Cómo elegir las fresas, cómo limpiarlas y tres postres para disfrutarlas esta primavera
Las fresas, con su rojo brillante y su perfume reconocible incluso antes de abrir la caja, son una de las señales más fiables de que la primavera está en marcha. Aunque hoy se encuentren en el mercado durante muchos meses, su mejor momento sigue concentrándose entre finales del invierno y comienzos del verano, cuando maduran de forma natural y su sabor se vuelve más intenso.
Elegirlas bien en la frutería, tratarlas con cuidado al llegar a casa y prepararlas sin enmascarar su sabor marca la diferencia entre un postre memorable y un cuenco de fruta mediocre. La fresa es delicada, pero también agradecida si se le presta un poco de atención.
Consumir fresas en temporada sigue siendo la mejor estrategia para disfrutarlas de verdad. En España, su pico de calidad suele situarse aproximadamente entre marzo y julio. En esos meses es más fácil encontrar piezas aromáticas, jugosas y con un equilibrio entre acidez y dulzor. Además, cuando el producto recorre menos kilómetros y se recolecta en su punto, conserva mejor sus vitaminas y antioxidantes, entre ellos la vitamina C, que convierte a esta fruta en una aliada interesante para la dieta primaveral.
Olor y piel
Las fresas de calidad presentan un aspecto vivo y brillante; cuando la piel se ve mate o apagada suele indicar pérdida de frescura. El color también da pistas claras: conviene buscar un rojo uniforme, sin zonas blanquecinas o verdosas cerca del pedúnculo, porque esas partes suelen delatar una recolección prematura y, por tanto, menos dulzor. El rabillo, por su parte, debe estar verde y terso. Si aparece seco o amarronado, probablemente la fruta lleva demasiado tiempo cortada.
Si están excesivamente blandas, con golpes o con zonas oscuras, no mejorarán en casa. A diferencia de otras frutas, no siguen madurando una vez recolectadas, así que lo que compras es prácticamente lo que tendrás en el plato. Un truco sencillo que rara vez falla es acercarlas a la nariz: cuando están en su punto desprenden un aroma dulce y fresco muy característico.
En España predominan los fresones grandes de cultivo, pero las piezas más pequeñas pueden ser igual o incluso más aromáticas. Merece la pena dejarse guiar más por el olor y el aspecto que por el calibre.
La fresa es una fruta frágil y perecedera, así que lo ideal es consumirla en pocos días. Lo mejor es guardarla en la nevera sin lavar, extendida en un recipiente amplio para evitar que se aplaste.
La humedad acelera la aparición de moho, de modo que cualquier fresa dañada debe retirarse cuanto antes para que no estropee al resto. En buenas condiciones y si no están muy maduras, pueden aguantar unos cuatro o cinco días, aunque lo cierto es que rara vez sobreviven tanto tiempo.
Lavar antes de consumir
Las fresas crecen muy cerca del suelo y pueden arrastrar restos de tierra o microorganismos, por lo que conviene limpiarlas bien, pero sin cometer el error de empaparlas antes de tiempo. La regla básica es sencilla: se lavan justo antes de consumirlas y siempre con el rabillo puesto para evitar que absorban agua por el interior.
El método más recomendado combina agua y vinagre en una proporción aproximada de tres partes de agua por una de vinagre. Se sumergen unos minutos, se aclaran después con agua fría y se secan cuidadosamente con papel de cocina o un paño limpio. Este paso es más importante de lo que parece, porque la humedad residual acelera su deterioro. Solo cuando están secas conviene retirar el pedúnculo y prepararlas como se desee.
Recetas con fresas para aprovechar su mejor momento
Con buenas fresas entre manos, la mejor estrategia culinaria suele ser la más sencilla. Su sabor agradece las elaboraciones poco invasivas y los contrastes suaves. La primavera, además, invita a postres frescos, rápidos y poco pesados. Estas tres ideas funcionan especialmente bien cuando la fruta está en su mejor momento:
Fresas maceradas
Pocas cosas hay más eficaces que la maceración para potenciar el sabor de la fresa. Basta con lavarlas, cortarlas en cuartos y mezclarlas con el azúcar y, si apetece, un poco de zumo de cítrico. Tras media hora de reposo en frío, la fruta suelta sus jugos y se forma un sirope natural que concentra todo el aroma. Se pueden servir solas, con yogur natural o acompañadas de un poco de nata montada.
Ingredientes
- 500 gramos de fresas
- Una o dos cucharadas de azúcar o miel
- Un chorrito de zumo de naranja o limón (opcional)
Vasitos de fresas con yogur griego
Este postre funciona especialmente bien cuando se quiere algo rápido pero vistoso. Con las fresas ya limpias y troceadas, solo hay que mezclar el yogur con la miel y montar capas en un vaso transparente alternando galleta, crema y fruta. El contraste entre la acidez de la fresa y la cremosidad del yogur resulta especialmente equilibrado, y además se prepara en apenas unos minutos.
Ingredientes
- 400 gramos de fresas
- Dos yogures griegos naturales
- Dos cucharadas de miel
- Un puñado de galletas trituradas o granola
Tarta fría de fresas sin horno
Para quienes quieren lucirse un poco más sin encender el horno, esta tarta fría es una apuesta segura. La base se prepara mezclando galletas trituradas con mantequilla fundida y presionando la mezcla en un molde antes de enfriar. El relleno combina queso crema con nata montada y azúcar glas, al que se incorpora la gelatina previamente hidratada y disuelta. Tras verter la crema sobre la base, solo queda decorar con fresas laminadas y dejar que la nevera haga su trabajo durante unas horas. El resultado es un postre fresco, cremoso y muy primaveral.
Ingredientes
- 300 gramos de fresas
- 200 gramos de galletas tipo digestivas
- 80 gramos de mantequilla
- 250 gramos de queso crema
- 200 ml de nata para montar
- 80 gramos de azúcar glas
- Cuatro hojas de gelatina
Las fresas de temporada, bien elegidas y tratadas con cuidado, necesitan poco más que un lavado correcto y un acompañamiento discreto para brillar. Pocas frutas ofrecen tanto con tan poco esfuerzo.
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