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    <title><![CDATA[elDiario.es - David Uclés]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/david-ucles/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - David Uclés]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Déjennos llorar con furia]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/dejennos-llorar-furia_129_13573332.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/09456fc3-7602-4019-80de-84f45df3585d_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x969y343.jpg" width="1200" height="675" alt="Déjennos llorar con furia"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La mejor manera de honrar a nuestros muertos —y digo nuestros porque ella ya es la abuela de todas— consiste en recordar sus testimonios. Una de las últimas voluntades de Maricarmen era que su caso sirviera para que la sociedad que sufre se empodere y luche por sus derechos y por sus libertades</p><p class="subtitle">Maricarmen: cuando una historia personal se convierte en memoria colectiva</p></div><p class="article-text">
        Los pol&iacute;ticos y medios de derecha de este pa&iacute;s no quieren que hablemos de Maricarmen. No les gusta que la lloremos en las calles, que la homenajeemos p&uacute;blicamente o que guardemos silencio en las plazas por ella. Quieren dictarnos el duelo e imponernos una manera sobria y discreta de pasarlo. Nada de llantos ostentosos ni de gritos de rabia. Y que no se nos ocurra analizar las razones por las que ha muerto, que no es el momento. Pero despu&eacute;s tampoco lo ser&aacute;, y dir&aacute;n que ya es tarde para mirar hacia atr&aacute;s y hablar de las &ldquo;guerras del abuelo&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Algunos, adem&aacute;s de pautarnos el luto, conscientes de su propia responsabilidad, intentan expiar el pecado con su artiller&iacute;a preferida: el perfil equidistante. Asumen una culpa que, seguidamente, extienden al resto de la ciudadan&iacute;a. Y enarbolan el refr&aacute;n espa&ntilde;ol que dice que <em>entre todos la mataron y ella sola se muri&oacute;.</em>
    </p><p class="article-text">
        Estos discursos los escuch&eacute; muchas veces, tanto por la izquierda como por la derecha. Cuando algo no les conviene, escurren el bulto o comparten responsabilidades, y nos leen el manual del buen comportamiento c&iacute;vico y emocional ante un funeral, sombra de cierta moral cat&oacute;lica. Nos mandan que guardemos silencio ante los muertos. Muy al contrario, si las pompas del fallecido pueden venirles bien, contratan hasta a pla&ntilde;ideras. El juego pol&iacute;tico es amplio.
    </p><p class="article-text">
        Si Maricarmen hubiera fallecido de muerte natural, podr&iacute;a entender mejor ese discurso buenista de querer dejar a los muertos en paz. Pero Maricarmen no nos ha dejado en paz; ha sido asesinada. Brutal y p&uacute;blicamente. Un claro <em>estatocidio</em> cometido tanto desde los poderes en funciones como desde la oposici&oacute;n y los partidos pol&iacute;ticos que frenaron una y otra vez las leyes que habr&iacute;an protegido a Maricarmen &mdash;y a tantos miles que representa&mdash;. &iexcl;Es un asesinato y no nos vamos a callar! Ellos, culpables, son quienes deber&iacute;an guardar silencio, no el resto. Porque cada vez que escucho a un pol&iacute;tico pronunciar el nombre de Maricarmen se me rajan las carnes y me juro que jam&aacute;s de los jamases votar&eacute; a un partido con tales representantes &mdash;por mucho voto &uacute;til del que nos quieran convencer.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La mejor manera de honrar a nuestros muertos &mdash;y digo <em>nuestros</em> porque ella ya es la abuela de todas&mdash; consiste en recordar sus testimonios. Una de las &uacute;ltimas voluntades de Maricarmen era que su caso sirviera para que la sociedad que sufre se empodere y luche por sus derechos y por sus libertades. Para eso, debemos saber qui&eacute;nes la han matado, quienes le extirparon el caparaz&oacute;n a la tortuga. Y me temo que este Cluedo est&aacute; resuelto antes siquiera de repartir las cartas. Buitres sin coraz&oacute;n, rentistas extirpadores, ministerios de contrachapado, presidentas idas, alcaldes sonrientes ante el dolor, fuerzas de seguridad armadas pero desalmadas, y partidos que miran m&aacute;s por la cartera que por el pueblo al que representan. <em>Je vous accuse</em>.
    </p><p class="article-text">
        Cumplamos su voluntad.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Uclés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/dejennos-llorar-furia_129_13573332.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 08 Oct 2026 20:34:52 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Déjennos llorar con furia]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Maricarmen,Viviendas ilegales]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Respuesta desde el más acá a Carlos Hernández]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/respuesta-carlos-hernandez_129_12993904.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c6a7b380-aa25-4717-befb-3591fb1ae24b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x500y109.jpg" width="1200" height="675" alt="Respuesta desde el más acá a Carlos Hernández"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En tus dos últimos posts, apenas dos días antes de irte, descubrí mi nombre. Me habías defendido y apoyado ante la jauría, y habías respaldado mi decisión de no acudir a las famosas jornadas de Sevilla</p><p class="subtitle">Carta desde el más allá, por Carlos Hernández</p></div><p class="article-text">
        D&iacute;as antes de que soltaras la cuerda y volaras lejos, un ej&eacute;rcito de hombres &mdash;blancos, heterosexuales, de mediana edad, letraheridos pero frustrados, equidistantes y conservadores&mdash;, y acaso un par de mujeres entre la treintena de alfas, se dedicaron a acosarme, insultarme y humillarme, buscando en principio el derribo de mi oficio como escritor. Con mayor o menor efecto &mdash;en mi opini&oacute;n, pr&aacute;cticamente nulo&mdash;, s&iacute; lograron agrietar el dique que hab&iacute;a edificado a mi alrededor para protegerme del odio del que amigos, libreros y compa&ntilde;eros de trabajo me hab&iacute;an advertido tantas veces. No me importa hacerlo manifiesto, fueron d&iacute;as angustiosos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No le&iacute; ninguno de los dardos, pero mis conocidos me iban dando cuenta de ellos. De hecho, me dol&iacute;a m&aacute;s ver c&oacute;mo les afectaba a ellos que el propio dolor. La tristeza se me fue acumulando durante tres semanas en el centro de una diana en la que nunca quise estar, de un juego macabro y sin escr&uacute;pulos. Y no consegu&iacute;a soltar la sensaci&oacute;n de impotencia y malestar. Me imaginaba el p&aacute;ncreas inflamado y mis ganglios h&uacute;medos y llenos de sal.
    </p><p class="article-text">
        Siempre he podido llorar casi con la misma facilidad que un buen actor. Pero conforme voy cumpliendo a&ntilde;os, me cuesta cada vez m&aacute;s. Parece como si me fuera habituando a convivir con el dolor y el cuerpo viera con escepticismo la funci&oacute;n paliativa del llanto. Ten&iacute;a la pena atragantada, hasta que dos d&iacute;as despu&eacute;s de tu muerte, volviendo en un tren nocturno de Barcelona a Madrid, varios amigos me pasaron tu carta desde el m&aacute;s all&aacute;, publicada en este peri&oacute;dico. Tus palabras me provocaron sensaciones muy dispares: un des&aacute;nimo de ra&iacute;z, una mayor incomprensi&oacute;n hacia esta existencia carente de sentido, el &aacute;nimo para seguir intentando cambiar las cosas, alegr&iacute;a al saberme todav&iacute;a vivo&hellip; Las l&aacute;grimas tampoco me brotaron entonces. El bloqueo era total.
    </p><p class="article-text">
        No ten&iacute;a Facebook instalado en el tel&eacute;fono. Aprovech&eacute; la parada en Zaragoza para descarg&aacute;rmelo. Quer&iacute;a ver cu&aacute;les hab&iacute;an sido tus &uacute;ltimas publicaciones. Te busqu&eacute; y sent&iacute; un estremecimiento en la nuca, la piel erizada en la espalda. Junto a tu nombre, Facebook me preguntaba si aceptaba la petici&oacute;n de amistad. Apart&eacute; el tel&eacute;fono y hund&iacute; la vista en el suelo. Ten&iacute;a el m&oacute;vil lleno de mensajes de desconocidos y no hab&iacute;a visto tu solicitud. Not&eacute; la inmensa necesidad de apretar el bot&oacute;n y que, de alguna forma, supieras que te hab&iacute;a aceptado. Y deseaba volver atr&aacute;s en el tiempo. No sin esfuerzo, volv&iacute; los ojos a la pantalla y le&iacute; tu muro. En tus dos &uacute;ltimos posts, apenas dos d&iacute;as antes de irte, descubr&iacute; mi nombre. Me hab&iacute;as defendido y apoyado ante la jaur&iacute;a, y hab&iacute;as respaldado mi decisi&oacute;n de no acudir a las famosas jornadas de Sevilla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me subieron las pulsaciones y me empez&oacute; a faltar el aire ante la imposibilidad de darte las gracias. Abandon&eacute; el vag&oacute;n. Me sent&eacute; en el escal&oacute;n de unas de las puertas del tren, me hice una bola, me baj&eacute; la boina hasta rozar la nariz, queri&eacute;ndome ocultar del mundo de los vivos, y al fin llor&eacute;. Llor&eacute; como un ni&ntilde;o chico. Y me qued&eacute; as&iacute; buena parte del trayecto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a en el suelo, llam&eacute; a uno de los amigos que ten&iacute;amos en com&uacute;n, al historiador memorialista Arc&aacute;ngel, y volv&iacute; a leer tu carta de despedida. Esta vez llor&eacute; tanto que el tren fue dejando un reguero de barro.
    </p><p class="article-text">
        Carlos&hellip; Llevo dos a&ntilde;os defendiendo la objetividad frente a la neutralidad, y la empat&iacute;a ante la libertad. Veo que son las dos m&aacute;ximas period&iacute;sticas principales que defendiste en tu vida. Ahora me siento m&aacute;s capaz y animado. Tu carta pasa a ser una especie de juramento hipocr&aacute;tico para m&iacute;, un faro c&iacute;vico y humano. La colgar&eacute; en casa para tenerla presente y la compartir&eacute; como evangelio sensato; pensar&eacute; en ti cada vez que me flojeen las fuerzas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tu cuerpo muri&oacute;, pero tu luz sigue lleg&aacute;ndonos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Gracias, amigo. Ahora ya nos conocemos los dos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Uclés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/respuesta-carlos-hernandez_129_12993904.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Feb 2026 20:02:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Respuesta desde el más acá a Carlos Hernández]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Carlos Hernández,Obituario]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[María Pombo y el origen del universo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/maria-pombo-origen-universo_129_12582373.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aad6cf40-0558-43b0-8ffb-8cb46ad1e92d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1125230.jpg" width="2901" height="1632" alt="María Pombo y el origen del universo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De la observación minuciosa de los vídeos que han desencadenado la polémica tiktokera de esta semana —una 'influencer' que admite que no le gusta leer—, David Uclés extrae una conclusión: esta creadora de contenido esconde un 'aleph' en su casa; Borges también estaría fascinado</p><p class="subtitle">De las 'clean girls' a la estética “portuguesa”: ¿por qué esta obsesión por categorizarse constantemente?</p></div><p class="article-text">
        Borges defin&iacute;a el <em>aleph</em> como un punto desde el cual se podr&iacute;a observar todo el universo, principio y fin: un rinc&oacute;n en un s&oacute;tano que te permit&iacute;a aprehender de un solo vistazo el infinito en su imposible totalidad. E insist&iacute;a en que ese todo no podr&iacute;a encerrarse nunca en un texto. El lenguaje no puede hacer frente al infinito. &iexcl;Por eso, lectores y lectoras ignorantes, Mar&iacute;a Pombo no lee! Porque es plenamente consciente de esa imposibilidad, y no porque muchos piensen que el c&oacute;digo deontol&oacute;gico del <em>influencerismo</em> distrae la atenci&oacute;n del creador de contenido y lo convierte en un vendeh&uacute;mos incapaz de concentrarse en leer un p&aacute;rrafo largo sin revisar las notificaciones del tel&eacute;fono cada minuto. Por otro lado, y esto no os lo vais a creer, despu&eacute;s de ver varias veces el v&iacute;deo de la pol&eacute;mica he descubierto que Mar&iacute;a esconde en su casa un <em>aleph</em>. Y no lo tiene en el s&oacute;tano de su casa, sino en mitad del sal&oacute;n, bajo la forma de una estanter&iacute;a 360&ordm;: un mueble azul prusiano dise&ntilde;ado originalmente para sostener el todo &mdash;es decir, los libros&mdash; pero que, parad&oacute;jicamente, contiene la nada.
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7545446181304831239"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Este <em>aleph</em> es tan perspicaz que ha logrado pasar desapercibido durante todos estos d&iacute;as. La prueba es que de todos los art&iacute;culos que he le&iacute;do sobre la pol&eacute;mica, casi todos se centran en Mar&iacute;a, pero pocos en la librer&iacute;a. Porque Mar&iacute;a Pombo es f&aacute;cil de describir &mdash;y, por ende, tambi&eacute;n de criticar&mdash;. Es casi una certeza; una tautolog&iacute;a. Mar&iacute;a Pombo es Mar&iacute;a Pombo: no es un ser sibilino o enga&ntilde;oso. Es transparente, directo, sin filtros &mdash;salvo los estrictamente imprescindibles&mdash;. Por eso, me resulta extra&ntilde;o que haya quien descubra ahora que no le gusta leer. &iquest;Qu&eacute; esper&aacute;bamos? &iquest;Que tuviera un ejemplar de la <em>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura</em> en la mesilla del cuarto de invitados? &iquest;Que tenga un p&oacute;ster de Leontxo Garc&iacute;a en su despacho? Hay muchos tipos de conocimiento y no toda erudici&oacute;n se aprende en los libros. Ella, en cambio, sabe cosas que los lectores desconocemos: como la forma exacta para probarte unos pantalones sin necesidad de pon&eacute;rtelos o c&oacute;mo organizar tu despensa por colores. Pretender que Pombo lea es como desear que Chomsky haga un directo cada ma&ntilde;ana explic&aacute;ndonos los batidos de acelga deshidratada con bayas turcas que desayuna. &iexcl;Y qui&eacute;n se atrever&iacute;a a decir que uno es m&aacute;s que otro! 
    </p><p class="article-text">
        Pero volvamos al <em>aleph</em> y analicemos <a href="https://www.tiktok.com/@mariapombo/video/7545141623290662162" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la nada que esconde</a>: para empezar, en el lugar m&aacute;s preciado del mueble, que entendemos que es una librer&iacute;a, deber&iacute;a descansar, sin ser demasiado exigentes, una novela; pero en su lugar nos encontramos con otra realidad f&iacute;sica: el coral de su amiga Sofi &mdash;desde hoy, una amiga m&aacute;s&mdash;. Al lado, un libro sobre los &aacute;ngeles, custodios de la m&aacute;s c&eacute;lebre de las vecinas de Valencia. Tambi&eacute;n vemos un papel donde han escrito con un rotulador permanente AVE MAR&Iacute;A; y una velita, claro. C&iacute;trica o de vainilla, supongo; si es cara, con algo de cardamomo. Despu&eacute;s, Mar&iacute;a nos muestra una piedra que dice que es &ldquo;de su playa favorita de la vida&rdquo; &mdash;se supone que hay una playa favorita &ldquo;de la muerte&rdquo;&mdash;, que tiene el tama&ntilde;o del flequillo de Lauren Postigo y parece la pieza que se mueve en la ouija, la gota. Y, por &uacute;ltimo, rodeado de dibujos que Mar&iacute;a nos ense&ntilde;a al grito dictatorial de <em>&iexcl;ARTE!, </em>encontramos la pieza m&aacute;s valiosa de todo el <em>aleph</em>: un &aacute;rbol sacrificado para que los padres de Mar&iacute;a tallaran el n&uacute;mero favorito de su hija: el 22. Creo que es muy importante tener en casa siempre a la vista nuestro n&uacute;mero favorito. Mar&iacute;a lo sabe. 
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; me invite alg&uacute;n d&iacute;a a su casa. Me gustar&iacute;a observar el infinito de cerca. Como le gusta el interiorismo, le llevar&eacute; de regalo la pel&iacute;cula de Woody Allen en la que un personaje entra a una librer&iacute;a y pide &ldquo;dos metros de libros bonitos&rdquo;. No le pedir&eacute; que se lea <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/libros/heridas-arena-lluvia-agua-caliente-mitad-batalla-guerra-civil-escribe-forma-surrealista_1_11246411.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mi &uacute;ltima novela</a> porque no la distribuye Zara Home. 
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a termina el v&iacute;deo diciendo que hay que empezar a abrir un poquito m&aacute;s la mente. Y tiene raz&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Uclés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/maria-pombo-origen-universo_129_12582373.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Sep 2025 20:22:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[María Pombo y el origen del universo]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Libros,Lectura,Literatura,Jorge Luis Borges,Influencers]]></media:keywords>
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