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Trump exhibe con la guerra de Ucrania su sintonía con Putin y su desapego por Europa

El presidente de EEUU, Donald Trump, con una fotografía de él con el presidente ruso, Vladimir Putin, en Alaska, en el Despacho Oval de la Casa Blanca en Washington, DC, el 22 de agosto de 2025.

Andrés Gil

Corresponsal en Washington —
22 de febrero de 2026 21:06 h

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Se acababa de cumplir el tercer aniversario de la invasión de Ucrania por parte de Rusia. El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, era recibido por su homólogo estadounidense, Donald Trump, en el Despacho Oval. Trump ya había dado muestras de distancias con el presidente ucraniano, a quien incluso había calificado de “dictador” por no convocar elecciones en tiempos de guerra.

Pero aquel 28 de febrero de 2025, cuatro días después del tercer aniversario de la invasión de Ucrania por parte de Rusia, se produjo un episodio definitorio de la segunda presidencia de Trump: el día en que el presidente de EEUU abroncó a Zelenski en la Casa Blanca. “No estás ganando esto [la guerra]”, le dijo subiendo el tono de voz: “Sin nosotros no tienes cartas. Estás jugando con la tercera guerra mundial”.

En ese momento, todo saltó por los aires y se evidenciaron dos cosas: Trump no tenía ningún interés en mantener a Ucrania viva en la guerra y se consideraba muy poco concernido por un conflicto fundamental para la seguridad en Europa. Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, un Gobierno de EEUU despreciaba el vínculo transatlántico.

A partir de ese mes de febrero ya nada fue igual entre Europa y EEUU: la bronca a Zelenski llegó unos días después de que el vicepresidente de EEUU, JD Vance, exhibiera su desprecio por Europa en la Conferencia de Seguridad de Múnich, al tiempo que hacía campaña por los neonazis de AfD en las elecciones generales alemanas. A partir de ahí, llegaron las amenazas comerciales; las acusaciones de deslealtad a sus socios de la OTAN; el órdago para quedarse con Groenlandia, territorio de Dinamarca; y los insultos en Naciones Unidas y Davos a los socios europeos por sus políticas energéticas —él es más de lo que ha bautizado como “maravilloso y limpio carbón”— y migratorias —por no ser tan agresivas como el ICE—.

En efecto, con el paso de los meses, ha quedado claro que el principal interés de la Casa Blanca pasa por lo que ellos llaman Hemisferio Occidental, es decir, el continente americano, y así atacar Venezuela, quedarse con su petróleo y secuestrar a su presidente; además de asfixiar como nunca antes a Cuba. Y todo eso mientras interviene en la política del continente con sus apoyos a Javier Milei y Nayib Bukele y sus amenazas comerciales a México y Canadá.

En lo relativo a Ucrania y a Europa, lo único que más le interesa a Trump es facturar las armas que la UE envía a Kiev y que los aliados de la OTAN multipliquen su gasto en defensa para financiar la industria armamentística estadounidense.

En su documento sobre seguridad nacional, la Administración Trump afirma: “Como resultado de la guerra de Rusia en Ucrania, las relaciones europeas con Rusia se han deteriorado profundamente, y muchos europeos consideran a Rusia una amenaza existencial. La gestión de las relaciones europeas con Rusia requerirá un importante compromiso diplomático por parte de Estados Unidos, tanto para restablecer las condiciones de estabilidad estratégica en todo el continente euroasiático como para mitigar el riesgo de conflicto entre Rusia y los Estados europeos. Es fundamental para EEUU negociar un rápido cese de las hostilidades en Ucrania, con el fin de estabilizar las economías europeas, evitar una escalada o expansión involuntaria de la guerra y restablecer la estabilidad estratégica con Rusia, así como permitir la reconstrucción de Ucrania tras las hostilidades para que pueda sobrevivir como un Estado viable”.

La Casa Blanca reconoce que se encuentra en desacuerdo con los dirigentes europeos, sobre los que vierte graves acusaciones: “Tienen expectativas poco realistas sobre la guerra, atrapados en gobiernos minoritarios inestables, muchos de los cuales pisotean los principios básicos de la democracia para reprimir a la oposición. Una gran mayoría europea quiere la paz, pero ese deseo no se traduce en políticas, en gran medida debido a la subversión de los procesos democráticos por parte de esos gobiernos. Esto es estratégicamente importante para Estados Unidos precisamente porque los Estados europeos no pueden reformarse si están atrapados en una crisis política”.

Hasta tal punto tiene poco interés en Europa, que uno de sus miembros de Gabinete más adulador de Trump, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, llegó a tomar la decisión de suspender los envíos de armas estadounidenses en varias ocasiones sin informar previamente ni a la Casa Blanca. Hegseth también fue quien descartó la adhesión de Ucrania a la OTAN en una de sus primeras reuniones en Bruselas al inicio del segundo mandato de Trump.

El pasado 13 de febrero, un año después de la bronca en la Casa Blanca, Trump ha seguido mostrando sintonía con el presidente ruso, con quien ha hablado de forma sistemática antes de sus reuniones con Zelenski. ¿Y qué está diciendo Trump un año después de aquella bronca al presidente ucraniano? “Rusia quiere llegar a un acuerdo, y Zelenski tendrá que moverse. De lo contrario, perderá una gran oportunidad. Tiene que moverse”.

Desde hace semanas, la Casa Blanca emite relativo optimismo sobre un acuerdo entre Kiev y Moscú, incluso de la posibilidad de alguna reunión entre las tres partes, que no se ha terminado de producir.

La parte rusa sigue manteniendo reclamaciones sobre partes de la región del Donbás que no tiene bajo su control, mientras que Ucrania insiste en que necesita garantías de seguridad de la Casa Blanca que eviten a Rusia la tentación de reiniciar la contienda más adelante.

El secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, ha dicho también en los últimos días que las negociaciones dependen de una única cuestión muy controvertida: el territorio.

Trump, además, ha emplazado a Zelenski a “celebrar elecciones antes del verano”, algo en lo que está trabajando el presidente ucraniano, junto a un referéndum sobre la paz con Rusia, un proceso que llega tras la fuerte presión de la Casa Blanca para que la paz se firme antes del 15 de mayo, como requisito para que EEUU ofrezca las garantías de seguridad que Ucrania reclama.

El propio Zelenski señaló recientemente en declaraciones a periodistas en Kiev que EEUU quería que la paz estuviese encarrilada para junio, de forma que el Gobierno de Trump pudiese centrarse en sus propias elecciones de mitad de legislatura, donde el Partido Republicano se juega mantener el control del Congreso.

Medios como el Financial Times prevén que Zelenski anuncie el plan este 24 de febrero, cuando se cumple el cuarto aniversario de la invasión rusa del país.

Por parte de Estados Unidos, asisten a las reuniones el enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner, yerno de Trump. Ambos se han convertido en figuras habituales de la diplomacia estadounidense, alternando Oriente Medio con la crisis de Irán y la guerra en Ucrania.

Witkoff ha sido protagonista por afirmar que la “causa principal” de la guerra tenía que ver con que Ucrania era un “país falso”, en la línea argumental de Moscú. Y, en el podcast de Tucker Carlson en marzo pasado, dijo que Rusia consideraba cinco regiones de Ucrania como “legítimamente suyas”.

“¿Reconocerá el mundo que esos son territorios rusos? ¿Podrá Zelenski sobrevivir políticamente si lo reconoce? Esta es la cuestión central del conflicto”, dijo.

La última polémica sobre la connivencia con Rusia son las conversaciones reveladas por Bloomberg, en las que se le ve asesorando a Rusia sobre la mejor manera de abordar a Trump sobre el plan de paz para Ucrania. Así, Witkoff le decía al negociador ruso, Yuri Ushakov: “Yo haría la llamada y reiteraría que felicita al presidente por este logro [el acuerdo entre Israel y Hamás], que lo respalda, que respeta que sea un hombre de paz y que está realmente contento de que esto haya sucedido. Así que yo diría eso. Creo que, a partir de ahí, será una muy buena llamada. Porque le dije al presidente que la Federación Rusa siempre ha querido un acuerdo de paz. Esa es mi convicción. Le dije al presidente que creo eso”.

Una cumbre sin avances

Por el camino, Trump y Putin se reunieron el pasado 15 de agosto en Alaska sin lograr grandes avances para el acuerdo de paz. Pero lo que sí logró el presidente de EEUU es que su homólogo ruso le regalara una foto de los dos dignatarios que Trump ha decidido colgar en la Casa Blanca.

Foto de Putin y Trump de la cumbre de Alaska del 15 de agosto de 2025, en las paredes de la Casa Blanca.

En todo caso, la relación entre Putin y Trump también ha pasado por algún momento crítico, como cuando el presidente de EEUU decidió imponer aranceles secundarios a quien comerciara con petróleo de origen ruso. Ocurrió en octubre, el día después de haber suspendido una cumbre anunciada entre Trump y Putin en Budapest. “He esperado mucho tiempo, pensé que lo resolveríamos mucho antes que Oriente Medio y, como saben, hicimos Oriente Medio y otros siete acuerdos de paz. Resolví todas esas guerras y nos queda una. Y creo que también la haremos”, dijo Trump. La medida se dirigieron contra las dos mayores empresas petroleras de Rusia, Open Joint Stock Company Rosneft Oil Company (Rosneft) y Lukoil OAO (Lukoil), 

Pero los volantazos al final siempre terminan en el mismo sitio. Como cuando hace unos días afirmó que Putin había accedido a no bombardear Kiev y otras ciudades durante los días de “frío extremo”. Así lo anunció durante una reunión del gabinete en la Casa Blanca: “No es solo el frío habitual, es un frío extraordinario, récord. Dijeron que nunca habían experimentado un frío así. Y personalmente le pedí al presidente Putin que no bombardeara Kiev ni varias ciudades durante una semana. Y él accedió”.

En todo este año, en el que la invasión de Ucrania por parte de Rusia ha cumplido su cuarto aniversario, la constante ha sido elocuente: Trump, al final, siempre acaba empatizando más con Putin que con Zelenski y sus socios europeos, exhibiendo su sintonía con el presidente ruso y su desapego por Europa.

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