<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss xmlns:media="http://search.yahoo.com/mrss/" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:dcterms="http://purl.org/dc/terms/" xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"  xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/" version="2.0">
  <channel>
    <title><![CDATA[elDiario.es - Quim González Muntadas]]></title>
    <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/autores/joaquim-quim-gonzalez-muntadas/]]></link>
    <description><![CDATA[elDiario.es - Quim González Muntadas]]></description>
    <language><![CDATA[es]]></language>
    <copyright><![CDATA[Copyright El Diario]]></copyright>
    <ttl>10</ttl>
    <atom:link href="https://www.eldiario.es/rss/category/author/1055790/" rel="self" type="application/rss+xml"/>
    <item>
      <title><![CDATA[El cambio del modelo productivo llega tras los fondos europeos pero... ¿Importa?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/cambio-modelo-productivo-llega-fondos-europeos-importa_129_13471174.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/43749364-38b5-4700-9010-bfe31e4dd385_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El cambio del modelo productivo llega tras los fondos europeos pero... ¿Importa?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La aceleración del empleo tecnológico ha coincidido con el despliegue de políticas de digitalización financiadas por la UE. Durante décadas, la necesidad de transformar el modelo productivo ha sido un lugar común en todos los discursos, informes y foros económicos. Y es paradójico que, ahora que los datos ofrecen pruebas tangibles, el debate público parece incapaz de incorporarlos</p></div><p class="article-text">
        Finalizado este mes de agosto, se cierra formalmente la ventana de ejecuci&oacute;n del mayor programa de est&iacute;mulo econ&oacute;mico que ha recibido Espa&ntilde;a en democracia: los fondos Next Generation EU, cuya dotaci&oacute;n alcanz&oacute; los 163.000 millones de euros tras la ampliaci&oacute;n de pr&eacute;stamos aprobada en 2023 (<a href="https://www.eldiario.es/economia/gobierno-flexibiliza-reformas-pactadas-bruselas-recibir-27-000-millones-fondos-europeos_1_12830234.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">aunque finalmente el Gobierno renunci&oacute; al grueso de los pr&eacute;stamos</a>). Pocas cifras merecer&iacute;an m&aacute;s atenci&oacute;n: seg&uacute;n el <a href="https://www.funcas.es/libro/el-impacto-de-los-fondos-next-generation-en-la-economia-espanola/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">an&aacute;lisis conjunto de AFI y Funcas</a>, estos recursos explican entre el 10% y el 14% del crecimiento medio anual del PIB espa&ntilde;ol entre 2021 y 2025, con un pico cercano al 25% en 2023. No es un matiz estad&iacute;stico. Es, sencillamente, el mayor impulso dirigido de la pol&iacute;tica econ&oacute;mica espa&ntilde;ola en generaciones. Y es el que explica que el <a href="https://cotec.es/informes/ejecucion-presupuestaria-de-la-id-en-el-sector-publico-2024/" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">presupuesto p&uacute;blico ejecutado en I+D</a> se haya multiplicado por tres entre 2020 y 2023, pasando de 3.680 a 11.117 millones de euros. Han hecho falta 13 a&ntilde;os &mdash;y una inyecci&oacute;n extraordinaria de fondos europeos&mdash; para que Espa&ntilde;a recupere el nivel de gasto en I+D p&uacute;blica que ya ten&iacute;a en 2009. Este esfuerzo se ha traducido tambi&eacute;n en un incremento de la productividad por hora, donde Espa&ntilde;a es la &uacute;nica gran econom&iacute;a europea que la acelera respecto a su tendencia previa (+0,4 puntos). Pero sigue pendiente un mayor esfuerzo de inversi&oacute;n privada, que a finales de 2025 segu&iacute;a un 3,3% por debajo del nivel prepandemia.
    </p><p class="article-text">
        Todo este movimiento tect&oacute;nico ha estado fuera del foco del debate social al quedar tapado por el clima pol&iacute;tico asfixiante que respira nuestro pa&iacute;s, donde la estrategia de la oposici&oacute;n ha logrado desplazar el eje de la conversaci&oacute;n p&uacute;blica hacia el ruido, el titular de impacto y el chascarrillo de redes sociales. Pero una buena referencia para evaluar la dimensi&oacute;n del cambio que estamos viviendo la proporciona un reciente informe de la Fundaci&oacute;n Cotec: <a href="https://cotec.es/wp-content/uploads/2026/03/202603_Mapa-del-Empleo-Tecnologico.pdf" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">El Mapa del Empleo Tecnol&oacute;gico en Espa&ntilde;a</a>. En &eacute;l se constata que la afiliaci&oacute;n a la Seguridad Social en sectores tecnol&oacute;gicos ha crecido un 45,8% desde 2015, casi el doble que el conjunto del empleo (25,7%). No hablamos &uacute;nicamente de cantidad, sino de una mejora cualitativa del tejido laboral: las actividades tecnol&oacute;gicas han pasado de representar el 5,9% del empleo en 2015 al 6,8% en 2024. Puede parecer un avance modesto en t&eacute;rminos porcentuales, pero en macroeconom&iacute;a este desplazamiento constituye un cambio estructural de primer orden. Especialmente cuando observamos el 'coraz&oacute;n' de ese crecimiento: programaci&oacute;n, consultor&iacute;a inform&aacute;tica y servicios intensivos en conocimiento. De hecho, el 70% del empleo tecnol&oacute;gico creado en la &uacute;ltima d&eacute;cada se sit&uacute;a en <a href="https://www.eldiario.es/economia/programadores-e-ingenieros-camareros-empleo-alto-anadido-gana-terreno-espana_1_12740188.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estas &aacute;reas de alto valor</a>.
    </p><p class="article-text">
        Aunque Madrid y Catalu&ntilde;a acumulan cerca del 54% de los puestos creados en este sector de la econom&iacute;a desde 2015, se est&aacute; avanzando hacia una mayor capilaridad territorial. M&aacute;s del 50% de los municipios espa&ntilde;oles cuentan ya con empleo tecnol&oacute;gico, y en torno a dos tercios de ellos han incrementado su peso en la &uacute;ltima d&eacute;cada. Es un proceso desigual, pero real, que empieza a inyectar modernidad en zonas tradicionalmente ajenas a la innovaci&oacute;n. Persiste, eso s&iacute;, la brecha de g&eacute;nero, lo que condiciona la equidad de esta transformaci&oacute;n cuando el 68% de estos nuevos empleos siguen estando ocupados por hombres.
    </p><p class="article-text">
        Hay que reconocer que la aceleraci&oacute;n del empleo tecnol&oacute;gico ha coincidido quir&uacute;rgicamente con el despliegue de pol&iacute;ticas de digitalizaci&oacute;n financiadas por la UE. Sin embargo, no han faltado intentos por parte de amplios sectores de la oposici&oacute;n de ensombrecer o ignorar el impacto real de los fondos Next Generation en la ampliaci&oacute;n de nuestra base productiva. Solo recordar que durante d&eacute;cadas, la necesidad de la transformaci&oacute;n del modelo productivo ha sido un lugar com&uacute;n en todos los discursos, informes y foros econ&oacute;micos, que reclamaban la urgencia de transitar hacia una econom&iacute;a m&aacute;s innovadora, digital y menos dependiente de sectores de bajo valor a&ntilde;adido. Y es parad&oacute;jico que ahora que los datos ofrecen pruebas tangibles, el debate p&uacute;blico parece incapaz de incorporarlos.
    </p><p class="article-text">
        Esta desconexi&oacute;n entre el debate pol&iacute;tico y la realidad econ&oacute;mica, industrial y del empleo tiene consecuencias graves. Lo que no se valora, no se cuida; y lo que no se reconoce, dif&iacute;cilmente se potencia. Si la conversaci&oacute;n p&uacute;blica sigue secuestrada por el fango, seremos incapaces de consolidar los aciertos y corregir los desequilibrios &mdash;sectoriales, territoriales y de g&eacute;nero&mdash; que est&aacute; transformaci&oacute;n a&uacute;n arrastra.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta ya no es si Espa&ntilde;a puede cambiar su modelo productivo. Los datos sugieren que ese proceso est&aacute; en marcha. La verdadera duda es si seremos capaces de verlo, entenderlo y situarlo en el centro de la mesa antes de que el ruido acabe por ensordecer nuestro propio futuro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Quim González Muntadas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/cambio-modelo-productivo-llega-fondos-europeos-importa_129_13471174.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 30 Aug 2026 19:58:00 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/43749364-38b5-4700-9010-bfe31e4dd385_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="4997356" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/43749364-38b5-4700-9010-bfe31e4dd385_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="4997356" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El cambio del modelo productivo llega tras los fondos europeos pero... ¿Importa?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/43749364-38b5-4700-9010-bfe31e4dd385_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Tecnología,Fondos europeos,Empleo,Industria]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Tesla en Suecia: no ha sido una derrota sindical, ha sido una lección]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tesla-suecia-no-sido-derrota-sindical-sido-leccion_129_13449647.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/078dea91-4d86-4788-be3e-f13aeac73b6a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1174y848.jpg" width="1200" height="675" alt="Tesla en Suecia: no ha sido una derrota sindical, ha sido una lección"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Es tentador interpretar este desenlace como el certificado de defunción de una época, como la constatación de que la solidaridad obrera nada puede hacer ante el capital ilimitado</p><p class="subtitle">Tesla zanja casi tres años de huelga en Suecia con el despido de los sindicalistas</p></div><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Durante 1.021 d&iacute;as, una docena de talleres y ochenta mec&aacute;nicos suecos demostraron algo que ninguna chequera puede comprar: que se puede resistir casi tres a&ntilde;os frente al hombre m&aacute;s rico del planeta sin doblar la rodilla. Ahora, el sindicato IF Metall ha desconvocado la huelga despu&eacute;s de que Tesla haya indemnizado, uno a uno, a los trabajadores afiliados que manten&iacute;an el conflicto. La empresa nunca firm&oacute; el convenio colectivo; se limit&oacute; a vaciar el piquete a golpe de talonario.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Es tentador interpretar este desenlace como el certificado de defunci&oacute;n de una &eacute;poca, como la constataci&oacute;n de que la solidaridad obrera nada puede hacer ante el capital ilimitado. Yo mismo defend&iacute; en estas p&aacute;ginas que la fuerza del modelo sueco resultar&iacute;a imbatible. Corresponde ahora mirar lo ocurrido de frente, sin edulcorantes: no hay convenio firmado, no hay victoria formal y el sindicato se ve obligado a replantear su estrategia. Sin embargo, catalogar esto como una derrota hist&oacute;rica del sindicalismo implica leer de forma superficial la cr&oacute;nica de lo sucedido.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Empecemos por lo que Tesla ha necesitado para desactivar el conflicto: pagar. Indemnizar a ochenta familias, una a una, tras casi tres a&ntilde;os de desgaste log&iacute;stico, con estibadores bloqueando barcos en los puertos, carteros neg&aacute;ndose a entregar sus matr&iacute;culas, electricistas rechazando conectar sus cargadores y limpiadores sum&aacute;ndose al boicot desde Malm&ouml; hasta Oslo. Ninguna corporaci&oacute;n compra la salida individualizada de una plantilla si puede sentarse a esperar su rendici&oacute;n incondicional. Que Elon Musk haya preferido el desembolso multimillonario a la negociaci&oacute;n no es una demostraci&oacute;n de fortaleza: es la factura que ha tenido que abonar porque la erosi&oacute;n reputacional y operativa se volvi&oacute; insostenible. Se puede comprar el retiro de ochenta mec&aacute;nicos; no se puede ocultar que hicieron falta 1.021 d&iacute;as y una suma astron&oacute;mica para lograrlo.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">El segundo factor clave es sist&eacute;mico: en Suecia, nueve de cada diez trabajadores desarrollan su labor bajo la cobertura de un convenio colectivo. Tesla no ha derribado el modelo n&oacute;rdico de relaciones laborales; ha ratificado que sigue siendo la anomal&iacute;a extravagante dentro de &eacute;l. Ninguna otra gran multinacional asentada en el pa&iacute;s ha osado imitar su pol&iacute;tica de tierra quemada. Si la resoluci&oacute;n de esta huelga demostrase que desafiar a la representaci&oacute;n colectiva sale gratis, asistir&iacute;amos a un efecto contagio inmediato. No lo hay. El resto del tejido empresarial comprende que la factura de Tesla &mdash;en dinero, pleitos judiciales, bloqueos indirectos y desgaste p&uacute;blico&mdash; supera con creces el coste de suscribir un marco colectivo est&aacute;ndar.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">En tercer lugar, este conflicto nunca afect&oacute; &uacute;nicamente a ochenta mec&aacute;nicos. Constituy&oacute; el primer ensayo general a escala real de c&oacute;mo un sindicalismo nacional activa redes de solidaridad interprofesional &mdash;puertos, correos, energ&iacute;a, servicios&mdash; frente a una transnacional sin centros de producci&oacute;n propia en el territorio donde se le plantea batalla. Eso no es un incidente aislado: es un manual de t&aacute;ctica. IF Metall ha anunciado una revisi&oacute;n exhaustiva de lo actuado. Conviene afinar el o&iacute;do: no es una autopsia, es un reajuste de fuerzas. Es la conducta propia de una organizaci&oacute;n que analiza el terreno para el pr&oacute;ximo asalto, no de una fuerza que se declara vencida. El sindicalismo europeo y n&oacute;rdico diseccionar&aacute; qu&eacute; palancas funcionaron, d&oacute;nde falt&oacute; presi&oacute;n y c&oacute;mo bloquear la capacidad del capital para vaciar conflictos mediante indemnizaciones individuales. La lecci&oacute;n existe porque se sostuvieron 1.021 d&iacute;as de pulso.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">El conflicto ha puesto al descubierto, eso s&iacute;, una limitaci&oacute;n estructural: una corporaci&oacute;n con la liquidez de Tesla puede, si asume el desgaste pol&iacute;tico, aguantar financieramente m&aacute;s que ochenta familias privadas de salario regular durante tres a&ntilde;os, por s&oacute;lida que sea la caja de resistencia. Ah&iacute; reside la agenda inmediata: articular mecanismos europeos de apoyo financiero intersindical, incrementar la presi&oacute;n regulatoria sobre multinacionales que operan al margen de la negociaci&oacute;n colectiva regional y coordinar acciones transnacionales que no descansen &uacute;nicamente en la resistencia de una peque&ntilde;a plantilla.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Habr&aacute; quienes pretendan convertir este final en una f&aacute;bula ejemplarizante para despachos y tertulias, vendiendo la idea de que plantar cara al gran capital es una temeridad in&uacute;til. Que la cuenten como quieran, pero que la cuenten completa. La ense&ntilde;anza fundamental de estos tres a&ntilde;os no es el triunfo de Tesla, sino la constataci&oacute;n de que ochenta trabajadores, sin f&aacute;brica en el pa&iacute;s pero respaldados por la fraternidad de carteros, estibadores y electricistas, mantuvieron en jaque al hombre m&aacute;s rico del mundo y le obligaron a comprar su salida en lugar de regal&aacute;rsela.</span>
    </p><p class="article-text">
        <span class="highlight" style="--color:transparent;">Marie Nilsson, presidenta de IF Metall, calific&oacute; a sus afiliados de h&eacute;roes. No es ret&oacute;rica de consuelo; es la definici&oacute;n precisa de su lucha. Frente a quienes apresuran el r&eacute;quiem por la acci&oacute;n colectiva, la realidad es otra: la resistencia no ha muerto, ha acumulado experiencia, analiza sus costuras y prepara la siguiente fase. La huelga ha concluido, pero la gran cuesti&oacute;n de nuestro tiempo &mdash;qui&eacute;n fija las reglas cuando una multinacional pretende situarse por encima de la sociedad&mdash; permanece intacta, ahora respaldada por 1.021 d&iacute;as de valiosa ense&ntilde;anza combativa.</span>
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Quim González Muntadas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/tesla-suecia-no-sido-derrota-sindical-sido-leccion_129_13449647.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sat, 15 Aug 2026 20:37:16 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/078dea91-4d86-4788-be3e-f13aeac73b6a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1174y848.jpg" length="9738057" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/078dea91-4d86-4788-be3e-f13aeac73b6a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1174y848.jpg" type="image/jpeg" fileSize="9738057" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Tesla en Suecia: no ha sido una derrota sindical, ha sido una lección]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/078dea91-4d86-4788-be3e-f13aeac73b6a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1174y848.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Tesla,Sindicatos,Sindicalismo,Suecia]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[De la guerra de costes a la guerra de cerebros: la lección que Europa no leyó a tiempo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/guerra-costes-guerra-cerebros-leccion-europa-no-leyo-tiempo_129_13402640.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/964be56a-653b-4cca-850a-e86e1dcf55df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1199y399.jpg" width="1200" height="675" alt="De la guerra de costes a la guerra de cerebros: la lección que Europa no leyó a tiempo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El dumping social que denunciábamos ha dejado paso a una competencia para la que Europa no parece preparada: la guerra del talento estructurado y financiado con décadas de anticipación</p><p class="subtitle">China teje su dominio para convertirse en la mayor potencia marítima del planeta</p></div><p class="article-text">
        El pasado 9 de julio, el Ministerio de Recursos Humanos y Seguridad Social de China present&oacute; en Pek&iacute;n su <a href="https://english.news.cn/20260709/43818bcbd1504ebca64947e483c8cfc6/c.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Plan Quinquenal 2026-2030:</a> siete objetivos estrat&eacute;gicos y dieciocho indicadores cuantificables. El giro de lenguaje es revelador: el &ldquo;empleo prioritario&rdquo; de antes ha mutado en &ldquo;empleo de alta calidad y pleno&rdquo;, dirigiendo recursos hacia lo que llaman &ldquo;talento de mayor calibre&rdquo; y tratando, por primera vez, la IA como generadora de empleo y no solo como amenaza, al tiempo que sit&uacute;an la contenci&oacute;n de la desigualdad por automatizaci&oacute;n en el centro. Las directrices impulsan la &ldquo;<em>negociaci&oacute;n colectiva salarial&rdquo;</em> en el sector privado, topar las remuneraciones de ejecutivos en empresas p&uacute;blicas y redefinir el salario m&iacute;nimo para corregir la brecha que abre la inteligencia artificial.
    </p><p class="article-text">
        Conviene leer el anuncio de estas medidas con precauci&oacute;n: en China la libertad sindical es inexistente, y la Federaci&oacute;n de Sindicatos de Toda China (ACFTU) opera como correa de transmisi&oacute;n del Partido Comunista. La <em>&ldquo;negociaci&oacute;n colectiva&rdquo; </em>all&iacute; no es un ejercicio de contrapoder, sino la homologaci&oacute;n burocr&aacute;tica de las directrices del Estado.
    </p><p class="article-text">
        Cada vez que leo noticias como esta de China, mi mente retrocede un cuarto de siglo sin pedirme permiso. Dej&eacute; de ser secretario general de la federaci&oacute;n de la qu&iacute;mica, el textil y el calzado de CCOO (FITEQA-CCOO) hace trece a&ntilde;os, pero a&uacute;n recuerdo estar frente a un mapa de f&aacute;bricas que sab&iacute;amos condenadas. La OMC hab&iacute;a fijado la caducidad de las cuotas que proteg&iacute;an nuestra industria textil: el 1 de enero de 2005. El Acuerdo sobre los Textiles y el Vestido desmantelaba el viejo Acuerdo Multifibras, y China, reci&eacute;n incorporada al comercio global, esperaba al otro lado. Negociamos planes de apoyo para mitigar socialmente lo inevitable.
    </p><p class="article-text">
        Habl&aacute;bamos entonces de dumping social, de condiciones de trabajo que no nos atrev&iacute;amos a llamar esclavitud pero que se le parec&iacute;an mucho, y de una competencia que no se libraba en nuestros salarios ni en nuestras jornadas, sino en la ausencia de los derechos sindicales que hab&iacute;amos tardado un siglo en conquistar. Un obrero industrial espa&ntilde;ol ganaba entre siete y quince veces m&aacute;s que un trabajador en Guangdong. Esa era la ventaja competitiva china: puro arbitraje sobre costes, no sofisticaci&oacute;n t&eacute;cnica. Y dec&iacute;amos algo m&aacute;s en las mesas de negociaci&oacute;n con las administraciones espa&ntilde;olas y europeas: que Europa estaba sacrificando el textil y el calzado, a un sector industrial entero, con sus pueblos y sus generaciones. A cambio de colocar su tecnolog&iacute;a en China.
    </p><p class="article-text">
        Pero hab&iacute;a otra cifra, discreta, que no entr&oacute; en nuestros argumentarios. En el a&ntilde;o 2000, mientras gestion&aacute;bamos el repliegue, China iniciaba una escalada imparable en la formaci&oacute;n de talento t&eacute;cnico: seg&uacute;n la National Science Foundation (NSF) estadounidense, entre 2000 y 2014 sus titulados en Ciencias e Ingenier&iacute;a se multiplicaron exponencialmente. En Europa casi nadie lo ley&oacute; como una transici&oacute;n estrat&eacute;gica.
    </p><p class="article-text">
        Hoy, 25 a&ntilde;os despu&eacute;s, la brecha de costes se ha estrechado: el salario medio del textil en China ronda los 760 euros mensuales (con un rango de 650 a 960 euros), frente a casi 2.880 en Espa&ntilde;a. La asimetr&iacute;a t&eacute;cnica, en cambio, es sobrecogedora. China grad&uacute;a cada a&ntilde;o en torno a 3,57 millones de estudiantes STEM (ciencia, tecnolog&iacute;a, ingenier&iacute;a y matem&aacute;ticas) &mdash;cerca del 40% de sus titulados universitarios&mdash; y lidera el ranking mundial. Ese es el &ldquo;talento de mayor calibre&rdquo; del nuevo plan quinquenal: no una promesa, sino la consolidaci&oacute;n de algo construido desde el a&ntilde;o 2000.
    </p><p class="article-text">
        Ayer compet&iacute;an con mano de obra barata; hoy, con capital humano planificado durante d&eacute;cadas. La inflexi&oacute;n es tan real como que el imaginario de aquel obrero textil de Guangdong que ganaba 50 euros al mes ha sido reemplazado por un ingeniero de microchips que cuesta sesenta veces m&aacute;s, pero produce un valor que nosotros importamos.
    </p><p class="article-text">
        El dumping social que denunci&aacute;bamos ha dejado paso a una competencia para la que Europa no parece preparada: la guerra del talento estructurado y financiado con d&eacute;cadas de anticipaci&oacute;n. Aunque los graduados no explican por s&iacute; solos el salto chino. Sin la pol&iacute;tica industrial, los subsidios estatales y la transferencia de tecnolog&iacute;a, esos millones de ingenieros no se habr&iacute;an traducido en cl&uacute;steres de semiconductores propios; pero sin ellos, tampoco habr&iacute;a habido d&oacute;nde aplicar esa pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Reconocer la escala de esta arquitectura estrat&eacute;gica no exige aplaudir el r&eacute;gimen que la cobija. El modelo chino demuestra la imponente eficacia del capitalismo de Estado cuando decide planificar a d&eacute;cadas vista, pero lo hace bajo una premisa inaccesible e indeseable para la Europa social: la disciplina impuesta desde arriba, la subordinaci&oacute;n del conflicto laboral y la ausencia de las libertades que definen a una democracia. La paradoja y el verdadero reto para Occidente no residen en imitar sus m&eacute;todos autoritarios, sino en demostrar si nuestras sociedades abiertas, con contrapoderes sindicales y derechos consolidados, son capaces de construir una pol&iacute;tica industrial y educativa con id&eacute;ntica ambici&oacute;n y visi&oacute;n de futuro.
    </p><p class="article-text">
        La lecci&oacute;n es inc&oacute;moda para Europa y el Informe Draghi ya lo advirti&oacute;: sin cerrar la brecha tecnol&oacute;gica con Estados Unidos y China, la UE no podr&aacute; mantener sus actuales est&aacute;ndares de bienestar social.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; si en el a&ntilde;o 2000 hubi&eacute;ramos le&iacute;do las cifras de graduados chinos con la misma atenci&oacute;n que los salarios m&iacute;nimos, hoy nuestras f&aacute;bricas no estar&iacute;an vac&iacute;as. O quiz&aacute;s s&iacute;. Pero al menos habr&iacute;amos entendido a tiempo que la guerra que se avecinaba no era sobre el precio de la mano de obra. Era de cerebros.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Quim González Muntadas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/guerra-costes-guerra-cerebros-leccion-europa-no-leyo-tiempo_129_13402640.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Jul 2026 21:01:34 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/964be56a-653b-4cca-850a-e86e1dcf55df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1199y399.jpg" length="1900089" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/964be56a-653b-4cca-850a-e86e1dcf55df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1199y399.jpg" type="image/jpeg" fileSize="1900089" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[De la guerra de costes a la guerra de cerebros: la lección que Europa no leyó a tiempo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/964be56a-653b-4cca-850a-e86e1dcf55df_16-9-discover-aspect-ratio_default_0_x1199y399.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Trabajo,China,Industria textil,Industria,UE - Unión Europea,Tecnología,Formación]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[La 'transición justa' ante la inteligencia artificial]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/transicion-justa-inteligencia-artificial_129_13369531.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/59ba96b5-e749-4f98-857a-5f65aeaddce6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="La &#039;transición justa&#039; ante la inteligencia artificial"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">No basta con negociar indemnizaciones dignas para quien pierde su empleo, aunque esa siga siendo una obligación irrenunciable. Hace falta incorporar una nueva agenda sindical: negociar también el reparto de las ganancias de productividad que la tecnología genera</p><p class="subtitle">Lo que el Papa trae en la maleta: algoritmos y dignidad en el trabajo</p></div><p class="article-text">
        Hay palabras y expresiones que se gastan de tanto usarlas, como una moneda que pasa de mano en mano hasta que ya no se le distingue el relieve. &ldquo;Transici&oacute;n justa&rdquo; es, a estas alturas, una de ellas. La vemos en los informes patronales y en los manifiestos sindicales, en las directivas europeas sobre el clima y, cada vez m&aacute;s, en cualquier documento que mencione la inteligencia artificial. La usa la Organizaci&oacute;n Internacional del Trabajo (OIT) en sus reuniones t&eacute;cnicas, la arrastran las consultoras en sus presentaciones y la repiten los gobiernos como un mantra lit&uacute;rgico. A fuerza de querer explicarlo todo, cada vez explica menos.
    </p><p class="article-text">
        Pero el problema no es solo el desgaste. Es que estamos trasladando el concepto de un terreno a otro sin preguntarnos si la tierra es la misma. Y, sobre todo, sin distinguir desde qu&eacute; perspectiva lo analizamos. Si observamos ambas transformaciones desde el lugar donde negocian sindicatos y empresas, aparecen diferencias decisivas.
    </p><p class="article-text">
        La &ldquo;transici&oacute;n justa&rdquo; no naci&oacute; en la estratosfera de la ret&oacute;rica corporativa. Naci&oacute; con nombre, apellidos y holl&iacute;n en el sindicalismo del carb&oacute;n y del petr&oacute;leo del siglo pasado, y m&aacute;s tarde se formaliz&oacute; como principio en la acci&oacute;n clim&aacute;tica. Su premisa original era de una honestidad brutalmente concreta: si el inter&eacute;s general exige cerrar una central t&eacute;rmica o una mina, alguien tiene que responder por el minero de cincuenta y tantos a&ntilde;os que se queda sin oficio y sin comarca.
    </p><p class="article-text">
        Ese origen no es un detalle anecd&oacute;tico, sino la clave de todo. Desde la perspectiva de la empresa y de la negociaci&oacute;n colectiva, la transici&oacute;n ecol&oacute;gica es, en la inmensa mayor&iacute;a de los casos, una transici&oacute;n de costes de sustituci&oacute;n. Exige redise&ntilde;ar procesos productivos, sustituir tecnolog&iacute;as, transformar sistemas de transporte, cambiar materiales o desmantelar instalaciones para cumplir objetivos ambientales. Todo ello requiere inversiones y genera costes de adaptaci&oacute;n. La transici&oacute;n justa naci&oacute; precisamente para decidir c&oacute;mo repartir esos costes sin que recaigan &iacute;ntegramente sobre el eslab&oacute;n m&aacute;s d&eacute;bil de la cadena productiva.
    </p><p class="article-text">
        La transici&oacute;n digital, la rob&oacute;tica y ahora la inteligencia artificial responden a una l&oacute;gica distinta, y ah&iacute; es donde el trasplante conceptual empieza a hacer aguas. Tambi&eacute;n requieren inversiones, formaci&oacute;n y reorganizaci&oacute;n empresarial. Pero su motor econ&oacute;mico no es asumir un coste para cumplir un objetivo colectivo, sino obtener un incremento de productividad. Se hacen las mismas tareas con menos tiempo, menos costes operativos o menos trabajo humano. Esa mejora genera un excedente econ&oacute;mico cuya distribuci&oacute;n no est&aacute; predeterminada.
    </p><p class="article-text">
        Aplicar sin m&aacute;s el vocabulario de &ldquo;compensar al perdedor&rdquo; a un fen&oacute;meno que se implanta precisamente para generar ganancias de productividad es un error de origen. <a href="https://www.eldiario.es/economia/inteligencia-artificial-irrumpe-despidos-mercado-trabajo-dudas-impacto-real_1_13175570.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">No es que la digitalizaci&oacute;n no tenga damnificados concretos</a> &mdash;los tiene, e incluso de cuello blanco, muy reales&mdash;, sino que reducir la transici&oacute;n justa a la gesti&oacute;n asistencial de esas p&eacute;rdidas deja fuera la pregunta verdaderamente decisiva: &iquest;qu&eacute; ocurre con la riqueza adicional que genera esa nueva productividad y qui&eacute;n decide c&oacute;mo se reparte?
    </p><p class="article-text">
        Si la transici&oacute;n clim&aacute;tica ha obligado principalmente a negociar c&oacute;mo repartir los costes de la adaptaci&oacute;n &mdash;prejubilaciones, recolocaciones, formaci&oacute;n o planes de reindustrializaci&oacute;n&mdash;, la transici&oacute;n digital obliga, adem&aacute;s, a negociar el destino del nuevo valor que crea. Hoy ese excedente tiende, por defecto, a concentrarse en el margen empresarial y en la retribuci&oacute;n del capital. Pero no existe ninguna raz&oacute;n econ&oacute;mica que obligue a que toda la mejora de productividad derivada de un algoritmo termine exclusivamente en la cuenta de resultados de la empresa. C&oacute;mo se distribuye ese valor es una decisi&oacute;n de gobernanza y de negociaci&oacute;n colectiva, no un destino inevitable.
    </p><p class="article-text">
        Quiz&aacute; ah&iacute; resida el verdadero cambio de &eacute;poca. La negociaci&oacute;n colectiva del siglo XX aprendi&oacute;, sobre todo, a repartir los costes de las crisis, de las reconversiones industriales y de los procesos de adaptaci&oacute;n. La del siglo XXI tendr&aacute; que aprender tambi&eacute;n a negociar c&oacute;mo se distribuyen las ganancias de productividad que genera la inteligencia artificial. No se trata de sustituir una misi&oacute;n por otra, sino de ampliar el objeto mismo de la negociaci&oacute;n colectiva.
    </p><p class="article-text">
        De ah&iacute; que las bases de una verdadera transici&oacute;n justa digital no puedan limitarse a copiar el esquema de la transici&oacute;n clim&aacute;tica. No basta con negociar indemnizaciones dignas para quien pierde su empleo, aunque esa siga siendo una obligaci&oacute;n irrenunciable. Hace falta incorporar una nueva agenda sindical: negociar tambi&eacute;n el reparto de las ganancias de productividad que la tecnolog&iacute;a genera.
    </p><p class="article-text">
        Reducir la jornada laboral sin merma salarial cuando la productividad aumenta de forma significativa, establecer mecanismos transparentes sobre los algoritmos que organizan el trabajo, garantizar el derecho a la formaci&oacute;n permanente o vincular una parte estable del ahorro obtenido a fondos internos de recualificaci&oacute;n son algunas de las herramientas de esa nueva negociaci&oacute;n. Todas parten de una pregunta distinta de la que inspir&oacute; el sindicalismo del carb&oacute;n. Ya no preguntan &uacute;nicamente c&oacute;mo protegemos a quien pierde, sino tambi&eacute;n c&oacute;mo repartimos lo que se gana.
    </p><p class="article-text">
        No se trata de abandonar el t&eacute;rmino &ldquo;transici&oacute;n justa&rdquo;. Ser&iacute;a tirar al ni&ntilde;o con el agua sucia de la ba&ntilde;era. Se trata de comprender que hemos heredado un concepto forjado para gestionar procesos de reconversi&oacute;n y adaptaci&oacute;n, y que hoy debemos ampliarlo para responder a una transformaci&oacute;n cuya principal caracter&iacute;stica, en el &aacute;mbito de la empresa, es la generaci&oacute;n de ganancias de productividad. Mientras sigamos discutiendo el impacto de la inteligencia artificial &uacute;nicamente con el vocabulario de la mina que se cierra, seguiremos formulando la pregunta equivocada. La cuesti&oacute;n decisiva ya no es solo qui&eacute;n compensa las p&eacute;rdidas, sino tambi&eacute;n qui&eacute;n decide, bajo qu&eacute; reglas y con qu&eacute; participaci&oacute;n de los trabajadores, c&oacute;mo se reparte la riqueza que la inteligencia artificial contribuye a crear.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Quim González Muntadas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/transicion-justa-inteligencia-artificial_129_13369531.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 12 Jul 2026 20:07:50 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/59ba96b5-e749-4f98-857a-5f65aeaddce6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="348223" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/59ba96b5-e749-4f98-857a-5f65aeaddce6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="348223" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[La 'transición justa' ante la inteligencia artificial]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/59ba96b5-e749-4f98-857a-5f65aeaddce6_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Inteligencia artificial,Empleo,Sindicatos,Negociación colectiva,Transición ecológica,Trabajo,Trabajadores]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El día que los salarios dejaron de ser un secreto]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/dia-salarios-dejaron-secreto_129_13333032.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/db9edda0-6c5d-40e4-843c-979808a11a2e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El día que los salarios dejaron de ser un secreto"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La opacidad retributiva nunca fue una costumbre inocente ni una inercia histórica. Ha sido, con toda su eficacia silenciosa, un sistema construido para garantizar que una de las partes de la relación laboral negociara siempre con menos información que la otra</p></div><p class="article-text">
        Lilly lleva veinte a&ntilde;os trabajando como supervisora en la f&aacute;brica de neum&aacute;ticos Goodyear en Alabama. Est&aacute; a punto de jubilarse cuando descubre que ha cobrado casi la mitad que sus compa&ntilde;eros varones. Decide demandar. En el juicio, su abogado le pregunta por qu&eacute; no lo hizo antes.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Por qu&eacute; no demand&oacute; antes?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;No sab&iacute;amos lo que los otros ganaban.
    </p><p class="article-text">
        &mdash;&iquest;Por qu&eacute; raz&oacute;n?
    </p><p class="article-text">
        &mdash;Porque lo primero que hac&iacute;as era firmar un documento de confidencialidad. Si hablabas de lo que ganabas, te desped&iacute;an. En Goodyear eran muy estrictos con este tema.
    </p><p class="article-text">
        Esta escena de la pel&iacute;cula <em>Lilly</em>, dirigida por Rachel Feldman en 2025 y basada en la historia real de Lilly Ledbetter, cuya lucha inspir&oacute; la ley estadounidense de igualdad salarial que lleva su nombre, resume en tres l&iacute;neas lo que ha ocurrido durante d&eacute;cadas en millones de empresas a uno y otro lado del Atl&aacute;ntico. Pero podr&iacute;a ser Zaragoza, Cornell&agrave; o Valladolid, cualquier a&ntilde;o de las &uacute;ltimas cuatro d&eacute;cadas. No hab&iacute;a desigualdad visible porque hab&iacute;a un documento que la hac&iacute;a invisible. No hab&iacute;a reclamaci&oacute;n posible porque no hab&iacute;a informaci&oacute;n disponible. El secreto no era un efecto secundario del sistema: era el sistema.
    </p><p class="article-text">
        Eso es exactamente lo que la<a href="https://www.eldiario.es/economia/hay-brecha-salarial-empresa-llega-directiva-obligara-mayor-transparencia-sueldos_1_13277653.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link"> Directiva (UE) 2023/970 de transparencia retributiva</a>, aprobada el 10 de mayo de 2023, viene a cambiar.
    </p><p class="article-text">
        La llaman &ldquo;<em>directiva de igualdad salarial entre hombres y mujeres</em>&rdquo;, y lo es. Pero quedarse ah&iacute; es quedarse en la orilla. Lo que esta norma transforma en su fondo es algo m&aacute;s inc&oacute;modo para algunos sectores: el secretismo salarial como arquitectura deliberada de poder. La opacidad retributiva nunca fue una costumbre inocente ni una inercia hist&oacute;rica. Ha sido, con toda su eficacia silenciosa, un sistema construido para garantizar que una de las partes de la relaci&oacute;n laboral negociara siempre con menos informaci&oacute;n que la otra. Imaginemos cualquier negociaci&oacute;n. Dos partes sentadas a la misma mesa. Una conoce exactamente qu&eacute; tiene la otra: sus cartas, su margen, su punto de ruptura. La otra negocia a ciegas. No hace falta haber estudiado teor&iacute;a econ&oacute;mica para saber cu&aacute;l de las dos tiene ventaja. Eso, precisamente eso, ha sido la conversaci&oacute;n salarial en Espa&ntilde;a durante d&eacute;cadas, en muchas empresas y sectores. 
    </p><p class="article-text">
        La directiva lo rompe. No de golpe, pero lo rompe. Las empresas deber&aacute;n publicar bandas salariales en cada oferta de trabajo. Ning&uacute;n candidato podr&aacute; ser interrogado sobre cu&aacute;nto cobraba antes, cortando el ancla que arrastraba la misma desigualdad de origen de un empleo a otro. Cualquier trabajador sabr&aacute; en qu&eacute; posici&oacute;n relativa est&aacute; dentro de su grupo o categor&iacute;a. Y la representaci&oacute;n sindical &mdash;esto es lo que pocos subrayan con la fuerza que merece&mdash; tendr&aacute; acceso a datos desglosados por grupos o puestos de trabajo de valor equivalente: no a las tablas del convenio, sino a lo que efectivamente sale por n&oacute;mina cada mes. Si la brecha entre hombres y mujeres en puestos de igual valor supera el cinco por ciento sin justificaci&oacute;n objetiva, la empresa deber&aacute; corregirla en un proceso de negociaci&oacute;n con la representaci&oacute;n sindical.
    </p><p class="article-text">
        Eso, en relaciones laborales, es una revoluci&oacute;n silenciosa: no cambia las barricadas, cambia las reglas del juego.
    </p><p class="article-text">
        Habr&aacute; quienes lean todo esto como una amenaza a la gesti&oacute;n empresarial. De hecho, algunos dirigentes empresariales europeos ya la han calificado de &ldquo;<em>monstruo burocr&aacute;tico</em>&rdquo;. Es mentira, y lo saben. Una empresa con criterios objetivos y transparentes, capaz de explicar por qu&eacute; paga lo que paga a qui&eacute;n lo paga, no tiene nada que temer. Al contrario: la transparencia ser&iacute;a su mejor argumento. Si la confidencialidad salarial era tan necesaria, la pregunta es obvia: &iquest;para qu&eacute;? Para individualizar las relaciones laborales, para aislar a cada persona de sus compa&ntilde;eros y compa&ntilde;eras, para hacer de cada contrato un universo privado. Hasta el punto de que, como Lilly Ledbetter en Goodyear, muchos contratos contemplan todav&iacute;a cl&aacute;usulas expl&iacute;citas de confidencialidad salarial que proh&iacute;ben al trabajador hablar de su sueldo con nadie. La directiva las declara nulas. Sin excepciones.
    </p><p class="article-text">
        Llevamos sesenta y seis a&ntilde;os con el principio de igual salario por igual trabajo escrito en los tratados europeos. En diez a&ntilde;os, la brecha salarial en la Uni&oacute;n Europea solo se ha reducido tres puntos porcentuales. En Espa&ntilde;a se sit&uacute;a en el 15,7 por ciento seg&uacute;n el INE. Los buenos prop&oacute;sitos sin herramientas eficaces para hacerlos cumplir son papel mojado.
    </p><p class="article-text">
        Pero la realidad es que Espa&ntilde;a llega tarde: la directiva venci&oacute; su plazo de transposici&oacute;n el pasado 7 de junio, y solo cuatro de los veintisiete Estados miembros han cumplido &mdash;Italia, Eslovaquia, Lituania y Malta&mdash;. El Ministerio de Trabajo no ha pasado todav&iacute;a de la consulta p&uacute;blica, lo que resulta dif&iacute;cil de entender cuando hay sobre la mesa una norma que afecta a millones de trabajadoras y trabajadores. Hay agendas donde lo vistoso desplaza a lo necesario. Esta directiva lleva demasiado tiempo esperando. Que no sea hasta que lleguen los &ldquo;<em>tiempos peores</em>&rdquo;.
    </p><p class="article-text">
        El d&iacute;a en que los salarios dejen de ser un secreto por ley no ser&aacute;, todav&iacute;a, el d&iacute;a en que la desigualdad desaparezca. Ser&aacute; el d&iacute;a en que dej&oacute; de poder ocultarse. Lo que ocurra despu&eacute;s depende de qui&eacute;n est&eacute; dispuesto a mirar esos datos y a usarlos. Las herramientas no trabajan solas, y esta directiva tampoco. Necesita alguien al otro lado que la empuje: en los centros de trabajo, eso se llama representaci&oacute;n sindical y negociaci&oacute;n colectiva. Reconstruirlas donde se han debilitado es, tambi&eacute;n, parte del trabajo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Quim González Muntadas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/dia-salarios-dejaron-secreto_129_13333032.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 28 Jun 2026 20:09:57 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/db9edda0-6c5d-40e4-843c-979808a11a2e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="33353" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/db9edda0-6c5d-40e4-843c-979808a11a2e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="33353" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El día que los salarios dejaron de ser un secreto]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/db9edda0-6c5d-40e4-843c-979808a11a2e_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Brecha salarial,Brecha de género,Igualdad salarial,Salarios,Sindicatos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[El nuevo convenio de la moda pone fin a la 'anomalía laboral' en Zara, Mango y las grandes marcas]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/nuevo-convenio-moda-pone-anomalia-laboral-zara-mango-grandes-marcas_129_13293639.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/841ac30f-dd45-4659-8b81-fff46e9efb2a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="El nuevo convenio de la moda pone fin a la &#039;anomalía laboral&#039; en Zara, Mango y las grandes marcas"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La firma del primer acuerdo estatal unifica las condiciones de 120.000 trabajadores y acaba con la fragmentación provincial histórica del sector</p><p class="subtitle">La patronal de Inditex, Mango y Primark cierra su primer convenio colectivo con la división de los sindicatos</p></div><p class="article-text">
        Hace apenas dos semanas, el 2 de junio, se firm&oacute; el<em> I Convenio Colectivo Estatal de Grandes Cadenas Comerciales del Sector de Comercio Textil y del Calzado</em>. Lo han suscrito la patronal Asociaci&oacute;n Retail Textil Espa&ntilde;a (ARTE) y los sindicatos CCOO y Fetico. Su &aacute;mbito abarca todo el territorio del Estado y afecta a las grandes cadenas del sector con m&aacute;s de 400 empleados&nbsp;y presencia en al menos tres comunidades aut&oacute;nomas. Afecta a m&aacute;s de 120.000 personas en empresas como Zara, H&amp;M, Uniqlo, Mango, Primark o Springfield&hellip; <a href="https://www.eldiario.es/economia/patronal-inditex-mango-primark-cierra-primer-convenio-colectivo-division-sindicatos_1_13257910.html" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Es un convenio que no exist&iacute;a.</a> Que nadie hab&iacute;a negociado antes. Y eso, por s&iacute; solo, ya es una noticia relevante.
    </p><p class="article-text">
        Pero lo es mucho m&aacute;s por lo que representa. Porque este convenio no es solo un acuerdo laboral: es tambi&eacute;n la reparaci&oacute;n de un absurdo. El absurdo de que personas de la misma empresa, haciendo el mismo trabajo, vean sus condiciones marcadas por la provincia en la que est&aacute; ubicado su centro de trabajo, en lugar de que respondan a la realidad econ&oacute;mica de su empresa, que es la misma para sus compa&ntilde;eras y compa&ntilde;eros del resto de centros de trabajo presentes en otras provincias. Este nuevo convenio es un paso para superar la atomizaci&oacute;n de la negociaci&oacute;n colectiva, una de las causas que explica la debilidad sindical que padecen muchos sectores econ&oacute;micos de nuestro pa&iacute;s.
    </p><p class="article-text">
        La negociaci&oacute;n colectiva no es un tecnicismo jur&iacute;dico reservado a especialistas. Es el instrumento mediante el cual millones de personas que trabajan por cuenta ajena regulan colectivamente derechos y obligaciones, algo tan concreto como cu&aacute;nto cobran, cu&aacute;ntas horas trabajan, la clasificaci&oacute;n profesional, la formaci&oacute;n y promoci&oacute;n, qu&eacute; descansos tienen o c&oacute;mo se organiza su jornada. No es casualidad que cuando un convenio colectivo est&aacute; bien negociado, con equilibrio entre las partes, no solo mejora la vida de quien trabaja, tambi&eacute;n obliga a las empresas a competir por eficiencia y calidad en lugar de hacerlo por el abaratamiento del coste laboral. Es, en definitiva, una de las palancas m&aacute;s eficaces de las que dispone una sociedad para distribuir de forma m&aacute;s justa la riqueza.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a tiene m&aacute;s de cinco mil convenios colectivos. Cinco mil. Una cifra que, le&iacute;da deprisa, podr&iacute;a parecer una muestra de vitalidad negociadora. En realidad, es el s&iacute;ntoma m&aacute;s claro de una debilidad estructural que arrastramos desde los tiempos del franquismo. Tras reiterados intentos de reforma entre las confederaciones empresariales y sindicales, ni estas ni los diferentes gobiernos han sido capaces de corregir esta realidad y modernizar suficientemente&nbsp;la estructura de la negociaci&oacute;n colectiva.
    </p><p class="article-text">
        La explicaci&oacute;n hay que buscarla en las resistencias de quienes, en muchos &aacute;mbitos y sectores, no est&aacute;n dispuestos a abandonar espacios de negociaci&oacute;n sostenidos por d&eacute;biles patronales provinciales representadas, en la mayor&iacute;a de los casos, por despachos de abogados que hacen de esa funci&oacute;n su principal actividad. El resultado es conocido: centenares de convenios provinciales de m&uacute;ltiples sectores, con d&eacute;cadas de inercia, contenidos desfasados y una capacidad reguladora m&iacute;nima, con salarios rozando o directamente superados por el Salario M&iacute;nimo Interprofesional. Resultado, en &uacute;ltima instancia, de la debilidad sindical fruto de la fragmentaci&oacute;n y disgregaci&oacute;n de la fuerza de sus trabajadoras y trabajadores.
    </p><p class="article-text">
        Quien conoce las leyes de la negociaci&oacute;n colectiva sabe que el &aacute;mbito condiciona el contenido de un convenio colectivo, y en este caso, el de las grandes cadenas del textil y el calzado, es el mejor ejemplo. Empresas con marcas globales, gestionadas globalmente y de forma integrada en todo el territorio, con plantillas distribuidas por decenas de provincias y pol&iacute;ticas de personal centralizadas, ten&iacute;an enfrente, hasta este nuevo convenio de &aacute;mbito estatal, a unos sindicatos fragmentados en m&uacute;ltiples mesas provinciales en las que no coincid&iacute;an en el espacio ni en el tiempo. No es dif&iacute;cil entender que ese no era el escenario m&aacute;s equilibrado para los trabajadores y trabajadoras, ni la mejor estrategia sindical para construir la identidad colectiva que es condici&oacute;n indispensable para generar la fuerza necesaria para proponer, negociar, movilizar y acordar un convenio colectivo.
    </p><p class="article-text">
        As&iacute; funcionan, desde hace d&eacute;cadas, la mayor&iacute;a de los sistemas de negociaci&oacute;n colectiva en Europa, articulados en torno a convenios sectoriales de &aacute;mbito estatal como columna vertebral. Y con todo, la firma de este convenio ha recibido el rechazo &mdash;m&aacute;s all&aacute; del contenido, que supone claras mejoras salariales, de jornada, de empleo, sociales y de organizaci&oacute;n del trabajo, adem&aacute;s de mayores garant&iacute;as de contrataci&oacute;n, incluida la garant&iacute;a de que los convenios provinciales vigentes con condiciones superiores se mantienen&mdash; de aquellas organizaciones sindicales cuya l&oacute;gica y raz&oacute;n de ser responden &uacute;nica y exclusivamente a su comunidad aut&oacute;noma. Este es el caso por ejemplo de la Confederaci&oacute;n Intersindical Gallega (CIG). La l&oacute;gica de quienes solo negocian en clave auton&oacute;mica es comprensible desde su identidad, pero deja sin respuesta c&oacute;mo equilibrar fuerzas con empresas que operan de forma integrada en todo el pa&iacute;s. No todos los sindicatos han suscrito este convenio, y ese debate merece un an&aacute;lisis propio. Una contradicci&oacute;n que, en todo caso, no es nueva ni particular de este convenio: es la misma problem&aacute;tica que han encontrado todos los convenios colectivos de &aacute;mbito estatal hoy vigentes.
    </p><p class="article-text">
        Pero m&aacute;s all&aacute; del contenido concreto de este nuevo convenio, que introduce mejoras sustanciales en tiempo de trabajo, descansos semanales, garant&iacute;as de contrataci&oacute;n y salarios, aporta algo m&aacute;s dif&iacute;cil de medir pero igual de importante a medio y largo plazo: construir la identidad de un mismo sector distribuido por todo el pa&iacute;s. La identidad que nace de afrontar unidos la interlocuci&oacute;n con una patronal fuerte y cohesionada como es ARTE.
    </p><p class="article-text">
        La negociaci&oacute;n colectiva necesita una reforma profunda en Espa&ntilde;a. Se sabe y viene reiterando desde hace d&eacute;cadas. El <em>I Convenio Estatal de Grandes Marcas del Textil y Calzado</em> puede ser un buen ejemplo y un acicate para impulsar esa reforma pendiente. Demuestra que con constancia &mdash;m&aacute;s de tres a&ntilde;os desde el inicio de su negociaci&oacute;n&mdash; es posible dar pasos en la direcci&oacute;n correcta, aunque cueste, aunque genere resistencias, aunque no todos se suban al tren a la vez.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Quim González Muntadas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/nuevo-convenio-moda-pone-anomalia-laboral-zara-mango-grandes-marcas_129_13293639.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 14 Jun 2026 20:00:18 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/841ac30f-dd45-4659-8b81-fff46e9efb2a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="737729" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/841ac30f-dd45-4659-8b81-fff46e9efb2a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="737729" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[El nuevo convenio de la moda pone fin a la 'anomalía laboral' en Zara, Mango y las grandes marcas]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/841ac30f-dd45-4659-8b81-fff46e9efb2a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Convenios,Sindicatos,Industria textil,Empleo,Zara,Inditex,Primark,Trabajo,Trabajadores,Derechos laborales,Sindicalismo]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Lo que el Papa trae en la maleta: algoritmos y dignidad en el trabajo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/papa-trae-maleta-algoritmos-dignidad-trabajo_129_13259944.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/a93ed9e5-11ba-4c2e-8f3d-cdf336131318_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Lo que el Papa trae en la maleta: algoritmos y dignidad en el trabajo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">El reto que tiene hoy el sindicalismo global, que es quien está en los centros de trabajo representando la fuerza que mueve el mundo, es no llegar tarde a una transformación que ya está ocurriendo. Tiene que intervenir en el diseño del trabajo que viene</p><p class="subtitle">El Papa advierte sobre el riesgo de “control social” con la IA: “Puede condicionar los procesos democráticos”</p></div><p class="article-text">
        Hace apenas unos d&iacute;as, algo poco habitual ocurri&oacute; en la sede de la Conferencia Episcopal Espa&ntilde;ola: obispos y dirigentes sindicales de CCOO y UGT se sentaron a la misma mesa por primera vez en m&aacute;s de veinte a&ntilde;os. Abordaron temas de com&uacute;n inter&eacute;s como la situaci&oacute;n de las personas migrantes, las mujeres, el empleo juvenil, la salud laboral y la dignidad del trabajo humano ante los desaf&iacute;os de la transformaci&oacute;n tecnol&oacute;gica. No es un dato anecd&oacute;tico.
    </p><p class="article-text">
        El encuentro coincide con la publicaci&oacute;n de <a href="https://www.eldiario.es/sociedad/papa-advierte-riesgo-control-social-ia-condicionar-procesos-democraticos_1_13247005.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">la primera enc&iacute;clica del Papa Le&oacute;n XIV</a> y con su visita a Espa&ntilde;a el pr&oacute;ximo 6 de junio. Antes de que los focos se concentren en el protocolo, convendr&iacute;a leer con atenci&oacute;n el texto que trae bajo el brazo, <em>Magnifica Humanitas:</em><em><strong> </strong></em><em>sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial, </em>publicada el pasado 15 de mayo. Un texto largo y denso que la mayor&iacute;a de los medios han despachado en dos p&aacute;rrafos. Es un error.
    </p><p class="article-text">
        No porque la Iglesia sea una instituci&oacute;n ajena a las contradicciones, ni porque su agenda moral sea la de este art&iacute;culo, sino porque formula con una claridad inusual preguntas que el sindicalismo global lleva a&ntilde;os intentando articular: &iquest;Qui&eacute;n gobierna la inteligencia artificial? &iquest;A qui&eacute;n sirve? &iquest;Qu&eacute; le pasa al trabajo cuando la m&aacute;quina ya no sustituye solo el m&uacute;sculo sino tambi&eacute;n el criterio?
    </p><p class="article-text">
        Le&oacute;n XIV constata que la cuesti&oacute;n tecnol&oacute;gica &ldquo;no se limita a la regulaci&oacute;n&rdquo; y se&ntilde;ala el problema de poder que hay debajo: &ldquo;En el pasado, eran principalmente los Estados los que impulsaban y orientaban la innovaci&oacute;n. Hoy, en cambio, los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acci&oacute;n superiores a los de muchos gobiernos. El poder tecnol&oacute;gico adquiere as&iacute; un rostro in&eacute;dito, predominantemente 'privado', y por ello a&uacute;n m&aacute;s dif&iacute;cil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien com&uacute;n&rdquo;. Hablamos de que se est&aacute;n redise&ntilde;ando las condiciones en que millones de personas trabajan, son contratadas, evaluadas o despedidas, sin que ning&uacute;n parlamento haya votado sobre ello y sin aval sindical. No es un problema t&eacute;cnico; es un problema de poder.
    </p><p class="article-text">
        La inteligencia artificial no aterriza sobre un terreno neutral: llega a un mundo laboral marcado por desigualdades previas y con una velocidad que exige una r&aacute;pida reacci&oacute;n. Junto a ese diagn&oacute;stico, la enc&iacute;clica da un paso que merece ser valorado, al incluir en el &ldquo;destino universal de los bienes&rdquo; los instrumentos del capitalismo digital: &ldquo;Hoy, entre los bienes que est&aacute;n destinados universalmente a todos, debemos incluir tambi&eacute;n las nuevas formas de propiedad: patentes, algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras tecnol&oacute;gicas, datos&rdquo;. Si los datos que generamos trabajando tienen un destino universal, su concentraci&oacute;n en manos de unas pocas corporaciones no es solo un problema de competencia econ&oacute;mica, es una cuesti&oacute;n de justicia y merece atenci&oacute;n pol&iacute;tica, social y sindical.
    </p><p class="article-text">
        De la enc&iacute;clica se desprende la advertencia de que las distintas formas de precariedad y la automatizaci&oacute;n no pueden evaluarse &uacute;nicamente en t&eacute;rminos de eficiencia, sino partiendo de la dignidad del trabajador, del derecho de una remuneraci&oacute;n suficiente&nbsp;y de su posibilidad efectiva de participar en la vida social. Esto apela directamente a la participaci&oacute;n en las empresas ante la innovaci&oacute;n tecnol&oacute;gica. Hablamos de Democracia Econ&oacute;mica, que es democracia en el trabajo: una asignatura pendiente del sindicalismo que la irrupci&oacute;n de la IA hace ahora m&aacute;s urgente que nunca. Porque lo que est&aacute; en juego no es solo el riesgo de perder empleos; es perder el trabajo como espacio donde la persona construye su vida, ejerce su libertad y contribuye a la sociedad.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">La tecnología está al servicio de la persona, no al revés. Y cuando ese orden se invierte, algo esencial se pierde</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Esa dimensi&oacute;n humana es precisamente lo que la l&oacute;gica de la eficiencia puede tender a invisibilizar. Cuando una empresa decide automatizar un proceso, el debate suele reducirse a costes y productividad. La enc&iacute;clica nos apunta otras preguntas, las mismas que nos hacemos la mayor&iacute;a de los ciudadanos: &iquest;Qu&eacute; le ocurre a la persona que trabajaba ah&iacute;? &iquest;Qu&eacute; tipo de trabajo queda? &iquest;Es un empleo que permite vivir con dignidad y desarrollar capacidades?
    </p><p class="article-text">
        Preguntas a las que Le&oacute;n XIV no ofrece respuestas t&eacute;cnicas, ni se supone que pretenda darlas. Pero s&iacute; formula con claridad el marco en el que deber&iacute;an tomarse las decisiones, que coincide con el m&aacute;s puro sentido com&uacute;n: la tecnolog&iacute;a est&aacute; al servicio de la persona, no al rev&eacute;s. Y cuando ese orden se invierte, algo esencial se pierde.
    </p><p class="article-text">
        Ese es precisamente el reto que tiene&nbsp;del sindicalismo global, que es quien est&aacute; en los centros de trabajo representando la fuerza que mueve el mundo: el reto de no llegar tarde a una transformaci&oacute;n que ya est&aacute; ocurriendo. Durante d&eacute;cadas la negociaci&oacute;n colectiva ha regulado las condiciones del empleo existente. El desaf&iacute;o ahora da un salto cualitativo: intervenir en el dise&ntilde;o del trabajo que viene. No solo cu&aacute;ntos empleos se destruyen, sino qu&eacute; empleos se crean, con qu&eacute; contenido y con qu&eacute; autonom&iacute;a real para quien los ejerce.
    </p><p class="article-text">
        Sabemos que la tecnolog&iacute;a puede liberar tiempo, ampliar capacidades y hacer el trabajo m&aacute;s digno. O puede acelerar la exclusi&oacute;n y concentrar el poder en menos manos que nunca. No hay nada en los algoritmos que decida eso por nosotros. Lo deciden aquellos que los construyen y los gobiernan, los que dise&ntilde;an sus criterios y, con ello, el lugar que ocupa la persona en ese proceso. El momento de decidirlo es ahora. Despu&eacute;s ser&aacute; m&aacute;s dif&iacute;cil.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Quim González Muntadas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/papa-trae-maleta-algoritmos-dignidad-trabajo_129_13259944.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 31 May 2026 20:05:34 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/a93ed9e5-11ba-4c2e-8f3d-cdf336131318_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="580867" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/a93ed9e5-11ba-4c2e-8f3d-cdf336131318_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="580867" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Lo que el Papa trae en la maleta: algoritmos y dignidad en el trabajo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/a93ed9e5-11ba-4c2e-8f3d-cdf336131318_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Tecnología,Papa León XIV,Inteligencia artificial]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Los 'sinsuelo']]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/sinsuelo_129_13220708.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/2110062b-6cd3-4c85-b445-35efe7aeb661_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Los &#039;sinsuelo&#039;"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Los sinsuelo son, en muchos casos, la primera generación moderna que tienen empleo, pagan sus impuestos y participan en la sociedad. Pero están excluidos de uno de los mecanismos por el que las clases medias europeas han construido seguridad y bienestar</p></div><p class="article-text">
        En 2011, el soci&oacute;logo brit&aacute;nico Guy Standing acu&ntilde;&oacute; un t&eacute;rmino que hizo fortuna: el <em>precariado.</em> Con &eacute;l bautiz&oacute; a una nueva clase social definida no por la pobreza tradicional, sino por la inestabilidad permanente: trabajadores con empleo pero sin seguridad, con ingresos pero sin proyecto, con presente pero sin futuro consolidado. El t&eacute;rmino se populariz&oacute; porque nombraba algo que exist&iacute;a pero que nadie hab&iacute;a sabido llamar por su nombre. Nombrar es el primer paso para reconocer. Y reconocer es el primer paso para actuar.
    </p><p class="article-text">
        Hoy necesitamos un t&eacute;rmino nuevo. Porque hay una fractura emergiendo en las sociedades europeas que tampoco tiene nombre todav&iacute;a. Los<em><strong> </strong></em><em>sinsuelo: </em>esa ser&iacute;a una buena definici&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        No son los sin techo. Los <em>sinsuelo</em> tienen techo: lo pagan cada mes, puntualmente, a veces con esfuerzo, a veces con angustia. Lo que no tienen es suelo. No poseen el terreno sobre el que viven. No acumulan. No arraigan patrimonio.
    </p><p class="article-text">
        El informe anual de <a href="https://www.eurofound.europa.eu/es/publications/all/european-working-conditions-survey-2024-overview-report" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Eurofound</a>&nbsp;(la Fundaci&oacute;n Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo, uno de los observatorios sociales m&aacute;s rigurosos del continente) acaba de documentar con datos lo que muchos intu&iacute;an: la vivienda se ha convertido en el nuevo mecanismo central de desigualdad estructural en Europa. No el salario. No el contrato. El suelo.
    </p><p class="article-text">
        Durante el siglo XX, la posici&oacute;n de clase se determinaba por la relaci&oacute;n con el trabajo: qui&eacute;n vend&iacute;a su fuerza de trabajo y qui&eacute;n compraba la ajena. Esa era la l&iacute;nea divisoria en torno a la cual se organizaron los sindicatos, los partidos obreros, la negociaci&oacute;n colectiva y el Estado del bienestar. Al menos era un conflicto reconocido, con dos partes que se sentaban a negociar. Hoy, sin que esa fractura haya desaparecido, ni mucho menos, est&aacute; emergiendo encima de ella una nueva l&iacute;nea que no pasa por el trabajo sino por la propiedad inmobiliaria.
    </p><p class="article-text">
        Pensemos en dos personas concretas. Misma ciudad, mismo trabajo, mismo salario, misma formaci&oacute;n. Una compr&oacute; un piso en 2005 con una hipoteca que hoy le queda la mitad. La otra lleg&oacute; en 2015 buscando empleo y lleva diez a&ntilde;os de alquiler. La primera ha visto c&oacute;mo su patrimonio se duplicaba sin hacer nada especial, solo por el paso del tiempo y la inflaci&oacute;n inmobiliaria. La segunda ha pagado en esos diez a&ntilde;os una cantidad equivalente al precio de un piso que no es suyo, no lo ser&aacute; nunca. Son la misma clase trabajadora en t&eacute;rminos de relaci&oacute;n con el trabajo. Son clases distintas en t&eacute;rminos de acumulaci&oacute;n de riqueza y de proyecto vital.
    </p><p class="article-text">
        Pero hay una tercera condena: cuando llegue la vejez, el propietario tendr&aacute; una vivienda pagada. Podr&aacute; vivir sin ese gasto, podr&aacute; liquidarla si necesita liquidez, podr&aacute; hipotecarla en una hipoteca inversa para complementar su pensi&oacute;n. El <em>sinsuelo</em>, en cambio, llegar&aacute; a la jubilaci&oacute;n con una pensi&oacute;n que tendr&aacute; que destinar en parte al alquiler. Seguir&aacute; pagando techo hasta el &uacute;ltimo d&iacute;a. La brecha que hoy parece solo econ&oacute;mica se convierte con el tiempo en una brecha de dignidad en la vejez. Y eso, en una Europa que envejece aceleradamente, tiene una dimensi&oacute;n pol&iacute;tica que a&uacute;n no hemos empezado a procesar.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a es en este mapa europeo un caso extremo. Aqu&iacute; convergen todos los factores negativos sin amortiguadores: veinte a&ntilde;os de estancamiento del poder adquisitivo de los salarios &mdash;algo que, salvo Italia, el resto de Europa no puede decir&mdash;, una demanda tensionada por el crecimiento de la inmigraci&oacute;n sin construcci&oacute;n compensatoria, y la sangr&iacute;a del alquiler tur&iacute;stico que ha extra&iacute;do del mercado residencial un stock enorme en much&iacute;simas ciudades. El resultado: el 19,4% de los inquilinos espa&ntilde;oles declara en la encuesta de Eurofound que probablemente tendr&aacute; que abandonar su vivienda muy pronto.
    </p><p class="article-text">
        Esta divisi&oacute;n no responde al m&eacute;rito, al esfuerzo ni a la formaci&oacute;n. Responde al momento hist&oacute;rico en que uno tuvo la suerte &mdash;o la desgracia&mdash; de nacer. Los <em>sinsuelo</em> son, en muchos casos, la primera generaci&oacute;n moderna que&nbsp;tienen empleo, pagan sus impuestos y participan en la sociedad. Pero est&aacute;n excluidos de uno de los mecanismos por el que las clases medias europeas han construido seguridad y&nbsp;bienestar.
    </p><p class="article-text">
        El movimiento obrero del siglo XX organiz&oacute; su energ&iacute;a en torno al conflicto capital-trabajo y conquist&oacute; derechos que cambiaron la historia. El gran desaf&iacute;o pol&iacute;tico del siglo XXI puede estar en otro eje: el conflicto entre quienes poseen el suelo y quienes necesitan pisarlo para vivir. Los sindicatos ganaron mejores condiciones de trabajo. Hoy es prioritario ganar tambi&eacute;n el derecho al suelo. Por ello es prioritario que todas las instituciones a todos los niveles sumen esfuerzos para reparar este deterioro social. Porque de lo contrario, lo pagaremos muy caro.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Quim González Muntadas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/sinsuelo_129_13220708.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 17 May 2026 22:49:41 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/2110062b-6cd3-4c85-b445-35efe7aeb661_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="348803" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/2110062b-6cd3-4c85-b445-35efe7aeb661_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="348803" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Los 'sinsuelo']]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/2110062b-6cd3-4c85-b445-35efe7aeb661_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Vivienda,Desigualdad,Hipotecas,Alquiler]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Las "reales órdenes" de Garamendi de la CEOE]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/reales-ordenes-garamendi-ceoe_129_13205576.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/f6318740-613b-4efb-8015-c41b96f3051a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Las &quot;reales órdenes&quot; de Garamendi de la CEOE"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Si se aspira a que la concertación social sea algo más que eso, no puede tratarse unas veces como un derecho de veto y otras como un mero instrumento de legitimación. No puede exigirse cuando frena y relativizarse cuando incomoda. Y no puede aplicarse de forma distinta según el color del Gobierno, sin erosionar con ello su valor y su credibilidad</p></div><p class="article-text">
        No es la primera vez que Antonio Garamendi, presidente de la CEOE, denuncia la falta de di&aacute;logo social. Esta vez ha ido m&aacute;s lejos. A cuenta de la reforma de la Ley de Prevenci&oacute;n de Riesgos Laborales ha afirmado: &ldquo;Ya no hay proyectos de ley, ya no hay reales decretos ley y ahora son reales &oacute;rdenes, es decir, ordenanzas como en la &eacute;poca de Franco<em>&rdquo;.</em> No es una met&aacute;fora menor. Tampoco es casual. Quienes recuerdan que en su primera etapa al frente de la CEOE el PP le critic&oacute; en m&aacute;s de una ocasi&oacute;n su disposici&oacute;n al di&aacute;logo con el Gobierno, observan hoy, con cierta perplejidad, c&oacute;mo ese mismo dirigente ha ido alineando su discurso con la <a href="https://www.eldiario.es/economia/no-patronal-reformas-gobierno-cuotas-autonomos-permiso-fallecimiento_1_12709348.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">estrategia de confrontaci&oacute;n total</a> que el partido de Feij&oacute;o ha hecho suya. El &ldquo;<em>a S&aacute;nchez ni agua</em>&rdquo; tiene, al parecer, muchos vasos comunicantes.
    </p><p class="article-text">
        <a href="https://www.eldiario.es/economia/garamendi-ceoe-dice-gobierno-pone-morado-cotizaciones-pagan-pensiones_1_12996561.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Garamendi reprocha</a> al Ejecutivo de Pedro S&aacute;nchez, y en particular a la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda D&iacute;az, que legisle sin pasar por la mesa del di&aacute;logo social. Reclama negociaci&oacute;n, acuerdo y respeto a la autonom&iacute;a colectiva. Invoca incluso el papel constitucional de los agentes sociales. Es una posici&oacute;n razonable. Deja de serlo cuando ese principio solo aparece cuando no gobierna la derecha.
    </p><p class="article-text">
        Porque de eso va, en realidad, la concertaci&oacute;n social en Espa&ntilde;a. No de su existencia, que nadie discute, sino de su uso. Cuando hablamos de concertaci&oacute;n social no hablamos de un mecanismo consultivo, como ocurre en buena parte de Europa. Hablamos de otra cosa: de la capacidad de que Gobierno, sindicatos y patronal negocien acuerdos con efectos reales sobre el mercado de trabajo, la protecci&oacute;n social o la negociaci&oacute;n colectiva. Esa es su singularidad y su valor.
    </p><p class="article-text">
        La concertaci&oacute;n espa&ntilde;ola tiene una historia valiosa. Cumpli&oacute; una funci&oacute;n estabilizadora en momentos decisivos y ayud&oacute; a ordenar conflictos en etapas complejas. Pero esa historia convive con una contradicci&oacute;n persistente que rara vez se reconoce: sus principios son intermitentes.
    </p><p class="article-text">
        El patr&oacute;n es conocido. Cuando gobierna la derecha, los sindicatos exigen, con raz&oacute;n, que cualquier reforma que afecte al mercado de trabajo o a la protecci&oacute;n social pase por la mesa de negociaci&oacute;n. La patronal recuerda entonces que el Gobierno tiene legitimidad democr&aacute;tica para aplicar su programa y que la concertaci&oacute;n no puede convertirse en un derecho de veto.
    </p><p class="article-text">
        Cuando gobierna la izquierda, el guion se invierte. La patronal descubre las virtudes del di&aacute;logo social y exige el acuerdo previo. Los sindicatos apelan a la legitimidad del programa de gobierno y rechazan que la patronal pueda ejercer un derecho de veto. No cambian los principios. Cambia cu&aacute;ndo conviene invocarlos.
    </p><p class="article-text">
        Las declaraciones de Garamendi encajan exactamente en ese patr&oacute;n. Lo llamativo no es que defienda el di&aacute;logo social;  eso, en abstracto, es impecable, sino que lo haga como si fuera un principio constante y no una posici&oacute;n variable. Porque si hay algo que desmiente esa coherencia es la propia historia reciente.
    </p><p class="article-text">
        En 2012, el Gobierno de Mariano Rajoy aprob&oacute; por decreto una de las reformas laborales m&aacute;s profundas y perniciosas de nuestra democracia. No fue un ajuste menor. Alter&oacute; de forma sustancial la negociaci&oacute;n colectiva, la vigencia de los convenios y el equilibrio entre empresa y representaci&oacute;n sindical. Intervino, en suma, directamente en aquello que hoy se presenta como intocable: el espacio propio de la negociaci&oacute;n colectiva.
    </p><p class="article-text">
        Y hay un detalle a&uacute;n m&aacute;s revelador. Aquella reforma no solo se aprob&oacute; sin acuerdo: tambi&eacute;n modific&oacute; el contenido de un acuerdo confederal firmado apenas unas semanas antes por los propios agentes sociales, CEOE incluida. El Gobierno no solo legisl&oacute; sin negociaci&oacute;n; alter&oacute; lo que la concertaci&oacute;n acababa de producir. &iquest;D&oacute;nde estaba entonces la defensa del di&aacute;logo social? &iquest;D&oacute;nde la denuncia de autoritarismo? La respuesta fue sencilla: estaba en el programa de gobierno del Partido Popular. Y con eso pareci&oacute; bastar. Sin una sola apelaci&oacute;n a la autonom&iacute;a colectiva.
    </p><p class="article-text">
        Si se aspira a que la concertaci&oacute;n social sea algo m&aacute;s que eso, no puede tratarse unas veces como un derecho de veto y otras como un mero instrumento de legitimaci&oacute;n. No puede exigirse cuando frena y relativizarse cuando incomoda. Y no puede aplicarse de forma distinta seg&uacute;n el color del Gobierno, sin erosionar con ello su valor y su credibilidad.
    </p><p class="article-text">
        Si patronal y sindicatos quisieran tomarse en serio aquello que invocan, hay un debate pendiente: definir qu&eacute; materias consideran propias de la capacidad de autorregulaci&oacute;n de los agentes sociales y que por tanto deber&iacute;an quedar a salvo de cambios unilaterales, sea cual sea la mayor&iacute;a parlamentaria o el gobierno y cu&aacute;les reconocen como leg&iacute;timas de la iniciativa pol&iacute;tica.
    </p><p class="article-text">
        Ese acuerdo previo, dif&iacute;cil sin duda pero necesario, dar&iacute;a coherencia y consistencia a la concertaci&oacute;n social, ese instrumento que nos hemos dado en Espa&ntilde;a y que no necesita m&aacute;s hip&eacute;rboles como las del presidente de la CEOE. Necesita reglas de juego estables. Para dejar de ser una coartada y convertirse, de una vez, en una herramienta y un principio compartido.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Quim González Muntadas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/reales-ordenes-garamendi-ceoe_129_13205576.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Mon, 11 May 2026 20:29:27 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/f6318740-613b-4efb-8015-c41b96f3051a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="806567" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/f6318740-613b-4efb-8015-c41b96f3051a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="806567" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Las "reales órdenes" de Garamendi de la CEOE]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/f6318740-613b-4efb-8015-c41b96f3051a_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[PP - Partido Popular,Antonio Garamendi,CEOE - Confederación Española de Organizaciones Empresariales,Sindicatos,Pedro Sánchez,Yolanda Díaz]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[Musk y Tesla, contra el modelo europeo]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/musk-tesla-modelo-europeo_129_13172767.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/944a4c18-ee70-442a-a874-515028d398f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="Musk y Tesla, contra el modelo europeo"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">La huelga de los mecánicos suecos de Tesla es mucho más que un conflicto laboral: una de las partes pretende ignorar un derecho fundamental de la otra, el derecho a la negociación colectiva. Musk es un actor político global para quien el modelo nórdico y europeo de relaciones laborales representa un enemigo ideológico</p><p class="subtitle">Dos años de huelga contra Tesla en Suecia: “Elon Musk está actuando ideológicamente contra los sindicatos”</p></div><p class="article-text">
        Este peri&oacute;dico ha venido informando con constancia de la <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/suecos-sabian-huelga-ano-medio-tesla-elon-musk-canario-mina_1_12205233.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">huelga en los talleres de Tesla en Suecia</a> desde octubre de 2023. Vale la pena detenerse en ello para ver qu&eacute; hay detr&aacute;s de esta larga y dura lucha sindical.
    </p><p class="article-text">
        Hay conflictos laborales que son en el fondo negociaciones de precio y de condiciones de trabajo. Un sindicato pone sobre la mesa unas reivindicaciones, la empresa cede o no cede y, al final, con o sin conflicto, se llega a un acuerdo y se firma. Pero la huelga de los mec&aacute;nicos de IF Metall contra Tesla en Suecia no es ese tipo de conflicto. Han pasado dos a&ntilde;os y medio desde que los trabajadores abandonaron sus herramientas de trabajo frente a los talleres de Malm&ouml;, Gotemburgo y Estocolmo, y el conflicto sigue igual: ninguna de las dos partes ha movido un mil&iacute;metro. &iquest;Por qu&eacute;? Porque el conflicto no versa sobre salarios y condiciones de trabajo y porque una de las partes pretende ignorar un derecho fundamental de la otra, que es el derecho a la negociaci&oacute;n colectiva.
    </p><p class="article-text">
        Un derecho que <a href="https://www.eldiario.es/tecnologia/tesla-paga-salto-politica-elon-musk-2025-negro-primera-caida-ventas-historia_1_12945268.html" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Elon Musk</a> se niega a aceptar en un pa&iacute;s donde el 90% de la fuerza laboral est&aacute; cubierta por convenio colectivo. No es una excentricidad ni un error de c&aacute;lculo del hombre m&aacute;s rico del mundo. Es un principio. Tesla ha absorbido bloqueos portuarios en Escandinavia, ha transportado coches desde Alemania en camiones, ha llevado trabajadores en avi&oacute;n desde otros pa&iacute;ses europeos para cubrir los piquetes o ha pagado millones en costas judiciales. Todo eso, para no firmar un documento de pocas p&aacute;ginas con un sindicato que representa a esos trabajadores. El coste econ&oacute;mico de la negativa supera con creces el coste de ceder. Hay algo, por tanto, que vale m&aacute;s que el dinero.
    </p><p class="article-text">
        Ese algo es el mensaje: las instituciones colectivas no tienen autoridad sobre sus empresas.
    </p><p class="article-text">
        Para entenderlo en su dimensi&oacute;n real hay que salir de Suecia y entrar en el ecosistema ideol&oacute;gico que rodea a Musk: Marc Andreessen y Peter Thiel &mdash;cofundador de PayPal y Palantir, arquitecto financiero de la <em>nueva derecha tecnol&oacute;gica</em>&mdash;. Todos y cada uno lo han articulado con claridad en entrevistas y foros privados: su visi&oacute;n del mundo sit&uacute;a como verdadero enemigo de la humanidad no la guerra ni el hambre sino la gobernanza. Cualquier entidad capaz de crear marcos normativos globales &mdash;que regule la inteligencia artificial, que frene el cambio clim&aacute;tico, que evite conflictos nucleares mediante acuerdos multilaterales&mdash; es, en su vocabulario deliberadamente apocal&iacute;ptico, el Anticristo. No es met&aacute;fora. Es una cosmovisi&oacute;n.
    </p><p class="article-text">
        Estos <em>tecn&oacute;cratas libertarios </em>&mdash;aliados en el proyecto pol&iacute;tico del trumpismo&mdash; forman un bloque de poder con una visi&oacute;n del mundo articulada y coherente: la concentraci&oacute;n de autoridad en manos privadas es eficiencia; las instituciones que distribuyen poder &mdash;sindicatos, universidades p&uacute;blicas, agencias reguladoras, parlamentos supranacionales&mdash; son obst&aacute;culos. Residuos del siglo XX. Fricciones que ralentizan el progreso tal como ellos lo conciben. Lo que en los talleres de Tesla en Suecia se&nbsp;denomina &ldquo;negativa a firmar un convenio colectivo&rdquo; responde a la misma l&oacute;gica que la exigencia de disolver agencias federales de supervisi&oacute;n financiera o la que presenta a la Uni&oacute;n Europea como un proyecto burocr&aacute;tico ileg&iacute;timo. No son episodios inconexos. Son aplicaciones del mismo principio a distintas escalas.
    </p><p class="article-text">
        Pero Suecia resulta un laboratorio especialmente inc&oacute;modo para esa ideolog&iacute;a &mdash;definida como &ldquo;libertarismo tecnol&oacute;gico&rdquo;<em>&mdash;</em> precisamente porque el modelo n&oacute;rdico de relaciones laborales no es una concesi&oacute;n graciosa del capital sino el resultado de un siglo de negociaciones institucionalizadas entre empresas y sindicatos. Y los convenios colectivos son tanto un derecho de los trabajadores como un instrumento de estabilidad para las empresas.
    </p><p class="article-text">
        Ya en 1995, cuando Toys&ldquo;R&rdquo;Us lleg&oacute; a Suecia con una l&oacute;gica parecida, se neg&oacute; a firmar convenios colectivos en sus primeras tiendas. Los sindicatos respondieron con bloqueos. Tres meses despu&eacute;s, la jugueter&iacute;a cedi&oacute;. La diferencia entre aquel conflicto y este no reside en la fortaleza del sindicato IF Metall, que sigue siendo formidable, ni en la solidaridad. La diferencia es que Musk es un actor pol&iacute;tico global para quien el modelo n&oacute;rdico y europeo de relaciones laborales no representa un inconveniente de negocio, sino un enemigo ideol&oacute;gico.
    </p><p class="article-text">
        Pero esta huelga en los talleres de Tesla deber&iacute;a importar m&aacute;s all&aacute; de Suecia. No como curiosidad sindical ni como un particular conflicto en un pa&iacute;s fr&iacute;o y ordenado. Sino porque lo que all&iacute; se dirime es si las instituciones colectivas &mdash;los sindicatos, pero tambi&eacute;n los parlamentos, los tratados, las agencias, los convenios&mdash; tienen todav&iacute;a capacidad de establecer l&iacute;mites al poder privado. Si la democracia termina, o no, en la puerta de las empresas.
    </p><p class="article-text">
        A pocos d&iacute;as del Primero de Mayo, es bueno recordarlo.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Quim González Muntadas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/musk-tesla-modelo-europeo_129_13172767.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Sun, 26 Apr 2026 20:59:44 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/944a4c18-ee70-442a-a874-515028d398f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="521296" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/944a4c18-ee70-442a-a874-515028d398f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="521296" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[Musk y Tesla, contra el modelo europeo]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/944a4c18-ee70-442a-a874-515028d398f3_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Elon Musk,Tesla,Suecia,Primero de Mayo,Huelga,Sindicatos]]></media:keywords>
    </item>
    <item>
      <title><![CDATA[España resucita la responsabilidad social tras una década dormida: ¿cambio real o maquillaje?]]></title>
      <link><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/espana-resucita-responsabilidad-social-decada-dormida-cambio-real-maquillaje_129_13148730.html]]></link>
      <description><![CDATA[<p><img src="https://static.eldiario.es/clip/76a28452-4e31-4d0c-86f5-3968b48fae13_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675" alt="España resucita la responsabilidad social tras una década dormida: ¿cambio real o maquillaje?"></p><div class="subtitles"><p class="subtitle">Ha faltado voluntad política para activar la RSC. El resultado ha sido la proliferación de informes de sostenibilidad impecables en su maquetación, pero desconectados de la realidad laboral interna de las compañías</p><p class="subtitle">Adela Suñer, economista: “El balance ético debería ser obligatorio para las empresas”</p></div><p class="article-text">
        La reactivaci&oacute;n del Consejo Estatal de Responsabilidad Social de las Empresas (CERSE) mediante el <a href="https://www.boe.es/eli/es/rd/2026/04/08/301" target="_blank" data-mrf-recirculation="links-noticia" class="link">Real Decreto 301/2026</a> llega a la esfera p&uacute;blica con una mezcla inevitable de oportunidad y reproche. Oportunidad, porque Espa&ntilde;a recupera &mdash;al menos sobre el papel&mdash; uno de los pocos instrumentos institucionales capaces de ordenar e impulsar las pol&iacute;ticas de sostenibilidad empresarial en un momento cr&iacute;tico. Reproche, porque lo hace tras m&aacute;s de una d&eacute;cada de inacci&oacute;n en la que ese mismo instrumento qued&oacute;, sencillamente, abandonado en un caj&oacute;n administrativo.
    </p><p class="article-text">
        No conviene edulcorar el diagn&oacute;stico. El Consejo, creado con ambici&oacute;n en 2008, celebr&oacute; su &uacute;ltima reuni&oacute;n efectiva en 2015. Desde entonces, el mundo ha cambiado radicalmente. Mientras la Uni&oacute;n Europea desplegaba un denso entramado normativo sobre informaci&oacute;n de sostenibilidad, la Directiva de Diligencia Debida o los nuevos criterios de sostenibilidad &mdash;<em>taxonom&iacute;as&mdash;</em> para la transici&oacute;n ecol&oacute;gica, Espa&ntilde;a manten&iacute;a en estado latente su principal &oacute;rgano de gobernanza en materia de responsabilidad social. No ha sido una cuesti&oacute;n menor ni un simple olvido burocr&aacute;tico; ha sido la constataci&oacute;n de una alarmante falta de prioridad pol&iacute;tica en un &aacute;mbito que hoy se reconoce como estrat&eacute;gico para el futuro del nuestro modelo econ&oacute;mico.
    </p><p class="article-text">
        El nuevo Real Decreto, aprobado en el Consejo de Ministros de la semana pasada, intenta corregir esta anomal&iacute;a. Y lo hace con cambios que, en su dise&ntilde;o, resultan acertados. En primer lugar, refuerza el car&aacute;cter del Consejo como &oacute;rgano de participaci&oacute;n institucional, manteniendo esa composici&oacute;n cuatripartita que integra administraciones p&uacute;blicas, organizaciones empresariales, sindicatos y representantes de la sociedad civil. Es esta pluralidad la que otorga legitimidad a cualquier pol&iacute;tica de RSC que aspire a ser algo m&aacute;s que un ejercicio de relaciones p&uacute;blicas.
    </p><p class="article-text">
        En segundo lugar, el decreto actualiza las funciones del CERSE para alinearlas con las exigencias del siglo XXI: la elaboraci&oacute;n de informes sobre la calidad de la informaci&oacute;n de sostenibilidad, la emisi&oacute;n de dict&aacute;menes sobre proyectos normativos y su constituci&oacute;n como un observatorio real de la responsabilidad social en Espa&ntilde;a. Sobre el dise&ntilde;o, poco que objetar. Sin embargo, la historia nos ense&ntilde;a que el problema en nuestro pa&iacute;s nunca ha sido el dise&ntilde;o de las instituciones, sino la voluntad real de dotarlas de vida.
    </p><p class="article-text">
        Espa&ntilde;a no carec&iacute;a de un Consejo de RSC; lo que ha faltado es voluntad pol&iacute;tica para activarlo y convertirlo en un espacio de conflicto constructivo y utilidad social. Durante a&ntilde;os, la RSC ha quedado atrapada entre dos extremos est&eacute;riles: la ret&oacute;rica corporativa de los departamentos de marketing, plagada de compromisos grandilocuentes pero escasamente verificables, y una ausencia de estructura p&uacute;blica capaz de exigir coherencia. El resultado ha sido la proliferaci&oacute;n de informes de sostenibilidad impecables en su maquetaci&oacute;n, pero desconectados de la realidad laboral interna de las compa&ntilde;&iacute;as.
    </p><p class="article-text">
        La reactivaci&oacute;n del Consejo no se produce en un vac&iacute;o. El contexto actual es de una hostilidad creciente hacia la agenda de sostenibilidad. Observamos con preocupaci&oacute;n un escenario de repliegue alentado por corrientes pol&iacute;ticas reaccionarias &mdash;el auge del &ldquo;trumpismo&rdquo; y sus ecos europeos&mdash; que est&aacute;n empujando a una parte del mundo empresarial a revisar sus compromisos en diversidad, transici&oacute;n clim&aacute;tica y derechos humanos. Hay una presi&oacute;n orquestada para trasladar la idea de que la responsabilidad social es un &ldquo;lujo prescindible&rdquo; o, peor a&uacute;n, una desventaja competitiva frente a modelos de capitalismo autoritario o extractivo.
    </p><blockquote class="quote">

    
    <div class="quote-wrapper">
      <div class="first-quote"></div>
      <p class="quote-text">El Consejo debe ser el dique de contención frente al &#039;greenwashing&#039; —lavado de imagen verde— y el socialwashing —lavado de &#039;imagen social&#039;— que amenazan con desvirtuar décadas de avances</p>
          </div>

  </blockquote><p class="article-text">
        Es precisamente en este contexto adverso donde instrumentos como el CERSE adquieren su mayor sentido. No deben ser espacios decorativos para la foto del consenso, sino mecanismos de aceleraci&oacute;n&nbsp;y orientaci&oacute;n capaces de sostener las pol&iacute;ticas de sostenibilidad cuando el viento deja de soplar a favor. El Consejo debe ser el dique de contenci&oacute;n frente al <em>greenwashing &mdash;</em>lavado de imagen verde&mdash; y el <em>socialwashing &mdash;</em>lavado de imagen social&mdash; que amenazan con desvirtuar d&eacute;cadas de avances.
    </p><p class="article-text">
        El decreto apunta hacia l&iacute;neas de actuaci&oacute;n que podr&iacute;an tener un efecto pr&aacute;ctico relevante: el impulso de cl&aacute;usulas sociales en la contrataci&oacute;n p&uacute;blica, el fomento de alianzas para la integraci&oacute;n de riesgos clim&aacute;ticos y la futura creaci&oacute;n de un sello de responsabilidad social. Pero seamos claros: ninguna de estas herramientas ser&aacute; efectiva si no se acompa&ntilde;a de exigencia, seguimiento y, sobre todo, de participaci&oacute;n efectiva.
    </p><p class="article-text">
        La responsabilidad social en Espa&ntilde;a necesita que los trabajadores dejen de ser meros espectadores de los compromisos de sus empresas. La verdadera RSC empieza de puertas para adentro. No hay sostenibilidad posible si no hay trabajo decente, si no hay igualdad real o si se ignora la voz de la representaci&oacute;n sindical en la definici&oacute;n de la estrategia empresarial. La sostenibilidad no puede ser un anexo al informe anual; debe ser un elemento central del modelo de gesti&oacute;n, evaluable por los propios trabajadores y por la sociedad a la que la empresa sirve.
    </p><p class="article-text">
        La pregunta que queda en el aire tras la aprobaci&oacute;n de este Real Decreto es obligatoria: &iquest;Tiene este nuevo Consejo capacidad real para desempe&ntilde;ar un papel transformador o estamos ante un simulacro de reactivaci&oacute;n que llegar&aacute; tarde y se quedar&aacute; en la superficie?
    </p><p class="article-text">
        La historia reciente demuestra que la existencia formal de un &oacute;rgano no garantiza su impacto. El CERSE necesita una agenda clara, recursos suficientes y, por encima de todo, una voluntad pol&iacute;tica sostenida en el tiempo que trascienda la legislatura. Pero tambi&eacute;n exige el compromiso y la implicaci&oacute;n real de los cuatro grupos que lo componen &mdash;organizaciones empresariales, sindicatos, sociedad civil y las distintas administraciones&mdash;, pues sin su corresponsabilidad el Consejo puede ser un caparaz&oacute;n vac&iacute;o. El Real Decreto 301/2026 abre una puerta que llevaba sellada una d&eacute;cada. Lo que est&aacute; por ver es si existe la valent&iacute;a real de cruzarla para construir una econom&iacute;a m&aacute;s justa, responsable y sostenible.
    </p>]]></description>
      <dc:creator><![CDATA[Quim González Muntadas]]></dc:creator>
      <guid isPermaLink="true"><![CDATA[https://www.eldiario.es/economia/espana-resucita-responsabilidad-social-decada-dormida-cambio-real-maquillaje_129_13148730.html]]></guid>
      <pubDate><![CDATA[Thu, 16 Apr 2026 20:06:19 +0000]]></pubDate>
      <enclosure url="https://static.eldiario.es/clip/76a28452-4e31-4d0c-86f5-3968b48fae13_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" length="468828" type="image/jpeg"/>
      <media:content url="https://static.eldiario.es/clip/76a28452-4e31-4d0c-86f5-3968b48fae13_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" type="image/jpeg" fileSize="468828" width="1200" height="675"/>
      <media:title><![CDATA[España resucita la responsabilidad social tras una década dormida: ¿cambio real o maquillaje?]]></media:title>
      <media:thumbnail url="https://static.eldiario.es/clip/76a28452-4e31-4d0c-86f5-3968b48fae13_16-9-discover-aspect-ratio_default_0.jpg" width="1200" height="675"/>
      <media:keywords><![CDATA[Responsabilidad social corporativa,Consejo de Ministros,Empresas,Sostenibilidad]]></media:keywords>
    </item>
  </channel>
</rss>
