La inteligencia artificial irrumpe con despidos en el mercado de trabajo con muchas dudas sobre su impacto real
Hay quien lleva algo más de tres años esperando una avalancha de despidos que no termina de llegar. A finales de 2022, el mundo conoció ChatGPT, y la IA o Inteligencia Artificial aterrizó como algo real para muchas personas. Respondía a preguntas, redactaba textos y creaba imágenes de forma autónoma, mejorando su calidad a gran velocidad. Era “el fin” para millones de empleos. Pero, ¿lo ha sido?
De momento no, coinciden la mayoría de expertos e instituciones, que indican que la IA está teniendo un papel más complementario que sustitutivo de los trabajadores. Sin embargo, varios anuncios recientes de recortes de plantilla en multinacionales tecnológicas han vuelto a encender las alarmas. ¿Ahora sí? ¿Llegaron las malas noticias?
Hace una semana Meta confirmaba un recorte de 8.000 trabajadores y la congelación de 6.000 contrataciones (de una plantilla de unas 80.000 personas); Amazon despidió a unos 30.000 empleados de oficina entre finales de 2025 y principios de 2026 (un área en la que empleaba a unos 350.000 en todo el mundo); mientras que Microsoft está ofreciendo bajas incentivadas a sus trabajadores por primera vez en su historia.
La tendencia sigue por las compañías más pequeñas. Ebay ha despedido a 800 trabajadores (6% de la plantilla), Pinterest a 750 (15%), la firma de software Atlassian a 1.600 (10%). Block, la compañía financiera del fundador de Twitter, ha llegado a los 4.000 empleados (el 40% de su fuerza laboral).
Un equipo significativamente más pequeño, con las herramientas que estamos desarrollando, puede hacer más y mejor. Y las capacidades de las herramientas de IA se multiplican cada semana
Ninguno de los responsables de estas compañías han dado demasiados rodeos a la hora de explicar el motivo de los despidos: serán sustituidos por inteligencia artificial. “Un equipo significativamente más pequeño, con las herramientas que estamos desarrollando, puede hacer más y mejor. Y las capacidades de las herramientas de IA se multiplican cada semana”, ha manifestado Jack Dorsey, de Block.
Sin embargo, esta posición no cuenta la historia completa. Muchas de esas empresas estaban afrontando procesos de reducción de personal previos a la maduración de estas herramientas. El caso más evidente es el de Amazon, que ha reconocido en varias ocasiones que “sobredimensionó” su plantilla durante la pandemia y lleva haciendo grandes recortes desde 2022. “Es el famoso AI washing: atribuir a la inteligencia artificial una serie de reducciones de personal que se iban a hacer de todas maneras”, explica Enrique Dans, profesor de Innovación y Tecnología en IE Business School.
La IA está haciendo a algunas personas bastante más productivas. Pero, en realidad, esto no justificaría un volumen de despidos tan elevado como el que estamos viendo
“La inteligencia artificial está haciendo a algunas personas bastante más productivas, como los desarrolladores o algunos procesos administrativos. Pero, en realidad, esto no justificaría un volumen de despidos tan elevado como el que estamos viendo, que está escalando a decenas de miles de personas”, argumenta.
Transformar un recorte en “innovación” suaviza el impacto de los despidos y permite diluir la responsabilidad por estos. “Frente al discurso de la empresa, que justifica este recorte en una supuesta 'aceleración de la innovación' y el cambio provocado por la Inteligencia Artificial, CCOO ve otras causas”, ha denunciado el sindicato sobre el ERE de Capgemini, una consultora que despedirá a 748 personas en España. “El problema real radica en dos factores que la dirección evita mencionar”, protesta CCOO: “Nula gestión del talento” y “deslocalización agresiva”.
El “tsunami” más anticipado
Estos ceses han reavivado muchos miedos y debates sobre los posibles efectos de la IA en el mercado laboral. En el Día Internacional del Trabajo, algunas personas se preguntan si estamos en la antesala de un “tsunami” en los mercados laborales. O, en una visión menos catastrofista, si estamos ante una nueva revolución –como tantas otras en la historia–, que simplemente cambiará el panorama actual con otra forma de trabajar y la desaparición de algunos empleos junto al surgimiento de otros nuevos.
“Este año va a ser crucial para saber si vamos a tener un apocalipsis laboral por la IA o no”, considera José Varela, responsable de Digitalización de UGT, que lamenta que no puede “ser optimista” por dos motivos. Por un lado, la actuación de las citadas tecnológicas, que puede provocar un efecto de arrastre. Por otro, la legislación vigente en materia de despido en España, que Varela advierte que es “un puente de plata” para que las compañías achaquen a la IA recortes que se dan por cambios organizativos y productivos. En un reciente informe, UGT advierte de un “frenazo” en el empleo tecnológico en España, tras varios años de fuerte empuje.
El ruido de despidos por la IA es continuo en ciertos ámbitos empresariales. También en muchos despachos de abogados que asesoran a las grandes compañías, aunque “es una pulsión que todo el mundo va teorizando, pero que no se va concretando todavía”, sostiene Javier Pacheco, secretario confederal de Acción Sindical y Transiciones Estratégicas de CCOO. No hay una avalancha de ERE en España por este motivo, pero los sindicatos mayoritarios están en guardia y formando a sus delegados y delegadas para “gobernar” la IA que se está introduciendo en los centros de trabajo, explica.
Los primeros estudios sobre los efectos de la inteligencia artificial en el empleo, cuando no existía la llamada “IA generativa”, como ChatGPT o Claude, en la década de 2010, estimaban la probabilidad de que profesiones enteras pudieran automatizarse. Como el famoso paper del profesor de Oxford Carl Benedict Frey que pronosticó que casi la mitad de los empleos –el 47%– eran susceptibles de ser reemplazados por una máquina o por una inteligencia artificial, con los empleos menos cualificados y con salarios bajos como los más amenazados.
Los trabajos posteriores ha pasado a centrarse más en “tareas” automatizables y menos en profesiones, “argumentando que la tecnología afecta a actividades laborales específicas más que a puestos de trabajo completos y que la mayoría de las profesiones combinan tareas que son automatizables de forma diferenciada”, recoge una reciente revisión de la investigación sobre IA y empleo realizada por el servicio de estudios de la Comisión Europea (JRC), en la que participa el investigador Enrique Fernández-Macías.
La IA no debe destruir puestos de trabajo, los tiene que transformar y está rediseñando las tareas. Sobre todo, está haciéndose cargo de las tareas más rutinarias para que la persona se centre en aquellas que aporta más valor
Así, ahora las investigaciones más recientes han pasado de hablar de “riesgo de automatización” a una noción más amplia de “exposición profesional” a la IA, sin conclusiones cerradas todavía sobre su repercusión. Es decir, cuánto de ello afectará a una sustitución de trabajadores por la tecnología o a una modificación de estos empleos. Mientras, también se prevé que se gane en productividad y se creen nuevos perfiles profesionales adaptados a este nuevo entorno tecnológico.
“La IA no debe destruir puestos de trabajo, los tiene que transformar y está rediseñando las tareas. Sobre todo, está haciéndose cargo de las tareas más rutinarias para que la persona se centre en aquellas en las que aporta más valor”, explica Rocío Millán, directora de Servicio Corporativo del Grupo Adecco, empresa de consultoría y gestión de recursos humanos. En el Ministerio de Trabajo, la vicepresidenta Yolanda Díaz, reivindica una IA “en favor de los derechos de las personas trabajadoras”, por ejemplo a través de su uso por parte de la Inspección de Trabajo.
Las empresas sí están adoptando la IA, y muy rápido
Como apunta Millán, ya no hay que mirar solo al futuro para abordar este debate: la inteligencia artificial se está usando en muchos puestos de trabajo a día de hoy. Más de lo que podemos pensar y en constante crecimiento.
“La adopción de la IA por parte de las empresas es muy rápida”, destaca BBVA Research. En 2025, una de cada cinco empresas de la UE con al menos 10 empleados utilizó tecnologías de inteligencia artificial. Con datos de Eurostat, el dato medio alcanzó el 20%, frente al 13,5% en 2024 y al 8% en 2023, lo que refleja una gran aceleración en apenas dos años.
La distribución por país muestra que los nórdicos lideran con creces la adopción, con Dinamarca (42%) seguida de Finlandia y Suecia (en torno a 35-38%), mientras que varios países del Este se mantienen por debajo del 10%. España se sitúa algo por encima de la media, con un 20,3% de empresas que dicen usar ya IA.
Si atendemos a cuántos trabajadores la emplean en su puesto de trabajo, el dato es aún mayor. De media, el 30% de los de la UE, según una macroencuesta que analiza el estudio Supervisión digital, gestión algorítmica y la plataformización del trabajo en Europa (2025), de la Comisión Europea. Vuelven a liderar los nórdicos, con un 45% de trabajadores que dicen usar estas herramientas en Dinamarca. En España, es el 29%. A la cola se sitúa Grecia, con un 14%.
“Es una difusión increíblemente rápida para una tecnología tan reciente”, destacó Enrique Fernández-Macías, investigador del JRC europeo y uno de los autores del estudio, en las recientes jornadas ‘El trabajo en tiempos de algoritmos’ organizadas por el Ministerio de Trabajo.
Los datos además son “sorprendentemente transversales”, subrayó Fernández-Macías, ya que aunque es más frecuente entre trabajadores cualificados e intelectuales, también se usa bastante entre otros oficios de sectores como los servicios. “Y tiende a ser a iniciativa de los trabajadores, incluso en muchos casos con sus propios dispositivos, como los teléfonos móviles”. Los usos más habituales: escribir textos con herramientas como ChatGPT, traducir y procesar datos, así como discutir ideas.
La IA no es solo vista como una amenaza, sino también como una oportunidad para muchas personas. “La máquina me devuelve lo que la vida me quitó”, destaca Carlos Sánchez Almeida, uno de los más relevantes abogados en materia de derechos digitales, propiedad intelectual y libertades fundamentales del Internet español, que padece Parkinson, lo que le ha dificultado mucho su capacidad para escribir.
Sandra (nombre ficticio) se está preparando unas oposiciones mientras trabaja, “casi sin tiempo ni posibilidad de ir a una academia”, y está utilizando varias herramientas de IA, como NotebookLM, que le están “ayudando mucho” para elaborar resúmenes, pódcast para estudiar y practicar con modelos de examen. “Sin la IA creo que iría mucho peor preparada, me ha dado un tiempo que no tenía”, reflexiona.
Incluso en las pequeñas y medianas empresas (pymes), a menudo señaladas por su posición de desventaja para implementar estas herramientas respecto a las grandes compañías, la IA se ve en muchas ocasiones como esperanzadora. “Es una gran oportunidad”, afirma la líder de la patronal Cepyme, Ángela de Miguel, que subraya que en muchas ocasiones las pequeñas compañías no podían competir en ciertos proyectos, no por falta de talento, sino de medios, que ahora en algunos casos pueden satisfacerse a través de la IA.
Nos complementa y manda más que sustituye (por ahora)
Dado el auge de las IA para tareas asociadas de procesamiento de la información y resolución de problemas, más transversales entre las ocupaciones, se observa “un aumento exponencial de la exposición a la IA en todas las categorías ocupacionales de los trabajadores”, aunque las comparativamente más cualificadas están más expuestas que las elementales, indica el estudio Revisando el impacto laboral de la IA en la era de la IA generativa de la Comisión Europea. “Esto apunta a un impacto sustancial y transversal de la IA en el mercado laboral”.
La clave es determinar en qué va a consistir ese impacto. ¿Desaparecerán empleos? ¿Cuáles cambiarán y en qué sentido? ¿Cuántos se crearán? Las respuestas a estas preguntas aún no están cerradas.
“Por contrastar con los debates más apocalípticos, lo que vemos a día de hoy con la IA –tal y como la vemos ahora– es que la inteligencia artificial es una herramienta digital, avanzada, de difusión sorprendentemente rápida, pero fundamentalmente complementaria al trabajo humano, no sustitutiva”, sostuvo Fernández-Macías en el foro del Ministerio de Trabajo.
Por contrastar con los debates más apocalípticos, lo que vemos a día de hoy con la IA es que es una herramienta avanzada, de difusión sorprendentemente rápida, pero fundamentalmente complementaria al trabajo humano, no sustitutiva
Las investigaciones que tratan de anticipar el impacto de la IA se acumulan. El jueves, Funcas publicó un nuevo estudio que prevé en su escenario central una destrucción de entre 1,7 y 2,3 millones de empleos en España en la próxima década y la creación de unos 1,6 millones. El informe prevé un efecto neto negativo, de unos 400.000 empleos menos, aunque reconoce que es una cuestión “todavía abierta y depende de la velocidad de los procesos de formación y reasignación laboral”.
En BBVA Research subrayan que “las revoluciones industriales han provocado siempre grandes cambios estructurales: sectoriales, espaciales, en la organización del trabajo o en el empleo”, pero sin disparar las tasas de desempleo a largo plazo. “Sí que pensamos que [la IA] va a transformar, pero eso no significa que vaya a haber reestructuraciones o ERE, porque todas las grandes transformaciones del pasado han creado más empleo del que se ha destruido. Un 60% de los puestos de trabajo actuales no existían en la década de 1940. No hay que verlo de forma negativa”, destacó este jueves el CEO de BBVA, Onur Genç.
Muchas voces piden ampliar la mirada a las distintas repercusiones de la IA, no ceñir el debate solo sobre la sustitución (o no) de trabajadores. Los algoritmos –cada vez más con aplicación de inteligencia artificial– ya nos dirigen en muchos casos. La gestión algorítmica está cada vez más extendida, y no solo en plataformas digitales, también en empresas tradicionales. Los datos de la Comisión Europea reflejan que en España, un 30% de los trabajadores realizan tareas que les asignan algoritmos.
Así, es clave conocer qué datos se utilizan para esta gestión algorítmica y qué criterios y sesgos aplica esta tecnología. “Los agentes de IA, por su propia naturaleza, requieren un acceso amplio a los datos para poder funcionar. Necesitan leer correos, poder navegar por bases de datos, acceder a documentos e interactuar con distintos programas en nombre de sus usuarios”, explicó Nick Srnicek, investigador canadiense especializado en inteligencia artificial, en las jornadas organizadas por el Ministerio de Trabajo.
“El volumen y la sensibilidad de los datos que fluyen a través de la IA no hará más que aumentar y los trabajadores verán cómo aumenta la vigilancia de sus actividades precisamente para poder utilizar esos datos para luego sustituirles en sus puestos de trabajo”, advirtió Srnicek.
Por ello, una de las principales reclamaciones del movimiento sindical es la transparencia algorítmica y participar en “el gobierno de la propia inteligencia artificial” a través de la negociación colectiva, subraya Javier Pacheco (CCOO). Algunos estudios están poniendo cifras a los efectos de la IA en las condiciones de trabajo. Por ejemplo, con un aumento de la desigualdad salarial en España debido principalmente a un alza de las remuneraciones más altas, según un paper de la Universidad Complutense de Madrid y Oxford Economics.
Los datos más claros: los júnior son los más afectados
Uno de los efectos más visibles de la IA en el mercado laboral está afectando a quienes aún no han entrado en él. Un estudio elaborado por dos investigadores de Harvard que analizó los datos laborales de 62 millones de trabajadores en 285.000 empresas detectó que las compañías que adoptaron IA generativa contrataron significativamente menos empleados júnior que firmas similares sin esa adopción, mientras la contratación de perfiles sénior se mantuvo estable.
En el sector tecnológico, los datos son más crudos: los puestos de entrada cayeron un 73% interanual, según análisis de la firma de compensación laboral Ravio, mientras los empleos vinculados a la IA crecían un 88% en el mismo periodo.
El fenómeno no se limita a la tecnología. El CEO de Anthropic (la firma que desarrolla el chatbot Claude), Dario Amodei, advirtió a finales de 2025 que la IA podría eliminar buena parte de los empleos de entrada en derecho, finanzas y consultoría en cinco años. Si la automatización de la IA se basa más en “tareas” que en profesiones, las más afectadas son precisamente las que históricamente han entrenado a los profesionales jóvenes: revisión de documentos, procesamiento de datos, análisis básico. Sectores que usaban esas tareas como escuela.
Se trata de un problema de fondo: si las empresas automatizan el trabajo que antes realizaban los júnior sin ofrecer vías para adquirir experiencia a los nuevos profesionales, se elimina el peldaño que permite llegar a puestos sénior. Algunos estudios lo llaman el missing rung, el peldaño que falta. Varias grandes firmas de consultoría están explorando programas de rotación y formación específica para compensarlo, pero son todavía la excepción.
La evolución no ha terminado
Hay diversos motivos por los que la temida automatización masiva no ha terminado de llegar en esta primera oleada de IA generativa. Uno se destaca sobre los demás: la tecnología no está preparada.
Esta generación se basa en los denominados Modelos Grandes de Lenguaje (LLM, por sus siglas en inglés), que tienen problemas recurrentes como las alucinaciones, esa información factible pero inventada que la IA vende como real. De hecho, el impacto de estos errores es tan significativo que se ha convertido en la principal preocupación de sus usuarios a nivel mundial, por encima de la pérdida del empleo, según un estudio de Anthropic.
La investigación, basada en entrevistas a 81.000 usuarios de su chatbot Claude en 159 países, arroja que el 27% de las personas afirma que su mayor ansiedad frente a la IA es la falta de fiabilidad de la herramienta debido a estas equivocaciones o alucinaciones. Su aleatoriedad provoca que cualquier proyecto en el que participe la IA siga necesitando una supervisión humana exhaustiva de trabajadores que conozcan la materia: una alucinación desapercibida puede generar graves problemas operativos o hacer perder muchas horas de trabajo.
La cifra supera al 22% de encuestados que dice estar preocupado por la automatización laboral o la pérdida de autonomía frente a la máquina. Los más ansiosos son, eso sí, los que perciben que un mayor número de sus tareas laborales ya pueden ser asumidas por la máquina.
Pero, de nuevo, la historia no termina aquí. Como explica Enrique Dans, la actual ola de modelos de lenguaje tiene limitaciones porque han aprendido sobre el mundo exclusivamente a través de las palabras, restringiéndose a la visión que le dan los autores que escribieron esos textos. Sin embargo, la inteligencia artificial se dirige hacia una nueva fase protagonizada por los “agentes”, una tecnología que tiene “mucho más recorrido del que hemos visto hasta ahora con los LLM”.
A diferencia de los modelos de lenguaje tradicionales, “los agentes tienen la capacidad de conectarse con otras máquinas y sensores”, adquiriendo una experiencia de la realidad mucho mayor y directa. La IA agéntica permite que “el modelo del mundo” en el que se basa un modelo no sea la universalidad del conocimiento con el que fueron entrenados los LLM, sino los flujos de datos de la arquitectura corporativa de una empresa, desde la información de proveedores hasta la de los clientes. Es un cambio que hace que las alucinaciones caigan en picado.
Los agentes se parecen más a un empleado digital capaz de actuar con autonomía dentro de procesos reales de la empresa que a una herramienta de apoyo al trabajador humano. Las empresas de software y la banca llevan meses experimentando con ellos. Expertos como Dans opinan que es una tecnología que “tiene mucho más recorrido del que hemos visto hasta ahora”. Aunque, de nuevo, la pregunta es si hará que los trabajadores humanos sean mucho más prescindibles, o solo mucho más productivos.
Lo que ya no es una incógnita, mientras tanto, es que la IA está en los puestos de trabajo. Está cambiando quién se contrata y para qué. Y está en manos de un puñado de empresas que toman esas decisiones sin que los trabajadores tengan apenas voz en el proceso, ni siquiera aquellos que la están desarrollando. Una nueva pugna entre capital y trabajadores que vuelve a poner en manos de la sociedad el diseño de las normas que la diriman.
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