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    <title><![CDATA[elDiario.es - David Uclés]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/david-ucles/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - David Uclés]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Respuesta desde el más acá a Carlos Hernández]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/respuesta-carlos-hernandez_129_12993904.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/c6a7b380-aa25-4717-befb-3591fb1ae24b_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x500y109.jpg" width="1200" height="675" alt="Respuesta desde el más acá a Carlos Hernández"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">En tus dos últimos posts, apenas dos días antes de irte, descubrí mi nombre. Me habías defendido y apoyado ante la jauría, y habías respaldado mi decisión de no acudir a las famosas jornadas de Sevilla</p><p class="subtitle">Carta desde el más allá, por Carlos Hernández</p></div><p class="article-text">
        D&iacute;as antes de que soltaras la cuerda y volaras lejos, un ej&eacute;rcito de hombres &mdash;blancos, heterosexuales, de mediana edad, letraheridos pero frustrados, equidistantes y conservadores&mdash;, y acaso un par de mujeres entre la treintena de alfas, se dedicaron a acosarme, insultarme y humillarme, buscando en principio el derribo de mi oficio como escritor. Con mayor o menor efecto &mdash;en mi opini&oacute;n, pr&aacute;cticamente nulo&mdash;, s&iacute; lograron agrietar el dique que hab&iacute;a edificado a mi alrededor para protegerme del odio del que amigos, libreros y compa&ntilde;eros de trabajo me hab&iacute;an advertido tantas veces. No me importa hacerlo manifiesto, fueron d&iacute;as angustiosos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        No le&iacute; ninguno de los dardos, pero mis conocidos me iban dando cuenta de ellos. De hecho, me dol&iacute;a m&aacute;s ver c&oacute;mo les afectaba a ellos que el propio dolor. La tristeza se me fue acumulando durante tres semanas en el centro de una diana en la que nunca quise estar, de un juego macabro y sin escr&uacute;pulos. Y no consegu&iacute;a soltar la sensaci&oacute;n de impotencia y malestar. Me imaginaba el p&aacute;ncreas inflamado y mis ganglios h&uacute;medos y llenos de sal.
    </p><p class="article-text">
        Siempre he podido llorar casi con la misma facilidad que un buen actor. Pero conforme voy cumpliendo a&ntilde;os, me cuesta cada vez m&aacute;s. Parece como si me fuera habituando a convivir con el dolor y el cuerpo viera con escepticismo la funci&oacute;n paliativa del llanto. Ten&iacute;a la pena atragantada, hasta que dos d&iacute;as despu&eacute;s de tu muerte, volviendo en un tren nocturno de Barcelona a Madrid, varios amigos me pasaron tu carta desde el m&aacute;s all&aacute;, publicada en este peri&oacute;dico. Tus palabras me provocaron sensaciones muy dispares: un des&aacute;nimo de ra&iacute;z, una mayor incomprensi&oacute;n hacia esta existencia carente de sentido, el &aacute;nimo para seguir intentando cambiar las cosas, alegr&iacute;a al saberme todav&iacute;a vivo&hellip; Las l&aacute;grimas tampoco me brotaron entonces. El bloqueo era total.
    </p><p class="article-text">
        No ten&iacute;a Facebook instalado en el tel&eacute;fono. Aprovech&eacute; la parada en Zaragoza para descarg&aacute;rmelo. Quer&iacute;a ver cu&aacute;les hab&iacute;an sido tus &uacute;ltimas publicaciones. Te busqu&eacute; y sent&iacute; un estremecimiento en la nuca, la piel erizada en la espalda. Junto a tu nombre, Facebook me preguntaba si aceptaba la petici&oacute;n de amistad. Apart&eacute; el tel&eacute;fono y hund&iacute; la vista en el suelo. Ten&iacute;a el m&oacute;vil lleno de mensajes de desconocidos y no hab&iacute;a visto tu solicitud. Not&eacute; la inmensa necesidad de apretar el bot&oacute;n y que, de alguna forma, supieras que te hab&iacute;a aceptado. Y deseaba volver atr&aacute;s en el tiempo. No sin esfuerzo, volv&iacute; los ojos a la pantalla y le&iacute; tu muro. En tus dos &uacute;ltimos posts, apenas dos d&iacute;as antes de irte, descubr&iacute; mi nombre. Me hab&iacute;as defendido y apoyado ante la jaur&iacute;a, y hab&iacute;as respaldado mi decisi&oacute;n de no acudir a las famosas jornadas de Sevilla.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Me subieron las pulsaciones y me empez&oacute; a faltar el aire ante la imposibilidad de darte las gracias. Abandon&eacute; el vag&oacute;n. Me sent&eacute; en el escal&oacute;n de unas de las puertas del tren, me hice una bola, me baj&eacute; la boina hasta rozar la nariz, queri&eacute;ndome ocultar del mundo de los vivos, y al fin llor&eacute;. Llor&eacute; como un ni&ntilde;o chico. Y me qued&eacute; as&iacute; buena parte del trayecto.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Todav&iacute;a en el suelo, llam&eacute; a uno de los amigos que ten&iacute;amos en com&uacute;n, al historiador memorialista Arc&aacute;ngel, y volv&iacute; a leer tu carta de despedida. Esta vez llor&eacute; tanto que el tren fue dejando un reguero de barro.
    </p><p class="article-text">
        Carlos&hellip; Llevo dos a&ntilde;os defendiendo la objetividad frente a la neutralidad, y la empat&iacute;a ante la libertad. Veo que son las dos m&aacute;ximas period&iacute;sticas principales que defendiste en tu vida. Ahora me siento m&aacute;s capaz y animado. Tu carta pasa a ser una especie de juramento hipocr&aacute;tico para m&iacute;, un faro c&iacute;vico y humano. La colgar&eacute; en casa para tenerla presente y la compartir&eacute; como evangelio sensato; pensar&eacute; en ti cada vez que me flojeen las fuerzas.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Tu cuerpo muri&oacute;, pero tu luz sigue lleg&aacute;ndonos.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Gracias, amigo. Ahora ya nos conocemos los dos.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Uclés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/respuesta-carlos-hernandez_129_12993904.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 16 Feb 2026 20:02:07 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Respuesta desde el más acá a Carlos Hernández]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[Carlos Hernández,Obituario]]></media:keywords>
    </item>
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      <title><![CDATA[María Pombo y el origen del universo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/maria-pombo-origen-universo_129_12582373.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/aad6cf40-0558-43b0-8ffb-8cb46ad1e92d_16-9-discover-aspect-ratio_default_1125230.jpg" width="2901" height="1632" alt="María Pombo y el origen del universo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">De la observación minuciosa de los vídeos que han desencadenado la polémica tiktokera de esta semana —una 'influencer' que admite que no le gusta leer—, David Uclés extrae una conclusión: esta creadora de contenido esconde un 'aleph' en su casa; Borges también estaría fascinado</p><p class="subtitle">De las 'clean girls' a la estética “portuguesa”: ¿por qué esta obsesión por categorizarse constantemente?</p></div><p class="article-text">
        Borges defin&iacute;a el <em>aleph</em> como un punto desde el cual se podr&iacute;a observar todo el universo, principio y fin: un rinc&oacute;n en un s&oacute;tano que te permit&iacute;a aprehender de un solo vistazo el infinito en su imposible totalidad. E insist&iacute;a en que ese todo no podr&iacute;a encerrarse nunca en un texto. El lenguaje no puede hacer frente al infinito. &iexcl;Por eso, lectores y lectoras ignorantes, Mar&iacute;a Pombo no lee! Porque es plenamente consciente de esa imposibilidad, y no porque muchos piensen que el c&oacute;digo deontol&oacute;gico del <em>influencerismo</em> distrae la atenci&oacute;n del creador de contenido y lo convierte en un vendeh&uacute;mos incapaz de concentrarse en leer un p&aacute;rrafo largo sin revisar las notificaciones del tel&eacute;fono cada minuto. Por otro lado, y esto no os lo vais a creer, despu&eacute;s de ver varias veces el v&iacute;deo de la pol&eacute;mica he descubierto que Mar&iacute;a esconde en su casa un <em>aleph</em>. Y no lo tiene en el s&oacute;tano de su casa, sino en mitad del sal&oacute;n, bajo la forma de una estanter&iacute;a 360&ordm;: un mueble azul prusiano dise&ntilde;ado originalmente para sostener el todo &mdash;es decir, los libros&mdash; pero que, parad&oacute;jicamente, contiene la nada.
    </p><blockquote class="tiktok-embed" data-video-id="7545446181304831239"><section></section></blockquote><script async src="https://www.tiktok.com/embed.js"></script><p class="article-text">
        Este <em>aleph</em> es tan perspicaz que ha logrado pasar desapercibido durante todos estos d&iacute;as. La prueba es que de todos los art&iacute;culos que he le&iacute;do sobre la pol&eacute;mica, casi todos se centran en Mar&iacute;a, pero pocos en la librer&iacute;a. Porque Mar&iacute;a Pombo es f&aacute;cil de describir &mdash;y, por ende, tambi&eacute;n de criticar&mdash;. Es casi una certeza; una tautolog&iacute;a. Mar&iacute;a Pombo es Mar&iacute;a Pombo: no es un ser sibilino o enga&ntilde;oso. Es transparente, directo, sin filtros &mdash;salvo los estrictamente imprescindibles&mdash;. Por eso, me resulta extra&ntilde;o que haya quien descubra ahora que no le gusta leer. &iquest;Qu&eacute; esper&aacute;bamos? &iquest;Que tuviera un ejemplar de la <em>Cr&iacute;tica de la raz&oacute;n pura</em> en la mesilla del cuarto de invitados? &iquest;Que tenga un p&oacute;ster de Leontxo Garc&iacute;a en su despacho? Hay muchos tipos de conocimiento y no toda erudici&oacute;n se aprende en los libros. Ella, en cambio, sabe cosas que los lectores desconocemos: como la forma exacta para probarte unos pantalones sin necesidad de pon&eacute;rtelos o c&oacute;mo organizar tu despensa por colores. Pretender que Pombo lea es como desear que Chomsky haga un directo cada ma&ntilde;ana explic&aacute;ndonos los batidos de acelga deshidratada con bayas turcas que desayuna. &iexcl;Y qui&eacute;n se atrever&iacute;a a decir que uno es m&aacute;s que otro! 
    </p><p class="article-text">
        Pero volvamos al <em>aleph</em> y analicemos <a href="https://www.tiktok.com/@mariapombo/video/7545141623290662162" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la nada que esconde</a>: para empezar, en el lugar m&aacute;s preciado del mueble, que entendemos que es una librer&iacute;a, deber&iacute;a descansar, sin ser demasiado exigentes, una novela; pero en su lugar nos encontramos con otra realidad f&iacute;sica: el coral de su amiga Sofi &mdash;desde hoy, una amiga m&aacute;s&mdash;. Al lado, un libro sobre los &aacute;ngeles, custodios de la m&aacute;s c&eacute;lebre de las vecinas de Valencia. Tambi&eacute;n vemos un papel donde han escrito con un rotulador permanente AVE MAR&Iacute;A; y una velita, claro. C&iacute;trica o de vainilla, supongo; si es cara, con algo de cardamomo. Despu&eacute;s, Mar&iacute;a nos muestra una piedra que dice que es &ldquo;de su playa favorita de la vida&rdquo; &mdash;se supone que hay una playa favorita &ldquo;de la muerte&rdquo;&mdash;, que tiene el tama&ntilde;o del flequillo de Lauren Postigo y parece la pieza que se mueve en la ouija, la gota. Y, por &uacute;ltimo, rodeado de dibujos que Mar&iacute;a nos ense&ntilde;a al grito dictatorial de <em>&iexcl;ARTE!, </em>encontramos la pieza m&aacute;s valiosa de todo el <em>aleph</em>: un &aacute;rbol sacrificado para que los padres de Mar&iacute;a tallaran el n&uacute;mero favorito de su hija: el 22. Creo que es muy importante tener en casa siempre a la vista nuestro n&uacute;mero favorito. Mar&iacute;a lo sabe. 
    </p><p class="article-text">
        Ojal&aacute; me invite alg&uacute;n d&iacute;a a su casa. Me gustar&iacute;a observar el infinito de cerca. Como le gusta el interiorismo, le llevar&eacute; de regalo la pel&iacute;cula de Woody Allen en la que un personaje entra a una librer&iacute;a y pide &ldquo;dos metros de libros bonitos&rdquo;. No le pedir&eacute; que se lea <a href="https://www.eldiario.es/andalucia/lacajanegra/libros/heridas-arena-lluvia-agua-caliente-mitad-batalla-guerra-civil-escribe-forma-surrealista_1_11246411.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">mi &uacute;ltima novela</a> porque no la distribuye Zara Home. 
    </p><p class="article-text">
        Mar&iacute;a termina el v&iacute;deo diciendo que hay que empezar a abrir un poquito m&aacute;s la mente. Y tiene raz&oacute;n.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[David Uclés]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/cultura/maria-pombo-origen-universo_129_12582373.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 06 Sep 2025 20:22:47 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[María Pombo y el origen del universo]]></media:title>
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