f1_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El mejor candidato de la izquierda es un programa para arreglar el problema de la vivienda"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La vivienda no es “un tema” es, junto con la idea de la participación social por el trabajo y las pensiones, el pilar sobre el que hemos construido esta sociedad</p></div><p class="article-text">
        En una trama que ha pasado a la historia del cine, Marty McFly se mete en un l&iacute;o c&oacute;smico cuando se sube al Delorean del Doctor Brown y aterriza, en 1955, treinta a&ntilde;os antes de su &eacute;poca y sin combustible suficiente para volver. Por si fuera poco, nada m&aacute;s llegar, Marty interfiere sin querer en el momento en que sus padres se conocieron por primera vez y, al hacerlo, rompe la cadena de eventos que deb&iacute;a llevarles a enamorarse. Si no consigue arreglarlo Marty est&aacute; perdido. Sus padres nunca se casar&aacute;n, y &eacute;l y sus hermanos nunca llegar&aacute;n a nacer.
    </p><p class="article-text">
        La manera en que Marty puede ver el tiempo de sus padres agot&aacute;ndose es una fotograf&iacute;a familiar que lleva encima. Una imagen de &eacute;l junto a sus hermanos en la que, a medida que el pasado se tuerce y su existencia peligra, las figuras empiezan a desvanecerse, como si nunca hubieran existido. Cuando los dedos de Marty comienzan a desaparecer, sabe que su tiempo se acaba.
    </p><p class="article-text">
        Como los Mcfly, la posibilidad de que siga existiendo un espacio a la izquierda del PSOE en el futuro se desvanece. Mientras tanto, unos cuantos centenares de cuadros intentan estos d&iacute;as, como Marty, mantener cosido un espacio com&uacute;n cada d&iacute;a m&aacute;s fr&aacute;gil para no terminar de borrarse de la foto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y no es por falta de talento. Ese espacio tiene un equipo t&eacute;cnico extraordinario y sus gabinetes de los ministerios, aunque est&aacute;n completamente absorbidos por el d&iacute;a a d&iacute;a de la gesti&oacute;n, se encuentran entre los mejores del gobierno. Adem&aacute;s, por primera vez en mucho tiempo existe una gran sinton&iacute;a entre los jefes de todos los partidos, y relaciones de amistad y confianza entre los dirigentes de todos los partidos desde hace d&eacute;cadas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tampoco es que falten nombres para la papeleta: Bustinduy ser&iacute;a un buen l&iacute;der, como lo ser&iacute;a M&oacute;nica Garc&iacute;a. Ada Colau o Unai Sordo tambi&eacute;n podr&iacute;an hacer un papel. Lo que ocurre es que, como ocurre en Regreso al Futuro, los proyectos no se desvanecen por falta de un cuerpo que poner, sino porque se rompe la secuencia que les daba sentido. El cuerpo desaparece de la fotograf&iacute;a porque se ha roto la historia, el proyecto, la trayector&iacute;a que lo sosten&iacute;a.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Por esta raz&oacute;n los pol&iacute;ticos son ideas, s&iacute;mbolos, encarnaciones de una visi&oacute;n de la sociedad. Y duran lo que dura ese proyecto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Felipe Gonz&aacute;lez encarn&oacute; la idea de la modernizaci&oacute;n de Espa&ntilde;a. Jos&eacute; Luis Rodr&iacute;guez Zapatero, la agenda de los derechos civiles. Aznar fue la cara de la liberalizaci&oacute;n de la econom&iacute;a y, en estos a&ntilde;os, Yolanda Diaz ha representado una izquierda laboralista. Ha encarnado el sindicalismo y las demandas de los trabajadores. Por eso era una buena candidata: su personaje, su programa y su trayectoria eran muy buenos y estaban perfectamente alineados. Seguramente por eso ha tenido mucho &eacute;xito en esa funci&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hoy la izquierda a la izquierda de la izquierda no est&aacute; vac&iacute;a de personas, est&aacute; vac&iacute;a de s&iacute;mbolos. Est&aacute; desnortada. Ya no sabe si es una izquierda verde, o laboralista, o populista, o todo a la vez. No le faltan personas, le falta un proyecto que encarnar para un espacio que, por no tener, ya no tiene ni forma de definirse m&aacute;s all&aacute; de su posicionamiento respecto del PSOE.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Andaban estos d&iacute;as los partidos de la izquierda a la izquierda de la izquierda como locos buscando candidato cuando, de pronto, el viernes, apareci&oacute; uno cuando menos lo esperaban: un plant&oacute;n en el Consejo de Ministros y una apuesta fuerte por el control de los precios del alquiler se hizo cuerpo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        De repente, y aunque nadie sepa cu&aacute;l ser&aacute; el nombre en la papeleta, se llen&oacute; el espacio. Hoy nadie se pregunta para qu&eacute; sirve la izquierda a la izquierda de la izquierda ni qu&eacute; sentido tiene. Tiene este sentido. El de poner pie en pared contra la espiral especulativa que amenaza con convertirnos en una sociedad feudal.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No deber&iacute;a darle ning&uacute;n miedo a ese grupo de partidos convertirse en eso que se llaman &ldquo;single-issue parties&rdquo;. La vivienda no es &ldquo;un tema&rdquo; es, junto con la idea de la participaci&oacute;n social por el trabajo y las pensiones, el pilar sobre el que hemos construido esta sociedad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Resolverlo requerir&aacute; una operaci&oacute;n quir&uacute;rgica de esas que duran horas y en las que participan muchos cirujanos: uno para sacar de la especulaci&oacute;n los suelos que no se han desarrollado, otro para plantear remodelaciones del urbanismo en las grandes ciudades, otro para buscar la equidad intergeneracional, otro para encontrar oportunidades de inversi&oacute;n alternativas que respalden la econom&iacute;a productiva, otro para arreglar la fiscalidad &ndash;sangrante&ndash; del sector, muchos para encontrar soluciones de urgencia mientras llegan las de largo plazo.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Y ocurre que a d&iacute;a de hoy ning&uacute;n partido tiene una propuesta ni pr&oacute;xima a resolver este problema que no deja de aumentar y que va a terminar por amenazar, muy pronto, la convivencia. Por no tener, no hay ni siquiera un consenso sobre c&oacute;mo deber&iacute;a ordenarse la vivienda en el siglo XXI. &iquest;A&uacute;n aspiramos a que todo el mundo sea propietario? &iquest;O nos parece bien que la mitad de la poblaci&oacute;n sea arrendataria y, la otra mitad, arrendadora? &iquest;Deber&iacute;an hacer todas las generaciones la misma tasa de esfuerzo para acceder a una vivienda?
    </p><p class="article-text">
        Resolver el problema de la vivienda bien vale un espacio pol&iacute;tico. Y el ejercicio de pensar c&oacute;mo hacerlo, de lanzar mensajes transformadores a la sociedad, de dibujar un futuro donde haya una vida buena para todo el mundo, tendr&iacute;a la potencia para llenar ese espacio. Y de sostenerlo hasta que los partidos decidan, ahora s&iacute;, con un programa, qui&eacute;n es el candidato que encarna esa visi&oacute;n.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tanto que hasta podr&iacute;an dejar de definirse por su posici&oacute;n respecto del PSOE y empezar a ser una izquierda con nombre propio. Abundantista, por ejemplo.&nbsp;
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Álvarez]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/mejor-candidato-izquierda-programa-arreglar-problema-vivienda_129_13090954.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 23 Mar 2026 21:39:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[El mejor candidato de la izquierda es un programa para arreglar el problema de la vivienda]]></media:title>
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    </item>
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</rss>
