La planta 22 del Gómez Ulla: una unidad de “alto nivel” contra el hantavirus
Casi un año después de que España fuera declarada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como libre de ébola tras la crisis que en 2014 sacudió al país, terminaban las obras de la planta 22 del Hospital Militar Gómez Ulla de Madrid. El centro, dependiente del Ministerio de Defensa, ya había decidido antes reformar su unidad de enfermedades infecciosas, pero la repatriación de un misionero español con ébola —al que no pudo atender— y el posterior contagio de una auxiliar de enfermería impulsaron la decisión de afrontar un proyecto de mayor envergadura: el Gómez Ulla se convertiría así en el hospital de referencia para tratar enfermedades infecciosas de alto riesgo.
En octubre de 2015 la entonces vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría (PP) inauguraba la nueva Unidad de Aislamiento y Tratamiento de Alto Nivel (UATAN) del hospital. Unas siglas que han sonado mucho estos días a cuenta del barco afectado por el brote de hantavirus, que ha desembarcado en Canarias este domingo. Los 14 españoles que viajaban a bordo han sido trasladados al centro sanitario madrileño para hacer una cuarentena cuya fecha de fin aún está abierta. Según ha detallado Sanidad, la pasarán en habitaciones individuales y sin vistas. En el caso de que alguno tenga síntomas, será aislado, y si es positivo, pasará a ser ingresado en la UATAN.
Voces expertas en epidemiología y salud pública apuntan a que España cuenta con los medios para afrontar la situación y señalan en especial a este tipo de unidades, que forman parte de una red distribuida en varias comunidades autónomas: la del Gómez Ulla cuenta con siete camas, siendo el hospital con más plazas de todo el sistema. Pero hay otros hospitales en España con unidades de alto nivel y, según ha informado el Ministerio de Sanidad, para este caso hay 16 camas disponibles si fuera necesario. Una está en Tenerife, donde se ha producido la evacuación.
Aunque la transmisión entre humanos no es sencilla y la posibilidad de estar ante un problema expansivo de gran calado es lejana, el hantavirus forma parte de las enfermedades respiratorias emergentes susceptibles de ser atendidas en una de estas unidades. Por eso, si entre los españoles evacuados —a los que se hará una PCR al llegar y otra a los siete días— hay algún caso confirmado en algún momento, será trasladado a una de estas habitaciones que permiten un aislamiento muy estricto ante “enfermedades infecciosas de alto riesgo”, las llamadas EIAR.
El objetivo es controlarlas, atender a los pacientes y proteger al personal sanitario, que sigue en ellas estrictas normas de manejo y seguridad. “Estas unidades son el más alto nivel de aislamiento del sistema sanitario español y fueron puestas en marcha a raíz del ébola en 2014. Están concebidas, tanto arquitectónica como tecnológicamente o a nivel de personal, para ser algo así como un búnker sanitario en el que nada de lo que hay ahí dentro, salga fuera”, explica Paloma Navas, médica especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública y profesora de la Universidad Francisco de Vitoria.
La del Gómez Ulla ya se ha usado en otras ocasiones para acoger personas enfermas o sospechosas, como fue el caso de la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo tanto en 2016 como el año pasado. Su personal, además, atendió a los españoles repatriados desde Wuhan en 2020 a consecuencia del coronavirus. Otras fiebres hemorrágicas que pueden importarse, enfermedades respiratorias “emergentes” o los agentes NRBQ (nucleares, radiológicos, biológicos o químicos) son considerados de alto riesgo y deben ser atendidos en estas instalaciones.
Pello Latasa, vicepresidente de la Sociedad Española de Epidemiología, señala que el hantavirus entra en este grupo porque aunque no se transmite con facilidad, cuando lo hace “tiene un impacto elevado” en términos de mortalidad. Las personas que serán trasladadas a Madrid no tienen síntomas y “no hay evidencias” de que el hantavirus se pueda transmitir en fase asintomática, apunta Latasa, pero la decisión del aislamiento y vigilancia en el Gómez Ulla responde “a una mezcla de factores” no solo técnicos o clínicos, también de “sensibilidad social”, cree.
El epidemiólogo señala que en este tipo de casos en los que hay un alto impacto mediático y social, lo adecuado desde el punto de vista de la salud pública “no es solo gestionar la enfermedad en sí”, sino también “el miedo o la percepción del riesgo”. “Con el nivel de alerta que hay, ser extracautos no está de más”, añade. Habitualmente, lo que se hace en estos casos en los que se ha estado en contacto con un contagiado es un seguimiento que puede ser activo, con llamadas diarias de los profesionales sanitarios, o pasivo, en el que se le indica a la persona que se tome la temperatura y avise de cualquier cambio.
Paloma Navas coincide en que aplicar el “mecanismo de precaución” es lo acertado en un caso como este. “El contagio de persona a persona no es fácil, pero el hantavirus puede provocar una afectación pulmonar grave que requiera de intervenciones complejas”, sostiene la experta, que apunta a cómo la UATAN del Gómez Ulla está “preparada para atender todo el abanico” en el que puede derivar la infección. El hospital del Ministerio de Defensa suele “centralizar este tipo de situaciones”, es el que tiene “una mayor infraestructura” y cuenta con un personal que “tiene la formación necesaria” para ello. “No interesa que estas 14 personas estén dispersas por el territorio español o que no estén bajo control”, opina.
Aún se desconoce cuánto tiempo deberán estar ingresadas en el Gómez Ulla y, según ha afirmado el Ministerio de Sanidad, ninguna se niega a hacerlo. En principio, seguirán una cuarentena “muy estricta” durante al menos siete días. A partir de ahí, los pasos a seguir dependerán de la fecha en la que epidemiológicamente se fije el último contacto con caso confirmado —el 28 o el 30 de abril— y también de la evolución del resto de pasajeros. En cualquier escenario, habrá una “reevaluación” de la situación llegado el momento, afirmó este viernes el Secretario de Estado de Sanidad, Javier Padilla. El periodo de incubación del hantavirus es de unos 45 días.
Control y desinfección
Toda la planta de alto riesgo del Gómez Ulla dispuesta por si hay un positivo está sometida a control de entradas y salidas y movimiento de personal y pacientes desde una sala de vigilancia continua en la que se controlan también las aperturas de puertas, que están automatizadas. Cada habitación cuenta con esclusas para permitir la desinfección antes de salir a las zonas de uso común: tras estar en la habitación, el profesional deberá pasar a la esclusa de sucios, que cuenta con lavabo y ducha, y después a la de limpios ya sin Equipo de Protección Individual (EPI). Antes de salir de la habitación, pasará por una “estación de descontaminación”.
Latasa explica que las habitaciones de estas unidades cuentan con sistemas de presión negativa que funcionan con una ventilación especial de forma que el aire se introduce en la habitación y lo filtra antes de salir. Este aire 'limpio' que entra del exterior evita que el posiblemente contaminado salga hacia afuera dificultando así la propagación. También la UATAN cuenta un sistema especial de residuos que los someten a procesos de esterilización. “Cuando usan el cuarto de baño, no van al circuito de alcantarillado normal, sino a una unidad de tratamiento específico”, apunta Navas.
Los EPIs son también específicos, de cuerpo completo y a veces “autoventilados”, mientras que los profesionales reciben “formación especializada”. “Son unidades complejas que requieren mucha coordinación dentro del hospital”, explica el Latasa. La del Gómez Ulla dispone de la posibilidad de entrada directa evitando su paso por Urgencias y un ascensor de uso exclusivo, además de contar con una altura que la distancia de edificios residenciales cercanos. La 22 es la última planta del centro, que da acceso a la azotea en la que está instalado el helipuerto.
Según contó el propio hospital al ser inaugurado, a las habitaciones entran dos profesionales: uno vestido de amarillo que está en contacto con el paciente o sospechoso y otro de blanco, que hará de “observador” y ayuda al primero después a retirarle el EPI. La unidad cuenta con un equipo multidisciplinar de unos 70 profesionales y tiene un laboratorio BLS-III integrado, lo que minimiza el riesgo al permitir el análisis de muestras sin la necesidad de salir. Según explicó el teniente coronel médico Javier Membrillo, jefe de la unidad, en una entrevista con Consalud.es, el centro debe siempre estar listo para recibir a un paciente en máximo 6 horas.
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