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    <title><![CDATA[elDiario.es - Eduardo Echeverri López]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/eduardo-echeverri-lopez/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Eduardo Echeverri López]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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    <item>
      <title><![CDATA[Toneladas de explosivos detonadas en la selva: dentro del desarme de un grupo disidente de las FARC en Colombia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/toneladas-explosivos-detonadas-selva-desarme-grupo-disidente-farc-colombia_1_12709141.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a888eeaa-917d-4978-aaf3-b8935f5234b5_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Toneladas de explosivos detonadas en la selva: dentro del desarme de un grupo disidente de las FARC en Colombia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En la Amazonía colombiana, la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano entregó 14 toneladas de material bélico al Gobierno, el avance más tangible hasta ahora del intento de Gustavo Petro por poner fin a seis décadas de guerra</p><p class="subtitle">El sueño de la ‘paz total’ de Petro se encamina al precipicio en Colombia
</p></div><p class="article-text">
        En alg&uacute;n lugar secreto de la selva del Putumayo, en la Amazon&iacute;a colombiana, el Ej&eacute;rcito hizo volar por los aires cuatro toneladas de explosivos, granadas, morteros y balas. Hasta hace pocos d&iacute;as, ese arsenal estaba en manos de la Coordinadora Nacional Ej&eacute;rcito Bolivariano (CNEB), un grupo armado surgido de la extinta guerrilla de las <a href="https://www.eldiario.es/temas/farc/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">FARC</a>.
    </p><p class="article-text">
        No se trataba de una exitosa operaci&oacute;n militar: fue la misma guerrilla la que entreg&oacute; 14 toneladas de sus armas como un gesto de paz en la negociaci&oacute;n <a href="https://www.eldiario.es/internacional/petro-mira-espejo-lula-pulso-trump_129_12701104.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">con el Gobierno presidido por Gustavo Petro.</a> Es el avance m&aacute;s tangible que ha dado hasta ahora <a href="https://www.eldiario.es/internacional/sueno-paz-total-petro-encamina-precipicio-colombia_1_11929695.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la denominada 'paz total'</a>, una de las pol&iacute;ticas bandera del presidente colombiano, cuya idea es negociar la paz con diferentes grupos y bandas armadas al mismo tiempo y que de momento ha dado escasos resultados.
    </p><p class="article-text">
        Las autoridades lo celebraron por todo lo alto. El 15 de octubre, ministros, altos cargos y el mismo Petro viajaron hasta un instituto en el municipio de Puerto As&iacute;s &mdash;no muy lejos de donde ocurri&oacute; la explosi&oacute;n&mdash; para presentar el hito en una pantalla gigante.
    </p><p class="article-text">
        Cientos de personas acudieron euf&oacute;ricas: se trata de la primera muestra concreta de paz en su territorio desde la firma del acuerdo con las FARC en 2016. Significa tambi&eacute;n una posible tregua en la violencia cotidiana: con los explosivos destruidos podr&iacute;an haberse fabricado hasta 27.500 minas antipersona, seg&uacute;n datos oficiales.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Vamos a avanzar a pesar de la adversidad. Hoy no solamente destruimos explosivos, sino que sembramos paz, esperanza y sue&ntilde;os&rdquo;, declar&oacute; el ministro de Defensa, Pedro S&aacute;nchez.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                El comandante de la CNEB, Walter Mendoza (i); el presidente colombiano Gustavo Petro (c); y el jefe del equipo negociador del Gobierno, Armando Novoa (d).                            </span>
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        En un pa&iacute;s donde los procesos de paz suelen naufragar entre la desconfianza y las balas, la destrucci&oacute;n de este arsenal de guerra es hasta ahora el avance m&aacute;s visible del Gobierno de Petro en su promesa de poner fin a un conflicto que, a nivel nacional, ha dejado m&aacute;s de 450.000 muertos en seis d&eacute;cadas. 
    </p><p class="article-text">
        Si bien la CNEB no est&aacute; entre las guerrillas m&aacute;s poderosas del pa&iacute;s, cuenta con unos 2.500 combatientes y controla extensas zonas en la frontera con Ecuador. All&iacute;, la CNEB aprovecha la ausencia del Estado para controlar la miner&iacute;a ilegal de oro y colt&aacute;n, ejercer el control sobre la poblaci&oacute;n y extorsionar a empresarios. Sus dominios abarcan tambi&eacute;n las jugosas rentas del narcotr&aacute;fico: Putumayo y Nari&ntilde;o son los departamentos con mayor superficie de hoja de coca de Colombia, sumando entre ambos alrededor de 115.000 hect&aacute;reas, un &aacute;rea similar a la ciudad de C&oacute;rdoba.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La gente desea que el proceso de paz siga adelante. Nosotras, como mujeres y lideresas, no podemos seguir pariendo hijos para la guerra</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Sandra Lagos</span>
                                        <span>—</span> Presidenta de la organización Asojuntas Puerto Asís
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Casi la mitad de los habitantes de Putumayo han sido v&iacute;ctimas del conflicto; y muchos de sus habitantes deben convivir con la crudeza del reclutamiento forzado y el asesinato de l&iacute;deres sociales. Por eso, para los putumayenses, el gesto de la CNEB permite so&ntilde;ar con una paz que los ha evadido durante d&eacute;cadas.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Ya los ataques contra los civiles han bajado desde que la CNEB y el Gobierno est&aacute;n en di&aacute;logo. La gente desea que el proceso de paz siga adelante. Nosotras, como mujeres y lideresas, no podemos seguir pariendo hijos para la guerra&rdquo;, dice Sandra Lagos, presidenta de Asojuntas Puerto As&iacute;s, una organizaci&oacute;n que re&uacute;ne a las asociaciones vecinales del municipio. &ldquo;Pero necesitamos que inviten a la mesa a las comunidades, porque nuestro problema es tambi&eacute;n la corrupci&oacute;n y la falta de inversi&oacute;n social&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><p class="article-text">
        Los aplausos se detienen cuando el comandante de la CNEB, Walter Mendoza, sube al estrado a dar su discurso en el sofocante calor del polideportivo. Todav&iacute;a quedan dudas: no se sabe cu&aacute;ntas armas conserva la guerrilla, ni si parte del arsenal entregado era simplemente material obsoleto.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;A medida que se vaya avanzando, veremos las posibilidades de entregar m&aacute;s material de guerra&rdquo;, explica Mendoza a elDiario.es. &ldquo;Pero el problema no son las armas: es que el Estado nunca ha solucionado los problemas del pueblo colombiano. No ha cesado la represi&oacute;n; nunca ha hecho la reforma agraria integral; nunca ha construido las carreteras necesarias. Estos son territorios muy abandonados por el Estado&rdquo;.
    </p><h2 class="article-text">A la paz se le acaba el tiempo</h2><p class="article-text">
        El &eacute;xito en Putumayo y Nari&ntilde;o contrasta con el deterioro de la seguridad en el resto del pa&iacute;s. A su llegada al poder en 2022, Petro <a href="https://www.eldiario.es/internacional/camino-paz-total-colombia-siete-anos-despues_1_10769591.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">prometi&oacute; acabar con la guerra negociando simult&aacute;neamente</a> con todos los grupos armados. Pero a menos de un a&ntilde;o de terminar su mandato, este es apenas el segundo proceso de desarme que se concreta, despu&eacute;s del realizado con el Frente Comuneros del Sur, un grupo con poco m&aacute;s de 200 integrantes.
    </p><blockquote class="quote">

    
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      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">Muchos grupos no tienen incentivos reales para negociar. Buscan mantener el control territorial frente a sus rivales</p>
                <div class="quote-author">
                        <span class="name">Gerson Arias</span>
                                        <span>—</span> Investigador de la Fundación Ideas para la Paz
                      </div>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Los dem&aacute;s di&aacute;logos avanzan con lentitud o est&aacute;n suspendidos. La violencia del ELN, el Clan del Golfo y otras disidencias de las FARC han repuntado en diferentes zonas del pa&iacute;s. A principios de a&ntilde;o, el Gobierno mir&oacute; con impotencia mientras una cruenta guerra estallaba entre dos grupos armados en la frontera con Venezuela. El resultado fue una crisis humanitaria sin precedentes: casi 65.000 personas tuvieron que huir de sus hogares en apenas tres meses.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El Gobierno ha restringido el uso de la fuerza para no dinamitar las diez mesas de di&aacute;logo que tiene abiertas&rdquo;, explica a elDiario.es Gerson Arias, investigador de la Fundaci&oacute;n Ideas para la Paz. &ldquo;Pero muchos grupos no tienen incentivos reales para negociar. Buscan mantener el control territorial frente a sus rivales. Los di&aacute;logos les han servido para fortalecerse y ganar reconocimiento pol&iacute;tico&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Destrucción de material de guerra de la guerrilla CNEB.                            </span>
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        Arias sintetiza as&iacute; una paradoja que resume el momento actual: los di&aacute;logos que deber&iacute;an debilitar la guerra parecen, en algunos casos, darle ox&iacute;geno. Seg&uacute;n cifras oficiales, el n&uacute;mero total de combatientes ilegales ha crecido un 45% desde el 2022.
    </p><p class="article-text">
        El Gobierno, no obstante, insiste en que el proceso con la CNEB demuestra que la 'paz total' s&iacute; puede funcionar.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Estos avances se miran con cierto desd&eacute;n, pero estamos construyendo la ruta hacia la paz&rdquo;, sostiene Armando Novoa, jefe del equipo negociador del Gobierno. &ldquo;En nuestro caso, el CNEB no se ha fortalecido por culpa del di&aacute;logo. Poco a poco las comunidades han logrado recuperar parte de su tranquilidad&rdquo;.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Una persona durante el anuncio de destrucción de material de guerra en Puerto Asís.                            </span>
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        Aun as&iacute;, el reloj pol&iacute;tico juega en contra. A Petro le queda menos de un a&ntilde;o de mandato y necesita mostrar resultados visibles, dice &Oacute;scar Chal&aacute;, investigador de la Fundaci&oacute;n Pares. &ldquo;El proceso en Putumayo es un avance significativo, pero oculta las graves carencias que tiene la 'paz total'. Negociar exitosamente con 20 grupos armados al mismo tiempo es imposible para el Estado. Lo que queda son los procesos de paz locales, con grupos fragmentados&rdquo;, indica.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, el recrudecimiento de la violencia est&aacute; siendo aprovechado por candidatos de derecha que, nombrando como referente al presidente salvadore&ntilde;o Nayib Bukele, prometen la victoria de la mano dura en las elecciones de 2026. &ldquo;Viene un discurso de seguridad m&aacute;s radical. Si el progresismo no gana, la mayor&iacute;a de estos procesos de paz se cancelar&iacute;an. De las primeras acciones de un gobierno de derecha ser&iacute;a levantar todas estas mesas y lanzar una avanzada militar&rdquo;, vaticina Chal&aacute;.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Echeverri López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/toneladas-explosivos-detonadas-selva-desarme-grupo-disidente-farc-colombia_1_12709141.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 25 Oct 2025 20:18:48 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Toneladas de explosivos detonadas en la selva: dentro del desarme de un grupo disidente de las FARC en Colombia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Colombia,FARC - Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia,Gustavo Petro,Guerrilla,Amazonas,Latinoamérica]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Viaje al bastión de Uribe, condenado en el 'juicio del siglo' en Colombia: "Es una suerte de fervor, casi una religión”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/viaje-bastion-uribe-condenado-juicio-siglo-colombia-suerte-fervor-religion_1_12501144.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c491d835-4a8b-4376-b17d-4f3fb3be2c63_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Viaje al bastión de Uribe, condenado en el &#039;juicio del siglo&#039; en Colombia: &quot;Es una suerte de fervor, casi una religión”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La histórica condena al icono de la derecha colombiana por manipular testigos en un caso vinculado a grupos paramilitares apenas mueve las aguas en el corazón del uribismo</p><p class="subtitle">La Justicia colombiana condena al expresidente Álvaro Uribe por manipular testigos
</p></div><p class="article-text">
        El reloj marca las 8:00 de la ma&ntilde;ana y la plaza principal de Ciudad Bol&iacute;var est&aacute; casi vac&iacute;a. En este pueblo cafetero del suroeste de Antioquia, la mayor&iacute;a de los hombres y mujeres j&oacute;venes ya ha partido a las fincas donde se cultivan granos de caf&eacute; de exportaci&oacute;n. Bajo la sombra de los &aacute;rboles y la iglesia colonial, algunos adultos mayores toman tinto mientras conversan <a href="https://www.eldiario.es/internacional/justicia-colombiana-condena-expresidente-alvaro-uribe_1_12497673.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">sobre el juicio que tiene en vilo al pa&iacute;s.</a> 
    </p><p class="article-text">
        Ana Sof&iacute;a Arteaga, presidenta del concejo municipal, toma asiento en una cafeter&iacute;a. Hace dos a&ntilde;os se estren&oacute; en pol&iacute;tica con el Partido Conservador, pero reconoce que el Centro Democr&aacute;tico &mdash;el partido del expresidente &Aacute;lvaro Uribe&mdash; es quien marca el ritmo en el municipio: su coalici&oacute;n gan&oacute; la alcald&iacute;a con m&aacute;s del 60% de los votos. &ldquo;Yo admiro mucho a Uribe, es un hombre de la gente. Lo conoc&iacute; el a&ntilde;o pasado, hablamos de caballos y de fincas&rdquo;, cuenta Arteaga, de 25 a&ntilde;os, sin saber que en pocas horas ser&aacute; declarado culpable. 
    </p><p class="article-text">
        Aqu&iacute;, como en el resto de Antioquia, gran parte de la poblaci&oacute;n se declara uribista. Uribe gobern&oacute; entre 2002 y 2010 y es el pol&iacute;tico m&aacute;s influyente del pa&iacute;s en lo que va del siglo. Su pol&iacute;tica de &ldquo;mano dura&rdquo; contra las guerrillas le granje&oacute; una popularidad que roz&oacute; el 80% durante sus dos mandatos, de los que arrastra acusaciones de ejecuciones extrajudiciales, presuntos v&iacute;nculos con paramilitares y abusos contra la oposici&oacute;n. Uribe fund&oacute; su propio movimiento pol&iacute;tico y rompi&oacute; con m&aacute;s de un siglo de bipartidismo. Hoy, sigue siendo el l&iacute;der indiscutible de la derecha del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        15 a&ntilde;os despu&eacute;s de dejar el poder, los pol&iacute;ticos de Antioquia saben que exaltar el legado de Uribe es una condici&oacute;n necesaria para ganar. Y si se obtiene su bendici&oacute;n, la victoria est&aacute; pr&aacute;cticamente asegurada. 
    </p><p class="article-text">
        Pero en los juzgados de Bogot&aacute;, a m&aacute;s de 400 kil&oacute;metros de distancia, la suerte del expresidente est&aacute; en juego este lunes. La Justicia decide si el expresidente es culpable de manipular testigos para ocultar presuntos v&iacute;nculos con grupos paramilitares, tras un proceso que ha durado m&aacute;s de siete a&ntilde;os y que muchos en Colombia llaman &ldquo;el juicio del siglo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Arteaga mira la transmisi&oacute;n especial de todos los telediarios del pa&iacute;s que comenz&oacute; a las 8:30 de la ma&ntilde;ana. En la pantalla, la jueza Sandra Heredia empieza a leer un fallo de m&aacute;s de 1.000 p&aacute;ginas que promete partir en dos la historia del pa&iacute;s sudamericano. Si es hallado culpable, Uribe se convertir&aacute; en el primer expresidente con una condena penal en la historia de Colombia. Pero en Antioquia, tierra natal y basti&oacute;n pol&iacute;tico de Uribe, el veredicto ya se ha decidido. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Es inocente y el mejor presidente que ha tenido este pa&iacute;s. Este pueblo estaba encerrado por la violencia de las guerrillas hasta que lleg&oacute; Uribe. Nos devolvi&oacute; la seguridad y el poder ir a las fincas a trabajar&rdquo;, dice Carlos Gonz&aacute;lez, un adulto mayor vestido con el tradicional sombrero y poncho de la regi&oacute;n, mientras sigue el juicio en su m&oacute;vil. &ldquo;A mi hermano lo mat&oacute; la guerrilla volviendo de la finca. Y en esa esquina de la plaza, mataron a un vecino&rdquo;, recuerda a su lado Juan Rafael V&eacute;lez.
    </p><p class="article-text">
        Acto seguido, Gonz&aacute;lez muestra un v&iacute;deo de Nayib Bukele, el presidente de El Salvador que ha saltado a la fama internacional por su mano dura contra las pandillas entre violaciones de derechos humanos y acusaciones de autoritarismo. &ldquo;Esto es lo que necesita Colombia&rdquo;, dice mientras presos corren semidesnudos y esposados.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;El juicio es una injusticia&rdquo;, agrega Nancy Margarita R&iacute;os, concejal del Centro Democr&aacute;tico. &ldquo;Personas como el doctor Uribe son las que necesitamos para que este pa&iacute;s vuelva a surgir. Porque, desafortunadamente, desde que dej&oacute; de ser presidente hemos venido en decadencia&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Arteaga dice que ser&iacute;a lamentable que Uribe sea condenado. &ldquo;Pero no soy fan&aacute;tica, Uribe no es un salvador&rdquo;, a&ntilde;ade. &iquest;Cambiar&iacute;a su percepci&oacute;n en caso de ser condenado? La joven concejala mide sus palabras. Sabe que estar en contra del expresidente podr&iacute;a significar una muerte pol&iacute;tica en el municipio. &ldquo;No lo s&eacute;&rdquo;, responde finalmente.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El juicio del siglo</strong></h2><p class="article-text">
        Este lunes, los colombianos esperaban saber el destino del pol&iacute;tico m&aacute;s controvertido del siglo a la hora del almuerzo. No obstante, la jueza extendi&oacute; su discurso durante m&aacute;s de diez horas para justificar minuciosamente una decisi&oacute;n que la ha puesto en el ojo del hurac&aacute;n.
    </p><p class="article-text">
        El caso que finalmente llev&oacute; al expresidente a los estrados es complejo. Se remonta a una larga disputa entre Uribe y el senador Iv&aacute;n Cepeda, un opositor pol&iacute;tico que ha investigado supuestos v&iacute;nculos del exmandatario con los grupos paramilitares que asolaron el pa&iacute;s entre finales de los 80 y mediados de los 2000. Seg&uacute;n la Comisi&oacute;n de la Verdad, fueron responsables de al menos 205.000 homicidios entre 1985 y 2018.
    </p><p class="article-text">
        La historia comenz&oacute; en 2012, cuando Uribe demand&oacute; a Cepeda por una supuesta manipulaci&oacute;n de testimonios para relacionarlo con paramilitares. Sin embargo, en 2018 la Corte Suprema de Justicia archiv&oacute; el caso contra Cepeda y, en un giro inesperado, abri&oacute; una investigaci&oacute;n contra el propio Uribe. Seg&uacute;n los magistrados, exist&iacute;an indicios de que el expresidente y sus abogados habr&iacute;an presionado o sobornado a exparamilitares para que cambiaran o fabricaran testimonios a su favor, con el objetivo de desacreditar a Cepeda y limpiar su nombre.
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                Ana Sofía Arteaga, concejala de Ciudad Bolívar, viendo transmisión del caso Uribe.                            </span>
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        El proceso marc&oacute; un hito hist&oacute;rico: Uribe se convirti&oacute; en el primer exmandatario colombiano en ser llamado a rendir cuentas en un caso penal. En agosto de 2020, la Corte Suprema orden&oacute; su detenci&oacute;n domiciliaria preventiva (en su gigantesca hacienda en el norte del pa&iacute;s), lo que provoc&oacute; un terremoto pol&iacute;tico en Colombia. Uribe renunci&oacute; a su esca&ntilde;o en el Senado para que el caso pasara a la Fiscal&iacute;a General, en ese entonces af&iacute;n al expresidente. La misma Fiscal&iacute;a pidi&oacute; archivar el proceso en varias ocasiones, argumentando falta de pruebas. Sin embargo, jueces de distintas instancias han rechazado esos intentos, manteniendo viva la investigaci&oacute;n, y criticando la labor de la Fiscal&iacute;a.
    </p><p class="article-text">
        No fue hasta que Gustavo Petro, exmiembro de la guerrilla del M-19 y enemigo ac&eacute;rrimo de Uribe, gan&oacute; las elecciones en 2022 cuando el caso tom&oacute; impulso. En 2024, despu&eacute;s de m&uacute;ltiples audiencias, recursos legales y cambios de jueces y fiscales, el proceso avanz&oacute; hasta la etapa de juicio oral. Un centenar de testigos &ndash;incluidos pol&iacute;ticos, exparamilitares encarcelados y empresarios&ndash; dieron su versi&oacute;n de los hechos mientras que todo se transmit&iacute;a por internet.
    </p><p class="article-text">
        Para sus cr&iacute;ticos, es una oportunidad hist&oacute;rica para que la justicia alcance a uno de los hombres m&aacute;s poderosos del pa&iacute;s. 
    </p><p class="article-text">
        Sus seguidores, en cambio, defienden que se trata de una persecuci&oacute;n judicial motivada por sus enemigos pol&iacute;ticos y por sectores que se oponen a su legado en la lucha contra la guerrilla. Eso es lo que piensa la mayor&iacute;a de los miembros de la Cooperativa de Caficultores de Andes, un municipio de 44.000 habitantes que es considerado la capital del suroeste antioque&ntilde;o.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El regreso de la inseguridad</strong></h2><p class="article-text">
        Los caficultores atienden a elDiario.es en un centro de acopio de bultos de caf&eacute;, colgado de una de las abruptas pendientes de las monta&ntilde;as del pueblo. Los cultivos de caf&eacute; son tambi&eacute;n la arteria principal de este municipio que, a 170 kil&oacute;metros serpenteantes de Medell&iacute;n, fue durante a&ntilde;os v&iacute;ctima de la violencia de guerrilleros y paramilitares.
    </p><p class="article-text">
        Luis Arroyave, de 44 a&ntilde;os, dice que, antes de Uribe, viajar a la capital departamental era como jugar a la ruleta rusa: en una misma noche, un coche pod&iacute;a ser detenido hasta tres veces por hombres armados que les ped&iacute;an sus documentos; guerrilleros, paramilitares y el Ej&eacute;rcito. La vida era cosa del azar: pod&iacute;an continuar su camino, o ser secuestrados o asesinados sin mayor explicaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Todo eso cambi&oacute; con la llegada de la pol&iacute;tica de &ldquo;seguridad democr&aacute;tica&rdquo; de Uribe, que fortaleci&oacute; a las fuerzas armadas y se neg&oacute; a negociar con las guerrillas de izquierda. En cambio, lleg&oacute; a un acuerdo con las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), el m&aacute;s poderoso grupo paramilitar, que llev&oacute; a una pol&eacute;mica disoluci&oacute;n en 2006.
    </p><p class="article-text">
        Pero el apoyo a Uribe en la regi&oacute;n no se debe solo al pasado. El caficultor Juan Carlos Gallego, de 51 a&ntilde;os, asegura que est&aacute; siendo extorsionado en este mismo instante, mientras habla con este medio. 
    </p><p class="article-text">
        Unos mensajes de WhatsApp desde un n&uacute;mero desconocido le advierten que est&aacute;n en su finca, a pocos kil&oacute;metros de all&iacute;, y amenazan con asesinar a uno de sus trabajadores si no transfiere dinero. La foto de perfil muestra la bandera del Clan del Golfo, una banda criminal fundada por exparamilitares. Desde 2018, el grupo ha duplicado su capacidad armada hasta convertirse en el mayor grupo armado ilegal del pa&iacute;s: tiene presencia en 25% de los municipios de Colombia; y en la mitad de los municipios de Antioquia. &ldquo;Hoy ya he recibido 15 llamadas de extorsi&oacute;n. Estamos volviendo 25 a&ntilde;os atr&aacute;s en materia de seguridad. Yo creo que tendr&eacute; que abandonar mi finca en los pr&oacute;ximos d&iacute;as&rdquo;, dice Gallego.
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                    alt="Fotografía de archivo del expresidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez."
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                Fotografía de archivo del expresidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez.                            </span>
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        El Acuerdo de Paz de 2016 puso fin a medio siglo de conflicto con la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Pero los sucesivos gobiernos no han logrado ocupar los territorios antes controlados por la guerrilla. En cambio, otros grupos armados han aprovechado el vac&iacute;o para expandirse, desatando cruentas guerras por el territorio en las que la poblaci&oacute;n civil es la mayor afectada. Solo en 2023 y 2024, m&aacute;s de 80.000 personas tuvieron que abandonar forzosamente sus hogares, seg&uacute;n cifras de la Defensor&iacute;a del Pueblo. Es un n&uacute;mero equivalente a toda la poblaci&oacute;n de la ciudad de Pontevedra.
    </p><p class="article-text">
        Para los caficultores de Andes, la &ldquo;mano dura&rdquo; de Uribe no solo signific&oacute; tranquilidad, sino la oportunidad de m&aacute;s empleos e inversi&oacute;n en los municipios. As&iacute; que ven el proceso contra Uribe como un atentado contra el progreso. &ldquo;Yo siento una injusticia muy hija de puta con ese juicio&rdquo;, espeta con rabia Luis Restrepo, de 78 a&ntilde;os, due&ntilde;o de grandes extensiones de caf&eacute; en Andes. &ldquo;No tenemos memoria en este pa&iacute;s. La gente que habla mal de Uribe son muchachos a los que no vivieron c&oacute;mo era Colombia antes de Uribe. &Eacute;l, a los j&oacute;venes, los puso a trabajar&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Juan Carlos Escobar, profesor del Instituto de Estudios Pol&iacute;ticos de la Universidad de Antioquia, explica que la gente de esta regi&oacute;n se ha sentido identificada profundamente con Uribe, de manera que su popularidad se mantiene por encima de otras zonas del pa&iacute;s que tambi&eacute;n vivieron violencia extrema. &ldquo;Este es un departamento que hist&oacute;ricamente ha sido muy conservador y cat&oacute;lico. Y Uribe apela al trabajador que se levanta temprano, que monta a caballo, que tiene un discurso fuerte con las guerrillas. Cuando Uribe llega al poder en 2002, encarna una suerte de disputa entre la provincia y la pol&iacute;tica de la capital&rdquo;, explica Escobar.
    </p><p class="article-text">
        Sentados en bultos de caf&eacute;, los caficultores de la cooperativa juran que el proceso contra el l&iacute;der de la derecha colombiana es una persecuci&oacute;n pol&iacute;tica por parte del presidente Petro. Pero incluso as&iacute;, pronostican que ser&aacute; hallado inocente en cuesti&oacute;n de horas. Sus palabras parecen calcadas a las que, desde hace meses, difunden los abogados de Uribe, pol&iacute;ticos del partido Centro Democr&aacute;tico, grandes medios de comunicaci&oacute;n y hordas de tuiteros uribistas: todo es un complot contra el m&aacute;s grande de los colombianos.
    </p><h2 class="article-text"><strong>El fallo</strong></h2><p class="article-text">
        La impaciencia se siente en cada pueblo en el camino que lleva de Andes a Medell&iacute;n. Las televisiones de cada restaurante, billar, y cafeter&iacute;a de esta regi&oacute;n de Antioquia muestran la transmisi&oacute;n en vivo de la audiencia de la jueza Heredia. Las puertas de las casas, abiertas para combatir el calor, revelan la misma inquietud en el interior de los salones. Radios transmiten sin cortes el mon&oacute;logo de ya m&aacute;s de 10 horas con el que la jueza busca, asediada por todo el peso de la sociedad colombiana, explicar al detalle su decisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, cuando la noche empieza a caer sobre las comunas de Medell&iacute;n, la jueza anuncia el sentido de su fallo: seg&uacute;n las pruebas, Uribe indujo a su abogado, Diego Cadena, a ofrecer dinero y beneficios a exparamilitares encarcelados. Con ello, buscaba que los criminales cambiaran su versi&oacute;n, negando su participaci&oacute;n en la creaci&oacute;n de un grupo paramilitar llamado Bloque Metro en Antioquia, a finales de los 90. Es declarado culpable de los delitos de fraude procesal y soborno a testigos. El pol&iacute;tico colombiano m&aacute;s importante del siglo se convierte tambi&eacute;n en el primer expresidente condenado penalmente en la historia del pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        Una gran valla publicitaria en la entrada de Medell&iacute;n, colocada d&iacute;as antes del fallo, recibe a los viajeros con un mensaje contundente: &ldquo;#UribeEsInocente&rdquo;. En Antioquia, el &ldquo;juicio del siglo&rdquo; ocurri&oacute; hace 15 a&ntilde;os, cuando Uribe termin&oacute; su segundo mandato con una popularidad tan alta que intent&oacute; cambiar la ley para aspirar a una segunda reelecci&oacute;n. Hace ya tiempo que el departamento lo elev&oacute; a h&eacute;roe de la patria.
    </p><p class="article-text">
        Mientras tanto, la radio informa sobre el mundo paralelo que se desarrolla en la fr&iacute;a capital. Informa de una fiesta espont&aacute;nea de j&oacute;venes en una calle rodeada de universidades, junto a un extenso mural que responsabiliza a Uribe de las 6.402 ejecuciones extrajudiciales, conocidas como &ldquo;falsos positivos&rdquo;, que ocurrieron durante su gobierno. 
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Este Gobierno no persigue a nadie por razones pol&iacute;ticas, sexuales, de g&eacute;nero o religiosas. No presiona a la justicia que es independiente por completo del Gobierno&rdquo;, dijo por su parte Petro. &ldquo;Simpatizantes o no del expresidente Uribe, deben respetar esa justicia. Lo dem&aacute;s es la bestialidad&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Cada aspirante a ganar la presidencia en las elecciones del 2026 decide, en ese momento, si celebrar o condenar el fallo, si apoyar o no a Uribe. Al igual que en el peque&ntilde;o municipio de Ciudad Bol&iacute;var, alinearse con el legado del expresidente puede significar la victoria.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Un fallo condenatorio podr&iacute;a incluso reavivar el uribismo, que ya viene en crecimiento por el Gobierno de Petro. Se va a activar toda la opini&oacute;n y la maquinaria en los medios, que est&aacute;n muy sesgados a su favor. Es una suerte de fervor, casi una religi&oacute;n&rdquo;, explica el profesor Escobar, quien se dedica a estudiar el sistema pol&iacute;tico colombiano. Para &eacute;l, la merma de los grupos criminales que impuso Uribe se ha convertido en un anest&eacute;sico frente a sombras &ldquo;cada vez m&aacute;s evidentes&rdquo;. &ldquo;La gente est&aacute; a punto de decir: &lsquo;S&iacute;, es un delincuente. Pudo haber ayudado a crear grupos paramilitares. O pudo haber sido la cabeza sistem&aacute;tica de m&aacute;s de 6.400 personas que murieron como falsos positivos. &iquest;Qu&eacute; m&aacute;s da, si el pa&iacute;s mejor&oacute;?&rdquo;, afirma el acad&eacute;mico.
    </p><h2 class="article-text"><strong>La Hacienda Guacharacas</strong></h2><p class="article-text">
        La &uacute;ltima parada del viaje revela que esa justificaci&oacute;n ya es casi realidad. San Roque est&aacute; a dos horas al norte de Medell&iacute;n, tras subir por una angosta y oscura carretera oculta bajo las copas de los &aacute;rboles. Aqu&iacute;, la violencia de las guerrillas, y luego de los paramilitares, tuvo a sus habitantes cautivos durante d&eacute;cadas. 
    </p><p class="article-text">
        Es tambi&eacute;n el lugar que dio a luz el mito de Uribe, su guerra contra los grupos armados de izquierda, y del juicio que posiblemente cambie su vida. A 20 kil&oacute;metros de San Roque se extiende la Hacienda Guacharacas, que en el pasado fue propiedad de la familia Uribe. All&iacute;, en 1983, las FARC asesinaron a Alberto Uribe Sierra, padre del expresidente, al resistirse a un intento de secuestro. &ldquo;La tragedia de Guacharacas marc&oacute; en mi vida personal y profesional un punto de quiebre cuya influencia tal vez sea inconmensurable&rdquo;, escribi&oacute; Uribe en su autobiograf&iacute;a <em>No hay causa perdida.</em>
    </p><p class="article-text">
        En 2011, un a&ntilde;o despu&eacute;s de que Uribe cumpliera su &uacute;ltimo mandato, el senador Iv&aacute;n Cepeda visit&oacute; en la c&aacute;rcel a un exparamilitar llamado Juan Guillermo Monsalve para indagar sobre el pasado del presidente. Lo que dijo Monsalve &ndash;cuya familia vivi&oacute; y trabaj&oacute; en Guacharacas a finales de los 90&ndash; desat&oacute; el juicio que tuvo en vilo a Colombia durante a&ntilde;os: afirm&oacute; que, en esa misma hacienda, el entonces Gobernador de Antioquia, &Aacute;lvaro Uribe, y su hermano Santiago participaron en la creaci&oacute;n de uno de los grupos paramilitares m&aacute;s sanguinarios de la regi&oacute;n: el Bloque Metro.
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                Valla publicitaria en la que se lee “#UribeEsInocente” en Medellín.                            </span>
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        Arriba en la monta&ntilde;a, en las calles de San Roque, todav&iacute;a se recuerdan los cr&iacute;menes del Bloque Metro. elDiario.es se re&uacute;ne en la plaza principal con integrantes de la Red de Mujeres Asormucsan, un colectivo que da apoyo, capacitaci&oacute;n y amistad a las habitantes del municipio. Llegan despu&eacute;s de pasar todo el d&iacute;a en un balneario donde no hab&iacute;a se&ntilde;al ni internet. A las 21:00 horas, son quiz&aacute;s las &uacute;ltimas colombianas en enterarse de que Uribe ha sido condenado.
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;No me lo esperaba&rdquo;, lamenta Marg&eacute;lica Parra, agricultora de 59 a&ntilde;os y l&iacute;der de la asociaci&oacute;n. &ldquo;Uribe tendr&aacute; sus errores, pero el agradecimiento es enorme porque la violencia en San Roque era tal que ven&iacute;an remolques llenos de muertos. Adem&aacute;s, hizo mucho por los pobres con subsidios&rdquo;, dice la tambi&eacute;n concejala.
    </p><p class="article-text">
        Las cinco mujeres que atienden a este medio afirman que el fallo es una venganza de Petro, de una jueza y una fiscal llenas de un resentimiento mal dirigido. Al preguntar por los cr&iacute;menes del Bloque Metro en la zona, y el presunto v&iacute;nculo con el expresidente, Parra sostiene que son mentiras de los opositores.
    </p><p class="article-text">
        Pero Blanca Arcila, ama de casa de 56 a&ntilde;os y ecologista, reconoce que, cuando ejerci&oacute; como gobernador de Antioquia, Uribe apoy&oacute; a las &ldquo;Convivir&rdquo;: grupos de seguridad privada que el Estado autoriz&oacute; en los 90 para proteger a comunidades rurales, pero que defensores de derechos humanos critican como una fachada legal al paramilitarismo, permiti&eacute;ndole cometer masacres y asesinatos selectivos al amparo del Gobierno.
    </p><p class="article-text">
        Arcila afirma que no le gustan las Convivir ni los paramilitares, pero que surgieron en respuesta a los abusos de la guerrilla. &ldquo;Los <em>paras </em>investigaban si alguien era culpable antes de matarlo; mientras que la guerrilla asesinaba a cualquiera&rdquo;, dice. 
    </p><p class="article-text">
        El lunes por la noche, las redes sociales se inundan de mensajes advirtiendo de que la condena contra el expresidente Uribe exacerbar&aacute; la polarizaci&oacute;n pol&iacute;tica de cara a las elecciones presidenciales del 2026. Pero, para los creyentes, este fallo hist&oacute;rico podr&iacute;a no cambiar nada: ninguno de los entrevistados para esta cr&oacute;nica dice que la condena a Uribe cambiar&aacute; su posici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Blanca Arcila devuelve la pregunta: &ldquo;Si a usted no le gustara Uribe, y la justicia lo absolviera &iquest;Creer&iacute;a en su inocencia?&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La decisi&oacute;n de la jueza Heredia todav&iacute;a no es la palabra final. La defensa de Uribe ha anunciado que apelar&aacute; el fallo ante el Tribunal Superior de Bogot&aacute;. De ah&iacute;, podr&iacute;a saltar a la Corte Suprema, alargando a&uacute;n m&aacute;s la incertidumbre del juicio del siglo. 
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Eduardo Echeverri López]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/internacional/viaje-bastion-uribe-condenado-juicio-siglo-colombia-suerte-fervor-religion_1_12501144.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Tue, 29 Jul 2025 20:25:03 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Viaje al bastión de Uribe, condenado en el 'juicio del siglo' en Colombia: "Es una suerte de fervor, casi una religión”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Colombia,Álvaro Uribe]]></media:keywords>
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