Sobre este blog

El Ojo izquierdo nació en El País en 2010 y prolongó su vida durante diez años en la cadena SER, con vivienda propia en el Programa Hoy por Hoy, primero con Carles Francino, después con Pepa Bueno y finalmente con Àngels Barceló.

Ahora se instala con comodidad en elDiario.es, donde es de esperar que se mantenga incólume la aviesa mirada de su autor, José María Izquierdo.

Erre que erre en el error

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El Ojo izquierdo nació en El País en 2010 y prolongó su vida durante diez años en la cadena SER, con vivienda propia en el Programa Hoy por Hoy, primero con Carles Francino, después con Pepa Bueno y finalmente con Àngels Barceló.

Ahora se instala con comodidad en elDiario.es, donde es de esperar que se mantenga incólume la aviesa mirada de su autor, José María Izquierdo.

Errar es de humanos, cierto, pero empecinarse en el error es la marca de la arrogancia y demuestra que las personas que así actúan carecen de una extraordinaria y útil virtud: la humildad.  Engreídas y altivas, se creen portadoras de la única verdad posible y no admiten, sectarias como son, que nadie ose poner en duda sus designios. Qué fácil hubiera sido, cuando alguien avisó sobre los complicaciones técnicas y los aspectos peligrosos de la ley del sí es sí o, al menos, cuando surgió el primer problema con la rebaja de alguna condena, aplicar aquello tan práctico y reconocido socialmente de rectificar es de sabios. Pues no. El Ministerio de Igualdad, acompañado por todo el Gobierno, se empeñó en no mover un dedo y ya suman más de 200 las rebajas de condena a agresores sexuales. ¿Son machistas los jueces, según aseguran las promotoras de la ley? Pues razón de más para que ese texto legal no fuera arrojado a la arena del circo a cara descubierta. La ley tenía que haber salido con un blindaje, cuando menos, equivalente al de los vehículos que utilizan los miembros del Gobierno. ¿No tenía esa norma, como ellas mismas dijeron, y siguen diciendo, que enfrentarse a tantos enemigos de las mujeres? Protección, protección, protección. Y ni un solo hueco por donde pudieran entrar los adalides togados más reaccionarios. Se equivocaron en el texto, primero, y se empeñaron en despreciar las evidencias de los fallos después. 

Es en verdad inexplicable que tanto experto como hay en el Gobierno, y muchos de ellos con magnífico olfato, no fueran capaces de advertir que un error de este tipo, con resultados de una gravedad evidente, iba a servir a la oposición y a la prensa de la caverna para poner en marcha una campaña feroz. Y lo que es peor, que iba a calar en la llamada sociedad civil, donde los políticos se juegan los cuartos. Y los votos. La reforma hay que hacerla sin tardar ni un minuto, acuerden PSOE y Podemos lo que gusten, sin disculpas de mal pagador. Sería todo un detalle, además, que los afeites necesarios en la ley vinieran acompañados de alguna que otra dimisión, un verbigracia la de aquella secretaria de Estado tan extemporáneamente reidora. 

Y aprovechando esta rebaja de humos, esta benéfica cura de humildad, sería muy oportuno que el experimento de unidad de toda la izquierda más allá del PSOE que se prepara en la localidad madrileña de Rivas, 90.000 habitantes, se convirtiera en el comienzo de una decisión global que puede resultar clave para las elecciones de mayo, primero, y de noviembre, después. Allí, a menos de veinte kilómetros de la capital del reino, IU, Más Madrid, Podemos y Equo están negociando, entre algodones, no vaya a ser que alguno de ellos se enfade, una candidatura única que podría agruparse bajo el paraguas de Sumar, la plataforma que ha anunciado, pero nunca del todo descubierto, la vicepresidenta Yolanda Díaz. ¿Será posible que finalmente se consiga tan esperanzador movimiento de unidad? Porque todo el mundo sabe, los integrantes de todos esos grupos mejor que nadie, que los votantes y la ley d’Hondt penalizan de forma terrible a las minorías. La consigna, pues, debería ser simple y sencilla: que no se pierda ni un solo voto de izquierdas. 

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