A veces basta con encender la televisión, abrir un periódico o escuchar la radio para darse cuenta de quiénes siguen sin estar. O, peor aún, de cómo están. Las personas con discapacidad aparecen en los medios, sí, pero casi siempre vinculadas a la excepción, al testimonio, a la superación o al problema. Rara vez como expertas, como profesionales, como voces autorizadas que opinan de economía, cultura, ciencia o política. Y, sin embargo, también están ahí. Solo que no siempre se las mira como personas antes que como discapacidad.
Por eso no es la primera, ni tampoco será la última, pero ya venía haciendo falta. Me refiero a la Guía de discapacidad para los medios de comunicación que este final de año ha publicado el Consejo Audiovisual de Andalucía (CAA). La discapacidad necesita ser visible, porque lo que no vemos no existe o acaba por olvidarse. De la discapacidad hay que hablar, debe estar presente, pero hacerlo con propiedad y conocimiento de causa. Para eso sirve una guía como esta, que en realidad es una actualización de la anterior.
A finales de los noventa y principios de los dos mil, los medios de comunicación vivimos un despertar a la realidad de la discapacidad. Me atrevería a decir que se produjo una pequeña edad dorada: por fin, los medios tendían la mano a la discapacidad, la incorporaban a sus contenidos y se ocupaban de darle no solo espacio, sino un tratamiento más acorde con la realidad. Existía una preocupación por poner la comunicación al servicio de las personas con discapacidad. Toda esa conciencia generada en aquellos años ha ido dando frutos, hasta llegar a un punto de cierto estancamiento. Hacía falta una revisión. Tocaba renovar votos.
En esta guía del Consejo Audiovisual andaluz ha participado un equipo asesor integrado no solo por profesionales de la comunicación, sino también por personas con discapacidad, asociaciones y entidades vinculadas a este ámbito. Hablar de discapacidad, pero hacerlo con las personas con discapacidad. Los cambios nunca se producen a la velocidad que nos gustaría o que sería deseable, pero es indudable que hay clichés y estereotipos que hoy resultan ya muy raros en el tratamiento informativo de la discapacidad.
El reto actual quizá ya no sea tanto el lenguaje. El desafío está en algo más profundo: en incluir a las personas con discapacidad en los medios como lo que son, personas que trabajan, que saben, que opinan y que ejercen su profesión. No como una categoría aparte, sino como parte de la normalidad informativa. Una normalidad hacia la que seguimos caminando, aunque todavía queden puertas por abrir.
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