Sobre este blog

No nos gusta la palabra "discapacitado". Preferimos retrón, que recuerda a retarded en inglés, o a "retroceder". La elegimos para hacer énfasis en que nos importa más que nos den lo que nos deben que el nombre con el que nos llamen.

Las noticias sobre retrones no deberían hablar de enfermitos y de rampas, sino de la miseria y la reclusión. Nuria del Saz y Mariano Cuesta, dos retrones con suerte, intentaremos decir las cosas como son, con humor y vigilando los tabúes. Si quieres escribirnos: retronesyhombres@gmail.com

No te excuses en el TDAH

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No nos gusta la palabra "discapacitado". Preferimos retrón, que recuerda a retarded en inglés, o a "retroceder". La elegimos para hacer énfasis en que nos importa más que nos den lo que nos deben que el nombre con el que nos llamen.

Las noticias sobre retrones no deberían hablar de enfermitos y de rampas, sino de la miseria y la reclusión. Nuria del Saz y Mariano Cuesta, dos retrones con suerte, intentaremos decir las cosas como son, con humor y vigilando los tabúes. Si quieres escribirnos: retronesyhombres@gmail.com

Si tienes un trastorno de atención o hiperactividad (TDAH), la habrás sentido caer sobre ti como un proyectil más de una vez. Un proyectil de pacotilla, pero que te ha llenado de frustración. Las personas que tienen TDAH conviven desde pequeños con la incomprensión de cuantos ignoran qué supone tener ese trastorno. Tu cerebro opera distinto y eso condiciona tu experiencia vital. No es porque no seas capaz de funcionar, sino porque no puedes funcionar de la forma que espera la mayoría. Lo has aprendido a base de golpes si eres adulto y apenas has descubierto que todo eso que te ha hecho sentir tonto, inútil, poco hábil, a lo largo de la vida tenía un nombre, pero no era ni vagancia ni caradurismo.

En la consulta del neurólogo lees el informe y un rayo de luz se cierne sobre tu cerebro. El mismo que echa a volar con una enorme creatividad cuando el discurso empieza a tornarse ininteligible para ti, como cuando aquel maestro quería que hicieras un sello con media patata y un cuchillo. Por mucho que el maestro explicaba con palabras lo que había que hacer, tus manos no se ponían en marcha con diligencia. Las instrucciones verbales formaban un galimatías en tu cabeza. En cuanto tu compañero de pupitre empezó a mover el cuchillo diestramente sobre la patata, observaste y ejecutaste el trabajo sin problema.

Cuántas veces entregaste la hoja del examen al profesor pensando que te había salido bien, sin darte cuenta de que por detrás del folio había otras cinco preguntas. No se te ocurría pensarlo. Algo tan tonto ¿verdad? Pero no se te ocurría. Como no se te ocurrió voltear la página ayer en ese examen tan importante. Su nota es muy importante para ti, pero no comprobaste si había más preguntas por detrás. Entregaste la prueba y justo cuando ibas a salir del aula… Una lucecita mental te alertó. Giraste sobre tus puntas y le dijiste al profesor, con más angustia que serenidad, que no habías mirado la parte de atrás. "No te excuses en el TDAH". La frase llegó a tus oídos como una bofetada. Como tantas veces te ha ocurrido.

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