Arqueólogos desarrollan una técnica para documentar yacimientos en la “franja blanca” entre tierra y agua

Vista aérea del crannog de Loch Bhorgastail, que ilustra el contexto del lugar y la interfaz tierra-agua en la que se aplican métodos de prospección terrestres y subacuáticos integrados.

Ada Sanuy

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Los arqueólogos llevan años enfrentándose a un problema técnico que aparece justo en la frontera entre la tierra y el agua. Las herramientas habituales de prospección terrestre dejan de funcionar al llegar a la orilla, mientras que muchos sistemas utilizados bajo el agua pierden precisión en profundidades inferiores a un metro. Un nuevo estudio desarrollado en Escocia propone ahora un método para documentar con alta precisión estos entornos de aguas extremadamente someras, una zona que los investigadores describen como una “franja blanca” por la ausencia de registros continuos y por las dificultades metodológicas para obtener datos en ese espacio intermedio.

La investigación, publicada en la revista Advances in Archaeological Practice, presenta un sistema de fotogrametría diseñado para registrar y reconstruir yacimientos arqueológicos situados en lagos, costas y márgenes fluviales donde las técnicas convencionales encuentran importantes limitaciones. El trabajo se ha desarrollado a partir de una década de excavaciones y prospecciones en unas islas artificiales construidas entre el Neolítico y la Edad Media en lagos de Escocia e Irlanda.

El problema de la “franja blanca”

Según los autores, estas zonas han desempeñado un papel central en la historia humana, pero siguen siendo especialmente difíciles de estudiar por la combinación de agua, sedimentos, vegetación y distorsiones ópticas. En aguas poco profundas, incluso pequeñas ondulaciones o cambios de luz pueden alterar las imágenes y dificultar la reconstrucción precisa del terreno. A esto se suma que las señales GNSS —empleadas en sistemas de posicionamiento— no penetran bajo el agua, lo que complica integrar los registros submarinos con los terrestres y mantener una georreferenciación precisa entre ambos entornos.

Para superar estas limitaciones, el equipo desarrolló un flujo de trabajo que combina fotogrametría estereoscópica, cámaras GoPro montadas sobre una estructura fija y puntos de control georreferenciados mediante sistemas RTK-GNSS. El sistema permite generar modelos tridimensionales de alta resolución tanto dentro como fuera del agua e integrar los distintos conjuntos de datos en reconstrucciones espaciales coordinadas del yacimiento, aunque los propios investigadores reconocen que todavía persisten ciertas limitaciones en la integración completa entre entornos terrestres y subacuáticos.

Ejemplos de desafíos para la alineación de imágenes en aguas poco profundas: (A) sedimentos homogéneos de grano fino en el lecho del lago con textura limitada; (B) superficies homogéneas parcialmente oscurecidas por vegetación y sedimentación; (C) vegetación densa con movimiento significativo, que impide una reconstrucción fiable; (D) cáusticas de aguas poco profundas que producen patrones de iluminación dinámicos que alteran la consistencia de la imagen.

El caso de estudio en un crannog neolítico escocés

El caso de estudio principal fue el crannog neolítico de Loch Bhorgastail, en la isla escocesa de Lewis. Allí, los investigadores aplicaron el método para registrar estructuras sumergidas y áreas excavadas en condiciones especialmente complejas. Las imágenes obtenidas permitieron reconstruir depósitos sedimentarios, plataformas de madera neolíticas y elementos de piedra tanto emergidos como sumergidos, generando modelos digitales, ortomosaicos y perfiles estratigráficos con un nivel de precisión y detalle comparable al alcanzado en otros sistemas de documentación arqueológica terrestre de alta resolución.

El estudio sostiene que uno de los principales avances del sistema es su capacidad para mantener una elevada precisión interna incluso en entornos visualmente inestables. Los resultados obtenidos muestran márgenes de error de apenas unos milímetros en la estructura interna de los modelos y desviaciones georreferenciadas que, aunque mayores, se mantienen dentro de rangos compatibles con estándares arqueológicos de alta precisión. Los investigadores destacan además que el método logró mantener niveles elevados de repetibilidad incluso bajo condiciones ambientales variables.

La extensión total del sitio se reveló mediante fotogrametría integrada con UAS, estereofotogrametría subacuática y estudios con ecosonda de doble frecuencia. Las áreas sombreadas indican porciones de la zona blanca donde la cobertura de datos es incompleta en comparación con las áreas que se integraron con éxito dentro del área de estudio.

Reconstrucciones 3D para investigación y divulgación

Además de su utilidad científica, el método permite generar representaciones tridimensionales pensadas para divulgación y visualización pública. Los investigadores utilizaron los modelos para crear reconstrucciones integradas del paisaje acuático y del yacimiento, facilitando tanto el análisis arqueológico como la producción de materiales interactivos destinados a exposiciones y proyectos de difusión. El trabajo también señala que los modelos obtenidos pueden utilizarse para crear representaciones ligeras y visualmente accesibles destinadas a iniciativas de divulgación y participación pública.

Los autores consideran que este enfoque puede ayudar a reducir la brecha metodológica existente entre la arqueología terrestre y la subacuática. Aunque reconocen que siguen existiendo dificultades derivadas de la vegetación, la turbidez, las distorsiones ópticas o la integración completa de modelos capturados en distintos entornos, sostienen que el sistema ofrece un método accesible, reproducible y adaptable para documentar espacios situados en el límite entre tierra y agua. Según concluyen, este tipo de herramientas puede facilitar reconstrucciones espaciales más continuas y precisas en zonas donde tradicionalmente han existido importantes vacíos de información arqueológica.

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