Sobre este blog

Contrapoder es una iniciativa que agrupa activistas, juristas críticos y especialistas de varias disciplinas comprometidos con los derechos humanos y la democracia radical. Escriben Gonzalo Boye (editor), Isabel Elbal y Sebastián Martín entre otros.

¿Buenos antepasados? La SAREB y el derecho a la vivienda

Sobre este blog

Contrapoder es una iniciativa que agrupa activistas, juristas críticos y especialistas de varias disciplinas comprometidos con los derechos humanos y la democracia radical. Escriben Gonzalo Boye (editor), Isabel Elbal y Sebastián Martín entre otros.

El filósofo Roman Krznaric (Sídney, 1971) ha publicado recientemente ‘El buen antepasado. Cómo pensar a largo plazo en un mundo cortoplacista’ (Capitán Swing, 2022), un alegato contra el cortoplacismo y a favor de un pensamiento que sea capaz de aunar el poder de la memoria y la imaginación del futuro. En una entrevista reciente, resumía que “ser un buen antepasado pasa por pensar en el futuro vinculándolo a la memoria, a la manera en que nos recordarán y juzgarán las generaciones futuras. Aunque también implica que en el presente necesitamos recordar el pasado”. 

Compartimos su opinión de que el cortoplacismo de las elecciones es un peligro que carcome la democracia con la misma insistencia que la extrema derecha. Ejemplos de esta visión dominada por el tiempo presente pueden verse a diario, desde el abordaje de la política a base de tuits a la crisis energética y la crisis climática. 

En el ámbito de la vivienda no es ni distinto ni novedoso. Si utilizamos el artefacto de la memoria, pronto se recuerda uno de los mayores errores que explican el por qué de cientos de miles de ‘gentes sin casas y casas sin gentes’. Y no es otro que la decisión de la dictadura franquista de desarrollar una política de promoción de viviendas protegidas centradas en la compraventa y con la que promotores “amigos” construyeron viviendas de mala calidad en terrenos baratos del extrarradio para sacar tajada, a contracorriente de la mayoría de países europeos que optaron por las viviendas sociales de alquiler. Las familias compradoras, humildes, pero también de clase media, pudieron vender décadas después estas viviendas a otras familias sin límite de precio y perdiendo su carácter protegido. Ahora, muchos de estos pisos están o bien en manos de los propios bancos que ejecutaron las hipotecas de las segundas y terceras transmisiones, o bajo los tentáculos de los fondos buitres. 

Descubre nuestras apps