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    <title><![CDATA[elDiario.es - María Ovelar]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/maria-ovelar/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - María Ovelar]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA['Reality Bites', el "timo tóxico" que contaminó la forma de ver las relaciones de una generación]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/reality-bites-amor-romantico_1_11659910.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/938bdbb8-106c-44a5-a4d1-232ee225d29b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="&#039;Reality Bites&#039;, el &quot;timo tóxico&quot; que contaminó la forma de ver las relaciones de una generación"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Tres décadas después, este icono cinematográfico de la generación X sigue arrancando suspiros. Y eso que propone justo el tipo de relación que llevamos años entrenándonos para evitar, un amor romántico no exento de toxicidad: "Me comí con patatas todo lo que representaba Troy"</p><p class="subtitle">Buscando a Mr. Darcy ardientemente: por qué 'Orgullo y prejuicio' se ha convertido en un 'Imperio romano' generacional</p></div><p class="article-text">
        Treinta a&ntilde;os despu&eacute;s del estreno de <em>Reality Bites</em> (1994), uno de los iconos cinematogr&aacute;ficos de la generaci&oacute;n X dirigido por Ben Stiller, la tensi&oacute;n sentimental y sexual entre Lelaina (Winona Ryder) y Troy (Ethan Hawke) sigue arrancando suspiros. Y eso que la pel&iacute;cula nos propone justo el tipo de relaci&oacute;n que llevamos a&ntilde;os entren&aacute;ndonos para evitar: un amor rom&aacute;ntico no exento de toxicidad. 
    </p><p class="article-text">
        Hace una d&eacute;cada, en su vig&eacute;simo aniversario, la edici&oacute;n estadounidense de Vanity Fair analizaba por qu&eacute; una pel&iacute;cula que hab&iacute;a sido parodiada en los noventa &ndash;no por su trama amorosa, sino por su batiburrillo de estereotipos&ndash; hab&iacute;a alcanzado el estatus de culto entre las nuevas generaciones. La respuesta: la nostalgia. En consecuencia, <em>millennials </em>y <em>centennials</em> ensue&ntilde;an hoy como lo hicimos nosotras con los clich&eacute;s de g&eacute;nero entre Lelaina y Troy, el eterno tira y afloja sentimental, la t&iacute;pica trama que termina con la chica apostando por el c&iacute;nico emocionalmente no disponible.
    </p><p class="article-text">
        La escritora y poeta <a href="https://www.eldiario.es/cultura/libros/lara-moreno-novelista-feminista-creas-no-salvo-sufrir-violencia-genero_1_9290082.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Lara Moreno</a> (Sevilla, 43 a&ntilde;os), que en su novela <em>La ciudad</em> (Lumen, 2022) diseccion&oacute; tres historias de maltrato, lo tiene claro: &ldquo;Revisitar <em>Reality Bites</em> &mdash;una pel&iacute;cula que en su d&iacute;a me cautiv&oacute; en mi m&aacute;s tierna juventud&mdash; junto a mi hija preadolescente, ha sido asistir a la confirmaci&oacute;n de que nuestra educaci&oacute;n emocional es una pel&iacute;cula de terror, ni m&aacute;s ni menos&rdquo;. Y a&ntilde;ade: &ldquo;El cine, la cultura, la familia, el sistema econ&oacute;mico, pol&iacute;tico&hellip; Todo nos ha ense&ntilde;ado a vivir tranquilamente con la infelicidad y la violencia, con una falta terrible de cuidados entre las personas. Que elijamos a alguien que nos trata mal no solamente nos lo venden como positivo, sino como atractivo e incluso inevitable, cuando deber&iacute;a ser todo lo contrario. Que los titulares de violencia sistem&aacute;tica, algunos m&aacute;s escalofriantes que otros, pero todos violentos, contra las mujeres de los peri&oacute;dicos no nos sorprendan: todo estaba ya en<em> Reality Bites&rdquo;.</em>
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Revisitarla junto a mi hija preadolescente ha sido asistir a la confirmación de que nuestra educación emocional es una película de terror, ni más ni menos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Lara Moreno</span>
                                        <span>—</span> escritora
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Varias escenas de la pel&iacute;cula evidencian la subordinaci&oacute;n social de la mujer con respecto al hombre, el patr&oacute;n sexista y la idealizaci&oacute;n del rebelde con apego evitativo. Un narcisista elocuente, le&iacute;do y cultureta que siempre acierta con la replica nihilista perfecta: &ldquo;No tengo &oacute;rdenes para hacer del mundo un lugar mejor, Lelaina&rdquo;. Cuando la protagonista confiesa que a ella s&iacute; le gustar&iacute;a mejorar el mundo, Troy ironiza: &ldquo;Y a m&iacute;, me gustar&iacute;a comprarle una Coca-Cola a todo el mundo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La pareja por la que termina apostando Lelaina le suelta perlas como &ldquo;sabemos que llegaste alto pasando por muchas camas&rdquo; y esconde calzoncillos en su ropa para no tener que pagar la lavander&iacute;a &mdash;y para no tener que desplazarse hasta donde se encuentra&mdash;; est&aacute; demasiado ocupado filosofando sobre la existencia, claro, como para intuir que es un machista. Troy es un nihilista que le encuentra sentido al capitalismo: la vida para &eacute;l es una sucesi&oacute;n de tragedias, por eso lo &uacute;nico en lo que cree es en  &ldquo;una hamburguesa con queso&rdquo;. 
    </p><p class="article-text">
        A Fefa Vila N&uacute;&ntilde;ez, soci&oacute;loga en la UCM y editora de <em>El libro de buen [A]mor. Sexualidades raras y pol&iacute;ticas extra&ntilde;as</em> (Traficantes), le parece preocupante que &ldquo;lxs j&oacute;venes hoy se puedan identificar con las tramas de<em> Reality Bites</em>. Me resulta chocante y problem&aacute;tico. En los 90, cuando se estren&oacute; en mi entorno activista <em>queer </em>y feminista veintea&ntilde;ero, no nos interes&oacute;, pas&oacute; desapercibida. Representaba muchas cosas que odi&aacute;bamos y combat&iacute;amos pol&iacute;ticamente y que en ese momento eran ya inadmisibles, por ejemplo, se idealizaban relaciones t&oacute;xicas y estereotipadas entre los sexos&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Ethan Hawke y Winona Ryder en &#039;Reality Bites&#039; (1994).                            </span>
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        M&aacute;s adelante, cuando Lelaina aparece en el sal&oacute;n donde la espera Michael (Ben Stiller), con quien tiene una cita, Troy y Michael discuten sobre su estilismo (un vestido blanco de encaje). El fil&oacute;sofo reta al ejecutivo: &ldquo;T&uacute; no sabes lo que necesita [Lelaina]&rdquo;, y este zanja el debate con un &ldquo;s&eacute; lo que necesita de un modo en el que t&uacute; nunca lo sabr&aacute;s&rdquo;. Lelaina en esta escena no tiene, por supuesto, ni voz ni voto.
    </p><p class="article-text">
        Durante toda la pel&iacute;cula, Troy se resiste a cambiar, hasta que cree perder a Lelaina &mdash;ella desespera porque no sabe d&oacute;nde se ha marchado su amor rebelde que ha ido en avi&oacute;n a Chicago&mdash; y su padre muere. &iquest;Pero qu&eacute; futuro se intuye en la escena final? Cuando se van a vivir juntos, Troy se dedica a tocar la guitarra en el sof&aacute; mientras Winona parece estar ocup&aacute;ndose de la mudanza &mdash;llega al sal&oacute;n con los brazos en jarras, como diciendo, &iquest;qu&eacute; haces ah&iacute; tirado?&mdash;.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Se idealizaban relaciones tóxicas y estereotipadas entre los sexos</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Fefa Vila Núñez, socióloga</span>
                                  </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        La novelista y poeta Cristina V. Miranda (Ferrol,&nbsp;1982), que narr&oacute; las violencias machistas en el mundo del <em>indie </em>en su novela <em>La entusiasta </em>(Dosmanos, 2021), coincide: &ldquo;Supongo que esto nos pasa a todas las personas de 40, lamentarnos por no haber sabido con 20 lo que sabemos ahora. Es inevitable no estar cabreada con los referentes que algunas elegimos a finales de los noventa cuando empez&aacute;bamos a conformar nuestra identidad. El <em>indie</em>, el cinismo, la pena impostada y los hombres que llevaban todo esto al extremo. Yo era muy peque&ntilde;a cuando vi <em>Reality Bites</em> como para leerla en clave ir&oacute;nica y me com&iacute; con patatas todo lo que representaba Troy (que no dejaba de ser otra v&iacute;ctima de su &eacute;poca). Nos comimos m&aacute;s Troys de los que pod&iacute;amos digerir, pero con el tiempo hemos entendido el chiste y seguimos aqu&iacute; para ayudar a crear otros referentes para las que vienen detr&aacute;s&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Y es que <em>Reality Bites</em> nos lega las mismas violencias que el amor Disney. Nuestra fijaci&oacute;n por los narcisistas hunde sus ra&iacute;ces en filmes como este, que perpet&uacute;an las historias de enamoradictos. En su &oacute;pera prima, Ben Stiller, m&aacute;s conocido por su faceta c&oacute;mica<em> (Zoolander, Algo pasa con Mary </em>o<em> Noche en el museo)</em> parodi&oacute; a la Generaci&oacute;n X, una etiqueta, por cierto, que seg&uacute;n asegur&oacute; Stiller no era conocida cuando la rod&oacute;. Ah&iacute; est&aacute;n los vasos de m&aacute;s de un litro de refrescos tipo Coca-Cola, un club donde da conciertos Troy que se llama Joint (es decir, porro), el protagonista de pelo churretoso que lidera una banda<em> grunge, </em>la cadena de televisi&oacute;n a lo MTV que documenta fen&oacute;menos urbanos sin disimular el <em>product placement</em> (que es lo mismo que intenta <em>Reality Bites</em> con Gap, Camel, Snickers o 7 Eleven), una protagonista que reniega de los coches contaminantes pero que para alimentarse gasta 900 euros en gasolina.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Ben Stiller, Winona Ryder y Ethan Hawke en &#039;Reality Bites&#039; (1994).                            </span>
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        &ldquo;Aunque tuviese algunos aspectos est&eacute;ticos novedosos, <em>Reality Bites </em>fue un producto comercial. S&iacute;, con el guion de una mujer joven [Helen Childress], pero edulcorado para ser consumido f&aacute;cilmente sin cuestionar la realidad social ni de g&eacute;nero ni econ&oacute;mica en la que sus protagonistas viv&iacute;an. La nostalgia nunca es pol&iacute;tica&rdquo;, sentencia la soci&oacute;loga Fefa Vila N&uacute;&ntilde;ez.
    </p><p class="article-text">
        Una mujer detr&aacute;s de la historia de una pel&iacute;cula con tanto presupuesto no era muy com&uacute;n en los 90. Helen Childress se bas&oacute; en su propia vida para escribir la trama. Pero su guion fue 'pulido' para hacerlo digerible; es decir, m&aacute;s rom&aacute;ntico. &iquest;C&oacute;mo pudimos desear que Winona Ryder se quedara con Ethan Hawke, el t&iacute;o emocionalmente no disponible y narcisista? El inmaduro que incluso al final de la pel&iacute;cula demuestra ser un ego&iacute;sta. El nihilista intelectual incapaz de pedir perd&oacute;n. El evasivo que cita di&aacute;logos de <em>La leyenda del indomable.</em>
    </p><p class="article-text">
        En el cl&iacute;max, tras haberse acostado con Lelaina y haberla dejado tirada a las 8.30 am con la excusa de que tiene ensayo con su grupo de m&uacute;sica, Troy se lo deja claro: &ldquo;Nunca me he acostado con alguien por quien tuviera sentimientos (&hellip;) Podr&iacute;a hacerte da&ntilde;o y largarme sin tu permiso&rdquo;. El fil&oacute;sofo se atora varias veces porque es incapaz de compartir sus sentimientos: su cociente intelectual ser&aacute; de 180 y leer&aacute; el <em>Ser y el Tiempo</em> de Heidegger en cafeter&iacute;as, pero carece de herramientas emocionales. &iquest;Cu&aacute;ntas relaciones con tipos as&iacute; funcionan?&nbsp;
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El indie, el cinismo, la pena impostada y los hombres que llevaban todo esto al extremo (...) me comí con patatas todo lo que representaba Troy</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Cristina V Miranda</span>
                                        <span>—</span> autora de &#039;La entusiasta&#039; (Dosmanos)
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Mejor opci&oacute;n parece Michael Barnes (Ben Stiller), un yuppie ejecutivo materialista que viste de traje y conduce un descapotable. Bastante inculto, s&iacute;, pero que cuando la fastidia, se disculpa e intenta enmendarlo con dos vuelos a Nueva York para que Winona muestre su trabajo y ahonde en su carrera de documentalista. Se interesa por el proyecto biogr&aacute;fico de Lelaina, es paciente y no teme demostrar cu&aacute;nto le gusta e importa.
    </p><p class="article-text">
        Pero ella prefiere al malote. Troy, el aspirante a fil&oacute;sofo, que abandona la facultad un a&ntilde;o antes de graduarse porque odia el sistema, el que roba chocolatinas en el quiosco donde trabaja porque &ldquo;el mundo se las debe&rdquo;, que se muda temporalmente a casa de Lelaina y Vickie (Janeane Garofalo) y que, a pesar de su alto cociente intelectual, demuestra ser un negado en lo emocional. Troy, que tiene un tema en el que canta<em> &ldquo;I am nothing&rdquo;</em> (no soy nada), cuyos padres se divorciaron cuando ten&iacute;a cinco a&ntilde;os y que desde entonces ve a su padre tres veces al a&ntilde;o, al que le emociona el cielo diez minutos antes de llover, le despierta el s&iacute;ndrome maternal. 
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                &#039;Reality Bites&#039; (1994).                            </span>
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        En las relaciones, Troy acomete la desigualdad del capitalismo que tanto critica: como bien razonaba <a href="https://www.salon.com/2022/10/20/generation-x-vote-conservative/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">un reportaje de&nbsp;Salon</a>, es un &ldquo;elitista ap&aacute;tico&rdquo;, &ldquo;un tipo convencido de que &eacute;l sabe lo que el mundo necesita de una manera en la que nunca lo sabr&aacute;n los tontos que lo rodean&rdquo;, un tipo, que seg&uacute;n Salon, hoy votar&iacute;a a Donald Trump. 
    </p><p class="article-text">
        Lo suyo, de todos modos, habr&iacute;a sido que Lelaina se hubiera quedado sola y que hubiera tejido redes afectivas con sus amigas. Pero cuando la despiden de su trabajo, mortifica a su amiga Jackie. Lelaina prefiere la propuesta de Troy; &ldquo;s&oacute;lo necesitamos un par de pitillos, unos caf&eacute;s y una conversaci&oacute;n. T&uacute;, yo y cinco pavos&rdquo;. Y a ella al escucharlo se le hace el coraz&oacute;n pepsi cola, como hubi&eacute;ramos dicho en los noventa. 
    </p><p class="article-text">
        La cinta consigue que nos sigamos embelesando ante los inicios de una relaci&oacute;n, un relato que esconde las crisis y la casi segura ca&iacute;da del v&iacute;nculo entre Troy y Lelaina. No es que haya que aniquilar estas celebraciones cinematogr&aacute;ficos del amor rom&aacute;ntico y no verlas. Ya solo por el corte de pelo de Winona Ryder y la escena de la gasolinera que rescat&oacute; a la banda The Knack y su cohete musical <em>My Sharona</em>, merece la pena. Pero quiz&aacute;s s&iacute; podr&iacute;amos visionarlas siendo conscientes del timo t&oacute;xico que nos pretenden colar. Nuestra cultura es la de su idealizaci&oacute;n, por eso suspiramos, pero hag&aacute;moslo ejercitando el m&uacute;sculo cr&iacute;tico. Ya veremos a ver qu&eacute; pasa con la adaptaci&oacute;n y la recepci&oacute;n de <em>Reality Bites </em>a serie en la que al parecer est&aacute; trabajando Ben Stiller. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Ovelar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/era/reality-bites-amor-romantico_1_11659910.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 17 Sep 2024 20:03:09 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA['Reality Bites', el "timo tóxico" que contaminó la forma de ver las relaciones de una generación]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Relaciones,Amor,Pareja,Cine,Películas,Cultura pop]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Menos clientes pero más sostenibilidad: por qué cada vez más cocineros renuncian a la carne]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/los-cocineros-renuncian-a-la-carne-restauracion-vegetariana_1_11464504.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/1fed9b76-9baa-4b16-bfb1-550b112d983f_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Menos clientes pero más sostenibilidad: por qué cada vez más cocineros renuncian a la carne"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La cocina basada en plantas, vegetariana y vegana, toma el protagonismo en la restauración con una legión de chefs que defienden su atractivo y posibilidades: "El objetivo es que la gente disfrute comiendo verduras, no remplazar sus sabores para que parezca carne o pescado"</p><p class="subtitle">Las recetas del hambre: cómo la cocina de escasez de la posguerra influye en lo que comemos hoy</p></div><p class="article-text">
        Daniel Patterson, chef y fundador del restaurante (hoy desaparecido) Coi con dos estrellas Michelin en San Francisco, vaticin&oacute; en 2009 que las zanahorias se convertir&iacute;an en el nuevo caviar. La declaraci&oacute;n enerv&oacute; a cr&iacute;ticos y augur&oacute; una nueva era en la que prestigiosos cocineros occidentales borraron carne, pescado, huevos y l&aacute;cteos de sus men&uacute;s. Quiz&aacute; uno de los m&aacute;s sonados fue Daniel Humm: &ldquo;El sistema alimentario contempor&aacute;neo no es sostenible&rdquo;, escribi&oacute; en 2021 en una carta para anunciar que su restaurante Eleven Madison Park de Nueva York, con tres estrellas Michelin a sus espaldas y elegido mejor restaurante del mundo en 2017, ser&iacute;a vegano. Perdi&oacute; clientes y cuando las cr&iacute;ticas arreciaron &ndash;&ldquo;Eleven Madison Park no est&aacute; preparado para ser un restaurante vegano de alta cocina&rdquo;, escribieron&ndash;, el debate se desat&oacute;: &iquest;la filosof&iacute;a plant-based (basado en plantas) es compatible con el lujo gastron&oacute;mico? 
    </p><p class="article-text">
        Los defensores de la carne afirman que nada se asemeja al sabor de las prote&iacute;nas animales, que las verduras no son capaces de reproducir los matices y aromas que desprenden cuando se cocinan, cuando se caramelizan como la carne. &ldquo;Quien diga eso no es chef: todos esos aromas derivan de activos vegetales. Podr&iacute;a nombrar cien verduras capaces de caramelizarse, empezando por la cebolla. El &aacute;cido l&aacute;ctico lo producen las bacterias de la levadura. Y el sabor de la carne y el pescado no son inherentes a esos productos, son generados por los animales que los consumen y estos animales a su vez los obtienen de las plantas que comen&rdquo;, razona el chef Alexis Gauthier, que convirti&oacute; su restaurante Gauthier Soho de Londres con estrella Michelin en 100% vegano en 2021.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Durante siglos, los humanos no tuvimos elecci&oacute;n y comimos lo que pudimos. Pero en muchos lugares, desde hace cien a&ntilde;os, tenemos opci&oacute;n: no hay por qu&eacute; seguir maltratando animales&rdquo;, plantea Gauthier, quien reconoce que la metamorfosis mengu&oacute; al principio su clientela. &ldquo;Perdimos muchos clientes al principio: no conceb&iacute;an gozar de un men&uacute; sin carne. Poco a poco, muchos de los que se fueron han venido a probar, y algunos se han hecho veganos. Hemos ganado una nueva clientela. Nuestro p&uacute;blico se ha rejuvenecido: de media, tiene veinte a&ntilde;os menos&rdquo;. Lo &uacute;ltimo, el sushi vegano de su nuevo restaurante 123V en Mayfair (Londres).
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Capellaci Nero.                            </span>
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        El dan&eacute;s Rasmus Kofoed tambi&eacute;n convirti&oacute; en vegetal su restaurante Geranium (con tres estrellas Michelin y segundo mejor del mundo seg&uacute;n 50 Best) y la francesa Claire Vall&eacute;e fue la primera en ganar una estrella Michelin con un restaurante exclusivamente de comida de origen no animal en 2021, pero cerr&oacute; un a&ntilde;o despu&eacute;s de lograrla. Y no fue porque no tuviera reservas &ndash;su restaurante Ona ten&iacute;a lista de espera&ndash;, sino por las consecuencias del confinamiento. Vall&eacute;e investiga ahora nuevas t&eacute;cnicas de fermentaci&oacute;n, rehidrataci&oacute;n y secado de alimentos.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Quien diga que nada se asemeja al sabor de la proteína animal no es chef: todos esos aromas derivan de activos vegetales</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Alexis Gauthier</span>
                                        <span>—</span> Gauthier Soho (Londres), estrella Michelin 100% vegano
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        El paladar se educa. Si entre culturas existen tantas divergencias en la cocina y lo que apasiona en un lugar, genera asco en otro (sobran los ejemplos: los zarajos, los callos, las hormigas rojas&hellip;), eso significa que se puede ense&ntilde;ar a apreciar matices, colores y texturas como las de las verduras, legumbres y fruta. Quiz&aacute; uno de los problemas sea la perspectiva con la que se ha abordado lo vegano, como si fuera un sustitutivo, como si fuera un acompa&ntilde;amiento.
    </p><p class="article-text">
        Madrid, con fama de carn&iacute;vora &ndash;callos, bocadillo de calamares, jam&oacute;n&ndash; es hoy sede de Mudr&aacute; Plant Based Food, un restaurante de alta cocina donde los vegetales y los hongos son protagonistas. &ldquo;Creamos consider&aacute;ndolos el ingrediente principal con la convicci&oacute;n de que las personas no tienen que olvidarse de la prote&iacute;na animal: simplemente no tienen ni que acordarse&rdquo;, opina Ricardo Da Silva fundador y CEO de Mudr&aacute; Plant Based Food. &ldquo;Es un tema de enfoque, de dejar de tratarlos de forma secundaria. Al ser principales, nos obliga a explorar, a combinarlas con frutos, setas e ingredientes novedosos como los superalimentos. En fin, te obliga a crear&rdquo;. Una apuesta que requiere creatividad, t&eacute;cnica y compromiso: &ldquo;El riesgo es tambi&eacute;n mayor&rdquo;, dice Da Silva.
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                Uramaki Dragón.                            </span>
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        Madrid es heterog&eacute;nea, multicultural: fenicios, romanos, &aacute;rabes; exiliados que van y vienen y una comunidad de vecinos de pa&iacute;ses diferentes que sigue esculpiendo su gastronom&iacute;a. &ldquo;Al final, lo que Madrid ama es el buen producto, con una buena t&eacute;cnica para que se exprese mejor: nuestra propuesta ha evolucionado. Hemos trabajado, investigado y practicado mucho para romper los est&aacute;ndares y crear un camino propio&rdquo;, sentencia Da Silva.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <p class="quote-text">Creamos considerando los vegetales el ingrediente principal, con la convicción de que las personas no tienen que olvidarse de la proteína animal: simplemente no tienen ni que acordarse</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Ricardo Da Silva</span>
                                        <span>—</span> fundador y CEO de Mudrá Plant Based Food
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Los detractores de la alta cocina <em>veggie</em> aseguran que est&aacute; demasiado limitada porque faltan elementos, &iquest;pero desde cu&aacute;ndo ha sido la elipsis una desventaja en la creaci&oacute;n? &ldquo;El progreso del arte no consiste en la expansi&oacute;n, sino en el conocimiento de sus l&iacute;mites&rdquo;, afirm&oacute; el pintor Braque.
    </p><p class="article-text">
        La alta cocina basada en plantas puede reinterpretar tradiciones como la cocina india, la cocina shojin japonesa, la de Sichuan o la italiana. &ldquo;La India me inspira, es muy rica en platos vegetarianos de curry, guisos, panes, postres&hellip; La variedad de especias, hierbas e ingredientes frescos hacen que sus platos sean deliciosos y llenos de sabor. Tambi&eacute;n me inspira el sudeste asi&aacute;tico, pa&iacute;ses como Tailandia, Vietnam y Malasia por la combinaci&oacute;n de sabores dulces, picantes, &aacute;cidos y salados&rdquo;, nos explica Leandro Ortega, chef del restaurante vegetariano The Green Spot de Barcelona, que tambi&eacute;n cita Oriente Medio como inspiraci&oacute;n. &ldquo;El objetivo es que la gente disfrute comiendo verduras, no remplazar sus sabores para que parezca carne o pescado. D&aacute;ndole muchos matices en el mismo plato, buscando un equilibrio ayudado de la acidez, los ahumados, un toque dulce y con ingredientes umami, como el miso o el tamari. Los sofritos y guisos &ndash;caramelizados a fuego lento para extraer su mejor sabor&ndash; aportan matices en boca y diferentes sabores para despertar las papilas gustativas y extraer el m&aacute;ximo sabor de cada ingrediente, maridar, caramelizar, combinar, especiar&hellip;&rdquo;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Ovelar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/los-cocineros-renuncian-a-la-carne-restauracion-vegetariana_1_11464504.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Fri, 05 Jul 2024 20:38:51 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Menos clientes pero más sostenibilidad: por qué cada vez más cocineros renuncian a la carne]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Gastronomía,Restaurantes,Cocina,Chefs,Cocineros,Vegetarianismo,Veganismo,Sostenibilidad]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La ‘gastrificación’ de la paella o cómo el plato valenciano ha pasado a venderse como un arroz con cosas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/gastrificacion-paella-plato-valenciano-pasado-venderse-arroz-cosas_1_11457094.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/5f600498-1c8b-4a69-8e2d-84f9ee51054e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La ‘gastrificación’ de la paella o cómo el plato valenciano ha pasado a venderse como un arroz con cosas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La paella ha mutado en un plato despojado de identidad: "La batalla está perdida. El turismo hace que se ofrezcan paellas individuales precongeladas y recetas fast food", dice el antropólogo Pablo Vidal</p><p class="subtitle">El fructífero negocio de comer recalentado: por qué proliferan los restaurantes que usan quinta gama</p></div><p class="article-text">
        La paella se declina de mil maneras: en forma de croquetas, de sushi, en pizza, precocinada, como take away, a domicilio, para microondas&hellip; Hasta cuenta con un emoji para Whatsapp. Y en medio de todo este torbellino gastrificador, a la paella valenciana le ocurre como a otros iconos culinarios: en muchas ocasiones muta en un plato mediocre despojado de su identidad. &ldquo;La batalla est&aacute; un poco perdida. El turismo est&aacute; haciendo que se ofrezcan paellas individuales precongeladas para cenar &ndash;lo que se parece a un delito del c&oacute;digo penal&ndash;, y todo tipo de recetas<em> fast food.</em> En Valencia, ya hablamos de los lugares para turistas &ndash;todo el centro&ndash; y los lugares para los locales&rdquo;, explica Pablo Vidal, antrop&oacute;logo y autor junto a los profesores Pilar Medrano y Enrique S&aacute;ez del estudio <em>A nightmare glocal discussion. What are the ingredients of Paella Valenciana</em>, publicado en <em>Journal of Gastronomy and Food Science</em>, considerada la revista cient&iacute;fica m&aacute;s prestigiosa sobre alimentaci&oacute;n del mundo. 
    </p><p class="article-text">
        A pesar de los esfuerzos de los autores de este estudio &mdash;para el que se entrevistaron a 400 cocineros no profesionales mayores de 50 a&ntilde;os y residentes en 266 pueblos y ciudades de la provincia de Valencia&mdash; que establecieron los diez ingredientes esenciales de la paella valenciana, este arroz est&aacute; siendo devorado por la globalizaci&oacute;n. Vidal reconoce que no existe una receta oficial, pero s&iacute; unos m&iacute;nimos. &ldquo;En un pueblo, varios entrevistados nos aseguraron que inclu&iacute;an garbanzos, lo cual no es muy habitual. En el de al lado, a tres kil&oacute;metros, repetimos la encuesta y no pon&iacute;an garbanzos. Al final, la conclusi&oacute;n podr&iacute;a ser que la receta es la que hac&iacute;a nuestra abuela&rdquo;, ironiza Vidal. En la lista de los diez ingredientes de la paella valenciana, se han incluido los que m&aacute;s se repiten.
    </p><p class="article-text">
        La declaraci&oacute;n en 2021 de la paella valenciana &mdash;la forma m&aacute;s antigua de todos los arroces hechos en paella&mdash; como Bien de Inter&eacute;s Cultural dio &aacute;nimos a sus defensores, si bien ya entonces el decreto era impreciso: no defin&iacute;a c&oacute;mo debe ser una aut&eacute;ntica paella ni especificaba sus ingredientes. &ldquo;La declaraci&oacute;n de Bien de Inter&eacute;s Cultural era solo un paso necesario para iniciar los tr&aacute;mites como Patrimonio Inmaterial de la UNESCO. El impacto ha sido m&iacute;nimo y las repercusiones, escasas. El tema est&aacute; bastante verde. Yo llam&eacute; en su momento al Ayuntamiento para colaborar en relanzar la iniciativa, pero digamos que no encontr&eacute; excesivo entusiasmo. Es una pena que los italianos hayan conseguido la declaraci&oacute;n como Patrimonio UNESCO de la pizza napolitana y nosotros no nos hayamos movido&rdquo;, opina Vidal.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de que existen testimonios remotos del cultivo del arroz en &eacute;poca romana, cerca de humedales y zonas pantanosas de Valencia, se considera que fueron los &aacute;rabes sus verdaderos introductores: gracias los sistemas de regad&iacute;o y las grandes huertas consolidaron su plantaci&oacute;n en el siglo VIII.
    </p><p class="article-text">
        El arroz siempre fue comida de pobres. Se cuenta que durante la Guerra de los Dos Pedros entre la corona de Arag&oacute;n y el Reino de Castilla (1356 a 1369), los valencianos se vieron obligados a comer arroz, porque se les hab&iacute;a acabado el pan. Hoy, el preparado A fuego, comercializado por el chef extreme&ntilde;o-valenciano Quique Dacosta, con tres estrellas Michelin, para hacer en casa en 20 minutos, cuesta 47 euros. &ldquo;El acceso a la prote&iacute;na siempre fue escaso por aqu&iacute;. La paella era una comida de fiesta, y para entonces se mataba el pollo y el conejo de casa. Sol&iacute;a llevar caracoles, porque era la manera de acceder a la prote&iacute;na de manera barata. Pero tambi&eacute;n se hac&iacute;a con rata o con lagarto&rdquo;, explica Vidal.
    </p><p class="article-text">
        Con los centros de las ciudades colonizados por pisos tur&iacute;sticos y <em>foodies </em>de medio mundo y los restaurantes volcados a satisfacer sus demandas ex&oacute;ticas, la gastronom&iacute;a local se estandariza. Quiz&aacute; lo principal ser&iacute;a empezar a llamar las cosas por su nombre. Dejar de llamar paella valenciana a un arroz con cosas. &iquest;Pero c&oacute;mo conseguirlo en un pa&iacute;s en el que no existe cultura de la variedad del arroz con el que se cocina y donde se comete el sacrilegio sem&aacute;ntico de denominar el recipiente de la paella, paellera (y no paella)? Lo que le ocurre a la paella ya le ha ocurrido antes al sushi, a los tacos, a las cr&ecirc;pes o a la pizza. Quiz&aacute; lo suyo es que convivan las recetas tradicionales con los vanguardistas arroces con cosas. Que cada uno tome su camino. El problema surge cuando la corriente<em> fast food </em>y la gastro acaban con todo.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Un arroz se puede hacer bien con chorizo&rdquo;, asegura Juan Valero, gerente de Arroz Tartana, dedicados al cultivo de este cereal desde finales del siglo XIX, en alusi&oacute;n a la supuesta paella que prepar&oacute; Jamie Oliver en 2016. &ldquo;Nosotros organizamos el pr&oacute;ximo 15 de junio la cuarta edici&oacute;n de nuestro campeonato anual de arroces de autor en paella de 60 cm para foodies; es decir, para aficionados que se mueven bien en redes sociales. No es una paella: es un arroz en paella. Yo siempre digo que un arroz se puede hacer con cualquier cosa siempre y cuando est&eacute; bien hecho y se combinen bien la prote&iacute;na y la verdura&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Falta cultura de la variedad del arroz. &ldquo;Se habla de la marca, pero no de su variedad&rdquo;, se lamenta Valero. Las m&aacute;s conocidas son Bomba, Albufera o Senia. El tipo depende de c&oacute;mo se cocine, a le&ntilde;a, a gas, al horno, y del gusto de los comensales. La mayor&iacute;a de las marcas no especifica la variedad e incluso mezcla varias para abaratar costes. &ldquo;Sorprende el desconocimiento incluso en Valencia: muchos chefs no lo tienen en cuenta&rdquo;. El bomba adem&aacute;s est&aacute; amenazado, seg&uacute;n Valero, a causa de las limitaciones impuestas por la Uni&oacute;n Europea en productos fitosanitarios (fertilizantes e insecticidas): su producci&oacute;n en la Comunitat se ha reducido a la mitad. La prohibici&oacute;n de esos productos sanitarios no permite combatir la principal plaga, el hongo Pyricularia oryzae, que sufre el cultivo.
    </p><p class="article-text">
        Para Vicente Rioja, chef del hotel-restaurante Rioja en Benissan&oacute; (Valencia) y considerado por Quique Dacosta &ldquo;el Paco de Luc&iacute;a de la paella&rdquo;, decir que solo existe una receta original es arriesgado e incorrecto. &ldquo;En la Comunidad Valenciana se discute mucho el plato m&aacute;s universal de nuestra gastronom&iacute;a espa&ntilde;ola. Cada comarca tiene su receta. Todos somos valencianos y cocinamos paella. No ser&eacute; yo quien le diga a nadie que la suya no es original por llevar ciertos ingredientes, cuando ha vivido una tradici&oacute;n culinaria de d&eacute;cadas as&iacute; en su poblaci&oacute;n&rdquo;, afirma y a&ntilde;ade: &ldquo;Una cosa est&aacute; clara: en la paella valenciana el punto del arroz es seco, suelto y sabroso&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Comparada con otros hits gastro del mundo, como la pizza o los tacos, la paella no es sencilla ni r&aacute;pida de elaborar. Hasta a los profesionales de la cocina se les resiste. &ldquo;La paella tradicional es poco exportable &ndash;lleva conejo y verduras aut&oacute;ctonas&ndash; pero tambi&eacute;n pasa con el sushi en su manera m&aacute;s original. La paella est&aacute; de moda en el mundo y cada vez se cocina m&aacute;s. Basta viajar por el extranjero, visualizar supermercados y comprobar que ya empieza a haber en las estanter&iacute;as cuatro y cinco gama de paella y arroces&rdquo;, opina Rioja. &ldquo;Hemos llegado m&aacute;s tarde que la pizza, pero hemos llegado. Hay mucho inter&eacute;s en el extranjero por las buenas variedades de arroz para cocinar paella, nosotros exportamos a Nueva Zelanda, Estados Unidos, Canad&aacute;, Per&uacute;&hellip;&rdquo;, informa Valero, de Arroz Tartana.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[María Ovelar]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/viajes/gastrificacion-paella-plato-valenciano-pasado-venderse-arroz-cosas_1_11457094.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Wed, 19 Jun 2024 20:27:39 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[La ‘gastrificación’ de la paella o cómo el plato valenciano ha pasado a venderse como un arroz con cosas]]></media:title>
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