Descubren en Roma un manuscrito del siglo IX con una versión inédita de uno de los primeros poemas en inglés
Un manuscrito medieval cuya existencia había sido durante décadas dudosa ha resultado contener una de las versiones más antiguas conocidas de uno de los textos fundacionales de la literatura inglesa. Un estudio reciente, publicado en La Inglaterra medieval temprana y sus vecinos (2026), describe en detalle este códice del siglo IX conservado en Roma, que incluye una copia de Caedmon’s Hymn, considerado uno de los primeros poemas en inglés antiguo, y obliga a revisar tanto su transmisión como su cronología.
El manuscrito, identificado como Vitt. Em. 1452 y conservado hoy en la Biblioteca Nazionale Centrale de Roma, fue copiado en el primer tercio del siglo IX en el monasterio de Nonantola, en el norte de Italia. Se trata de una copia de la Historia ecclesiastica gentis Anglorum de Beda, una de las obras clave para entender la Inglaterra altomedieval, lo que ya de por sí lo sitúa entre los testimonios más tempranos de su difusión en el continente europeo.
Lo más destacado del texto
Sin embargo, el interés principal del códice radica en un detalle que había pasado desapercibido durante décadas: contiene una versión en inglés antiguo del himno de Caedmon. Según el estudio, esta copia sería la tercera más antigua conservada, solo por detrás de los llamados manuscritos de Moore y Leningrado, y constituye además el testimonio más antiguo de una variante concreta del texto, conocida como la “recensión eordu”.
La relevancia de este hallazgo es doble. Por un lado, adelanta en más de tres siglos la fecha conocida para esta versión del poema, ya que hasta ahora el manuscrito más antiguo que la contenía databa del siglo XII. Por otro, demuestra que esta variante ya circulaba en el siglo IX, lo que abre la puerta a reconsiderar cuál pudo ser la forma original del himno.
El poema aparece integrado dentro del texto latino de Beda, sin indicios de que el copista lo percibiera como un elemento ajeno. En concreto, se inserta en el libro IV de la obra, entre la introducción latina al himno y su paráfrasis, lo que sugiere que la inclusión de textos vernáculos en manuscritos latinos pudo ser más temprana y habitual de lo que se pensaba hasta ahora.
Qué indica la investigación realizada
El análisis filológico indica que el texto conserva rasgos lingüísticos muy antiguos del inglés del norte, especialmente del área de Northumbria (lo que hoy en día es aproximadamente Yorkshire), aunque también presenta indicios de transmisión posterior en regiones más meridionales, posiblemente en Mercia (actualmente el centro de Inglaterra). Esta combinación sugiere una historia textual compleja, con varias fases de copia y adaptación antes de su llegada al continente europeo.
Además del contenido, el manuscrito destaca por sus características materiales. Fue producido por varios escribas y presenta rasgos típicos del scriptorium de Nonantola (un centro destacado de formación de escritura precarolingia), como el uso de determinadas ligaduras, iniciales decoradas y una escritura que combina tradiciones locales con influencias insulares. Estas características permiten situarlo con bastante precisión en su contexto de producción y relacionarlo con redes culturales entre Inglaterra e Italia en época carolingia.
Otro de los aspectos más singulares es su sistema de puntuación. A diferencia de otros manuscritos en inglés antiguo, este utiliza puntos intermedios para separar palabras, una práctica extremadamente rara en este tipo de textos y que podría derivar de tradiciones gráficas distintas, quizá vinculadas a inscripciones o modelos educativos.
Gracias a la tecnología se puede ubicar cronológicamente
La historia del propio manuscrito es también compleja. Tras permanecer siglos en Nonantola, pasó por distintas bibliotecas y colecciones privadas, fue parcialmente fragmentado y llegó a darse por perdido en la investigación académica. No fue hasta fechas recientes cuando se digitalizó y se estudió en profundidad, lo que ha permitido identificar su verdadero valor y situarlo en el lugar que le corresponde dentro de la tradición textual medieval.
En conjunto, el hallazgo no solo aporta un nuevo testimonio de uno de los primeros poemas en inglés, sino que también obliga a replantear aspectos clave sobre la transmisión de los textos en la Edad Media. Como subrayan los autores, descubrimientos como este muestran que el panorama de la cultura escrita medieval sigue siendo incompleto y que nuevas evidencias pueden modificar de forma sustancial lo que se creía establecido.
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