Sobre este blog

Contrapoder es una iniciativa que agrupa activistas, juristas críticos y especialistas de varias disciplinas comprometidos con los derechos humanos y la democracia radical. Escriben Gonzalo Boye (editor), Isabel Elbal y Sebastián Martín entre otros.

Luz, agua y casa: la necesaria reactualización de la ciudadanía social

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Contrapoder es una iniciativa que agrupa activistas, juristas críticos y especialistas de varias disciplinas comprometidos con los derechos humanos y la democracia radical. Escriben Gonzalo Boye (editor), Isabel Elbal y Sebastián Martín entre otros.

Durante el pasado mes de junio hemos visto cómo la medida adoptada por el Gobierno frente a la subida del precio de la luz más alta de la historia, por parte de las empresas, se limita a una reducción del IVA a un 10%, sin tocar los millonarios beneficios del oligopolio eléctrico. O cómo la fiscalía pide nueve años de prisión a tres activistas del Sindicato de Inquilinos de Barcelona mientras, semana tras semana, los antidisturbios desahucian familias de sus casas. Todo ello obliga a abordar el debate acerca de la ciudadanía social en las sociedades del siglo XXI. 

Una de las funciones de todo gobierno debe ser garantizar al conjunto de habitantes de su territorio el acceso a la ciudadanía. Pero, ¿qué medidas deben adoptarse para ello? Responder a esta pregunta exige: primero, entender que la ciudadanía es un concepto histórico y dinámico. Las medidas que garantizaban el acceso a la ciudadanía social en 1978 no son las mismas que en 2021. Y, segundo, que si no se toma conciencia de su necesaria reactualización y se legisla para ello, España se convertirá en un país habitado por simples moradores sin derechos o con derechos limitados, pero no por ciudadanos.

1. La ciudadanía como concepto histórico y dinámico. Entendemos por ciudadanía social aquella condición de inclusión de las personas en el seno de un Estado de la que deriva una ampliación de la igualdad social. La ciudadanía es una inclusión igualadora. Ahora bien, en la medida en que las formas de desigualdad son diferentes en cada época de la historia, el eje y condiciones de igualación y, por tanto, de ciudadanización, deben cambiar. La ciudadanía ha sido, siempre, un proceso histórico y cambiante de ampliación de derechos.   

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