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Antón Losada

Soy mariñano de A Mariña do Lugo. Autor de "Piratas de lo Público". Profesor titular de ciencia política de la USC, doctor europeo en derecho, máster en gestión pública por la UAB. Ex secretario general de la vicepresidencia de la Xunta y exsecretario xeral de relacións intitucionais. Comentarista y analista en la Ser y Cuatro y El Periódico. Antes en TVE, TVG, y El País. Fui director general de Radiovoz y adjunto al consejero delegado de La Voz de Galicia.

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La farola y el paracaidista

Vaya por delante mi aprecio y mi respeto al cabo primero que tuvo la mala suerte de chocar contra una farola de la Castellana, mientras intentaba llevar la bandera de España ante el palco de autoridades, en el desfile del 12 de octubre. Ni me alegro de la desgracia, ni creo que nadie pueda reprocharle nada. Pero, sin querer y contra su voluntad, nos ha proporcionado una metáfora tan simple y poderosa sobre qué está pasando hoy por aquí que sería hasta impropio renunciar a emplearla. A fin de cuentas, que al menos la desgracia sirva para aprender algo, como solemos decir siempre para consolarnos.

Empieza la semana fantástica de esta campaña. La semana donde todos tienen depositadas sus esperanzas para lanzar la escapada definitiva que deje atrás a sus competidores. La sentencia del procés llegará aguardada por unos como la ocasión soñada para presentarse ante los votantes como el verdadero y original paladín del constitucionalismo, presto a batirse en duelo con firmeza y prestancia frente a los taimados independentistas. Otros la esperan como la cornucopia de abundancia que pondrá fin a las penurias de división, cansancio y desmovilización que les abruman desde hace meses. 

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Padres cautivos

En mayo, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia sancionaba con 34 millones de euros a la patronal de las editoras de manuales y libros de texto (Anele), por pactar precios y sellar un pacto comercial destinado a garantizar su márgenes de beneficio aprovechándose de que los padres son –en palabras de la propia CNMC- "demanda cautiva" de una oferta muy limitada y sin margen para buscar productos sustitutivos, dado que los manuales los fijan, como debe ser, los centros.

En otras palabras, el cártel de las editoriales resultó tan descarado y manifiestamente abusivo, que no pudo encubrirlo ni siquiera la CNMC, siempre dispuesta a mostrarse comprensiva con los patrióticos esfuerzos de nuestras grandes empresas para resistirse ferozmente a la libre competencia globalizadora, o su heroica lucha contra el populismo de quienes defienden los derechos de los consumidores.

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Esto no cuadra

Los primeros sondeos conocidos tras confirmarse la repetición electoral solo dejan meridianamente clara una cosa. La estrategia de Moncloa se antoja tan compleja y tan sutil que buena parte de los electores no la hemos entendido… aún. La supuesta "mayoría cautelosa" descubierta por los agudísimos oteadores de palacio, tras pasar inadvertida y anónima durante trece legislaturas sin que a nadie se le ocurriera ni siquiera pensar en ella, se muestra tan discreta y prudente que, de momento, prefiere votar más y mejor al Partido Popular.

Con la única excepción del barómetro del CIS, realizado antes de confirmarse el 10N, todas las encuestas publicadas coinciden en situar a los populares más cerca de los cien escaños que de los ochenta. De la amenaza fantasma de Vox solo queda la parte del fantasma. En el derrumbe de Ciudadanos, que también pronostican a día de hoy todos los estudios, Pablo Casado saldría el gran ganador sin haber hecho gran cosa, además de estarse calladito cuando debía y dejarse una barba mariana como Dios manda.

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Pesadilla en Moncloa street

Le hiela a uno el corazón solo imaginar al sufrido Pedro Sánchez desvelado, dando vueltas sobre su ya legendario colchón de Moncloa mientras Carmen Calvo e Iván Redondo le entretienen glosando su liderazgo, resistiéndose heroicamente a quedarse dormido y permitir así que Pablo Krueger penetre en sus sueños y desgarre la hucha de las pensiones con su guantelete de cuchillas afiladas. Para tener la "scary movie" de la década solo faltan la Niña de Rajoy, haciendo pintadas obscenas en las paredes y vomitando en los pasillos de Moncloa como la niña del Exorcista, y el dóberman de González y Guerra, acechando en los jardines del palacio presidencial como el perro de los Baskerville.

Los socialistas han decidido empezar la precampaña calcando el discurso de Mariano Rajoy en 2015 y 2016: Podemos es la amenaza fantasma. Los morados han entrado al trapo y al reproche. El resultado es un circo parecido al que montaron con la investidura. Ni socialistas ni morados han conseguido imponer su relato de culpabilización del otro de una manera claramente mayoritaria, ni siquiera entre los suyos. Si no lo han logrado a estas alturas, no parece probable que vayan a conseguirlo en el mes y medio que falta para el 10N. Seguir peleando por ese relato se antoja un esfuerzo inútil y extenuante para sus electores.

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A jugar otra vez

La noche del 28A millones de votantes progresistas se fueron a la cama contentos porque había ganado la izquierda, seguros de que solo podía gobernar esa misma izquierda y confiados en que sería fácil llegar a un acuerdo para un gobierno de izquierdas, como se les había prometido en la campaña y demostrado con la moción de censura. La otra cara de la moneda la daban millones de votantes conservadores, que se fueron a dormir resignados ante la perspectiva inevitable de cuatro años de gobierno progresista. Tanto el PSOE como Unidas Podemos tuvieron especial cuidado en no hacer o decir algo que empeorase tales percepciones hasta las elecciones municipales y autonómicas del 26M. Mientras, nos contaban que no empezaban a negociar porque, al parecer, los dirigentes progresistas no saben hacer dos cosas a la vez; una excusa que hoy suena más bien a coartada.

Fue elegir alcaldías y autonomías y empezar los problemas. Se desencadenó, de manera casi inmediata, esta exuberancia irracional de la desconfianza que va a terminar, si alguien no lo remedia, en una última semana que más parece la enésima entrega de una de esas franquicias de serie B que se presentan con ínfulas de superproducción: los actores son malos, los efectos especiales cantan a kilómetros, las escenas de acción son tan largas como cutres y los diálogos parecen sacados de una función de bachillerato.

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Wilfredo el piloso

Esta semana, medios y mentes bien pensantes, especialmente de la capital del Estado, siempre preocupados de que la deriva autonómica y los desvaríos nacionalistas alejen a España de su unidad de destino en lo universal, han recogido con alarma un informe de la Asociación de editores de libros de textos y material de enseñanza (El libro educativo en España curso 2019-20, ANELE) donde, según informaban, se denunciaban las presiones y demandas irracionales de las autoridades educativas de todas las autonomías. Se aportan, como pruebas de cargo, chuscos sucesos sobre las instrucciones recibidas para no hablar de ríos en Canarias, porque no hay, o para hablar de reino "catalano-aragonés" o rebautizar a Wilfredo "el piloso". También se denuncia que han de cumplir mas de mil normativas diferentes publicadas en la ultima década y publicar más de 51.000 libros, sólo este año, para atender las diferencias de currículo autonómico.

Alarmado, como padre y miembro de la comunidad educativa, corrí a hacerme con un ejemplar de dicho informe; algo que claramente no han hecho muchos de cuantos más y mejor se han indignado. La primera sorpresa consiste en comprobar que, a lo largo de sus treinta y ocho paginas, no consta ninguno de los casos de presiones denunciados y que ANELE ha empleado para colocar su mensaje en los medios. Si esperan encontrar un amplio surtido de desvaríos nacionalistas y alucinaciones localistas, impuestos al mejor estilo mafioso, se van a llevar una enorme decepción.

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Un fantasma recorre Europa

Pero no se alarmen señores propietarios y rentistas, no es el de siempre. Es otro fantasma. Se llama tacticismo y recorre Europa a lomos de líderes cegados por la ilusión de hercúleas victorias electorales a coste cero y enemigos devastados y desolados gratis total. 

El fantasma del tacticismo recorre Europa, dejando a su paso un rastro de instituciones maltratadas y violentadas y sociedades polarizadas y asustadas por unos políticos seguros de que, para hacer política, basta con estar en el sitio justo en el momento justo, convencidos de que el paso del tiempo sin resolver nada, solo desgasta a los demás y seguros de poseer el don de encantar a las masas con sus relatos donde los malos, de nuevo, siempre son todos los demás. Y lo peor no es que lo crean. Lo peor es que, cuanto más les desmiente la realidad, más convencidos están de tener razón.

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No en nuestro nombre

Así pues, caminamos hacia una repetición electoral en noviembre, al final de una campaña con la izquierda a bofetadas, dando más declaraciones picantes y portadas escandalosas que en una separación del Sálvame, y la derecha movilizada y entusiasmada porque le regalan una segunda oportunidad cuando ya daba por perdida la legislatura. ¿Qué puede salir mal? Después no vengan llorando, ni diciendo que no les avisaron. 

La última vez que, en España, la izquierda no se puso de acuerdo para gobernar y alguien prefirió ir a elecciones porque pensaba que así dejaría al socio convertido en el chico de los recados, era 2016 y la única beneficiada fue la derecha. El empeño de tantos por ignorar los precedentes reales más próximos y refugiarse en modelos y previsiones resulta irracional. Que lo hagan, además, sin más argumento que una colección de condicionales y desiderátums, se antoja pasmoso. Si algo sabemos es que la historia tiende a repetirse y ahora, además, hemos aprendido que lo hace cada vez más rápido. 

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Tenemos que hablar de Salvini

En la habitación europea se ha colado un elefante del cual nadie parece querer hablar. Se trata de Matteo Salvini, pinchahimnos playero, líder ultra de la ultra Liga, ministro del Interior italiano y el hombre que abre y cierra los puertos azurros cuando le sale de sus partes sin que, aparentemente, sus socios de gobierno del antes destemido e iconoclasta Movimiento Cinco Estrellas, los intocables jueces o los circunspectos señores y señoras que mandan en Bruselas y en las cancillerías europeas, antes tan valientes con los pobres griegos, puedan hacer nada salvo lamentarse y llorar por las esquinas; como los niños a quienes les quita la merienda el abusón durante el recreo. 

Ese paquidermo macarra y tan poco acostumbrado a trabajar y ganarse el pan con el sudor de su frente, como nuestro pinchahimnos nacional Santiago Abascal, tiene hoy casi todas la papeletas para convertirse en el jefe del Gobierno de uno de los cuatro grandes de la UE. Pese a la inminencia del peligro, nadie en la Unión parece dispuesto a hablar de él. Se prefiere ignorarlo, haciendo como que no existe, pretendiendo que Italia sigue siendo un socio fiable donde las instituciones continúan funcionando con normalidad, no solo cuando le da la gana a Salvini, y se respetan todos los acuerdos, no solo aquellos que le convienen al elefante. 

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Que se vayan de vacaciones, por Dios

No esperen encontrar en estas líneas indignación porque la llamada clase política se vaya de vacaciones sin haber resuelto la cuestión de la falta de gobierno, esa misma que, hasta ayer, había que despejar con urgencia porque "España no puede permitirse un minuto más de incertidumbre" y "el futuro no espera a que nos pongamos de acuerdo". A diferencia de Santiago Abascal, no les voy a exigir que renuncien a cobrar su sueldo por no hacer el único trabajo que ha tenido el líder de Vox donde, al menos, sabemos en qué consiste y qué tiene que hacer. En lo que a mí respecta, honestamente, creo que deberían haberse ido antes. Todos necesitamos un descanso, sobre todo nosotros, los votantes. 

Cuanto más lejos se vayan de la nube tóxica de rencor de telenovela, maquiavelismo de puticlub y oportunismo de garrafón en que se ha convertido la política en la capital, mejor para la gobernabilidad de un país que no puede permitirse el lujo de desgastar más a sus instituciones. 

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