eldiario.es

Síguenos:

Boletines

Boletines

Menú

Sebastián Martín

Profesor de historia del derecho de la Universidad de Sevilla. Como investigador me ha guiado la intención de historiar las relaciones de poder y el papel que en ellas desempeñó el derecho y el discurso de los juristas. Entre otros textos, soy autor de "Criminalidad política y peligrosidad social en la España contemporánea" (2009), "El derecho político de la Segunda República" (2011) y "Los juristas en los orígenes de la dictadura" (2014).

  • Reacciones a sus artículos en eldiario.es: 627

La enseñanza política del 15M

La experiencia del 15M fue todo un revulsivo para quienes, nacidos durante la transición, o ya directamente en democracia, carecíamos de toda socialización política más allá de los canales provistos por partidos, sindicatos y asociaciones. Bastaba contemplar en los documentales de rigor el grado de movilización social que había conocido el país durante los años 70 para percatarse de que, salvo episodios aislados de huelga general, llevábamos más de treinta años durmiendo. La tan añorada “modernización” de España había provocado, como su reverso tenebroso, una preocupante despolitización de las capas medias y los sectores populares. Y eso era tanto como decir que al Estado social y democrático que se estaba construyendo, mientras se iban colocando sus pilares jurídicos, institucionales y financieros, se le iba a la vez sustrayendo su propio supuesto político-cultural, el de una ciudadanía activa y organizada celosa de sus derechos.

El 15M demostró que la propia articulación del Estado constitucional –esto es, del Estado organizado democráticamente en función de la defensa y promoción de los derechos individuales y sociales– había ido cultivando sus propias bases de legitimación. Ante el espectáculo de su perversión y desmantelamiento, fueron centenares de miles de personas las que respondieron masivamente en las plazas. El gran mérito, la inequívoca novedad, vino dada por el carácter espontáneo del movimiento, que discurrió desde el comienzo por cauces completamente independientes de los partidos, los sindicatos y otras asociaciones políticas. La ciudadanía se levantaba, sin necesidad de que los actores políticos tradicionales la despertasen, en defensa de lo que entendían el bien político más preciado: una democracia auténtica, no adulterada, que actuase en beneficio de las mayorías sociales.

Seguir leyendo »

Historia y populismo

Entre las urgencias que se comienzan a plantear las posiciones críticas figura la de disputar las representaciones sobre nuestra historia. En el caso de Cataluña, hace ya tiempo que reputados historiadores de sensibilidad progresista decidieron colocar sus conclusiones en el terreno de la sustancialidad nacional, la historia contrafáctica –‘sin Nueva Planta borbónica, Cataluña habría sido la Holanda del Sur’– y la reivindicación política. Algo similar está aconteciendo en otros pueblos de España, necesitados de genealogía patria para fundamentar su sustantividad ante un posible horizonte constituyente en clave confederal. Conscientes de que era un ámbito casi monopolizado por los discursos conservadores, liberales e institucionales, siempre prestos al uso partidario de la historia, estos historiadores nacionalistas de izquierda resolvieron que había que dar la batalla también ahí, a despecho de la historiografía de inspiración marxista, que concebía los relatos nacionalistas como invenciones interesadas de tradición colectiva.

Con ocasión de las celebraciones del 2 de mayo, hemos podido apreciar cómo la estrategia cultural del populismo democrático también reclama un apartado de historia nacional. Siendo su objetivo primordial el de la construcción semántica de nuevas y aglutinantes identidades políticas, y primando en sus concepciones el aspecto mitológico de las colectividades, la importancia de los relatos históricos no podía pasarle desapercibida.

Seguir leyendo »

La República de 1931, ni de izquierdas ni de derechas

Uno de los mayores equívocos en que vive sumida la Segunda República es el de presentarse como régimen de extrema izquierda. Por extensión, una de sus mayores deformaciones es la que explica su génesis y dinámica a través de la bipolaridad izquierda-derecha. Contemplada desde este ángulo, estaríamos ante un sistema político-constitucional marcado por desgarradores extremismos. En esta noción maniquea de la República coinciden colectivos políticamente opuestos: unos la mantienen porque les permite continuar despreciando nuestra primera democracia constitucional, otros, porque consiguen de ese modo patrimonializar la valiosa experiencia republicana.

Las representaciones vulgares siempre contienen aspectos de verdad, justo aquellos que les confieren verosimilitud. Nadie puede negar, en efecto, que la colisión entre las izquierdas obreras y las derechas ligadas a la iglesia y la gran propiedad determinó el curso de la República. Pero ni ese eje absorbió todo su devenir, ni tampoco la definió en tanto que proyecto de modernización del país; sin embargo, continúa imponiéndose, incluso en medios historiográficos, como pantalla a través de la cual se la conoce y enjuicia.

Seguir leyendo »

La indulgencia con el PSOE, ¿toca a su fin?

Poseer la representación hegemónica del campo de la izquierda cuenta con un significado muy preciso. Implica gozar de un beneficio socialmente reconocido, el de señalar los límites de posibilidad a las políticas de transformación igualitaria. Se da por entendido que el partido alfa de las izquierdas llega, en la senda de las reformas de tono socialista, justo hasta el punto donde se puede llegar, más allá del cual aparecen las discordias, el boicot y la confrontación. Todo lo que queda fuera es descalificado como irrealista, o conjurado por encerrar el peligro de una guerra civil.

Es esa la razón por la cual Syriza volvió a ganar las elecciones griegas tras aceptar de nuevo las imposiciones de la Troika. La mayor parte de la sociedad progresista consideró que había llegado hasta el límite que se podía llegar, justo antes de trasponer el umbral que lleva a la autodestrucción. La escisión que proponía desobedecer los mandatos de Bruselas y salir del euro apenas logró un 3%, porque tras sus propuestas se adivinaba el suicidio. Syriza había conquistado así la posición de predominio representativo que había ocupado el PSOK.

Seguir leyendo »

Una segunda 'pinza' ya no cuela

No solo está en juego la titularidad del ejecutivo. También se encuentra en disputa la representación mayoritaria de la izquierda social de este país, según ha mostrado el debate de investidura. Es algo que ya hemos vivido quienes sumamos cierta edad. Ocurrió durante los últimos gobiernos de Felipe González, con la Izquierda Unida liderada por Julio Anguita. Fue el ciclo en el que despertó al uso de la razón política la generación nacida en la Transición. Y constituyó también una fase decisiva en la construcción mediática de insólitas identidades políticas.

El Mundo de Pedro Jota fue entonces capaz de aglutinar a la oposición derechista e izquierdista al felipismo. Firmas como las de Francisco Umbral, Javier Ortiz, Gabriel Albiac, Carlos Boyero o Ignacio Camacho cubrían el flanco de opiniones críticas contra el PSOE formuladas desde la izquierda. El periodismo de investigación de unos jovencísimos Fernando Garea y Juan Carlos Escudier sacaba al gobierno las vergüenzas terroristas y corruptas. La habilidad de aquel proyecto conservador consistió en lograr que una parte considerable de su instrumentalizada ala izquierda se hiciese de derechas, hasta terminar incluso más a la derecha que el propio PP. Abundaron los ejemplos, algunos por haber conquistado en aquel chiringuito un puesto bajo el sol, otros por puro adocenamiento cultural. Y es que hay fidelidades más intensas que la conyugal, y una de ellas, al parecer, se tributa al signo del periódico con el que uno se desayuna.

Seguir leyendo »

Una Constitución obsoleta y pisoteada

España ya no cabe en su Constitución. La crisis económica ha puesto al descubierto muchas de nuestras vergüenzas políticas. Algunas proceden en exclusiva del juego de partidos; otras, en cambio, derivan, por acción u omisión, de nuestro sistema constitucional.

Los diagnósticos a este respecto difieren. Algunos han localizado en la génesis de nuestra democracia las carencias que estaban destinadas a provocar la crisis actual. Según este relato, en aquel momento se formó una Constitución pensada principalmente para restaurar la monarquía, instituir el turnismo bipartidista, conjurar la participación directa del pueblo y resolver la plurinacionalidad a través de la descentralización. Además, se dejaron intactas decisivas estructuras de poder del franquismo, tanto en los aparatos estatales –magistratura, fuerzas de seguridad, ejército, burocracia– como en sectores empresariales, se postergó todo lo social a la posición menos vinculante y se decretó el olvido y la consiguiente impunidad de los crímenes franquistas.

Seguir leyendo »

Cinco lecciones del 27S para la izquierda

1. La izquierda es proclive a la ciclotimia. Al bajón andaluz le sucedió el subidón de las municipales, que está a punto de ser enterrado por las expectativas defraudadas en las catalanas. A estas alturas, convendría remplazar la inestabilidad emocional por ciertas dosis de moderación y escepticismo. Ante todo, debe recordarse que los resultados del 27S no son matemáticamente extrapolables al escenario estatal. Han sido unas elecciones atípicas, presentadas y concebidas como plebiscito, construidas en torno a la disyuntiva sobre la independencia, dilema que ha dividido netamente el campo de la izquierda transformadora en dos bloques: Cat Sí que es Pot y CUP. Para hacerse un cálculo del espacio electoral ocupado en Cataluña por las fuerzas a la izquierda de la socialdemocracia deben sumarse, pues, los resultados alcanzados por ambas formaciones. Unidas, han obtenido un 17% de los votos y 21 escaños. En 2012 obtuvieron un 14% y 16 escaños. Se confirma entonces que el horizonte de las izquierdas continúa ascendiendo, siquiera con lentitud, y acortando distancias con respecto a la socialdemocracia. En la coyuntura actual, por tanto, la izquierda rupturista puede aspirar con realismo a un quinto del electorado en las generales. Su obligación ineludible, su mayor responsabilidad, es optimizar ese factible 20% electoral en una representación parlamentaria equivalente.

2. ¿Cómo lograrlo? Si las europeas mostraron que por separado se sumaba, las municipales evidenciaron que la unidad multiplicaba. ¿Qué permiten ver las catalanas? En primer lugar, desde luego, un premio a la reivindicación sin rodeos de la independencia desde la izquierda anticapitalista. Y, en segundo, un cierto castigo a la posición más centrada de la defensa del derecho a decidir, acompañada del proyecto reformista de un Estado plurinacional. El propio asunto que ha coagulado la contienda electoral, impide entonces la trasposición mecánica de resultados y la formulación categórica de juicios acerca de la eficacia de las apuestas confluyentes. También convierte en simplista y desatinada toda comparación el hecho de que no se haya producido, con la lista propia de las CUP, una unificación completa. Sin embargo, bastará lo sucedido para que el ambiente enrarecido en el que viene desarrollándose el proceso de confluencia se exteriorice. Los partidarios de Podemos afirmarán que solo pueden aspirar al éxito si concurren bajo su nombre y por separado, porque piensan, en un acto de desprecio a la inteligencia del electorado, que sin una papeleta de esas características el votante se pierde. Los integrantes de otras fuerzas, por el contrario, apuntarán que la marca Podemos parece un tanto raída, y puede que ya genere más rechazos que adhesiones. En definitiva, todos verán confirmados en las catalanas sus planteamientos previos sobre la confluencia.

Seguir leyendo »

¡Una cátedra para Marhuenda!

Hubo un ministro en el primer gabinete de Rajoy celebrado por los socialdemócratas más superficiales de este país. Había fundado y presidido Demoscopia, empresa de sondeos de PRISA, y frecuentaba tertulias defendiendo desde el centro las posiciones de esta factoría de hegemonía cultural. “Una cartera de consenso bipartidista”, decían los menos avisados; “su nombramiento evidencia el carácter dialogante de Rajoy, que no es Esperanza Aguirre”, remachaban, concediendo el atributo de la sensatez por el mero hecho de trabajar para los Polanco.

El tal ministro, José Ignacio Wert, terminó, sin embargo, revelándose como el más desastroso responsable de Educación de nuestra historia democrática. El peor, si contemplamos su gestión desde la perspectiva de la educación pública. No hay nivel educativo, de la enseñanza infantil y primaria a la superior, que no haya quedado corrompido y desmejorado tras haber sido tocado por las manos legislativas de su ministerio. Y no crean que se trata de mero sectarismo. El conservadurismo español posee, de hecho, intuiciones e inclinaciones pedagógicas mucho más benéficas para la enseñanza en general que nuestro progresismo, siempre encantado con trasnochadas y estériles teorías posmodernas de reblandecedores resultados para las inteligencias. Sin embargo, su potencial propensión a la enseñanza rigurosa, disciplinada y caudalosa en contenidos se ha visto seriamente contrarrestada por su bochornoso servilismo ante el poder privado, que por necesidad había de trastocar la concepción básica y la organización fundamental de la educación pública.

Seguir leyendo »

¿Hacia una confluencia de corto alcance?

El curso ha comenzado con una rectificación notoria por parte de la dirección de Podemos. Lo que hasta hace pocas semanas parecía un error estratégico abominable, la formación de un Frente de Izquierdas, o una iniciativa despreciable, por Ahora en Común, ha pasado a convertirse en una receta aceptable, lo primero, y en una plataforma imprescindible, la segunda. Los seguidores más incondicionales y acríticos del joven partido, y los que irrumpieron enérgicamente con vivas pretensiones de convertirse en sus intelectuales orgánicos, deben de andar algo extraviados ante este último bandazo, por no hablar de aquellos que dejaron de sentir la llama del «frente amplio» en su interior nada más abandonar Izquierda Unida.

No se conocen los motivos concretos de la rectificación, pues los portavoces de Podemos han vuelto a decantarse por la nociva disociación entre la vida real y la imagen oficial del partido, presentando su estrategia electoral como si no se hubiese alejado un palmo de los planes originarios. El lector de prensa supone, sin embargo, que, ante el descenso sostenido en las encuestas y el endurecimiento de las críticas, el candidato a la Moncloa, al fin y al cabo quien va a poner la cara el 20 de diciembre, ha debido de dar un golpe en la mesa, tomar las riendas y advertir al sector errejonista que esta vez las cosas se van a hacer a su manera. Una manera que todos los que hemos abogado en los últimos meses por la confluencia celebramos, pero que, por lo que van difundiendo los medios, continúa siendo a todas luces insuficiente.

Seguir leyendo »

La dirección de Podemos ya no quiere ganar

La cúpula de Podemos ya no quiere ganar. Desde los comicios andaluces, el mensaje ha sido inequívoco: Podemos, por sí solo, no puede aspirar a obtener la minoría mayoritaria necesaria para liderar el gobierno de este país. Si a cualquier ciudadano raso le resulta evidente esta conclusión, a las mentes despiertas que están al frente de la organización no cabe que le haya pasado inadvertida.

Las razones por las que su crecimiento es estructuralmente limitado son variadas. Una, fundamental, es que la hipótesis discursiva que mantienen resulta del todo insuficiente en una sociedad en la que la producción y distribución del discurso se hallan tan concentradas como la producción y distribución económicas. Por eso, en cuanto Podemos resultó verdaderamente amenazante, bastaron unos pocos titulares insidiosos para que se le cortaran todas las vías de crecimiento por el centro, por los sectores despolitizados y más aún por la derecha. Demasiado pronto se hizo patente que, con el estereotipo fabricado por los medios, no podría llegar a ser un partido transversal, atrapalotodo, capaz de aglutinar apoyos de las más variadas procedencias. Su espacio natural y acotado, como demuestra la trayectoria de sus representantes y la silueta de sus seguidores, es el de la izquierda sociológica de este país.

Seguir leyendo »