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    <title><![CDATA[elDiario.es - Josep T. París]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/josep-tomas-paris/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Josep T. París]]></description>
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    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
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      <title><![CDATA[Marta, deportada a Colombia por no tener papeles tras 23 años en España: "No pude despedirme de mis hijos"]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/marta-deportada-colombia-no-papeles-23-anos-espana-no-pude-despedirme-hijos_1_12712953.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/6e961427-8e6f-4b1a-bfe6-b1c8f6d7973c_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Marta, deportada a Colombia por no tener papeles tras 23 años en España: &quot;No pude despedirme de mis hijos&quot;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Esta mujer fue enviada hace unos meses desde el CIE de Barcelona a su país de origen sin apenas aviso previo, una práctica frecuente según las entidades sociales</p><p class="subtitle">Los CIE encerraron en 2024 a migrantes con familia y fuerte arraigo en España, según un nuevo informe
</p></div><p class="article-text">
        Marta fue expulsada de Espa&ntilde;a tras 23 a&ntilde;os viviendo en Zaragoza y sin poder despedirse de sus tres hijos. Salma, en cambio, visitaba cada d&iacute;a a su hijo, Jalal, atrapado a la espera de una orden de expulsi&oacute;n casi dos d&eacute;cadas despu&eacute;s de haber llegado a Espa&ntilde;a. Como ella, muchas otras mujeres acuden al Centro de Internamiento de Extranjeros de Barcelona (CIE) para reencontrarse, aunque solo sea por unas horas, con sus familiares.
    </p><p class="article-text">
        &iquest;C&oacute;mo acabaron Marta y Jalal en un CIE a pesar de llevar 20 a&ntilde;os en Espa&ntilde;a? La decisi&oacute;n se toma con base en un informe policial que detalla si la persona tiene arraigo, domicilio conocido o antecedentes penales. Sin embargo, a menudo la informaci&oacute;n es incompleta.
    </p><h2 class="article-text"><strong>Marta, cr&oacute;nica de una expulsi&oacute;n&nbsp;</strong></h2><p class="article-text">
        El pasado 8 de abril Marta permanec&iacute;a tumbada en la cama, igual que sus otras dos compa&ntilde;eras, en una celda del pabell&oacute;n de mujeres del CIE de Barcelona. El m&oacute;dulo femenino donde descansaba se inaugur&oacute; a principios de 2023 y, ese mismo a&ntilde;o, entraron 62 internas. En 2024 fueron 29. Para 2025 todav&iacute;a no hay cifras oficiales, pero Marta fue una de ellas.
    </p><p class="article-text">
        Ese d&iacute;a, seg&uacute;n ella misma recuerda, la Polic&iacute;a Nacional irrumpi&oacute; en la celda con prisas y empezaron a repartir bolsas de basura en las que les ordenaron meter dentro todas sus pertenencias.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Cuando intuyeron que iban a ser expulsadas, las internas insistieron en que quer&iacute;an pedir asilo y hablar con su abogado, pero seg&uacute;n relata Marta, la polic&iacute;a les neg&oacute; ese derecho. Cuando vio que la deportaci&oacute;n era inminente, solicit&oacute; hablar con sus tres hijos y con su madre, que viven en Zaragoza. Sin embargo, explica, los polic&iacute;as la cortaron en seco: por razones de seguridad, solo pod&iacute;a hacer una &uacute;nica llamada y ten&iacute;a que ser internacional.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Marta recuerda los empujones y c&oacute;mo fueron trasladadas a la biblioteca del centro. All&iacute; se encontraron con una quincena de internos, hombres de procedencia colombiana y peruana. &ldquo;Estaba en estado de shock, aterrada&rdquo;, recuerda durante una conversaci&oacute;n mantenida pocos d&iacute;as despu&eacute;s de lo sucedido.
    </p><p class="article-text">
        Fuera del CIE les esperaban un autob&uacute;s, varios coches patrulla y furgones de la Polic&iacute;a Nacional. Formaban parte de un vuelo colectivo de expulsi&oacute;n con decenas de internos de toda Espa&ntilde;a y un centenar de agentes. Marta cuenta que les mostraron distintos documentos para que firmaran: la orden de expulsi&oacute;n y la devoluci&oacute;n de sus objetos personales. Pero no les permitieron leer nada.
    </p><p class="article-text">
        A Marta le toc&oacute; viajar en coche. Tras una parada en Zaragoza, llegaron a Madrid. Ten&iacute;a las manos hinchadas: llevaba m&aacute;s de diez horas esposada y solo pudo ir al ba&ntilde;o un par de veces, atada y con una polic&iacute;a a su lado. No pudo cambiarse de ropa: iba manchada de sangre. &ldquo;Tengo la regla muy abundante, sangro mucho y tengo c&oacute;licos fuertes&rdquo;, dice, indignada por el trato recibido.
    </p><p class="article-text">
        Pero no acab&oacute; ah&iacute;. Marta recuerda que, a la llegada a Madrid, la polic&iacute;a esparci&oacute; por el suelo las bolsas de basura con sus pertenencias. &ldquo;Aquello parec&iacute;a un vertedero&rdquo;, recuerda. Los internos las iban abriendo en busca de sus cosas, apresurados por recuperarlas antes de subir al avi&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        Cuando aterrizaron en Bogot&aacute;, Jorge Leonardo, un interno que hab&iacute;a conocido en el CIE, le ech&oacute; una mano. Marta no ten&iacute;a dinero, pero &eacute;l contaba con cuarenta euros, en dos billetes de veinte: uno de ellos con un trozo de celo que nadie quer&iacute;a cambiar. Los otros veinte los us&oacute; para coger un autob&uacute;s e ir a ver a unos parientes de su amigo. Sin dinero ni bater&iacute;a en el m&oacute;vil, Marta tard&oacute; dos d&iacute;as en conseguir hablar con su hermano. Ya hac&iacute;a 72 horas que su familia no sab&iacute;a nada de ella.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        &ldquo;Cuando mi hermano me escuch&oacute;, se puso a llorar. No pod&iacute;a parar. Empec&eacute; a enviar audios a mis hijos para que no sospecharan nada. Pero mi hija se dio cuenta. Casi dej&oacute; de comer. El peque&ntilde;o, de dieciocho a&ntilde;os, es quien est&aacute; m&aacute;s afectado. Me expulsaron sin que pudiera despedirme de ellos; la familia est&aacute; destrozada&rdquo;, insiste Marta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hac&iacute;a pocos meses que la jueza de control del CIE hab&iacute;a recordado por escrito al director del centro que la polic&iacute;a est&aacute; obligada a avisar con al menos 24 horas de antelaci&oacute;n de una expulsi&oacute;n. La magistrada hab&iacute;a hecho esta advertencia a ra&iacute;z de un caso anterior, el de otra mujer expulsada sin previo aviso. Le preocupaba que no fuera un hecho aislado, sino una pr&aacute;ctica sistem&aacute;tica. La carta se envi&oacute; &ldquo;a los efectos de evitar actuaciones o procedimientos que pudieran constituir pautas generalizadas&rdquo;, se&ntilde;ala la resoluci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Cel Far Sicart, responsable de visitas al CIE de la entidad Migra Studium, asegura que han detectado otros casos como el de Marta. Pero adem&aacute;s apunta que 24 horas tampoco es tiempo suficiente: &ldquo;Ese margen tan reducido les impide presentar recursos jur&iacute;dicos, denunciar vulneraciones y, adem&aacute;s, las familias no pueden despedirse, lo que genera un fuerte sentimiento de indefensi&oacute;n y angustia&rdquo;.
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                La entrada de vehículos de la Policía Nacional con migrantes es la imagen habitual en el CIE de Barcelona. En 2024 fueron internadas 401 personas                            </span>
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        Marta lleg&oacute; hace veintitr&eacute;s a&ntilde;os a Espa&ntilde;a. Ha trabajado de camarera, cuidando ancianos, en una editorial, en un almac&eacute;n de ropa, en una empresa de limpieza&hellip; Ha hecho de todo. &iquest;C&oacute;mo es posible que no tenga papeles? &iquest;Quiz&aacute;s estuvo en la c&aacute;rcel? &ldquo;Nunca&rdquo;, responde. En el CIE hay personas que han pasado por prisi&oacute;n y han visto su condena transformada en una orden de expulsi&oacute;n. Pero no era su caso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 2005, durante la &uacute;ltima gran regularizaci&oacute;n, el gobierno de Zapatero concedi&oacute; permiso de trabajo y residencia a m&aacute;s de medio mill&oacute;n de inmigrantes. Marta ten&iacute;a una amiga en una empresa de limpieza con la que acord&oacute; que le pagar&iacute;a la Seguridad Social para poder regularizar su situaci&oacute;n. Pero cuando fue a renovar su permiso, le dijeron que no hab&iacute;a ingresado ninguna cuota. Le abrieron una orden de expulsi&oacute;n por no tener los papeles en regla. Encontr&oacute; trabajo y recuper&oacute; la tarjeta de residencia. Pero cuando perdi&oacute; el empleo, tambi&eacute;n perdi&oacute; el permiso.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Marta Vallverd&uacute;, abogada de Ir&iacute;dia, reconoce que las condiciones para renovar los papeles son muy duras. &ldquo;Muchos de nosotros [en referencia a las personas nacidas en Espa&ntilde;a] no las cumplir&iacute;amos. Tienes que reunir una serie de requisitos, como haber cotizado un tiempo determinado. No es f&aacute;cil&rdquo;, especifica.
    </p><p class="article-text">
        Desde entonces, atrapada en un ciclo de trabajos inestables y papeles fr&aacute;giles, se fue perdiendo en el laberinto administrativo. El &uacute;ltimo mazazo le lleg&oacute; a ra&iacute;z de un desahucio: &ldquo;Lo perd&iacute; todo: la ropa, los muebles&hellip; Y me abrieron una orden de expulsi&oacute;n. Intent&eacute; anularla con un abogado, pero mientras hac&iacute;amos el tr&aacute;mite me enviaron al CIE&rdquo;, relata.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        La abogada de oficio apareci&oacute; minutos antes de la vista<strong>.</strong> El juez, el fiscal y su abogada coincidieron en la misma lectura: no cre&iacute;an su historia. &ldquo;Dec&iacute;an que no ten&iacute;a padr&oacute;n, ni un piso alquilado a mi nombre, ni agrupaci&oacute;n familiar formalizada&rdquo;, recuerda Marta. Con estas ausencias administrativas, se dict&oacute; el ingreso en el CIE.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Entonces, su familia busc&oacute; un abogado privado para intentar presentar un recurso. Suelen ser los allegados quienes, a contrarreloj, deben aportar pruebas de arraigo que la polic&iacute;a haya podido pasar por alto en su informe: tarjetas sanitarias, certificados de empadronamiento, inscripciones en cursos de lengua&hellip; Documentos que pueden marcar la diferencia entre el internamiento y la libertad. Pero no hubo tiempo, la expulsaron.
    </p><p class="article-text">
        La decisi&oacute;n final depende, en &uacute;ltima instancia, del criterio de cada juez. &ldquo;Con la misma informaci&oacute;n, uno puede decidir una cosa y otro, lo contrario&rdquo;, aclara la magistrada de Control del CIE, Zita Hern&aacute;ndez. &ldquo;Nos encontramos con que faltan datos, pero aun as&iacute;, tenemos que decidir&rdquo;, a&ntilde;ade.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                    alt="La sala de espera del Centro de Internamiento de Extranjeros de Barcelona, situada bajo una carpa blanca y azul, dispone de un lavabo, sillas y algunos juegos infantiles"
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            <span class="title">
                La sala de espera del Centro de Internamiento de Extranjeros de Barcelona, situada bajo una carpa blanca y azul, dispone de un lavabo, sillas y algunos juegos infantiles                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>Salma y su hijo Jalal: cuarenta d&iacute;as de angustia&nbsp;</strong></h2><p class="article-text">
        &ldquo;Me levanto por la ma&ntilde;ana y tengo un ta-ta-ta-ta aqu&iacute;&rdquo;. Se toca el pecho. &ldquo;No paro de pensar y pensar, cada vez m&aacute;s r&aacute;pido, bu-bu-bu, empiezo a dar vueltas por casa, vueltas y m&aacute;s vueltas. Entonces me da un mareo, me paro, me encojo, me hago peque&ntilde;a y cierro los ojos&rdquo;, explica Salma. Su &uacute;nico hijo, Jalal, lleva 19 a&ntilde;os viviendo en Catalunya. Se march&oacute; de su pa&iacute;s cuando solo ten&iacute;a trece, y este a&ntilde;o, al cumplir los 32, fue internado en el CIE de Barcelona.
    </p><p class="article-text">
        Mientras estuvo encerrado, Salma hac&iacute;a cada semana un largo viaje para verlo. Preparaba una bolsa con un bocadillo, una botella de agua y tabaco para su hijo. Dedicaba todo el d&iacute;a a visitarlo. Tres horas de ida y tres de vuelta: dos autobuses, tres l&iacute;neas de metro diferentes y una larga caminata de veinte minutos por una zona desierta, sin gente, donde solo circulan camiones. &ldquo;El silencio y la ansiedad te acompa&ntilde;an hasta el CIE&rdquo;, explica mientras recorre la parte final del trayecto.
    </p><p class="article-text">
        Los primeros d&iacute;as en el centro, Jalal se quedaba en un rinc&oacute;n, en silencio, dej&aacute;ndose llevar por sus pensamientos hasta que la angustia lo ahogaba. Pensaba en la expulsi&oacute;n, en lo que vendr&iacute;a despu&eacute;s. &ldquo;Al principio me desmayaba, los polic&iacute;as me daban ventol&iacute;n para respirar, me faltaba el aire&rdquo;, reconoce acerca de su estancia en el CIE.
    </p><p class="article-text">
        Los internos pueden hablar por tel&eacute;fono, pero solo con m&oacute;viles sin c&aacute;mara ni acceso a Internet. La Ley de Extranjer&iacute;a establece que el ingreso en un CIE debe ser un recurso no penitenciario y de car&aacute;cter excepcional: no han cometido ning&uacute;n delito, solo carecen de papeles. Sin embargo, como muestran la historia de Marta y Jalal, y el &uacute;ltimo informe sobre los centros de internamiento, <a href="https://www.eldiario.es/desalambre/cie-encerraron-2024-migrantes-familia-fuerte-arraigo-espana-nuevo-informe_1_12641510.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">publicado este octubre por el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM)</a>, &ldquo;se priva de libertad a personas con largas trayectorias de arraigo&rdquo;.
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                Protesta de un centenar de personas frente al CIE de Barcelona, el pasado abril, pocos días antes de la expulsión masiva de decenas de internos.                             </span>
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                </figure><p class="article-text">
        Hace m&aacute;s de cuarenta a&ntilde;os, Salma decidi&oacute; migrar. Quer&iacute;a preparar un futuro para su hijo. Otras familias de Marruecos hac&iacute;an lo mismo, pero hab&iacute;a una diferencia: ella era mujer. No ten&iacute;a otra opci&oacute;n que dejar al ni&ntilde;o con una conocida. Solo ser&iacute;a por un tiempo. Ella regularizar&iacute;a su situaci&oacute;n y pedir&iacute;a la reagrupaci&oacute;n familiar. Pero el tiempo pas&oacute; y, de repente, ya hab&iacute;an pasado ocho a&ntilde;os. &ldquo;Siempre me reprocha que lo abandon&eacute;, pero yo he sufrido mucho, mucho&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Hace a&ntilde;os que Salma trabaja como cuidadora en distintas residencias cercanas a Barcelona. Se ha formado, tiene el diploma sanitario para la atenci&oacute;n de personas con dependencia. Cuando habla del trabajo, asiente y aprieta los labios. &ldquo;Es un trabajo duro y mal pagado&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A&ntilde;os de limpiar casas, levantar cuerpos fr&aacute;giles, cargar pesos, le han destrozado la rodilla. Cada noche se pincha un calmante fuerte para poder dormir. Pero el problema no es el malestar f&iacute;sico. &ldquo;Lo peor es esta tristeza. Me bloqueo. Es como si me hubieran colgado al rev&eacute;s, solo tengo un hijo&rdquo;.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Durante cuarenta d&iacute;as encerrado, Jalal vivi&oacute; episodios de discriminaci&oacute;n y violencia. &ldquo;Un d&iacute;a, golpearon a mi compa&ntilde;ero de habitaci&oacute;n solo porque tardaba en vestirse&rdquo;, rememora ahora. Desde el Ministerio de Interior aseguran que &ldquo;las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado garantizan la seguridad y el libre ejercicio de los derechos y libertades de todos los ciudadanos [...] y act&uacute;an en esos t&eacute;rminos, con estricto sometimiento al ordenamiento jur&iacute;dico&rdquo;. Pero internos como Jalal describen bofetadas, insultos y aseguran que el miedo a ser agredido o deportado eran parte de su d&iacute;a a d&iacute;a. 
    </p><p class="article-text">
        Aun as&iacute;, Jalal sali&oacute;.&nbsp;Y emprendi&oacute; el camino hacia el pueblo del Vall&egrave;s en el que vive con su madre: fueron tres l&iacute;neas de metro diferentes y dos autobuses. Cuando se vieron, se fundieron en un abrazo intenso. Lloraron. Despu&eacute;s, prepararon t&eacute;. Entonces llegaron las primeras preguntas: &ldquo;&iquest;Y ahora qu&eacute; vamos a hacer?&rdquo;, reflexiona en una entrevista mantenida con este medio el d&iacute;a de su liberaci&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        A pesar de haber vivido casi veinte a&ntilde;os en Espa&ntilde;a, el &uacute;nico documento legal que tiene Jalal es una orden de expulsi&oacute;n. Esta es la situaci&oacute;n m&aacute;s habitual en el CIE de Barcelona: casi cada a&ntilde;o, m&aacute;s de la mitad de las personas internadas no llegan a ser expulsadas. En 2024 solo se ejecutaron 148 expulsiones, el 37% del total, pr&aacute;cticamente la misma proporci&oacute;n que en 2023. El 63% restante qued&oacute; en libertad.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hay muchas razones por las que los internos pueden salir. La primera es que solo pueden estar en el CIE durante 60 d&iacute;as; si en ese tiempo la polic&iacute;a no ha conseguido preparar un vuelo de deportaci&oacute;n, deben quedar en libertad. Tambi&eacute;n puede ocurrir que la frontera entre pa&iacute;ses est&eacute; cerrada; puede ser que la persona haya solicitado asilo y todav&iacute;a est&eacute; en tr&aacute;mite cuando se alcanza el l&iacute;mite de los 60 d&iacute;as; o bien que el juez haya aceptado el recurso con la informaci&oacute;n que acredita que la persona reside en Espa&ntilde;a desde hace a&ntilde;os.
    </p><p class="article-text">
        Con todo, Cel Far Sicart, de Migra Studium, aclara que salir del CIE no significa quedar en situaci&oacute;n regular, solo que no se ha podido ejecutar la expulsi&oacute;n. &ldquo;Tener una orden de expulsi&oacute;n implica vivir bajo la amenaza de ser detenido otra vez; sin embargo, te&oacute;ricamente no pueden volver a internarte en un plazo de dos a&ntilde;os&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Los internos en el CIE no est&aacute;n all&iacute; por haber cometido un delito, sino por una falta administrativa: estar en situaci&oacute;n irregular. Desde Migra Studium y otras entidades se ha denunciado reiteradamente que los CIE son &ldquo;mecanismos que generan dolor y sufrimiento, y el hecho de que salgan m&aacute;s internos en libertad que expulsados es una prueba muy clara de ello&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Ahora Salma y Jalal vuelven a empezar de cero. Tienen que buscar un abogado, y asumir el coste econ&oacute;mico para limpiar el expediente de su hijo para que pueda trabajar o alquilar un piso. El joven habr&aacute; conseguido la libertad, pero seguir&aacute; estrechamente ligado a aquel centro del que lo sacaron a toda prisa y del que no pudo salir durante cuarenta d&iacute;as.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        <em>Los nombres han sido modificados a petici&oacute;n de los protagonistas para proteger su intimidad.&nbsp;</em>
    </p><p class="article-text">
        Premio Montserrat Roig a la promoci&oacute;n de la investigaci&oacute;n en el &aacute;mbito de los derechos sociales y la acci&oacute;n social en Barcelona.
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
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      <dc:creator><![CDATA[Josep T. París]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/marta-deportada-colombia-no-papeles-23-anos-espana-no-pude-despedirme-hijos_1_12712953.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 16 Nov 2025 20:55:26 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Marta, deportada a Colombia por no tener papeles tras 23 años en España: "No pude despedirme de mis hijos"]]></media:title>
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    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Cuatro historias de abusos dentro del CIE de Barcelona: “No entiendo qué he hecho mal para estar aquí”]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/cuatro-historias-abusos-cie-barcelona-no-entiendo-he-hecho-mal_1_12713148.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/17565ecf-7f39-4bd3-ac12-81f6f34c6810_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Cuatro historias de abusos dentro del CIE de Barcelona: “No entiendo qué he hecho mal para estar aquí”"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Este 2025 se han reportado denuncias en el juzgado por palizas, quejas por insultos y malos tratos policiales, las mismas que describen diversos internos que han pasado por sus celdas
</p><p class="subtitle">Deportada a Colombia por no tener papeles tras 23 años en España: “No pude despedirme de mis hijos”
</p></div><p class="article-text">
        Acusado de opaco y poco transparente, el Centro de Internamiento de Emigrantes (CIE) de Barcelona est&aacute; en el centro de las cr&iacute;ticas de entidades sociales y algunos partidos pol&iacute;ticos. Pero, &iquest;qu&eacute; ocurre realmente en su interior? Solo en lo que llevamos de 2025, unas 250 personas han pasado por sus celdas y han vivido la angustia de una posible deportaci&oacute;n. 
    </p><p class="article-text">
        La ley fija un m&aacute;ximo de 60 d&iacute;as de internamiento. Nadie est&aacute; en el CIE por haber cometido un delito, sino por no tener la documentaci&oacute;n en regla. El Ministerio del Interior insiste en que no se trata de una c&aacute;rcel, pero los muros, las celdas y los horarios estrictos cuentan otra historia.
    </p><p class="article-text">
        Tras un largo recorrido judicial, el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) consigui&oacute; finalmente que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid obligara al Ministerio del Interior a hacer p&uacute;blicas las cifras de quejas presentadas por internos, familiares u otros agentes. Gracias a esa sentencia, hoy sabemos que en 2024,<a href="https://www.eldiario.es/desalambre/cie-encerraron-2024-migrantes-familia-fuerte-arraigo-espana-nuevo-informe_1_12641510.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> por el CIE de Barcelona pasaron 401 personas, y se registraron 79 quejas</a>. 
    </p><p class="article-text">
        Los internos tienen la capacidad de expresar quejas, ya sea sobre su situaci&oacute;n personal o sobre el trato recibido dentro del CIE. Si tienen un problema, deben rellenar un peque&ntilde;o formulario llamado PQ (petici&oacute;n/queja) y depositarlo en el buz&oacute;n del director, situado en el pasillo, a la vista del resto de internos y de los agentes. El director tiene la obligaci&oacute;n de hacer llegar el mensaje a la jueza de control del CIE o a la autoridad competente. Pero el sistema presenta grietas.
    </p><p class="article-text">
        El 6 de marzo de este a&ntilde;o, Juan hac&iacute;a gimnasia en el patio. Llevaba diez d&iacute;as en el CIE y todav&iacute;a no entend&iacute;a por qu&eacute;. Hac&iacute;a once a&ntilde;os que viv&iacute;a en Barcelona y hab&iacute;a trabajado en distintos oficios. &ldquo;No entiendo qu&eacute; he hecho mal para estar aqu&iacute;. Nunca he estado en prisi&oacute;n, he intentado hacer las cosas bien&rdquo;, asegura en una conversaci&oacute;n telef&oacute;nica, mantenida durante su estancia en el centro.
    </p><p class="article-text">
        Juan recuerda que, de repente, al fondo del patio, dos internos empezaron a gritarse. Todos corrieron hacia la disputa, tambi&eacute;n la polic&iacute;a, que, seg&uacute;n relata este testimonio, sac&oacute; las porras. &ldquo;Vi a un polic&iacute;a que ven&iacute;a enfurecido detr&aacute;s de m&iacute;. Esquiv&eacute; los primeros golpes, hasta que me dio varias veces con fuerza en el hombro&rdquo;. Asegura que le provoc&oacute; un enorme hematoma en la espalda que fue inmortalizado en unas fotograf&iacute;as a las que este medio ha tenido acceso. Ese mismo d&iacute;a escribi&oacute; una denuncia, una PQ, esperando que su queja llegara a los juzgados, y la ech&oacute; al buz&oacute;n del director.
    </p><p class="article-text">
        Al cabo de unos d&iacute;as, una pareja de voluntarios de la Fundaci&oacute;n Migra Studium fue a verlo como hacen con cualquier interno que lo pida. Media hora m&aacute;s tarde, se despidi&oacute; de ellos para volver a su habitaci&oacute;n, como era habitual. Pero aquel d&iacute;a fue diferente: la polic&iacute;a lo condujo a una sala para cachearlo. Seg&uacute;n recuerda Juan, la polic&iacute;a le orden&oacute; que se desnudara y, durante veinte minutos, le revisaron la ropa y el pelo, buscando una posible droga que, supuestamente, le habr&iacute;an pasado los voluntarios de la entidad jesuita.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Este interno asegura que, una vez vestido, los agentes le mostraron su denuncia: la PQ que &eacute;l hab&iacute;a depositado en el buz&oacute;n del director unos d&iacute;as antes. &ldquo;Uno de los polic&iacute;as cogi&oacute; un bol&iacute;grafo y escribi&oacute; algo al final del formulario&rdquo;, relata. Este medio ha podido ver una imagen de la denuncia; al final de la misma y en otro tipo de letra, se puede leer: &ldquo;El interno no quiere seguir con el tr&aacute;mite anteriormente escrito&rdquo;. Y, al final, la firma de Juan. Lo rubric&oacute; porque asegura que ten&iacute;a miedo. Despu&eacute;s de ese episodio, su abogada le recomend&oacute; que dejara de hablar con periodistas o voluntarios de entidades. Y as&iacute; lo hizo. A d&iacute;a de hoy, se le ha perdido la pista.&nbsp;
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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            <span class="title">
                Saida, voluntaria de Migra Studium, visita periódicamente el CIE de Barcelona para dar apoyo a los internos                            </span>
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        Los internos tambi&eacute;n pueden intentar presentar una denuncia a trav&eacute;s de sus abogados, pero los letrados del turno de oficio a menudo no responden al tel&eacute;fono. En ocasiones, tardan tanto que, cuando lo hacen, el interno ya ha sido expulsado. Al final, solo queda una opci&oacute;n: el buz&oacute;n del director. Una caja blanca met&aacute;lica, clavada en la pared y a la vista de todos, que se ofrece como una soluci&oacute;n aparentemente perfecta.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        A preguntas de este medio, el Ministerio del Interior se&ntilde;ala que en los CIE el juez competente recoge las peticiones y quejas que puedan plantear los internos &ldquo;en cuanto afecten a sus derechos fundamentales&rdquo; e insisten en que los Centros est&aacute;n &ldquo;sometidos a autorizaci&oacute;n y control judicial&rdquo;. El CIE es un espacio marcado por la ley: sentencias, informes policiales y &oacute;rdenes definen el d&iacute;a a d&iacute;a de las personas retenidas. Sobre el papel, todo parece regulado. Pero los testimonios cuentan otra cosa. Y entonces surge la pregunta: &iquest;qui&eacute;n vigila a los vigilantes?
    </p><p class="article-text">
        A d&iacute;a de hoy, esta responsabilidad recae en la jueza de instrucci&oacute;n n&uacute;mero 1, Alejandra Gil Llima, y en la jueza de instrucci&oacute;n n&uacute;mero 30, Zita Hern&aacute;ndez Larra&ntilde;aga. Las magistradas tienen sus despachos en los juzgados de instrucci&oacute;n, donde se encargan de todo tipo de casos delictivos. Tambi&eacute;n hacen turnos de guardia y, adem&aacute;s, ejercen como juezas de control del CIE.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Sus ojos dentro del CIE son los buzones, de los cuales, seg&uacute;n explica Hern&aacute;ndez, recibe entre 15 y 20 quejas al a&ntilde;o, una cifra muy baja si se tiene en cuenta la conflictividad que, seg&uacute;n las entidades, se vive en el centro.
    </p><p class="article-text">
        La otra v&iacute;a para que la magistrada conozca las quejas de los internos es que las hagan llegar a las entidades. Y eso cada vez funciona mejor. Hern&aacute;ndez ha presionado para que se faciliten las visitas al CIE por parte de las entidades y para que, al menos una vez al mes, pueda celebrarse una charla con los internos para conocer de primera mano su realidad dentro del centro.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En 2025, Maria Morell, abogada, dio una de esas charlas: &ldquo;Hab&iacute;a un polic&iacute;a escuchando, pero a los internos les daba igual, la mayor&iacute;a estaban muy enfadados, cuando acab&oacute; la sesi&oacute;n, empezaron a llamar a la centralita de Migra Studium para pedir que los visitaran y recoger toda la informaci&oacute;n&rdquo;, asegura.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Hern&aacute;ndez reconoce que, en la carrera judicial, nadie les forma en &ldquo;humanidad&rdquo;. &ldquo;Nos falta formaci&oacute;n en extranjer&iacute;a, pero no en los libros, sino una formaci&oacute;n m&aacute;s humana, m&aacute;s real&rdquo;, reconoce. Eso no significa, sin embargo, que le tiemble la mano a la hora de dictar sentencia: &ldquo;Si una persona tiene que ser expulsada, ser&aacute; expulsada. No puedo hacer m&aacute;s...&rdquo;
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                La jueza de control del Centro de Internamiento de Extranjeros de Barcelona, Zita Hernández Larrañaga, ejerciendo de jueza de guardia en la Ciudad de la Justicia                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>Denuncias que nunca llegan a los juzgados</strong></h2><p class="article-text">
        &ldquo;Deb&iacute;an ser las doce del mediod&iacute;a. Un grupo de polic&iacute;as entr&oacute; en mi celda para llevarme al consulado. Me negu&eacute;. Un par de horas m&aacute;s tarde volvieron, esta vez eran diez. Ten&iacute;a mucho miedo, no pod&iacute;a hacer nada. De malas maneras me obligaron a bajar a la entrada del CIE, a la zona de control. Hab&iacute;a mucha tensi&oacute;n, gritos&hellip; mientras intentaban ponerme las esposas, ca&iacute; al suelo y empec&eacute; a sangrar por la nariz sin parar. La sangre no se deten&iacute;a. Se asustaron y desistieron. La enfermera me cosi&oacute; la herida y me devolvieron a la habitaci&oacute;n. Tengo mucho miedo&hellip;&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Esta es la historia que un interno cont&oacute; por tel&eacute;fono al periodista que escribe este reportaje, quien solicit&oacute; una visita en el CIE para contrastar su relato, pero al d&iacute;a siguiente de la llamada ya no estaba: hab&iacute;a sido expulsado.
    </p><p class="article-text">
        Markus Gonz&aacute;lez Beilfuss, profesor de derecho que visita los CIE de todo el Estado, critica que no haya un mecanismo de investigaci&oacute;n &aacute;gil y eficaz cuando se presenta una denuncia por malos tratos. &ldquo;A menudo, cuando el juez llega a tener conocimiento del caso, la persona que present&oacute; la denuncia o sus testigos ya han sido expulsados a otro pa&iacute;s&rdquo;, explica.
    </p><p class="article-text">
        La cuesti&oacute;n, seg&uacute;n apuntan diversos letrados, es que el tr&aacute;mite e investigaci&oacute;n de la denuncia es mucho m&aacute;s lento que el proceso de expulsi&oacute;n. &ldquo;Cuando llega una denuncia, el juzgado de guardia la reparte, el juez que la recibe cuestiona si es competente y la deriva a otro. Al final, cuando un juez se pone a investigar, el denunciante, los testigos y las pruebas de las lesiones ya han desaparecido&rdquo;, explica Marta Vallverd&uacute;, abogada de Ir&iacute;dia.
    </p><p class="article-text">
        La letrada pide que, cuando alguien presente una denuncia por malos tratos, se tomen &ldquo;medidas urgentes, como evitar la expulsi&oacute;n o, en caso de que no sea posible, se cite a la persona denunciante para tomarle declaraci&oacute;n, solicitar que no se borren las im&aacute;genes de las c&aacute;maras de seguridad y asegurar las entrevistas a los testigos&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Beilfuss, que tambi&eacute;n fue director general de Inmigraci&oacute;n del Estado en 2010, conoce de primera mano las diferencias en la respuesta institucional ante las denuncias de malos tratos. En las comisar&iacute;as de polic&iacute;a, si se denuncia un caso de torturas, se activa inmediatamente un dispositivo judicial. &ldquo;Hay una serie de organismos que obligan a iniciar una investigaci&oacute;n r&aacute;pida de los hechos&rdquo;, explica el jurista.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        En cambio, en los CIE, el mecanismo es muy diferente: &ldquo;Aqu&iacute; se abre la puerta de la expulsi&oacute;n y, de golpe, se corta o se dificulta la investigaci&oacute;n penal. No hay suficientes garant&iacute;as para asegurar la defensa de los internos&rdquo;, resume. Desde 2015 hasta ahora, el colectivo Ir&iacute;dia ha interpuesto quince procedimientos judiciales, pero la expulsi&oacute;n de las personas implicadas y de los testigos ha impedido que ninguno llegara a juicio.
    </p><figure class="ni-figure">
        
                                            






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                Dos internos se abrazan tras conseguir la libertad frente al Centro de Internamiento de Extranjeros de Barcelona                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>Falta de atenci&oacute;n psicol&oacute;gica en el CIE</strong></h2><p class="article-text">
        &ldquo;Le ponen algo en la comida. Cuando me dan la comida, la separo en dos platos y la mezclo con agua para que no me haga efecto&hellip; Por las noches no puedo dormir. Algo que no se puede ver con los ojos me agarra de los tobillos. Quiero salir de aqu&iacute; con vida&rdquo;. Quien habla es Velkan; es rumano y padece una psicosis cr&oacute;nica con delirios y alucinaciones. El &uacute;ltimo informe m&eacute;dico, al que tuvo acceso este medio, emitido antes de su internamiento, recomendaba un seguimiento en la unidad de salud mental de referencia, una unidad que no existe dentro del CIE.
    </p><p class="article-text">
        El Defensor del Pueblo, la Fiscal&iacute;a de Extranjer&iacute;a, Cruz Roja, Migra Studium, Ir&iacute;dia... Son diversas las instituciones que coinciden en la necesidad urgente de incorporar un servicio de psicolog&iacute;a en el centro. Tal es el qu&oacute;rum, que la jueza de instrucci&oacute;n n&uacute;mero 30, consciente de que &ldquo;el internamiento puede generar problemas de salud mental&rdquo;, dict&oacute; una interlocutoria solicitando la creaci&oacute;n de un servicio de asistencia psicol&oacute;gica.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Aunque sus resoluciones pueden ser de obligado cumplimiento, en este caso reconoce que la decisi&oacute;n depende del presupuesto disponible. &ldquo;Yo puedo ordenar que ma&ntilde;ana haya un psic&oacute;logo, pero si nadie destina recursos, &iquest;de qu&eacute; sirve? Si no fuera una cuesti&oacute;n econ&oacute;mica, podr&iacute;a ser m&aacute;s contundente&rdquo;, lamenta la magistrada.
    </p><p class="article-text">
        Gonz&aacute;lez Beilfuss tambi&eacute;n se muestra seguro de que el internamiento empeora la salud mental, pero lamenta que no hay manera de estar seguro. &ldquo;Es como si no quisieran mejorar la situaci&oacute;n ni permitir la investigaci&oacute;n. En las prisiones hay estudios de cualquier cosa, pero en el CIE no sabemos nada&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        Diversas investigaciones han demostrado que la prisi&oacute;n provoca problemas de salud mental en la mayor&iacute;a de los reclusos. De hecho, el reglamento del CIE establece que las personas vulnerables no deber&iacute;an ser internadas. Y en derecho internacional se utiliza el concepto<em> fit to fly </em>(apto para volar): &ldquo;Si quieres expulsar a alguien, debes asegurarte de que est&aacute; en condiciones de soportar la expulsi&oacute;n tanto f&iacute;sica como mentalmente&rdquo;, resume Josetxo Ord&oacute;&ntilde;ez, abogado experto en extranjer&iacute;a y durante m&aacute;s de diez a&ntilde;os responsable del equipo jur&iacute;dico de Migra Studium.
    </p><p class="article-text">
        Entonces, &iquest;por qu&eacute; hay personas como Velkan internadas? La respuesta la da Ord&oacute;&ntilde;ez:&nbsp;&ldquo;El juez que ordena el ingreso en el CIE no sabe que est&aacute;n enfermos&rdquo;. Cuando la polic&iacute;a detiene a una persona inmigrante sin papeles, la lleva a comisar&iacute;a mientras espera que un juez decida sobre su ingreso en el CIE. La ley establece que debe hacerse un juicio, pero a menudo este se reduce a una breve declaraci&oacute;n de pie ante el escritorio del funcionario del juzgado de guardia.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        El abogado de oficio quiz&aacute;s acaba de conocer a la persona detenida, que muchas veces ni siquiera comprende qu&eacute; est&aacute; pasando. &ldquo;Mi experiencia es que podr&iacute;a contar con los dedos de la mano las veces que ha habido encuentros reales con jueces&rdquo;, afirma Ord&oacute;&ntilde;ez.
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                Markus González Beilfuss en su despacho de la facultad de derecho de la Universidad de Barcelona                            </span>
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                </figure><h2 class="article-text"><strong>Una refugiada trans en el CIE: cuando las alertas no funcionan</strong></h2><p class="article-text">
        Sara es una mujer trans que lleg&oacute; a Espa&ntilde;a enga&ntilde;ada por una red de trata que la mantuvo secuestrada durante siete a&ntilde;os. Permaneci&oacute; encerrada en una casa hasta que consigui&oacute; escapar. &ldquo;Estaba sometida a todo, a todo&rdquo;, recuerda.
    </p><p class="article-text">
        Consigui&oacute; llegar a Barcelona, pero su situaci&oacute;n no mejor&oacute;: tuvo que vivir en la calle y se vio obligada a ejercer la prostituci&oacute;n para sobrevivir. &ldquo;Trabajar en un restaurante o en un bar es complicado. El &uacute;nico trabajo que podemos hacer es putear&rdquo;, dice. Tampoco pod&iacute;a volver a su pa&iacute;s porque, durante ese tiempo, tres familiares suyos fueron asesinados y ella misma recibi&oacute; amenazas de muerte.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Para Sara, parad&oacute;jicamente, el CIE fue una salvaci&oacute;n, porque la sac&oacute; de la calle. Pero, a su vez, supon&iacute;a que, en pocas semanas, estar&iacute;a tomando un avi&oacute;n de vuelta a un pa&iacute;s al que no pod&iacute;a regresar. &iquest;C&oacute;mo lleg&oacute; hasta all&iacute;? &iquest;Qu&eacute; juez dict&oacute; su expulsi&oacute;n? &iquest;Qu&eacute; informe policial justific&oacute; su internamiento? &iquest;Por cu&aacute;ntas manos pas&oacute; el expediente de una mujer que hab&iacute;a vivido toda una vida de maltratos?
    </p><p class="article-text">
        Seg&uacute;n Cel Far Sicart, responsable del proyecto de visitas al CIE de la Fundaci&oacute;n Migra Studium, el ingreso en el centro se ordena &ldquo;a partir de un informe policial, tras el cual se solicita la medida al juez. El expediente pasa por polic&iacute;as, abogados, fiscal y juez, pero el tr&aacute;mite es r&aacute;pido y mec&aacute;nico&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        La trayectoria de Sara es una sucesi&oacute;n de vulneraciones: desde peque&ntilde;a, maltratada por su condici&oacute;n sexual como persona trans &mdash;todav&iacute;a tiene marcas en las mu&ntilde;ecas&mdash;, despu&eacute;s explotada sexualmente y, finalmente, condenada a vivir con la amenaza constante de morir si volv&iacute;a a su antiguo hogar.&nbsp;
    </p><p class="article-text">
        Finalmente, tras mucho esfuerzo, Sara sali&oacute; del CIE y obtuvo la tarjeta roja, el documento que acredita la condici&oacute;n de solicitante en tr&aacute;mite de protecci&oacute;n internacional. Un documento que, de haber obtenido antes, le habr&iacute;a ahorrado la experiencia de pasar por el CIE. Es un permiso provisional, pero le permite trabajar. &ldquo;Quiero traer a mi hermana y a mi madre; me gustar&iacute;a darles la vida que se merecen&rdquo;, explica en una entrevista pocos d&iacute;as despu&eacute;s de salir del centro. Ahora vive bajo el amparo de una ONG en un municipio cercano a Barcelona.
    </p><p class="article-text">
        <em>Algunos de los nombres han sido modificados a petici&oacute;n de los protagonistas para proteger su intimidad.</em>
    </p><p class="article-text">
        <em>Premio Montserrat Roig a la promoci&oacute;n de la investigaci&oacute;n en el &aacute;mbito de los derechos sociales y la acci&oacute;n social en Barcelona.</em>
    </p><figure class="embed-container embed-container--type-embed ">
    
            <img style="border: 1px solid white; margin: 20px 20px 10px 0px; box-shadow: 5px 5px 10px 0px rgba(0,0,0,0.1);" src="https://static.eldiario.es/clip/36077093-3a86-4a59-aa43-50df47f6d287_source-aspect-ratio_default_0.jpg" alt="" width="158" height="" align="left" data-title="" />
    </figure>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Josep T. París]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/catalunya/cuatro-historias-abusos-cie-barcelona-no-entiendo-he-hecho-mal_1_12713148.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Nov 2025 21:25:35 +0000]]></pubDate>
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      <media:title><![CDATA[Cuatro historias de abusos dentro del CIE de Barcelona: “No entiendo qué he hecho mal para estar aquí”]]></media:title>
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      <media:keywords><![CDATA[CIE - Centro de Internamiento de Extranjeros,Migraciones,Barcelona,Ley de Extranjería]]></media:keywords>
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