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Antón Losada

Soy mariñano de A Mariña do Lugo. Autor de "Piratas de lo Público". Profesor titular de ciencia política de la USC, doctor europeo en derecho, máster en gestión pública por la UAB. Ex secretario general de la vicepresidencia de la Xunta y exsecretario xeral de relacións intitucionais. Comentarista y analista en la Ser y Cuatro y El Periódico. Antes en TVE, TVG, y El País. Fui director general de Radiovoz y adjunto al consejero delegado de La Voz de Galicia.

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Competencia incompetente

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia ha hablado. Según su docto parecer, la regulación de las viviendas de uso turístico en España solo afronta un peligro inminente: el regulador. Todo lo demás es el sueño más húmedo de Adam Smith. Airbnb y demás no solo han revivificado el centro de nuestras ciudades, además han aumentado la competencia, bajado los precios y elevado la calidad de los alojamientos. La CNMC no ha hallado "evidencia empírica" de que se hayan generado los supuestos efectos perversos denunciados por, evidentemente, los enemigos del mercado y del progreso. Ni han aumentado los precios, ni se ha expulsado a inquilinos regulares, ni se han masificado el ruido y la explotación de los centros de las ciudades. Exactamente los argumentos del lobby de Airbnb en Bruselas.

El resultado de tanta libertad está siendo un "empoderamiento" del consumidor que, ahora, por desgracia, ayuntamientos como Barcelona, Madrid, Bilbao o San Sebastián ponen en peligro con regulaciones y ordenanzas que "no superan el test de proporcionalidad y necesidad", al ponerse a regular detalles sin importancia como establecer un límite a las licencias turísticas, o incluso exigirlas, ordenar por zonas las ciudades, limitar la estancia, exigir tamaños mínimos en pisos y habitaciones o limitar los precios.

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17A: In memoriam

Pocas cosas más ridículas y deprimentes que ver cómo, lo que tenía que ser un homenaje a las víctimas de los atentados de agosto en Barcelona, se ha ido convirtiendo en un reality donde apenas se habla de los protagonistas. Sólo se discute y polemiza de la manera más burda y ramplona sobre la actitudes y los gestos de una colección de personajes secundarios que no deberían tener importancia porque carecen de ella. Los únicos realmente importantes son todas las víctimas de agosto y sus familias, el recuerdo y el consuelo que merecen.

Felipe VI, Pedro Sánchez, Ada Colau, Quim Torra, Pablo Casado o Albert Rivera sólo son figurantes, actores secundarios en un drama que únicamente desde la insensibilidad y la absoluta falta de empatía pueden intentar protagonizar de una manera tan burda y desconsiderada.

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Cosas que decir de la inmigración

No existe ninguna crisis migratoria en España. Tampoco en Europa. De hecho, el número de migrantes no deja de caer desde 2016. Al final de 2018 los migrantes que intentarán entrar a España por el Mediterráneo no llenarán ni la mitad del aforo del Santiago Bernabéu. Tampoco es cierto que haya millones de africanos rumbo a nuestras costas o decenas de miles acampados a las puertas de Ceuta y Melilla.

Tampoco estamos ante un problema de inmigración. Los extranjeros apenas llegan al 11% de la población española total. Antes, al contrario, nuestro problema sería en todo caso que necesitamos más gente de fuera para mejorar nuestro sistema productivo, nuestra economía y nuestro mercado laboral, para sostener nuestro estado del bienestar y sus pensiones o para equilibrar la demografía.

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Lo de Casado también es corrupción

El caso Gürtel acompañó a Mariano Rajoy casi toda su presidencia y al nuevo presidente del Partido Popular, Pablo Casado, le persigue un caso que ya lleva por derecho propio su nombre: el 'caso Casado'; es un avance, no se puede negar. Aquellos escépticos que aún puedan buscar la prueba del nueve de la renovación popular, ahí tienen una evidencia incontestable. En el nuevo PP la corrupción ya no se hereda, ahora vendría de serie y con nombre propio.

Al secretario general del nuevo PP, Teodoro García Egea le parece "un poco fuerte" que a Casado le vayan a "corregir los deberes de sexto de EGB". A alguno, en cambio, puede que le parezca "un poco como muy súper raro" que, el mismo líder popular que se dio tanta prisa en enseñar sus trabajos a la prensa, aunque fuera en modo "se mira pero no se toca ni se lee", para dejar claro que no era un desahogado como Cristina Cifuentes, ahora tenga tantos reparos y problemas para ponerlos a disposición del respetable y poder comprobar así su veracidad y autenticidad, no su altura científica que, por supuesto, damos por descontada. Seguro que en el mundo del derecho autonómico y local hay un antes y un después de los trabajos de Pablo Casado.

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El verano del amor

Puede que el presidente Sánchez tenga razón y estemos ante un “cambio de época” y los españoles hoy se reconocen en su gobierno, pero algo me dice que este no va a ser, precisamente, el verano del amor. Las buenas intenciones de la rueda de prensa presidencial que da paso a las vacaciones van camino de estrellarse contra una tremebunda ola de calor político.

Pablo Casado y Albert Rivera se han lanzado a la carretera a la reconquista de España. Allá donde allá un guardia civil que abrazar, un turista que defender frente a los manteros, los taxistas y Ada Colau o un lazo amarillo que descolgar para decir No al supremacismo, al fascismo y todas las cosas malas que acaban en “ismo”, estarán ellos firmes y en acción, como Roberto Alcázar y Pedrín, pero disputándose aun ferozmente quién encarna al aguerrido aventurero y quién al entusiasta acólito adolescente.

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Siga a ese taxi

Han tenido que bloquear los taxistas los centros de las grandes ciudades y ha tenido que ponerse a regular el mercado el ayuntamiento de Barcelona para que emergieran, con toda su crudeza, algunas de las contradicciones económicas de nuestro modelo de vida que sabemos que están ahí pero que la mayoría preferimos ignorar; como cuando adquirimos ropa de moda barata fingiendo que no sabemos de dónde salen esos precios tan fantásticos.

De repente, la prestación de un servicio y la explotación de un negocio se han convertido en una película de buenos y malos. Los taxistas son los privilegiados que deben ser derrocados, multinacionales como Uber o Cabify encarnan a los paladines del tiranizado consumidor que lo están logrando y al Estado se le reserva, como mucho, el papel de oyente bienintencionado. Si vas con los taxistas eres un antiguo y si vas con los VTC puedes acabar saliendo en un episodio de Black Mirror.

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Viviendo al límite

A mediados de mayo, cuando Mariano Rajoy lograba aprobar sus presupuestos y cerrar el apoyo del PNV, Ciudadanos deslumbraba en las encuestas y PSOE y Podemos se repartían las sobras del desgaste popular, la mayoría dábamos por hecho que se completaría la legislatura porque no daban las cuentas para sumar una mayoría alternativa a los populares.

A principio de junio, cuando Pedro Sánchez sacaba adelante su moción de censura y presentaba un gobierno recibido en los medios como si fuera el reparto de Los Vengadores 4, Albert Rivera desaparecía del mapa mediático, los populares se apuntaban a las primarias como si fuera la excursión de fin de curso del Marianismo y Podemos parecía el colega enrollado de una road movie, la mayoría dábamos por hecho que podría aguantar al menos hasta principios de 2020 porque la crisis del PP iba para largo.

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Los problemas crecen, Pedro

Hace apenas dos semanas el principal problema de Pedro Sánchez y su gobierno lo constituían las fotos que se colgaban en su cuenta de twitter. Hoy, tras la elección de Pablo Casado como nuevo líder popular y el triunfo de Carles Puigdemont en la asamblea del PDeCAT, el mes y medio de ficción que le ha permitido gobernar como si tuviera mayoría en la cámara y la oposición ya se hubiera ido de vacaciones ha terminado de repente y, como cuentan que acontece con los hijos, los problemas se han hecho mayores casi sin darse cuenta.

El esperpéntico proceso de negociación y el estruendoso batacazo que supuso el fiasco de la renovación por decreto del consejo de RTVE fue el primer aviso, salvado in extremis con la designación de alguien tan difícil de contestar como Rosa María Mateo. Pero la duda que planeó sobre toda la moción de censura había vuelto con fuerza y de manera inesperada: estaba claro que había mayoría para echar a Mariano Rajoy pero no resulta tan obvio ni seguro que la haya para gobernar y completar la legislatura.

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El marianismo se acaba con Mariano

Al final, este mítico 19 Congreso extraordinario popular se redujo a un dilema más sencillo y básico de cuánto todos preveíamos. Apuntarse a la tesis maríanista de que lo importante se había hecho bien y la presencia de Pedro Sanchez en la Moncloa era un accidente, o enrolarse en la ilusión de que los votos se les habían ido por blandos y volverán cuando se recupere la pureza ideológica popular. Se impuso con claridad indiscutible la vuelta a las esencias de un Partido Popular que, históricamente, solo ha llegado a la mayoría absoluta cuando se ha apartado de ellas.

Si alguno tenía alguna duda, seguramente se le despejó al comparar la pieza magistral impartida por Mariano Rajoy la víspera y el manual sobre cómo arruinar un buen discurso aportado por Soraya en su intervención. Igual que no puede haber franquismo sin Franco, ni castrismo sin Castro, ni fraguismo sin Fraga, ni estalinismo sin Stalin, no podía haber marianismo sin Mariano, han decidido los compromisarios con lógica aplastante. Lo más paradójico es que no les resulte contradictoria esta fe renovada en un aznarismo sin Aznar.

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Hay que arreglar esto Mariano... O no

Llevamos ya demasiado tiempo enterrando a Mariano Rajoy. Empieza a quedar más largo que la exhumación de los restos de Franco, que cuanto más dice el gobierno que va para ya y es inminente, más parece que se retrasa. Deberíamos empezar a asumir con normalidad que Mariano ya no está, por muy fácil que siga resultando culparle de todo.

Primero molestó que se fuera a Santa Pola en vez de andar macarreando su sucesión con un cuaderno de colores, o que renunciara al aforamiento después de que tanto justiciero de las ondas pronosticase que no lo haría por puro miedo. Después irritaba que, efectivamente, se hubiera ido a Santa Pola y se mantuviese tan neutral que ni siquiera acudió a votar en el simulacro de primarias abiertas a los militantes, para acabar eligiendo al líder como se ha hecho siempre en los partidos de orden: en un congreso petado por el aparato. Ahora parece que escuece que, discretamente, haya efectuado unas cuantas llamadas telefónicas para animar a la unidad y para defenderse de la moción de censura al Marianismo que Pablo Casado ha enarbolado como bandera.

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