Sobre este blog

El caballo de Nietzsche es el espacio en eldiario.es para los derechos animales, permanentemente vulnerados por razón de su especie. Somos la voz de quienes no la tienen y nos comprometemos con su defensa. Porque los animales no humanos no son objetos sino individuos que sienten, como el caballo al que Nietzsche se abrazó llorando.

Editamos Ruth Toledano y Concha López.

Activistas anónimas graban las condiciones en que viven los perros de una rehala de caza en la sierra de Madrid

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El caballo de Nietzsche es el espacio en eldiario.es para los derechos animales, permanentemente vulnerados por razón de su especie. Somos la voz de quienes no la tienen y nos comprometemos con su defensa. Porque los animales no humanos no son objetos sino individuos que sienten, como el caballo al que Nietzsche se abrazó llorando.

Editamos Ruth Toledano y Concha López.

"Puedes oírles ladrar desde lejos: ahí están los perros de los cazadores, bajo chapas de metal, atados con cadenas, aislados en pequeños zulos oscuros y malolientes; invisibles y olvidados por la sociedad; esperando apenas un mendrugo de pan, un rayo de sol o esa carrera letal donde, aunque sea entre gritos y golpes, encontrarán la aprobación del que algún día también se convertirá en su verdugo". Así describe una de las dos activistas anónimas que consiguieron grabar estas imágenes lo que se siente al acercarse al lugar en que fueron tomadas: una de tantas fincas de la sierra de Madrid donde decenas de perros utilizados para cazar son mantenidos en cautiverio. Ella y su compañera acudieron a la zona alertadas por las llamadas vecinales. "Viven hacinados en auténticas chabolas, sin apenas luz, entre hierros oxidados y escombros, encadenados y con pan duro como único alimento", añade la segunda activista, quien también aclara que las personas que las contactaron no se atreven a denunciar la situación por miedo a las represalias de los cazadores.

Si ni su propio entorno se encuentra a salvo de ellos, ¿qué esperanza les queda a aquellos a los que tratan como cosas? A esas máquinas con pelo y patas que, según su visión cruel y opresora, solo sirven para hacer daño a otros seres previa coacción y que, cuando ya no puedan, carecerán de razones para existir. La única salida para el perro de un cazador es que alguien se la juegue por él. Porque para posicionarse en contra de la caza hay que jugársela: la legislación vigente ampara a los que matan animales por diversión y desprotege a las víctimas. En el vídeo, colas de jabalí cuelgan de una alambrada para recordárnoslo: "Los cazadores las usan para adiestrar a los perros. A veces también usan otras partes del cuerpo o las pieles de los animales considerados como presa", explican las activistas.

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